Isaías 6IsaíasAlfredo Carrillo
Santo, Santo, Santo
Transcripción
Lectura: Isaías 6
… (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) Tomen su... sí, muy bien, voltearon. Nuevamente, Dios los bendiga; Dios nos bendiga a todos. Me tocó compartirles un pasaje en Isaías, en el libro de Isaías, capítulo 6, y vamos a leer desde el versículo 1. ¿Ya todos tienen su Biblia abierta en este pasaje? Y vamos a comenzar a leer; dice así: "En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo.
Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa; limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí.
Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad. Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas y sin morador, y no haya hombre en las casas, y la tierra esté hecha un desierto; hasta que Jehová haya echado lejos a los hombres, y multiplicado los lugares abandonados en medio de la tierra. Y si quedare aún en ella la décima parte, esta volverá a ser destruida; pero como roble, como el roble y la encina, que al ser cortados aún queda el tronco, así será el tronco, la simiente".
La santidad, esencia de Dios
Y hermanos, este es un pasaje... cuando lo estaba estudiando, es un pasaje tremendo. ¿Cuántas veces la Escritura nos habla del Dios que se revela a alguien? Son muy contadas veces: cuando Dios se reveló a Moisés en la zarza, Dios mismo se dio a conocer; eso está, no sólo en eso, en Éxodo 3:5. Y la santidad es la naturaleza esencial de nuestro Dios; es la esencia de Su ser. El Antiguo Testamento usa la descripción de "santo" respecto al nombre de Dios más que cualquier otra forma, e Isaías en muchas ocasiones llama a Dios como "el Santo de Israel".
Y nosotros, a pesar de que usamos muchas imágenes, como roca, como padre, como pastor, como luz, para describir a un Dios indescriptible, ¿verdad?, pero sabemos que Él es santo; ese es Su máximo atributo, la santidad. Y a veces, como hombres, no alcanzamos a entender en su totalidad la santidad de Dios, porque no hay nada que se le compare. No podemos comparar con nada la santidad de Dios. Quizás sí con un padre, por la forma en que nos trata, pero la santidad de Él no la podemos comparar con nada, porque no hay nada que la compare.
Entonces, ¿qué significa decir que Dios es santo? Su santidad se refiere a Su naturaleza, que es completamente propia de Dios; es trascendente de todo lo demás, es sublime. Habla de Su sublime majestad, Su extraordinario poder, Su absoluta pureza, Su gran brillo, Su insondable gloria. No hay nada, nada en nuestra experiencia humana con lo que podamos comparar a este, nuestro Dios santo. Sin embargo, aquí vemos en este pasaje, en el capítulo 6, cómo Isaías tuvo esta visión acerca de este Dios santo que le fue revelado.
El contexto del capítulo 6
Vamos a ver un poquito de contexto. Del capítulo 1 al capítulo 5, Isaías está solamente haciendo acusaciones al pueblo, porque estaba muy mal, estaba muy mal; estaba decretando juicios sobre el pueblo, para llegar al capítulo 6, que da un giro totalmente. Y comentan algunos estudiosos que quizás este capítulo 6, o lo que narra más bien este capítulo 6, debe de ir al principio, en el capítulo..., porque aquí es donde vemos que es el llamado y misión de Isaías. Pero sin embargo, del capítulo 1 al 5 estamos viendo cómo Dios está preparando el camino.
Vamos a ver en este capítulo tres cosas de Dios acerca de Su santidad. En este capítulo hay tres cosas en las que se hace hincapié acerca de Su santidad: una es Su total soberanía, Su pureza moral, Su costosa gracia. De eso nos habla este capítulo 6, y lo vamos a ir viendo, lo vamos a ir desglosando. Hermanos, estén muy atentos, porque para mí fue muy difícil también, fue muy difícil este pasaje. No se duerman, si es que vienen cansados, pero estamos hablando de la santidad del Señor. No estamos hablando de un sermón sobre alguien, sobre un personaje en la Biblia, humano; estamos hablando de la santidad del Señor.
La santidad de Dios como Su total soberanía
Versículo 1: la santidad de Dios como Su total soberanía. Pero al mismo tiempo vamos a ir viendo las cosas que experimentó Isaías. Aquí, en esta primera parte, la santidad de Dios como Su total soberanía, y aquí vemos que Isaías experimentó impresión. Veamos qué dice el versículo 1; dice: "En el año en que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime", y nos sigue dando una descripción: "y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo..." —no me imagino si solamente lo decían como lo estoy diciendo yo, o si tal vez estaban cantando— "...santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo".
