Vestidos de amor
¿Qué significa vestirse de amor y por qué no basta con cumplir una lista de reglas? En Colosenses 3, Pablo confronta a una iglesia obsesionada con hacer méritos y le muestra que el evangelio cambia el carácter, no solo la conducta. El mensaje llama a dejar la vieja vestimenta, a buscar la paz y a no excluir a nadie del cuerpo.
Transcripción
Desde nuestras casas
Buenos días, hermanos. Como nuestro pastor nos comentó en una publicación en la página de la iglesia —y nada más como aclaración—, hemos decidido como consejo, atendiendo las indicaciones también del gobierno, pues estar ahora desde nuestras casas, hermanos. Y una de las cosas que es importante, y de las que platicábamos, es que una de las cosas que tiene que lograr este momento es que anhelemos con todo nuestro corazón volver a estar reunidos. Que no hay una razón, hermanos, por la cual deberíamos estar más preocupados o más tristes y ansiosos porque, pues, por ahora no estemos reuniéndonos.
Estamos haciendo un sacrificio por ahora, pero estamos logrando, hermanos, que podamos ser congruentes con lo que estamos diciendo, con atender a nuestras autoridades. Pero sobre todo, hermanos, tenemos esta oportunidad de estar reunidos a través de estos medios, en nuestras casas, con nuestras familias. Así que aprovechemos esto, hermanos, y veamos que este es un momento… Si hay algo en su corazón, si de repente siente tristeza, o siente que a lo mejor… no está pasando nada más que lo que Dios quiera que pase. Y lo que está pasando, hermanos, va a ser de gloria y honra al final para nuestro Dios. Y esto está también sirviendo, hermanos, para que nosotros aprovechemos la oportunidad de ser sal y luz, como nos llama nuestro Señor en Su Palabra.
Oración inicial
Así que quisiera que hiciéramos una oración antes de empezar, como practicamos. Hemos estado viendo y estudiando el libro de Colosenses, la carta de Pablo a los Colosenses. Estamos en el capítulo 3; el domingo pasado revisamos los versículos 1 al 4, y vamos a empezar del 5 al 12. Y antes de comenzar, quiero orar para que podamos poner en las manos de Dios este momento, esta circunstancia, que está poniendo también difíciles las cosas de repente para Su iglesia, para Sus iglesias en todo el mundo; pero que también el Señor afirme nuestros corazones, y que el día de hoy podamos encontrar paz y consuelo en lo que el Señor está haciendo.
Padre celestial, te damos tantas gracias, Señor, por la oportunidad nuevamente de estar reunidos, Señor, como Tu iglesia. Gracias porque no solo se está alcanzando, Señor, a personas que son parte de nuestra iglesia local, sino también otras personas están escuchando. Señor, permite que más y más, Señor, encuentren paz en Ti, Señor; que encuentren gozo en lo que Tú estás haciendo, Señor. Aunque no lo entendamos del todo, tenemos la esperanza, el gozo, Señor, y aguardamos con muchísimas ansias, Señor, pero con muchísima esperanza y fe, Señor, el momento en el que Tú has de traernos nuevamente a Tu casa, Señor.
Pero permite que justamente eso nos permita, Señor, anhelar como nunca antes, Señor, los atrios de Tu casa, Señor. Como dice el salmista, es preferible, Señor, pasar un día, Señor, en Tus atrios, que mil fuera de ellos, Señor. Y queremos habitar, Señor, en Tu casa; queremos estar nuevamente con nuestros hermanos. Anima nuestro corazón, oh Señor. Y el día de hoy te pedimos que Tú hables, Señor, a las personas que vean esta transmisión, Señor, que escuchen este mensaje, porque Tú estás preparando nuestros corazones. Tú nos estás enseñando, como hiciste con los colosenses, Señor, lo que Tú esperas de todas estas personas que han sido redimidas por Tu sangre y Tu sacrificio. En Tus manos está nuestra vida; en Tus manos están estas palabras que han de ser escuchadas, Señor. Que sean de edificación y crecimiento para Tu iglesia. Todo lo pedimos y ponemos en Tus manos, Padre. Amén.
Dónde nos quedamos
Así que, hermanos, como platicábamos, estamos revisando el libro a los Colosenses; estamos en el 3. Y ahorita les voy a pedir que me acompañen a leer los versículos, como les decía, del 5 al 12. Y como les comentaba el domingo pasado —y lo recuerdo para aquellos que tal vez no estaban con nosotros—, algo que está pasando es que Pablo en este momento está llegando a la mitad de su carta. Y la mitad en términos generales, porque tampoco es que esté específicamente a la mitad; la vemos a la mitad del número de capítulos. Pero, como recordamos, los primeros escritos y estas cartas pues estaban de corrido, ¿no? Entonces no funcionaban de la misma manera que vemos nosotros ahorita las cosas.
Y se vuelve muy interesante, hermanos, porque, como decíamos la vez pasada, algo que había estado pasando, y el verdadero problema de los colosenses, era que habían crecido en fe, era una iglesia establecida; sin embargo, lo que estaba pasando es que estaban dejando que otras voces allá afuera estuvieran diciéndoles cosas, diciendo cosas como: "Jesús está bien, pero la verdad es que ustedes podrían estar siendo algo… podrían ayudarle un poco a Jesús…" a que todas las que estuvieran haciendo… Y Pablo les dice: "Ok, ahí hay buena conciencia en eso; sin embargo, eso no va a cambiar absolutamente nada".
Y llegamos al capítulo 3, donde nos cuestionamos, si recuerdan, el hecho de cómo saber que somos cristianos, cómo sabemos que algo ha pasado en nosotros, cómo sabían los colosenses. Porque es el mismo criterio con el cual ellos sabían que algo estaba pasando en sus propias vidas. Y lo que nos dimos cuenta, hermanos, es que hay dos condiciones que de hecho van unidas; en realidad no son condiciones, son una misma condición, que sucede, con el mismo hecho, no por nosotros, sino por la obra de Dios. Y es que hemos muerto al pecado, a nuestra vieja vida, y ahora vivimos, y hemos resucitado en semejanza a la resurrección de Cristo, para nueva vida.
¿Y qué es lo que logra eso? Lo que deseamos, es lo que logra que hayamos muerto a nuestra vida antigua y ahora vivamos a la nueva, y resucitemos a la nueva. Lo que está pasando es que ya no pensamos en las cosas de esta tierra. Y claro, o sea, creo que es bien importante, hermanos, que seamos muy conscientes de que en algún momento nuestra naturaleza caída va a hacer que volvamos a pensar en las cosas de aquí abajo. Y esta va a ser nuestra lucha toda la vida, hasta que el Señor nos llame a Su presencia, o Él venga por Su iglesia.
Entonces, tenemos que ser pacientes y estar completamente aferrados a nuestro Señor para poder entender que eso es lo que está pasando, eso es lo que está pasando en esta tierra. Pero hay un cambio, decíamos, de naturaleza en nuestro corazón, que solo Jesús puede hacer a través de Su Espíritu Santo, al venir a morar en nosotros; que estamos tan unidos a Cristo que vivimos de esa manera. Y el beneficio mayor de todo esto, y es nuestra esperanza, deseamos también, es que nuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Y, ¿recuerdan?, que estamos en la mejor compañía, con Cristo en Dios, en el lugar más…
Un salto en la carta
Entonces, ahí es donde nos quedamos el domingo pasado. Y les decía al final del mensaje el domingo pasado que ahora hay un salto en lo que Pablo está haciendo. Eso es lo que vamos a revisar hoy. Hay una manera en la que Pablo, como decíamos, estableció todos esos fundamentos de lo que Cristo es y lo que representa, y por qué, con qué credenciales, Dios nos pide que hagamos estas cosas; cómo es que Cristo ganó todas estas cosas para nosotros.
Y ahora nos dice: "Ok, esto tiene que tener un impacto real y evidente en la vida de esas personas que han recibido este regalo, o esta gracia, de ser hechos hijos de Dios, adoptados en la familia de Dios, de ser reconciliados con Dios a través de la obra de Jesucristo". Y entonces esto puede volverse un poco difícil, porque Pablo está comenzando a confrontar a los colosenses, para decirles: "Ok, chicos, ya han tenido ustedes todo esto. Son mi iglesia; no los conozco, los amo con todo mi corazón, pero tenemos que hablar de estas cosas, y tenemos que hablar de estas cosas en serio, porque ustedes tienen que dejar de escuchar todas estas otras voces. Hay un solo mensaje, hay un solo Evangelio".
Y no era acaso otra cosa. Eso es todo lo que tienen que hacer, y eso es todo lo que tienen que escuchar". Ahora, lo que sigue son las evidencias del carácter de las personas que han sido redimidas y de las personas que no han sido redimidas. Así que, nuevamente, creo que lo que este pasaje va a hacer por nosotros, como hizo con los colosenses, es aclararles en dónde están, de qué lado están, hacia dónde tienen que moverse. Y es una buena medida para entender si lo que están haciendo ellos, si las evidencias de sus acciones específicas, en realidad están teniendo un impacto por la obra del Espíritu Santo o no. Y entonces empieza a estar claro de qué lado están.
Lectura de Colosenses 3:5-17
Así que les voy a invitar, hermanos… y voy a… un poco, pero voy a leer; vamos a leer esto, y acompáñenme con la vista. Y empezamos en Colosenses 3, versículo 5, y vamos a terminar en el 12… perdón, en el… perdón, al 17. Dice:
"Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos.
Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera queja contra otro. De la manera que Cristo perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos. La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales. Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él".
Anduvisteis en otro tiempo
Entonces, hermanos, estamos en este momento… vamos a tratar de seguir este orden. ¿Y qué es lo que estaba pasando? ¿Qué es lo que leemos aquí? Lo primero que dice, nuevamente —y Pablo está enfatizando—: "Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros". Y dice la consecuencia de eso terrenal: son "cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia". Y luego dice: "en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas".
Así que algo está pasando, hermanos, y es bien importante que notemos esto. Algo que Pablo está asumiendo aquí es que la iglesia en Colosas es una iglesia que ha muerto a su antigua vida. ¿Se dan cuenta? Pablo, aunque nunca estuvo ahí, el reporte que recibió de Epafras y la forma en la que ha recibido todos estos comentarios de esta iglesia le hace estar seguro de que algo ha pasado, algo ha pasado en esta iglesia, en la gente que vive en esta… Y está reconociendo: "Ustedes antes vivían en esto".
Entonces, si lo ponemos en otras palabras, está diciendo: "Oigan, ustedes, colosenses, ya son parte de una nueva vida. Ustedes ya no tienen esta vida que hacían antes; ustedes ya no están bajo ira; ustedes ya han muerto y han resucitado". Entonces, es bien interesante, hermanos, porque creo que muchas veces nos cuestionamos el hecho de saber si alguien es cristiano o no. Y creo que muchas veces nos apresuramos a saltar a esta idea en la que nosotros podemos mostrar esto.
Sin embargo, creo que Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, siente esta convicción por esta iglesia y dice: "Las cosas son así: ustedes ya no son parte de esta antigua vida; ustedes lo han dejado. Y sí, posiblemente están pasando por un bache, por un tropiezo, por un obstáculo, que es que están escuchando todas estas cosas, y están empezando a querer hacer cosas extras y sumar cosas a lo que Cristo ya hizo. Y saben que están mal, porque no hay nada que Cristo no haya hecho que ustedes pudieran hacer para completarlo. Entonces, tranquilos, colosenses; vamos a ver de qué se trata esto".
No lo que hacen, sino lo que son
Y se vuelve muy interesante también —y ahorita no van a poder ver la presentación que tengo, pero los voy dando a través de eso—. Y el primer punto que quería hacer es que Pablo no apunta a lo que hacen los colosenses, sino a lo que son los colosenses. Y es bien importante esto. ¿Por qué? Porque el problema de los colosenses es que ellos querían saber qué cosas tenían que hacer, qué hechos específicos, qué acciones específicas tenían que ejecutar para estar mejor con Dios, para ganar algún favor de Dios extra, para completar la obra. Entonces, Pablo apunta en esta carta a la naturaleza y al carácter de los colosenses, no tanto a sus acciones.
¿Y cómo sabemos esto? ¿Cómo nos damos cuenta? Creo que las palabras, hermanos, que están aquí, pues, en esta lista… esta lista no es exhaustiva. No es que podamos… y creo que es algo que Pablo tenía muy en mente. Así: "Les estoy dando una lista de cosas que tienen que evitar si ustedes son parte de estos redimidos y de esta iglesia de Cristo, y estas son las cosas que deberían de estar haciendo; y si hacen estas cosas, así como los diez mandamientos, si ustedes siguen este pedacito de la carta, ya están, ¿no? O sea, ya están libres, y ya pueden decir que son unos buenos cristianos, que han muerto a esa vida y han resucitado". No, no; Pablo no está diciendo eso en absoluto. Creo que Pablo está utilizando criterios más amplios, e incluso creo que hasta generales.
¿Por qué? Porque podemos ver la fornicación; posiblemente sí es uno de esos hechos particulares. Y creo que el hecho de que empiece con esta lista de cosas nos hace darnos cuenta de cuál era un poco, tal vez, el problema de los colosenses, ¿no? La fornicación, la impureza —y la impureza también, en las palabras en las que está escrito originalmente, sí se refiere a toda esta parte de problemas sexuales, tal cual—, las pasiones desordenadas… Las pasiones desordenadas, si bien pueden estar en este contexto también, Pablo está utilizando diferentes palabras porque quiere decirles algo: está pasando adentro, en su corazón, de estas personas que no han muerto, estas personas que siguen estando en esta otra vida.
Malos deseos y avaricia
Y dice: "malos deseos y avaricia, que es idolatría". Y creo que Pablo les está diciendo: "Miren, hay una categoría, una lista de cosas, que se puede ver de muchas formas". Aunque ustedes me digan: "¿Fornicación? ¡Híjole, no! ¿Fornicación? Yo la verdad es que soy fiel con mi esposa, o con mi esposo; yo no estoy haciendo nada de estas cosas". Pero tienes pasiones desordenadas. Mira cómo ves a esta persona, mira cómo deseas esto, mira cómo codicias esta otra cosa.
Y luego le dice: "malos deseos". Malos deseos en realidad puede referirse a muchísimas cosas: "Yo deseo que a alguien le pase algo"; "creo que Dios debería estar haciendo esto"; "tengo un deseo por mi vecino que no necesariamente es un deseo apropiado", ¿no?, que habla como siendo yo un redimido por la obra de Jesús, y que ahora soy parte de esta iglesia nueva que ha sido rescatada de la ley para ahora vivir bajo la gracia.
Y luego dice: "avaricia, que es idolatría". Y esto me llama muchísimo la atención, y me voy a detener un segundo en esto. La avaricia normalmente está asociada al dinero, pero la avaricia tiene que ver con simplemente desear más cosas, más cosas. Y creo que era un gran problema de los colosenses, por lo que leemos en la carta, por lo que podemos ver en la Palabra: ellos deseaban cada vez más bendición; tal vez deseaban una relación más profunda. E incluso, aunque el mismo deseo de los colosenses fuera un buen deseo, a la vez, la manera en la que estaban haciendo esto, estaban siendo avariciosos: querían codiciar cosas, querían más cosas. Y creo que había un problema. Y dice que es idolatría. ¿Por qué? Porque si deseamos cualquier cosa más de lo que deseamos a Dios, estamos idolatrando esas cosas, porque están ocupando el lugar de Dios.
Así que, de nuevo, Pablo está hablando de las conciencias, y les dice: "¿Saben qué, colosenses? Tienen que tener cuidado, porque hay cosas en su carácter… No empiecen a preguntarse si esto está bien, si esto está mal, si tienen que hacer esto, si no tienen que hacer esto". Y creo que esto pudo llegar a ser, por la misma personalidad de esta iglesia, creo que puede llegar a ser incluso de sorpresa y hasta molestia para algunos colosenses: "Oye, Pablo, ok, ya pasaste un buen rato explicando todo eso. Listo, está bien, ¿no? Pero ahora sí, dinos de qué se trata esto: cómo tenemos que vivir esta vida cristiana, qué cosas. Dinos, que tú sabes, qué tengo que dejar de escuchar, qué tengo que dejar de hacer. Ahora sí, ¿qué hago?".
Mi propio ejemplo
Y creo que esto nos hace pensar mucho en cómo somos nosotros. Y bueno, obviamente, como no puedo hablar en voz de otras personas y a nombre de otras personas, voy a hablar de mi propio ejemplo. O sea, yo crecí en una iglesia en la que —por supuesto que eso tiene que ver más con mi pecado que con la iglesia—, pero en la que estaban muy enfatizadas las cosas que no hacíamos. Y creo que crecí con esta frustración de no saber bien qué estaba haciendo bien y qué estaba haciendo mal. Y crecí con esta frustración como cristiano, como un joven cristiano, como un niño cristiano, en el que nunca era suficientemente bueno.
O creo que siempre era: "Ay, no pude hacer esto; no lo pude leer una hora, que me dijeron que leyera. Híjole, no pude palomear esta lista de cosas; no pude orar todo el tiempo que tenía que orar. Y ay, no, sin querer escuché una canción en el camión, y entonces ahora ya hay estas ideas en mi cabeza". Y lo digo así porque en serio eran el tipo de cosas que afligían a mi corazón. ¿Y por qué? Porque yo también creía que de alguna manera lo que yo hacía podía influir en la relación que tenía con Jesús; que Jesús iba a voltear a verme y decir: "¡Guau! Este está cumpliendo todas las cosas. Mira, ya está en la lista". Y yo… Y no, la verdad es que Jesús me veía, y de verdad yo creo que con muchísima compasión y muchísima gracia me veía y decía: "Rodrigo, no se trata de eso. No se trata de las cosas que hagas y no hagas; no hay una lista de cosas".
Y entonces yo me preguntaba: "¿Y si de repente agarro un vaso en una reunión, y tenía cerveza, y me di un trago? Entonces ya tengo que expiar mi pecado, porque sin querer hice esto, y entonces esto está entrando a una categoría, y ya no estoy bien con Dios". Entonces, creo que ese era un poco el problema de los colosenses, y creo que es el problema de muchos de nosotros, de muchas iglesias también, en las que el énfasis está en qué cosas hacemos y qué cosas no; no en quiénes somos, no en el cambio profundo que debió haber existido, si es que Jesús ahora habita, mora, a través del Espíritu, en nuestro corazón. Y esa es, hermanos, la evidencia: que no estamos preocupados por qué cosas hacemos y qué cosas no.
Por sus frutos los conoceréis
Y quiero recordarles en ese sentido lo que decía Jesús. Jesús decía —¿se acuerdan?, con la higuera, y cuando habla del fruto— decía: "Por sus frutos los van a conocer". Y decía: un árbol malo no va a dar frutos buenos; fruto bueno no va a dar, ni un árbol bueno frutos malos. Y luego les decía: de esta misma fuente, o sea, de su propio corazón, ¿sale agua amarga y dulce? No se puede.
Entonces, creo que Pablo podría haber tenido en mente —aunque no escuchó directamente las cosas de Jesús—, inspirado por el Espíritu Santo, que le dijo: "Tienes que recordarle esto a esta iglesia. Tienes que decirle a esta iglesia que no se trata de lo que están haciendo, y no se trata de fabricar absolutamente nada". Eso. "Y ustedes se pueden disfrazar, colosenses, de cristianos, y pueden ser piadosos, pero saben que no son muy diferentes a los fariseos. No son muy diferentes de estos sepulcros blanqueados, que están muertos, y por afuera se ven súper bien".
Entonces, tengan cuidado, porque les estoy diciendo que si ustedes viven de esta manera, si ustedes creen que lo que ustedes hacen tiene alguna influencia en cambiar la relación que tienen con Dios, solo se van a topar con pared, y no van a hacer absolutamente nada. No van a lograr lo que ustedes esperan lograr, entonces, que es agradarme a mí, es glorificarme a mí como Dios.
Dejad también vosotros
Y luego, si se dan cuenta —porque aquí nos quedamos en las cosas que son lo terrenal, que tienen que hacer morir—, pero después les dice, y le vuelve a hacer otras cosas, y dice: "dejad también vosotros" estas otras cosas: la ira, el enojo, la malicia, la blasfemia, las palabras deshonestas de vuestra boca. "No se mientan los unos a los otros, porque se han despojado del viejo hombre con sus hechos, y se han revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento". Y luego les dice: "Vestíos, entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, de misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia".
Entonces, están estos dos lados de los que está hablando Pablo. Pablo no solo está enfocado en decirles: "Oigan, dejen esto terrenal", sino cómo se ve lo celestial, cómo se ve este cambio del corazón que Cristo ha hecho en sus corazones, si es que ustedes han muerto y han resucitado. Entonces, creo que parte muy importante, hermanos, de lo que está pasando en este momento es que Pablo está siendo muy enfático en que, nuevamente, no se trata de tener una lista de cosas que hacer y no hacer para estar bien con Dios, sino de una evidencia, un estándar, un criterio, una regla, ¿no?: "Ustedes están aquí, y tienen que ver estas cosas. Y aquí, este es el carácter de un cristiano: están ahí o no están ahí".
Y no me vengan a decir: "Bueno, es que mira, yo la verdad es que sí me enojo, pero me enojo poquito, y se me pasa bien rápido". Lo que le está diciendo es: no te justifiques. No me digas si es poquito o mucho, no me digas si es más o menos, y no me digas que sí le gritaste, pero le pides perdón y te sientes mal. Si hay en tu corazón… si hay enojo, si hay maldición, si hay estas cosas, entonces tienes que evaluar tu carácter: ¿en realidad estás haciendo morir las cosas de esta tierra, o sigues estando sujeto a estas cosas?
Y otra vez, hermanos, la idea no es… la idea de Pablo no es decirles: "Ustedes tienen que ser perfectos". Lo único que está diciendo es: vean estas cosas en ustedes, y pídanle perdón a Dios, y Él va a ser amplio en perdonar. Y Él es su abogado, y Él está cuidándolos, y Él está guardando su vida, y el Espíritu Santo les está recordando y está intercediendo por ustedes cuando no saben orar como conviene. Si todas esas cosas son ciertas, colosenses, pero vean esto como un examen, para ver si en realidad esto está haciendo algo en su corazón. Y si la búsqueda que están haciendo ustedes, específicamente sobre acciones, si lo que están escuchando de otras personas —"Oye, hay que echarle la mano a Dios, y hay que ayudarle, para que entonces consigamos más cosas"—, posiblemente es porque su carácter no ha cambiado. Entonces, tengan cuidado; vean esto.
Un examen que no es cerrado
En cambio, si ustedes ven estas señales en su vida —y posiblemente no todo el tiempo, porque decíamos incluso el domingo pasado de la obra de la santificación y la vida cristiana, incluso lo dice Pablo, ¿no?, dice: el que lucha como atleta no es coronado si no lucha legítimamente, es decir, corre—. Y Pablo también decía: no que ya haya corrido la carrera, ¿no?, "no que lo haya alcanzado ya, sino que prosigo a la meta". Entonces, alguien como Pablo, que todo el tiempo estaba… que soportó prisiones, que soportó enfermedades, que estaba dispuesto a ser martirizado en el nombre de Cristo, decía: "Yo no he corrido lo suficiente, y sigo peleando todavía con estas cosas". Bueno, soy hijo de la carne.
Entonces, que no es esta lista tampoco para verla como un examen completamente cerrado, y decir: "Pasó o no pasó". Tenemos que empezar a ver evidencias de lo que está pasando en nuestra propia vida. Tenemos que ver evidencias de si en realidad estamos viendo que hemos muerto a lo terrenal.
La vestimenta
Y hay algo muy interesante, hermanos, también, que es lo que sigue. Pablo les empieza a decir cómo es que esto se ve. ¿Qué términos usa? Y me pareció muy interesante, hermanos: Pablo empieza a utilizar este término de la vestimenta, de cómo estás vestido. Y claro, normalmente estar vestido significa que te puedes cambiar la ropa; o sea, podríamos pensar que es algo superficial, o es algo externo. Sin embargo, otra vez, a raíz de las telas, de las medidas, o de los criterios, que Pablo está poniendo aquí sobre el carácter, esa vestimenta es espiritual. No les está hablando de una vestimenta física, no les está diciendo que se puede desgastar.
"Como ustedes están intentando, colosenses: ustedes pueden aparentar lo que quieran, pueden estar así y no decir una sola mala palabra, pero en su cabecita están pensando todas estas cosas en contra de su vecino, de su familia, de sus amigos, del tipo que les hizo daño. Y ustedes están pensando en todo, y purgan eso a través de acciones que les están diciendo que les pueden ayudar". Y entonces, esta vestimenta, pensaba justamente, nos define: define de qué lado estás. ¿Y qué pasa? ¿Por qué trata de reestablecer esto Pablo?
Justamente Pablo les dice: "No se van a vestir como quieran. Hay dos formas de vestirse: o se visten como hijos de desobediencia, o se visten como hijos de Dios. Se visten con cosas terrenales, o con cosas celestiales, espirituales".
El desfile olímpico
Y quiero que piensen… y es algo que justamente ahora, a raíz de que se cancelaron los Juegos Olímpicos de este año por toda esta situación del coronavirus… Yo no sé —y espero que la mayoría de ustedes lo hayan visto—, pero las ceremonias de los Juegos Olímpicos son espectaculares, ¿no? Cada vez que hay una emisión de los Juegos Olímpicos siempre se tienen que superar. La última vez era impresionante todo este show que hicieron con drones, y la gente está pensando… y cada país se siente orgulloso de eso.
Pero quiero que nos concentremos justamente en esta ceremonia de apertura. ¿Qué es lo que pasa en esta ceremonia de apertura? Lo que pasa es que, además de todo este espectáculo increíble, uno ve un desfile, ¿no? Ve un desfile de equipos por países. Y entonces ahí vemos a México, vemos a Estados Unidos, vemos a los países europeos. Y también otra cosa que llama muchísimo la atención en eso es los uniformes, ¿no? ¿Se han dado cuenta? Están bien uniformados.
Pero además, siempre hay un elemento, y siempre hay toda esta inversión, no solo en dinero, en tiempo: durante cuatro años las marcas que patrocinan a estos equipos se dedican a decir cómo se van a ver estas personas. Pero no importa tanto cómo se ven estas personas, sino qué es lo que pasa. Yo sé que si esta persona está ahí, representa otra cosa, ¿no? Representa algo más profundo: representa que ha sido avalado por un comité, representa que ha entrenado lo suficiente, representa que es lo mejor, el mejor representante de su disciplina.
Y si se dan cuenta —y esto es muy importante para este punto que quiero hacer—, si se dan cuenta, hermanos, es que no están separados… están separados por países, no por disciplinas. Entonces, ¿qué quiere decir esto? Y están separados por países, pero no por zonas. Si vemos, por ejemplo, pensamos en el equipo representante de México: México es uno de los países con mayor extensión geográfica en el mundo. Eso quiere decir que muchas de las personas que están ahí vienen de diferentes estados, ¿cierto? Y vienen de diferentes contextos también; tienen diferente nivel socioeconómico, diferente educación familiar. Incluso vemos que algunos de ellos hablan también… y son indígenas, o de origen indígena. Y hay otros que tienen más dinero y entrenan en privado, y hay otros que viven de subsidios del gobierno.
Entonces, cuando uno ve este desfile, no ve esas cosas: ve a un equipo solamente, que se viste de cierta manera, que actúa de cierta manera, y vamos a ver todas estas diferencias. Entonces, eso se vuelve importante para entender este punto, cómo nos pide que seamos vestidos. La vestimenta define de qué lado estamos: la manera en que proyectamos esto, la manera en que se viste nuestro espíritu a través de estas cosas. Ya sea de fornicación, de impureza, de pasiones desordenadas, de malos deseos, de avaricia, o la mentira, de malicia, de blasfemia, de palabras deshonestas, de ira, de enojo; o nos vestimos de misericordia, benignidad, de humildad, de mansedumbre, si nos soportamos, si nos perdonamos como Cristo nos perdonó.
Solo hay dos bandos
Entonces, Pablo empieza a definir, y les dice: "Ok, ustedes ya se quitaron esa vestimenta por gracia de Jesucristo. Cristo les arrancó esta ropa, que no les iba con esta nueva naturaleza. Entonces, ahora tienen esta vestimenta". Y esto nos identifica como hijos de Dios o como hijos de desobediencia. Y si nos identifica entonces como hijos de Dios, ¿qué es lo que pasa? Vamos a tener las bendiciones y las promesas de Dios. Pero si somos hijos de desobediencia, hijos de ira, vamos a recibir la ira de Dios, y vamos a recibir todo el castigo que cayó sobre Jesús, que no estamos tomando; está cayendo sobre nosotros. Y lo único que vamos a recibir con eso, por más que nos veamos de cierta manera, es la muerte.
Por más que queramos ser personas que aparentan cosas, que se disfrazan de algo, pues eso no va a cambiar el hecho de quiénes somos. No va a cambiar el hecho de que hay una naturaleza dentro de nosotros, y solo hay dos bandos, ¿no? No hay medias tintas, no hay lugares en medio. No hay: "Bueno, yo soy de otra categoría. Ok, no fui a los olímpicos". No: estás ahí o no estás ahí. O vas a recibir las bendiciones de Dios y la promesa de una redención futura con Cristo, seguro en Él, o vas a recibir el castigo eterno. No hay de otra; no hay otras maneras.
Y creo que Pablo está siendo muy enfático con los colosenses, diciéndoles: "A ver, en serio, yo sé que ustedes ya han cambiado por la obra del Espíritu Santo, y que ustedes ya no son esas personas; tienen una nueva naturaleza. Sé que se han despojado del viejo hombre, y ahora están tan unidos a Cristo que viven de esta manera. Entonces, ¿qué quieren hacer? ¿Por qué quieren agregarle otras cosas a ese uniforme, a esa vestimenta? Porque si Dios diseñó de esa manera esta vestimenta, ¿por qué ustedes tendrían que agregarle algo? O sea, ¿qué están esperando, que eso lo haga verse más bonito? ¿Creen que tiene algún poder especial? No. No hay nada que ustedes puedan hacer por su propio corazón más allá de lo que Cristo ya ha hecho por ustedes".
Y ustedes no van a poder venir a ser parte de este lado, de los hijos de Dios, adoptados y reconciliados con el Padre, si ustedes siguen empeñados en vestirse de esta manera.
Lutero y el libre albedrío
Y ahora, es bien importante, hermanos, porque leía justamente sobre esta lucha que tienen muchas veces… y la historia de la iglesia, ¿no?, nos deja ver eso. Durante siglos, antes de la Reforma, durante la Edad Media, había toda esta serie… empezó a haber toda esta serie de reglas, ¿no?, a través de la Iglesia católica específicamente. Y de repente personas como Lutero, como Calvino, y después los reformadores, ¿qué hacían? Ellos se dieron cuenta de que estaban empezando a haber muchísimas cosas; empezaron a haber demasiadas ceremonias, demasiados rituales. Y lo que representaban las cosas, como la Cena del Señor o el bautismo, estaban empezando a tomarse como si fueran cosas completamente necesarias para ganar la salvación, y no simbolizando lo que la salvación había hecho.
Entonces, uno de los dichos… Lutero decía, con este carácter fuerte, él decía: "Es que es imposible; no existe tal cosa como el libre albedrío. Ustedes no pueden decidir si son parte de los hijos de desobediencia, de los hijos de ira, o de los hijos de Dios. Todo es obra del Espíritu Santo en sus vidas, todo lo que Cristo ganó por Su obra en la cruz, por el Evangelio". No hay forma de que alguien muerto… Y si ustedes estaban muertos en sus delitos y pecados: un muerto no tiene voluntad, un muerto no tiene libre albedrío, un muerto no puede hacer nada para darse vida.
Entonces, ¿qué es lo que está pasando? "A ver, dejen de intentar eso. La vida que ustedes tienen fluye de Cristo, fluye del Espíritu Santo; no fluye de las obras que están haciendo, geniales. Y no les voy a dar una lista, colosenses, de cosas que tienen que hacer. No les voy a dar sustitutos, no les voy a dar remedios caseros; no sirve de nada. O tienen la obra de Cristo incrustada en su corazón, o no la tienen. O se ve de esta manera su espíritu, vestido ahora como hijos de Dios, o están vestidos como hijos de la ira".
Adornos a un traje perfecto
Entonces, es bien importante, hermanos, que nosotros pensemos en esto, que analicemos si de verdad nuestra vida está cambiando. ¿Hay cosas que queremos hacer? ¿Hay cosas que en realidad estamos intentando cambiar como si eso nos diera un poco más de puntos delante de Dios, como si quisiéramos ganarle a Dios? ¿Queremos disfrazarnos, ponerle adornos a un traje perfecto y hermoso y bello? ¿Es lo que queremos hacer? Pues dejemos de intentarlo, porque en realidad es un esfuerzo que no tiene absolutamente ningún fruto. Lo que Cristo hizo está completo.
Lo que Cristo hizo, pero no ha llegado al corazón de las personas porque lo han rechazado por su propio pecado, tampoco va a ser así. Vemos un montón de personas allá afuera que tienen buena reputación, personas… y eso no sirve de nada, porque Dios no va a ver, cuando nos juzgue al final de los tiempos… Jesús no nos va a juzgar por cómo nos vemos, por las buenas cosas que hicimos. Él va a ver la vestimenta que tenemos: si estamos identificados con Cristo o no, si estamos identificados con el mundo o con Él, si las obras de Él han sido imputadas a nuestra propia vida y ahora somos puestos justos delante de Dios, o seguimos poniendo nuestras buenas obras.
Y saben que si ponemos nuestras buenas acciones, nuestras buenas obras, delante de Él, vamos a perder, y no vamos a estar con Dios para siempre, y no vamos a estar escondidos con Cristo en Dios. Vamos a estar plenamente y completamente ciertos de que vamos a estar separados de Dios para siempre.
Así que es muy importante, hermanos, que analicemos esto que estamos leyendo, esta carta, que Pablo les está diciendo a los colosenses. Este es un tema serio. No se trata de: "Bueno, es que hice esto una vez". No, colosenses; eso es jugar con algo espiritual. Y ustedes no pueden cambiar su propio espíritu, no pueden cambiar su propio corazón. Dejen de intentarlo con tanto fervor, porque solo pierden tiempo. Y, de hecho, saben que están siendo de pésimo testimonio para otras personas que vienen al Evangelio. Ustedes les están diciendo a los otros que Dios puede venir a cambiar cómo hacen las cosas, no quiénes son.
Primero la semilla, luego el fruto
Y ese es el verdadero punto. Es el verdadero punto, porque la gente se cansa hoy de la religión. Por eso la gente es incapaz de vivir al estándar de la vida cristiana: porque lo intenta con sus propias fuerzas. Es por eso que de repente decimos: "Yo creo que no soy cristiano, porque la verdad es que fallo todo el tiempo, y me empeño en hacer esto; y no me puedo acercar a Dios porque primero tengo que arreglar mi vida". No, no es así. Cristo arregla… o sea, Cristo cambia tu vida, y a partir de eso das fruto. Primero tiene que haber una semilla, primero tiene que haber un crecimiento, para que un árbol dé fruto.
Entonces, deja de luchar con eso. No trates de engañar a Dios diciendo: "Oye, Tú me estás viendo, y sí me equivoqué acá, pero mira, mira qué bonito se ve este fruto". No; el fruto lo da Cristo en el corazón.
En función de otros
Y justamente esta parte de entender de qué lado estamos nos lleva al siguiente punto, hermanos. Y es que, conforme leo esto, aunque en sus cartas Pablo le habla a toda una iglesia, también les habla de manera individual. Pero creo que todas las cosas de las que está hablando Pablo en este caso están en función de otros, están en función de la iglesia. Y es importante entender esto, porque creo que muchas veces cuando somos así, no queremos ser parte del equipo, como en los olímpicos.
Yo quiero que alguien trate, en los olímpicos, de decir: "Oigan, miren, yo sí vengo con esta comisión deportiva, pero miren, a mí, ¿qué les parece si me hacen un espacio aquí en medio, entre Tailandia y México? Yo ahí estoy, y voy a llevar mi pancarta solito, que diga: 'Rodrigo Gómez, el mejor atleta'. Y miren, esta es mi credencial; aquí están todas las cosas que he ganado. Miren, empecé atletismo desde el principio". O sea, esto no va a pasar nunca en los Juegos Olímpicos, y eso no va a pasar en nuestra vida cristiana.
La vida cristiana no se puede vivir aislada. Las cosas que somos, el fruto que damos, siempre están en función de otras personas. Por eso toda esta parte del ostracismo, de toda esta parte de estos monjes que durante mucho tiempo entendieron que la mejor forma de cuidar su vida y su corazón era encerrarse en un monasterio, o guardarse en una cueva. Y lo vemos incluso en la primera iglesia: muchas personas se fueron allá. Había estas sectas, estos grupos, que lo que hacían era irse a cuevas y decir: "Saben qué, voy a vivir esta vida para Dios, y la única manera en que puedo hacer esto es estar en completa soledad, porque entonces no hay nadie que me moleste, no hay nadie que cause estos impulsos, no hay nadie a quien yo pueda hacerle daño".
Entonces, lo que les está diciendo Pablo aquí a los colosenses —y de verdad lo creo firmemente— es que les está hablando, sí, como iglesia, pero les está diciendo: "Su vida, su corazón, lo que ustedes son, y el fruto en acciones y en obras, eso siempre está en función de la iglesia". Y eso se ve en nuestras relaciones. Y creo que se ve: o sea, la fornicación está en función de otras personas; las pasiones desordenadas, en otras personas. Y podemos pensar, hermanos, de repente —porque a veces así nos justificamos—, decimos: "No, pero yo no le hago daño a nadie con estas cosas; sí, yo se las tengo que entregar a Dios porque están en mi cabeza". Pero siempre, siempre van a afectar a otros, hermanos. Y eso es lo que Pablo está queriendo evitar.
Es incluso lo que ustedes están haciendo, colosenses: yendo a escuchar otras cosas, creyendo que ustedes pueden adornar la obra de Cristo, están dando un mal ejemplo, están mostrándoles a otros que esa no es la verdad.
Nadie engaña a Dios
Y justamente, hermanos, creo que se vuelve completamente esencial que entendamos que sí, la iglesia es un grupo de personas incapaces de hacer cosas por sí mismas, donde su propio corazón está sujeto a la obra de Cristo y no a nuestra propia voluntad. Y somos personas que, sin duda, mientras estemos de este lado de la eternidad, hermanos, vamos a fallar, y vamos a pasar por todas estas cosas: nos vamos a enojar, vamos a llenarnos de ira, vamos a ser malos, vamos a blasfemar, van a salir palabras deshonestas de nuestra boca, y no nos vamos a soportar los unos a los otros, no nos vamos a perdonar los unos a los otros. Y eso es algo real.
Y es algo que es muy importante, hermanos, porque podríamos tratar otra vez de disfrazarnos y decir: "Y cual, yo me guardo todas estas cosas para mí; soy esta persona que tengo cierta apariencia de bondad". Pero nadie… principalmente Dios, en primer lugar: Él no es engañado por nuestras artimañas, por nuestros disfraces, por nuestras intenciones. Él conoce el corazón. Podemos engañar a algunas personas a nuestro alrededor; sin embargo, la verdadera audiencia que es importante para nosotros es Cristo, porque es el único que puede salvarnos de quienes somos.
El uniforme nos pone en el mismo terreno
Así, creo que, volviendo… quiero volver al ejemplo de los uniformes. ¿Qué otra cosa, hermanos, hacen los uniformes? Creo que les decía: los uniformes solo evidencian que somos parte de un mismo grupo, pero no hablan del contexto personal, del trasfondo de cada uno, ni de sus experiencias, ni de su habilidad, ni de sus conocimientos, nada. El uniforme pone en un mismo terreno, a un mismo nivel, a todas las personas que son parte y están vestidas de esa manera, ¿cierto?
Entonces, si eso es cierto, hermanos, parte de por qué solo hay dos formas de vestirse —o condenados por Dios, o salvados por Dios— es porque, dice Jesús, el Señor conoce a los que son Suyos. Entonces, si nosotros somos parte de esta iglesia redimida, de esta nueva humanidad redimida por Jesús, de la misma manera que la primera iglesia lo era, ¿qué es lo que pasa? Estamos en el mismo terreno. No hay espacio, hermanos, para las diferencias personales.
Y me voy a abocar a qué es lo que decía aquí, y otra vez, no es exhaustiva. Lo que decía Pablo acá es: "donde no hay griego ni judío"; o sea, no hay ni los de la ley ni los gentiles. "Ni circuncisión ni incircuncisión": en el mismo tema. "Ni bárbaro ni escita": técnicamente, los bárbaros eran todas las personas que no vivían como los romanos; los escitas eran otra especie de bárbaros. "Siervo ni libre", ¿no?, porque en ese tiempo sabemos que había gente que… este tema de la esclavitud y los siervos. Y decía: "sino que Cristo es el todo, y en todos".
Entonces, nuevamente, aquí Pablo está diciendo: "No hay forma de que ustedes le agraden a Dios trayendo cosas que ustedes hagan". Los sacrificios, dice; o sea, ya pasaron los sacrificios; ya no tienen que hacer cosas; el sacerdote ya no tiene que hacer estas cosas por ustedes. Ustedes se acercan directamente al trono de la gracia, piden perdón, establecen estas cosas, y Cristo es el todo. No hay nada que ustedes puedan agregar; Cristo es todo. Pero después dice algo muy claro: Cristo es el todo "en todos".
Todos somos iguales en la iglesia
Y entonces es aquí donde los uniformes y la vestimenta se vuelven bien importantes, hermanos. Nosotros vamos a nuestra iglesia, una iglesia no muy grande en número, y vemos personas… somos personas de diferentes contextos, diferente educación. Algunos crecimos en una iglesia cristiana; otros venimos a la fe mucho después, cuando el Señor habló a nuestro corazón. Algunos tenemos diferentes profesiones; unos trabajamos en casa, otros trabajamos en las oficinas, o no. Unos tenemos ciertas habilidades, otros tenemos otros hobbies.
Entonces, ¿qué es lo que hace? Y es algo increíble, hermanos: porque al entrar a la iglesia, entramos a un lugar donde todos somos iguales, donde lo único que nos hace dignos para estar ahí es lo que Jesús hizo en nuestros corazones. Y lo único que tenemos que traer al frente, a la iglesia, es nuestro corazón; es el fruto que da el cambio del corazón. Por eso tenemos que mostrar estas cosas, y por eso es de evidencia, no tanto en el testimonio que vemos afuera: ¿cuál es el testimonio que damos adentro? ¿Somos parte de este equipo, o no somos parte de este equipo?
De repente queremos establecer nuestro propio subequipo y decir: "Bueno, saben qué, mejor nos separamos por disciplinas". Y quiero que México se separe: los que corren, los que levantan pesas, los que hacen el salto de longitud, ¿no? Queremos hacer eso a veces. Pero lo que dice Pablo, lo que dice el Señor en Su Palabra, es: Cristo está en todos. Si en realidad Cristo ha habitado en sus corazones, entonces ustedes tienen la misma identificación necesaria; no hay otra.
Habilidades, conocimientos y todas estas cosas, hermanos, van a ser usadas para gloria y honra del Señor. Todas estas cosas, hermanos, van a ser usadas para el crecimiento y la edificación de la iglesia. Sin embargo, estas cosas no son las que nos identifican. Nosotros no llegamos a la iglesia diciendo: "Yo soy tal persona, y hago esto". Nosotros somos… "Hola, somos parte de este cuerpo; yo soy mano y tú eres pie", como decía Pablo en otra parte de sus cartas. Pero una de las cosas que se vuelve súper importante, hermanos, es que Cristo Jesús ha cambiado nuestros corazones, y ahora nos identificamos, y entonces ya no hay esta diferencia, y entonces somos parte de este cuerpo, que es uno para el Señor.
La paz de Dios gobierne en vuestros corazones
Y finalmente, hermanos, creo que es algo muy importante que, después de decir todas estas cosas —hermanos, decirles: "Sean así, sean de una manera, sean de otra manera"—, donde Pablo apela al carácter de los colosenses, donde Pablo apela a nuestro propio carácter hoy, es que les dice: "Ustedes ya dejaron esta vida; ustedes ya han sido reconciliados; ustedes ahora son parte de una nueva familia, que es la iglesia, la esposa de Cristo, que aguarda la manifestación en gloria, donde nosotros vamos a ser manifestados con Él también".
Pero luego les dice algo muy importante, hermanos, y es que dice que la paz de Dios gobierne en nuestros corazones, a la que asimismo fuimos llamados en un solo cuerpo. Entonces, quiero detenerme aquí, porque otra vez Pablo está hablando a los colosenses en función de toda la iglesia. Les dice: ustedes tienen que estar en paz. ¿Y por qué no estarían en paz los colosenses? Pues porque creo que, con todas estas cosas que cada uno estaba tratando de hacer, el que tenía el remedio A se peleaba con el que tenía el remedio B; el que tenía la acción C se peleaba con el que tenía la acción F. Y así, nos decía: "Ok, estamos sí entendiendo el mismo Evangelio, pero como estamos tratando de hacer cosas nuevas y diferentes, y estamos escuchando todas estas otras voces, pues entonces ya no me estás cayendo bien".
Opiniones en redes sociales
Y eso pasa desde cosas… perdón. Tenemos que tener obviamente mucho cuidado en qué cosas escuchamos y leemos por internet, entre los que defienden a un predicador y a otro hoy en redes sociales, ¿no? Entonces, de repente se vuelve complicadísimo, y empezamos a decir: "Híjole, que este, MacArthur, creo que tiene todos estos errores; yo creo que Tripp está mejor, y deberíamos de escucharlo a él". "No, yo creo que Piper…". Y así, ¿no? Y vas a ver una publicación de ministerios como Coalición por el Evangelio para que tengamos 800 mensajes de gente que tiene opiniones completamente personales. Pero la mayoría de estas opiniones personales son opiniones personales; es una convicción completamente personal respecto a estas cosas.
Y es lo que está diciendo Pablo; se los dijo en el capítulo 2: "Ok, eso tiene buen testimonio de conciencia, pero no va a hacer nada por ustedes. Así que paren eso, detengan eso. Lo que debe caracterizar la vida nueva en Cristo Jesús —habiendo sido redimidos, siendo parte de esta nueva familia, de esta iglesia, de esta nueva humanidad, que se viste de la justicia de Cristo— es que ustedes mantengan la paz". Porque la paz es un llamado; no es una opción.
La paz es un llamado
Y aquí es muy, muy difícil, hermanos, confrontar esto. Creo que todos somos culpables hoy de eso. Creo que todos somos culpables de segregar de alguna manera a personas en la iglesia. Y es preocupante, y es triste, y nos confronta. Creo que cuando Pablo dice que Cristo es el todo en todos, eso quiere decir que, si eso es verdad, todas estas personas que están en esta iglesia —en la iglesia local, en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa—, las personas que han sido redimidas por Cristo, tienen una misma identidad. Y su identidad no está en función de lo que hacen, sino de la obra de Cristo, que hace en sus propios corazones, que produce el fruto de sus propios corazones.
Si eso es real, entonces cuando ustedes están rechazando, cuando nosotros estamos rechazando a una persona porque tiene algunas diferencias, porque tiene otras habilidades, porque tiene mal humor, porque es duro para hablar, porque se viste de tal o cual manera, porque tiene un humor pésimo, cuenta pésimos chistes; si hacemos todas estas cosas, hermanos, y empezamos a segregar a la gente, ¿saben qué estamos haciendo? Estamos diciendo: "La obra que Cristo está haciendo en ese corazón no es suficiente para que yo lo acepte". Pero cuando escuchamos esto de esa manera, decimos: ¿cómo siquiera nos atrevemos a excluir a quien Cristo Jesús ha añadido a Su familia?
Así que este llamado es súper importante, hermanos, y hoy más que nunca, que nos estamos viendo… que estamos separados, que estamos tal vez con nuestras familias, pero extrañamos tanto a nuestros amigos, todas esas personas con las que no pasamos tanto tiempo, la iglesia. Pensemos en estas otras personas con las que tenemos ciertas diferencias, y busquémoslas. No esperemos a que acabe esto y que podamos reunirnos nuevamente: busquemos nuevamente la reconciliación. Si hay alguna ofensa, vayamos, como dice Mateo 18: si alguien tiene algo contra ti, ve tú. O sea, nosotros tenemos que empezar a pedir perdón, aunque alguien nos haya ofendido a nosotros.
Así que creo que aquí Pablo está diciendo: "Examinen todo lo que está causando que ustedes estén haciendo esto. ¿Saben qué? Todas sus acciones, todos sus adornos en su vestimenta, en lugar de unirlos, los están separando". Y hoy nos dice, hermanos, el Señor: todas estas diferencias —en cómo son, en sus profesiones, en su humor, en si son amigos, en sus talentos, en todo—, todo eso que ustedes están tratando de hacer en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa, lo que están haciendo en sus propias iglesias, tal vez los está separando. Y saben que ustedes están negándose al llamado de Dios a la paz en medio de Su cuerpo, de Su esposa.
Porque, otra vez, Jesús, si bien va a juzgar nuestros actos particulares, y si tenemos la justicia de Cristo o no la tenemos, para darnos entrada a una eternidad con Él o una eternidad separados de Él; pero cuando Cristo habla de por quién vuelve, vuelve por Su iglesia. Así que es bien importante, hermanos, que tomemos en consideración esto, en que podamos reconciliarnos como iglesia. Porque ese es otro fruto; esa es una evidencia de que somos parte de la iglesia de Jesús, de que somos parte de la esposa de Jesús, de que no hay estas diferencias. Porque nada de lo que hagamos, nada de lo que somos, ni nuestra profesión, ni si sabe o no sabe alguien, si sabe más o sabe menos, todas estas cosas, hermanos, no son en ninguna manera un criterio para saber si somos de Dios. El único criterio, otra vez, es Cristo. Y eso es lo que nos identifica: ese es nuestro uniforme, es nuestra vestimenta, y nos pone en el mismo terreno: destituidos de la gloria de Dios, pero reconciliados por la obra de Jesucristo. Así que tómenlo muy en cuenta, hermanos.
Vestidos de amor
Y finalmente —y titulé este mensaje "Vestidos de amor"—, dice a los colosenses que sobre todas estas cosas… Sobre todo lo que les dije, si ustedes todavía tienen dudas de qué se supone que tienen que hacer, les dice: "De la manera que Cristo os perdonó, también perdónense ustedes". Y sobre todas estas cosas —sobre todo lo que ya hablamos, todo lo que dijimos: dejen estas cosas de su carácter antiguo, dejen de intentar hacer cosas, dejen de excluir a las personas, abracen al cuerpo, atiendan el llamado a la paz—, sobre todas estas cosas, vístanse de amor.
Ahora, este amor no es entendido de una manera tierna, y quiero ser muy enfático en esto, hermanos. Dice… dijo Jesús —y creo que Pablo tenía esto en mente cuando les escribe a los colosenses—, les dijo Jesús: "En esto conocerán que son mis discípulos: que se amen unos a otros". Y cuando los fariseos querían tentar a Jesús preguntándole: "Oye, ¿cuál es el mandamiento?" —y ahí, los fariseos, ¿se acuerdan?, los fariseos estaban diciendo: "¿Qué tenemos que hacer? ¿Cuál es el mandamiento más grande? ¿Qué es lo que se supone que tenemos que hacer? ¿Qué es lo más importante? Porque si hacemos eso, ya estamos cubiertos, ya estamos salvados"—, y les dice: "A ver, esto se reduce a dos cosas: amarás al Señor tu Dios por sobre todas las cosas, con todo tu corazón, con todas tus fuerzas, con toda tu mente. Y el segundo es semejante: amarás a tu prójimo como a ti mismo".
Entonces, todo se reduce al amor. Y el amor, hermanos, significa que entonces somos amables, misericordiosos. Agradamos a Dios cuando somos así en el cuerpo: cuando honramos el llamado a la paz que tenemos, cuando no nos mentimos los unos a los otros, cuando nos soportamos los unos a los otros, cuando buscamos la reconciliación, cuando no dejamos que la ira, el enojo, la maldición, las pasiones desordenadas, todas estas cosas, ocupen nuestro corazón; cuando permitimos que el Espíritu Santo haga Su obra completa y perfecta en nosotros, y decimos: "Señor, lléname tanto de amor, y permíteme amar a la gente de la manera que Tú la amas, sin absolutamente ninguna condición".
"Permíteme ver con Tus ojos a esas personas. No me dejes ver cómo se comporta; no me dejes ver que habla mucho; no me dejes ver que no se está quieto durante el servicio: '¡Espérese!'. Déjame verte con gozo, y con amor, y con paciencia. Déjame ver a esas personas con amor. Déjame vestirme, por encima de todas estas cosas, ahora sí, del traje de gala". La vestimenta de gala, que va encima de todas estas cosas, es el amor.
El amor cubre multitud de pecados
Y dice también la Palabra de Dios que el amor cubre multitud de pecados. Es decir: yo me equivoco, pero estoy vestido de amor… La vida nueva que tengo en Cristo me va a identificar, y en esto las otras personas van a también ver eso. No van a ver que no escuchamos música que no sea cristiana; no van a ver que no leemos libros que no son cristianos; no van a ver que lo único que publicamos en Facebook son predicaciones y mensajes. Si bien todas estas cosas son de buena conciencia, de reputación, no son cosas que cambien nuestro corazón. Así que sigamos haciéndolas, si en realidad estamos vestidos de amor, si todas las cosas que hacemos están fundadas en el amor que Cristo ha derramado en nuestros corazones ahora, del que estamos completamente cubiertos. Si la inspiración de nuestras acciones es el amor, eso va a glorificar más a Cristo que cualquier otra cosa que intentemos hacer, hermanos.
Así que creo que este es el último punto. Creo que el último punto, hermanos, es que vamos a dejar de ver diferencias en el cuerpo de Cristo. Vamos a dejar de ver a una persona que recae, a la que hemos tratado de… Vamos a empezar a ver a nuestras familias no con cansancio, no con tristeza, no con incluso ganas de pelear, porque no nos escuchan. Y vamos a dejar de apuntar a "mírame"; "el Señor va a cambiar tu vida como cambió la mía". Que yo no soy el ejemplo, ustedes no son el ejemplo. Es: "¿Sabes qué? Estas pocas cosas que están pasando en mi propia vida, esto que tú tal vez has visto en mi propia vida que está pasando, no soy yo". Entonces yo, junto a Cristo, apunto a este origen del amor, que es Cristo Jesús.
Qué nos ayuda a correr la carrera
Así que, hermanos, quiero leerles una última frase que he usado en algún momento en el pasado. Es una frase de John Piper que me dice: "No nos preguntemos más qué podemos hacer y qué no podemos hacer; preguntémonos mejor qué nos ayuda a correr la carrera que tenemos por delante". Así que creo que Pablo está terminando, hermanos, diciendo que tenemos que ser agradecidos, que nos enseñemos y nos exhortemos unos a los otros, como evidencia del amor que ha sido derramado en nuestros corazones.
Pero luego dice, y termina —y me encanta esto, porque me imagino a Pablo específicamente escribiendo esta parte de la carta—, dice: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él". Entonces, creo que Pablo estaba pensando: "Esto que estoy diciendo…", creo que después de escribirles esto: "Esto no va a ser suficiente. Hay personas que están muy, muy, muy metidas en todas estas cosas de hacer, de ponerle adornos a su vestimenta, de actuar, de buscar, de escuchar estas otras voces que les dicen que hagan cosas para cubrir sus pecados, para hacer nuevos sacrificios, para tener una nueva condición más aceptable delante de Dios".
Cinco mil cartas de preguntas
Y creo que Pablo les está diciendo: "A ver, colosenses, sé que tienen un montón de preguntas. Sé que cuando les digo 'pasiones desordenadas' ustedes van a llegar: 'Oye, Pablo, pero mira, ¿tú crees que pasión desordenada es que piense esto, o esto, o no tanto?'. 'Oye, Pablo, mira, yo sí… la verdad es que sí me enojo…'". Ya me imagino a Pablo diciendo: "A ver, me van a llegar cinco mil cartas de esta y de otras iglesias y de otras familias", cuando les digan: "Es el día de preguntarle a Pablo todas las cosas que deberíamos hacer", porque muchos de ellos van a seguir sujetos a eso.
Y creo que no es muy diferente a lo que hacemos nosotros, hermanos. Creo que es la tentación que tiene todo ser humano, y muchas veces la tentación que tenemos en la misma iglesia, hermanos, es preguntar qué sí y qué no. Creo que agarramos a nuestros pastores y les hicimos… "Quiero contarles que me pasó esto en el trabajo". Y entonces empezamos a ser sumamente específicos, y de repente es: "Oiga, pastor, mire, la verdad es que el otro día estaba caminando por… y pues la verdad es que pasé, y pasó una mujer, y la vi, pero fueron dos segundos. ¿Eso cuenta como lujuria?". Y de verdad, perdón que esté dando estos ejemplos tan burdos, pero a veces somos tan específicos pidiendo… "Explica eso". Pero sí queremos encontrarlo en la Palabra.
El origen de una vida santa
Pero recuerden cómo empezamos este mensaje, diciendo que realmente lo que importa es nuestro carácter, lo que está en nuestro corazón, la manera en que Dios ha cambiado y ha hecho crecer esa obra en nosotros. Y entonces los frutos van a venir como consecuencia de eso, no como fuente de eso. El origen de una vida santa no es lo que hacemos, sino lo que somos, y eso se ve a través de las obras que tenemos. Entonces, primero tenemos que asegurarnos, con estos criterios que Pablo estableció a los colosenses, y que el Espíritu Santo inspiró para dejárnoslos hoy también. Es el criterio: ¿ustedes han cambiado? ¿El Señor Jesús, la obra del Señor Jesús, ha tenido tal efecto en sus vidas que hacen estas cosas y no hacen estas cosas? ¿El fruto de sus acciones ejemplifica eso?
¿Qué pasa, otra vez, cuando ustedes se enojan? ¿Lo primero que hacen es decir malas palabras? Y otra vez, no es que importen las malas palabras, como: "Ok, me voy a esforzar, y voy a ponerme un botecito de malas palabras, y después me voy de viaje cuando todo esto termine". No se trata de eso, porque estamos fabricando nuestras acciones, nos estamos dando unos incentivos para hacer algo que creemos que agrada más a Dios, cuando no es así. Nuestro carácter lo va a evidenciar. Y no vamos a ser perfectos de la noche a la mañana, pero sí podemos saber que Jesús está haciendo, por Su Espíritu Santo, Su obra en nuestros corazones, hermanos.
La religión de Rodrigo
Así que, la próxima sesión de preguntas y respuestas, preguntemos: ¿cómo ser más como Jesús? ¿Cómo buscar más Su presencia? ¿Cómo ver las evidencias de Cristo en nosotros? ¿Cómo amar más? ¿Cómo vestirnos de amor? No preguntemos si esto está bien, si esto está mal, si comer… porque entonces nos empezamos a… y entonces decimos: "Yo no junto esta comida…", y entonces empezamos a hacer… o estamos empezando a crear, literalmente queremos crear nuevas religiones. Porque, pues, queremos hacer la religión de Rodrigo, que tiene estas cosas: sí, tomo prestado el 89 por ciento de la religión cristiana, pero después le agrego estas cositas, porque es importante, ¿no?
O sea, creo que empezamos a considerar cosas como el diezmo: "Yo tengo que diezmar", o "la Biblia dice…". Es la buena conciencia. Y si tú entiendes lo que Jesús hizo en ti, y que todo es del Señor, bueno, entonces seguramente vas a dar con alegría de corazón, no con tristeza ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Ahora, le digamos: "Señor, ¿has cambiado mi carácter? ¿Has cambiado mi personalidad? Pues realmente sigo intentando cambiar estas cosas por mí mismo. Y sí, estoy cambiando, y estoy cansado, porque no logro ver evidencias de esto. Señor, entra a mi corazón; cambia mi corazón de piedra por uno de carne; cambia mi mente de tal manera que deje de entender, o de creer, que lo que yo hago es lo que te agrada, cuando lo que Tú quieres es un sacrificio del corazón".
Lo que viene en el capítulo 4
Y con esto, hermanos, terminamos el capítulo 3. El próximo domingo vamos a empezar con el capítulo 4, que también se va a dividir en dos sesiones. Y espero, hermanos, que el día de hoy haya quedado esto claro, porque a partir del próximo capítulo empiezan a verse cosas mucho más específicas, como hablar de cómo relacionarnos con la familia, con los esposos, con los hijos, con los padres, etcétera. Y entonces, otra vez, podemos caer en la tentación de: "Ah, no, yo soy un buen padre. Ah, no, yo sí lo manejo así, yo lo educo". Entonces, otra vez: no se trata de lo que hacemos, sino de lo que Jesús ha hecho, y cómo lo que Jesús ha hecho a través del Evangelio tiene efecto en nuestro propio corazón.
Oración final
Les pido que me acompañen para terminar en una oración, que el Señor guarde Su Palabra, hermanos, y que haga el fruto en nosotros. Señor, Padre celestial, te damos tantas gracias, Señor; has sido bueno con nosotros, Señor, porque hoy ya no estamos dejados a quienes somos, a nuestras credenciales, a nuestra reputación, sino que estamos descansando en Tu nombre, en Tus credenciales, en Tu reputación, en Tu obra redentora, que es tan consumada y completa en todo, que no hay nada que podamos hacer en nuestras propias vidas, Señor. Que no hay nada que podamos hacer para agradarte a Ti más que sujetarnos y dejar que Tu Espíritu Santo habite en nosotros, y que Tu obra santa, Señor, perfeccione nuestro corazón, perfeccione nuestros actos.
Que no queramos tratar de hacer las cosas que se supone que hagamos, sino que dejemos que Tú obres, Señor; que Tu Espíritu Santo convenza nuestra vida de pecado, y entonces busquemos la reconciliación, y que seamos un solo cuerpo, llamado a la paz. Porque esa paz, como dice Isaías 53, "el castigo de nuestra paz fue sobre Ti", Señor. Así que, si no guardamos la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor, estamos menospreciando la paz que ganaste por medio de Tu cruz. Así que danos sabiduría, Señor, para dejar de pensar que hay algo en nosotros que puede agradarte, Señor. Déjanos ser identificados como parte de Tu iglesia, de esta nueva humanidad redimida, donde no hay siervo ni libre, donde no hay personas que tengan profesiones diferentes, se vistan diferente, hablen diferente, sino que Tú eres el todo, el todo completo en todos nosotros, Señor.
Danos paz en medio de esto. Déjanos saber que, vestidos de amor, tenemos el vínculo perfecto, la relación perfecta contigo, con el Padre, con el Espíritu Santo; pero también tenemos la mejor relación, el vínculo perfecto, con Tu iglesia, Señor, con todas las personas que a veces menospreciamos o rechazamos. Permítenos ser, hoy más que nunca, un solo cuerpo que sea sal y luz, que muestre las evidencias del cambio del Evangelio en nuestras vidas a este mundo que tanto te necesita, este mundo separado. Y danos la certeza de que somos hijos Tuyos, que somos hijos de Dios, y no hijos de la ira, no hijos de desobediencia.
Y cuando caigamos, Señor, convence nuestro corazón de cuánto te necesitamos a Ti; que no necesitamos nuestras buenas obras, que no necesitamos mostrarle a nadie lo que hacemos, sino mostrar y apuntar a Aquel que ha hecho todas las cosas por nosotros, por amor de Su propio nombre. Te pedimos, Señor, que guardes esta semana, que consueles nuestros corazones ahora que no podemos estar juntos; pero, sobre todo, que nos sigas haciendo meditar y gloriarnos en Tu propio nombre, Señor, aguardando con esperanza el momento en que estemos juntos otra vez. Estamos en Tus manos, y pedimos todo esto, Padre, en el nombre de Tu amado Jesús. Amén.
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