Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 9:1-10HebreosNathan Díaz

El tabernáculo de un nuevo pacto

¿Qué significaba el tabernáculo del Antiguo Testamento? Hebreos 9:1-10 recorre el candelabro, los panes, el velo y el arca para mostrar que cada objeto apuntaba a Cristo, y que aquellos sacrificios nunca podían dar una conciencia tranquila. La reforma del nuevo pacto es esta: la presencia de Dios ya no es un lugar, sino una persona.

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Transcripción

Introducción

Buenos días, hermanos. Ya nos estamos acercando más y más a podernos ver nuevamente en persona; ya les estaremos dando más indicaciones acerca de eso en los próximos días. Pero mientras, hoy continuamos en nuestro estudio del libro de Hebreos, cada quien desde sus casas, buscando que la Palabra de Dios siga siendo nuestro alimento y que podamos seguir creciendo juntos en la medida posible. Pero sabemos que lo ideal va a ser cuando estemos aquí todos juntos, gozándonos en la Palabra de Dios y en lo que nos dice en nuestro estudio ahorita del libro de Hebreos, lo que el autor de Hebreos nos está diciendo acerca de las verdades del evangelio.

Y este capítulo 9 que vamos a empezar hoy es un capítulo tan profundo sobre estas realidades que ya hemos estado desarrollando. Vamos a meternos más a fondo en las verdades del nuevo pacto, que es lo que vimos el domingo pasado en el capítulo 8: las verdades del nuevo pacto siendo desarrolladas ahora a la luz de todas las sombras y los símbolos del Antiguo Testamento. Hoy vamos a ver en particular las características del tabernáculo, también del templo, que el autor de Hebreos quiere que veamos.

Lectura de Hebreos 9:1-10

Lean todos conmigo Hebreos 9, versículos 1 al 10, que dicen: "Ahora bien, aun el primer pacto tenía ordenanzas de culto y un santuario terrenal. Porque el tabernáculo estaba dispuesto así: en la primera parte, llamada el Lugar Santo, estaban el candelabro, la mesa y los panes de la proposición. Tras el segundo velo estaba la parte del tabernáculo llamada el Lugar Santísimo, el cual tenía un incensario de oro y el arca del pacto cubierta de oro por todas partes, en la que estaba una urna de oro que contenía el maná, la vara de Aarón que reverdeció y las tablas del pacto; y sobre ella los querubines de gloria que cubrían el propiciatorio; de las cuales cosas no se puede ahora hablar en detalle.

Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; pero en la segunda parte, solo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie. Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto, ya que consiste solo de comidas y bebidas, de diversas abluciones y ordenanzas acerca de la carne, impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas".

Ese es nuestro pasaje del día de hoy. Señor, ayúdanos hoy a entender las realidades, las verdades tan profundas que hay aquí. Que podamos meditar sobre la gran relevancia que tiene todo esto para nuestras vidas, y el gran impacto que hace el evangelio en cada uno de estos versículos, siendo explicado y siendo ejemplificado a través de todas estas cosas que Tú instituiste en el Antiguo Testamento para Tu pueblo. Así que ayúdanos, danos sabiduría para entenderlo. En el nombre de Cristo Jesús.

La audiencia original y nosotros

El versículo 5 nos da una pista muy importante aquí sobre la audiencia original, la audiencia original que habría escuchado o leído esto, y que, recuerden, eran judíos, y que estaban muy familiarizados con el judaísmo. Y el autor de Hebreos, después de explicarles todas estas cosas acerca del tabernáculo y de lo que hay dentro del tabernáculo, básicamente les dice: "Sé que ustedes saben estas cosas". El versículo 5 dice: "...estas cosas de las cuales no se puede hablar ahora en detalle", estas cosas que hay en el tabernáculo. Porque obviamente hay mucho más que decir, pero ustedes conocen mucho de lo que hay ahí, y de todas estas leyes mosaicas que son muy estrictas y muy precisas con respecto al sacerdocio, cómo tenía que estar adornado el tabernáculo, y todos los elementos, los muebles que hay adentro. "Todo eso ustedes saben; se puede decir mucho acerca de eso, podemos meternos muy profundo en todos esos temas, pero les estoy dando un resumen".

