1 Corintios 4:1-131 CorintiosNathan Díaz
Juzgándonos correctamente
¿Está mal juzgar a otros cristianos? En 1 Corintios 4:1-13, Pablo enseña que el problema no es juzgar, sino juzgar con los estándares del mundo y antes de tiempo: el único juicio que cuenta es el de Dios. Con la pregunta “¿qué tienes que no recibiste?”, confronta el orgullo que nos hace olvidar la gracia y muestra cómo se ve de verdad la vida cristiana.
Transcripción
Entre más tecnología, más tardado
Entre más tecnología, es más tardado poner todo en orden. ¿Ya está conectada, hijo? Muy bien.
1 Corintios capítulo 4. Veíamos el domingo pasado que Pablo hablaba acerca de la manera en la que la iglesia se puede ejemplificar como un edificio, y entonces todos estamos construyendo este edificio, todos estamos contribuyendo a la edificación. Y una de las cosas que veíamos era que este evento del que Pablo habla en 2 Corintios 5, que es llamado en ese capítulo el tribunal de Cristo, es un evento en el cual las obras de todos serán evaluadas. Y de todos los hijos de Dios, de todos los que somos salvos: no es nuestra salvación lo que está siendo puesta en juicio, sino que la manera en que trabajamos para el reino de Dios está siendo evaluada, en nuestras motivaciones, en la manera en que lo hicimos, para pasar por la purificación del fuego de Dios y de esa manera ser recompensados perfectamente, de acuerdo también a la gracia de Dios.
Si se acuerdan, en realidad, aun las recompensas, aun las cosas que tienen esta base en nuestras obras... Como que nuestras obras también vienen de Dios y son un regalo de gracia. Entonces, de acuerdo a Efesios 2:8-10, también nuestras obras son un don; o sea, son algo que Dios nos da para que podamos servirle en su reino. Entonces, aun nuestras recompensas son cosas que son un regalo de gracia de Dios. Y creo que en la eternidad vamos a gozarnos de la manera en que todos reciben diferentes recompensas y en diferentes grados, y va a ser un gozo poder ver el fruto del trabajo que hemos hecho aquí en la tierra como algo que permanezca por toda la eternidad; no es nada más algo que vemos ahorita, sino es algo que veremos para siempre.
Y eso es algo de lo que vimos el domingo pasado: cómo es que Pablo los anima a tener unidad a la luz de esta realidad, de que realmente todos estamos juntos, todos estamos viviendo la vida del cuerpo de Cristo como una sola comunidad. No es nada más cada quien por su lado buscando trabajar y hacer lo suyo, sino que todos estamos trabajando con un mismo propósito y un mismo fin. Y al final todas las cosas serán nuestras, todas las cosas serán la realidad que representa la presencia de Dios y de su pueblo en todo el universo; esa va a ser la realidad que nos espera. Y entonces todas estas peleas por cosas temporales y cosas sin importancia, como quién es mi líder favorito, en realidad van a desaparecer en la eternidad.
Y por eso es que Pablo termina diciendo, versículo 21, que nadie se jacte en los hombres: "Porque todo es de ustedes, ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo por venir; todo es suyo, y ustedes de Cristo, y Cristo de Dios". Así que dejen de pelearse, dejen de dividirse entre ustedes, porque ustedes son una sola comunidad, una sola identidad en Cristo Jesús, y su herencia también la van a disfrutar juntos.
Lectura de 1 Corintios 4:1-5
Y esto nos lleva al capítulo 4. Entonces, aquí tengo una imagen de un tribunal antiguo, donde están juzgando una situación, y esto es a lo que Pablo va a aludir ahora en el capítulo 4, cuando dice: "Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora bien, lo que se requiere además de los administradores es que cada uno sea hallado fiel. En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por ustedes o por cualquier tribunal humano; de hecho, ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque no estoy consciente de nada en contra mía; pero no por eso estoy sin culpa, pues el que me juzga es el Señor".
El único juicio que importa
Entonces, lo primero que podemos ver acerca de un juicio correcto es lo que Pablo está diciendo aquí: que el único juicio real, el único juicio que importa, es realmente el juicio que Dios hace en nuestras vidas.
Y cuando leía estos versículos, estaba meditando en esto, me daba cuenta de qué tanto en realidad nosotros juzgamos continuamente. Es cierto que sí juzgamos todo el tiempo, y todo el tiempo tenemos opiniones sobre todo. De hecho, de eso se tratan las redes sociales, ¿no?, de opinar de todo: "Esto no me gusta", "esto sí me gusta", "esto no me parece", "esto sí me parece", "mi opinión es esta", "tu opinión es esa, pero creo que tú estás mal". Y entonces todo el tiempo estamos haciendo toda clase de juicios sobre toda clase de cosas que tienen que ver con política, que tienen que ver con deportes, que tienen que ver con religión, que tienen que ver con la sociedad en general. Y entonces todo el tiempo estamos juzgando, todo el tiempo estamos emitiendo juicios.
Ahora, ¿es bueno juzgar todas las cosas, sí o no? Pues sí, está bien; somos invitados a juzgar todas las cosas, somos invitados a discernir todas las cosas. ¿Necesitamos ser juzgados por otros? Pues sí, necesitamos ser juzgados por otros, porque necesitamos consejos sabios en nuestras vidas, necesitamos corrección de nuestros pastores, necesitamos corrección de otros miembros de la iglesia. Eso es necesario. Juzgar es necesario en la vida cristiana, y juzgar todas las cosas es necesario. Pero —y aquí está la cláusula que creo que Pablo está estableciendo— tenemos que aprender a juzgar correctamente, tenemos que aprender a juzgar de una manera que edifica a la iglesia constantemente.
Entonces, el problema no es juzgar; el problema es cómo juzgamos, cómo emitimos esos juicios. Hay, inclusive —y esto lo vamos a ver en el pasaje—, inclusive cuando nuestros juicios son ciertos, inclusive cuando lo que decimos es verdad, podemos decirlo de una manera que no es correcta. Y aquí es donde la iglesia necesita mucha sabiduría y mucho discernimiento para entender cómo se ve esto.
