La salvación es de Jehova.
¿Qué significa que la salvación es de Jehová? Desde el vientre del pez, Jonás 2 muestra el camino de desobediencia, humillación, arrepentimiento y adoración por el que Dios lleva a su profeta. Daniel Espinosa explica de qué nos salva Dios, a quiénes salva y por qué el crédito de la salvación nunca es nuestro.
Transcripción
Introducción: el gran pez
Como decía Robert, vamos a continuar con el estudio del libro de Jonás; hoy estudiaremos el capítulo 2. La semana pasada ya nuestro hermano Chucho nos introducía al estudio de este libro, y el último versículo del primer capítulo que nos compartía nuestro hermano nos dejaba en suspenso, por lo espectacular de este pasaje. El último versículo que leía nuestro hermano la semana pasada es el versículo 17 del primer capítulo de Jonás, y este dice: «Pero Jehová tenía preparado un gran pez que tragase a Jonás; y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches».
Es un evento espectacular, ¿no es cierto? Muchas veces este evento en particular es utilizado para cuestionar qué tan literal es este libro, qué tan creíble puede ser que un gran pez trague a una persona y esta no muera, y aún más, pase tres días y tres noches dentro de su vientre. Les adelanto que hoy no me voy a detener mucho en este tema, porque en realidad no es necesario. No es el tema principal; la utilización de este pez en esta historia no es lo relevante. Y el que esté en duda o no ni siquiera es algo que tenga fundamento, ya que en la misma Palabra Jesús da testimonio de que este evento fue real. Y ante eso, no es tan difícil creer en que un pez trague a alguien y no muera, si hoy creemos en un Dios que creó los cielos y la tierra, y creemos en un Dios que envió a su Hijo a morir en la cruz y a resucitar al tercer día. Entonces, hoy no me voy a detener en este tema mucho; únicamente será nuestro punto de partida.
Lectura de Jonás 2
Entonces, si les parece, hermanos, leamos el segundo capítulo y después oramos. El segundo capítulo dice: «Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; desde el seno del Seol clamé, y mi voz oíste. Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, y me rodeó la corriente; todas tus ondas y todas tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo templo. Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; el alga se enredó en mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra».
Oramos. Padre, te damos gracias nuevamente por la oportunidad de conocer a través de la Palabra más de ti, más de tu carácter, más de tu naturaleza, y saber que tú tienes cuidado de nosotros, y que cada palabra descrita en la Biblia es real y tiene un propósito específico, determinado únicamente por ti. Te pedimos que prepares nuestros corazones y nuestro entendimiento para recibir este mensaje de manera personal y entender lo que tú quieres hablar a nuestras vidas por medio de este libro. Te damos gracias por la Palabra y por las oportunidades que tenemos de estudiarla de una manera libre. Te damos gracias por todo esto, en el nombre de Jesús. Amén.
Dos Jonás distintos
¿Qué es lo que está pasando aquí? Quiero que lo veamos claramente, y por eso partía leyendo el último versículo: por los contrastes que presenta un capítulo contra el otro. El primer capítulo muestra a un Jonás totalmente diferente al del segundo capítulo. En el capítulo 1 vemos a un Jonás orgulloso, un Jonás desobediente, que deliberadamente decide no obedecer a Dios y decide huir de Él, como si pudiéramos huir de un Dios que es omnipresente. Ahora, por el contrario, estamos viendo a un Jonás totalmente diferente: un Jonás que pareciera que cambió completamente en su mente, en su corazón; un Jonás que está clamando a Dios, donde vemos un corazón completamente cambiado, un corazón inclusive contrito y humillado.
¿Qué fue lo que pasó aquí? Parece un cambio radical de un capítulo a otro. Pero la realidad, hermanos, es que si ponemos atención entre estos dos capítulos, veremos de manera clara la evolución que va teniendo Jonás a través de lo que dice cada versículo. Primeramente, quisiera que regresáramos al primer capítulo, para que viéramos esta evolución desde el principio.
