Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 11:4HebreosNathan Díaz

Abel: Fe que justifica

¿Por qué Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín? La respuesta va más allá de la actitud del corazón y apunta al derramamiento de sangre que Dios mismo estableció desde el Edén. Hebreos 11:4 presenta a Abel como el primer hombre justificado por la fe, cuyo testimonio sigue hablando hasta hoy.

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Transcripción

Introducción: los superhéroes

Estaba pensando en cómo se han puesto de moda, y cada vez más comunes, y cada vez ganan más dinero, las películas de superhéroes. Y mis hijos siempre están pendientes acerca de cuáles son las películas que van a salir ese año. Y entonces tienen dos mundos, el mundo de Marvel y el mundo de DC, y entonces son diferentes superhéroes en cada uno de esos mundos. Y yo recuerdo, de niño, que fuimos al cine a ver Superman. Pero ¿saben qué? Superman yo lo vi de niño, y me acuerdo que me impresionó muchísimo ver cómo podía volar y cómo se cambiaba de ropa. Y entonces lo que yo quería de cumpleaños era un traje de Superman. Lo que es… cuando tenía 15 años, algo así… 5 o 6 años. Entonces eso es lo que le pedí a mis papás, y sí, eso es lo que me dieron. Hasta la fecha recuerdo abrir esos regalos en mi cumpleaños, lo emocionado que estaba de tener medias azules, y por muchos años jugaba a ser Superman.

Y realmente tenemos esa tendencia, al ver diferentes personajes y ver diferentes historias, de ser inspirados por esas historias y querer ser como esos personajes. Ahora, al llegar a este capítulo en el libro de Hebreos, hemos llegado a un capítulo que normalmente se conoce como el catálogo de héroes de la fe. Y vamos a estar viendo con calma quiénes son estos héroes de la fe y por qué son mencionados aquí.

Imitadores de los que heredan las promesas

Quiero recordarles solamente lo que ya mencionó el autor en el capítulo 6, y ya lo habíamos visto: en el capítulo 6, versículo 11 y 12, pueden verlo: "Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin" —o sea, que perseveren— "para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos…". Y aquí está la clave; esto ya era el anticipo de lo que llegó aquí en el capítulo 11, que es: "…sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas". Entonces el autor ya nos dijo que una de las maneras en las cuales vamos a perseverar es imitando a aquellos que por la fe y la paciencia heredaron las promesas, viendo hacia atrás y pudiendo inspirarnos en héroes.

Que no, no es que tienen características morales, que son las que queremos imitar. En realidad, este capítulo no está tratando de convertirlas en historias que nos inspiran moralmente nada más: "Sean buenos como Abel", o "sean fieles como Moisés", o "sean personas que impactan en el mundo". Nada más no; no es el punto. Aunque va a mencionar esas cosas, no es el énfasis de todos estos personajes que van a aparecer en el capítulo 11. El énfasis está ¿en qué? En su fe. O sea, el énfasis es: vean su fe, y vean qué es lo que la fe puede hacer, lo que proviene de la fe.

Entonces no "vemos sus acciones y sí, nos vamos a hacer las cosas que ellos hicieron", sino: vean lo que había en su corazón, y vean la dependencia que ellos tenían de Dios, y vean la manera en que aprendieron a depender de Él, especialmente en circunstancias difíciles y adversas, o situaciones adversas y tribulaciones, e imiten eso. Imiten la dependencia que ellos mostraron en Dios. Lo cual trae, como vimos la semana pasada, cierto fruto. Entonces sí van a pasar ciertas cosas: y van a obedecer, y van a dar testimonio, y van a impactar el mundo, y van a ser usados por Dios. Pero no empezamos por estos resultados; empezamos por la fe. Empezamos por la fe, y vemos el tipo de cosas que la fe hace.

No son historias morales

Pero es muy fácil ver las historias del Antiguo Testamento y simplemente convertirlas en historias morales, y pensar que tenemos que ser personas con estas características y esta manera de ser que tenían estas personas. Y nos vamos a frustrar, nos vamos a frustrar todos, porque vamos a decir: "Yo no soy así". Pero es porque estás nada más tratando de ver esa parte externa, imitar la parte externa. Mientras que, si recuerdan, la fe, por su misma naturaleza, no ve hacia dentro, ve hacia fuera. Estas personas estaban realmente, a través de la fe, no apuntándonos hacia ellos mismos, sino hacia Dios.

Entonces, de una manera en la cual, cuando tú imitas a alguien que tiene fe, realmente esa persona no se vuelve el objeto, sino Aquel en quien esa persona confió se vuelve el objeto. Entonces pasa esto, ¿no?: "Sí, lo veo a él, pero al verlo a él veo a Dios, y veo su dependencia de Dios". ¿Entienden? Por eso es que podemos ver estos personajes y decir: "Sí, Señor, dame esa clase de fe. Porque no eran ellos, eras Tú; era cómo te veían a Ti, cómo confiaban en Ti, cómo te percibían a Ti en sus vidas. Y quiero ser esa clase de…".

