Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Isaías 54IsaíasNathan Díaz

La restauración gloriosa de Sión

¿Qué significa “ninguna arma forjada contra ti prosperará”? Isaías 54 usa tres imágenes —una madre estéril, una esposa abandonada y una ciudad en ruinas— para describir a un pueblo incapaz de salvarse a sí mismo y a un Dios cuyo pacto de paz no se quebranta. El sermón conecta el pasaje con Gálatas 4 y con la justificación por fe.

Transcripción

Regresamos a Isaías: por qué hablamos de Sión

Ya estamos regresando nuevamente al libro de Isaías, y gracias a Dios por su Palabra y la oportunidad de meditar con calma en estos diferentes capítulos, viendo todas las implicaciones que tienen para nuestras vidas. Hace dos semanas —bueno, tres— vimos uno de los pasajes más famosos de Isaías, que tiene que ver con el Siervo sufriente. Y entonces hoy vamos a ver el capítulo que sigue, el capítulo 54, y este tema de la restauración gloriosa de Sión.

Aunque no dice "Sión" en el capítulo... y cuando estamos en la clase de predicación expositiva hemos estado meditando sobre cómo pensar en los títulos de las diferentes exposiciones, y siempre les digo que traten de usar las palabras que están en el texto. Y entonces parece que no estoy siguiendo esa regla, o ese parámetro, cuando digo "la restauración gloriosa de Sión"; no dice nada en el capítulo 54 sobre Sión. Pero la razón por la que sí estoy diciendo "Sión" es porque, si se regresan al capítulo 52, podemos ver de dónde viene el 54, y cómo esta segunda sección del capítulo 52 y luego el capítulo 53 fue una especie de paréntesis en la profecía de Isaías, porque está explicando justamente cómo es que Sión va a ser restaurada.

Y si recuerdan, entonces, el capítulo 52, de los versículos 1 al 12, que ya meditamos, cuatro veces menciona a Sión: "Despierta, despierta, vístete de tu poder, oh Sión", y luego, en el versículo 2, "líbrate de las cadenas de tu cuello, cautiva hija de Sión"; y luego, en el versículo 7, "qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz, del que trae las buenas nuevas de gozo, del que anuncia la salvación, y dice a Sión: 'Tu Dios reina'"; y luego, en el versículo 8, "porque verán con sus propios ojos cuando el Señor restaure a Sión". Entonces, de ahí viene esta idea de Sión, de cómo es la restauración de Sión, la que estamos meditando. Y en particular, si ven el versículo 2, "líbrate de las cadenas de tu cuello, cautiva hija de Sión", y luego, en el versículo 8, "tus centinelas alzan la voz, a una gritan de júbilo". Entonces pueden ver que estos temas son los mismos temas que van a regresar en el capítulo 54 acerca de Sión, pero ahora ya con un contexto que nos dijo cómo es que Dios va a lograr la restauración de Sión: que es el Siervo sufriente, el Siervo de Dios siendo puesto como ofrenda de expiación, el Redentor, por el pecado del pueblo.

Y sabemos que el Siervo sufriente no es Israel, porque en el versículo 8 del capítulo 53 dice que por la transgresión de mi pueblo es que el Siervo sufriente experimenta dolor y sacrificio. Entonces tiene otra categoría para el pueblo y otra categoría para el Siervo, que está poniendo su vida y siendo martirizado por causa de los pecados del pueblo.

Primera imagen: la madre estéril

Y ahora el capítulo 54 va a retomar las ideas del capítulo 52 y va a explicar, en otros términos, qué es lo que Dios está haciendo por su pueblo. Entonces son tres imágenes las que nos va a dar. La primera imagen es la restauración de una madre estéril. Pueden verlo ahí, versículos 1 al 5: "Grita de júbilo, oh estéril, la que no ha dado a luz; prorrumpe en gritos de júbilo y clama en alta voz, la que no ha estado de parto; porque son más los hijos de la desolada que los hijos de la casada, dice el Señor. Ensancha el lugar de tu tienda, extiende las cortinas de tus moradas, no escatimes; alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas. Porque te extenderás hacia la derecha y hacia la izquierda; tu descendencia poseerá naciones y poblarán ciudades desoladas. No temas, pues no serás avergonzada; ni te sientas humillada, pues no serás agraviada; sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y del oprobio de tu viudez no te acordarás más".

