Dios utiliza la valentía de una mujer.
Ester entró al salón del trono sin ser llamada sabiendo que podía morir; por qué Ester arriesgó su vida ante el rey es la pregunta de Ester 5. El estudio recorre el ayuno de tres días, la prudencia con que calló en el primer banquete y el cetro extendido, para mostrar que Dios usó su valentía por gracia, no por su belleza.
Transcripción
Lo que vimos en el capítulo 4
¿Se acuerdan de qué trataba el versículo 4, que nos explicaba Humberto? ¿Alguien que me diga, o que me ayude a recordar justamente qué es lo que pasó en el versículo 4? ¿Nadie se acuerda del versículo 4 del libro de Ester? Bueno, veo que no se acuerdan; veo que no vamos poniendo atención a lo que nos dicen nuestros hermanos. Pero les recuerdo: justamente Ester le decía a Mardoqueo que fuera a la ciudad de Susa para que ellos pudieran orar durante tres días, pudieran ayunar, y eso para un propósito. Ese propósito era para que Dios utilizara la vida de Ester para algo que se viene en el capítulo 5. Y antes de seguir continuando: el título que le puse a este versículo es "Dios utiliza la valentía de una mujer".
Oración
Oremos. Padre, te agradecemos por la bella oportunidad que Tú nos das de estar en esta casa, que es Tu templo, Señor, en la cual podemos alabarte y glorificarte, y sobre todo tener esa libertad de culto. Padre, gracias porque Tú nos has dado esta bendición de estar aquí, siendo inmerecedores de ese amor, siendo inmerecedores de la misericordia que has tenido a lo largo de la humanidad, y sobre todo porque somos pecadores. Y gracias por esa redención que hiciste en la cruz del Calvario, para que nosotros podamos alabarte, podamos glorificarte, pero sobre todo ser un testimonio de lo que Tú has hecho en nuestras vidas. Queremos que Tú tomes este tiempo, y que en Su bendito nombre nos permitas alabar y glorificar Tu nombre.
Dios toca el corazón de Ester
Bueno, si se acuerdan, tres días anteriormente Ester le había pedido justamente a Mardoqueo que oraran por ella. En estas situaciones vemos cómo en el Antiguo Testamento resaltan mujeres que han sido instrumentos y han sido tocadas por parte de Dios para un propósito. Vemos cómo Dios ha llevado a esas mujeres a hacer algo importante, en decisiones tal vez muy difíciles. Lo podemos ver ahorita con Ester. Y justamente vemos cómo Ester le pide, con agonía, tal vez con tristeza, tal vez con apuro, tal vez con tristeza por el edicto que había dictado el rey, que era que mataran a todos los judíos.
Y eso lo hemos visto a lo largo de la historia: cómo Satanás ha querido derribar al pueblo de Israel. Pero sin embargo, en la soberanía de Dios, hemos visto que no ha sido así. Y bueno, justamente Dios toma con valentía, va al corazón de Ester, justamente por un propósito que iba a hacer. Y es porque Dios había tocado el corazón de Ester para que fuera algo importante, no tan sólo en el reino del rey, sino porque a través de ella había un pueblo, que era su descendencia también, que estaba amenazado a muerte. Dios, en Su naturaleza divina, en la omnipotencia de que Él todo lo puede, cambia un edicto a 360 grados. Al decir "va a pasar o no va a pasar", ¿por qué? Porque es la soberanía de Dios.
Ester se viste para ver al rey
Y vamos: "Aconteció que al tercer día" se vistió Ester. Bueno, Ester se estaba vistiendo con un vestido real, un vestido en el cual se pueden imaginar que tal vez sería muy glamuroso, por el tipo de mujer que tenía el rey. Un rey que se engrandecía por todo su poderío, por la extensión del territorio que tenía, reinando sobre... por el poder adquisitivo que tenía para aun demostrar quién era él. Pero sin embargo, hay una mujer que cambió todo esto por la gracia de Dios. Justamente vemos cómo Dios puede llamar la atención de esta mujer, en la cual, en ese cambio que iba haciendo de ir vistiéndose para ir a entrar al aposento del rey, ella se iba vistiendo.
