Juan 17:17-26JuanAlfredo Carrillo
Santidad y Unidad en Cristo
Transcripción
Introducción
De repente la iglesia se llenó de niños. Procuremos ser ejemplo para ellos; ellos son los que nos van a seguir después. Dios los va a usar también en algún momento, como algunos que éramos niños también y ahora el Señor nos tiene aquí también sirviéndole.
Vamos a abrir nuestra Biblia en el libro del evangelio de Juan, en el capítulo 17, y vamos a aprender un poquito acerca de esta oración que Jesús hace por sus discípulos. Hemos estado estudiando con nuestro hermano Nathan, el pastor Nathan, en Corintios, y uno de los temas de Corintios básicamente es la unidad de la iglesia. Hace ocho días estuvimos viendo los dones. Ya algunos se han puesto a preguntar al Señor cuál es su don. Y cuando llegan nuevos miembros a la iglesia, lo primero que nos expresan cuando hacemos la entrevista es: "Pónganme a hacer lo que quieran. Yo quiero apoyar, yo quiero ayudar, yo quiero ser maestro, yo sé hacer esto, yo sé hacer lo otro". Bueno, para eso es el congregarnos. Para eso necesitamos que podamos ser identificados por la iglesia, y poco a poco ir ocupando algunas áreas, o estando en algunas áreas, para poder desarrollar los dones que Dios nos ha dado. A todos nos ha dado dones; no hay nadie que pueda decir que no tiene un don. Entonces vamos a usar los dones.
Lectura de Juan 17
Pero bueno, vamos a empezar a leer en el capítulo 17. No vamos a estudiar todo el pasaje; solamente vamos a ver los versículos prácticamente casi los finales, pero quiero que leamos desde el versículo 1, porque va a tener este contexto acerca de esta oración que Jesús hace. Y bueno, dice así la Palabra de Dios:
"Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti; por cuanto le diste autoridad sobre todo ser humano, para que Él dé vida eterna a todos los que le has dado. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Yo te he glorificado, habiendo terminado la obra que me diste que hiciera. Y ahora, glorifícame tú, Padre, junto a ti, con la gloria que tenía contigo antes que el mundo existiera. He manifestado tu nombre a los hombres que del mundo me diste; eran tuyos, y me los diste, y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todo lo que me has dado viene de ti; porque yo les he dado las palabras que me diste, y las recibieron, y entendieron que en verdad salí de ti, y creyeron que tú me enviaste. Yo ruego por ellos".
Y quiero que pongan tantito atención en todo lo que leemos, sobre todo en esas palabras donde dice "ruego": "Yo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque son tuyos, y todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y he sido glorificado en ellos. Ya no estoy en el mundo; pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Cuando yo estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé, y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese". Está hablando de Judas.
"Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo completo en sí mismos. Yo les he dado tu palabra; y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te ruego para que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo".
Y aquí viene nuestra porción que vamos a estudiar hoy: "Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico, para que ellos sean santificados en la verdad. Pero no ruego solo por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos estén en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad, para que el mundo sepa que tú me enviaste, y que los amaste tal como me has amado a mí. Padre, quiero que los que me has dado estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado, porque me has amado desde antes de la fundación del mundo. Oh Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y yo en ellos".
Oración
Dios, nos ponemos en tus manos. Que tu Palabra sea bendita, que penetre nuestros corazones, que penetre, Señor, nuestro ser. Y sabemos que somos siervos inútiles y que solamente hacemos lo que tú nos pides que hagamos. Señor, gracias por este día, gracias por tu iglesia, gracias por tu Palabra. Que tu Espíritu Santo nos guíe, Señor, y nos ayude. En Cristo Jesús, amén.
