Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Juan 3:1-21JuanAlfredo Carrillo

Un nuevo nacimiento

Transcripción

Introducción y lectura

Ahora sí, buenos días. Qué nervios. Bueno, pues para mí es un gozo y un privilegio, pues, siempre estar aquí, y a la vez una gran responsabilidad compartir la Palabra del Señor. Pero descanso en el Espíritu Santo, y espero que ustedes también. Y gracias a Dios porque, pues, también cada domingo vemos caras nuevas: invitados, amigos, familia. Y gracias a Dios porque Él está haciendo la obra a través de lo que compartimos también nosotros con su Palabra.

Y vamos a buscar en el evangelio de Juan, como dijo nuestro hermano, capítulo 3. Y vamos a leer hasta el 15... pero me retracté, y dije: vamos a salir hasta el... En la mañana ya leí un poquito de este pasaje en la cena del Señor. Y vamos a tomar lectura de la Palabra. Son las 11:20, tomen cronómetro; la última vez que estuve aquí me dijeron que me pasé. Perdón, si tenían los frijoles en la estufa, perdón. Voy a tratar de ser lo más conciso y breve también.

Y vamos a leer. Dice así —yo tengo la versión Reina-Valera todavía; todavía no quiero una latinoamericana, discúlpenme los más estrictos; me gusta el español que usa aquí, también es muy poético—. Vamos a leer la Palabra del Señor, dice así: "Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí" —que traducido es Maestro—, "sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.

Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu.

Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo". Jesucristo. "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".

Y bien, aquí este versículo que en la mañana les mencionaba, que lo pueden decir de memoria: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él. El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios".

Oración

Padre, te ruego esta mañana, Señor, que tú seas el que hable; que tu Espíritu Santo, Señor, me ayude. Señor, te ruego que me des, Señor, las palabras correctas, Señor, conforme a tu Palabra, conforme a tu evangelio. Te ruego por cada uno de mis hermanos que están aquí presentes también, Señor, que tengan un corazón dispuesto, un corazón dócil. Al mismo tiempo, por las visitas que tenemos aquí, que también tú les prepares sus oídos, su corazón, Señor, y que puedan entender a través de tu Espíritu Santo, Señor, lo que tu evangelio dice. Nos ponemos en tus manos, y gracias por tu ayuda. En Cristo Jesús, amén.

Nicodemo y el tema de este pasaje

Como la mayoría sabe, y para los que no saben: Nicodemo pertenecía, hablando digamos de situación económica, a una de las familias pudientes, ¿verdad? Pero también era miembro de los fariseos, ¿verdad? Esta secta se supone que eran los más estudiados en la Palabra del Señor; tenían un conocimiento, pues, pleno de la Escritura. Y este es uno de los pasajes, creo, más conocidos, ¿verdad?: este encuentro que tiene Jesús con Nicodemo. Y como hemos estado leyendo, hemos visto cómo va desarrollándose esta conversación que tiene Jesús con Nicodemo, y cómo Jesús ha sido, digamos, paciente, ¿verdad?; cómo Jesús está explicándole a Nicodemo las cosas espirituales.

Y sí, este título que le puse a este pasaje pues es muy obvio, ¿verdad?: "Un nuevo nacimiento". Y en los anuncios que tuvimos hoy estábamos escuchando que dentro de ocho días va a haber bautismos. Pero cuando estaba estudiando la Palabra del Señor, yo decía: "Bueno, Señor, ¿qué es lo que tú quieres que comparta acerca del bautismo hoy?". No voy a describir del bautismo totalmente; va a ser dentro de ocho días, la otra predicación. Pero ¿qué es necesario para poder obedecer al bautismo? Pues nacer de nuevo.