Y el problema que el autor de Hebreos ve en su audiencia es: "No regresen al judaísmo, no regresen a ese sistema. No vuelvan atrás a lo que se había instituido en el Antiguo Testamento, porque ya han conocido una verdad más profunda, más perfecta, más eterna, más gloriosa, a la cual estaba apuntando todo eso. Entonces ya no se trata de regresar hacia atrás. Quiero mostrarles la superioridad de Cristo, y de Su sacerdocio, y de Su salvación en la cruz, en comparación con todo eso".

El problema es que nosotros hoy no estamos tan familiarizados, y todo eso nos suena muy extraño cuando empezamos a leer acerca del propiciatorio, y el pan de la proposición, y el candelabro, y el incensario, y el arca, el arca del pacto. A lo mejor estamos más familiarizados con eso, porque es un poquito más popular dentro de la cultura popular: Indiana Jones, que fue a buscar el arca del pacto. Bueno, ahí hay obviamente un poco más de conocimiento acerca de eso. Pero ¿qué es en realidad lo que estaba sucediendo? Les voy a dar un resumen con respecto a toda la cuestión del tabernáculo: cómo estaba armado y cómo funcionaba todo lo que está describiendo el autor de Hebreos aquí.

Y vamos a estar viendo hoy el tabernáculo de un nuevo pacto. Vamos a estar viendo cómo es que el nuevo pacto está siendo representado a través del tabernáculo. En los próximos domingos vamos a ver otras de las imágenes que aparecen aquí en el capítulo 9: la sangre, la perfección del nuevo pacto; todas las imágenes que el autor de Hebreos nos quiere mostrar. Entonces, como nosotros no estamos tan familiarizados con todo esto, un resumen, y con imágenes, porque creo que es más fácil entenderlo en imágenes muchas veces, de cómo se veía todo lo que fue descrito aquí en los versículos 1 al 5.

Un recorrido por el tabernáculo

Entonces aquí están unas imágenes que vienen en un libro que tengo sobre el tabernáculo, y más o menos así se habría visto. Esto es un dibujo de cómo se veía el atrio y el tabernáculo, que, recuerden, era movible. Dios los iba guiando a lo largo del desierto, y cuando se paraba la columna de fuego y la nube, ellos ahí acampaban, y el tabernáculo estaba justo en el centro del campamento. Y aquí tienen, más o menos, aquí tienen una imagen de cómo se habría visto por dentro, algunos de los elementos interiores del tabernáculo que vamos a estar viendo en un momento. Y las medidas... Las medidas, aquí pueden ver, son importantes. No están mencionadas aquí en el libro de Hebreos, pero pueden leerlas en Levítico. Y en particular las medidas del Lugar Santísimo: diez codos, un cubo de diez codos de altura, de ancho, de largo.

Y encontré este video que les voy a poner, que es un video de YouTube, aquí, que hace un pequeño recorrido de toda el área del tabernáculo. Entonces esto se me hizo muy interesante, porque pueden ver aquí ya en tres dimensiones, digamos, cómo se habría visto. Esto es como entrar: entras al atrio. Aquí está esta área; en esta área sí podían entrar todos los judíos cuando venían a traer sus sacrificios. Ese es el altar de bronce; ahí es donde se hacen sacrificios todos los días. Están los sacerdotes continuamente, viene la gente con sus sacrificios, y todos los días están haciendo sacrificios ahí por la gente. Un poquito más adelante, ahí pueden ver la entrada. Esto que están viendo aquí es lo que se hace el día de la expiación; ahí les voy a explicar en un momento.

Pero está este atrio antes de entrar al tabernáculo. Ahí está donde se lavan las manos los sacerdotes, y eso lo tenían que hacer antes de entrar al tabernáculo. Después de hacer los sacrificios, tenían que lavarse las manos. Ya estamos familiarizados muy bien con la importancia de lavarnos las manos. Y entras al tabernáculo, y este es el Lugar Santo. Y ahí tienen el candelabro, la menorá. Se componía de 7 partes; la parte de hasta arriba es una flor de almendro. O almendras. No eran velas; era aceite de oliva; eran como lámparas. Y ahí está el pan, los panes de la proposición: 12 panes, representando a las doce tribus de Israel. Y eso es lo que los sacerdotes continuamente, cada semana, tenían que reemplazar, esos panes; pero también ellos los comían mientras estaban en el Lugar Santo. Ahí está el altar del incienso; en un momento vamos a ver un poquito más sobre eso, que es interesante, porque en el pasaje lo describe como estando en el Lugar Santísimo, y aquí pueden ver que está en el Lugar Santo. Pero en un momento hablamos de eso. Y aquí está el velo. Pasas el velo y entras al Lugar Santísimo. Ahí está el arca del pacto, los querubines que están arriba, y eso sería el propiciatorio, esa tapa del arca, sí, el propiciatorio, que es donde el sacerdote pondría la sangre de la expiación. Y adentro están las tablas de Moisés, está la vara de Aarón y está el maná.

