Colosenses 3:1-4ColosensesRodrigo Gómez
Escondidos con Cristo
¿Qué significa que tu vida está escondida con Cristo en Dios? Colosenses 3:1-4 responde a quienes viven angustiados por el trabajo, la salud o el futuro: si morimos y resucitamos con Cristo, nuestra seguridad ya no depende de nada de este mundo. Una invitación a poner la mira en las cosas de arriba y descansar en el mejor escondite.
Transcripción
De regreso a Colosenses
Buenos días, queridos hermanos. El día de hoy vamos a regresar al libro de Colosenses, en el que habíamos hecho una pausa. Como recuerdan, hermanos, esto lo empezamos antes con nuestro hermano Jonathan, con Colosenses, y hemos tenido algunas pausas. Considerando también, como se mencionaba en la primera parte del servicio, tuvimos una pausa por la semana de Pascua, donde recordamos la obra de nuestro Señor Jesucristo, Su resurrección. Y ahora es momento de retomar el estudio de Colosenses.
Y justo estamos por comenzar el capítulo 3, que, digamos, en términos de como lo vemos en nuestras Biblias, está a la mitad. Sin embargo, hay que recordar que es una carta; entonces, Pablo escribió esto de corrido. Entonces no había una separación. Sin embargo —y es algo que vamos a ver conforme platicamos hoy—, sí, este capítulo, estos versículos principalmente, y un poco todavía de los finales del capítulo 2, es un punto de vuelta, donde Pablo pasa de establecer una parte teológica, una parte de fundamentos, a una parte más práctica, y literalmente…
Oración inicial
Pero antes de comenzar, y antes de leer —hoy vamos a considerar los versículos del 1 al 4—, quisiera que me acompañen en una oración, para pedir que el Señor sea quien hable a nuestros corazones, y que Su Palabra se escuche en nuestras vidas, Señor, y pongamos por obra las cosas que escuchemos el día de hoy.
Señor, nuestro Padre celestial, te damos gracias, Señor, primeramente, por la oportunidad de estar nuevamente, Señor, reunidos: unos pocos en Tu casa, Señor, pero muchos otros, Señor, en nuestros hogares, en nuestras familias, tal vez algunos solos, Señor. Sin embargo, una de las cosas más increíbles, Señor, es que al habernos dado la oportunidad de ser adoptados como hijos Tuyos a través de la obra de Jesucristo, somos parte de esta gran familia. Y a pesar de que físicamente estemos lejos o separados, Señor, nos une una misma fe, nos une un mismo amor y nos une un mismo Espíritu. Y en eso confiamos, y en eso descansamos: que en el momento en que Tú decidas que toda esta separación termine, Señor, no habrá mayor gozo, Señor, que nuevamente estar en Tu presencia, en Tu templo, Señor.
Y ahora te pedimos que hables a nuestro corazón, Señor; que nos muestres qué es lo que quieres de nuestras vidas, Señor, cómo quieres que nuestras vidas sean y reflejen Tu amor, de la misma manera, Señor, que en su tiempo querías que la vida de los colosenses, Señor, surgiera en esa memoria, esa gracia, esa misericordia: el hecho de haber sido cambiados, Señor, totalmente, por el sacrificio en la cruz del Calvario. Así que ahora ponemos este momento en Tus manos, Señor, este tiempo; que sea de bendición, que sea para honra y gloria Tuya, Señor. Y que sean Tus palabras, Señor, las que sean escuchadas; que sean Tus palabras las que sean pronunciadas, Señor. Confiamos en esto, y tenemos esperanza, Señor, en Ti. Todo lo pedimos, y te damos tantas gracias, en el nombre de Tu amado Jesús. Amén.
Resumen: el amor de Pablo por una iglesia que no conocía
Y antes de leerlo, hermanos, quiero que hagamos un resumen rapidísimo, porque creo que ha pasado bastante tiempo. Entonces, ¿dónde estamos en este momento? Sí, en el capítulo 3; pero ¿qué ha pasado?, ¿qué hemos visto? Y voy rapidísimo en esto. Tuvimos, gracias a Dios, a nuestro hermano Jonathan en el primer capítulo, luego a nuestro hermano Danny en el segundo capítulo; vamos a empezar el tercero. Y estos son los tres puntos en los que quisiera resumir lo que ha pasado.
En el primer punto vemos, ¿no?, cómo esta carta está escrita por Pablo a una iglesia que no conoció físicamente. Y vemos desde el capítulo 1 el amor… A mí, mientras seguía leyendo esto, y estudiaba el contexto para llegar a este capítulo 3, me sigue asombrando, me sigue asombrando el hecho del amor tan profundo que tenía Pablo por gente que no conocía. Y esto me recordaba muchísimo las primeras veces que mi esposa Patti empezó a venir a la iglesia, y ella estaba muy sorprendida: "Es que no creo… ni me conocen nada, ni siquiera quiero que me digan hermana, y estas personas me aman, me aman genuinamente, y lo siento en mi corazón".
Y vemos, hermanos, cómo este mismo amor habitaba en el corazón de Pablo, y es por eso que les escribe estas cosas. Y les escribe estas cosas no como una carta de amor tierno, necesariamente, de cuidados, sino una carta de precaución, de advertencia: "Y es porque los amo tanto que necesito que escuchen estas cosas; porque los amo tanto, necesito que recuerden estas cosas". Entonces, es el primer punto, que es bien importante que tengamos en cuenta.
Con qué autoridad: quién es Jesús
El segundo punto es: durante dos capítulos Pablo se dedica a establecer con qué credenciales, o con qué autoridad, dice esto. Y dice: "No es mi autoridad; yo estoy predicando esto en nombre de Cristo". Y en el primer capítulo, en el segundo, igual que lo vimos también en lo que llevamos del estudio de Hebreos, vemos a Pablo establecer estos parámetros, diciendo quién es Jesús. O sea: "¿Por qué deberían de creer todo esto que estoy a punto de decirles?". Y entonces habla de quién es Jesús y qué hizo Jesús.
Y no solo en términos de las cosas que estaban inmediatamente atrás, que era haber pasado la muerte, haber pasado la resurrección, la Gran Comisión, en la que el cristianismo empezara a crecer, lo que vemos en Hechos también, el desarrollo de la iglesia. Sí, pero lo que está diciendo es: "Esta historia se remonta mucho más atrás. La historia que les estoy contando se remonta hacia la eternidad pasada". Entonces, ahí habitaba Dios en plena comunión: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y al Padre le agradó establecer toda Su plenitud en Cristo. Y empieza a decir todas estas afirmaciones asombrosas de quién es Jesús, y por qué deberían de creer estas cosas.
Del fundamento a la práctica
Y por último —y esto es algo que escuchamos hace unas tres semanas, cuando nuestro hermano Danny nos compartía la segunda parte del capítulo 2—, lo que pasaba es que aquí empieza a decir Pablo: "Ya les dije teológicamente cuáles son las bases, por qué es importante que ustedes crean esto, dónde está esta unión tan fuerte, tan profunda, entre las personas de Dios", y cómo en su momento Cristo Jesús, en nuestra tierra, al mostrar esto, mostró esta plenitud que habitaba en Él. Pero al mismo tiempo les empieza a decir… empieza ya a cambiar un poco el tono de su conversación, de esta carta, y les dice: "Ya les he dicho suficiente. Estoy seguro de que a quien están encomendados ustedes en esa iglesia, Epafras, ya les dijo todas estas cosas; la gente que los ha visitado también ya les dijo estas cosas. Pero tenemos que empezar a ver cómo esto se ve en la práctica".
Y entonces, si recuerdan —y esto es muy importante—, el gran problema de los colosenses era que estas personas estaban empezando a escuchar a otros, otros que les decían cosas como: "Mira, lo que hizo Jesús está bien, está perfecto, y de verdad es muchísimo, pero hay un par de cosas que ustedes deberían de hacer como para ayudarle", ¿no? Y esto me recuerda una publicación que hice en Facebook, y por ahí una persona me comentaba y me decía: "Sí, está padrísimo, y la fe y la oración están increíbles, pero bueno, nosotros también tenemos que hacer nuestra parte, ¿no? Tenemos que echarle la mano". Y entonces, bueno, no me voy a meter en explicarle más por el foro.