Qué clase de desobediencia
Si regresamos a Jonás en su primer capítulo, en el versículo 3 vemos un escenario claro de desobediencia, y quisiera que entendiéramos cuál es este tipo de desobediencia. La semana pasada ya nuestro hermano Chucho nos hablaba del contexto de Nínive, y cómo era una ciudad a la que a cualquier cristiano, inclusive en esta época, le provocaría miedo ir y predicar allá. Nos hablaba de lo sádicos que eran, nos hablaba de lo temerarios que eran. Pero si nosotros únicamente definiéramos la desobediencia de Jonás desde un punto de vista del miedo que le produjo esta ciudad, creo que nos quedaríamos cortos en esta descripción.
Y para ello quisiera que entendamos rápidamente cuál era el contexto de la vida de este personaje. La Biblia no menciona mucho, pero en 2 Reyes 14:25 nos da una perspectiva clara de cómo era. Jonás venía de Gat-hefer, cerca de Nazaret. Él venía de un contexto —contexto, perdón— en los años 793 al 753, donde vivió en el reinado de Jeroboam, rey de Israel. Y hay un punto específico en esta etapa: durante el reinado de Jeroboam, el reinado de Israel tuvo otra vez plenitud. La Palabra dice que en este tiempo el reinado de Israel llegó a ser casi como llegó a ser en algún momento el reinado de David. Y esto nos quiere decir que en ese tiempo el pueblo asirio de Nínive no generaba una amenaza tan constante sobre el pueblo de Israel, ya que había esplendor.
Jonás era parte de este reinado, y Jonás tiene una función específica: la de ser profeta. Él conocía claramente las Escrituras. Y ahora que leíamos el segundo capítulo, nos damos cuenta cuando él, al principio, en el versículo 2 y en el versículo 3, hace referencia a dos salmos: al Salmo 18:6 y al Salmo 42:7. Jonás conocía las Escrituras; Jonás vivía en una época de esplendor bajo el reinado de Jeroboam. Entonces, ¿qué fue lo que provocó que él tuviera una desobediencia hacia el mandato de Dios de ir y predicar a Nínive? ¿Solamente el miedo?
Yo no ubico cuándo una persona pudiera tener más temor que estando dentro de la boca de un pez, siendo tragado y prácticamente estando a punto de morir. Si el miedo hubiera sido lo único que provocó el que rechazara la voluntad de Dios, me parece que esta actitud se hubiera seguido presentando dentro del pez. No me imagino cuánto temor pudo tener Jonás ahí. Más adelante, en los siguientes capítulos, veremos una característica —característica, perdón— específica del carácter de Jonás: Jonás difícilmente hubiera podido llevar a cabo lo que dicta Santiago 1:19. Jonás era una persona que se airaba rápidamente; Jonás era una persona que no escuchaba, sino que seguía más a sus emociones.
Y lo que estamos viendo aquí es que no solamente el miedo provocó esta reacción de Jonás. Él era un hombre celoso de su nación; él era una persona que inclusive podría llegar al legalismo. Y en un acto de desobediencia, lo que hace es decir: «Señor, me parece que tu voluntad no es la adecuada. No estoy de acuerdo en que te muestres misericordia a un pueblo como Nínive, que no lo merece». Es el tipo de desobediencia que estamos viendo aquí: una desobediencia como la de Génesis 2:17, cuando se habla del árbol del conocimiento del bien y del mal, donde la prohibición de Dios no era específicamente sobre un objeto en particular. El querer comer de ese fruto representaba más que tomar un objeto que Dios nos hubiera dicho que no podíamos tomar: tomar de ese fruto significaba «Señor, te doy gracias por tu sabiduría, pero no la quiero. Yo sé y puedo decidir qué es bueno y qué es malo. Yo puedo dirigir hacia dónde van mis pasos, porque soy lo suficientemente sabio y no te necesito a ti». Este es el tipo de desobediencia que está teniendo Jonás al no seguir la voluntad de Dios.
La humillación
Inmediatamente después vemos cómo Dios reacciona, y del versículo 4 al versículo 17 del primer capítulo vemos en Jonás una humillación que Dios provoca. Y él, tratando de huir de Dios, se va a una embarcación donde él pagó su boleto, y de repente la tempestad llega a ese navío. La gente que estaba ahí acompañando a Jonás echa suertes y se da cuenta de qué es lo que está pasando. Pero Jonás no estaba ajeno a esto, porque él sabía qué era lo que estaba pasando. Y lo sabe, y le dice a la gente que lo tiren al mar, porque esta es la única manera en que esta tempestad será cesada. Y eso no es suficiente: Dios, aun una vez estando Jonás en el mar, manda a este gran pez para que lo trague.
