Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 11:8-16HebreosNathan Díaz

Abraham: Fe que espera

¿Cómo esperar en las promesas de Dios cuando nunca vemos su cumplimiento? Abraham obedeció sin saber a dónde iba, vivió en tiendas dentro de la tierra prometida y murió sin recibir lo prometido. Este mensaje sobre Hebreos 11:8-16 muestra por qué la fe que espera descansa en la ciudad celestial que Dios mismo ha preparado.

Escuchar el audio de esta predicación →

Transcripción

Introducción

Hebreos capítulo 11. Estamos todavía ni siquiera a la mitad; exactamente la semana que entra estamos a la mitad de este capítulo. Y estamos viendo todos estos personajes del Antiguo Testamento, los héroes de la fe que el autor de Hebreos quiere que veamos como ejemplos a seguir, no tanto por lo que ellos en sí lograron, el mérito que ellos tienen como personas, sino por la fe que ellos pusieron en Dios y en Sus promesas. Y entonces recuerden: la fe es, por naturaleza, algo que se pone fuera de nosotros. No ve hacia adentro, ve hacia afuera; esa es la naturaleza de la fe. Entonces tiende a exaltar a aquel en quien la fe es puesta, el que hace la promesa, al que le creemos; ese es el que termina siendo exaltado a través de la fe. Y es por eso que es por fe, como vamos a estar viendo a lo largo de lo que vamos a ver hoy sobre Abraham.

Lectura de Hebreos 11:8-16

Entonces quiero que vean lo que dice aquí. Vamos a leer versículos 8 al 16 del capítulo 11. Ya vimos a Abel, Enoc, Noé; ahora Abraham. Dice: "Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad".

Señor, bendice Tu Palabra, bendice el mensaje de estos versículos acerca de Abraham y acerca de su fe, para que pueda fortalecer la nuestra al verte a Ti como nuestra única y verdadera esperanza. En Cristo Jesús, amén.

Abraham, nuestro padre en la fe

El autor de Hebreos ya había mencionado a Abraham. Es el personaje que más es referenciado en relación a la fe, probablemente, en toda la Biblia. Entonces, claro que este ha sido un personaje importante, no nada más a lo largo de la Biblia, sino normalmente para el autor de Hebreos. Y si recuerdan, en el capítulo 2, versículo 16, ya se nos dijo que nosotros somos descendencia de Abraham: "Socorrió a la descendencia de Abraham", no a los ángeles; "a la descendencia de Abraham", dice el autor en ese verso. Esos son ustedes; ustedes son esa descendencia. Entonces Abraham es nuestro padre.

Y en el capítulo 6 ya nos había empezado a anticipar esta idea de que tenemos que imitar a aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. Entonces dice el versículo 12: "Para que no se hagan perezosos, imiten…". Porque lo que le preocupa al autor de Hebreos es que nos volvamos perezosos e indiferentes ante las promesas de Dios, y por lo tanto nosotros podemos retroceder, o haya la posibilidad de retroceder si es que no somos verdaderos hijos de Dios, que es lo que ya hemos estado desarrollando en este libro. Y entonces el versículo 13 del capítulo 6 dice: "Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente".

Entonces aquí, cuando vimos este pasaje, estudiamos lo que viene en Génesis 22, que va a ser el tema del próximo domingo. Pero nada más quiero que vean que ya ha estado anticipando el autor de Hebreos cómo es que realmente nuestra conexión con Abraham es significativa, porque es a él a quien se le dieron las promesas como padre de naciones, y nosotros ahora somos los beneficiarios de esas promesas a través de la fe. Entonces, claro que si queremos estar conectados a las promesas que le fueron hechas a Abraham, tenemos que tener la misma fe de Abraham, porque eso es lo que nos conecta. El hecho de que podamos confiar en Dios de la misma manera que Abraham confió en Dios es lo que hace que seamos hijos de Abraham. Eso es, creo, lo que no nada más en el libro de Hebreos se desarrolla, sino también en las cartas de Pablo, haciendo énfasis en Aquel que hace la obra para que podamos tener un objeto para nuestra fe.

