Lucas 4:16-21LucasJonathan Adams
¿Por qué confiar en la Biblia?
Transcripción
Predicar como moribundo a moribundos
(La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.)
…mencionaba nuestro hermano Quique: los ataques son reales. Y me recuerda, me está acordando, de la muerte reciente de un predicador afroamericano, Voddie Baucham. Quizás algunos de ustedes reconocen el nombre. Nació solo, creo que seis meses antes de que yo naciera, y ya se fue con el Señor. Algún pastor conocido —no recuerdo en este momento— dijo: «Ha dejado la tierra de los que nos estamos muriendo y se ha ido a la tierra de los vivientes». Y fue, y es cierto: todos nosotros nos estamos muriendo. Nuestros cuerpos se están descomponiendo; nos estamos muriendo, hermanos.
Y el predicador puritano —mencionaba ahora J. P. a los puritanos—, Richard Baxter, dijo que él quería predicar como un hombre moribundo a hombres moribundos. Y ese debe de ser nuestro deseo: compartir la Palabra de Dios, y que sea la Palabra de Dios la que hable.
La centralidad de la Palabra
Y estuvimos comentando Nathan y un servidor —creo que lo mencionó hace un par de domingos— acerca de esta serie de la Biblia, y una de las cosas que recuperó la Reforma fue el énfasis en la Palabra de Dios. Si vemos las catedrales, las diferentes basílicas —muy, muy lindas, por cierto, arquitectónicamente; unas maravillas, realmente—, no sé si han notado, pero el púlpito, ¿dónde está? Hay que buscarlo, porque la verdad es que casi no se ve. Está casi siempre a un lado, y como por una columna, trepado ahí en una columna, medio escondido. Ahí está el púlpito. Y nosotros tenemos la centralidad de la predicación de la Palabra de Dios, y se recuperó también la predicación expositiva, que es centrarnos por lo general en un pasaje y abrir ese pasaje.
Perdón si me ven un poco tembloroso. Tuve una migraña en la mañana; tuve que tomar un medicamento. Entonces, espero que me tengan paciencia. Pero le dije: «Bueno, pues es que algunos de estos mensajes son más temáticos, y es difícil encontrar un solo pasaje». Y me dice: «Bueno, pues sí». Y me recordó que no todos los sermones tienen que ser expositivos. Pero vamos a enfocarnos en un texto para iniciar, y después veremos varios textos aquí, en este mensaje, sobre el que he buscado el título «La Biblia de Jesús». La Biblia de Jesús: ¿qué era la Biblia para Jesús? ¿Cuál es su relación con la Biblia?
Lectura de Lucas 4:16-21
Pero vamos a iniciar leyendo de Lucas 4, comenzando con el versículo 16. Lucas 4:16 en adelante. Dice: "Fue a Nazaret, donde se había criado, y un sábado entró en la sinagoga, como era su costumbre. Se levantó para hacer la lectura, y le entregaron el libro del profeta Isaías. Al desenrollarlo, encontró el lugar donde está escrito: 'El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos, a pregonar el año del favor del Señor'. Luego enrolló el libro, se lo devolvió al ayudante y se sentó. Todos los que estaban en la sinagoga lo miraban detenidamente, y Él comenzó a hablarles: 'Hoy se cumple esta Escritura en presencia de ustedes'".
Y vemos ahí el cumplimiento de la Palabra de Dios. Sería bonito, yo pensaría, sería bonito tener aquí por lo menos un resumen de ese mensaje que dio Jesús; bueno, un resumen un poquito más largo, porque lo que está diciendo es que comenzó con estas palabras y luego dio un mensaje. Pero bueno, en su sabiduría y soberanía, pues Dios no nos ha dado ese mensaje; pero lo tenemos en la Palabra de Dios.
Cómo estudiaba Jesús la Biblia
Cuando Jesús anduvo en la tierra, y cuando lo vemos ahí en la sinagoga, es curioso pensar cómo habría estudiado Él la Biblia. Bueno, en ese entonces no existían los libros como los tenemos hoy; tenían rollos. Y como vieron ahí en el pasaje, pues no es que cada quien traía su Biblia a la sinagoga, sino que tenían rollos ahí en la sinagoga, y se lo dio el ayudante y se lo devolvió al ayudante. Los libros comenzaron a prepararse en forma de codex como por ahí unos doscientos años después de Cristo. Y la imprenta, obviamente, con Gutenberg, solo nace más o... bueno, en el siglo XV, justo a tiempo para impulsar la Reforma del siglo XVI.
