1 Corintios 51 CorintiosNathan Díaz
Disciplina en la iglesia
¿Qué es la disciplina en la iglesia y cuándo debe aplicarse? En 1 Corintios 5, Pablo confronta a una iglesia que toleraba un pecado sexual evidente y llama arrogancia —no humildad— al no hacer nada. Vemos cuándo, cómo y por qué disciplinar, qué tiene que ver con la membresía y la Cena del Señor, y por qué la meta siempre es restaurar.
Transcripción
Disciplina y autoridad en la iglesia
…(la grabación comienza con el mensaje ya empezado) Estábamos hablando acerca de la autoridad y el liderazgo en la iglesia, entonces hay una conexión entre estos dos temas; porque, como veíamos el domingo pasado, no nos gusta la autoridad, muchas veces no nos gusta estar bajo autoridad. Y mucho menos nos gusta si la autoridad nos disciplina: ese es el peor de todos los casos posibles, que no nos gusta a ninguno de nosotros.
Entonces, la progresión aquí en Corintios la van a poder ver, donde, después de haber establecido su autoridad, Pablo, como apóstol, se pone como padre de ellos: "Yo soy como un papá para ustedes, un papá espiritual, porque puse el fundamento del evangelio y me preocupo por ustedes como un papá se preocupa por sus hijos". Eso es como Pablo explicó su rol para con la iglesia de Corinto. Y a la luz de esa preocupación como papá es que ahora viene la amonestación del capítulo 5, donde va a retar la manera en la que están viviendo sus vidas como cristianos. Se acuerdan que decía que el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder; y es un poder para transformar nuestras vidas, para vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Entonces, si ese poder no se está viendo, eso es un tema de preocupación para Pablo.
Lectura de 1 Corintios 5
Dice, versículo 1 del capítulo 5: "En efecto, se oye que entre ustedes hay inmoralidad, y una inmoralidad tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguien tiene la mujer de su padre. Y ustedes se han vuelto arrogantes, en lugar de haberse entristecido, para que el que de entre ustedes ha cometido esta acción fuera expulsado de en medio de ustedes. Yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo pero presente en espíritu, como si estuviera presente, ya he juzgado al que cometió tal acción. En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando estén reunidos, y yo con ustedes en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entreguen a este tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. La jactancia de ustedes no es buena. ¿No saben que un poco de levadura fermenta toda la masa? Limpien la levadura vieja para que sean masa nueva, así como lo son en realidad, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Por tanto, celebremos la fiesta, no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad. En mi carta les escribí que no anduvieran en compañía de personas inmorales. No me refería a la gente inmoral de este mundo, a los codiciosos y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendrían ustedes que salirse del mundo. Sino que, en efecto, les escribí que no anduvieran en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, idólatra, o difamador, o borracho, estafador. Con esa persona ni siquiera coman. Pues, ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgan ustedes a los que están dentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. Expulsen al malvado de entre ustedes".
Señor, bendice este tiempo juntos en tu Palabra nuevamente. Te pedimos que un tema tan difícil, tan incómodo a veces, sea un tema también que nos ayude a vivir para tu gloria de una manera que te honre como iglesia. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
La disciplina es necesaria
Bueno, ya vieron qué es lo que vamos a comentar hoy; eso es lo que nos toca en 1 Corintios. A lo mejor, si fuera mi elección, por comodidad nada más me saltaría este capítulo y me iría a 1 Corintios 13: "Vamos a hablar mejor del amor y de cómo se ve el amor". Bueno, ya llegaremos ahí. Ahorita este tema es el tema de la disciplina en la iglesia.
Y aunque no nos gusta la disciplina, todos entendemos que la disciplina es necesaria. Porque si ustedes tienen un trabajo, si se han ido a la escuela, ustedes saben que tiene que haber ciertos límites dentro de cualquier institución humana. Tiene que haber límites: si no pasas tus exámenes, no pasas de año; si no llegas a tiempo al trabajo, si no te presentas a trabajar, no te pagan. Esos son límites, eso también es disciplina, en un sentido más amplio. Sí hay disciplina en cualquier lugar a donde vamos, porque es necesaria para que funcione el lugar. ¡Cuánto más en la iglesia debe de haber disciplina! ¡Cuánto más en la iglesia debe de haber límites muy claros que existen sobre cómo debemos de conducirnos y de cómo debemos de vivir!
En Hebreos 12 —ustedes pueden regresar a cuando estudiamos el libro de Hebreos—, en Hebreos 12 el autor habló acerca de cómo Dios nos disciplina a nosotros cuando somos sus hijos, como padre amoroso. O sea, si tú eres disciplinado, aprécialo, porque entonces significa que eres hijo de Dios; si Dios se toma el tiempo para disciplinarte, así como un padre terrenal se toma el tiempo para disciplinar a sus hijos y los ama. Y cuando veíamos Hebreos 12, veíamos que había tres tipos de disciplina —y si quieren regresar a escuchar ese mensaje, pueden hacerlo—: digamos que había disciplina formativa, disciplina preventiva y disciplina correctiva.
Entonces hay tres tipos de disciplina, en realidad, que existen dentro de la iglesia. No todos son este tipo de disciplina: el hecho de que estamos todos aquí, que dijimos "vamos a vernos a las diez de la mañana el domingo", eso es una disciplina; el hecho de que yo estoy aquí predicando la Palabra de Dios y ustedes me están escuchando, eso es una disciplina. Hay disciplinas espirituales que están diseñadas para santificarnos. Pero también está la disciplina correctiva, que es la que vamos a ver hoy.