Tres cosas que Abraham no vio

Entonces, este pasaje de Hebreos 11 lo he llamado "Abraham: fe que espera", y entonces he dividido lo que está aquí descrito en estos versículos, 8 versículos. Abraham es probablemente el personaje que anticipó promesas extraordinarias, increíbles, que nunca vio. Nunca las vio cumplidas. Toda su vida la vivió —y vivió muchos años— sin ver el cumplimiento de aquello en lo cual creyó. Lo cual es un excelente ejemplo de lo que ya leímos en Hebreos 11:1: "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve".

Abraham, ¿qué no vio? Número uno: no vio tierra. Lo que menos vio, aunque eso fue lo que se le prometió. Número dos: no vio descendencia, por lo menos no en la manera en la cual se le prometió, padre de multitudes de naciones; eso no lo vio. Y número tres: no vio patria, ciudadanía. Vamos a ver esas tres cosas y cómo es que Abraham aprendió a esperar en estas cosas.

La fe en Aquel que llama

Lo primero que quiero que vean, en el versículo 8, es: la fe es fe en Aquel que llama. Ahí es donde empieza todo. Dice: "Por la fe Abraham, siendo llamado…". Entonces lo primero que entendemos es que todo comienza con un llamamiento. Ahí estaba Abraham, viviendo su vida tranquilo, sin importarle necesariamente las cosas de Dios, ni el obedecer y honrar a Dios. Pero un día Dios pone Su mirada sobre de él y lo llama.

Entonces, ¿la iniciativa de quién es? La iniciativa de la fe, ¿de quién es? No es algo que se le ocurrió a Abraham: "Ah, pues voy a tener fe, es buena idea". Comienza con la iniciativa de Dios. La fe siempre empieza con Dios siendo revelado a sí mismo a alguien que está perdido en el pecado, ignorante, despreocupado sobre Dios, viviendo como estaba viviendo Abraham en Ur de los caldeos, que era una sociedad pagana y una sociedad idólatra. Entonces Dios nos llama; ahí empieza todo.

Una fe que sale y obedece

¿Y qué hace Abraham? Dice: "Siendo llamado…", ¿qué hizo? "Obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia". Entonces no nada más es la fe originada por el que llama, y siempre empieza con Dios, sino que también la fe es una fe de arrepentimiento, para salir de algún lugar donde estamos. Ese es el tipo de fe que tenía Abraham: para salir del lugar en donde está, para darle la espalda y nunca volver atrás, nunca ver hacia atrás y decir: "Mejor no". Que es lo que va a venir un poco más adelante; el autor de Hebreos lo dice bien claro: tienes que ver hacia adelante, buscar obedecer a Dios. Y ese es el tipo de fe que salva, ese tipo de fe que deja lo que es popular y lo que es cómodo.

Porque si ustedes no entienden la cultura de Mesopotamia, no se dan cuenta de qué tan complicado es lo que Dios le estaba pidiendo que hiciera. Porque hoy en día, si alguien nos dijera: "Váyanse a vivir a Querétaro", o "Váyanse a vivir a Guadalajara", bueno, está bien, no nos costaría tanto trabajo. A lo mejor es un poco diferente la cultura, pero es fácil el camino de aquí a allá: puedes tomar el autobús, puedes tomar hasta un avión si quieres, y llegar rápido. Probablemente no vas a correr mucho peligro. Pero en ese tiempo, lo que representaba salir de donde estaba toda tu familia y donde la gente te conocía, y simplemente salir, te expone a una serie de peligros y de riesgos: de ser asaltado, de ser secuestrado, que de hecho algo de eso vivió Abraham durante su vida, especialmente con los… No era fácil; representa un gran peligro.

Pero la fe es una fe que da la espalda a donde estás y deja lo que es fácil y lo que es popular, porque es lo que todos los demás están haciendo; eso es como los demás viven sus vidas. Y Dios está llamando a salir de ahí, y la fe obedece. Aquí está la clave: "Obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia". Entonces la fe es una fe que obedece.

Y claro, esto ya lo hemos conectado. Pink dice: "La fe y la obediencia nunca pueden ser separadas, como el sol y la luz, el fuego y el calor. La obediencia es la hija de la fe". Entonces tienes esta idea de obedecer a Dios aunque no estás seguro de cómo se va a ver eso.

