Lucas 24:1-12LucasEnrique Contreras
¡Recuerda! Cristo Resucitó
Transcripción
Un domingo importante
Ahí está. ¿Ahí me escuchan? Sí. Buenos días, hermanos. Pues estoy muy nervioso, pero muy emocionado también, de poder compartir con ustedes lo que he estado meditando estos días, a lo largo de algunas semanas, y también de recordar juntos el sacrificio de nuestro Señor, de nuestro Salvador. Y, como ya escuchamos en las participaciones, y en la oración también de mi tío, pues hoy es un domingo importante en la historia de la humanidad. Es un domingo en el que inicia esta entrada triunfal de Jesús, ¿verdad?, con Su pueblo. Y si ven en su calendario, en cualquier calendario, hoy dice Domingo de Ramos, ¿no?
Entonces, parte del plan de este domingo y del próximo es meditar acerca de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Y el día de hoy vamos a meditar en el libro de Lucas, capítulo 24, y vamos a estudiar acerca de este acontecimiento histórico de la resurrección de nuestro Salvador, y qué es lo que la Palabra de Dios dice, qué es lo que sucedió en ese momento. Y para esto, pues, existe un paralelo en diferentes pasajes bíblicos sobre la resurrección de Cristo. Los podemos encontrar en los cuatro evangelios: en Mateo 28, en Marcos 16, en Lucas 24 y en Juan 20.
En estos pasajes podemos encontrar ciertos acontecimientos muy puntuales, como: era el fin del día de reposo, y muy de mañana sucede; las mujeres fueron a preparar el cuerpo con especias aromáticas; la piedra fue removida; no había un cuerpo, la tumba estaba...; hay una interacción importante de un ángel, o de dos ángeles, o de dos varones de vestiduras blancas. Pero, por ahora, nosotros nos vamos a quedar en el capítulo 24 de Lucas, versículos 1 al 12.
Cómo llegamos hasta la resurrección
Y antes de entrar a este pasaje, quisiera que pudiéramos recordar por qué llegamos hasta este punto de la resurrección, cuál es el origen de todo esto. Y tiene que ver mucho con lo que platicaba Luis en esta metanarrativa bíblica, ¿no? Entonces, vamos a recordar un poco más acerca de cómo inicia la historia de la humanidad, cómo inicia este plan redentivo, por qué llegamos hasta este punto de la resurrección.
Y Génesis, capítulos 1 y 2, hablan acerca de la creación, ¿verdad? El Señor dice en el capítulo 1, versículo 31, que todo fue hecho en gran manera. El Señor vio que todo era bueno en gran manera. Al séptimo día, Él descansó y santificó Su creación. Pero más adelante, en Génesis 3, vemos cómo existe esta caída de la humanidad. Vemos que el hombre decide rebelarse ante el Dios que lo creó, y existe una gran maldición; pero también una promesa. El versículo 15 del capítulo 3 dice: "Pondré enemistad entre tú y la mujer, entre tu simiente y su simiente; Él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el talón".
Entonces vemos cómo, a lo largo del Antiguo Testamento, hay diferentes personajes —profetas, reyes, sacerdotes, e incluso vemos jueces—, y constantemente vemos al pueblo de Israel en un ciclo donde ellos se olvidan del Señor; el Señor muestra juicio, se compadece de este pueblo, ellos vuelven al Señor, recuerdan, y otra vez, ¿no? Hasta llegar al libro de Juan, capítulo 1, versículo 14, que dice: "El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros; vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".
Es decir, llegamos a este punto donde Cristo, nuestro Salvador, vino al mundo, se hizo hombre, fue perfecto en todo, hizo milagros también. Pero lo más increíble, lo más trascendente, incluso lo más revolucionario delante de todas estas personas, fue que Él perdonaba pecados. Vemos en varias ocasiones, a lo largo de los evangelios, cómo los líderes de los judíos se enojaban porque decían: "Miren a este, que perdona pecados. ¿Qué es lo que está pasando?".
Más adelante, también, en Lucas 22, versículos 14 al 20, vemos cómo el Señor Jesús inaugura este nuevo pacto con la Cena del Señor. Anuncia que el sacrificio perfecto es Él: "Este es Mi cuerpo, esta es Mi sangre", ¿no? Este es el verdadero sacrificio que la Pascua anunciaba tiempo atrás. El Señor instaura este nuevo pacto con Su iglesia: la Cena del Señor.