Aquí pueden ver justamente al sacerdote; esto sería en el día de la expiación, una vez al año, poniendo la sangre sobre el propiciatorio. Entonces, eso es un pequeño resumen. Me gustó este video porque creo que deja ver un poquito más clara la estructura general del tabernáculo.

Símbolos del nuevo pacto

Así que vamos a ver tres cosas en este texto. Vamos a ver el símbolo del nuevo pacto en el Lugar Santo, el símbolo del nuevo pacto en el Lugar Santísimo, y después vamos a ver a qué se refiere esta reforma que menciona el autor de Hebreos en el versículo 10. Hay un momento de la reforma del cual habla, y queremos entender a qué se refiere exactamente eso. Entonces, ¿cuáles son los símbolos del nuevo pacto? El nuevo pacto, recuerden, es de lo que hablamos en el capítulo 8; fue desarrollado de Jeremías 31. El autor de Hebreos quiere que veamos que todo esto está conectado con algo que Dios ya había prometido en el Antiguo Testamento, que era llevar un nuevo pacto con ustedes.

Y estos son los símbolos. Y justamente en el versículo 9 nos dice que estos son los símbolos: el Lugar Santo, el Lugar Santísimo, son simbólicos. Aunque eran lugares reales —un lugar físico, real, tangible, de materiales reales—, tenían un contenido simbólico que iba más allá de lo que la gente podía ver. Estaba pensando acerca de esto, porque estaba pensando en cuántas cosas del mundo natural que vemos constantemente tienen tanto detrás, tanto misterio, tanta belleza, que ni siquiera sabemos que está ahí. Por ejemplo, tú puedes mirar hacia las estrellas, y claro, en la noche se ve muy bonito, con todas las estrellas en el cielo. Pero una vez que miras esas estrellas a través de un telescopio poderoso, empiezas a ver cosas y detalles que no te dabas cuenta de que estaban ahí, porque simplemente están más allá de nuestra capacidad de ver con ojos normales.

O, por ejemplo, una célula de piel de tu mano: es algo que ves todos los días; ahí está. Pero cuando ya la ves bajo un microscopio, y puedes ver toda la complejidad que hay detrás de algo tan pequeño, te das cuenta de la belleza, y la majestad, y la gloria que hay detrás de tantas cosas que son ordinarias para nosotros en el día a día. Nosotros nos acostumbramos a verlas; no nos damos cuenta de lo que realmente está ahí. Bueno, de una manera parecida —no exactamente igual, pero parecida— es la idea del tabernáculo. El pueblo de Israel está acostumbrado a ver este tabernáculo día tras día tras día, año tras año tras año: estos rituales, los sacerdotes, los sacrificios. Y se han acostumbrado; es algo ordinario.

A lo mejor en la mente de la mayoría simplemente era una tienda de campaña, prácticamente, el tabernáculo: pues unas mantas y unos materiales que usaron para cubrirlo. Y pues adentro está bonito, tiene oro y todo, pero al final del día simplemente son materiales. Pero, ¿qué es lo que realmente hay detrás del tabernáculo? ¿Cuáles son las verdades más profundas y gloriosas que hay detrás? Eso es lo que queremos... Eso es lo que el autor quiere mostrarnos; lo que quiere mostrarles a los judíos que están leyendo esta carta, quiere mostrarnos a nosotros estas verdades.

El Lugar Santo: el candelabro

Entonces, ¿qué es lo que hay en el Lugar Santo? Bueno, en el Lugar Santo está el candelabro. Y, por supuesto, el candelabro está apuntándonos hacia la realidad de la luz que encontramos en Cristo Jesús. Juan 1, versículos 4 al 5: "En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la comprendieron. Existía la luz verdadera que, al venir al mundo, alumbra a todo hombre". Y Jesús dijo en Juan 8:12, les dijo: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida". Entonces el candelabro mostraba la manera en que Dios se había revelado, la luz que los podía guiar a la verdad, con la manera en que Él se había revelado a ellos. Pero ese candelabro, con sus 7 brazos, estaba apuntando hacia la realidad de la luz de Jesús.

La mesa y los panes de la proposición

Y tenemos la mesa y los panes de la proposición, que otra vez es el Lugar Santo, que representa la comunión de Dios con Su pueblo. Y esa comunión, y ese pacto que Dios hace de tener comunión con Su pueblo... Recuerden: los pactos se sellaban en el Antiguo Testamento, y en la antigüedad, con una comida. Y esos panes, 12 panes representando a las doce tribus de Israel: el sacerdote que está ahí constantemente en el Lugar Santo está comiendo esos panes, representando la comunión de Dios con Su pueblo, y el pacto que Dios hace siendo confirmado a través de esos panes de la proposición. Y encontramos que esos panes también apuntan hacia la realidad de Jesús, cuando Él dijo: "Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed". Jesús dijo: "Yo soy el pan; yo represento no nada más la comunión de Dios con Su pueblo, sino el pacto de Dios con Su pueblo, y también la provisión de Dios para Su pueblo", como vamos a ver en un momento también.

El Lugar Santísimo y el día de la expiación

La siguiente parte es el símbolo del nuevo pacto en el Lugar Santísimo. Hay un símbolo, hay un simbolismo en el Lugar Santísimo aquí, y es interesante. Pueden leer en el Lugar Santísimo, en particular, pueden leer en Levítico 16. Está relacionado con el día de la expiación, Yom Kipur, Yom Kipur, esa expiación. Y la idea es que una vez al año el sumo sacerdote entra al Lugar Santísimo, y esto era todo un evento para el pueblo de Israel, lo más sagrado de todo lo que hacían. El sumo sacerdote se tenía que preparar desde una semana antes; ya irse allí a vivir al templo. En el tiempo en el que fue escrito el libro de Hebreos, así es como se habría visto en el templo: iba desde una semana antes, se iba para practicar todo lo que iba a hacer, para que no se equivocara en nada en todo el ritual que iba a desarrollar en el día de la expiación.

Y hay muchos detalles acerca de lo que sucedía en el día de la expiación, pero les resumo más o menos las cosas principales que leemos en el Antiguo Testamento y lo que sabemos de la tradición judía acerca del día de la expiación. El día de la expiación, él se tenía que lavar completamente, el ritual de purificación. Se tenía que quitar sus ropas de sacerdote normales y ponerse toda esta ropa de lino blanco y fino, para simbolizar que ya estaba libre de cualquier contaminación. Él iba y ponía sus manos sobre la cabeza del becerro que representaba el sacrificio por sus propios pecados y por todos los del pueblo. Y después dejaba el becerro por un momento, e iba a donde habían traído a dos machos cabríos, y escogían uno —bueno, echaban suertes para escoger uno—; uno era designado para Jehová y el otro para Azazel, que representaría el chivo expiatorio. Y entonces le ponían una marca con un pedazo de tela en el cuerno al chivo expiatorio, y también un hilo en el que iba a ser sacrificado, en el macho cabrío que era para los pecados del pueblo, para Jehová. Y entonces va, ahora sí, y el toro lo sacrificaba. Y luego llenaba el incensario con el carbón encendido del altar de bronce, y lo llevaba adentro, al Lugar Santísimo, para poner sobre los carbones el incienso, y llenar el Lugar Santísimo de incienso, cubrir el propiciatorio del humo del incienso. Y entonces ya sale otra vez del Lugar Santísimo y toma algo de la sangre del toro, del becerro, que entonces pone sobre el propiciatorio, y siete veces en el piso enfrente del propiciatorio.

Y después va, sacrifica el macho cabrío, el cabrito que estaba designado para Jehová; también trae la sangre del cabrito. Y después mezcla la sangre del cabrito y del toro, y la pone en los cuernos que están en el altar de bronce, y siete veces también pone la sangre sobre el altar, para consagrarlo y asegurarse de que representa la pureza para los israelitas. Y después pone ambas manos sobre el chivo expiatorio y confiesa toda la maldad y la rebelión de los israelitas, todos sus pecados, y los pone sobre la cabeza de este cabrito, este macho cabrío. Y entonces el cabrito, ¿no?, lo sacan para que se vaya al desierto y se lleve todos los pecados del pueblo.

Y entonces ya el sacerdote regresa. El sumo sacerdote se quita sus vestiduras blancas, se purifica nuevamente, y ahora sí se pone su atuendo normal de sacerdote. Y después queman todo lo que queda del sacrificio del toro y del macho cabrío. Y parte de las festividades, inclusive, era que regresaban tradicionalmente, por gozo de que es el día en que se habían perdonado los pecados del pueblo, regresaban a la casa del sumo sacerdote y seguían festejando. Y entonces la gente se sigue regocijando; las hijas de Jerusalén danzan en los viñedos. Es una fiesta increíble que se desarrolla, celebrando el perdón de los pecados. Y esta ceremonia, esta celebración del día de la expiación, era una celebración que no se parecía a ninguna otra religión de la antigüedad. Era única en sus características, en lo que hacían. ¿Por qué? Porque estaba apuntando hacia una realidad más profunda y futura, que iba a darse a través del Hijo de Dios.

Un acceso limitado

Y entonces había un acceso limitado de los sacerdotes. Ellos constantemente estaban ofreciendo sacrificios por el pecado del pueblo, y pues se turnaban. Pero no era necesariamente común que te tocara entrar al Lugar Santo; pero normalmente sí te tocaba. Entonces tenías la oportunidad de estar una semana en el Lugar Santo, y era una oportunidad única en tu vida de estar constantemente asegurándote de que el candelabro no se apagara, y ofreciendo incienso delante de Dios, y comiendo el pan. Eso era lo que normalmente durante todo el año se estaba haciendo por los sacerdotes. Pero una vez al año, y ahí sí era toda una oportunidad más especial, y para el sumo sacerdote representaba solamente unos cuantos minutos del año: entrar al Lugar Santísimo y estar ahí en la misma presencia de Dios. Era una oportunidad increíble, única, y solamente en el día de la expiación. Como pueden ver, es un ritual bastante complejo, con muchos detalles diferentes.

El velo

Pero vamos a ver ahora los símbolos que hay del Lugar Santísimo. Primeramente tenemos el velo, el velo que está apuntando hacia la separación que existe entre nosotros y Dios, entre lo inmundo, lo impuro, y lo santo y lo puro. Hay una separación que Dios quería que fuera evidente: "Ustedes están allá y yo estoy acá, y algo nos separa". Y para eso estaba el velo ahí. Era muy grueso, y tenía un significado muy profundo en cuanto a la realidad del pecado del pueblo y lo que eso hacía en relación a Dios: separarlos de Dios. Andrew Murray dice: "El velo era el símbolo de separación entre un Dios santo y el hombre pecador; no pueden habitar juntos. El tabernáculo expresaba la unión de dos verdades aparentemente contradictorias: Dios llamó al hombre a venir y adorarlo y servirle, y sin embargo no podía acercarse demasiado; el velo lo mantenía a distancia. El amor llama al pecador a acercarse; la justicia lo aleja. El Santo llama a Israel a construirle un hogar para habitar, pero les prohíbe entrar a Su presencia". Ahí, la otra característica del Lugar Santísimo que encontramos.

Y bueno, en Mateo 27:51 leemos que el velo, cuando Jesús murió, se rasgó desde arriba hasta abajo. Y eso era muy importante para simbolizar lo que el sacrificio de Jesús estaba haciendo: estaba permitiendo nuevamente ese acceso entre un hombre pecador y un Dios santo.

El incensario

La otra característica que vemos es el incensario. El incensario, ese incienso, representa... el Apocalipsis 5:8, que es donde vemos la realidad de lo que está siendo simbolizado en el tabernáculo, en el templo. En Apocalipsis 5 vemos que ese incienso representa las oraciones de los santos. Es decir: cómo es que podemos acceder delante de Dios, y cómo es que cuando nosotros venimos delante de Dios a través de Jesucristo es como un olor fragante. Y entonces el incienso representa la intercesión, representa el venir delante de Dios. Y, por supuesto, también creo que representa lo que Jesús mismo hace por nosotros: Él es olor fragante delante del Padre, delante de la presencia de Dios, por nosotros. Y nosotros también podemos acceder de esa manera, en oración, a la presencia de Dios.

Y, por cierto, también quiero mencionar que la razón por la cual aquí en Hebreos 9 se menciona el incensario como si estuviera en el Lugar Santísimo es porque realmente el incienso formaba una parte crucial de lo que se hacía en el día de la expiación, porque el incensario está justo ahí enfrente del velo, para que pueda entrar todo el incienso y llenar el Lugar Santísimo. Entonces se consideraba realmente, aunque estaba en el Lugar Santo, como parte de lo que simbolizaba la presencia de Dios en el Lugar Santísimo. Es decir, el incienso también formaba parte de todo lo que el Lugar Santísimo era. Entonces por eso es que creo que el autor de Hebreos coloca el incensario dentro del Lugar Santísimo: no tanto que esté dentro del velo, sino que pertenece a la categoría del Lugar Santísimo, al estar ahí justo donde está el velo.

El arca del pacto

La otra cosa que está ahí es el arca del pacto, que tiene sus querubines de oro que están cubriendo la tapa, o están de un lado y del otro sobre el propiciatorio. Y aquí los llama "los querubines de gloria". ¿Por qué? Porque todo lo que está ahí, en la presencia de Dios, es glorioso, y representa la gloria de Dios en el pacto que Dios hizo con Su pueblo: a través de los diez mandamientos de Su ley, que están dentro del arca del pacto; a través del sacerdocio instituido en Aarón, representado en la vara de Aarón que reverdeció; y a través del maná, que representa la provisión de Dios para Su pueblo y la fidelidad de Dios para Su pueblo, que también está dentro del arca del pacto.

Todo eso también apunta a Cristo. Romanos 3:25: Jesús es propiciación para nosotros. En Mateo 5:17 leemos que cumple la ley por nosotros. Él vino a cumplir la ley por nosotros; no vino a quitarla, sino que vino a cumplirla. Y los diez mandamientos están mostrándonos eso también: que en Jesús se cumple, en Jesús podemos encontrar la justicia que Dios demanda. Y, por supuesto, el maná ya vimos que también representa a Jesús. Jesús mismo dijo: "Yo soy el maná que baja del cielo por ustedes". Es el maná; la manera, inclusive, en que lo recibió el pueblo de Dios también estaba apuntando, simbolizando, hacia la manera en que el Hijo de Dios vendría del cielo a nosotros.

El Lugar Santísimo en general... También hemos visto que la forma es significativa: es un cubo perfecto. Y ese cubo reaparece, si recuerdan, en Apocalipsis, como la nueva Jerusalén. La nueva Jerusalén es un cubo. Y otra vez les menciono las medidas, 10 codos, lo cual es importante, porque el número 10 y el número 7, que son tan importantes en las medidas del templo, en las características del templo y del tabernáculo, también son los mismos números, las mismas medidas, y sus múltiplos, de esos números 7 y 10, que reaparecen en el libro de Apocalipsis; y 12 también, en particular para representar al pueblo de Israel y al pueblo de Dios. Entonces todos esos números son importantes; todas esas cosas son símbolos que están apuntando hacia verdades que se cumplen en Cristo. Entonces el tabernáculo apunta hacia adelante, hacia la realidad de Cristo Jesús.

La reforma del nuevo pacto: una conciencia tranquila

Bueno, por último quiero mostrarles la reforma del nuevo pacto. Eso es de lo que habla el versículo 10, cuando dice que todas estas cosas externas de los rituales, que tienen que ver con comidas y bebidas, diversas abluciones, ordenanzas acerca de la carne, todo eso impuesto solamente está ahí hasta el tiempo de la reforma, o de reformar las cosas. Entonces vamos a ver a qué se refiere eso, porque creo que esto es lo más importante de todo lo que el autor nos quiere mostrar. Esta es la reforma del nuevo pacto. ¿Qué es? Es una conciencia tranquila. ¿Por qué? Porque dice justamente en el versículo 9 que todas estas cosas son símbolos para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto.

