1 Corintios 15:50-581 CorintiosNathan Díaz
Victoria sobre la muerte
Transcripción
El clímax del capítulo
… (La grabación comienza con la introducción ya empezada). …ahí es el último domingo en 1 Corintios 15, y vamos a meditar en esta última sección, nuevamente, de un capítulo enfocado en el tema de la resurrección y de la victoria sobre la muerte, que es realmente esta conclusión final, este clímax del capítulo, este clímax del libro. Y en dos semanas estaremos concluyendo con el capítulo 16. Hemos estado viendo, entonces, la manera en la cual la resurrección de Cristo es central al evangelio. No es un tema secundario; no es un tema que se puede adoptar o no, que se puede rechazar o aceptar, sino que es crucial. Si Cristo no resucitó, entonces la fe cristiana no significa nada, no tiene significado, y no hay propósito ni esperanza para nosotros como cristianos, ni razón para que hagamos lo que hagamos.
Porque la fe cristiana no se trata solamente de un mejoramiento personal, de cómo vivir mejor; se trata de una esperanza que va más allá de esta vida. Y esa esperanza que va más allá de esta vida está fundamentada, es condicional, en el hecho histórico de que Jesús realmente resucitó, resucitó físicamente, y ahora nos garantiza de esa manera nuestra propia resurrección, nuestro propio futuro. Por eso es que el versículo 23 decía: "Cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en Su venida. Entonces vendrá el fin, cuando Él entregue el reino al Dios y Padre, después de que haya terminado con todo dominio y toda autoridad y poder. Pues Cristo debe reinar hasta que haya puesto a todos Sus enemigos debajo de Sus pies. Y el último enemigo que será eliminado es la muerte".
Entonces la muerte ha sido aquí el enfoque de lo que es derrotado, de lo que es eliminado de nuestra realidad cuando Jesús concluya, o llegue al clímax, a la culminación de Su reino. De Su reino, que comenzó en la primera venida y que se ha venido desarrollando a través de la predicación del evangelio, a través del crecimiento de la iglesia; pero cuando Él regrese, algo va a pasar que realmente traiga todo a un verdadero final en relación al pecado y en relación a la muerte.
Entonces estuvimos viendo el domingo pasado todas estas analogías que usa Pablo para mostrarnos cómo será el cuerpo que tendremos: en un sentido el mismo, pero en un sentido muy diferente. E hizo una analogía con la semilla, hizo una analogía con los animales, con los planetas, las estrellas. Y dice el versículo 48: "Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial". Entonces esto es nada más el contexto; esto es lo que hemos venido viendo en las últimas semanas en relación a esta esperanza que nos presenta el capítulo.
La carne y la sangre no pueden heredar el reino
Ahora, versículo 50: "Esto digo, hermanos: que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible". Entonces aquí tenemos una imagen que Pablo quiere mostrarnos con respecto a la era presente y a la era venidera. Cuando dice que la carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios, no se refiere a que el reino de Dios que vendrá no tiene una naturaleza física. Ese ha sido todo el punto del texto: que sí va a haber un futuro físico para nosotros; no es nada más espiritual. Entonces no se refiere a que no es físico el reino de Dios venidero, sino que ahí está la explicación. La explicación es: "ni lo que se corrompe hereda lo incorruptible".
Es decir, cuando habla de carne y sangre, se refiere a carne y sangre que es corruptible. O sea, carne y sangre que puede enfermarse, carne y sangre que puede morir, carne y sangre que tiene toda clase de problemas que son el resultado de nuestra naturaleza caída, y de la imputación del pecado de Adán, y de la maldición que vino sobre toda la creación como resultado del pecado de Adán. Entonces, pongan atención, porque eso es lo que Pablo está diciendo cuando empieza diciendo "esto digo". Es como una manera de decir: "Lo declaro con mucha pasión. Escúchenme bien, esto es importante; no vayan a subestimar la importancia de lo que les voy a decir". Y eso es lo que quiere que entendamos: que es tan importante. Hay una transformación que es requerida.