El camino a la cruz
Y más adelante, hermanos, vemos cómo el Señor es entregado por los judíos ante Pilato, es sentenciado para ser crucificado. Incluso fue intercambiado por un malhechor. ¡Qué tragedia aquel día! En Lucas 23:23 leemos que dice: "Pero ellos insistían, pidiendo a grandes voces que fuera crucificado, y sus voces comenzaron a predominar". En todo este caminar hacia la cruz, nuestro Señor fue golpeado, fue torturado, fue despreciado por Su mismo pueblo; por nosotros, ¿verdad? Jesús mostró esa compasión por Su pueblo hasta el último momento. En Lucas 23:34 dice: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen".
El Señor fue obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Aun cuando ellos se burlaban, ellos decían: "A otros salvó; que se salve él mismo, si este es el Cristo de Dios, Su Escogido". El sacrificio de Jesús fue consumado. Aquella hora en que descendieron las tinieblas, el velo se rasgó en dos, mientras Jesús clamó: "Padre, en Tus manos encomiendo Mi espíritu". El cuerpo del Señor fue sepultado, fue envuelto en un lienzo de lino. Las mujeres de Galilea regresan a casa para preparar estas especias aromáticas, perfumes, y descansan el día de reposo.
Lectura de Lucas 24:1-12
Y entonces nos encontramos con este pasaje de Lucas 24. Vamos a leer del 1 al 12. Dice: "Pero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro, y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que, estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes. Estando ellas aterrorizadas e inclinados sus rostros a tierra, ellos les dijeron: '¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense cómo les habló cuando estaban aún en Galilea, diciendo que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar'.
Entonces ellas se acordaron de Sus palabras, y regresando del sepulcro, María Magdalena y Juana y María, la madre de Jacobo, también las demás mujeres con ellas, decían estas cosas a los apóstoles. A ellos estas palabras les parecieron como disparates; no las creyeron. Pero Pedro se levantó y corrió al sepulcro, inclinándose para mirar adentro, vio solo las envolturas de lino, y se fue a su casa maravillado de lo que había acontecido".
Vamos a orar, hermanos. Señor, te damos gracias por este día, y rogamos, Señor, que Tú nos hables a través de Tu Palabra; que podamos estar prontos a escuchar, Señor; que nos des un corazón dispuesto también. Ayúdanos a recordar estas verdades, Señor, estas promesas; y que podamos reflejar también que Tú viniste a este mundo, Señor, moriste por nuestros pecados, pero al tercer día resucitaste. Padre, ayúdanos a recordarlo juntos, y a gozarnos de estas promesas también, y de esta esperanza que tenemos en Ti, Señor. Y rogamos por este tiempo, que podamos meditar en Tu Palabra con humildad, Señor, con gozo. Que Tu nombre sea exaltado, Señor. En Cristo Jesús te lo pedimos. Amén.
Vivir bajo nuestra lógica, olvidando Sus promesas
Entonces, hermanos, el día de hoy quisiera compartir con ustedes el que podamos recordar que Cristo resucitó. Ese es el tema de hoy: recordemos que Cristo resucitó. Y el primer punto que quisiera compartir con ustedes es cómo se ve cuando nosotros vivimos bajo nuestra propia lógica: nosotros confiamos en nuestra carne, nosotros decidimos resolver las cosas bajo nuestras propias fuerzas, ¿no? Nos olvidamos de Sus promesas. Entonces, el primer punto es vivir bajo nuestra lógica, olvidando Sus promesas. Entonces, el versículo 1 dice: "Pero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado".
El primer día de la semana, hermanos, es el día domingo; y el sabbat, el día de reposo, un día previo, terminaba a las 6 de la tarde. Entonces ellas tuvieron el tiempo suficiente, al terminar el sabbat —es decir, al pasar las 6 de la tarde—, para preparar todas estas especias aromáticas. Pues lo común, cuando una persona fallecía... pues el cuerpo entraba en descomposición, y ellos traían estas especias para ponerlas en el cuerpo y que no oliera demasiado la descomposición. Es algo que hasta el día de hoy las personas hacemos cuando alguien fallece: no preparamos especias aromáticas, pero sí se embalsama el cuerpo; es decir, se retiran muchas partes del cuerpo para que no genere este olor, ¿no?, este mal olor, esta descomposición. Se permite atrasar un poco más el periodo de descomposición.