La visita de Isaías al templo, dice aquí, sucedió en el año en que murió el rey Uzías. Si bien recordamos, al final de este reinado de este rey —fueron 50 años de reinado de Uzías—, había pasado primero una etapa de mucha estabilidad, ¿verdad? El pueblo se enfrentaba también a un periodo de incertidumbre después de esto: la agresión de Asiria cada vez se acrecentaba más sobre el pueblo, y cada vez iba ocupando más territorio; eso lo podemos ver en 2 Reyes capítulo 15. Es una etapa en que todos los reinados, incluyendo el de los judíos y el de Israel, no duraban: eran reinados fugaces, eran reinados muy rápidos, débiles; eran reinados débiles. Pero Dios le concedió a Isaías una visión de Aquel que es verdadero, de Aquel que es el verdadero Señor de todo, cuyo señorío es permanente y poderoso por siempre.
Isaías tuvo que mirar hacia arriba
Y vamos a seguir leyendo; dice: "Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime", dice, "y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus ojos, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban". Vemos aquí cómo aparentemente en esa visión se fusiona el cielo con la tierra, porque dice que Sus faldas llenaban el templo. Isaías estaba en el templo, pero estaba viendo hacia arriba; estaba viendo al Señor sentado en un trono alto y sublime. Ahí estaba el Señor, dice, "y sus faldas llenaban el templo". Y vemos aquí cómo nos describe la manera en que debemos de ver al Señor, también la manera en que Isaías tuvo que ver al Señor, y cómo lo vio: dice que tuvo que mirar hacia arriba. No desde aquí abajo, no de a su nivel; dice que miró hacia arriba, al excelso lugar del trono, al que está sentado ahí, en el trono de Dios. No está ni estaba al nivel de otros tronos; por eso Isaías nos describe aquí que él tuvo que ver hacia arriba, y nos dice que estaba en un trono alto. No solamente diría que estaba sentado sobre un trono, sino que estaba en un trono alto: está arriba de nosotros, está sobre todas las demás cosas, sobre cualquier trono terrenal, aun cuando tenía la referencia del trono asirio de este gobernante que se llamaba Tiglat-pileser III, que encontramos en 2 Reyes 16:7, que en aquel entonces era el que estaba sometiendo al pueblo de Israel. Dios ocupa un lugar por encima de todo gobierno humano. Y la ubicación en la que nos describe aquí, sobre el trono alto, nos habla de la supremacía que tiene Dios sobre la tierra y sobre todos los gobernantes; nos habla de la supremacía, de la grandeza de Dios como fundamento de la fe, de creer.
Y por eso vemos que también en los Salmos todos los salmistas describen sus repetidos llamados a que el Señor sea exaltado. Casi en todos los Salmos vemos esto: nos están llamando a que reconozcamos la grandeza del Señor, a que exaltemos a un Señor que es grande y sublime, a un Señor que está sentado en un trono alto. Y ellos sabían que Dios estaba reinando sobre las naciones, y dice el Salmo 47: "Reinó Dios sobre las naciones; se sentó Dios sobre su santo trono... porque de Dios son los escudos de la tierra; él es muy exaltado". Salmo 47. Entonces vemos aquí esta visión, esta primera impresión que tiene Isaías delante de un Dios que aparentemente él conocía, porque era estudiado también de las Escrituras; sin embargo, no lo había conocido en persona.
Un trono inviolable
El trono de Dios, como vemos, es un trono inviolable; el trono de Dios es un trono inviolable. Daniel se refiere al Señor como el Dios Altísimo, que tiene dominio en el reino de los hombres y que lo da a quien quiere: Daniel 4:2 al 25. Eso ya lo estudiamos con Nathan. En este entorno también, aparentemente, nos describe la forma en que Isaías lo trata de transmitir. Quizá se imaginó que había, no sé, destellos; había quizás una luz que él no podía comprender de Su gloria, el brillo de Su gloria, y apenas él podía captar la longitud de toda la grandeza de Dios. Dice aquí que el manto llenaba el templo; no el palacio, no la sede del poder, ni de ningún tribunal, ¿verdad? Dice aquí que llenaba el templo. ¿Y qué significaba el templo? El templo es el centro de la expiación, y es donde estaba Dios. Las faldas llenaban el templo.