Eso se me hace muy interesante, que lo diga el autor de esta manera: tu conciencia, a través de estos rituales, a través de estos sacrificios, no podía estar tranquila; no podías realmente tener paz. Porque una conciencia limpia es lo que anhelamos. Una conciencia que no está tranquila es lo que nos impide acercarnos a Dios con confianza, porque conocemos y entendemos nuestra culpabilidad. Es como lo que pasó en el huerto del Edén con Adán y Eva: ellos sabían que habían pecado; por eso se escondieron de Dios, porque su conciencia no estaba tranquila. Ellos sabían que no tenían derecho a acercarse a Dios, no tenían derecho a presentarse delante de Dios después de lo que habían hecho.

Y eso creo que es lo que tenemos que entender, que es tan importante aquí. Tú podías hacer todos estos sacrificios, pero tenías que entender y darte cuenta: "Si nada más son animales, y es sangre de animales, y el sacerdote es un hombre pecador, y él no está representando... Y la verdad es que mi pecado es tan grave delante de Dios. Qué bueno, sí, lo hacemos, hacemos estos sacrificios". Pero tienes que saber, si de veras entiendes la gravedad de tu pecado, que eso no es suficiente, que tiene que haber más, que tiene que estar limitado lo que estás haciendo física y externamente.

Aún no se había manifestado el camino

Y vean lo interesante del versículo 8, donde dice: "Dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo". Entonces el Espíritu Santo está diciendo —y Él es el que inspira todas estas leyes del Antiguo Testamento, y está apuntándonos hacia...—, y en el Antiguo Testamento esta era la realidad: el Espíritu Santo estaba diciendo: "Este camino para entrar al Lugar Santísimo todavía no se ha manifestado. Sí, el sumo sacerdote entra cada año, pero eso no es la verdad, no es una realidad... de lo cual esto se trata. En realidad la entrada al Lugar Santísimo todavía no ha sido manifestada". ¿Cómo va a ser? El Espíritu Santo ya estaba dando testimonio de eso en el Antiguo Testamento. Por eso la gente no sentía paz sobre qué tan eficaces eran estos sacrificios y estos rituales.

Tres categorías de pecado

Entonces quiero mostrarles varios aspectos de lo que está aquí en el texto entre los versículos 7 y 10. Número 1, lo que dice aquí en el versículo 7, cuando dice que el sacerdote entraba una vez al año, en el día de la expiación, no sin sangre, sino con sangre. Y ya les expliqué cómo era: la sangre del toro, la sangre del macho cabrío. "Y la ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo". Es muy interesante que hable de los pecados de ignorancia. Bueno, tenemos tres categorías, bíblicamente, que podríamos pensar en cuanto al pecado. Por un lado tenemos los pecados de comisión, que se refieren a, pues, el conocer la ley de Dios: "No hagas esto, no quebrantes la ley en estas áreas", y tú vas y lo haces; rompes la ley.

Como si estuviéramos hablando de nuestra sociedad y de cómo funcionan nuestras leyes aquí: te pasas el alto, vas a exceso de velocidad, haces cualquier cosa que está en contra de la ley, y sabes, sabes intencionalmente, que lo hiciste. Viste el semáforo rojo y te pasaste. Ese es un tipo de pecado. El otro tipo de pecado es el pecado de omisión en la Biblia, que tiene que ver con mandamientos de lo que deberías hacer. Entonces, dice, por un lado: lo que no debes hacer, vas y lo haces. "No hagas esto", como con Adán y Eva en el huerto: "No coman del fruto", van y lo comen. Sería pecado de comisión. Pecado de omisión sería: "Haz esto", y no lo haces.

Entonces, por ejemplo, tendrías todas estas leyes ceremoniales, o cualquier otro mandamiento de Dios sobre lo que deberían de hacer, y nada más: "Híjole, se me olvidó; no hice lo que sé que debería de haber hecho". "Ama a tu prójimo como a ti mismo", estas cosas; "ve y predica el evangelio", y simplemente pasa el tiempo y no lo haces. Y eso también es pecado: es omitir las cosas que Dios nos manda que hagamos. Sería pecado de omisión.

