Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Jonás 1:1-7JonásChucho Yáñez

El llamado de Dios y la huida de Jonás

¿Por qué huyó Jonás de la presencia de Dios? Jonás 1 nos muestra a un profeta que recibe el llamado de predicar a Nínive, una ciudad enemiga y brutal, y corre en dirección contraria. Este estudio explica por qué nadie puede escapar de la voluntad de Dios y cómo Él usa incluso nuestra rebeldía para llevar su mensaje de salvación.

Transcripción

Introducción y oración

Buenas noches, hermanos. Vamos a hacer una serie de Jonás: cuatro capítulos, y vamos a ser cuatro hermanos los que vamos a estar compartiendo este estudio. Y bueno, antes de empezar incluso a leer, voy a orar.

Bendito Padre, te damos gracias, Señor, por este momento, Señor, porque nos permites escuchar tu Palabra, estudiarla. Señor, te pedimos que tu mensaje llegue al corazón de cada uno de nuestros hermanos, y a aquellas personas que también lo necesiten, Señor, sean creyentes o no. Señor, te pido que me guíes, que me des discernimiento, Señor; que sea tu mensaje el que se escuche, no mis ideas, Señor, y no el mensaje que yo quiera dar, sino el que tú tengas destinado para cada uno. Señor, te pido que bendigas este momento, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Lectura de Jonás 1

Vamos a leer el capítulo número uno del libro de Jonás, y la Palabra de Dios dice: «Vino palabra de Jehová a Jonás hijo de Amitai, diciendo: Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí. Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová a Tarsis, y descendió a Jope, y halló una nave que partía para Tarsis; y pagando su pasaje, entró en ella para irse con ellos a Tarsis, lejos de la presencia de Jehová.

»Pero Jehová hizo levantar un gran viento en el mar, y hubo en el mar una tempestad tan grande que se pensó que se partía la nave. Y los marineros tuvieron miedo, y cada uno clamaba a su dios; y echaron al mar los enseres que había en la nave, para descargarla de ellos. Pero Jonás había bajado al interior de la nave, y se había echado a dormir. Y el patrón de la nave se le acercó y le dijo: ¿Qué tienes, dormilón? Levántate, y clama a tu Dios; quizá él tendrá compasión de nosotros, y no pereceremos.

»Y dijeron cada uno a su compañero: Venid y echemos suertes, para que sepamos por causa de quién nos ha venido este mal. Y echaron suertes, y la suerte cayó sobre Jonás. Entonces le dijeron ellos: Decláranos ahora por qué nos ha venido este mal. ¿Qué oficio tienes, y de dónde vienes? ¿Cuál es tu tierra, y de qué pueblo eres? Y él les respondió: Soy hebreo, y temo a Jehová, Dios de los cielos, que hizo el mar y la tierra. Y aquellos hombres temieron sobremanera, y le dijeron: ¿Por qué has hecho esto? Porque ellos sabían que huía de la presencia de Jehová, pues él se lo había declarado.

»Y le dijeron: ¿Qué haremos contigo para que el mar se nos aquiete? Porque el mar se iba embraveciendo más y más. Él les respondió: Tomadme y echadme al mar, y el mar se os aquietará; porque yo sé que por mi causa ha venido esta grande tempestad sobre vosotros. Y aquellos hombres trabajaron para hacer volver la nave a tierra; mas no pudieron, porque el mar se iba embraveciendo más y más contra ellos. Entonces clamaron a Jehová y dijeron: Te rogamos ahora, Jehová, que no perezcamos nosotros por la vida de este hombre, ni pongas sobre nosotros la sangre inocente; porque tú, Jehová, has hecho como has querido. Y tomaron a Jonás, y lo echaron al mar; y el mar se aquietó de su furor. Y temieron aquellos hombres a Jehová con gran temor, y ofrecieron sacrificio a Jehová, e hicieron votos. Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches».

Un libro controvertido

Bueno, ahí me toca compartir este primer capítulo. Y bueno, antes que nada, tengo que decir que este libro es un libro que ha sido muy controvertido, inclusive por los mismos cristianos. Hay cristianos que creen que este libro es una especie de fábula, que no es un libro al que se le pueda considerar con un valor histórico dentro de la Biblia. Pero del estudio que hemos hecho, hemos comprendido que este libro es un libro que nos va a acercar mucho al conocimiento de Dios. Y tenemos que entender que la Biblia es el libro de Dios; la Biblia narra la historia de Dios, no la historia del hombre. Y la Biblia está llena de eventos sobrenaturales que jamás nos podremos explicar. ¿Y cuándo podemos decidir qué milagro creer y qué milagro no creer? Bueno, pues no está en nosotros el comprender lo que Dios puede hacer para su propia voluntad y para transmitir su propio mensaje.

El llamado a Nínive

Aquí nos damos cuenta, en el primer versículo, que viene una palabra a Jonás; palabra de Dios viene a Jonás, y dice: «Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad». Le estaba pidiendo que fuera a predicar a una ciudad diferente a aquella en la que él vivía. Él tal vez se sentía cómodo predicando en Israel; él podría transmitir el mensaje de Dios, y podría ser que la mayoría de los habitantes de Israel lo conocieran y lo entendieran. Pero le estaba pidiendo que fuera a llevar un mensaje a Nínive, al lugar de los ninivitas: un pueblo que era conocido por ser un pueblo guerrero, un pueblo que era brutalmente sádico con sus enemigos y que detestaba a los israelitas. Los israelitas también eran enemigos de Nínive.

Sin embargo, Dios quería llevar ese mensaje. Dios sabía de las perversidades de los ninivitas y los estaba llamando al arrepentimiento. Era un mensaje urgente, porque estaban a punto de conocer la ira de Dios. En este primer capítulo no vemos cuál es el mensaje específico que le está diciendo Dios a Jonás que lleve. Sólo le dice: he conocido la maldad de los ninivitas, «y pregona contra ella; porque ha subido su maldad delante de mí».

La huida de Jonás

Jonás recibe el llamado, pero en vez de correr hacia la ciudad de Nínive, corre en sentido contrario, hacia Tarsis. Sin embargo, al salir huyendo, él se da cuenta de que no puede huir de Dios. ¿Y quién puede huir de Dios? Dios es omnipresente, Dios está en todas partes, y nadie puede huir de la presencia de Dios. Jonás, en su huida, se dirige al puerto de Jope y se embarca rumbo a Tarsis, y empieza a vivir las consecuencias de esa desobediencia.

Y es que nosotros creemos en un Dios, igual que Jonás: un Dios todopoderoso que tiene dominio sobre el hombre y sobre toda la creación. Dios, ante la desobediencia de Jonás, mandó un poderoso viento sobre el mar, el cual desató una violenta tempestad. Los propios marinos que estaban allí se asustaron del tamaño de esa tempestad. Cuando habla el libro de Jonás de los tripulantes, se refiere a ellos como marinos; seguramente eran personas expertas, que habían navegado; no era la primera vez, lo habían hecho muchas veces. Sin embargo, se dieron cuenta de que esa tempestad era diferente. Tan es así que todos empezaron a orar a sus dioses.

Dormido en medio de la tormenta

Jonás… Jonás era el único que no estaba orando: estaba dormido. Y uno puede decir: «¡Qué cinismo!». O sea, él sabe que lo que están viviendo es porque él estaba desobedeciendo a Dios, y en vez de estar preocupado, dice: «Me voy a dormir». La realidad es que juzgarlo sería muy fácil. Pero yo me quiero imaginar el haber conocido a Dios y decir: «No quiero nada contigo, y voy a huir de ti». ¡Qué tristeza puedes sentir! ¡Qué tanta tristeza puede ser el estar con Dios y de repente abandonarlo todo! Tal vez lo que estaba sintiendo Jonás era una tristeza tan grande que lo único que le quedaba era dormir. No podía hacer nada, alejado de Dios. ¿Quién puede hacer algo?

Y tenemos que entender quién era Jonás. Aquí lo vemos: si leemos el libro de Jonás, podemos ver que es constante su rebeldía; se resiste a hacer la voluntad de Dios. Puede parecer un hombre berrinchudo o rebelde, pero no podemos juzgarlo tan rápido, porque Jonás era un siervo de Dios. Jonás era un judío que era profeta, y, si leemos 2 Reyes 14:25, tiene una importancia sobre Israel. Dice que Jeroboam II «restauró los límites de Israel desde la entrada de Hamat hasta el mar del Arabá, conforme a la palabra del Señor Dios de Israel, quien había hablado por su siervo Jonás hijo de Amitai, y profeta de Gat-hefer». Jonás estaba siendo constantemente usado por el Señor.

Dios usa aun a los rebeldes

Y es que podemos pensar cómo Dios está utilizando a alguien inclusive rebelde, a alguien que no quiere obedecerlo de buena gana. Todos podríamos pensar: «Si Dios me llama, lo voy a obedecer a la primera y con todo el gusto». No necesariamente. Muchas veces podemos saber cuál es la voluntad del Señor en nuestras vidas e ir en el sentido contrario, y aun así el Señor utilizarnos. Y es que Dios no escoge a los mejores o a los brillantes: escoge a lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, a lo débil para avergonzar al fuerte, a lo vil y a lo menospreciado, a fin de que nadie se jacte y siempre sea Dios Él. Entonces, aquí podemos entender que nadie puede salir de la voluntad del Señor. Quizás Jonás decidió ir en sentido contrario, pero aun así Dios lo iba a utilizar.

¿Por qué huyó Jonás?

Nínive era la capital de Asiria, y los ninivitas eran entonces conocidos por su gran crueldad; era una de las naciones más agresivas del mundo. Ahí es a donde Jonás tenía que ir. Se cuenta que a sus enemigos los enterraban en el desierto vivos, y con sólo la cabeza descubierta los dejaban morir de sed, de hambre, mientras que el sol se encargaba de cocinarlos. Esos eran los ninivitas. Tal vez Jonás tuvo miedo de ser torturado; tal vez Jonás tenía desprecio por esa nación; tal vez consideraba que los ninivitas no eran merecedores del mensaje de salvación de Dios. Jonás tal vez estaba dudando de que lo que había escuchado fuera el llamado de Dios, porque esa no era la forma en que Dios se había conducido hasta ese momento. Dios nunca le había pedido a nadie que fuera y predicara un mensaje a una nación diferente de Israel. Seguramente estaba en duda.

Pero recordemos que Dios es soberano. Para cumplir su voluntad, poco importa lo que Jonás esté decidiendo, si huir o quedarse y dar el mensaje: Dios es soberano, y va a dar su mensaje, y Dios va a cumplir su voluntad. La tempestad era tan fuerte que los marineros, asustados, en desesperación, pedían a sus dioses, lanzando por la borda para aligerar la carga, mientras Jonás seguía dormido. Pero Dios todo lo sabe. Él sabía cuál iba a ser la reacción de Jonás, y estaba dispuesto a utilizar su actitud para su propósito.

Los marineros conocen al Dios de Jonás

Recordemos que el capitán del barco le gritó: «Dormilón, levántate y ora a tu Dios; quizás nos presta atención y nos perdone la vida». Y así fue: cuando echaron suertes, la suerte salió en Jonás. Al final, él les confesó: «Soy hebreo, y vengo huyendo de Dios, el Dios creador del cielo y de la tierra». Y los marineros, que tenían otros dioses, no se explicaban por qué este hebreo había desobedecido a su Dios, y dudaron en echarlo al mar, como él mismo lo había pedido. Oraron al Dios de Jonás, y lo echaron al mar, y el mar se aquietó. Ellos pedían: «Señor, no nos hagas responsables de su muerte. Tú has enviado tormentas sobre él; no nos dejes morir por el pecado de este hombre».

Dios es misericordioso. El amor de Dios se extiende a todas sus criaturas, y tiene cuidado de todos, a pesar de que tú lo obedezcas, creas o no. Los marineros no creían en Jehová como Jonás; sin embargo, oraron y clamaron a Él, y en ese momento, al ver que el agua se aquietaba, ellos creyeron en el Dios de Jonás. No eran hebreos como Jonás; eran marinos de diferentes nacionalidades, pero Dios estaba haciendo su conversión. Dios tiene control de tu vida.

Y el mensaje de salvación no es para unos cuantos. No es para unos cuantos que se reúnen los domingos; no es para unos cuantos que dicen creer en Dios. El mensaje de salvación es para todos, y va a llegar a donde Dios quiere que llegue, a pesar de nosotros, o a pesar de los que no quieren escucharlo. No se trata de que lo quieras escuchar o no: es que el mensaje de Dios va a llegar en el momento que sea necesario en tu vida y que Él decida que sea importante para ti.

Escuchábamos también en la Palabra de Dios el mensaje de Juan el Bautista: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepiéntete y cree en el evangelio». Este mensaje de Dios se ha venido escuchando constantemente. Constantemente el Señor nos está llamando al arrepentimiento. Nos dice: «Arrepiéntanse de su manera de vivir y crean en Él». Ese es el único camino a la salvación. Los marineros ya habían conocido al único Dios verdadero; habían experimentado esa gracia irresistible de la que nadie se puede alejar. Porque una vez que escuchas el mensaje, que entra y penetra en tu corazón, no te vas a poder alejar. Y es que, como dice Romanos 9:16: «Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia».

En medio de la prueba

Y a pesar de todas las pruebas que estés viviendo, de la problemática que está en tu vida, si eres creyente, tal vez has escuchado decir: «Yo creo que tienes algún problema y estás viviendo esa situación porque estás alejado de la voluntad de Dios». Hay una realidad: nadie puede estar alejado de la voluntad de Dios. Dios tiene control. Seguramente, si estás viviendo algún momento de prueba, representa que estás en la voluntad del Señor. Dios es soberano y tiene todo bajo su control, y si amas y temes al Señor, todo será para bien. Es posible que Dios te esté preparando.

Y si lo que sientes es que eres inadecuado, frágil, vulnerable e indigno para servir al Señor, pues es así como te debes de sentir: frágil, vulnerable e inadecuado para servir al Señor. Y aquí cabe reiterar la primera carta a los Corintios, los versículos 27 al 31, que dicen: «Lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia. Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor».

Todo lo que hacemos, lo hacemos para el Señor. A veces no es así; a veces nuestra naturaleza carnal busca que nosotros nos demos la gloria. Sin embargo, nada lo podríamos hacer si no fuera con la ayuda de Jesucristo. Si nosotros no estamos rendidos a los pies de Jesucristo, nada podemos hacer. La gloria siempre debe ser del Señor. Él es el que nos presta la vida, y nos presta la voluntad y los pasos que debemos de dar para poderlo honrar y glorificarlo y cumplir su propósito. Y es que el mismo Jesucristo no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos. Y dentro de esos muchos estamos nosotros, y debemos darle las gracias a Dios.

El gran pez

Y ahora pasamos al versículo 17, el versículo 17 del primer capítulo de Jonás. Este capítulo genera mucha controversia, porque dice que a Jonás se lo tragó un gran pez. Y podemos pensar: «Bueno, ¿fue una ballena? ¿Fue un tiburón ballena? ¿Un monstruo marino?». Podemos inventar cualquier tipo de ser, de criatura, en donde cabría un humano por tres días. Sin embargo, eso no es lo importante. El versículo es claro, y dice: «Entretanto, el Señor había provisto un gran pez que se tragara a Jonás, y Jonás estuvo dentro del pez durante tres días y tres noches». Y hay gente que puede creer esto o no lo puede creer, pero no es importante si lo creen o no lo creen. Porque nosotros, ¿en qué momento podemos decidir qué milagros de la Biblia creer o no creer? Finalmente están ahí, y es la Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo. Y es que Dios provee, y si Dios permite una prueba en tu vida, el Señor también provee la solución, así sea un gran pez. En el libro de Éxodo encontramos que el Señor, por medio de un fuerte viento, sopló toda la noche e hizo que el mar retrocediera, y cambió el mar en tierra seca, y fueron divididas las aguas, para que los hijos de Israel entraran por en medio del mar, en seco, y las aguas fueran como muros a su derecha y a su izquierda.

La señal de Jonás

Jonás fue tragado por un gran pez y no murió. Algunos débiles en la fe pueden creer esta historia, pero, ¿qué dice Jesús? Lucas 11:29 al 30 dice: «La generación mala y adúltera demanda señal, pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás. Porque como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches». Este es un milagro, y no lo dudamos, lo creemos. Todos creemos que Jesús murió y resucitó, que estuvo tres días en el corazón de la tierra, y tres noches, pero que hoy vive. Hoy adoramos a un Dios vivo, no a un Dios muerto.

Por el contrario a la desobediencia de Jonás, Jesús clamó a gran voz y dijo: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu». Y habiendo dicho esto, expiró. «Cuando el centurión vio lo que había acontecido, dio gloria a Dios, diciendo: Verdaderamente este hombre era justo». El centurión, aquel que minutos antes había ayudado en su crucifixión, quien se había preparado para sacrificar a Jesucristo, para condenarlo, para ejecutarlo, se estaba convirtiendo, y ya se estaba dando cuenta de que ese hombre era justo.

¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?

Lucas capítulo 24. El libro de Lucas, en su capítulo 24, nos narra el milagro de lo que pasó después: «Pero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado. Y encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro, y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Y aconteció que, estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes; y estando ellas aterrorizadas, e inclinados sus rostros a tierra, ellos les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acordaos cómo os habló cuando estaba aún en Galilea, diciendo que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar. Entonces ellas se acordaron de sus palabras, y regresando del sepulcro, anunciaron todas estas cosas a los once y a todos los demás».

Proclamar el evangelio a todos

Y hay un ejemplo de lo que el Señor nos pide. A Jonás le pidió: «Ve y da un mensaje» a un pueblo, a otra nación diferente a la suya, a personas que no creían en Él, a personas que posiblemente fueran hostiles para recibir el mensaje. Pero Dios sabía cuál era el resultado; inclusive, Dios sabía que Jonás se iba a rebelar, y que esa rebelión el Señor la debía utilizar. Creo que es importante que nosotros nos dejemos de preocupar tanto por los resultados y hagamos verdaderamente la voluntad del Señor. Estamos en manos del Señor. No podemos escapar de su voluntad; no podemos escondernos de la voluntad del Señor.

En los próximos capítulos iremos entendiendo cuál era la voluntad del Señor, y cuál era el mensaje que el Señor le quería dar a los ninivitas, y cuál fue el resultado de ese mensaje. Pero el resultado del mensaje no nos corresponde a nosotros. Yo creo que aquí la reflexión sería que Dios nos manda amar, nos manda amar incluso a nuestros enemigos, y que el mensaje del evangelio es para todos, y nuestra obligación como cristianos es proclamarlo a todas las naciones.

Oración final

Bendito Padre, te damos gracias, Señor, por este estudio de tu Palabra, Señor, por el libro de Jonás. Señor, te pido que sigas bendiciendo a mis hermanos, Señor; que bendigas a mis hermanos que van a continuar con este estudio, Señor, y que sea tu mensaje el que llegue al lugar indicado, Señor. Que nosotros sólo seamos siervos tuyos, Señor. Porque si tú viniste a servir, Señor, ¿por qué nosotros no? Sólo ayúdanos a entender tu voluntad y a actuar en consecuencia, sin cuestionarnos tanto. Te lo pedimos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

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