Entonces ellas estaban preparándose porque era lo que tenían que hacer, pues había fallecido una persona. Esto pasa al terminar el día de reposo: ellas respetan el día de reposo, y entonces este acontecimiento inicia con el primer día de la semana, al rayar el alba. Es decir, antes de que salga el sol, ellas ya estaban preparándose y querían ir al sepulcro. Y, bueno, también este primer día de la semana es la inauguración del nuevo día del Señor, ¿verdad? Nosotros, como creyentes, ahora nos congregamos, ¿no?, el sábado... ¿no? Nosotros, como creyentes de este nuevo pacto para Su iglesia, nos congregamos el domingo, porque es el primer día de la semana, porque es el día en que nuestro Señor resucitó. Entonces, hay este cambio en el día.
Las mujeres en el sepulcro
Las mujeres preparaban estas especias aromáticas. En Lucas, el versículo 10 menciona algunas de las mujeres que estaban en este acontecimiento: eran María Magdalena, y Juana, y María, la madre de Jacobo. En Mateo 28:1 también menciona a María Magdalena, a María, también mamá de Jacobo y Juan. En Marcos 16 agrega a una mujer más, que era Salomé. Entonces tenemos claro que fueron las mujeres las primeras que decidieron ir al sepulcro. Ellas iban a preparar el cuerpo.
Pero entonces pasa algo que no podía entrar en su cabeza, no podía entrar en su lógica. Los versículos 2 y 3 dicen: "Encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro, y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús". Entonces, historiadores mencionan que esta piedra que cubría la entrada al sepulcro, a la tumba, tenía un peso de 2 a 3 toneladas, más o menos. Era imposible que alguien pudiera moverla, y que alguien pudiera moverla tan rápido. Todavía ni siquiera iba a salir el sol. Un día antes era el día de reposo. Era ilógico que la piedra se hubiera removido. ¿Por qué? ¿Qué había pasado?
En Mateo 28 menciona que hubo un gran terremoto, como un relámpago, ¿no? Y dice que el ángel del Señor removió la piedra. En Marcos 16 menciona que la piedra fue removida y la tumba vacía. En Juan 20 menciona que María Magdalena va al sepulcro y ve la tumba vacía. Entonces algo, hermanos, nos está diciendo el texto repetidamente en diferentes evangelios: la piedra fue removida y la tumba estaba vacía. La tumba vacía, hermanos, es la señal de victoria que estas personas aún no comprendían, en nuestras mentes finitas, en nuestras capacidades.
Era ilógico
Era ilógico, punto número uno, que una persona resucitara, ¿no? Incluso hoy por hoy nosotros creemos que todos en algún momento vamos a morir, ¿verdad? Es parte de la condición caída de la vida, ¿no? Naces, creces, te desarrollas, pero también empiezas a deteriorarte, y mueres. Esa es la lógica universal. Y las mujeres decían: "Bueno, pero ¿quién movió la piedra?". Ellas seguían aferradas a decir: "Pero es que ¿quién fue? ¿Quién pudo haber movido la piedra? ¿Quién se robó el cuerpo de Jesús?", ¿no? "¿Por qué se robaron el cuerpo de Jesús? ¿Para qué lo quieren?".
Después de recordar todo lo que pasó días previos, donde Jesús fue desechado, prefirieron salvar a un malhechor, después de que el mismo pueblo de Israel estaba gritando a grandes voces: "¡Crucifíquenlo!". Como: "¿Por qué se robarían el cuerpo?". No era una persona que... o sea, las mujeres no creerían: "¿Para qué quieren ese cuerpo?". Y, aparte, otra de las cosas es que dejaron las envolturas de lino, ¿no? Creo que dejaron lo más valioso que pudieran encontrar en la tumba: el lino. Pudieran revenderlo, pudieran hacer otras cosas, ¿no?, con esta tela; pero la dejaron ahí.
