Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Salmo 56SalmosEnrique Contreras

En Dios he confiado, no temeré

Transcripción

Una amenaza real

…(la grabación comienza con el mensaje ya empezado) declarada en contra de David. El peligro es real, y él debe reaccionar. Hermanos, los problemas en nuestra vida muchas veces son consecuencia de nuestras acciones, eso es verdad; y muchas otras veces son pruebas que nos llegan de sorpresa, ¿no?

Cuando confiamos en nosotros mismos: el temor amplificado

Entonces, entrando al primer punto: ¿cómo se ve una vida cuando confiamos en nosotros mismos? Y veamos, a la luz de este pasaje, cómo David reacciona ante esta situación. David reconoce que hay un temor por estar en peligro de muerte. Eso es inminente. Ahí está: lo están persiguiendo. Pero no solo reconoce el temor, sino que lo amplifica. Entonces vemos cómo empieza con el singular, ¿no? En el versículo 1: "Me oprime combatiéndome todo el día". El versículo 2: "Mis enemigos me han pisoteado, porque muchos son los que con soberbia pelean contra mí".

Y no dudo que sí haya muchas personas que estaban detrás de David, pero normalmente, hermanos, los temores, cuando dejamos que nos dominen, empezamos a amplificarlos, ¿no? De acuerdo al relato en 1 Samuel, David escuchó que dijeron: "Pues ¿no es él el que mató a los diez miles?", ¿no? Cuántas veces, hermanos, nos abrumamos así como David lo hizo. La ansiedad nos invade en nuestro cuerpo, ¿no?, y creemos que ya no hay ninguna solución al problema que tenemos enfrente.

Actuar bajo tu propia lógica

En segundo lugar, de cómo se ve cuando confiamos en nuestras propias fuerzas, o cuando confío en mí: es actuar bajo tu propia lógica, bajo esta sabiduría humana, una que no viene de parte de Dios. Es decir, actúas bajo tu propia voluntad, bajo tus propias fuerzas. David confía en que él tiene la capacidad de resolverlo usando ciertas técnicas y destrezas.

Hermanos, seguramente les ha tocado que a lo mejor se pasan un alto y el policía de tránsito los detiene, y buscamos la manera de convencerlo de que no nos infraccione. Algunos a lo mejor tienen el número de Humberto y le dicen: "Oye, dile, ¿no?, que me ayude". O llegan a algún lugar, por ejemplo en el trabajo, y no cumplen con alguna entrega, o en la escuela, y tratamos de justificarnos; y estamos enfrente de una situación que nos incomoda y a la que tenemos que reaccionar, ¿no? Tenemos que movernos.

O incluso algo más grave, hermanos, como el que un familiar se enferma y tú descansas en que tienes por ahí un ahorro, una póliza de seguro que lo cubre, como si eso pudiera sentirte librado. Y el punto aquí, hermanos, no es que no debamos de tener ninguna póliza o fomentar el ahorro; eso es bueno, ser diligentes, ¿no? La misma Biblia nos insta a eso. Pero la motivación de su corazón, ¿no?, al pensar que estamos seguros porque tenemos un respaldo de lo que sea, ¿no? Esta historia y este salmo nos instan a recordar dónde está tu confianza. Ve lo más profundo de tu corazón, hermanos. ¿Y no es verdad que cuando confías en tus propias fuerzas, en tus propias capacidades, no terminas de tener la paz que el Señor da?

Abraham y Pedro

Bueno, pues hay varias historias también de personajes en la Biblia que intentaron actuar bajo sus propias fuerzas, y se sintieron igual que David, igual que nosotros en muchas de estas ocasiones. En el libro de Génesis, capítulo 12, hay un relato donde Abraham va caminando con su esposa, y van a llegar a la tierra de Egipto, y Abraham miente para ser librado de los egipcios. Incluso el mismo faraón lo confronta y le dice: "Oye, ¿por qué no me dices que es tu esposa?". No, él miente y dice: "No, tú dile que eres mi hermana", ¿no? Y los bendicen y los reciben. Y el faraón lo confronta porque el Señor, pues, se le aparece al faraón, ¿no? Y el faraón dice: "Oye, ¿qué onda? O sea, yo te pregunté en buena onda y me estás mintiendo", ¿no? Abraham actuó bajo sus propias fuerzas.