Y tengo tres puntos en los que dividí este pasaje; voy a tratar de mencionarlos, porque también de repente se me van. El primero es la necesidad del nuevo nacimiento; vamos a ver la necesidad del nuevo nacimiento. El segundo punto va a ser cuál es la naturaleza del nuevo nacimiento: a qué se refiere, cómo es. Y el tercero, cuál es nuestra base para tener este nuevo nacimiento. A veces aquí hablamos, o se habla, muy técnicamente, muy teológicamente; entonces voy a tratar de no usar tantas palabras, para que las personas que vienen por primera vez puedan entender las cosas que están aquí descritas.

Entonces, como les mencionaba, este es uno de los pasajes quizás más importantes de este evangelio de Juan, y quizás este pasaje es el que centraliza mejor el evangelio, el capítulo 3. Y lo vemos en el versículo 16. Pero también aquí podemos ver, y vamos a encontrar, un tema que quizás es el tema central también, que es creer. Creer para nacer: debemos poner nuestra fe en Jesús como nuestro Salvador —y ahorita lo vamos a ir explicando— para poder así nacer de nuevo. Y vamos a ver también cómo es nacer de nuevo.

La necesidad del nuevo nacimiento

Y vamos a ver el punto número uno, dice entonces: la necesidad del nuevo nacimiento. Y vemos aquí en la Escritura que nos decía en los primeros versículos, del 1 al 5, dice: "Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo"...

Y ya vemos que era un principal de los judíos. Era estudiado; él tenía conocimiento de la Escritura, tenía conocimiento de las profecías. Pero Jesús le estaba diciendo que tenía que nacer de nuevo. Entonces, para experimentar el reino de Dios es necesario este nacimiento. Esa es la necesidad que tenemos: no podemos ver a Dios, no podemos ver ni experimentar el reino de Dios si no creemos en Él. Nosotros, al depositar nuestra fe en Cristo Jesús, al creer que Él murió en la cruz, al creer que Él murió por nuestros pecados, al creer que Él resucitó, nosotros podemos tener la salvación.

No es solo hacer una oración

No es solamente hacer una oración, ¿no? Y no estoy en contra de eso, no estoy criticando, pero a veces damos por hecho que... o a veces se obliga a la gente, ¿no?, cuando se hacen las campañas de evangelismo, y hablamos o se habla con la gente, y se dice: "Haz esta oración, repite conmigo", y ya damos por hecho que él es salvo. Pero realmente él tiene que entender estas cosas, y lo que tiene que realmente hacer es creer esa verdad: que Jesús murió en la cruz por él; que Jesús murió en la cruz por mí; y que solo a través de eso que sucedió hace más de dos mil años es como yo puedo obtener ese perdón de mis pecados.

Y hablábamos también de una condición caída. ¿Y cuál es, a qué se refiere la condición caída? Pues dice la Escritura en Génesis capítulo 3 que Adán se rebeló contra Dios, ¿verdad? ¿Por qué se rebeló contra Dios? Porque desobedeció. Y ahí entró el pecado por primera vez. El primer hombre que creó el Señor se rebeló, y de ahí descendemos todos: chinos, japoneses, mexicanos, todos venimos de ahí. Y eso tenemos que creerlo también. Entonces, por este hombre entró el pecado, y estamos condenados todos a nacer en pecado.

Por eso es que Jesús, cuando se acerca Nicodemo, cuando le hace esta pregunta, dice: "Es necesario nacer de nuevo". ¿Para qué? Para poder ver y experimentar el reino de Dios. Si tú no crees en el Señor Jesucristo y no pones tu fe, no puedes experimentar el reino de Dios. Y el reino de Dios, como veíamos en esta canción que me gusta mucho, "Ciudad de Dios", efectivamente, ese va a ser el reinado eterno. Pero el reino de Dios ya lo estamos experimentando aquí en la tierra, a partir de que Jesús nació, creció, y vino a hacer su obra, y la culminó en esa cruz y en la resurrección. Y a través de eso estamos ya experimentando el reino de Dios.