Y decía que la utilización de un pez no tiene mucha relevancia, porque Dios pudo utilizar lo que Él quisiera; esto solamente es un instrumento del cual Él ha hecho uso para cumplir con su propósito. Pero más allá de que Dios esté generando aquí un castigo por la actitud de Jonás, lo que está haciendo es llevarlo a un grado de humillación por amor a su propio nombre. Dios no va a permitir que este orgullo que existe en Jonás, esta soberbia que está creciendo en él, crezca más, y destruirá este orgullo de una manera o de otra. Isaías 2:11 al 12 dice: «La altivez de los ojos del hombre será abatida, y la soberbia de los hombres será humillada; y Jehová solo será exaltado en aquel día. Porque día de Jehová de los ejércitos vendrá sobre todo soberbio y altivo, sobre todo enaltecido, y será abatido».
El arrepentimiento
Ubiquen la secuencia: desobediencia, humillación, y llegamos ahora al arrepentimiento. Jonás, ahora en el capítulo 2, en el versículo 4 específicamente, dice: «Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; mas aún veré tu santo templo». Jonás no solamente está sintiendo lástima por sí. Lo que está pasando es que él está creando en su corazón una convicción de que había estado equivocado. Jonás no únicamente está preocupado por las consecuencias de su pecado, es decir, porque él está ahora dentro de un gran pez, en peligro de muerte. Jonás, a través de este versículo, lo que está diciendo es que está preocupado, está contrito en su corazón, por saber delante de quién ha pecado y dónde lo coloca este pecado. Dice: «Desechado soy de delante de tus ojos». Y ese es el tipo de arrepentimiento que está teniendo en su corazón ahora Jonás.
Es el tipo de arrepentimiento que Jesús le habló a Pablo que predicara a los demás, en Hechos 26:18, cuando le dice: «Yo te envío para que abras sus ojos, a fin de que se vuelvan de la oscuridad a la luz, y del dominio de Satanás a Dios, para que reciban, por fe en mí, el perdón de los pecados». Hacia allá está siendo llevado Jonás.
La adoración
Y por último, después de esta fase de desobediencia, de humillación, de arrepentimiento, Dios lo lleva a una fase hermosa, una fase de adoración. En el capítulo 2, desde el versículo 6 al 9, Jonás dice: «Descendí a los cimientos de los montes; la tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová, y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; pagaré lo que prometí».
Este ciclo cumple por completo la transformación en el ser que es Jonás. Dios lo está llevando hacia allá, y lo tiene en un punto hermoso. Me gusta cómo lo describe Jonathan Edwards. Él dice: «Todos los efectos de la gracia, sean sentimientos o emociones que son un dulce aroma de Dios, son sentimientos de un corazón quebrantado. El amor cristiano verdadero para Dios es un amor humilde y de un corazón quebrantado». Este es Jonás; hasta aquí ha llegado. Después de darse cuenta de lo terrible que ha sido el pecado que ha realizado delante de Dios, él se arrepiente y presenta ahora un corazón contrito delante del Ser supremo.
La salvación es de Jehová
Y llega al último versículo del segundo capítulo, que es donde se centra el corazón de este pasaje; es donde Jonás descubre qué es realmente lo importante. Y entonces dice, en el versículo 10… perdón, sí, en el versículo 9 todavía: «La salvación es de Jehová». Jonás ha caído en cuenta de qué es lo realmente importante. Esto es de lo que ha tratado todo el pasaje; este es el propósito desde donde lo tomó Dios hasta donde lo ha llevado. Cada línea de cada versículo susurra la salvación que Dios quiere para su vida.