Y cómo no recordar también el trágico momento cuando Pedro, en Mateo 26 —el mismo que dijo que daría su vida por Jesús—, lo negó tres veces. Y dice la Palabra que cuando él terminó de negarlo, que cantó el gallo, dice que él lloró amargamente.

Sedequías y el temor al hombre

Y hay una historia más, hermanos, en el Antiguo Testamento, en Jeremías, capítulos 38 y 39, donde hay un rey que se llama Sedequías. Este rey tenía un temor al hombre impresionante. Y justamente está en este punto donde la historia relata cómo el reino de Babilonia empieza a sitiar a Israel. Ya había conquistado los pueblos alrededor, ya solamente le faltaba Israel, y empieza a bloquearle los accesos, y entonces empieza a haber una gran hambruna. Y Sedequías estaba con este temor al hombre; estaba dejando que el reino decidiera hacer lo que bien le pareciera, al grado de que al mismo profeta Jeremías lo encarcelan, lo golpean, casi es asesinado en una gran cisterna.

Pero hay un punto de la historia donde Sedequías lo libera y le dice: "Oye, a ver, necesito que me digas algo, ¿no? Dame palabra de Dios, pero algo bien, algo que me ayude a mí, ¿no?". Y Jeremías le dice: "Pues el Señor dice que te rindas ante el reino de Babilonia, ¿no? Que no te va a pasar nada si tú hoy entregas el reino a Babilonia". Y Sedequías dice: "No, pero ¿cómo crees?", ¿no? Y en el versículo 19 del capítulo 38 dice: "Tengo temor de los judíos". Él estaba reconociendo que tenía más miedo de lo que pudieran pensar los judíos de él, en el momento en el que él entregara el reino, que la profecía que venía de Jeremías prometiéndole que Dios lo iba a cuidar.

Pero ¿qué creen? En el capítulo 39, Sedequías experimenta una trágica consecuencia. Hermanos, Sedequías tenía miedo de que los judíos lo torturaran o de que le fueran a hacer algo. Y en el capítulo 39, la historia relata que el reino de Babilonia le saca los ojos a Sedequías, asesina a toda su corte del reino, asesina a todos sus hijos, acaba con su familia y con el pueblo de Israel, y a él se lo llevan cautivo, sin ojos, a Babilonia hasta que se muere. Entonces, hermanos, una gran enseñanza de esto es que el reaccionar bajo tus fuerzas no te dará la paz que solo el Señor da. Este es un ejemplo de lo que pasa, hermanos, cuando nosotros decidimos confiar en nosotros mismos.

Cuando confiamos en Dios: conocerlo

Pero entonces vamos a ver qué pasa cuando confiamos en Dios; cómo se ve eso a la luz de este pasaje. Los siguientes versículos del salmo nos dan la llave para confiar plenamente en el Señor. Y estos se encuentran en el versículo 4, que dice: "En Dios, cuya palabra alabo, en Dios he confiado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?". Esta misma idea el salmista la repite en el versículo 10 y 11; dice: "En Dios, cuya palabra alabo, en el Señor, cuya palabra honro, en Dios he confiado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?".

Para confiar en el Señor, hermanos, necesitamos conocerlo, saber quién es Él y cómo se relaciona con nosotros. ¿Cómo hacen ustedes, hermanos, estas amistades tan fraternales? Se deben conocer, y debe de existir una relación para poder confiar. Es verdad que al inicio todos, cuando llegamos a un nuevo lugar, como que andamos con reservas, pero poco a poco vamos generando esta confianza, y vamos platicando, y entonces vemos que hay ciertas similitudes, ¿no? Ciertas cosas afines, ¿no? Hobbies, gustos de comida, música, lo que sea, pues, ¿no? Claro que, tratándose del Señor, la Palabra dice que Él nos escogió desde antes de la fundación del mundo.

Y meditando en los Salmos vemos cómo los autores de estos se acercan a nuestro Dios con reverencia. Y no hay manera, dice la Palabra, de llegar al Padre si no es a través del Hijo. Necesitamos, hermanos, reconocer a nuestro Señor Jesús como nuestro Salvador para poder tener acceso al Padre, para poder tener esta relación con Dios. Y, hermanos, meditar en la Palabra de Dios nos ayuda a cuestionarnos lo siguiente. Nos ayuda a cuestionarnos: ¿quién es Dios? ¿Quién eres tú delante de ese Dios? ¿Y quién es tu enemigo, de ese Dios?

Toda la Biblia habla acerca de este precioso plan redentivo que Dios ha diseñado para Su pueblo, para Su iglesia, a través de Su Hijo Jesús. ¿Con qué propósito? Para que Su nombre sea glorificado por toda la eternidad. Entre más cerca estemos del Señor —meditando en Su Palabra, en un tiempo de oración constante, teniendo comunión con los hermanos aquí en la iglesia y fuera de la iglesia, recordando el sacrificio de Jesús a través de la Cena—, más difícil será olvidarnos de Sus promesas. Y cuando estemos en la prueba, podremos decir, como David lo hizo en el versículo 3: "El día en que temo, yo en ti confío".

Confiar en el Señor desvanece el temor al hombre

Hermanos, vean el nivel en el que David está atesorando el deleitarse en Su Palabra: "En Dios, cuya palabra alabo, en el Señor, cuya palabra honro". Y de nuevo les recuerdo esta frase y esta verdad: confiar en el Señor desvanece el temor al hombre. Nota cómo David, en el versículo 3, reconoce que tiene miedo, que hay un temor porque su vida peligra; pero al recordar las verdades de la Palabra de Dios, en el versículo 4 hace esta declaración con convicción: "En Dios he confiado; no temeré".

Pero ustedes pudieran decir: "¿Cómo está eso, David? En el versículo 3 tenía miedo, y ahora en el versículo 4 ya no". En la historia de este salmo nos dice que David fingió estar loco. ¿Qué es lo que pasó en este ínter, del versículo 3 al versículo 4? Bueno, en el Salmo 34, hermanos, en el versículo 6, dice: "Este pobre clamó, y el Señor le oyó, y lo salvó de todas sus angustias". Y en el versículo 18, hermanos, dice: "Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu". Es decir, David reconoció su falta al no confiar en el Señor, al actuar bajo su propio impulso.

¿En dónde está tu confianza?

Hoy, hermano, puedes examinar tu corazón, cómo has actuado en tu vida últimamente. ¿Estás confiando en tus propias fuerzas? ¿Estás confiando en tu elocuencia? ¿Estás confiando en tus recursos? ¿Estás confiando en tus contactos? ¿Estás confiando en un trabajo donde dices: "Ah, esta plaza ya es hasta que me jubile"? ¿En dónde está tu confianza, hermano? El Señor quiere un corazón quebrantado. Él está cercano a ti si tú reconoces tus faltas. La Palabra de Dios dice que si confiesas tus pecados con tu boca, Él es fiel y justo para perdonarte.

Y, hermano, seamos sinceros: todos nosotros en algún momento hemos decidido confiar en nuestras propias fuerzas. Hemos fallado en algún momento, pensando que somos los más elocuentes, pensando que tenemos lo suficiente para afrontar cualquier otra cosa. No es nuestro primer pensamiento el decir: "Señor, aquí estoy. ¿Qué quieres que yo haga?". Normalmente decimos: "No, pues es que hay que actuar, hay que resolver", ¿no? Pero, hermanos, David decidió recordar las verdades de la Palabra de Dios.

Verdades acerca de Dios, de nosotros y de nuestros enemigos

Y tengo una lista de ciertas verdades acerca de lo que Dios dice acerca de Él mismo. Dice: "Dios es eterno", en el Salmo 90. "Dios no cambia", en Santiago 1:17. "Dios es santo", Isaías 6:3. No hay nadie como Dios. Dios es bueno. Dios es amor. Dios es misericordioso y compasivo. Dios es fiel. Dios cumple Sus promesas. Dios no puede mentir. Dios es soberano sobre todo. Nada puede frustrar Sus propósitos. Nada está oculto delante de Él. Dios está en todo lugar. Dios es refugio y fortaleza. Dios es nuestra roca. El Señor es nuestro pastor.

Y algunas otras verdades acerca de lo que la Palabra de Dios dice sobre nosotros. Dice que somos creados por Dios, que éramos enemigos de Dios, que somos hechura de Dios, que en Cristo somos una nueva creación, somos adoptados como hijos, somos herederos de Dios, somos pueblo de Dios, hay perdón de pecados en Cristo, ya no hay condenación para los que están en Cristo. Somos justificados por la fe en Jesús. El Espíritu Santo está con nosotros. Dios terminará la obra que comenzó en nosotros. ¡Cuán grandiosa esta verdad, hermanos, esta promesa! Podemos echar nuestras cargas sobre Él. Dios puede usar las circunstancias para nuestro bien. Cristo intercede por nosotros, dice la Palabra de Dios.

Y también hay algunas verdades acerca de nuestros enemigos, los enemigos de Dios. Dice que Satanás es un enemigo real. Satanás es el engañador, en Apocalipsis. Satanás se opone a Dios y a Su pueblo. Pero también hay otra verdad acerca de nuestros enemigos: Cristo venció al mundo. Cristo tiene autoridad sobre todo poder. Jesús tiene las llaves de la muerte y del Hades. La muerte será finalmente destruida. Satanás tendrá un juicio definitivo. Dios pelea por Su pueblo. Dios es escudo para los que confían en Él.

Hermanos, confiar en el Señor desvanece el temor al hombre. Estas son algunas verdades que podemos encontrar en la Palabra de Dios. Y si leemos el Salmo 119, como en algún momento meditamos en él, también hay toda una sección rica, valiosa y preciosa acerca de qué es la Palabra de Dios para aquellos que aman al Señor.

"Esto sé: que Dios está a favor mío"

Pero bueno, siguiendo con el salmo, hermanos: en el versículo 7 está la triste, triste y justa condenación para todo aquel que es enemigo de Dios. El Señor ha prometido que habrá un juicio donde todos tendremos que pasar ante el tribunal, y todos los enemigos del Señor serán condenados a una eternidad de tormento y sufrimiento. Dice: "Por causa de la iniquidad, arrójalos; en Tu ira humilla a los pueblos, oh Dios". Vean cómo David no buscó hacer su propia justicia, sino que él decidió confiar en Aquel que es justo, en Aquel que es santo, el que lo ha liberado de este mal.

Asimismo, al recordar muchas de estas verdades, David comienza a descansar en el Señor y a actuar confiando en que —en el versículo 8 dice—: "Tú has tomado en cuenta mi vida errante". Es decir, el Señor conoce nuestras sendas, como lo relata el Salmo 139. Conoce todos nuestros caminos. En el versículo 9 dice: "Entonces mis enemigos retrocederán en el día que yo te invoque". Es decir: "Esto sé: que Dios está a favor mío". Se muestra la soberanía de Dios. David reconoce que el poder de vencer no está en él, sino en el poder infinito del Señor.

Y en el versículo 9 es una afirmación que hace con convicción esta declaración de decir: "Esto sé: que Dios está a favor mío". Cuán grandioso, hermano, es poder declarar con convicción, con seguridad, porque nos gozamos en obedecer a Dios. ¿Cuántos de ustedes hoy pueden decir esto? "Sé: el Señor está a favor mío". Hermanos, es una realidad si nosotros decidimos rendir nuestras vidas a nuestro Señor a través de Cristo.

Confiar en el Señor nos lleva a la adoración y a la santificación

Y por último, hermanos, dice: confiar en el Señor nos lleva a la adoración y a la santificación. ¿Cómo vemos esto? Bueno, en el versículo 12 habla acerca de dos cosas. Dice: "Están sobre mí, oh Dios, los votos que te hice; ofrendas de acción de gracias te ofreceré". El versículo 12 nos habla de dos cosas que David hace en respuesta a la confianza que tiene en Dios y a la manera en que lo ha librado.

Dice: "Los votos que te hice". David realiza un compromiso con Dios. Él quiere vivir ahora una vida que refleje esta confianza plena en Él. Eclesiastés 5:4 dice: "Cuando haces un voto a Dios, no tardes en cumplirlo, porque Él no se deleita en los necios. El voto que haces, cúmplelo". Hermanos, la vida cristiana es un compromiso delante de Dios. Seamos fieles en cumplirlo. Él nos ha rescatado de la muerte misma. Nuestra vida ya no nos pertenece: somos de Él y para Él.

Podemos hacer este voto hoy, hermanos, este voto con el Señor, este compromiso, diciendo: "Señor, aquí está mi vida", recordando todo lo que Tú has hecho por mí, el sacrificio de Tu Hijo por mis pecados. Hoy nos podemos comprometer con Él para vivir una vida en adoración.

Ofrendas de acción de gracias

Y es el siguiente punto. Dice: "Ofrendas de acción de gracias te ofreceré". David está agradecido por el rescate de su vida con el Señor, y decide demostrar esta gratitud al Señor. Hace ofrendas de acción de gracias. Mi amado hermano, que tu vida, que mi vida, que la vida de todos los que estamos aquí sea una constante adoración a nuestro Salvador. Que siempre tengamos puestos los lentes de la gratitud, y que la gracia vislumbre en cada pensamiento, cada acción, cada palabra que salga de nosotros. No nos olvidemos tan fácil de que nosotros merecíamos el castigo de Dios, la ira de Dios, la muerte; pero Él mostró Su amor, Su gracia, Su bondad con nosotros.

El salmo apunta a Cristo

Y para terminar, hermanos, este salmo también apunta a Aquel que es perfecto, pero que sufriría el dolor que David relata en este salmo. Esta persecución, esta aflicción… este salmo anticipa a Aquel que sufriría en la cruz del Calvario. ¿No es verdad que Su propio pueblo lo rechazó, lo calumnió, lo lastimó, incluso lo pisoteó? Este salmo habla del Mesías, de Cristo, Aquel que sufriría todo el dolor por amor a nosotros. El Señor Jesús confió en esos momentos de temor, fue obediente al Padre, se humilló y murió en esa cruz por nuestros pecados.

Pero también, hermano, el Señor resucitó de entre los muertos y está sentado a la diestra del Padre. Y así como Él resucitó, nosotros también lo haremos aquel día. En la mañana estábamos escuchando acerca de la resurrección de Cristo, y cómo muchas veces estamos buscando entre los muertos al Señor, cuando Él ya ha resucitado. El Señor Jesús nos ha liberado de la muerte, y con esa confianza podemos decir, como David en el versículo 13: "Pues Tú me has liberado mi alma de la muerte, y mis pies de tropiezo, para que yo pueda andar delante de Dios en la luz de la vida". Gracias, Señor. Ayúdanos a confiar en ti.

Oración

Vamos a orar por estas palabras y este salmo. Señor, te damos tantas gracias por este día. Gracias, Padre, porque podemos venir delante de ti, Señor, con un corazón humillado, Señor. Rogamos Tu perdón también, porque cuántas veces hemos decidido confiar en nuestras propias fuerzas antes que buscarte a ti, Señor. Gracias porque Tú eres bueno con nosotros; porque aun cuando nosotros hemos fallado, Señor, Tú tienes la gracia, el amor, el perdón, Señor. Gracias porque enviaste a Tu Hijo Jesús a morir por nuestros pecados.

Gracias porque hoy podemos decir confiados, como lo hace David: nos has rescatado nuestra alma de la muerte. Nos permites guardarnos de no tropezar nuestros pies, y nos ayudas, Señor, a caminar en la luz de la vida, Señor. Gracias porque Tu Espíritu está con nosotros. Ayúdanos, Señor, capacítanos y transfórmanos también, Señor. Y que vivamos esta vida con gratitud, recordando cuán bueno eres Tú con nosotros, Dios, y que podamos aprovechar al máximo estos momentos tan breves que Tú nos das para poder honrarte y glorificarte, Señor, con nuestra vida. Te lo pedimos, te lo agradecemos, en Cristo Jesús, nuestro Salvador. Amén.

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