Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Isaías 63IsaíasNathan Díaz

La derrota de los enemigos de Sión

¿Qué significa el día de la venganza de Dios? Isaías 63 presenta a un guerrero que viene de Edom con las vestiduras manchadas de sangre: Dios pelea solo la batalla por su pueblo, sin ayuda de nadie. Si él hará justicia perfecta, quedamos libres del rencor y de tomar venganza, y libres para recordar sus misericordias hacia quienes fuimos sus enemigos.

Transcripción

Juicio y salvación, siempre juntos

Isaías 63 nos muestra cómo la idea de la salvación y la redención del pueblo de Dios son puestas siempre a un lado del juicio y de la condenación de los enemigos de Dios. Y eso es realmente lo que ustedes pueden ver en el capítulo 62, que vimos la semana pasada, hablando acerca de Sion como la esposa, y esta unión matrimonial siendo la imagen que Dios quiere usar para mostrarnos la comunión perfecta que tendrá con su pueblo toda la eternidad. Entonces está esa imagen, seguimos leyendo, e inmediatamente después tenemos otra imagen que nos muestra Isaías. Y esto no es raro en Isaías; ya estamos acostumbrados a estos contrastes, juicio y salvación siendo expuestos juntos.

Así que vamos a leer primero estos primeros seis versículos del capítulo 63: "¿Quién es este que viene de Edom, con vestiduras de colores brillantes, este majestuoso en su ropaje, que marcha en la plenitud de su fuerza? Soy yo, que hablo en justicia, poderoso para salvar. ¿Por qué es rojo tu ropaje, y tus vestiduras como las del que pisa el lagar? El lagar lo he pisado yo solo; de los pueblos, ningún hombre estaba conmigo. Los pisé en mi ira y los aplasté en mi furor; su sangre salpicó mis vestiduras y manché todo mi ropaje. Porque el día de la venganza estaba en mi corazón, y el año de mi redención había llegado. Miré, y no había quien ayudara; me asombré de que no hubiera quien apoyara. Entonces mi propio brazo obtuvo salvación por mí, y fue mi propio furor el que me sostuvo. Pisoteé los pueblos en mi ira, los embriagué en mi furor y derramé su sangre por tierra".

Señor, bendice tu Palabra y lo que vamos a estar meditando en ella hoy. Que ponga una perspectiva correcta en nuestros corazones de quién eres, y la esperanza que hay no nada más de tu salvación, sino también de tu juicio perfecto. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

¿A qué le tememos realmente?

Cuando estaba leyendo este pasaje, estaba preguntándome: ¿cuáles son las cosas a las que temo?, ¿cuáles cosas son las que causan temor en mi corazón? Y todos ustedes se pueden hacer esa pregunta: ¿qué es lo que realmente temes en tu vida? Y pueden ser muchas cosas diferentes, pero este mundo normalmente teme a todas las cosas equivocadas, a todas las cosas a las que no deberían temer en realidad, como falta de dinero, o falta de reconocimiento por otros, o el temor a una mala reputación en general en la sociedad, el temor a la falta de amor y de aceptación de otros. Todos esos son temores reales que vive la gente en nuestra sociedad.

Pero quiero que vean —nos regresamos un poquito aquí en Isaías—, quiero que vayan al capítulo 8 de Isaías, para recordar algo que ya estudiamos, pero ya no se acuerdan. Capítulo 8, versículos 12 y 13: "No digan ustedes: 'Es conspiración', a todo lo que este pueblo llama conspiración; ni teman lo que ellos temen, ni se aterroricen. Al Señor de los ejércitos es a quien ustedes deben tener por santo; sea Él su temor y sea Él su terror". ¿A qué deberíamos temer? ¿Qué es lo que nos está exhortando Isaías aquí? A tener un temor correcto, un temor en relación a Dios: es a quien debemos temer.