Por qué necesitamos victoria sobre la muerte
Así que mi primer punto que quiero que vean es: por qué necesitamos victoria, victoria sobre la muerte. Bueno, la razón por la que necesitamos victoria sobre la muerte es porque estamos atrapados, atrapados en un mundo corruptible. Esa es la razón: porque estamos en corrupción, y eso nos tiene como prisioneros. No queremos estar en un mundo corruptible; no queremos esta idea de que esta vida se va a acabar. Por lo tanto, entendemos que la muerte representa un verdadero enemigo para nosotros, el mayor enemigo, de hecho. ¿Pueden pensar en un peor enemigo que la misma muerte? Y queremos victoria porque no queremos que la muerte gane.
Parece que la muerte tiene la última palabra, pero no queremos que la muerte tenga la última palabra. Queremos que nuestra vida cuente para algo. Queremos pensar que hay trascendencia en la existencia del ser humano, en el hecho de que tú y yo estamos aquí; que eso significa algo más profundo que solamente estos pocos años que tenemos para estar en la tierra. ¿Quién va a ganar al final? Cuando estamos hablando de deportes y están en una competencia, ¿cuál es la meta? ¿Cuál es la meta de un equipo? Ganar. No, digo, hoy en día ya les dan trofeos a todos, pierdan o ganen, y les dicen: "Pues bueno, lo importante es que participes". Pero en realidad no; en realidad el punto es ganar.
Y nosotros, como el pueblo de Dios, estamos en una guerra; estamos en una competencia contra un enemigo. El adversario, contra quien vamos nosotros como hijos de Dios, es la muerte misma. Y nosotros, en general, como humanidad, queremos derrotar nuestra propia corrupción tratando de lograr tanto como podamos antes de morir. Es la manera en que luchamos contra nuestra corrupción: "¿Qué es lo más que puedo hacer? Voy a hacer ejercicio, voy a tomar dietas, voy a vivir una mejor vida". Sin embargo, ¿qué pasa al final? Te mueres.
Diez de cada diez
Es la estadística más segura de todas las estadísticas que hay: 10 de cada 10 personas mueren. Esa es una estadística que no puedes escapar. Por mucho que la quieras ignorar, por mucho que no quieras pensar en ella, ahí está. Y no sabemos qué tan cerca está: ¿está a unos minutos?, ¿está a unas semanas?, ¿está a unos años?, ¿está a lo mejor todavía a unas décadas? No sé. No sé qué tan cerca está esta realidad con la que soy advertido todos los días, porque ese es mi principal enemigo.
Y ese es el punto de Pablo: la corrupción de este mundo, la muerte de este mundo, no puede pasar a la era venidera. ¿Por qué? Porque la era venidera es una era de perfección, y para que sea perfecta la era venidera no puede haber —y vamos a leer esto en un momento—, no puede haber nada que pueda traer en ningún sentido tristeza a nuestra existencia. Imagínense una existencia en donde no haya posibilidad de algo que sea triste para ti. ¿Y cuál es la causa de mayor tristeza en esta vida? La de mayor tristeza, ¿no es cierto que es la muerte? La muerte, hermanos, no es natural, en realidad. Porque tú puedes hablar con la gente y decir: "¿Por qué existe la muerte?". "Ah, pues es el ciclo de la vida; así es. Naces y mueres, y es el ciclo de nuestra existencia". Pero sabemos que no es natural, porque la muerte siempre es triste. La muerte siempre es un evento traumático. La muerte es algo grotesco, aun cuando es un pollo. O sea, me gusta el pollo, pero yo no quiero ver cómo matan al pollo antes de que me lo coma. O sea, los rastros, y estos lugares donde matan a los animales, son lugares deprimentes, ¿no? ¿O van a ir de vacaciones: "Vamos a ver cómo matan a los puercos"? O sea, es algo que no es agradable para nosotros, la sangre. Entendemos que es una aberración de todo lo que significa bueno y algo que trae gozo a nuestro ser.
Y vemos estas noticias; lo vemos cuando anuncian algún tipo de accidente. Siempre esta es la parte: hay un accidente automovilístico, y se ve aparatoso, y siempre la estadística que estamos esperando es si hubo muertos. "¿Hubo muertos?". Eso cambia todo el panorama. De repente, a veces se ve un accidente en que dicen: "Salieron ilesos". "¡Salieron ilesos, increíble!". Y entonces inmediatamente el nivel de tragedia disminuye considerablemente, ¿no? Es cuando hay muertos, cuando hay sangre, que algo pasa en nuestro interior que decimos: "Esto es lo más trágico, esto es lo más triste".
Y nuestra pregunta entonces es: esto es lo peor que puedo enfrentar en mi vida. La pregunta, entonces, es: ¿puede ser la muerte derrotada? ¿Puede ser la muerte derrotada, o es nuestro inevitable y deprimente final? Si es nuestro… y deprimente final, si la muerte realmente tiene la última palabra, entonces, versículo 32: "Comamos y bebamos, que mañana moriremos", una frase popular en los tiempos de la iglesia de Corinto. Esta sería nuestra conclusión: si la muerte tiene la última palabra, entonces no hay victoria. Necesitamos victoria porque la muerte es nuestro peor enemigo, y porque la muerte no es natural.
El aguijón de la muerte es el pecado
Ahora… perdón, es la secuencia que quiero que vean: no nada más por qué necesitamos victoria, sino que quiero que vean la explicación que va a dar Pablo en el versículo 56. Bueno, vamos a leer los versículos nada más, para que vean cómo llega ahí. Dice el versículo 51: "Así que les digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final. Pues la trompeta sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados. Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: 'Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?'".
Vamos a ver eso en un momento, pero vean esta explicación del versículo 56. Dice: "El aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado es la ley". Hay aquí una explicación teológica sumamente profunda sobre todas estas conexiones que Pablo quiere que veamos. Me decía Lupita que hay alacranes aquí en la iglesia, porque ya varias veces han visto que salen ahí de la pared. Y tengan cuidado cuando se sientan, y en sus bolsas y cosas; no sé si hay muchos. Pero miren, son así; quiero que vean esto. Es un poco diferente a los que hay aquí, no se preocupen, pero esto es para dramatismo. Eso es un escorpión, un alacrán. ¿Y qué es lo que hace que esto sea temible para ustedes? Que tiene un aguijón.
Esa es la parte que da un poco de miedo; esa es la parte que te hace no querer acercarte… Ya he visto gente que los agarra con la mano, pero si son provocados, si sienten algún tipo de amenaza, usan este aguijón. Y hay diferentes tipos de escorpiones, así como hay diferentes tipos de todo tipo de animales que tienen un aguijón. Y quería mostrarles esta imagen, porque esa es la imagen que Pablo nos da en el versículo 56: "El aguijón de la muerte…". O sea, aquí tenemos el escorpión. En este caso, si usáramos el escorpión como analogía, el escorpión se llama muerte; sí, ese es el nombre del escorpión. Pero el nombre del aguijón es pecado. "Y el poder del pecado es la ley": entonces el veneno que inyecta a través del aguijón se llama ley. Es la imagen que Pablo quiere que veamos en relación a cómo se conecta la muerte con nosotros.
Picados por el escorpión llamado muerte
Para poder entender cómo obtenemos victoria sobre la muerte, tenemos que entender el origen de la muerte: de dónde viene. O sea, ¿cómo es que tú y yo morimos? ¿Qué es lo que causa eso? Hemos sido picados por este escorpión llamado muerte, y ese aguijón que nos picó se llama pecado. Se llama pecado. Es decir, tú y yo tenemos la imputación de parte de Adán. Y no nada más la imputación de parte de Adán —porque él pecó, y como nuestro representante legal, que ya hemos visto en este capítulo, él ha traído para todos nosotros las consecuencias del pecado—, sino que también nosotros pecamos por esa misma naturaleza. Nosotros también, durante toda nuestra vida, actuamos en rebeldía contra Dios.
Por eso es que es muy fácil compartir el evangelio con alguien en relación a este punto, porque tú le preguntas a cualquier persona si se considera una buena persona. Casi cualquiera… tú les preguntas: "¿Te consideras una buena persona?". ¿Qué te contestan? "Pues sí, sí soy buena persona; yo no soy de esas personas que se portan mal". Pero en el momento en que tú empiezas a confrontarlos, ¿con qué? Con la ley. La ley dice: "No robarás". "¿Alguna vez has robado algo?". "Sí". Yo me acuerdo de una vez en el súper… no sé por qué lo hice, pero me robé un yoyo, y no me agarraron. Ahora, eso a lo mejor les parece como que es chistoso, porque era un niño, pero ¿qué estoy haciendo? Estoy quebrantando la ley de Dios, lo cual hace que el aguijón sea efectivo. Esa ley produce que el pecado realmente sea grave.
