Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 8HebreosNathan Díaz

El sacerdocio de un nuevo pacto

¿Qué es el nuevo pacto que Dios prometió? Hebreos 8 lo describe con Jeremías 31: una ley escrita en el corazón, una relación directa con Dios sin intermediarios y un perdón que ya no deja condenación en contra nuestra. El primer pacto no falló por ser malo, sino porque el pueblo no permaneció en él; Cristo es el sumo sacerdote que sí lo cumple.

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Transcripción

Bienvenida y oración

Buenos días, hermanos. Otra vez nos reunimos a través de este medio, pero, como ya mencionaba Roberto, el plan es que muy pronto podamos ya vernos: primero algunos, después más y más, hasta que ya otra vez estemos toda, toda junta la familia de la fe, como ya estábamos acostumbrados a vernos cada domingo. Y es nuestra oración que la iglesia cumpla el propósito por el cual Dios estableció a la iglesia, que es el fortalecimiento espiritual del cuerpo de Cristo a través del ejercicio de los dones, a través de la comunión, a través del discipulado, y también la proclamación del evangelio a todo el mundo a través de la predicación del evangelio, que es la gran comisión que Dios nos ha dado. Así que esperamos que en las próximas semanas podamos ir haciendo esta transición del regreso aquí al local, y que sea un tiempo de gozo, al haber adquirido una nueva apreciación por lo que significa la iglesia en nuestras vidas.

Así que vamos a pedir la bendición de Dios hoy en nuestro estudio del libro de Hebreos, lo que vamos a estar viendo hoy, que es el capítulo 8.

Padre, gracias por la oportunidad de estar juntos nuevamente. Te pedimos, Señor, que Tú bendigas lo que vamos a estar meditando hoy de este libro, el libro de Hebreos, y este capítulo 8, que habla de cosas tan increíbles, tan profundas, acerca del plan que Tú tenías para redimirnos, y cómo lo fuiste desarrollando a lo largo de toda la historia del Antiguo Testamento, y cómo hoy podemos ver el cumplimiento de todas las cosas. Todas las sombras que habían estado siendo reveladas, hoy podemos verlas todas en la historia cumplidas en Cristo. Y hoy ponemos nuestra esperanza en Él y solo en Él, porque no tenemos ningún otro lugar a dónde ir más que a Ti. Tú eres nuestro Dios, Tú eres nuestro Creador, Tú eres nuestro Salvador y, como vamos a ver hoy también, Tú eres nuestro Sumo Sacerdote, que cumple el nuevo pacto para nosotros. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

El nuevo pacto, de Ezequiel a Hebreos

Hoy vamos a ver algo de lo que ya vimos cuando estuvimos estudiando el libro de Ezequiel. Y si recuerdan, en el libro de Ezequiel, cuando estábamos en el capítulo 33, pero en otras partes, varias partes de Ezequiel, había aparecido también esta idea de un nuevo pacto que Dios iba a hacer con Su pueblo. El autor de Hebreos aquí va a retomar esta idea del nuevo pacto, especialmente aquí en el capítulo 8. Ya lo habíamos visto, o ya más bien les había dicho que íbamos en esa dirección, porque el domingo pasado, cuando estábamos viendo el capítulo 7, el versículo 22 —«Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto»—, hice referencia a que ese es el pacto al que se refiere: el mejor pacto es el del capítulo 8 que vamos a ver hoy, que es específicamente el nuevo pacto.

Y vamos a desarrollar en los próximos domingos de todo este mes de agosto, vamos a estar desarrollando todas las diferentes facetas del nuevo pacto: cómo es que todo lo que estaba en el Antiguo Testamento estaba apuntando hacia este nuevo pacto. Entonces vamos a leer el capítulo 8 de Hebreos y vamos a tratar de ver qué es lo que el autor quiere hacernos ver específicamente acerca de Cristo en relación a todas estas promesas mejores, que no son nuevas en el Nuevo Testamento. El punto es que estas promesas ya habían estado apareciendo en el Antiguo Testamento.

Lectura de Hebreos 8

Vamos a leer este capítulo, capítulo 8. Dice:

«Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, ministro del santuario, y de aquel verdadero tabernáculo que levantó el Señor, y no el hombre. Porque todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios; por lo cual es necesario que también este tenga algo que ofrecer. Así que, si estuviese sobre la tierra, ni siquiera sería sacerdote, habiendo aún sacerdotes que presentan las ofrendas según la ley; los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: "Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte". Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas.

»Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo. Porque reprendiéndolos dice: "He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos no permanecieron en mi pacto, y yo me desentendí de ellos, dice el Señor. Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor: pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré; y seré a ellos por Dios, y ellos serán a mí por pueblo; y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos. Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades". Al decir: "Nuevo pacto", ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer».

Qué es un pacto

Ese es el mensaje de hoy: tiene que ver con el sacerdocio de un nuevo pacto. Vamos a ver en los próximos domingos, cuando veamos el capítulo 9, todos estos elementos más detallados, pero hoy es un resumen general; hoy es una introducción a esta idea del nuevo pacto.

Y nada más quiero empezar diciendo que la idea de pacto en la Biblia, y también hoy en día, la idea de pacto tiene que ver con un acuerdo sobre cómo te vas a relacionar con otra persona, cómo va a ser esta relación entre los dos. Eso es un pacto: cómo se va a desarrollar. Y, por supuesto, el matrimonio es un buen ejemplo de pacto, porque cuando hacemos un pacto matrimonial con otra persona es un acuerdo entre los dos sobre cómo nos vamos a relacionar, desde nuestras posesiones y nuestras cosas materiales que tenemos, hasta también aspectos emocionales y relacionales. Hay una exclusividad en el pacto; hay una promesa en el pacto con respecto a lo que yo voy a hacer por ti, y cómo me voy a comportar contigo, y cuáles son mis compromisos para contigo, con otra persona.

Y esto es lo que quiero que piensen, porque esto es lo que se desarrolla aquí. Cuando hablamos de un nuevo pacto, es una nueva manera en la cual Dios se está revelando en cuanto a Su relación con Su pueblo. Eso es lo que está tratando de mostrarnos Dios a lo largo de toda la Biblia cuando habla de pactos: «Cómo me relaciono con ustedes, cuáles son las condiciones, cuáles son las características de mi persona y de mi carácter con respecto a ustedes, y sus personas, su carácter, sus pecados, su obediencia, su santidad». Todas estas dimensiones son las que encontramos a lo largo de la Biblia en relación a los pactos.

El punto principal: tenemos tal sumo sacerdote

Y aquí empieza desarrollando el autor de Hebreos un resumen muy bueno de todo lo que ya hemos venido viendo, porque lo dice en el versículo 1. Dice: «Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote». Entonces dice: «Miren, no sé si ya se dieron cuenta, pero esta es mi idea central». Y esto les ayuda muchísimo cuando se trata de interpretación bíblica, porque el mismo autor les está diciendo de qué se trata, cuál es el tema central de lo que está diciendo: «El punto central que yo estoy tratando de desarrollar por siete capítulos» —ya no lo dice así, pero eso es lo que tenemos en nuestras Biblias—. Siete capítulos ya ha estado mostrando aspectos acerca de este Sumo Sacerdote: «Este tal sumo sacerdote es el que tenemos. Quiero darles la idea de lo grandioso que es, de lo majestuoso que es, de lo increíble y esperanzador que es para nosotros, el tipo de confianza que nos trae». Eso es lo que ha sido el punto central hasta ahorita, el punto principal.

Así que vamos a resumir lo que en estos primeros seis versículos nos dice el autor que es el punto principal. El punto principal tiene que ver con el sacerdocio de Jesús; ese es el punto principal. Pero ¿cuáles son los aspectos de este sacerdocio? Número uno, es que se sentó a la diestra del trono de la Majestad en los cielos. Número dos, es que es ministro del santuario.

Y número tres, es que es el verdadero tabernáculo. Vamos a ver eso uno por uno, pero quiero que todavía vayan más abajo, porque empieza a explicar: «Todo sumo sacerdote está constituido para presentar ofrendas y sacrificios», y sigue hablando acerca del sacerdocio levítico, que es lo que ya habíamos estado hablando.

Figura y sombra de las cosas celestiales

Pero vean el versículo 5, porque aquí está la clave de lo que está tratando de explicar. Sí, es el sacerdocio de Jesús, pero es el sacerdocio de Jesús como el cumplimiento de las sombras que habían estado siendo desarrolladas en el Antiguo Testamento. Es lo que dice: «los cuales sirven». Estos sacerdotes, dice el autor de Hebreos, todavía siguen hasta el día de hoy. O sea, entendemos que Hebreos fue escrito antes del año 70, y que todavía en el año 70 fue destruido el templo en Jerusalén y cesan los sacrificios y las ofrendas. Pero entonces les dice el versículo 5: «los cuales sirven» —los sacerdotes—; o sea, todavía estaba en función el templo y los sacrificios sacerdotales. Pero les dice: «los cuales sirven a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales, como se le advirtió a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: "Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte"».

Entonces la idea es que todo esto en el Antiguo Testamento era una sombra de algo que iba a venir más adelante. Y probablemente los receptores de esta carta, la audiencia original, por ser cristianos han sido discriminados para participar del templo, de los rituales del templo y de las ceremonias del judaísmo. Probablemente, porque es lo que se estaba dando en la primera iglesia: si tú eres judío y te convertías al cristianismo, te discriminaban y te hacían a un lado y te decían: «¿Sabes qué? Pues tú ya no perteneces aquí; ya no debes de participar con nosotros». Entonces el autor de Hebreos quiere animarlos y decirles: «No importa, porque todas esas cosas de las cuales ustedes ya no pueden participar nada más eran sombras. No era la realidad, no era lo importante; nada más eran cosas que nos estaban apuntando en una cierta dirección. Pero el Sumo Sacerdote ya vino; Jesús ya se manifestó».

Cuando a Moisés se le reveló cómo hacer el tabernáculo, se le estaba revelando una realidad más profunda, que solamente estaba imitando en su construcción del tabernáculo, que era una realidad celestial. «Pero no se preocupen: aunque suena como que hacer a un lado el sacerdocio levítico es algo gravísimo, realmente no lo es, porque ya no necesitamos a esos sacerdotes». El punto principal es que ha habido el cumplimiento de las sombras, y eso significa que ya no necesitamos sacerdotes. Porque así como los judíos tenían a sus sacerdotes —y dice el autor de Hebreos: ya no necesitan sacerdotes—, de la misma manera hoy en día el catolicismo tiene sacerdotes, pero ya no necesitamos sacerdotes.

Ya mencioné esto varias veces el domingo pasado. Espero que puedan ver cómo no hay base, no hay base para decir: «Sí necesitamos un sacerdote que oficie la misa, y el sacrificio de Jesús se tiene que repetir una y otra vez en cada misa». Eso es completamente contrario a lo que estamos leyendo aquí. Ya no necesitamos sacerdotes; ya no se tienen que seguir haciendo sacrificios, porque ya se hizo un sacrificio. Ya hay un Sumo Sacerdote que reemplaza a todos los sacerdotes humanos falibles. Entonces ya pasó el sacerdocio humano; ahora tenemos un mejor sacerdocio.

Sentado a la diestra del trono

¿Cuál es ese sacerdocio? Ahora sí, vamos a ver cuáles son estos puntos. Primero, sentado a la diestra del trono, lo cual nos muestra la importancia que tiene Jesús, porque siempre el que se sentaba a la diestra de un gobernante era el que tenía la mayor autoridad junto con el gobernante. Entonces uno es esta idea de sentado a la diestra, lo cual ya había explicado el autor de Hebreos en el capítulo 1, versículo 3.

Y además —ya iba a ir al número dos, pero hay una cosa más que quiero decir—, además, el sacerdocio levítico, humano, cuando entraba en el tabernáculo, cuando entraba en el templo, no había dónde sentarse. Esos sacerdotes nunca se sentaban; siempre tenían que estar parados dentro del tabernáculo, y dentro de los rituales, y dentro de los sacrificios. Pero este Sacerdote, Cristo Jesús, está sentado, lo cual da la idea de que ya acabó la obra. Esos sacerdotes humanos estaban parados porque no terminaban la obra que estaban completando; no habían completado esta obra del sacerdocio, de la intercesión por el pueblo. Pero Jesús sí terminó la obra, por lo cual Él se puede sentar, como muestra de una obra completa y final: consumado es.

Ministro del santuario y verdadero tabernáculo

Número dos: ministro del santuario. Este Sacerdote está administrando constantemente. La obra de redención de Cristo ha sido terminada, pero la obra de intercesión de Cristo no se ha terminado; esa es una obra constante.

Y número tres, quiero que vean: es verdadero tabernáculo. Él es el verdadero tabernáculo. El tabernáculo era una tienda, básicamente, que se movía para ir con el pueblo dondequiera que fuera. Y Jesús ahora, como dice Juan 1, tabernaculó entre nosotros, puso Su tienda entre nosotros: Él es el verdadero tabernáculo. A Moisés se le dio un modelo de elementos del cielo, de la presencia de Dios, para replicar en el tabernáculo que había entre el pueblo de Israel.

Cuando dice «verdadero tabernáculo», no se refiere a que no es un verdadero tabernáculo. El tabernáculo que construyó Moisés sí era un verdadero tabernáculo, pero no era el verdadero tabernáculo en el sentido de que no era el tabernáculo final. Era un tabernáculo temporal; estaba apuntando hacia otra realidad, que era la realidad celestial. O sea, era, como digamos, una maqueta. ¿Cómo se diseña una maqueta? Bueno, ves la idea del edificio, o del parque, o lo que sea que quieres representar, de su tamaño real, y haces una minirrepresentación a escala de esa otra realidad. Y, por supuesto, pues la maqueta está ahí para representar esta otra realidad, pero no es que sea falsa la maqueta; sí es verdadera, simplemente que no es el punto, no es el objetivo, no es la realidad final: solamente apunta hacia otra realidad.

Entonces a Moisés se le mostró una realidad espiritual, celestial, que él replicó con todas las características, medidas, elementos, materiales; todo eso tenía que ver con verdades de realidades espirituales en la presencia de Dios. Y entonces ahora Jesús es el verdadero tabernáculo, que representa de una manera real lo que es estar en la presencia de Dios, no en una tienda, sino en el cielo. Es una realidad celestial. Va a venir más sobre esto más adelante también en el libro de Hebreos, pero solo quiero mostrarles que esto es muy importante, esto de las sombras.

Todo el Antiguo Testamento apunta a Jesús

Porque esto nos muestra, en esta idea de la teología bíblica, que todo en el Antiguo Testamento está apuntando hacia Jesús, está apuntando hacia realidades más profundas. Nada de lo que leemos en el Antiguo Testamento está diseñado para quedarse limitado dentro de los parámetros que existen para Israel, para las leyes, para la tierra. Todo eso estaba diseñado para amplificarse cuando Jesús fuera más manifestado, y es lo que estamos experimentando el día de hoy.

Estaba leyendo a un comentarista que decía que estas son las realidades que fueron desatadas cuando Jesús se manifestó, cuando Él se encarnó y estuvo entre nosotros, y cumplió Su misión, murió y resucitó: se reveló una nueva dimensión de Sus funciones, de Sus características, que creo que es lo que nos está mostrando este texto. Se fue, o dejó el cielo, como el Hijo de Dios, pero regresó como el Hijo de Dios pero también, a través de la encarnación, como Hijo del Hombre. Dejó el cielo como Señor, pero regresó como Señor y también como ministro que está intercediendo a favor nuestro en presencia del Padre. Se fue como Rey, pero regresó como Rey y también como Sumo Sacerdote intercesor por aquellos a los cuales no se avergüenza de llamarlos hermanos, como leímos en el capítulo 2. Y Él como Soberano, pero también regresó como Salvador. Entonces todas estas realidades son las que nos quiere mostrar este capítulo.

Un mejor pacto

Versículo 6: «Pero ahora tanto mejor ministerio es el suyo, cuanto es mediador de un mejor pacto, establecido sobre mejores promesas». Vamos a ver ahora sí este punto sobre un mejor pacto, un mejor pacto. Versículo 7: «Porque si aquel primero hubiera sido sin defecto, ciertamente no se hubiera procurado lugar para el segundo».

Mejor pacto. «Sin defecto» quiere decir, entonces, que el primer pacto estaba defectuoso. ¿Cuál es el problema con el primer pacto? Bueno, cuando dice «sin defecto» no se está refiriendo realmente a lo que nosotros pensaríamos que era un pacto defectuoso, en el sentido de que necesitaba ser arreglado, o de que va a ser desechado completamente. No es la idea realmente aquí, porque el pacto en sí, el pacto de la ley que Dios hizo con el pueblo de Israel era un pacto perfecto, en el sentido de que estaba hecho por Dios: era la ley de Dios, era el mandamiento de Dios que tenían que cumplir. Eso no tiene ningún problema; de hecho, la ley es buena, como leemos en Romanos 7: nos muestra nuestro pecado. Sí es un pacto bueno, pero es un pacto defectuoso, o es un pacto inferior, en el sentido de que no está completo: no logrará aquello que Dios quiere terminar haciendo, que es salvar a Su pueblo. Es decir, el primer pacto no puede salvar; está limitado en cuanto a su eficacia para salvación.

Y van a poder ver —y es lo que veíamos antes— que entonces es un pacto externo, no interno. Tiene nada más características externas, mostrando nuestra pecaminosidad por estas leyes y estas reglas puestas por Dios. Todo eso es externo; no tiene la capacidad de cambiarlos, no tiene la capacidad de transformarnos. Entonces solo había revelado un cambio externo. Como dice Romanos 8:3 y 4: «Pues lo que la ley no pudo hacer, ya que era débil por causa de la carne, Dios lo hizo: enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado y como ofrenda por el pecado, condenó al pecado en la carne, para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu».

El problema no era el pacto, sino ellos

Entonces es lo que dice: era débil por causa de la carne. Y eso lo vemos aquí en el texto, porque dice «reprendiéndolos». ¿A quiénes? Pues a los receptores del pacto. Dios reprende a los receptores del pacto, porque el problema no era el pacto, sino que ellos eran el problema. Dice: «He aquí vienen días, dice el Señor, en que estableceré con la casa de Israel y la casa de Judá un nuevo pacto; no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto». Ahí pueden ver que no es que fuera un pacto al que le falta la gracia. Sí había gracia, porque pues eso es lo que Dios manifestó cuando los sacó de Egipto: pura gracia. Es gracia, gracia, gracia.

¿Cuál era el problema? ¿Por qué tenía un defecto? Dice: «porque ellos no permanecieron en mi pacto». Ahí está el problema. Capítulo 4, versículo 2, ¿se acuerdan?: «Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron». ¿Cuál era el problema? O sea, sí eran buenas nuevas, sí era un pacto que Dios estaba haciendo con ellos para salvarlos, pero no provocó fe en ellos, no causó fe en ellos. Ese era el problema.

Dios sí quería hablarle a Su pueblo, pero solamente viendo esta primera fase del pacto, se ve solamente una fase externa, que no tiene la capacidad de crear fe en Su pueblo, y por eso es que no permanecen en Su pacto. «Y yo me desentendí de ellos, dice el Señor». «Me desentendí», y pueden ver que es la misma palabra que usó el autor de Hebreos en el capítulo 2, versículo 3, cuando leíamos: «¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?». Entonces la idea es: «Los descuidé», dice el Señor. ¿Por qué? «Porque ellos no permanecieron en mi pacto, porque ellos fallaron, porque ellos no cumplieron con lo que yo demandaba de ellos. Por eso».

Lo nuevo del nuevo pacto

Pero lo que no se había visto —y esta es la parte de lo nuevo—... Lo nuevo no es que el nuevo pacto no haya existido en el antiguo, porque si no, nadie habría podido ser salvo. Como vamos a ver más adelante, sí hubo salvación en el Antiguo Testamento. La diferencia es que este nuevo pacto realmente no había sido revelado en su totalidad. No se había revelado cómo es que se iba a ver; cómo, digo, se iban a perdonar pecados; cómo es que Dios iba a salvar; cómo es que Dios iba a hacer Su obra de gracia en Su pueblo de una manera tangible, que pudieran ver y experimentar. No se vio hasta que Jesús estuvo entre nosotros, hasta que Jesús se convirtió en el sacrificio perfecto y en el Sumo Sacerdote perfecto.

No podíamos ver, y el pueblo de Israel no podía ver, hacia dónde iba todo y cómo se iba a cumplir. Solamente tenían que confiar, y por fe decir: «Bueno, algo va a hacer Dios, pero no sabemos qué». Y Dios les empezó a revelar: «Es un nuevo pacto, es algo nuevo que voy a estar haciendo, que va a completar, que va a hacer posible esto otro que les dije, que es la ley en sus vidas».

Dice 2 Corintios 3:18: «Pero todos nosotros, con el rostro descubierto, contemplando como en un espejo la gloria del Señor, estamos siendo transformados en la misma imagen de gloria en gloria, como por el Señor, el Espíritu». Entonces la idea es: Dios usa Su Espíritu, y esa es la manera en que va a desarrollar este mismo pacto, para hacer esta obra. Y Filipenses 2:13 dice: «Porque Dios es quien obra en ustedes tanto el querer como el hacer, para Su buena intención». Es la NBLA la que estoy leyendo.

Ahí tenemos entonces un mejor pacto, sin defecto, como vamos a leer ahora en Jeremías 31, que es el pasaje que cita el autor de Hebreos, 31 al 34, y su cumplimiento en lo que dijo Jesús en la Última Cena: «Esta sangre representa el nuevo pacto para ustedes». Esto es lo que Yo he venido a hacer: a cumplir el nuevo pacto.

Un pacto interno

¿Cómo se ve el nuevo pacto? Número uno, es un pacto interno. Vean lo que dice en el versículo: «Por lo cual, este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice el Señor». La parte interna que describe: «Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré». Entonces aquí tenemos cómo funciona la salvación que Dios nos ha dado: es una salvación intelectual, y también es una salvación que trabaja en nuestra voluntad y en nuestras emociones. A eso se refiere «mente» y «corazón».

Y eso es lo que vemos en Deuteronomio, cuando les manda a tener la ley sobre su frente y sobre su mano. Y, por supuesto, cuando vimos en Apocalipsis la marca de la bestia, era la misma idea, pero lo contrario: es la marca de la bestia en la frente y en la mano, que representa también nuestra mente, nuestro intelecto, la manera en que vemos el mundo, y también nuestra voluntad y nuestras emociones, en nuestro corazón. ¿A quién le perteneces: a Dios o a Satanás? Es la gran pregunta de toda la Biblia. Y aquí Dios está diciendo: «Yo me voy a encargar de que sea una realidad, no nada más lo que ustedes saben sobre mí, sino una realidad de lo que sienten acerca de mí en lo que quieren hacer con respecto a mí». «Pondré mis leyes en la mente de ellos, y sobre su corazón las escribiré». Pueden verlo en Deuteronomio 6:6.

Y es la parte interna. ¿Cómo se cumple? Se cumple en 2 Corintios 5:17, que dice: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; ahora todo ha sido hecho nuevo». Es la realidad interna del nuevo pacto: Dios escribe Su ley no en tablas de piedra, sino en corazones, directamente al corazón. Ya no es algo externo que viene a nosotros desde afuera, sino que es una realidad interna, escrita aquí adentro, que nos muestra la voluntad de Dios y nos hace desear la voluntad de Dios.

El corazón viejo en las manos

Estaba leyendo acerca de un cirujano que fue el primero en hacer un trasplante de corazón. Al estar hablando con su paciente, su primer paciente que tuvo el primer trasplante de corazón, le dijo: «¿Quieres ver tu antiguo corazón?». Y se lo trajo, y fue el primer hombre en sostener su propio corazón en sus manos. Después de varias preguntas técnicas que le hizo, le dijo: «Aunque esto era el antiguo corazón, ya no me funcionaba; ya no lo quiero». Y así, nunca más quiso volver a pensar en ese antiguo corazón que le habían quitado. ¿Por qué? Porque ya no le servía; no era lo que necesitaba. Necesitaba un nuevo corazón.

De la misma manera, Dios hace ese tipo de obra en nosotros: nos quita el corazón que no nos sirve, que es un corazón de piedra, un corazón que no responde a la ley de Dios, que se rebela contra la ley de Dios, y nos da un corazón de carne. Es la realidad interna.

Un pacto relacional

La otra cosa que vemos del nuevo pacto es la realidad relacional. Y eso es lo que encontramos en el versículo 10, la segunda parte, donde dice: «Y seré a ellos por Dios, y ellos me serán a mí por pueblo». Ahí está esa parte relacional, como el pacto de promesas matrimoniales: Dios prometiendo Su parte como esposo, y la iglesia prometiendo su parte como la esposa. «Seré a ellos por Dios»: «Sí, acepto». «Y ellos me serán a mí por pueblo»: «Sí, acepto». Esa es la idea aquí: que por fin se finaliza, se hace real esta nueva relación que existe entre Dios y Su creación, entre Dios y Su pueblo, y que es una realidad relacional. Porque Dios es Dios de toda la creación. «Yo seré su Dios». Bueno, Dios es Dios de toda la creación: de las estrellas, de los árboles, del mar, de los animales. Pero no es nada más Dios de la creación en esta descripción, sino que es Dios de Su creación de una manera más profunda, de una manera que satisface el alma de Su creación, de una manera que ninguna otra parte de la creación puede experimentar.

Como dice Isaías 62:5: «Porque como el joven se desposa con una virgen, se desposarán contigo tus hijos; y como se regocija el esposo por la esposa, tu Dios se regocijará por ti». Apocalipsis 21, ya habíamos leído esto: es el cumplimiento de todas las cosas. Es Dios diciendo: «Ahora Yo soy su Dios, y ustedes son mi pueblo. Ahora sí se cumple el propósito por el cual Yo los hice, que es disfrutarme a mí para siempre». Hay una parte relacional aquí que se cumple a través del nuevo pacto.

Todos me conocerán

Y versículo 11: «Y ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos». Aquí está hablando de dos cosas, creo. Una es el aspecto de conocer de una manera no externa, otra vez, sino interna. Como leemos en Mateo 7:23, cuando Jesús está en el juicio final y confronta a aquellos que dicen: «Señor, en Tu nombre echamos fuera demonios, hicimos todas estas cosas». Jesús les dice: «Nunca los conocí». No es que Jesús esté diciendo que no los conocía en el sentido de que no sabía que existían, sino: «No los conocí porque no teníamos una relación real, porque realmente no estábamos comprometidos en este pacto de gracia que Yo hice, este nuevo pacto que hice a través de mi sangre». Eso es lo que no existía. «Sí sé que existen».

También creo que aquí se manifiesta otro aspecto, que es: «Ninguno enseñará a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce al Señor; porque todos me conocerán, desde el menor hasta el mayor de ellos». Es decir, ya no necesitamos intermediarios. No hay nadie entre nosotros y Dios, sino que Dios directamente es Aquel que nos muestra quién es y cómo podemos conocerlo a través de la fe. Es algo personal de cada quien, que experimenta con Dios. Por eso es el punto de que ya no necesitamos intermediarios, ya no necesitamos un sacerdote: «Todos me conocerán». Va a existir una manera de relacionarnos directamente.

No es que no sea necesaria la enseñanza; eso no es lo que está diciendo. Lo que está diciendo es que ya no se requiere... o sea, no se basa en una persona. No es que yo tenga la capacidad de hacer que alguien conozca a Dios; Dios solamente lo puede hacer, y Él lo hará. Puedo predicar el evangelio, pero yo no puedo hacer que nadie conozca a Dios; eso solo es algo que Dios puede hacer, y es algo que es totalmente personal. Tú no me necesitas a mí. Aunque Dios me puede usar para que tú lo conozcas, no me necesitas, porque es obra de Dios.

Y va a ser algo universal; es decir, todo el mundo tendrá acceso a esta relación. Por eso dice «desde el menor hasta el mayor»: una obra que Dios hace en todo el mundo, judíos y gentiles. Sí, a eso está apuntando esta verdad, que a los judíos no les gustaba y no entendían muy bien, pero es la realidad a la que apuntaba el nuevo pacto. No es nada más intelectual, sino que es interno.

Un pacto judicial: el perdón de los pecados

Y por último tenemos esta otra característica del nuevo pacto, que es judicial: interno, relacional y judicial. Y esto tiene que ver con el perdón de los pecados, que es lo que viene en el versículo 12: «Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades». Esta es la realidad más increíble.

Y otra vez, no es que en el Antiguo Testamento la gente no era salva. Sí, sí fueron salvos; fueron salvos por fe, como nosotros. Y sí había gracia también. ¿Por qué? Porque el nuevo pacto de hecho sí estaba operando, aunque la realidad no se había manifestado todavía. De eso es de lo que habla Romanos 3, versículos 24 al 26: «Todos son justificados gratuitamente por Su gracia por medio de la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió públicamente como propiciación por Su sangre a través de la fe, como demostración de Su justicia, porque en Su tolerancia Dios pasó por alto los pecados cometidos anteriormente». ¿Cuáles? Los pecados del Antiguo Testamento. O sea, Dios había pasado por alto esos pecados, y eso no es justo si es que Jesús no hubiera aparecido en la escena. Pero sí apareció en la escena. ¿Por qué? Para mostrar Su justicia; Dios quería mostrar Su justicia de esa manera: «para demostrar en este tiempo Su justicia, a fin de que Él sea justo y sea el que justifica al que tiene fe en Jesús».

Entonces dice: «Seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades». Hay tanto que se podría hacer, todo un sermón más, sobre este versículo, pero nada más quiero decir algunas cosas aquí. Y la primera es que cuando dice «nunca más me acordaré», «nunca más me acordaré», no es que Dios tiene amnesia y nada más se le olvidan las cosas. Por supuesto, Él es Dios; Él sabe todo lo que hay en el pasado, en el presente, en el futuro. Y no es que no sabe lo que sucedió, no sabe que pecamos. A lo que se refiere es a las consecuencias de una deuda, las consecuencias de condenación de lo que implica nuestro pecado. En ese sentido es que ya no se acuerda.

La deuda pagada

Yo no sé si ustedes han experimentado esto, pero si ustedes dejan de pagar algo al banco —una tarjeta de crédito, el teléfono, internet o cualquier cosa—, que dejen de pagar por un mes, van a empezar a recibir llamadas, y les van a hablar, y les van a decir: «Oiga, ¿por qué no ha pagado?». Y no te van a dejar de llamar hasta que pagues; es la única manera de hacer que dejen de llamar. ¿Por qué? Porque hay una deuda pendiente, y eso hace que se mantenga presente esa realidad. Y por eso te hablan, y te hablan, y te hablan, y te dicen: «Tú debes, tú debes, tú debes». Cuando pagas, te dejan de hablar. Ahora, no es que ellos no tienen un registro de que alguna vez hubo una deuda, pero ya no tienen ningún derecho a llamarte por esa deuda, porque ya la pagaste.

Ese es el punto, y ese es el sentido en el cual este versículo está diciendo que Dios olvida nuestros pecados y nuestras iniquidades: porque ya no hay nada en contra de nosotros. Ya nunca más va a sacar esos pecados como una causa de condenación y de culpabilidad. Es lo que dice Romanos 8:1: «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús». Ninguna condena. Y se acuerda Jesús de tu pecado, pero se acuerda de que ya fue pagado. Dice: ninguna condenación. No hay más reproche, no hay más consecuencias, no hay más separación.

Paz con tu Creador

No sé si ustedes han experimentado eso —y eso es relacional otra vez—: cuando te importa alguien, cuando tú ofendes a esa persona y cuando esa persona se enoja contigo, tú no estás tranquilo hasta que esa ofensa se soluciona, hasta que puedes pedir perdón y esa persona te dice: «Te perdono». Hasta que no sucede eso, especialmente en las relaciones más cercanas que tenemos —por ejemplo, el matrimonio, con nuestros papás o con nuestros hermanos—, cuando uno no ha llegado a ese punto de reconciliación, las cosas no están bien. No tienes paz.

Y eso es lo hermoso de lo que nos está prometiendo este pasaje: que tú puedes tener paz con tu Creador. Puedes saber que la ofensa que tú has hecho contra Él ya ha sido perdonada, si es que has puesto tu fe en Cristo Jesús, si es que tú le has pedido perdón a Dios a través de lo que Cristo Jesús hizo por ti como tu Sumo Sacerdote: que Él te represente delante de Dios, que lo que Él haga y Su obra sea todo lo que necesitas.

Y en lo único que estás confiando para tu propia vida, si es lo que has hecho, entonces puedes tener paz, porque entonces sabes que Dios te ha perdonado; la relación está restaurada. Y espero que no tengas paz hasta que esta realidad no sea una realidad que se asiente en tu corazón, que tú creas que es verdad: «Sí, Dios me ha perdonado». No debes de tener paz sobre esto a menos que lo que estoy diciendo ahorita, y lo que hemos estado leyendo, sea algo que tenga toda la realidad para tu vida, que cuando lo escuchas digas: «Así es; esto es lo que he visto, esto es lo que he experimentado ya».

Entonces este versículo es el cumplimiento de lo que leemos en el Salmo 103, versículo 12: «Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones». Esa es la promesa de lo que hace Jesús por nosotros.

El propiciatorio

Y vean esta palabra —esto es interesante—, porque dice: «Porque seré propicio a sus injusticias». «Seré propicio»; bueno, «seré misericordioso a sus injusticias», es lo que significa. Pero piensen en esa palabra, «propicio», porque eso nos apunta hacia el Lugar Santísimo. Porque en el Lugar Santísimo estaba el arca del pacto —y piensen: es el arca del pacto, el pacto que Dios ha hecho—, y otra vez son sombras de lo que habría de venir. Y lo que dice entonces es que el arca del pacto tenía los dos querubines, y sobre el arca estaba lo que se llamaba el propiciatorio.

Ahora vean esta palabra aquí del versículo 12: «Porque seré propicio», seré misericordioso; eso es lo que significa. Lo cual significa que esa parte del arca del pacto, el propiciatorio, es el lugar de misericordia; es el trono de Dios. ¿Y saben qué había dentro del arca del pacto? Adentro del arca del pacto estaban las tablas de la ley, el maná y la vara de Aarón. La vara de Aarón representando el sacerdocio; el maná representando la provisión de Dios para Su pueblo; las tablas de la ley representando Su ley dada a Moisés. Pero esas tablas de la ley habían sido rotas por el mismo pueblo, quebrantadas por el mismo pueblo.

Cuando entraba el sacerdote —que, como leímos en los versículos 3 y 4, entra el sacerdote y necesita algo que ofrecer—, entonces entra con la sangre, y esa sangre la pone sobre el propiciatorio. Y en ese propiciatorio, entonces, Dios está viendo ya no las tablas de la ley que habían sido quebrantadas, que están dentro del arca del pacto, sino que ve la sangre que fue puesta encima. Y eso es lo que apuntaba hacia el perdón de los pecados del pueblo, que se cumpliría finalmente en Jesucristo: pasar por alto los pecados del pueblo, que esa sangre que traía el sacerdote representaba la sangre de Jesús. «Seré propicio a sus injusticias» —al quebrantamiento de mi ley—, «y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades».

Próximo a desaparecer

Es la realidad que nos muestra este pasaje, que termina con el versículo 13, y aquí es donde terminamos hoy: «Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer». Parece ser que aquí parte de la idea que se está profetizando, o por lo menos que están cerca de este momento en la historia, es precisamente la destrucción del templo en el año 70 después de Cristo. En el año 70, con el emperador Tito... Ya había habido varios años de rebeldía, de protestas de parte de los judíos por todas las injusticias que se hacían de parte del Imperio romano; finalmente, con el emperador Tito es destruido el templo de Jerusalén en el año 70.

El primer pacto está próximo a desaparecer. Pero no es que no cumplió una función; sí cumple una función. Simplemente que ahora la realidad a la cual estaba apuntando ha sido manifestada, Jesucristo, por lo cual ya no es necesario lo anterior. Lo cual nos muestra que no se va a reconstruir el templo en Jerusalén otra vez, y no se van a restaurar los sacrificios otra vez, porque eso ya ha pasado. Dios ya mostró Su cumplimiento; ya tenemos a Jesucristo. Ya no hay retroceso hacia esas cosas, por lo menos para el pueblo de Dios. No hay retroceso hacia esas cosas; no debería de haberlo.

En Lucas 19, versículos 43 a 44, Jesús profetizó ese evento en el cual iba a ser destruido el templo, iba a ser sitiada Jerusalén. Y les dijo Jesús la razón: «Es porque ustedes no han reconocido a su Mesías. Y al no reconocer a su Mesías, Yo voy a quitar los sacrificios, Yo voy a quitar el templo, porque Yo ya vine». Y la mejor manera de hacer eso evidente es hacer imposible que sigan los sacrificios. Lo cual sería una pregunta interesante para los judíos de hoy; es decirles: «¿Tú cómo haces expiación por tus pecados de acuerdo al Antiguo Testamento? No puedes. ¿Cómo sabes que tus pecados están siendo perdonados, si ya no tienes un sacerdote que entre al Lugar Santísimo por ti, que derrame la sangre de los sacrificios por ti?». Sería interesante tener una conversación con judíos sobre ese tema.

La oruga y la mariposa

Lo que yo veo aquí, hermanos, versículo 13, donde dice: «Un nuevo pacto ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer», lo veo como el proceso que ya se ha creado en la naturaleza, por ejemplo, de una oruga. Una oruga teje un capullo, se mete dentro de ese capullo, y un tiempo después sale como una mariposa. Eso te da una idea un poco, creo, de cómo se desarrolla el plan de Dios. No es que la oruga realmente ha desaparecido; simplemente esa oruga ha tomado una forma más completa, más hermosa, más final de la que tenía originalmente. Podríamos decir que esa oruga ha desaparecido porque ha dado lugar a algo nuevo, a una nueva realidad, porque esa oruga siempre estaba destinada a convertirse en mariposa.

De la misma manera, el primer pacto siempre estuvo destinado a convertirse en el nuevo pacto, a cumplirse en el nuevo pacto. Y es por eso que el autor de Hebreos puede seguir con toda confianza: «Miren, ya ha sido manifestado Jesús. Ya no necesitamos regresar a los sacrificios, ya no necesitamos regresar al templo, ya no necesitamos regresar al sacerdocio, porque tenemos aquello que se supone que tenía que ser revelado después de todas esas cosas, y que es la realidad final».

Las sombras en la pared de la cueva

Las sombras: piensa cómo funciona una sombra. Y había una fábula de Platón, de la antigua cultura griega, que era muy famosa, que es la parábola de la cueva, que mostraba que el hombre era como una persona que estaba dentro de una cueva, y que todo lo que veía era la sombra que se generaba por el fuego en la cueva, en las paredes. Y entonces esa persona nunca tenía la capacidad de ver las realidades detrás de esas sombras; lo único que podía ver eran las sombras.

Creo que a lo mejor el autor de Hebreos tiene eso en mente cuando habla de las sombras, y nos muestra cómo es que, cuando estás leyendo el Antiguo Testamento y cuando estás leyendo acerca de todos estos rituales, lo que estás viendo son estas sombras en las paredes. Pero la realidad detrás de todo eso está aquí: es Jesús. Es la realidad celestial, la presencia del Padre, la realidad del cielo y de la eternidad siendo mostrada y ejemplificada a través de estas cosas pequeñas que Dios está haciendo en la historia, a través de un pueblo limitado y reducido, que algún día se va a expandir y mostrar una realidad más perfecta, más completa y más eterna. Y esa es la realidad que tú y yo hemos conocido hoy, cuando conocimos lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.

De eso vamos a seguir hablando los próximos domingos. En el capítulo 9 nos vamos a tomar nuestro tiempo para hablar de todas las cosas que el nuevo pacto nos muestra, todas las realidades del nuevo pacto a través de Jesús: el tabernáculo, la sangre, el sacerdocio. Todo eso sigue siendo desarrollado en este libro.

Oración final

Gracias, Padre, por Tu Palabra, y gracias porque podemos ver y disfrutar del nuevo pacto que Tú nos has dado en Tu sangre, y que hoy es una realidad que nos da esperanza y que nos ayuda a vivir en paz, sabiendo que hemos sido reconciliados con nuestro Creador. Así que sigue, Señor, mostrándonos estas verdades y ayudándonos a vivir con una convicción firme en la verdad de Tu Palabra, que transforma nuestros corazones, que nos transforma internamente para poder vivir para Ti y para Tu gloria. Así que, Señor, bendice las próximas semanas nuestro estudio de Tu Palabra, y que gradualmente, regresando a vernos, podamos ya tener comunión unos con otros. En el nombre de Cristo Jesús.

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