Un Jesús preocupado por sus discípulos
Se titula este pequeño sermón "Santidad y unidad en Cristo". Y básicamente ya todos conocen, pues, toda esta porción de la Palabra. Desde el capítulo 14 prácticamente Jesús está a punto de terminar para lo que Él había sido enviado. Estaba preparando a los discípulos; ya les estaba anticipando lo que había de venir, que ya iba a ser entregado, iba a ser llevado a la cruz. Y Jesús ya anteriormente les había hecho la promesa del Espíritu Santo: ellos no iban a estar solos.
Jesús les dice que es necesario que Él parta, que es necesario que se vaya, que ya no va a estar en este lugar; pero, sin embargo, dice que no van a estar solos, les va a enviar al Espíritu Santo. Y Jesús hace esta oración, y realmente vemos aquí a un Jesús que está preocupado. Tiene preocupación por sus discípulos, y está ocupado, porque, número uno, Jesús quiere que permanezcan unidos. Quiere que permanezcan unidos. Más adelante vienen cosas por las cuales yo creo que cualquiera de nosotros que no estamos bien cimentados en nuestra fe... no sé si tuviéramos persecución, no sé cuántos de aquí somos uno.
Entonces vamos a ver tres cosas que yo creo que podemos estudiar aquí: que debemos estar unidos en Cristo, y, número dos, tener comunión. Y entonces, como les decía, Jesús está a punto de concluir su obra aquí. Ya estaba... hace esta oración en donde hace tres ruegos. No está exigiendo. Aquí lo vamos a ver más adelante: que no solo está pensando en los discípulos. Le preocupan sus discípulos, pero ¿por quién más está orando? Por nosotros, por los que han de venir, por todos aquellos que han de doblar rodilla, que van a escuchar la Palabra. Y también está orando por ellos, y está orando por lo mismo: por su santidad.
Él está a punto de ser llevado a la cruz, está a punto de ser traicionado, de ser entregado, y Él ruega al Padre para que nosotros seamos santificados. Les ha enseñado a los discípulos cuál es el propósito, y cuál es su propósito también: que ellos continúen la obra de Cristo. Y por eso es que Jesús hace esta oración de intercesión, y por los que vienen después.
Santidad, unidad y comunión
Entonces podemos observar tres cosas que está pidiendo Jesús por sus discípulos y por la iglesia: por su santidad, por su unidad y por su comunión. Y hay algo también bien interesante, y bien importante: que no podemos tener comunión si primeramente no somos santificados; que no podemos tener unidad si primeramente no somos santificados. Eso es lo primero que tenemos que tener: la santidad, aun cuando ya Cristo nos ha apartado y hemos sido santificados, a veces cuesta mucho tener esta unidad, y cuesta más tener comunión.
Apartados para Cristo
El punto número uno: que hemos sido apartados para Cristo. Y a veces hablamos mucho de santidad, hablamos de santificación, pero ¿todos tenemos claro qué es la santificación? Y quizás algunos pueden pensar: "Ah, sí, eso es básico, todos lo sabemos". Pero bueno, la santificación es la separación de toda maldad moral —2 Corintios 7:1, después quien lo busca lo puede apuntar—. Es el progreso del creyente en su crecimiento espiritual —Romanos 6:19, ahí lo pueden buscar; 1 Tesalonicenses 4:3; 2 Corintios 3:1—. Es el progreso del creyente en su crecimiento espiritual, y debe de haber un progreso en nuestra santificación. No podemos quedarnos todo el tiempo tal y como llegué a los pies de Cristo. Debe de haber un cambio. Si existe una regeneración en nosotros de parte de Cristo, debe de haber esos cambios, debe de haber ese progreso. No podemos siempre estar siendo bebés espirituales.
La santidad es una cualidad totalmente esencial para que pueda haber unidad en el cuerpo de Cristo, para que todo aquello que no cumpla con este requisito resulta en división y discordia. La santidad. Dice: "Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad". Entonces Cristo ya los había apartado a este grupo de personas, a los discípulos, así como a nosotros. Cristo ya nos ha apartado para Él; nos ha separado del mundo, nos ha apartado para Él. "Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad". Y dice en el versículo 16: "Ellos no son del mundo, como también yo no soy del mundo". Y esa es la manera en que somos hechos santos: ya Él nos ha apartado.