Y Pablo está consciente de que en la iglesia de Corinto muchos que son cristianos inmaduros, y que están peleando por toda clase de cosas, están juzgándolo a él y están emitiendo juicios sobre él: si es realmente un apóstol o no es un apóstol, si realmente él sabe predicar o no sabe predicar, si sabe enseñar o no. Y este tipo de discusiones son el tipo de discusiones que se están dando en la iglesia de Corinto. Entonces, para Pablo es muy claro que él está siendo juzgado de acuerdo a los estándares de este mundo y no de acuerdo a los principios de Dios, y por eso tiene un problema con el juicio que están emitiendo hacia él: están usando lo que el mundo consideraría como elementos para juzgar a alguien, y están usando esos elementos para juzgar a Pablo.
Y entonces, a veces es obvio cuando estamos siendo juzgados por estándares humanos. Y si ustedes quieren entretenerse un ratito, busquen algunos de los videos más vistos de nuestro canal de YouTube y busquen los comentarios, y van a darse cuenta de que todo el tiempo estamos siendo juzgados. He sido descrito como un falso maestro y como alguien que no entiende realmente la Biblia y no sabe enseñar la Biblia; y hay muchos comentarios así acerca de mí. ¿Debo dejar que eso me afecte? Pues no, porque muchas veces entiendo el contexto en el que lo están diciendo: estoy siendo juzgado bajo estándares humanos, estoy siendo juzgado a través de alguien que no está usando principios bíblicos para juzgar. Entonces puedo estar tranquilo en mi conciencia. Eso no significa que alguien no pueda decirme que estoy mal y que estoy diciendo algo que no es cierto; sí pueden decírmelo.
Pero requiere discernimiento, y requiere el poder entender la madurez de alguien, para poder ver que el juicio que nos están haciendo es constructivo y nos va a ayudar a crecer como cristianos. En realidad no me ayuda en nada si alguien me dice que soy un falso maestro y ese es el único comentario: "Ah, falso maestro, no sabe lo que está diciendo". ¿Por qué falso maestro? Dime, explícame de dónde sale ese título. Porque, ¿me estás tratando de ayudar, o me estás tratando más de criticar y de despreciar? Si yo no sé qué hacer con la crítica que alguien me da, entonces no es una crítica que nos ayude a ser bendecidos y edificados a través de otros hermanos y hermanas en Cristo. ¿Entienden? "Ah, ese hermano es un orgulloso". ¿Por qué? Dime por qué, y eso te va a ayudar a entender —entonces, a lo mejor, qué es lo que estás observando—. Pero si no dices por qué, entonces eso simplemente es un ataque personal, no te ayuda, no estás edificando al cuerpo de Cristo.
Y creo que eso es lo que tiene en mente Pablo en esta dinámica, cuando habla acerca de... el versículo 3, de qué tan poco le importa el juicio de gente que no sabe juzgar correctamente: "En cuanto a mí, es de poca importancia que yo sea juzgado por ustedes" —la verdad, no me importa que me estén juzgando— "o por cualquier tribunal humano". Porque ahí tienen las relaciones: yo entiendo que la manera en que ustedes me juzgan es como se me juzgaría en un tribunal humano; y la verdad es que siempre me va mal cuando soy juzgado en un tribunal humano, siempre me encuentran culpable de lo que me están acusando. Pero entiendo que esas observaciones vienen de este mundo.
Entonces, ¿cuál es el único juicio real? Dice Pablo, versículo 4: "No estoy consciente de nada en contra mía; pero no por eso estoy sin culpa, pues el que me juzga es el Señor". O sea: ni siquiera yo mismo me puedo juzgar. Yo no estoy consciente de que esté haciendo algo en contra de la voluntad de Dios, algo que claramente sea una violación de algún principio bíblico que ya haya sido establecido; yo no estoy consciente de eso. Pero no, dice Pablo, yo no estoy diciendo que estoy en lo correcto todo el tiempo, que no hay nada que deba ser corregido. Sí, sí hay cosas que deben ser corregidas en mi vida, pero le pido constantemente a Dios que me muestre cuáles son esas cosas; sí estoy dispuesto a cambiarlas. Ese es un poco el tono en el que Pablo está hablando aquí, en donde dice: el juicio real es el juicio de Dios.
Servidores y administradores
Y ahora pueden ver cómo es que él se describe a sí mismo y a Apolos, y por eso es que su conciencia está tranquila. La conciencia de Pablo está tranquila en cuanto a las críticas que recibe porque, número uno, él se describe a sí mismo —y aquí, recuerden, está incluyendo a Apolos, lo van a ver más adelante—, se describe a sí mismo y a Apolos como ¿qué? Como servidores de Cristo. Entonces, esta es otra referencia a lo que ya habíamos leído en el versículo 5 del capítulo 3: "¿Qué es Apolos? ¿Qué es Pablo? Servidores mediante los cuales ustedes han creído". Entonces: yo estoy aquí para servirles; por eso mi conciencia está tranquila, porque mi único sentir, mi único deseo, es servirles a ustedes. Somos servidores de Cristo. Y otra vez, esta palabra es diákonoi, que es la palabra de diácono, alguien que sirve; y Pablo se considera a sí mismo como alguien que sirve.
Y esa es la labor que Dios les ha dado como líderes, que ahora se aclara con esta frase de "administradores", versículo 2: "Ahora bien, lo que se requiere además es que cada uno sea hallado fiel", en cuanto a los administradores. ¿Quiénes son los administradores? Pues los que han sido encargados de estos misterios de Dios, de los que habla el versículo 1. ¿Qué es? La predicación del evangelio. Esos son los misterios de Dios. Ya habló sobre esto en el capítulo 2, versículo 7; se acuerdan: "Sino que hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria". Es el misterio del evangelio: cómo es que Dios había venido preparando al pueblo de Israel para revelar al Mesías, alguien que iba a venir a través de esta línea de la simiente de la mujer, y que entonces se iba a seguir desarrollando hasta que Cristo Jesús fuera manifestado. Ese es el misterio que Pablo ha sido encargado de predicar a los gentiles.