Entonces tenemos una imagen aquí: una madre estéril. Y algo que, cuando estábamos meditando sobre el capítulo 53, algo que surge es que Isaías nos da varias imágenes de cómo se ve una nación y un pueblo que ya se ha entregado a la idolatría y ha rechazado a Dios. Entonces Isaías, en el capítulo 1 —eso es una de las cosas que me encanta de estudiar capítulo por capítulo el libro, porque puedes ver estas conexiones—, en el capítulo 1, si recuerdan, describe a la nación como un cuerpo que está herido y dolido. Y los versículos 5 y 6 describen esto; dice: "¿Dónde más serán castigados? ¿Continuarán en rebelión? Toda cabeza está enferma y todo corazón desfallecido. Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay nada sano en él, sino golpes, verdugones y heridas recientes; no han sido curadas ni vendadas ni suavizadas con aceite". Así es como describe a la nación.

Y entonces, cuando llegamos al capítulo 53 y leemos sobre el Siervo sufriente, es interesante que ahora él es castigado con las mismas características de una nación que vivía en pecado y que era descrita como un cuerpo dolido, molido, herido. Y estas son las mismas palabras que se usan en el capítulo 53, que conocemos: "Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo por nuestra paz cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido todos sanados". Entonces, lo que apareció en el capítulo 1 como una descripción de una nación de idolatría, es lo que se retoma en el capítulo 53 como el castigo que carga el Siervo sufriente por esa nación, con las mismas características.

Grita de júbilo, oh estéril

Y ahora pasamos, no nada más de ser una nación y un pueblo idólatra descrito como un cuerpo herido, sino que ahora somos descritos como una mujer estéril que no puede tener hijos, lo cual en ese tiempo era algo vergonzoso, algo que causa humillación. Y el pueblo de Israel es descrito en esa condición. Pero vean cómo empieza el texto. ¿Qué dice? "Grita de júbilo, oh estéril". Grita de júbilo. No es razón para gozo ser estéril; no es razón de gozo no poder dar a luz. Pero aquí el texto está diciendo: no, sí, grita de júbilo, porque en tu esterilidad, en tu incapacidad de producir lo que se supone que tenías que producir, Israel —que es que las naciones conocieran al Señor, que creciera el pueblo de Dios—, tú no tenías esa capacidad, tú no diste testimonio del Dios verdadero a las naciones, de tal manera que eres estéril, no puedes tener descendencia. Pero grita de júbilo, porque Dios hará que sí sea posible; Dios sí hará un milagro en ti.

Y ese es el mensaje del evangelio: que en nuestra incapacidad Dios entra y hace un milagro, y genera algo que en nuestras propias fuerzas no es posible. Y es por eso que Pablo ve esta imagen en Gálatas 4, y Pablo hace toda una alegoría y muestra cómo funciona esto, tomando de este pasaje, citando este pasaje. Y él dice: esa esterilidad me recuerda a Sara. ¿Se acuerdan de Sara, con Abraham? Ella no podía tener hijos. Entonces Pablo empieza a traer toda esta imagen y dice: miren, Sara representa venir a Dios en fe, confiar en que él va a cumplir sus promesas, y que no hay nada que yo pueda hacer para que suceda en mi vida; esta transformación es algo que Dios tiene que hacer. Y Agar representa el esfuerzo humano por intentar acercarnos a Dios y hacerlo en nuestras fuerzas, y no creer las promesas de Dios: "no, Dios, creo que necesitas un poquito de ayuda, así que te voy a ayudar, y yo me voy a esforzar, y yo voy a llegar a ti a través de mis propios esfuerzos y de mis buenas obras".