Y hermanos, acabo de hacer un programa de radio sobre esto con mi amigo Richard Ramírez. Hablábamos exactamente sobre este tema, y cuando me encontré con esto dije: ay, qué bueno que ya estuve meditando en este tema. Porque cuando estábamos hablando sobre eso en el programa, decíamos: es que el concepto que se ha desarrollado comúnmente en la iglesia y entre cristianos es que el temor a Dios es solamente reverencia, es como respeto. Y ciertamente eso es parte de lo que significa el temor a Dios, pero no es solamente lo que significa el temor de Dios; es más que solamente reverencia y respeto. Sí es verdadero temor, miedo también, lo que significa el temor a Dios. Si tú entendieras quién es Dios, si tú entendieras su justicia y su santidad en relación a ti, tendrías miedo. Por eso es que los personajes del Antiguo Testamento caen como muertos ante la manifestación de un Dios santo, como veíamos en Isaías 6.

Vean el capítulo 66 de Isaías, que vamos a estar viendo en unas semanas, versículo 2: "Todo esto lo hizo mi mano, y así todas estas cosas llegaron a ser, declara el Señor" —o sea, yo soy el creador de todas las cosas, soberano sobre todas las cosas—. Y vean lo que dice: "Pero a este miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra". Que tiembla ante mi palabra. Entonces yo espero que lo que vamos a estar meditando ahorita —ya lo leímos—, yo espero que lo que leamos ahorita nos haga temblar, nos haga tener un temor que no nos aleje de Dios, sino que nos orille a buscarlo con un corazón humilde y contrito, en arrepentimiento. Y esto está en el texto, es lo que también vamos a ver en los versículos 7 al 14.

El día de la venganza y el año de la redención

Entonces, "¿quién es este que viene de Edom?". Vamos a dividir solamente en dos partes este pasaje, y es lo único que vamos a ver. Lo que menciona el versículo 4 tiene estas dos ideas siendo expresadas: "porque el día de venganza estaba en mi corazón, y el año de mi redención había llegado". Ya habíamos visto cómo estos conceptos se juntan en Isaías, porque, si recuerdan, en el capítulo 61, por ejemplo, en el versículo 2, este pasaje que Jesús cita —recuerdan—: "para proclamar libertad a los cautivos, liberación a los prisioneros, para proclamar el año favorable del Señor", y luego dice, "y el día de venganza de nuestro Dios". Entonces ahí estaba esta idea de redención y también de juicio y venganza. Entonces ya hemos estado lidiando con estos contrastes, y en el versículo 4 explica los contrastes de esa manera: día de la venganza y año de redención.

Lo único que quiero ver con ustedes es que creo que los versículos 1 al 6 explican el día de la venganza, y los versículos 7 al 14 —y en adelante también, lo que vamos a ver el próximo domingo— explican el año de redención de Dios. Entonces, ¿qué es este día de venganza? El versículo 1 dice: "¿Quién es este que viene de Edom, de Bosra, con vestiduras de colores brillantes, este majestuoso en su ropaje, que marcha en la plenitud de su fuerza?". ¿Quiénes son los que están haciendo esta pregunta? ¿Quiénes ven a este personaje que viene en majestad?

Bueno, en el capítulo 62 ya habíamos leído acerca de los centinelas, que son puestos sobre las murallas de Jerusalén. Son los que están mirando y viendo lo que está sucediendo, y ellos son, como veíamos el domingo pasado, los que están clamando a Dios día y noche, y no dejan de interceder, no dejan de recordarle a Dios cuáles son sus promesas y qué es lo que Él ha dicho acerca de sí mismo, y están orando constantemente: Señor, tú eres esta clase de Dios, tú eres nuestro Dios, tú rescátanos, tú sálvanos, todo el tiempo. Y dice el versículo 7: "No le concedan descanso hasta que restablezca a Jerusalén". Síganlo molestando, síganle diciendo, síganle recordando sus promesas, no lo dejen en paz. Así es como explica el tipo de intercesión, de oración, del pueblo de Dios.

Y de repente estos centinelas, que están viendo desde la pared, ven un personaje majestuoso, con un ropaje majestuoso, de colores brillantes. Y yo sé que nosotros no entendemos esto muy bien, porque las personas más importantes en nuestro país, o en donde sea, casi siempre pues visten un traje, y no es tan impresionante como en otras épocas, en las que, si alguien era realmente importante, usaba ropa que era diferente a todo el resto de la población; era muy obvio. Y ese es el tipo de imagen con la que es presentado a los centinelas un personaje que está viniendo de Edom y de Bosra.