"¿Alguna vez has mentido?". "Bueno, es que nada más dije que no estaba cuando sí estaba. Bueno, le dije a alguien más que dijera que no estaba, porque si yo digo que no estoy, sí van a saber que estoy". Todo el tiempo, en nuestra mente, tenemos esta inclinación hacia pecar; tenemos la inclinación a hacer aquello que viola la ley de Dios. Todos hemos sido picados por el aguijón del pecado; todos hemos sido inyectados con el veneno de lo que implica la ley de Dios sobre nuestro pecado, que es muerte, porque la paga del pecado es muerte, Romanos 6:23.
Entonces nosotros normalmente ignoramos la ley. O sea, no queremos pensar sobre la ley; otra vez, justificarnos, pensar: "No, sí soy una buena persona; yo no he hecho cosas tan graves". Entonces normalmente estamos ignorando la ley, lo cual de hecho nos hace todavía más culpables, porque estamos tratando de suprimir la verdad. Pero eso no cambia la realidad de que somos culpables. O queremos usar la ley para tratar de sentirnos mejor sobre nosotros mismos, al tratar de evitar la tragedia que nos espera, esperando que sea suficiente: "Voy a echarle ganas, voy a tratar de ser la mejor persona que pueda ser".
"Y espero, espero que sea justamente lo suficiente para que en el día final Dios diga: 'Está bien, le echaste ganas, pasaste; 6.2 sacas'". "Espero poder hacer justo lo suficiente para que Dios diga: 'Tú eres de los buenos'". Pero este versículo está diciendo exactamente lo contrario: "Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios". Y ya lo dijo Pablo: ¿eres descendiente de Adán? Contesta: sí o no. "Sí". Ah, bueno, estás en problemas.
Una esperanza real, no una ilusión
Y vivimos nada más en este sentido de ilusión, eso de: "Si hay un cielo, espero que Dios me acepte. Si hay un cielo, si hay algo después de esta vida, pues a ver, a ver qué pasa". Pero este pasaje está aquí para darnos seguridad y esperanza real, no nada más un anhelo de "ojalá, y a ver si…". Me da risa cuando… no, no me da risa, perdón; me hace pensar cuando estás en el funeral de un no cristiano, y dicen: "Ah, está en un mejor lugar". Y yo me pregunto: ¿cómo sabes que está en un mejor lugar? ¿Qué garantía tienes? Quieres pensar que está en un mejor lugar; esa es tu esperanza. Pero ¿hay fundamento para esa esperanza? "Está mejor", y son ateos los que lo están diciendo. O sea, ¿con base en qué dices que es un mejor lugar?
Pues aun los ateos no dicen en un funeral: "Bueno, ya dejó de existir", ¿no? O sea, aunque lo estén pensando, no lo dicen, porque sabemos que queremos agarrarnos de cualquier sentido de pequeña esperanza que podamos tener. Pero la única verdadera esperanza está en el hecho de que tú puedas entender por qué morimos, y entonces vas a poder entender si hay verdadera esperanza o no para tu vida: solamente si entiendes de dónde viene la muerte, cuál es su origen. Y esto aquí del insecto, del aguijón, del veneno, esta imagen es la que Pablo quiere mostrarnos para ayudarnos a entender de dónde viene.
Cuándo obtenemos la victoria: un misterio
Bueno, ahora sí regresen al versículo 52 —perdón, 51—, que es esta pregunta de cuándo obtenemos victoria. ¿Cuándo obtenemos victoria? Bueno, dice Pablo que esto es un misterio: "Así que les digo un misterio". Bueno, es decir, algo que no estaba tan claro; estaba más o menos claro en el Antiguo Testamento. Ustedes pueden leer —ya lo hemos visto— que sí había esperanza sobre la vida después de la muerte; sí había una esperanza sobre una resurrección futura. Pero lo que Pablo está explicando en este texto, y vamos a ver en un momento, es una explicación mucho, mucho más clara y mucho más explícita de cómo se va a ver esta resurrección, y de cómo es algo fuera de nosotros, en el futuro, que va a generar un cambio en nosotros; un cambio que nosotros no podemos producir, tiene que ser hecho en nosotros.
Dormir y despertar
Y este misterio tiene que ver con dos imágenes que va a usar Pablo aquí. La primera imagen es: "No todos dormiremos". Entonces, para ayudarnos a entender el misterio, usa la imagen de dormir. ¿Cómo es cuando dormimos? O bueno, ¿qué es lo que se espera si estás dormido? Que vas a despertar. Si no vas a despertar, no estás dormido, ¿verdad? Y hay algo acerca de ver un cuerpo muerto que tiene un parecido a estar dormido, ¿no es cierto?, porque están quietos. Bueno, no todos están quietos cuando están dormidos, pero en general hay este aspecto, este sentido de que una persona que está muerta parece estar en paz. Por eso usamos esa expresión: "Descanse en paz".
Bueno, "descanse en paz" podrías decirlo de alguien que está dormido, ¿no? "Mira cómo descansa en paz; a ver si despierta en una hora". Pero no decimos eso, porque tiene otro significado, ¿no? Pero podríamos decirlo. Pero en realidad, como cristianos, entonces, si quisiéramos usar lenguaje bíblico, ¿qué diríamos? "Duerme en paz; está dormido en paz". Pero solo si es cristiano hay esta verdadera esperanza de lo que sigue, de que lo que sigue es mejor. Entonces usa la imagen de dormido: "No todos dormiremos".
Revestidos de ropa nueva
Y en el versículo 53 usa otra imagen, que es una imagen que vamos a estar estudiando más adelante, cuando lleguemos a 2 Corintios 5, que es esta imagen de lo que te pones, de tu ropa: "Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad. Pero cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá esta palabra", de que la muerte ha sido derrotada. Lo cual es la imagen de que estamos vestidos. Como se visten los albañiles, o como se viste un trabajador, un mecánico, o alguien a quien no le importa qué tan rota o qué tan sucia esté su ropa. Si tú vas a limpiar tu casa, si vas a hacer algo, o vas a pintar, te pones la peor ropa que tienes.
Entonces imagínense esta vida con esta imagen de harapos: ropa llena de hoyos, toda sucia, toda, mm, maloliente. El miércoles que teníamos las guayabas allá afuera, olía todo a guayabas, y a mí se me olvidaba que había guayabas, y decía: "¿Por qué…?". Y en varias ocasiones pensé: "Se me olvidó ponerme desodorante hoy, porque…". Y luego ya me acordé: "No, hay guayabas; eso es lo que estoy oliendo, no soy yo". Y me aseguré de decírselo a todos, para que no pensaran que era yo. ¿Por qué estoy contando esto? No sé. Ah, es la ropa que tenemos.
Este cuerpo representa ropa acabada, ropa desgastada, ropa con hoyos. Y el morir representa —esta es la imagen que usa Pablo en 2 Corintios 5—, el morir representa perder tu ropa, o sea, estar desnudo: ya no tienes la ropa externa. Entonces la imagen aquí está… Y otra vez, lo vamos a ver más adelante, pero la imagen es que en nuestra resurrección, ¿qué va a pasar? Vamos a recibir ropa nueva. Pero esta ropa ya va a ser ropa que no se puede ensuciar, que no se puede agujerar, que no puede oler feo; esta ropa va a ser una ropa perfecta e indestructible.
Y estas son las dos imágenes que Pablo usa para ayudarnos a entender cuándo obtendremos victoria: cuando despertemos, o cuando seamos revestidos. Pero estas son imágenes de la vida cotidiana. Tú y yo entendemos estas dos imágenes, porque todos los días ¿qué hacemos? Nos dormimos, y todos los días nos vestimos. Entonces, que esas dos cosas cotidianas de toda la vida sean un recordatorio para nosotros de lo que vendrá. Cada mañana que despiertes, abres los ojos y dices: "Ah, desperté otro día. Así voy a despertar un día a la resurrección del cuerpo, así como acabo de despertar de mi sueño a la realidad de este mundo". Y me preparo y me visto. Y cada vez que te pones tu ropa, di: "Así como me estoy poniendo esta ropa que acabo de lavar, que acabo de planchar, así también un día tendré ropa nueva que ponerme, que es un nuevo cuerpo".
Un cuerpo transformado
La otra cosa que Pablo menciona está en el versículo 52; el 51 y el 52 nos explican otra cosa. Bueno, esto es… este es un pasaje también, Filipenses 3:20, que es muy importante en relación a esta transformación: "Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de Su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a sí mismo".
Entonces es la imagen, la imagen de dormir y de vestirse: que dormir es temporal, estar desnudo es temporal. Estas dos imágenes son las imágenes que también son descritas en Filipenses 3. Pero ¿cuándo es que va a ser esta victoria? ¿Cuándo nos vamos a vestir? Aquí está el versículo 52: "En un momento, en un abrir y cerrar de ojos". Ahora, eso es la velocidad; no es tanto cuándo, sino qué tan rápido. Esta palabra, "en un momento", en el griego es la palabra átomos. Ustedes saben qué es un átomo, ¿verdad? Y así es como se usaba en la antigüedad: es la división más pequeña que puedas tener, que ya es indivisible. Claro, ya en la física cuántica y todo esto, bueno, están subdividiendo los átomos. Pero el punto es que esta es la idea de que es tan pequeño, tan, tan pequeño —por eso esta palabra, átomos—, que todo lo que tardaría es parpadear. Lo que te tardas en parpadear es lo que va a tomar esta transformación.
A la trompeta final
¿Cuándo? Dice Pablo: "A la trompeta final. Pues la trompeta sonará, y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados". Esta trompeta final es descrita… Y quiero que vayan a este pasaje, porque este es un pasaje paralelo a este, que es 1 Tesalonicenses 4:13, que dice: "No queremos, hermanos, que ignoren acerca de los que duermen" —otra vez usa esta imagen de los que duermen; ¿quiénes son? Los que han muerto—, "para que no se entristezcan como lo hacen los demás, que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también Dios traerá con Él a los que durmieron en Jesús. Por lo cual les decimos esto por la palabra del Señor: que nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero. Entonces nosotros, los que estemos vivos y que permanezcamos, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes al encuentro del Señor en el aire, y así estaremos con el Señor siempre. Por tanto, confórtense…".
"No todos dormiremos, pero todos seremos transformados". O sea, algunos estarán todavía vivos cuando regrese Jesús. La mayoría habremos muerto, probablemente; eso es lo que ha estado pasando: ya casi 2000 años de historia de la iglesia hemos estado muriendo. Pero habrá alguna última generación de cristianos que sí estará viva en el momento en que Jesús regrese. Y esto es lo que comúnmente se conoce como el rapto de la iglesia: Jesús regresa. Pero dice Pablo que hay un orden en esto. En 1 Tesalonicenses 4 lo explica; dice quiénes van a resucitar primero: los que ya murieron. O sea, les toca primero a todos los muertos ser resucitados, y después todos los que sigan vivos también serán transformados a ese mismo cuerpo, sin haber experimentado la muerte.
Me gusta esa idea, ¿no? Yo espero ser de esta última generación de cristianos; me gustaría. No sé si lo seré, pero los que estén vivos cuando Jesús regrese no experimentarán la muerte; simplemente serán transformados. ¿Qué tan rápido? En un abrir y cerrar de ojos. Entonces sabemos el orden, sabemos el momento. Esta trompeta final ya la leímos en 1 Tesalonicenses 4, pero también aparece en Mateo 24:31: "Él enviará a Sus ángeles con una gran trompeta, y reunirán a Sus escogidos de los cuatro vientos, de un extremo de los cielos hasta el otro". Entonces aquí otra vez aparece la trompeta. Esta es la misma trompeta; la de Mateo 24 es el rapto de la iglesia, es la trompeta final.
Una sola trompeta final
Creo que es la misma trompeta del séptimo ángel en Apocalipsis 11, porque describen todos el mismo evento: es Jesús regresando. Yo sé que hay unos que dicen que no, que es otra cosa, pero se están complicando innecesariamente la vida al tratar de tener muchas trompetas finales. Hay una trompeta final, la séptima trompeta: "El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo, que decían: 'El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de Su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos'. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos se postraron sobre sus rostros y adoraron a Dios, diciendo: 'Te damos gracias, oh Señor Dios Todopoderoso, el que eres y el que eras, porque has tomado Tu gran poder y has comenzado a reinar. Y las naciones se enfurecieron, y vino Tu ira, y llegó el tiempo de juzgar a los muertos y de dar la recompensa a Tus siervos los profetas, a los santos y a los que temen Tu nombre, a los pequeños y a los grandes, y de destruir a los que destruyen la tierra'".
Esa es la esperanza, hermanos. La esperanza es: vamos a despertar. ¿Cómo vamos a despertar? Vamos a escuchar una trompeta. Yo estoy seguro de que eso te despertaría en la mañana: si estás bien dormido en tu cama y de repente entra Roberto con su trompeta ahí… Así despiertas a tu familia en la mañana; sería efectivo, porque una trompeta es un sonido muy difícil de ignorar. Y ya va a haber una trompeta final que anuncia la consumación de este mundo, la justicia perfecta de Dios como el juez perfecto sobre este mundo, y la vindicación de todo el pueblo de Dios. Eso es lo que está anunciando la trompeta.
El canto de victoria
Y eso nos lleva a algún tipo de canción que Pablo está cantando aquí: "Entonces se cumplirá la palabra que está escrita: 'Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?'". Citando de Oseas 13, e irrumpiendo en adoración por lo que representa este momento de la historia, donde cantamos lo que Isaías profetizó: "Él destruirá la muerte para siempre. El Señor Dios enjugará las lágrimas de todos los rostros, y quitará el oprobio de Su pueblo de sobre toda la tierra, porque el Señor ha hablado". ¿Cómo lo va a hacer? ¿Cuál es nuestra esperanza de que vamos a poder cantar este canto? Versículo 57: "Pero a Dios gracias, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo".
Es decir, Él quitó el poder del pecado al cumplir la ley por nosotros. Si Él pudo cumplir la ley perfectamente, y Él imputa esa perfección a nosotros, entonces el aguijón del pecado se pierde, y significa que la muerte ya no tiene poder. Eso es lo que implica la obra perfecta de Jesucristo en nuestro lugar.
Vivir cantando la victoria
Lo cual me lleva al último punto. Tú y yo sabemos lo que Jesús hizo, y qué tanta confianza tenemos en lo que Jesús hizo por nosotros determina cómo vivimos hoy. ¿Saben cómo vivimos? Cantando esto: "Devorada ha sido la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde, oh sepulcro, tu aguijón?". ¿Se acuerdan de la imagen que decíamos al principio de este mensaje? Cuando es un partido, y hay dos compitiendo, y hay porristas. Y esos porristas, como dice Hebreos 12, nos están animando en nuestra carrera: una nube de testigos diciendo: "¡Acaben, acaben, como nosotros acabamos! Ustedes pueden, porque también tienen la victoria que Jesús compró para ustedes".
Pero nuestros porristas no nada más nos están animando a nosotros; también se están burlando del equipo contrario. Le estaba preguntando a Evan hace rato; le dije: "¿Qué, en los campamentos no tienen…?". Porque yo estaba pensando en una porra. "¿No tienen porras que se burlen del otro equipo?". "No, no, es que nos prohíben las cervezas… porras". Ah, está bien, son campamentos cristianos, ¿no?
Pero me decía que hay una que dice: "Ho, ho…", o esa porra de "no sirvió", después de que el otro equipo hizo su porra. Está diseñada para humillar a los otros, para decirles: "Ustedes no sirven; son los perdedores". La porra que nosotros escuchamos todos los días como hijos de Dios es una porra que le dice a la muerte: "No solamente perdiste: fuiste tragada. No tienes ningún poder; dejas de existir; has sido aniquilada por completo". Esa es la porra que Pablo está expresando para nosotros como cristianos hoy. Es una manera diferente de vivir la vida.
Ya sabemos el marcador final
¿No? Ahorita están las finales de la NBA. Creo que ya sé quién va a ganar, ¿no, Josué? Creo que ya está claro que los Celtics van a ganar mañana, y ya se acabó. Pero va a haber algún momento, sea como sea el final, en el que tú ya vas a saber qué pasó, y puedes regresar y volver a ver los juegos aunque ya sepas el resultado final. No es tan divertido ver un partido así, cuando ya sabes quién ganó. Pero cuando se trata de esta competencia, está bien: Pablo quiere que sepamos ya el resultado final. ¿Quién sabe el marcador final? Es una paliza; ese es el marcador final. Y lo pueden saber desde ahorita.