Y a veces, como decimos, no tenemos que estar en un monasterio, ahí, ¿verdad?, enclaustrados, encerrados, para ser santos o para llevar este proceso de santificación, porque entonces el propósito por el cual Cristo nos separó del mundo no se llevaría a cabo. Porque ¿cómo podrán escuchar el evangelio otros si estamos ahí encerrados del mundo? Pero somos santificados con la Palabra; tenemos que alimentarnos de su Palabra, porque es la que nos confronta. "Santifícalos en la verdad". ¿Cuál es esa verdad? Cristo es la verdad, Dios es la verdad, y su Palabra es verdad.
Entonces hemos sido apartados para Él. También la santificación significa que hemos sido separados, apartados para Dios. Todos los que hemos creído en Cristo entramos en este estado cuando hemos puesto nuestra fe en Él y nacemos de nuevo para Dios. Y la santificación es más todavía que solamente decir "hemos sido separados". ¿Cómo se ve esta santificación? También dice: "Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad". ¿Y de qué manera, entonces? Dice que con su Palabra somos santificados, en su Palabra.
Hacedores de la Palabra
Domingo a domingo estamos estudiando; estamos viendo Corintios, estamos siendo equipados. Pero no solamente queda ahí el escuchar. ¿Qué pasa? ¿Cómo se ve? Se refiere a la experiencia práctica de su Palabra, de ser separados para Cristo. "Tu palabra es verdad". Y esto lo llevamos a cabo con la ayuda del Espíritu Santo. Nosotros recibimos la Palabra, pero no solamente queda en nuestras mentes; no debe de quedar solamente ahí, no solamente ser académicos. Tenemos que experimentar la Palabra de Dios. ¿Cómo podemos amar a alguien si no experimentamos, y vamos, y le demostramos ese amor a nuestro prójimo?
Entonces nosotros aprendemos a través de su Palabra, aprendemos a través de Él, y como creyentes debemos buscar fervientemente la Palabra de Dios. Dice en Hebreos 2:14: "Busquen la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor". Hebreos 2:14. Tenemos que ser hacedores de la Palabra y no solamente oidores. Y, hermanos, realmente Cristo tenía una preocupación; ya estaba preocupado porque permanecieran en unidad. Pero Cristo nos está dando el ejemplo de la unidad. Él está hablando de Él y el Padre: esa es la unidad, ese es nuestro ejemplo de cómo el Padre y Él están unidos.
Apartados para Cristo. Entonces, para poder tener esta unidad de la que estamos hablando, la que siempre estamos buscando como iglesia, tenemos que tener primeramente santidad, ser santificados, buscar esa santificación. Y es así como el cuerpo de Cristo puede trabajar unido. Sí, vamos a tener nuestras diferencias como hermanos, pero si tenemos esa unidad que es principalmente en Cristo, podemos ver que el reino avanza. Y lo hemos visto ahora que fueron las conferencias: todos trabajando, preparando. Quizás por ahí alguna situación, ¿verdad? Pero, sin embargo, estamos buscando un mismo propósito, que es predicar el evangelio.
Apartados para lo que hemos sido enviados
Ser apartados: somos apartados para lo que hemos sido enviados. Y hemos estado hablando de las misiones durante el mes pasado. ¿Para qué hemos sido enviados? ¿Para qué nos escogió Cristo? ¿Solamente para congregarnos? Debemos de hacerlo, porque también es un mandamiento que no nos dejemos de congregar, como algunos tienen por costumbre. Porque ¿cómo podemos practicar la comunión, cómo podemos practicar esta unidad, si no nos congregamos, si no experimentamos el estar unos con otros, hablar?
Me acuerdo cuando empezó lo de la pandemia y que empezamos a hacer estas reuniones por Zoom, y pues no era muy cómodo. No era cómodo estar frente a una cámara grabando un sermón. Era difícil para los que les tocó estar aquí en el púlpito y ver sillas vacías y hablarle a las sillas. A lo mejor se convertían más que otros. Pero no podemos experimentar esa comunión. ¿Cómo podemos experimentar esa santidad? ¿Cómo se ve reflejado que Cristo me está santificando? No es lo mismo que yo choque con una silla a que yo vaya pasando y choque con un hermano y me diga: "¡Ese hermano!". Así es como podemos experimentar nuestra santidad, ya así, aguantándose.
Somos apartados para lo que hemos sido enviados. Hemos sido apartados para expandir su reino. Para poder ser enviados, tenemos que ser santificados. No puedes compartir algo que no posees. No puedes compartir la salvación de Cristo si tú no tienes esa salvación; no puedes hablar de la santidad si tú no estás siendo santificado. Entonces Cristo está orando para que estemos en santificación, no solamente por sus discípulos, sino por los que han de venir. Y nosotros debemos de hacer esta misma oración: pedir por todos los que han de venir.
Hemos estado hablando de misiones; hay planes de tener estrategias de evangelismo. Es para lo que hemos sido enviados. No queremos solamente llenar la iglesia; por amor queremos compartir el evangelio allá afuera. Para poder ser enviados, tenemos que ser santificados, y antes de buscar o querer tener unidad, tenemos que tener santidad.
Unidos en Cristo
Número dos: unidos en Cristo. Entonces Jesús llega a este punto de la oración en donde nos dice: "Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, yo también los he enviado al mundo. Y por ellos yo me santifico, para que ellos también sean santificados en la verdad. Pero no ruego solo por estos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos". Y dice aquí para qué, cuál es el propósito: "para que todos sean uno; como tú, oh Padre, estás en mí, y yo en ti, que también ellos estén en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste".
Y nosotros, cuando hemos creído en Cristo, cuando hemos puesto nuestra fe en Él, nos volvemos uno con Él. Dice: "Ya no estoy en el mundo; pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti". En el versículo dice: "Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno". Ahí empieza Cristo a hablar de la unidad. Y como les decía, Jesús tenía esta preocupación por la unidad de sus discípulos, porque iban a enfrentar muchas cosas, iban a experimentar persecución, y el maligno también estaría presente, como ahora.
Y quiero pensar también que esta oración la hacía porque claramente Jesús conocía la personalidad de cada uno de sus discípulos. Por ejemplo, Pedro. Pedro era muy impulsivo. A veces soy como Pedro: es más rápida mi boca, a veces es más rápida mi mano que mi cabeza y mi corazón. Cristo conoce nuestros caracteres, y por eso es que hace esta oración. Está ocupado, pero, sin embargo, está pidiendo por la unidad de ellos, pero también está pidiendo por la unidad de los futuros creyentes que vendrían a Él. Y eso, ¿no te da como un gozo pensar que estaba orando por ti? Que está preocupado también porque tú seas santificado, para que puedas estar en unidad y trabajar juntos. Porque eso es lo que estaba orando Cristo: para que sus discípulos pudieran llevar a cabo su obra.
Dice: "para que todos sean uno". Y, hermanos, ¿cómo se ven? ¿Cómo se ven ustedes como la iglesia? ¿Sienten que somos uno? ¿Sienten que somos uno? Bueno, Dios nos confronta. Atendamos a esta oración: busquemos la santidad y busquemos la unidad. Jesús quiere que seamos santificados para que podamos permanecer en unidad. Si no estamos siendo santificados por medio de la verdad que está en su Palabra, no podemos experimentar esta unidad. Y Él nos enseña el ejemplo, dice: Jesús y el Padre son nuestro patrón de santidad y unidad.
Para que el mundo crea
Nuevamente, si no estamos en santidad y en unidad, ¿cómo van a creer otros en Cristo? Y es lo que dice aquí: "para que el mundo crea que tú me enviaste". Tenemos que ser ejemplo. No podemos decir que el evangelio nos rescató si no estamos siendo santificados y no tenemos esta unidad para compartir el evangelio. Entonces, pues, como muchas veces dicen allá afuera: "Mmm, pues no quiero ser como ellos". Pero espero que estemos dando ese ejemplo al revés: que ellos deseen lo que tenemos, que es a Jesús; que puedan ver en nosotros a Cristo.
Y cada acción que tenemos con nuestro hermano debe de reflejar a Cristo, y no solamente aquí, sino allá afuera: con nuestros vecinos, con los que están en nuestro trabajo. Pensemos si ellos pueden decir: "Ah, creemos que Cristo verdaderamente es el Salvador, porque vemos vidas, vemos vidas cambiadas". "Que tú me enviaste". Dice: "La gloria que tú me diste, les he dado, para que sean uno". Y yo creo que el deseo que siempre tenemos como iglesia es la unidad: tener esta unidad para trabajar juntos, y no solamente para trabajar juntos, para experimentar ese amor. No estoy diciendo que no lo tengamos, pero que se vea todavía aún más en nuestras vidas.
"La gloria que tú me diste, les he dado, para que sean uno". Jesús nos ha equipado para experimentar la unidad como la de Él y el Padre, para que por medio de ellos seamos perfeccionados en unidad. Dice el versículo 23: "Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfeccionados en unidad". ¿Y no te gustaría ver a la iglesia perfeccionada en unidad, que todos gozosos...? Y vuelvo a repetir: no estoy diciendo que no lo hagamos. Pero que en cada cosa por la que trabajamos para el Señor digamos: "Sí, yo quiero hacer esto". Que nos podamos —a lo mejor voy a usar una palabra—, pero que nos podamos pelear por querer todos hacer lo mismo; que no haya espacios en blanco, y que falten actividades en las que nos podamos involucrar para participar del reino. Y que lo que hacemos no es por beneficio de nosotros, sino que es por beneficio del reino de Dios, para lo que hemos sido enviados, para que puedan conocer verdaderamente a Jesús.
1 Corintios 12:9 al 12 dice así: "El amor sea sin hipocresía. Aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno. Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros. No perezosos en lo que requiere diligencia, sean fervientes en espíritu, sirviendo al Señor; gozosos...".
Sin santidad no hay unidad
Unidad como iglesia. Primeramente, ¿qué tenemos que hacer? Bueno, no nosotros: Cristo tiene que santificarnos. Y pregúntense, hermanos, cuando por ahí tenemos situaciones —yo sí debería de preguntarme—: ¿estoy buscando la santificación? Y por eso quizás no estoy promoviendo la unidad; estoy causando división con lo que digo, con lo que hago, y eso no está demostrando que estoy siendo santificado, que estoy llevando este proceso. Y Cristo está haciendo precisamente esta oración porque Él ya nos conocía; Él nos conoce. Pero no te desanimes, hermano, estás a tiempo. Aliméntate de la verdad de su Palabra.
El propósito de todo esto es edificarnos los unos a los otros para poder expandir el reino de Dios. Y de eso hablan los dones de los que Nathan hace ocho días nos compartía: la edificación del cuerpo de Cristo. Dios nos dio dones a cada uno, pero no es solamente por hacer; es para edificar al cuerpo de Cristo, para expandir su reino, para que Él sea glorificado. Entonces el propósito de todo esto es edificarnos los unos a los otros, para expandir el reino de Dios y darle toda la gloria a Cristo, toda la gloria a Dios. Gloria impartida también a nosotros, y que se manifiesta en la unidad.
