Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Corintios 1:18-2:51 CorintiosNathan Díaz

La sabiduría y poder de Dios

¿Por qué la gente rechaza el mensaje del evangelio? Pablo responde en 1 Corintios 1:18-2:5 contrastando la sabiduría humana —elocuencia, conocimiento y mérito— con la sabiduría de Dios revelada en Cristo crucificado. Aquí vemos por qué la cruz es necedad para unos y poder de Dios para los llamados, y cómo esa verdad nos nivela a todos y sostiene la unidad de la iglesia.

Transcripción

Un aviso y el regreso a 1 Corintios

Sí, les recomendamos esta conferencia de Bryan Chapell que va a ser este fin de semana. Vamos a estar poniéndolo ahí también en la página de la iglesia, en Facebook, para que puedan ver todos los datos, dónde es; y ojalá puedan ir, va a ser un buen tiempo.

1 Corintios capítulo 1. Estuvimos viendo la semana pasada cómo es que Pablo se enfoca en uno de los retos más grandes, no nada más de la iglesia de Corinto, sino de todas las iglesias, que es el reto de la unidad: cómo es que la iglesia vive la unidad que se debe ver, que debería ser nuestro testimonio hacia el mundo de afuera, cómo estamos unidos y cómo nos amamos.

Y al estar hablando de la unidad, si recuerdan, Pablo termina en el versículo 17. Está hablando acerca de cómo ellos están teniendo sus preferencias y se han hecho grupos: "Yo prefiero a este, y yo prefiero a este", y se vuelven estos grupos internos dentro de la iglesia que están divididos. Cuando llegamos al versículo 17, Pablo empieza a hablar en torno al evangelio, y ven que se está enfocando específicamente en el tema de la predicación del evangelio y de la cruz de Cristo. Entonces dice —o sea, hablando acerca de cómo él no ha bautizado a la mayoría de los que están ahí en Corinto—: "Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, no con palabras elocuentes, para que no se haga vana la cruz de Cristo".

Y con eso transicionamos, y en realidad todo está conectado hacia lo que vamos a ver hoy, que es: ¿de dónde viene la unidad? Ya lo hablamos el domingo pasado: la unidad viene del evangelio, de entender correctamente el evangelio. Si el evangelio no es claro en la iglesia, no va a haber unidad en la iglesia. Y es por eso que al meternos ahora al versículo 18 se va a desarrollar con mucha más profundidad ahora qué es este evangelio. Tiene que asegurarse de que entiendan de qué se trata el evangelio, cuál es la esencia, la naturaleza del evangelio que predicamos.

Entonces, ¿cómo ayuda a la unidad de la iglesia eso? Bueno, porque la esencia del evangelio, en el evangelio mismo hay un mensaje que es muy diferente al mensaje que existe en este mundo, el mensaje secular humanista de nuestro mundo. El mensaje humanista es: trabaja y esfuérzate para lograr lo más que tú puedas en tu propia vida, avanza, cumple tus sueños, logra tus metas. Ese es el mensaje de nuestro mundo. Y el mensaje del evangelio está enfocado en una dirección muy diferente; y cuando entendemos la humildad y la esencia de lo que el evangelio nos está mostrando, y de cómo nos humilla, entendemos por qué tenemos que estar unidos y cómo es que podemos estar unidos.

Entonces, para Pablo, él está preguntándose: ¿dónde está, dónde está verdaderamente la alianza de los corintios?, ¿en dónde está su lealtad? Y está cuestionando eso porque sus maestros favoritos están reflejando —o sea, esto de tener maestros favoritos está reflejando— el amor de la cultura griega por la sabiduría y la devoción a las celebridades. Bueno, la cultura griega; decimos "cultura griega", pero es una descripción de nuestra cultura también: la manera en que amamos la sabiduría y la devoción a las personas que parece que están en otro nivel.

Sabiduría y poder: los dos temas de hoy

Entonces eso es lo que Pablo quiere confrontar en ellos, y por eso es que ahora se va a meter en esta sección que vamos a ver hoy, a un contraste entre sabiduría y poder. Bueno, esos dos elementos contrastados con necedad y debilidad. Entonces van a encontrar esos contrastes, en realidad, unas veinte veces, de aquí del versículo 18 hasta el capítulo 2, versículo 16; va a seguir haciendo estos contrastes. Hoy nada más vamos a llegar hasta el versículo 5 del capítulo 2.

Así que la pregunta con la que vamos a empezar, y que creo que tienen que pensar al leer este pasaje, es: ¿qué es sabiduría? ¿Cuál es la definición de sabiduría? Y lo que ustedes contesten cuando digan eso, es lo que va a ser confrontado en este texto, porque a lo mejor ustedes tienen un concepto erróneo de sabiduría. Porque Pablo va a contrastar dos tipos de sabiduría; hay diferentes definiciones de lo que significa ser sabio, hay diferentes definiciones de lo que significa tener poder, o de la importancia del poder.

Entonces vamos a ver cómo se desarrolla esto. Es muy simple cómo vamos a estructurar estos versículos: número uno, vamos a hablar de sabiduría; y adivinen de qué otra cosa vamos a hablar: de poder. Ahí está, esos son los dos temas de hoy.

Y empieza el versículo 18 diciendo: "Porque la palabra de la cruz es necedad para los que se pierden, pero para nosotros, los salvos, es poder de Dios". Así que primero quiero que observen que cuando está hablando Pablo de estas categorías —sabiduría y poder, sabiduría de Dios, sabiduría humana—, realmente está creando dos categorías para toda la humanidad. Toda la humanidad está dividida en estas dos categorías del versículo 18: por un lado, los que se pierden; y por otro lado, los que son salvos. Son las únicas dos categorías que existen en todo el mundo, no hay otra; no hay los que están en medio, no hay los que están en el purgatorio logrando salir de ahí para ser salvos. O eres salvo, o te pierdes, eres condenado. Esas son las únicas dos categorías.