Y dice Pablo... esto es como lo pone Pablo: "Díganme, los que desean estar bajo la ley, ¿no oyen a la ley? Porque está escrito que Abraham tuvo dos hijos: uno de la sierva y otro de la libre. Pero el hijo de la sierva nació según la carne, y el hijo de la libre por medio de la promesa. Esto contiene una alegoría, pues estas mujeres son dos pactos: uno procede del monte Sinaí, que engendra hijos para ser esclavos; esta es Agar. Ahora bien, Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, porque ella está en esclavitud con sus hijos. Pero la Jerusalén de arriba es libre; esta es nuestra madre" —la Jerusalén celestial es nuestra madre—. "Porque escrito está: 'Regocíjate, oh estéril'..." —aquí es donde Pablo cita este pasaje— "...'Regocíjate, oh estéril, la que no concibes; prorrumpe y clama, tú que no tienes dolores de parto, porque más son los hijos de la desolada que de la que tiene marido'. Y ustedes, hermanos, como Isaac, son hijos de la promesa. Pero así como entonces el que nació según la carne persiguió al que nació según el Espíritu, así también sucede ahora. Pero, ¿qué dice la Escritura? 'Echa fuera a la sierva y a su hijo, pues el hijo de la sierva no será heredero con el hijo de la libre'. Así que, hermanos, no somos hijos de la sierva, sino de la libre".

Entonces, todo esto es lo que Pablo ve en Isaías 54, cuando Isaías dice "grita de júbilo, oh estéril". Él ve aquí a Agar como representante de la incredulidad, donde pensamos que Dios necesita nuestra ayuda y nuestra cooperación, lo cual termina siendo que Agar es esclava y es Ismael el hijo de la esclava, lo cual es lo que nosotros terminamos siendo: esclavos, si venimos a Dios de esa manera. Pero esto es lo natural para nosotros: querer pensar que está en nosotros el poder para cambiar, pensar que está en nosotros el poder para ser salvos. "Dios, tienes que aceptarme, mira, no soy una mala persona, le echo ganas, me porto bien, entonces vengo delante de ti con eso". Y dice Pablo: si esta es tu actitud cuando vienes delante de Dios, entonces terminarás siendo esclavo. Sí, sí nació un hijo, pero fue por medio de métodos humanos que nació ese hijo, y Dios lo rechazó.

Pero por el otro lado está Sara, que representa la fe en Dios. Sara no podía tener hijos naturalmente, y requería fe en Dios y en las promesas de Dios, donde Dios es el que hace todo y nosotros no podemos hacer nada para cooperar en esa obra salvífica que nos está ofreciendo a través de su Hijo Jesucristo. De tal manera que Sara representa la justificación por fe, y por lo tanto representa libertad, no esclavitud. Es un milagro, es una obra sobrenatural que nosotros experimentamos cuando venimos delante de Dios en fe.

Ensancha tu tienda: la promesa para las naciones

Así que William Carey, que fue uno de los pioneros de las misiones modernas, predicó sobre los versículos 2 y 3, y él veía que estaba hablando de cómo la predicación del evangelio llegaría a todas las naciones. Y es esta imagen: Dios diciéndole a Israel "mira, tú eras estéril, y ahora vas a tener que hacerte una tienda más grande, porque no va a caber tu familia en la tienda que tienes ahorita; así que más vale que la expandas un poco más, para incluir a todas las naciones de la tierra". Y William Carey decía: vamos a predicar a las naciones, porque necesitan escuchar acerca de Cristo Jesús; miren, aquí está la promesa. Y él es el que famosamente dijo: "Esperen grandes cosas de Dios, hagan grandes cosas para Dios".

Ese es el mensaje del evangelio, el que está siendo explicado aquí en Isaías 54, expandiéndose y entrando a la escena en Pentecostés, cuando se da esta dinámica de la gente hablando en lenguas y proclamando la gloria de Dios, y luego Pedro levantándose y predicando el evangelio, y miles de personas convirtiéndose al Señor y llevando nuevamente ese mensaje a los lugares de donde venían. Y entonces el evangelio empieza a expandirse por todo el Imperio Romano y empieza a llegar hasta lo último de la tierra, y aquí estamos en Cuajimalpa. Esto es lo que ha sucedido: hemos escuchado este mensaje del evangelio.

La respuesta correcta: griten de júbilo

¿Y cuál es la respuesta correcta al mensaje del evangelio? Griten de júbilo. Uno de los comentaristas que estaba leyendo decía que esto tiene que ser uno de los mandamientos más desobedecidos de la Biblia, porque no gritamos y cantamos: y alégrense en ti, griten de júbilo. Eso es increíble: ustedes no podían acercarse a Dios por sus propias fuerzas, ustedes no tenían la capacidad ni los elementos para presentarse delante de Dios y decir "mira, Señor, aquí está, esto es lo que necesito para ser justificado delante de ti". No tenían nada, porque eran estériles. Y Dios les dice: he hecho un milagro en sus vidas, que se llama la justificación a través de mi Hijo Jesucristo, y ahora ustedes tendrán descendencia.

Lo cual está conectado al versículo 3: "tu descendencia poseerá las naciones". Espero que se acuerden: está conectado con el capítulo 53 y el Siervo sufriente. ¿Se acuerdan qué dice sobre el Siervo sufriente? "Verá a su descendencia", aunque no tuvo hijos. Jesús verá su descendencia. Y esto es causa de gozo para nosotros, y por eso cantamos. Juan Calvino dijo: la iglesia es el lugar donde el evangelio es predicado; el evangelio son buenas noticias, las buenas noticias hacen a la gente feliz, y la gente feliz canta. Y a veces no estamos felices y necesitamos cantar para recordarnos que sí tenemos razón para estar felices.

Dos Jerusalenes

Y esta es la imagen: una Jerusalén física y una Jerusalén espiritual. Es la imagen que hace Pablo: dos mujeres, dos pactos, dos ciudades. Una es la Jerusalén actual, dice Pablo, que está ahí en el monte Sión, la Jerusalén literal. Pero hay otra Jerusalén, que es la Jerusalén espiritual: esa es nuestra ciudadanía real. Es lo que el autor de Hebreos proclama como la verdadera esperanza, no nada más de nosotros, sino de Abraham también. Y nos dice que vendrá descendencia de todas las naciones, como leemos en Apocalipsis 7:9: de toda tribu, lengua y nación, proclamando que ellos han sido redimidos por la sangre del Cordero.

Esto es el cumplimiento de Génesis 12, versículos 2 y 3, cuando Dios le prometió a Abraham: "En ti serán benditas todas las naciones de la tierra". Entonces Israel falla; Israel se vuelve una nación idólatra que se aparta de Dios. Y dices: ¿cómo va a cumplir Dios, cómo lo va a hacer, si Israel no está dando buen testimonio de su Dios? Y si Israel no está llevando a las naciones a la adoración del verdadero Dios, sino que más bien están siendo atraídos hacia la adoración de falsos dioses, ¿cómo es que entonces va a suceder esta promesa? Dios se asegurará de que suceda a través de... ¿de quién? Del Siervo sufriente. Él hace posible que estas promesas se hagan una realidad.

Y por supuesto, todo esto que estamos leyendo encuentra su primer cumplimiento, su cumplimiento más inmediato, en el regreso del exilio de Babilonia para Israel. Pero cuando regresaron de Babilonia, solo 42 mil judíos regresaron con Esdras. O sea, evidentemente la profecía tenía una visión mucho más amplia que solamente el regreso del exilio; el regreso del exilio solo era una pequeña muestra de algo que Dios iba a hacer mucho más glorioso más adelante, cuando su Hijo Jesucristo apareciera en la escena. Y es lo que nos es revelado más explícitamente en el Nuevo Testamento, que hemos estado estudiando en el libro de Marcos.

Segunda imagen: tu esposo es tu Hacedor

Así que esa es la primera imagen que tenemos: una mujer estéril que está siendo restaurada. Número dos, versículo 5, tenemos esta imagen: "Porque tu esposo es tu Hacedor, el Señor de los ejércitos es su nombre; y tu Redentor es el Santo de Israel, que se llama Dios de toda la tierra". Seis maneras de describirse Dios en relación a Israel: su esposo, su Hacedor, el Señor de los ejércitos, Redentor, Santo de Israel, y también que se llama Dios de toda la tierra. Entonces, todas estas son imágenes, nombres de Dios, que son imágenes desde diferentes ángulos para que entendamos cómo se relaciona con su pueblo. Y cada uno de ellos lo hemos visto en otras partes del libro de Isaías, pero aquí los vuelve a retomar, como para decir: acuérdate quién soy; por si tienes dudas de que yo puedo hacer lo que te estoy diciendo que voy a hacer, déjame recordarte que yo hice todas las cosas. Recuerda que yo puedo vencer a cualquier ejército. Déjame recordarte que yo te he redimido y yo soy el que hace esta redención. Y déjame recordarte que yo soy santo, y que yo puedo santificarte a ti también. Déjame recordarte que todas las cosas existen por mí, por si tenías alguna duda de que puedo hacer lo que prometo hacer.

La esposa abandonada y recogida

Y ahora, la imagen muy interesante que... ahora pasa otra imagen, en el versículo 6. Y dice: "Porque como a mujer abandonada y afligida de espíritu te ha llamado el Señor, y como esposa de la juventud que es repudiada, dice tu Dios. Por un breve momento te abandoné, pero con gran compasión te recogeré. En un acceso de ira escondí mi rostro de ti por un momento, pero con mi misericordia eterna tendré compasión de ti, dice el Señor tu Redentor".

Entonces, la imagen aquí es de una mujer que, en su idolatría —y es la imagen que usa la Biblia para mostrarlo—, en su idolatría cometió adulterio, porque se fue con otros hombres que no eran su esposo. Y Dios, su esposo, sí la exhorta y la juzga por su infidelidad, y sí la expone en su idolatría; sí dice: miren, yo quiero que las naciones vean cómo has sido con otros hombres.

Esto es muy interesante porque justamente en nuestro estudio de los miércoles, este miércoles vamos a comenzar nuestro estudio del libro de Oseas, y esa es la imagen del libro de Oseas. Oseas nos está mostrando que hay un pacto matrimonial entre Dios y su pueblo, y la imagen es: Dios le manda que se case con una prostituta que se llama Gomer, y le dice "cásate con una prostituta, tú, profeta de Dios; cásate con ella, para que yo pueda mostrarle al pueblo cómo ellos han sido conmigo". Ese es el ministerio profético al que Dios llamó a Oseas, y nosotros nos quejamos de nuestros ministerios.

Y le dice: cásate con ella, y ella te va a ser infiel, ella se va a ir con otros hombres, y tu trabajo va a ser ir y buscarla nuevamente, ir y restaurarla nuevamente como tu esposa, una vez que ella se dé cuenta de la idolatría, y una vez que ella se dé cuenta de que estos hombres con los que ha estado en realidad terminan abandonándola, y que estos regalos que ella pensaba que ellos le estaban dando, en realidad venían de ti, dice Dios. Yo soy el que le ha dado el regalo; sí, ellos piensan que ellos son los que le dan esos regalos, pero vienen de mí, y ella se los atribuye a sus amantes. Y entonces ella va y es humillada y es expuesta en su adulterio. Y entonces: tú, Oseas, ve y tómala de nuevo, y perdónala, y dile... Dios dice: yo he hecho un pacto con ustedes, y ese pacto no será quebrantado.

¿Se acuerdan del capítulo 50 de Isaías? "Así dice el Señor" —versículo 1— "'¿Dónde está esa carta de divorcio con la que repudié a su madre? ¿O a cuál de mis acreedores los vendí? Por causa de sus iniquidades ustedes fueron vendidos, y por sus transgresiones fue repudiada su madre'". Aquí estaba esta imagen: sí hubo este distanciamiento por causa de la idolatría; sí hubo este sentido como que parecía que había habido un divorcio por causa de la infidelidad de Israel. Pero dice Dios: pero no, nunca, nunca rompí mi pacto con ustedes. Y por eso, cuando llegamos a Oseas —si lo vamos a estudiar—, en dos miércoles, capítulo 2, encontramos uno de los pasajes más increíbles de esta misericordia y amor de Dios por nosotros, cuando dice Oseas: "Por tanto, voy a seducirla, llevarla al desierto y hablarle al corazón". Es la promesa: "con misericordia eterna tendré compasión de ti".

Como en los días de Noé

Y continúa dando más ejemplos, porque el versículo 9 dice: "Porque esto es para mí como en los días de Noé, cuando juré que las aguas de Noé nunca más inundarían la tierra; así he jurado que no me enojaré contra ti ni te reprenderé. Porque los montes serán quitados y las colinas temblarán, pero mis misericordias no se apartará de ti, y el pacto de mi paz no será quebrantado, dice el Señor, que tiene compasión de ti".