Y entonces Jesús probablemente no tenía un rollo, ciertamente, de todo el Antiguo Testamento en su casa. Seguramente no tenía ni uno, ni ningún libro entero, porque tomaba como quince meses del trabajo de un escriba para copiarlo. Entonces, imagínense: si pusiéramos a una persona con estudios, obviamente, a trabajar por quince meses, ¿cuánto costaría ese libro? Pero estaban en las sinagogas. Muchas veces los niños iban; formaba una parte muy importante de la cultura, de la cultura de ese entonces.
De hecho, cuando comenzaron a imprimirse libros en el siglo XV, muchos se preocuparon muchísimo. Yo creo... me parece, me parece mucho a las preocupaciones de hoy acerca de la inteligencia artificial. Pero muchos se preocuparon y dijeron: «No, ya todo se acabó con la imprenta, todo se acabó». ¿Por qué? «Porque ya la gente no se va a aprender las cosas, no las va a tener aquí. Va a confiar en que: "Ah, bueno, pues está en el papel, y entonces no lo tengo que traer aquí"». Bueno, eso es un comentario, tal vez, de que no creamos todos los anuncios del fin del mundo, ni con la inteligencia artificial ni con ninguna otra cosa; pero también recordarnos la importancia de memorizar la Palabra de Dios.
Jesús, autor del Antiguo Testamento
Entonces, vamos a ver cómo Jesús es en realidad el autor del Antiguo Testamento, de la Biblia de ese entonces. Obviamente no existía el Nuevo Testamento todavía; sus apóstoles lo escribirían después de su muerte, resurrección y ascensión. El autor, el tema, también el cumplimiento y la confirmación de la Biblia en la mente, en la forma de pensar de Jesús, que debe ser nuestra forma de pensar acerca de la Biblia: lo que la Biblia dice es lo que Dios dice.
Hay lugares en la Biblia que nos indica: «Y el Señor Dios dijo», ¿no? Y ahí tiene: Nueva Versión Internacional, nada más porque es la versión que he usado por un buen rato. Mateo 19, del 3 al 6: "Algunos fariseos se acercaron y, para ponerlo a prueba, le preguntaron: '¿Está permitido que un hombre se divorcie de su esposa por cualquier motivo?'. '¿No han leído', respondió Jesús, 'que en el principio el Creador los creó hombre y mujer, y dijo: Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y los dos llegarán a ser uno solo? Así que ya no son dos, sino uno solo. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre'".
Ahora, si vamos a Génesis 2:24, de donde es la cita —Génesis 2:24—, vamos a ver que en el texto ahí es un comentario de Moisés; no es algo que dice: «Y el Señor Dios dijo». Pero Jesús, en el texto ahí en Mateo, dice: «El Creador dijo». Entonces, claramente, lo que la Biblia... para Jesús, lo que dice la Biblia es palabra del Creador. Ahora, no es que esté de acuerdo Dios y dando su apoyo a todo lo que aparece en los relatos de la Biblia. Obviamente Dios no estaba de acuerdo con el pecado del ser humano antes del diluvio; lo castigó. Con todos los pecados que se enumeran de los hermanos de José —y podemos hacer una lista muy larga—, los condena Dios, ¿no? Pero sí son palabras de Dios.
Y Jesús nunca contradice el Antiguo Testamento tampoco. Por ejemplo, han oído decir mucho que Jesús en realidad contradice el Antiguo Testamento, que como que lo corrige, ¿no? Como que dice: «Bueno, pues es que estaban desviados ahí». Y lo que realmente queremos es lo que Jesús enseñaba, porque Él sí era, pues, el gurú moral, ¿no?, y corrigiendo muchas de estas prácticas bárbaras del Antiguo Testamento, y enseñanzas. Y eso lo escuchamos mucho en nuestro alrededor. De hecho, mencioné en el mensaje anterior a Thomas Jefferson, que hizo un refrito del Nuevo Testamento; el Antiguo Testamento lo tiró totalmente por la borda, ¿no?
Jesús no relativiza la ley
Y de hecho, vemos mucho —y estábamos hablando del contraste con el catolicismo romano—... Estoy leyendo un libro ahora acerca del catolicismo, por un sacerdote, y bastante respaldado este libro en los comentarios que he escuchado. Y lo que comenta este sacerdote estudioso es que Jesús, lo que hace con el día de reposo, es que lo relativiza. Esa es la palabra que usa: lo relativiza, ¿no? Entonces, pues básicamente está tirando por la borda. Dice: «Bueno, pues lo que tiene es el concepto del reino de Dios, y todo lo demás, pues, se relativiza». Se relativiza, ¿no?