Y dice: somos administradores de eso. Es como si fuera un tesoro que nos ha sido encomendado, y ahora nosotros somos administradores para repartir ese tesoro entre las naciones y proclamar la gloria de este mensaje.
A quien más se le da, más se le demanda
Entonces, como administradores: entre más se te ha dado, más responsabilidad tendrás delante de Dios, más se te demandará. Y eso es a lo que se refiere cuando dice "que cada uno sea hallado fiel". Eso también es demandado de nosotros, porque se nos ha encomendado algo tan hermoso, tan increíble, que también vamos a rendir cuentas a un mayor nivel que otros. ¿Sabían eso, que la rendición de cuentas delante de Dios es proporcional a la revelación y a la responsabilidad que Dios nos dio en esta vida? No es igual para todos. Hay unos que tienen menor responsabilidad, menor revelación, y sobre ellos cae menor rendición de cuentas sobre esas cosas, porque son menores; y entre más Dios nos va dando, y más oportunidades de entender el mensaje del evangelio y de estudiar su Palabra, más responsables somos y más va a ser severa la rendición de cuentas que vamos a enfrentar en el día final.
Por eso Pablo ya había hablado de esto, de cómo nuestras obras van a pasar por fuego. Cuánto se te dio... Se acuerdan la parábola de los talentos: ¿qué hiciste con los talentos que te di? ¿Fuiste hallado fiel, buen siervo fiel? Esa es la pregunta, ese es el asunto con el que Pablo está lidiando aquí en cuanto a ellos: son servidores, son administradores, y al final es la responsabilidad que ellos tienen delante de Dios.
Tenemos la responsabilidad, hermanos, los que somos líderes en esta iglesia, los que somos pastores en esta iglesia, tenemos la responsabilidad de ser hallados fieles; y en particular, ser hallados fieles en la manera en que enseñamos la Palabra de Dios, en nuestra predicación de la Palabra de Dios: que todo lo que salga de nuestra boca y toda la manera en que exponemos estas verdades sea un reflejo fiel del mensaje del evangelio. Esa es nuestra responsabilidad. Y cada domingo que yo me paro aquí a predicar tengo una mayor responsabilidad. En Romanos dice: "No se hagan maestros muchos de ustedes", porque ustedes saben lo que significa convertirse en maestros: significa que ustedes van a rendir más cuentas delante de Dios por sus vidas y por lo que enseñan.
Romanos 14:4 dice: "¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie; en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie". Cada uno de nosotros tiene que pensar: yo voy a rendir cuentas a Dios, Dios es mi verdadero juez. Y eso debería de darnos más temor que el juicio de las personas, ¿no es cierto? O sea, porque Dios sí conoce lo que hay en mi corazón, Dios sí sabe cuáles son mis motivaciones; ustedes no necesariamente lo saben. Es más, su juicio de mí puede ser muy positivo, y puede ser que quieran hacerme sentir muy bien porque crean que todo está bien, y en la perspectiva de Dios es completamente diferente: mis obras serán quemadas.
Entonces, hermanos, simplemente estos versículos establecen un principio: mi responsabilidad delante de Dios son dos cosas —de acuerdo a este pasaje, son dos cosas—: servirles y administrar los misterios del evangelio para ustedes, a través de la predicación y la enseñanza. Servicio y enseñanza: esa es la responsabilidad del liderazgo dentro de la iglesia.
¿Y el servicio es un privilegio? Pablo lo ve como un privilegio. Sí, y vamos a leer más acerca de eso, pero ya lo hemos estado viendo: Pablo ve este servicio como un privilegio. Es por la gracia de Dios que tengo la oportunidad de servirles. Entonces, ¿qué implicación tiene eso? Significa, hermanos, que no deberían de escucharme quejarme sobre cómo estoy sirviéndoles: "Ah, es que si vieran cuánto me sacrifico por esta iglesia; y es que cada rato me hablan para que abra aquí porque no traen llaves", y "pobre de mí". Hermanos, servirnos unos a otros es un privilegio, no puedo quejarme; Dios me ha dado la oportunidad de hacer algo por ustedes, lo voy a hacer. Esa debería ser la actitud.
Y honestamente, yo estaba reflexionando sobre esto, y sí tenía esta carga en mi corazón de decir: hermanos, si alguna vez he dado la impresión de que mi expectativa en realidad es que ustedes me sirvan a mí, perdón, no debería ser así. No estoy aquí para que ustedes me sirvan; estoy yo aquí para servirles a ustedes. Eso es a lo que Dios me ha llamado, eso es de lo que yo voy a rendir cuentas. Yo no voy a rendir cuentas sobre cómo ustedes me sirvieron a mí; eso no. Dios no me va a decir: "Ah, mira, les hubieras exigido más que te sirvieran; eh, mira, y los hiciste unos flojos porque todo el tiempo tú les serviste". Esa no es la manera en que vamos a rendir cuentas. Dios me va a pedir rendir cuentas a mí de cómo yo les serví a ustedes, y ustedes rendirán cuentas de cómo ustedes sirvieron a otros. Entonces no me tiene que preocupar si me sirven o no; esa no es mi labor.
Bueno, podría seguir más tiempo sobre eso, y la razón por la cual lo digo es porque sí es una carga en mi corazón: "Señor, ayúdame a ser fiel en esto a lo que me has llamado a mí a hacer". Es fácil sentirme como la víctima y sentirme como que estoy sacrificándome muchísimo; y van a ver algo que viene en unos momentos en los pasajes, pero vamos a ver por qué Pablo menciona su sacrificio.
Segundo: hay un juicio final
Número dos: Pablo describe, en el versículo 5, un juicio final. Dice: "Por tanto, no juzguen antes de tiempo, sino esperen hasta que el Señor venga, el cual sacará a la luz las cosas ocultas en las tinieblas y también pondrá de manifiesto los designios de los corazones; entonces cada uno recibirá de parte de Dios la alabanza que le corresponde".
Entonces, aquí está regresando a algo que ya había mencionado. Recuerdan, versículo 8 del capítulo 3: "Ahora bien, el que planta, el que riega, es una misma cosa, pero cada uno recibirá su propia recompensa conforme a su propio trabajo". Y después, en el versículo 14, leímos sobre: si permanece la obra de alguien que ha edificado sobre el fundamento, recibirá recompensa; o a lo mejor va a ser consumida por fuego su obra, y será destruida, desaparecerá. Entonces aquí regresa este tema.
Es más claro que, cuando hablamos del tribunal de Cristo, estamos hablando de un evento que va a suceder en la segunda venida. O sea, es algo que todavía no ha sucedido. Si yo muero hoy, estoy todavía esperando a que mis obras sean evaluadas cuando Jesús regrese nuevamente; esto no sucederá hasta que… Va a ser un evento de todos los tiempos, para todos los tiempos y todas las generaciones: de un solo momento, impíos y santos serán evaluados y juzgados de una manera perfecta por Dios. No sé cuánto vamos a tardar; somos millones y millones y millones de personas que vamos a ser juzgadas, pero Dios lo puede hacer en un instante si quiere. Pero en algún momento, algún día, nuestras obras serán juzgadas por Dios.
Hay un juicio final, y eso tiene que darnos paz entre nosotros sobre cómo nos juzgamos unos a otros. Porque, dice Pablo, a veces nos estamos adelantando demasiado a emitir un juicio: si algo es de Dios o no. A lo mejor va a resultar que sí es de Dios lo que estaba enseñando esa persona, y tú creías que no era de Dios. Entonces ten mucho cuidado con juzgar antes de tiempo, porque hay un solo juicio final, y ese juicio final realmente es el único que importa. Ten cuidado de no estar trayendo juicios sobre un hermano o hermana en Cristo de una manera prematura: "Ah, ese es un mundano, míralo". Espérate a ver la obra que Dios quiere hacer en la vida de esa persona; a lo mejor todavía le falta crecer, todavía le falta ser santificado. Y tenemos que ser pacientes unos con otros en este proceso; no podemos apresurarnos a emitir juicios sobre estas categorías de los que somos maduros y los que somos inmaduros. Eso todo el tiempo se va mostrando, y tenemos que ser pacientes.
Y también tranquilos: no nos vamos a estresar. ¿Por qué? Pues Dios juzgará, va a venir un día en que Dios juzgue. Entonces yo no me tengo que estresar, yo no tengo que decidir hoy o mañana si mi hermano está bien o mal. Con tiempo, y paciencia, y tranquilidad, sin afanarme, sin obsesionarme, sin convertirlo en un problema más grande del que tiene que ser: "A ver, voy a orar por mi hermano, voy a orar por mi hermana, voy a hablar con él en amor, mostrarle que a lo mejor esto podría ser mejor en su vida". Y vamos caminando juntos, y vamos dejando que un día Dios juzgue todas las cosas que están sucediendo entre nosotros.
¿Saben? Es una de las cosas peores que te puede pasar, honestamente: cuando conoces a alguien de una iglesia y lo primero que sale de su boca es crítica hacia la iglesia, hacia su propia iglesia. "Ah, es que en mi iglesia...", "y es que mi iglesia...", "y es que el pastor...", "y es que los hermanos...". Y es crítica tras crítica tras crítica de todo lo que está mal. Y digo: ah, bueno, es la iglesia de Dios, Él sabe. Y parece que tú eres el único que está bien dentro de ese lugar, todos los demás están mal; tú eres el único que tiene la capacidad de ver los errores de los demás.
No sé, hermanos, esto es un tema sumamente relevante: qué tanto de lo que decimos es de ánimo y es de bendición acerca de los demás, y qué tanto de lo que decimos y pensamos sobre otros es como juzgarlos antes de tiempo.
El juicio final involucra a Dios como el juez. Mateo 7: Dios será el juez. "Señor, Señor, en tu nombre hicimos muchos milagros, sacamos demonios"; y Él dice: "Nunca los conocí". Él tendrá la última palabra sobre todo, y sobre nuestro servicio a Dios, y sobre nuestra relación con Él; Él tiene la última palabra. Y eso implica, hermanos, que cosas que habían estado ocultas en las tinieblas —dice Pablo— salgan a la luz; a lo mejor cosas que nadie más vio, esas serán evaluadas correctamente y justamente, a la luz del evangelio, también a la luz de que han sido perdonadas por Dios; pero también serán juzgadas las cosas que tengan que ser juzgadas, y ser públicas.
No sé cuáles sean, no estoy seguro cómo se va a ver exactamente; pero este es el principio que Pablo está estableciendo: que hay cosas ocultas, y también las motivaciones de nuestros corazones, cosas que la gente no puede ver; eso también será evaluado, eso será evaluado públicamente por Dios.
Y creo que Pablo está tomando aquí de este pasaje en Jeremías 17:10: "Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras". Y en Marcos... perdón, en Mateo 25 teníamos esta parábola que ya mencioné, de los talentos: "Después de mucho tiempo vino el señor de aquellos siervos y arregló cuentas con ellos. Y llegando el que había recibido los cinco talentos, trajo otros cinco talentos, diciendo: 'Señor, usted me entregó cinco talentos; mire, he ganado yo otros cinco talentos'. Su señor le dijo: 'Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor'. Y llegando también el de los dos talentos, dijo: 'Señor, usted me entregó dos talentos; mire, he ganado otros dos talentos'. Su señor le dijo: 'Bien, siervo bueno y fiel; en lo poco fuiste fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor'".
Hemos regresado a este tema que vimos el domingo pasado, que es cómo es que serán evaluadas nuestras obras. Y eso, hermanos, nada más tiene que ser una motivación, no para agradar a la gente que nos rodea, sino para agradar a Dios; una motivación para decir: "Señor, yo quiero que lo que yo hago en esta vida permanezca para siempre, que tenga trascendencia para tu reino. Así que tú dame la capacidad de servirte de una manera en la cual mis obras sean probadas y sean halladas como obras que te glorificaron a ti y te honraron a ti, y por lo tanto sean permanentes las recompensas que vengan como resultado". Disfrutaré de la recompensa que Dios me dé de acuerdo a las obras que yo hice en esta vida, cuando esas obras sean causadas originalmente por la obra que Dios quería hacer en mi corazón, la transformación. Y cuando es de mi naturaleza pecaminosa y de mi tendencia humana de hacer lo que a mí me gusta hacer, y de ser egoísta y divisivo en la iglesia, y cuando sean esas las motivaciones las cuales me llevaron a decir o hacer ciertas cosas, esas cosas serán destruidas. Entonces, un juicio final.
"No sobrepasar lo que está escrito"
Y ahora quiero que vean lo que sigue, en el versículo 6. Los versículos 6 al 8 son probablemente los más difíciles de todo este pasaje. Dice: "Esto, hermanos, lo he aplicado en sentido figurado a mí mismo y a Apolos por amor a ustedes, para que en nosotros aprendan a no sobrepasar lo que está escrito, para que ninguno de ustedes se vuelva arrogante a favor del uno contra el otro".
Entonces, ¿de qué está hablando Pablo cuando dice que "lo he aplicado en sentido figurado a mí mismo y a Apolos por amor a ustedes"? Bueno, ya vimos algo de esto desde el capítulo 3, porque usó una analogía que era un jardín: "Yo y Apolos hemos sembrado y hemos regado, Dios da el crecimiento". Y después dice: "Y yo, Pablo, soy como un arquitecto". Y entonces está usando este sentido figurado sobre ellos porque quiere ayudarles a entender cómo debe de haber unidad. Y Pablo y Apolos... O sea, Pablo está poniendo a Apolos junto con él como un ejemplo de unidad: o sea, tenemos el mismo sentir, el mismo propósito, y estoy usándonos a nosotros como ejemplos para que ustedes vean que ustedes también pueden estar unidos. Si Pablo, si Apolos, si yo podemos estar unidos, ustedes también pueden estar unidos, porque nosotros estamos dándoles un ejemplo de cómo se ve construir la iglesia.
Entonces, la clave ahí —y esto es muy interesante, y estuve pensando y pensando y tratando de entenderlo— es cuando él dice que no deben de sobrepasar; o sea, el propósito de todo eso es "que aprendan a no sobrepasar lo que está escrito". Entonces creo que a lo que se refiere Pablo aquí es a que tienen que vivir... O sea, el ejemplo que él ha puesto de unidad entre él y Apolos es un ejemplo de basarse en lo que las Escrituras dicen, y que esa sea su misión: "Esto es a lo que la Biblia me está llamando; no estoy trabajando en base a mi propia opinión humana, o a mis propios juicios humanos, estoy basándome en lo que la Palabra de Dios enseña". Y eso es lo que ustedes también tienen que hacer.
Porque cuando hay orgullo en ustedes, ¿qué van a hacer? Cuando hay divisiones entre ustedes, ¿qué va a pasar? Para poderse elevar sobre otros, para poderse sentir mejor que otros, ustedes van a tener que empezar a actuar fuera de lo que dice la Palabra de Dios, van a sobrepasar lo que está escrito.
El legalismo: cargas que la Biblia no pone
Y nosotros hemos escuchado testimonios de iglesias donde el orgullo del liderazgo llevaba a los pastores, a los líderes, a querer tener un control minucioso de todo lo que estaba pasando en las vidas de todos, al grado que los miembros de la iglesia tienen que pedir permiso para todo lo que hacen: "Hermano, ¿puedo irme de picnic el sábado?", "hermano, ¿puedo...?". Y los pastores querían que así fuera; o sea, que ellos fueran el filtro final para todas las decisiones de todos los miembros, y si no lo hacían, entonces había un problema. Claro: eso es sobrepasar los límites de las Escrituras.
Ustedes, hermanos, tienen que aprender a tomar decisiones. Y sí hay consejo y hay sabiduría entre nosotros, pero yo no puedo sobrepasar mi autoridad con ustedes por un orgullo de: "Ah, pero yo soy el pastor; pues, ¿cómo no me toman en cuenta, si yo soy el pastor?". Y entonces empieza a haber este sentido de división entre nosotros, justamente porque hay orgullo en mi corazón; y la manera en que manifestamos ese orgullo es poniendo cargas sobre ustedes de cosas que la Biblia ni siquiera dice.
Entonces, el orgullo nos hace ir más allá de la Palabra de Dios; es lo que conocemos también como legalismo. Muchas veces las reglas que algunas iglesias ponen no son para agradar a Dios, son para agradar a los pastores: "Tengo que hacer esto porque, si no, el pastor se va a enojar conmigo". Y entonces ya no estamos buscando agradar a Dios, y también se pierde la unidad de la iglesia.
"¿Quién te distingue?"
Versículo 7 dice —y aquí está, este es el pasaje central, creo, de todo esto que estamos estudiando hoy; ustedes probablemente lo han leído antes—: "Porque, ¿quién te distingue? ¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?". Quién, qué y por qué: son tres preguntas que hace Pablo aquí. Y básicamente estas preguntas están dirigidas a hacernos preguntarnos: ¿qué es lo que tú crees que, en tu iglesia, en tu congregación, te hace superior a los demás? Dime, tú que criticas a todos y dices: "Ah, es que este es así, es que ese es así, es que es así". Claramente, cuando hacemos eso, cuando todo el tiempo estamos juzgando a nuestro alrededor, nosotros nos estamos poniendo en una posición por encima para poder hacer ese juicio. Y la pregunta que Pablo está haciendo es: ¿qué te hace superior? ¿Qué te pone en una posición de poder juzgar a otros y de sentirte mejor que los demás?
Vean lo que dice. Bueno, la primera pregunta: "¿Quién te distingue?". ¿A qué se refiere eso? ¿Qué te hace especial? ¿No es esa la pregunta? Ah, ¿crees que eres especial?
Pues sí, sí eres especial. Nada más para aclarar, no se sientan ofendidos: sí son especiales. Pero la pregunta es: ¿por qué son especiales?
Capítulo 1, versículo 4, ya lo habíamos visto: "Siempre doy gracias a mi Dios por ustedes, por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo Jesús; porque en todo ustedes fueron enriquecidos en Él, en toda palabra, en todo conocimiento, así como el testimonio acerca de Cristo fue confirmado en ustedes, de manera que nada les falta en ningún don, esperando ansiosamente la revelación de nuestro Señor Jesucristo. Él también los confirmará hasta el fin, para que sean irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fueron llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor".