¿Por qué rechazan el mensaje?

Y la pregunta con la que Pablo nos va a confrontar, o con la que está confrontando a los corintios, es: ¿por qué es que el cristianismo es tan difícil de entender y de aceptar? ¿Alguna vez se han preguntado eso? ¿Por qué es que la gente rechaza el mensaje cristiano de una manera tan tajante? ¿Han compartido el evangelio con alguien que simplemente les dice "no me interesa"? O sea: "Bien por ti, qué bueno que tú tengas esa creencia, pero esa no es la mía; no, gracias".

Y me atrevería a decir que, de hecho, en nuestra experiencia de evangelismo, esa es la respuesta más común que vamos a recibir. No sé cuál sea su experiencia, no sé con cuántas personas ustedes han compartido su fe, pero lo más común que ustedes van a recibir es un rechazo. Entonces este pasaje es importante porque nos va a explicar por qué rechazan el mensaje; eso es lo que Pablo se va a dedicar a contestar.

Vamos a leer los versículos 19 al 25: "Porque está escrito: destruiré la sabiduría de los sabios, y el entendimiento de los inteligentes desecharé. ¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde está el que sabe discutir en este siglo? ¿No ha hecho Dios que la sabiduría de este mundo sea necedad? Pues ya que en la sabiduría de Dios el mundo no conoció a Dios por medio de su propia sabiduría, agradó a Dios, mediante la necedad de la predicación, salvar a los que creen. Porque en verdad los judíos piden señales, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles. Sin embargo, para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad de Dios es más sabia que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres".

La sabiduría del hombre

Entonces, aquí está primeramente Pablo definiendo para nosotros —vamos a analizar eso— cómo es la sabiduría del hombre. O sea, ven esos contrastes que está haciendo ahí; trata de explicarnos cuáles son las diferencias entre la sabiduría del hombre y la sabiduría de Dios. Así que primero, la sabiduría del hombre.

En la cultura de Corinto, en la cultura grecorromana en general, pero en particular —como veníamos viendo hace dos, tres domingos, cuando veíamos la introducción a esta carta—, Corinto era un lugar de mucho desarrollo intelectual y académico también dentro del Imperio Romano. Y entonces tenemos que entender que realmente existía una cultura que elevaba mucho la capacidad retórica, la capacidad para poder hablar en público, la capacidad de poder impresionar a la gente; entonces tenía un alto valor dentro de esta cultura. Y lo pueden ver en el versículo 20; a eso es a lo que se está refiriendo el versículo 20 cuando dice "¿dónde está el sabio?". El sabio es este tipo de persona, de los filósofos paganos, que se dedicaban a la retórica y a los discursos públicos. "¿Dónde está el sabio?", y después dice: "¿dónde está el que sabe discutir en este siglo?". Entonces esto era conocimiento intelectual, ¿para qué? Para la autopromoción, para obtener algo para mí: lo que yo voy a hacer es impresionar a la gente para obtener una mayor posición social y mayor respeto de los demás. Entonces había una obsesión con la retórica.

Y vean en el versículo 26: "Pues consideren, hermanos, su llamamiento: no hubo muchos sabios conforme a la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles entre ustedes". Entonces esto era lo que era muy valioso en esta sociedad: era gente que era sabia, gente que tenía una buena educación, y también gente que tenía una cierta posición social. Entonces sabiduría, conocimiento, intelecto, educación: todas esas cosas eran las cosas más valoradas; influencia, grados académicos.

¿Sí o no? ¿Alguna vez han hecho esas encuestas donde preguntan cuál es tu nivel más alto de estudios? Y aquí está apelando un poquito… claro, es una encuesta, pero es diferente que yo diga "licenciatura" a que yo diga "bueno, primaria" o "secundaria". "Soy licenciatura", o algunos: "No, bueno, maestría", o "doble o triple maestría", o "doctorado". ¿Qué tan valorado es eso en nuestra sociedad?

Y honestamente, hermanos, en nuestra educación para nuestros hijos, ¿qué tanto hemos valorado esas cosas como centrales en sus vidas, como si de eso se tratara realmente la educación? He descubierto, no nada más en mi propio corazón sino en la cultura cristiana en general, que ese tema se ha elevado muchísimo aun dentro de la iglesia: que mi hijo tenga estudios, que tenga una buena carrera, que pueda tener cómo ganarse su dinero. Y eso es bueno, pero ¿qué tan prioritario se ha convertido?, ¿qué tanto enfoque, qué tanta obsesión se ha convertido en nosotros como padres el que nuestros hijos tengan éxito académico? Bueno, esto es un poco con lo que Pablo está luchando aquí, porque era tan importante dentro de la iglesia de Corinto este tema.

Entonces esta sabiduría del hombre se puede resumir como elocuencia y conocimiento. Y podemos ver las consecuencias de esto allá afuera, cuando hablas con la gente que valora estas cosas en un alto nivel y que por eso menosprecian justamente la fe cristiana. Y eso es de lo que está hablando Pablo cuando habla de la manera en que la sabiduría de Dios se convierte en necedad, o en locura, para ellos: porque estiman tanto la elocuencia y el conocimiento del hombre, que cuando escuchan algo que tiene que ver con la fe, y con la cruz, y con la muerte de Jesús, y con el perdón de pecados, y con la reconciliación con Dios, simplemente les parece locura.

El ateo del podcast

Y en particular, tú podrías escuchar un argumento en particular si tú hablaras con ateos, por ejemplo. Estaba viendo una entrevista en un canal de YouTube, un podcast, donde un ateo está expresando por qué él, aunque creció como católico, abandonó su fe. Y su razonamiento, él dice: "Es que me di cuenta de que la ciencia y la razón humana es más importante que cosas que no se pueden comprobar, y yo prefiero creer en algo que yo puedo ver y entender que en algo que simplemente es un mito, o la imaginación de personas, o quién sabe quién lo inventó. Pero aquí tengo algo sólido para mi vida, y no me voy a dejar nada más lavar el cerebro por cualquiera. Y ay, sí, los ángeles, y el cielo, y el infierno: todos esos son inventos, realmente, que la iglesia ha usado nada más para controlar a la gente". A lo mejor ustedes conocen a alguien que diría exactamente las palabras que yo acabo de decir.

Entonces, ¿por qué rechazan el mensaje del evangelio? Pues no tiene sentido para ellos. Y honestamente, hermanos, yo veo esta arrogancia cuando escucho a este ateo hablar; veo esta arrogancia salir acerca de cómo él ha descubierto, él está iluminado de alguna manera que los religiosos no tienen, este tipo de iluminación que él tiene. Y claro, suena sofisticado, es un ateísmo que suena sofisticado, suena congruente dentro de una cultura y una filosofía humanista en la que vivimos, y puede sonar impresionante, inclusive, porque es alguien muy educado.

Y entonces nos damos cuenta de que esa es nuestra tentación también. Es nuestra tentación: siempre queremos sonar inteligentes, ¿no es cierto? Queremos que la gente no piense mal de nosotros, como que "¿de veras crees eso?, ¿de veras crees en un libro que habla de una serpiente que habla? ¿Eso tú lo crees? O sea, ¿tú crees que eso de veras pasó, tú, que vives en el siglo XXI y que tienes libros de ciencia disponibles para ti y recursos en internet, y todavía crees esas cosas? ¿No sabes que la teoría de la evolución se ha comprobado? Así es como llegamos a ser. ¿Qué otras preguntas podrías tener? Ya sabemos cuál es nuestro origen, ya sabemos por qué estamos aquí".

Y muy dentro de nosotros, hermanos, si somos honestos, sí existe esa tentación y esa inclinación a siempre querer sonar sabios, inteligentes, para este mundo. ¿No es cierto? ¿No es esa la razón por la que normalmente tenemos miedo a hablar en público? No porque no tengamos algo que decir, sino nada más porque no queremos vernos mal, que digamos "morido" y nunca nos perdonen y nos sigan recordando. No queremos ese tipo de humillación delante de la gente. "Yo quiero que vean que sí tengo una buena gramática, que sí sé hablar". Algunos saben a qué me estoy refiriendo; eso es con lo que todos nosotros luchamos.

Una cultura de mérito y de transacción

Y finalmente, hermanos, finalmente es un tema de mérito; finalmente es de que podamos obtener algo a través de nuestros propios recursos y esfuerzos personales. Entonces, en la cultura grecorromana existía mucho esto, esta competencia de las clases sociales y de cómo tú podrías obtener más reconocimiento y subir en la escalera social. Y a lo mejor han visto una película que se llama Gladiador; esto sí era algo común, y esto es real, histórico. Y en Corinto también había gente que estaba dentro de una clase social completamente abajo y no había ninguna oportunidad de subir. Pero estos concursos de gladiadores sí eran una oportunidad, porque a veces eran comprados para luchar en estas peleas; y si ellos lograban ganar, si de hecho a través de este esfuerzo y a través de pelear en estas guerras de gladiadores, sí podían ir subiendo de clase social. Es una de las maneras. O te mataban, ¿no? O sea, o mueres o subes; bueno, no tienes mucha opción, pero así era la cultura del Imperio Romano.

Tenían estas convenciones que les llamaban convenciones de reciprocidad; entonces, daban convenciones específicamente donde la gente se juntaba para ver cómo se podían beneficiar unos de otros. O sea: "Yo te doy esto y tú me das esto; tú tienes esta habilidad, tú tienes estos recursos, yo tengo estos, vamos a intercambiar". Y era una especie de mercado comercial y de ideas y cultural que se desarrollaba para, pues, sacar beneficio de los demás.

Y de hecho esto es súper interesante: estaba leyendo sobre esto, el término "amistad" estaba dentro de ese contexto, relaciones de transacción. Entonces, si tú sabes, ese término "amigo" era porque yo podía beneficiarme en algún sentido de ti, y tú de mí. Lo cual, cuando estaba leyendo eso, de repente veo y digo: "Ah, qué interesante que Pablo no usa ese término aquí". No es el término "amigo"; ¿qué término usa? "Hermanos". No "amigos": "hermanos". Porque hay un sentido de unidad, en un sentido familiar, no de transacción, no de cómo vamos a beneficiarnos y sacar provecho unos de otros, sino cómo podemos darnos a los demás porque somos una familia, sin importar si yo recibo algo a cambio.

Entonces creo que esta cultura es un alto reflejo de nuestra cultura actual: adictos a los logros, qué tanto podemos lograr en esta vida. Y la tendencia, cuando se vuelve eso nuestro enfoque, cuando nos volvemos adictos a nuestros propios logros, la tendencia es a despreciar a aquellos que están debajo de nosotros y no han logrado lo mismo que nosotros hemos logrado. Entonces puede ser que no haya racismo dentro de la iglesia, o ese tipo de discriminación étnica, pero en la iglesia es muy fácil que sí se dé otro tipo de discriminación, que tiene que ver con "mira lo que yo he logrado, y creo que tú todavía no has llegado a ese nivel". Eso es lo que estaba pasando en la iglesia de Corinto. Y ellos estaban pensando —bueno, es la influencia de la cultura—: "La filosofía nos da las respuestas a las preguntas de la vida, y ha descubierto cuáles son las soluciones a los problemas de la vida; así que, ¿por qué necesitaríamos la revelación de Dios cuando tenemos tanto conocimiento humano?".

