Dulce refugio
Transcripción
La canción del corazón
Gracias. Sí. Sí. Buenos días, mis hermanos. Que el Señor traiga bendición a través de Su Palabra. El día de hoy vamos a considerar el Salmo 52. Entonces, me gustaría que puedas ubicarte en el Salmo 52. Tú sabes que la música tiene un algo que trasciende el tiempo, que marca épocas, que impone tendencias, y casi podríamos decir que es una herramienta que ayuda a transformar el mundo en el que nosotros vivimos. En un plano personal, creo que podría asegurar que todos y cada uno de nosotros tenemos canciones que nos llevan particularmente a recordar un momento de nuestra vida; y momentos principalmente importantes de nuestra vida, que han marcado una profunda tristeza a través de la pérdida, una decepción amorosa, el confinamiento de una pandemia; o momentos de enorme alegría, como el día de tu boda, la euforia de una Copa del Mundo, el entretiempo de un Super Bowl.
Tenemos música que le da la identidad, o que habla de la identidad de una nación, de la identidad de su historia, y lo hacen con la solemnidad de su himno. Hay personas que no pueden vivir sin escuchar música. Algunos no pueden ni siquiera dejar de cantar. Muchos otros componen sus propias canciones; como lo dice una película de niños: la canción del corazón. Decía Facundo Cabral, de una manera muy poética —la condición, perdón, "mi condición", y cito—: "Mi condición es la vida, y mi camino, cantar. Cantar y contar la vida es mi manera de andar".
David, el ungido, tenía muchas razones para cantar; también tenía muchas historias que contar. Pero, más que un compositor o un músico destacado, él era un adorador en espíritu y en verdad. Ese era su andar. Lo que vamos a explorar el día de hoy, mis hermanos, es la canción del corazón de un hombre perseguido que estuvo al borde de la muerte. Pero que, en medio de la crueldad que lo acorraló —y dentro de esa crueldad debemos incluir su propio pecado—, David encontró un dulce refugio.
¿En qué te refugias?
Quiero preguntarte algo, hermano, y no quiero que automatices la respuesta a una respuesta correcta. No lo hagas; ni siquiera en tu mente. Y tranquilo, nadie de nosotros te va a escuchar. Solamente Dios. Solo Aquel que no mira la apariencia, sino el Señor, que ve el corazón. ¿En qué te refugias? ¿Por qué te refugias ahí? ¿Qué te hace pensar que ese lugar es seguro? ¿En qué te refugias? ¿Por qué te refugias ahí? ¿Y qué te hace pensar que ese lugar es seguro?
Lectura del Salmo 52
Y para esto, mi hermano, vamos a considerar entonces el Salmo 52. Y dice la Escritura de esta forma; empieza con una pregunta: "¿Por qué te glorías del mal, oh poderoso? La misericordia de Dios es constante. Tu lengua trama destrucción, como afilada navaja, oh artífice de engaño. Amas el mal que el bien, la mentira más que decir lo que es justo. Selah. Amas toda palabra destructora, oh lengua de engaño. Pero Dios te destruirá para siempre, y te arrebatará y te arrancará de tu tienda, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Los justos verán esto y temerán, y se reirán de él, diciendo" —versículo 7—: "'Ese es el hombre que no quiso hacer de Dios su refugio, sino que confió en la abundancia de sus riquezas y se hizo fuerte en sus malos deseos'. Pero yo soy como un olivo verde en la casa de Dios. En la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Te daré gracias para siempre por lo que has hecho, y esperaré en Tu nombre, porque eres bueno delante de los santos".
Mi principal propósito en esta mañana, hermano, es que tu refugio esté en el Señor; que no esté en las efímeras y pálidas riquezas ofrecidas por este mundo. Consideremos juntos, dentro de este texto, en primer lugar, el refugio del malvado. En segundo lugar, un refugio equivocado. Y, por último, el refugio de los justos.
