Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Salmo 63SalmosJonathan Adams

La sed que necesitamos

Transcripción

Un salmo del desierto de Judá

Pues, como mencionaba el pastor Roberto, hemos estado predicando de los Salmos como un interludio en esta serie de mensajes de nuestro pastor Nathan del primer libro de Samuel. Y en los capítulos que hemos visto hasta ahora, pues han sido de antes de que David llegara a ser rey. Y hemos escogido algunos salmos que son de David y que nos ayudan a entenderlo a él como el ungido del Señor, una figura muy, muy importante en el Antiguo Testamento, cómo prefiguraba a Cristo. Y entonces vemos que el Nuevo Testamento se refiere a Jesús como el hermano, o el hijo mayor de David. Entonces, aunque era su hijo —y en ese entonces pues se tenía mucho más la idea de que el padre es mayor que el hijo en el sentido de grandeza—, pero obviamente Jesucristo vino a cumplir las promesas que estaban en David.

Y esta mañana vamos a estar estudiando y viendo, meditando sobre el Salmo 63. Es un salmo de David y nos dice el encabezado que es cuando estuvo en el desierto de Judá. Y bueno, pues hemos visto cómo David estuvo mucho, mucho, mucho tiempo en el desierto de Judá, ¿verdad?, cuando lo estaba persiguiendo el rey Saúl. Entonces podríamos pensar: "Bueno, pues seguramente fue de esta época". Pero hay una parte en el salmo que dice que el rey se gloria en, se regocijará en Dios. Entonces está hablando de sí mismo, porque él es rey; entonces ya es rey, y entonces pues no coordina con esa etapa antes de que fuera rey, cuando estaba huyendo de Saúl. Hay un episodio solamente, después de que David ya fuera rey, cuando estaba en el desierto de Judá.

David, una persona muy humana

¿Cuándo fue esto? Bueno, pues como hemos visto en nuestros estudios de 1 Samuel, nos estamos dando cuenta de varias cosas. Y una de ellas es que, bueno, cuando pensamos —y yo creo que en el mundo en general, tal vez cuando estamos conociendo al Señor y escuchamos del rey David—, bueno, pues fue una persona casi perfecta; tuvo el problema ahí con Betsabé, pero ni siquiera nos acordamos a veces que asesinó a Urías para encubrir ese pecado. Urías, que fue este hombre que seguramente —bueno, al parecer era gentil, ni siquiera era originalmente del pueblo de Israel—, pero de alguna forma él al parecer se convirtió al Señor. Era una persona que realmente seguía a Dios.

Pero aún más allá de eso, estamos viendo en 1 Samuel que David fue una persona muy, muy humana. Y se acordarán que David tuvo más de una esposa —no tantas como Salomón—, y al parecer todas eran del pueblo de Dios, a diferencia de algunas de las paganas con las que se casó Salomón. Pero bueno, David llegó a tener varios hijos de diferentes esposas, y entonces varios medios hermanos. Y uno de esos hijos, Amnón, abusó de su media hermana Tamar. David ya era rey, pero David no hizo nada al respecto. El hermano de Tamar terminó matando a Amnón, su medio hermano, para vengar a Tamar.

Y se acordarán cómo se llamaba ese hermano: era Absalón. Pero Absalón tampoco le perdonó; no perdonó a Amnón, su medio hermano, tampoco perdonó a su padre David por esa falta de liderazgo que tuvo David ahí en esa situación. Y creció, y después hasta organizó un golpe de Estado en contra de su padre cuando era rey. Esto lo agarró desprevenido al rey David, y fue ahí cuando tuvo que huir al desierto de Judá. Estuvo con algunos soldados que se mantenían fieles a él, pero ahora, una vez más, estaba en el desierto de Judá.

Cuando pensamos que la vida nos debe algo

Y su aflicción en ese momento fue muy grande, porque después de haber escapado de Saúl, de haber estado corriendo de Saúl todos esos años, ahora era rey. Y tal vez hubiera podido pensar que había pasado por la época más difícil de su vida, que ya eran tiempos de tranquilidad y de disfrute. Y bueno, pues un pequeño paréntesis aquí: es un peligro del que debemos de cuidarnos nosotros también. Cuando hemos pasado por etapas difíciles de la vida —quizás semanas, meses, hasta años de dificultad—, podemos pensar, llegar a pensar que Dios nos debe algo o la vida nos debe algo, ¿no?, y comenzar a pensar en nosotros mismos y hasta justificar el pecado en nuestras vidas. Tenemos que tener mucho cuidado. No podemos pensar: "Ah, bueno, ya le toca a otro servirme a mí", ¿no? Mientras estemos en esta tierra, estamos para servir, como lo fue nuestro Señor Jesucristo.

El duelo de David por Absalón

Pero bueno, yo creo que esta aflicción le dolió aún más a David que la misma persecución por Saúl. Porque vemos cuánto amaba a Absalón cuando luego las tropas bajo el mando de Joab lograron atrapar a Absalón y lo mataron. Y después de eso, como nos acordaremos, David lanza, yo creo, uno de los duelos más conocidos de toda la historia. Ahora, Giuseppe estaba hablando de la historia. Creo que en toda la historia hay muy pocos duelos tan sentidos como este que tenemos registrado de David en los libros de Samuel. Dice que no dejaba de gritar a voz en cuello y llorar: "¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío! ¡Ojalá hubiera muerto yo en tu lugar! ¡Ay, Absalón, hijo mío, hijo mío!".

Sé que en esta congregación hay varios que han perdido a un hijo, y los demás que tenemos hijos apenas nos podemos imaginar el dolor que eso implica. Pero en este caso, el dolor adicional fue que este hijo que tanto amaba se rebeló contra él, lo quería matar, lo expuso a burla, violando a las concubinas de su padre ahí mismo, en público, burlándose de él. Son pasajes muy crudos que muchas veces no nos gusta leer; nos hacen incómodos. Y lo peor es que fue el propio pecado de David el que llevó a esto. Su falta de trabajo como padre, su falta de disciplina con sus hijos, fue el motivo de que su propio hijo, a quien tanto quería, se volviera su enemigo, tuviera un final tan atroz y, seguramente, por lo que nos dice la Biblia, murió apartado de Dios.

Lectura del Salmo 63

Entonces, bueno, ahora que tenemos esta imagen mental, este contexto, vamos a leer el salmo. Dice, Salmo 63:

"Oh Dios, Tú eres mi Dios. Yo te busco intensamente. Mi alma tiene sed de ti. Todo mi ser te anhela, cual tierra seca, extenuada y sedienta. Te he visto en el santuario y he contemplado Tu poder y Tu gloria. Tu amor es mejor que la vida. Por eso mis labios te alabarán. Te bendeciré mientras viva y, alzando mis manos, te invocaré. Mi alma quedará satisfecha como de un suculento banquete, y con labios jubilosos te alabará mi boca. En mi lecho me acuerdo de ti. Pienso en ti toda la noche. A la sombra de Tus alas cantaré, porque Tú eres mi ayuda. Mi alma se aferra a ti. Tu mano derecha me sostiene. Los que buscan mi muerte serán destruidos. Bajarán a las profundidades de la tierra, serán entregados a la espada y acabarán devorados por los chacales. El rey se regocijará en Dios. Todos los que invocan a Dios lo alabarán, pero los mentirosos serán silenciados".

Y vamos a ver brevemente en esta mañana la sed que necesitamos —la sed que necesitamos—, cómo fomentamos esa sed, cultivamos esa sed, y cómo satisfacemos esa sed.

La sed que necesitamos

Entonces: la sed que necesitamos, cómo cultivamos esa sed y cómo satisfacemos esa sed. Ahora, no sé si alguna vez realmente han tenido sed, ¿no? Así de que: "Ay, pues se me antojó un agua o algo así", pero realmente que hayan tenido sed. Los que sí, estarán de acuerdo conmigo en que en lo único que piensas cuando realmente tienes sed es agua. No hay nada, nada que quita la sed, que satisface la sed como el agua. Y aunque sea agua tibia, al tiempo, aunque sepa un poco a cloro, hasta del recipiente de estaño, no importa: esa agua es deliciosa.

Los que me conocen saben que mi familia es del desierto de Arizona originalmente. Yo me crié en Colombia, pero regresé allá siendo adolescente, y mi padre creció en Arizona haciendo senderismo, alpinismo, explorando cuevas en la zona. Entonces, cuando éramos adolescentes, llevar a los grupos de jóvenes de la iglesia —especialmente a los hombres— a hacer caminatas largas en las montañas del desierto, porque el desierto allá tiene montañas. Y me acuerdo que, bueno, pues lo único que teníamos para cargar agua eran unas cantimploras, y eran como —yo creo que han de haber sido— que sobraron de la guerra de Vietnam o algo así, ¿no? Eran de estaño, entonces sabía todo a estaño. Eran como unas tapitas de corcho para que no se filtrara demasiado el agua, aunque terminabas empapado porque pues no se sellaban bien; y esa preciosa agua, pues ahí mojando el pantalón.