¿Por qué son especiales, hermanos? Tú y yo sí somos especiales, pero la pregunta de Pablo está dirigida a hacerles pensar que yo no soy especial por mí, por algo en mí. ¿De dónde viene lo especial en nosotros? De algo que Dios ha hecho en nosotros. Solo Dios nos hace especiales; es la única razón por la que somos especiales: por Dios.
Versículo 29 de ese mismo capítulo 1: "Para que nadie se jacte delante de Dios. Pero por obra suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención; para que, tal como está escrito: 'El que se gloría, que se gloríe en el Señor'". Entonces no es nada inherente en ti lo que te hace especial: es la obra de Dios en tu vida la que te hace especial. Así que, si vas a presumir de algo, ¿qué vas a presumir? A Dios: Dios está actuando en mi vida, Dios es el que está transformando mi corazón.
Gracia: dar más que recibir
Ellos estaban buscando posiciones de liderazgo para que pudieran ser servidos por otros, y Pablo dice: ustedes no han sido llamados a que otros les sirvan, ustedes han sido llamados a servir a otros. ¿Por qué? Porque eso es gracia, ¿no es cierto? Eso es gracia: gracia es que hemos recibido algo que no merecíamos recibir. Dios vino a servirnos a nosotros, nos dio algo que no merecíamos. Así que entonces, cuando hay divisiones entre nosotros porque sentimos como que tenemos el derecho a ser servidos, ya no estamos manifestando la gracia de Dios, porque ya no estamos dando incondicionalmente. No es que tú merezcas lo que te voy a dar: es que Dios a mí me ha dado algo que yo no merecía, así que yo te voy a dar lo que tú tampoco mereces. Hermano, que siempre te portas tan mala onda conmigo, te voy a mostrar gracia; porque yo no merezco lo que tengo, claramente tú no mereces lo que te voy a dar, pero te lo voy a dar con gozo.
El orgullo nos hace olvidar la gracia. Ese es el punto. Por eso sigue preguntando; ¿cuál es la siguiente pregunta que hace? "¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?".
Entonces, hermanos —y esto es donde a mí me confrontan estos pasajes—: ¿de qué nos quejamos? Honestamente, ¿de qué nos quejamos? ¿Podemos quejarnos de algo? ¿Podemos quejarnos unos de otros? No, si entendemos correctamente la gracia. O sea, no hay nada que yo pueda decirles: "Ay, hermanos, pobre de mí", "pobre de ti", "pobre de ti". ¿Qué? "No, es que si supieras las luchas". Sí, tienes la gracia de Dios, tienes todo lo que necesitas y no lo mereces. Entonces, los cristianos vivimos vidas de agradecimiento. Por eso Pablo dice: "Den gracias en todo", porque si no das gracias, no entiendes la gracia. Ese es el principio.
¿Y saben qué es lo que más nos cuesta? Dar gracias por los que tenemos a un lado. Todos nosotros somos un regalo de gracia a los demás; aquí estamos como un regalo de gracia de Dios. Tú no mereces que yo esté en tu vida, pero yo tampoco merezco que tú estés en la mía; entonces podemos gozarnos juntos de que estamos juntos aquí, personas redimidas por la gracia de Dios, y que ahora tenemos la oportunidad de mostrar eso hacia los demás.
Entonces, la pregunta que Pablo está haciendo en realidad es: ¿cómo es que reflejamos la gracia de Dios unos a otros? Más vale dar que recibir; así es como se va a manifestar: cuando estamos más preocupados por lo que damos que por lo que recibimos de otros.
Agustín, Pelagio y la raíz del orgullo
Y es interesante que este versículo 7 fue usado por san Agustín mucho en su debate contra Pelagio, en cuanto a este tema de la salvación. Y tenía que ver con: ¿de quién es la salvación realmente?, ¿de quién depende en realidad?, ¿en dónde se origina nuestra salvación? O sea, este versículo dice: no hay nada que tengas que no hayas recibido. Incluyendo ¿qué? Nuestra fe, incluyendo la regeneración de nuestro corazón; nuestro corazón fue transformado por la gracia de Dios, y eso fue un regalo de Dios.
Y bueno, ustedes saben, no hablamos en términos así normalmente, tan explícitos, no es algo tan común; pero cuando hablamos de calvinismo y arminianismo, y este debate que se da entre estas dos corrientes sobre la salvación, estamos hablando realmente de un debate que tiene que ver con la raíz de nuestro orgullo: de si hay algo en lo que nos podemos jactar como cristianos. "Es que yo escogí a Dios, es que yo fui el que lo buscó a él; porque, bueno, sí, él me buscó primero, pero yo lo busqué también, pues si yo no lo hubiera buscado, entonces nada hubiera pasado". Sí, ¿pero qué hay detrás de tu elección? ¿Qué hay detrás de que tú lo buscaras? No eras nada más tú: era Dios en ti, era Dios empujándote en esa dirección y Dios haciendo la obra. Así que ahora más vale que le des la gloria a Él por esa obra, que reconozcas que fue Él el que te llevó a sus pies. "Pero algo tiene que venir de mí, ¿no? Yo quiero algo de crédito aquí". Y esa es la lucha que hay en nuestro corazón, y por eso ese tema de la elección, la predestinación, es tan difícil para nosotros: porque queremos crédito, queremos pensar que algo hay en nosotros que Dios tendría que reconocer como bueno.
Bueno, podría también seguir sobre ese tema un rato, pero no; vamos a continuar en el pasaje.