Yo recuerdo, como adolescente, muchas veces estar enamorado de alguien: "ah, ahora me gusta esta niña", y después ya no tanto, "ahora me gusta esta niña". Y recuerdo esta manera en que mis sentimientos eran tan cambiantes. Y tengo que tener cuidado aquí, ¿verdad? Pero lo vemos en los adolescentes, y les advertimos eso: tengan cuidado, porque es tan fácil que tú le rompas el corazón a alguien, o que alguien te rompa el corazón a ti, porque somos cambiantes, porque no tenemos la clase de compromiso que Dios tiene para con su pueblo. Nosotros, en nuestras relaciones, fallamos. Pero Dios está diciendo: pero mi pacto, mi pacto permanecerá y no será quebrantado.

Se acuerdan de Noé: surgió un arcoíris después del diluvio, que representaba un pacto de paz que Dios hacía con la humanidad. O sea: no volveré a destruir la tierra por medio de agua; es más, ahora lo que quiero mostrarles es: sí, sí juzgué el pecado, pero yo he estado protegiendo y salvando a estas familias, para que a través de estas familias venga redención para todas las naciones y experimenten mi misericordia. Y hasta el día de hoy, cada vez que vemos un arcoíris, recordamos esto. Es como un arco que está dirigido hacia el cielo, apuntando hacia el cielo, recordándonos que Dios hace un pacto con nosotros en donde él ha provisto de su misericordia y compasión inagotable para una humanidad caída e idólatra.

Y nosotros no somos diferentes a Israel: nosotros también somos idólatras. Dice Romanos 1:25 que nosotros también hemos intercambiado al Creador por lo creado, y nosotros también merecemos el juicio y la condenación de Dios. Pero dice Dios, Éxodo 34:6: ¿quieres conocer mi gloria, Moisés? ¿Quieres saber quién soy? Soy un Dios lleno de compasión y misericordia, lento para la ira. "Por un breve momento te abandoné, pero con gran compasión te recogeré". Lo cual nos muestra esta dinámica que existe a lo largo de toda la Biblia, donde dice: sí, está la ira y el juicio de Dios, pero su misericordia y su gracia sobrepasan por mucho esa ira, para poder darnos tiempo de arrepentirnos y conocerlo a él.

El coco y el globo de agua

Estaba predicando sobre ese pasaje, sobre Éxodo 34, en el campamento en Monterrey, y estaba tratando de pensar en una imagen, una analogía. Estaba leyendo el libro Manso y humilde, y estaba pensando: ¿cómo puedo expresar esta idea de "lento para la ira y grande en misericordia", como nos muestra la Biblia esas dos imágenes? Y les decía a los jóvenes: imagínense que han tratado de abrir un coco. No es fácil, y dependiendo de las herramientas que tienes, no es fácil abrirlo. Pero si yo les dijera: a ver, traten de abrir el coco con un alfiler. No sé cuánto tiempo tardarían, pero tardarían un buen rato en poder siquiera hacer que salga el juguito que está adentro. Pero ahora imagínense que les doy un globo lleno de agua: ¿qué tan fácil sería romper ese globo con un alfiler?

Entonces imagínense: esta imagen es la imagen que Dios nos quiere mostrar acerca de su misericordia. Imagínense: mi ira es como el coco, sí, sí se puede romper, y sí se va a romper finalmente, pero va a tardar. Pero mi misericordia está ahí, lista para explotar con cualquier toque de arrepentimiento de nuestra parte, de venir delante de Dios y... sí, Señor, quiero tu perdón, quiero tu misericordia. Se derrama sobre de ustedes sin el más mínimo esfuerzo; nada más vengan y reciban, está listo para que lo experimenten en sus vidas. Esa es la imagen que Dios quiere darle a Israel de cómo es su Redentor: listo para perdonarlos, listo para restaurarlos, como a una esposa infiel.