Ese es el pensamiento de la sociedad de Corinto, y por supuesto también de la nuestra: "Tengo todo lo que quiero, me va bien, tengo un buen trabajo, he podido estudiar, tengo mi familia; entonces, ¿por qué necesito convertirme al cristianismo? ¿Qué tiene el cristianismo que ofrecerme que no tenga yo ya en una sociedad tan próspera, una sociedad con tantas oportunidades?".

Entonces yo veo eso todo el tiempo en nuestra sociedad, y en estos anuncios que salen de los gurús: gurús de cómo tener mejores finanzas, cómo tener éxito financiero; gurús sobre cómo poder convencer a la gente. Eso también hay; hay clases y cursos sobre cómo hablar para convencer a la gente, cómo poder dar un discurso que provoque en la gente el convencimiento de lo que estás tratando de venderles. Este también está de moda —estaba pensando eso porque me salió, y espero que no sea alguien de aquí, pero lo vi en Facebook, el nombre de alguien y su descripción era "coach de vida"—. Coach de vida; no estoy seguro de qué es eso exactamente, pero suena sofisticado. Y entonces, bueno, ese es el tipo de cosas que estamos viendo todo el tiempo: cómo tener mayor impacto, influencia, trascendencia en nuestras vidas personales.

La sabiduría de Dios

Entonces, en fin, todo esto que está siendo descrito tiene que ver con una cultura enfocada y obsesionada con la elocuencia y el conocimiento. Y entonces Pablo contrasta eso con la sabiduría de Dios, y pueden ver el versículo: "Destruiré la sabiduría de los sabios, y el entendimiento de los inteligentes desecharé". Entonces eso viene de Isaías 29 —ya lo estudiamos en algún momento hace mucho tiempo—, Isaías 29, versículos 13 y 14; bueno, el versículo 14 es lo que cita aquí.

Pero ¿no es interesante que cuando ustedes leen…? Si recuerdan lo que estamos estudiando en Isaías, me regresé a checar en qué contexto estaba esto otra vez. Eso está en el contexto de Dios diciéndole a su pueblo que no hagan una alianza con Egipto. ¿Se acuerdan? No hagan una alianza con Egipto. Y el versículo 13 de hecho dice: "Porque este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí". Entonces, con los labios dicen que confían en mí como su sabiduría, pero en realidad están confiando en la sabiduría del hombre; su fundamento, su esperanza está en la sabiduría de una nación que en ese momento parece bastante impresionante. Es de ahí donde Pablo cita para decir que Dios va a destruir la sabiduría de los sabios y el entendimiento de los inteligentes.

¿Cómo lo va a hacer? A través de mostrar una sabiduría completamente diferente. Y si ustedes leen Proverbios capítulo 8, versículos 22 al 32, van a encontrar que la sabiduría en Proverbios se personifica, se hace como una mujer en términos poéticos; es una mujer que de hecho dice que ustedes pueden encontrar salvación si me buscan a mí. Y por supuesto lo que Pablo está haciendo al final, al hablar de la sabiduría de Dios —porque esa personificación en Proverbios termina apuntándonos a la verdadera personificación de la sabiduría en Cristo—, y finalmente Cristo en la cruz, que es el enfoque de este pasaje. Entonces Cristo es la sabiduría de Dios, específicamente enfocada en la obra de la cruz.

¿Y por qué es que la sabiduría de Dios contrasta tanto con la sabiduría del hombre? Bueno, la sabiduría de Dios claramente no es algo que un ser humano idearía: un Mesías crucificado, muerto, sangrando y dando su vida en —pues, para todo lo que se ve en ese momento— una derrota. Eso no es sabiduría humana. Eso es sabiduría de Dios, contrasta completamente con la sabiduría humana.

El hombre diría: "No, es que tienes que impresionar a la gente, tienes que hacer cosas que hagan que la gente te siga, y entonces tienes que mantenerte en la cima. No dejes que te humillen, no dejes que te venzan, no dejes que te atrapen, no dejes que…". O sea, la manera en que este mundo opera es "no te dejes". Y Jesús viene y se entrega voluntariamente y dice: "Voy a dar mi vida". Nadie lo entendía, y nadie lo entiende humanamente; no tiene sentido, en nuestra cabeza esto choca de una manera tan drástica.

El escándalo de la cruz

Y esto es lo que Pablo quiere que podamos ver: es que la cruz, en particular… Hay gente que trae una cruz aquí, ¿no? De hecho, tenemos una cruz ahí atrás también; muchas iglesias tienen una cruz. Pero imagínense que digamos: vamos a hacer una iglesia y nuestro símbolo va a ser una bazuca, o un machete, ¿no?, o qué otra cosa podríamos usar, algún arma, algún arma que represente muerte y que represente tortura también, no nada más muerte sino también tortura. "Eso vamos a usar como nuestro símbolo". Hoy, ya en nuestra cultura occidental, la cruz no tiene la misma connotación que habría tenido dentro del Imperio grecorromano.

Ella es la cruz, y era un símbolo de repulsión; es más, era el instrumento utilizado para la peor categoría de personas del imperio. O sea, no es nada más que te mataran, eso pues ya es bastante malo, si te encierran, te encarcelan o te matan. Si eres de lo peor, si eres de los criminales más despreciados de la sociedad —los violadores, los asesinos, los que hacen las cosas peores en la sociedad, los que son considerados como la escoria—, entonces te crucifican. Y eso es sabiduría de Dios. ¿Me entienden qué tan drástico es este contraste?

Por eso es que muchos veían eso, y muchos lo ven hoy también, y dicen… Para qué está el DIF, en este tema del acogimiento, por ejemplo: es que ven un hogar donde están maltratando a un niño, ¿y qué hacen? Lo sacan, ¿no? "No maltrates a tu hijo. Si tú tienes un hijo, tienes que alimentarlo, tienes que cuidarlo, tienes que hacer cosas que son buenas para él; y si no, lo sacas de su hogar y se lo das a alguien más". Y eso es algo bueno.

Entonces la gente traslada esto al ámbito divino y dice: "Oye, qué mala onda del Padre, eso es abuso de su hijo. Sí, que te golpeen, que te laceren, que te entierren clavos, que te pongan una corona de espinas, que mueras en un sufrimiento y agonía indescriptibles. 'Sí, mi hijo, quiero que te pase eso'. ¿Qué clase de Dios tan sádico? ¿Qué clase de Dios es? ¿Y qué le pasa? Si yo no hago eso con mi hijo, ¿cómo Dios haría eso? Yo no puedo creer en un Dios así, yo no puedo aceptar a un Dios así". Bueno, eso es lo que está pensando la gente que escucha la proclamación del mensaje del evangelio: es ridículo. Y que a tu Dios además lo veas en una cruz y digas: "Ese es mi Dios, ese que está en la cruz; ese es a quien yo sigo, ese es a quien yo adoro; y si yo también termino así, que así sea, estoy dispuesto a dar mi vida como él la dio también por mí".

Entonces han encontrado, han encontrado en Roma grafitis; hay un grafiti que estaba leyendo, de un hombre crucificado pero con una cabeza de burro, y la inscripción dice: "Alexámenos adora a su dios". Ese grafiti es una burla de los cristianos del primer siglo, porque eso es lo que pensaban acerca de su fe: es ridículo, no tiene sentido.

El hombre en su sabiduría dice: "La gente buena se va al cielo, la gente mala se va al infierno". Si tú piensas eso, esa sabiduría humana es lo que tiene sentido para el ser humano. La sabiduría humana no puede comprender la gravedad del pecado humano, nuestra condición sin esperanza como humanos caídos, y no puede entender la justicia de Dios. Solamente Jesús puede revelar esas cosas. Y cuando hablamos de que solamente Jesús puede revelar esas cosas, estamos hablando de que no es revelación natural o revelación general. Es decir, esto es algo que tú no podrías conocer simplemente de voltear y ver el cielo y las estrellas y los árboles y toda la creación y decir: "Sí, debe de haber un Dios, llego a esa conclusión de todo lo que me rodea". Pero no podría saber estas cosas acerca de tu condición delante de Dios sin que Jesús mismo fuera revelado explícitamente en la historia, como está registrado en los evangelios.

Por eso es tan importante en este pasaje la parte de la predicación: porque tenemos que explicarle eso a la gente, que ellos entiendan que, aunque en su mente esto no funciona y no tiene sentido, esta es la sabiduría de Dios, es lo que Dios nos ha revelado como su plan. Y la cruz nos muestra verdadera sabiduría en algo que es muy diferente a la sabiduría humana. La sabiduría humana, como ya les decía, era una sabiduría que busca mérito y que busca ganancia propia; y la cruz nos muestra una actitud completamente diferente, en donde la cruz está ahí para darnos algo, y algo que ni siquiera merecemos.

Hoy en la mañana estaba leyendo Filipenses 2: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres, estando en la condición de hombres, se humilló hasta lo sumo". Eso es lo que el evangelio nos está comunicando hoy. Y entonces empiezan a ver por qué está conectado eso con la unidad de la iglesia.

La sabiduría de la era venidera

La sabiduría de Dios no es de esta era, sino de la era venidera. Entonces, hermanos, estamos rodeados de un mundo de entretenimiento. ¿Cuántas plataformas tenemos para ver películas y series disponibles? Ya ni siquiera tengo paciencia para ver comerciales; cuando llego a ver un comercial digo: "¿Te acuerdas cuando teníamos que ver comerciales?". Estamos bombardeados constantemente de distracciones que al final nos hablan de un tipo de sabiduría: cómo invertir tu tiempo todos los días. Es la sabiduría del mundo: ve tantas películas y series como puedas, entretente tanto como tú puedas, porque esta vida es corta. "Comamos y bebamos y veamos Netflix, que mañana moriremos". Esa es la sabiduría del mundo. No estoy diciendo que no deben ver nada, pero ustedes están aquí hoy y me están escuchando a mí en vez de estar viendo una película en su casa.

Por eso me encanta, porque este pasaje es tan específico cuando dice, versículo 21: "mediante la necedad de la predicación". La necedad de la predicación. ¿Ya se aburrieron? A lo mejor esto ya es demasiada predicación para ustedes; a lo mejor se acaban de despertar y dicen: "Ah, no, sí, sí, es que aquí estoy". Pero no me siento mal de que se duerman: Pablo era suficientemente aburrido para que la gente se durmiera en sus sermones, está registrado que se dormían en los sermones de Pablo. Necedad: ¿quién se pasa una hora aquí nada más escuchando a alguien hablar acerca de una cruz, y acerca de la fe, y acerca de Dios y la salvación? Qué tonto, qué desperdicio de tiempo.