Porque ¿saben qué pasa cuando yo veo un partido que ya sucedió, y ya sé el final, y lo quiero ver nada más por diversión, para ver cómo pasó, pero ya sé el marcador final? ¿Sabes qué le quita a la experiencia? Los nervios, dependiendo de qué tan fanático seas del equipo, ¿no? Porque cuando no sabes, estás: "¿Y si va a meter o no va a meter? ¿Y cuántos segundos quedan?". Y entonces estás con esta tensión, anticipando lo que va a suceder. Pero si ya sabes lo que va a suceder, y tu equipo ganó, lo ves con toda la tranquilidad del mundo; no estás para nada nervioso, estás completamente relajado: "Ya sé, ya sé que mi equipo ganó al final; nada más quiero ver cómo pasó".
Así es la vida cristiana en relación a este día final, en relación al día en que tú y yo muramos. ¿Estamos preocupados porque no sabemos qué va a pasar? Estamos tranquilos; estamos perfectamente confiados en que hay un libro que ya se escribió, que se llama Apocalipsis, y ya nos revela quién gana, ya nos revela qué pasa.
Firmes, constantes, abundando en la obra
¿Qué pasa si tenemos la victoria? Dos cosas, y están en el versículo 58: "Por tanto, mis amados hermanos, estén firmes y constantes, abundando siempre en la obra del Señor, sabiendo que su trabajo en el Señor no es en vano". Si tú sabes que tienes victoria sobre la muerte, entonces vives tu vida con completa esperanza, y vives tu vida completamente al revés, lo contrario de lo que dice el versículo 32: "Comamos y bebamos, que mañana moriremos". Hay esperanza; ya no es más una esperanza en el presente. Y nuestra perspectiva es: podemos servir al Señor, podemos sacrificarnos, podemos esforzarnos por amarnos unos a otros, podemos trabajar juntos como iglesia, porque esto no es nada más para esta vida; esto es eterno. Así que cobren ánimo, hermanos: nada de lo que ustedes hagan para el Señor es en vano. Eso es lo que quiere Pablo que sepamos claramente: que vivimos con esperanza.
No temerá recibir malas noticias
Y vean lo que dice el Salmo 112, versículo 6; me encanta este salmo, subráyenlo en sus Biblias. Dice: "Porque nunca será sacudido; para siempre será recordado el justo. No temerá recibir malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor. Su corazón está seguro, no temerá, hasta que vea vencidos a sus adversarios". ¿Y cuál es nuestro principal adversario? La muerte. Lo cual significa que no seremos sacudidos, que no temeremos recibir malas noticias, que nuestro corazón está firme, que nuestro corazón está confiado en el Señor, que nuestro corazón está seguro y que no hay temor. ¿Qué es lo peor que te puede pasar? Si tú vives con fidelidad para el reino de Dios, tienes todo que ganar y nada que perder.
Un día vas a morir, si Jesús no viene primero; pero esas no son nuevas noticias para ustedes, todos lo sabemos. Lo que a lo mejor no sabes es si la muerte te va a derrotar, si la muerte tendrá la última palabra. Y la respuesta a esa pregunta, para que sepas la respuesta, es: ¿resucitó Jesús, sí o no? Si Jesús resucitó, y si tú estás unido a Él en la fe, y Él ha perdonado tus pecados porque tú te has arrepentido, has confesado, has confiado enteramente en lo que Él hizo por ti, si tú tienes esa conexión con Él, entonces, si la muerte no lo derrotó a Él, entonces la muerte no te derrotará a ti tampoco.
Esa garantía de la resurrección de Cristo es nuestra seguridad, y es la razón por la que vivimos para Cristo hoy. ¿Por qué? Porque no es en vano, porque vale la pena. Nosotros, y todos aquellos por los cuales trabajamos en este mundo, trascenderemos a este mundo. Y la resurrección, hermanos, lo cambia todo. Esa es la gloria de la fe cristiana. Puestos de pie…
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →