Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

1 Timoteo 31 TimoteoArturo Ferreiro

Modelos de piedad en la iglesia

Transcripción

Introducción: la sana doctrina tiene una forma

En 1 Timoteo 3... Es un privilegio estar con la iglesia, que es columna y baluarte de la verdad, y esos son ustedes. Vamos a abrir la Biblia en 1 Timoteo, capítulo 3, por favor. Voy a dar una pequeña introducción para abordar el estudio de hoy, el sermón de hoy. Y si recordamos, en 1 Timoteo 1:10 —del 9 al 10— se enumeran ahí comportamientos o prácticas pecaminosas que se oponen a la sana doctrina. Dice ahí, reconozcamos esto, que "la ley no ha sido instituida para el justo, sino para los transgresores y rebeldes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los que matan a sus padres y a sus madres, para los asesinos, para los inmorales, homosexuales, secuestradores, mentirosos, los que juran en falso, y para cualquier otra cosa que es contraria a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito que me ha sido encomendado".

Entonces, se ponen en contraposición estas prácticas pecaminosas con la sana doctrina; se oponen a la enseñanza correcta, que produce una vida correcta. En otra ocasión, Pablo insta a Timoteo en su segunda carta, en el capítulo 1 —2 Timoteo 1:13—; dice: "Retén la norma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y el amor que es en Cristo Jesús". Esta palabra "norma" también es traducida en otras versiones como "forma". Las sanas palabras, la sana doctrina, tiene una forma, y esta forma debería ser retenida por Timoteo. Y esta palabra también se puede traducir como "modelo", como "patrón".

La manera en que se presentan estas palabras o doctrinas sanas es a través de un patrón de vida, a través de un modelo que puede ser guardado y puede ser retenido. No se trata simplemente de un cúmulo de doctrinas bíblicas; se trata de una estructura doctrinal que es coherente y que es integral con el estilo de vida. Tiene un patrón muy claro y definido.

Pablo envió a Timoteo a Corinto y declaró su propósito para toda su enseñanza en todas las iglesias. Dice ahí en 1 Corintios 4:16 y 17: "Por tanto, los exhorto: sean imitadores míos" —patrón de vida, modelo—. "Por esta razón les he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor". Ahí, patrón de vida: él tenía que reflejar ese modelo, Timoteo. "Él les recordará mis caminos". ¿Ves? Estilo de vida; los caminos de Cristo, el origen de ese patrón de vida. "Tal como yo enseño en todas partes, en cada iglesia". Entonces, este es el propósito de Pablo, y no es diferente en 1 Timoteo.

La conducta en la casa de Dios

Con esto vayamos al capítulo 3, 1 Timoteo 3, y leamos nada más el verso 14. Dice: "Te escribo estas cosas, Timoteo, esperando ir a verte pronto; pero en caso de que me tarde, te escribo para que sepas cómo debe conducirse uno en la casa de Dios, que es la iglesia del Dios vivo, columna y sostén de la verdad". De manera que ahí viene la palabra "conducirse": estilo de vida, patrón de vida.

En ocasiones mi hija me pregunta por qué no le dejo hacer las mismas cosas que otros niños. Yo le digo: "Bueno, tú eres parte de nuestra familia, y nuestra familia es distinta. Es un privilegio estar en nuestra familia, y somos diferentes porque Dios está con nosotros". De manera similar, la iglesia es una familia. El Padre de la casa es Dios. Él está con Su iglesia y la sostiene. La iglesia sostiene la verdad en palabras, pero no solo en palabras, sino también en conducta. La iglesia es el cuerpo de Cristo que preserva el misterio del evangelio por la manera en que vive en la tierra.

Entonces, 1 Timoteo es una carta sobre la conducta de la iglesia. Y en esta ocasión, en el capítulo 3, vamos a ver dos modelos de este estilo de vida, o dos modelos de piedad. Pablo va a hablar de los obispos y de los diáconos. Va a hablar específicamente de las cualificaciones de estos dos oficios. Pablo va a hablar de estas cualificaciones; no está tan interesado en hablar de las funciones de estos oficios en la iglesia, sino que, como ya dijo el pastor Alfredo, está más preocupado por el carácter, lo que es la persona, y la conducta de estos.

Carácter antes que habilidades

Lo primero que naturalmente buscamos nosotros en nuestro contexto evangélico —y no me dejarán mentir— a la hora de buscar a alguien para ponerlo en el ministerio, muchas veces son habilidades naturales: que predica bien, buena oratoria, personalidad agradable, que sea carismático, tal vez que sepa mucho de la Biblia. Pero si vamos a evaluar a un candidato al ministerio, no debemos evaluarlo por esto, sino por lo que Pablo está enseñando aquí, por los criterios bíblicos. Un hombre fiel y de carácter cristiano que es llamado puede aprender el oficio, pero alguien con dones naturales sin carácter cristiano puede arruinarlo todo.

Y estas cualificaciones que vamos a ver aquí no se le dan a Timoteo como sugerencias. Habla de lo que debe ser y lo que no debe ser. No son opcionales; más bien son criterios que nos sirven para identificar quién sí es llamado al ministerio y quién no. Así deben ser leídas, así deben ser enseñadas, porque nos dan luz de quién o quiénes son llamados a los oficios de obispos y diáconos. Y la Palabra es nuestra guía más segura.

Tres propósitos de esta enseñanza

Entonces, tengo tres propósitos con esta enseñanza. El primero es que, al escuchar estas cualificaciones, los varones puedan evaluarse a sí mismos, y que la iglesia pueda evaluar a los que sean posibles candidatos. En segundo lugar, que todos los que actualmente son pastores y los que somos diáconos en la iglesia nos sometamos a las cualificaciones de la Palabra de Dios. Si la iglesia —llámese miembros— demanda que alguno, quienquiera que sea, no cumple con estas cualificaciones, debería estar dispuesto a dar lugar a aquellos que sí las cumplen, para la gloria de Dios y para el bien de la iglesia de Cristo. No debemos idolatrar el ministerio, porque no nos servimos a nosotros mismos, sino que les servimos a ustedes y a Dios con temor y temblor.

Y mi tercer propósito es que entendamos la importancia de la integridad cristiana para nuestro testimonio cristiano. En 1 Timoteo 2:4 —ya habíamos visto esto con el pastor Roberto—, Pablo le dice a Timoteo: "Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad". Y para esto es importante la profesión de nuestra fe a través de una buena conducta. Los líderes reflejan este patrón de vida, pero todos los creyentes aquí estamos llamados a seguir ese modelo. No es nada más para los pastores y diáconos; este pasaje es para la iglesia.

Las cualificaciones del obispo

Así que vamos a leer del verso 1 al verso 7 del capítulo 3; habla de las cualificaciones del obispo. Dice así: "Palabra fiel es esta: si alguno aspira al cargo de obispo, buena obra desea hacer. Un obispo debe ser, pues, irreprochable, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, de conducta decorosa, hospitalario, apto para enseñar, no dado a la bebida, no pendenciero, sino amable, no contencioso, no avaricioso. Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad; pues si un hombre no sabe cómo gobernar su propia casa, ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios? No debe ser un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo. Debe gozar también de una buena reputación entre los que están fuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo".

Entonces, aquí Pablo está hablando de los obispos, y los comentaristas están de acuerdo en que la palabra "obispo", la cual significa supervisor, es sinónimo o se usa de manera intercambiable con pastor o anciano. Entonces, estamos hablando de los pastores. El deseo de ser obispo, pastor, es un noble deseo; es un noble trabajo. Pero la persona que aspira debe estar consciente de que hay ciertos requisitos que se deben cumplir. No basta con el deseo de tener ideas nobles, porque puede ser un deseo ingenuo.

Se dice de Charles Spurgeon que en alguna ocasión llegó un miembro de su iglesia que era un gran agricultor de maíz, y se le acercó al pastor Spurgeon y le dijo: "Señor Spurgeon, yo creo que Dios me está llamando al ministerio". Spurgeon le dijo: "Ah, sí, ¿por qué piensas eso?". Y él dijo: "Pues es que, mire, yo siembro maíz, y un día estaba en mi campo, acostado sobre la paja, y estaba viendo hacia arriba, al cielo, y vi unas nubes que formaban tres letras: S, S, M".

"Ahí entendí que Dios me estaba llamando a Su santo ministerio". Y el pastor Spurgeon contestó de manera muy sabia; le dijo: "Hermano, creo que malinterpretas el mensaje. El mensaje significa: 'Sigue sembrando maíz'". No podemos tener criterios subjetivos basados en lo que pienso yo, en lo que siento yo, porque no tiene nada que ver con criterios bíblicos. Un deseo de ocupar el oficio sin ningún temor o reverencia ante lo que Dios ha estipulado indica también que el hombre no comprende el trabajo ni lo que se requiere.

El ejemplo de Uza

Tenemos el ejemplo de Uza en 2 Samuel 6, del 6 al 7. Ahí se nos relata un momento de gran celebración por el traslado del arca de Dios a Jerusalén, bajo el liderazgo del rey David. Pero mira lo que dice ahí en 2 Samuel 6 al 7. Dice —bueno, desde el 6, perdón—: "Pero cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió la mano hacia el arca de Dios y la sostuvo, porque los bueyes casi la volcaron". Él quería que no se cayera el arca de Dios al piso, ¿verdad? "Y se encendió la ira del Señor contra Uza, y Dios lo hirió allí por su irreverencia; y allí murió junto al arca de Dios".

El arca fue transportada no en los hombros de los levitas, como Dios había estipulado y mandado, sino en una carreta de bueyes. Y Uza, al verla tambalear, tenía la buena intención de salvar el arca de Dios de caer. Así que extiende su mano y Dios lo mata. ¿Por qué? Dice el pastor R. C. Sproul: "El acto de Uza fue profundamente irreverente, porque pensó que sus manos eran más limpias que el suelo donde caería el arca de Dios". Yo diría, además, que ni Uza ni los que celebraban junto con él pusieron atención a lo que Dios demandaba del transporte del arca. El esfuerzo de llevarla sobre los hombros, a través de unas barras, estaba claramente estipulado, y nadie, ni siquiera los levitas, podía tocar el arca del pacto.

Hermano, Dios no te necesita. Si eres líder de la iglesia, Dios te usa, pero Él no te necesita para hacer Su obra. No pienses que eres indispensable para Dios. Él no necesita tus esfuerzos para sostener Su obra, pero la sostiene por medio de tu esfuerzo. No podemos jugar con la obra de Dios. Debemos atender a lo que Dios dice, a cómo se hace el ministerio. Dios nos dice cómo; no podemos tocar el arca de Dios, no vaya a ser que se encienda Su ira por nuestra irreverencia.

Su reputación

Y quiero, después de esto de hablar de que no es suficiente el buen deseo, pues vamos a hablar de las cualificaciones del pastor. La primera cualificación está ahí: nos habla acerca de su reputación. Dice: "Un obispo debe ser, pues, irreprochable", verso 2; esto es, irreprensible. No se refiere a que no peca nunca o que sea perfecto, ni tampoco se refiere a que no tenga ningún vicio menor. No vamos a juzgar al pastor porque le gusta la pizza y la Coca-Cola, ¿verdad? Habla más bien de su conducta, de su patrón de vida observable, que se puede validar con el tiempo, como el pastor Alfredo dijo hace unos momentos. ¿Hay algo reprensible en cuanto a pecado se refiere?

Esta reputación no solo es interna, en la iglesia, sino también para con la gente de afuera. Ve el verso 7; dice: "Debe gozar también de una buena reputación entre los que están fuera de la iglesia, para que no caiga en descrédito y en el lazo del diablo". Su vida se caracteriza por tener una buena reputación, una buena opinión de los demás; no solo de los hermanos de la iglesia, de sus hijos, de su esposa. Es un ejemplo de amor, de ternura. ¿Cómo es en su trabajo? ¿Es jefe? ¿Cómo es con sus empleados, con sus compañeros de trabajo? ¿Cómo se relaciona con su jefe? ¿Es conocido en la sociedad como alguien diligente, que hace bien su trabajo, amable, respetuoso? Perder varios trabajos, mis hermanos, porque estás dedicado al ministerio no es un indicativo de que Dios te está llamando.

Y no estaría mal pedir referencias, porque aquí Pablo nos está diciendo que debe tener una buena reputación con los de afuera, hasta los incrédulos. Las empresas, cuando vas a buscar un trabajo, te piden referencias de trabajo, ¿no es así? Pues no estaría mal que nosotros hiciéramos eso con los aspirantes a pastor, para que haya una constancia de que es un buen ejemplo y testimonio para los de afuera. Claro, no significa que el requisito es tener una buena opinión de todo el mundo, porque ni siquiera nuestro Señor Jesucristo tuvo una buena opinión de todo el mundo; pero, en términos generales, ¿no es alguien de quien la mayoría tiene una buena opinión y le respetan? No se puede acusar fácilmente a esta persona.

Marido de una sola mujer

Luego dice ahí en el texto que debe ser marido de una sola mujer. Y algunos han interpretado esto de manera cuantitativa, es decir, numérica. Puede aplicar, por ejemplo, en el caso de un divorciado, ¿no? Dicen: "No puede ser pastor, porque ha tenido más de una mujer; no puede ejercer el oficio". Pero, sinceramente, eso es muy superficial. El texto va mucho más allá; más bien está hablando de una característica cualitativa, de calidad. Su relación con su esposa es única y ocupa un lugar prioritario en su vida. Debe ser alguien fiel, pero también devoto a su mujer.

En una ocasión, alguien que estaba entrevistando a Winston Churchill le preguntó: "Si no fueras Winston Churchill, ¿quién te gustaría ser?". Él, haciendo una pausa y tomando la mano de su esposa, que estaba a su lado, dijo: "El segundo esposo de Lady Churchill". Vas a ver a estos hombres tomar la mano de sus esposas, siendo acompañadas por ella... acompañados, perdón, por ellas. El hombre es el hombre de su mujer. De hecho, literalmente eso dice el texto: "el hombre de su mujer". No anda por un lado mientras su mujer va por otro. No, el esposo está con su mujer y es fiel.

Dominio propio

La siguiente cualidad o cualificación del pastor tiene que ver con el dominio propio —que es fruto del Espíritu, el dominio propio—. Dice ahí en el texto: "sobrio, prudente, de conducta decorosa". Básicamente es un hombre que se sabe controlar, que no explota en sus emociones; es dueño de sí mismo, tiene control de sus acciones, no es precipitado. ¿Cuál es la reacción de este hombre cuando alguien habla mal de él? ¿Tiende a ofenderse, a defenderse, se exalta, se sale de sus casillas y empieza a atacar? ¿O se caracteriza como alguien que guarda la compostura, que es amable incluso con los que le critican, que encomienda sus conflictos a Dios, que reconoce la soberanía de Dios y el trato de Dios, que es justo, sobre sí mismo?

Tenemos un ejemplo en David, en 2 Samuel 16:5 al 12. David está huyendo de su propio hijo —imagínate—, Absalón, quien se le ha rebelado y ha tomado su trono. Está en peligro, está en humillación, y todavía se enfrenta a la crítica de un hombre que le acusa de usurpador y asesino. Dice así el texto: "Al llegar el rey David a Bahurim, salió de allí un hombre de la familia de la casa de Saúl que se llamaba Simei, hijo de Gera. Cuando salió, iba maldiciendo, y tiraba piedras a David y a todos los siervos del rey David, aunque todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su izquierda". Yo no sé cómo este hombre no tuvo miedo de eso.

"Así decía Simei mientras maldecía: 'Fuera, fuera, hombre sanguinario, indigno. El Señor ha hecho volver sobre ti toda la sangre derramada de la casa de Saúl, en cuyo lugar has reinado, y el Señor ha entregado el reino en mano de tu hijo Absalón. Aquí estás, prendido en tu propia maldad, porque eres hombre sanguinario'. Entonces Abisai, hijo de Sarvia" —alguien que no tenía dominio propio— "dijo al rey: '¿Por qué ha de maldecir este perro muerto a mi señor el rey? Déjame que vaya ahora y le corte la cabeza'. Pero el rey David dijo: '¿Qué tengo yo que ver con ustedes, hijos de Sarvia? Si él maldice, si el Señor le ha dicho: "Maldice a David", ¿quién, pues, le dirá: "¿Por qué has hecho esto?"'. Entonces David dijo a Abisai y a sus siervos: 'Mi hijo, que salió de mis entrañas, busca mi vida; cuánto más entonces este benjamita. Déjenlo que siga maldiciendo, porque el Señor se lo ha dicho. Quizá el Señor mire mi aflicción y me devuelva bien por la maldición de hoy'". El dominio propio surge de una conciencia de la soberanía de Dios.

De hecho, la palabra "templanza", que es un fruto del Espíritu, significa "de mente clara". ¿Significa esto que el pastor no puede enojarse nunca? No, porque no es perfecto; pero sí se caracteriza por ser alguien que sabe gobernar sus emociones, sabe controlarse, y esto solo se puede ver en los conflictos.

Me adelanto un poco para hablar de otra característica, en el verso 3, acerca del dominio propio. Ahí dice: "No dado al vino, no dado a la bebida". Literalmente: "no permanece junto al vino". No quiere decir que nunca tome un vaso de vino, sino que no debe ser alguien que se caracteriza por la bebida. Sabe cuándo es tiempo de divertirse, de tomar una copa, pero sabe vivir en sobriedad. Y la Palabra de Dios dice que lo contrario a la embriaguez —en Efesios 5:18— es ser lleno del Espíritu. Ahí dice Pablo: "No se embriaguen con vino, sino sean llenos del Espíritu Santo".

Entonces, alguien que es sobrio espiritualmente, que es consciente de la verdad espiritual y vive de acuerdo a ella, no pierde su tiempo en cosas vanas; usa su tiempo para lo mejor. No significa que sea alguien que no se pueda divertir, o salir de vacaciones con su familia, o jugar un videojuego con su hijo de vez en cuando; pero sí es alguien que sabe abstenerse de los placeres de la vida para que no nublen su juicio y su andar. Efesios 5 tiene algunas exhortaciones respecto a la sobriedad espiritual. Por ejemplo, dice el verso 8 del capítulo 5 de Efesios: andar como hijos de luz. El verso 15 dice: "Tengan cuidado cómo andan, no como insensatos, sino como sabios". El verso 16: "aprovechando bien el tiempo". El pastor, como modelo, debe modelar la vida bajo la influencia del Espíritu Santo. No modela una vida de placeres.

Su servicio: hospitalario y apto para enseñar

Ahora hablemos del servicio del pastor. En el verso 2, regresándonos un poquito, ahí se describe que debe ser hospitalario y apto para enseñar. Ser hospitalario implica que es alguien accesible, que le agrada —no le molesta— estar con la gente; abre su casa para recibir a los demás, a los hermanos. No es alguien solitario que siempre está en su casa solo, que no se interesa en abrir su casa para las necesidades espirituales de los demás. La palabra en griego para "hospitalario" incluso significa amor; literalmente, amor por los extraños.

Entonces, el pastor está motivado por contribuir a la salvación y al conocimiento de la verdad de los demás, sin acepción de personas. Lo hace de la manera en que Dios se relacionó con nosotros en Jesucristo, quien extendió Su tabernáculo, abrió Su casa en la tierra para incluirnos a los que estábamos lejos. Ser hospitalario —y aquí viene junto, ahora sí que, como quien dice, junto con pegado— de apto para enseñar, porque la hospitalidad no es un fin en sí mismo.

Y no dice aquí, hermanos, que debe ser necesariamente un hábil predicador de púlpito. De hecho, 1 Timoteo 1:9 dice algo similar acerca de los obispos: debe retener la palabra fiel, que es conforme a la enseñanza, para que sea capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen. Y ya habíamos visto un poco en mi introducción cómo esta sana doctrina involucra de manera integral la enseñanza y la práctica. Cuando ustedes vean en la Palabra de Dios que Pablo menciona "sanas palabras", "sana doctrina", tiene que ver con este modelo integral de doctrina y de práctica.

El pastor es un maestro de la Palabra. Cuando le pinchas en la cotidianidad, debe salir Palabra en lugar de sangre. Creo que esa frase es de Spurgeon. Él sabe cómo usar la Palabra y defender la fe en contra de los que se oponen, por su conocimiento, pero también por su práctica. Pablo está haciendo una defensa de la fe a través de la práctica piadosa en 1 Timoteo.

Su carácter: no pendenciero, sino amable

Y de ahí paso al carácter del pastor. En el verso 3 dice: "No pendenciero, sino amable, no contencioso". Me encanta esto, porque esto es tan necesario hoy en día. No, el pastor no es un bully. No golpea a la gente con su palabra, ni desde el púlpito ni en persona. No humilla a los demás. No es un buscapleitos. No está ahí metido en el Facebook, en el Twitter, a ver con quién se pelea por su teología. No lanza bibliazos por todos lados. Muchos hombres creen que deben golpear con sus palabras a otros para que entren en razón. Se creen superiores a Jesús; ni Él anduvo así.

Pero el pastor se caracteriza más por ser un hombre amable. Es amable con sus enemigos. También tiene el amor, la mansedumbre, que es fruto del Espíritu. 2 Timoteo, capítulo 2, del 24 al 25, dice: "El siervo del Señor no debe ser pendenciero, sino amable para con los de la iglesia". No dice amable para con todos. Y ahí el griego es "todos"; eso es lo que significa. "Apto para enseñar, paciente" en la enseñanza. ¿Ves cómo Pablo está ligando la amabilidad y la paciencia con la enseñanza? Esto es muy importante, hermanos. "Debe corregir con mansedumbre a los que se oponen, por si acaso Dios les concede que se arrepientan y lleguen a conocer la verdad". Es tierno como un padre; lo hace con mansedumbre.

Moisés y la peña

De hecho, tenemos un ejemplo de alguien que fue reprendido por Dios por no reflejar este carácter. ¿Adivinen quién fue? Moisés. Moisés fue reprendido por Dios por una actitud contraria, en Números, capítulo 20, 7 al 12. Miren, Números, capítulo 20, del 7 al 12; si quieren, vayan ahí. Dice así: "El Señor habló a Moisés: 'Toma la vara y reúne a la congregación, tú y tu hermano Aarón, y hablen a la peña a la vista de ellos, para que la peña dé su agua. Así sacarás para ellos agua de la peña, y beban la congregación y sus animales'. Tomó Moisés la vara de la presencia del Señor, tal como Él se lo había ordenado. Y Moisés y Aarón reunieron al pueblo ante la peña, y él les dijo: 'Oigan ahora, rebeldes. ¿Sacaremos agua de esta peña para ustedes?'. Entonces Moisés levantó su mano y golpeó la peña dos veces con su vara, y brotó agua en abundancia, y bebió el pueblo y sus animales. Y el Señor dijo a Moisés y a Aarón: 'Porque ustedes no me creyeron, a fin de tratarme como santo ante los ojos de los israelitas, por tanto, no conducirán a este pueblo a la tierra que les he dado'".

A veces nosotros ligamos la palabra "santo" con una persona que lanza Biblia y habla de la santidad. Y aquí el Señor está reprendiendo a Moisés por enojarse con los israelitas. Mira, esta fue la causa de que no entraría Moisés a la tierra prometida, y el fin de su pastorado: porque malrepresentó el carácter de Dios. Eran rebeldes y necios los israelitas; así eran. Pero no representó de manera correcta el favor de Dios para con Su pueblo, con un carácter misericordioso, paciente, manso, humilde.

Dice Matthew Henry aquí: "Moisés dio a entender que Dios estaba airado con Su pueblo, cuando no era así". Joel Beeke, otro comentarista, dice: "Moisés perdió la oportunidad de entrar en Canaán porque un momento de enojo nubló su testimonio del carácter de Dios". El pastor tiene la gran responsabilidad de representar el carácter de Cristo ante el pueblo.

No avaricioso

Luego dice, verso 3: "no avaricioso". Podríamos leerlo al contrario: como dadivoso, desprendido con sus posesiones, con su dinero. No es alguien posesivo, sino que lo comparte con otros. Esta clase de personas son amadores de las personas; no de la lana de las ovejas, sino que aman a las ovejas. Dice 1 Timoteo 6, del 9 al 10: "Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchos deseos necios y engañosos que hunden a los hombres en la ruina y perdición. Porque el amor al dinero es la raíz de toda clase de males. Algunos, por codiciarlo, se han desviado de la fe y se han causado muchos sufrimientos". Han causado mucho sufrimiento. Esto parece una descripción de muchas iglesias, ¿verdad?

Esto no significa que el pastor debe ser pobre. No es tener dinero el problema; es la avaricia y el amor al dinero. Pero uno puede ser pobre, incluso, y ser avaro. Tampoco significa que el pastor no debe procurar un buen salario de su iglesia, para vivir con dignidad y tener tiempo para el ministerio sin mayores preocupaciones. Y ustedes saben que yo no soy pastor, y por eso estoy diciendo esto con libertad. Me da mucho gusto, porque yo puedo decir que es digno que un pastor tenga un buen salario, porque lo dice Pablo, lo dice la Palabra de Dios.

Pero eso no significa que el pastor puede buscar la riqueza por sí misma. No debe enfocarse en sus negocios, pero sí debe usar su dinero para cumplir su ministerio. En este sentido, el dinero se vuelve una herramienta, un siervo, no su objetivo. Es una herramienta para servir eficazmente, con mayor diligencia y fidelidad. Si Dios le da un coche, es para visitar a los hermanos. Si Dios le da una casa, es para recibir a los hermanos. Dice Tito, capítulo 1, verso 7, que el obispo es un administrador de Dios, incluido el dinero que Dios pone en sus manos. John Wesley, un predicador muy famoso, tiene esta frase; dice: "Gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas y da todo lo que puedas". ¿Ven cómo es una perspectiva muy diferente del dinero?

Su casa

Ahora leamos acerca de la casa del pastor, en el verso 4: "Que gobierne bien su casa, teniendo a sus hijos sujetos con toda dignidad". Dime cómo es el hombre en su casa y te diré si será un buen pastor. No significa que el pastor debe necesariamente estar casado y tener hijos, porque Pablo no lo estaba, y Timoteo tampoco. Pero sí significa que su casa nos habla del hombre. Es alguien que valora la vida ordinaria familiar; no que piensa de la familia: "Es que si me caso no voy a poder servir en el ministerio". Si alguien piensa así, no es un candidato al ministerio.

También, principalmente, debe ser alguien que gobierna bien su propio hogar. Él tiene el mando; él dirige a su familia. Un hombre cuya mujer toma las riendas del hogar no debe buscar el pastorado. Esto debe hacerlo de tal manera que la casa del pastor o del ministro se ve como una pequeña iglesia, donde hay amor, donde hay gracia, pero también hay disciplina en el Señor; hay adoración, hay oración, y ahí está el Espíritu de Dios.

Aquí surge una pregunta legítima, ¿no?: ¿sería descalificante si una persona tiene un hijo rebelde? Quizás depende, a lo mejor, de la edad. Aquí, la verdad, la esencia del pasaje es acerca de la respetabilidad. Y esto me hace recordar al pastor John Piper. Si ustedes no saben, el pastor John Piper tiene uno de sus hijos —no todos, uno de sus hijos— que pues es incrédulo. Se congregaba en su iglesia, pero fue expulsado de la iglesia, y él se dedica a hacer videos de YouTube para criticar la fe. Imagínense, eso es ateo. Pero nunca en sus videos vas a escuchar la palabra "John Piper". Eso es muy interesante. Él no está criticando a su papá; él está en contra de Dios. Es un aborrecedor de Dios. Pero a mí me impresionó eso, ¿no? Aunque es alguien rebelde, no está criticando a su papá directamente.

Y miren, nosotros no podemos poner el estándar demasiado alto, porque la Palabra de Dios dice que Dios mismo es un Padre que tiene hijos rebeldes. Dios mismo lo dice. Entonces, lo vemos en toda la Escritura, y no esperamos a alguien mejor que Dios. Es mucho más seguro si vemos todo su contexto familiar, no solo a un hijo. Si tiene más hijos, ¿cómo son los otros hijos? ¿Cómo se mueve en su casa con su esposa? ¿Ha sabido cómo gobernar a su familia? ¿Sus hijos le tienen respeto, o ellos hablan comúnmente acerca de: "No, es que mi pastor..." —perdón—, "mi papá es bien duro", ¿no? O sea, creo que esas son cosas importantes. Si no tiene estas características, si no puede gobernar su propia casa, menos la iglesia de Dios.

Su madurez

Y por último, la madurez del pastor. Yo sé que ya me he llevado mucho tiempo aquí, pero vamos a ver que las cualificaciones del diácono son muy similares. Vamos a hablar de la madurez del pastor en el verso 6: "No debe ser un recién convertido, no sea que se envanezca y caiga en la condenación en que cayó el diablo". Literalmente: no sea que se llene de humo, que piense de sí lo que no es. Debe ser un hombre experimentado en la fe, que tenga humildad sazonada con experiencia.

Y esto no necesariamente se trata de la edad, porque alguien en sus 20 puede haber vivido como cristiano todos sus 20 —o bueno, tal vez no todos, ¿verdad?—, pero sí desde muy temprana edad, y puede ser un hombre maduro en la fe. Y puede haber otro hombre que se convirtió a los 30 años y que a lo mejor a los 40 ya es maduro en la fe. Entonces dice: "para que no se envanezca". Aquí se hace una referencia al orgullo, que es un rasgo por el cual muchos ministros caen, por el cual cayó el mismo diablo. Además, la iglesia gobernada por recién convertidos, que no se les ha dado el tiempo para madurar, corre el peligro de la niebla teológica. La iglesia corre el peligro de no tener una teología y una doctrina sólida.

Las cualificaciones de los diáconos

Ahora vamos a hablar de las cualificaciones de los diáconos. Vamos a leer del verso 8 al verso 13. Dice: "De la misma manera" —esta palabra es importante—, "de la misma manera, también los diáconos deben ser dignos, de una sola palabra, no dados al mucho vino, ni amantes de ganancias deshonestas, sino guardando el misterio de la fe con limpia conciencia. Que también estos sean sometidos a prueba primero, y si son irreprensibles, que entonces sirvan como diáconos. De igual manera, las mujeres deben ser dignas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Que los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien a sus hijos y sus propias casas. Pues los que han servido bien como diáconos obtienen para sí una posición honrosa y gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús".

Fíjate cómo las cualificaciones son muy similares, y de hecho Pablo usa frases como "de la misma manera", "también estos" y "de igual manera", ¿no? Lo que significa "diácono" es servidor. Él lleva el nombre del Siervo de siervos, nuestro Señor Jesucristo. Es aquel que sirve. Tiene un oficio muy práctico. No es un oficio inferior, porque está representando a nuestro Señor con su servicio, con la práctica. Y este servicio a la iglesia le da mucha honra, y se gana el respeto de la iglesia.

Yo recuerdo cuando Quique se paró aquí para anunciar que se iba a casar; a mí me impresionó cómo la iglesia aplaudió. Muchos lo queremos, ¿verdad? Bueno, ahí se los dejo. Eso no lo iba a decir, ¿eh? Es una posición honrosa, de gran confianza en la fe que es en Cristo Jesús.

La reputación del diácono

Pero también nos habla de la reputación del diácono. Los diáconos deben ser dignos. Esto implica una honorabilidad que inspira respeto. De la misma manera que el pastor, es una persona seria moralmente; espiritualmente hablando, sobria. Pero no significa que tiene una cara larga, ¿no?, sino que significa que su vida es coherente con lo que profesa. Dice ahí también que no es de doble palabra; no es alguien que dice que va a hacer algo y luego dice otra cosa —que esa es una gran tentación para el que sirve, ¿no es verdad?—. Es una persona íntegra en ese sentido, con sus palabras y acciones. Es creíble y veraz. Cumple con aquello que dijo que haría.

El verso 8 dice: "No dado al mucho vino, no codicioso de ganancias deshonestas". Igual que el pastor, no debe vivir como alguien ebrio de vino ni de dinero. No voy a repetir lo que ya dije, pero básicamente es que no se deja dominar por esto. Luego dice, como contraste, que debe guardar el ministerio de la fe con limpia conciencia. El misterio, perdón; no ministerio: "misterio de la fe con limpia conciencia".

Y esta palabra "misterio", que hace referencia a la fe, se repite en el verso 16 en referencia a la piedad: misterio de la fe, misterio de la piedad. Pablo usa esa palabra comúnmente para describir algo que estaba oculto, pero que se ha revelado. Podríamos decir que significa una realidad o realidades espirituales profundas, reveladas en Cristo por la fe. Una limpia conciencia tiene que ver con saber cómo uno está hablando... Es, perdón, tiene que ver con que uno está haciendo la voluntad de Dios. No solo ser persona moral por ser persona moral, sino que es alguien que vive en integridad con la verdad revelada en el evangelio; alguien motivado por el evangelio.

Simplemente, lo que significa es que los diáconos deben ser hombres firmes en la fe, que comprenden cómo el misterio de la cruz se aplica a sus propias vidas. Quizá Pablo señala esto porque el misterio —el ministerio, perdón— de los diáconos es profundamente práctico, y tiene el peligro de estar desarraigado de la fe.

Y sabemos que muchos tienen dones; muchos hombres tienen dones naturales de servicio. No necesita uno a veces ser creyente para tener dones de servicio. Podemos ver mucha gente a la que simplemente pues le gusta servir a los demás. Entonces, es importante que el diácono arraigue su servicio en la cruz, en la fe. El evangelio, en otras palabras, es lo que inspira al diácono en todo lo que hace, en su ministerio. Más bien se trata de una creencia que es vivida; que vive lo que cree. Su fe informa su andar; su conciencia, entonces, no le reprende en este sentido.

El servicio del diácono

Y podemos hablar del servicio del diácono. En cuanto a su servicio, hay algo que para el diácono no se menciona aquí, que sí se menciona para el pastor, que es "apto para enseñar". No está ahí en el texto, pero eso no significa que el diácono no esté informado del evangelio o no comprenda las verdades del evangelio; ya lo vimos. No significa tampoco que el diácono no pueda enseñar. ¿Por qué? Esteban fue un diácono, y dio el mejor sermón en su tiempo a la hora de que fue apedreado. Era un diácono. No es su principal característica la enseñanza, eso sí podríamos decir, pues tiene su propia y particular elocuencia a través de sus acciones. Su elocuencia está en su estilo de vida.

Cómo evalúa la iglesia a pastores y diáconos

Podemos hablar también de cómo evalúa la iglesia a los pastores y a los diáconos. Está aquí; dice el verso 10: "Y estos también". Esa palabra, "también", es bien importante, porque uno podría pensar: "Ah, bueno, es que no se dice que un pastor tenga que ser evaluado". Pero está implícito aquí, porque Pablo está diciendo: "Y estos también"; o sea, los diáconos también deben ser sometidos a prueba primero. Entonces, esta prueba tiene que ver con las cualificaciones que ya vimos; no hay más. Evaluación de la reputación, de su carácter cristiano, de su dominio propio, del gobierno de su casa, del testimonio de los de afuera. Y después de esta examinación, si es irreprensible, entonces que sirva como diácono.

La esposa del diácono

Y en el verso 11 podemos leer acerca de la esposa del pastor... perdón, del diácono. Dice ahí otra vez la palabra "de la misma manera"; está implícito que también aplica para los pastores. "De la misma manera, las mujeres deben ser dignas". Algunos han dicho que este versículo se refiere a las diaconisas o servidoras en la iglesia. Al parecer, la única referencia que tenemos del oficio de diaconisa en la iglesia es Febe, en Romanos 16:1. No está muy claro, en realidad, que se refiere a un oficio eclesiástico formal, sino más bien a un rol general de servicio. Sea como sea, hay mujeres que son diaconisas en la iglesia porque sus vidas están dedicadas al servicio de la iglesia, y es bueno reconocerlas, como Pablo lo hizo con Febe.

Sin embargo, aquí en este pasaje es un poco forzado hablar de un oficio eclesiástico formal para las mujeres como diaconisas, porque este es el único verso que habla de las mujeres aquí, y está en el contexto del diácono. O sea, ese verso está rodeado por las cualificaciones del diácono. Entonces, más bien parece que se refiere a la esposa del diácono, y, como es debido, ella debe igualar la respetabilidad de su marido. Se espera que su mujer le ayude con el cargo del diaconado, no que sea un estorbo.

Mujeres, la fuerza que una esposa piadosa aporta al ministerio del diácono es importante. Debe ser digna, o respetable, para el llamado de él, de su esposo. No debe ser una mujer que se enoje porque su esposo sale a servir a los hermanos. No debe hablar mal de los hermanos a los cuales su esposo sirve; por eso dice ahí: "no calumniadoras". Debe más bien animar a su esposo a servirlos, aunque no lo merezcan, porque eso hizo nuestro Señor con nosotros. Ella misma debe estar dispuesta a servir con el mismo corazón. Y nosotros, la iglesia, debemos reconocer a estos hombres que cuentan con el apoyo de tales mujeres. Y mujer, es bueno que tú consideres si estás siendo un estorbo para el llamado de tu esposo.

La casa del diácono

Podemos hablar de la casa del diácono, en el verso 12. También se requieren cualificaciones domésticas, igual que a los pastores: que sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien a sus hijos y a sus casas. Aquí no voy a entrar más en detalle, porque sería meramente repetición, pero básicamente estamos concluyendo con las cualificaciones de los obispos, pastores, o diáconos.

Y a través de estas cualidades, los ministros son como los pilares que sostienen la verdad en la casa de Dios, no solo de palabra, sino también de práctica. Y todos nosotros, iglesia, estamos llamados a buscar estas cualidades, a imitarlas. Y si te das cuenta, no son nada extraordinarias ni del otro mundo. Es lo que todos nosotros deberíamos aspirar. Por eso decía que estos dos oficios son un modelo del estilo de vida que la iglesia debe procurar.

El misterio de la piedad

Y este modelo de piedad no inicia con los líderes humanos. Es un reflejo de nuestro Señor Jesucristo. Vean el verso 16, y con eso culminamos: "E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Él" —en referencia a nuestro Señor Jesucristo— "fue manifestado en la carne, vindicado en el Espíritu, contemplado por ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo, recibido arriba en gloria". Pablo parece tomar un himno de la iglesia antigua, o un himno credal. Algunos comentaristas dicen: "Porque es un credo".

"Dios fue manifestado en carne", dice otra versión. El eterno Hijo divino asumió un cuerpo, velando Su gloria detrás de la divinidad... de la debilidad, perdón, de Su carne. Verdadero Dios, verdadero hombre. Este cuerpo Suyo fue crucificado. Él fue muerto y fue sepultado por el castigo de nuestros pecados. Pero Él no permaneció en la tumba. Fue justificado, vindicado por el Espíritu Santo como único Hijo del Padre, con poder. En otras palabras, el Espíritu Santo confirmó, al resucitarle de los muertos, que Él es Dios y el Salvador del mundo. Jesús es aquel quien dijo ser a lo largo de Su ministerio terrenal. Y se confirma que lo que Él dijo e hizo es verdad.

Tanto Su encarnación como Su resurrección fueron rodeadas por el testimonio de ángeles que lo contemplaron. Cantaron en Su nacimiento y dieron testimonio de Su resurrección cuando vieron la tumba vacía. Fue visto por ángeles. Algunos comentaristas dicen que posiblemente también puede ser que haga una referencia a los apóstoles, porque "ángeles" significa mensajeros. De la manera en que el Dios invisible, a quien nadie puede ver, fue visto en un cuerpo, el misterio revelado de nuestra salvación fue contemplado por hombres y por ángeles, que se maravillan de aquel cósmico espectáculo divino.

Aquellos que le vieron salieron y testificaron a todas las naciones que Él es el Hijo de Dios que venció la muerte, pues lo vieron resucitado con sus propios ojos. Recibieron la encomienda, y salieron y predicaron a todas las naciones. Este evangelio es predicado, y también es creído dondequiera que van, dondequiera que vamos. Y este evangelio, que no solo es de palabra, sino también de obra, se expande hasta los confines de la tierra, hasta el día en que Jesucristo regrese en gloria, cuando todo ojo le verá en la plenitud de Su esplendor divino. Él se ha manifestado. Hemos visto Su gloria.

Cristo, la encarnación visible de la piedad

¿Y qué tiene que ver todo esto con la buena conducta de los pastores y los diáconos? Que esta visión nos transforma. Dice Josías Grauman lo siguiente: "La piedad involucra una búsqueda intensa de ser como Dios en todos Sus atributos comunicables. Pero allí está nuestro problema: si Dios es invisible y Sus atributos son invisibles para nosotros, entonces, ¿dónde vamos a mirar? ¿Dónde vamos a ver estos atributos para poder imitarlos y ser piadosos, si ni siquiera podemos mirarlos? La respuesta es: a través de Su imagen, a través de la representación perfecta de los atributos de Dios visibles en esta creación, nuestro Señor Jesucristo, la gloriosa imagen de Dios". "Entonces, mi definición de la piedad —dice Josías— sería esta: la piedad es reflejar todas las perfecciones del hombre Jesucristo". Así de simple, porque Cristo es la encarnación visible de la piedad.

¿Como iglesia vamos a poder imitar el carácter de Cristo si nuestros líderes no lo reflejan? Este evangelio no es solo doctrina; es una realidad divina revelada que transforma la vida, y se demanda de los ministros de la iglesia que vivan en coherencia con esa verdad. Los que somos Sus ministros debemos reflejar esa verdad para la iglesia.

Oración final

Oremos. Padre, este llamado es enorme para nosotros, Señor, porque se trata de reflejar quién eres Tú; pero sabemos que esta obra no es nuestra, sino que viene de Tu Espíritu Santo. Los pastores, los diáconos, son regalos Tuyos para la iglesia: para la edificación del cuerpo, para el cuidado, para la supervisión, para el ejemplo que la iglesia debe seguir. Porque Tú lo diseñaste así: que hombres débiles, con un pasado oscuro, pero que han sido transformados por Tu evangelio, den ejemplo, como Timoteo hizo, de Tus caminos; como Pablo hizo, de Tus caminos. Que podamos decir, Señor, por la gracia de Tu Santo Espíritu en nuestra vida: "Imítenme a mí, como yo imito a Cristo". Ayúdanos, Señor, porque eso es imposible para nosotros, pero es posible para Ti. Te alabamos y te bendecimos en el nombre de nuestro glorioso, perfecto, amoroso, misericordioso, lleno de gloria y de gracia, nuestro Señor Jesucristo, quien es digno de toda la gloria y honra. Amén.

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