Entonces, hermanos, vemos cómo estas mujeres, que son las primeras que tienen esta interacción con la tumba, estaban pensando en su lógica humana. Ellas no podían ver más allá, no podían recordar las cosas que el Señor les había dicho. Y ellas vieron la tumba y dijeron: "Pero ¿qué está pasando?", ¿no? "¿Por qué no está aquí el cuerpo de Jesús?".
¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?
Y en el siguiente versículo hay una interacción entre unos hombres de vestiduras blancas. Los versículos 4 al 7 dicen: "Aconteció que, estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes. Estando ellas aterrorizadas, inclinando sus rostros a tierra, ellos les dijeron: '¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense cómo les habló cuando estaba aún en Galilea, diciendo que el Hijo del Hombre debe ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar'".
Entonces, de nuevo, vemos esta comparación en los diferentes evangelios, y es un tema recurriente esta interacción entre dos jóvenes de vestiduras blancas, ¿no? En Mateo 28 dice un ángel: "No está aquí, ha resucitado, como Él dijo". En Marcos 16 dice: "Ustedes buscan a Jesús el Nazareno, el que fue crucificado; ha resucitado, no está aquí". Y estos fueron unos jóvenes de vestiduras blancas. En Juan 20 son dos ángeles diciéndole a María: "Mujer, ¿por qué lloras?". Y luego Jesús mismo se aparece.
Ahora, no hay ninguna contradicción en estos relatos, ya sea que sean ángeles, o ángel, o varones, o un varón, ¿no? Posiblemente, en los otros evangelios se relata en singular, a un ángel o a una persona, porque fue aquel que habló, ¿no? Fue aquel que tuvo la interacción directa en una conversación con estas mujeres. Pero volvamos a la pregunta que estos personajes les hacen a las mujeres. Estos varones les dicen: "¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?".
Las mujeres, dice aquí, estaban perplejas; no sabían qué estaba pasando. Estaban pensando en un plano terrenal, en sus propias fuerzas; no cabía en su lógica. Estaban también atemorizadas: inclinaron su rostro en la tierra con temor, con miedo, con incertidumbre. Pero no solo las mujeres. En el versículo 10 y versículo 11 dice: ellas decían estas cosas a los apóstoles; y versículo 11: "A ellos estas palabras les parecieron como disparates, y no las creyeron".
La incredulidad es parte de nuestra condición caída
Entonces, hermanos, vean cómo las mujeres que tuvieron esta interacción en la tumba no terminaban de entender lo que estaba pasando. Y aun después, ellas van y comparten esta información, dice aquí, con los discípulos. En el versículo 11 —en el 12, perdón; no, sí, 11—, y les parecían como disparates, y no las creyeron. Entonces, la incredulidad, hermanos, es parte de nuestra condición caída. Es parte de una lucha de nuestro egoísmo: de pensar que nosotros tenemos la razón siempre; de pensar que la manera en la que nosotros pensamos, y la manera en la que nosotros debemos actuar o resolver, es la única manera correcta. No queremos depender del Señor, ¿verdad?
Y aquí quiero lanzar una pregunta importante, que podemos ver más clara en nuestras vidas, que tiene que ver con que las mujeres y estos personajes no creyeran instantáneamente, no recordaran que Cristo había de resucitar. ¿Acaso nosotros actuamos como ellas en muchas ocasiones? Creemos que lo que sucede en nuestras vidas no tiene sentido.
Ellas estaban en un shock, diciendo: "Se robaron el cuerpo. Ahora, ¿qué va a pasar? ¿Quién quitó la tumba?". Estaban preocupadas. Y creo que nosotros muchas veces, hermanos, nos hemos distraído, o nos hemos llegado a preocupar por cosas como las enfermedades, como las tribulaciones, las necesidades también. ¿No queremos resolver las cosas que nos pasan a nuestra manera?, ¿no? Es muy común, es muy normal que pase alguna situación que nos tambalea un poquito, que nos mueve de nuestra zona de confort, y decimos: "Híjole, ¿ahora qué hacemos?".
Y yo les aseguro, hermanos, que muy pocas personas —incluso yo mismo, ¿no?—... es como que pasa una situación y digo: "Señor, dime qué hago", ¿no? Lo primero que pensamos es: "No, pues se necesita dinero, pues hay que buscar...", o "No, hay que tomar una decisión". Pero ya no... pensamos en nuestras propias fuerzas, pensamos resolver con nuestros propios recursos. Y estas mujeres estaban perplejas, dice aquí. Estaban en shock; decían: "¿Y ahora qué vamos a hacer?". No querían resolver con sus propias fuerzas, pero era ilógico lo que estaba pasando.
Hermanos, muchas veces nosotros creemos que el Señor es soberano, pero que podemos ayudarle un poquito a decidir cosas. Creemos: "Híjole, Señor, creo que aquí como que te descuidaste tantito; pero, mira, te voy a ayudar. Yo creo que lo haría mejor de esta manera". Muchas veces creemos que la manera en cómo queremos decidir, en cómo queremos solucionar las cosas, es la manera correcta, ¿no? Y el Señor, en todas esas ocasiones, nos está diciendo: "Recuerda, recuerda en quién has creído; recuerda lo que el Señor ha hecho", ¿no?; lo que el Señor ha prometido.
Recuerda Sus promesas
Y eso nos lleva al segundo punto, hermanos: recuerda Sus promesas. Vemos cómo estos varones de vestiduras blancas, en el versículo 7 —bueno, desde el versículo 6—, dicen: "Acuérdense cómo les habló cuando estaba aún en Galilea"; versículo 7: "diciendo que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar". Entonces estos varones pausaron a las mujeres; les dijeron: "A ver, espérense, recuerden qué es lo que el Señor les dijo". Y son muy intencionales en recordarles qué es lo que tenían que recordar en ese momento: que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores y ser crucificado —algo que ya platicamos al inicio de este sermón—, y al tercer día resucitar.
El Señor Jesús comparte, o anuncia, a través de Su ministerio, varias veces, que Él iba a ser entregado; estaba anunciando Su muerte. Marcos 8:31 dice: "Jesús comenzó a enseñarles que el Hijo del Hombre debía padecer muchas cosas, y ser rechazado por los ancianos, los principales sacerdotes y los escribas, y ser muerto, y después de tres días resucitar". Marcos 9:31 dice: "Porque enseñaba a Sus discípulos y les decía: 'El Hijo del Hombre será entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y después de muerto, a los tres días resucitará'". Marcos 10:34 dice: "Se burlarán de Él, y le escupirán, y lo azotarán, y lo matarán, y tres días después resucitará".
En el libro de Juan, capítulo 2, versículos 19 al 22, dice: "Jesús respondió: 'Destruyan este templo, y en tres días lo levantaré'. Entonces los judíos dijeron: 'En 46 años fue edificado este templo, ¿y Tú lo levantarás en tres días?'. Pero Él hablaba del templo de Su cuerpo. Por eso, cuando resucitó de los muertos, Sus discípulos se acordaron de que había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que Jesús había hablado".
El Siervo sufriente
Y todavía más atrás, hermanos, en esta cultura judía, en Isaías 53, podemos ver también cómo la profecía del Siervo sufriente menciona todas estas cosas que el Señor había de padecer, y también de resucitar. Isaías 53, versículos 4 al 6, dice: "Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por Sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros".
Y el versículo 11 dice: "Debido a la angustia de Su alma, Él lo verá y quedará satisfecho. Por Su conocimiento, el Justo, Mi Siervo, justificará a muchos, y cargará la iniquidad de ellos. Por tanto, Yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó Su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado; llevó el pecado de muchos e intercedió por sus transgresores".
Entonces, estos personajes, estos varones, les estaban diciendo a las mujeres: "Recuerden, recuerden todas estas cosas. Recuerden que el Señor Jesús, nuestro Salvador, tenía que padecer". Tenía que pasar por todo este martirio, tenía que pasar por toda esta tortura, pues era la manifestación externa de una realidad más grande; una forma de ver cómo nuestro Salvador, siendo perfecto —que el mismo Pilato dijo: "Yo no hallo culpa en este hombre"—, decidió cargar con los pecados de toda la humanidad. Decidió ser obediente al Padre en este plan redentivo hasta la muerte.
Entonces, hermanos, recordemos que el Señor cumplió Su promesa en aquella cruz, pero también en esa tumba vacía. Confiemos en Aquel que pagó el precio de nuestras iniquidades, que satisfizo la justa ira de Dios con Su sacrificio. Recordemos que Cristo, el Dios Creador de todas las cosas, encarnó, vino a este mundo, hizo milagros, sanó personas una y otra vez, con el fin de ilustrar la gran necesidad que todos tenemos de un Salvador; que nuestro anhelo ha sido satisfecho cuando creemos y confiamos en Él y escuchamos esas palabras que constantemente repetía el Señor: "Tus pecados te son perdonados".
Recordemos estas cosas, hermanos. No nos distraigamos con las cosas de este mundo, aun cuando parezcan difíciles, cuando estemos pasando por alguna tribulación, alguna enfermedad, alguna necesidad. Pero también, hermanos, cuando las cosas vayan bien, no nos distraigamos con las bendiciones que el Señor ha permitido en nuestra vida. Recordemos que el Señor vino a este mundo, murió, y resucitó también.
Vivir con la seguridad de Sus promesas
Y ahora, para el tercer punto: vivir con la seguridad de Sus promesas. Vemos un cambio drástico en la reacción de estas mujeres. En el versículo 8 dice: "Entonces ellas se acordaron de Sus palabras"; y versículo 9: "y regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los once apóstoles y a todos los demás". Ellas se acordaron de Sus palabras. El Señor, intencionalmente, a lo largo de Su ministerio, anunciaba Su muerte una y otra vez, y Sus discípulos no le entendían. Hay algunos evangelios donde dice que hasta se atemorizaban y mejor no querían preguntar, porque siempre, pues: "Es que no sé cómo va a ser". Pero en esta ocasión el Señor permitió que estas mujeres se acordaran de Sus palabras. Ellas regresaron del sepulcro y anunciaron.
Entonces, ¿cómo se ve una vida que recuerda las promesas de nuestro Salvador? Pues, punto número uno: no puedes quedarte estático después de recordar estas promesas. No nos podemos quedar diciendo: "Ah, sí, pues el Señor resucitó", y sigo con mi vida. No. Evidentemente, cuando nosotros creemos en nuestro Salvador y lo reconocemos como nuestro Salvador, cuando nos arrepentimos de nuestros pecados, el Espíritu de Dios mora en nosotros y nos permite recordar estas promesas. Nos permite tener ahora una perspectiva donde no podemos vivir para nuestros propios deseos, no podemos vivir para nuestros propios deleites, sino que ahora podemos escuchar, recordar y anunciar también estas promesas.
Pedro corrió al sepulcro
Y Lucas, intencionalmente, hace mención de un personaje importante en este pasaje: en el versículo 12 habla acerca de Pedro. Y hoy, en las diferentes participaciones, hemos escuchado un poco de contexto acerca de quién era Pedro, ¿verdad? El versículo 12 dice: "Pero Pedro se levantó y corrió al sepulcro, inclinándose para mirar adentro, vio solo las envolturas de lino, y se fue a su casa maravillado de lo que había acontecido". Entonces, Pedro, este mismo personaje que días atrás decidió negar a Jesús, ¿no?
Este mismo personaje que posiblemente estaba cargando con demasiada culpa, con demasiado remordimiento, con arrepentimiento también, diciendo: "Le fallé al Señor, porque lo negué, y aun cuando Jesús me dijo: 'Tú me vas a negar'", ¿no? Pedro, siendo muy eufórico: "No, Señor, yo voy a morir por Ti hasta el último momento". Y pasa esta situación. En esta oportunidad en la que Pedro escucha a estas mujeres, que dicen: "La tumba está vacía, el Señor resucitó", Pedro no se quedó quieto, diciendo: "Ah, pues eso dicen, ¿no? Así, pues, ¿vamos a creerles? Tal vez no".
Pedro, dice aquí en el versículo, "se levantó y corrió al sepulcro". Él fue decidido a ver con sus propios ojos que la tumba estaba vacía. En Juan 21:7 vemos también una aparición de Jesús, y dice: "Oyendo Simón Pedro que era el Señor"... A lo lejos, estaba en esta barca, pescando, y de repente Juan le dice: "Oye, ese es Jesús". Pedro, al oír esto, ¿no?, se echó al mar. Dejó todo lo que estaba haciendo, con la intención de correr hacia Cristo. Y más adelante, este mismo Pedro, en Hechos 2, versículo 40, dice: "Y Pedro, con muchas otras palabras, testificaba solemnemente y les exhortaba, diciendo: 'Sean salvos de esta perversa generación'".