El título: un masquil de David
Dice el título de este salmo —seguramente en tu Biblia lo tienes—: "Lo vano de la maldad que se gloria". Y después menciona la siguiente descripción: "Para el director del coro. Masquil de David, cuando Doeg el edomita informó a Saúl, diciéndole: 'David está en casa de Ahimelec'". De entrada, mis hermanos, esta inscripción, o este epígrafe, nos dice tres cosas de este salmo, del salmo que estamos a punto de considerar. La primera: hay una instrucción litúrgica dentro de esto. Este texto fue entregado al director del coro del templo para que pudiera ser musicalizado. En segundo lugar, la palabra "masquil" que aparece ahí significa "poema contemplativo". Y esto es muy importante, mi hermano, porque se refiere a que este canto que estamos a punto de considerar tiene una lección de sabiduría para nuestra vida.
Y, por último, y lo más importante para nosotros el día de hoy: nos ubica en un momento particular de la vida de David. Este momento se encuentra en el primer libro de Samuel, capítulo 22, versículos 6 al 23. Y, como ya te diste cuenta, mi hermano, no puede ser casualidad que, después de tener esta pausa del estudio del libro de 1 Samuel por medio de nuestro pastor Nathan, este sea el tercer sermón de Salmos y sigamos hablando del primer libro de Samuel. No es ninguna casualidad, mi hermano.
Pero quiero decirte que este entretiempo que estamos teniendo en estas semanas en Salmos es mucho más que un repaso o un resumen de lo que nosotros ya habíamos escuchado. Y me refiero a que el relato que estamos viendo ahí nos deja ver la forma en la que Dios fue acomodando todo, usando todas las circunstancias, a las personas, y hasta el mismo pecado de todas las personas —incluido David—, para entretejer el drama de la redención. Y estos salmos nos dejan ver el corazón de un hombre como David, santificado por el Señor por medio del sufrimiento, a pesar de su pecado. Y así es como obtenemos para nosotros edificación y una lección de sabiduría.
El refugio del malvado: "¡Oh poderoso!"
Dice el texto en el versículo 1 —empieza con esta pregunta—: "¿Por qué te glorías del mal, oh poderoso? La misericordia de Dios es constante". En la cabeza de David, el título "oh poderoso" tiene un nombre: Doeg. Por favor, recuerda a este pastor principal de los ganados de Saúl. Este hombre perteneció… presenció, perdón, el encuentro de David con Ahimelec en la tierra de Nob, en el primer libro de Samuel, capítulo 21:7. Resulta curioso que este expastor de ovejas —o un expastor de ovejas como David, quien derrotó al gigante Goliat y ahora es el ungido de Dios— llame "poderoso" a un pastor cuya única credencial que ostenta es ser el jefe del ganado del rey. Es decir, esto no le alcanza para ser nombrado como un poderoso.
De manera, hermano, que lo que estamos viendo aquí es una forma irónica de referirse a Doeg como "el poderoso". Lo único que le sobreabunda a este Doeg, a este hombre, es su maldad. Él alardeaba de esto; lo presumía como su mayor riqueza. Y, mi hermano, esto nos hace pensar en la forma de maldad que vemos y vivimos nosotros todos los días, y la manera en la que el mundo la presume y alardea de ella.
Los narcocorridos
Y como comencé hablando de música, quiero preguntarte si tú conoces este género musical de los narcocorridos, o de los corridos tumbados. Probablemente has escuchado algo de esto. Este género es un medio que lleva algo… Es un medio que en sus letras habla de relatos reales, exagerados o inclusive inventados sobre las maldades de los narcotraficantes. Lo particular de esto, mi hermano, es que ensalzan el poder, dinero, lujos y violencia de los jefes de estos cárteles criminales.
Igual que el… es un patrón —un patrón, perdón— claramente observable de aquellos que se enorgullecen de sus sangrientas acciones: lo alardean, quieren hablar de eso, quieren que la gente les aplauda. Y ahora no dejes de observar, mi hermano, la asombrosa verdad que contiene no solo este versículo… Quiero que escuches lo que contiene este versículo, esta asombrosa verdad: por más maldad que ostente el más malvado de los malvados, tiene fecha de caducidad. Los malos, mi hermano, son como paja que se lleva el viento, como dice el Salmo 1:4. ¿Existe, mi hermano, algo más temporal y pasajero que una hoja en el piso? Y he ahí el maravilloso contraste de este primer versículo: la bondad de Dios perdura continuamente y para siempre, sin fin.
La lengua del malvado
Entonces podemos observar que el refugio del mal es débil y es pasajero. En los siguientes versículos vamos a encontrar cuál es el refugio del malvado. Versículo 2: "Tu lengua trama destrucción, como afilada navaja, oh artífice de engaño. Amas el mal que el bien, la mentira más que decir lo que es justo. Amas toda palabra destructora, oh lengua de engaño". No es fortuito que Santiago nos diga en su carta, en su epístola, que la lengua, a pesar de ser un pequeñísimo miembro de nuestro cuerpo, se jacta, o presume, de grandes cosas.
Veamos de qué habla la lengua del poderoso Doeg. Dice que trama destrucción, es artífice del engaño, ama el mal y la mentira, y también ama la palabra destructora. Mi hermano, observa cómo David organiza su pensamiento en estos tres versículos. Comienza con las acciones. Ahí lo tenemos: trama destrucción y es artífice del engaño. Eso es en el versículo 2. Y en el versículo 4 nos muestra de dónde vienen estas acciones, de dónde nacen: nacen de que Doeg ama la palabra destructora; es decir, ama la mentira, y también ama la palabra que destruye, esta palabra destructora.
Esto significa que tenemos acciones visibles que destruyen y que engañan, y son precedidas de un deseo superficial de parte del malvado, que es: ama la mentira y ama la palabra destructora. Pero lo potente de esto, mi hermano, es que Doeg no tramaba la destrucción solo porque quería llamar la atención, o inventaba mentiras porque buscaba validación de parte de las personas, o para sentirse relevante en medio de su mundo. La razón tiene que ver más con el deseo profundo que había en el corazón de Doeg, lo que nacía del fondo de su corazón. ¿Y cuál es este deseo? Lo dice David ahí: ama el mal. Doeg ama el mal.
Nos refugiamos en aquello que amamos
Hermano, ¿puedes ver qué terrible y triste es esto? Las acciones de Doeg —incluyendo ir con el chisme a Saúl de dónde estaba David— no son consecuencia de sus circunstancias, no son un mero accidente, no son errores humanos porque somos imperfectos. No, mi hermano: es el pecado sin freno de un hombre que ama aquello que a sus ojos es atractivo, aquello que ha cautivado su corazón, aquello que es su tesoro y riqueza, aquello que ha hecho su refugio. Mi hermano, nos refugiamos en aquello que nosotros amamos. Ese es nuestro refugio. Yo sé que conoces Mateo 6:21. Me gustaría que pudieras ayudarme a terminarlo: "Porque donde está tu tesoro, ahí está también tu corazón".
El refugio del malvado es el mal. Yo sé que se escucha un poquito redundante: el refugio del malvado es el mal. Pero ¿qué tal te suena de la siguiente forma? El refugio del malvado es en las tinieblas y en la oscuridad, en el alejamiento de Dios. Su refugio se encuentra en la ausencia completa de luz, que es nuestro Señor. No sé si tú has visto a los peces más horribles del océano. Esos peces se encuentran en lo más profundo del mar, en lo más lejano del mar, en donde no alcanza la luz. Si Doeg fuera un pez, sería uno de esos. Y, de paso, si quieres buscar alguno de ellos, busca el pez telescopio o el pez gota. Búscalos —no ahorita, pero búscalos más adelante— y te vas a dar cuenta a lo que me refiero. Ese es el punto, mi hermano.
Nuestra lengua: una navaja afilada
Quiero traer una aplicación en este instante que nos haga considerar también nuestro pecado. Porque si vemos a Doeg, podríamos decir: "Bueno, yo no soy tan malo, yo no he matado a tantas personas; entonces, mira, no me aplica a mí". Pero no es así, mi hermano. Quiero que consideremos nuestro propio pecado, nuestra ausencia de luz en aquellas ocasiones en las que nos escondemos de Dios, deliberadamente o por omisión. ¿Qué dice el texto de nuestra lengua? Dice que trama destrucción como afilada navaja. El autor nos hace ver con esta ilustración que la lengua es un instrumento como una navaja afilada; dice ahí.
Con una navaja, sí, tú puedes hacer cosas bastante útiles. De hecho, te puede ser tan útil que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte para ti. Pero también, mi hermano, es un instrumento con el que podrías hacer terribles acciones, o terrible daño a alguien más. Eso es inevitable, o incuestionable. Y antes de ir al punto al que quiero llegar: Santiago dice que la lengua es una pequeña llama de fuego con la capacidad —escucha esto— de incendiar todo un bosque. Tiene esa capacidad nuestra boca.
Una comunidad de protección para los huérfanos
Lo que estoy a punto de decir, mi hermano, es muy específico, y quiero tratarlo con mucho cuidado y con gracia; pero también, mi hermano, quiero hacerlo con firmeza. La iglesia debe de ser una comunidad de protección para aquellos que vivieron en orfandad, o que aún son huérfanos atribulados; atribulados por una vida llena de palabras que los han destrozado en su corta vida, o en su larga historia. Ellos cuentan con múltiples y devastadores incendios forestales en su corazón o en su vida. Mis amados, la mayoría de ellos tienen calcinado el corazón; albergan heridas en el alma que solo el amor inagotable de Cristo puede sanar, por medio de Su Palabra fiel, que no falla. Y por medio, mi hermano —escucha esto—, de Su pueblo imperfectamente fiel, que Él usa para llevar a cabo Sus propósitos salvíficos.
Mi hermano, no hemos sido llamados a satisfacer nuestra curiosidad cuando preguntamos cosas como: "¿Y quiénes son tus padres verdaderos? ¿Por qué te abandonaron?", o cosas similares. Esto, mi hermano, hace que se incendie un bosque en el corazón de ellos. Yo sé que algunas veces no será de manera malintencionada, o puede ser algunas veces hasta por desconocimiento. Sabemos esas cosas, mi hermano. Pero otras veces —y no podemos negarlo— pudiera proceder porque abunda el pecado en nosotros, y de lo que hay en nuestro corazón habla la boca, ¿cierto?
Por el tamaño de este miembro, la boca, pudiera parecer que es un cuchillo para untar mantequilla, pero la realidad es que es una espada con la capacidad de dañar. Mi hermano, debemos aprender la sabiduría del cielo cuando se dice que "en las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente": Proverbios 10:19. Es tarea de la Iglesia la protección, y el cuidado, y la consolación de los huérfanos, y de los que fueron adoptados y ahora son hijos. Cuidemos lo que decimos, y los estaremos protegiendo. Esa es la sabiduría de lo alto, hermano: "Primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía", dice Santiago 3:17. Si tú quieres saber más de cómo proveer esta protección y cuidado en esta área, no te pierdas el entrenamiento que vamos a tener el día de hoy con Alas, y la próxima semana.
Seguimos haciendo esa invitación.
Un refugio equivocado
Pero bueno, ya conocemos que el malvado se refugia en las tinieblas, y ahora vamos a explorar por qué este refugio es un refugio equivocado. Versículos 5 y 7: "Pero Dios te destruirá para siempre, te arrebatará y te arrancará de tu tienda, y te desarraigará de la tierra de los vivientes. Los justos verán esto y temerán, y se reirán de él, diciendo: 'Ese es el hombre que no quiso hacer de Dios su refugio, sino que confió en la abundancia de sus riquezas y se hizo fuerte en sus malos deseos'". Tenemos esta frase cortitita, pero que parte el salmo en dos: "Pero Dios". Estas dos palabras juntas, mi hermano, son explosivas. Significan que Dios está a punto de intervenir con gran poder y autoridad. Y, en última instancia, los malvados están en las manos de un Dios perfectamente justo.
La matanza de los sacerdotes de Nob
Pero nota el lenguaje, mi hermano, nótalo: "Te destruirá para siempre, te arrancará de tu tienda, te desarraigará de la tierra". En el primer libro de Samuel, en el capítulo 22, versículos 11 y 19, narran la matanza de los sacerdotes. Y bueno, tenemos ahí a Ahimelec. Después de que Doeg fue con el chisme a Saúl acerca de dónde estaba este David, el rey Saúl manda a llamar a Ahimelec, que es uno de los sacerdotes. Lo manda a llamar y le empieza a reclamar. Chema nos recordaba esta historia también la semana pasada. Pero recuerda que lo manda a llamar y le empieza a cuestionar: "¿Por qué recibiste a David? ¿Por qué le diste de comer? ¿Por qué consultaste a Dios para él? ¿Por qué lo armaste? ¿Por qué le diste armas? ¿No sabes que él está en contra de mí?".
Y Ahimelec no sabía. Acuérdate de que David le había mentido, y Ahimelec no tenía ni la más remota idea, y contesta de manera muy sincera: "Señor, yo no sé de lo que hablas. ¿No es acaso David tu siervo más fiel? ¿O tienen familiaridad? ¿No se casó con tu hija? ¿De qué me estás hablando? Yo no conozco ningún problema que tú tengas con David". Y, a pesar de eso, Saúl lo condena a muerte.
Y en el versículo 18 dice lo siguiente: "Entonces el rey Doeg…" —perdón—, "entonces el rey dijo a Doeg…". Porque acuérdate también de algo: lo manda a matar, manda a matar a Ahimelec, y le dice a su escolta: "Vayan y mátenlos". Y sus escoltas, o los soldados de Saúl, en un momento de sensatez, dicen: "Yo no voy a hacer eso. Yo no voy a ir a matar a los que representan a Dios". Y entonces David, el rey… el rey, perdón, Saúl, le dijo a Doeg: "Vuélvete y ataca a los sacerdotes". "Y Doeg el edomita se volvió y atacó a los sacerdotes, y mató aquel día a 85 hombres que vestían el efod de lino. Y a Nob, ciudad de los sacerdotes, la hirió a filo de espada: tanto hombres como mujeres, tanto niños como niños de pecho; también hirió a filo de espada bueyes, asnos y ovejas".
Ahimelec y su familia, y los habitantes de Nob, fueron arrancados de su morada, arrancados de su tierra; fueron destruidos. Y de la misma forma Dios destruirá para siempre —o lo destruirá a él y a los malvados para siempre—, arrancándolos de su morada. Esta no es solamente una promesa hecha exclusivamente para el proactivo Doeg. Y le llamo así porque se le ordenó que matara a los sacerdotes. Y si de por sí este ya es un acto malvado —recuerda que mató a sacerdotes que no tenían armas; la única espada que tenían era la espada de Goliat, y se la dio a David—, pues creyó que no era suficiente, y fue a matar a mujeres, y a niños, y a bebés, como los que abundan en nuestra iglesia, hermano; hijos como los nuestros. Me pregunto qué tan densa debe de ser la maldad y la oscuridad de una persona como para que su corazón ni siquiera sea incomodado al matar a un bebé.
"Mía es la venganza"
Esta promesa de destrucción que el Señor hace es como un acta de decreto para los que infunden terror en la tierra. No serán librados, mi hermano; tenlo por cierto. "Mía es la venganza, yo pagaré", dice el Señor. Y esa es como su quitarrisas, para ellos, para el malvado. La destrucción de parte de Dios es lo que nos permite ver que el mal es un refugio equivocado, ya que no es un refugio seguro ni duradero. Y no lo es, hermano, porque Dios tiene un acceso libre a esa guarida, y los va a desarraigar de la tierra. Nadie se burla del Señor y vive para contarlo.
Dicen que el que ríe al último ríe mejor. No tenía ni la idea de que pudiera utilizar este dicho para poder ilustrar algo acerca de las Escrituras. Pero es verdad: ya pudimos ver que el malvado se ríe primero de sus fechorías y presume voluntariamente su maldad. Después hay esta declaración de que va a ser exterminado. Y al final, ¿quién es el que ríe? El justo. El que ríe al final es el justo.
Los justos verán y temerán
Mi hermano, quiero que notes muy bien lo que dice el verso 6, antes de las risas de los justos. Dice el pasaje: "Los justos verán esto y temerán". En nuestros días quizá podríamos pensar que una persona que ve, teme y después ríe casi seguro está muy entretenida viendo una serie —y una muy buena, porque te lleva del temor a la risa—. El sentido del texto, cuando usa la palabra "verán", no es de espectadores entretenidos por un show; es el de testigos que contemplan, que examinan claramente lo que Dios ha hecho, y tiemblan maravillados; y solo después de eso se ríen, después de ser asombrados por lo que Dios ha hecho.
Por cierto, como una pequeña nota en medio de todo esto, quiero que observes que David con frecuencia llama a los justos, se dirige a ellos en plural, como una comunidad, invitándolos a responder todos juntos a Dios: a cantar, a alegrarse, a alabar, a temer, a confiar, a reír. Esto combate, mi hermano, nuestro individualismo. No te aísles, hermano, no te aísles. Quédate 10 minutos después del servicio a platicar con alguien. Haz una comunidad con otros hermanos entre semana. Conoce y sé conocido por otros. Eso de verdad trae bendición al corazón del creyente. No quería dejar pasar por alto esta verdad.
"Dios no es necesario"
Pero regresemos al texto, porque no parece indicar que los justos encuentren divertido el juicio, y que su burla se enfoque en cómo Dios está aplicando Su justicia. El texto parece sugerir que no es esto lo que está pasando. Los justos no se están riendo de cómo están siendo derrotados los malvados, sino de por qué. Hermanos, podría sonar chocante lo que voy a decir, pero lo peor de los malvados no es que maten a muchos bebés; ese no es el fondo de su maldad. Lo peor es que creen —y escúchalo bien, hermano— que Dios no es necesario. Lo peor de los malvados es que creen que Dios no es necesario. Ahí es en donde se encuentra su morada: en la idea de que Dios no es necesario, donde han hecho su refugio. Y es un refugio completamente equivocado, porque es donde Dios los arranca cuando se siente a juzgar con gran poder.
¿Sabes qué? Otro momento de la historia de la humanidad nos presenta esta idea de que Dios no es necesario, y la gritó con gran fuerza, cuando los judíos gritaron: "¡Dadnos a Barrabás!". Y se podría escuchar a la gente diciendo: "Dios no es necesario". Cuando le pusieron en la cabeza al Mesías una corona de espinos para burlarse de Él, podría haberse escuchado: "Dios no es necesario". Cuando colgaron al Rey del universo, al Rey, a la raíz de David, podría haberse escuchado: "Dios no es necesario".
Velo ahí, mi hermano: "Y se reirán de él, diciendo: 'Este es el hombre que no quiso hacer de Dios su refugio, sino que confió en la abundancia de sus riquezas y se hizo fuerte en sus malos deseos'". Ahí está el motivo: "no quiso". Encontramos voluntad, una decisión por parte de Doeg. Doeg rechazó a Dios y depositó su confianza en las riquezas que él había obtenido. Probablemente Saúl lo recompensó por cada cabeza que le entregó a sus pies. Esa es la recompensa; o esa recompensa pudo haberlo hecho más necio en sus razonamientos. "El necio ha dicho en su corazón: 'No hay Dios'": Salmo 14:1. Gracias. Él creyó que podía seguir acumulando riquezas, engañando y matando. Y así es como fortaleció sus malos deseos, por la recompensa que podría traer de esto.
La tostadora
Para ponerlo en palabras más sencillas, mi hermano: ¿alguna vez viste un programa llamado Escape perfecto? Si la persona contestaba correctamente una pregunta, abrían una de estas puertas, como las que nosotros vemos en Walmart, que se abren así, y allí adentro había toda clase de premios. Pero solo tenían unos pocos segundos para poder agarrar todo lo que pudieran y salir de ahí con todos los premios que sus manos alcanzaran. Seguramente te reíste con desesperación cuando alguien tenía enfrente de él una pantalla o una computadora, y en lugar de tomar eso se llevó una tostadora. Claro, hermano: frente a él estaba algo supremamente más valioso, y sacaste eso, una tostadora. ¿Es en serio?
Es el tipo de risa que provoca a los justos ver cómo el malvado prefiere obtener la basura de la maldad, en contraste con lo hermoso —como lo decía nuestro hermano Pablo hace rato—, con lo hermoso y maravilloso que es nuestro Señor. Ese es el contraste. Hasta el momento hemos visto que el refugio del malvado está en las tinieblas y alejado de Dios. También estamos seguros de que ese refugio es equivocado, ¿cierto? Porque el Señor, en Su juicio, fácilmente, sin ningún problema, los va a arrancar de ahí y los va a destruir.
El refugio de los justos
Y esto nos lleva al último punto del día de hoy, mi hermano: el refugio de los justos. Versículo 8: "Pero yo soy como olivo…". "Pero yo soy como olivo verde en la casa de Dios; en la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Te daré gracias para siempre por lo que has hecho, y esperaré en Tu nombre, porque es bueno, delante de Tus santos". Qué hermoso, hermanos.
Estos últimos dos versículos son el corazón de este mensaje, y también son un llamado a nuestra iglesia para que podamos alejarnos del monstruo del moralismo, que es esta tendencia a valorar de una forma estricta y exagerada la conducta de las personas, mi hermano. Pero también necesitamos tener cuidado de no acercarnos al otro monstruo de libertinaje, que es simplemente abusar egoístamente de la libertad que el Señor nos ha dado por la satisfacción de nuestros propios deseos. No podemos acercarnos ni de un lado ni del otro, mi hermano.
David no se gloría en sus obras
¿Y qué quiero decir con esto? Y pon tus ojos en lo siguiente; esto es importantísimo, hermano. Dios —perdón—, David no destaca ninguna acción suya. No hace un barrido, un repaso de sus grandes logros por los cuales Dios podría o debería de estar asombrado. Ni siquiera se apoya en su testimonio. ¿Por qué lo hace? Si fue ungido por Samuel, derrotó a Goliat en nombre del Señor. Incluso, hermano, ni siquiera ha tomado venganza del malvado; lo podría haber hecho, pero no lo hizo. Podría jactarse de esas obras. Pero ¿sabes por qué no lo hizo, hermano? David sabe quién es él y sabe quién es Dios. David conoce quién es él y sabe quién es Dios.
Conoce, primeramente, que es un pecador. Poniéndose frente a la ley moral de Dios, sabe que la ha quebrantado completamente. Es un buen mentiroso, como lo decía Nathan en su momento, cuando engañó a Ahimelec. Y después se hizo el loco frente a Aquis. Y más adelante, ocultándole a Urías su adulterio ante Betsabé. Él conocía que si se presentaba ante el Señor mostrando su balance entre obras buenas y obras malas, jamás le alcanzaría delante de un Dios perfectamente justo, admirablemente santo, terriblemente bueno, que no tiene la más mínima simpatía por el pecado. Una estrategia, sí, de hecho, se parece mucho a la de aquel que confió en la abundancia de sus riquezas, ¿verdad? ¿Puedes verlo, hermano?
El refugio de los justos no está en sus obras. El refugio de los justos no está en sus obras. No te gloríes de tus años en una iglesia cristiana, o como creyente. No te gloríes en lo esencial que pudieras ser para tu ministerio. No te gloríes en las personas que aconsejas. No te gloríes de lo que ofrendas. No te gloríes de tu testimonio. Y que Dios me ayude, hermano, a no gloriarme por pararme aquí enfrente, delante de ti; y el Señor sabe cuánto lucho con eso.
Como olivo verde en la casa de Dios
Entonces, ahí está David comenzando a hablar de su identidad: "Pero yo soy" —eso es lo que dice David—, "yo soy como un olivo verde en la casa de Dios". Esta ilustración que usa David, mi hermano, no tiene desperdicio. Es fantástica. Se compara con un olivo verde. Este árbol tiene una larga vida: cientos o hasta miles de años. A mí me sorprendió conocer ese dato. Mientras está vivo, hermano, no pierde sus hojas. Puede resistir una sequía y también temperaturas bajo cero. Es altamente resistente al fuego, pues tiene la capacidad de regenerarse hasta volver a dar fruto.
Esto tiene sentido. Un creyente pasa por tiempos de sufrimiento y de prueba, de gran sequía, y aun así, hermano, puede llegar a dar fruto. Aunque no siempre es abundante, pero lo da. Un creyente permanece hasta el final, porque ya viste dónde está plantado: en la casa de Dios. No son nuestras obras las que nos dan acceso a la casa de Dios, y mucho menos nos dan permanencia ahí, hermano. Son las obras de Dios las que nos dan acceso y permanencia.
El dulce refugio de las obras de Cristo
"En la misericordia de Dios confío eternamente y para siempre. Te daré gracias para siempre por lo que has hecho, y esperaré en Tu nombre, porque es bueno, delante de Tus santos". David se entrega plenamente a Dios. Dice que espera en Su nombre, confía en Su misericordia, se arroja hacia Él, y reconoce que es Dios, y no él, la fuente de su seguridad. Hermano, si miramos estas palabras a la luz del evangelio, David confió en lo que no pudo ver, pero anticipaba que Dios seguiría obrando con misericordia. Y la mayor obra de misericordia que nosotros podemos ver, o que el Señor ha efectuado, es entregar a Aquel, el Cordero que quita el pecado del mundo.
El que llama a los que están cansados y cargados, a los afligidos y a los pobres, a los heridos y a los perseguidos, a lo vil y a lo menospreciado de este mundo. Nuestro Señor les dice: "Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas". Mi hermano, descansamos en el dulce refugio de las obras de Cristo. Este es un lugar seguro y eterno, porque el Señor no cambia, hermanos; no edita Sus promesas. Y a pesar de causarle tanto dolor en Su corazón cuando nosotros creemos que no nos ama, Dios es dulce refugio cuando dudamos; nos llama de regreso cuando pecamos, aquieta las tormentas y nos pastorea en aguas de reposo. Hermanos, aunque tiemble el universo, Él es Dios, roca inamovible de nuestra salvación.
Mi hermano, Él es tu refugio. Él es tu dulce refugio. Mi hermano, ¿no te asombra que este refugio… que nosotros podamos tener acceso a este refugio? Esto debería asombrarnos, mi hermano. Asómbrate, porque no son tus obras de justicia las que te pueden dar ese acceso. Asómbrate, porque son las obras de Cristo las que nos permiten este gran privilegio. ¿Cuál es tu refugio? ¿Por qué te refugias ahí? ¿Y por qué estás seguro de que es el refugio correcto? Que la Palabra del Señor corra y sea glorificada. Amén.
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