¿Y de qué manera? Porque Él vino a morir por nosotros. Ciertamente murió por todo el mundo, pero, decía en la mañana, está la cláusula, dije: tienes que creer en eso. Entonces, esa es la necesidad del hombre de nacer de nuevo. No podemos llegar a Cristo, no podemos tener esa comunión con Cristo, con el Padre, si no nacemos de nuevo. Y es la manera en que podemos experimentar el reino de Dios: si creemos y ponemos nuestra fe en Él, podemos tener este nuevo nacimiento.

Para entrar en el reino

Es necesario este nuevo nacimiento también no solamente para experimentar el reino de Dios, sino para entrar en el reino de Dios. Y Nicodemo ciertamente tenía mucho conocimiento, mucho conocimiento teológico. Y eso es lo que podría ser también peligroso, porque podemos tener mucho conocimiento teológico —es más, nos podemos subir aquí—, pero si no entendemos estas verdades a través del Espíritu Santo, no podemos entrar en el reino de Dios; aun así sepamos la Escritura de la A a la Z. Tenemos que creer, y de esta manera podemos entrar en el reino de Dios.

Y es lo que sucede con Nicodemo: él tenía mucho conocimiento teológico, sabía la Escritura a la perfección, pero, sin embargo, no le estaba siendo revelado lo que Cristo le estaba diciendo, sino hasta que el Espíritu Santo hace la obra. Y así pasa con nosotros; así pasa con todo aquel que quizás por primera vez escucha el evangelio. Aquí no se nos narra que en ese momento Nicodemo hizo una oración con Jesús y le dijo: "Ah, ya soy salvo". Este pasaje no nos habla de eso, pero más adelante vamos a ver qué sucede con Nicodemo. Entonces, es necesario, para entrar en el reino de Dios, un nuevo nacimiento.

¿Por qué un nuevo nacimiento?

¿Y por qué es un nuevo nacimiento? Quiero hacer un paréntesis antes de seguir hablando de este nuevo nacimiento: porque nacemos primeramente de carne, ¿verdad?; nacemos en pecado. Entonces estamos hablando de un nacimiento espiritual. ¿Qué es lo que le estaba diciendo Jesús a Nicodemo? Sí, no le dijo a Nicodemo que naciera nuevamente de la mamá. Estamos hablando de un nuevo nacimiento: morir a tu hombre pecaminoso antes de Cristo, y volver a nacer, volver a ser un hombre nuevo. Y de eso se trata este nuevo nacimiento. Es necesario, entonces, para ver el reino de Dios, nacer de nuevo.

Y como les decía, a veces solo somos religiosos, a veces solo somos morales, como Nicodemo, y puedes tener todos los ministerios también. Pero si no has nacido realmente de nuevo, pues sigues separado de Dios. Y aquellos que no han conocido a Cristo, pues están separados de Dios también. El evangelio es para cristianos, para creyentes y no creyentes. Y eso es lo que nos exhorta el Señor, tanto a creyentes como a no creyentes: siempre meditar en estas cosas, y si realmente he nacido de nuevo.

Revelado por el Espíritu

Las verdades espirituales no las puede captar la mente carnal del pecador hasta que le son reveladas por medio del Espíritu Santo. 1 Corintios, vamos a leer capítulo 2, versículos 9 al 12. Dice así... vamos a leer desde el 6, por favor. Sin embargo... 1 Corintios 2, versículos 6 al 12: "Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo"... Sí, dije bien, 1 Corintios 2. Ah. "Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman" —para los que creen en Él—. "Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu" —el Espíritu Santo—; "porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido".

Y así es: hasta que se nos revelan por el Espíritu Santo estas verdades espirituales, las podemos captar. Ahora sí, por medio del Espíritu Santo, pero hasta que Él haga la obra. Y, por otro lado, de nosotros no nace buscar a Dios, hasta que Dios pone en nosotros el buscarle. Nosotros no le encontramos a Él; Dios nos encuentra a nosotros. Nicodemo vino de noche, entonces.

De las tinieblas a la luz

Y aquí hay algo que me gusta ver como un simbolismo: ¿por qué viene de noche? Aparentemente —bueno, podría ser— como él era miembro de los fariseos, no quería ser visto teniendo un encuentro con Jesús, porque era todo lo contrario de lo que ellos predicaban, y estaba aceptando que sí, efectivamente, Él era Hijo de Dios. Pero, sin embargo, este simbolismo que podemos ver aquí: ¿por qué viene de noche? Nicodemo viene en la oscuridad, sale de las tinieblas. Y así nosotros, cuando no éramos salvos, cuando no creíamos en Cristo Jesús, cuando una vez pusimos nuestra fe en Él, tuvimos que venir de las tinieblas a la luz. Como Nicodemo vino a Jesús: vino de la oscuridad a la luz, que es Jesús.

Ese es un simbolismo también que hay aquí, que podemos encontrar: así nos llama el Señor, de las tinieblas a la luz. Podemos ver otro simbolismo, que es nuestra naturaleza pasada: no podíamos llegar a Dios hasta que Él nos llamó. Por las obras que Nicodemo estaba viendo, de estos milagros, es como Dios le llamó. Y espiritualmente estábamos en tinieblas. Y si tú no le has todavía conocido, todavía no has venido a Cristo, yo te digo que también espiritualmente estás en tinieblas.

2 Corintios dice, 2 Corintios 4, versículos 3 al 6, dice así: "Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios". Esta es la condición pasada. "Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús. Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo". Y hasta ese momento es como podemos salir de las tinieblas.

Confundiendo lo espiritual con lo físico

Ahora, Nicodemo confundía lo espiritual y lo físico. Y así somos nosotros, o así éramos: a veces confundíamos, siempre confundíamos las cosas espirituales con las cosas físicas; creíamos que podíamos hacer con lo material cosas espirituales. Como Nicodemo estaba aquí malinterpretando lo que Jesús decía: Nicodemo estaba pensando en términos físicos cuando hablaba del nacimiento, ¿no?: "¿Y cómo va a ser posible que yo pueda entrar otra vez en el vientre de mi madre?", ¿no? Y por eso Jesús decía: "No es posible que tú, conociendo la Escritura, no entiendas lo que te estoy diciendo: que el nacimiento es espiritual".

Todos hemos nacido en pecado, todos. Ser religioso o moral no nos hace, ni hace a la persona, apta para la salvación, como muchos dicen por ahí: "Bueno, pues yo me porto bien, yo ayudo a la gente, yo no digo malas palabras, yo amo a mi esposa, amo a mis hijos, soy responsable en mi trabajo, soy todo un ejemplo de ciudadano, yo sé todas las ciencias". Pero eso no te hace apto para la salvación. Si no, imagínense: habría un problema, habría pocos salvos; yo no estaría ahí, porque no soy inteligente.

Nacer de arriba

Debemos nacer de nuevo creyendo en Cristo Jesús. Y dice aquí que debe de nacer de arriba, no de aquí abajo. Está hablando de las cosas espirituales, de las cosas celestiales. Ese nacimiento de arriba es el que te da Dios a través de su Espíritu Santo y a través de su Palabra. Nuestro primer nacimiento, entonces, nos hace hijos de Adán, hijos de pecado, hijos de condenación, destinados a la ira de Dios por desobedientes, ¿verdad?

Y quiero citar Efesios 2, del 1 al 3, dice así: "Y Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo" —¿seguimos todavía la corriente de este mundo?—, "conforme al príncipe de la potestad del aire" —Satanás—, "el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás".

¿Y a qué se refiere con "hijos de ira"? Nuevamente, bueno, lo voy a decir otra vez, que alguna vez tuve problemas: Dios... bueno, Dios aborrece el pecado, pero Dios también aborrece al pecador. Porque muchos, o por mucho tiempo, se nos dijo: "No, es que Dios ama al pecador; aborrece solamente el pecado". Y eso no es cierto; Dios aborrece al pecador. Ah, dice: "A Jacob amé, y a Esaú...". Dios no está airado solamente con el pecado; está airado con el pecador. Y por eso es que estamos destinados a la muerte eterna cuando no estamos en Cristo Jesús. Y solo por medio de Cristo Jesús podemos ver el reino de Dios, experimentarlo, al tener este nuevo nacimiento.