Vemos cómo el autor de este evangelio, Lucas, intencionalmente permite que la audiencia vea, que recordemos, cuál es la reacción de Pedro al ver que la tumba estaba vacía, que el Señor había resucitado. Vemos un cambio drástico también en Pedro, al decidir creer y confiar en lo que su Salvador le había dicho: "Sí, voy a morir, pero al tercer día voy a resucitar".
En Cristo todos serán vivificados
Entonces, hermanos, ¿cuál es la seguridad que podemos tener acerca de la resurrección de Jesús? Y esto es algo en lo que vamos a meditar el próximo domingo, pero les quiero dar un adelanto acerca de lo que dice la Palabra en 1 Corintios 15. Los versículos 16 al 22 dicen: "Porque si los muertos no resucitan, entonces ni siquiera Cristo ha resucitado. Y si Cristo no ha resucitado, la fe de ustedes es falsa; todavía están en sus pecados. Entonces también los que han dormido en Cristo están perdidos. Si hemos esperado en Cristo para esta vida solamente, somos, de todos los hombres, los más dignos de lástima. Pero ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron". Versículo 21: "Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados".
Hermanos, es importante recordar que Cristo vino a esta tierra, se encarnó, fue obediente, murió en la cruz del Calvario; pero también resucitó, hermanos. Y la seguridad que tenemos es la que dice el versículo 22: "Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados". Adán trajo la muerte al mundo, pero este nuevo Adán, nuestro Salvador Jesús, trajo la resurrección de entre los muertos. La muerte misma es vencida con la resurrección de Jesús. Él vivió, murió y resucitó para nuestra justificación.
Hermanos, en la resurrección tenemos una esperanza viva, vigente y eterna: vivir para la gloria de Dios sin ningún impedimento, y gozar de Su presencia. Es algo en lo que tenemos que meditar, en lo que podemos recordar, hermanos: ¿cómo estamos viviendo nuestra vida hoy? ¿Lo estamos haciendo de una manera muy monótona, cotidiana, diciendo: "Ah, pues sí, ya creí; pues tengo cosas que hacer en mi trabajo, tengo que dedicar tiempo a mi familia"? Tengo tantas cosas que no son malas en sí, pero no son el fin principal por el cual estamos aquí, hermanos.
Recordemos que Cristo resucitó
La gracia de Dios nos ha concedido hoy ser hijos de Dios a través del sacrificio de Jesús. Y la resurrección nos puede dar esta esperanza, hermanos, para vivir una vida que tenga un propósito. Porque no solamente vamos a vivir aquí y se acaba y ya terminamos, sino que el Señor, a través de Su resurrección, ha prometido que un día nosotros también resucitaremos, como Él lo hizo. Y es algo que vamos a estar meditando el próximo domingo: acerca de la importancia y la relevancia que tiene la resurrección para nuestras vidas como cristianos; qué implicaciones tiene en las diferentes esferas y en las diferentes áreas en las que nuestra vida puede estar mermada.
Pero hoy por hoy, hermanos, recordemos que Cristo resucitó. Recordemos que el Señor se encarnó, que esa tumba está vacía, y que es un símbolo también de que nuestro Dios es un Dios vivo, verdadero, y que podemos relacionarnos con Él; que Él está sentado a la diestra, para la gloria de nuestro Dios Padre.
Vamos a orar para terminar. Señor, te damos gracias por este día. Gracias porque nos permites estar juntos, Señor, escuchando y meditando en Tu Palabra. Rogamos que Tu nombre sea exaltado, Señor. Gracias porque podemos recordar que Tú enviaste a Tu Hijo a morir por nosotros, Señor; que vivió en este mundo, que fue perfecto en todo, Señor, pero también al tercer día Él resucitó. Señor, ayúdanos a recordar estas verdades, Señor, a recordar estas promesas también, y a vivir una vida que te honre y que te glorifique en todo, Señor. En Cristo Jesús te lo pedimos y agradecemos. Amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →