Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 9:23-28HebreosNathan Díaz

El sacrificio de un nuevo pacto

¿Por qué el sacrificio de Cristo fue una sola vez y para siempre? Hebreos 9:23-28 explica que su sangre vale infinitamente más que la de los animales, y por eso no necesita repetirse. El texto también nos recuerda que moriremos una sola vez y después viene el juicio: Cristo volverá, ya no para tratar con el pecado, sino para salvar a los que le esperan.

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Transcripción

Introducción

… (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) La última parte de los nueve versículos, el 28, que vamos a estar viendo. Entonces espero que en todo este proceso vayamos teniendo un concepto muy claro de estos temas centrales del libro de Hebreos, y que sea algo que esté transformando nuestras vidas. Y bueno, es bueno poder estar juntos haciéndolo en persona. Ya extrañaba poder ver cómo se duermen durante el mensaje, porque, además, por los otros medios, además, me los imaginaba durmiendo, ¿sí? Pero es bueno que estemos juntos y gozándonos juntos en estas verdades, meditando al mismo tiempo en estas verdades. Creo que así está diseñada la Biblia: para que también en comunidad, no nada más a nivel individual, sino a nivel de comunidad, podamos meditar.

Lectura de Hebreos 9:23-28

Hebreos 9:23 al 28 dice: "Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan".

Gracias, Padre, por este tiempo juntos, y gracias porque esta es Tu Palabra, la Palabra que has revelado a nosotros acerca de Tu plan, acerca de Tu persona y acerca de lo que es más importante. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

Tres cosas que queremos ver hoy en cuanto al sacrificio de un nuevo pacto. Recuerden: este nuevo pacto es lo que fue descrito en el capítulo 8, el pacto descrito en el libro de Jeremías, y este es el desarrollo de cuáles son las características de ese pacto. Entonces primero vimos cómo es que el tabernáculo estaba apuntando al nuevo pacto, cómo es que la sangre de los sacrificios en el tabernáculo estaba apuntando hacia un nuevo pacto. Y hoy vamos a ver más específicamente cómo es que los sacrificios estaban apuntando hacia el nuevo pacto.

Un pacto con características celestiales

Entonces, primeramente, quiero que vean en los versículos 23 y 24 el primer punto, que es que este pacto tenía características celestiales, no físicas. "Fue, pues, necesario que las figuras" —literalmente, creo que es una buena manera de entenderlo, "las copias"—, es necesario que las copias de las cosas celestiales fuesen purificadas así. Entonces pueden imaginar como si esto, el tabernáculo, el templo, fuera una especie de maqueta, ¿no?, a una escala pequeña, que está representando realidades celestiales. Las copias son las físicas, las terrenales, que fueron puestas por la ley de Moisés, de las características que tenían que tener. Y cuando vimos el tabernáculo, vimos esas características, que era la mesa con los panes de la proposición, y el candelabro, y el incensario, y el arca del pacto. Todas estas cosas están representando realidades celestiales, "pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos".

Entonces, ¿por qué es que Dios está poniendo una copia o una representación física de una realidad celestial en el mundo? Bueno, nos dice el texto. Dice: porque era necesario que esas cosas en el tabernáculo fueran purificadas. Ahí estaba el simbolismo importante: es que requería una purificación. Este proceso de entrar al tabernáculo, de entrar al Lugar Santísimo, requería purificación. Lo que podría dar a entender esto, que sería un entendimiento erróneo del texto, es que el cielo mismo requiere purificación, que hay una especie de impureza en el cielo que requiere que las cosas en el cielo sean purificadas. Pero no, no es lo que está diciendo el texto. No está diciendo: el cielo requiere purificación, por lo tanto el tabernáculo humano requiere purificación.

Lo que está diciendo es que el tabernáculo, al ser el lugar en donde el hombre y Dios se encuentran, requiere purificación; no de las cosas en sí, sino de aquellos que entran. Porque lo que estaba pasando en el tabernáculo, si recuerdan, es que el sumo sacerdote entra... Bueno, los sacerdotes siempre están ahí, pero una vez al año, en el día de la expiación, entra el sumo sacerdote. ¿Y qué es lo que él requiere? Requiere purificación. ¿Cómo se logra? A través de la sangre. Y entonces él se está purificando a sí mismo, y representando de esa manera también al pueblo, para poder entrar en la presencia de Dios y obtener el perdón de Dios.

Privilegios que los pecadores no merecen

Entonces tenemos un lugar en donde todo en el tabernáculo habla de privilegios a los que los pecadores no pueden acceder; tienen que ser rechazados. Entonces, por ejemplo, el candelabro representa la luz de la revelación de Dios, de la verdad de Dios, lo cual no merecemos. El pan, la mesa del pan de la proposición, representa la comunión con Dios, el sentarnos a la mesa con Él, lo cual no merecemos como pecadores. El incensario representa el incienso, la intercesión delante de Dios, a la cual no deberíamos de poder acceder. El Lugar Santísimo representa la presencia de Dios, a la cual no podemos entrar. Los diez mandamientos representan la ley que nosotros hemos roto, que están dentro del arca del pacto. Y los ángeles, los querubines, guardando ese lugar con la misma gloria de Dios: si tú te atrevías a mirar adentro, morirías.

Entonces, estas realidades espirituales que están siendo representadas en el templo... Tenemos que entender entonces que si el templo, el tabernáculo, requería purificación para poder acceder, cuánto más las realidades celestiales requerían purificación para poder acceder, porque esos nada más eran los símbolos. Entonces estas realidades espirituales requerían un sacrificio más grande que las realidades físicas. Las realidades físicas solo requerían el sacrificio de un becerro o de un macho cabrío para representar esa purificación, pero las realidades espirituales requerían un sacrificio más grandioso y más perfecto. Mejores sacrificios serían requeridos para las realidades espirituales, porque representaban realidades más grandes. Ese es el argumento del autor de Hebreos: "Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos". Tienes que pensar un ratito para entender lo que está tratando de decir.

Nosotros necesitamos ser purificados

Quiero que mediten junto conmigo acerca de por qué es que necesitamos ser purificados. Esto es súper importante en el libro de Hebreos: nosotros somos los que requerimos purificación. Nosotros somos los que necesitamos lo que leíamos en el versículo 14, ¿se acuerdan?: "La sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo". Nosotros requerimos purificación; nuestras conciencias requieren purificación. Nuestra entrada en la presencia de Dios requiere purificación.

Está bien pensar cómo se ve esto, si estamos buscando más analogías para representar esto. Cuando están haciendo el aseo del local, siempre, casi siempre, sin excepción, se enoja la hermana que trapea, ¿verdad? ¿Por qué se enoja? Porque pasamos como si nada, y luego vengo de allá afuera con mis pies llenos de tierra, zapatos llenos de tierra, y otra vez tienen que trapear. ¿Por qué? Porque quieren que esté limpio: "No, ya no me ensucies, porque acabo de limpiar. Entonces, o te limpias bien los pies, o no entras, o espérate a que se seque por lo menos, para que no se quede la mugre". Son analogías, hermanos; tenemos que tratar de entenderlas.

Pero esa es la realidad que estamos experimentando nosotros cuando pensamos en la presencia de Dios, cuando pensamos en un Dios santo, en un Dios perfecto, en un Dios justo. Pensamos: ¿cómo puedo yo acceder, si tengo los pies... o si... los pies, o si yo estoy completamente sucio? ¿Cómo puedo yo entrar en un lugar puro, santo, perfectamente limpio? ¿Cómo puedo yo acceder a ese lugar? Y la respuesta es: no sé; no hay manera. No hay manera de que yo pueda purificarme a mí mismo de tal manera que yo pueda acceder a aquellas cosas que Dios me ofrece.

Un sacrificio para purificación

Entonces la primera cosa que vemos sobre el sacrificio celestial es que es para purificación. Y eso es: este sacrificio celestial es para purificación. Y quiero que piensen en algunos pasajes que nos apuntan o nos muestran esta realidad. Por ejemplo, 1 Pedro 1, versículo 2, que dice: "Según el previo conocimiento de Dios Padre, por la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre". Esta es la obra purificadora de Dios: ser rociados con Su sangre. Y si leen los versículos 18 y 19, dice: "Ustedes saben que no fueron redimidos, o rescatados, de su vana manera de vivir heredada de sus padres con cosas perecederas, como oro o plata, sino", ¿con qué?, "con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo".

La sangre de Cristo nos purifica. ¿Por qué? Porque vale mucho más que la sangre de los animales; es lo que vimos la semana pasada. Lo que quiero enfatizar hoy es que muchas veces, si empezamos a considerarnos a nosotros mismos, y de veras empezamos a considerar nuestros corazones, y empezamos a considerar nuestra naturaleza, que tiene una inclinación hacia el pecado, y pensamos en lo que mencioné el domingo pasado, todas las cosas terribles que hemos hecho en nuestra vida, y cómo hemos ofendido a la gente, cómo hemos mentido, y cómo hemos robado, y cómo hemos tenido pensamientos de lujuria, y cómo hemos... todas estas cosas; empezamos a recordar todas estas cosas, y de pronto podríamos pensar que nuestro pecado realmente es demasiado grande.

Y de repente podríamos pensar que realmente sí no hay manera de acceder a la presencia de Dios: "¿Cómo puede ser que yo, un pecador, pueda entrar en la presencia de Dios? Y estoy consciente de mi corazón". Y esa es la lucha que tenía Lutero. Él sabía qué tan pecador era, y decía: "¿Cómo puedo estar seguro de que Dios me va a aceptar?". Y no lo sabía, y tenía inseguridad sobre eso. Y Satanás se va a asegurar de recordarte eso. Satanás se va a asegurar de decir: "Tú no mereces estar en la presencia de Dios. Por supuesto que Dios no te va a perdonar; por supuesto que Él no te va a aceptar". Va a estar una y otra vez hablando acerca de qué tan sucio estás.

No menosprecies el valor de la sangre de Cristo

Pero este pasaje está aquí, y está diseñado por Dios, precisamente para darnos la confianza de que, en efecto, sí podemos saber que hemos sido limpiados perfectamente para poder acceder a la presencia de Dios. Por eso está este pasaje aquí: para que no menosprecies el valor de la sangre de Cristo. Porque si tú crees que el pecado es demasiado grande y que tú estás demasiado sucio para ser perdonado por Dios, quiere decir que menosprecias el valor de la sangre de Cristo. Y tú estás pensando: "No, no hay manera de que yo pudiera ser perdonado; no hay manera de que Dios me pudiera aceptar". No entiendes cuánto vale lo que Jesús hizo por ti, por el gran valor que Él tiene en Su sacrificio.

Piensen: no es proporcional, no es proporcional. No es como que Dios dijo: "Bueno, hay esta cantidad de pecado, así que provee esta cantidad de sacrificio de valor para perdonar este pecado". No: la sangre de Cristo sobrepasa por mucho la cantidad de la ofensa, el valor de la ofensa. Si lo pusiéramos en una balanza, la sangre de Cristo se iría así, y nuestro pecado se iría hasta acá, porque pesa mucho más la sangre de Cristo. Hay mucho más valor de pureza, y de santidad, y de justicia en lo que Jesús hizo por nosotros que en toda la ofensa y en todo el pecado que nosotros hemos hecho en nuestras vidas, y de todas las generaciones, de todos los seres humanos, desde la primera a la nueva. Lo cual es el argumento que desarrolla aquí en los siguientes versículos. Solo les quiero recordar lo que dice 1 Juan 2:1: "Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Y si alguien peca, tenemos abogado, intercesor, para con el Padre: a Jesucristo el justo".

Un sacrificio único

Lo cual nos lleva al siguiente punto, que es que este es un sacrificio único. Dice el versículo 24: "Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero". Hay un santuario verdadero; hay un santuario que es copia, el físico. "Sino en el cielo mismo": ese es el verdadero, "para presentarse ahora por nosotros ante Dios". Nosotros somos los que requerimos purificación; por eso es que dice "por nosotros": que la obra de Cristo es por nosotros ante Dios, Jesucristo representándonos a nosotros delante de Dios. "Y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena". Y esta sangre ajena es de poco valor; vale muy poquito. Ese es el punto que está tratando de mostrarnos.

Por eso era necesario hacerlo cada año, porque el simbolismo de esa sangre tenía que representarse correctamente al Dios decir: "¿Saben qué? Cada año háganlo. Es necesario que ese sacrificio se repita, y se repita, y se repita, y se repita, y se repita, porque en realidad tienen que entender que no vale nada. Solo es un símbolo; eso no los puede perdonar, eso no los puede salvar. Entonces háganlo un montón de veces; es la única manera en que van a entender". Si Dios hubiera dicho: "Un solo corderito para todos los tiempos, para toda la humanidad", entonces diríamos: "¡Qué corderito tan especial!". No, no; eran corderitos comunes. Eran animalitos que eran criados, y ahí estaban en el campo, bastante pobrecitos, y un día los mataban. Y otro, y otro, y otro, y otro, y otro, y otro, y otro, y otro, y otro.

Y entonces dice: aquí hay una diferencia enorme en base al valor de la sangre, en base al valor del sacrificio, que es Cristo. Versículo 26: "De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces". Si valiera Su sangre poquito, como la sangre de esos animales, Jesús hubiera tenido que padecer muchas veces desde el principio del mundo. Pues claro: el día de la expiación, ¿cada cuándo era? Cada año. Entonces, ¿cuánto cubría la sangre de la expiación, simbólicamente? Los pecados de un año. Si la sangre de Cristo fuera equivalente a la sangre de esos animales, entonces, ¿qué habría tenido que pasar? Jesús hubiera tenido que morir, y empezar a morir no nada más cuando se dio la ley de Moisés. ¿Desde cuándo? Desde Adán y Eva. Allí hubiera tenido que morir la primera vez. "Y pasó un año, y voy a tener que morir otra vez. Y pasó otro año, y tengo que morir otra vez. Y pasa otro año, y tengo que morir otra vez". Y así se hubiera seguido, y todas las generaciones hubieran requerido una muerte, si fuera lo mismo.

Pero para el autor de Hebreos no es lo mismo, y dice: "No, este es un sacrificio tan especial, tan valioso, tan poderoso, que una sola vez es lo único que se necesita". Lo cual, como ya he dicho en varios mensajes anteriores en nuestro estudio del libro de Hebreos, es contrario a lo que cree la Iglesia católica sobre esto. La eucaristía, o la misa, la Santa Cena que ellos celebran, tiene un enfoque muy diferente al enfoque que nosotros tenemos cada domingo. Porque ellos creen, de hecho, en su teología y en su doctrina, que Cristo es sacrificado cada vez que tú participas del pan y del vino. Ese es el sacrificio otra vez repetido, porque es el cuerpo físico real de Cristo el que se está... La transubstanciación, es como le llaman. Entonces está entregándose otra vez en Su cuerpo por nosotros.

Es contrario a lo que dice el autor de Hebreos. Dice: "No, no piensen que el sacrificio de Jesús se tiene que hacer una y otra vez; sucedió una sola vez en la historia". Y, como vimos el domingo pasado, va en las dos direcciones: va hacia atrás, hacia la primera generación, y va hacia adelante, hacia la última generación de la humanidad que va a ser redimida. "De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado". "La consumación de los siglos" está haciendo referencia a que ese evento, ese evento en particular, la muerte de Cristo, Su muerte, Su resurrección, y Su ascensión —realmente tenemos que ver esas tres cosas juntas en el libro de Hebreos, porque forman parte de todo el evento redentivo de Cristo—, ese evento es el clímax de toda la historia de la humanidad. Ahí está; ese es el clímax, la consumación de los siglos. Es a lo que todo estaba apuntando.

Una vez para siempre

Y "una vez para siempre" ya es una frase... Esta es una frase tan especial, porque apareció ya varias veces en el libro de Hebreos. Recuerden, capítulo 7, capítulo 7, versículo 27, ¿se acuerdan?: "Que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo". Después pueden encontrarla en el capítulo 9, versículo 12, que vimos la semana pasada, que dice: "Y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo". Y más adelante otra vez van a encontrar esta frase, "una vez para siempre", en el capítulo 10, en el versículo 10, que vamos a estar viendo el próximo domingo: "En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre".

¿No les encanta "una vez para siempre", el poder decir eso? Esa frase, "una vez para siempre", no está hablando de nuestra experiencia en relación a nuestra fe y en relación a nuestro pecado, ¿verdad? Todo es una obra de Dios a la que se está refiriendo. No es: "Ya pasó; ya pequé la última vez, y ahora soy perfecto". O: "Ya mi fe es perfecta; ya nunca más voy a dudar, ya nunca más voy a tener ninguna clase de crisis en lo que pienso acerca de Dios, o en lo que pienso acerca de la Palabra de Dios". No: es la obra de Cristo. Y es justamente porque es la obra de Cristo que podemos hoy vivir confiados acerca de nuestra salvación. Porque si fuéramos nosotros la realidad de "una vez para siempre", sabríamos que no es cierto. Nosotros seguimos fallando, nosotros seguimos luchando, nosotros seguimos teniendo una batalla interna con el pecado, y sabemos que no somos confiables. La obra de Cristo sí es perfecta, y sí es única, y sí es en un solo momento de la historia.

Por qué ya no hacemos llamados

Por esa razón es que explicar esto es importante. Es una de las razones por las cuales nosotros hemos dejado de hacer llamados y de decir: "A ver, ¿quién quiere aceptar a Jesús? ¿Y quién quiere orar para que entre a su corazón? ¿Y quién quiere estar seguro de su salvación?". Porque muchas veces —y es de lo que yo me di cuenta en mi experiencia creciendo, escuchando ese tipo de llamados—, lo que empecé a ver es que generaba duda muchas veces en las personas que en algún otro momento ya habían aceptado a Jesús. Entonces: "Sí, sí, pero ¿y si de veras fue real? O sea, ¿de veras soy cristiano? Entonces más vale que vuelva a aceptar a Jesús". Y entonces veías a la misma gente volviendo a hacer una decisión por Cristo una y otra vez. ¿Por qué? Porque había inseguridad en ellos con respecto a esa decisión.

Pero es porque no estaban viendo la obra de Cristo; estaban viendo su decisión en relación a esa obra de Cristo, y pensando que se trataba nada más de ese momento. Pero este pasaje nos está invitando a ver hacia atrás, a confiar en esa obra continuamente, y a no verme a mí mismo como la base de mi seguridad. "¿Estás seguro de que recibiste a Cristo?". "Híjole, sí; sí lo recibí... no sé". Bueno, ve la obra de Cristo nada más. ¿Y cómo ves ahora esa obra? ¿Como única y perfecta para siempre? Esa es la pregunta. No es en base a ti; es en base a Él. Y eso es lo que tiene que darte seguridad: saber qué tan confiable es Él en relación a lo que te está ofreciendo. No te puedes salvar muchas veces. La obra salvífica de Cristo es única en tu vida; una vez que te salva, está hecha.

Dice Romanos, capítulo 6, versículo 8 —vean desde el 8—: "Y si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él, sabiendo que Cristo, habiendo resucitado de entre los muertos, no volverá a morir; la muerte ya no tiene dominio sobre él. Porque en cuanto a que él murió, murió al pecado de una vez para siempre; pero en cuanto él vive, vive para Dios". Y un poquito más adelante —van a estar estudiando esto los que estudian Romanos, cuando lleguen ahí—, pero el clímax del libro de Romanos, de hecho, es el capítulo 8, y dice: "¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió; sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros". Toda nuestra dependencia está en un sacrificio único para todos los tiempos. Es la esperanza del evangelio, es la experiencia que tenemos como cristianos, y es la esperanza que este pasaje quiere darnos.

Una sola muerte, y después el juicio

Y ahora llegamos a un versículo que muchos de ustedes probablemente conocen, han escuchado muchas veces en sus vidas, el versículo 27: "Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio". Entonces es interesante, y me encanta normalmente cuando estamos estudiando un libro así, porque pronto, muchas veces, en el contexto en el cual lees este versículo... Yo toda la vida crecí escuchando este versículo. Pero ¿saben cuál era siempre el enfoque de ese versículo? Pues: "Prepárate para la muerte". ¿No es ese el punto? Que vas a morir un día y vas a ser juzgado por Dios. Lo cual sí está diciendo el texto; claro que es parte del mensaje. Pero si ya lo vemos en su contexto específico aquí, ¿por qué menciona el autor de Hebreos este punto?