Pero no se imaginan ustedes, o yo no me imagino, cómo estaría Ester: "Ay, segura voy a ver a mi rey; voy a ver al que me está cuidando", muy tranquilamente. Yo me imagino que no. O sea, ya sabía todo lo que estaba pasando detrás del edicto del rey. Tal vez su nerviosismo, como les decía; tal vez todo eso que esa mujer sentía no era, yo creo, nada grato: tener toda la responsabilidad, y justamente decirle al rey: "¿Sabes qué? Discúlpame, no, no mates a mi pueblo". Pero lo vamos a ir desarrollando justamente a lo largo del capítulo 5.
Y dice la Escritura que al tercer día Ester se vistió de su vestido real, justamente para llamar la atención del rey. Muchas joyas, muchas combinaciones de atuendos pudieran resaltar ante los ojos del rey y mostrar la hermosura. Podría resultar intimidante para Ester permanecer y estar delante de su esposo, porque sabía que "cualquier hombre o mujer que entrara al patio interior a ver al rey sin ser llamado, una sola ley había al respecto a él: ha de morir". Pero también me imagino, mientras ella caminaba justamente en ese pasillo que llevaba hacia el aposento del rey, que iba confiando en las promesas que Dios había hecho al pueblo de Israel, y justamente en esa promesa y en esa seguridad ella había confiado.
Obtuvo gracia ante sus ojos
Posteriormente ella llegó delante de la puerta del aposento, y vio al rey, y justamente el rey la vio bella. ¿Y se imaginan lo que hubo pensado el rey? "¡Guau, qué hermosa se ve! ¡Qué joyas tan lindas tiene! Ese es mi poder, el que yo tengo". Pero sin embargo, ella obtuvo gracia ante sus ojos, y no tan sólo por su belleza sin igual, sino porque ella manifestaba tal vez unas cualidades en las que muchas mujeres no eran una cara bonita. Como nos decía el hermano Chucho Robert, tal vez hacían un concurso de belleza para que la más bonita pudiera ser la esposa del rey. Pero yo me imagino a Ester, que tenía justamente cualidades que en muchas mujeres hay, y justamente son cualidades que Dios pone en las mujeres para que ellas puedan ser diferentes a las demás mujeres que hay en esta tierra.
Puede haber sido su humildad, puede haber sido su seguridad; tal vez podría haber sido su autenticidad, su inteligencia. Tal vez pudo haber sido una cara de esperanza para el pueblo de Israel, o tal vez esa sabiduría que ella tenía: ella descansaba solamente en lo que Dios quería para ella, y justamente en el pueblo de Israel, en el ayuno que ellos habían tenido. De ahí ella obtuvo gracia, y obtuvo gracia ante los ojos del rey, y extendió a Ester el cetro. Un cetro en el cual ella podía decir: "Llegué hasta aquí. Llegué ahí no por mis fuerzas, no por mi belleza, no por lo que yo soy, sino por la gracia de Dios, que me ha permitido llegar hasta aquí".
Y podemos ver que el rey extendió su cetro, y ella lo tocó, para que ella no muriera, porque ella no había sido invitada por el rey. Ella no podía haber llegado nada más a decir: "Voy a verte, rey, y quiero que me hagas caso"; la hubieran matado. Yo me imagino a muchos guardias estando justamente en ese lugar especial del rey, cuidándolo, ¿no? Imagínense a Ester, que llegara así, y tener a muchos guardias queriendo matarla. Pero sin embargo, el rey puso ese cetro para que ella lo tocara, y justamente los guardias se retiran. Y es ahí donde vemos también la soberanía de Dios, cómo Él permite todo esto a Ester, para evitar que muriera, dando contentamiento al rey.
