Viudas, murmuraciones y la predicación de la Palabra
¿Qué hacer cuando hay murmuraciones y quejas en la iglesia? En Hechos 6:1-7 la primera iglesia enfrenta un conflicto cultural por el descuido de las viudas, y los apóstoles delegan ese servicio a siete hombres llenos del Espíritu sin abandonar la predicación. Una crisis que Dios convirtió en unidad, más líderes y crecimiento.
Escuchar el audio de esta predicación →
Transcripción
Lectura: Hechos 6:1-7
Capítulo 6 de Hechos. Vamos a leer los versículos 1 al 7; es el pasaje de hoy. "En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria. Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios, para servir las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra.
Agradó la propuesta a toda la multitud; eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos. Y crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe".
Vamos a ver este pasaje hoy; vamos a ver algunas de las lecciones que tiene para nosotros. Creo que es un pasaje muy conocido. Ya saben, muchos de ustedes han escuchado esta historia acerca de cómo fueron elegidos estos siete hombres, que en realidad siempre se plantea como el comienzo del ministerio de diaconado dentro de la iglesia. Y de hecho se establece esto como una primera instancia en donde queda claro cuál es la razón y el propósito para los diáconos. Pero hoy vamos a tratar de entender esto claramente; vamos a tratar de ahondar dentro de lo que hay en estos versículos.
Satanás ataca a la iglesia desde afuera
Así que, primeramente, ¿cuál es el problema que surge aquí? El problema no es la distribución diaria hacia las viudas. En realidad, el problema es que Satanás siempre está buscando maneras de detener el avance del evangelio y de su iglesia, de la iglesia de Dios. Ya hemos estado viendo varias maneras en las cuales Satanás estaba atacando. La más clara que hemos estado viendo en Hechos es la persecución: toda esta oposición que han vivido los cristianos del primer siglo, la hemos estado viendo de parte de los sacerdotes, de los líderes religiosos, del sumo sacerdote. Todo lo que vimos desde el capítulo 4, en realidad, que es donde comenzó esta situación de tensión entre la iglesia y los líderes religiosos de la época.
Ahí está Satanás tratando de atacar a la iglesia desde afuera: cómo puede detener a la iglesia con oposición desde afuera. No ha resultado. Como hemos visto, no ha resultado esta estrategia de Satanás, porque vienen los líderes religiosos, amenazan a los apóstoles, les dicen: "Ya no pueden seguir predicando a Cristo". ¿Y qué dicen los apóstoles? "Pues amenázame todo lo que quieras, pero yo voy a seguir obedeciendo a Dios; yo voy a seguir predicando el evangelio". Y eso pasa exactamente. Piensan que a lo mejor... Los sueltan y dicen: "A lo mejor ahora le bajan un poquito". Y al contrario, le suben, y van y predican, ¿en dónde? En el templo. Ahí donde se meten en problemas, donde está la gente que está en contra de ellos: ahí es donde van y están predicando el evangelio todos los días.
Entonces esa estrategia de Satanás no ha funcionado muy bien. Es una estrategia que ha existido desde entonces hasta el día de hoy; sigue habiendo oposición hacia la iglesia en muchos países. Como vimos el domingo pasado, nosotros aquí en México no hemos experimentado el nivel de oposición a la iglesia cristiana que se vive en muchos otros países del mundo. La verdad es que nosotros vivimos la excepción, no la regla. La mayoría de los cristianos a lo largo de los siglos han experimentado persecución, oposición, y esa es una estrategia de Satanás para detener el avance del evangelio, lo cual no ha podido hacer.
Satanás ataca con corrupción desde adentro
También Satanás ataca con corrupción desde adentro. Entonces, si Satanás puede corromper a algunos miembros de la iglesia y empezar a generar el ambiente o la motivación para hacer cosas hipócritamente, para hacer cosas por las razones equivocadas, eso también es un ataque de Satanás a la iglesia. Y ya vimos esa situación en el 5, al principio de Hechos 5, cuando leímos la historia de Ananías y Safira. Esa es otra manera en la cual la iglesia ha sido atacada siempre. Sí, sí, sí: los miembros de la iglesia pueden ser corrompidos, y los miembros de la iglesia pueden estar viviendo vidas donde creen que son cristianos, pero no lo son en realidad.
Entonces eso también es un ataque de Satanás. Es un gran peligro que existe hoy en día, y es uno de los temores más grandes que tenemos como iglesia: que ustedes crean que son cristianos y no lo sean realmente. La Biblia dice que hay una categoría de gente así dentro de la iglesia, que está viviendo engañada, que ha sido corrompida por ciertos deseos, por ciertos placeres, por ciertos ídolos. Y es nuestro trabajo seguir predicando la Palabra de Dios para que todos los domingos ustedes sean confrontados con la realidad del evangelio y con si lo creen realmente.
Nosotros tenemos que ser confrontados constantemente: "A ver, este es el evangelio. ¿Lo crees? ¿Lo vives?". La pregunta no es: "¿Hiciste una oración algún día en el pasado para recibir a Jesús?". Esa no es la pregunta. La pregunta es: "¿Crees el evangelio hoy? ¿Es tu convicción hoy? ¿Lo estás viviendo hoy?". Esa es la pregunta. Porque el evangelio es una convicción real que se vive todos los días y que es una parte de nuestras vidas. No es nada más un momento en el pasado, un puntito ahí de algo que pasó en algún momento. No: en algún momento comenzó, pero sigue, y nosotros lo vivimos todos los días.
Nosotros los cristianos necesitamos que el evangelio se nos predique todos los días: recordar qué significa que somos cristianos y recordar qué es lo que creemos. Por eso celebramos la Cena del Señor; por eso todos necesitamos decir: "Sí, Jesús murió por mí; sí, Jesús derramó su sangre y entregó su cuerpo". Bueno, ese no es el tema de hoy. Pero quiero que vean que esa es una de las maneras en las cuales Satanás ataca a la iglesia: tratando de crear hipocresía, tratando de crear una falsa ilusión también de lo que significa ser cristianos, pensar que puedes servir al mundo y servir a Dios al mismo tiempo. Todas esas son cosas que Satanás usa, porque quiere detener el avance del evangelio.