Y es un error muy, muy claro; es un error grave. ¿Por qué? Porque destruye toda confianza en la Palabra de Dios. Es como meterse un tiro no solo en las dos patas, sino en las manos también; es destruir por completo la confianza que podemos tener en la Palabra de Dios. Si nada más Jesús, pues, lo relativiza, bueno, pues, miren, no pasa nada, ¿no? Lo que Jesús enseña es una aclaración; es volver a la enseñanza real del Antiguo Testamento. ¿Para qué era el sábado? ¿Por qué lo hizo Dios el día de reposo? Para que descansáramos.
Ahora, parte de ese descanso es ayudar al que está en problemas. Si un buey está caído en un barranco, pues se le ayuda al buey, y con más razón a un hijo. Son las cosas que llamamos obras de misericordia, que son parte de lo que significa quitarle la carga a los seres humanos, y hasta los animales. Recogían sus discípulos trigo para comer: eran obras de necesidad; tenían que comer en ese momento; eran obras de necesidad. Entonces el Señor vuelve a la intención original del día de reposo. No es que lo relativice: es que aclara lo que Dios realmente quiso legislar con ese mandamiento. Hace lo mismo con el divorcio. No tomaremos el tiempo para repasar todo eso.
La Escritura es inquebrantable
Pero bueno, en tercer lugar, la Escritura es inquebrantable. Y vemos que Jesús, en Juan 10, está hablando del Antiguo Testamento y usa una declaración de un salmo. Lo están acusando de blasfemia, y Jesús usa un pasaje que dice: "Yo les he dicho: ustedes son dioses". Y Jesús dice: "Si Dios llamó dioses a aquellos para quienes vino la palabra —y la Escritura no puede ser quebrantada—, ¿por qué acusan de blasfemia a quien el Padre santificó para sí y envió al mundo?". Entonces, para Jesús, ni la frase quizás menos conocida, más rebuscada del Antiguo Testamento, de la Biblia, no puede ser quebrantada. Ese es el nivel de respeto que tenía Jesús para la Palabra de Dios.
La Escritura derrota al maligno
Ahora vamos a ver cómo usa Jesús la Escritura, la Palabra de Dios. La Escritura derrota al maligno. Y justo antes del pasaje que leímos en Lucas 4 fue la tentación de Jesús, uno de los episodios más extremos de la vida de Jesús. Recordemos que se fue al desierto; no comió por cuarenta días y cuarenta noches. Imagínense: si se han saltado un par de comidas, pues verán, pensarán, se les ocurrirá cómo serían cuarenta días y cuarenta noches. Estaba debilitado, sufriendo físicamente. Y siendo Jesús el autor realmente de la Biblia —Él es el Verbo—, Él se basó en la Palabra de Dios, se sometió a la Palabra de Dios.
Y John Piper, en un libro también muy útil sobre la Biblia, indica que uno de los principales motivos que Jesús, aun en ese estado de cansancio, de sufrimiento físico, se basó en la Biblia en lugar de usar su propio poder —que sí era suyo como Creador del universo—, de echar fuera a Satanás, se sometió a la Palabra para enseñarnos a nosotros que debemos así luchar contra el maligno. Jesús demostró su respeto supremo por la Palabra, aun cuando Satanás, si se acuerdan, torció una parte de la Biblia para luchar contra Él, decir: «Bueno, pues si te vas a someter a la Palabra, pues yo también te puedo retar con una cita bíblica». Y en lugar de apelar a su propia autoridad, siguió fiel y enfocado en la autoridad de la Palabra.
Así que, hermanos, como hemos venido enfatizando: la importancia de estudiar la Palabra de Dios de forma constante, y enseñar a nuestros hijos también de forma constante. Si yo conozco más acerca de ciencias, de matemática, de filosofía, de historia, de psicología que de la Palabra de Dios, entonces no estoy siguiendo el ejemplo de Jesús. Puede haber cosas muy buenas en sí, que podemos estudiar y tener muchos conocimientos; pero como cristianos nuestro énfasis debe ser conocer, aún mejor que nuestra área de especialidad en este mundo, conocer aún mejor la Palabra de Dios.