Edom representa, como ya vimos en Isaías 34 y en el 63 —el 34 era acerca de Edom, ¿se acuerdan?—... El versículo 6 del capítulo 34 dice: "La espada del Señor está llena de sangre, está llena de sebo, de la sangre de corderos y de machos cabríos, de sebo de los riñones de carneros; porque el Señor tiene un sacrificio en Bosra y una gran matanza en la tierra de Edom". Entonces ya habíamos meditado acerca de cómo Edom representa a los enemigos de Dios. ¿Quiénes son los de Edom? ¿De quién desciende este pueblo? De Esaú. Entonces tenemos a Jacob y a Esaú, y Esaú es representativo de los enemigos de Dios a lo largo de las Escrituras: tenemos a Jacob como el que Dios ha amado y a Esaú como el que Dios ha odiado. Y eso es lo que presenta Pablo, por ejemplo, en Romanos 9:13. En Hebreos 12 también es presentado Esaú como alguien cuyo ejemplo no debemos seguir, alguien que representa, otra vez, esta idea de incredulidad de las promesas de Dios.

Entonces viene desde Edom y desde Bosra, que es la capital de Edom; desde ahí ya viene, y evidentemente es alguien con mucho poder. Y contesta, cuando preguntan quién es, dice: "Soy yo, que hablo en justicia, poderoso para salvar". Pero cuando dice "poderoso para salvar", ya hizo algo; no es algo que va a hacer, es algo que ya hizo. Y esto es evidente porque la siguiente pregunta que presenta el versículo 2 es: "¿Por qué es rojo tu ropaje, y tus vestiduras como las del que pisa el lagar?". Entonces son majestuosas sus ropas, son de colores brillantes, pero manchadas de rojo. Y claro, aquí hay un juego de palabras en hebreo que no entendemos en español, porque no se traduce: pero "Edom", de hecho, es la palabra en hebreo para rojo, y "Bosra" es muy parecido a los que juntan uvas en hebreo. Entonces eso nosotros ya no lo captamos en la traducción, pero hay un juego de palabras aquí acerca de estas ciudades como representativas —o estos pueblos como representativos— de los enemigos de Dios, y estos colores que son usados, que están en las mismas palabras para explicar lo que Dios ha hecho con estas naciones.

Y dice el que viene con poder y fuerza, manchado de rojo: "El lagar lo he pisado yo solo; de los pueblos, ningún hombre estaba conmigo. Los pisé en mi ira y los aplasté en mi furor; su sangre salpicó mis vestiduras y manché todo mi ropaje". O sea, lo rojo que ven en sus vestiduras es sangre. ¿Y quién lo hizo? Solo Él. Ustedes, mi pueblo, no participaron en esta guerra; ustedes no pelearon la batalla, yo hice la batalla por ustedes, es lo que les está diciendo. Ustedes no tuvieron que mover ni un solo dedo; yo ya los pisé en mi ira y los aplasté en mi furor.

La misma imagen en Apocalipsis

Entonces, en Apocalipsis esta imagen regresa, y es en los versículos 17 al 20, donde dice: "Otro ángel salió del templo que está en el cielo, que también tenía una hoz afilada. Entonces otro ángel, el que tiene poder sobre el fuego, salió del altar y llamó con gran voz al que tenía la hoz afilada, diciéndole: 'Mete tu hoz afilada y vendimia los racimos de la viña de la tierra, porque sus uvas están maduras'. El ángel metió su hoz sobre la tierra y vendimió los racimos de la viña de la tierra, y los echó en el gran lagar del furor de Dios. El lagar fue pisado fuera de la ciudad, y del lagar salió sangre que subió hasta los frenos de los caballos por una distancia como de 320 kilómetros".

Entonces tenemos esta imagen, y tenemos también la imagen de Apocalipsis 19, que justamente sucede... es el pasaje que estábamos estudiando el domingo pasado en relación a las bodas del Cordero. Y aquí nuevamente están juntas las dos imágenes, cuando en el capítulo 19, versículos 11 al 16, leemos: "Vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco; el que lo montaba se llama Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y hace la guerra. Sus ojos son una llama de fuego, y sobre su cabeza hay muchas diademas; tiene un nombre escrito que nadie conoce sino Él. Está vestido de un manto empapado en sangre, y su nombre es el Verbo de Dios. Los ejércitos que están en los cielos, vestidos de lino fino, blanco y limpio, lo seguían sobre caballos. De su boca sale una espada afilada, para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro; Él mismo pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso. En su manto y en su muslo tiene un nombre escrito: Rey de reyes y Señor de señores".

Vean de dónde vienen las imágenes de Apocalipsis: de Isaías 63, para mostrarnos un momento en la historia de la humanidad que causará el temor de las naciones. Eso es interesante, porque cuando pienso en esto y digo: los enemigos de Dios que están allá afuera, ¿están pensando en esto? No, no están pensando en esto; ellos no tienen temor. Ellos tienen temor de otras cosas, como veíamos en Isaías 8. Ellos están pensando en otras cosas que ocupan sus vidas: cómo puedo avanzar en mi carrera, y en mis estudios, y en mis relaciones personales, y en mis finanzas. Esos son los temores que ocupan la mente de las personas allá afuera.

Pero vean lo que dice Apocalipsis 6, versículos 15 y 16: "Los reyes de la tierra, y los grandes, los comandantes, los ricos, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes, y decían a los montes y a las peñas: 'Caigan sobre nosotros y escóndannos de la presencia de aquel que está sentado en el trono y de la ira del Cordero, porque ha llegado el gran día de la ira de ellos, ¿y quién podrá sostenerse?'". "Pisoteé a los pueblos en mi ira, los embriagué en mi furor y derramé su sangre por tierra".

Si Dios está airado contigo, lo mereces. No va a haber duda de que esto es la justicia de Dios, y lo mereces. ¿Sabes por qué lo mereces? Porque has rechazado su amor, su misericordia y su redención. Es la única razón por la cual Dios estaría airado contigo: porque has dicho "no, gracias, no necesito tu redención, no necesito tu perdón; yo puedo vivir por mi propia cuenta y con mis propias reglas".

Y así como Dios hace la redención sin ayuda de nadie —ya veíamos esto en el capítulo 59, se acuerdan, versículo 16, es casi el mismo lenguaje que hay en estos dos versículos—: "Vio que no había nadie, se asombró de que no hubiera quien intercediera; entonces su brazo le trajo salvación, y su justicia lo sostuvo. Se puso la justicia como coraza y el casco de salvación en su cabeza, y aquí está, como vestidura se puso ropas de venganza". Entonces encontramos que, en cuanto a la redención, no hay nadie que pueda redimir; y en cuanto a la justicia y la venganza perfecta, tampoco hay nadie que pueda hacer eso. Entonces Dios tiene que encargarse de ambos; Dios tiene que hacerlo completamente Él solo, sin ayuda de nadie, y decir: ya está hecho.

Y cuando llega a este punto en el cual nos muestra que nuestros enemigos han sido derrotados por nosotros, por Dios, tenemos otro aspecto que es increíble para el pueblo de Dios en cuanto a la venganza: que la justicia de Dios, el día del juicio de Dios, de la venganza de Dios, será el día de la obra de Dios peleando por su pueblo. Lo cual significa que nosotros no tenemos que pelear. Lo cual significa que, en el presente, nosotros no tenemos nunca que buscar venganza. Nunca. No hay ninguna razón por la cual tú y yo tengamos que vengarnos de nadie.

Si creemos esto, si creemos que Dios hará justicia perfecta y venganza perfecta por nosotros, significa lo que Pablo dice en Romanos 12:19-21. Romanos 12 dice, versículo 19: "Amados, nunca tomen venganza ustedes mismos, sino den lugar a la ira de Dios, porque escrito está: 'Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor'". ¿Qué implicación tiene eso para nosotros? Lo que dice el versículo 20: "Pero si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; y si tiene sed, dale de beber, porque haciendo esto carbones encendidos amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien".