Pero eso es un poco lo que estaba pasando con los colosenses. Les estaban diciendo: "Sí, todo está padrísimo, y sí, o sea, ustedes escucharon todo eso; todos queremos lo mismo. Pero creo que estaría bueno que sí hicieran esto, y sí hicieran esto otro, pues porque Dios estaría más contento, y estaríamos honrando más a Jesús". Y entonces, como lo recordaba Danny hace tres semanas, una de las cosas que les dice es: "No se les olvide, no se les olvide que han muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo". Dice el versículo 20 del capítulo 2, dice:
"¿Por qué, como si viviese en el mundo, se someten a preceptos tales como: No manejes, gustes, no toques, en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres, cosas que todas se destruyen con el uso?". Y luego les dice: "Está bien". O sea, eso no quiere decir que no hagan esas cosas tampoco. Dice: "Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario" —es decir, si ustedes deciden hacerlo, está bien, ¿no?, por considerar a los otros—, "en humildad y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne".
Nada de lo que hagamos controla el pecado
Es decir, nada de lo que ustedes estén haciendo va a controlar el pecado en su corazón. La única cosa que va a controlar el pecado en su corazón es que ustedes reconozcan y se acuerden de lo que han escuchado: la plenitud que habita en Cristo. Eso es lo único que tienen que hacer. Una vez que hacen eso, entonces van a entender todas las demás cosas. Una vez que hacen esto, se van a dar cuenta de que todos estos esfuerzos vanos por quererse ganar la aprobación de Dios no sirven de nada. Y a lo mejor quedan ustedes bien con los que están ahí alrededor, y la gente va a decir: "Ves, qué bueno es. Y este ya no miente… no dice malas palabras, no maldice, no come esto; no sé, esta persona es muy piadosa".
Y creo que es parte de lo que estaba pasando en Colosas; es parte de lo que pasa hoy también. Hoy vemos muchos esfuerzos por querer hacer buenas obras, por querer decir: "Yo estoy haciendo mi parte". Y está bien, ¿no? Otra vez, como culto voluntario, como una decisión personal, está perfecto que hagamos todas estas cosas. Pero nada de eso tiene el poder de transformar el corazón. Nada de esas obras tiene el poder de ganarnos algo contra el pecado, y por lo tanto, contra lo que tendríamos que hacer para estar viviendo conforme a lo que Dios quiere que vivamos.
La prueba de fuego
Entonces, ahora sí llegamos al capítulo 3. Que, si me preguntan, para mí este capítulo 3 en realidad… justamente empieza esta división entre el versículo 20 —que es algo que les leí— y hasta el versículo 4, en donde Pablo hace este, digamos así, este punto, como este doblez en el que, como les decía, pasamos de las bases, los fundamentos, lo que les está diciendo —por qué deberían de creer todo esto—, a decirles: "Ahora, ¿cómo se ve esto? Ustedes tienen que empezar a pensar en que esto tiene que tener una consecuencia. Ustedes me pueden decir todo esto, y me lo pueden decir de memoria, y pueden decir que creen esto, pero la manera en la que ustedes viven es la forma en la que esto se va a ver". No es que ustedes fabriquen nada de estas cosas; no es que ustedes repliquen ninguna cosa.
Y creo que era el gran problema, por una parte, y creo que es el gran problema que existe hasta hoy: nuestra naturaleza nos obliga a pensar en esta división, que todavía para algunos no está suficientemente clara, entre la fe y las obras. Es como: "Sí, yo creo, pero también tengo que hacer cosas. Pero ¿qué va primero? ¿Primero tendría que actuar de una manera, y entonces Jesús me acepta? ¿O primero hago esto, y entonces me cambia? ¿Entonces, si primero entiendo todas estas cosas y acepto todas estas cosas, entonces seguramente voy a vivir…?".
Entonces, ahí está la prueba de fuego, hermanos. Y creo que este capítulo 3, estos versículos del 1 al 4 que vamos a leer a continuación, son la forma en la que nosotros vamos a poder medir —y en su momento los colosenses podían medir— si realmente algo había pasado en su corazón, si realmente el cambio profundo que necesitaban sus propias vidas… y si todas estas verdades que habían visto en la primera parte de la carta en realidad estaban transformando sus vidas.
Lectura de Colosenses 3:1-4
Y lo voy a leer, y les voy a pedir que me acompañen. Dice: "Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria".
Si, pues, habéis resucitado
Y ahí vamos a estudiar eso hoy. ¿Y entonces por qué les digo eso? ¿Por qué les digo que esto es justamente el punto? Y establece varios criterios. Creo que es muy importante que pongamos atención a la manera en que está escrito, porque es intencional; es intencional de Dios, y es intencional de Pablo, ¿no? La primera palabra que leemos en el versículo 1 del capítulo 3 es una condicionante, ¿no? Decimos: "Si, pues, han resucitado con Cristo…". Hay una condición allí. Y después, en el 3, les dice: "porque han muerto".
Entonces, hay algo que está pasando, que está estableciendo Pablo aquí, donde les dice: "Este es el criterio que ustedes van a atender antes de poder ver si ustedes están haciendo y son muy buenos y hacen todas las cosas que tendrían que estar haciendo; antes de pensar si le dan dinero a los pobres, a las viudas, a los huérfanos, ancianos, a los necesitados; antes de todas esas cosas, pregúntense si han resucitado con Cristo". Y para haber resucitado tiene que haber pasado algo, que es lo que dice el versículo 3: "porque han muerto".
Ya, eso… ¿Qué implica que hayan resucitado los colosenses? ¿Por qué? Porque esto es una de estas grandes preguntas. Estamos muy pegados todavía a la resurrección de Cristo. También vemos en los evangelios, justamente en la crucifixión, que dice que se abrieron tumbas y se levantaron muertos. Entonces, había un principio en el que ya había establecido la resurrección. Entonces, la gente podría haberse preguntado: "¿Cómo? O sea, ¿cómo que he resucitado? ¿Qué significan estas cosas? ¿Qué significa que he resucitado?". Y para haber resucitado, pues primero tendría que morir, ¿cierto?
Entonces, la pregunta es: "¿A qué morí? Porque yo aquí sigo, aquí sigo vivo; hago cosas, hago mi vida normal todos los días; guardo el día del Señor, y me reúno, nos reunimos en las casas, partimos el pan. No entiendo necesariamente cómo funciona esto de morir", ¿no? Y entonces podemos atender a lo que dice Pablo en otras de sus cartas. Podemos atender incluso a lo que dice Pablo inmediatamente atrás, en este libro de Colosenses, porque dice otra vez en el versículo 20: "Pues si ustedes han muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo…". Ahí está cómo morimos: tengo que morir a los rudimentos del mundo. ¿Qué significa eso? Que tengo que morir a lo que el mundo ofrece; tengo que morir a mi antigua forma de vivir.
La misma teología en todas las cartas
Entonces, ese es el primer criterio con el cual tendríamos que estar enfrentándonos a esto. Y a los colosenses les está diciendo: "No, no, o sea, no se trata de hacer buenas cosas. Tengo que decirles que es algo mucho más profundo lo que está sucediendo en el corazón; es algo que ustedes no pueden fabricar", como decía.
Y quiero leerles… por eso les decía, y van a ver las citas que están para apoyar los puntos que vamos a entender hoy. La mayoría —bueno, de hecho, todos— tienen por lo menos una cita de otra carta de Pablo. ¿Y por qué? ¿Por qué sucede? Porque vemos, si recuerdan, lo que Pablo también dice que pasa con la Palabra de Dios. La Palabra de Dios —incluyendo esta carta, que en su momento no estaba en un libro como el que tenemos ahora, pero era Palabra de Dios para los colosenses, y es Palabra de Dios para nosotros— dice que es como espada de dos filos, que penetra hasta partir el alma y el espíritu, los tuétanos, y discierne las intenciones del corazón.
Entonces, quiero que veamos a lo largo de este estudio cómo, a pesar de que las necesidades de los colosenses eran diferentes a las de la gente en Éfeso, a la gente en Corinto, a la gente en las iglesias… en las 13 cartas que se escriben vemos indicios de esta misma teología y de estas mismas indicaciones.