Sin saber a dónde iba

Y esto es lo que es súper interesante del versículo 8, porque dice que salió sin saber a dónde iba. ¿No les parece súper increíble? Imagínense cómo les había sonado eso a sus familiares: "Abraham: ya me voy, ahí nos vemos, adiós". "¿A dónde vas, Abraham?". "No sé; solo sé que estoy obedeciendo a Dios. No sé a dónde voy, solo sé con quién voy; es lo único que sé". Y entonces empezamos a ver que está abandonando el pasado, pero sin un destino claro. No sabe cómo se va a ver.

Y ese es el camino de la fe. El camino, el trayecto, la peregrinación de la fe así es como se ve, en donde no sabemos cómo se va a ver cada día de nuestras vidas siguiendo así al Señor. Tú no sabes lo que va a suceder mañana. Y cuántos de nosotros —y entre más viejo te haces, más experimentas esto— hemos sido constantemente sorprendidos por cosas que no esperábamos, ¿no es así? Que un día despiertas y dices: "Nunca me imaginé que hoy iba a ser así". Es más, este año no nos imaginábamos que iba a ser así, 2020. Todos pensamos: "Ah, pues es otro año más". No ha sido otro año más; ha sido un año muy extraño y muy raro y muy difícil.

Pero es el camino. La fe es un camino que solo sabe que Dios está en control: "Así que voy a caminar hacia adelante, no sabiendo lo que mañana me espera, no teniendo ninguna seguridad acerca de mi vida aquí en la Tierra más que la de la soberanía divina que me está guiando". ¿No podríamos decir, yo creo, que Dios intencionalmente deja que sea por fe, para que tengamos que depender de Él? ¿Que no sepamos lo que va a pasar mañana, que no tengamos un sentido claro de nuestro destino? Creo que es parte de cómo Dios ha diseñado la vida cristiana. "¿Cuándo me voy a casar, Señor?". Confía en el Señor, de que Él te está llevando por un camino, y tú tienes que obedecerlo a Él sin saber cuándo te dará las cosas que anhelas.

El "ya, pero todavía no"

Y es una etapa difícil, pero es una etapa que todos sabemos que es real, que es la etapa del "ya, pero todavía no" de la vida cristiana. Sí, ya estamos caminando con Dios; sí, ya hemos sido justificados por Su gracia; sí, ya hemos sido perdonados. Pero, como leyó Arturo en la mañana, de Romanos 7, todavía hay una lucha con el pecado. Aunque ya no somos esclavos del pecado, todavía luchamos con el pecado, y todos todavía somos tentados por el pecado. Así que todavía existe esta dimensión de que las cosas todavía no están como deberían de ser. Pero sí ya sabemos con quién estamos y hacia dónde vamos, y tenemos ya las promesas y la esperanza delante de nosotros. Pero a veces no es fácil.

Y esto es lo que nos muestra la vida de Abraham: nos muestra que la vida cristiana todavía no, en esta vida, se completa con la consumación de aquello que Dios nos ha prometido. Por eso es que —y estos pasajes pueden buscarlos, no los voy a leer— pueden ver cómo es que Abraham es puesto siempre como ejemplo de la justicia, y del obedecer a Dios, y de seguir los mandamientos, buscando ser fiel a este Dios que lo llamó. Y él vivió esa clase de vida, y por eso es que es puesto como ejemplo a seguir.

Extranjeros y peregrinos

Pero el punto es que es un destino de obediencia; tenemos que ser obedientes a Dios. Y por eso es que Pedro dice esto —es en 1 Pedro 2:11—, pero creo que tiene a Abraham en mente cuando dice: "Amados, les ruego como a extranjeros y peregrinos…". Claro, eso lo van a ver, lo van a leer en Génesis 23; también lo van a leer aquí, que está siendo referenciado en el versículo 13: "Confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra". Pedro dice: "Ustedes, como Abraham, ustedes también son extranjeros y peregrinos". Van en un camino donde no van a llegar todavía a la tierra que Dios les ha prometido; en esta vida todavía no la van a ver. Así como Abraham nunca la vio en esta vida, ustedes tampoco la van a ver.

"Y les ruego como a extranjeros y peregrinos que se abstengan de las pasiones carnales que combaten contra el alma. Mantengan entre los gentiles una conducta irreprochable, a fin de que en aquello que les calumnian como malhechores, ellos, por razón de las buenas obras de ustedes, al considerarlas, glorifiquen a Dios en el día de la visitación". O sea: vivan vidas de obediencia a Dios, lleguen a su destino, sigan viendo hacia adelante y sigan pensando qué es lo que Dios quiere de nosotros. Como dice Colosenses 3:1: "Si ustedes, pues, han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Pongan la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra".

