Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 10:19-25HebreosNathan Díaz

No dejando de congregarnos

¿Por qué es importante congregarse y no dejar de reunirnos como iglesia? Hebreos 10:19-25 conecta el acceso que tenemos por la sangre de Cristo con el llamado a estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. Predicado al volver a reunirnos durante la pandemia, explica por qué una transmisión en línea no sustituye a la familia de la fe.

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Transcripción

El regreso a congregarnos

… (La grabación comienza con el mensaje ya iniciado.) Y más o menos habíamos calculado que hemos tenido hasta 250 personas en este edificio. Entonces, haciendo ese cálculo —obviamente el más amplio, en eventos como conferencias de misiones y otro tipo de eventos—, haciendo ese tipo de cálculo, pensamos que hasta 80 personas estamos dentro de este rango, más o menos 30% de los oyentes. Otra vez, estamos haciendo el cálculo más en base a lo más que hemos tenido. Pero primero Dios, considerando lo que la Palabra dice sobre ese tema, sabemos, y confiamos en que esta es la decisión más sabia ahorita para nuestra iglesia: ya congregarnos y el estar juntos.

Y quiero mostrarles hoy del texto en Hebreos... que no fue planeado de esta manera, obviamente, porque no sabíamos cuándo íbamos a regresar. Y cuando todo esto empezó en marzo, realmente pensábamos que iba a ser un mes o unas cuantas semanas, y así se fue extendiendo. Entonces no lo planeamos; no había manera de planearlo. Sin embargo, Dios en Su providencia permitió que justamente en nuestro desarrollo del libro de Hebreos, que hemos venido haciendo, hoy fuera el pasaje de Hebreos 10:19 al 25.

Y este texto es el comienzo —ya les explicaba esto el domingo pasado—, es el comienzo de esta transición en el libro de Hebreos a hacer más énfasis en la parte práctica de la vida cristiana. Hemos estado hablando principalmente de teología durante 10 capítulos —9 capítulos, 10 capítulos, y casi 11 capítulos— sobre teología, y estableciendo los principios acerca de la persona de Cristo, y acerca de la redención, y acerca de la manera en que Él cumple el plan de Dios para nosotros a través de Su sacerdocio, a través de Su sangre, a través de ser nuestro acceso delante de Dios. Y los primeros versículos que vamos a estar viendo hoy de esta sección son un recordatorio de todo lo que ya hemos estado viendo.

Lectura de Hebreos 10:19-25

Entonces vamos a leerlos. Abran sus Biblias en Hebreos 10 y lean conmigo los versículos 19 a 25, que dicen así: "Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne, y teniendo un gran sumo sacerdote..." —un gran sumo sacerdote, sí— "...un gran sumo sacerdote sobre la casa de Dios, acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe, purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura. Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió. Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca".

Señor, te pedimos Tu guía a través de este tiempo juntos en Tu Palabra. Te pedimos que podamos entender claramente cuál es Tu voluntad para nuestras vidas a través de este pasaje y a través de lo que ya hemos venido estudiando en todo este libro. En el nombre de Cristo Jesús.

La manera en que quiero recorrer este texto es: dos privilegios, tres frutos y cuatro razones para congregarnos. A veces no queda tan ordenada de esa manera la estructura del texto, pero eso es lo que encontré al estar meditando en el texto.

Dos privilegios: tenemos acceso

Pueden ver primeramente que Pablo... No, no sabemos; no creo que sea Pablo, pero el autor de Hebreos... Nos acostumbramos a decir "Pablo" porque escribió la mayoría del Nuevo Testamento, y entonces eso hace que sea fácil citarlo a él. El autor de Hebreos quiere mostrarnos dos cosas que, otra vez, han sido las cosas que se han venido desarrollando en todo el libro, que son privilegios que tenemos a través de Cristo Jesús. Número uno: tenemos acceso. Ese es el primer privilegio. Cuenta ahí en el versículo 19: "Teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne".

Esta es la parte del acceso, ¿no? Se nos muestra la manera en la cual, a través de Jesús... Y aquí es muy interesante con qué es comparado ahora. Se acuerdan que hemos hablado de que, pues, Jesús es como estos corderos, pero mejor; y es como los sacerdotes, pero mejor; y es como Moisés, pero mejor; y es como los ángeles, pero mejor; y es como todas las cosas... El autor nos ha querido mostrar cómo Jesús es mejor y superior. Y Él es como el tabernáculo también, pero mejor. ¿Y aquí con qué compara a Jesús? Con el velo del templo. Pudimos entrar al Lugar Santísimo por la sangre de Jesús, por el camino nuevo y vivo que nos abrió a través del velo.

Entonces, si recuerdan esto, Mateo 27:51 nos explica lo que sucedió cuando Jesús murió: fue rasgado el velo que dividía el Lugar Santo del Lugar Santísimo. Y aquí nos dice: "esto es, de su carne". El velo es Su carne. Entonces ahora Jesús es el velo, el velo siendo representado por Su carne, porque a través de Su sacrificio es que ahora tenemos acceso. Y entonces, de la misma manera en que el sumo sacerdote podía pasar a través del velo para entrar al Lugar Santísimo, nosotros ahora podemos pasar a través de Jesucristo al Lugar Santísimo. Esa es la idea de lo que nos está tratando de mostrar el autor aquí. Y eso es un camino nuevo y vivo: el nuevo pacto que ya habíamos estado viendo.

Tenemos un gran sumo sacerdote

Y la segunda cosa que nos muestra, el segundo privilegio, es lo que dice el versículo 21: "Y teniendo un gran sacerdote sobre la casa de Dios". Entonces esto es que tenemos un representante. Como dirían Chucho y Paloma: tenemos un abogado. ¿Qué hace un abogado? Te representa. Él se encarga de decir las cosas correctas, él se encarga de buscar la manera en la cual puedes cumplir con la ley y puedes hacer las cosas correctamente, y ser representado correctamente, y ser justificado correctamente delante de las autoridades.

Y de la misma manera, Jesús es nuestro sumo sacerdote como nuestro representante fiel, perfecto en todos los sentidos. Eso es lo que ya hemos venido hablando: es un gran sumo sacerdote sobre la casa de Dios. Él es quien nos representa; Él está sentado a la diestra del Padre, está intercediendo por nosotros constantemente. Estas son las verdades de las que ya hemos estado hablando por meses en el libro de Hebreos. Y ahora tenemos cosas que están ligadas a esos dos privilegios. Como tenemos acceso, y como tenemos un representante legal perfecto, versículo 22, ¿qué podemos hacer? Acerquémonos. ¿Adónde? A la misma presencia de Dios. Entremos al Lugar Santísimo con corazón sincero, un corazón puro, un corazón genuino.

A veces usamos este lenguaje... ¿Cómo es? O sea, ¿cómo me acerco con un corazón sincero? ¿Cómo sé que estoy siendo sincero? ¿Cómo sé que mis motivaciones realmente son las correctas cuando me acerco delante de Dios? Bueno, recuerden que "corazón" en la Biblia se refiere al todo de nuestra vida. O sea, con todo lo que tenemos, con todas las áreas que representan quiénes somos: nuestra manera de pensar, nuestros sentimientos, nuestra voluntad. Con todas esas cosas acerquémonos delante de Dios, y con todas las diferentes áreas que representan nuestra vida: nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras pasiones, las cosas que nos gustan, las cosas que no nos gustan, las cosas con las que batallamos, las cosas con las que somos tentados. Con todas esas cosas acerquémonos de esa manera. A eso se refiere el corazón sincero: a un corazón no dividido, a un corazón que está comprometido a entregarse completamente, en plena certidumbre de fe.

Tres frutos: la fe

Lo cual me lleva a tres frutos: fruto pasado, fruto futuro y fruto presente. Y creo que eso es lo que se desarrolla en este texto. El primero es fe. Creo que la fe es un don de Dios; creo que es algo que Él nos da, que es lo que precisamente nos permite acercarnos con un corazón sincero, una vez que Dios nos ha dado la fe para entender la realidad de este nuevo camino abierto por Jesucristo, nuestro sumo sacerdote. Una vez que entendemos esa verdad, entonces esa es la fe que necesitamos, que es una fe de plena certidumbre: "purificados los corazones de mala conciencia, y lavados los cuerpos con agua pura". Esta es la idea de todo lo que ha venido hablando acerca de este acceso: que nuestros corazones ahora pueden estar tranquilos de que realmente tenemos paz con Dios, porque el sacrificio perfecto se ha hecho. Y "lavados los cuerpos con agua pura" es probablemente una referencia aquí al bautismo. Y Roberto ya mencionaba eso: tenemos pendientes bautizos, que representan esta realidad de una manera externa. Lavamos nuestros cuerpos con agua pura externamente para representar una realidad interna, que es una conciencia tranquila, una conciencia inocente delante de Dios. Ya les vamos a anunciar cuándo se dan estos bautizos. Los animamos a que hagan esta representación externa: laven sus cuerpos con agua pura. Representa el acceso a Dios, al Lugar Santísimo; representa la sangre dada por nosotros.

Mantengamos firme la profesión de nuestra esperanza

Entonces ahora, versículo 23: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza". La profesión: lo que decimos que creemos, que no cambie. Una vez que tú has profesado tu fe en Cristo, una vez que tú has dicho: "Sí, Él es la razón de mi esperanza, Él es la razón de mi vida, el propósito de mi existencia", una vez que has proclamado que crees en ese sacrificio que Jesús ha hecho por ti, que no fluctúe esa profesión. Ya lo vimos en el capítulo 3, versículo 6, ¿se acuerdan?, esta advertencia. Regresen ahí, en Hebreos 3. Capítulo 3, versículo 6 dice: "Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza".

Luego, en el versículo 14, dice: "Porque estamos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio". Lo único que cuenta es si al final te mantienes con la misma confianza con la que empezaste; si no, no eres hijo de Dios. Capítulo 4, versículo 14, dice: "Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión". Entonces, bien, esto ya es un tema que el autor de Hebreos ha estado desarrollando: esta profesión de fe, lo que decimos. Retengan eso que dicen, y ahora, que lo que dicen se convierta en una realidad con lo que hacen. Y ese es el énfasis del libro de Hebreos ahora: que ahora se vea esta fe y esta profesión de ciertas maneras.

Estaba leyendo un libro que tengo, que se llama "¿Cómo pues viviremos ahora?", "¿Cómo pues viviremos?", que sería el título en español, de Francis Schaeffer. Y él dice en ese libro: "Lo que la gente son en el mundo de sus pensamientos determina cómo actúan. El resultado del mundo de sus pensamientos fluye a través de sus dedos y de sus lenguas al mundo externo. Esto es verdad del cincel de Miguel Ángel, y es verdad de la espada del dictador". ¿De dónde viene todo lo que hacemos? De nuestra manera de pensar, de lo que está en nuestra cabeza, de la manera en que vemos el mundo.

La esperanza: el fruto futuro

Entonces esto me lleva al siguiente punto, que está aquí en el versículo 23: "Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión", ¿de qué? "De nuestra esperanza". Entonces vemos hacia atrás, vemos en el pasado todo lo que Jesús ya ha hecho por nosotros, y eso establece el fundamento para nuestra fe. Y eso es lo que nos da esperanza. ¿Y esa esperanza ve hacia dónde? Hacia el futuro. Sabemos lo que nos espera. Sabemos que no tenemos miedo de la muerte, sabemos que podemos cumplir con la voluntad de Dios, porque no importan las aflicciones, las tribulaciones del tiempo presente; la gloria que nos espera es mucho mayor. Entonces tenemos una esperanza segura, y no estamos nada más tratando de sobrevivir.

Y la mayoría de personas en este mundo simplemente está tratando de sobrevivir. No tienen esperanza; nada más están viviendo día a día: "A ver qué puedo hacer que haga que esta vida sea un poquito más tolerable". ¿No es cierto? Y otra vez el metro, y otra vez la escuela, y otra vez mi familia. Y otra vez: solo estás viviendo día a día, sin esperanza, sin saber lo que sigue, sin saber realmente para qué estás viviendo tu vida. Y esa es la diferencia entre la vida cristiana y la vida que no tiene esperanza. No estamos nada más esperando a ver si tenemos más suerte mañana, a ver si las estrellas se alinean de tal manera mañana que me vaya mejor, y mi horóscopo dirá si es mejor día para mí.

¿Cuál es tu esperanza? ¿Dónde está tu esperanza? De alguna manera todos sí tienen algún tipo de esperanza; no es segura, pero es un tipo de esperanza. Y la pregunta que te puedes hacer claramente para entender esto es: ¿qué es aquello sin lo cual no puedes vivir? Esa es tu esperanza. Eso de lo que dices: "Si no tengo esto, entonces no vale la pena seguir viviendo; preferiría estar muerto". La razón por la cual te levantas todas las mañanas, las razones por las cuales haces lo que haces, las cosas en las que gastas tu dinero, las cosas en las que pasas tiempo: esa es tu esperanza.

Y este libro nos ha mostrado claramente en dónde debería de estar nuestra esperanza. Se acuerdan, capítulo 6, versículo 18: es imposible que Dios mienta. Lo que quiere es que "tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros". Y aquí compara la esperanza, ¿con qué? "La cual tenemos como segura y firme ancla del alma, y que penetra hasta dentro del velo". Entonces, ¿cuál es nuestra esperanza? Que Jesús ya entró en el Lugar Santísimo, que ya hizo la obra, que Él es nuestro sacrificio. Él entró a la presencia de Dios; ahí está. Él es el ancla, y nosotros tenemos el otro lado de esa ancla, y nos podemos agarrar de ella.

Y sabemos que, como los barcos que están en el mar —y todos hasta el día de hoy... Era cierto en esa época y es cierto hoy—, un barco que no tiene un ancla es un barco que está en grave peligro de ser llevado a donde sea. Y cuando tienes un ancla, cuando tienes un punto que no se va a mover, sabes que puedes estar seguro de que llegas hasta donde tienes que llegar, y no vas a ser llevado por las tribulaciones de esta vida. Y yo no recuerdo si les mencioné esto cuando estudiamos ese texto, pero ¿sabían que, de hecho, el ancla era uno de los símbolos usados por la primera iglesia como símbolos del cristianismo, junto con el pescado? Era significativo este símbolo en la vida cristiana, y muchos de esos se basan en ese texto.

De la doctrina a la práctica

Bueno, esa es la esperanza que tenemos. Y podemos ver cómo ya esto nos está mostrando por qué para el autor de Hebreos ya está pudiendo haber un cambio, entonces, con respecto a cómo viviremos. Entonces, ¿cómo se deben de ver nuestras vidas como cristianos, si es que estas son realidades en nuestra vida, si tenemos esta profesión de fe, si realmente estamos experimentando esperanza en nuestras vidas? Es lo que podríamos llamar la transición de doctrina a responsabilidad, o de credo a conducta, o de precepto a práctica, o de instrucción a exhortación. Son las maneras en las cuales podemos describir este cambio que se ve a lo largo de todas las epístolas en el Nuevo Testamento, donde se desarrolla la teología, se desarrolla el fundamento, y en base a eso ahora se nos dice: "Vivan entonces así".

El amor: el fruto presente

Lo cual me lleva a... ¿cuál quieren ustedes que sea el tercer fruto de este pasaje? Fe, esperanza y amor. ¿Les suenan familiares? Hay un versículo de la Biblia que habla de esas tres cosas, y es muy famoso, 1 Corintios 13: "Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres". O sea, los tres son fundamentales en la vida cristiana. No puedes quitar uno y seguir con el otro; van juntos. Pero ¿cuál es la evidencia? ¿Cuál es la manera más clara de establecer que existe fe y esperanza en nuestras vidas? El amor. Por eso es que dice Pablo: "Pero el mayor de ellos es el amor". Porque una vez que tienes este fundamento, esto es lo que se tiene que ver. Y si no se ve esa parte, entonces algo está carente en tu fe, o algo está carente en tu esperanza, si tu vida no está reflejando el amor de Dios y está fluyendo el amor de Dios, ¿para con quién? Y esta es la pregunta, y aquí es donde para el autor de Hebreos esto es claro. Dice: "Porque fiel es el que prometió". Ustedes saben que Él es fiel, y ustedes saben que Él no miente, como ya habíamos visto en el capítulo 6. Ustedes saben estas verdades; por lo tanto, esto es lo que se debe de ver.

¿Dónde está tu esperanza? Donde esté tu esperanza, o de acuerdo a tu esperanza, es que tendrás la libertad para amar. Versículo 24: "Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca". Quiero que nos detengamos en estos dos versículos y analicemos qué es lo que realmente nos está diciendo el texto, cuál es el sentir del autor de Hebreos para nosotros como iglesia, una vez que ya hemos establecido dónde está nuestra fe, dónde está nuestra esperanza. Ahora, ¿qué es lo que se tiene que ver? ¿Cómo ponemos en acción estas verdades en nuestra vida?

Consideremos unos a otros

La primera de ellas es: congréguense. Congréguense. Y estas son algunas de las razones por las cuales deben de congregarse: porque si no se congregan, no van a tener la oportunidad de ejercitar el amor unos con otros. Entonces ese será el punto de congregarnos. Pero quiero que vean cómo primero explica cómo lo tenemos que hacer: consideren, "considerémonos". ¿Dónde ya dijo esta palabra, "consideremos", el autor? ¿Se acuerdan? Capítulo 3, versículo 1: "Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús". Y cuando vimos ese texto, ¿a qué se refería "consideren"? Piensen constantemente, mediten, contemplen esto, piénsenlo.

Se dan cuenta de cómo el pensar no es algo pasivo; es algo activo, es algo que requiere esfuerzo de nuestra parte. Y eso es lo que quiere mostrarnos: que requiere planeación, que requiere trabajo duro. Es lo opuesto a la indiferencia, es lo opuesto a la apatía. Es considerar algo constantemente. ¿Alguna vez algo les apasiona y no pueden dejar de pensar en eso? "Y me lo voy a comprar", y ya... Estás pensando en eso: "Y ya lo quiero tener, y he estado ahorrando ya por años para poderlo comprar". Así que tú estás considerando, considerando, considerando. Y cada vez que te dan tu quincena consideras: "¿Me lo gasto todo, o qué tanto quiero eso por lo que estoy ahorrando?". Entonces guardas un poco de dinero, y vas ahorrando, porque consideras esas cosas valiosas, y eso ocupa tu mente, ocupa tu planeación diaria. A eso se refiere "considerar".

Considerar... "Considerémonos unos a otros". No está diciendo: "Considérate a ti mismo y lo que quieres comprarte". No: "Considera tus problemas y medita en tus problemas", y de ahí: "Pobre de mí, cómo he sufrido en esta vida". "Considérate, que no haya bajado tu autoestima". No: considerarnos unos a otros. La única manera en que vas a considerar a los demás es si tu esperanza está puesta en Dios, porque tu seguridad personal no está en lo que otros creen de ti; está en lo que Dios piensa de ti. Y por lo tanto, ahora, pues, tienes la libertad, tienes el deseo de pensar en otros, no nada más en ti.

Para estimularnos al amor y a las buenas obras

¿Para qué? Para estimularnos. Y otra vez, se puede pensar en cada una de estas palabras, y pensar en todas las implicaciones de cada una de estas palabras, qué tan cargadas están de significado para la iglesia. ¿Alguna vez han tenido hambre, pero estás tan entretenido que se te olvida que tienes hambre? Pero luego pasas por una panadería, ¿y qué pasa? Te acuerdas de que tenías hambre, ¿es cierto?, ¿verdad?, desde hace media hora. ¿Y qué es lo que hizo ese olor? Estimuló el hambre. Y eso es lo que sucede; eso es lo que sucede en la iglesia. Para eso estamos aquí: para estimularnos, para recordarnos el hambre espiritual que deberíamos de tener, que a lo mejor ya se nos olvidó.

¿Qué puedo yo hacer en la vida de mi hermano que le recuerde qué tan importante es la Palabra de Dios en su vida, qué tan importante es el evangelio en su vida? ¿Qué puedo yo hacer para despertar en él algo que a lo mejor no estaba ahí, o que se le había olvidado, o se había distraído con miles de otras cosas? "Acuérdate, hermano, que esto es lo más importante de tu vida": lo que este libro dice, lo que Cristo ha hecho por nosotros, la razón de nuestra existencia como cristianos. No hay nada más importante, y no debemos dejar que a nadie de los que estamos aquí se nos olvide. Pero requiere planeación, requiere esfuerzo. O sea, no es nada más llegar y presentarnos aquí y decir: "Aquí estoy, hermano; vine a escuchar el sermón, y luego nos vemos en la próxima reunión".

Es por eso que esto que estábamos haciendo, de ver los servicios por internet, no es la iglesia realmente. ¿Cómo nos estimulamos unos a otros al amor? Y yo los puedo estimular a través de mis palabras, pero no es mi trabajo nada más; es el trabajo de ustedes entre ustedes. Si no, no es iglesia, porque esa es la razón que da el texto para congregarnos. Se dan cuenta de todas las maneras en las cuales podemos exhortarnos. Dice el texto: "exhortándonos". Podemos orar unos por otros, podemos cuidarnos unos a otros, podemos enseñarnos unos a otros. Hay tantas capas y tantos ángulos por los cuales podemos hacer lo que dice este texto. Y cuando solamente pensamos en una reunión por internet, no funciona; le hemos quitado 10 de las 11 capas que tiene este texto.

Vean lo que dice 1 Tesalonicenses 5:14: "Les exhortamos, hermanos, a que amonesten a los indisciplinados, animen a los desalentados, sostengan a los débiles y sean pacientes con todos". Esa es nuestra... ese es nuestro llamado. Y la pregunta que tú tienes que hacerte hoy, en base a este texto, es: ¿qué clase de cristiano soy? ¿Soy un consumidor? ¿Nada más vengo a consumir lo que me ofrecen? "A ver qué me preparó el grupo de alabanza; ya practicaron el viernes; a ver cómo... a ver qué tan bien lo hacen". Tengo que consumir un producto, un evento. "A ver qué tanto estudió y se preparó este domingo para el sermón; a ver qué tal".

No somos consumidores: somos un cuerpo

¿Se dan cuenta de que en este texto...? Yo creo en la predicación de la Palabra, y creo que es central. Pero se dan cuenta de que realmente en este texto no es la predicación el enfoque. Y esa es la razón por la que les digo que no estábamos funcionando como iglesia sin hacer esto que estamos haciendo ahorita. Y esto solo es una parte; o sea, hay tantas capas de para qué es la iglesia. Pero empieza con esta idea de familia, empieza con esta idea de cuerpo: de que unos son la mano, y unos son la cabeza, y unos son la oreja, y unos son todas estas cosas que Pablo describe en 1 Corintios. Empieza por ahí, para mostrarnos cómo cada quien cumple una función diferente.

Y estamos aquí para ser de bendición a otros; no nada más para que otros sean bendición a nosotros, sino para que nosotros seamos bendición a ellos. Sí, la iglesia está diseñada para que hagamos la teología en comunidad, y eso es lo que estamos haciendo ahorita. Es diferente a que nada más tú te sientes ahí en tu recámara y leas tu Biblia. Sí, hay algo diferente cuando todos estamos escuchando y meditando en lo mismo al mismo tiempo. Y si tú puedes poner un CD, y vas a decir: "Ya, no, aquí nadie me escucha. Siri..." Pues poner Spotify en tu casa y escuchar alabanzas y cantar al Señor. Pero también no es lo mismo que hacerlo corporativamente. Podríamos comentar que esas cosas hasta cierto punto se pueden ejercitar de una manera individual, pero no es lo mismo; no tiene el mismo impacto. Piensen en los criminales, por ejemplo. ¿No es cierto que cuando se hace una... como la llaman, una turba, ¿no?, que se junta mucha gente, se le llama... existe un mimetismo? Hay algo que pasa cuando empiezas a ver a otros actuar de una cierta manera, ¿no?, que es contagioso. Pues la gente... se ha comprobado —hay estudios sociológicos sobre eso—, se ha comprobado que la gente hace cosas con otros que no haría sola, como romper ventanas y grafitear monumentos. No es una sola persona que vaya y diga: "Quiero destruirlo". Lo hacen cuando ven a otros hacerlo; eso les da poder, eso les da confianza, eso los anima.

Hay algo acerca de hacer las cosas en grupo que genera una nueva dinámica. Puedes ver un concierto en la tele también, pero creo que todos nosotros, si nos gusta la música, preferimos ir a un concierto. Y parte de la experiencia de ir a un concierto es que estás con otras personas que también lo están disfrutando. Y esa experiencia de estar con otras personas que tienen la misma prioridad, los mismos gustos que tú, es una experiencia única; hace que el concierto sea tanto más disfrutable. Y otra vez, les muestro esto porque estos son algunos de los aspectos que creo que están implícitos dentro del texto sobre cómo hacemos las cosas en comunidad.

El amor no se practica a solas

La fe y la esperanza podríamos decir que son aspectos que se desarrollan en lo individual y en lo corporativo. Pero el amor... el amor es imposible de practicar en lo individual, ¿no es cierto? No hay manera, no hay manera de que tú ames si no convives e interactúas con otros. Y es más, me atrevería a decir que no hay manera de que ames si no tienes que convivir con gente que no te cae bien. A veces donde más se ve el amor es donde más tenemos la oportunidad de amarnos y de aplicar lo que dice este texto.

Estaba pensando en esta dinámica de lo que significan varias personas juntas porque ayer estaba viendo un partido de básquetbol. Y una de las cosas que más puedes disfrutar en un partido de cualquier deporte así es que, a diferencia de otros deportes que son individuales, como carreras o como gimnasia, supongo, ¿verdad? —está padre, no estoy criticando—, hay algo especial de los deportes que requieren un equipo y que requieren que varios funcionen juntos para lograr un objetivo, ¿no es cierto? Porque requiere pensar en los demás, no nada más en mí, no nada más en mis capacidades, sino en las capacidades de otros, y cómo aprovechar y sacar ventaja de las maneras en las cuales ellos tienen cosas que yo no tengo, y cómo nos complementamos mutuamente.

Membresía: un compromiso con los hermanos

Es por eso, por este texto también, que el tema de la membresía es tan importante para nuestra iglesia. ¿Por qué? Aquellos que han decidido ser miembros saben a qué se han comprometido: a esto. Esto es membresía. Sí, yo tengo un compromiso con mis hermanos para estimularnos al amor y a las buenas obras, porque sé que eso glorifica a Dios: el que yo no nada más piense en mí y en mis problemas y en mis necesidades, sino que piense en cómo puedo yo bendecir a otros que Dios ha puesto en mi camino y que son parte de mi familia de la fe. Ese es mi compromiso con ellos. Por lo tanto, por lo tanto, no voy a dejar de congregarme, como algunos tienen por costumbre. Esos son los miembros que se han comprometido a mantenerse fieles en congregarse para poder seguir siendo de bendición a la iglesia, e involucrarse en las vidas de las personas, y rendir cuentas.

Miren, hermanos, hay gente que dice: "Pero es que yo y Dios... o sea, yo y Dios estamos bien. ¿Por qué necesito a otros?". Y es verdad: no tienes que venir a la iglesia para ser cristiano; no es lo que te hace cristiano, venir a la iglesia. Tampoco tienes que ir a tu casa para estar casado, ¿verdad? Es decir: "Mi esposa y yo estamos casados; no tenemos que vivir juntos. ¿Por qué tenemos que convivir?". ¿Qué dirían de alguien que tiene este tipo de compromiso con su esposa? "Sí, estamos enamorados, pero preferimos vivir cada quien por su lado". Algo no es funcional en esa relación, ¿no? Es lo mismo que tenemos aquí. Es crucial, porque esa es la relación que Dios ha puesto para nuestras vidas, la manera en la cual Dios quiere edificarnos.

Como algunos tienen por costumbre

Vean lo que dice aquí: "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre". Hay dos categorías de la gente que va a la iglesia, ¿no? Unos que están acostumbrados a faltar por lo que sea: "Es que me acosté muy tarde anoche porque estaba viendo una película; entonces mejor no. No tengo ánimo; no vaya a estar durmiendo en el sermón". Así es fácil decidir no venir. Y de pronto, cuando ven, ya pasó un mes o dos meses. Y hay otra categoría que ha hecho un hábito de venir, y no se pueden imaginar otro plan para el domingo más que estar aquí. De vez en cuando dirán: "Bueno, vamos a tomarnos unas vacaciones", pero no es lo común, no es lo normal para el fin de semana. Lo normal es ir a estimular a mis hermanos y hermanas al amor y a las buenas obras. Lo normal es estar siendo parte de la familia. ¿Cuáles son tus hábitos de la semana?

La pandemia como pretexto

Y solo digo todo esto porque quiero que piensen, hermanos, qué es lo que ha hecho esta pandemia. Lamentablemente, creo que esta pandemia ha generado un buen pretexto para todos los que estaban acostumbrados a no congregarse, para todos aquellos a quienes era fácil presentarse de vez en cuando y luego desaparecerse por un rato. Este es el pretexto perfecto, ¿no?: "Ay, es que el virus". Y miren, hermanos, o sea, sí, claro, nosotros suspendimos los servicios y dijimos: "A ver, hay un problema de salud, hay un riesgo; vamos a suspenderlos", porque no sabíamos cuánto tiempo iba a durar. Y pensamos: "Esto es algo temporal; podemos dejar de congregarnos por unas semanas", pensábamos.

Y luego, cuando se fue extendiendo, y extendiendo, y extendiendo, y ahora ya no sabemos cuándo va a terminar esto, dijimos: "A ver, tenemos que hacer algo. No podemos ser indiferentes y no saber cuándo se acaba la pandemia. Si sigue otro año, pues otro año será. Tuvimos que hacer algo, porque esto es importante". Y esto es más importante que tu salud física, hermanos. Pero no lo... sí me importa que no se enfermen, pero me importa más su salud espiritual. Y sí me importa seguir las indicaciones del gobierno, pero me importa más seguir las indicaciones de la Biblia.

Entonces tenemos una lucha aquí de cómo vamos a poner prioridades y decir: "Esto es importante, esto no tanto". "Hermanos, ¿se están arriesgando estando aquí?". Pues sí. Pero ¿qué es lo peor que les va a pasar? ¿Se van a morir? Es lo peor. Pero ¿qué dijo Jesús? Tengan miedo no del que mata el cuerpo; tengan miedo del que mata el alma. Eso es más peligroso. Es más peligroso que ustedes se acostumbren a no convivir con sus hermanos y hermanas. Es más peligroso que se empiecen a desviar por distracciones de este mundo, y empiecen a olvidar lo que es importante en sus vidas, y que no ejerciten sus dones, y que no tengan rendición de cuentas unos con otros.

Y les digo eso con pena, inclusive, hermanos, porque sabemos que aun en la pandemia había maneras de estar en contacto, y a lo mejor evitamos esas maneras de estar en contacto porque era más cómodo. Y se los digo aquí ahorita delante de ustedes, Danny: teníamos un sistema de rendición de cuentas para el consejo pastoral, y lo hemos hecho, y hemos tratado de hacerlo, pero no lo suficiente, porque han pasado a veces semanas, y ha sido más fácil para todos nosotros del consejo pastoral decir: "Más al rato", porque es más fácil. Pero si no rendimos cuentas, entonces no nos vamos a estimular al amor y a las buenas obras. Tenemos que rendir cuentas; tenemos que tener a alguien con el cual hablar y decir: "Hermano, ora por mí. Esta es la situación: así va mi vida, así va mi matrimonio, así va mi devoción diaria, así van todas las diferentes áreas de mi vida". Porque esa es la manera en la cual Dios nos santifica: es a través de otros cristianos. Dios no nos diseñó para ser llaneros solitarios; Dios nos diseñó para vivir la vida en comunidad. Amor, buenas obras, exhortación.

Tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca

Y hay una cuarta cosa aquí en el texto de por qué congregarnos. ¿Hace cuánto se escribió esta carta de Hebreos? ¿Cuánto tiempo tiene? Casi 2000 años, supongamos; vamos a redondear números. Es decir, ya estamos casi ahí, por los 2000 años de que se escribió esta carta. Y cuando se escribió esta carta, los cristianos de estas iglesias decían: "La venida del Señor está cerca", ¿no es cierto? ¿Qué tanto más cerca estamos hoy de lo que estábamos hace 2000 años? Mucho más cerca, mucho más cerca. Lo cual significa que nosotros tenemos aún más presión y más razón para congregarnos que lo que tenían estas personas. Porque es lo que dice el autor, que dice: "No dejen de congregarse, como algunos siguen por costumbre, sino exhortándonos", animándonos los unos a otros. Y entre más cerca está la venida de Cristo, con más razón.

¿Por qué? Y sabemos que es a eso a lo que se refiere, porque ya lo ha estado desarrollando. Si se acuerdan, capítulo 9, versículo 28: "Cristo fue ofrecido una sola vez a los pecados de muchos, y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan". En el capítulo 10 vimos que está en proceso de poner a todos Sus enemigos bajo Sus pies, versículo 13. Ese es el día del que está hablando; ese es el día que se está acercando: el día del juicio de Dios. El juicio de Dios ya viene.

¿Y qué dice Mateo 24:10? Es la razón; este es el razonamiento, creo, para el autor de Hebreos, sobre por qué es más importante que nos reunamos hoy que lo que era que nos viniéramos hace cinco meses. Hoy es más importante, ¿por qué? Porque "muchos se apartarán de la fe" —entonces está hablando de los últimos tiempos— "y se traicionarán unos a otros, y unos a otros se odiarán. Se levantarán muchos falsos profetas, y a muchos engañarán". Eso va a ir incrementando constantemente conforme nos acercamos a la segunda venida de Cristo. "Y debido al aumento de la iniquidad", que va a pasar, "el amor de muchos se enfriará".

¿Cuál es el antídoto para que no se enfríe nuestro amor? ¿Cuál es el antídoto? No dejes de congregarte. Esa es la manera en que no se va a enfriar tu amor. Pero si tú dejas... "El horrendo castigo del juicio de Dios": ese es el sermón del próximo domingo. Vengan.

Hay riesgos cuando amamos

Hay riesgos cuando amamos; hay riesgos cuando nos congregamos; hay riesgos cuando aplicamos este texto. Les voy a dar un adelanto de lo que vamos a ver en dos semanas. Vean los versículos 32 al 34: "Pero traed a la memoria los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos".

Esa es la esperanza que les da la libertad de amarse unos a otros, de arriesgar sus bienes y decir: "Hay un riesgo, sí, pero estoy dispuesto a tomarlo. Me quitan mis cosas también amando a mis hermanos; ¿qué es lo que importa?". Esta es la verdad con la cual somos confrontados. Imagínense, estaba pensando esto: ¿qué haríamos si un hermano de la iglesia tuviera una enfermedad incurable, contagiosa, que no se puede curar? Va a tenerla por el resto de su vida, y si te acercas demasiado a él, te puedes enfermar. ¿Qué haríamos con ese hermano? "Vamos bien; por ti oramos". ¿Qué haríamos? ¿Estaríamos dispuestos a acercarnos a él para amarlo, aunque corriéramos el riesgo de enfermarnos? ¿Tendríamos esa clase de amor?

Ver... Estos sabían que estaban corriendo peligro sus vidas al identificarse con aquellos que habían sido encarcelados por Cristo Jesús. Tú te identificas con ellos, tú los ibas a visitar a la cárcel; es probable que también te metieran a la cárcel. Pero lo hacía. Esa es la clase de amor que estaba viendo en esta iglesia a la cual les está escribiendo. Y es inevitable para mí sentir que lo que nosotros estamos viviendo no es nada. Este riesgo es tan poquito, hermanos, tan poquito, en comparación con lo que significa el poder vivir la voluntad de Dios para nuestras vidas, que lo glorifica a Él.

El día de Cristo se acerca rápidamente. ¿Qué pasaría si supiéramos que este es el último año que tenemos en esta tierra, que Cristo regresa el próximo año? ¿Qué pasa si eso fuera lo que supiéramos y creyéramos? ¿Cómo se vería? ¿Qué tanta prioridad le daríamos a la iglesia, a las cosas de Dios? La pregunta entonces es: ¿cómo, pues, viviremos?

Oración final

Padre, gracias por Tu Palabra. Gracias por la manera en la cual confortas nuestros corazones y nos das esperanza. Ayúdanos, Señor, a vivir la vida de tal manera que otros te glorifiquen al ver nuestras buenas obras, al ver el amor que tenemos unos por otros. Ayúdanos, Señor, a ser fieles al llamado que nos has hecho. En el nombre de Cristo Jesús. Pónganse de pie.

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