Un ataque interno: murmuración y división
Hay una tercera manera en la cual Satanás ataca a la iglesia, y es la manera que vamos a ver hoy. La manera en que Satanás también ataca a la iglesia es a través de un ataque interno, que es parecido a la corrupción, pero este ataque interno tiene que ver con murmuraciones y división. Y esto que está pasando aquí en Hechos 6 tenía el potencial de ser sumamente destructivo; tenía el potencial de crear un verdadero problema.
¿Qué es lo que pasó? Los judíos, tradicionalmente —y ustedes lo van a leer a lo largo de todo el Antiguo Testamento—, tienen una gran responsabilidad para con el cuidado de las viudas. Ahora, este cuidado era algo ya institucional. De hecho, parte del dinero que se traía como ofrendas al templo estaba destinado precisamente para administrarse hacia el sustento y la ayuda a las viudas judías; ese era el propósito principal. Ahora, ya hemos estado viendo que la primera iglesia no tiene muy buenas relaciones con el templo y con el establecimiento religioso judío. Entonces probablemente está siendo medio complicada esta dinámica de que las viudas que se han convertido a Cristo, que ahora son cristianas, sigan siendo cuidadas por el sistema religioso judío que ya existía para el cuidado de viudas.
Entonces la iglesia asume esta responsabilidad: "Nosotros cuidaremos de ellas. No necesitamos necesariamente que el templo sea el responsable de cuidar de nuestras viudas; nosotros podemos hacerlo". Y es por eso que ya vimos en varios pasajes que vendían sus propiedades, traían el dinero, y ese dinero era administrado para suplir estas necesidades.
Una iglesia que crece exponencialmente
Ahora, acuérdense —esto es muy importante de lo que está sucediendo aquí, y se nos puede olvidar fácilmente—: la iglesia ha estado creciendo exponencialmente en estos últimos capítulos. ¿Recuerdan cuántos se convirtieron en Pentecostés? Tres mil personas, ¿no? Y después otras dos mil, y después... y parece como que Lucas hasta pierde la cuenta, y ya dice al siguiente todos los días se seguía añadiendo gente. Y así era la iglesia: crecía, y crecía, y crecía, que ya perdimos la cuenta; no sabemos ni cuántos son. No tienen un lugar necesariamente donde reunirse; probablemente se están reuniendo en casas. Algunos calculan que, por lo menos, a estas alturas tendría que haber habido cien iglesias en casas donde se reunían, si no es que muchas más. Entonces, logísticamente, se estaba volviendo muy complicada esta situación, porque tienen que estar viendo y administrando... O sea, si tienen recursos financieros diseñados para ayudar a las personas en todos estos lugares, imagínense: ya no está tan sencilla la cosa.
Helenistas y hebreos
Y parece ser que aquí es donde se da el conflicto: parece ser que hay un malentendido. Porque hay judíos helenistas —así se les llama a los judíos que son de la dispersión, o que estaban en otras partes del imperio y que están inmersos en la cultura griega y en la influencia griega—. Entonces estos son judíos que hablan griego y que tienen mucha de la influencia griega. Y luego están los judíos palestinos, o los judíos que hablan hebreo o arameo. Y estos judíos, en muchos sentidos, normalmente se sentían pues más puros, no tan corrompidos como los otros judíos de otras regiones, que ya traían otros idiomas como su idioma principal.
Y eso lo vemos hasta el día de hoy. Judíos hay en todo el mundo, y tenemos... ¿cuántos judíos tenemos en México? ¿Y cuál es el idioma principal, en realidad, de los judíos que viven en México? El español. Entonces, si un judío que no habla mucho hebreo regresa a Israel, llega y ve a un judío que ha vivido toda su vida ahí y que habla perfectamente hebreo, pues es lógico que exista una cierta separación entre ambos.
Parece ser que algo del problema que se está generando aquí tiene que ver con el idioma, con el hecho de que, por alguna razón... Estamos especulando aquí, entonces no quiero hacer demasiados comentarios. Pero por alguna razón se está discriminando a una categoría de viudas, o por lo menos se está descuidando a una categoría de viudas, que son las que hablan griego. No sé si tenga que ver con el asunto del templo, y que algunas de estas viudas judías en realidad sí todavía estaban recibiendo ayuda del templo, y entonces asumían que las viudas que hablan griego tienen otra manera en que las puedan cuidar, y no están recibiendo la ayuda del templo. O no sé en qué sentido estaba la confusión. Pero el punto es que parece ser que hay un problema con el idioma: las viudas de la dispersión, con influencia, y no están recibiendo tanto como las viudas judías palestinas. Judías palestinas, tenemos que aclarar que es la categoría de las que hablan hebreo y arameo.
Barreras de idioma y de cultura
Esta es una situación que a lo mejor no la entendemos nosotros bien aquí en nuestra iglesia, porque la verdad es que todos hablamos español. Aun los que no son de México y que están en nuestra iglesia, como de Costa Rica o de Venezuela, realmente hablan español, y casi hablan español igual que nosotros. Cuando teníamos a Salvador, que era de Puerto Rico, a veces dudábamos que fuera español lo que él hablaba, pero sí, también es español.
Yo he experimentado algo de esto, creo, cuando he estado en Estados Unidos y he visto lo que pasa en Estados Unidos. Y creo que ahí sí es una situación más parecida a la que se está dando aquí, en donde una generación llega... Inclusive llegan allá los papás y aprenden muy poco inglés; pasan años y años en Estados Unidos y aprenden muy poco inglés. Pero con la siguiente generación pasa exactamente lo contrario: ellos aprenden mucho inglés y empiezan a dejar el español a un lado, y hablan menos y menos español. Y esas barreras generacionales, dependiendo de dónde crecieron, son el tipo de barreras con las que tienen que lidiar las iglesias hispanas allá. Cualquier iglesia de ministerio hispano también está complicada. Y no me gustaría necesariamente estar como pastor en una iglesia en Estados Unidos, por la diversidad que existe entre las culturas latinas, y porque la situación del idioma también en realidad crea muchos problemas.
Y creo que esto es algo de lo que está pasando aquí. Tienen un problema al cual se están enfrentando, que tiene que ver con la cultura, con el idioma, de tal manera que algo está pasando en la distribución de los alimentos, en el cuidado de las viudas.
"Hubo murmuración"
Pero no me quiero enfocar en realidad en ese punto. ¿Saben a qué punto me quiero enfocar en realidad? Quiero enfocarme en qué era lo que Satanás estaba tratando de hacer. Aquí está, en la palabra del versículo 1: "hubo murmuración". Ahora, el problema puede ser que haya sido un problema legítimo; o sea, sí se estaba descuidando a estas viudas. Sin embargo, parece ser que la manera en la cual llegó a los oídos de los apóstoles no fue la mejor manera. Porque esta palabra es una palabra que se usa mucho en la Biblia. En el griego es gongusmós, y... ahí me corrigen estas cosas, porque yo soy bueno en fingir que sé hablar y pronunciar en otros idiomas, pero a veces no.
Gongusmós es una onomatopeya. Onomatopeya creo que también se aplica en español: son palabras que suenan como la acción que se supone que representan. Entonces gongusmós, "murmuraron", suena como la acción, como algo que se hace así, como en secreto, como los balbuceos ahí, de tal manera que otros no entiendan lo que estás diciendo. Eso parece ser que es lo que está pasando aquí. La manera en que surge la queja es en forma de murmuración: algo que no está bien en la iglesia, que se empieza a correr la voz, y que empieza a darse el chisme por aquí y por allá, y la murmuración por aquí y por allá, en forma de queja acerca de lo que el liderazgo está haciendo con respecto a una cierta situación.
En el Antiguo Testamento leímos una situación muy parecida, que está en Deuteronomio. Si siguen Éxodo 15 al 17, y Números 14 al 17, también van a encontrar la explicación más detallada. Lo que dice Deuteronomio 1:27 es el resumen: "Y murmurasteis en vuestras tiendas, diciendo: Porque el Señor nos aborrece, nos ha sacado de la tierra de Egipto para entregarnos en manos de los amorreos y destruirnos". O sea, Dios le dice al pueblo de Israel: "Ustedes murmuraron en sus tiendas contra Moisés, contra mí". ¿Era algo bueno la murmuración? ¿Qué dice Filipenses 12...? Perdón, Filipenses 2:14 al 16: "Todo sin...", ¿sin qué?, "...murmuraciones y contiendas". ¿Debemos de murmurar? ¿Estaba bien lo que estaba pasando aquí? Probablemente no.
Y fíjense, aquí está el punto, porque lo vamos a ver en la respuesta de los apóstoles: aunque la preocupación era legítima —o sea, en realidad sí había algún problema sucediendo; en realidad sí existía algo que tenía que ser corregido—, la manera de hacerlo probablemente no era la correcta, porque se dio en esta forma.
¿Hay murmuraciones en nuestra iglesia?
¿Existen murmuraciones en nuestra iglesia? Miren, siempre, siempre hay algo de lo cual quejarse. Siempre va a haber, porque somos la iglesia y no todo lo que hacemos lo hacemos perfecto. Entonces siempre va a haber algo que les dé oportunidad a ustedes de murmurar. Siempre. "Pues la música..."; "esos bateristas, cómo tocan bien fuerte"; "ese que dirige la alabanza y para a medio himno y nos deja solitos, no sabiendo qué sigue". Podemos quejarnos acerca de cómo predican, de cómo se predica en la iglesia —yo no lo diría así, pero bueno—, si creen que enseñan mejor que yo. Siempre, siempre hay algo que podría ser corregido, que podría ser mejor, y que nos da la oportunidad de decir algo negativo.
Ahora, el problema no es decir algo negativo; necesariamente tenemos que decirlo. Es la manera de hacerlo, es la manera de confrontarlo. Y otra cosa que me puso a pensar en este pasaje es: ¿qué porcentaje de nuestros comentarios son quejas, o qué porcentaje de nuestros comentarios son de ánimo? Porque creo que debería existir un balance; por lo menos un balance, donde hay un equilibrio: igual de comentarios negativos como de palabras de ánimo positivas, si no es que deberían ser más las positivas. Pero por lo menos parejo. Porque nuestra tendencia es... y es mucho más fácil ver lo que está mal que las cosas que se están haciendo bien. Y la Biblia nos muestra lo complejo que es vivir como un cuerpo, y la manera en que la diversidad de ministerios y la diversidad de dones, al estar juntos y al convivir como un cuerpo... no es fácil. No es fácil. Y sí, sí hay gente que murmura más que otra, ¿verdad?
Somos un cuerpo
Pero la Biblia nos enseña, fíjense, la Biblia nos enseña que somos un cuerpo. ¿Eso qué quiere decir? Que hay cabeza, hay manos, hay pies, y ojos, y oídos. Parece que todos somos bocas, pero no hay tantas bocas en realidad; no debería haber tantas bocas. ¿Saben que también hay hermanos apéndice? Sí, existe también esa parte del cuerpo, ¿no? Esa parte del cuerpo que no sabes bien para qué sirve, pero si se inflama y explota, puede hacer mucho daño. Creo que no es esa categoría necesariamente esta categoría de personas en Hechos 2.
Pero lo que quiero que vean es que esta situación en realidad sí era una situación muy seria; tenía el potencial de crear un verdadero problema, porque estamos lidiando aquí con cosas muy, muy personales. Yo me imagino a familias diciendo: "Es que esta viuda viene del mismo lugar de donde yo vengo". O sea, hay afinidad. "Y ahí ya la están descuidando. Y a esa de allá siempre le dan las cosas, o siempre le están dando comida". O sea, empezaba a verse este sentimiento, creo, de amargura, inclusive de impotencia. Tendría el potencial de crear una verdadera división en esta primera iglesia y hacer verdadero daño.
La respuesta de los apóstoles
¿Qué hacen entonces los apóstoles? Dice: "Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos". O sea... ya les decía que probablemente estaban reuniéndose en diferentes casas; entonces probablemente representantes de estas diferentes casas, no sé, algunos de los líderes, pero pues es una iglesia muy grande esta. Y dicen: "No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo", para este trabajo.
Ahora, cuando los apóstoles dicen "No es justo que nosotros dejemos la Palabra para servir las mesas", hay que entender algo muy importante aquí. No están diciendo los apóstoles que el servir las mesas es un trabajo poco importante, y van a ver en un momento qué tan importante realmente es. De hecho, ¿quiénes habían estado sirviendo las mesas hasta este punto? Los apóstoles. Ellos habían estado viendo esta situación; por eso van a ellos. Ellos se habían estado encargando de ver cómo se distribuían estos recursos para las necesidades de la iglesia. Pero parece ser que han llegado a un punto en el cual ya se está volviendo una carga muy pesada para ellos. Ya la cantidad de gente, los problemas, la dinámica que se está dando, realmente les está pesando, y se dan cuenta: "Si nosotros de veras hacemos esto bien, no podemos hacer esto bien, que es seguir predicando y enseñando la Palabra".
Entonces, ¿qué es lo que hacen? Y fíjense en esto de servir las mesas; piensen en todo lo que involucra. Involucra las finanzas, o sea, involucra manejar dinero; involucra un tema de administración; involucra un tema, inclusive, de consejería y de resolución de conflictos. Aquí pues no era un tema pequeño; no era un ministerio pequeño, secundario en realidad, de la iglesia.
"Ustedes arréglenlo"
Así que, ¿cuál es la solución que ellos proponen? ¿No es chistosa la solución, en cierta manera? Dicen: "A ver, ¿saben cuál es la solución? Ustedes arréglenlo. Esa es la solución". A ver, o sea, ¿quiénes escogieron a estos siete hombres? ¿Los apóstoles? No. Los apóstoles no escogieron a estos siete hombres. Les dijeron: "Ustedes escojan. A ver, ustedes escojan gente que pueda arreglarlo. No nos distraigan a nosotros, porque esto ya nos está pesando".
Pero tienen los apóstoles aquí dos situaciones. Y miren, este es un ejercicio divertido que pueden hacer con este pasaje: imaginarse cuántas soluciones posibles existían para este problema. ¿De cuántas maneras los apóstoles lo hubieran podido resolver? Mejor aún: ¿cómo lo hubiéramos resuelto nosotros como iglesia? Miren, tendemos a irnos para acá o para allá. Hablamos de demostrar amor, de justicia social, y hablamos de la predicación y el estudio de la Palabra. A veces temo que como iglesia nuestra tendencia sería irnos para acá y decir: "A ver, miren, la verdad es que nuestra iglesia no se trata de ayudar a la gente; se trata de predicar la Biblia. Así que mejor ya no le demos nada a nadie". ¿No es esa una posible solución? "Es más, a estos que murmuran, nada de comida, por quejosos". Esa sería una manera de lidiar con este problema: "¿Saben qué? Vamos todos a predicar la Palabra, porque de eso se trata esta iglesia".
No descuidar ningún ministerio
Pero yo estaba pensando por qué era tan importante para los apóstoles. Y la verdad es que creo que la solución tenía que ver con no descuidar ningún ministerio, y creo que ellos ven ambos ministerios como de vital importancia para la iglesia. Es como cuando decimos: "¿Como? ¿Hago ejercicio?", ¿no? "¿Cuál de los dos me conviene más?". ¿Por qué tienes que escoger entre los dos? Son importantes los dos, ambos, comer y hacer ejercicio. Creo que los apóstoles están en esta misma dinámica. Dicen: "No podemos dejar de predicar la Palabra, y si seguimos enfocándonos en este tema, vamos a dejar de predicar la Palabra. Pero tampoco podemos dejar de atender a las viudas, porque esa es la manifestación externa, la manera en que ponemos en práctica lo que estamos aprendiendo: el amor unos a otros".
"Entonces no podemos descuidar ninguno de los dos. Y es por eso que hemos estado sirviendo las mesas hasta este punto. Pero sabemos claramente que Dios nos ha llamado a nosotros" —dicen los apóstoles— "a esta tarea muy específica: estar predicando la Palabra". Entonces, ¿por qué no...? "Nosotros no nos vamos a enfocar más en este tema. No que no vamos a participar nunca y no vamos a servir las mesas; no es lo que estamos diciendo. Es: no nos vamos a distraer demasiado de la labor que ya tenemos clara, que es la predicación de la Palabra, que es precisamente lo que está haciendo que crezca la iglesia, además de cómo mostramos el amor unos por otros. No vamos a descuidar eso para atender este tema".
Algo parecido también sucedió con Moisés, ¿se acuerdan? Con su suegro: "Oye, Moisés, tienes aquí a dos millones de judíos, y tú solito tienes problemas para administrar esto, para liderearlos. ¿Por qué no pides ayuda? ¿Por qué no dejas que otros te ayuden a hacer esto?". O sea, este es el tipo de situación a la que se están enfrentando los apóstoles.
Varones de buen testimonio
Ahora quiero que vean que esta tarea de servir las mesas, de atender a las viudas, no es una tarea insignificante, no es una tarea sin mayor importancia. La clave para entender eso está en las características que dan en el versículo para estos hombres. Pues si esto fuera nada más una labor así de alguien que sepa servir comida y alguien que sepa poner mesas, no necesitarían que tuvieran estas características: "Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría". Pues estos no podían ser cualquiera, cualquiera que tuviera cierta habilidad física para hacer algo. Estas eran personas que tenían que tener un cierto grado de madurez, de conocimiento en la Palabra.
Y aquí nuevamente está la importancia de la enseñanza de la Palabra, porque pueden encontrar personas con estas características porque precisamente han estado aprendiendo de los apóstoles la Palabra. O sea: "Y ustedes, que van a escogerlos, ¿cómo van a discernir? Porque ya saben de la Palabra". O sea, ven qué tan importante es la Palabra aquí. La Palabra es la que ha permitido que haya personas capacitadas para hacer esta labor; la Palabra es la que ha permitido que la iglesia ahora tenga el discernimiento para escoger a estas personas. Por eso dicen: "No podemos descuidar la predicación de la Palabra, porque es precisamente por la predicación de la Palabra que ahora tenemos la posibilidad de que otros entren al liderazgo de la iglesia también y puedan ser usados por Dios también".
Entonces estos son los dos tipos de ministerios que se están desarrollando en la iglesia: ministerios de amor y ministerios de la Palabra. Estas personas que van a escoger —vamos a verlo en un momento; voy a meterme un poquito más en esto en un momento—, estas personas que van a escoger también van a predicar la Palabra, y saben predicar la Palabra, y también es parte de su ministerio. Así como creo que los apóstoles siguieron sirviendo mesas, estos diáconos también predicaron la Palabra, y de hecho esa es la razón principal por la que vamos a conocer a algunos de ellos.
La congregación escoge
Pero lo que quiero que vean es que la congregación los escoge. Esta es una clave muy importante aquí, porque la iglesia... bueno, ¿es una democracia la iglesia? ¿Qué es la iglesia, cómo funciona aquí? Sí. Nosotros hablamos del consejo pastoral, de las personas que están en el liderazgo en la iglesia. ¿Cómo llegaron a donde están? ¿Quién dijo: "A ver, tú, tú, tú, tú"? Hay algo muy importante aquí, y es que el liderazgo es reconocido naturalmente, porque la Biblia nos da los parámetros para el liderazgo. Y una congregación que ha estado creciendo en el conocimiento de la Palabra debería de saber reconocer a sus líderes.
O sea, nunca debería ser una imposición: "Este es tu pastor porque digo que es tu pastor", o "Yo soy tu pastor porque, a ver, ¿quién dice que no?". O sea, así podría existir la dinámica de liderazgo en la iglesia: por imposición, y porque un presbiterio manda al pastor y dice: "Ahora les toca este". Así se podría dar, y de hecho así se da en algunas iglesias. No quiero meterme en criticar otros sistemas, pero creo que la manera natural en la cual el liderazgo debería surgir es porque la iglesia ha aprendido a discernir cuáles son las características de un líder, y porque, como nos conocemos, también sabemos quiénes están calificados para ser líderes en la iglesia. Llegará un momento más en que así pase en nuestra iglesia también, y creo que es un tema importante que tenemos que evaluar.
Los problemas con las viudas continuaron
Pero bueno, los apóstoles proponen una solución. Esta solución no necesariamente funciona perfectamente. Por el momento funcionó, pero vamos a ver más adelante que los problemas con las viudas se siguen dando en la iglesia. El Santiago que probablemente estaba aquí entre este grupo, que era hermano de Jesús, escribió en Santiago 1:27 que la religión pura es visitar viudas y huérfanos. O sea, esto siguió siendo una tarea esencial de la iglesia: cómo cuidamos de nuestras viudas.
Pero nada más para que vean —y se los muestro porque hemos leído tantos pasajes hasta ahorita en Hechos donde la iglesia suena como una iglesia tan perfecta, y envidiamos ser esa iglesia, y decimos: "¡Ay, cómo quisiéramos ser la primera iglesia!"—, no nos damos cuenta realmente de todos los problemas que estaban sucediendo desde ese tiempo. Y vamos a seguir estudiando Hechos, y van a ver que vienen muchos más problemas todavía. Pero ya vimos que hay gente como Ananías y Safira dentro de la iglesia; ya vimos que hay murmuradores dentro de la iglesia. Los apóstoles no están tratando de defenderse; no están tratando de decir: "¿Cómo se atreven a criticar nuestras decisiones de cómo repartir la comida, si somos los apóstoles, somos tan sabios?". No hacen eso. Simplemente dicen: "A ver, vamos a solucionar esto. Que se solucione, por favor". Eso es lo que están haciendo.
1 Timoteo 5: honra a las viudas
Y evidentemente las cosas se siguieron complicando, porque Pablo escribió más acerca de esto en 1 Timoteo 5. Creo que vean nomás: les queda el panorama de cómo este tema no era tan sencillo, y se tuvieron que seguir poniendo parámetros; se tuvieron que seguir poniendo ciertas reglas que ayudaran a administrar las cosas correctamente. 1 Timoteo 5, versículo 3: "Honra a las viudas que en verdad lo son". O sea, hay de viudas a viudas, dice Pablo. "Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios. Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día. Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta. Manda también estas cosas, para que sean irreprensibles; porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.
Sea puesta en la lista solo la viuda no menor de sesenta años, que haya sido esposa de un solo marido, que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos; si ha practicado la hospitalidad; si ha lavado los pies de los santos; si ha socorrido a los afligidos; si ha practicado toda buena obra. Pero viudas más jóvenes no admitas; porque cuando, impulsadas por sus deseos, se rebelan contra Cristo, quieren casarse, incurriendo así en condenación, por haber quebrantado su primera fe. Y también aprenden a ser ociosas, andando de casa en casa; y no solamente ociosas, sino también chismosas y entremetidas, hablando lo que no debieran.
Quiero, pues, que las viudas jóvenes se casen, críen hijos, gobiernen su casa; que no den al adversario ninguna ocasión de maledicencia. Porque ya algunas se han apartado en pos de Satanás. Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas".
Había problemas. Ahora, Pablo nos deja ver bien claro que sí había problemas, porque dice: "Híjole, creo que le están ayudando a algunas que no conviene ayudar". No se depriman, hermanas viudas que están aquí; las queremos mucho, y es nuestra responsabilidad como iglesia cuidarlas. Pero tenemos que ser muy sabios, especialmente en la administración de los recursos de la iglesia. Solo les leo esto para que vean que es una situación compleja. Y bueno, esta era una situación compleja en la primera iglesia.
Siete hombres con nombres griegos
¿Saben qué? Un detalle muy importante aquí es que, cuando escogen a estos hombres, todos tienen nombres griegos. ¿Qué significa eso? ¿Entre quiénes se dan los problemas? Entre los judíos griegos y los palestinos. O sea, los griegos quejándose: "Ay, es que no nos hacen caso". Y los siete hombres que se escogen... no sé cómo haya sido la dinámica para escogerlos, o sea, no sé qué tan intencional haya sido esto, pero al final este es el punto: estos siete diáconos son helenistas. Son de esta categoría, de este grupo de los que se estaban quejando de que los estaban descuidando. Y creo que es estratégico. Creo que era una manera de decir: "A ver, si el problema es lo del idioma, si el problema es cultural, estas personas van a ayudar a que esto se resuelva y se balancee un poco la cosa". Porque recuerden: el núcleo en realidad de la iglesia, de los apóstoles, eran judíos palestinos; ese era el núcleo, por lo cual probablemente se estaba dando esta preferencia. A lo mejor, no sé.
Pero el punto es que aquí está la lista de los que van a encargarse. Dice: "Agradó la propuesta a la multitud; eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, a Nicolás prosélito de Antioquía; los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos".
Delegar es confiar
Hay tantos ministerios en la iglesia. Esto es una cuestión administrativa. O sea, aquí está: lo que representa ser una iglesia requiere de buena administración, porque hay tantas áreas que se tienen que cubrir: consejería, dinero, eventos, predicación, música; tantos ministerios diferentes que empiezan a surgir cuando empezamos a ser una iglesia, especialmente cuando empezamos a crecer. No todos podemos estar involucrados en todo de la misma manera; no se puede. Necesitamos que la iglesia se involucre; necesitamos que surjan líderes dentro de la iglesia.
Y la clave aquí de lo que está pasando es que los apóstoles están delegando. Están pasando... se están delegando a alguien más: "A ver, tú te encargas". ¿Y saben qué significa eso? Delegar significa: "Yo confío en ti y en las decisiones que vas a tomar, aunque no sean las mismas decisiones que yo hubiera tomado". Eso significa. Porque si digo: "Sí, yo voy a asignar gente que haga todo igual que yo", entonces no estoy delegando; estoy controlando todavía. No. Yo en realidad sigo siendo el que está a cargo, porque si alguien no hace las cosas como yo las haría, entonces eres un mal líder. Es muy importante aquí: los apóstoles realmente les están pasando a ellos la labor de llevar a cabo esta tarea, y en realidad confían en ellos. Y confían en ellos, creo, principalmente, irónicamente, para la predicación de la Palabra.
Esteban y Felipe: diáconos que predican
Dos de estos que están en la lista van a aparecer muy pronto. De hecho, el próximo domingo vamos a ver a Esteban. Y lo primero y lo más importante que sabemos acerca de Esteban es que predicó uno de los sermones exhaustivos en cuanto a las implicaciones que tenía el Antiguo Testamento en relación al evangelio, a la vida de Cristo y el evangelio; muy parecido a lo que predicaba Pedro. Lo más famoso que vamos a saber acerca de Esteban es su sermón, y que es prácticamente el primer mártir de Hechos.
Felipe es llamado "Felipe el evangelista". Felipe, ¿qué es lo que hacía? Evangelizaba. Vamos a leer más acerca de él en Hechos. Entonces Esteban va a guiar hacia la conversión de Pablo; Felipe también va a llevar a la conversión... En estos momentos, ¿se acuerdan? "En Jerusalén, en Judea, Samaria, hasta lo último de la tierra". Este es el momento en el que realmente, a través de los diáconos, el evangelio se va a salir de Jerusalén. Es lo que nos muestra Lucas, por lo menos: que es en realidad la labor evangelística y de la predicación del evangelio de estos diáconos lo que lleva a que el evangelio realmente llegue a todo el mundo.
Entonces esto lo digo porque a veces hacemos estas categorías y pensamos: "Es que este es mi don, este es mi llamado; entonces esto es lo que yo debo de hacer, y nada más esto". Pero la iglesia no funciona así, porque tampoco estaba funcionando de esta manera aquí. O sea, ya les dije: los apóstoles habían venido sirviendo mesas y no dejaron de servir mesas; simplemente no dejaron que eso se convirtiera en todo el enfoque de su ministerio. Los diáconos fueron asignados a servir mesas, ¿y qué hacen? Predicar. Entonces nos damos cuenta de que no hay una exclusividad aquí de áreas donde digan: "Yo, como hago esto, no hago esto". Sino: "Yo hago lo que se necesite".
¿Cómo puedo aligerar la carga de mis líderes?
Y como iglesia necesitamos todos ser así, y todos: "¿Cómo puedo aligerar la carga de mis líderes?". ¿No debería ser esa una pregunta que todos nos hacemos todo el tiempo? Roberto es lo que yo llamo, en este sentido, un súper diácono, porque Roberto siempre está ahí para hacer lo que se necesite. No dice: "No, yo soy uno de los pastores; son los diáconos los que sirven". No dice eso. Pero como iglesia tenemos que tener un espíritu de buscar que Dios sea glorificado en cualquier cosa que nos dé la oportunidad de hacer. Y a veces no son cosas tan glamorosas como pararse aquí enfrente y que todos me vean y que todos me escuchen, pero Dios es igualmente glorificado en las cosas pequeñas que nadie ve, que hago para Él.
Necesitan pensar: "A ver, ¿de quién es la labor de consejería aquí en la iglesia? ¿Quién se encarga de aconsejar? ¿Quién es?". "Pues ve a hablar con el hermano Paco; él es el consejero, ¿no? Él es el que debe de darte un buen consejo". ¿Así funciona la iglesia? ¿Ustedes no pueden aconsejar? ¿No conocen la Palabra? Claro que ustedes pueden aconsejar también. ¿Ustedes pueden predicar la Palabra? Claro que pueden predicar la Palabra. Estudien, prediquen, evangelicen. Pero no todos podemos estar en todo, y por eso somos un cuerpo: porque precisamente no todos podemos estar en todo. Y yo tengo que saber que ustedes van a entrar y van a hacer cosas que se necesitan hacer, cuando se necesiten hacer.
Eso es lo que el liderazgo necesita. Créanme, estando al frente de la iglesia es tan fácil abrumarse por tantas responsabilidades y por tantas cosas que tenemos. Son privilegios, son privilegios, pero al final del día no podemos hacer todo. Y yo doy gracias a Dios —o sea, no quiero sonar como que me estoy quejando, porque no me estoy quejando—, doy gracias a Dios porque, en realidad, gracias a la diversidad de dones en esta iglesia, y gracias al servicio de tantos hermanos y hermanas, especialmente del consejo pastoral, es que yo tengo tiempo para estudiar la Biblia y predicar. Tengo tiempo, hermanos. "Uy, qué mal pastor, que tiene tiempo. Soy pastor, no debería de tener tiempo". Bueno, ha sido la percepción que algunos tienen: "No tengo tiempo". Hermanos, gracias, gracias, porque este es un ministerio y un privilegio, el estudiar y enseñar la Palabra de Dios. Y tengo tiempo para hacerlo porque hemos delegado responsabilidades a otros, y otros están cumpliendo otras cosas que se necesitan hacer también en la iglesia.
El resultado: unidad del cuerpo
Así que quiero concluir con cuál fue el resultado de lo que se dio aquí. Versículo 4: los apóstoles dijeron: "Y nosotros... pues ustedes busquen estos siete hombres; nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra". Básicamente lo que están diciendo es: "A ver, ellos van a servir mesas; nosotros vamos a servir Biblia, y vamos a orar más". O sea: "Vamos a incrementar, vamos a intensificar la parte de la oración".
Y hay varios resultados que se dan. Uno es la unidad del cuerpo, y esto queda claro en el versículo 5: "Agradó la propuesta a toda la multitud". ¿No es increíble que diga eso Lucas acerca de lo que pasó en este momento? ¿Saben qué difícil es proponer algo que a todos les guste? "Pero si ustedes son los apóstoles, ustedes son los que empezaron todo esto; ustedes deberían de seguir escogiendo y diciendo quién y cómo". No: hubo unidad. Esto trajo unidad al cuerpo. Supieron resolverlo de una manera en la cual, si había un problema, se solucionó; si había murmuraciones, ya no les dieron oportunidad de seguir murmurando. Porque además, todos los que se escogieron fueron griegos. Fue una opción excelente a la cual llegaron, creo, por dirección del Espíritu Santo, que trajo mayor unidad todavía al cuerpo.
Yo me imagino que después de esto, griegos y judíos convivieron aún mejor; judíos helenistas y judíos palestinos convivieron aún más, y dijeron: "Miren qué bonito, hemos aprendido a distribuir de una manera más equitativa todas las cosas". Y a lo mejor hasta se conocieron más, a pesar de las barreras culturales y del idioma que existían.
Predicación, oración y crecimiento
Unidad del cuerpo. Número dos: predicación de la Palabra. Número tres: tiempo de oración. Y número cuatro: crecimiento de la iglesia. Vean todas estas cosas: más oración, más predicación de la Palabra. Y aquí está, versículo 7: "Y crecía la palabra del Señor". O sea, ¿qué es lo que se empezó a dar más? Más predicación. O sea, como resultado de esta crisis que vivió la iglesia, ¿qué empezó a pasar? Se empezó a predicar más. ¿Por qué? Porque probablemente ahora los apóstoles todavía se enfocaron más a estudiar y predicar. Dijeron: "Ahora sí, vamos a salir. Si salíamos antes y predicábamos un ratito, ahora vamos a predicar el doble. Si antes eran cinco horas, ahora diez". No sé cuánto tiempo; no veremos cuánto tiempo era el que predicaban en el templo. Pero sí se intensificó la predicación de la Palabra.
Los números le importan a Dios
Y aquí quiero que vean cuál es el resultado en realidad: "Y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén". Ya hemos estado viendo mucho acerca de números aquí en Hechos. Los números importan. ¿Le importan a Dios los números? Sí le importan a Dios; por eso los menciona. Si a Dios no le importara cuántos se convierten, entonces nunca haría mención de eso. No diría: "Ya, con que sea una iglesia en Cuajimalpa está bien; ya con eso. No, a Dios no le importan".
Ahora, quiero aclarar que los números nunca son nuestro objetivo final y único, porque hay muchas maneras de traer más gente a la iglesia. Hay muchas maneras. Una de ellas sería: "Vamos a dar pláticas motivacionales de cómo ganar más dinero cada domingo", y les aseguro que vamos a ser más. Pero nuestro propósito no es simplemente los números. Nuestro propósito es que la predicación de la Palabra sea la que traiga el incremento en los números. O sea, los números son importantes porque el resultado de la predicación de la Palabra son los números. ¿No es lo que estamos viendo en Hechos? Si estás predicando la Palabra, la gente se va a convertir. Si estás predicando la Palabra, el cuerpo de Dios se va a fortalecer y va a crecer.
Debemos crecer como iglesia
Entonces, ¿debemos de crecer como iglesia? Sí, debemos de crecer como iglesia. ¿Lo dudamos, verdad? Claro que debemos de crecer como iglesia. Cada año deberíamos ser más. No sé dónde van a entrar más, pero debemos de ser más. Eso es parte de la razón por la cual platicábamos acerca de esto: ¿hacemos dos servicios o no? O sea, si hacemos dos servicios, podríamos ser el doble. Pero hay más maneras también de crecer. Estamos hablando acerca de por qué no plantamos más iglesias, y por qué no empezamos a hacer grupos en otras partes de la ciudad. Porque debemos de crecer. Si no crecemos, algo está mal: o no estamos predicando la Palabra y solamente es un club social, o realmente simplemente los intereses por los cuales venimos son otros. Si estamos haciendo las cosas bien, entonces la iglesia crece.
Y así como crece la iglesia, crece el liderazgo, y eso es lo que vemos aquí. Entonces empieza a haber una pluralidad en el liderazgo; empieza a haber más y más líderes. La iglesia debe crecer; también debe haber más líderes. ¿Ustedes creen que somos suficientes líderes en nuestra iglesia? ¿Creen que necesitamos más líderes? Necesitamos más líderes, necesitamos más diáconos, necesitamos más pastores, necesitamos más personas que prediquen, necesitamos más personas que sirvan. No somos suficientes. ¿Quiénes van a ser? ¿Quiénes siguen? Como consejo pastoral, ustedes saben —para los que no saben, les voy a decir—: somos cuatro pastores y tres diáconos en la iglesia. Está mi papá, está Roberto, Alfredo, estoy yo, como pastores; y está Simón, Humberto y Rodrigo como diáconos.
Diácono significa siervo
Ahora quiero decir esto, porque esto es sumamente importante dentro de todo esto. Diácono, ¿saben qué significa? Siervo: alguien que sirve. Eso significa. Si ustedes creen que diácono es como menos, como el vicepresidente, no el presidente —o sea, le falta un escalón más: "Ya llegué a diácono; a ver si algún día llego a ser pastor"—, ¿a lo mejor así funciona? No, no funciona así. Y les voy a decir la razón por la cual no funciona así.
Jesús dijo... O sea, voy a decir esto porque quiero que vean que en un sentido todos los líderes somos diáconos. "Los reyes de los gentiles se enseñorean, se enseñorean de ellos, y los que tienen autoridad sobre ellos son llamados bienhechores; pero no es así con vosotros; antes, el mayor entre vosotros hágase como el menor, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el que se sienta a la mesa o el que sirve? ¿No lo es el que se sienta a la mesa? Sin embargo, entre vosotros yo soy como el que sirve".
La iglesia debería ser una competencia de a ver quién sirve más. Eso debería ser la iglesia; así se debería de ver: "Yo sirvo más que tú". "A ver, a ver quién puede servir más: tú a mí o yo a ti". Así debería de ser. Entonces, en ese sentido, todos deberíamos ser diáconos. O sea, en ese sentido, pastores, diáconos, todos los miembros de la iglesia están en una búsqueda constante de ser más como Jesús, que cuando vino, vino a servir. Y esto es hermoso; esto es lo que se debería de ver en toda la iglesia.
Por eso no pensamos en términos de: "Ay, si algún día llego a ser pastor, entonces sí ya llegué a donde Dios quiere que esté", o sea, el grado máximo de recompensa y de reconocimiento que Dios puede darte. Y hay iglesias que dicen: de diácono a pastor, de pastor a profeta, de profeta a apóstol... y así, tienen todos estos escalones, y ya llega este apóstol: "Ahora sí, ¡uf!". Ya más arriba ya no puede llegar. Como iglesia no estamos buscando reconocimiento, no estamos buscando un título; estamos buscando el servicio, para que todas estas cosas incrementen, para que todas estas cosas sean el resultado del servicio que hacemos en la iglesia.
Una crisis convertida en bendición
Ese es el reto con el que quiero cerrar. ¿Tenía la iglesia aquí una crisis? Sí, tenía una crisis. Ya no nos damos cuenta de qué tan grave era, qué tan serio era, pero supieron, con la ayuda del Señor, cómo hacer que esta crisis se convirtiera en una verdadera bendición para la iglesia. Vean: "muchos de los sacerdotes obedecían a la fe". ¿Sacerdotes? ¿Cuáles sacerdotes? Esto me encanta. ¿Se acuerdan de Hechos 4? ¿Quiénes eran los que se oponían? Hechos 4:1: ¿quiénes se oponían a Pedro y a Juan? Los sacerdotes.
Había muchos sacerdotes, porque tenían estos turnos para estar ahí todo el día; tres veces al día tienen que estar ahí para los sacrificios. Me imagino a estos sacerdotes teniendo la oportunidad de escuchar a los apóstoles predicar ahí, justo en el templo, todo el tiempo, y de pronto algunos de ellos se empiezan a convencer: "Creo que estos están hablando algo que es cierto, que viene de parte de Dios". Y entonces algunos sacerdotes que antes eran parte del templo y del sistema religioso judío ahora se están convirtiendo a Cristo. O sea, los que se oponían a los cristianos, los que querían encarcelarlos, los que crujían los dientes cada vez que oían predicar la Palabra de Dios: de pronto Dios empieza a hacer una obra en sus corazones, de tal manera que algunos de ellos también se empiezan a convertir.
¿No habría sido increíble verlo en la iglesia? "¿Y tú? Tú eres uno de los que me estaba dando problemas cuando estaba predicando en el templo". "Ahora sí, sí, Pedro, perdón. Pero ahora Dios ha cambiado mi corazón. Antes me oponía; ahora me doy cuenta de que esto es la verdad de la Palabra de Dios, lo que ustedes están predicando". La oración y la predicación de la Palabra incrementaron gracias a esta crisis.
Más gente, más problemas
Ahora, les digo esto por la siguiente razón: al crecer como iglesia, vamos a seguir predicando la Palabra, vamos a seguir orando, vamos a seguir trabajando juntos, sirviendo, y como resultado la iglesia debe de crecer. Pero esta es la parte que no nos gusta tanto: cuando la iglesia crece, también crecen los problemas. O sea, si somos más gente, va a haber más problemas, porque cada quien representa un problema. Entonces, más gente, más problemas.
Nosotros venimos de una denominación que son los Hermanos Libres. Y tristemente, creo yo, los Hermanos Libres se han jactado de qué tan chiquitas son sus iglesias. O sea, eso es como un distintivo de los hermanos: su iglesia pequeña, "porque al fin y al cabo así somos una familia y todos nos conocemos". Y entonces les da miedo crecer. No quieren ser más, porque quién sabe quién va a entrar por esa puerta: "¿Qué tal si es alguien que trae muchos problemas, o es alguien chismoso?". Y nos da miedo, porque nos sentimos amenazados. Estamos tan cómodos con los que somos y como estamos, que decimos: "Ya, ya, con los que estamos, así nos quedamos. Ya no inviten más gente a la iglesia, ¿sale? Ustedes, los que están, sigan viniendo, pero ya no traigan más gente. Ya, ya, ya, como que ya llegamos a un número que está bien; nos sentimos cómodos". De por sí tenemos mucha razón para quejarnos todavía, ¿no? Pues ya hay hermanos que, estoy seguro, todavía pueden decir: "Llevo tres años aquí y el hermano Paco todavía no se acuerda de cómo me llamo". Entonces, imagínense si somos más.
El reto
Pero la realidad del reto que este pasaje ha puesto delante de nosotros es: la iglesia debe crecer. Y sí, va a haber más problemas. Pero Dios va a usar esos problemas para hacer más bendiciones para su iglesia también, si enfrentamos esos problemas con sabiduría, con la guía del Espíritu Santo, orando más, predicando más. Les aseguro que todo lo que enfrentemos como iglesia será una bendición al final, porque el resultado será más gente conociendo a Cristo a través de su Palabra, creciendo en la fe, animándonos unos a otros.
¿Qué tiene en el futuro Dios para nosotros? ¿Qué sigue? No lo sabemos. Ya viene el 2017. Pero sabemos en qué cosas tenemos que seguir siendo fieles, y sabemos que Dios quiere que más gente le conozca. Así que nuestra oración es que Dios nos siga ayudando a serle fieles en nuestro servicio a Dios dentro de la iglesia, y en la predicación de la Palabra fuera de la iglesia, para ser la luz y la sal que el mundo necesita.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
Qué esperar si vienes →