Vean, es más, nada más ya que me dijeron que no se han aburrido todavía: bueno, 2 Corintios 10:10, vean de hecho la opinión que la gente tenía de Pablo y de su estilo de predicación. Porque ellos dicen —esto están hablando de Pablo, del apóstol Pablo—: "Sus cartas son severas y duras, pero la presencia física es poco impresionante y la manera de hablar, despreciable". Eso opinaban de Pablo: "Habla, tú no sabes hablar, tú no sabes entretenernos; te la pasas hablando de estas cosas que ni te entendemos de qué estás hablando, y te encanta regañarnos; además, encima de todo, ni siquiera nos dices cosas que nos animen". Esa era la crítica.

Entonces sí me hace sentir mejor acerca de mi predicación, porque yo sé que siempre hay crítica; y nada más vayan a YouTube y busquen los comentarios en los sermones y van a ver el tipo de cosas que se dicen. Y gracias a Dios, muchas de esas cosas creo que nadie me las diría aquí. Pero está bien, o sea, yo entiendo que lo que estoy haciendo aquí es comunicarles la sabiduría de Dios, no la mía.

Lo necio y lo débil del mundo

Quiero que vean cómo continúa el texto, versículo 27: "Sino que Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y Dios ha escogido lo débil del mundo para avergonzar a lo que es fuerte. También Dios ha escogido lo vil y despreciado del mundo, lo que no es, para anular lo que es, para que nadie se jacte delante de Dios. Pero por obra suya están ustedes en Cristo Jesús, el cual se hizo para nosotros sabiduría de Dios, y justificación, santificación y redención, para que, tal como está escrito: el que se gloría, que se gloríe en el Señor".

Así que la sabiduría de Dios se resume en esto: ¿qué significa estar en Cristo? Lo que ustedes podrían leer en Juan 15:1-17, si quieren, esta idea de que Cristo es la vid y nosotros los pámpanos, y permanecemos en él, y qué significa estar conectados a él. Y aquí Pablo nos da un pequeño resumen, diciéndonos: es justificación, santificación y redención.

Y no me voy a meter mucho en esto, pero 2 Corintios 5:21 nos habla de la justificación. Esto es lo que Jesús ya ha hecho por nosotros en el pasado, y nos declara justos cuando ponemos nuestra fe en él. ¿A través de qué? A través de ver su muerte en la cruz por nosotros; es donde la sabiduría de Dios se vuelve algo increíble y un tesoro: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él". Y eso es en el pasado: la sabiduría de Dios para nuestro Señor en el pasado, declarándonos justos.

Y ahora, en el presente, santificándonos: "Busquen la paz con todos y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". Dios está también, a través de su sabiduría en la persona de Cristo Jesús, santificándonos hoy. Y también en el futuro: nuestra redención futura también es parte de la obra de la sabiduría de Dios por nosotros. "En él también ustedes, después de escuchar el mensaje de la verdad, el evangelio de su salvación, y habiendo creído, fueron sellados en él con el Espíritu Santo de la promesa, que nos es dado como garantía de nuestra herencia, con miras a la redención de la posesión adquirida de Dios, para alabanza de su gloria".

Entonces tenemos estas tres fases que son descritas, de alguna manera, de la vida cristiana, donde la sabiduría de Dios tiene un impacto en nuestras vidas muy real. No es nada más una idea, no es nada más una filosofía humana; esto de hecho es nuestra realidad: lo que Dios ha hecho por nosotros, lo que está haciendo por nosotros y lo que va a hacer por nosotros.

El poder de Dios

Así que el otro punto que describe Pablo aquí es poder, el poder de Dios. Y el poder de Dios está contrastado con el poder del hombre. Versículo 20, vean lo que dice la segunda pregunta: "¿Dónde está el escriba?". Entonces creo que cuando habla de sabiduría está un poco más enfocado… Ambos se aplican, ambos grupos; pero cuando habla de sabiduría está más enfocado hacia los griegos y los gentiles, porque la retórica y el conocimiento y el intelecto, eso es súper importante para ellos, y entonces se trata de eso. Pero cuando habla de poder, creo que de hecho está enfocándose un poco más a otro grupo, que es el que aparece aquí cuando dice, versículo 22: "Porque en verdad los judíos piden señales, los griegos buscan sabiduría"; y luego versículo 23: "nosotros predicamos a Cristo crucificado: piedra de tropiezo para los judíos y necedad para los gentiles".

Entonces, esta piedra de tropiezo para los judíos es que ellos buscan poder, buscan señales. Y "piedra de tropiezo", esta palabra, ¿a qué les suena? Es un escándalo. ¿Cómo puede ser para los judíos un Mesías crucificado? Es una contradicción de términos y de definiciones. ¿Cómo un Mesías termina crucificado? Porque, ¿qué es un Mesías? Alguien que nos viene a libertar, alguien que tiene que tener poder. Y entonces para ellos, eso era con Jesús, y constantemente lo hacían: "Danos una señal, danos una señal". Y les dio señales; sí, les dio señales. ¿Pero fueron suficientes para que creyeran? No. ¿Por qué? Porque lo que ellos querían era poder que los liberara de los romanos, ese era su enfoque. Entonces: "No nos sirve de nada que te terminen matando; ese Mesías no sirve, no tiene caso, no tiene sentido". Y entonces simplemente es una muestra de debilidad: "No eras lo que decías ser".