La Escritura, tan poderosa como la resurrección
En segundo lugar, en el uso de la Palabra que hizo Jesús, además de derrotar al maligno, la Escritura, como nos demuestra Jesús, es tan poderosa como la propia resurrección. Podría parecer una exageración esto, porque el centro de mucha apologética actual, moderna —y ha sido por los siglos, pero también del actual—, es la resurrección, el hecho de la resurrección. Y sí, es un hecho muy, muy poderoso. Es probablemente el hecho más poderoso de toda la historia. Pero la Biblia... pensamos en la Biblia: «Bueno, pues es un libro bastante antiguo». A un expresidente mexicano hasta le dio pena que pensaran que lo leía mucho. Dijo: «Bueno, pues un poquito la Biblia, pero un poquito, algunas partes», ¿no?
Pero vamos a ver lo que Jesús nos dice en la parábola del rico y Lázaro. Se encuentra en Lucas 16, Lucas 16, del 27 al 31. Lucas 16:27 al 31. Y está hablando aquí... ¿se acuerdan de que tanto el rico como Lázaro fallecen? Lázaro se va al seno de Abraham, de alguna forma una referencia al cielo, a la presencia de Dios; y el rico estaba en tormentos, que se entienden como el infierno. Y dice que el rico respondió: "'Entonces te ruego, padre' —hablando a Abraham—, 'que mandes a Lázaro a la casa de mi padre, para que advierta a mis cinco hermanos y no vengan ellos también a este lugar de tormento'. Pero Abraham les contestó: 'Ya tienen a Moisés y a los profetas; que les hagan caso a ellos'. 'No les harán caso, padre Abraham', respondió el rico; 'en cambio, si se les presentara uno de entre los muertos, entonces sí se arrepentirían'. Abraham le dijo: 'Si no hacen caso a Moisés y a los profetas, tampoco se convencerán aunque alguien se levante de entre los muertos'".
¿Qué nos está diciendo Jesús aquí? Que el que no cree en la Palabra de Dios, en el poder de la Palabra de Dios, aun una resurrección, un evento tan inesperado, inaudito, como una resurrección de entre los muertos, no lo va a convencer. La fe se da por medio de la Palabra, y Dios es el que da la fe. No vamos a poder convencer jamás a nadie con pruebas de evidencias. ¿Por qué? Porque la mente del que no tiene a Cristo, la mente, está blindada contra el evangelio. Es ciego; no puede ver la verdad que se le presenta.
Hay muchos versículos que podríamos citar aquí, pero me limito a 2 Corintios 4:6, 2 Corintios 4:6: "Porque Dios, que dijo: 'Que la luz resplandezca en las tinieblas', hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Jesucristo". Está comparando, está comparando este acto de la nueva vida con la creación, con el acto de creación, de la creación del universo. El que dijo: "Que la luz resplandezca en las tinieblas", hizo que la luz del evangelio resplandeciera en nuestros corazones.
La Biblia fue el guion de la vida de Jesús
Y en tercer y último lugar del uso de Jesús de la Biblia —primer lugar, para derrotar al maligno; y para demostrar el poder de la Palabra como tan poderosa como la resurrección—: la Biblia fue el guion de la vida de Jesús. Vamos a ver cómo en el Antiguo Testamento, y especialmente en los salmos, hay un relato anticipado, o casi como un guion, de la vida de Jesucristo. Él lo siguió conscientemente a lo largo de su vida, muerte, resurrección y ascensión. Y aun a la diestra del Padre está siguiendo la Palabra de Dios. Hay una relación especial que tiene Jesús con los salmos, y con la Palabra de Dios en general.
Leímos hace poco —bueno, hace unos minutos— de Lucas 4, cuando dijo que hoy se cumplía la Escritura en presencia de ellos, leyendo de Isaías, Isaías 61. Luego vemos en Lucas 18 —ahí quedándonos en Lucas—, Lucas 18:31 al 33. Dice: "Entonces Jesús tomó aparte a los doce y dijo: 'Ahora vamos subiendo a Jerusalén, donde se cumplirá todo lo que escribieron los profetas acerca del Hijo del Hombre. En efecto, será entregado a los gentiles. Se burlarán de Él, lo insultarán, le escupirán; y después de azotarlo, lo matarán. Pero al tercer día resucitará'". Y nada más para enfatizar: "se cumplirá todo lo que escribieron los profetas acerca del Hijo del Hombre".
