1 Corintios 7:17-241 CorintiosNathan Díaz
Glorificando a Dios en el llamamiento y la vocación
¿Cómo puedo glorificar a Dios en mi trabajo cuando parece un empleo cualquiera? En 1 Corintios 7:17-24, Nathan Díaz distingue el llamado que nos da identidad en Cristo del llamado a una vocación, y muestra por qué tu trabajo no es solo un medio para vivir, sino una manera de amar al prójimo donde Dios te puso.
Transcripción
Dónde vamos en 1 Corintios 7
1 Corintios capítulo 7, el capítulo que estamos estudiando. Y hemos estado ya dos domingos en el capítulo 7, y todavía vamos a estar un domingo más, en dos semanas, hablando acerca de esa última sección.
El capítulo empieza con el matrimonio y la cuestión del sexo dentro del matrimonio, y la manera en que Dios diseñó las relaciones sexuales para el ser humano: para la multiplicación, y también para la intimidad y la conexión entre dos personas que tienen un mismo pacto el uno con el otro. Y también veíamos entonces que hay ciertas cosas que Dios quiere que entendamos acerca de ese pacto. Entonces Pablo pasa de hablar del sexo a hablar acerca del matrimonio como una unión permanente: lo que Dios unió no lo separe el hombre. Y entonces hablamos el domingo pasado acerca del divorcio y el volverse a casar.
Lectura: 1 Corintios 7:17-24
Y hoy vamos a estudiar los versículos 17 al 24. Dice: "fuera de esto, según el Señor ha asignado a cada uno, según Dios llamó a cada cual, así ande. Esto ordeno en todas las iglesias. ¿Fue llamado alguno ya circuncidado? Quédese circuncidado. ¿Fue llamado alguien estando incircunciso? No se circuncide. La circuncisión nada es, y nada es la incircuncisión, sino el guardar los mandamientos de Dios. Cada uno permanezca en la condición en que fue llamado. ¿Fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes; aunque si puedes obtener tu libertad, prefiérelo. Porque el que fue llamado por el Señor siendo esclavo, hombre libre es del Señor; de la misma manera, el que fue llamado siendo libre, esclavo es de Cristo. Ustedes fueron comprados por precio; no se hagan esclavos de los hombres. Hermanos, cada uno permanezca con Dios en la condición en que fue llamado".
Oración
Señor, pedimos tu guía, tu entendimiento para esta sección de tu Palabra, buscando entender cómo quieres usarnos en donde nos has llamado, en el lugar en donde estamos, para tu gloria. Así que bendice tu Palabra y la manera en que nuestros corazones la reciben. En tu nombre oramos, en el nombre de Cristo Jesús, amén.
La esencia del capítulo: quédate donde estás
Esta sección de en medio del capítulo realmente contiene, creo yo, la esencia de este capítulo, la esencia del mensaje de este capítulo. Van a ver que Pablo menciona tres veces una frase en esta sección: empieza mencionándola, y termina mencionándola, y ahí en medio la vuelve a decir. Entonces hay algo que es muy importante para Pablo, y creo que esto lo conecta con lo que hemos visto acerca del sexo, con lo que hemos visto acerca del divorcio, y con lo que vamos a ver acerca de la soltería dentro de dos semanas. Toda esta sección se conecta con una misma idea, que es la idea que leen ustedes en el versículo 17, que dice: cada quien quédese en donde Dios lo ha llamado. Versículo 20: "cada uno permanezca en la condición en que fue llamado". Versículo 24: "cada uno permanezca con Dios en la condición en que fue llamado". ¿Lo ven? Hay tres veces en que está enfatizando la misma idea.
Que es: cómo es que Dios quiere usarme donde estoy, en lugar de pensar en todo lo que no tengo; en lugar de pensar en todo lo que debería ser diferente en mi vida, pensar: a lo mejor Dios me tiene donde estoy por una razón, y debería aprender a servirle fielmente en esa posición en la que Dios me ha puesto.
Entonces, por ejemplo, casados: en vez de estar pensando en lo que no tienen —a lo mejor es una esposa diferente—, piensen en el matrimonio que Dios sí les ha dado, y en cómo deben disfrutar ese matrimonio para la gloria de Dios. Ahí es donde Dios me puso, esta es la persona. Como dice Piper en uno de sus artículos acerca del matrimonio: ¿cómo sé que me casé con la persona con la que Dios quiere que esté casado? Decía: el acta de matrimonio; ese nombre, ese es.
Entonces, permanece donde estás con lo que tienes; Dios te ha puesto en esa posición. Y si piensas: "no, pero es que si no estuviera casado sería mejor; a lo mejor esta pareja que tengo, que es inconversa, que no es creyente, me está frenando en mi servicio y mi ministerio a Dios, así que a lo mejor debería salirme de ese matrimonio", bueno, dice Pablo —y eso es lo que vimos el domingo pasado—: no, quédate en ese matrimonio; a menos que el no creyente sea el que esté empujando el divorcio, que esté presionando para que se divorcien. Pero que no sea de tu iniciativa el divorcio. Entonces, eso lo vimos el domingo pasado.
Un llamado vertical
Y hoy vamos a ver que Dios nos ha llamado en dos sentidos. Número uno: nos ha llamado en un sentido vertical. Entonces vamos a ver este llamamiento de identidad vertical, que es con lo que empezó la carta. Es una y otra vez como Pablo usa esta palabra de "llamado": capítulo 1, versículo 9: "fiel es Dios, por medio de quien fueron llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor".