Entonces, yo quiero que vean que, a pesar de que la carta está escrita específicamente para una persona, esta Palabra está viva, y así como habla a los colosenses, nos habla a nosotros. Y eso es muy importante de entender, hermanos: que hoy podamos entender eso nosotros, que hay algo que pasa con esta Palabra, que no importa dónde leamos, no solo vamos a ver consistencia, sino que lo que vamos a ver es las mismas condiciones, los mismos criterios.
Sepultados y resucitados con Él
Y entonces los voy a invitar, hermanos, si me pueden acompañar rapidísimo. Voy a tratar de leer estos —por eso no escogí tantos—, porque creo que hacen el mismo punto de lo que Pablo está diciendo aquí, ¿no? Vamos a ver Romanos 6, del 3 al 6, y la Palabra del Señor dice: "¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Porque somos sepultados juntamente con Él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva. Porque si fuimos plantados juntamente con Él en la semejanza de Su muerte, así también lo seremos en la de Su resurrección; sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado".
Entonces, ahí tenemos nuestra respuesta: ¿a qué morimos? O sea, para resucitar hay que morir. Ya nos dice Pablo… aquí está Pablo, aquí en Romanos 6, nos dice. "Tienen que morir a los rudimentos del pasado", nos dice el versículo 20 del capítulo 2 de Colosenses; nos lo dice Romanos en este capítulo 6. Y hay muchísimos, hermanos. Igual en 2 Corintios 5, que es literalmente todo el capítulo, así que no lo voy a leer.
Pero es importante que entendamos que una vez que el Evangelio entra, recibimos el Evangelio y el Espíritu Santo entra a nuestro corazón, morimos. Morimos a lo que éramos antes, morimos a una vieja forma de vivir, morimos al intento de hacer algo para salvarnos a nosotros mismos. Porque, por más que lo intentáramos, les dice Pablo: "Híjole, no se puede". Por más que nosotros queramos hacer eso, saben que no se puede.
Cristo, las primicias
Y después de eso, el segundo punto. Y creo que es bien importante que Pablo nunca deja… A pesar de que lo que sigue es "hagan esto, y esto, y esto, y esto, y también harán esto, y también hagan esto en este contexto, en el otro" —que es lo que vamos a ver de aquí al final de Colosenses—, lo que está diciendo es: sigue habiendo un fundamento principal por el cual ustedes han muerto a su vieja vida y han resucitado juntamente con Cristo, para muerte, por la muerte, a través del bautismo. ¿Por qué? Por lo que celebramos el domingo pasado: porque aquí Cristo fue las primicias. Es decir —y lo dice tal cual en 1 Corintios 15, del 20 al 24; Pablo está escribiéndoles a los corintios—, les dice que Cristo fue el primero, fue las primicias de los que se levantaron de los muertos, para que entonces nosotros podamos tener eso también.
Entonces, es bien importante, hermanos, que vayamos entendiendo estos fundamentos. ¿Por qué? Y quiero ponerme un poco en el lugar de Pablo. La razón por la que escribe esta carta, lo decíamos, es su preocupación, su amor primeramente, pero su preocupación porque hubieran dejado de entender correctamente el Evangelio, que hubieran empezado a meter todas estas cosas, todas estas acciones, todos estos ritos, incluso, y ceremonias, que se suponía que mejoraban las cosas. Y al mismo tiempo les está diciendo: "A ver, es bien importante que antes de que yo les diga las cosas que tienen que hacer, ustedes entiendan esto. Porque si no, entonces lo que yo les digo se va a convertir en lo que les dijo otro, y otro, y otro, y entonces van a querer repetir toda esta serie de reglas y cosas que hacer, como si fueran una lista que ustedes tienen que palomear". Y no, no funciona así.
¿Qué tengo que hacer?
De hecho, es muy interesante, hermanos: cuando nosotros tomamos notas de las predicaciones —no sé cómo les pasa a ustedes—, pero creo que donde nosotros normalmente, muchas veces, centramos la atención es: "Sí, qué bueno que me estás contando todo esto, pero a ver, dime qué tengo que hacer, cómo tengo que vivir, qué hago. O sea, ¿cuál es el siguiente paso?". "A ver, pastor", el video en Facebook, el artículo que leí, el devocional: "Sí, está increíble todo esto que me estás diciendo; sí lo creo con todo mi corazón, pero ¿qué sigue? ¿Qué hago? ¿Cómo se supone que viva?", ¿no? ¿Por qué? Porque parece que no encontramos un asunto práctico.
Pero aquí Pablo se quiere asegurar, para decir: "Hay algo más profundo que las acciones, y no les quiero decir todo lo que ustedes tienen que hacer antes de que entiendan esto. En serio, si no entienden esto, yo voy a ser otro tipo que les dice un montón de cosas que hacer". Pero la diferencia con lo que estaba pasando es que Pablo estaba escribiendo inspirado por el Espíritu Santo, y esto obviamente tenía el poder de transformar los corazones.
El método infalible para que tomen notas
Y leía un artículo donde justo un pastor contaba su experiencia, y justamente siento que a Pablo le podría pasar algo como eso. Dice que está platicando con su hija, su hija chiquita, y su hija le dijo: "Papá, yo te puedo dar un método que no falla para que la gente tome notas durante tus predicaciones". Pensé como: "No quiero que me diga eso, ¿no? O sea, yo quiero que me ponga atención". "Bueno, pero como es mi hija, le quiero decir que sí; a ver si me entero". Le dice: "Diles las cosas que tienen que hacer. Hazles una lista: 'Estas son las tres cosas que tienes que hacer para…'. Entonces vas a ver que la gente inmediatamente se va a sentar a escribir".
Y este pastor decía: "Sí, es cierto, ¿no?". O sea, creo que siempre nos apresuramos a hacer nuestras notas para decir: "¿Cómo se ve esto? ¿Cómo vivo?". Y entonces estamos en riesgo también nosotros, igual que los colosenses, de establecer nuestra vida sobre la base de las obras, sin la base que debe haber en nuestros corazones, que es la base del Evangelio: de saber que nuestras vidas tienen que cambiar, no por nosotros, sino por la obra del Espíritu Santo, para morir a nosotros mismos.
Morir a uno mismo
Y ya lo decía Jesús, o sea: "Si ustedes quieren seguirme, tienen que tomar su cruz, tienen que morir a sí mismos, tienen que negarse a sí mismos, y entonces seguirme". Si eso no pasa antes, entonces no hagan estas cosas, porque no les van a aprovechar de nada. Y el fundamento de esto es cómo Cristo resucitó. Entonces, si ustedes mueren en la semejanza de Su muerte y resucitan en la semejanza de Su resurrección, entonces está asegurado que ustedes vivan de esta manera, que ustedes dejen de escuchar los rudimentos de este mundo. Funciona, va a funcionar de verdad.
Y entonces van a dejar de preguntarse: "¿Qué es lo siguiente que tengo que hacer? ¿Cómo se supone que sea cristiano? ¿Cómo voy a convencer a Dios de que sí quiero ayudarlo? ¿Cómo voy a ver evidencias de mi muerte al viejo hombre? ¿Cómo voy a ver evidencias de que ya renací a una nueva vida?". La única forma es hacerlo en semejanza de Jesús: es mirar hacia allá, mirar hacia la cruz, mirar hacia la tumba vacía, y decir: "Listo, esto es en lo que yo creo". Y no importa qué tan bien o mal… sigan instrucciones. Lo único que va a pasar es que, como Dios lo ha prometido siempre en Su pacto —desde Ezequiel hasta el Nuevo Testamento—: "Voy a poner esta ley en sus corazones; ahí la voy a escribir, y entonces ustedes van a vivir de esa manera. Pues no tienen que preocuparse. Dejen de intentar tener una lista puesta ahí en sus casas. Si en el antiguo pacto yo les decía: 'Pónganlas en su puerta, pónganlas a la entrada, enséñenlas a sus hijos', es muy importante que hagan esas cosas'. Pero es importante que las hagan con la razón correcta, y eso es porque Cristo murió y porque Cristo resucitó, no porque ustedes quieran o puedan intentar hacer algo por sus propias vidas".