Y es por eso que creo que esta imagen aparece en Apocalipsis 4, versículo 3: "Al instante estaba yo en el Espíritu, y vi un trono colocado en el cielo" —dice Juan— "y a uno sentado en el trono. Y el que estaba sentado era de aspecto semejante a una piedra de jaspe y sardio; y alrededor del trono había un arcoíris de aspecto semejante a la esmeralda". Este arcoíris representa el cumplimiento de la promesa de Dios de gracia y misericordia para su pueblo: el pacto de paz.

Tercera imagen: la ciudad desolada reconstruida

La tercera imagen es la imagen de la restauración de una ciudad desolada, que empieza en el versículo 11: "Oh afligida, azotada por la tempestad, sin consuelo, yo asentaré tus piedras en antimonio y tus cimientos en zafiros. Haré tus almenas de rubíes, tus puertas de cristal y todo tu muro de piedras preciosas. Todos tus hijos serán enseñados por el Señor, y grande será el bienestar de tus hijos. En justicia serás establecida; estarás lejos de la opresión, pues no temerás; y del terror, pues no se acercará a ti. Si alguien te ataca ferozmente, no será de mi parte; cualquiera que te ataque, por causa de ti caerá".

Es la imagen de una ciudad que ha sido desolada. Y obviamente esto sucedió literalmente con Jerusalén, cuando vinieron los babilonios y destruyeron Jerusalén en 586 antes de Cristo. Esta es la imagen de una ciudad desolada, desierta, sin ningún tipo de recursos propios. Pero es una ciudad que ahora está siendo reconstruida con piedras preciosas, con una majestad y una gloria que sobrepasa la gloria que tenía antes.

Entonces, Isaías usa la imagen de una madre estéril, usa la imagen de una esposa abandonada, y ahora la de una ciudad desolada, todo para decirnos algo acerca de nosotros mismos. De hecho, es la imagen que Pablo estaba usando en Gálatas 4, ¿no?: nuestra madre es una ciudad, dice Pablo. Porque creo que la razón por la cual una ciudad es usada como símbolo del pueblo de Dios, y el propósito específico que Dios tiene para mostrar su plan como una ciudad, es mostrarnos que la salvación es una experiencia de comunidad. Dios no nada más nos está salvando en lo individual; no nada más está diciendo "ah, sí, tú, y tú, y tú, y tú", sino que está diciendo: ahora ustedes vivan la salvación y el evangelio en comunidad. Ustedes son un solo pueblo, ustedes son una sola identidad; todos juntos, de todas las naciones, tribus, lenguas y etnias, se convierten en uno solo. Y esta ciudad junta esta identidad de comunidad, para darnos cuenta de que somos parte de la iglesia universal de Cristo Jesús, que está en todo el mundo.

La ciudad de Apocalipsis 21

Y esta nueva identidad es presentada a nosotros como una ciudad en Apocalipsis capítulo 21: "Entonces me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios". Y de hecho, a Juan se le dice: esta ciudad es la esposa. O sea, la ciudad no es una ciudad; en realidad es la esposa de Cristo. Esa es la ciudad. No pienses en términos nada más materiales, "ah, es un cubo que baja desde el cielo"; no, esto nos representa a nosotros, el pueblo de Dios.

Y dice: "El material del muro era jaspe, y la ciudad era de oro puro, semejante al cristal puro. Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas" —y aquí están estas piedras de Isaías 54— "el primer cimiento, jaspe; el segundo, zafiro; el tercero, ágata; el cuarto, esmeralda; el quinto, sardónice; el sexto, sardio; el séptimo, crisólito; el octavo, berilo; el noveno, topacio; el décimo, crisoprasa; el undécimo, jacinto; y el duodécimo, amatista. Las doce puertas eran doce perlas; cada una de las perlas era de una sola perla. La calle de la ciudad era de oro puro, como cristal transparente".

Estas imágenes de piedras preciosas, que son parecidas a las que tenía el sacerdote sobre su pectoral, también representando la obra de Dios hecha a través del sacerdocio de Cristo Jesús para su pueblo —por eso se usan estas piedras preciosas—, y esas son las piedras que son descritas en la reconstrucción de esta ciudad, que ahora es gloriosa gracias a la obra del Siervo sufriente. Todas son muestras de lo que Dios hace en nosotros a través del evangelio.