Entonces, ¿qué es este llamado vertical? Bueno, es un llamado que Dios hace a una persona en donde un corazón que estaba muerto a esta relación con Dios y a la verdad del evangelio, ciego a la verdad del evangelio… así como Dios dijo en el principio "sea la luz", y fue la luz, así ha resplandecido en nuestros corazones para la iluminación del conocimiento de Dios en la faz de Cristo Jesús. Ese es el llamamiento que surge dentro de nosotros cuando Dios nos ha escogido desde antes de la fundación del mundo para que seamos suyos. Y entonces el evangelio se vuelve algo precioso para nosotros y decimos: hemos sido llamados.
Ese es el lenguaje que usamos. Esta palabra, kaleo, que aparece de hecho en el pasaje en griego nueve veces —en el español aparece ocho—, pero lo van a ver: este es el tema recurrente del texto. Versículo 17 habla de llamado; versículo 18 habla de llamado dos veces; versículo 20 habla de llamado; versículo 21 habla de llamado; versículo 22, llamado, llamado; y versículo 24, llamado. Entonces, ocho veces. De esas ocho veces, siete están haciendo referencia a este llamado, un llamamiento de identidad vertical; y una está haciendo referencia a otro tipo de llamado, y lo vamos a ver en un momento. Pero primero quiero que meditemos sobre el llamamiento de identidad, el vertical, porque una vez que entendemos eso podemos entender el otro llamado y cómo se conectan los dos.
El llamado supremo: ser hijos de Dios
Este llamado es un llamado que es supremo. Este es el más importante de todos los llamados que tú y yo podríamos tener en la vida: es el llamamiento a ser hijos de Dios. No todos somos hijos de Dios; todos somos criaturas de Dios, pero no todos somos hijos de Dios. Pero nosotros, si hemos creído en el evangelio, hemos sido llamados a ser hechos hijos de Dios, como dice Juan 1.
Entonces, en este sentido, para la iglesia —y estoy hablando para la iglesia aquí; no lo puse, pero tengo que dejar eso en claro—, es igual para todos los que somos creyentes: todos hemos recibido este tipo de llamado. Y Pablo habla acerca de este llamado especialmente en Gálatas; en el libro de Gálatas, capítulo 3, versículo 26, encontramos que Pablo explica cómo funciona. Dice: "pues todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús, porque todos los que fueron bautizados en Cristo, de Cristo se han revestido. No hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay hombre ni mujer, porque todos son uno en Cristo Jesús. Y si ustedes son de Cristo, entonces son descendencia de Abraham, herederos según la promesa". Eso…
…le habría brincado muchísimo a los lectores judíos de Pablo, porque los judíos menospreciaban y veían menos a los gentiles, veían menos a los esclavos, veían menos igual a las mujeres. Esto era parte de la cultura judía. Por lo cual, cuando Pablo hace una declaración como esta, donde todos estamos en la misma posición delante de Dios, estamos en Cristo, no existen diferentes niveles sociales, no hay unos que tienen más importancia que otros: todos tenemos la misma justificación en Cristo Jesús, la misma imputación que escuchábamos hoy en la mañana, que se ha hecho a través del sacrificio de Cristo —su justicia puesta sobre nosotros, nuestro pecado puesto sobre Él—. Esa es la doble imputación que experimentamos los que somos hijos de Dios.
Para los griegos también habría sido un poco de escándalo esto que está diciendo Pablo, porque la esclavitud se veía también como algo vergonzoso. Y Pablo dice: no, esclavo, libre, no importa, todos somos lo mismo en Cristo Jesús. Esto va a venir en el texto aquí en un momento, vamos a meditar sobre eso; nada más quiero que entiendan que este es el principio que Pablo está desarrollando.
"Ni la circuncisión es nada, sino una nueva creación"
Lo que dice Gálatas 6:15: "porque ni la circuncisión es nada, ni la incircuncisión, sino una nueva creación". Gálatas 6:15. Ese es el principio. ¿Qué está diciendo Pablo, si queremos tomar todo lo que ha venido diciendo en el capítulo 7? Pablo está diciendo que nada de lo que hagamos —por ejemplo, casarnos o quedarnos solteros, o circuncidarnos o no circuncidarnos—, ninguna de esas cosas le agrega algo a tu estado de justificación delante de Dios. No cambia en nada, en absolutamente nada, cómo estás en tu relación con Dios de acuerdo a tu estado social. Eso es lo que Pablo realmente está tratando de decirnos a lo largo de todo este capítulo, y lo han visto: o sea, bueno, ¿estás soltero? Está bien, puedes estar soltero, no pasa nada. ¿Te casas? Bueno, está bien, no pasa nada. ¿Eres esclavo, eres libre? No pasa nada, está bien. Porque si estás en Cristo Jesús, Dios te puede usar donde estás. Eso es lo que Pablo quiere que entendamos.
Las dos cosas que sí importan
Que hay dos cosas solamente que importan, y pertenecen a una misma categoría, que es ser hijos de Dios. Pero son dos cosas que menciona el texto. Número uno, ya lo vieron en el versículo 19: "la circuncisión nada es, y nada es la incircuncisión, sino el guardar los mandamientos de Dios". Eso es lo único que realmente importa: cómo cumples la ley de Dios en tu vida.
Y número dos —o más bien, cómo guardamos los mandamientos de Dios; sería más bien la manera en que contestamos a esa pregunta: ¿cómo guardo entonces los mandamientos de Dios?—, bueno, lo dice el versículo 23: "ustedes fueron comprados por precio". Entonces esta es la idea que Pablo está desarrollando: que si tú has sido comprado por precio, entonces le perteneces a Dios; por lo cual guardas los mandamientos de Dios. Y eso es lo único que importa en tu vida, eso es lo único que es importante.
Y lo vimos ya en el capítulo 6, versículo 20, ¿se acuerdan?: "porque han sido comprados por un precio; por tanto, glorifiquen a Dios en su cuerpo y en su espíritu, los cuales son de Dios". Entonces ahí estaba hablando Pablo de cómo es que el haber sido comprados por Dios y el ser de Dios nos libera de la esclavitud al pecado: no tenemos que vivir en la inmoralidad sexual de nuestro día si hemos sido comprados por Dios. Ese es el punto del capítulo 6.
Y aquí es —no dije "Siri", dije… "Siri", no—, y aquí es, en el versículo 23, que nosotros hemos sido comprados por precio, por lo tanto no somos esclavos de ninguna persona. No somos esclavos del pecado, y tampoco somos esclavos de una persona. ¿Por qué diría Pablo eso? Bueno, porque hay una presión en el nivel horizontal, ¿no es cierto?: cómo nos relacionamos con otros, y cómo inclusive impresionamos a otros con lo que hacemos. Eso también es parte de lo que Dios nos libera como hijos en Cristo Jesús: no estamos bajo esta esclavitud de tener que mostrarnos al mundo de una cierta manera para obtener reconocimiento del mundo, porque nuestra identidad no está en lo que otros piensan de nosotros; nuestra identidad está en lo que Dios piensa de nosotros.
Entonces, en un nivel vertical, todos hemos sido llamados con este llamamiento supremo, y las diferencias sociales entre nosotros —porque sí existen diferencias sociales, económicas, de estudios, de lo que sea; existen diferencias sociales entre nosotros como iglesia—, pero en Cristo Jesús esas diferencias sociales se vuelven irrelevantes. Eso es la iglesia: este proceso de vernos unos a otros de una manera en que realmente no importa a qué te dedicas, no importa cuántos estudios tienes, no importa si apareces como una persona inteligente o no. En Cristo Jesús somos una familia.
El segundo llamamiento: la vocación
Pero ahora vamos al segundo tipo de llamamiento, porque aquí vamos a analizar algo que está en el texto que creo que es sumamente importante. ¿Qué es? Hay otro tipo de llamamiento, y es el llamamiento que Pablo menciona en el versículo 17. Es interesante: siempre está usando "llamamiento" como algo espiritual, algo a lo que Dios nos ha llamado como hijos de Dios; pero en el versículo 17, fíjense cómo aquí hace una categorización de otro tipo de llamado, donde dice que hay otro tipo de llamado que es secundario, y este tipo de llamado va a ser diferente para todos. Nadie tenemos el mismo llamado en ese otro sentido. ¿Lo ven? "Según Dios llamó a cada cual, así ande". Y entonces, ese llamado no es igual a los otros llamamientos que van a surgir: el llamamiento de Dios, y este estado, que es otro tipo de llamamiento.
Entonces hay dos llamamientos que están siendo contrastados en el texto: el llamamiento general y el llamamiento específico o individual, en donde empiezan a verse variaciones en cada quien. Somos diferentes en las cosas a las cuales Dios nos ha llamado para servirle.
El llamamiento horizontal no nos define
Entonces, empecé con el llamado vertical porque nuestra identidad está ahí. Y esto es lo que, si van a recordar algo de lo que vamos a hablar hoy, quiero que recuerden esto: el llamamiento horizontal no nos define, no es nuestra identidad fundamental. Y es cuando invertimos estos llamamientos y pensamos que el llamamiento horizontal es nuestra identidad fundamental, que todas las cosas se distorsionan. Mi llamamiento vertical es quién soy en Cristo, y como consecuencia, ahora esto moldea cómo se ve mi llamamiento horizontal, en la manera en que me relaciono con otros.
Y ahora ya vamos a ver matices en el llamamiento, vamos a ver que las cosas se ven muy diferentes para cada quien. Para los judíos, ¿en dónde estaba su identidad? Lo ven en el texto, ¿verdad? Es lo que está tratando de corregir Pablo: ¿dónde está su identidad?, ¿dónde están encontrando su identidad? En la circuncisión. Dice Pablo: eso no es tu identidad, no es quién eres. Para los gentiles, ¿cuál era su identidad? Que no son circuncidados: "ay, nosotros los gentiles, que no somos circuncidados, eso es quiénes somos". Pablo: no, eso no es quiénes son ustedes.
Y el punto de Pablo es que esta identidad no se afirma a través de cambios externos, lo que acabamos de ver hace un momento sobre la identidad vertical. Pero sí tenemos que meditar sobre las implicaciones del llamamiento de vocación. Entonces, eso es como lo estoy tratando de definir, para que entiendan la diferencia: dos tipos de llamado, uno es llamamiento de identidad, otro es llamamiento de vocación. Y dónde naciste, en qué familia, en qué país…
…en qué cultura: todas esas cosas afectan cómo se ve este llamamiento, y siguen cayendo dentro del plan soberano de Dios para cada quien, y se ven muy diferente.
Entonces vamos a estar hablando específicamente sobre el trabajo que hacemos, porque creo que parte de lo que está implicado en este texto es eso: las circunstancias sociales en las que nos encontramos han determinado en gran parte que muchos de nosotros tengamos diferentes profesiones, diferentes intereses. Dios nos ha hecho con diferentes talentos para ser diferentes cosas: algunos son buenos con los números, algunos no tanto; algunos son buenos en la parte creativa, diseño, dibujo, todo este tipo de cosas, otros no tanto; algunos son buenos con la música, otros no. Y esto es parte de cómo Dios va ayudándonos a determinar este aspecto de vocación.
Dos extremos de los que el texto nos protege
Ahora, el texto nos está protegiendo —y la manera en que Pablo expresa estos principios nos está protegiendo— de dos extremos posibles. Uno es que mi vocación y mi trabajo se vuelvan el todo de mi vida, y me enfoque tanto que me obsesione, y que mi trabajo sea el centro de todo. Pero por otro lado, también nos está protegiendo para que no menosprecie y no minimice la importancia de la vocación a la cual Dios me ha llamado. Entonces hay un balance entre esos dos, y quiero mostrárselos; eso es todo lo que vamos a hablar en lo que nos queda de tiempo juntos: cómo se ve este balance entre las dos perspectivas.
Cómo ve el trabajo nuestra generación
Y es que ustedes saben que hoy en día el trabajo es visto de una manera interesante, ¿no? Hay una tendencia, y no sé si ustedes lo pueden notar si han vivido lo suficiente; yo apenas voy para allá, a poder notar esta diferencia entre las generaciones. Entre las edades de 25 y 65 años vamos a pasar un promedio de 96 mil horas trabajando, que eso es básicamente la vida de trabajo normal de una persona antes de jubilarse.
Pero estaba leyendo algunas estadísticas muy interesantes. Por ejemplo, los millennials —siempre se habla de estas diferencias generacionales— en promedio solo tienen un trabajo durante tres años; o sea, cada tres años cambian de trabajo, lo cual implicaría que en el tiempo de su vida, entre los 25 y los 65 años, habrían tenido unos 15 a 20 trabajos diferentes. Y claro, ¿de dónde creen que viene eso? Pues de una obsesión con el propósito que el trabajo tiene. Si el trabajo se convierte en un medio para la realización personal solamente, entonces adivinen qué va a pasar cada vez que te encuentres con un problema en tu trabajo, o con algo difícil en tu trabajo: vas a renunciar, porque "ya no me satisface este trabajo, ya no es lo que yo buscaba".
Y claro, entonces el mensaje ha sido: "tú puedes ser lo que quieras ser", ¿no es cierto?; "lo que sean tus sueños, eso búscalo, y que eso se convierta en tu meta". Pero entonces tenemos a tantos jóvenes que van en esta dirección y dicen: "creo que me gusta esto"; y tantito se vuelve difícil: "ah, no, creo que ya no me gusta eso, creo que me gusta esto"; está un poco complicado: "no creo que me gusta esto". Entonces el trabajo se ha convertido en un medio de simplemente satisfacción personal.
Vi un meme el otro día, ya no me acuerdo cómo decía, algo así como: "busqué trabajo, pero no me gustó, porque el trabajo era de empleado, yo quería de jefe; entonces, como no había de jefe, entonces ya no me convenía". Esa es la mentalidad con la que muchos llegan al trabajo, ¿no?, buscando estar en la posición de mayor comodidad posible. Y vivimos en una sociedad donde la autonomía es valorada en extremo: tu identidad individual, cómo eres y lo que te gusta y lo que quieres, se convierte en el centro de tu existencia.
Entonces, ¿qué es lo que está pasando con estas generaciones? —uno suena viejo cuando dice eso, ¿verdad?—. Estas generaciones de hoy están buscando ¿qué? El trabajo perfecto. Y ya lo vimos el domingo pasado: si no existe la esposa perfecta o el esposo perfecto, entonces adivinen qué: tampoco existe el trabajo perfecto. No existe. Cada trabajo va a tener sus retos; a veces vamos a tener que hacer cosas que no nos gusta hacer, y eso es parte de lo que implica el trabajo y la vida cristiana.
El contentamiento está en la soberanía de Dios
Pensamos que un cambio en nuestras circunstancias es la solución a nuestros problemas, y lo que nos está enseñando Pablo en este texto es que la solución está en descansar en el plan soberano de Dios para mi vida. Cuando nos sentimos incómodos con nuestras circunstancias, queremos cambiar las circunstancias: si no me gusta este trabajo, tengo que buscar otro; no me gusta esta mujer, tengo que buscarme otra; no me gusta estar soltero, tengo que casarme. O sea, en todas estas circunstancias pensamos que ahí radica nuestra verdadera felicidad. Y en todo el pasaje, en todo el capítulo, Pablo ha estado enfatizando esta verdad: Dios es soberano sobre cada circunstancia de tu vida, por lo tanto tu contentamiento está basado en la soberanía de Dios, no en lo que está pasando a tu alrededor.
Este es el principio que tenemos que entender sobre el contentamiento, que está en el texto: "no que hable porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme cualquiera que sea mi situación. Sé vivir en pobreza y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto, tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece".
Y eso es lo interesante acerca de ese versículo: "todo lo puedo en Cristo que me fortalece". Normalmente se ha aplicado en relación a cambiar mis circunstancias, ¿no? Es como mucha gente lo aplica: "sí, todo lo puedo en Cristo que me fortalece, entonces yo puedo lograr lo que quiero lograr". En lugar de, como dice el texto, entender que el "todo lo puedo" significa que en todo puedo estar contento. Aunque pierda mi equipo, estoy contento; aunque pierda mi trabajo, estoy contento; aunque pierda mi salud, estoy contento. Porque no son mis circunstancias las que determinan mi satisfacción y mi identidad: Cristo es el que determina esas cosas.
Entonces el principio es —escuchen bien— que tu condición actual no es un accidente. No pasó porque "bueno, pues así tenía que pasar, porque así son las circunstancias del azar, así que aquí terminé". Hay alguien que está en control de tu vida, especialmente si eres hijo de Dios: todas las cosas ayudan a bien. Por lo cual, sea cual sea tu situación, estás en manos de Dios.
Ni vivir para trabajar, ni trabajar solo para vivir
Esto todo lo digo nada más para enfatizar este principio; otra vez, nuestra vocación no es lo más importante, pongámoslo en el balance correcto. Hay una frase, y yo la he usado, y ahora me arrepiento, entonces se las voy a decir para que no la usen. Y la frase es: "no vivas para trabajar, trabaja para vivir". ¿Han escuchado esa frase? Porque dicen: bueno, es que hay gente que está obsesionada por el trabajo, entonces viven para trabajar; y dicen que el balance correcto es "trabaja para vivir", o sea, el trabajo simplemente es una manera de sustentarte.
Pues anoche, cuando estaba meditando sobre este pasaje, dije: "Señor, perdóname por haber usado esa frase", porque ahora me doy cuenta de que ambos están equivocados. Ni vivimos para trabajar, pero tampoco trabajamos para vivir solamente. Algo hay en medio de estos dos que trae un balance correcto, lo cual significa que nuestra vocación sí es importante. Y escúchenme bien: no es solamente un medio, también es un fin, mi vocación. De hecho, ese es el problema, ese es exactamente el problema al que nos estamos enfrentando en nuestra sociedad: la gente ve el trabajo principalmente para…
…¿qué? ¿Por qué trabajan, porque van a la oficina de lunes a viernes, y algunos de lunes a sábado, y algunos hasta el domingo? ¿Por qué? Deberían preguntarse por qué. Si tu respuesta es "pues es que necesito comer", entonces tienes una visión muy pobre del trabajo. Si tu meta es solamente ganar dinero, y por eso trabajas, entonces no entiendes el propósito sublime y glorioso que Dios le ha dado al trabajo en nuestras vidas. Dios no te ha dado un trabajo solamente para que te ganes el sustento; ese no es el propósito. Es parte del propósito, pero no es el propósito principal.
El trabajo es bueno desde Génesis
El trabajo fue hecho por Dios desde Génesis como algo bueno; entonces, antes de la caída, le dijo a Adán: ustedes tienen que señorear, administrar, ser mayordomos de esta creación que yo les he dado, y el trabajo que ustedes van a hacer es algo bueno.
Entonces, nosotros hacemos lo mismo con nuestros hijos, ¿no es cierto? Podríamos nosotros, como padres, simplemente —y a veces lo hacemos— decirle a nuestros hijos: "tú no te preocupes, tú no tienes que hacer nada. No te tienes que lavar tu ropa, no tienes que hacerte de comer, nunca vas a tener que trabajar mientras vives en mi casa; no tienes que hacer nada, porque yo soy tu padre, yo te voy a proveer". Sí lo podemos hacer, ¿verdad? Podríamos. ¿Sería bueno para ellos? ¿Qué queremos como padres? Enseñarles a ser responsables. ¿Y por qué queremos hacerlos responsables? Porque ser responsable, aprender a trabajar, es algo bueno.
Ahora escúchenme: nuestros hijos no necesitan trabajar, esa es la verdad, ¿no es cierto? Sí podemos hacer todo por ellos, podríamos decirles "no trabajes", y sobrevivirían perfectamente bien si nosotros hacemos todo por ellos. Ahí está, tienen provisto lo que necesitan. Pero si nosotros somos así con nuestros hijos… No, es que el trabajo sí trae un grado de satisfacción a nuestras vidas, porque encontramos un rol que Dios nos ha dado dentro de la sociedad, en un panorama más amplio. Yo quiero que mis hijos aprendan a encajar y a vivir y a disfrutar de ese rol que les ha dado dentro de la sociedad. Entonces no quiero que sean inútiles y que nada más estén durmiendo todo el día, o jugando videojuegos todo el día, o en las redes sociales todo el día; quiero que sean productivos. Espero no meterme en problemas con nadie, pero esto es parte del diseño de Dios para nuestras vidas: es que hay un llamamiento de vocación, horizontal, que sí es importante que lo desarrollemos con amor y con gozo y para la gloria de Dios.
Y por si pensaban que en la eternidad vamos a estar sentados en unas nubes con arpas nada más, ese no es el panorama bíblico que tenemos: vamos a seguir trabajando por toda la eternidad. Y ahí sí nuestro trabajo será perfecto. Entonces, la próxima vez que estén buscando el trabajo perfecto, piensen en la era venidera: ahí lo encontraré. Mientras, mi trabajo va a representar los retos de una creación caída.
Una vieja ocupación con un nuevo significado
Entonces, nuestro trabajo es más importante de lo que creen. No debemos ser apáticos, no debemos buscar… y esto lo encontramos en la gente: o sea, una falta de motivación, y otra vez es lunes; a veces despreciamos nuestro trabajo, no hay ambición. Pero tu trabajo es importante, nuevamente, por razones que probablemente el mundo no entiende. Burnett dice: "un hombre no es llamado a una nueva ocupación; más bien, su vieja ocupación encuentra un nuevo significado".
Ese es el punto de Pablo en el texto, ¿no? Cuando tú te convertiste a Cristo, ¿qué pasa?, ¿tienes que abandonar tu trabajo? No; pero ahora vas a ver tu trabajo de una nueva manera. Sigues haciendo exactamente lo mismo, pero tu perspectiva acerca de tu trabajo va a ser diferente.
Les voy a dar una definición del trabajo: es una contribución al bien de todos, y no solo un medio para el avance propio; es una asignación de Dios para servir a otros. ¿Se ven la diferencia en la perspectiva? "Señor, gracias por mi trabajo, gracias por mi vocación". ¿Por qué? ¿Porque es un sueldazo? ¿Es esa la razón por la que le doy gracias a Dios? "Pues mira cuánto me pagan por hora por hacer nada" —tengo que frenarme de hacer algunas bromas sobre eso—. Pero: "Señor, gracias, porque puedo amar a otros a través de los talentos y los intereses naturales que tú me has dado, a través de los cuales yo puedo buscar cómo ser de bendición".
Por qué educamos a nuestros hijos en casa
Por eso, eso es parte de la razón por la cual nosotros educamos a nuestros hijos en casa. Esta era una de nuestras motivaciones: no nada más queremos que nuestros hijos vayan a la escuela para que tengan sustento económico, y ya; ese no es nuestro propósito en sus vidas. Nuestro propósito era que ellos pudieran encontrar la vocación a la cual Dios los ha llamado. ¿Cuáles son los intereses naturales que hay ahí dentro de ellos? Pero que no los vean nada más como un medio de ganancia propia, que no nada más digan "bueno, quiero ser doctor".
Y eso pasaba todo el tiempo, ¿no?, cuando hablábamos en la secundaria, en la preparatoria: "tú, ¿qué quieres ser?". "Yo quiero estudiar medicina". "¿Por qué?". "Ganan bien los doctores". "Yo quiero ser arquitecto". "¿Por qué?". "No, pues es que yo conozco un arquitecto que tiene varias casas y le va increíble". La respuesta no es: "quiero ser doctor porque quiero ayudar a la gente a estar bien; es una satisfacción el poder ayudar a otros en su salud, eso es lo que me motiva a ser doctor". No dicen eso; pues ese es el problema, es lo que estamos viendo. Están tratando de escoger trabajos basados en cuánto van a ganar; ahí están empezando, y eso no debe ser el punto de partida.
Y por eso nosotros entonces decíamos: bueno, que nuestros hijos estudien en casa, y vamos a darles más y más y más de las áreas que creemos que son las áreas de interés natural que tienen, porque creemos que en esas áreas es donde mejor van a poder servir a otros, y van a gozar el servicio que pueden dar a otros a través de sus talentos.
Entonces, la pregunta no es "¿qué trabajo me haría ganar más dinero y me daría el mejor estatus?" —porque también eso es parte del tema, ¿verdad?: "¿por qué estás estudiando un doctorado?". "Bueno, pues quiero que me digan doctor". O sea, esa es la motivación para algunos—. Entonces la pregunta no es "¿dónde voy a ganar más dinero?, ¿dónde voy a tener mejor estatus?", sino "¿cómo, con mis capacidades y oportunidades existentes, puedo ofrecer más ayuda a otras personas, al saber que lo que hago es la voluntad de Dios y que satisface la necesidad humana?". La pregunta no es dónde voy a crecer yo más, sino dónde voy a ayudar a otros a crecer más.
Lutero y la vocación
Entonces, miren: este es un tema que en el tiempo de la Reforma, y para Lutero, fue muy importante. Y por cierto, hay un libro excelente, de donde leí muchas de estas cosas que estoy compartiendo con ustedes; es un libro de Keller que se llama Toda buena obra, y ese es el tema de todo el libro: cómo la fe y nuestro trabajo se conectan. Jonathan ha recomendado otros libros también sobre estos temas. Pero en este libro estaba leyendo acerca de cómo Lutero tenía esta carga cuando empezó toda esta reforma; empezó a surgir dentro de él una carga, porque junto con la justificación por fe… Aquí está lo interesante: junto con la justificación por fe —este era el principio de la Reforma, así es como…
…somos salvos, no por obras—, entonces algo empezó a chocar con cómo funcionaba la iglesia y con las cosas que enseñaba la iglesia, y esta teología, esta doctrina de la justificación por fe. Y el choque era que, si la justificación delante de Dios viene por nuestras obras y por el tipo de obras que hacemos, entonces la perspectiva es: ¿quiénes van a estar más cerca de Dios?, ¿quiénes van a tener más probabilidad de que Dios nos acepte? En el sistema eclesiástico católico romano serían ¿quiénes? Los monjes, los sacerdotes, las monjas, los obispos. ¿Por qué? Porque ellos han dedicado toda su vida simplemente al servicio de la iglesia; entonces, por supuesto que ellos están en otra categoría más elevada. Un pobre pecador y simple trabajador como yo —plomero, albañil, electricista, carpintero, maestro—, eso tiene un estado espiritual inferior.
Y nosotros luchamos contra esto aún aquí, como que: "pastor, usted ore". ¿No?, porque a usted Dios lo escucha más que a mí. Entonces, ¿por qué no ahora usted? Regresamos al tema de identidad: ¿cuál es nuestra identidad?, ¿cuál es nuestro estado delante de Dios?
El sacerdocio de todos los creyentes
Bueno, el llamado en servicio a la iglesia, como ciudadanos, como cónyuge, como padre, como hijo, como trabajador: todos esos son llamados a través de los cuales Dios quiere que nos amemos unos a otros. Y esto es lo que decía Lutero: "se ha establecido que el papa, los obispos, los sacerdotes y los monjes se han llamado el estado eclesiástico, y los príncipes, los señores, los artesanos y los agricultores, el estado secular. Es una mentira sutil y un engaño; que nadie se asuste, y esto por la consiguiente causa: todos los cristianos son en verdad del estado eclesiástico, y entre ellos no hay distinción sino solo a causa del ministerio. Por el bautismo, todos somos ordenados sacerdotes, como San Pedro declara: vosotros sois un sacerdocio real y un reino sacerdotal". Y en Apocalipsis 5:9-10 leemos: "y por tu sangre nos has hecho sacerdotes y reyes".