Una batalla de toda la vida
Así que la fuerza de voluntad no funciona aquí. La fuerza de voluntad no hizo que yo muriera a mi propio corazón. Y esto es una batalla que van a vivir toda su vida, les dice Pablo. Y aunque él es tajante, y les dice: "Si ustedes han muerto, ¿cómo viven todavía de esta manera?" —o sea, los está cuestionando—, no creo que Pablo les estuviera diciendo: "Híjole, les está quedando súper mal. Esto es magia: ustedes, en el momento en que el Espíritu Santo entra a su corazón, ya no van a pecar nunca". No, no les está diciendo eso.
Y creo que a veces tendemos nosotros también a creer eso: que la evidencia de la santificación, la evidencia del crecimiento cristiano, es que de un día para otro somos santos. Y no sucede así, hermanos. O sea, creo que es bien importante que veamos que esto va a ser un proceso. Desde que el Señor nos ayuda a morir a nuestro viejo yo, nos resucita con Su poder, con Su gracia, con Su misericordia, hasta que Él venga por nosotros, toda nuestra vida va a ser una batalla: una batalla por querer seguir reglas, una batalla por tener nuestra autojusticia, una batalla por querer decir: "Creo que soy lo suficientemente bueno como para que Dios esté en paz conmigo". Nadie lo es, nadie lo es. Y si ese es nuestro criterio, entonces siempre vamos a perder, y siempre vamos a quedar cortos de la gloria de Dios, y destituidos de la gloria de Dios.
Así que Pablo les está diciendo: "Colosenses, fíjense bien: la resurrección, la muerte de Cristo, es la base, es el fundamento por el cual ustedes pueden vivir de la manera en que deben vivir. No hay otro fundamento. Y solamente porque Jesús, haciéndose hombre, se humilló, y vivió la vida que ustedes no podían vivir, y murió la muerte que ustedes tenían que vivir, es que ustedes van a poder hacer todo lo que a continuación les voy a decir".
Entonces, esto mismo el cielo nos está diciendo: "Oye…", nos está diciendo otra vez: "Recuerden de qué se trata esto". No se trata de ser piadosos, no se trata de ser buenos, no se trata de cuántos devocionales leemos y cuántas notas hacemos. Porque, aunque esto es evidencia de que estamos pasando tiempo con Dios, la verdad es que Dios conoce nuestro corazón. La verdad es que podemos estar haciendo esto por las razones equivocadas. Y entonces es momento en el que digamos: "Señor, te voy a preguntar esto: ¿morí contigo? ¿Resucité contigo? ¿Por qué? Porque siento que no estoy haciendo estas cosas, porque siento que mi vida no está evidenciando estas cosas".
Buscad las cosas de arriba
Entonces, el criterio, creo que lo encierra muy bien Pablo aquí: si ustedes resucitaron, busquen las cosas de arriba. Y es un imperativo. Pablo no está diciendo: "Bueno, si ustedes han resucitado, puede ser que busquen las cosas de arriba; intenten buscar las de arriba". Les dice: "Búsquenlas". Es una obligación; o sea, es una orden, es una orden de Dios.
Pero ¿por qué luchamos tanto, hermanos, con buscar las cosas de arriba? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo? Estamos tan pendientes de este mundo físico, que además en realidad nuestra frustración, y nos trae dolor en nuestra enfermedad, porque estamos empeñados en hacer cosas hoy, aquí, viviendo esta vida con tanto afán y cuidando tantas cosas. Durante las oraciones, y las participaciones, los cantos de hoy en la mañana, recordábamos eso: cómo no se trata de este mundo, no se trata de esta vida. Y, sin embargo, vivimos en esta vida, y vivimos en este tiempo, y estamos en medio de una circunstancia difícil, de la misma manera que vivían los colosenses.
Los colosenses no la tenían más fácil
Los colosenses no eran ajenos a esto. O sea, nosotros podemos creer: "Bueno, como Pablo no lo menciona, pues a ellos no… seguramente Pablo les hablaba más clarito, y los colosenses iban a entender mejor, porque no tenían coronavirus". Entonces, como… a ellos, no estaban enfermos, no tenían esta cosa de estarse encerrados en sus casas. Había un montón de persecución. Nosotros estamos separados porque obedecemos a nuestras autoridades, porque tenemos conciencia de nuestros hermanos, y porque entendemos estas cosas. Ellos se escondían y se encerraban porque de otra manera iban a morir, y muchos de ellos estaban dispuestos a morir.
Entonces, es bien importante, hermanos, que no menospreciemos las condiciones en las que vivían los colosenses. Muy pocos años después iba a haber toda esta persecución; iban a quemar Jerusalén… Y quiero que piensen todo lo que estaban atravesando estas personas: personas que habían sido judías, personas que posiblemente se habían quedado sin sus familias, personas que todavía estaban luchando entre seguir las leyes del Antiguo Testamento y las del Nuevo Testamento, personas que querían vivir de cierta manera, con una exigencia imposible de cumplir a menos que hubieran muerto y resucitado.
Entonces, es muy importante, hermanos, que veamos cómo la vida para los colosenses era igual o más complicada que la vida para nosotros. Y la única razón por la que podemos buscar las cosas de arriba es porque tenemos una nueva naturaleza. Y eso es súper importante, hermanos, que entendamos esto. El cambio del corazón —y lo he dicho— no es algo fabricado, no es algo repetido, no es una rutina de ejercicio. Y si bien necesitamos pasar tiempo con Dios, y tener todas estas devociones diarias que nos ayuden a acercarnos a Dios, solo vamos a poder encontrar y buscar las cosas de arriba cuando realmente entendamos cuál es el cambio que exige Dios para nuestras vidas. Y hasta que no pasemos por la prueba de fuego, donde Dios mismo nos pruebe nuestra fe, la pase por fuego, la limpie de todas las impurezas, es que vamos a empezar a ver allá arriba.
Lo que el Señor me ha mostrado en casa
Y es difícil. Es difícil pensar, en una circunstancia como esta —lo hemos dicho domingo tras domingo desde que empezó esto—, si estamos pensando en nuestros trabajos, si estamos pensando en la crisis económica, estamos pensando en las decisiones buenas o malas, o torpes o inteligentes, de nuestro gobierno. Estamos pensando tanto en eso, estamos pasando tanto tiempo…
Y quiero compartir esto con ustedes: en estos días que estoy en mi casa, el Señor ha sido muy frontal en mostrarme cuánto hacía falta que pasara más tiempo con Él, cuánto hacía falta que pensara y replanteara cómo era mi propia vida referente a mi relación con Dios, en el tiempo que pasaba con Él. Yo podría pensar que, por estar en la iglesia, por servir en la iglesia, por hablar enfrente de la iglesia, pues todo estaba muy en orden. Y de repente, en todo este tiempo libre —porque sí tengo mucho trabajo—, de repente es como: "¿Cuánto tiempo estás pasando con Dios? ¿Cuánto tiempo te sentabas en privado, te metías a tu habitación, y oras? ¿Cuánto tiempo te ponías a leer la Palabra? ¿Cuánto tiempo estás dejando que el Espíritu Santo obre en tu propia vida?".
Y entonces estas preguntas también han sido preguntas que empecé a hacerme. Y es: ¿sí puedo haber resucitado? ¿En realidad he muerto? ¿Estoy atravesando por algo? O, más bien, no es que no necesariamente haya muerto a esto; no es que la obra de Jesús en mi corazón no tenga efecto. Más bien es: ¿estoy empezando a mirar demasiado el mundo? ¿Estoy empezando a bajar demasiado la mirada? ¿Estoy empezando a ver el terreno así, y no subo del horizonte, sino veo abajo del horizonte, y digo: "Híjole, necesito trabajar un montón", y "sí estoy proveyendo para mi familia", y "sí, gracias a Dios, porque…"?
Y piensen, piensen en esto: piensen en cómo oran, en cómo oraban tal vez, cuáles son sus peticiones. ¿Están orando porque Dios los proteja, proteja a su familia? ¿Están orando porque Dios conserve su trabajo? ¿Están orando porque Dios haga tal o cual cosa? ¿O están orando con la intención…? Y no es que no podamos acercarnos como hijos a pedirle a Dios; solo que Dios, en todo Su derecho, por ser Dios, tiene el derecho para decir… Pues sí, me acordaba de este versículo donde dice que qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles. Y si tiene que interceder de esa manera, es porque no sabemos pedir como conviene: pedimos por las cosas de este mundo.