Pero bueno, me acuerdo un día que nos fuimos a una caminata muy, muy larga. Salimos antes de que amaneciera y no íbamos a llegar —aunque fuera marcha forzada, no paramos ni para comer; eran unas barritas de granola o algo en el camino—, y íbamos a llegar ya básicamente al atardecer. Y allá donde íbamos a llegar había una fuente, y ahí sí podíamos beber más agua. Pero teníamos que dosificar, y cuando llegábamos a algún punto de referencia ya sabíamos: "Bueno, hemos recorrido tantas millas", porque pues no teníamos los dispositivos que te dicen, ¿no?, cuántos pasos y todo eso. Obviamente ni se habían imaginado todavía. Y tomabas dos o tres sorbitos de agua, y era tan deliciosa el agua, y te dabas cuenta de que el agua literalmente es vida.

Seguramente David había sentido sed así, yo me imagino, en sus años en el desierto, donde no hay agua. Y así describe David su anhelo de Dios: que su alma, dice, tiene sed de Dios y todo su ser lo anhela. Y cuando escucho esto, cuando leo esto, digo: "Señor, cuán pocas veces realmente siento ese nivel de sed de ti". Y podemos tal vez idealizar a David y pensar: "Bueno, pues él sí era de una categoría diferente".

Los salmos son de Jesús

Pero creo que es una de las cosas que hemos visto, de las características de los salmos. No tenemos tiempo ahora para profundizar —y lo hemos enseñado en muchas ocasiones—, pero los salmos son realmente cantos de Jesús. Además de que cuando Jesús era niño, obviamente, como niño judío, se aprendía los salmos, los cantaba; pero de forma especial los salmos son suyos, son de Jesús los salmos. Y este es un buen ejemplo, porque Jesús es el único hombre que ha tenido esa sed constantemente, en todo momento en su vida: esa sed de Dios como debe de ser, cada día, cada noche, cada momento. Nuestro Señor tuvo esa sed de Dios, y es el único, entonces, que puede orar con plenitud este salmo. Nosotros lo oramos en Él.

Y bueno, si se ponen a ver, la mayoría de los salmos, si no es que todos, son así de alguna forma u otra. Y vamos a ver otro ejemplo más adelante en este salmo. Pero este amor, esta sed de Dios, no es opcional para nosotros como cristianos. No es que: "Ah, bueno, pues es otro nivel de cristiano". Debemos de tener esa sed. Si no tenemos esa sed de Dios y buscamos cultivarla —y vamos a ver en un momento cómo cultivar esa sed—, nuestro Señor tiene una advertencia de juicio. En el día del juicio habrá muchos que pensarán que van a entrar al reino de Dios, pero les contestará Jesús que nunca los conoció y que se aparten de Él eternamente.

Así que es algo muy, muy serio, hermanos. Tenemos que estar entregados al Señor, sentir realmente esa sed, buscar esa sed de Dios. Es la sed que necesitamos. Si nunca has tenido ese amor, esa sed de Dios, clama a Él hoy. Es una sed que necesitamos.

Cómo cultivar esta sed

Y ahora, brevemente: ¿cómo cultivar esta sed? Y tenemos varias formas en que David, aquí en este salmo, nos describe cómo podemos cultivar esa sed. Solo Dios puede dar esa sed en nosotros, pero nosotros podemos hacer cosas guiados por el Espíritu Santo. Nos pone en nosotros el deseo de cultivar esa sed. ¿Por qué? Porque queremos tener esa sed. Y nos describe aquí David varias formas en las que cultiva la sed; por lo menos cuatro o cinco. Aquí, seguramente, si lo estudiáramos toda una mañana, sacaríamos 20 o 30, seguramente, ¿no? Pero nada más para un abrebocas.

En el santuario, con el pueblo de Dios

En el versículo 2 vemos cómo el salmo habla de contemplarlo en Su santuario. Dice: "Te he visto en el santuario y he contemplado Tu poder y Tu gloria". Ahora, nuestro santuario es con el pueblo de Dios; es estar aquí reunidos con el pueblo de Dios en compañerismo, en este animarnos los unos a los otros a las buenas obras. Eso es parte, importante parte, de cultivar esa sed de Dios: es estar con Su pueblo en el santuario.

Contemplar Su creación

También el versículo 2 nos habla de que David contempla Su poder y Su gloria. Y ciertamente podemos ver Su poder y Su gloria juntos, alabando a Dios juntos. Pero también —y yo creo que David, como hombre del campo que era—, también cultivó esa sed meditando sobre Dios en Sus obras de creación, y debemos hacer el esfuerzo de contemplar la creación. Vivimos la mayoría en ciudad, y todo es concreto y asfalto y cemento, pero nos hace muy bien salir al campo, siempre y cuando lo hagamos glorificando a Dios, dándole gracias a Él.

Una cosa que me encanta de la naturaleza es poder perder por un tiempo la noción del tiempo, ¿no? Estamos tan gobernados por el reloj que ya no experimentamos el tiempo como seres humanos, sino como máquinas, ¿no? En vez de las actividades, los pasos, las respiraciones, los movimientos de los árboles, de las nubes, del agua —no vemos correr así el tiempo—, en lugar de eso nos encasillamos en el tiempo de las máquinas. Y creo que eso nos puede apartar de Dios y de ver el tiempo de Dios. Creo que nos puede acercar si nuestros corazones están meditando en Él. No es una religión de la naturaleza, ¿no? Pero es un agradecimiento, es un gloriarnos en la creación de nuestro Dios.

Acordarse de Él en la noche

En tercer lugar, nos habla de que se acuerda de Él, de Dios, en las noches, en su lecho. Es esta parte de orar, de meditar en el Señor, de ver los avances en el reino de Dios con la oración. Vemos tantas veces en la Biblia cómo la oración, cultivar la oración, lleva a avances en el reino de Dios. Podemos pensar en Jacob luchando toda la noche con el ángel.

Estaba orando, estaba hablando con Dios, y Dios hizo grande obra en Su reino a través de esa lucha en oración. Podemos pensar también en Ana, la madre de Samuel, que también por muchos años oró por un hijo, y Dios obró grandemente en respuesta a esas oraciones. Pero esa es una forma en que David también cultiva esa sed de Dios.

Cantar a la sombra de Sus alas

Y la última forma, rápidamente, que quiero mencionar en esta mañana: en el versículo 7 dice: "A la sombra de Tus alas cantaré, porque Tú eres mi ayuda". La música Dios nos la ha dado para glorificarlo a Él. Es un gran regalo. Los animo. Yo sé que muchos tienen muchos hijos, pero aun a Isaac y Norma los veo llegar bastante temprano, aun con seis hijos. Yo creo que todos podemos esforzarnos más y llegar a tiempo para cantar juntos.

Y he escuchado en estos días testimonios de varios hermanos que han estado pasando por tiempos difíciles, de prueba, y me han dicho cuánto los himnos y los salmos, cantarlos, los ha animado. Hermanos, creo que Martín Lutero decía que, cuando sentía que él estaba cerca, a cantar, y huía. Entonces, ante la música —la música de salmos, de himnos— hace huir al maligno y cultiva en nosotros esta sed de Dios.

Cómo satisfacer nuestra sed

Y bueno, hemos visto que es una sed que necesitamos. Hemos visto brevemente —muy brevemente; les invito a estudiarlo más— cómo cultivar esta sed de Dios. Y en último lugar: cómo satisfacer nuestra sed. La sed es un tema que se repite mucho a lo largo de las Escrituras, pero quiero enfocarme en un par de ejemplos nada más.

Una que se acordarán es una de las más famosas: cuando Jesús tuvo sed en presencia de la mujer samaritana. Jesús aprovechó esta oportunidad, esta situación: agua, un pozo, un cántaro y una mujer. Jesús tenía sed física, pero una mujer que Él sabía que tenía una sed espiritual que no podía calmar, que no sabía satisfacer, a pesar de haber buscado calmar esta sed en todo lo que el mundo ofrecía. Pero Jesús supo cómo hablar con ella, pidiéndole agua, rompiendo las barreras culturales que se habían establecido, los odios. Y es un buen ejemplo, creo, de cómo nosotros podemos alcanzar a otros con el amor de Cristo, con este ejemplo, cruzando barreras culturales y sociales para entregar esto que es tan importante: el agua de la vida.

Tomar las oportunidades para lo espiritual

Y así era Jesús: tomaba las oportunidades para comunicar lo espiritual. En primer lugar, hay un programa de televisión que nos gusta ver como familia. Es de un veterinario escocés del siglo pasado, como de los años 30, y él comienza a trabajar con dos hermanos ingleses. Y bueno, cuenta sus aventuras con los diferentes animales, porque eran veterinarios. Y relata cómo los problemas de los animales, en la mayoría de los episodios, pues realmente no es tan serio el problema; son relativamente fáciles de resolver. Los problemas más graves son los de las personas, los de los dueños de los animales, y muchas veces utiliza la evaluación de los animales para diagnosticar también a los dueños.

Y esto es algo, yo creo, muy parecido a lo que hacía Jesús. Tomaba situaciones de viajeros, de pescadores, de albañiles, de campesinos, para mostrar verdades espirituales. Y nosotros debemos de tomar esas oportunidades también cuando Dios nos las da, y orar, orar para que Dios nos dé esas oportunidades.

¿Qué es lo que más deseas?

Pero en esta mañana quiero preguntarte: ¿qué es lo que más deseas en la vida? Si tenemos sed, lo que más deseamos es agua; ¿qué es lo que más deseamos en nuestras vidas? ¿Qué llena nuestros sueños cuando tenemos momentos de tranquilidad? O cuando estamos en un momento de tormenta, de crisis en la vida, ¿dónde fijamos nuestros ojos? ¿Qué es lo que llena nuestras esperanzas? Jesús es el único deseo, el único sueño, la única esperanza que realmente satisface, que cumple, que es digno de nuestros esfuerzos y anhelos.

Los enemigos de Dios

Y ahora el salmo continúa, después de estas maneras de cultivar la sed. Dice: "Los que buscan mi muerte serán destruidos" —versículo 9—. "Bajarán a las profundidades de la tierra, serán entregados a la espada y acabarán devorados por los chacales. El rey se regocijará en Dios. Todos los que invocan a Dios lo alabarán, pero los mentirosos serán silenciados".

Creo que es claro aquí que David no está hablando de Absalón. Vimos su reacción cuando Absalón falleció. No era su deseo; su deseo era una reconciliación con Absalón. Aquí nos está hablando de los enemigos de Dios, los que buscaban la muerte de David como representante de Dios en la tierra en ese momento. Y, por lo tanto, los que buscan la muerte de Jesús están aquí, en realidad, en la mira.

Algunos estudiosos quieren quitar estos versículos de este salmo. De hecho, leí hace unos días una versión preparada por un grupo católico que eliminaba estos versículos, ¿no? Y vemos esto: no hay, pues, ese respeto ante la Palabra de Dios. Pero cuando algo de la Palabra de Dios nos choca, tenemos que pensar: "Bueno, el problema no es con la Palabra de Dios; el problema es conmigo". Y Dios aquí nos está dando una advertencia muy importante. Sus advertencias nos pueden sonar fuertes, pero el peligro es lo que estamos dejando de ver.

El peligro es muy, muy real. Si no estás en Cristo en esta mañana, eres uno de los que bajarán a las profundidades de la tierra. Eres uno de los que serán entregados a espada y acabarán devorados por chacales. Sé que eso suena muy, muy fuerte, hermanos, pero lo digo porque lo dice la Palabra de Dios, y con amor, que el que da la advertencia de un peligro es en realidad el que está amando a su hermano.

La sed que Cristo no pudo calmar

Para terminar, vamos a volver al principio del salmo, a esta sed que está expresando David. Y se acordarán del otro pasaje que seguramente les vino a la mente hablando de la sed: es cuando nuestro Señor Jesucristo tuvo sed que no pudo calmar. Y no estoy hablando de la sed física. Jesús fue el único que siempre tuvo sed de Dios en toda Su vida, en todo momento. Y fue el único a quien Dios, cuando clamó a Él, no le respondió. Por eso dijo: "Mi Dios, ¿por qué me has desamparado?".

Todos los demás, si clamamos a Él, nos va a satisfacer la sed. Nosotros no tenemos la sed de Dios como deberíamos de tener, y merecemos morir de sed buscando cosas que no satisfacen. Eso es lo que merecemos. Pero Cristo tomó ese castigo que nosotros merecíamos. Él tuvo que aguantar esa sed que no tenía remedio, que no tenía forma de calmarse, para que nosotros pudiéramos tomar del agua viva, tener esa promesa. Ven a Cristo en esta mañana. Él te dará la sed y también la satisfacción.

Oración

Vamos a orar. Padre nuestro, en esta mañana te damos gracias por Tu Palabra, Señor, que explora nuestros corazones y que nos da esperanza; la única esperanza, la única esperanza, que es nuestro Señor Jesucristo. Te pido, Señor, en esta mañana, que los que lo conocemos, Señor, renovemos esa búsqueda, esa cultivación de sed de Él. Y los que no lo conocen, Señor, que sepan que solo hay una fuente que quita la sed: en Cristo Jesús. Amén.

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