La obra y la iniciativa son de Dios

Y quiero que vean que el versículo 16 nos muestra que esto es obra e iniciativa de Dios. Dice: "Yo he creado al herrero que sopla las brasas en el fuego y saca una herramienta para su trabajo; yo he creado al devastador para destruir". Sí, yo hago las herramientas que son necesarias para defenderlos a ustedes contra sus enemigos. Que, de hecho, si se acuerdan, en el capítulo 44, versículo 12, tenemos otro contraste, de otro herrero, pero ese herrero se está haciendo ídolos; y ahora el contraste es: Dios es el herrero haciendo las armas en contra de nuestros ídolos.

Y lean el versículo 17: "Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justificación procede de mí, declara el Señor". Hermanos: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió; sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros". Es la defensa de Dios en contra de todos nuestros enemigos: es la muerte y el sacrificio de Cristo Jesús en nuestro lugar.

El acusador echado fuera

Esa es la imagen que veíamos también en Apocalipsis 12, ¿se acuerdan? Apocalipsis 12: esta mujer va a dar a luz, da a luz, y está el dragón ahí, listo para devorar al bebé que está a punto de nacer. Pero el bebé es protegido por Dios, y el bebé crece, vive su vida en perfección y justicia, es llevado al cielo, resucita, es llevado al cielo, y ahora viene la descendencia de la mujer. Esas son las mismas imágenes de Isaías: viene la descendencia de la mujer.

Pero hay algo interesante que pasa en medio de todo eso, que es que Satanás es echado del cielo. Porque Satanás es el que podía acusar a los santos delante de Dios, pero ahora es echado del cielo porque ya no puede acusar a los santos, ya no tiene ningún argumento en contra de ellos. Ya no puede decir: míralo, mira lo que está haciendo, mira cómo no merece tu gracia y tu misericordia, él no merece ser llamado tu hijo. Y Dios dice: Jesús ya pagó; no hay nada que puedas poner delante de mí que tenga validez en la corte del juicio celestial, porque ha puesto su fe en mi Hijo, y ahora no hay argumento en contra de él que pueda ser sostenido. Y todos sus enemigos serán derrotados por la obra que Cristo Jesús hizo en la cruz.

Eso lo dice Dios acerca de cada uno de nosotros, porque hemos venido delante de Dios, hemos puesto nuestras vidas delante de él, le hemos dicho: "Señor, tú perdona mis pecados, tú justifícame, tú derrota a mis enemigos". Que, finalmente, el enemigo que venció Cristo en su resurrección es la muerte, y nosotros tenemos la esperanza de que el día que nosotros muramos no será la última palabra acerca de nuestra existencia, sino que ahora tendremos verdadera vida en la presencia de Cristo, disfrutaremos de su gloria para siempre.

Y ese enemigo... a ver, ¿qué peor enemigo pueden pensar que la muerte? ¿Hay algo que teman más que la muerte? "Ay, es que a lo mejor me corren del trabajo"; "es que a lo mejor voy a reprobar mi examen". ¿Eso es lo que causa miedo en tu vida? Si Dios ya venció la muerte por nosotros, ¿qué más enemigos tenemos que temer? El pecado, la muerte, la condenación, ya han sido derrotados por Cristo Jesús en la cruz. Toda la esperanza es nuestra en él, porque él dice: tu justificación procede de mí, y tu herencia es el universo.

Conclusión: gritemos de júbilo

¿Qué temores tenemos? ¿Qué cosas causan ansiedad y estrés en nuestras vidas, que vienen solo por nuestra incredulidad en las promesas de Dios, solo porque no creemos que Dios es realmente quien dice ser, quien él dice que es? Por eso Martín Lutero escribió: "Y si demonios mil están prontos a devorarnos, no temeremos, porque Dios sabrá cómo ampararnos. Que muestre su vigor Satán y su furor; dañarnos no podrá, pues condenado es ya por la Palabra santa".

Iglesia de Cristo, son amados por Dios eternamente. Su compasión y su misericordia son interminables. Gritemos de júbilo: nuestro Dios es fiel, su pacto de paz es nuestro por los siglos de los siglos. Cristo Jesús es nuestro Redentor y nuestra justicia; hemos sido restaurados por su gracia.

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