Bueno, la principal razón por la que lo menciona es porque hay un paralelo entre nuestra muerte y la muerte de Cristo; es la razón por la que surge este tema. ¿Cuál es el paralelo? Una sola muerte. O sea, el punto de ese texto es mostrarnos que, de la misma manera que Jesús murió una sola vez, ustedes van a morir una sola vez. Ustedes no mueren muchas veces; Él tampoco murió muchas veces, ni tiene que morir muchas veces. Enfrentó el juicio por ustedes; ustedes van a enfrentar juicio. Hay todos estos paralelos. ¿Por qué surge este texto aquí, en este punto de la narrativa? No es sobre nosotros en sí; es sobre Jesús. O sea, esto no es para decirnos: "Así, pues, te vas a morir, y vas a ser juzgado, y a ver cómo te va". El punto es decir: "No, tú, cuando te enfrentes a tu Creador, puedes confiar en que hubo una sola muerte que te puede justificar delante de Dios". Es el propósito de este texto, y es mostrarnos ese paralelo, esa similitud que existe entre nuestra experiencia humana y el sacrificio de Cristo.

No a la reencarnación

Pero sí nos está diciendo, efectivamente, que no creamos en la reencarnación. Sí es un punto de este texto: una sola muerte. Estas filosofías tan comunes hoy en día de que te mueres, y te mueres, y te mueres, y te mueres, y sigues surgiendo en diferentes tipos de formas de vida, supongo. Si te portas mal, pues vas a regresar como una mosca; si te portas bien, a lo mejor te toca ser presidente en la próxima vida. No sé si eso sería algo bueno, realmente. Pero es la filosofía. Y los griegos tenían esta filosofía también, muy... sobre el círculo de la vida. Ellos veían que cuando tú morías, pues nada más ibas a dejar de existir, y ya. Decían que la historia es simplemente cíclica. Pero nosotros no; o sea, en nuestras vidas van a dejar... o sea, son además una parte de ese ciclo, y ya ahí desaparecen. Esto también está diseñado para romper con esa filosofía de que esta vida es todo lo que hay. No, esta vida no es todo lo que hay. Después de la muerte sigue nuestra conciencia: sigues estando consciente, sigues sabiendo; hay una realidad que te rodea. Y claro, esto no entendemos bien cómo es, pero ha habido muchos testimonios, miles de testimonios, de personas que se mantienen conscientes aun cuando su cuerpo deja de funcionar. Y ya hay muchos casos, médicamente hablando, de gente que está en este punto intermedio entre la muerte y la vida, y nunca pierden en realidad la conciencia; siguen estando conscientes de la realidad que los rodea, especialmente cuando deja de latir su corazón. Bueno, esa es otra cosa interesante nada más de pensar. Pero el punto es que ahí hay una realidad que sigue después de esta vida, y es un recordatorio este versículo de esa realidad. Es un recordatorio de que la salvación es pasada, presente y futura. Ya sucedió en la historia: en algún momento de la historia Cristo vino y murió por nosotros; nuestra redención fue comprada y adquirida por un evento único. Pero hoy nosotros estamos experimentando esa redención y esa salvación ya como una realidad. Y el día que muramos también experimentaremos esa realidad al estar en la presencia de Dios.

Está establecido

"De la manera que está establecido". ¿Quién estableció eso? ¿Quién estableció que muramos? ¿Ustedes se apuntaron para eso? "Y yo prefiero un día morir". ¿O es algo que es inevitable y parejo para todos? ¿Por qué? Porque Dios lo estableció. Dios lo estableció a través de la unión corporativa con Adán y de su pecado. Dice: "Si tú comes del árbol del fruto del bien y del mal, de cierto te digo que morirás". Dios estableció eso; Dios dijo que así tenía que ser. Y todos los descendientes de Adán, por causa de su pecado, también mueren físicamente. Está establecido por Dios que muramos, y que recordemos, que recordemos qué tan serio es el pecado, porque la muerte es consecuencia del pecado. Y tú tienes una cita con la muerte; todos tenemos una cita con la muerte.

¿Nunca se han preguntado qué interesante sería saber el día que vas a morir? Pensar: "Este es el día; me quedan dos años, me quedan cinco años, me quedan diez años". Pero es algo que Dios ha mantenido en secreto para nosotros, pero como una realidad que no podemos escapar. ¿Por qué? Porque hay algo acerca de pensar en la muerte... La Biblia una y otra vez nos recuerda acerca del día en que vamos a morir, porque hay algo acerca de pensar en el día de tu muerte que trae una seriedad al pecado, y que trae una seriedad a cómo estás viviendo tu vida hoy. ¿No es cierto? Cuando piensas sobre eso, cuando dices: "Si yo supiera que mañana es mi último día de vida, ¿qué diferencia haría eso en las decisiones que estoy tomando hoy, en las acciones que estoy tomando hoy y en las cosas que creo que son más importantes?".

El necio y el sabio

Estaba escuchando a Piper hablar acerca de la diferencia entre un necio y un sabio, porque el Salmo 90:12 dice: "Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría". "Enséñame hoy, Dios, a contar mis días de tal manera que yo sea sabio". Y John Piper decía que la diferencia entre ser necio y ser sabio es que un necio piensa mucho en cosas que no importan y poco en cosas que sí importan. El sabio es exactamente lo contrario: piensa mucho en las cosas que sí importan y poco en las cosas que no. Y es el sabio en cómo vive cada día: piensa más en cosas eternas, piensa más en el reino de Dios, piensa más en lo que estamos leyendo aquí en Hebreos 9. ¿Quién va a ganar la NBA este año? Me preocupa mucho ese tema. No, quiero ser sabio; no me va a preocupar demasiado. Me va a preocupar un poquito nada más.

Tenemos un sacrificio que da esperanza, porque vamos a morir. Y esa es una de las cosas que más debería de darnos miedo, si es que no hay esperanza. Estas son las cosas que más nos deberían de aterrar, si no supiéramos qué sigue. Pero este texto nos está diciendo qué sigue: nos está diciendo que viene un juicio. Y nada más para darles una probada de lo que creo que está pensando el autor de Hebreos aquí, vayan al capítulo 10 tantito, versículos 30 y 31, porque eso es lo que quiere hacernos pensar. Y cuando piensas en la muerte y cuando piensas en el juicio, no quiere que pensemos en un juez muy bonachón y flexible, que dice: "Me caes bien, está bien", o alguien que no está siendo demasiado estricto en cuanto a las cosas que hacemos.

Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo

Vean lo que dice el versículo 30: "Conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará", ¿a quién?, "a su pueblo". Ustedes, cristianos, piensen en el juicio de Dios, porque Dios nos juzgará. "Horrenda cosa" —versículo 31—, "¡horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!". Piensen en qué tan serio es este juicio. Creo que está hablando no nada más de... Debe de haber un juicio en el momento en que muramos, para que seamos aceptados por Dios en Su presencia; ese es un juicio, y creo que ese es parte del juicio que está aquí. Pero creo que el principal juicio que está visualizando aquí, por lo que dice el versículo 28, es el juicio que sucederá en la segunda venida de Cristo: el juicio de vivos y muertos. Tienes razón para temer, a menos que haya una sangre perfecta y un sacrificio perfecto que te pueda representar. Entonces la razón por la cual está este versículo aquí es para no temer, si es que hemos entendido lo que significa el sacrificio de Cristo, si hemos valorado lo que significa Su sangre por encima de la sangre de los animales.

Aparecerá por segunda vez

El versículo 28 dice: "Así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan". Entonces Cristo se ofreció una sola vez, y esto lo coloca en un periodo de la historia en el cual se convirtió en el sacrificio, derramó Su sangre. Dice esto para salvar a aquellos que quieran tener acceso a Dios, que quieran ser reconciliados con Dios: "Aquí está este regalo que yo les estoy dando a través de este momento de la historia. Pero cuando yo regrese nuevamente, voy a regresar con un propósito diferente. Ya no es para hacer un sacrificio, ya no es para perdonar pecados. Ahora es para vindicar a aquellos que pusieron su fe en mí; ahora es para hacer justicia perfecta sobre todo el pecado del mundo, sobre toda la maldad que existe en el mundo".

Como dice Apocalipsis 6, ¿se acuerdan?, el 16 y 17: "¿Quién podrá estar en pie?". Ya ha llegado el día del juicio, de la ira de Dios, ¿y quién podrá estar en pie delante de Él? Así vendrá por segunda vez, sin relación con el pecado; o sea, con otro propósito. No para perdonar los pecados, no para salvar a la humanidad de sus pecados, como hizo la primera vez, sino para salvar a los que ya han creído en Él, a los que le esperan. Dice Romanos 5:9 al 10: "Entonces, mucho más, habiendo sido ahora justificados" —ya llegaron a este versículo aquí, ¿sí?, ¿verdad?, bien—, "habiendo sido justificados por su sangre, seremos salvos de la ira", el juicio venidero, "por Él. Porque si cuando éramos enemigos fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, habiendo sido reconciliados, seremos salvos por su vida". El juicio es inevitable, pero la culpabilidad del pecado no es inevitable.

¿Anhelas Su venida?

Voy a terminar nada más con este pensamiento: "para salvar a los que le esperan". ¿Qué tan importante es para ti ver a Jesús regresar nuevamente? Es una lucha. Vivimos en un mundo de muchos placeres, muchas cosas buenas, y es muy fácil olvidar la importancia de la segunda venida de Cristo, la restauración de todas las cosas, el estar en Su presencia. Veníamos hablando allá en el carro justamente de esto, de qué tanto anhelamos la venida de Cristo. Y Cristina, que cuando estaba soltera no quería que regresara Cristo antes de que se casara: "Dame chance de casarme". No nada más eso... Ahora ya piensa diferente. Ahora ya... "Y si hubiera estado bien", ¿no?, "no era tan...". Y creo que todos hemos pasado por ese tipo de... Lo que anhelamos mucho en esta vida tiende a ocupar mucho nuestra mente y nuestro corazón, y se nos olvida lo que es importante.

Si tú tienes duda sobre tu salvación, si no estás seguro de dónde estás con Dios, este pasaje te muestra uno de los frutos de alguien que realmente es salvo: qué tanto anhelas verlo otra vez. ¿A quiénes viene a salvar? "A los que le esperan". ¿Estás esperando a Cristo día tras día tras día, diciendo: "Sí, Señor, ya ven"? Estamos viviendo un año en el cual es un poquito más fácil decirlo, ¿verdad? Pero a veces las cosas van muy bien en nuestra vida, y a veces de pronto hay muchas bendiciones físicas y terrenales de parte de Dios, y empezamos a enamorarnos de esas cosas, y empezamos a olvidar el tesoro que hay en nuestro corazón, que ha sido experimentado a través del evangelio, que es ver a Cristo como lo más increíble, lo más hermoso que hemos experimentado en nuestras vidas.

Eso tiene que hacer que anhelemos verlo otra vez, que anhelemos Su venida nuevamente, y digamos: "Sí, Señor, yo sé que vas a regresar para salvarnos a nosotros, que te estamos esperando. Sé que va a ser muy diferente cuando regreses nuevamente a la manera en que se vio la primera vez". O a lo mejor, si no eres salvo, piensas: "Híjole, va a arruinar mis planes. Si se acaba el mundo mañana, entonces ya no pude hacer lo que quería". Le has dado demasiado peso a lo que no tiene importancia, a algo temporal. La pregunta es: ¿te va a salvar Jesús cuando venga como juez? ¿Estás preparado hoy para lo que viene después de la muerte? Todo depende de cuánto valor... cómo ves el sacrificio de Cristo.

Oración final

Gracias, Padre, por este tiempo juntos. Te pedimos que Tú sigas guiando nuestro estudio de este libro. Gracias por Tu salvación, por la sangre de Cristo, por Su sacrificio perfecto, una vez y para siempre, por cada uno de los redimidos, escogidos, que estamos aquí hoy gozándonos en estas verdades. En el nombre de Cristo Jesús.

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