¿Dónde está nuestra mirada?
Entonces, me confrontaban estos cuatro versículos. Se decía: "Tal vez estás concentrándote mucho en este mundo. Tal vez el tiempo que estás pasando en estas cosas en tu casa…". Viendo, agradeciendo por la comida, por la provisión, por poder… por estar seguro, por poder ir al doctor; porque tu hija está bien, porque no se ha enfermado, porque está creciendo y ganando peso. Y no es que no podamos orar por esas cosas; pero si el mayor porcentaje de esas oraciones está en función de las cosas que pasan en este mundo, entonces tenemos que replantearnos, hermanos.
Y creo que es lo que Pablo les está diciendo a los colosenses. No es que no hagan estas cosas, no es que no se preocupen, no es que no se cuiden; pero tienen que pensar que la mayor parte de su tiempo tiene que estar en función de reconocer la obra de Cristo: Su muerte, Su resurrección, Su ascensión, el hecho de que Él prometió estar allá arriba cuidando, intercediendo, abogando. Entonces, si tienen esta seguridad allá arriba, entonces ¿por qué miran tanto aquí abajo? ¿Qué hay tan atractivo en este mundo? Y voy a decir… creo que sería mentiroso decir que el mundo —y lo he dicho en otras ocasiones— no es atractivo. El mundo es atractivo, por eso. Y el mundo brilla, y por eso esas cosas atraen nuestra atención.
Los bebés y las lucecitas
Y voy a hacer… perdón que haga tantas cosas, pero he leído mucho sobre bebés últimamente. Pero hay un momento en el que los bebés empiezan a distraerse muchísimo, y dejan de comer incluso, porque están distraídos con los colores, con las luces y todo. Y entonces, ¿qué es más importante: las luces, ver un foco así, nada más viendo, sin sentido, ahí —porque quién sabe qué piensa mi hija mientras ve eso—, o comer? No lo pongo en términos… creo que tiene más sentido comer: si no come, se muere; si deja de ver el foco, se puede enojar, pero nada más.
Lo mismo pasa… es un ejemplo súper burdo, pero lo mismo pasa: nos distrae. Si nosotros estamos viendo males menores, si estamos atraídos por las lucecitas de este mundo, por los espejitos de este mundo, y dejamos de ver la luz cegadora de la gloria de Dios, es lo que va a pasar: vamos a estar ahí, y entonces vamos a dejar de comer. Y si dejamos de comer, nos vamos a morir. Pero nos vamos a morir de la manera en la que establece la Palabra que debemos morir: nos vamos a morir sin Dios. Y eso tiene consecuencias, consecuencias bien profundas, consecuencias que no se arreglan con buena conducta o buenas intenciones.
¿Estoy dispuesto a morir con Él?
Entonces, hermanos, es muy importante que entendamos que las obras son evidencia del cambio que ha habido en nuestro corazón. Y la pregunta no es: "¿Estoy actuando bien? ¿Estoy obedeciendo lo que dice la Palabra?". La pregunta es: "¿Estoy amando tanto a Dios que estoy dispuesto a morir con Él? ¿Que estoy dispuesto a renunciar a mi existencia, a mis deseos? ¿Estoy dispuesto a dejar de mirar estas luces que tengo aquí enfrente, y que sí me atraen? ¿Estoy dispuesto a dejar que Dios haga eso?". Porque es bien importante: la nueva naturaleza no es algo que proveemos una vez que decimos: "Sí, yo acepto a Jesús". La nueva naturaleza nos es entregada por Jesús también. Entonces, dependemos completamente de Dios; dependemos completamente de Jesús para vivir de esta manera.
Entonces, pregúntense, hermanos, en estos momentos que están pasando: ¿cómo oran? ¿Dónde está su mirada? Piensen. Y también este mismo predicador que les comentaba hace rato, de lo que decía su hija de cómo tomar notas, también decía: la pregunta es, cuando ustedes no están pensando en nada en particular —o sea, no están trabajando, no están haciendo una tarea que requiera concentración—, ¿a dónde va su mente? ¿A dónde va su mente? ¿En qué están pensando? Porque creo que a todos nos pasa de repente que nos quedamos así: "¿En qué estás pensando?". "En nada, me quedé pensando". Y de repente esta respuesta es: ¿a dónde nos lleva?
A dónde se va mi mente
Yo les puedo confesar —y es importante que lo hagamos como iglesia—, creo que a veces es como: "¿Cómo le voy a hacer? Si tengo que salir… si tengo que salir, entonces es el tapabocas, pero aparte llevar esto, y posiblemente voy a estar haciendo estas otras cosas". O estoy pensando: "Híjole, es que si salgo, tengo que regresar, y me voy a meter a bañar cuando llegue, y voy a dejar las cajas afuera, y mis zapatos, y todo". O sea, estoy posiblemente demasiado preocupado por lo que está pasando, por contagiar a mi hija y a mi esposa. Y no es que eso esté mal. Pero si ese es el primer lugar al que yo voy, si el primer lugar al que yo me dirijo cuando no estoy pensando nada en particular es hacia las cosas de este mundo, entonces tengo que cuestionarme si he muerto y he resucitado; cuestionarme si la relación con Dios a través del Espíritu Santo en realidad está surtiendo efecto en mi corazón, o tengo la mirada demasiado dentro.
¿Estoy pensando en que me voy a quedar sin dinero, en que me van a correr, en que estoy pagando un departamento, y no sé, la renta de un departamento, y que tengo que hacer el súper? ¿No estoy pensando en: "¡Oh, qué bendición tengo, porque Dios me ha provisto de todo!"? Incluso esas cosas pueden ser tentadoras; es decir, que yo lo adoro por las cosas que me da, y no por las cosas que es. Entonces, pregúntense eso. Pregúntense —creo que es un buen ejercicio—, cuando su mente está distraída, cuando están pensando, ¿en qué piensan? Si están pensando en las cosas de este mundo, entonces acerquémonos a Dios y digamos: "Señor, estoy pensando demasiado; estoy siendo atraído solo por las luces de este mundo, y quiero buscar las cosas que están arriba".
Buscad primeramente el reino
Y Jesús lo dijo: "¿Por qué se preocupan por todas esas cosas? Y ustedes buscan primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todo lo demás va a venir por añadidura". Y "todo" es todo; no es "bueno, pues estas cosas", y no hay nada más un aspecto espiritual. Dios provee todo. Entonces, ¿por qué, si el mismo Jesús dijo esto, y ahorita Dios nos está hablando a través de Su Palabra, por qué seguimos pensando en esto? Y otra vez les dice: "Si han muerto, ¿por qué viven en el mundo y se someten a preceptos como estos?".
¿Por qué siguen pensando: "Tengo que trabajar mucho para conservar mi trabajo; tengo que hacer esto para hacer esta otra cosa; tengo que taparme muchísimo, y usar cosas irreales, y casi llenarme de alcohol y de gel antibacterial, porque si no, esto no se va a ir; y tengo miedo, porque pedí el súper, y en el súper no había jabón, ¿ahora qué voy a hacer?"? Y estoy pensando en estas cosas todo el tiempo. Si estoy pensando en cuánto tiempo voy a estar encerrado en mi casa, si estoy pensando en eso… Y Dios tiene cuidado de esas cosas, pero no pueden ser el punto inicial de nuestra búsqueda de Dios, sino el cambio de vida que Dios está ejerciendo en nuestro propio corazón.
Ya no vivo yo
Y aquí está Pablo mismo; lo dice en Gálatas, dice: "Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que murió… que se sacrificó por mí". Entonces, Pablo mismo decía: "Yo vivo esto". Y dice: "lo que ahora vivo en la carne".
O sea, que no está diciendo: "Estoy ausente de este mundo". No: seguimos viviendo aquí, y estamos enfrentándonos a todas estas cosas todo el tiempo. "Pero ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; pues ahora lo vivo en la fe del Hijo de Dios, quien se entregó a sí mismo por mí". Lo vivo en esa fe, en esa certeza, en esa confianza, y eso es lo que debería de darme fuerza para hacer estas cosas.
