Lucas 7:36-50LucasAlfredo Carrillo
Aprendiendo a Adorar
Transcripción
Venimos a adorar
Y siempre que tengo la oportunidad de estar aquí al frente... es tan extensa la Palabra de Dios que uno no sabe, si por uno mismo escogiera, de qué hablar a los hermanos. A veces es un poco difícil tratar de discernir qué es lo que hace falta en la iglesia, qué es lo que necesitan de alimento los hermanos, y uno mismo; primeramente, primeramente uno mismo. Y bueno, todos los domingos a las 10 de la mañana nos reunimos aquí con un propósito, y no es el de cantar. El mío no es el de venir a tocar; ese no es mi propósito. El propósito es venir a adorar. Y el tema que les quiero compartir es precisamente eso: la adoración. A veces venimos y no sabemos a qué venimos los domingos en la mañana, en la Cena del Señor, o qué significa la adoración.
¿Qué es la adoración?
Podríamos... yo aquí, pues, unas definiciones, quizás. Y una de ellas, en las que podríamos quizás encajonar lo que significa adoración, es la primera: podríamos decir que la adoración es un diálogo entre Dios y el hombre. Esa podría ser una definición. Una segunda definición podría ser: ofrendar a Dios toda la vida y todo el ser; y eso implica espíritu, alma y cuerpo. Otra definición podría ser que es una expresión de amor del corazón, que se demuestra con verdadera pasión y devoción. Otra definición es que es una actitud del corazón, igualmente, que se demuestra con una verdadera pasión y una verdadera devoción. Y por último, podríamos decir que la adoración es sentir el corazón de Dios.
Pero bueno, esas podrían ser algunas definiciones, pero yo creo que no podemos encajonar la adoración en una definición como tal. La verdadera adoración, pues, no se puede encerrar como tal en una sola definición. La adoración se aprende por la experiencia, así como el arte de predicar, el arte de la predicación, el ponernos aquí, a los que nos ha tocado ese privilegio de estar aquí al frente. Asimismo también la oración se aprende ¿por medio de qué? De practicarla. Me acuerdo cuando llegó Mónica, un miércoles, que me decía: "Bueno, ¿cómo oramos, no? O sea, ¿de qué se trata? ¿Cómo empiezo? ¿Cómo le hago? ¿Por dónde?". Y ya le explicaba algo, ¿no? Y con el tiempo ella fue aprendiendo a orar, porque lo fue practicando. La adoración así es: si usted no practica la adoración, no va a aprender a adorar.
Algo importante: la adoración no es una actividad musical. Usamos la música como parte, como un medio, para llegar a ese momento de la adoración, pero no es una actividad musical. La adoración es una función del corazón, nuevamente.
Adorar con inteligencia
Y yo quisiera leer Juan capítulo 4, versículo 22. Todavía no entramos de lleno al tema; solamente es una referencia que quiero tomar. Juan 4:22 dice así: "Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos". La adoración se tiene que hacer con inteligencia, no con ignorancia. A veces dice un dicho, ¿no?, que "el que no conoce a Dios, dondequiera se hinca". Nosotros conocemos a Dios, y debemos adorar con inteligencia. También debemos saber qué es lo que estamos adorando, o a quién estamos adorando. No debe ser con ignorancia; con inteligencia debe ser, con nuestra mente. Entonces, esto vuelve a retomar la parte que dije: que adorar es con todo el ser, con el espíritu, pero también con la mente debemos adorar.
¿Se ha preguntado usted: "¿Cómo debo...? ¿Cómo puedo hacerle para ser un verdadero adorador?". ¿Nunca se ha preguntado eso: cómo puede ser un verdadero adorador? ¿Cree que nada más es cantar, nada más levantar las manos?
Lectura del pasaje
Vamos a leer ahora sí en Lucas capítulo 7, del versículo 36 al versículo 50. Y es un pasaje que habla de... me gusta mucho a mí este pasaje; lo he compartido. En Lucas capítulo 7, versículo 36, y voy a leerlo; síganme todos. Antes, antes de continuar: todos los que traemos celular, ¿lo podemos apagar, por favor? Sí, Dios tiene todo bajo control. Si algo pasa, Él sabe por qué pasa; todo, todo lo tiene bajo control. Y como hemos dicho, si Dios nos quiere hablar, no va a ser a través de ese celular; va a ser a través de la Palabra de Dios.