La venganza de Dios, la garantía de la justicia, de la venganza de Dios, es lo que nos da toda la libertad para poder amar a todos, incluyendo a nuestros enemigos. No tienes ningún pretexto para no amar a alguien. Ninguno. Porque si tú no los amas y tú los odias, si tú quieres pagar con retribución algo que te han hecho, entonces tú estás diciendo: yo voy a hacer que paguen, porque no creo que Dios tenga la capacidad realmente de hacer que paguen; así que yo tengo que encargarme, tengo que ayudarle a Dios, no vaya a ser que se le vaya a olvidar esto que me hicieron. Nada más, a lo mejor no viste, Dios: ¿viste la cara que me hizo? Yo tengo que pagarle con la misma cara; yo no creo que tú puedas juzgar eso perfectamente. Y entonces la Biblia nos está mostrando —y es la razón por la que estamos viendo esto—, nos está mostrando la realidad del día de la venganza de Dios como la manera en la cual Dios nos da la libertad para vivir nuestras vidas libres de rencor, y de odio, y de amargura, aun hacia aquellos que nos lastiman y nos hacen mal. Dios, tú sabes, no yo; tú te encargas, no yo.

El año de la redención: recordar sus misericordias

Lo cual nos lleva al siguiente punto, que es el año de su redención. Es lo que leíamos aquí en el versículo 4: es el año también de redención que ha llegado, y otra vez está puesto junto. Y entonces, en el versículo 7 hay otra vez un cambio de imagen, y ese cambio de imagen tiene que ver con las misericordias del Señor. Pero, otra vez, los centinelas que están en las murallas, en el versículo 6, que son los que están todo el día y toda la noche hablándole a Dios, al Dios de Israel, y que están diciendo "acuérdate, Señor, acuérdate de qué clase de Dios eres y qué clase de Dios nos prometes ser a tu pueblo", esos son los que ahora dicen: "Las misericordias del Señor recordaré, las alabanzas del Señor, conforme a todo lo que nos ha otorgado el Señor, por su gran bondad hacia la casa de Israel, que les ha otorgado conforme a su compasión y conforme a la multitud de sus misericordias".

Judas, versículos 20 y 21, dice: "Ustedes, amados, edificándose en su santísima fe, orando en el Espíritu Santo, consérvense en el amor de Dios, esperando ansiosamente la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna". Cuando leemos ese mandamiento, "consérvense en el amor de Dios", ¿cómo hacemos eso?, ¿cómo nos conservamos en el amor de Dios? Bueno, nos conservamos en el amor de Dios orando a Dios todo el tiempo, recordándole a Dios lo que Él nos dice acerca de sí mismo, porque en el proceso de hacer eso nos recordamos a nosotros mismos quién es Dios.

Si recuerdan, habíamos meditado sobre un libro que se llama "Orando la Biblia", y en ese libro explica por qué es una práctica importante para los cristianos orar la Biblia. Entonces, no nada más orar lo que te sale del corazón —eso está bien, decir lo que en el momento sientes y piensas—, pero también es importante orar literalmente lo que Dios dice acerca de sí mismo. Y en ese proceso de estar orando lo que lees acerca de Dios, te estás recordando quién es Dios, pero también estás hablando con Dios, y le estás diciendo: sí, Señor, tú, el que dices que juzgarás a nuestros enemigos, el que dice que tú tienes el día de venganza en tu corazón, yo te puedo recordar esas cosas, Señor, porque tú ya las dijiste. No tengo que tener miedo de estar orando mal cuando estoy orando algo que tú mismo inspiraste. Y entonces oro estas cosas y le pido a Dios que Él trabaje estas verdades en mi corazón.

Entonces, si uno de sus problemas cuando están orando es que se les acaban las ideas de qué decir —ya llevan tres minutos y dicen "ay, Señor, pues ya no sé"—, abre tu Biblia y sigue orando. Lee y dile al Señor: mira, Señor, tú dices esto, me lo estás diciendo a mí, esas son verdades acerca de ti. Y entonces, ¿qué es lo que empieza a pasar cuando meditamos en las verdades ya reveladas de Dios? Estamos recordando lo que Dios ya hizo.