Todos creemos que Cristo resucitó, y si no fuera así, entonces lo que estamos haciendo aquí es una... Sin embargo, creemos que Cristo resucitó, y eso es la base de nuestra santificación, y la base de nuestra unidad es Cristo. Dice: la resurrección de Cristo, la cual nos dio juntamente con Él. Y Cristo y el Padre... Demos testimonio de Cristo. En nosotros mora Cristo, en nosotros mora Cristo, en nosotros mora Cristo, y el Padre. Dice Romanos: "a los que justificó, a estos también glorificó". Estábamos experimentando también la gloria de Dios.
Entonces, hermanos, no podemos experimentar unidad sin tener santidad, y esta unidad se debe de ver reflejada así como en el Padre y el Hijo. Tenemos que tener esa unidad espiritual en Cristo. Tenemos que tener unidad en el mismo sentir; unidad basada en un Señor, en una fe, un bautizo, un Dios y Padre; el mismo amor —Filipenses 2:2—, y un mismo propósito —Filipenses 2:2—. Nuevamente: sin santidad no hay unidad.
Y qué padre ver lo que Dios está haciendo aquí, ver cómo se está trabajando, por ejemplo, con los niños, con los discipulados de los niños, de las cajitas. Ya nuestra hermana Marisel... ya terminaron el curso. Y como les repito, hay luchas; sí, hay luchas. Los discípulos las experimentaron en algún momento: Pedro y Pablo tuvieron ahí una situación, y la arreglaron. Sin santidad no hay unidad.
Comunión con Cristo
Y número tres —y todo es—: comunión con Cristo. Es el punto número tres. Tenemos que tener la santidad, tenemos que tener esa unidad de un mismo sentir, una misma fe, porque si no tenemos el mismo Señor y no tenemos la misma fe, no podemos tener esa unidad. Y eso nos lleva a la comunión.
Y ayer platicaba con una hermana y le preguntaba —porque, pues, a veces no me da tiempo de saludar, porque se va muy rápido—, y yo le decía: "Oye, tienes que experimentar esa comunión, relaciónate". Dios es un Dios de relaciones. Dios no es un Dios que está solo ahí, nada más, como el que está dirigiendo el ajedrez. Dios es un Dios de relación. Dios quiere experimentar relación con nosotros, quiere experimentar esa comunión, y por eso nos buscó. Nosotros no le buscamos a Él. Y eso es lo que nos enseña Dios.
Entre nosotros tenemos que tener esas relaciones. A lo mejor con muchos no; yo, por ejemplo, no he platicado mucho. De repente es difícil ir rápido y saludar, pero es bueno ser intencionales y buscar esa relación. Pero a veces a lo mejor dejaron los frijoles en la estufa y pues salen corriendo. Pero tienen que buscar esa comunión. Sí, venimos y nos congregamos, estamos aquí, pero tenemos que experimentar esta comunión en Cristo. Y este es el propósito final de la oración de Cristo por los suyos: un deseo y un propósito para que su iglesia tenga unidad y comunión completa.
Por eso nos congregamos, para que tengamos la comunión. Y volviendo al tema de la pandemia, cuando estábamos en Zoom, sobre todo cuando celebramos la Cena del Señor... Y qué bueno, celebramos la Cena del Señor las familias, en cada una de nuestras casas, pero no estábamos experimentando esa comunión verdadera: el vernos, el estar de frente hablando. No es lo mismo, quizás, tener una reunión por Zoom y aconsejar a alguien, platicar con él acerca de sus situaciones, que estar juntos. No es lo mismo dar un abrazo por una pantalla que dar un abrazo en vivo, ¿verdad? No es lo mismo hablar por teléfono y decir: "Hermano, voy a orar por ti", que tener al hermano aquí, abrazarlo, llorar con él y decirle: "Voy a orar por ti". Una comunión y unidad completa.
Padre, quiero que estén conmigo
Y Cristo estaba en su oración haciendo rogativas. Versículo 9: "Yo ruego por ellos", y lo dice: "no ruego por los que están en el mundo". Versículo 20: "Pero no ruego solo por ellos". Pero aquí, en el 24, ¿qué dice Jesús? ¿Qué dice Jesús? "Padre, quiero que los que me has dado...". Cristo tenía ese deseo. Esa es nuestra esperanza: Cristo quiere que estemos con Él. Si tenemos una verdadera relación con Cristo, estaremos en santificación, en unidad y en comunión. El propósito final de Cristo es morar en nosotros por la eternidad, y nosotros con Él.
Si el amor de Cristo habitara verdaderamente en nosotros... A ver, no estoy diciendo que no sea así; solamente estoy haciendo una declaración. Si verdaderamente el amor de Cristo habita en nosotros, en nuestros corazones, de tal manera que controlara nuestras vidas, amaríamos como Él nos ama. Y hago esa pregunta: ¿estamos amando como Cristo nos ha amado? ¿Estamos buscando la santificación y la unidad, no solamente de nosotros, sino de la iglesia? Porque si yo freno a mi hermano, ya no lo estoy santificando, y tampoco estoy haciendo que él se santifique.
A Dios le gusta establecer relaciones personales, y lo vemos en esta oración. ¿Por qué hablamos con Dios? ¿Solamente porque queremos pedirle algo, o porque queremos buscar una relación personal con Él? La vida cristiana es una actitud dinámica y no estática. ¿Para qué? "Para que vean mi gloria", dice Jesús. Y ese es el objetivo principal de todo esto: ser santificados para que vean la gloria de Cristo; estar en unidad para que vean la gloria de Cristo. ¿Por qué? Porque el objetivo de la vida de Jesús en este mundo fue glorificar al Padre, fue glorificar a Dios. Y por eso debemos de buscar la unidad y la santidad.
Para eso está la iglesia
No solamente es un lugar para sanar; sanar, sí, se viene aquí a sanar. Tampoco es un lugar solamente para llenarnos de conocimiento, que es bueno que estudiemos su Palabra. Tampoco es un lugar para solamente llenarlo, que tampoco es malo; realmente no es porque sea malo. La iglesia está aquí para invitar a las personas a que toquen la gloria de Dios, a que conozcan a Cristo, para que sus vidas sean transformadas. Para eso está la iglesia. Y para que esas vidas transformadas sean enviadas también, como nosotros hemos sido enviados.
Nuestro fruto espiritual es todo aquello que glorifica a Dios. ¿Tu fruto en verdad es espiritual y está glorificando a Dios? ¿Cómo es posible esto? Porque hemos sido apartados para ser santos; hemos sido apartados para manifestar la gloria de Dios.
Conclusión
Y solamente quiero terminar con algunos aspectos de la unidad; quizás me faltan más. Y nuevamente se los repito, que ya los habíamos leído: vemos que el Padre y el Hijo tienen unidad, versículo 11 del capítulo 17, que leímos. Tenemos una unidad espiritual en Cristo, Romanos 6:5. Unidad en un mismo sentir, Romanos 12:16. Unidad basada en un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre; el mismo amor y un mismo propósito.
Y, hermanos, busquemos la santidad y la unidad todavía aún más. Yo sé que lo estamos haciendo, lo veo, pero tenemos un camino largo. Dice el versículo 25: "Oh Padre justo, aunque el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre, y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y yo en ellos". Busquemos la santidad y la unidad.
Oración final
Vamos a orar. Dios, alabado sea tu nombre. Gracias, Padre, porque sabemos que sin ti tu iglesia no permanecería. Gracias porque en esta oración, Señor, no solamente pediste por tus discípulos, sino pediste por los que habrían de venir, Padre. Y queremos rogarte también, Señor, como tú lo hiciste, por cada uno de nosotros, por tu iglesia, para que busquemos la santidad, Señor, para que busquemos la unidad aún más, y que siempre veamos a la cruz, que siempre te veamos a ti como nuestro mayor ejemplo de santidad y de unidad. En tu nombre oramos, en Cristo Jesús, amén.
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