Y vamos a leer, y dice así; en la Reina-Valera tengo un encabezado que dice "Jesús en el hogar de Simón el fariseo": "Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de Él a Sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas Sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba Sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí" —quizás en su mente—: "'Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora'.
"Entonces respondiendo Jesús, le dijo: 'Simón, una cosa tengo que decirte'. Y él le dijo: 'Di, Maestro'. 'Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más?'. Respondiendo Simón, dijo: 'Pienso que aquel a quien perdonó más'. Y Él le dijo: 'Rectamente has juzgado'. Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: '¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para Mis pies; mas esta ha regado Mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. No me diste beso; mas esta, desde que entré, no ha cesado de besar Mis pies. No ungiste Mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con perfume Mis pies. Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama'. Y a ella le dijo: 'Tus pecados te son perdonados'. Y los que estaban juntamente sentados a la mesa, comenzaron a decir entre sí: '¿Quién es este, que también perdona pecados?'. Pero Él le dijo a la mujer: 'Tu fe te ha salvado'".
Los adoradores son adoradores
Y bueno, vemos aquí... Cuando estaba leyéndolo... a mí me gusta mucho este pasaje, y a veces lloro, porque yo soy como esa mujer, o hemos sido como esa mujer. Y vemos aquí, en la primera parte —vamos a analizar algunos versículos de cómo es una verdadera adoración—, en el versículo 37 y 38 vamos a tomar algunas cosas. Y vamos a ver que los adoradores son adoradores, sí, así, como redundante: los adoradores son adoradores. Para eso estamos. Ahora que estamos viendo fundamentos, estamos viendo por qué fuimos creados. ¿Por qué Dios creó al hombre? Para adoración de Él; para eso fuimos creados. No solamente los ángeles: los hombres, la creación humana, fue hecha para adorar a Dios. Sin embargo, hemos cambiado eso; lo hemos cambiado.
Un frasco de alabastro con perfume
Vamos a analizar la primera parte del versículo 37. Dice: "Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume". Alguna vez, en alguna ocasión, en la Cena del Señor les hablaba de este hecho, de este incidente. Vamos a hablar acerca de este perfume: nardos. El perfume que llevaba en ese frasco era de nardos. ¿Quién sabe qué son los nardos? A ver, las mujeres, que les gustan las flores. Son las flores, ¿no? Bueno, ¿cómo son sus pétalos? Tienen unos petalitos, ¿no? Bueno, antes no había tanta tecnología; no había destiladores, no había cómo, manera de extraer las esencias, así como ahora, ¿no? Bueno, en aquel entonces se tenían que juntar o recolectar muchísimas flores, muchísimos pétalos, para machacarlos hasta obtener un jugo, la savia de cada pétalo. ¿Se imaginan? Para llenar un frasquito de, no sé, 50 ml...
Por ahí tenía el dato de cuántas onzas equivalía este frasquito. Era muy poco, pero era costosísimo. Para tener un frasco así, pequeño, de este perfume de nardos, tenía que ahorrar toda una vida, porque era tan costoso extraerlo; era tan caro. Bueno, en aquellos días no había bancos, no había dónde guardar el dinero; entonces la gente acostumbraba hacer este tipo de cosas: invertir su dinero en cosas que valían para ellos. Entonces, este frasco de perfume, esta mujer quizás lo había comprado como cuando uno ahorra para su vejez, quizás para retirarse, para una emergencia quizás, porque era muchísimo dinero lo que valía este frasco. Eran los ahorros de casi toda una vida para obtener este perfume, para poder mantener quizás su seguridad financiera en algún momento de enfermedad. Y quizás en algún momento pensaba venderlo, y así obtener para su vejez o para su retiro, ¿no?
Había que romper el frasco
Bueno, veamos otro dato acerca de este perfume. Dice que estaba en un frasco: "trajo un frasco de alabastro". ¿Quién sabe qué es el alabastro? ¿Nadie conoce el alabastro? ¿No? Bueno, ¿han visto el mármol? Bueno, es el mármol, pero transparente; ese es el alabastro. Lo usan... yo soy carpintero; en algunas decoraciones de muebles le meten alabastro, y por atrás le meten luz, y se ve muy bonito; es amarillo. Bueno, este frasco era hecho de alabastro. No había máquinas tampoco para hacer un frasco; entonces se hacía a mano, y se llenaba con cada gota de ese pétalo, de ese perfume; se llenaba este frasquito de alabastro.