Y esto es lo que siempre Dios ha querido para la vida de cada uno de sus hijos. Deuteronomio 5:29 al 33 dice: «¡Quién diera que tuviesen tal corazón, que me temiesen y guardasen todos los días todos mis mandamientos, para que a ellos y a sus hijos les fuese bien para siempre! Mirad, pues, que hagáis como Jehová vuestro Dios os ha mandado; no os apartéis a diestra y siniestra. Andad en todo el camino que Jehová vuestro Dios os ha mandado, para que viváis y os vaya bien, y tengáis largos días en la tierra que habéis de poseer». Se da cuenta de qué es lo importante, pero sobre todo se da cuenta de quién ha de generar la salvación. Él dice: «La salvación es…».
¿De qué nos salva Dios?
Y es importante que reflexionemos qué está pasando también aquí, haciéndonos las siguientes preguntas. ¿De qué nos salva Dios? Dios nos está salvando de nosotros mismos. Nos está salvando de nuestros propios corazones, que son más engañosos que cualquier otra cosa, nos dice la Palabra en Jeremías 17, del versículo 9 al 10. Nos está rescatando, al igual que a Jonás, de este corazón que busca a toda costa desplazar el lugar que le corresponde a Dios. Nosotros, a través de nuestro pecado, a través de nuestra carne, constantemente impulsados por nuestros deseos, impulsados por nuestros sentimientos, vamos a tratar de poner algo en el lugar que le corresponde únicamente a Dios.
Y Dios sabe esto. Tanto lo sabe, que Él conoce nuestra necesidad de tener un cambio en nuestro corazón, y esto no va a pasar hasta que ese cambio se produzca por medio de Él. En Ezequiel 36:26 al 27 lo describe de esta manera. Él sabe cuál es nuestro problema y también sabe cuál es nuestra solución. Él dice: «Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra». Esto es de lo que está salvando Dios a Jonás.
¿A quién salva Dios?
¿A quién está salvando Dios? Dios salva a todos, a judíos y gentiles. Juan 1:12-13 dice: «Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios». Aquí nos dice: no, tú no puedes heredar la salvación, porque no es engendrado de sangre. Tú no puedes por tus obras conseguir la salvación, porque no es voluntad de carne. Nos dice: ningún otro ser en la tierra puede darte salvación, porque no es voluntad de ningún varón. Solamente es de Dios. ¿Y para quién es? Para todos aquellos que creen en el poder de redención de su Hijo Jesucristo.
En esta obra, en este pasaje, Dios planeó salvar a aquellos que lo despreciaban, en un pueblo perdido como Nínive. En este pasaje, Dios planeó salvar a aquellos que ni siquiera lo esperaban, como los tripulantes que se encontraron con Jonás en el navío. Y Dios también planeó salvar a Jonás, que, a pesar de ser un hombre que Dios había decidido utilizar para su obra, este lo rechazó; pero aun así, en su amor, Dios ha decidido salvarlo.
¿Cómo nos salva Dios?
¿Cómo es que nos salvará Dios? Solamente lo sabe Él. Puede utilizar cualquier instrumento, Él puede utilizar cualquier cosa. Hoy decidió utilizar un pez, un pez enorme; decidió utilizar el mar. Pero Él puede utilizar cualquier cosa. Y es Dios quien está orquestando la salvación desde el principio. Si ponemos atención, desde el primer capítulo dice: «Vino palabra», ¿de quién? «De Jehová». En el versículo 4 dice: «Jehová hizo levantar un gran viento». Quien estaba controlando las circunstancias era Dios. En el versículo 17 dice: «Pero Jehová tenía preparado un gran pez». Sigue siendo Dios quien está detrás de todo. En el versículo 10 del segundo capítulo dice: «Y mandó Jehová». Es dueño de toda la creación.
Dios es todopoderoso y utilizará lo que sea para cumplir sus fines; inclusive nuestro propio pecado lo va a utilizar para cumplir su voluntad. Esto, porque Él es «el que hizo la tierra con su poder, el que estableció el mundo con su sabiduría, y con su inteligencia extendió los cielos. Cuando Él emite su voz, hay estruendo de aguas en los cielos; Él hace subir las nubes desde los extremos de la tierra; hace los relámpagos para la lluvia y saca el viento de sus depósitos», dice Jeremías 10, versículos 12 y 13.
¿Quién es el que salva?
Y al final, y lo más importante: ¿quién es aquel que salva? Hechos 4:12 dice: «Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos». Este pasaje en todas partes apunta precisamente a Aquel que es el único que puede darnos salvación. Dios utilizó a Jonás para ir a predicar a un pueblo que no merecía salvación, pero al mismo tiempo estaba apuntando a Aquel que eligió para salvar a la humanidad, viniendo a vivir en carne una vida perfecta, a morir una muerte que no podíamos morir y a resucitar al tercer día por aquellos que tampoco lo merecíamos, por cada uno de nosotros.
Dios utilizó a Jonás para sacrificarse por los tripulantes que estaban en un navío; de la misma manera, utilizó la vida de su Hijo para ofrecerse de manera voluntaria en sacrificio por todos. Y Dios utilizó el momento más oscuro de la vida de Jonás, estando tres días y tres noches dentro de un pez que lo había tragado, para mostrar salvación a su ser. El momento más oscuro que vivió la humanidad fue el momento de la muerte de Jesús, pensando que el enemigo había vencido. Pero tres días después, de manera poderosa, Jesús resucitó, para ahora darnos vida y ser Él el único que puede llevarnos a esa salvación y a esa reconciliación con nuestro Padre.
Aplicaciones para hoy
Este es un pasaje que, a pesar de ser corto —en realidad solamente tiene 10 versículos—, nos dice mucho de la voluntad de Dios y tiene aplicaciones prácticas para nuestra vida el día de hoy. Una de ellas es que Dios cumplirá sus propósitos sin tu ayuda, sin tu aprobación y sin tu consentimiento. Él no necesita de ti. Una segunda aplicación es que debemos y podemos darle gracias a Dios porque yo no soy necesario para que el universo siga. Debemos descansar en Aquel que es el único que dirige este universo y que lo dirigirá para sus propósitos eternos. Él tiene el derecho de tener misericordia sobre los malos y traer desgracia sobre los buenos; ninguno de los que estamos aquí tenemos derecho a cuestionarle eso. Aprendamos de Jonás y démonos cuenta de que la misericordia y la gracia de Dios están depositadas en su sabiduría eterna y no en la nuestra. Él mostrará gracia de quien quiera tener gracia; tengamos gozo en eso.
Y el último es que Él sigue siendo soberano, y gracias a Dios por eso, porque la salvación sigue siendo suya. La salvación es por completo de Dios. Y nosotros somos versiones modernas de Jonás en muchos aspectos. Muchas veces hemos actuado de manera en que condenamos, y lo hacemos inclusive sin darnos cuenta. Muchas veces, inclusive en nuestras pláticas cotidianas, condenamos a políticos porque no nos gusta la manera en cómo actúan; condenamos a artistas con vidas desenfrenadas; condenamos a grupos, inclusive religiosos extremistas, como podría ser ISIS; o inclusive condenamos a hermanos dentro de nuestra iglesia porque no cumplen con nuestras expectativas. Recordemos que en cada uno de esos eventos quizás el plan perfecto de Dios es tener misericordia de alguno de ellos a pesar de su maldad, así como la tuvo con Nínive.
Y la pregunta que debemos de hacernos al final de todo, y que es hacia donde nos apunta este libro, es: ¿qué vamos a hacer? Ahora que estamos hablando de temas misioneros, ¿qué vamos a hacer si Dios nos llama? ¿Vamos a cuestionar su sabiduría? ¿Vamos a cuestionar su soberanía? ¿Vamos a cuestionar su misericordia? O, por el contrario, ¿vamos a atender el llamado, yendo a predicar que la salvación únicamente…?
Oración final
Padre, te damos gracias porque eres bueno, porque eres misericordioso, y te damos gracias porque la salvación de cada uno de nosotros depende únicamente de ti. Te pedimos que podamos descansar en este gozo y en esta alegría que nos brinda esta esperanza de saber que únicamente en tus manos está el decidir de quién tener misericordia; que únicamente está en tus manos quién será salvo; y que únicamente está en tus manos el utilizar cualquier medio para lograr tus propósitos eternos. Te damos gracias porque podemos conocer esto; te damos gracias de que tenemos la oportunidad de creer en esta gracia, en esta misericordia, y te damos gracias por tu salvación. En el nombre de tu Hijo Jesús…
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