Y Lucas 24, Lucas 24, versículos del 25 al 27. Ya vemos, después de la resurrección, a Jesús camino a Emaús; se encuentra con los discípulos, y dice: "'¡Qué torpes son ustedes y qué tardos de corazón para creer todo lo que han dicho los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Cristo estas cosas antes de entrar en su gloria?'. Entonces, comenzando por Moisés y por los profetas, les explicó lo que se refería a Él en todas las Escrituras". Entonces son un guion, y Jesús lo vio así: un guion para su vida.
Las palabras de la cruz
Y es para mí muy, muy impactante ver las palabras que pronunció en la cruz. Estaba en el momento más terrible de su vida, aún más terrible que la tentación. ¿Y qué tenía en su mente? Su mente estaba tan llena de la Palabra de Dios que cuando seguramente, desde el punto de vista humano, ya casi no podía ni pensar, ¿no?... No sé si ustedes han estado en situaciones así, extremas, cuando pues ya todo lo que nos viene a la mente son reflejos; pero estos eran los reflejos de nuestro Señor Jesucristo. Tan lleno de la Palabra de Dios estaba, que cuando dice: "Tengo sed", es un eco de por lo menos dos salmos donde habla el salmista de tener una sed, de tener una sed profunda: Salmo 69, versículo 21, y Salmo 22, versículo 15.
Luego el grito de la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", es una cita del Salmo 22, versículo 1. Cuando dice: "En tus manos encomiendo mi espíritu", es el Salmo 31, versículo 5. Y cuando dice: "Consumado es", es un eco, es una cita que no aparece en algunas Biblias, porque la forma en hebreo es diferente, pero es también del Salmo 22, versículo 31, el último versículo de ese salmo: "Él lo ha logrado", en la mayoría de las traducciones; pero es el mismo verbo de «consumado».
Salmos que solo el Mesías podía orar
Ahora bien, hay salmos que... y volviendo al tema de los salmos que ya hemos visto aquí en la cruz: como saben, hay un devocional que recomendamos mucho aquí, que es el de «Los cantos de Jesús», de Timothy Keller. Si no lo han usado en el pasado... creo que mis padres lo están usando por tercera, tercera vez; lo están repitiendo una tercera vez. Es un libro muy, muy rico en la explicación cristocéntrica de los salmos.
Y vemos en los salmos que hay varios que un mero ser humano no podría jamás orar. Por ejemplo, el Salmo 18, Salmo 18, versículos 20 al 24, donde está hablando de la justicia, de la limpieza de manos. Y sabemos que aun antes de que David cometiera el pecado que a todos nos viene a la mente, con Betsabé, él era pecador. Sin embargo, este salmo dice: "El Señor me ha pagado conforme a mi justicia; me ha premiado conforme a la limpieza de mis manos. He guardado los caminos del Señor, y no he cometido el error de alejarme de mi Dios. Presentes tengo todas sus leyes; no me he alejado de sus estatutos. He sido íntegro ante Él y me he abstenido de pecar. El Señor me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a la limpieza de mis manos ante sus ojos".
Cualquier mero ser humano que ore esto en su propia justicia se está engañando de una forma muy, muy profunda. David, el rey David, no pudo haber orado en ningún momento de su vida este salmo, a menos que hubiera sido en el Mesías que venía.
Salmos de reconocimiento de pecado
Y hay otros salmos. Hay otros salmos, hermanos, como el que nos leyó nuestro hermano Quique, el 32, de reconocimiento de pecado. ¿Cómo pudo haber Jesús orado estos salmos? O el 51 —nada más tres versículos, versículos del 3 al 5—: "Yo reconozco mis transgresiones; siempre tengo presente mi pecado. Contra Ti he pecado, solo contra Ti, y he hecho lo que es malo ante tus ojos; por eso tu sentencia es justa, y tu juicio, irreprochable. Yo sé que soy pecador de nacimiento, pecador desde que me concibió mi madre". O el mismo Salmo 69, que hemos citado varias veces, versículo 5: "Oh Dios, Tú sabes lo insensato que he sido; no te puedo esconder mis culpas". ¿Cómo puede Jesús haber orado así? Nosotros nos preguntábamos: «Bueno, ¿cómo pudo David haber orado ese salmo?». Y ahora nos tenemos que preguntar: ¿cómo pudo Jesús haber orado estos?
Y encontramos la respuesta en esa Biblia que Jesús atesoraba: Isaías 53, Isaías 53. Vamos a leer nada más tres versículos, del 4 al 6. Jesús se identificó con nosotros de tal forma que pudo orar estas oraciones como suyas, porque Él tomó sobre sí nuestros pecados, nuestra rebelión. "Ciertamente Él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre Él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre Él la iniquidad de todos nosotros".