Los serafines se cubren ante Su santidad
Luego, en el versículo 2, vamos a seguir; dice: "Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban". Ahora, todo rey tiene sirvientes, todo rey tiene asistentes, todo rey terrenal; pero también Dios tiene Sus asistentes. Ya durante los estudios que hemos estado viendo con Nathan, hemos visto que existen tipos de ángeles: están los arcángeles, están los serafines, están los querubines. Pero aquí se está hablando de una clase muy, muy especial de ángeles, que son los serafines. Ahora, la palabra "serafín" viene de una palabra hebrea que quiere decir "ardiente", o que es fuego. Y esto nos está indicando, y los relaciona, con la santidad de Dios: el fuego se relaciona con la santidad de Dios.
Pero vamos a ver qué es lo que está describiendo de estos ángeles, de estos serafines. Dice: "Cada uno tenía seis alas", y vamos a ver por qué tenían seis alas: "con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban". Y me llamaba la atención porque aun los ángeles en la presencia de Dios, aquellos que, dice aquí, están clamando a Dios "santo, santo, santo", cubren sus rostros. Y estos ángeles no podían soportar la santidad de Dios, y dice que con dos alas cubrían sus rostros, y con dos alas cubrían sus pies. Quizás, es lo que yo creo, quizás porque los pies representan a lo mejor desnudez y no puede estar delante de Dios eso; o quizás porque representa que están en un acto de reverencia al Señor, y por eso cubrían sus pies. Y dice que con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. ¿Para qué? Para estar inmediatamente prestos a cualquier orden del Señor, para poderse mover.
Entonces vemos aquí que ni aun los ángeles podían ver la santidad del Señor. Y a veces, cuando leemos este pasaje, en lo personal me daba la impresión de que también quieren cubrirse de la santidad del Señor, porque es tan tremendo estar delante del Señor que necesitamos cubrirnos también nosotros si no estamos preparados. Pero a veces, a veces nosotros somos muy irreverentes, porque queremos llegar ante el Señor como si nada. A veces somos tan irreverentes que también tratamos al Señor como uno igual a nosotros. Yo sé que la Escritura dice que Él es nuestro amigo, pero a veces le queremos tratar así, como a un igual, y no es así. Tenemos que llegar a Él sabiendo que Él es santo, al igual que estos querubines.
La reverencia mostrada a Dios por los ángeles debe recordarnos nuestro propio atrevimiento, cuando llegamos de forma apresurada, irreverente e imprudente ante Su presencia, como a veces lo hacemos a menudo, porque no entendemos lo que es Su santidad. Y cuando logremos entender eso, vamos a tener la total reverencia para estar delante de Él.
La visión de Juan en Apocalipsis 4
Hay una visión muy parecida también, que es la de Juan. Juan habla del trono de Dios en Apocalipsis 4, y dice que esta visión fue muy similar a la de Isaías; nuevamente, ya lo vimos. Estaban los seres vivientes alrededor del trono, diciendo incesantemente: "Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso", Apocalipsis 4:8, en reverencia y admiración ante el Santo. Y Juan nos sigue describiendo que estas criaturas dan gloria y honor y reverencia a Dios continuamente alrededor de Su trono, como lo está describiendo Isaías aquí en este pasaje.
Pero también vemos que la reacción de Juan, cuando está viendo este trono y a Dios en Su trono, es diferente de la de Isaías. Si recuerdan, en el capítulo en que Juan nos está diciendo esto, en Apocalipsis, nos dice que Juan cayó aterrorizado, y de la conciencia de su propio estado pecaminoso no nos escribe de eso como lo hace aquí con Isaías. Tal vez porque Juan ya se había encontrado con Cristo; es diferente que con Isaías. En Apocalipsis 11 nos dice esto: Cristo ya había colocado sobre Juan Su mano y le había dicho que no tuviera temor. De la misma forma, nosotros nos podemos aproximar al trono por medio de Cristo, por medio de Su gracia, por medio de la justificación de Cristo. Y esto, como fue hecho por medio de la cruz, es la manera en que podemos acercarnos al Señor y no tener temor; pero sólo a través de la cruz de Cristo, o sea, de Su muerte y de Su resurrección, de Su perdón de pecados, no a través de nada. 2 Corintios 5:21.
Santo, santo, santo: el trisagio
El versículo 3 dice así: "Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria". Me da temor que yo diga estas palabras sin entenderlo, sin entender la santidad, o que las esté diciendo por decir y no las esté diciendo con el entendimiento del Espíritu. ¿De veras sabemos que es santo, santo, santo? ¿Y de veras estamos reconociendo que Jehová es el Jehová de los ejércitos, y de toda la tierra, que está llena de Su gloria? Y vemos aquí cómo la atención de Isaías cambia de lo que ve a lo que oye.
Algo bien interesante sobre este canto, "santo, santo, santo": ¿cuántas veces está repitiendo "santo"? Tres. Normalmente los judíos, para enfatizar algo, lo expresaban dos veces; solamente lo repetían dos veces. Pero aquí estamos viendo que lo hacen tres veces. A este canto se le llama trisagio, que quiere decir un himno que declara la santidad de Dios: santo, santo, santo. Ahora vemos cómo Isaías cambia totalmente en esta experiencia. Y lo que decía: yo me imagino cómo sería este canto de los ángeles. Y no nos dice que solamente había dos serafines o un serafín; nos dice que había serafines. No me imagino el templo o el lugar en donde estaba precisamente; no nos describe muy precisamente esta visión, cuántos ángeles, cuántos serafines había contestándose el uno al otro, diciendo "santo", y por aquí atrás volviendo a repetir "santo, santo, santo". Dice que no se contentan con declarar solamente Su santidad una sola vez y seguir adelante; tampoco lo declaran dos veces, sino que es un énfasis, decir "santo, santo, santo".
¿Cuántas veces hacemos énfasis en nuestras vidas acerca de esto? ¿Estamos entendiendo este énfasis sobre la santidad de Dios? Tres veces santo. Los invito, hermanos, y yo mismo, a comprender y entender la santidad de Dios cuando yo diga que Él es santo. Y sí, es mejor decirlo tres veces, como estos serafines lo decían aquí: que sea para Él "santo, santo, santo". Ellos están expresando con fuerza y pasión la verdad de la supremacía de Dios, de la suprema santidad de Dios, y, como decía, es una característica esencial de Su majestuosa naturaleza. Y quería poner más palabras, pero no encontré una palabra que describiera más allá de decir que Dios es excelso, que Dios es majestuoso, que Dios es poderoso. No sé cómo comparar Su santidad, porque no la hay; no la podemos comparar.
La Trinidad en el trisagio
Pero también vemos aquí la Trinidad de Dios en este canto, en este trisagio, porque dice "santo, santo, santo": santo el Señor Jesucristo, santo Dios Padre y santo el Espíritu. La santidad de Dios es la parte más difícil de explicar de todos los atributos de Dios, en parte porque hay atributos que sí comparte Dios con nosotros, pero la santidad de Él no la comparte con nosotros. Porque sí, somos creados a Su imagen, pero solamente somos creación, y no podemos compartir ese atributo, así como la omnipresencia y así como la omnisciencia. La santidad es un atributo que solamente le pertenece a Él, a Ti, Señor.
Toda la tierra está llena de Su gloria
La segunda línea del cántico de los serafines dice así: "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria". Dios quiere que la gente de todo el mundo vea Su gloria, así como los ángeles están declarando la gloria a través de estas palabras: la manifestación de Sus atributos divinos. E Isaías tiene un encuentro con Él en el templo, pero Dios no se limita a este santuario; Dios nos enseña que Él tiene toda Su gloria en toda la creación. Habría sido sorprendente si la irrupción de este poder divino, altamente creativo y activo, no hubiera tenido un impacto inmediato en Isaías, en el lugar en donde ocurrió. También los quiciales de las puertas se estremecieron, como en un terremoto, y la casa se llenó de humo.
¿Dónde más vemos una descripción de esto, que se llenó de humo? En Éxodo, cuando Dios también se le revela a Moisés, y vemos nuevamente una escena muy parecida. A veces las películas se quedan como muy cortas acerca de cómo fue esa visión del Señor. Hermanos, ¿estamos entendiendo la santidad? ¿Estamos reconociendo la soberanía de Dios? ¿Estamos reconociendo Su gloria? ¿Cómo lo vemos a Él? ¿Lo vemos hacia arriba, o lo vemos como un igual a nosotros? ¿Estamos siendo reverentes? ¿Estoy siendo reverente yo, Alfredo? ¿Estoy entendiendo Su santidad, Señor?
La santidad de Dios como pureza moral
Aquí viene la parte más, más difícil para mí, amigos. Dice que también este pasaje nos habla de la santidad de Dios como pureza moral. En esta parte de este pasaje, Isaías también experimentó algo. Ya experimentó una impresión total al ver algo que nunca había visto, al ver algo indescriptible, algo que no podía comparar con nada. Pero aquí vemos que Isaías experimentó algo que se llama introspección: un análisis interno de lo que está sucediendo. Y dice así: "Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey..." Perdón.
Pero esto me hace también a mí entender mi condición ante un Dios santo. Esta experiencia fue también inquietante, al igual que para mí, para Isaías, ¿verdad? Y por eso es que no me sorprende, ni nos sorprende, cuando Isaías dice: "¡Ay de mí! que soy muerto". Pero no leemos tampoco que él mostrara señales de pánico o de una profunda emotividad, ni que temblara, ni que se postrara o entrara en un trance. Por el contrario, él estaba asombrado, pero al mismo tiempo Isaías estaba viendo su indignidad personal en presencia de la santidad con la que fue conmovido. Normalmente no lloro, pero cuando leo este pasaje me da temor acerca de mi pecado, acerca de mi condición, cómo le fallo cada día, cada instante.
Labios inmundos
Vemos aquí que Isaías reconoce su indignidad personal en presencia de la santidad, que su destino ya estaba sellado: siendo yo, Isaías, "hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos", dice, "han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos". Y se da cuenta, al estar en la presencia de Dios, de que su vida no era limpia. Los labios de los serafines no eran impuros, y sin embargo estaban proclamando la santidad de Dios. Y esto es lo que Isaías había entendido, o le ha hecho ver: que sus labios eran inmundos. Dijo Jesús que de los labios sale lo que hay en el corazón. ¿Qué es lo que sale de nuestros labios? ¿Qué hay en nuestro corazón? De la abundancia del corazón habla la boca. ¿Deberíamos dar alabanzas o decir maldiciones?
Por eso es que Isaías, al centrarse en sus labios, no se refiere exclusivamente a los pecados de palabra, sino a los pecados que hay en su vida, los que hay en su ser, los que hay en su corazón. Para Isaías, el anuncio de la santidad significaba que estaba en la presencia de un ser distinto a él, un ser distinto y diferente. Para Isaías, como hebreo, eso significaba lo terrible que Dios era en esencia, y también Su carácter. Y a veces confundimos Su santidad con Su amor hacia nosotros, de que Él no nos va... que nos va a pasar. Dios es justicia, y Dios nos pide que hagamos justicia, nos pide que hagamos misericordia, nos pide que nos humillemos ante Él: Miqueas 6:8.
El Dios de Israel es único; Su santidad, dice, no es sólo poder, sino moralidad. ¿Cómo nos examinamos, hermanos, cuando estamos orando, cuando estamos platicando con Él? ¿Cómo llegamos ante Él? ¿Con reverencia, reconociendo que Él es santo? ¿Cómo estoy yo? ¿Cómo estoy ante mi Dios? Que cuando leo también, yo digo que Él reina sobre toda la tierra, que Él tiene en Su gloria toda la tierra: ¿me estoy sometiendo a este soberano? ¿Estoy obedeciendo a este soberano Rey santo?
La santidad de Dios como costosa gracia
También vemos aquí una figura muy hermosa, que en lo personal me gusta. Dice aquí: "Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado. Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí: Heme aquí, envíame a mí".
Esta es la tercera y última parte que les mencionaba sobre la santidad de Dios: como costosa gracia. Aquí Isaías también experimentó la visión que él tenía de la necesidad de llevar el mensaje de salvación. Los cristianos a veces somos muy propensos a distinguir la santidad de Dios de Su amor, al enfrentar entre sí la ley y la gracia, y el juicio y la salvación. Isaías no se identificaría de manera alguna con este punto de vista. ¿Por qué? Porque Él es el Santo de Israel. Dios mostraba Su compasión a Su pueblo aun cuando ese pueblo no se caracterizaba por la piedad, aun cuando este pueblo había desobedecido, aun cuando este pueblo había confiado en sus propias fuerzas, cuando él confiaba en su propio ejército y no en el Señor de todo, en el Santo de Israel. Dios le ofrecía a este pueblo la salvación y le invitaba a la reconciliación por medio de este mensaje que iba a dar Isaías. Así mismo, Dios te está invitando a que tú seas salvo; te está invitando a que tú puedas disfrutar de la reconciliación.