Imiten su fe

No nada más se trata de ver hacia atrás e imitar a los personajes del pasado. Cuando lleguemos a Hebreos 13 van a encontrar, en el versículo 7 —vamos a estar estudiando esto—, que también nosotros, como líderes o como pastores en la iglesia, tenemos una responsabilidad para con la iglesia: "Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe". A ver, sí, yo tengo que poderles decir: "Imiten mi fe". Lo cual es un reto enorme, y dudo en decirlo, y tengo ciertos sentimientos de no merecer ese tipo de imitación. Pero ese es el reto que tenemos delante de nosotros, y el privilegio que tenemos: poder decir, como decía Pablo, "Imítenme", porque yo estoy buscando dependencia de Dios. No, no es que me vean a mí; no es que vean qué buena persona soy y cómo me porto todo el tiempo, como alguien ejemplar, sino: vean cómo estoy dependiendo de Dios constantemente, y Dios está transformando mi vida, y entonces pueden ver a Dios en mí. Esa es la idea de lo que hay detrás de este capítulo.

La fe que vence al mundo

Vean lo que dice 1 Juan; 1 Juan 5, versículos 4 y 5: "Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo" —están estudiando 1 Juan, ¿verdad?, las mujeres, pues—; "y esta es la victoria que ha vencido al mundo: nuestra fe. ¿Y quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?". Ahí está el tipo de fe que vence al mundo: ese tipo de fe que cree que Jesús es el Hijo de Dios. No nada más fe en general, sino la fe que apunta hacia la obra de Cristo es la fe que puede vencer al mundo.

Entonces, otra vez, no estamos hablando de moralismo. No estamos hablando de nada más decir: "Miren qué buenas personas son los personajes del Antiguo Testamento". Porque si ustedes leen sus historias —y las vamos a leer—, no eran tan buenas personas a veces. Hay algunos personajes aquí que van a aparecer: "¿Estás seguro, Señor, que no te equivocaste en meterlo a él en esta lista de personas a las cuales imitar?". Pero estos personajes forman parte de la narrativa histórica que se desarrolla en la Biblia, que está formando la narrativa del Evangelio: de qué se trata el Evangelio, y cómo Cristo cumple todas, todas las cosas que hay en la Biblia.

Siempre por gracia, por medio de la fe

Y especialmente, como al final no vamos a ver… o sea, no debemos ver el Antiguo Testamento como que… Y estaban hablando un poco de eso hoy en la mañana, acerca de "no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia". Y uno de los errores que podemos cometer al escuchar eso es pensar que en el Antiguo Testamento estaban bajo la ley. No, no está… o sea, sí, sí estaban bajo la ley, en el sentido de que la ley había sido establecida para condenarlos por su falta de cumplimiento de la ley. Sin embargo, la gracia había estado siendo manifestada desde el huerto del Edén, y siempre fue a través de la fe, y no por obras.

Y ese es el punto del libro de Hebreos realmente, o de este capítulo: no por obras, y no por esos sacrificios, ni por las cosas externas, que las personas en el Antiguo Testamento fueron salvadas, sino por fe, igual que nosotros. No hay diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento en el sentido de cómo hemos sido salvos, o cómo encontramos salvación a través de Jesucristo. No; hay una continuidad, hay una congruencia y una armonía en toda la Biblia en cuanto al mensaje de salvación. Entonces y ayudan a la gente a entender que el Nuevo Testamento no es nada más sustitución de lo que había en el Antiguo Testamento: "Eso es lo anticuado, eso es como Dios hacía las cosas antes, pero ahora está haciendo las cosas de una manera completamente diferente". No; ahora se ha cumplido aquello que el Antiguo Testamento había estado preparándonos para ver, que era cómo iba a funcionar todo al final, y cómo había estado funcionando, aunque no lo podían ver y entender todos estos personajes.

Lectura de Hebreos 11:4

Bueno, todo eso para decir: hoy vamos a estar viendo el desarrollo de lo que leímos el domingo pasado en el versículo 2. El versículo 2 decía: "Porque por ella", la fe, "alcanzaron buen testimonio los antiguos". Entonces es lo que queremos ver. Y les decía que una manera de traducir ese versículo, que creo que es todavía más explícita sobre el sentir del autor, es: "Porque por ella alcanzaron aprobación los antiguos". La aprobación de Dios vino a través de la fe; esa es la idea detrás del versículo 2. Y es lo que vamos a ver hoy en el versículo 4. Solo vamos a ver el versículo 4, esta historia de Abel, que dice: "Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella".

Señor, gracias por este pasaje. Gracias porque podemos ver en este versículo el testimonio de la vida de Abel, y ayúdanos a entender cómo se conecta su vida, hace tantos años, con nuestras vidas hoy; cómo Tú quieres hacer la misma obra en nosotros que hiciste a través de Abel. En Cristo Jesús.

Justificación y testimonio

Dos cosas que vamos a ver de esta historia. Una vez más, el énfasis aquí, creo, es la justificación que es mencionada aquí: "Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo". Entonces hay dos aspectos que se van a desarrollar. Uno es su justificación, la de Abel: cómo llegó a ser justificado delante de Dios. Por otro lado, cuál fue su testimonio, que sigue hablando hasta el día de hoy: cómo nuestra justificación impacta a otros, al ellos poder ver en nosotros la fe que ponemos en Dios para ser justificados por la fe. Estas son dos cosas muy simples que queremos entender: uno es justificación y el otro es testimonio; dos cosas importantes de la vida cristiana.