Ella se acercó al rey, y justamente al momento que ella toca el cetro, el rey la ve con una cara tal vez de desesperación, tal vez de tristeza, tal vez de incertidumbre: "¿Qué tienes, reina Ester? ¿Cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará". ¿Qué debió de haber visto el rey para decirle eso? Justamente, a veces nosotros vemos las preocupaciones de aquellas personas que no conocen a Dios; hay veces que nosotros vemos las preocupaciones de muchas personas que no tienen a un Dios vivo, a un Dios poderoso. Pero imagínense la carga que ella tenía justamente al ir con el rey. Y Ester dijo: "Si place al rey, vengan hoy el rey y Amán al banquete que he preparado para el rey". Respondió el rey: "Daos prisa, llamad a Amán, para hacer lo que Ester ha dicho". Vino, pues, el rey con Amán al banquete que Ester dispuso. Y dijo el rey a Ester en el banquete, mientras bebían vino —y le decía justamente el rey—: "¿Cuál es tu petición, y te será otorgada? ¿Cuál es tu demanda? Aunque sea la mitad del reino, te será concedida". Ella podría estar teniendo un semblante de tristeza y de preocupación. Es justamente ahí donde vemos cómo Ester estaba delante del rey, y esa preocupación se le veía a flor de piel.
La prudencia de Ester
Entonces Ester respondió y dijo: "Mi petición y mi demanda es esta: si he hallado gracia ante los ojos del rey, y si place al rey otorgar mi petición y conceder mi demanda, que venga el rey con Amán a otro banquete que les prepararé; y mañana haré conforme a lo que el rey ha mandado". Vemos cómo Ester, a lo largo de estos momentos, es prudente. Ella no le dice en la cena anterior todo lo que ella sentía, justamente no por la necesidad o por la desesperación que ella sentía, sino porque Dios le había dado esa sabiduría de mantenerse callada, de ser respetuosa ante tal vez una escena real donde me imagino que había muchos tipos de funcionarios, altos funcionarios, y seguro había muchos oficiales atendiendo al rey.
Si ella... se imaginan, o ustedes imaginen, si ella hubiera dicho: "¿Sabes qué? Es que no quiero que mates a mi pueblo". ¿Cómo imaginen, o cómo se imaginan, que el rey hubiera reaccionado? "Oye, cálmate, tranquila". "¿Saben qué? Manden a matarla, porque está haciendo algo que a mí no me gusta; está desobedeciendo protocolos", tal vez, dentro del reino. Y justamente el pueblo de Israel, en la misericordia que ha tenido por Dios... ella tenía algo: que durante tres días habían ayunado, y era justamente para que Dios respaldara todo lo que ella estaba haciendo, que pudiera tener esa prudencia para acercarse al rey y decir todas las palabras que ella tenía que decir, justamente en la posibilidad de darle el cambio a esta situación.
Ganó favor ante el rey; esa sabiduría de estar delante del rey para que ella, con sabiduría, le pidiera a Dios, y que Dios le respondiera en ese momento para decirle que quería organizar una segunda cena. Y es justamente en la segunda cena donde ellos estuvieron solos delante del rey, y Amán. Y justamente en esos momentos yo me imagino a Amán estar pensando que el rey se acercaría a ella, diciendo que tenían un complot contra él, al ver todos los movimientos que ella hacía, o justamente cómo estaban haciendo la invitación. Pero justamente Dios ahí tiene también el control de todas las cosas.
Tres días de ayuno
Entendemos qué tan importante y primordial fue que las doncellas, el pueblo de Susa, todos los israelitas, se estuvieran ayunando junto con ella en tres días. En tres días que no son los tres días como los de nosotros, sino que eran otro tiempo, otro tipo de tiempo; estaban ayunando. Imagínense, lo pongo como yo: imagínense no comer tres días, es difícil. Imagínense, imaginen en ese tiempo cuánto tiempo tenían que pasar para no comer, para no beber, para no probar algún alimento; es muy difícil. Pero sin embargo, había ese propósito que Dios había puesto en el corazón de ella, es decir, que había un respaldo no tan sólo del pueblo, sino de Dios, que estaba haciendo misericordia.
La ira de Amán contra Mardoqueo
"Y salió Amán aquel día contento y alegre de corazón; pero cuando vio a Mardoqueo a la puerta del palacio del rey, que no se levantaba ni se movía de su lugar, se llenó de ira contra Mardoqueo". Me imagino justamente a Amán salir otra vez de ese banquete y ver otra vez a esa persona, a ese Mardoqueo que lo odiaba a más no poder, y decir: "Otra vez tú. ¿Por qué tú no te inclinas delante de mí?". Y si se recuerdan, ahí podemos ver que el rey había dado un decreto: Asuero lo nombró como el primer ministro, convirtiéndolo en su mano derecha y principal consejero, y ordenó que todos se inclinaran ante él.