Una invitación a la reconciliación
No sé cuántos de aquí han entregado su vida al Señor; no sé cuántos de aquí han reconocido que también tienen pecado y que tienen necesidad del Señor. Dios te está llamando, Dios te está invitando a que hagas una reconciliación con Él, con el Santo de Israel. ¿Por qué? Porque Él es tu ayudador, Él es tu Salvador. Isaías 41:13: "Es tu ayudador"; "es tu Salvador": Isaías 43:3, 52:10. Y con mucho más frecuencia, "el Señor, nuestro Redentor": Isaías 43:14, 47:4, 48:17, 49:7, 50 y 45 hablan de ese Dios Redentor en Isaías.
En esta parte hay una subdivisión que me gustó. Dice aquí que Dios manifiesta Su costosa gracia en tres formas: primero, la purificación de este profeta; después, el castigo del pueblo, y luego, la elección de un remanente. Dice aquí en el versículo 6: "Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado". "He aquí que esto tocó tus labios, y es quitada tu culpa, y limpio tu pecado".
El carbón encendido: la purificación
Ahora, este carbón no es un carbón que tomaron de cualquier altar; estamos hablando del altar del Señor, del altar del Santo de Israel. Un carbón encendido nos habla de fuego. Sin embargo, dice que cuando este carbón lo llevaba el serafín, primero no lo tomó con sus manos, sino que lo tomó con unas tenazas. Y cuando tocó los labios de Isaías, ¿qué pasó? ¿Desfiguró su cara? No; hubo una purificación. Dios estaba declarando anteriormente que él era un hombre de labios inmundos, porque habitaba también en un pueblo de labios inmundos. Sin embargo, en esta escena tan amorosa vemos aquí Su gracia: dice que cuando tocó sus labios fue quitado su pecado. No fue desfigurado, como podría haber pasado; el fuego del Señor nos habla de Su juicio también. Ya fue quitado su pecado.
Dios perdona a Isaías, y expía su pecado, y renueva la actitud de Isaías nuevamente, ¿para qué? Para Su servicio. Y aquí vemos cómo, a través de este acto, Dios satisface Su santa pureza. La conexión que hay entre la santidad y el fuego nos habla del juicio de Dios; también nos habla de Su redención. Al tocar la boca de Isaías, no solamente enfrenta a Isaías en el punto preciso de su necesidad, sino que también lo toca en un lugar que simboliza su llamado como profeta.
Por eso es que me da temor; por eso es que ahora que alcanzo a ver un poquito más acerca de la santidad, al estar aquí parado y reconocer que soy hombre de labios inmundos, estoy declarando la santidad de Dios a través de Su Palabra. Pero también tengo la esperanza, como todos, de que Cristo ya me limpió, y Él ya nos limpió, ya nos purifica, lo quema, a los que hemos creído en Él. Y Dios nos ha preparado con una nueva actitud de labios, y así debería de ser: no usar este lugar para nadie más que para Dios. El púlpito es de Él, el mensaje es de Él; estamos hablando solamente de Él, de Su persona.
Heme aquí, envíame a mí
Pero también estamos siendo enviados, y vemos aquí la disposición de Isaías. En el versículo 8 dice: "Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a mí". ¿Tenemos la misma disposición? Pero también vemos al mismo tiempo aquí, regresando un poquito al texto, nuevamente la Trinidad, porque primero habla en primera persona; dice: "¿A quién enviaré?", el Dios santo, el Dios Creador. Y luego nos dice: "¿Quién irá por nosotros?"; está hablando en plural, está hablando de la Trinidad. Así como la santidad de Dios marca Su separación, cuando ya hemos sido llamados también separa al profeta de los asuntos que él tenía rutinarios, para que se disponga completamente a Su voluntad.
Una vez que Isaías ya fue purificado, ya fue perdonado, ya fue reconciliado, él mismo dice: "Yo... heme aquí, envíame a mí". ¿Y qué le dice el Señor? "Y dijo: Anda, y di a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad". ¡Qué fuerte!