Entonces, para poder sacar ese perfume del frasco de alabastro había que romperlo. Y entonces, una vez roto, no se puede volver a utilizar ni el frasco ni el perfume. La mujer de antemano sabía que no podía darle una sola parte del perfume, ni tantito; sabía de antemano que tenía que darle todo el perfume al Señor. Era todo o nada: darle el perfume a nuestro Señor Jesús.
Cuando hablamos de darle todo, ¿qué implica darle todo al Señor? Es todo. La Palabra lo dice: todo; cuerpo, alma, espíritu, tus posesiones, todo lo que haces en tu trabajo, lo que haces con tu familia, lo que haces con tus amigos. Siempre debemos pensar en que en esos momentos estamos adorando, no solamente aquí en esta reunión de las mañanas. Sin embargo, cuando venimos a esta reunión en específico, de eso se trata: darle todo. Olvidar si dejamos los frijoles en la estufa; olvidar si tengo que pagar mañana a Hacienda; olvidar si ya me peleé con mi esposa un día anterior. Es todo: darle toda nuestra atención.
Traed ofrendas
Entonces, esta mujer que trajo este perfume nos da una enseñanza, y es bíblica, que dice que podemos traerle regalos al Señor. Y vamos a respaldarlo con un salmo, que es el Salmo 96, versículo 7. Salmo 96, versículos 7 al 9, dice así: "Tributad a Jehová, oh familias de los pueblos, dad a Jehová la gloria y el poder. Dad a Jehová la honra debida a Su nombre; traed ofrendas, y venid a Sus atrios. Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad; temed delante de Él, toda la tierra".
La ofrenda: siempre que hablamos en la mañana, cuando vamos a ofrendar lo que Dios nos ha dado, o algo de lo que Dios nos ha dado —porque Él nos ha dado mucho—, por alguna razón decimos que los que son invitados no están obligados a hacerlo, porque se necesita entender de qué se trata. No es la limosna; no es el cambio que me quedó de ayer, o del taxi que pagué. No es eso tu ofrenda. Es la que tú preparaste de antemano, quizás un día anterior, el viernes; o de antemano ya sabes cuánto le estás dando al Señor como ofrenda. La cantidad, bueno, cada quien sabe; es del corazón, y preparada, porque es en adoración. De eso se trata la ofrenda: no es de recoger dinero; es en adoración al Señor.
Y vamos a leer qué nos dice en 2 Crónicas 29:31. 2 Crónicas 29:31 dice así: "Y respondiendo Ezequías, dijo: 'Vosotros os habéis consagrado ahora a Jehová; acercaos, pues, y presentad sacrificios y alabanzas en la casa de Jehová'. Y la multitud presentó sacrificios y alabanzas; y los generosos de corazón trajeron holocaustos". El holocausto es una ofrenda; eso es lo que significa la palabra holocausto, es una ofrenda. Y dice: "y todos los generosos de corazón trajeron" ofrenda. ¿Qué tan generosos somos? Dios sabe.
Entonces, la mujer pecadora trajo los ahorros de su vida, y no le importó, porque reconoció quién era Jesús, reconoció su condición. Rompió ese frasco sin importarle que tenía que ahorrar nuevamente, quizás, el resto de su vida, lo que le quedaba. Pero sin embargo ella lo derramó a Sus pies, y con sus cabellos lo enjugó. Vamos adelante; vamos a ver, esto es algo bien bonito. Ella entregó todo lo que tenía como valor, lo más valioso que poseía quizás, pero eso era nada; ni siquiera podía pagar con eso lo que Jesús le ofreció, que fue el perdón de sus pecados.
A Sus pies, llorando
Más adelante, en el versículo 38, dice: "...y estando detrás de Él a Sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas Sus pies". Voy a hablar un poquito acerca de por qué está esta mujer ahí. Porque dice aquí: "Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él", pero no dijo... aquí no se menciona que invitó a la mujer. Bueno, investigando usos y costumbres de aquel entonces, dice por ahí que cuando había una actividad así, de que alguien invitaba a alguien a su casa a comer, la puerta se dejaba abierta. Esta mujer, al enterarse de que el Señor Jesús iba a estar ahí, ella fue y se metió sin ser invitada. Se metió. ¿Invitaron a esta mujer? Pero estaba ahí.
Pero en cuanto entró, inmediatamente, en cuanto ella entró, reconoció su estado, su condición de pecado; reconoció que estaba mal delante de Dios. Y lo primero que hizo fue arrodillarse detrás de Él. Dice aquí la Palabra del Señor: "...y estando detrás de Él a Sus pies". Se humilló, reconociendo. Estando detrás de Él, a Sus pies, lloraba.
El adorador no tiene temor
Dice aquí... puse una anotación. Dice: el adorador no tiene temor de expresar exteriormente lo que siente en su interior. ¿Cuántos de aquí no levantamos las manos cuando estamos adorando al Señor, porque reconocemos nuestra condición, que no somos nadie ni nada si no fuera por el Señor Jesús? Levantamos las manos; quizás algunos lloramos. Pero dice que el adorador no tiene temor de expresar exteriormente lo que siente en su interior. No se detenga cuando esté adorando; pero que tampoco sea una emoción simplemente. Por eso dice que adoremos con inteligencia. Cuando la mujer se presentó ante Jesús, estaba llorando, dice aquí la Palabra del Señor. Esa es una manifestación exterior de su corazón, de lo que ella tenía en su corazón: reconocer que estaba arrepentida. Y se humilló; por eso dice que estaba hincada a Sus pies.
Una terapia de adoración
A veces necesitamos, en algunas condiciones en que nos encontramos en la vida, necesitamos una especie de terapia de adoración. ¿Cuántos de ustedes aquí, por algún motivo, se han sentido con la incapacidad de adorar? Porque ha pecado, porque tiene problemas con su esposo, con su esposa, porque tiene problemas financieros, porque tiene un problema muy fuerte en la familia, en el trabajo: "Me corrieron, perdí el trabajo"; quizás: "Me robaron el auto". Y a veces nos sentimos con la incapacidad de adorar. Pero a la mujer no le importó eso: ella adoró al Señor, entregó todo.
Entonces, a veces es bonito tener esas terapias de adoración al Señor. Tú, en tu espacio a solas con el Señor, cuando tienes esos momentos de preocupación, esos momentos malos, quizás podríamos decirlos: métete ahí, en donde tú has dispuesto, y adora al Señor, y vas a ver cómo es reconfortante. En esos momentos el Señor te reconforta. Y entonces el objeto de la adoración se convierte en nuestra bendición, porque fluye; es vertical, es el sentido vertical, de arriba hacia abajo y de abajo hacia arriba. Vamos a leer el Salmo 37:4; quizás ya todos lo conocen.
Que es hasta de memoria: "Deléitate en el Señor". El Salmo 37:4 dice... ay, perdón. El Salmo 37:4 dice así; vamos a leer desde el 3. Dice: "Confía en Jehová, y haz el bien; y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová, y Él te concederá las peticiones de tu corazón". Deléitate asimismo en Jehová. ¿Qué es deleitarse? Ah, están dormidos, yo creo; voy a gritar más. Gozar, gozarse. ¿Usted se ha gozado en algo? Hay comidas que cada uno tiene así como preferidas, ¿no? A mí me gustan las fresas con crema. Cuando pruebo las fresas con crema: "¡Ay, qué bueno que Dios nos dio el gusto!"; se siente tan rico. Asimismo, dice: "Deléitate en el Señor". Deléitese en el Señor, dice, y concederá las peticiones de nuestro corazón. Pero primeramente, ¿qué es? Hay que confiar en Él.
Besaba Sus pies
En el versículo 38, ahí mismo, dice después... vamos a leer el anterior párrafo. Dice: "...y estando detrás de Sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas Sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba Sus pies, y los ungía con el perfume". Esta mujer besó los pies de Jesús. En el griego, en el original griego de la Biblia, usa una palabra aquí para beso que se pronuncia proskuneo, que quiere decir inclinarse, o dar un beso; o sea, adorar. Esa es la palabra que utilizó. No usó esta palabra que tienen aquí en griego, que no es la palabra de beso erótico, sino que es de beso de adoración, o inclinarse. Por eso dice aquí que la mujer besó a Jesús; o sea, le adoró.
Podemos alabar a distancia, como en las mañanas: estamos allá, otros estamos acá, estamos cantando, estamos cantando al Señor. Pero esa es una forma de alabar o de adorar a distancia. Pero hay otra forma de adorar al Señor, de más cerca: dar un beso, como lo hizo esta mujer. Dice que le dio un beso al Señor en los pies: besaba Sus pies. Tenemos que acercarnos al Señor más; no solamente alabar y adorar a distancia. "Sí, yo estoy ahí". Acérquese al Señor de más cerca —valga la redundancia—; adore al Señor con un beso. Hay que cultivar el amor, el amor a Dios; hay que cultivar el mirar a Dios, y ser sensibles a cuando Dios se mueve.
Los enjugaba con sus cabellos
El mismo versículo 38, más adelante, dice: "...los enjugaba con sus cabellos". Ya vimos que besaba Sus pies, y ella lloró; a ella no le importó, como decía, expresar lo que sentía. Y con sus lágrimas... secaba sus lágrimas con sus cabellos. Y yo estuve viendo algunos apuntes de hermanos, de eruditos bíblicos: esta mujer se piensa que era una prostituta. Esta mujer que entró aquí con Jesús se piensa que era una prostituta. ¿Por qué? Bueno, hay muchos indicios. Esta mujer, cuando dice que se soltó el cabello, porque lo traía sujeto: dice que se soltó el cabello y secó los pies del Señor Jesús con sus cabellos, las lágrimas que ella había depositado en Él. En aquel entonces las prostitutas, para seducir a sus clientes, hacían eso: se postraban, y con el cabello acariciaban.
Entonces, ¿se imaginan la actitud que tuvo el fariseo Simón? Dijo que era una pecadora; dijo: "Híjole, si fuera profeta, sabría de quién se trata". Pero el Señor Jesús es Dios, y Él conocía el corazón de ella; sin que nadie le dijera, sabía de antemano cuál era su condición, de quién se trataba. Ahora entendemos por qué el espanto del fariseo y de los que estaban ahí: "¿Cómo es posible? ¿No sabe quién es esta? ¿Cómo es posible que se deje tocar por una pecadora?". Sin embargo, Jesús estaba conociendo su corazón; estaba conociendo que ella se había arrepentido de lo que había hecho.
Los adoradores no pasan desapercibidos
Los adoradores no pueden pasar desapercibidos, ¿verdad? Lo tenemos que manifestar. A veces, cuando estamos aquí en la mañana, nos abstenemos de expresar nuestra manera de adorar. A veces queremos levantar las manos y no lo hacemos, porque estamos pensando en el de al lado. Pero dice que debes entregar todo tu ser; olvídate de quién te está mirando. Quizás es con lágrimas, y muchas veces no lo expresamos porque nos importa más el qué dirán. No seamos como ese Simón tampoco, que nos sorprendemos, ¿verdad?, de lo que hizo la mujer; o que nos sorprendemos de: "Ay, el hermano está levantando las manos; el hermano está llorando, ¡qué chillón!". Humberto... yo soy... Humberto es sincero. Nos sorprendemos, ¿verdad?: "Ay, ese hermano, ¿qué motivo es?". No juzguemos, ¿verdad? No juzguemos; seamos adoradores verdaderos.
Entonces, ya vimos: debemos dar todo, todo lo que tenemos como valor, lo más preciado; eso es lo que debemos dar. Todo, también lo que... no lo que creamos que no es de menor precio; pero en general, lo que más preciamos es lo que hay que darle al Señor. No debemos tener temor de expresar exteriormente lo que hay interiormente. Y debemos besar a Jesús: acercarnos, acercarnos más.
¿A quién queremos agradar?
No hay una fórmula, en realidad, para adorar. No hay un pasaje que diga: "Si no lo haces así, no eres adorador". No existe. Dios ve el corazón de cada uno, y hay muchas formas externas de adorar. Lo primero que hay que hacer es decidir a quién queremos agradar. ¿A alguien quiere agradar cuando usted adora, cuando usted canta? Me preguntaba aquí nuestra visita, ¿no?, de qué se trataba esto, de qué se trataba esta reunión que hacemos, por qué nos reunimos. Nos reunimos porque el motivo de nuestra reunión es Jesús: nos ha perdonado nuestros pecados, hemos sido salvos, porque Él así lo ha prometido. Y lo que hacemos aquí es eso: adorarle, alabarle, en agradecimiento a lo que Él ha hecho por nosotros.
Adorar aunque haya pecado
Yo quisiera leer hasta abajo; dice en el versículo 48: "Y a ella le dijo: 'Tus pecados te son perdonados'". Aquí vemos cómo siempre es vigente lo que dice el Señor Jesús. La mujer adoró; entonces recibió perdón y fue purificada por la sangre de Jesús. Hemos sido purificados también. ¿Por qué digo esto? Les voy a hacer una pregunta, y conteste cada quien: ¿es posible acercarse a Dios en adoración aunque haya pecado en la vida? Pero a veces los sentimientos de culpa le quitan esa bendición. ¿Cuántos no vienen a la Cena del Señor y no la toman? Satanás es el acusador. Satanás está ahí: "Oye, no, tú no te lo mereces, tú no debes estar aquí. Dios no te va a escuchar, porque tienes pecado. ¿Te acuerdas de aquello que hiciste en la semana?". Satanás es el acusador, pero tenemos un abogado, que es el Señor Jesús.
Vamos a leer en Romanos 8:1. Romanos 8:1; ya muchos lo saben, tanto que hemos leído Romanos. ¿Qué dice? "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús". ¿Usted está en Cristo Jesús? No hay ninguna condenación: adórale, adórale. Jeremías... Jeremías solamente dice ahí una frase: "Jehová, justicia nuestra", Jeremías 23:6: Jehová es nuestra justicia. Y en 1 Corintios 1:30 dice así: "Mas por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención". La culpa y la condenación son algunos de los mayores impedimentos para entrar en la presencia de Dios. Y tomemos este ejemplo de esta mujer: primero adoró, dice, y después fue perdonada.
No me diste agua para Mis pies
Y vamos a analizar un poquito cuando el Señor Jesús le dice... cuando se admira el fariseo, dice: "Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora". "Entonces respondiendo Jesús, le dijo: 'Simón, una cosa tengo que decirte'", y le explica la parábola. Y después le dice a Simón: "Entré en tu casa, y no me diste agua para Mis pies". Era una costumbre: a los visitantes se les lavaban los pies. Dice: "Entré en tu casa, y no me diste agua para Mis pies". ¿Cuántas veces ha entrado Jesús a su casa, o sea, a su corazón, y no le ha lavado los pies al Señor? Dice: "...mas esta, mas esta ha regado sus pies con lágrimas".
"...y los ha enjugado. No me diste beso; mas esta, desde que entró, no ha cesado de besar Mis pies". ¿Cuántos venimos aquí en la mañana y a veces no le damos un beso al Señor? Ya no vengamos por costumbre; es un tiempo de adoración al Señor. Dice: "No ungiste Mi cabeza con aceite; mas esta ha ungido con perfume Mis pies". La unción significa bendecir: bendigamos al Señor.
La adoración no purifica
El creyente no se purifica por adorar, sí. Que quede claro: el creyente no se purifica por adorar. Es como con los bautizos: el bautismo solamente es un acto público para que la gente conozca que hemos decidido aceptar al Señor Jesús, que hemos decidido darle nuestra vida. Igual la adoración: la adoración no purifica. A veces, a veces no podemos adorar, o no queremos adorar, por nuestra condición. Así que siempre, siempre ponemos el orgullo primero, ¿no? Siempre decimos: "No, no necesito de Dios. ¿A qué voy ya?". A veces tenemos pensamientos, cuando está primero nuestro orgullo: "¿A qué voy, si yo no necesito de Dios? Yo me porto bien, yo soy buena gente; no necesito de Dios". Pues dice que todos tenemos pecado; necesitamos del Señor.
Errores en la adoración
Y bueno, este estudio lo reduje un poco, porque es muy extenso; podríamos hablar y hablar y hablar. Solamente quiero tocar algunos puntos de las cosas incorrectas que se podrían dar en la adoración en la congregación, o que no debemos hacer. La primera es alzar las manos y hablar en lenguas por costumbre. No estoy diciendo que no las alcen, pero a veces en algunas iglesias solamente lo hacen por costumbre, como el hablar en lenguas es por costumbre. No, que no sea así; que sea del Señor, siempre con inteligencia, con orden.
Otra de las cosas es que nos importa la opinión de los demás. No estoy diciendo que, bueno, no importan los hermanos; no. Usted adore al Señor; adore al Señor con lo que su corazón le dicta. La adoración por sentimientos: no dejarnos llevar por la emoción. El canto quizás está muy bonito, la letra, "uy, me llega". No solamente se deje llevar por sus sentimientos; que sea el Espíritu Santo, y que le ayude a saber cómo adorar.
Otra: no seamos adoradores solo de domingo. Hablaba del trabajo, hablaba de nuestras casas, hablaba de ese momento de intimidad en su hogar, de adoración. No seamos adoradores de domingo. Tampoco seamos solamente espectadores; quizás llegamos aquí y solamente somos espectadores.
Otro de los errores que cometemos es disfrutar de la música sin atender a la letra. Cuántas veces hablamos siempre de analizar las letras, ¿no?, entender qué es lo que estamos cantando. "Es que ese canto tiene una música muy padre, ¿no?, muy bonita". Para los que son rockeros: "Es que me gusta, suena muy roquera". Para los que les gustan las baladas: "Es que es una baladita". O "la del cielo canta alegría", ¿no?, más guapachosa. Que no nos dejemos llevar por eso; que nuestra adoración no dependa de la música.
Dígale que le ama
Sin embargo, Dios mira el corazón de cada uno. Para Él lo importante es que lo hagas en amor, con el corazón. Sea como sea, ámale. ¿Le ha dicho usted alguna vez que es hermoso? ¿Le ha dicho que es bello? ¿Le ha dicho, le ha dicho lo maravilloso que es Dios para su vida? Sí, a veces debemos ser como niños. Y Dios sabe que somos como niños, que necesitamos apapacho, que necesitamos de Sus cuidados. Pero Dios también necesita saber que usted, como niño, le dice "Papito". ¿Cuántos le han dicho "Papito" al Señor? No levanten la mano; es personal. A su padre terrenal le dice "papito"; ¿cuánto más al Señor? Eso es dependiendo de la comunión que vayamos teniendo, el acercamiento: "Papito, te amo".
Conclusión
Bueno, comience ahora mismo a adorarle; no espere a mañana. Ahora, con los temblores, no sabemos si el Señor ya viene pronto. No espere a mañana. Si no ha entregado su vida, entréguela hoy para adorarle; no espere a mañana. No tenemos la vida comprada; todo depende del Señor, pero los tiempos están cerca. Quizás mañana ya no estemos, y nos hemos perdido la oportunidad de adorar al Señor, de manifestarle y reconocer lo grande y lo maravilloso que Él es para nuestras vidas. Y recuerde que hay que adorarle en espíritu y en verdad; solamente eso es lo que pide el Señor de nosotros.
Y seamos como esta mujer pecadora, sin importarnos qué precio tiene lo más preciado que tenemos; sin importarnos que jamás lo volvamos a poder usar, porque se lo dimos a Él. Que no nos importe eso; seamos verdaderos adoradores para el Señor. Y cuando vengamos aquí en la mañana, en esa reunión en especial... Yo digo, en todo momento estamos adorando al Señor, pero en esa reunión en especial, en la Cena del Señor, adórale. Adórale en verdad. Reconozca su pecado, pero reconozca que Él tiene el poder para limpiarlo, para perdonarlo, y que por algo está aquí.
Leía en la mañana sobre la cena, una cena a la que hemos sido convidados. Han sido convidados, hemos sido convidados: los mancos hemos sido convidados, los cojos, los ciegos, los que estábamos enfermos. Y hemos sido convidados para adorarle. Pongámonos de pie, y que sea el Señor el que esté en usted, el Espíritu Santo, que le ayude a adorar.
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