Entonces este poder es descrito, el poder del hombre para los judíos, como señales y religiosidad. Y de hecho Pablo, cuando habla acerca de qué es la sabiduría de Dios —justificación, santificación y redención—, él tiene en mente estos dos grupos de personas, tanto judíos como gentiles: "Yo no voy a dejar que los judíos piensen en su legalismo como que eso es el mensaje del evangelio; yo no voy a dejar que los gentiles piensen en su antinomianismo, o su liberalidad, para pensar que eso es el evangelio tampoco. Quiero hacerles entender de qué se trata la vida cristiana". Y de eso va a tratar mucho de esta carta, así que no me voy a meter en eso ahorita, aunque quiero. Pero Pablo tiene en mente estos dos grupos, y cuando habla del poder de Dios y del poder que quiere el hombre, está hablando de este tipo de señales que demandan los judíos.

Entonces, ¿cuál es el contraste con el poder del hombre, el poder de Dios? Ellos no aceptarían Isaías 53 como siendo cumplido en Jesús, y ustedes pueden hablar con muchos judíos hoy que les dirían: "No, es… Isaías 53 no se trata del Mesías Jesús; se trata del pueblo de Israel".

El llamado

¿Cuál es el poder de Dios? Les voy a mostrar dónde está aquí en el texto, y con eso vamos a terminar, porque creo que es súper importante este tema. Vean el versículo 26, el poder de Dios; dice: "Pues consideren, hermanos, su llamamiento". Implícito en todo esto es el poder de Dios: está en el llamamiento. Versículo 8: "Él también los confirmará hasta el fin, para que sean irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo. Fiel es Dios, por medio de quien fueron llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo, nuestro Señor". Y luego, en el versículo 24: "Sin embargo, para los llamados, tanto judíos como griegos, Cristo es poder de Dios". Ahí está: ¿para quién es el poder de Dios? Para los llamados.

Entonces, aquí, esto es súper importante, hermanos: la cruz es el poder de Dios, ahí se manifiesta. Como dice 2 Corintios 13:4: "Porque ciertamente él fue crucificado por debilidad, pero vive por el poder de Dios. Así también nosotros somos débiles en él; sin embargo, viviremos con él por el poder de Dios para con ustedes". Esa cruz y ese mensaje de lo que Jesús hizo por nosotros es proclamado.

Entonces yo les estoy diciendo ahorita: Jesús murió por ustedes, ustedes son pecadores, ustedes necesitan un Salvador, ustedes necesitan arrepentirse; y Jesús ya ha hecho la obra que ustedes necesitan para ser reconciliados con Dios, y lo único que tienen que hacer es poner su fe en él, verlo a él, y que eso sea la verdadera y única esperanza para sus vidas, y que ahora su vida se enfoque en esa obra, en todas las áreas de nuestras vidas, para darle honra y honor al único Dios que nos ha salvado, para que seamos sus testigos en la tierra. Es la proclamación del evangelio.

Pero, ¿saben? Eso no es el llamado, porque el llamado no lo hago yo, lo hace Dios. Yo proclamo la verdad, pero solo Dios llama. Porque el llamado —la manera en que está siendo usada esa palabra aquí en 1 Corintios— es un llamado eficaz: los llamados creen, punto. Ningún llamado rechazará el mensaje; los llamados entenderán el mensaje.

Y aquí hay una parte que yo sé que es difícil, y yo sé que nos cuesta trabajo, pero lo pueden ver en el versículo 18, cuando dice: "La palabra de la cruz es necedad para los que se pierden", contrastado con el versículo 24: "Sin embargo, para los llamados, tanto judíos como griegos, es poder de Dios, sabiduría de Dios". O sea, que el problema no es principalmente nuestra conducta, lo que hacemos; nuestro principal problema es nuestra manera de pensar, la manera en que entendemos el mundo. Ese es nuestro problema: no podemos entender el mensaje del evangelio.

¿Cómo va a creer alguien que dice "no tiene sentido, no le entiendo, o sea, se me hace ridículo; tú me hablas de una cruz, tú me hablas de un Mesías crucificado, tú me hablas de muerte, tú me hablas de reconciliación con Dios, se me hace una tontería"? ¿Puede creer alguien que piensa que es una tontería? No, no puede, a menos que sea llamado. Hay más sobre esto en esta carta.

Entonces el llamado de Dios, el poder de Dios, se manifiesta en un llamamiento que se convierte en el fundamento de la fe. Es como entendemos el mensaje, ¿no?, venimos a la fe. Y aquí es donde se conecta todo, hermanos —perdón, yo en mi mente he estado pensando y pensando esto y tratando de armar el argumento de Pablo y tratar de explicárselos a ustedes aquí; espero que ahora tenga todo sentido dentro de este pasaje—: nosotros no venimos a la fe porque éramos más sabios que los demás. ¿Ven la conexión? O sea, no se trata de qué tan inteligente eres para tomar decisiones. "Entonces, como tengo educación y como fui a la universidad, claro que voy a creer, porque soy de los listos". No tiene nada que ver.

De hecho, Dios escoge gente que tiene poca educación para que crea. ¿Para qué? Dice el versículo 29… dice: ¿por qué, por qué Dios lo diseñó así? "Para que nadie se jacte delante de Dios", para que nadie pueda venir delante de Dios y diga: "Sí, claro, Señor, yo te escogí, por supuesto, era lo más lógico, era lo más obvio; yo no soy de esos mensos". ¿Ven dónde crece la arrogancia? "Yo veo ahí afuera: ¿cómo no aceptas el evangelio?, ¿cómo no puedes creer? No puede ser, es tan lógico, es tan obvio; si tan solo lo pensaras tantito".