Una predicación que el pueblo no escuchó
La predicación de Isaías no dio como resultado que el pueblo volviera a Dios. ¿Pero era culpa suya? No era culpa suya. Quizás podemos pensar que en su comunicación faltó habilidad. A veces yo me siento así; alguna vez lo dije: no soy un gran predicador, no predico a miles ni a cientos. Quizá le faltó habilidad, quizá le faltó pasión; pero sin embargo vemos que no. Isaías dice que hablaba y hablaba, y lo hacía con tal pasión porque el Señor lo había tocado. Cuando el Señor te toca, tienes pasión por Él. Pues, sin embargo, el pueblo no escuchó. Esto es parte del plan de Dios; esto fue parte de Su plan.
No es una gracia barata
Aunque en Su santidad Dios es un Dios de gracia y salvación, Él no es... escuchen bien: Dios no es un Dios de gracia barata, ni la salvación que nos dio fue de precio reducido. Un ofrecimiento de esta gracia barata es incompatible con Su santidad, como también lo es no satisfacer las necesidades de un pueblo pecador, que somos nosotros también. El perdón global, con un arrepentimiento fácil, entonces es inútil; no nos llevaría a una verdadera reconciliación entre Dios, el Dios santo, y nosotros, ni a una verdadera transformación en nuestras vidas. La gracia de Dios no sólo es costosa para Dios, sino también para los pecadores. ¿Por qué? Porque debe de haber una evidencia de un estilo de vida transformado.
¿Eres salvo? ¿Tienes a Dios en tu vida? Yo me pregunto: ¿tengo la evidencia de una vida transformada? Si no, algo está pasando; quizás el costo fue un costo barato. ¿Cómo estás atendiendo a la gracia del Señor? ¿Fuiste salvada, salvado, por un costo de gracia barato, o por un costo de alto precio que solamente Cristo, con Su vida, pagó en la cruz? Esta gracia solamente a través de Cristo fue dada a nosotros. El versículo 10 dice: "Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad".
El amor de Dios es inseparable de Su santidad
Muchas veces tratamos a Dios sólo como un Padre, ¿verdad? Muchas veces hay hermanos que solamente nos hablan del amor de Dios: de que Dios te ama, que Dios te cuida, que Dios te quiere, que Dios te da. Se habla mucho de Su amor, pero el amor de Dios, les repito, es inseparable de la santidad de Él. Uno puede sobrepasar el amor para ir a la santidad, pero no se puede sobrepasar la santidad de Dios. El amor no es evangélico hasta que se ha ocupado de Su santa ley, y esto hace que la cruz de Cristo sea necesaria, y que el perdón no se produzca sin costo, porque el alma de la paternidad divina es el perdón por medio de la santidad.
Perdonar no es solamente olvidar; no significa cancelar tu pasado: "Ya, tu pasado... hiciste esto, borrón y cuenta nueva", podría haber, si decimos eso. No es una simple amnistía. Hay algo roto, hay algo roto que destroza nuestra alma, hay algo roto que está destrozando a este mundo. No hay solución barata para el pecado, y esa solución es solamente Cristo. Dios no solamente es glorificado por aquellos que obedecen Su llamado; Dios no es glorificado solamente por aquellos que obedecen Su llamado al arrepentimiento, sino también es glorificado por las consecuencias que viven los que ignoran a Dios. Así es Su costosa gracia.
Conclusión: declaremos Su santidad con nuestras vidas
Entonces, ¿qué podemos concluir acerca de la santidad de Dios? La santidad de Dios define el carácter mismo de Dios, que es trascendente sobre la tierra, que nunca va a pasar; sobrecogedor en Su majestad, soberano en Su poder, perfecto en Su bondad, puro en Su naturaleza moral, y misericordioso, que es la esencia de Él mismo. Hermanos, declaremos la santidad de Dios, pero no solamente con nuestros labios: declaremos la santidad de Dios con nuestras vidas. Hagamos una introspección, como lo hizo Isaías: ¿qué hay en mi corazón? ¿Qué es lo que más hablo? Y entonces así poder declarar que Dios nos ha purificado por medio de ese carbón encendido, que representa el sacrificio de Cristo en nuestras vidas. Santo, santo, santo es el Señor. Amén.
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