La salvación no se hereda

Y también es necesario este nuevo nacimiento para entrar al reino de Dios. Como les había dicho, cuando un pecador pone su fe en Cristo Jesús, entra en el reino de Dios y pertenece a la familia de Dios. Nicodemo, como la mayoría de los judíos, pensaba que como nació judío y vivió de acuerdo a la ley, Dios estaría satisfecho y él era salvo. Y a veces puede pasar en el pueblo cristiano, ¿no? Porque tus hijos nazcan en una cuna cristiana, en donde se estudia la Palabra, en donde se predica la Palabra, se les enseña todo el tiempo de Dios, en donde se les enseña a orar, no por eso heredan la salvación. Ellos tienen que experimentar también el conocer a Cristo de una forma personal.

Y entender que también, aun como pequeños —por eso es que están en una clase ahorita—, aun como pequeños, a ellos se les está enseñando para que puedan entender, con la ayuda del Espíritu Santo, que ellos también tienen un problema con Dios, que están en pecado. Porque el pecado no solamente es matar; el sexo, relaciones fuera del matrimonio o antes del matrimonio. Mentir es pecado, al igual que matar; a los ojos de Dios tiene la misma gravedad, porque Él es el Creador del universo, y se lo estás haciendo a Él. No amar a tu hermano es pecado. Entonces, debemos de pensar y cuidar esta salvación tan preciosa que tenemos, y cada día, con la ayuda del Señor, pedirle que nos examine: "Examina mi corazón, oh Dios, y ve si en él hay caminos de perversidad todavía".

Hasta aquí hemos visto la necesidad del nuevo nacimiento: porque habíamos nacido en pecado, y necesitamos ahora ser un hombre nuevo para poder ver el reino de Dios. Esa es nuestra necesidad: necesitamos de Dios, necesitamos ser salvos de la ira de Dios.

La naturaleza del nuevo nacimiento

Ahora, ¿cómo es esta naturaleza del nuevo nacimiento? ¿Cómo se ve? Dice en el versículo 6, dice así, desde el 5: "Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo". Entonces, el nuevo nacimiento solo es un nacimiento espiritual, porque has creído en Cristo Jesús, y ahora eres una persona nueva. Eres un bebé: cuando vienes a Cristo, cuando pones tu fe en Cristo Jesús, eres como un bebé; acabas de nacer en Él.

Y esta figura del bebé me gusta, porque ¿cómo son los bebés? ¿Se pueden alimentar solos? ¿Se pueden cambiar el pañal solos? ¿Pueden transportarse solos? No; dependen de Dios totalmente. Y así somos cuando nacemos de nuevo, y seguimos dependiendo de Dios. Espero que sigamos dependiendo de Dios, y no porque decimos: "Ah, ya lo sé todo de la Escritura, ya sé todo de Dios", ya... Tenemos que seguir dependiendo de Él como si fuéramos bebés todavía. Pero no se confundan: no se queden bebés todo el tiempo; hay que madurar. Los bebés crecen, aprenden a caminar solos, aprenden a alimentarse también solos, aprenden a hablar. El nuevo nacimiento no solamente se queda en bebé. ¿Se imaginan una iglesia de puros bebés? ¿Cómo nos veríamos? Sería ridículo. Eso pasa con el cristiano: naces de nuevo, pero tienes que ir creciendo, tienes que ir madurando, y es a través del Espíritu Santo.

Carne y espíritu

"Lo que es nacido de la carne", dice —que es nuestra vieja naturaleza—, "carne es", y siempre será carne, y está bajo la ira de Dios. Eso es porque por Adán entró el pecado, y estamos destinados a la ira de Dios. "Lo que es nacido del Espíritu" —que es nuestra nueva naturaleza— "espíritu es", y es eterno. Esta carne, cuando ya hemos creído en Cristo Jesús, nos vamos a morir de todas maneras; ese cuerpo se va a morir, pero el alma no. Aun como cristianos vamos a experimentar enfermedad, vamos a experimentar dolor todavía, pero nuestra alma no. Lo que es espiritual es eterno.

Nacer de agua y del Espíritu

Dice en el versículo 5: "El que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". Y bueno, algunos podrían pensar que está hablando del bautismo, pero no, no está hablando del bautismo, porque todavía no bautizaban. Está hablando, cuando se refiere al agua, está hablando por medio de la Palabra del Señor, de arriba, y el Espíritu Santo. Nacer de agua no se refiere a un bautismo en agua, porque entonces estaríamos dando por sentado... Y eso va a una pregunta que me hacían algunos jóvenes con los que estaba platicando acerca del bautismo —y qué bueno que tienen esas dudas—: el bautismo que vamos a tener dentro de ocho días no te salva. El bautismo no es para salvación. El bautismo solamente es un simbolismo, precisamente, de que tú mueres a tu hombre caído y vuelves a nacer, o vuelves ahora a resucitar. El bautismo es un testimonio público de que has puesto tu fe en Cristo Jesús.

Y eso se refiere... pero cuando habla del agua es por medio de la Palabra: la Palabra que ha sido compartida, el evangelio que les ha sido compartido, el evangelio que compartimos. Y si tú esta mañana estás escuchando esto, este es el evangelio: que tú creas en Cristo Jesús como tu Salvador, y que únicamente a través de Él tú puedes ser libre del pecado y libre de la ira de Dios. Y cuando estamos hablando de la ira de Dios, debemos de tomarlo muy en serio, porque si reconoces que Dios es el Creador del universo, la falta que estamos cometiendo es contra un ser muy grande, muy maravilloso.

El bautismo, un acto de obediencia

Entonces, el bautismo no es esencial para la salvación; es un acto de obediencia. Estamos siendo obedientes a este mandamiento de Jesús. Hay dos cosas que Jesús ordena: la primera es que le recordemos, como hoy en la mañana, haciendo memoria de Él, reuniéndonos todos y compartiendo el pan y el vino. Y la segunda es: "Id por todo el mundo, predicad el evangelio a toda criatura", dice, "haciendo discípulos", sí, "bautizándolos". O sea, no está diciendo: "Si quieren, bautícense". Dice: "Id". Es la otra ordenanza. Pero primero tienes que depositar tu fe en Cristo Jesús, y después tienes que ser obediente a este mandato.

Y como Nicodemo, no puedes creer que estás preparado... o ¿cuánto tiempo va a pasar para que digas: "Ah, ya estoy preparado y voy a bautizarme"? Lo que sí te voy a decir es: si estas cosas no te han sido reveladas por el Espíritu de Dios, que debes depositar tu fe en Él, entonces no te bautizas, porque no estás entendiendo qué es el evangelio. Pero tampoco necesitas tener toda una teología, como un gran teólogo —porque todos somos teólogos a partir de que creemos en Cristo—, para creer que estás preparado para bautizarte y ser obediente. Bueno, eso ya me estoy adelantando a algo que quizás Rodrigo diga dentro de ocho días.

Como el viento

Entonces, este nuevo nacimiento solo se produce por medios espirituales. ¿Y cuáles son? Como lo dije: el Espíritu Santo, con su obra en nosotros, y por medio de la Palabra de Dios depositada en nosotros. El Espíritu de Dios es el único que nos puede dar vida y un nuevo nacimiento. ¿Y cómo sucede esto? Pues es un misterio; solo sabemos que es a través del Espíritu Santo. Dice en el versículo 8: "El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu".

Dice que nadie puede explicar el viento. Ahorita salimos y no sabemos si el viento viene de acá, o va a venir de acá, o de acá, o de allá; el chiste es que el viento va a pasar. El viento hace lo que quiere. Así es el Espíritu Santo: el Espíritu Santo obra en quien quiere obrar, y por eso es que es un misterio, ¿verdad? Sin embargo, creemos en la soberanía de Dios: con quién trabaja, a quién escoge.

Un nacimiento real

Y dice, respondiendo Nicodemo, le dijo: "¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto?". Y es un nacimiento real. Créanme que es un nacimiento real; las cosas que Dios hace son reales, no es fantasioso. Yo no sé cómo sería si no estuviera en Cristo Jesús. Cuando miro hacia adentro de mí y veo mi pecado, doy gracias a Dios porque me rescató, porque sé que es real. Si no, sería peor. Qué bueno que no me conocieron; peor. Sin embargo, la obra de Dios es real.

Y no solamente es nacer por nacer, tener un nuevo nacimiento, y decir: "Ah, yo quiero ser cristiano, y quiero pertenecer a este grupo, porque se ve que se llevan bien". Sí, nos llevamos bien. "Porque se ve que se aman, se ve padre, como una familia feliz; yo quiero pertenecer a eso". Y qué bueno que puedan ver eso en nosotros los que no conocen a Cristo, pero va más allá: es a través de nuestra vida darle gloria a Dios con nuestro nuevo nacimiento. Para eso Dios nos busca y deposita en nosotros el Espíritu Santo: para que este nacimiento sea real, porque la obra de Cristo fue real.

Y Jesús, a través de su muerte en la cruz y a través de su resurrección, se aseguró de que esto fuera una realidad. Si lo que hizo Jesús en la cruz no fuera cierto, todo lo que estamos diciendo aquí, y lo que estamos haciendo cada domingo, pues se va a la basura; es como el club de los optimistas. Sin embargo, Dios lo hizo real en Cristo Jesús. Entonces, si una persona tan solo cree en Jesús y pone su fe en Él como su Salvador, sabrá que es real este nuevo nacimiento.

La base del nuevo nacimiento

Y por último, nuestro tercer punto: ¿cuál es la base para el nuevo nacimiento?

Y es obvio: es Cristo Jesús. Cristo Jesús tuvo que morir. Versículos 14 al 17, dice: "Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por Él". Y dice: "El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. Y esa es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios".

La serpiente de bronce

Y este relato se encuentra en Números 21, si quieren leerlo después. En Números 21, donde los judíos empiezan a hablar de Moisés, empiezan a injuriar a Dios mismo, y Dios los castiga con serpientes. Están en el desierto, y los están mordiendo estas serpientes venenosas, y están muriendo. Y empiezan entonces, sí, ya están chillando; y luego se rebelan, Dios les manda su juicio, y ya: "Sálvanos". Y le ordena Dios a Moisés que haga una serpiente de bronce y la ponga sobre un asta, clavada. Y todo aquel a quien mordía la serpiente tenía que ver hacia esta serpiente de bronce.

Y entonces vemos aquí otro paralelismo, otro simbolismo acerca de Jesús: cuando eran mordidos por la serpiente, pero veían al asta... No es idolatría, porque quiero aclarar: no es que haya hecho un ídolo Moisés. Solamente era algo que ordenaba el Señor, porque era un simbolismo de que estaba apuntando a Cristo: Cristo levantado en la cruz, que representa esta serpiente de bronce. Y al pueblo, cuando era mordido, se le decía que viera a la serpiente: "Pongan su mirada en la serpiente que Dios había ordenado", y eran sanos.

Y así nosotros con Cristo Jesús. ¿A qué es lo que apunta este pasaje? A Cristo puesto en esa cruz, levantado en esa cruz. Cuando tú estás condenado a la muerte, pero pones tu mirada en esa cruz de Cristo, en Cristo Jesús, puedes ser sano, puedes ser salvado y tener este nuevo nacimiento. El que era mordido y miraba a esta serpiente, era sanado y no moría. Cristo igualmente fue hecho pecado por nosotros, para que, por el pecado que nos estaba matando, por medio de Cristo fuéramos a poner nuestra mirada en Él, al ver a Cristo por fe. Cristo experimentó nuestro juicio cuando fue levantado en la cruz.

Pues la base de nuestro nuevo nacimiento es que Cristo tuvo que morir por nosotros, y tenemos que creerlo. Y aquí hay una paradoja: su muerte trajo vida. Y a veces me recuerda a estas personas que, cuando un día muere alguien... alguien... Todos los que somos pecadores tenemos que creer en Cristo Jesús.

Creer

Y hay algo aquí bien importante —ya vamos a terminar—: la palabra "creer" aparece ocho veces en este pasaje. El versículo 12 dice: "Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?". Luego, el versículo 15: "Para que todo aquel que en Él cree, no se pierda". El versículo 16, nuevamente: "Para que todo aquel que en Él cree, no se pierda". El versículo 18: "El que en Él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado". El versículo 36: "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él". Entonces, el énfasis de este pasaje es creer para tener un nuevo nacimiento. No mirar a Cristo nos trae condenación; mirar a Cristo nos trae la salvación.

Y Nicodemo, como muchos de nosotros, vino de la oscuridad a la luz. Los pecadores no solo viven en tinieblas, sino que andan en la oscuridad, viven en ella, y se niegan a venir a la luz, donde los pecados son puestos al descubierto. Pero no solamente se queda en exponer el pecado, sino que está la solución, que es Cristo Jesús: tener este nuevo nacimiento.

Nicodemo vuelve, ahora en la luz

Pero me gusta esta historia de Nicodemo, porque aquí no nos dice que fue salvo, que siguió a Cristo, pero más adelante vemos que sí. Juan 19:38 dice así, cuando ya Jesús fue sepultado, dice así este pasaje: "Después de todo esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos, rogó a Pilato que le permitiese llevarse el cuerpo de Jesús; y Pilato se lo concedió. Entonces vino, y se llevó el cuerpo de Jesús. También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como de cien libras".

Primero Nicodemo vino de las tinieblas a la luz, pero ahora vino porque estaba en la luz, y vino a ver a su Señor. Y así nosotros: ahora que hemos nacido de nuevo, ahora venimos a ver a nuestro Salvador, que murió, pero que sabemos que también resucitó. Y le damos gracias porque tenemos un nuevo nacimiento ahora. Y si tú no has puesto tu fe en Cristo Jesús, hoy es el día. Si tú viniste aquí invitado, Dios preparó esto para que escucharas que debes de tener un nuevo nacimiento, que es por medio de poner tu fe en Cristo Jesús. Y entonces sí, dar testimonio también, como lo hizo Nicodemo, testificando de Cristo: antes se escondía, ahora no le importaba. Y de eso se trata el bautismo: dar ese testimonio después de haber tenido el nacimiento.

Reservado para pecadores

Y yo quiero leer una anécdota. Dice, cuenta una historia de que en un tren había dos personas: uno, un predicador que estaba preparando su sermón para el otro día, pero iba viajando en el tren; pero también iba con él otro pasajero en el mismo lugar. Y dice que son de estos trenes donde es como una cabinita, y se cierra la puerta, y van ahí. Y le decía el pasajero, que obviamente no era cristiano, decía: "Bueno, yo estoy interesado en lo que está usted haciendo, pero no quiero molestarle; yo le voy a ayudar a que usted prepare su sermón". Y él saca un libro, y con este libro tapa la ventanilla, para que no vieran cómo pasaba la gente, mientras él estaba escuchando cómo estaba preparando su sermón.

Y le entra la curiosidad a este pastor que estaba preparando su sermón, y le pregunta qué es lo que decía el cartón que puso en la ventanilla. Y cuando abre la puerta, el cartón decía: "Reservado para pecadores esta habitación". Y lo mismo te digo hoy: hay un lugar que ha sido reservado para ti, que eres pecador, y para mí, que soy pecador, por medio de Cristo Jesús. Hoy estás a tiempo, y hay un lugar reservado; no dejes que pase más tiempo. Vamos a entonar un canto que ya todos conocemos; se llama "Agua santa", nos pedían los muchachos de la alabanza.

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