¿Cuál podía haber sido la razón por la que Mardoqueo se negaba a inclinarse ante Amán? Mardoqueo era leal al rey; era también alguien especial delante del rey, y justamente se consideraba por obedecer el mandato de una forma muy especial. Él sería alguien que respetaba al rey, pero tenía el temor de Dios también. Y justamente cuando Amán... Mardoqueo, perdón, iba a arrodillarse ante alguien que no quería al pueblo de Dios, él se mantuvo con convicciones firmes. Mardoqueo se mantuvo en su fe, y esto prueba que su negativa obedecía a la relación como judío que tenía delante de Dios: si Dios decía que no se tenía que inclinar ante alguien que no fuera Dios, no lo iba a hacer.
Y ahí es donde nosotros podemos ver la fe que tenía Mardoqueo, de no poder inclinarse ante una imagen que no era Dios. Y es justamente por eso que este mantenía ese odio contra los judíos. Iba caminando Amán, pero se refrenó, por un límite de intensidad o de la fuerza de su coraje. Sale Amán, ve a Mardoqueo, y en esa rabia yo me imagino cómo habrá salido, con ganas hasta de golpearlo, o de decirle: "¿Por qué tú no te arrodillas delante de mí, si el mismo rey dijo que tú debes arrodillarte?". Pero sin embargo, Dios, en Su misericordia, en Su bondad, en el poder que Él solamente tiene, también tuvo ese contentamiento para poder frenar el coraje de Amán.
La soberbia de Amán
"Amán vino a su casa, y mandó llamar a sus amigos y a Zeres su mujer, y les refirió Amán la gloria de sus riquezas, y la multitud de sus hijos, y todas las cosas con que el rey le había engrandecido, y con que le había honrado sobre los príncipes y siervos del rey". Amán, en esa soberbia que él tenía, decía que gracias a él, junto con el rey, tenían lo más grande en extensión del reino; tenían las mejores cosas, tenían la mejor posición, tenían una relación muy estrecha con el rey. Y Amán era siempre: "Yo, yo, yo. Gracias a mí el rey es lo que es. Gracias a mí; yo le he dicho lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer. Gracias a mí", como esa mano derecha. ¿Cuántas veces no se confía?
Pero sin embargo, Amán, y también la reina Ester, tenían algo en específico en contra... del rey... Y justamente Ester, en ese tipo de tiempo de ayuno, pudo venir a la segunda cena. "Y la reina Ester a ninguno hizo venir con el rey al segundo banquete que ella dispuso sino a mí, para que mañana ahí estuviera…". Esa soberbia de Amán: "Ya solamente me invitaron a esta gran cena a mí. A mí me invitaron porque soy el que realmente hace que este reino florezca. Solamente a mí me invitaron, porque soy, como se conoce, el VIP del reino". Y ahí es justamente donde nosotros también tenemos que entender cómo la soberbia del hombre hace que se sienta uno mucho más que los demás.
Y es justamente para que más o menos se vayan relacionando con el texto: estamos en el versículo 13. Y justamente el único invitado fue Amán, "pero todo esto de nada me sirve cada vez que veo al judío Mardoqueo sentado a la puerta del rey". Cuando ve a Mardoqueo sentado a la puerta real, eso es lo que le hace ver su realidad; justamente esa rabia de verlo, un odio tan profundamente arraigado, que lo hace sentir ese coraje. Al ver a un judío que no se inclina delante de él, se le provoca justamente una ira. Y yo a veces me imagino que muchos a veces nos airamos de una u otra forma; hay veces que nuestro coraje, que nuestro propio yo, siempre nos lleva a buscar desquitarnos con alguien, buscar y sacar ese coraje. Pero sin embargo, hay un propósito por el cual este Amán se enojaba. Y le dijo Zeres su mujer y todos sus amigos: "Hagan una horca de cincuenta codos de altura". ¿Qué tan grande era el odio de Amán contra Mardoqueo? No me imagino cuánto... Robert, ¿más o menos cuántos son? 25 metros de aquí, ¿ya, en altura? Bueno, son 50 codos, pero en metros son como 25 metros en la actualidad. Imaginen cinco veces esto. Yo creo que yo no necesitaría ni un piso para que me ahorcaran. Pero era tanto el odio de este Amán que dijo 25 metros, a lo que es actualmente en nuestras medidas, para que pudiera hacer esa horca y matar a este Mardoqueo. No sé realmente si se imaginan hasta dónde llegó el odio justamente de Amán contra los judíos.
Una ejecución para intimidar a los judíos
Y no nada más era por la malicia de este Amán, sino porque no quería perdonar, y sí quería vengarse del pueblo, de la vida de los judíos. De ahí el consejo de su esposa y de sus amigos de la horca: él quería usar la ejecución de Mardoqueo para intimidar a los judíos. Era justamente ese propósito, para que supieran que el rey hablaba muy en serio del edicto que él había dado justamente días anteriores, y decretaba la exterminación, quería hacer la exterminación de los judíos: la ejecución de un judío prominente como Mardoqueo para realizar la voluntad de los judíos en el imperio. Imagínense si hubiera permitido que este Mardoqueo hubiera sido colgado: ¿cómo se hubiera sentido todo el pueblo judío? Derrotado.
Pero sin embargo, hay algo que es hermoso saber: cuando Dios dispone, a veces, en los corazones de aquellos que quieren servirle, de aquellos que le quieren honrar, de aquellos que quieren tener algo especial... Y no es por nosotros, sino que es por la bendición de Dios que nosotros tenemos esa verdadera voluntad de Dios en nosotros. Podemos ver cómo esta mujer, en esa valentía, pudo llegar justamente a los ojos del rey y decirle que estaban haciendo un complot en contra de él. Pero él no sabía de quién venía justamente ese complot, y no sabía justamente quién era el que tenía que... a quién no. De hecho, en el versículo que viene más adelante vamos a ver a quién utilizan, a quién van a matar, pero eso le corresponde al hermano que ha de seguir.
Dios utiliza la valentía de una mujer
Pero en esta pequeña porción podemos ver que es un instrumento en el cual Dios va a utilizar, va a utilizar a una mujer como lo desea. Desde el principio se utiliza la valentía de una mujer, y no es justamente porque ella fuera diferente a las demás mujeres, sino porque había un propósito en ella; había un propósito en el cual era justamente ver Su Reino. Dios, en Su naturaleza, en la omnipotencia, puede hacer cambiar todas las cosas; hasta el edicto de un rey puede hacer que de la noche a la mañana cambie. Muchas cosas, hay situaciones en las que a veces nosotros vivimos y decimos: "¿Por qué Dios nos ha desamparado? ¿Por qué Él no está con nosotros?". Y eso me imagino que todo el pueblo de Israel sentía: "¿Por qué Dios no está con nosotros? ¿Por qué otra vez nos quieren destruir?".
Pero justamente Ester fue tomada como un instrumento para hacer un ataque, no con armas, que no son carnales. No se imaginan a Ester agarrando tal vez una espada, tal vez agarrando todo un instrumento de batalla para pelear contra el mismo rey, sino que toma lo que Dios había puesto en ella, y ella confiaba en lo que decía Isaías 41:10, que dice: "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia". En realidad, hay veces que nosotros nos sentimos a veces tan cabizbajos, tal vez con mucha necesidad, y cuando nosotros abrimos la Biblia, cuando nosotros nos acercamos a Dios diciéndole: "Ten misericordia de mi vida", veamos ese cambio, justamente: que nunca, nunca vamos a estar solos, porque Dios está con nosotros.
Dios es superior a todas las cosas; Él tiene la autoridad, todo el poder, toda la sabiduría. Dice en Su Palabra: "Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca", en Lamentaciones 3, del 24 al 25. Y vemos cómo nuestro Creador, nuestro Redentor, nuestro Gobernador, es todo nuestro Señor Jesucristo. Realmente podemos ver cómo estas cosas increíbles han pasado a lo largo de esta historia: cómo la sabiduría de Dios llega a Ester para no hablar en momentos en que no tenía que hablar, no tenía que decir cosas que no tenía que decir, en momentos, en una cena en la cual pudo haber sido hasta ahorcada o asesinada. Dios la utilizó.