Viviendo en tiendas

Así que ahí va Abraham en sus tiendas de campaña. Y estaba leyendo un comentarista que decía: es como si Dios nos prometiera Guatemala, y ahí vas con tu camper y llegas a Guatemala. Pero te van a decir: "¿Tú por qué estás aquí? No es guatemalteco, no es mexicano". "Sí, pero Dios me dijo que me va a dar Guatemala". Entonces ahí tienes que andar vagando, viviendo en tu camper toda tu vida. Nunca posees tierra de Guatemala; solo sabes que Dios te la prometió, pero vives en campers. Esta es la versión moderna de lo que Abraham vivió. Él vivía en tiendas, nunca fijo, nunca en un lugar fijo, siempre moviéndose de acá para allá, y andando ahí como extranjero siempre, sin sentir un sentido de identidad con la gente que vive ahí, en esa zona donde se supone que Dios le va a dar todo eso como posesión, la tierra prometida. Así que Abraham esperó tierra. La fe que espera tiene que ser paciente.

Lo cual nos lleva al siguiente punto, versículo 10. Y además, esto para que se imaginen: Abraham ahí está en sus tiendas, y ve las ciudades que están construidas, y ve las columnas, y ve los fundamentos, y ve las estructuras. Y él, con su tiendita de campaña, que no tiene estructura, no tiene fundamentos. Y dice el versículo 10: "Porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos". Porque sus tiendas no tienen fundamentos; la ciudad sí. Pero él dice: "Yo conozco un Arquitecto que sabe construir ciudades, sabe construir edificios, sabe construir casas. Él me las prometió": "cuyo arquitecto y constructor es Dios".

Abraham esperaba descendencia

Ahora, el versículo 11. Vamos al siguiente punto, que es: ¿qué más esperaba Abraham? Esperaba descendencia. Y esta es una parte increíble de la historia, porque es llamado a los 75 años a salir de donde está, y a los 86 años… Vayan allá, a Génesis capítulo 15. Ya lo hemos estado estudiando los miércoles, pero esta parte, creo, ya tiene un ratito; entonces a lo mejor ya se les olvidó un poco lo que habíamos meditado sobre cómo funcionó esta parte de la vida de Abraham. Y han pasado casi diez años, y ya en el capítulo 12 Dios le prometió a Abram descendencia.

Y ahora dice el versículo 1 del capítulo 15: "Después de estas cosas vino la palabra de Jehová a Abram en visión, diciendo: No temas, Abram; yo soy tu escudo, y tu galardón será sobremanera grande". "Yo soy tu galardón, yo soy tu recompensa, Abraham; no temas". Y Abraham está un poco desanimado: "Y respondió Abram: Señor Jehová, ¿qué me darás, siendo así que ando sin hijo, y el mayordomo de mi casa es ese damasceno Eliezer? Dijo también Abram: Mira que no me has dado prole, y he aquí que será mi heredero un esclavo nacido en mi casa".

Imagínense: Abraham ha estado interactuando con gente, y su nombre —qué significa el nombre de Abram a estas alturas— "padre enaltecido", "padre de muchos". "Hola, mucho gusto, Abraham". "¿Y qué significa tu nombre?". "Padre de muchos". "¿Y cuántos hijos tienes?". "Ninguno". Y eso una y otra y otra y otra vez. Imagínense. Y pasa el tiempo, y dice Abraham: "No tengo hijos, y Tú me has prometido una descendencia".

Pero aquí Dios, en Su misericordia, en medio de una crisis de fe que está teniendo Abraham —realmente está teniendo, todo le está costando trabajo, creerle a Dios—, en medio de esa situación Dios le muestra mucha gracia a Abraham al darle una ilustración viva, una experiencia con sus sentidos, de cómo debe confiar en Sus promesas. Y dijo Dios: "No te heredará este, sino un hijo tuyo será el que te heredará". Y lo llevó fuera, versículo 5, y le dijo: "Mira ahora los cielos, y cuenta las estrellas, si las puedes contar". Y le dijo: "Así será tu descendencia". Ha de haber sido una noche magnífica en la vida de Abraham, en la que otra vez se llenó de esperanza. Y vean lo que dice el versículo 6: "Y creyó a Jehová, y le fue contado por justicia". Y todavía no tenía hijos; todavía no sabe cuánto tiempo faltaba, todavía más de 13 años.

Ismael: la impaciencia de la carne

Va a llegar el punto, aquí, en el que empiezan a desesperar otra vez. Y Sara le dice: "Ay, Abraham, la que estoy mal soy yo, la que no funciona soy yo. ¿Por qué no te acuestas con Agar? ¿Por qué no tienes un hijo con ella? Y así, pues, Dios puede cumplir Su promesa con ella". Y Abraham dice: "Pues ya han pasado varios años; a lo mejor esa es la manera en que Dios está pensando que se va a cumplir la promesa". Entonces tiene un hijo con Agar, que se llama Ismael. ¿Y qué le dice Dios? "No es Ismael, Abraham. Te voy a dar hijos, no te preocupes; se va a cumplir la promesa".

Pero entonces, en la Biblia, Ismael se convierte en este símbolo de aquello que nosotros buscamos hacer por nuestras propias fuerzas, cuando nos empezamos a impacientar, de que queremos ver que ya se cumpla la voluntad de Dios para nuestras vidas; cuando ya queremos la recompensa y no queremos esperar a la manera de Dios. Y por eso tienen relaciones sexuales antes de casarse, ¿no? Porque quieren ya las recompensas, no quieren esperar; quieren ya llegar a donde se supone que van a llegar. O tienes la oportunidad de un ascenso en tu trabajo, y la oportunidad de mentir un poquito y ajustar los números y decir ciertas cosas como no deberían de ser: "Pero eso me va a ayudar a avanzar y tener una mejor posición, con un mejor salario en mi trabajo".

Entonces siempre se empieza a ver en nosotros impaciencia. Somos seres impacientes, que no les gusta esperar la recompensa de las promesas y de las bendiciones. Queremos ya: "Dios, ahorita cúmplelo; ahorita dame lo que quiero". Esa es nuestra naturaleza, y es la naturaleza de Abraham. Y las iglesias —saben que las iglesias también tienen esta tentación—, y nuestra tentación como iglesia: a veces nosotros queremos ver el fruto, queremos ver los resultados de lo que Dios promete, pero entonces buscamos nuestros propios caminos. Y hay muchas maneras de llenar una iglesia: decir muchas cosas y manipularlos emocionalmente, o a lo mejor decirles: "Jesús va a solucionar todos los problemas que tienes en tu vida si te acercas a Él, y más si ofrendas; entonces todavía más Dios está comprometido contigo". Y entonces también las iglesias se pueden llenar de ismaelitos, que son aquellos que nosotros forzamos a ser el resultado de nuestro trabajo, pero no son herederos de la promesa, porque no son la obra de Dios.

El vientre estéril: la obra es de Dios

Así que la fe es paciente para recibir recompensa, y la fe está en Aquel que hace la promesa. Y por eso es por gracia: porque Dios hace la obra. No es el resultado de lo que nosotros hacemos, sino de lo que Dios hace. Y el vientre estéril de Sara representa un vientre incapaz de producir el fruto que Dios quiere dar; eso es lo que representa. Ese vientre estéril está muerto. Nosotros también estamos muertos en nuestra capacidad de obtener el favor de Dios, y eso es lo que hace que sea gracia, y eso es lo que hace que sea por fe: que tenemos que recibir, tenemos que esperar que Dios haga la obra.

Y por supuesto, entonces, el vientre de Sara representa la imposibilidad humana para hacer la obra de Dios, y que depende de una obra sobrenatural, un milagro de parte de Dios, para traer el resultado. Y por supuesto, ese vientre también nos está apuntando hacia otro vientre, que era un vientre virgen, que nos habla acerca de la intervención divina, la necesidad de la intervención divina. No la obra y la intervención humana, sino la intervención divina, para hacer la obra que Dios quiere hacer y dar el fruto de la promesa a Su pueblo. Estos dos están conectados.

Nosotros somos esa descendencia

Así que a los 99 años Dios le vuelve a decir: "Abraham, vas a tener un hijo". ¿Y adivinen qué? Tú y yo somos esos hijos. "Padre Abraham tuvo hijos, muchos hijos tuvo nuestro padre Abraham. Niños, yo soy uno, y tú también; alabemos al Señor". Es la verdad de lo que Dios le prometió a Abraham: tú y yo somos su descendencia, una descendencia como la arena del mar.

Y eso es lo que leemos en el versículo 12. Versículo 11: "Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido". Pueden leer este versículo; si tienen la Nueva Versión Internacional, van a encontrar que una traducción alterna de este versículo pone a Abraham como el que tiene fe junto con Sara, y Dios responde. Porque esta palabra, "recibió fuerza para concebir", es "recibió fuerza para depositar simiente"; por lo tanto, probablemente es una referencia, de hecho, a Abraham. "Y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad", Sara junto con Abraham, "porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ese ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar".

Romanos 4:11: "Abraham recibió la señal de la circuncisión como sello de la justicia de la fe que tenía mientras aún era incircunciso, para que fuera padre de todos los que creen sin ser circuncidados, a fin de que la justicia también se les tome en cuenta a ellos". Si tú tienes la fe de Abraham, tú eres hijo de Abraham. Esto es lo que dice Pablo en Romanos 4. Y en Gálatas 4:28 dice: "Ustedes son hijos de la promesa", o sea, de Isaac, si ustedes han creído en las promesas de Dios al decir: "Señor, yo quiero creer que es enteramente Tu obra y no la mía. No es por lo que yo puedo hacer, no es porque yo soy una buena persona; de hecho, yo soy incapaz de ser una persona perfecta para acercarme a Ti en Tu santidad. Así que yo confío enteramente, plenamente, que lo que Tú has hecho por mí a través de Jesucristo es lo único en lo que yo puedo confiar y en lo que yo puedo depender para acercarme a Ti. Así que imputa a mí Su justicia, dame Su justicia, para que yo pueda acercarme a través de lo que Tú has hecho. Y todo es lo que Tú has hecho, nada yo. No voy a tratar de llegar a Ti a través de Agar; voy a esperar en Tu obra a través de Isaac, como el receptor de esas promesas". Y eso es lo que nos hace herederos de salvación. Entonces dice Pablo: ustedes son hijos de Isaac, de la promesa; no por obras, sino por fe; no por lo que ustedes pueden hacer, sino por lo que Dios ya ha hecho.

Abraham esperaba ciudadanía

Lo cual me lleva al siguiente punto, que es: ¿qué más esperó Abraham? Esperó ciudadanía. Y eso está en el versículo 16: Dios le preparó una ciudad. La vida de fe es una vida de santidad que muestra que nuestro tesoro es algo mejor que los placeres de esta tierra. ¿Cómo muestras ese tipo de prioridad en tu vida? ¿Cómo muestras qué es lo que realmente te importa? ¿Cómo gastas tu dinero? ¿Cómo inviertes tu tiempo? ¿Cuáles son las cosas que te apasionan? ¿Cuáles son las cosas de las que hablas? Eso muestra dónde está tu corazón, ¿no?

Y a veces nuestro corazón es tentado por el anhelo de una vida romántica; a veces nuestro corazón es tentado por tener más dinero, o una mejor reputación en los círculos en los que nos movemos; o a veces nuestro corazón es tentado por el orgullo, del reconocimiento simplemente de otros. Y así en muchas cosas: sexo, dinero, poder; cosas buenas que Dios ha creado, pero que pueden convertirse en algo que es un ídolo en nuestra vida. Y cuando nosotros vivimos este tipo de vidas de santidad, que reflejan las prioridades del reino de Dios, entonces llegamos al versículo 13: "Conforme a la fe murieron todos estos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo" —a la distancia—, "y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra".

Así murieron, en fe. ¿Se acuerdan qué es lo que pasó cuando murió Sara? Abraham fue y trató de comprar una propiedad para que pudiera enterrar a Sara. Y como se llevaba bien con estas personas que eran dueños de la propiedad, ellos le querían regalar la propiedad. Pero no, Abraham insiste: "No, déjenme pagarles por la propiedad. Yo les doy el dinero, porque quiero yo poseerla legalmente". Y eso fue un símbolo de su fe, de decir: en la vida fui un peregrino, pero en la muerte sí voy a poseer este pedacito de tierra, que es un anticipo del cumplimiento de las promesas de Dios para mí. Es una muestra de decir: "Señor, yo sé que esta tierra es mía. Así que aquí estoy: en mi muerte estoy mostrando mi fe, que Tú me la vas a dar para poseer algún día". Y lo compra, para Sara y para él. Pero lo más importante de este pasaje es que, cuando Abraham murió, estaba viendo una ciudad celestial. Estaba anticipando algo mejor de lo que esta vida puede ofrecerle. Él sabía: "No lo voy a ver en esta vida".

Dos muertes muy diferentes

En el año mil… dos hombres murieron de maneras muy diferentes. Un hombre se llamaba el coronel Robert Ingersoll, que era un famoso escritor agnóstico, que dedicó la mayor parte de su vida a refutar la religión, y en particular el cristianismo. Y se burlaba del cristianismo y decía: "Es una tontería". Falleció inesperadamente; tenía 65 años, algo así. Falleció inesperadamente, y su esposa y su familia entraron en un shock por lo inesperado de su muerte. Y su esposa dijo: "No se lleven el cuerpo hasta que sea peligroso para la salud tenerlo aquí por su descomposición, pero yo lo quiero". Y se aferró a él, y estaba llorando y gritando la familia. Y había tanta conmoción en ese hogar el día que él murió, que hasta los periódicos hicieron un reportaje acerca de la tristeza y la devastación que había causado su muerte.

Por el otro lado, en diciembre de ese año, otro hombre también falleció. Su nombre era D. L. Moody, Dwight L. Moody, un evangelista que en los últimos momentos de su vida miraba la muerte cara a cara sin temor alguno. Temprano en la mañana de su último día en la Tierra, su hijo Bill, que le velaba, le oyó decir: "La tierra retrocede, el cielo se abre, Dios me está llamando". Y él llamó a los demás miembros de la familia. Abrió los ojos el enfermo y, al verse rodeado de su familia, dijo: "He estado ya dentro de las puertas; he visto el rostro de los niños" —refiriéndose a dos nietos de él que habían fallecido recientemente—. "Este es el día de mi coronación; hace tiempo que lo esperaba". Y él escribió, dijo algo durante su vida; él dijo: "Algún día leerán en los periódicos que D. L. Moody ha muerto. No crean ni una sola palabra. Cuando digan que estoy muerto, estaré más vivo que nunca".

No voltear hacia atrás

"Anhelaban una patria mejor, esto es, celestial". Si es que lo que anhelas es lo que esta vida puede darte, entonces voltea hacia atrás. Dice el versículo 15: "Si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron…"; o sea, lo que este mundo puede ofrecerles: la comodidad y la popularidad que este mundo te puede dar, la satisfacción y el gozo que esta vida puede darte. Entonces, ¿qué es lo único que tenían que hacer? Eso es lo único que tenían que hacer: voltear hacia atrás y decir: "¿Saben qué? Prefiero esa vida". Así como la esposa de Lot volteó hacia atrás, así como el pueblo de Israel volteó hacia Egipto después de estar vagando en el desierto, así también el autor de Hebreos está preocupado de aquellos que ven hacia atrás, ¿no?

Es uno de los temas principales de advertencia de este libro: no volteen hacia atrás, vean hacia adelante. Vean hacia lo que Dios les está ofreciendo en el futuro. Vean esa ciudad; no la ciudad que están dejando, sino la ciudad que Dios mismo ha preparado para ustedes. Él es el Arquitecto, Él es el Constructor, Él es el Diseñador. Él sabe de gozo, Él sabe de satisfacción. Así que si ustedes quieren la mejor satisfacción, el mejor gozo, el mejor placer posible, entonces véanlo a Él. No vean las cosas pasajeras de este mundo; no vean las cosas de las cuales ustedes ya se arrepintieron en su vieja manera de vivir.

Nuestra ciudadanía está en los cielos

¿Cuál es la fuente de tu identidad? ¿Mexicano? Somos mexicanos la mayoría, creo. Pero ¿es esa nuestra verdadera identidad? No, nuestra ciudadanía está en los cielos. Nuestra esperanza, nuestros sueños, nuestros afectos están en otro lugar. ¿Quién es nuestro verdadero presidente? ¿Andrés Manuel López Obrador? Y bueno, no, no es nuestro verdadero presidente. En cuatro años ya no va a estar; pasará. Nosotros estamos viendo hacia un Rey soberano, Gobernador del universo, el cual es nuestro verdadero Señor, nuestro verdadero Líder, y ahí es donde está nuestra esperanza. Abraham no tenía nacionalidad, pero él veía una patria y una ciudad celestial como su verdadera esperanza, donde su gozo estaba depositado.

Jesús dijo en Mateo 10:37: "El que ama al padre o a la madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama al hijo o a la hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que ha hallado su vida, la perderá; y el que ha perdido su vida por mi causa, la hallará". ¿Por qué? Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo. "Así pues, ustedes ya no son extraños ni extranjeros, sino que son conciudadanos de los santos, y son de la familia de Dios".

Abraham no estaba esperando nada más algo individual. Cuando él veía una ciudad, cuando él veía una patria, él veía una comunidad, un grupo de gente, una familia, una verdadera descendencia que se convertiría en su verdadera familia, y con la cual conviviría por los siglos de los siglos. Nosotros vamos a estar juntos para siempre, así que váyanse acostumbrando. Se nos olvida tan rápido, y hay tantas distracciones, y anhelamos tantas otras cosas que no tienen que ver con la eternidad, que necesitamos historias como esta para recordarnos: sean pacientes, sean pacientes.

Todavía no llegamos a casa

Un misionero que se llamaba Henry Morrison ya había estado sirviendo con su esposa por 40 años como misioneros en África; 40 años. Y cuando regresaron a Estados Unidos, venían en el barco, y venían cansados, ya estaban grandes. Ya regresaban otra vez a la ciudad de donde habían partido 40 años antes, y no sabían quién los iba a recibir en el puerto. Y les decía él a su esposa: "Oye, no sé quién va a venir por nosotros. No sé si alguien estima lo que hemos hecho, si para alguien es importante". Un poco deprimidos. Y cuando llegaron al puerto había muchísima gente, y había fanfarrias, y había globos, y había toda clase de espectáculo. Y se sorprendió, y en el momento dijo: "Sí se acordaron de nosotros".

Lo que él no sabía, y se dio cuenta un poco después, es que en el mismo barco venía el presidente de Estados Unidos, Roosevelt. Se había ido de caza a África, y lo habían venido a recibir. Y así como se bajó el presidente, así se fue toda la gente. Y él estaba triste, este hombre, Henry Morrison, y su esposa. Le decía a su esposa: "Qué triste que hayamos regresado a nuestro hogar y a nadie le importe". ¿Y saben qué le dijo a su esposa? "Todavía no llegamos a casa. Recuerda eso". Y efectivamente, el recibimiento que él tuvo cuando él falleció fue más espectacular que lo que ha recibido cualquier presidente de cualquier nación en esta Tierra.

Dios no se avergüenza de llamarse su Dios

Si vivimos una vida que no se avergüenza de Dios, Él no se avergonzará de nosotros. Dice: "Por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos". ¿Saben cuál es el más alto honor posible que puedes recibir? ¿Cuál es el más grande privilegio, el más grande tributo que alguna persona puede tener en su vida? Que Dios diga: "Yo soy el Dios de ella". Eso es lo que estamos esperando. Ese es el capítulo final de lo que queremos escuchar; es lo que queremos saber acerca de Dios, que el día: "Sí, yo soy su Dios. Él vivió para mí; no me avergüenzo de él. Bienvenido a casa". No hay más vagar en el desierto, no hay más campamento y peregrinaje, no hay más muertes, no hay más dolor, no hay más sufrimiento. Como leemos en Apocalipsis 21 y 22: las cosas viejas han pasado; las primeras cosas ya no son; las segundas cosas: cielos nuevos y tierra nueva, la perfección en la gloria de Dios. Él es todo para todos.

Dios nos ha preparado una ciudad. 2 Timoteo 4:8 dice: "En el futuro me está reservada la corona de justicia que el Señor, el Juez justo, me entregará en aquel día; y no solo a mí, sino también a todos los que aman Su venida". Que Dios nos dé la fe de Abraham.

Oración final

Señor, gracias por este tiempo juntos. Gracias porque podemos ver hacia adelante, y gracias porque las circunstancias del presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Podemos confiar enteramente en Ti, porque Tú eres nuestro Dios, y queremos disfrutar de la ciudad que Tú nos has preparado y de Tu presencia por toda la eternidad. Ese es el anhelo en su corazón, Señor. Ayúdanos a recordar eso todos los días de nuestra vida aquí. En el nombre de Cristo Jesús.

Volver al vídeo ↑

Escúchanos

Ven un domingo

Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.

Qué esperar si vienes →