Escondidos con Cristo en Dios
Y después, cuando dice: "Ustedes están muertos, y su vida está escondida con Cristo en Dios"… Y aquí es donde, si se dieron cuenta, estaba al principio de la transmisión así el nombre de esta predicación: "Escondidos con Cristo". ¿Y por qué es? Porque creo que en medio de esta preparación de Pablo a los colosenses, Pablo les está diciendo: "Sí, los voy a regañar, y sí les voy a decir que tienen que hacer un montón de cosas que no están haciendo; pero ya les dije: los amo, los amo en el amor del Señor, y el Señor los ama más todavía. Entonces, quiero darles aliento, quiero darles paz. O sea, no solo quiero regañarlos". Recuerden, está escribiendo una carta; entonces, en esta carta hay toda una serie de sentimientos e intenciones.
Así que creo que aquí Pablo les está diciendo a los colosenses: "Si esto es cierto, ustedes tienen una seguridad que no tiene nadie más, y es que su vida está escondida con Cristo en Dios". Y otra vez voy a las conjunciones: no dice "han muerto y su vida está escondida con Cristo", pues; es decir, que junto con Cristo, en Dios. Entonces, quiero detenerme aquí, porque creo que este es el fundamento de lo que Pablo está diciendo, porque es el fundamento de toda la vida cristiana, hermanos: solo estamos escondidos con Cristo, es decir, a través de la obra del Verbo, de Jesús, en Dios, bajo Sus alas.
El efecto de la obra de Jesús: llevarnos a Dios
Entonces, quiero que piensen otra vez en el fundamento. Y otra vez, el fundamento: si tuviéramos que preguntarnos una cosa, ¿qué hizo Jesús? ¿Qué hizo Jesús? ¿Cuál es el efecto de la obra de Jesús, de Su muerte, de Su resurrección, de Su ascensión y de Su gloria venidera? ¿Cuál es el propósito del Evangelio en la vida de los hombres? Dice que Jesús vino y se manifestó para traernos a Dios. Quiero que recuerden también en Juan 17, cuando Jesús está orando por Sus discípulos, al final le dice… le dice: "Padre, todos los que me diste los he guardado; he cumplido la obra".
Entonces, lo que estaba haciendo Jesús, el efecto más importante… el efecto, estoy diciendo, no la razón. La razón por la cual Jesús hizo esto es por Su propia gloria y por Su propio nombre, porque eso era lo que Dios quería hacer desde el principio, desde la eternidad y hasta la eternidad; ese fue Su plan. Pero ¿cuál es el efecto más grande? Es reconciliarnos con Dios. El efecto más grande de la obra de Jesucristo es llevarnos a Dios, es guardarnos para Dios, es escondernos para Dios.
Y es bien importante, hermanos; quiero regresar a Juan 1, cuando habla de la manifestación del Verbo, ¿no? Dice que "el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como el unigénito del Padre", del Unigénito del Padre, "lleno de gracia… y de verdad". Y en Juan declara esto; dice que "a los suyos vino, mas los suyos no le recibieron. Para los que le recibieron, a los que creen en Su nombre, les dio la potestad de ser hechos hijos de Dios". Ahí está todo. Eso es absolutamente todo lo que necesitamos creer, hermanos.
¿Cómo vamos a buscar las cosas de arriba? ¿Cómo vamos a asegurarnos de haber muerto y resucitado? Sabiendo que la razón… el efecto principal de la obra de Jesús, el efecto principal del Evangelio, es que Jesús nos llevara a Dios. No teníamos nosotros, como gentiles, como gente que no era parte del pueblo escogido de Dios, del pueblo de Israel, en el antiguo pacto, no tenemos ninguna oportunidad, ninguna. No importa cómo nos hubiéramos comportado, no importa qué hubiéramos intentado hacer: no había una sola oportunidad, ínfima, de ser reconciliados con Dios. La única forma es que se hubiera pagado el precio por el pecado, que fue la muerte, la muerte de Jesús en la cruz.
Pero, al mismo tiempo, eso hubiera quedado sin efecto si Jesús no hubiera resucitado. Dice que si Jesús no hubiera resucitado, vana es nuestra fe, vana es nuestra predicación. Entonces, esas dos cosas en Jesús son la fuente, el fundamento de donde proviene todo lo que creemos, hermanos. Así que la única manera en la que podemos regresar y mirar las cosas de arriba, la única manera en la que podemos vivir de la manera en que Cristo quiere que vivamos, y exige que vivamos, es creer esto: creer que el efecto principal por el cual Jesús hizo todo lo que hizo es traernos a Dios.
Uno, dos, tres por mí y por todos mis amigos
Así que creo que esto es asombrosamente importante, hermanos, porque quiero que piensen en esto. Y es algo que estaba pensando: cuando era niño, hicimos algo alguna vez, ¿no?, jugábamos a las escondidillas. Y siempre había alguien —un primo, un hermano mayor, un amigo, una amiga—, siempre había alguien que tenía el mejor escondite. Y entonces, claro, querías ser amigo de ese, el que iba corriendo después y decía: "¡Uno, dos, tres por mí y por todos mis amigos!". Y mejor, porque esa era la única manera: todos los que seguían escondidos estaban salvados, ya no podían ser atrapados en la cárcel que estaba por ahí; ya no perdían, pues, el juego.
Entonces, voy a pensar en esto —otra vez, un ejemplo súper burdo de lo que está pasando aquí a un nivel cósmico, ¿no?—. Pero ¿qué hizo Jesús al entregar Su vida, al vivir esta vida, al dejarnos todas estas cosas, al darnos ejemplo, al morir en la cruz por nosotros, al resucitar al tercer día, al estar hoy sentado a la diestra del Padre preparándonos un lugar? ¿Qué hizo? Hizo eso. O sea, imagínense: Jesús es este amigo, hermano mayor, que nos toma en Sus manos y nos dice: "Vengan, yo tengo el mejor escondite". ¿Y el mejor escondite cuál es? Dios.
Y esto conmueve mucho mi corazón, porque quiero que piensen: si Dios es el Rey del universo, y Jesús nos está llevando allá, ¿por qué nos empeñamos en poner nuestra confianza, o escondernos, en otros lugares? ¿Por qué nos escondemos en el dinero, o en el trabajo? ¿Por qué nos escondemos en estas cosas que van a desaparecer? Y cuando podemos ver esta diferencia infinita entre los escondites que buscamos y el escondite que tenemos en Dios, parece tonto, parece tonto, en serio. Y, sin embargo, lo hacemos.
El mejor escondite
Esto nos invita, hermanos, de la misma manera que Pablo está invitando a los colosenses; está diciendo: "Escóndanse; escóndanse con Cristo en Dios. Si esto en realidad es verdad en sus propios corazones, no tienen que hacer nada de esto, no tienen que preocuparse por nada de esto. No importa qué venga a su vida, no importa lo difícil, oscuro, que parezca el panorama: están escondidos con la mejor persona, en el mejor lugar. En serio, ¿se van a ir con el que pierde siempre? En serio, ¿se iban a ir ustedes a esconder con el que no puede ayudarles? Nada de lo que está enfrente de ustedes puede ayudarles".
Solo Cristo, en Su obra completa y consumada, nos llevará a Dios. Y eso fue lo que hizo al rasgar el velo, al reconciliarnos, al hacernos parte de Su familia. La Palabra dice —y Pablo lo decía—, dice que somos herederos de Dios y coherederos con Cristo. Eso quiere decir que todas las promesas que se han entregado en el nombre de Cristo son realidad para nosotros. Así que no tendremos que estar temerosos por nada, por nada de este mundo, si estamos escondidos con Cristo —nuestro mejor amigo, nuestro Rey, nuestro hermano— en Dios, bajo Sus alas.
Y de verdad, creo que es buenísimo que todos los días meditemos. Ya por ahí tenemos estos recursos, como este devocional de "Nada me faltará"; leemos los Salmos. Hay tanta esperanza pero al mismo tiempo tanta realidad, de personas que escribieron angustiosamente esto, diciendo: "¿Hasta cuándo, Señor? Necesito que me escuches", o "Tengo miedo". Y el Señor siempre da lo mismo: "Aquí está mi paz, aquí está la solución: escóndanse bajo mis alas. Solo ahí van a estar seguros".
Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste
Y ahora, cuando hablemos de estar seguros, ¿para qué esta seguridad? Ya toqué esto un poco en el versículo 4, y con el análisis de este versículo vamos a terminar el día de hoy. Dice: "Cuando Cristo, vuestra vida" —que en otras traducciones dice "cuando Cristo, que les da vida"— "se manifieste", es decir, cuando Él venga, entonces ustedes también van a ser manifestados con Él en gloria.
Y leía sobre esta declaración de Pablo a los colosenses, esta declaración de Dios en Su Palabra para nosotros, que los primeros reformadores, grandes puritanos —ellos eran súper duros con estas cosas, ¿no?, mucho más… mucho menos laxos de lo que somos nosotros—, se dice que ellos creían firmemente que es como si Jesús dijera: "Padre, yo voy a estar contigo, porque eso es lo que siempre ha sido el plan: estar contigo, retomar mi trono, estar sentado a Tu diestra, aguardando y preparando este lugar, para que cuando yo regrese, pues yo juzgue a la tierra, y tome a los míos, a los que Tú me diste, a los que guardé, a los que han de creer en Tu nombre por causa de los apóstoles, del Evangelio; y rechace a todos los que no son Tus hijos por mi obra".
Pero los primeros reformadores decían algo más fuerte, ¿no? Decían que Jesús le decía a Su Padre: "Señor, Padre mío, yo no me voy a manifestar, yo no voy a regresar si ellos no vienen conmigo, si ellos no están conmigo". Ahora, esto no está hablando de nuestra reputación, y de que Dios no pudiera vivir sin nosotros en el cielo; es que Dios quiere, Jesús quiere, que vivamos con Él en el cielo, intencionalmente. Cuando a los apóstoles —y recuerden— les está diciendo: "Oigan, ya me tengo que ir; pronto me voy a ir; y ahorita me ven, y después no me van a ver", ¿no?, les dice: "Pero no se preocupen: en la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho. Voy, pues, a preparar lugar para ustedes, para que donde yo voy a estar, ustedes también estén".
El ya, pero todavía no
Entonces, hay dos dimensiones, hermanos, en las que esto es cierto. Y ya se los he comentado, ¿no?, y por ahí también lo han mencionado: estamos en la época, en los días, en la era del "ya, pero todavía no" respecto a nuestra redención, respecto a nuestra glorificación en Él. ¿Ya por qué? Porque Cristo ya murió, porque Cristo ya resucitó, porque la obra… el efecto de esa obra ya actúa en nosotros. Y aquí lo dice: ya ustedes, por la muerte, por el bautismo, ya murieron a su viejo hombre, y están revestidos del nuevo hombre; ya han resucitado en semejanza de Cristo.
Entonces, eso ya está sucediendo, y ustedes pueden vivir, todavía no completamente, todavía veladamente, de la manera que ustedes se supone que deberían de vivir, la manera en que Dios lo planeó, de la manera en que Dios lo hizo al principio de los tiempos con Adán y Eva. Entonces, ese es el "ya": podemos estar seguros hoy, y durante toda nuestra vida, hasta que Dios lo decida, o hasta que Él decida regresar a manifestarse en gloria. Estamos escondidos con Cristo en Dios; ahorita estamos seguros, hermanos, si el fundamento de nuestra vida es la obra del Evangelio.
Romanos 8: la creación gime
Pero también —y esto lo está diciendo—, quiero que leamos… seguros en el "ya", o sea, ahorita. Leamos Romanos 8:18. Y creo que conocemos todo eso, pero normalmente nos vamos más hacia el final; pero es muy claro en esto. Dice Romanos 8, del 18 al 25:
"Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse. Porque el anhelo ardiente de la creación es el aguardar la manifestación de los hijos de Dios. Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora; y no solo ella, sino que también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esperanza fuimos salvos; pero la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo? Pero si esperamos lo que no vemos, con paciencia lo aguardamos. Y de igual manera el Espíritu nos ayuda a nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles". Ya se los había dicho eso.
Tenemos un solo enemigo
Pero ahorita, hermanos, esto es verdad para nosotros: todo esto que pasa, esta enfermedad terrible. Podemos pensar y tener todas las teorías que queramos: que son los gobiernos, que si las políticas de China, Estados Unidos y Rusia, que si es el valor del petróleo, que si es querer acabar con la población de gente mayor; pongan el nombre que quieran, hermanos. Pero la verdad es que no importa. La verdad es que eso no importa, porque, por la razón que sea, las intenciones de los hombres que sean, si es solamente un problema, de verdad, de un virus que sucede y simplemente muta de esa manera, todo es causa del pecado. Todo se reduce a eso. Las manifestaciones biológicas se reducen al pecado; las manifestaciones políticas se reducen al pecado, al egoísmo; las manifestaciones económicas se reducen al pecado.
Tenemos un solo enemigo, tenemos un solo problema, y tenemos una sola solución. Entonces, otra vez, ¿por qué buscamos las cosas de abajo, de esta tierra? ¿Por qué no buscamos las cosas de arriba, donde estamos escondidos con Cristo en Dios, donde nada de estas cosas pueden afectarnos ya? Porque, como dice Romanos 8:1, "no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús". Ninguna: ni la enfermedad, ni la falta de dinero, ni la falta de trabajo. Entonces, Dios está dándonos esperanza; Dios está dando esperanza a los colosenses, independientemente de sus condiciones específicas. Así que podemos descansar en eso.
Dios no tiene que justificarse
Ahorita, ahorita, cuando decimos: "Sí…", y también lo que leíamos en Romanos 8, que aguardamos con esperanza, pero dice: "la esperanza que se ve, no es esperanza". Si yo ahorita les arreglara todo, pues ustedes dejarían tal vez de tener esperanza. ¿Por qué Dios parece estarse tardando tanto en arreglar esto? ¿Por qué? Porque, aunque nosotros anhelamos estar aquí en Su casa —y creo que es un anhelo santo—, estar otra vez en comunión… Porque nosotros defendemos… queremos ponernos en el lugar de Dios y decir: "Yo defiendo las causas de Dios". A ver: Dios puede defenderse a sí mismo, y, de hecho, no necesita defenderse. Dios es Dios, y lo que ha hecho y lo que Él es, es suficiente fundamento como para que no tenga que justificarse ante nadie.
Y tú y yo tendríamos que ser Dios para decir: "Ah, claro, yo entiendo lo que Dios está haciendo". No; nadie entiende lo que Dios está haciendo ahorita. Solo sabemos que, al final de esto, dure lo que dure, Él se llevará toda la gloria, y Su nombre seguirá siendo Su nombre, y Su reputación va a ser la misma que fue desde la eternidad y hasta la eternidad. Entonces, ¿por qué luchar con Dios? ¿Por qué luchar con tratar de entender algo que no entendemos? ¿Por qué vivir tratando de ver qué sucede, tratando de descifrar los misterios de este mundo? Y de verdad, creo que es muy importante que la gente siga buscando vacunas, y siga viendo, y se siga cuidando, y nosotros estando preocupados e intercediendo por esas personas.
Pero ese no puede ser nuestro punto principal; no debe ser nuestro punto principal. Porque si, pues, hemos resucitado, entonces vamos a buscar las cosas de arriba; si hemos muerto, entonces nuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
El todavía no: cielos nuevos y tierra nueva
Y esto tiene un reflejo también, hermanos, en el "todavía no", pues justamente como aguardamos con esperanza la venida de nuestro Señor Jesucristo, la redención de nuestro cuerpo, cuando todo esto se acabe otra vez, cuando no haya más tristeza ni dolor, cuando la tierra sea nueva. Es muy chistoso: yo leo comentarios de la gente que dice: "Claro, cada tantos años", decían los antiguos, nuestros ancestros —no sé cuáles—. Pero decía una persona ya que la tierra necesita un descanso, y entonces regresará renovada otra vez. Y aunque vemos animales en las ciudades y todo eso, por la poca intervención de los humanos también, creo que es una esperanza bien pobre, porque la tierra no se va a sanar a sí misma.