El respaldo del ayuno y la oración
Y justamente ahí lo vemos: el respaldo que es un ayuno, lo que es una oración en nuestro tiempo. Cómo podemos ver cómo Dios utiliza todas estas cosas para siempre llamarnos a que debemos de confiar en lo que Él es, en Su poder y en Su majestad; que no tenemos a un Dios que se limita, sino que tenemos un Dios que es omnipotente, que es omnipresente, que Él todo lo puede. Y es por eso que estamos aquí: porque creemos en la redención que Él hizo en la cruz del Calvario; creemos en ese Dios, el cual todo lo dio por nosotros sin merecerlo. Cómo podemos ver que Dios es nuestro centro, y lo veremos justamente en estos días en las Nueve Marcas de la iglesia: cómo nosotros tenemos que vivir conforme al propósito de Dios, donde debemos de vivir nosotros.
Si nosotros le damos esa confianza a Dios, ¿quién va a estar contra nosotros? Nos vamos a enfrentar a muchas necesidades, nos vamos a enfrentar a muchas tribulaciones, nos vamos a enfrentar a la enfermedad, nos vamos a enfrentar a situaciones muy adversas, a enfermedades que tal vez pudieran ser incurables. Pero para Dios nada es imposible, y lo vemos en Ester: cómo ella confió desde el principio en que iba a ser un instrumento para que el pueblo de Dios fuera rescatado. Y justamente lo vamos a ver con el capítulo 5... a mí no me toca, perdón, el capítulo 6: justamente a quién va a utilizar, o cómo va a ser todo este proceso en el que Dios va a hacer que Mardoqueo y Ester sean librados, y no tan sólo ellos, sino el pueblo de Dios.
No es la responsabilidad de Ester
Y no tan sólo ellos, sino hasta ahora, como nosotros: somos librados nosotros de manos del cazador, que es Satanás, que está siempre queriendo destruir de una u otra forma nuestras vidas. Pero nosotros confiamos en que Él está con nosotros, y Él siempre va a estar en cada uno de nuestros pensamientos, en cada una de las situaciones, aun muy difíciles. Podemos ver cómo la fidelidad de Dios estuvo con Ester en estos momentos, tal vez, de estrés, que hoy se conoce como estrés, en ese tipo de situaciones muy difíciles, en que todo arrojaba que ya ella tenía que ser la responsable de rescatar a un pueblo. Pero no era la responsabilidad de Ester. Dios utilizó a Ester para que hallara gracia delante de los ojos del rey, y el rey halló gracia delante de ella, y fue porque Dios se lo permitió.
Y nosotros, ¿cuántas veces no hemos hallado gracia delante de muchos, aun de nuestros enemigos? ¿Cuántas veces nosotros no hemos hallado gracia delante de la gente, para salir de una u otra forma, a veces, de las garras de Satanás? Por eso nosotros estamos aquí: no por merecerlo, sino porque Dios nos escogió. Y ese es el propósito que Dios tenía desde antes de la fundación de la tierra. Tenía un propósito no tan sólo para Ester, no tan sólo para el pueblo judío, no tan sólo para la fundación de muchas iglesias, sino para nosotros que estamos aquí: saber que tenemos un propósito, y somos llamados para predicar a toda criatura. Y tenemos esa seguridad de que Dios estaba y va a estar con nosotros. Y aunque la delincuencia esté a todo lo que da, Dios está con nosotros; aunque debamos tener miedo ante gente que es mala, Dios está con nosotros. ¿Y qué mejor que estar confiados, como lo estuvo Ester? Ella no confía en sus fuerzas, no confía en su belleza; no cumplió justamente, tal vez, todo un pergamino de "tienes que hacer todo esto para poder hallar gracia delante del rey", sino que Dios estaba con ella.
Oración final
Vamos a orar. Señor, te queremos agradecer, Padre, por la bella oportunidad que Tú nos has dado de poder estar en esta noche, sabiendo que hay un propósito muy especial para nosotros; saber que Tú tienes algo en lo cual nosotros podemos confiar, y es en Tu Palabra; ver cómo Tú eres el que gobierna, Tú eres el que tiene el control de todas las cosas. Gracias por tener ese propósito para cada uno de nosotros, y saber que estamos en Tu casa; saber que tenemos, Señor, un Evangelio poderoso, tenemos un Evangelio el cual ha transformado, Señor, los corazones de mucha gente. Gracias por haberte fijado en cada uno de nosotros, siendo inmerecedores de ello. Gracias porque antes de la fundación de la tierra, Padre, Tú sabías que nosotros íbamos a estar aquí alabándote, glorificándote y, sobre todo, confiando en lo que Tú vas a hacer en nuestras vidas.
Gracias porque nuestros corazones creen en un Dios vivo, en un Dios poderoso, en un Dios que todo lo puede, en un Dios que gobierna aun en situaciones difíciles en nuestras vidas, aun en cosas que nosotros no creemos. Y en estas adversidades, nuestros corazones siempre están delante de Ti para que Tú los tomes. Gracias. Enséñanos siempre a poder confiar en Tu Palabra; enséñanos a tener esa verdad en nuestras vidas, a tener lo que Tú has escrito en Tu Palabra, Señor, en esa Santa Biblia que ha sido inspirada por Ti; tener la certeza de que Tú estás con nosotros, Señor. Y gracias porque, aunque la tierra tiemble, Señor, nosotros tenemos que confiar en Ti, Padre.
Gracias porque Tú has estado a lo largo de muchos años; hay muchos que han sido, o hemos sido, de una familia cristiana; hay muchos que ya se han convertido, Padre, a lo largo de esta vida, Señor, y que han visto, Señor, el cambio que Tú has hecho en sus vidas. Gracias porque tienes un plan para nosotros, Señor. Tú quieres que nos hagamos instrumentos para que mucha gente te conozca; que nosotros seamos instrumentos poderosos en Ti para que Tú hables mediante nuestra vida, Señor; que sea el Espíritu Santo el que hable para que ellos te conozcan. Nosotros no podemos convencer, Padre; nosotros no podemos cambiar a la gente, pero Tú eres el único capaz de hacer esta realidad en nuestras vidas: de tener a este Dios vivo, a un Dios poderoso, a un Dios que dio Su última gota de sangre por nosotros. Fue increíble lo que Tú hiciste por nosotros.
Y gracias porque nosotros hemos de hacer lo mismo, Señor: de poder ir a predicar, Señor, a toda criatura, y no avergonzarnos, sin poder decir "yo no soy cristiano", sino al contrario, Padre, con orgullo podemos decir: somos hijos de un Rey, somos hijos de un Dios poderoso, un Dios que ha vencido aun a la muerte, Señor, en la cruz del Calvario. Enséñanos a nosotros, como hijos Tuyos, a hacernos partícipes ante todas las cosas, Señor, y que no temamos, porque Tú estás con nosotros; que no desmayemos, porque Tú vas a estar a nuestro lado, Señor. Y que, sobre todas las cosas, nuestros corazones sean guardados para Ti, Señor, para que algún día, Padre, podamos verte cara a cara y, sobre todo, agradecerte por todo lo que has hecho a lo largo de nuestra vida, a lo largo de la vida en la iglesia, y sobre todo lo que Tú has estado permitiendo ver a lo largo de nuestros corazones, Padre.
Gracias porque Tú eres hermoso, Tú eres poderoso, Señor, y eso es un atributo que solamente Tú tienes. Y gracias por ellas; te lo pedimos por nuestros hermanos. Te pedimos que Tú sigas bendiciendo esta iglesia, que nos permitas siempre escudriñar Tu Palabra, Señor, entenderla, y tener ese compromiso, Señor, de no añadir cosas que no están en Tu Palabra. Enséñanos a realmente llevar esa Palabra, que es viva y eficaz, a los corazones de cada uno de los que te conocemos, Padre. Y aunque las luchas vengan, Señor, siempre, siempre en oración, Padre, aun de rodillas, podamos siempre acercarnos delante de Ti para confiar en lo que Tú estás haciendo en nuestros corazones. Te lo pedimos por Tu Iglesia, en el nombre de Cristo Jesús. Amén.
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