Entonces, conservarnos en el amor de Dios empieza recordando su misericordia, como dice el Salmo 25, versículos 6 al 9: "Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tus misericordias, que son eternas. No te acuerdes de los pecados de mi juventud ni de mis transgresiones; acuérdate de mí conforme a tu misericordia, por tu bondad, Señor. Bueno y recto es el Señor, por tanto Él muestra a los pecadores el camino; dirige a los humildes en la justicia y enseña a los humildes su camino". ¿Se dan cuenta cómo empieza el salmista? Le pide a Dios, pero luego hace afirmaciones acerca de Dios. Entonces empieza a recordar la clase de Dios que tiene quienquiera que esté delante de Él orando. Ahí empieza nuestra restauración, ahí empieza nuestra santificación: recordando la clase de Dios que tenemos.

Somos su pueblo, somos sus hijos

Bueno, el versículo 8 nos recuerda no nada más su bondad, su compasión, sus misericordias, que nos causan alabanza, sino también recordamos nuestra elección. Por eso dice el versículo 8: "Porque Él dijo: 'Ciertamente ellos son mi pueblo'". Otra manera de traducir este versículo, de acuerdo a Jones, es: "Ciertamente solo ellos son mi pueblo, hijos que no engañarán". Hemos sido escogidos por Dios como su pueblo, y eso es una verdad que tenemos que recordarnos a nosotros mismos: tú, Señor, nos has escogido de acuerdo a tu misericordia. También nos recordamos que somos hijos; tenemos esta relación no nada más de esposo y esposa, como veíamos en el capítulo 62, sino de padre e hijo, este tipo de relación donde pertenecemos ahora a tu familia y tenemos derecho a las promesas y a la herencia que tú nos das al ser adoptados.

Vean lo que dice el versículo 9, esto me encanta: "En todas sus angustias Él estuvo afligido". En todas sus angustias Él estuvo afligido. Piensen en eso: cuando ustedes están afligidos, le pueden decir a Dios: yo sé que cuando yo estoy afligido, tú estás afligido; que tú sientes el dolor que hay en mi corazón y la tristeza que hay en mi ser, tú la sientes. Pueden orar así, pueden decirle a Dios: es que tú sabes, y tú lo sientes también, Señor.

Jueces 10, versículo 15, dice: "Los israelitas respondieron al Señor: 'Hemos pecado; haz con nosotros como bien te parezca, solo te rogamos que nos libres en este día'. Y quitaron los dioses extranjeros de en medio de ellos y sirvieron al Señor". Y vean lo que sigue aquí, dice: "Y Él no pudo soportar más la angustia de Israel". Vinieron a Él en arrepentimiento, con un corazón contrito y humillado, y Dios ya no pudo aguantar más su aflicción. Así es como lo pone. Esos son los antropomorfismos que usa la Biblia para explicarnos que Dios sí tiene sentimientos con respecto a nosotros: "Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia, para que recibamos misericordia y hallemos gracia para la ayuda oportuna".

El ángel de su presencia

Al continuar, Isaías, explicando, hace una referencia muy específica, porque dice: "Y el ángel de su presencia los salvó; en su amor y en su compasión los redimió, los levantó y los sostuvo todos los días de antaño". Otra vez recordando lo que pasó en el Éxodo, saliendo de Egipto. Y esto del ángel es muy interesante, si ustedes regresan y lo leen, porque cuando dice "y el ángel de su presencia los salvó", pueden leerlo específicamente cómo viene en Éxodo 23:20-23. Ese es uno de esos pasajes de teología bíblica, porque Éxodo 23:20 dice: "Yo enviaré un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te traiga al lugar que yo he preparado. Sé prudente delante de él y obedece su voz; no seas rebelde contra él, pues no perdonará la rebelión de ustedes" —y aquí está la frase clave, dice— "porque en él está mi nombre. Pero si en verdad obedeces su voz y haces todo lo que yo digo, entonces seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios, pues mi ángel irá delante de ti y te llevará a la tierra del amorreo, del hitita, del ferezeo, del cananeo, del heveo y del jebuseo, y los destruiré por completo". ¿Quién es el ángel del Señor? Jesús. Está hablando de Jesús Éxodo 23. Y aquí, "el ángel de su presencia los salvó", y usa este lenguaje como de una madre cuidando a sus hijos con amor y con pasión, cómo los sostiene.

Y entonces dice el versículo 10: "Pero ellos se rebelaron y afligieron su Santo Espíritu, por lo cual Él se convirtió en su enemigo y peleó contra ellos". Entonces, otra vez recordando estas verdades: o sea, cuando pensamos en las misericordias de Dios, lo que hace tan increíble recordar las misericordias de Dios es que nosotros éramos enemigos de Dios. Eso hace que las misericordias de Dios sean aún más asombrosas. Pensar en su compasión, y en su bondad, y en su perdón, su redención para nosotros, es increíble solamente porque entendemos cómo es que nosotros tratamos a Dios originalmente, cómo es que nosotros nos habíamos rebelado en contra de Él y habíamos quebrantado su ley, lo cual nos pone en enemistad contra Dios. ¿Qué es lo que merecemos? Su ira y su juicio, todo lo que ya leímos. Eso deberíamos ser nosotros. Así que recordar sus misericordias es recordar que nosotros éramos sus enemigos.

Por eso es que Pablo dice en Romanos 11:22 —… estas cosas juntas—: "Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios: severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios, si permaneces en su bondad; de lo contrario, también tú serás cortado". Entonces, como lo expresa Pablo: acuérdate de que tú no mereces la bondad de Dios, tú no mereces ser hijo de Dios, y de hecho, si tú desprecias su bondad, vas a terminar siendo enemigo de Dios.

No contristar al Espíritu: su misericordia es nueva hoy

Pero hay algo más aquí. Estaba meditando sobre este texto, el versículo 10, y estaba pensando que también hay otra implicación, porque aquí nuevamente pueden ver que inclusive están las tres personas de la Trinidad. Aquí, en el versículo 10, explica que ellos se rebelaron y afligieron su Santo Espíritu. Entonces había habido esta rebelión, pero Dios usó esta rebelión —sí los castigó, sí los juzgó de una manera muy real como su pueblo— para después traerlos y redimirlos. Y cuando estaba meditando sobre lo que significa "afligieron su Santo Espíritu", estaba pensando: bueno, es que, aunque ya hemos recibido misericordia —porque nosotros, como hijos de Dios, podemos decir "sí, ya recibimos misericordia"—, pero, hermanos, no podemos ver la misericordia de Dios solo como algo del pasado y pensar "ah, ¿se acuerdan de la misericordia de Dios?". Sí hacemos eso, pero también decimos: nuevas son tus misericordias cada mañana; Señor, ayúdame a experimentar tu misericordia hoy nuevamente. No nada más a pensar que sí, tú ya me mostraste misericordia, sino: ayúdame, Señor, a buscar tu misericordia de una manera nueva y fresca hoy, porque hoy la necesito nuevamente.

Cuando no hacemos eso, hermanos, es cuando sucede lo que Pablo dice en Efesios 4:30: contristamos al Espíritu. Nosotros podemos hacer esto. Contristar al Espíritu Santo es algo que alguien que es genuinamente hijo de Dios puede hacer. No significa que se va el Espíritu Santo, no significa que dejamos de ser salvos; significa que nuestra comunión con Dios se ve afectada, y que necesitamos venir nuevamente a Él en un espíritu de humildad y de arrepentimiento, diciéndole: Señor, yo quiero experimentar tu misericordia, la necesito hoy otra vez. Así es la vida cristiana. Y cuando Dios nos muestra nuestra necesidad de Él como sus enemigos, nuestra necesidad de su misericordia, siendo su juicio y su condenación lo que merecemos, entonces otra vez Él nos va a traer de vuelta a su presencia y a comunión con Él.

"¿Dónde está?": la pregunta más importante

Y el versículo 11 nos muestra esta idea de lo que sucedió en el Éxodo, otra vez un recordatorio. Entonces dice: "Su pueblo se acordó de los días antiguos, de Moisés. ¿Dónde está el que los sacó del mar con los pastores de su rebaño? ¿Dónde está el que puso su Santo Espíritu en medio de ellos, el que hizo que su glorioso brazo fuera a la derecha de Moisés, el que dividió las aguas delante de ellos para hacerse un nombre eterno, el que los condujo por los abismos? Como un caballo en el desierto, no tropezaron; como al ganado que desciende al valle, el Espíritu del Señor les dio descanso. Así guiaste a tu pueblo, para hacerte un nombre glorioso".

Hermanos, la pregunta más importante que tú y yo nos podemos hacer, la más importante de todas, es la pregunta del versículo 11: ¿dónde está? ¿Dónde está Dios? ¿Sí está aquí? ¿Sí está actuando en nuestras vidas? ¿Sí está actuando en la humanidad? ¿Dónde estás, Dios? Este Dios que sacó a su pueblo de Egipto, que los liberó de la esclavitud, ¿sigue siendo un Dios real y verdadero en nuestras vidas?, ¿sigue siendo una realidad para la humanidad? ¿Dónde estás? ¿Estás ahí?

La invitación de los centinelas es a cuestionar esta realidad, a decirle al pueblo de Dios: preguntémonos, ¿sigue siendo este mismo Dios, el Dios de su pueblo Israel, el mismo Dios que está con nosotros hoy? Vean más allá de ustedes mismos, vean más allá de sus pecados, vean más allá de sus temores: ¿dónde está Dios? Puede ser encontrado. Y estos versículos nos presentan no nada más que Dios sí puede ser encontrado, sino que está permitiendo que sea encontrado. ¿Por qué? ¿Por qué Dios quiere manifestarse a nosotros? ¿Por qué ha actuado en la historia de la humanidad? ¿Por qué? Hay dos razones que nos da: versículo 12, "para hacerse un nombre eterno"; y versículo 14, "para hacerse un nombre glorioso". Esas son las razones por las cuales Dios dice: búsquenme y encuéntrenme, porque aquí estoy, y estoy ansioso de mostrar mi misericordia y mi gracia en sus vidas, para que yo sea glorificado a través de ustedes.

Entonces, ¿cómo funciona la historia redentiva en la Biblia? Eso es cómo funciona el evangelio: el año de su redención es para hacerse un nombre eterno y glorioso. Y por eso es que Pablo también, en Romanos 11, dice: "Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas; a Él sea la gloria por los siglos de los siglos".

No tienes que ser enemigo de Dios

Entonces, Dios va a perdonar un corazón quebrantado y humillado que viene delante de Él buscando misericordia. Las buenas noticias de Isaías 63 son: tú no tienes que ser enemigo de Dios. Existe esa categoría: toda la humanidad está dividida en dos categorías, los hijos de Dios, el pueblo de Dios, y los enemigos de Dios. Y si tú tienes dudas, si tú eres enemigo de Dios, Dios te está invitando hoy a venir delante de Él con un corazón contrito y humillado, arrepentido, y a tener toda la seguridad —porque Dios te está prometiendo esto— de que tú ya no serás más su enemigo, sino su hijo. Eso es lo que te está prometiendo este texto; te está diciendo: no tienes que ser mi enemigo. Ten temor de lo que significa ser mi enemigo; tú no quieres ser mi enemigo. Dios te está ofreciendo su gracia hoy.

Y la razón por la cual tú puedes estar seguro de que esto es una realidad es por lo que dice el versículo 1: "Soy yo, que hablo en justicia, poderoso para salvar". Él tiene esta clase de poder porque Él ha hecho la obra, a través de Jesucristo, para hacer nuestra justicia y nuestra salvación.

Oración final

Señor, gracias por este tiempo y esta meditación en tu Palabra. Te pedimos que tú sigas guiándonos en entender y vivir estas verdades todos los días. Señor, no queremos ser tus enemigos, queremos ser tus hijos. Muéstranos tu misericordia hoy; venimos delante de ti buscando tu misericordia nuevamente, porque hoy otra vez la necesitamos, y queremos vivir a la luz de tu gracia y tu bondad para con tu pueblo. Señor, nosotros merecemos tu ira, merecemos tu juicio, pero aquí estamos, disfrutando las bendiciones de lo que significa ser hijos tuyos. Así que, Señor, que esto sea la verdad que vivimos todos los días y proclamamos a los demás, para que ellos también te puedan conocer. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

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