No, es el llamado, el llamado es la clave, es el poder de Dios. Dios es el que te atrae hacia él, él hace que tú veas la cruz, tú veas el evangelio: "Tiene sentido, lo entiendo". No porque fui a la escuela, no porque nací con ciertas capacidades de decisión que otros no tienen, sino porque Dios me lo reveló sobrenaturalmente; por eso creo. ¿Y eso hace que pueda presumir? ¿Qué puedo decir? "Señor, ah, es que…". Nada, nada. No hay nada en mí, en mi naturaleza, en mi capacidad, en mi propio mérito, que me haga merecedor del conocimiento que tengo de la sabiduría de Dios, que fue revelada a mí cuando escuché el mensaje del evangelio y lo creí.

Entonces, ¿cuál es el fundamento de nuestra fe? Efesios 2:8: "Porque por gracia ustedes han sido salvados por medio de la fe, y esto no procede de ustedes, sino que es don de Dios". Su fe es don de Dios, dice Pablo en Efesios 2:8.

Entonces no podemos manipular a la gente para creer, no podemos acorralarlos para creer: "Es que si no decides en los próximos cinco minutos y te mueres, vas a ir al infierno; entonces ya, cree, haz una oración, por favor, rápido". No podemos manipular a la gente. Y puedo pedirles a los músicos que suban aquí y empiecen a tocar los instrumentos, pues, para que tenga más influencia en ustedes lo que estoy diciendo. A lo mejor… Una vez me dijeron eso: "Hermano, ¿no quiere ministración al final de su predicación?". "¿Que administración? Pues eso lo voy a hacer yo, ¿no? Pues voy a administrar". "No, ministración; o sea, los músicos, que pues le agreguen un poquito ahí de…". Y no me acuerdo qué les dije, si sí o no. Pero no podemos manipular a la gente a creer, no podemos empujar a la gente a creer cuando en su naturaleza no entienden el mensaje y no tiene sentido el mensaje.

La cadena de oro

Entonces, hermanos, Romanos 8:30: "A los que predestinó, a esos también llamó; y a los que llamó, a esos también justificó; y a los que justificó, a esos también glorificó". Es lo que se conoce como la cadena de oro. ¿Qué somos, hermanos? ¿Qué estamos haciendo aquí? ¿Qué mérito hay en nuestra fe como cristianos?

"Por eso, cuando fui a ustedes, hermanos, proclamándoles el testimonio de Dios, no fui con superioridad de palabra o sabiduría, porque nada me propuse saber entre ustedes excepto a Jesucristo, y a este crucificado. Estuve entre ustedes con debilidad, y con temor y mucho temblor; y mi mensaje y mi predicación no fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder" —otra vez se está refiriendo al llamado— "para que la fe de ustedes no descanse en la sabiduría de los hombres". O sea: no soy yo, Pablo, y mi capacidad retórica; es Dios, el poder de Dios, lo que ha hecho que ustedes crean. Y por eso deberían estar unidos, porque no tienen nada de qué jactarse, están todos en el mismo nivel.

¿Qué somos? Mendigos, nada más mostrándoles a otros mendigos dónde encontramos pan. Es lo único que hacemos en la vida cristiana. No existe: "Ah, yo estoy acá y tú estás acá". El evangelio, la fe en Cristo, nos nivela a todos, de una manera hermosa, para traer unidad a su cuerpo.

Implicaciones

Entonces las implicaciones son muchas aquí; ya nada más quiero que piensen brevemente en algunas. Cómo escuchamos el mensaje: cada vez que ustedes están aquí, están escuchando el mensaje, están escuchando cuando está siendo predicada la Palabra de Dios, es sabiduría de Dios. Eso es uno: la implicación de cómo venimos a escuchar. ¿Cuál es nuestra percepción de lo que estamos escuchando? Si tiene sentido, si no tiene sentido; todo eso tenemos que cuestionarnos en nuestra vida como cristianos, porque eso es lo que Pablo quiere confrontar en la iglesia de Corinto. ¿Cómo le suena este mensaje? Si este mensaje le suena como locura, entonces ustedes no son de Dios; y mi proclamación, mi exhortación, es esa: que se arrepientan y crean. Pero el llamado lo va a hacer Dios en ustedes.

La implicación de compartir el evangelio: ahí les va, la implicación para que ustedes compartan el evangelio es enorme aquí. ¿Por qué? Porque no solo deben hacerlo: pueden hacerlo. ¿Se han sentido como que no tienen palabras para explicar su fe a otros? "Es que, ¿cómo le voy a explicar? Así, me cuesta trabajo hablar, me cuesta trabajo ordenar mis ideas, me cuesta que la gente me entienda". ¿Se han sentido así, como que no tienen la capacidad académica, a lo mejor de personalidad, a lo mejor porque son tan introvertidos? No se preocupen, porque no es de ustedes, es de Dios, es sabiduría de Dios. Y eso tiene que animarlos a ustedes a poder hablar de su fe.

Y por eso, en la entrevista de membresía les decimos: "A ver, explícanos el evangelio en tus propias palabras". Porque queremos escuchar cómo ustedes pueden, de manera sencilla, explicar su fe. Y si pueden explicarla, aunque se tropiecen un poquito, pero pueden explicar los elementos de lo que es el evangelio, entonces decimos: "Sí, amén, hermano, tú eres uno de los nuestros". Y queremos que tú comuniques ese mensaje a otros también, que tú hables acerca de tu fe; que tú expliques el evangelio en tus propias palabras, y Dios va a hacer la obra.

¿Qué se compara a la sabiduría de Dios? Nada en el pensamiento judío ni griego se compara a lo que Dios ha hecho en la historia de este mundo. Y nunca vas a escuchar a alguien dar significado y esperanza a tu vida como cuando escuchas el evangelio proclamado, porque es poder de Dios.

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