El sarcasmo del versículo 8
Versículo 9... perdón, versículo 8. Y ahora, por si no se han dado cuenta, en la Biblia hay mucho sarcasmo y burla a veces, y ese es uno de esos lugares: "Ya están saciados, ya se han hecho ricos, ya han llegado a reinar sin necesidad de nosotros. Ojalá hubieran llegado a reinar, para que nosotros reináramos también con ustedes". Hay sarcasmo en la voz de Pablo aquí: ustedes creen que ya llegaron a la madurez, que ya lo tienen todo bien identificado, que ya entienden cómo se deberían de hacer todas las cosas y están emitiendo juicios sobre todas las cosas. Ojalá y fuera cierto, porque significaría que ya hubieran llegado a la perfección, en la glorificación, el estado eterno; y entonces significaría que estaríamos en el mismo canal. Ojalá y realmente ya estuvieran en ese nivel, donde ustedes ya están saciados, ya son ricos, ya están reinando, ya saben cómo funcionan todas las cosas. Y entonces, ¿ya qué les falta, corintios, para madurar? Ya llegaron a lo más alto que se puede llegar. Ese es el tono de sarcasmo en la voz de Pablo: creen que ya llegaron al final, creen que ya están en el punto más elevado, porque pues claramente nosotros no estamos con ustedes en eso.
El orgullo nos hace vivir engañados.
Ellos genuinamente creían que eran maduros, ellos genuinamente creían que estaban juzgando correctamente todas las cosas. Y Pablo dice: es una ilusión, no es verdad. Entonces creen, pero es una autopercepción falsa.
Entonces hay algo muy interesante en el lenguaje que maneja aquí, porque los corintios eran triunfalistas y faccionarios debido a la influencia de la filosofía local. Eso es súper interesante: los estoicos, por siglos, habían empleado los términos específicos "ricos", "saciados" y "reyes" para describir al filósofo. Entonces, tenían tan elevado a los filósofos que así es como los describían, y veían al filósofo como alguien que había aprendido a ser autosuficiente, independiente, a través de la sabiduría. Entonces había una frase muy famosa, que era: "Solo yo soy rico, solo yo soy rey en el mundo".
Y Pablo está diciendo: ustedes se están dejando llevar por las filosofías de su sociedad, de tal manera que ustedes creen que han llegado a tener la sabiduría de Dios, pero en realidad es la sabiduría de este mundo. Entonces está hablándoles con el mismo lenguaje de su cultura y de su sociedad, para hacerles ver que están siendo absorbidos por la manera en que piensa la sociedad, no como piensa Dios, pensando que han llegado a este punto de madurez, de superioridad.
Y entonces nos recuerda... Este es un pasaje que les recuerda este lenguaje, porque dice "soy rico". Esto es lo que Jesús le dijo a la iglesia de Laodicea: "Dices: 'Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad'. No sabes que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, y ciego, y desnudo".
A veces nuestra autopercepción es completamente falsa. ¿Y saben qué es lo que nos ciega a esa percepción? Lo que hay en nuestro corazón: el orgullo en nuestro corazón nos hace ser ciegos completamente a la realidad espiritual de nuestras vidas. Creemos que estamos bien, y en realidad estamos reflejando más al mundo que al reino de Dios.
El contraste: cómo viven los apóstoles
Lo cual me lleva al último punto, que es lo que Pablo dice en el versículo 9. Ahora quiere hacer un contraste con él y con Apolos: ustedes se ven así, ustedes tienen esta mentalidad de cómo es que se juzga la vida cristiana y de cómo ustedes son superiores a los demás, y están creando divisiones en la iglesia. Pero ahora el contraste está en el versículo 9, donde dice: "Porque pienso que Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles en último lugar, como sentenciados a muerte; porque hemos llegado a ser un espectáculo para el mundo, tanto para los ángeles como para los hombres". Usando este lenguaje de cómo los romanos traían a los esclavos de la guerra y los metían al Coliseo, y estas eran las peleas de los gladiadores, en donde eran devorados y tenían que pelear contra animales salvajes. Ese es el lenguaje que está usando Pablo, de cómo ellos están siendo exhibidos públicamente como apóstoles, están siendo jalados y puestos en posiciones de peligro.
Versículo 10: "Nosotros somos necios por amor de Cristo, pero ustedes prudentes en Cristo; nosotros somos débiles, pero ustedes fuertes; ustedes son distinguidos, pero nosotros sin honra". ¿Cómo se ve el verdadero cristianismo? Es la pregunta que Pablo quiere decirles: ¿quién se parece más a Cristo en su manera de vivir? "Hasta el momento presente pasamos hambre y sed, andamos mal vestidos, somos maltratados, no tenemos dónde vivir; nos agotamos trabajando con nuestras propias manos. Cuando nos ultrajaban, bendecimos; cuando somos perseguidos, lo soportamos; cuando hablan mal de nosotros, tratamos de reconciliar. Hemos llegado a ser hasta ahora la basura del mundo, el desecho de todo".
Ese es un lenguaje sumamente explícito y hasta hiperbólico acerca de la condición que ellos estaban teniendo. Claro, Pablo está escribiendo esta carta desde Éfeso; ustedes saben que Pablo vivió muchas cosas, Hechos 19 narra cosas que pasaron en Éfeso, de mucha tribulación. Pero Pablo está tratando de ser muy explícito aquí sobre la realidad de lo que viven en realidad ellos como apóstoles, y esto es un contraste con los corintios, ¿no lo pueden ver? Está tratando de mostrarles cómo se ve diferente la manera en que ellos viven y la actitud que ellos tienen, y la actitud que tienen los corintios. Los corintios probablemente no están dispuestos a pasar por estas cosas, están tratando de evitar estas cosas; por eso quieren tener posiciones de honor dentro de la iglesia, porque entonces significa que van a tener que sufrir menos, porque otros van a servirles a ellos y ellos no van a tener que servir. Una posición de comodidad es la que están buscando en la iglesia.
¿Está tratando Pablo de que sientan lástima por él? "Ay, no, sí, cierto, pobre de ti, tienes razón, sí sufres mucho, Pablo". ¿Qué pasa cuando estamos tratando de despertar lástima en los demás? También es orgullo, ¿no? ¿Es eso lo que está haciendo Pablo? No, no está tratando de despertar lástima. Recuerden, Pablo está contento de la labor que Dios le ha dado como apóstol, y él sirve a Dios contento, como un privilegio: es por la gracia de Dios que puedo servir de esta manera. Pero Pablo quiere asegurarse de que no hayan cambiado cómo se ve el evangelio normalmente.
No es el evangelio de la prosperidad
Porque, ¿a quién seguimos nosotros como cristianos? Seguimos a Cristo, Él es nuestro ejemplo; Jesús es nuestro ejemplo. Y si Él es nuestro ejemplo, entonces ¿qué podríamos esperar sobre cómo vivimos en este mundo? Con tribulación, siendo atacados.
Y Pablo, en realidad, aquí está... Vamos a ver este documental el próximo domingo, pero este documental de El evangelio americano está enfocado en esta teología de la prosperidad, que dice: "Acércate a Jesús, porque si tú te acercas a Jesús, Él va a solucionar todos tus problemas, y tienes que estar sano, y tienes que tener más dinero, y te tiene que ir mejor en esta vida, porque eso es lo que Jesús quiere para ti". Y ese es un mensaje que Pablo justamente está tratando de contradecir, diciendo: miren, la vida cristiana normal no se ve así; la vida cristiana normal se ve como situaciones difíciles en la vida cristiana, pero eso es exactamente lo que significa seguir a Cristo. Así que más vale que entiendan el evangelio correctamente, que no estén poniendo de cabeza al evangelio y mostrando principios que no son ciertos. Si tú sigues a Cristo, vas a tener tribulación en este mundo: "En el mundo tendréis aflicción, pero confiad: yo he vencido al mundo".
Entonces Pablo está diciendo: miren, lo que es sobrenatural en nosotros, la obra increíble que Dios está haciendo en nosotros, que la gente puede ver y que es una oportunidad para que la gente vea cuando nos están persiguiendo y nos están tratando mal, es el milagro de que no respondemos como normalmente habríamos respondido. Nos tratan mal, nosotros los tratamos bien; ellos nos maldicen, nosotros los bendecimos; ellos nos atacan, y nosotros tratamos de reconciliarnos. Esa es la transformación de un verdadero corazón que ha conocido la gracia de Dios, y el mundo no espera que reaccionemos de esa manera.
¿Cómo va a ver el mundo el evangelio en nosotros si valoramos las mismas cosas que el mundo valora? Si el dinero es tan importante para nosotros como el dinero es de importante para este mundo, entonces no van a ver qué tan precioso es el evangelio. Si tener salud física es tan importante para nosotros como lo es para ellos, entonces ellos no van a ver qué tan precioso es el evangelio. Si todos los otros beneficios temporales y bendiciones temporales de este mundo se vuelven el mayor tesoro de nuestras vidas, entonces ellos no van a poder ver el tesoro que es el evangelio y la cruz de Cristo Jesús.
Entonces, aquí está la perspectiva correcta, hermanos.
Cuando sufrimos, tenemos el gran privilegio de mostrar qué tan precioso es el evangelio para nosotros. Justamente cuando más sufrimos; porque cuando perdemos las cosas que el mundo pensaría que nos harían entrar en depresión y estar tristes, cuando perdemos esas cosas y todavía tenemos el gozo del Señor, algo hay diferente ahí, hay otro tesoro que es más grande que esas cosas temporales. ¿Lo ven? Para Pablo es así; para Pablo es: yo tengo la oportunidad de sufrir por causa del reino de Dios, y así mostrarles que el evangelio es lo más precioso que tengo en mi vida y que estas otras cosas realmente no importan.
Los corintios están evitando este estilo de vida al conformarse a los estándares de este mundo, y Pablo simplemente quiere hacerles ver que la vida cristiana normalmente se ve muy diferente. ¿Cómo se ve la vida cristiana? Se ve como guerra. Corintios, no vivan como si ya estuvieran de vacaciones; básicamente, este es el punto. No vivan haciendo de cuenta que ya las cosas... "También podemos disfrutar de las bendiciones que Dios nos da, relajarnos; al fin y al cabo somos salvos y pues ya no nos vamos a ir al infierno, así que pasémosla bien". Dice Pablo: no, estamos en tiempos de guerra, estamos avanzando como la iglesia militante; todavía no es la iglesia que está disfrutando de las bendiciones de la culminación del reino de Dios, en donde ya no habrá más llanto, ya no habrá más dolor y ya no habrá más pecado. Estamos todavía en la etapa en la cual estamos peleando. Entonces, ¿cómo se ve la vida cristiana? Una batalla: una batalla contra el pecado, una batalla contra este mundo.
La realidad inesperada del evangelio
Y Pablo solamente quiere que entiendan que los principios del evangelio son... Por eso puse aquí "la realidad inesperada del evangelio", porque el evangelio es algo medio inesperado en lo que propone, ¿no es cierto? Y Pablo ya lo estaba mostrando, y está en toda la Biblia: si quieres ser el primero, tienes que ser el último; si quieres ser líder, tendrás que aprender a ser un seguidor primero; si quieres recibir bendiciones en tu vida y cosas buenas, tendrás que sufrir; si quieres ser fuerte, tendrás que ser débil; si quieres ser rico, tendrás que ser pobre; si quieres vivir, tendrás que morir; si quieres obtener recompensa, tendrás que vivir sacrificio; si quieres ser exaltado por Dios, tendrás que aprender a ser humillado, y vas a preferir exaltar y levantar y elevar a otros que a ti mismo. Eso va en contra de nuestra cultura. Sí: más no siempre es mejor; en el evangelio, menos es más. Y hay todos estos principios que el mundo no entiende y son locura, son necedad para este mundo.
Así que, hermanos, mi oración para nuestra iglesia es que aprendamos a juzgar correctamente: cómo nos vemos a nosotros, cómo vemos a los demás, cómo vemos el evangelio; que Dios nos dé, en el poder de su Espíritu, por su gracia, la capacidad de evaluar las cosas de acuerdo a su manera de verlas, y que Dios nos guarde del orgullo que nos hace olvidar la gracia del evangelio.
Gracias, Padre, por este tiempo juntos meditando en tu Palabra. Y gracias porque es poderosa para confrontarnos, es poderosa para confrontarnos sobre las áreas que tú quieres confrontar. Ayúdanos a buscar cómo reflejar el evangelio correctamente, cómo juzgarnos correctamente y evaluarnos correctamente, para tu gloria. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
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