2 Corintios 5:21 lo expresa de forma clara y concisa: "Al que no cometió pecado alguno" —es decir, nuestro Señor Jesucristo—, "por nosotros Dios lo trató como pecador, para que en Él recibiéramos la justicia de Dios". Ahí es como podemos orar por la justicia de Cristo estos salmos.
Las palabras de juicio
Y hay un grupo final de salmos que hablan sobre el castigo, las palabras de juicio: el Salmo 69. Nuevamente vamos a leer algunos versículos. Pero como contexto quiero que leamos Mateo 7, Mateo 7, del 21 al 23: "No todo el que me dice: 'Señor, Señor', entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre que está en el cielo. Muchos me dirán en aquel día: 'Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros?'. Entonces les diré claramente: 'Jamás los conocí. ¡Aléjense de Mí, hacedores de maldad!'".
Jesús nos está diciendo que Él les va a decir claramente a estas personas, en el juicio final: «Aléjense de Mí, hacedores de maldad». Eso viene del Salmo 6, versículo 8. Y son palabras de Jehová; son palabras de juicio. Y solo en la boca de Jesús podemos entender las palabras muy fuertes de los salmos que llamamos imprecatorios, como el Salmo 69. Comenzando con el versículo 19, leemos lo siguiente:
"Tú bien sabes cómo me insultan, me avergüenzan y denigran; sabes quiénes son mis adversarios. Los insultos me han destrozado el corazón; para mí ya no hay remedio. Esperé compasión, y no la hubo; busqué consuelo, y no lo hallé. En mi comida pusieron hiel; para calmar mi sed me dieron vinagre". Ahí vemos otro eco de la crucifixión. "Que se conviertan en trampa sus banquetes, y su prosperidad en lazo. Que se les nublen los ojos, para que no vean, y que se encorven sus espaldas para siempre. Descarga tu furia sobre ellos, y tu ardiente ira los alcance. Que su campamento quede desierto, y que nadie habite sus tiendas de campaña. Pues al que has afligido lo persiguen, y se burlan del dolor del que has herido. Añade a sus pecados más pecados; no los hagas partícipes de tu salvación. Que sean borrados del libro de la vida; que no queden inscritos con los justos".
Esas son palabras que nosotros no podemos orar acerca de ningún otro ser humano. Está hablando aquí de los enemigos de Dios, y solamente Dios es quien juzga. Pero estas palabras, estas palabras, ciertamente, como toda la Palabra, se van a cumplir. Se van a cumplir estas maldiciones. Se van a cumplir sobre los que no han buscado refugio en el Señor Jesucristo.
La promesa que no puede ser quebrantada
Pero tenemos la promesa, la promesa de Jesús, y su Palabra tampoco puede ser quebrantada. Si en esta mañana no te encuentras confiando en Jesús, quiero que escuches estas palabras; y si estás confiando en Él, son un ánimo para el corazón. Juan 6, Juan 6, del 35 al 37: "'Yo soy el pan de vida', declaró Jesús. 'El que a Mí viene nunca pasará hambre, y el que en Mí cree nunca más volverá a tener sed. Pero, como ya les dije, a pesar de que ustedes me han visto, no creen'". Pero aquí está la promesa: "'Todos los que el Padre me da vendrán a Mí; y el que a Mí viene, no lo rechazo jamás'". Esas palabras son de nuestro Señor Jesucristo.
Si vienes a Cristo en este día, no importa quién seas, qué hayas hecho; no importa nada de eso. Jesús dice: «No lo echo fuera de ninguna manera». Clama a Jesús en esta mañana. Confía en Él.
Oración
Vamos a orar. Padre nuestro, te damos gracias por tu Palabra, Señor, que no puede ser quebrantada, que podemos confiar en ella, Señor, porque Tú la inspiraste, Señor; Tú la has conservado, y es potente y eficaz, Señor. Es capaz, Señor, de destruir las narrativas que nos hacemos nosotros mismos en nuestras mentes, Señor. Es el único punto de confianza, de confianza absoluta, que tenemos en esta vida. Señor, dales ojos para ver a los que no han visto tu gloria en Cristo Jesús en esta mañana, y anima los corazones, Señor, de los demás, de los que hemos puesto nuestra confianza en Ti, Señor, porque no hay nadie más a quien podemos acudir, Señor. Te pedimos tu presencia y tu obra, la obra de tu Espíritu Santo, en cada persona en esta mañana, en Cristo Jesús. Amén.
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