Lectura de Génesis 4

Entonces vayan conmigo a Génesis 4. Y como saben, hemos estado estudiando el libro de Génesis los miércoles, y entonces esto es algo que me metí a ver cuando habíamos estudiado Génesis 4. ¿Y saben qué? Ya tiene un año que empezamos a ver Génesis. Claro que suspendimos cinco o seis meses, ya saben ustedes, pero ya habríamos terminado, creo, a lo mejor… Pero ahorita estamos en un capítulo… a ver ahora, a ver si están poniendo atención los miércoles. Entonces, hace un año estábamos viendo esta historia, que dice: "Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín, y dijo: Por voluntad de Jehová he adquirido varón. Después dio a luz a su hermano Abel. Y Abel fue pastor de ovejas, y Caín fue labrador de la tierra. Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante".

Dos categorías de personas

Vamos a dejarlo ahí, nada más, porque hay varias cosas que quiero decir acerca de esto hasta este punto. Al leer esta historia —y están familiarizados con esta historia—, podemos ver que aquí comienza realmente, en la narrativa bíblica, cómo se dividen dos categorías de personas en la Biblia. Y todo va a aparecer de aquí hasta el libro de Apocalipsis, realmente: estas dos categorías, los que son marcados por Dios y los que son marcados por la bestia, que representa este mundo y el humanismo, la idolatría que existe de la creación, y especialmente de mí mismo como lo máximo, lo supremo. Y entonces toda la Biblia se va a dividir en estas dos categorías de personas, y aquí empieza esta división.

San Agustín escribe un libro que se llama La ciudad de Dios, y él coloca estas dos categorías aquí, para Caín y Abel, y dice: Caín representa la ciudad de este mundo, y Abel representa la ciudad de Dios. Ahí está el camino de Caín, la manera de Caín, y ahí la manera de Abel.

¿Por qué fue rechazada la ofrenda de Caín?

Entonces necesitamos entender qué pasó aquí. Esta historia, cuando ustedes la leen —la acabo de leer—, está un poco ambigua realmente: qué pasó, qué fue lo que generó que Caín fuera rechazado por Dios. El texto —esto es increíble, y esto ha generado mucho debate teológico; me voy a meter a esto un poquito en un momento—, pero el texto no dice. No dice, en realidad. Hay unas pistas que vienen más adelante, pero hasta este punto que leímos, el texto no nos dice qué fue lo que hizo que Dios rechazara a Caín. Solo dice: Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín, y es lo único que dice. Es más, el texto ni siquiera dice que Abel tuvo fe, ¿o sí? No lo dice. El autor de Hebreos nos dice eso, pero el texto de Génesis no nos dice que Abel tuvo fe. Hay muchas cosas en esta historia que están implícitas, que no son explícitas, porque la narrativa de la Biblia apenas está comenzando, y muchos de estos temas que estamos leyendo aquí se van a desarrollar más adelante.

Muchos autores, muchos comentaristas creen —y estoy de acuerdo en parte de lo que voy a decir ahorita, pero estoy en desacuerdo con parte de lo que voy a decir ahorita—, muchos comentaristas creen que la razón por la cual Dios aceptó la ofrenda de Abel y rechazó la de Caín tenía enteramente todo que ver con la fe, y algo interno, una actitud del corazón que había de parte de Abel, y no tenía nada que ver con el tipo de ofrenda que trajeron. Porque dicen: "Bueno, Abel era pastor de ovejas y Caín labrador de la tierra; entonces simplemente están trayendo lo que… a lo que ellos se dedicaban". "Esto es lo que… por lo que yo trabajé, y por eso te lo traigo". Es obvio: si soy labrador de la tierra, tuve que traer algo de la tierra. Y más adelante, en la ley de Moisés, hay mandamientos acerca de traerle el fruto de la tierra a Dios también como ofrenda. Entonces parece ser que no hay realmente un problema con el fruto de la tierra en sí. Y entonces muchos autores dicen: "Es que no tenía nada que ver con el hecho de que Abel trajo un cordero y Caín trajo la cosecha, las primicias de su cosecha".

Y fui meditando sobre esto muchísimo, tratando de decidir qué pienso sobre eso, y creo que estoy en desacuerdo con lo que les acabo de decir, de que no tenía nada que ver con lo que trajeron. Aunque el texto no dice explícitamente lo que les voy a decir; pero tampoco dice, otra vez… muchas cosas que no dice el texto. Tampoco dice que Abel tuvo fe. Estamos viendo que este pasaje tiene muchas cosas por detrás que todavía no se ven de una manera clara. Les quiero recordar… les voy a decir por qué creo que gran parte de la razón… Sí, la razón principal, obviamente, es la actitud del corazón y la fe con la que Abel trajo lo que trajo. Pero creo que también lo que estaba pasando aquí es: Abel trajo lo que Dios, de hecho, pidió, y Caín no trajo lo que Dios pidió como ofrenda.

La primera muerte en Génesis 3

Y les voy a dar mi razón. Aquí está: si ustedes se regresan al capítulo 3 de Génesis —acabamos de leer algo que pasó—, fue que Eva desobedeció la ley de Dios, comió del fruto del árbol del bien y del mal, y también Adán comió del árbol del bien y del mal. Y entonces fueron juzgados por esa desobediencia, y trajo consecuencias a sus vidas. Y Dios hizo una promesa, en el versículo 15, acerca de cómo iba a solucionar la enemistad que se iba a generar entre Dios y el hombre, a través de otro conflicto que se iba a desarrollar, que era la simiente de la mujer y la serpiente teniendo una batalla final. Y algo más pasa en el versículo 21. ¿Qué pasa? Porque ellos se habían hecho su propia ropa de plantas; ahora aquí hay un contraste. Otra vez, otra vez, les estoy explicando algo que está implícito en el texto, no está explícito de una manera explicada teológicamente, como encontraríamos en el Nuevo Testamento este tipo de explicación; no es un libro de Hebreos. Pero vean, piensen en esto: ¿qué tipo de ropa se hicieron Adán y Eva originalmente? Hojas de higuera, ¿no?, plantas. Y estas plantas representaban su propio esfuerzo de cubrir su pecado. La vergüenza que ahora sentían delante de Dios había sido expuesta; era la vergüenza de haber quebrantado la ley de Dios. El versículo 21 dice: "Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió".

Entonces aquí ya tenemos algo que está pasando, que dice: "No, a ver", Dios, "esta manera no funciona; yo lo voy a hacer. Y la manera en que lo voy a hacer es matando un animal, a través del cual…" —y eso no está explícito aquí en el texto, pero entendemos que eso es lo que sucedió—, "va a haber derramamiento de sangre, y ese derramamiento de sangre es a través de lo cual yo los voy a vestir". Por eso son túnicas de pieles para cubrir su vergüenza, y no hojas de higuera. Y esto solo es unos versículos antes de lo que estamos leyendo que sucedió entre Caín y Abel, donde tenemos este mismo tipo de contraste también: Caín, que trajo el fruto de la tierra, plantas, básicamente, fruto de plantas; y Abel, que trajo derramamiento de sangre. Algo, creo, está sucediendo ahí que es muy significativo acerca de por qué Dios rechazó la ofrenda de Caín.

Los querubines a la entrada del huerto

Yo quiero pensar que Caín y Abel, al ser los primeros hijos de Adán… Y, por cierto, esto pasa mucho tiempo; creo que para cuando esta historia sucede, en el capítulo 4, Caín ya tiene más de 100 años de edad. Entonces lo leemos en los versículos, pero va a pasar mucho tiempo. Adán y Eva han tenido la oportunidad de explicarles a Caín y Abel qué es lo que pasó en el huerto del Edén; ellos conocían la historia. Y también parte de la historia es la manera en que Adán y Eva fueron expulsados del huerto. Y si recuerdan, entonces dice el versículo 23: "Jehová los sacó del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida".

Entonces, de acuerdo a diferentes tradiciones judías, y muchos otros teólogos a lo largo de la historia de la iglesia también consideraban que probablemente al este, esta entrada del huerto, donde estaban los querubines y tenían esta espada para impedir la entrada… Y la razón por la que estaban ahí, para impedir la entrada, es porque dice que no tengan acceso al árbol de la vida. ¿Por qué no pueden tener el acceso al árbol de la vida? Porque han pecado, y entonces no puede entrar nada inmundo, ¿a dónde? Al huerto del Edén. Ese es el punto: "Ustedes han pecado; ya no tienen acceso al huerto del Edén". Y para impedir la entrada hay querubines.

Y esta entrada del huerto del Edén entonces se convierte en un lugar en el cual —no lo dice el texto, pero se cree que este es el lugar—, la entrada del huerto del Edén, donde están los querubines, es donde traen sus ofrendas a Dios. Y esto parece ser una práctica que se había estado desarrollando desde Adán y Eva, y que Abel y Caín conocían. Y parece ser, entonces, que ellos entendían la clase de ofrenda que era requerida de parte de Dios, que era una ofrenda de sacrificio, de derramamiento de sangre, porque Adán y Eva sabían que eso es lo que Dios había hecho cuando ellos pecaron, para vestirlos. Por lo tanto, ese era el tipo de ofrenda que Dios pedía.

Querubines en el tabernáculo

Hay muchas suposiciones en lo que les estoy diciendo, pero les quiero dar más argumentos todavía para justificar este argumento, o esta idea. Hemos estado estudiando en el libro de Hebreos que todas estas cosas que Dios estableció en el Antiguo Testamento, especialmente lo del sacerdocio, y el tabernáculo, y el templo, eran sombras de lo que habría de venir. Están diseñadas para mostrarnos, apuntarnos hacia Jesús y hacia Su obra.

Bueno, lo que es interesante es que si ustedes van entonces a Éxodo 26, van a encontrar que aquí Dios les está dando instrucciones al pueblo de Israel sobre cómo tienen que hacer el tabernáculo. Y el tabernáculo tiene que estar hecho… estas cortinas que hacen las paredes del tabernáculo son diez cortinas, creo que son. La instrucción dice —y se repite, ¿qué?, cinco veces, cuatro o cinco veces, a lo largo de las instrucciones y luego cómo las cumplen, está en Éxodo 26 y en Éxodo 36—: "Haga las cortinas de estos diferentes colores", pero bordados en las cortinas tienen que meter querubines.

Ahora, esto es muy interesante, porque entonces vamos a encontrar que en el tabernáculo, todas estas cortinas que están delineando la división entre un pueblo pecador y el acceso a Dios, todas estas cortinas tienen querubines. Y el velo que está dividiendo el Lugar Santo del Lugar Santísimo tiene querubines. Y el tabernáculo está adornado por dentro con imágenes y símbolos, ¿de qué? Del huerto del Edén. Y lo van a encontrar también en el templo: todas las imágenes, y el candelabro, y todos los diferentes elementos que empiezan a ver dentro del templo, tienen símbolos que vienen de aquí, de Génesis 3.

El propiciatorio y la sangre

Porque aun cuando llegamos al arca del pacto encontramos… ¿cómo es el arca del pacto? Hay querubines. Pero estos querubines están, ¿qué?, cubriendo el acceso a lo que hay dentro del arca, que es la ley de Dios, que ha sido quebrantada por el hombre. Pero están justamente por encima de lo que es llamado el propiciatorio, que es como la tapa del arca del pacto. ¿Y qué es lo que el sumo sacerdote tenía que hacer cada año, en el Día de la Expiación, sobre el propiciatorio? Salpicar la sangre del cordero que había sido sacrificado. Entonces ahí están los querubines, guardando la tapa del arca del pacto, pero cuando la sangre es derramada sobre el propiciatorio, eso simboliza la manera en la cual Dios perdona el pecado del pueblo para ese año.

Entonces, cuando empiezo a pensar sobre todo esto que se va a desarrollar más adelante en la Biblia —no está aquí en Génesis 4 todavía—, pero cuando piensas en todas estas imágenes que vienen de aquí, justo de lo que acaba de pasar en el huerto del Edén con Adán y Eva, en donde están estos querubines guardando la entrada del huerto del Edén, resguardando la entrada del huerto del Edén para que nadie con pecado pueda acceder… Y si pensamos que las ofrendas son traídas a este punto para agradar a Dios —que es lo que vamos a ver el próximo domingo—, es a través del derramamiento de sangre que Dios acepta estas ofrendas, porque están apuntando hacia lo que Jesús iba a ser por nosotros, al también darnos acceso a Su presencia y al Lugar Santísimo, donde no podríamos tener acceso por nuestro pecado. Así como Adán y Eva no podían tener acceso al huerto del Edén por su pecado.

Y entonces ahí están los querubines, solo esperando y diciendo: "Estamos resguardando esta entrada solo hasta que la sangre sea derramada. Cuando la sangre sea derramada, entonces podrán volver a tener otra vez acceso a la presencia de Dios". Y 1 Pedro 1 nos dice que estos son el tipo de cosas que apasionan a los ángeles; quieren ver cómo se cumple el Evangelio, ¿no? Ellos estaban ahí, guardando la entrada del huerto del Edén, pensando: "Un día Dios nos mostrará cómo les dará acceso otra vez al paraíso. Un día Dios nos mostrará cómo hará esta obra".

Y leemos en Mateo 27 cómo se cumplió, ¿verdad? Vamos a Mateo 27, versículo 50 y 51: cuando murió Jesús, el velo del templo se rasgó de arriba abajo, para proveer acceso nuevamente al Lugar Santísimo. Esos querubines abrieron paso nuevamente; dijeron: "Ahora sí, entren, porque la sangre ha sido derramada; pueden entrar", ese acceso que fue restringido en un principio. Bueno, ¿entienden por qué creo que el tipo de ofrenda de Abel tenía algo que ver con lo que pasó aquí? No todos están de acuerdo conmigo en lo que les estoy diciendo, pero quiero pensar que, de hecho, Dios estaba siendo intencional en el tipo de símbolos, en el tipo de ofrendas que Él estaba requiriendo de Su pueblo, y que el tipo de ofrendas es justamente una de esas cosas que iba a hacer esta división entre aquellos que son de Dios y aquellos que no son de Dios.

La fe que se acerca como Dios pide

Lo cual, entonces, significa que somos justificados por la manera en la cual nos acercamos a Dios. Ese es el tipo de fe que justifica: es el tipo de fe que tiene una cierta manera de acercarse a Dios. Abel tuvo una cierta manera de acercarse a Dios. Y ya vimos esto en Hebreos 9: sin derramamiento de sangre, ¿qué? No hay remisión de pecados. Entonces Abel, creo yo, creía que necesitaba un sacrificio y una ofrenda de derramamiento de sangre para poder ser justificado delante de Dios. No nos explica eso el texto, pero creo, honestamente, que el tipo de fe que tenía Abel era ese tipo de fe que decía: "Este es el sacrificio. Yo no sé, Señor, cómo me aceptas mi ofrenda, pero aquí está, y sé que este es el tipo de ofrenda que Tú hiciste cuando mis padres pecaron: Tú mataste un animal. Aquí está el mío. No es nada más que me dedico a ser pastor de ovejas; la razón por la cual yo te traigo esta ofrenda es porque creo que yo necesito que alguien más derrame sangre".

Y ese tipo de fe estaba apuntando hacia el Calvario, y creo realmente que ese es el tipo de fe que Abel tenía. No era una fe que veía su propia vida y su propia justicia y decía: "Mira, Señor, qué bueno soy, traje lo mejor que tengo". Era el tipo de fe que decía: "Señor, esto es lo que Tú me pides. Tú me pides esto; por eso es que te lo traigo".

El camino de Caín

Y creo que Caín dijo: "No, no nada más es que yo me dedico a labrar la tierra; es que yo tengo algo mejor que un animal sangriento… ¿Y quién quiere un animal? Mejor comida, ¿no?". Entonces Caín viene con la actitud de traer lo que él cree que debe ofrecer a Dios, lo que él piensa que es mejor, y lo que le conviene también: "Al fin y al cabo es a lo que me dedico. ¿Por qué me voy a esforzar en meterme en algo que ni siquiera es lo mío?". Judas 1:11 dice: "¡Ay de ellos!, porque han seguido el camino de Caín". Hay un camino de Caín. Es el camino de la autosuficiencia, es el camino de la rebeldía contra Dios. Es el camino que no ve a Dios y lo que Él nos pide como la manera de llegar a Él, sino nuestra manera, en nuestra justicia, como la manera de llegar a Él, ofreciéndole a Él lo que nosotros tenemos para darle, no lo que Él ha hecho por nosotros.

Y esto provocó que Caín… Dios aceptó la ofrenda de Abel. A lo mejor se los dijo con una voz audible; a lo mejor cayó fuego del cielo. Hay otras ofrendas que así fueron aceptadas por Dios más adelante en el Antiguo Testamento, así que puede ser esa la manera en la cual Dios aceptó la ofrenda de Abel. Y entonces fue tan espectacular que todavía más coraje le dio a Caín, ¿no? Cae fuego y consume la ofrenda de Abel, y aquí están las plantitas de Caín, y ni una sola gotita de nada. Entonces algo hace enojar a Abel… a Caín, perdón.

Y podemos ver, entonces, que sí, obviamente hay algo más profundo aquí, que tiene que ver con el corazón; pues no es nada más lo externo. Creo que lo externo jugó parte de la dinámica que se dio en Génesis 4, pero no nada más fue lo externo. También había una actitud de corazón, y una actitud de corazón, otra vez, en que estaba tratando Caín de ser exaltado él mismo, y ser reconocido por Dios él mismo. Por lo cual se enojó cuando no fue reconocido por Dios, porque eso era lo que él quería. Él estaba buscando su propia posición, su propio reconocimiento, en medio de estas ofrendas.

El veneno del enojo

Y podemos ver aquí el gran veneno y la gran amargura de lo que significa el enojo dentro de nosotros, ¿no? Cómo es que, cuando no van las cosas como nosotros queremos, empieza a crecer algo dentro de nosotros, y de resentimiento, inclusive contra Dios, porque las cosas no son a nuestra manera. Ese es el camino de Caín: enojarse contra Dios y enojarse contra otros, porque las cosas no funcionan como nosotros quisiéramos. Y cuando no hacemos las cosas con el corazón correcto, es muy fácil que el enojo y la amargura invadan nuestro corazón.

2 Corintios 9:7: "Dios ama al dador alegre", al que viene con un corazón contento y con una actitud de agradecimiento hacia Dios, y que no está viendo a los demás, no está pensando en el reconocimiento de los demás, sino simplemente está pensando en cómo Dios ve mi vida; pero Dios ve mi vida a través de lo que Él pide de mí, que en este caso es la sangre de alguien más. Y eso es lo que Abel le trajo a Dios.

Dios le ofreció a Caín el camino de salvación

Pero ¿cuál era la diferencia principal, entonces, entre Caín y Abel? ¿Que Abel no era pecador y Caín sí? Abel también era pecador. Y de hecho, vean esta parte; es una parte de la historia que siempre se me olvida, qué pasó. Versículo 6: "Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? Y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él". Dios confrontó a Caín con su propio pecado y le dio la oportunidad de arrepentirse: "Mira, no tienes que dejar que esto te consuma. Puedes hacer lo correcto; puedes traer el tipo de ofrenda, y de la manera que te estoy pidiendo. Puedes hacerlo bien; sabes lo que quiero. No dejes que el pecado te consuma, no dejes que el pecado gane la batalla en tu vida. Tienes la opción que yo te estoy dando". Dios le ofreció a Caín el camino de salvación.

Lo cual nos muestra, simplemente, que no hay ningún prerrequisito para la fe que salva. De verdad, no hay ningún tipo de error en nuestra vida que sea demasiado grande como para que Dios no lo pueda perdonar. No tienes que haber nacido en una familia cristiana, no tienes que haber crecido en un lugar cristiano para conocer a Cristo. No tienes que haber nacido en ningún país en particular, ni en ninguna cultura en particular, ni tenido ningún tipo de trasfondo cultural, económico, académico, para poder venir a Cristo. El ofrecimiento está ahí para todo el mundo, de la misma manera y con las mismas características que son explicadas en este pasaje, a través de la fe. Nos pone a todos en el mismo nivel, ¿no? Nos pone a todos en la misma categoría de gente que tiene la misma necesidad, que tiene que venir a Dios de la misma manera, y con la misma actitud, y con el mismo sacrificio, con el mismo derramamiento de sangre. Si no, serás condenado.

A través de la propiciación

Entonces, ¿cómo me acerco a Dios? A través de la propiciación. Solo quiero señalar, recordando lo que les dije hace un momento: esto se llamaba el propiciatorio, ¿verdad?, sobre el arca del pacto. La misma palabra es traducida en Romanos 3:25, donde habla de cómo Jesús es nuestra propiciación. El asiento de misericordia es donde somos perdonados por Dios a través de la sangre. Y todo esto lo podemos resumir, entonces, como… ¿cuál es la fe que justifica? La fe que se acerca a Dios de la manera que Dios pide, la cual es derramamiento de sangre; es la manera que Dios pide. Entonces hacemos las cosas de la manera de Dios, a la manera de Dios, creyéndole a Dios, y viendo que Dios es confiable en lo que nos está diciendo acerca de cómo acercarnos a Él. O sea: "Yo creo que hay mejores maneras de acercarme a Ti", pensaría Caín. Pero Abel dice: "No, no voy a hacer lo que yo creo que es la mejor manera, porque yo creo que Tú eres un Dios confiable. Así que voy a creer en la clase de Dios al cual yo sirvo, para llegar a Él como Él me dice".

La adoración

Y de esa manera lo adoro. La adoración es cuando yo vengo a Dios como Él quiere que yo venga, y pensando correctamente acerca de quién es Él, y en consecuencia lo atesoro. Porque veo la clase de Dios que es, y creo en la clase de Dios que es, por lo cual se vuelve un tesoro para mí; por lo cual empiezo a valorarlo de una manera nueva y cada vez más profunda. Eso es adoración. Adoración es cómo llegamos a Dios, cómo piensas sobre Él, cuál es el método a través del cual llegas a Él, y qué piensas acerca de Él. Esto vamos a verlo —me estoy empezando a adelantar un poquito a lo que viene el próximo domingo—, pero solo quiero que vayan pensando en que Dios está interesado no en los rituales externos nada más, sino en la manera en que nuestro corazón lo ve a Él, y en la manera en que nuestro corazón lo atesora a Él. Y esto es lo que Jesús le dijo a la mujer samaritana en Juan 4:23: ¿qué tipo de adoradores busca Dios? Los que lo adoran en espíritu y en verdad. Estamos adorando a Dios al atesorarlo sobre la verdad que Él nos ha mostrado acerca de sí mismo, en un fundamento doctrinal y bíblico. Es la definición de adoración: fe en acción. ¿Cómo se ve tu fe? Es adoración; y atesorar a Dios porque creemos ciertas cosas sobre Él es adoración.

El testimonio de Abel: muerto, aún habla

Lo cual me lleva al último punto aquí, y quiero que pensemos sobre Abel: ¿qué es su testimonio? Esto es algo que para el autor de Hebreos está muy claro: "Dando Dios testimonio de sus ofrendas"; o sea, Dios aprobó la ofrenda de Abel. Pero aquí va más allá del testimonio que Dios da de la vida de Abel, porque es un testimonio que va más allá del momento en que Abel muere. Dice: "Y muerto, aún habla por ella". Entonces la idea aquí es que existe un testimonio externo de aquellos que ponemos nuestra fe en Cristo para justificación, y ese testimonio glorifica a Dios, y Dios lo usa para atraer a otros a la fe correcta también.

¿Qué es lo que se generó entre Abel y Caín? Un conflicto, ¿no? Y creo que eso es simbólico también del tipo de testimonio de una persona que pone su fe en Jesús para justificación. Eso automáticamente genera un conflicto con todos aquellos que no ponen su fe en Jesús para salvación. Hay algo que pasa, y que nos separa, y nos pone en otra categoría, y que va a causarnos conflicto.

No se maravillen si el mundo los odia

Y justamente estaba viendo esto en 1 Juan otra vez —hermanas, a ver, ustedes me pueden enseñar sobre esto—: cuando es mencionado Caín en 1 Juan, hay una conexión que Juan hace entre Caín y nosotros: "No como Caín, que era del maligno y mató a su hermano. ¿Y por qué causa lo mató? Porque sus obras eran malas, y las de su hermano justas". Entonces Juan dice: Abel era justo, y las obras de Caín eran malas. Y luego, ¿qué dice? Dice: "Hermanos, no se maravillen si el mundo los odia". ¿No es interesante? Ahí está la conexión para Juan. Dice: claro que Caín mató a Abel, ¿por qué? Porque pertenecían a dos categorías completamente diferentes de personas: personas que confían en Cristo y personas que no confían en Cristo. Personas que viven para sus propios deseos, para su propio pecado —por eso sus obras son malas—, y personas que son justas, no porque no pecan, sino porque han encontrado justificación en la sangre de Cristo y el perdón de pecados.

Lo cual significa que ustedes, su principal testimonio, va a ser como el testimonio de Abel. Van a tener conflicto, van a tener persecución, van a tener oposición de aquellos que no comparten esta fe. No se sorprendan si el mundo los odia. ¿Quién más habló bien de Abel? Jesús. Jesús lo describió como "el justo Abel"; otra vez, no porque no pecara, sino porque había encontrado la justicia, su justicia, en la justicia de Dios. Pero otra vez, también aquí Jesús está usando a Abel como un ejemplo, ¿de qué? De la persecución que hubo a lo largo de toda la historia del Antiguo Testamento. Y Jesús dijo: "Desde Abel hasta Zacarías", que mataron a los profetas. O sea, siempre han perseguido a los que son de Dios.

Un testimonio más poderoso en su martirio

¿Pudo haber Dios mantenido a Abel vivo? ¿No pudo haber Dios impedido que Caín matara a Abel? Sí, pudo, pudo haberlo hecho. Pero Dios tenía un propósito para permitir que Abel muriera. Su testimonio sería más poderoso en su martirio y en su sufrimiento que en su recompensa en esta vida. ¿Qué podemos decir? "Pobre Abel, no le fue muy bien por traer el sacrificio correcto". O sea: "¿El sacrificio correcto, y qué termina pagándole? Lo matan. No sé si yo también quiero hacer lo correcto". Pero Dios sabe que el testimonio que nosotros tenemos en este mundo, de enemistad con el mundo, es un testimonio muy poderoso acerca de qué es lo que verdaderamente atesoramos en nuestra vida, y qué es lo que es realmente importante en esta vida. Y que cuando perdemos ciertas cosas, y cuando pasamos ciertas tribulaciones, tenemos la oportunidad de dar testimonio de que Dios realmente es el máximo tesoro de nuestros corazones. Entonces: "No importa si me matan. Bueno, si me matan, me matan; pero Dios aceptó mi sacrificio, Dios aceptó mi ofrenda, estoy bien con Dios. ¿Qué más importa?".

Y ese es el testimonio de Abel, que sigue hablando hasta el día de hoy, del que está hablando el autor de Hebreos: "Y muerto, aún habla" por su ofrenda. Todavía está hablando; a Abel hoy seguimos escuchando. ¿Y no es interesante que no hay ni una sola palabra de Abel registrada en la Biblia? No sabemos qué dijo, nunca, nada. De Caín sí sabemos varias cosas que dijo, pero de Abel no sabemos nada de lo que dijo; solamente su vida, su testimonio y sus acciones es el único recordatorio que tenemos acerca de él.

Estaba pensando esto: queda registrado Abel como el primer hombre que murió justificado por la fe. Antes de él no habría habido nadie más muerto justificado por la fe. Es el primero que entró en la presencia de Dios, y los ángeles se gozaron, diciendo: "Aquí está la primera persona que Dios ha salvado a través de la fe". Es el primer ejemplo de muchos otros que vendrán como él. Por eso es que creo que el autor de Hebreos empieza con Abel y no con Adán, porque Adán todavía habría seguido vivo a estas alturas, y Abel es el primero que experimenta cómo es morir confiando en que Dios te ha justificado por la sangre de alguien más.

Toda la vida es testimonio

Estaba leyendo sobre san Francisco de Asís, y hay una frase que se le atribuye a él: "Predica el Evangelio, y si es necesario, usa palabras". Lo cual no es muy bíblico, porque sabemos que necesitamos usar palabras. Pero, de hecho, algunos no están ni siquiera seguros de que se le atribuya a él esa frase, porque no sabemos de dónde viene en realidad. Pero sí hay otra historia —que creo que de ahí podría ser que venga—, pero es más bíblica, creo, en donde él salió con un aprendiz a evangelizar. Y entonces iban caminando por diferentes calles, y fueron a varios lugares antes, y entonces empezó a frustrarse este aprendiz. Y entonces le dijo a san Francisco de Asís: "Oye, pues, ¿no que íbamos a ir a evangelizar? Tenemos mucho tiempo caminando y no hemos ido a donde íbamos a ir". Y él le dijo: "No es útil caminar a algún lugar para predicar, a menos que predique en todo lugar al caminar".

El objetivo es que toda nuestra vida sea un testimonio. No es que estamos yendo a algún lugar, buscando un objetivo, para compartir nuestra fe; toda nuestra vida es compartir nuestra fe y dar testimonio de lo que Dios está haciendo en nuestras vidas. Lo cual me hizo pensar —esto es, creo, lo que el autor de Hebreos quiere que pensemos—: ¿cuál es tu legado? ¿El de alguien que ha creído por la fe en Jesús y ha sido justificado? ¿Cómo saben esto? ¿Sabe la gente eso? ¿Ese es el tipo de vida que tenemos? ¿Qué se va a decir en nuestro funeral? "Él era un creyente; en verdad él le creía a Dios. Él fue justificado por fe en Jesús, y su vida lo mostraba". ¿Cómo resumirían nuestra vida en 10 minutos, en 15 minutos, si tuvieran que resumirla? Que Dios nos ayude a seguir viviendo en el ejemplo de fe de la vida de Abel.

Oración final

Gracias, Señor, por este tiempo juntos en Tu Palabra. Y te pedimos que Tú nos sigas dando la capacidad de ver lo que Tú has hecho por nosotros, y que podamos confiar entera y plenamente en esa obra en todas las áreas de nuestras vidas. Que la manera en que vivimos, y actuamos, y hablamos, siempre sea un constante reflejo de que Tú eres el Dios que nos ha justificado; que confiamos en que la obra que Tú has hecho por nosotros es la obra que nos ha reconciliado y nos hace inocentes en Tu presencia. En Cristo Jesús.

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