Creo que nuestra esperanza es mayor. Es decir, ¿por qué estoy esperando que haya una nueva tierra renovada, si el pecado va a continuar en esta tierra, y entonces la vamos a arruinar otra vez? Eso se los puedo asegurar, de verdad. Y puede parecer pesimista, pero no, porque, de verdad, si nuestras miradas están puestas en Jesús, si estamos escondidos con Cristo en Dios, entonces podemos estar completamente seguros de que en el momento en que Jesús lo decida —y ese será el mejor momento; puede ser que muramos antes, puede ser que el Señor se manifieste antes; en realidad no importa cuándo esto suceda—, vamos a tener cielos nuevos y tierra nueva.
Pero la verdadera, la definitiva, la verdadera; no otra tierra que esté sujeta otra vez al pecado, no otra sujeta a donde otra vez intenciones políticas, económicas, egoísmo, gobiernos corruptos, enfermedad, hambre, todas esas cosas van a seguir presentes, aunque ahorita mejore, aunque la capa de ozono se cierre, todas las cosas… Dios lo está permitiendo. Pero la esperanza real del cristiano, que ha muerto a su vida gracias a la muerte de Jesús, y ha resucitado en semejanza de la resurrección de Jesús: aguardamos de verdad la manifestación gloriosa de Jesús, y estamos tranquilos, y estamos seguros con Cristo en Dios, en la manifestación futura.
Dios se manifiesta en gente como nosotros
Porque creo que lo que vamos a ver el próximo domingo es sobre cómo debemos vivir. Y cuando nos asustemos y nos preguntemos: "Híjole, ¿soy de verdad cristiano? O sea, en verdad esto está tomando mucho tiempo y mucho esfuerzo, y no está cambiando nada, y yo quisiera que fuera más rápido. ¿No quiere Dios que sea santo? ¿No quiere que de verdad seamos la luz del mundo y la sal de la tierra de la manera perfecta?". No. De hecho, Dios quiere manifestarse en personas terribles como nosotros, y equivocadas. Porque la única diferencia que tenemos con el mundo no es quiénes somos, sino qué vemos.
Y eso es súper importante, hermanos: ¿dónde está nuestra mirada? Si nos miramos a nosotros, estamos perdidos; si miramos a Jesús, estamos salvados. Así que en esa esperanza, hermanos, podemos decir: "Mi vida está mal, y voy a pasar por baches, y el pecado sigue tomando…, y de repente mi mente se va, y sí estoy pensando, Señor, en este mundo. ¿Dónde esconderme? El lugar más seguro. Y déjame estar de verdad tan confiado en que cuando Tú vengas —si Tú me has escogido, si Tú, Señor, terminaste mi redención, has salvado mi corazón, si has hecho que yo muera a mi propio pecado, si me dejas mirarte a Ti—, pues yo estoy seguro de que cuando todo esto termine, cuando Tú regreses, voy a estar en una de esas moradas".
"Cuando Tú regreses, no solo voy a anhelar estar allá, y aguardo con esperanza ese momento porque ya no va a haber más tristeza ni más dolor; aguardo más porque por fin el lugar, el escondite donde estoy puesto, lo voy a ver de frente, y voy a estar allí seguro por toda la eternidad".
Seguros por Su obra
Así que en esta humanidad, hermanos, en esta tierra, ustedes están seguros, si el Evangelio ha hecho… si las buenas noticias han cambiado su corazón, y ahora son nuevas criaturas, que lo que ahora viven en la carne lo viven en la fe del Hijo de Dios. Y ustedes están seguros, hermanos, que, sea como sea, aunque ustedes se vean y digan: "No puedo creer que Dios salve a esta persona; no creo que Dios me salve a mí; no creo que Dios aguante todas estas cosas". No solo Dios no se sorprende, sino que Dios se goza, porque sabe que va a traer más gloria al decir: "Por mi obra, por mi sacrificio, por mi reino, por estar hoy allá arriba, sentado a la diestra de Dios, es que ustedes están seguros. Nada de lo que ustedes hagan, nada de sus esfuerzos, los rudimentos de esta tierra, nada de lo que ustedes puedan ver en este mundo los va a salvar; solo yo".
Y eso es lo que más gloria le va a dar a Dios: ver cómo gente imposible de salvar es salvada, cómo gente imposible de cambiar es cambiada, cómo gente imposible de que tenga una vida digna de Dios es digna, por la obra de Jesucristo. Y para terminar, hermanos, con esta frase, y decía: el Rey Jesús, por Su propio nombre y por Su propia gloria, para asegurarse de que estemos con Él para siempre.
Lo que viene
Así que quiero que esto nos prepare, hermanos, para enfrentar lo que sigue en nuestras vidas, pero lo que sigue en Colosenses. En Colosenses, ahora las cosas se ponen más difíciles. Pablo salta y les dice a los colosenses: "¿Ya entendieron esto? ¿Ya tienen este criterio por el cual deberían de vivir así? Ahí vienen estos imperativos, se vienen estas órdenes, y no son negociables". No me pueden llegar y decir: "Híjole, es que yo no puedo"; "No, es que eso sí está muy difícil hoy"; "Es que la gente es así", o "la gente es de otro modo"; "Es que yo quisiera, pero mira…". "Pero sí, la carne es débil". Sí, la carne es débil, pero el Espíritu es más fuerte. Entonces, prepárense, hermanos, porque el próximo domingo Dios, a través de Pablo, va a confrontarnos con una vida imposible de vivir si no estamos con Cristo.
Oración final
Señor y Padre celestial, te damos tantas gracias, Señor, porque nos enseñas a través de Tu Palabra cuál es la esperanza que tenemos. Y nuestra esperanza no está en una cosa que sucede en este mundo; pero tampoco ninguna condenación hay en este mundo, Señor, que deba afligirnos, porque has determinado que a través de Tu Hijo Jesús todo esto cambie; que la oportunidad que tenemos ahora de vivir una nueva vida, habiendo resucitado, cambiando los rudimentos de este mundo, quitando la esperanza, Señor, en lo que pasa en esta tierra; midiendo nuestra vida no contra nosotros mismos, no contra nuestras buenas obras, no contra nuestras buenas intenciones, sino contra el ejemplo perfecto de Jesús, de Su obra redentora.
Y gracias porque no nos dejas este trabajo a nosotros, porque sería imposible de cumplir. Gracias porque, a través de lo que hiciste, a través del Espíritu Santo, que convence nuestra vida de pecado, Tú escribes Tu ley en nuestros corazones. Y entonces no nos esforzamos por vivir de una manera; nos esforzamos por ser cristianos, nos esforzamos por seguirte y mirarte. No tenemos otro lugar a cuál mirar. Decían, Señor, Tus discípulos: "¿A quién iremos? Solo Tú tienes palabras de vida eterna". Y confiamos en eso. Déjanos repetir eso día y noche, Señor. Déjanos recurrir cuando más miedo tengamos, cuando incluso el miedo de nuestra propia salvación esté en juego, Señor; cuando creamos que no hemos cambiado lo suficiente, déjanos mirarte a Ti.
Déjanos ser deslumbrados por Tu gloria y Tu poder, el poder, Señor, de Dios, que te levantó de los muertos y que ahora te tiene sentado a la diestra del Padre, preparándonos un lugar, donde todo será redimido una vez que te manifiestes. Gracias, gracias porque abriste camino al Padre, Jesús. Gracias porque hoy estamos escondidos bajo las alas de Dios, porque nos llevaste a Dios; porque, siendo imposible que nosotros fuéramos salvos, ahora somos salvos por Tu nombre y por Tu gracia. Te pedimos que fortalezcas nuestras vidas, y que, sin importar lo que pase ahorita, sin importar lo que digan las noticias, sin importar todo lo que parezca estarse volviendo un problema, en profundo misterio y oscuridad, solo veremos Tu luz, y en esa luz descansaremos. Te pedimos ahora, Señor, que afirmes estas palabras en nosotros, que afirmes nuestros corazones, que afirmes a Tu iglesia, Señor. Te damos tantas gracias, y ponemos nuestras vidas en Tus manos, aguardando, Señor, lo que Tú tengas para nosotros. En Tus manos estamos; en Ti confiamos, Señor. Amén.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →