Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Colosenses 3:18-4:1ColosensesAlfredo Carrillo

Vida plena en Cristo

¿Cómo se ve la fe cristiana en el hogar y en el trabajo? Colosenses 3:18-4:1 aterriza toda la doctrina de la carta en las relaciones más cercanas: esposas y maridos, padres e hijos, empleados y jefes. El mensaje explica que la sujeción no es humillación, que la corrección no es dureza y que todo se hace para un Amo que está en los cielos.

Transcripción

La nueva vida comienza en el hogar

Hermanos, nuevamente estamos aquí, como cada domingo, atendiendo a la orden del Señor de estudiar Su Palabra, escudriñarla, y también atendiendo a la orden de las autoridades de permanecer en nuestras casas, de no estar todos juntos, por sanidad hacia nuestro prójimo, por amor a ellos, por nuestros hermanos. Y estamos aquí atendiendo a ese mandamiento de parte de la autoridad que fue puesta por nuestro Señor aquí en la tierra. Y ya hemos estado estudiando en los capítulos anteriores una buena dosis, primero, de teología en el capítulo 1, doctrina en el capítulo 2; y en el capítulo 3 ya Pablo empieza a poner en claro cómo toda esta teología y toda esta doctrina se va acomodando para aquellos que hemos creído en nuestro Señor Jesucristo como Salvador, y cómo todo esto lo podemos depositar en nuestro corazón y que ello vaya transformando nuestra vida.

Ya nos compartía el hermano Rodrigo el domingo anterior acerca de cuál es la forma en que como cristianos deberíamos de conducirnos. Y se hablaba un poco del tema de que no es cumplir con ciertos requisitos, no es cumplir con ciertas reglas, normas, porque a veces se forma un tanto lo que puede ser un legalismo, o solamente tratar de hacer algo para agradar al Señor, y de eso no se trata. Debemos dejar realmente que el Espíritu Santo sea el que esté obrando en nosotros ahora, con esta nueva manera de vivir, con este nuevo hombre del cual ya hemos estado hablando por los domingos desde el capítulo 3: el nuevo hombre. Ya hemos dejado morir a ese hombre que vivía sin Cristo, a ese hombre que se regía por el pecado, y ahora el que rige nuestra vida es nuestro Señor Jesucristo, a través del Espíritu Santo.

Y eso es lo que va a obrar en nuestra vida; eso es lo que va a hacer que podamos dar ese fruto que nos caracteriza, el ser vestidos del nuevo hombre, y por ende este fruto llevarlo a una vida en comunión con nuestro Dios. Porque primeramente tenemos que establecer esa relación vertical, y luego, para poder tener una relación horizontal hacia nuestro prójimo, hacia nuestra familia, nuestros amigos, en el trabajo... Entonces no podemos lograr esto si no tenemos primeramente una relación vertical, primeramente con nuestro Dios, y después eso debería verse reflejado hacia nuestro prójimo.

Ahora, como creyentes tenemos una posición de igualdad en Cristo, y por eso es que Pablo quiere decirles a los colosenses cuál era la forma o la manera apropiada de tratar a los miembros de la familia, y las maneras en que, como cristianos, como hijos de Dios, conducirnos con los diferentes estratos sociales. Y aquí nos pone los ejemplos: los amos, los esclavos y los que son libertos. Esas instrucciones fueron dadas también a los efesios en el capítulo 5, versículo 22, hasta el capítulo 6, versículo 9; este pasaje es un pasaje paralelo. Y también, antes de llegar a 5:22, también en Efesios se habla de una nueva vida. Entonces no puedes cumplir este mandamiento si no tienes una vida nueva, si tu vida no la ha cambiado el Señor.

Por tanto, la aplicación práctica de la nueva vida en Cristo comienza en el hogar. No nos está diciendo el orden al revés, con los de afuera primero; debe de empezar en nuestro hogar. La supremacía de Cristo y Su señorío, como ya vimos anteriormente, encuentra su expresión más grande y total día con día, en la rutina diaria, en nuestros hogares, en nuestra vida, en todos los ámbitos en donde nos desarrollamos. Y hay tres puntos que quisiera mencionar antes de entrar al pasaje que nos toca hoy. Número uno: queremos reflejar en nuestra vida diaria la paz de Cristo. Ya vimos en el versículo 15 del capítulo 3: la paz de Cristo debe de gobernar las obras. Número 2: hacer todas las cosas en el nombre del Señor, versículo 17.

Y aquí hay algo bien interesante, porque la vida familiar nos pone a prueba diariamente a ejercer esas virtudes. En el versículo 12 dice: "Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviera queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto". Ahí es donde realmente empezamos a poner a prueba... las familias, ya que nos conocen verdaderamente.

Oración

Vamos a orar para que el Señor sea el que trabaje en sus corazones, para que el Señor sea el que bendiga Su Palabra, para que obre en nuestras vidas y podamos ser el reflejo de Cristo. Señor, nuevamente te alabamos y te bendecimos, Padre, por Tu misericordia, por Tu gracia. Gracias, Señor, por Tu Palabra, y gracias por esa fe que Tú has puesto en nosotros, aun cuando no podemos reunirnos, Señor, no podemos vernos. Gracias por estos medios que Tú has puesto, Señor, para poder seguir compartiendo Tu Palabra. Señor, Tú tienes el control de todas las cosas; no se te escapa nada, Padre.

Nos ponemos en esta hora en Tus manos. Que todo lo que vemos en Tu Escritura sea depositado en sus corazones, y que verdaderamente lo pongamos en práctica, Señor, y qué mejor que primeramente en la familia, porque eso será el reflejo hacia los de afuera. Señor, bendice Tu Palabra, bendice a mis hermanos que están en sus hogares, que nos están escuchando, y no solamente los de esta congregación, sino a todo aquel hermano en Cristo que también nos está viendo. Señor, los ponemos en Tus manos. En Cristo Jesús, amén.

Lectura de Colosenses 3:18-4:1

Bueno, vamos a leer en el capítulo 3, del versículo 18 hasta el capítulo 4, versículo 1, y dice así la Palabra del Señor. Tengo un encabezado aquí en mi Biblia que dice: "El cristiano en el hogar". Y dice así la Palabra del Señor: "Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten. Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios. Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Mas el que hace injusticia recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas. Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos".

Nuevamente, en el libro de los Hechos, en el capítulo 5, versículo 22 en adelante, también se nos dan estas instrucciones, que son muy, muy parecidas, a diferencia de que en los versículos del capítulo 5 de Efesios nos da un poco más de detalle acerca de la relación entre la esposa y el esposo. Y lo voy a citar rápidamente. Dice así en el capítulo 5, versículo 22 de Efesios: "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y Él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo".

Casadas, estad sujetas

Bueno, es el pasaje paralelo, en donde vemos cómo Pablo desarrolla esto más detalladamente: la manera en que las esposas deben de sujetarse a los esposos. Y cuando hablamos de la palabra "sujetarse", me llama la atención también cómo, en los versículos anteriores del capítulo 5 de Efesios, habla de "someteos unos a otros". Entonces la palabra "sujetarse" no es un mandamiento de humillarse. El esposo, o cabeza de familia, tenía la plena potestad, o completa potestad legal, sobre todas las propiedades, de sus hijos, de su esposa; tenía toda la autoridad absoluta sobre todos los miembros y lo que les pertenecía. Entonces, en ese ámbito cultural, en ese tiempo, era una obligación obedecer a la cabeza de la familia. No era tanto como "Y yo lo quiero hacer", sino que era casi casi por temor.

El verbo que se utiliza aquí, de someterse, "sujétense", que aquí usa Pablo, no transmite, como decía, la idea de ser inferior o de humillarse, de inferioridad, sino que transmite una idea de una conducta cooperadora, una conducta modesta, voluntaria. Y podríamos decir aquí, quizás, en una posible traducción: "Casadas, obedezcan a sus maridos en amor", o por amor. Como vimos en Efesios, dice que así como Cristo amó a la iglesia, la iglesia ama a Cristo, y no lo hacemos por miedo a lo que nos pudiera hacer el Señor ahora, sino lo hacemos por lo que Él hizo por nosotros.

Entonces, de esta misma manera, las casadas, dice, que cooperen en una sumisión voluntaria, en obediencia, en amor a Cristo; una elección voluntaria, no obligada, no por temor, no por tiranía del esposo, ni porque sea una ley. Y vemos ahora esa lucha, con todo este movimiento feminista, acerca del patriarcado, acerca de cómo el mundo ve la cabeza del hogar. La ve como un sometimiento, como "Te callas y me tienes que obedecer porque lo digo", siendo que no es así, y menos en el ámbito cristiano, como hijos de Dios. Y ya había mencionado que estamos en la misma igualdad. Entonces, las casadas deben de sujetarse a su marido por amor, en una acción voluntaria.

Y vemos aquí adelante; dice también: "como conviene en el Señor". ¿De qué manera deben de sujetarse las esposas? Pues el Señor es el que nos va a guiar: la manera en que las esposas deben de sujetarse a sus maridos es de una manera que honre al Señor. Deben de obedecer a sus maridos siempre y cuando lo que hagan honre al Señor, le dé gloria a Dios. Que no debería ser, como esposos, pedirle algo a la esposa que deshonre al Señor. En el supuesto, creemos que eso no debe de suceder en la vida cristiana. No pediríamos algo deshonroso a nuestra esposa, algo que no le dé gloria al Señor con lo que le pidamos.

Siempre, como esposos, vamos a pedirles cosas en amor, cosas que glorifiquen al Señor, y esa es la manera en que la esposa debería de corresponder también en amor, de esta manera, la obediencia al esposo. Porque el obedecer al esposo también le da su valor, le da su lugar, como el papel que tiene de cabeza de familia, como autoridad; no por miedo, no por tiranía, sino por amor de Cristo, porque lo hacemos para el Señor.

Maridos, amad a vuestras mujeres

Luego, más adelante, dice en el versículo 19: "Maridos, amad a vuestras mujeres y no seáis ásperos con ellas". Como con mi esposa: sabemos que Dios nos amó primeramente. Antes de ser esposos, somos hombres pecadores, y estuvimos alejados de Dios. Seguimos siendo pecadores, pero ahora Dios nos está transformando, nos está puliendo. Pero cuando no teníamos a Cristo en nuestra vida, estábamos en la comunión rota con Él, estábamos alejados de Él. Entonces nosotros, como esposos, ahora con Cristo en nuestras vidas, debemos de entender que Dios nos amó primero, al morir en la cruz a causa de los pecados.

Debemos entender que Él nos rescató, que nos perdonó, nos libró de la ira de Dios, y es tan grande Su amor que toma nuestra culpa sin importar lo que hicimos. Nos mostró gracia, nos mostró misericordia, nos trató con ese amor; dejó de ver nuestra culpa, dejó de ver nuestra falta, con la ayuda de Cristo. Y del mismo modo se nos ordena a los esposos que amemos a nuestras esposas. Y no son mis derechos los que tengan que ejercerse en mi esposa, sino el amor de Cristo. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer como esposos es renunciar a nuestros derechos. Y primero dice que no tratemos a nuestras esposas... que no seamos ásperos; dice: "amad a vuestras mujeres".

Y me gusta cómo todas esas cosas que vimos anteriormente de la vida en Cristo, de "Vestíos, pues, como escogidos de Dios", y en el versículo 7: "Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús"... cómo Pablo todo esto lo lleva ahora a la vida familiar, porque ahí es donde realmente nos conocen, como había dicho. Quizás yo pueda venir a la iglesia con toda mi familia, mostrar una actitud de autoridad bien establecida en mi hogar; quizás puedo demostrar una actitud de total sumisión, obediencia; pero realmente en el hogar es donde mostramos nuestra cara. Ahí es donde a veces no nos importa enojarnos, el gritar; esa cara, a veces, de nuestro antiguo hombre. Es donde realmente nos conocen.

Sería, pues, hipócrita tener una cara aquí y en mi hogar no mostrar ese amor de Cristo. Porque primeramente mi esposa, antes de ser mi esposa, es hija de Dios, es mi hermana en Cristo, y por lo tanto debo de amar a mi esposa, y de esa manera, como hermana en Cristo, debo de tratarla como tal: no ásperamente. Tengo que mostrarle gracia, tengo que mostrarle misericordia; también presentarla limpia delante de Dios, santa, pura, y eso lo logro pues a través de la Palabra; dice: "por el lavamiento del agua".

El reflejo de lo que hay en casa

Entonces, es difícil a veces pasar por alto ciertas situaciones. Pero aquí en la iglesia, a veces, cuando alguien no nos trata muy bien, o decimos: "Es que me hizo caras, o no me quiso saludar", muchas veces lo pasamos por alto y hacemos que "Bueno, lo vamos a dejar así", y a veces ni siquiera nos importa. Pero en la familia tampoco puede ser así. No digo que en la iglesia debamos hacerlo, pero el reflejo de ello es lo que hay en nuestro hogar también. Si yo le dejo de hablar a un hermano porque no estoy de acuerdo, o por actitudes que me molestan de él, o lo que sea, y no lo trato con amor, no lo saludo igual que a los demás, ese es el reflejo de mi hogar; es la manera en que quizás yo trato a mi esposa y a mis hijos. Entonces todo viene desde el hogar.

Esposos... y me encanta, porque Dios es más rígido con el varón, y me encanta que lo haga. Me encanta que Dios haga esto con nosotros, que sea más estricto con nosotros, porque nosotros somos esa cabeza del hogar, esa cabeza espiritual: que amemos a nuestras esposas sin ser... y que no seamos ásperos. No debemos de tener una conducta autoritaria o amenazadora con nuestra esposa. Se supone que somos cristianos; tenemos que controlar nuestra ira y nuestra prepotencia. Y, hermanos, pregúntense esto: ¿cuántos en el hogar desatamos nuestra ira? ¿Cuántos en el hogar somos prepotentes, o queremos arreglar todo con amenazas? "Si no me obedeces, va a suceder esto, va a pasar esto". No; condicionamos para que nos obedezcan, en vez de mostrar ese amor y que por ese amor haya esta obediencia. Controlar nuestra ira y nuestra prepotencia.

Entonces, otra pregunta: ¿por qué Pablo prácticamente nos está diciendo que en el hogar queda estrictamente prohibido ser malhumorado, refunfuñar, o peor, atacarla verbalmente o físicamente, que es todavía lo peor de los casos; y no porque sea mayor el pecado, todo es pecado. Aun cuando existiera una provocación de parte de mi esposa, pues la amargura, la agresión, empañan esta relación que hay de Cristo conmigo y de mí hacia mi esposa. ¿Por qué? Porque lo hemos visto por mucho tiempo, y lo hemos visto con algunas situaciones matrimoniales en las que he estado aconsejando: cuando existe este tipo de relación, en donde el esposo trata despectivamente a su esposa y la agrede, la agrede verbalmente, la agrede físicamente, ¿qué va a suceder? Pues daña toda la relación familiar. La familia sufre, no nada más una persona; no nada más la esposa: los hijos, y por ende alrededor.

Entonces, ¿cómo estamos llevando nuestra relación matrimonial ahora? No todo es sentimientos, no todo es amor y expresiones así de cariñitos, sí, sino que nuestro amor está basado en el Señor, como ya lo hemos estado leyendo: hacerlo todo en el nombre del Señor Jesús. Entonces, este es el mandamiento que Pablo está dando a los esposos, porque somos, o deberíamos de ser, el reflejo de Cristo en la iglesia. Cristo no maltrata a la iglesia, Cristo no deja a la iglesia, Cristo no deshonra a la iglesia. Él murió por ella y busca presentársela a sí mismo pura, santa y sin mancha. Y también los maridos así deberíamos ser, como Cristo: presentárnoslas a nosotros mismos, nuestras esposas, de esa manera, amándolas, no siendo ásperos.

Hijos, obedeced a vuestros padres

Ahora vamos más adelante, en el versículo 20. Y me gusta también la manera en que Pablo va a desglosando estas órdenes, y en qué forma. Luego vienen los hijos: "Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor". Bueno, en el capítulo 20 de Éxodo, en el versículo 12 para ser más específicos, se nos dice que honremos a nuestro padre y a nuestra madre. Pablo ordena que los hijos deben obedecer en todo a los padres. Y entonces ahí hay una pregunta, en donde a veces empezamos así: "Bueno, ¿qué es lo que deberían de obedecer los hijos a los padres?", en el caso de los que tienen padres cristianos, o los que somos cristianos, si tenemos hijos.

Pablo, cuando escribe esto, está dando por sentado que como cristianos nosotros los padres no vamos a pedirles nada que deshonre, o nada deshonroso, a los hijos; eso no les pediríamos. Entonces Pablo está dando por sentado esto: que nada de lo que les pidamos a nuestros hijos está fuera de las normas de Dios. Nada que les pidamos a nuestros hijos puede ofender al Señor, o no debería, digo así. Y como padres deseamos lo mejor para nuestros hijos; dice en Mateo 7, cuando Jesús dice que si tu hijo te pide un pescado no le darías una piedra. Por lo tanto, es la manera en que los padres buscamos lo mejor para nuestros hijos.

Por lo tanto, dice aquí que los hijos obedezcan en todo a sus padres, porque esto agrada al Señor. Entonces, obedecer a los padres se transforma en obediencia a Dios. La obediencia a Dios está por encima de todo; entonces, si tú obedeces este mandamiento, estás obedeciendo a Dios. Y es el modelo que los hijos deben de tener de obediencia: el modelo de Cristo, cuando se somete al Padre, cuando es obediente al Padre. Y esa es la manera en que debe de agradar la obediencia de los hijos a los padres: que agraden al Señor. Pero lo que me llama más la atención también de este versículo es cuando dice: "Obedeced a vuestros padres"; es... habla de... porque por encima de todas las cosas está Cristo. Por lo tanto, como ya he mencionado, deben entender que, obedeciendo a sus padres terrenales, agradan al Señor.

Padres, no exasperéis a vuestros hijos

El versículo 21 dice así: "Padres, no exasperéis a vuestros hijos, para que no se desalienten". Y aquí también hay algo interesante: cuando dice "padres", no se refiere a papá y mamá. Pablo específicamente está dando una orden a los padres varones, porque, como ya he mencionado, antiguamente el que tenía la total autoridad, la total potestad sobre los hijos, era el padre, la cabeza de familia. Con esto se dirige Pablo a los padres, a los padres varones, porque se supone que nosotros somos los que deberíamos de conducir a nuestros hijos en las cosas del Señor. Se supone que nosotros somos los que deberíamos de corregirles también. Ese papel no exactamente es el que le toca a la esposa; ese papel nos toca a nosotros, como cabeza de familia: hacer estas correcciones.

Y no estoy diciendo con esto que la mamá no puede hacerlo, pero ¿a quién le toca principalmente esa responsabilidad de corregir? Pues al varón. Y por eso Pablo también lo hace de esta manera, en esa instrucción que se dirige a la cabeza del hogar. Bueno, como ya dije, este mandamiento se dirige a los padres, pero sin excluir tampoco a la mamá. No podemos permitir que tus hijos hagan cosas que están fuera de las normas del Señor.

Entonces aquí también es un tema un poquito discrepante, porque ahora, en la actualidad, en estos tiempos, con eso de la psicología, con eso de la nueva psicología, de que no debemos de agredir, que no debemos de supuestamente maltratar a los hijos cuando les corregimos porque les causamos un trauma... Pablo, cuando dice que no exasperéis a vuestros hijos, no significa que, cuando debe haber una corrección con vara, como dice un proverbio, no lo hagamos. Lo que nos está diciendo es que no seamos tan severos; o sea, que no lo hagamos con ira, que no lo hagamos repetidamente. Cuando a veces lo hacemos repetidamente es que hay un problema de autoridad, y eso sucede porque también yo no estoy mostrando ese amor hacia mis hijos.

Dios nos corrige también duramente, pero nos corrige con amor, nos corrige con bondad. Por lo tanto, cuando nosotros corregimos a nuestros hijos, no lo debemos hacer con mano dura. En realidad debemos de hacerlo de una manera sabia; debemos de pedir al Señor que nos dé las formas. Y realmente no le vamos a causar un trauma cuando lo lleguemos a hacer; no va a pasar nada. Una nalgada de vez en cuando es necesaria.

Ni demasiado duros ni demasiado suaves

Ahora, también se puede caer en el lado contrario. Así como se puede ser excesivamente duro en la forma de corregir, en la forma de castigar, y esto de alguna manera sí podría ocasionar que a los hijos les rompiéramos el corazón, les bajáramos la autoestima... Quizás, sobre todas las cosas, aquí lo que nos está tratando de decir es que cuidemos que no alejemos con eso de la fe a nuestros hijos, porque no estamos demostrando que lo hacemos todo en el nombre del Señor Jesús, que no vamos demostrando que lo hacemos para Él. Pero también no podemos ser demasiado suaves y permisivos. La permisividad produce una excesiva libertad, y también demasiado hostigamiento y castigos severos pueden alejar a los hijos de la fe.

Por ahí algunas personas, algunos hermanos, estoy hablando de hermanos en Cristo, que pienso que son hermanos, ellos tienen hijos y les permitían conocer cosas como ir a un bar —ahora les llaman también antros—, estar en esos lugares bebiendo y perdiéndose realmente, porque lo hacían hasta perderse los días, pues, con la resaca. Y esto a veces, pues, me pone a pensar. Como hermano le cuestionaba que eso no era correcto, y lo que él me decía es: "Bueno, yo se lo permito para que nadie les cuente, para que ellos por ellos mismos vivan y decidan lo que es bueno".

Pero eso no es nada bueno, permitirles conocer el pecado. Al contrario, eso los va a alejar de Dios, porque les puede gustar más eso que las cosas del Señor. Y es mi responsabilidad como varón guiarlos a los pies de Cristo. Entonces tampoco puedo ser tan suave; siempre debo de indicarles las cosas que agradan a Dios. Entonces, cuando decimos que no exasperéis a vuestros hijos, es decir: no caigamos en estos dos lados totalmente opuestos, de ser muy severos, hostigando, pero tampoco ser muy suaves, de manera que ellos pudieran alejarse. Y por eso Pablo dice que hagamos todo en el nombre del Señor.

Siervos, obedeced a vuestros amos

Ahora, ya vimos la vida familiar, como todo lo que Cristo... perdón, Pablo ha estado enseñando a los colosenses, todas estas cosas de la supremacía de Cristo, la doctrina del cristiano, y cómo Cristo transforma nuestra vida; cómo esta manera en que nos vestimos como santos se debe reflejar en nuestro hogar: de las esposas a los maridos, de los padres a los hijos, de los hijos a los padres. Primer círculo: el hogar. Ahora, un círculo segundo, que es el círculo en donde nos desenvolvemos, en nuestros trabajos principalmente. Lo podemos ver a partir del versículo 22. Dice: "Siervos, obedeced en todo a vuestros amos terrenales, no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino con corazón sincero, temiendo a Dios".

Entonces, no con esto Pablo está diciendo que está permitido tener esclavos; simplemente que en ese contexto de esta cultura, en ese tiempo, pues así era, así sucedía, y Pablo pues no va a quitar eso por él. Sin embargo, tenía que cambiar la manera en que los nuevos cristianos que de alguna manera eran esclavos debían de conducirse delante de sus amos. Dice aquí que no sirvan al ojo del amo. En aquel entonces los esclavos tenían la fama de ser perezosos, tenían la fama de robar. Y yo puedo entenderlo un poco, porque sí carecían de cosas, sí carecían de ciertos beneficios, de ciertos derechos. Y no lo estoy justificando, pero es una persona sin Cristo, pues comete pecado.

Entonces, al faltarle estas cosas, y tener este tratamiento de castigo, del látigo, del látigo, de castigo físico, pues eso como que no te motiva a servir de buena gana, de buena manera. Y el carecer de cosas tampoco; qué te motiva, quizás, a desear algo que no tienes. Por lo tanto, Pablo, cuando les dice a los esclavos, está pensando en esas cosas; está pensando en cómo los esclavos ahora tienen que dirigirse, dejando de hacer esas cosas y sirviendo de diferente manera a sus amos. Dice que no sirvan al ojo del amo. No solamente deberían hacerlo bueno; no deben de hacerlo nada más para agradar a aquel para el que trabajaban, sino que todo lo que hacen ahora, como cristianos, deben de hacerlo para el Señor, deben hacerlo para agradar al Señor.

Como para el Señor en el trabajo

Ahora, también nosotros ahora no tenemos amos como tal, no somos esclavos, pero los que estamos trabajando como empleados, esto también puede aplicar a nuestras vidas. ¿Por qué? Porque cuántas veces vemos en nuestros trabajos la manera en que muchos desempeñan sus labores y sus tareas en el trabajo: cuando no está el jefe, cuando no está el patrón, quizás andan por ahí perdiendo el tiempo, no están en su lugar de trabajo, no están haciendo sus tareas como debe de ser. Pero cuando se presenta el amo... pero cuando se presenta el jefe, el patrón, pues hasta parece que no se les ven las manos, y están ahí trabajando, y casi casi se desviven.

Y eso me viene a la mente: alguna vez un compañero de trabajo que, cuando no estaba nuestro jefe, pues perdía el tiempo y andaba acá, digamos, chacoteando, cotorreando, como dicen también. Pero cuando llegaba el patrón, o veía que... no sé si le avisaban que ya llegaba el jefe, pues se pone así como loco, y entraba ahí y se movía y así, y a veces el jefe lo halaga, y eso me molesta un poco. Pero bueno, él no tenía a Cristo en su vida. Por lo tanto, nosotros, de igual manera, debemos de hacer las cosas no para agradar a nuestro jefe, sino en todo tiempo estar desarrollando nuestras tareas y nuestras labores como si fuera para Cristo.

Y eso también habla de la manera en que lo hacemos: tenemos que hacerlo de una manera excelente. Debemos de tener excelencia en todo lo que hacemos; no podemos ser mediocres. Tenemos que hacerlo todo como para el Señor, como hemos estado leyendo. Por lo tanto, ya no tenemos amos, pero sí tenemos a un Amo que está en los cielos, y a Él es al que queremos agradar, de esa manera, desempeñando nuestro trabajo como si fuera para Él, como para Él. Entonces, cuando nosotros pensamos de esa manera, en que nuestras labores y todo lo que hacemos lo hacemos para el Señor, entonces todo lo que haga va a ser de una manera sincera, sin buscar ningún favor. Y todo lo que hago debe ser para el servicio de Cristo, y la única recompensa que debo esperar no es de mis superiores, sino de Cristo, porque, como ya había dicho, Él es nuestro único Amo y Señor.

La recompensa de la herencia

Dice aquí en el versículo 23: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís". Y esa es nuestra esperanza, esa es nuestra promesa, al igual que a los esclavos en aquel tiempo, que por ser esclavos no tenían derecho a nada y prácticamente no eran nadie. Cuando Pablo les dice "sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia"... ¡guau! Esto es sorprendente: decirle a alguien que prácticamente no existía, decirle a alguien que prácticamente sabía que no merecía nada, que no tendría nada, decirle que recibiría recompensa, una recompensa de una herencia, y que no es de este mundo. Por lo tanto, eso les hacía sentir que valían; eso les hace sentir que eran partícipes de algo.

Asimismo nosotros: es la manera en que debemos hacer nuestras cosas, sabiendo que es nuestra esperanza. Esa es la promesa de la herencia. No por quedar bien, sino eso es lo que me debe de motivar: que lo hacemos para Cristo, que me dio algo, me hizo partícipe de algo, me hizo alguien para Él. Esa debe ser mi motivación, como lo vemos aquí: "sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa". Eso es lo que nos debe de importar en todo lo que hagamos.

Dice: "Mas el que hace injusticia recibirá la injusticia que hiciera, porque no hay acepción de personas". Y esto Pablo se los dejaba muy claro a los esclavos. Como ya se ha dicho, ellos podrían cometer robo, o seguir de alguna manera de perezosos, y por eso es que les dice esto Pablo: que no hicieran injusticia los esclavos con sus amos, sino lo que tienen que hacer. Dice: porque para Dios no hay acepción de personas. Dios trata el pecado por igual: el que roba, el que mata, el que miente, el que es rico, el que es pobre, hombre, mujer, niño, anciano. Dios no hace acepción de personas, y a todos juzga por igual.

Amos, haced lo que es justo

El versículo 1 del capítulo 4 dice: "Amos, haced lo que es justo y recto con vuestros siervos, sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos". Ahora, así como Pablo dio estas instrucciones a los esclavos, ahora Pablo se dirige a los amos, y con ellos es un poquito más breve, con los amos. Quizás porque, cuando Pablo está hablando de los esclavos, estaba como recordando toda esta situación con Onésimo y Filemón, como yo creo; era para que no pensaran que Pablo estaba socavando la actitud de Onésimo, sino que decía él que, si algo te debía, "Yo lo pago"; o sea, que no iba a quedar sin paga lo que ellos hicieran de alguna manera.

Pero ahora con los amos también se dirige, porque, como cristianos, también los amos cristianos, ahora con esta nueva vestimenta del Espíritu Santo, tendrían que cambiar su manera de tratar a los que estaban a su cargo: que no fueran tan duros, que no fueran tan ásperos, sino que lo hicieran conscientes de la gracia de Dios, y de este modo ser más perdonadores y benevolentes con quienes están bajo su responsabilidad. Entonces, si tenemos esta perspectiva cósmica, si tenemos esto en mente, que todo lo hacemos para el Señor, en el nombre del Señor, es lo que nos debe concientizar de la manera en cómo debemos de conducirnos también nosotros, en el caso de los que también tenemos gente a cargo. Yo tengo un jefe inmediato en mi trabajo, a quien le rindo cuentas, pero también tengo gente, a su vez; tengo gente a cargo, a mi responsabilidad. Y a veces podemos caer en el pecado de tener el poder y de no tratar bien, o exigir demasiado a la gente que está a cargo, y eso no es un buen testimonio, eso no habla bien de nosotros como cristianos. Tenemos que ser bondadosos, tenemos que demostrar ese amor con los que están a cargo, con los que tenemos bajo nuestra autoridad.

Cristo, el modelo en todas nuestras relaciones

El propósito de estos mandamientos, por lo que Pablo escribió esto a los colosenses, no era decirnos cómo tenemos que ordenar nuestras familias, sino que nos dice cuál debería de ser la motivación por la que hacemos esas cosas en nuestra vida como cristianos. ¿Cuál es la motivación que debe regir nuestras relaciones familiares, personales, laborales, sin importar cuál sea nuestra posición? Ya sea que seamos la esposa, ya sea que seamos esposos, ya sea que seamos padres, ya sea que seamos hijos, ya sea que seamos empleados, ya sea que seamos patrones, Pablo nos está diciendo la manera en cómo debemos de conducirnos, cuál es nuestra motivación, cuál es nuestro modelo, y ese modelo es Cristo.

Tenemos que permitir que el Señor Jesucristo controle todas nuestras áreas: en el hogar, en nuestra relación con nuestra esposa, con nuestros hijos, en nuestras relaciones laborales. Y todo esto lo podemos abarcar también a nuestras relaciones más extendidas: en nuestras relaciones con amigos, con familia no directa, con nuestros vecinos, con todo aquel con el que nos desenvolvemos. Y cuánto más, cuánto más en la propia congregación.

Anhelar a toda la iglesia

Cuando estaba estudiando esto, cuando estaba leyendo esto, y cuando estaba escuchando todo lo que nuestros hermanos nos compartieron anteriormente, Rodrigo, me hace pensar verdaderamente... Y en algún momento lo posteé en mi Facebook: cuando escribimos todo ese deseo de volvernos a reunir como iglesia, cuando posteamos que extrañamos a nuestra amada iglesia, porque sí los añoramos, sí deseamos nuevamente volver a congregarnos y estar practicando todos estos frutos que deberíamos de tener como cristianos; y todo ello es un reflejo de la familia. Y cuando decía por qué anhelábamos regresar a la iglesia, escribía: ¿queríamos regresar solamente porque, bueno, sí extraño a mis hermanos, aquí extraño más a los que son mis amigos?

Porque dentro de la familia de Dios hay varios círculos de intimidad. Está un círculo que es toda la iglesia, que es el primer círculo, digamos. Luego hay un segundo círculo, un poco más cerrado, que es con los que me relaciono un poquito más. Luego hay otro círculo en donde ya seleccioné a diferentes hermanos con los que tengo cosas más afines. Y luego hay un último círculo, que es con el que tengo más intimidad. Entonces, cuando vemos en los versículos anteriores la manera de cómo vestirnos, como escogidos y santos amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia, soportándonos unos a otros y perdonándonos si alguno tuviera quejas contra otros... Y Rodri nos decía eso, y yo me ponía a pensar: si esto se alargara más, y si por alguna razón, Dios sabe, yo no sé, cuando me congregaba yo había perdido ya mi comunión con alguien, y no estoy mostrando esto que Pablo está diciéndoles a los colosenses, ya no me puse a cuentas con él...

No solamente debemos añorar el regresar a la iglesia, a la congregación, por los que me caen bien, los que me hacen sentir bien, o con los que me siento bien, con los que más tengo comunión. Debo de anhelar a toda la iglesia; cuánto más a los que son difíciles, o para los que soy difícil. Mi anhelo es volver a verles y arreglar las cosas, y estar en paz con Dios. Porque dice en el versículo 23: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís". Y en la parte del versículo 1 del capítulo 4 dice: "sabiendo que también vosotros tenéis un Amo en los cielos".

Todos, todos vamos a entregar cuentas con el Señor, y no solamente de nuestra familia, no solamente en nuestras labores, sino de la relación que tenemos con todos. Hermanos, yo les insto nuevamente a que todo lo hagamos para el Señor, todas las cosas. Y los dejo con este versículo nuevamente: que todo lo que hagamos, hacedlo de corazón, como para el Señor. Dios bendiga Su Palabra.

Oración final

Y vamos a hacer una oración. Padre santo, alabado seas, Señor, alabado sea Tu nombre. Gracias por esa salvación. Gracias porque podemos ver, Señor, cómo se está haciendo Tu voluntad. Tú sabrás cuándo decides terminar con esto, y que todo esto que estamos pasando, Señor, nos sirva para poder meditar más en Tus cosas, Señor, en Tu Palabra, en cómo atender a estos mandamientos, Señor, primeramente con la familia. ¿De qué nos sirve quizás tener mucha teología, tener mucha doctrina, si nos falta la parte espiritual? Gracias, Señor, por Tu iglesia. Gracias por la tecnología que Tú nos permites tener, Señor; esto nos permite usarla para Ti.

Padre santo, yo te pido que nos ayudes a perdonar, Señor, pero también permítenos pedir perdón, Señor. Que olvidemos nuestros derechos, que veamos primeramente los derechos de los demás antes que los nuestros. Gracias por Tu Palabra, gracias porque nos muestras la manera en que las esposas deben de amar a sus esposos, la manera en que los esposos deben amar a sus esposas. Gracias porque nos muestras también la manera en que debemos de instruir a nuestros hijos, y cómo los hijos deben obedecer a sus padres. Gracias porque Tu Palabra nos enseña también cómo conducirnos en nuestras labores diarias, Señor, en nuestras relaciones personales. Gracias por Tu Palabra, gracias por este tiempo. A Ti te damos la honra y la gloria, y que Tú nos ayudes a que todo lo que hagamos lo hagamos para Ti, lo hagamos en Tu nombre. En Cristo Jesús, amén.

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