Entonces, Lutero veía este concepto del sacerdocio de todos los santos como una parte crucial y vital de la iglesia: todos estamos sirviendo a Dios en diferentes roles y de diferentes maneras, y Dios nos ha llamado a esas vocaciones. Y decía: cuando tú oras "Señor, el pan de cada día dánoslo hoy", tú me vas a suplir ese pan, Señor; pero hubo alguien que metió ese pan a un horno, y hubo un harinero, y hubo un campo, y hubo un cultivo, y a toda esa gente Dios la usó para darme mi pan. Entonces: "Señor, gracias no nada más por el pan, sino por toda la gente que usaste para que ese pan llegara a mí". Porque esas son las vocaciones que tú has dado para que este mundo funcione de la manera en que tú quieres que funcione, todos trabajando en una función diferente.
Imagínense cómo sería el mundo si todos de repente decidimos que ya no vamos a trabajar. ¿Qué tan rápido se colapsaría la sociedad? ¿No es cierto? Si todos dijeran: "ay, ya me muero, ya quiero descansar; ahí nos jubilamos todos juntos al mismo tiempo".
Ni ídolo ni desprecio
Entonces, el trabajo es importante; no tan importante que se convierta en un ídolo, que se convierta en el centro de nuestras vidas, porque sí puede ser eso también. Podemos estar buscando la salvación a través de las obras del trabajo, encontrar nuestra identidad principal en el amor propio y en la autoestima, en cómo nos perciben otros; y de esa manera el trabajo se puede convertir en un ídolo. Pero el evangelio nos libera de todas estas cosas, para entender que el trabajo es la manera en que nos relacionamos unos con otros en un mundo donde Dios quiere que nos sirvamos unos a otros, y de esa manera nos amemos.
Y el evangelio, hermanos, entonces también nos libera de algo que pasa en la sociedad, y es esto: el ver como menos importante el trabajo de otros, el menospreciar ciertos tipos de trabajo. Todos somos culpables de eso en cierto grado, ¿no es cierto? A veces entras a un lugar y ahí está alguien limpiando los baños, y te imaginas cómo sería si ese fuera tu trabajo: "no, gracias, no, yo no quiero que ese sea mi trabajo, limpiar baños". Pero alguien tiene que hacerlo. Si todos tuviéramos esa misma actitud —"yo no quiero limpiar baños"—, entonces, ¡qué sucios estarían todos los baños! Alguien tiene que hacerlo, y damos gracias a Dios por ese trabajo. Y si son hermanos en Cristo, no podemos verlos menos porque ese sea su trabajo. Dios les ha dado un llamado en esa área, y hacerlo con amor, como un servicio a los demás; y hay gente que es muy buena en eso y que hasta lo disfruta.
Los dos grandes mandamientos
Entonces, aquí está el punto, hermanos: los dos más grandes mandamientos. "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas": ese es el llamado vertical, esa es la relación vertical. Y luego: "amarás a tu prójimo como a ti mismo": este es el llamado horizontal. Entonces, nuestra vocación es la manera en la cual ejercemos el amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos.
Lutero también dijo: "hasta sus trabajos aparentemente seculares son una adoración a Dios y una obediencia que le agrada". Todo lo que hagamos fuera de este lugar puede ser hecho para la gloria de Dios —vamos a llegar a eso en 1 Corintios 10—; pero todo lo que hagamos fuera de este lugar puede ser hecho para la gloria de Dios y en servicio a otros, al amar a otros como Dios nos ha mandado que los amemos.
Carros de fuego
Hay una historia… ustedes conocen esta historia probablemente; es una de mis películas favoritas, se llama Carros de fuego. Era alguien que era misionero a China, pero también reconocía que Dios lo había hecho veloz y era un corredor muy bueno. Y entonces fue llamado a competir en las olimpiadas; y en la misma película se ve esta tensión que tuvo con su hermana, porque la hermana le decía: "no, pero es que vamos a ser misioneros en China, ¿qué haces corriendo?, ya vámonos". Y él decía: "es que yo sé que Dios me ha puesto en esta posición por alguna razón, y yo disfruto la gloria de Dios cuando corro; y Él algo me dio, en lo cual puedo servirle de esta manera también".
Y entonces llega a las olimpiadas, y lo primero que le dicen en esas olimpiadas —de mil novecientos veinte y algo, creo— es: "tu carrera es el domingo en la mañana". Y entonces él empieza a conectar todas estas cosas: Dios me ha dado esto, pero al mismo tiempo Dios es importante; no es la carrera en sí, no es ganar la carrera, es el hecho de que Dios me ha puesto en esta posición; por lo tanto, ¿cómo puedo honrar a Dios? Y dice: "no voy a correr el domingo, voy a ir a la iglesia el domingo".
Entonces, imagínense, el comité olímpico que lo había enviado y todo se empiezan a preocupar: "¿cómo puede ser este religioso?". Pero lo cambian de carrera, a una que ni siquiera es su especialidad, y ganó esa carrera de todas maneras. Es una historia muy interesante, y pueden comprar la biografía o pueden ver la película. Pero el punto es que nuestra vocación puede ser usada para la gloria de Dios; es una obediencia que le agrada a Dios.
Dice: "la herejía moderna fundamental es que el trabajo no es la expresión de la actividad creativa del hombre en el servicio a la sociedad, sino solo lo que uno hace para ganar dinero y placer". Es la herejía moderna fundamental, dice ella. Eso es lo que pasa; es un fenómeno. De repente hay gente que…
…tiene buenos trabajos, con buenos sueldos, pero vive una vida de frustración, porque dicen que es para ganar dinero; y encuentran, de hecho —aunque no sean cristianos—, se encuentran un vacío dentro de ese propósito. Y de repente se unen al ejército, donde ganan, y adivinen qué: ahí sí encuentran un verdadero propósito, porque ahí por lo menos dicen: "ay, estoy peleando por mi país, entonces tengo un sentido en lo que estoy haciendo". Y entonces, más trabajar en el ejército que ser doctor o abogado: sentido, propósito, por qué hago lo que hago.
El trabajo es la forma en la que nos hacemos útiles a otros y otros se hacen útiles a nosotros. Nosotros plantamos con nuestro trabajo, Dios da el crecimiento, para unificar la raza humana.
Conectar el domingo con el lunes
Entonces, el reto para nosotros, hermanos, es cómo conectamos el domingo con el lunes. Sí, ahora, esa es la clave para un detalle importante: cómo hacemos nuestro trabajo bien, con la mayor excelencia posible. Lo hacemos bien, no porque si lo hacemos bien nos pagan más —aunque eso probablemente va a pasar también—; pero esa no es la razón. ¿Por qué lo hacemos bien? Porque trabajar bien nos ayuda a amar bien. Por eso, si tú haces tu trabajo con excelencia, amas con excelencia.
Y entonces, como sostenía Lutero, aun cuando todo trabajo es valioso para otros, no será subjetivamente satisfactorio a menos que de manera consciente veas y comprendas tu labor como un llamado a amar al prójimo. Juan Calvino escribió: "ninguna tarea será considerada tan despreciable y deshonrosa —siempre y cuando obedezcas tu llamado en ella— que no brille y sea estimada valiosa delante de Dios". Tu trabajo diario es un acto de adoración al Dios que te llamó y te equipó para que lo hicieras.
Naamán regresó a su trabajo
Se ve en la historia de Naamán con Eliseo. Tenía lepra; lo manda que se vaya al río Jordán siete veces, por fin se le quita la lepra, quiere darle dinero y él lo rechaza. Él era comandante de los ejércitos del rey de Siria. ¿Y qué hizo? Su vida fue transformada por esta experiencia que tuvo con Eliseo, donde Dios lo sanó; y regresa y dice: "ay, Eliseo, por cierto, ahora ya no voy a poder entrar al templo de la misma manera, ahora ya no voy a ver a los demás dioses como antes los veía". Pero regresó a su trabajo, regresó a donde venía antes de ser sanado, antes de tener esta transformación. Y ahora él iba a ser sal y luz en un nuevo lugar, porque su perspectiva acerca de Dios y de la vida era completamente diferente.
"Aunque seas esclavo, eres libre"
Entonces, aquí Pablo —ya hasta se me olvidó lo que está en el texto—, aquí Pablo está diciendo, versículo 21: "¿fuiste llamado siendo esclavo? No te preocupes; si puedes obtener tu libertad, prefiérelo". Aunque otra manera de traducirlo, de hecho, es: no te preocupes, ¿eres esclavo?, si puedes ser libre, haz más bien uso del estado en el que estás. O sea, que tu esclavitud no te haga estar ansioso, sino aprovecha tu esclavitud; si Dios te da la libertad, bueno, que Dios te use también en ese estado. Pero no importa cualquiera que sea tu estado.
Y la idea que Pablo desarrolla en el versículo 22 es que, de todas maneras, aunque seas esclavo, realmente eres libre. Fuimos a visitar a unas personas en la cárcel que son creyentes en Cristo Jesús, y los vimos ahí encerrados en la cárcel, y pensamos: qué importa que estén presos; ellos han encontrado una libertad más valiosa que la libertad física, que la de poder estar en la sociedad libremente. Ese es el argumento de Pablo aquí: si eres esclavo, de todas maneras eres libre, así que no te preocupes de que eres esclavo. Aunque la esclavitud de ese tiempo se vea un poco diferente a la esclavitud moderna de occidente; pero bueno, es otro tema. Y él dice: y de todas maneras, aun los que somos libres somos esclavos de Cristo. Entonces eres esclavo de todas maneras, si eres hijo de Dios; pero esclavo de buena manera.
Vocación e identidad no son lo mismo
Bueno, hermanos, nuestra vocación sí es importante, porque Dios nos ha puesto donde estamos para su gloria, y no podemos despreciar en ningún sentido las áreas en las que Dios nos ha puesto. Dice el versículo 24: "cada uno permanezca con Dios en la condición en que fue llamado", en contentamiento y en servicio para el reino de Dios.
Así que no confundamos vocación e identidad: son cosas diferentes. Tu trabajo no es tu identidad, pero tu trabajo sí va a ser una manera de vivir tu identidad. ¿Entienden la diferencia? ¿Cómo van a ir a trabajar mañana? ¿Quejándose otra vez, o diciendo: "Señor, gracias por el puesto y el lugar donde me has puesto, para tu gloria y para servir a otros; ayúdame a hacerlo con fidelidad y para ti, y de esa manera, Señor, quiero adorarte todos los días de la semana"? Pues…
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