Pero toda la disciplina, hermanos —y esto vamos a aclararlo desde un principio—, todas estas disciplinas, como hijos de Dios, no están diseñadas para hacernos daño: están diseñadas para ayudarnos unos a otros. Ese es su único propósito de existir: ayudarnos, querer lo mejor los unos para los otros. Sí.
¿Cuándo disciplinar?
Entonces, con eso en mente, la primera pregunta que quiero contestar es: ¿cuándo disciplinar? ¿Cuándo? Bueno, la respuesta breve de este pasaje es: cuando hay pecado. Pero vamos a ver las características más claras aquí.
¿Qué está pasando? Alguien le comentó a Pablo, le dijo: "Mira, allá en la iglesia de Corinto hay un hombre que está teniendo relaciones sexuales con la esposa de su papá". Entonces esto es algo conocido; a lo mejor ya se vinieron a vivir juntos, es algo muy obvio, todos lo saben. A lo mejor ya había fallecido el papá, no sabemos. Parece que esta es como su madrastra; y bueno, en ese tiempo las mujeres se casaban mucho más jóvenes que hoy en día, entonces probablemente esta mujer está más cerca de la edad del hijo que del papá, si es la madrastra, puede ser. Eso es parte de la situación.
Pero este tipo de relaciones, dice Pablo, aun en la sociedad secular, aun los que no son cristianos lo ven mal; aun ellos dicen: "Eso no está bien". Una relación así iba en contra tanto de las tradiciones judías como de las leyes grecorromanas, por lo extraño del caso y por el daño que causaba a una familia.
Entonces, el enfoque aquí está no en el caso en sí —y lo pueden ver en el texto—: el problema no es en realidad lo que está pasando con este hombre y su madrastra, no es la preocupación central de Pablo. ¿Cuál es su preocupación central? Cómo está respondiendo la iglesia. Esa es su preocupación: que la iglesia diga "está bien" y no haga nada, y asuma como que es normal.
Eso es lo que le preocupa. Entonces, ¿por qué estaban ignorando esta situación, si aun allá afuera, si aun los no cristianos lo veían mal? ¿Por qué creen ustedes que los corintios están dejando que esto suceda y no están diciendo nada? ¿Cuáles podrían ser algunas razones?
Bueno, no nos dice el texto, pero hay una presuposición aquí, por la cultura corintia y por muchas otras cosas que podríamos analizar de la situación. Lo más probable es que la razón principal por la cual están ignorando lo que está sucediendo entre ellos es porque la persona que está cometiendo estos actos es una persona de mucha influencia dentro de la iglesia, y probablemente una persona con una posición económica significativa dentro de la iglesia. Entonces es alguien a quien no quieren ofender, es alguien de quien dicen: "Es que, ay, es que si le decimos algo, ¿qué tal si deja de ofrendar?". Y les preocupa eso; es probablemente parte de la razón.
Y entonces ellos están justificándolo. Y su teología, la de los corintios, como ya hemos visto, es una teología inmadura, o que se está reflejando de una manera inmadura —ya les dijo "niños", ya les dijo "carnales, que actúan como carnales"—. Entonces ellos, a lo mejor, están en esta mentalidad teológica, que todavía existe el día de hoy, de decir: "Pues entre más pecado, más gracia", ¿no? O sea: "Tenemos la gracia de Dios, entonces pues Él nos perdona, no pasa nada". Están minimizando la importancia del sacrificio de Cristo y el poder transformador en nuestra santificación que su sacrificio tiene en nosotros como cristianos.
Y también, dentro de la cultura corintia había una percepción distorsionada de la sexualidad. Esto va a venir también más adelante; no se preocupen, hay mucho sobre sexo en Corintios, entonces vamos a estar viendo muchas cosas más adelante ahí. Ellos tenían algunas cosas que, aparentemente, en muchas áreas de sus vidas sexuales, estaban viviendo de una manera que no honra a Dios.
El paralelo de Mateo 18
Entonces, les voy a dar, en realidad... Y aquí les puse Mateo 18; este es un pasaje paralelo en cuanto a la disciplina de la iglesia. Ustedes recuerdan algo de lo que dice Jesús ahí, de cuando hay un problema entre dos hermanos y se está tratando de resolver, y vas con un testigo, con dos testigos, y luego finalmente lo terminas llevando delante de la iglesia porque no se quiere arrepentir el hermano. Ese es el caso de lo que está pasando aquí.
Si esta persona que durmió con su madrastra... Si esto hubiera sucedido y, al ser confrontado, hubiera dicho: "¿Saben qué? Sí estoy equivocado, ya voy a dejar de vivir con ella", la actitud de Pablo sería muy diferente. Y vamos a ver un caso así en 2 Corintios, cuando ya nos vayamos a 2 Corintios: un caso de alguien que sí está arrepentido, y a quien Pablo los está animando a que lo reciban en amor y en gracia, porque está arrepentido. Entonces, una actitud completamente diferente. Pero aquí pueden ver que es una persona que está persistiendo y está diciendo: "No, pues es que nos amamos, y pues así es". ¿No? Y como que la gente dice: "Ah, bueno, está bien". Eso es lo que le preocupa a Pablo. Y el pasaje que mencionaba ahorita, del otro caso, que es diferente a este, que vamos a contrastar cuando lleguemos allá, en 2 Corintios 2:5-11; pero ya lo veremos.
Tres condiciones para disciplinar
Ahorita quiero resumirles brevemente, porque hay mucho que hablar en este pasaje: ¿cuándo disciplinamos como iglesia? Hay tres... Y hay un libro de Nueve Marcas muy útil, que se llama La disciplina de la iglesia, de Jonathan Leeman, que pueden leer si quieren una teología un poquito más exhaustiva sobre este tema. Pero se resumen en tres cosas.
Número uno: cuando el pecado es externo. O sea, es obvio. Y digo eso porque muchos de los problemas que hay entre nosotros a veces ni siquiera son pecados. O sea, yo me he dado cuenta, a lo largo de los años como iglesia, que muchas veces las cosas que unos tienen contra otros, en su mayoría, ¿saben qué son? Son malos entendidos. O sea: "Yo pensaba que el hermano estaba enojado conmigo, pero fui, le pregunté, y me dijo que no"; se arregló. O sea, en muchos casos es así de simple. "Ah, es que no me saludó, seguro está enojado, seguro está amargado contra mí". Bueno, eso es una percepción muy subjetiva que se da todo el tiempo; hay subjetividad en esto. Y a veces dices: "No, es que el hermano es muy impaciente". Bueno, sí, puede ser, pero eso es algo que es muy difícil de medir, es algo que es muy difícil de establecer claramente.
Entonces, aquí estamos hablando de un pecado que es externo, que es evidente. Podríamos compararlo con: "Ah, metieron al hermano a la cárcel porque robó de su empresa". Eso es externo; hay un pecado que es muy público, que la gente puede objetivamente describir, qué es lo que está pasando aquí. Entonces, que sea externo.
Número dos, y hay que ser serios aquí: estamos lidiando con un pecado serio. Y todos los pecados son serios, en el sentido de que todos los pecados nos separan de Dios; pero hay pecados que acarrean ciertas consecuencias que son más significativas. Y un pecado sexual, por lo regular, acarrea algunas de las consecuencias más profundas y dañinas a largo plazo. Entonces, por eso es que los pecados sexuales están dentro de otra categoría aquí, y en el libro de Corintios lo van a ver; por eso Pablo va a enfatizar este punto de la sexualidad mucho, porque sabe que es un problema en toda iglesia.
Pero cuando ya es externo, cuando ya es recurrente y cuando es algo serio —en este caso un tipo de incesto; puede ser adulterio, puede ser fornicación; hay varios tipos de pecado que van a ser explicados en esta carta en particular—, ese es el tipo de pecados que estamos observando, y son comprobables. Ese es el factor externo: es comprobable y es serio.
Y número tres, que creo que es la cosa más importante cuando hablamos de este tipo de disciplina de la que vamos a hablar en este capítulo, es que es un pecado sin arrepentimiento. Entonces, es un factor crucial en la disciplina de la iglesia. Cuando tú confrontas al hermano —y ese es el caso en Mateo 18, ¿verdad?—, cuando tú confrontas a un hermano y él no lo reconoce, y él no quiere arrepentirse, y él sigue manteniéndose en su pecado, entonces es el momento de disciplinar. Entonces es el momento de decir —lo vamos a ver en un momento—: esta persona no puede ser miembro oficial de esta iglesia.
¿Por qué? Porque su testimonio no es el testimonio de un cristiano. Un genuino cristiano, cuando es confrontado con el pecado, su reacción... Aunque nuestra reacción inicial sea defendernos, o justificarnos, o lo que sea —y hay muchas maneras en las cuales quisiéramos albergar ese pecado en nuestras vidas—, pero cuando somos confrontados, y si genuinamente el Espíritu está trabajando dentro de nosotros, la respuesta que el Espíritu producirá en nosotros es quebrantamiento y arrepentimiento. Y eso es otra... Lo vamos a ver; esa es otra manera de lidiar con el pecado dentro de la iglesia. Aquí estamos lidiando con estas características.
Entonces, como resumen sobre la disciplina: el fundamento de este tipo de disciplina es, en un sentido más amplio —esta es la definición—, cualquier ofensa moral, o sea sexual, social, injusticia; muchos tipos de ofensas muy evidentes que pueden existir, que son hechas por alguien que dice ser cristiano pero que se rehúsa a la corrección y al cambio. Eso es como estamos definiendo aquí la disciplina. Entonces, me encanta porque, aunque en muchas iglesias considerarían que la razón por la que no disciplinan es porque Jesús dijo que no hay que juzgar.
"¿Quién soy yo para juzgar?". Y esta actitud parece una actitud de humildad, ¿no? Como que: "Ay, pues yo no voy a decir nada del hermano, porque pues, ¿quién soy yo?". ¿Y cómo los llama Pablo aquí a los corintios, por no disciplinar? ¿Cómo les llama? Arrogantes.
¿No es interesante que es exactamente lo contrario de lo que pensaríamos que sería la actitud de no disciplinar? Si no disciplinamos, ¡ay, qué humildes! Pues eso es lo que parece. Pero Pablo dice: si no disciplinan, ustedes están siendo de hecho arrogantes. Arrogantes en su propia opinión acerca de qué tan maduros realmente son en Cristo. ¿Cómo se llaman ustedes mismos cristianos maduros, corintios, y no disciplinan? Eso es arrogancia. No tienen la humildad para decir: "No, algo está mal en nuestra iglesia, algo tiene que ser corregido en nuestra iglesia".
Cómo disciplinar: con humildad y con lágrimas
Bueno, eso nos lleva al segundo punto: cómo disciplinar. Porque esto está muy claro en el texto: "Ustedes se han vuelto arrogantes, en lugar de haberse entristecido". Entonces aquí lo tenemos, esta es la primera pista de la manera en que debemos de disciplinar. Es, número uno, con humildad, porque eso es lo contrario de arrogancia.
Pablo está molesto porque están siendo arrogantes, pero dice: si ustedes disciplinaran, estarían siendo de hecho humildes. Pero estarían siendo humildes porque estarían reflejando que no están preocupados nada más por ustedes y por su reputación, sino por el verdadero bienestar de otra persona; a tal grado que estarían tristes por el pecado de esa persona, que eso también les afectaría a ustedes en su corazón. El ver que mi hermano está mal me hace a mí estar mal. ¿Entienden esa conexión que Pablo quiere que veamos? "En lugar de haberse entristecido". Que haya lágrimas en sus ojos cuando un hermano está en pecado.
Piper dice que el quebrantamiento bíblico se somete a un proceso de disciplina eclesiástica doloroso, arriesgado, que consume nuestro tiempo y muchas veces opresivo. Y la disciplina bíblica dice: "Voy a sacar la viga de mi ojo para que pueda ver claramente, para hacer cualquier tipo de cirugía en el ojo de mi hermano que la Biblia me llama a hacer". Dice: "Voy a verme a mí mismo, no sea que yo mismo también sea tentado al tratar de seguir el consejo de Dios al excluir a otro, en la esperanza de la reconciliación". Es la humildad: no le dice a Dios cómo mostrar su gracia, sino que trata de obedecer con temor y temblor el mandamiento de Dios y cómo Él quiere expresar su gracia. "Señor, si tú quieres expresar tu gracia a través de mi confrontación de mi hermano, que así sea. No me gusta, me incomoda, pero así es como quiero mostrar tu gracia, y me voy a someter a lo que tú me has ordenado".
Entonces, cuando hay lágrimas en nuestros ojos, hermanos, unos por otros, ¿saben qué comunica eso? Y en este caso, específicamente con este tipo de pecado, comunica que no estamos nada más diciendo: "Ah, lo que estás haciendo no es muy buena idea; lo que estás haciendo como que no es la mejor opción". No. Cuando hay lágrimas en nuestros ojos, estamos diciendo: "Si esto no cambia, tengo temor por tu alma". Esa es la tristeza que produce tu pecado en mi corazón: es que no quiero verte en el infierno, eso es lo que me preocupa.
Entonces, no estamos hablando de cosas menores aquí, no estamos hablando de estos pequeños desacuerdos y confusiones que se dan entre nosotros. Estamos hablando de cosas serias, cosas que sí suceden en la iglesia. Y ustedes saben que este texto es sumamente relevante para nosotros como iglesia hoy; ustedes lo saben, porque hemos vivido muchas cosas a lo largo de los años en donde hemos tenido que tratar con un pecado recurrente y no arrepentido en una persona.
"Expúlsenlo de en medio de ustedes"
¿Y qué es lo que tienen que hacer con el que está haciendo estas cosas? Dice Pablo, el versículo 2: expúlsenlo de en medio de ustedes. Eso es lo que quiere que hagan. ¿Cómo lo van a hacer? Dice el versículo 3: "Pues yo, por mi parte, aunque ausente en cuerpo pero presente en espíritu, como si estuviera presente..." —porque ya les dije qué es lo que pienso; entonces, como si yo estuviera ahí, porque ya saben cuál es mi opinión— "...ya he juzgado al que cometió tal acción. En el nombre de nuestro Señor Jesús, cuando estén reunidos, y yo con ustedes en espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesús, entreguen a ese tal a Satanás para la destrucción de su carne, a fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús".
Entonces es remover de este espacio. Y estamos hablando, entonces... Por eso tenemos hoy justamente —esto coincide con el día de hoy— nuestra reunión de miembros. Y nuestros miembros, que han pasado por este proceso de una entrevista y se han comprometido con nuestra iglesia, son aquellos que participarían en este proceso. No esperaríamos que alguien que está de visita, o alguien que no es cristiano, participe en este proceso; esta es responsabilidad de la iglesia. Entonces, delante de los miembros de la iglesia, en una reunión de miembros —y si es necesario se llama una reunión extraoficial, para que todos los que son miembros de esta iglesia vengan—, ¿y qué van a hacer?
Así como en el Antiguo Testamento existían estos espacios santos, como donde estaba el tabernáculo, y había esta división entre los que están dentro y los que están fuera, y había esta idea de lo sagrado y lo profano, de la misma manera está diciendo: él ya no puede pertenecer a esta comunidad, él ya no puede ser identificado con esta comunidad de cristianos. Él pertenece a lo profano, él pertenece al mundo de los gentiles, de los que no buscan a Dios, de los que viven de esta manera.
Bueno, suena un poco duro: excomunión, excomulgar a alguien. Eso lo hemos visto normalmente en la Iglesia Católica, pero honestamente creo que casi no lo practican. Pero es bíblico, es el principio que está aquí. Es duro, a mí me suena duro, pero no debería sorprendernos: es disciplina, no se supone que debe de ser agradable. Entonces lean otra vez Hebreos 12, por si se les olvidó: "Ninguna disciplina en el presente es motivo de gozo", pero el fruto que va a dar a largo plazo es un fruto de justicia.
"Entréguenlo a Satanás"
Entonces, ¿qué significa cuando Pablo dice "entréguenlo a Satanás para la destrucción de su carne"? ¿Qué significa eso? Pues no es algo tan malo como suena. Y déjenme darles un ejemplo del mismo uso de palabras que está aquí, en la Septuaginta, que es la versión en griego del Antiguo Testamento. Aparece en un libro de la Biblia que se llama Job. Y en Job es un contexto un poco diferente, pero hay un paralelo. Si recuerdan, Job 2:6, el Señor le dijo a Satanás: "Él está en tu mano, pero respeta su vida". O sea: "Te estoy entregando, Satanás...". Dios le está diciendo a Satanás: "Yo, Dios, estoy entregándote a ti, Satanás, a Job". Entregar a Satanás.
¿Por qué? ¿Por qué entregó Dios a Job a Satanás? Job 42, versículo 4, nos dice por qué. Porque cuando pasó ese proceso de haber sido entregado a Satanás, y Satanás hizo muchas cosas con él —incluyendo matar a todos sus hijos, y quitarle todos sus bienes, y quitarle su salud—, al final, al final Job dice: "Escucha ahora, y hablaré; te preguntaré, y tú me instruirás. He sabido de ti solo de oídas, pero ahora mis ojos te ven; por eso me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza". Job dijo: "Gracias, Señor, porque me entregaste a Satanás, porque ahora te conozco mucho mejor". Es lo que dijo Job al final. ¿Se dan cuenta de este aspecto? Suena terrible, entregar a alguien a Satanás; pero de hecho es este deseo de que Dios haga lo que tenga que hacer. Y si Dios tiene que usar a Satanás para hacer lo que tenga que hacer, que así sea; pero lo que queremos es que esta persona termine con un corazón quebrantado y arrepentido. Eso es lo que queremos, es lo único que queremos de esta persona.
¿Qué es lo que va a requerir, si ya lo hemos confrontado, ya le dijimos y no se arrepiente, y no se arrepiente? A lo mejor requiere algo más drástico, a lo mejor requiere algo mucho más severo en su vida, para que él voltee y vea a Cristo y reconozca que él necesita ser perdonado y que no puede seguir viviendo su vida así.
Es más, en la misma vida de Pablo había un mensajero de Satanás. Se acuerdan: "Dada la extraordinaria grandeza de las revelaciones, por esta razón, para impedir que me enalteciera, me fue dada una espina en la carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca. Acerca de esto, tres veces he rogado al Señor para que lo quitara de mí, y Él me ha dicho: 'Te basta mi gracia, pues mi poder se perfecciona en la debilidad'. Por tanto, con muchísimo gusto me gloriaré más bien en mis debilidades, para que el poder de Cristo more en mí". O sea: "Gracias, Señor, porque me entregaste a Satanás; gracias porque estás usando a Satanás en mi vida para santificarme".
Entonces, ¿por qué dice "para la destrucción de su carne"? O sea, ¿para que lo mate? No, para que mate su pecado. La carne es su deseo de seguir pecando; eso es lo que queremos que sea destruido. A veces el lenguaje que usa Pablo acerca de la carne: la carne son nuestros deseos de una naturaleza pecaminosa, que son contrarios a los deseos de Dios para nuestra vida; y esos son los deseos que queremos que sean cambiados, destruidos. Entonces, "carne" aquí es esta terquedad en seguir en el pecado; es lo que queremos que sea destruido.
Por qué disciplinar
Ya vimos cuándo disciplinar; ahora, cómo disciplinar. Número tres: ¿por qué disciplinar? Está en el versículo 5. ¿Por qué así? ¿Por qué disciplinar? Dice el versículo 5, lo dice: "A fin de que su espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús". Mi único deseo para ti, hermano, es que al final del día tú seas de los hijos de Dios, que tú seas salvo. Y me preocupas tanto, que si yo te veo vivir en pecado, si yo te veo permanecer en pecado, yo voy a pedirle a Dios que haga todo lo que sea necesario para que cambies, y para que al final tú puedas encontrar verdadera salvación y paz con Dios. Esa es la meta: es la restauración.
Y la destrucción de la carne que está diciendo Pablo aquí no es nada más para la destrucción de la carne, no nada más del que está siendo disciplinado. Para Pablo, la destrucción de la carne también, en realidad, tiene la implicación de que también sea destruida la actitud carnal de los corintios; que al ejercer la disciplina también sirva para la purificación de la iglesia, que la iglesia entienda que el pecado es algo serio para Dios, que no podemos tomar a la ligera.
Entonces, ¿por qué disciplinar? Porque queremos restaurar a nuestro hermano, queremos que sea salvo; pero también queremos la pureza y la santificación de la iglesia.
Un poco de levadura fermenta toda la masa
Y aquí lo van a ver, en el versículo 6, dice: "La jactancia de ustedes no es buena". Otra vez, los corintios y su arrogancia de no querer reconocer que hay un problema. Dicen: "Ah, no, estamos bien, somos muy maduros; mira cómo enseñamos, igualito que Pablo, igualito que Apolos, entonces no hay ningún problema en nuestra iglesia". Y esa es la actitud que están teniendo, ignorando lo que realmente está pasando entre ellos.
Y entonces dice Pablo: "¿No saben que un poco de levadura fermenta toda la masa?". O sea, parte del problema de su arrogancia es su ignorancia: están ignorando cosas que son muy importantes dentro de la iglesia. La pureza, la santidad, es importante. Si en su supuesto conocimiento de gracia y libertad están permitiendo a este hombre, en realidad están destruyendo la iglesia; están permitiendo el pecado, entonces están destruyendo la iglesia.
La levadura es la imagen que usa Pablo aquí: "Limpien la levadura vieja para que sean masa nueva, así como lo son en realidad, sin levadura. Porque aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Por tanto, celebremos la fiesta, no con la levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura, y de sinceridad y verdad".
Y a lo mejor ustedes no entienden esta analogía de la levadura, porque dicen: "Un pan con levadura, ¡qué rico! Abraham sabe hacer estos panes con su levadura". Ah, no, esas levaduras. Ah, bueno, entonces está mejor, más bíblico. Pero la imagen es: sacas algo del refri y tienes tu queso ahí, con una mancha de moho. ¿Qué haces? Bueno, si no es más que una esquinita, ¿qué haces? Pues bueno, yo se lo corto y ya me como el resto del queso, ¿no? Nada más el resto, que no tiene. Pero yo sé que si lo dejo ahí, ¿qué va a pasar? Al rato ninguna parte del queso va a servir. No sé si esa es una buena analogía; no sé mucho de cómo conservar la comida.
Pero otra analogía: ustedes saben cómo funciona también con el cáncer, ¿no? Encuentran un tumor, encuentran algo ahí pequeño. ¿Qué tienen que hacer? Tienen que sacarlo lo más pronto posible, porque saben qué pasa cuando hay un tumor ahí: se va a expandir, va a crecer, va a invadir otros órganos, y al final la persona va a morir si no hacen algo desde el principio. Esa es la imagen que está tratando de mostrar Pablo.
Pero claro, la imagen viene obviamente de regresar a Éxodo, a ver la celebración de la Pascua, donde eran los panes sin levadura, y mostrar que hay una conexión aquí. La levadura, en la celebración de la Pascua, ahí a lo largo del Antiguo Testamento, en las reglas que Dios ponía, la levadura representaba el pecado. Por eso es que los panes no deberían tener levadura, y por eso es que nosotros tratamos, para ser más fieles a esa analogía, de usar panes sin levadura en la Cena del Señor. Y ya ustedes han visto que usamos matzos, que no tienen levadura, porque creemos que eso es significativo en la imagen de lo que Dios está tratando de comunicar a través de ese símbolo. El sacrificio de Cristo fue un sacrificio sin pecado; y cuando ese pan es quebrantado, es quebrantado un pan sin levadura, para representar el cuerpo sin pecado de Cristo.
Entonces, el orgullo de los corintios está diciendo: "Cristo ha sido sacrificado por nuestros pecados, por lo tanto el pecado y la gracia pueden abundar". Pablo está diciendo: "Cristo, nuestro Cordero pascual, fue sacrificado; por lo tanto, saquen la levadura de entre ustedes". Una iglesia que refleja lo que realmente es. ¿Lo ven ahí? Me encanta. Es muy raro cómo está gramaticalmente, pero es significativo. Dice: "Limpien la levadura vieja para que sean masa nueva, como lo son en realidad". O sea: actúen como lo que son. Cuando hay pecado entre ustedes, no están reflejando correctamente lo que ya son, dice Pablo. Hay una tensión ahí; dices: "Bueno, entonces sí son, si no lo muestran". Entonces Pablo está convencido de que sí, efectivamente, hay genuinos cristianos entre ellos.
Y quiere que ellos reflejen correctamente la obra del evangelio en sus corazones, la obra transformadora del evangelio.
La disciplina informal: arrepentimiento constante
Una iglesia saludable, hermanos, es una iglesia que siempre está trabajando en una disciplina informal. O sea, eso tiene que ser algo muy, muy común entre nosotros: disciplina informal, que es un constante arrepentimiento. Porque, ya sea que Dios nos convence de pecado, o que otro hermano nos convence de que hay pecado en nosotros, nos arrepentimos y nos pedimos perdón. Y eso es algo de todo el tiempo: arrepentimiento, arrepentimiento. Eso tiene que ser una característica central de nuestra iglesia, y se da en un ambiente informal; no es un escándalo, no es algo que se tenga que comunicar a todos necesariamente, pero está pasando todo el tiempo entre nosotros: estamos arrepintiéndonos. ¿Hay pecados? Sí, pero estamos en un proceso constante de arrepentimiento.
Esto de lo que estamos leyendo es cuando ya hemos pasado a otro nivel. Esto no debe ser tan común. Va a pasar en toda iglesia bíblica, va a pasar, no importa qué tan santa o qué tan buena teología tengan; va a pasar que va a haber pecado, y va a haber pecado a este nivel, donde no hay arrepentimiento, y va a ser necesaria la disciplina eclesiástica. Pero nuestra oración es que, si se practica la disciplina informal todo el tiempo, y todo el tiempo se ve que hay arrepentimiento entre nosotros constantemente, este tipo de situación tiene que ser muy raro, muy escaso; porque no damos tiempo a que se acumule algo, a que se haga más grande. No ignoramos las cosas pequeñas entre nosotros, para que no lleguemos a las cosas grandes. ¿Entienden?
La Cena del Señor
Entonces, la Cena del Señor —y aquí es donde Pablo menciona la Cena del Señor—: "Aun Cristo, nuestra Pascua, ha sido sacrificado. Por tanto, celebremos la fiesta, no con levadura vieja, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad".
La Cena del Señor es una mini reunión de disciplina todos los domingos, donde todos estamos siendo confrontados con nuestro pecado, ¿verdad? "Señor, tengo que venir ante ti, arrepentirme, porque tú diste tu vida por mí y no puedo menospreciar tu sacrificio y tu gracia al seguir viviendo en pecado. Así que perdóname". Y cada domingo estamos viniendo delante de Dios. Lo hacemos todos los días, pero cada domingo lo hacemos juntos: venir delante de Dios, pedir perdón juntos y ser restaurados juntos, y Dios nos disciplina a todos juntos. Eso es la Santa Cena.
Y gracias a Dios, gracias a Dios que, para venir a la Cena del Señor, no tienes que ser perfecto. Vean cómo dice el versículo 8 al final, cómo venimos a la Santa Cena: con sinceridad y verdad. No dice "perfectos"; "con perfección y verdad, así vengan", no dice eso. Dice: con sinceridad. O sea, con un corazón abierto y dispuesto a reconocer que la razón por la que estamos aquí es porque necesitamos perdón, porque hemos fallado, porque somos pecadores. Ese tipo de sinceridad al que estamos llamados a tener como iglesia: vengamos a la Santa Cena.
¿Cuál es el problema con la Cena? Y lo vamos a ver en un momento, con la parte de "no coman con él"; creo que se refiere en gran parte a ese punto, a la Cena. ¿Cuál es el problema en la Cena? Si no hay sinceridad, si no me importa mi pecado, si estoy participando como una mera rutina. Y vamos a llegar a eso en el capítulo 11 de 1 Corintios, cuando Pablo habla más de la Cena del Señor. Entonces venimos con sinceridad y con verdad, no siendo perfectos, no diciendo "no me importa mi pecado", sino diciendo: "Necesito ayuda, necesito la gracia de Dios".
La Cena del Señor es un festival de la gracia de Dios. Y es un festival de la gracia de Dios porque la Pascua se repitió otra vez, cuando otra vez nosotros estábamos bajo la amenaza de una plaga de muerte por nuestro terco, injusto y pecador corazón; y esa plaga de muerte fue absorbida por la sangre de otro, la sangre que fue puesta como en el dintel de la puerta, pero esta vez en una cruz. Y ese sacrificio nos protegió del peligro y de la muerte. El Cordero de Dios es ese Cordero pascual, el que celebramos en la Santa Cena.
Entonces, ¿por qué disciplinar? Bueno, vamos a llegar a eso en 1 Corintios 11:28-32; pueden leerlo si quieren.
La membresía de la iglesia
Pero vamos a pasar al último punto, que es este, porque hoy en la tarde es reunión de membresía, y todo este pasaje nos muestra unas verdades muy importantes sobre la membresía de la iglesia.
Vean el versículo 9. Dice: "En mi carta...". O sea, Pablo ya había escrito una carta antes de esta, que no sabemos lo que decía; pues sabemos un poquito de lo que decía, porque aquí lo dice: "En mi carta les escribí que no anduvieran en compañía de personas inmorales". Entonces ya me imagino, ahí estaba el mandamiento: "No anden con personas inmorales". Y luego le llega el rumor a Pablo de que la manera en que están enseñando ese mandamiento es: "Apártense de toda la gente en la sociedad que hace cosas malas". Y que así es como lo está enseñando la iglesia, irónicamente, porque dentro de la misma iglesia hay gente que está haciendo cosas malas, pero a esos sí los ignoran. Y eso es lo que le brinca a Pablo. Dice: porque entonces ustedes, adentro de su iglesia, hay pecado y esos no les importan; pero ah, los de afuera, eso sí: no, no, no, qué inmoral, qué pagano.
Dice: "No me refería a la gente inmoral de este mundo, los codiciosos, estafadores, los idólatras". Pues esos son todos, ¿no? O sea, ¿a quién le van a testificar si no nos juntamos con inmorales? ¿Cuántos de ustedes trabajan con gente que no es cristiana todos los días? No renuncien a su trabajo porque "cómo me voy a juntar con esa gente, y dicen groserías, y hay doble sentido". Y entonces tenemos un reto como cristianos: cómo lidiamos con eso.
Bueno, dice el versículo 11: "Sino que, en efecto, les escribí que no anduvieran en compañía de ninguno que, llamándose hermano, es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, borracho, estafador; pero esa persona ni siquiera coman". Ya han disciplinado a alguien, lo han sacado de la iglesia porque persiste en su pecado, no se quiere arrepentir. ¿Cuál es el mandamiento que sigue para los miembros de la iglesia? "No le hablen". ¿Es eso lo que está diciendo Pablo? No. No está diciendo "no le hablen", porque recuerden: queremos ganar a nuestro hermano para Cristo, queremos que se arrepienta.
¿Qué está diciendo? Está diciendo: no actúen como que todo sigue igual, como que no pasó nada; no hagan de cuenta como que sigue siendo un hermano en Cristo normal, parte de la iglesia. Anímenlo a seguir, busquen su arrepentimiento. El comer con alguien, en ese tiempo, representaba una relación muy cercana, de cercanía, de comunión, de aceptación, de identificación con alguien. Entonces el comer con alguien sería el sinónimo de avalar su vida, de decir: "Esta persona es muy cercana a mí, yo confío en él y no tengo ningún problema con él". Pero dice Pablo: sí tenemos un problema con estas personas, porque queremos que cambien, queremos que entiendan que algo no está bien en sus vidas.
Y creo que, cuando habla de "ni siquiera coman", también tiene este contexto, porque en la primera iglesia el contexto de celebrar la Santa Cena se daba dentro del contexto de una comida. Y el otro día, en los bautizos, hicimos eso: tuvimos la comida y ahí tuvimos la Cena del Señor.
Y eso fue una muestra, un poco, a lo mejor, de cómo se habría visto en la primera iglesia, cómo celebraban la Santa Cena. Entonces creo que también está el lado de —y cuando veamos 1 Corintios 11 lo vamos a ver con más detalle— el lado de tener cuidado con quién participa en la Santa Cena. Y no queremos que alguien reciba mayor condenación por participar en la Santa Cena si nosotros sabemos que hay pecado en su vida y que no está en una disposición de arrepentirse de ese pecado. Entonces sería nuestro trabajo... Si alguien es excomulgado de la comunión, no significa que no puede venir a la iglesia; queremos que siga escuchando el evangelio. Pero, al momento de pasar la Santa Cena, no le daríamos la Cena, porque digamos que no sé si eres creyente.
Y eso es lo que es la membresía de la iglesia. La membresía de la iglesia es una manera de mostrar cómo se ve la vida cristiana. Los que somos miembros de esta iglesia, oficiales, formales, somos miembros porque consideramos juntos que nuestras vidas reflejan cómo se ve un cristiano normal. Por eso es que alguien que está en pecado tiene que ser excomulgado de la membresía: porque ya no podemos respaldar su testimonio, ya no podemos decir: "Ah, sí, eso es un cristiano; así se ve. Ese que duerme con su madrastra, así se ve; hay cristianos que hacen eso". No, decimos: no, así no se ve. Así que no puedes ser miembro, porque no te arrepientes, y un verdadero cristiano sí se arrepiente; entonces tiene que ser sacado de la membresía, porque eso es lo que significa ser miembro.
Y lo que Pablo está tratando de decir en este pasaje es que no nos separamos del mundo; o sea, estamos en el mundo, pero no somos del mundo. O sea, se acuerdan de los límites: ¿cuáles son esos límites? ¿Cuáles son los límites que distinguen a un cristiano de un no cristiano? Eso es la membresía. La membresía es que estamos tratando de definir cómo se ve ser cristiano. Y por eso es que parte del requerimiento de la membresía es que tienen que ser constantes en venir a la iglesia, porque creemos que un verdadero cristiano sí se reúne en la iglesia y que no deja de reunirse. Y si tú dejas de reunirte, no te podemos considerar un miembro, porque no creemos que un verdadero cristiano deje de reunirse. Y si vives en pecado, no podemos considerarte un cristiano, porque no creemos que un cristiano viva en pecado sin arrepentirse; que un cambio se tiene que ver en la vida de alguien que es verdadero hijo de Dios.
Es más fácil juzgar al mundo
Pero bueno, esto es difícil; la parte interna es difícil. Hacia afuera es fácil: juzgar al mundo es lo más fácil que podemos hacer los cristianos, ¿no es cierto? "Ay, esa película de Barbie, qué terrible; promueve el feminismo y promueve unas ideas ahí antibíblicas, hay un transexual en la película". Yo veo que muchos cristianos se están quejando. ¿Qué querías, que fuera una película de cómo iban a la iglesia y están viendo si van a ser misioneros? Claro que no va a reflejar valores cristianos.
Pero, hermanos, ¿juzgamos al mundo? En un sentido, claro, sí decimos: "Bueno, está mal". Pero Dios sabe, Dios los va a juzgar; eso es lo que dice el texto: "¿Por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgan ustedes a los que están dentro de la iglesia?". Ese es su trabajo: es juzgar lo que está pasando adentro de la iglesia, no lo que está pasando allá afuera. Dios sabe lo que está pasando allá afuera; "Dios juzga a los que están fuera. Ustedes, expulsen al malvado de entre ustedes". Esa es su tarea.
Y eso está apelando a Deuteronomio y a la ley mosaica en el Antiguo Testamento, con el pueblo de Israel, haciendo una identificación entre Israel y la iglesia, justamente porque Dios era celoso del pecado que había entre su pueblo. Y se acuerdan: "Ah, si un hijo es rebelde, apedréenlo". Pues no sé cuántos hijos rebeldes había en Israel, pero el pecado era algo serio. O sea, si había algo claro en la ley que Dios le dio a Israel, era que el pecado era algo serio para Dios y que no podían tolerarlo como nación. Ahora ese mandamiento se le ha dado a la iglesia: ustedes son un pueblo santo adquirido por Dios, así que reflejen esa santidad.
Dios va a disciplinarnos como sus hijos; y si Dios nos disciplina como sus hijos, podemos estar seguros de que Él nunca, nunca nos destruirá. Necesitamos la disciplina en nuestras vidas, necesitamos gente en nuestras vidas que nos hagan rendir cuentas, necesitamos gente en nuestras vidas que nos confronten. La pregunta es, hermanos: ¿cómo vamos a recibir esa confrontación? ¿Cómo vamos a recibir esa disciplina? ¿Saben cómo debemos de recibirla? Como un regalo de gracia. Es la gracia de Dios. Que Dios nos ayude a ser una iglesia que practica la disciplina bíblica.
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