Y aquí el autor de Hebreos tiene esta tercera categoría, que es pecados de ignorancia. Y un pecado de ignorancia es interesante: es como algo que no necesariamente te diste cuenta de que existe, o simplemente ignoraste esa realidad. "Híjole, me pasé el alto, y no había visto que estaba el alto ahí". Pero si te para el oficial, no es muy buen pretexto; de todas maneras tú te pasaste. "Híjole, perdón, oficial, que no lo vi". Aunque haya sido por ignorancia, de todas maneras te pasaste el alto. No importa que ignoraras que ahí estaba; el punto es que lo hiciste. Y el autor de Hebreos dice que ese es el tipo de pecado que, de hecho, estaba siendo representado en el día de la expiación: los pecados de ignorancia.

El pecado intencional y el corazón contrito

Y es increíble, porque estaba buscando acerca de esto. En Números 15, versículos 30 y 31, dice: "Pero aquel que obre con desafío, ya sea nativo o extranjero, intencionalmente, blasfema contra el Señor; y esa persona será exterminada de entre su pueblo. Porque ha despreciado la palabra del Señor y ha quebrantado su mandamiento, esa persona será enteramente exterminada; su culpa caerá sobre ella". No hay ningún tipo de sacrificio ofrecido que cubra un pecado intencional, donde tú vas y avanzas. Ahora, no sé en qué grado es la ignorancia o la intencionalidad. Parece que la mayoría de veces pecamos intencionalmente. No entiendo bien esta línea que existe entre los dos.

Pero sé que, por ejemplo, David en el Salmo 51 estaba muy consciente de su intencionalidad cuando él pecó con Betsabé. Y es por eso que creo que él reconoce su pecado delante de Dios y le dice: "Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos", versículo 4. Y él dice: "Por favor, lávame, purifícame". Y le dice a Dios: "Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; no quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios". Así que los que están conscientes de su pecado, los que estaban conscientes de la intencionalidad de su pecado, sabían que no se trataba nada más de llevar un animal y sacrificarlo. Ellos sabían que se trataba del arrepentimiento del corazón, de cómo llegas delante de Dios, de tu actitud con respecto a tu pecado. Eso era, sabían, la esencia de lo que Dios estaba buscando: "No sé cómo lo va a hacer; no sé cómo me va a perdonar, pero es lo único que me queda: no nada más llevar un sacrificio, una ofrenda de un corderito, o de un toro, o de lo que sea que la ley me pida. Yo sé que mi pecado es mucho más grave que eso". El Salmo 51 nos muestra la manera en la cual estaban conscientes, podían estar conscientes en el Antiguo Testamento, de la limitación del sistema sacrificial, del sistema sacerdotal, para perdonar el pecado. Sí, perdona Dios todos los pecados, pero sabemos que tiene que ir más allá de simplemente un ritual. Sabían ellos, sabían personas como David, que había un elemento más profundo y más importante que Dios estaba buscando que nada más rituales.

El verdadero obstáculo: nuestra conciencia

Entonces el punto aquí de la conciencia es que, en verdad, el verdadero obstáculo en nuestra relación con Dios no es material; es nuestra conciencia. Piensen, piensen en todas las cosas que han pensado que son tan oscuras, tan pecaminosas, todas las cosas que han hecho, en público o en secreto. Si esas cosas fueran expuestas, si pudieran ver otros lo que tú has hecho, ¿cómo te sentirías? Piensen en si tuvieran que presentarse delante de Dios considerando sus propias vidas: ¿qué tanta confianza tendrían de que el veredicto fuera "inocente", de que Dios dijera: "Sí, ven a mí; no tengo nada contra ti"? Creo que todos nos daríamos cuenta de qué tan rápido sentiríamos en nuestra conciencia la falta de paz, la falta de tranquilidad.

Y si eran honestos los que estaban haciendo sus sacrificios, ellos sabían que lo que estaban haciendo no podía ser suficiente, no podía ser adecuado; tenía que haber algo más. Es lo que está diciendo el autor: estos sacrificios no pueden ser lo único, no pueden ser lo que Dios usa exclusivamente para poderte perdonar y decir: "Sí, inocente; no eres culpable".

No hay más sacerdocio ni más sacrificio

Así que, para resumir esto, quiero mostrarles que este pasaje nos está llevando a la conclusión de que no hay más sacerdocio, no hay más sacrificio, y esa es la única manera en la cual realmente podemos tener una conciencia tranquila. Esa es la reforma de la que está hablando el versículo 10. Estas cosas eran cosas externas, eran cosas que tenían que hacerse constantemente. ¿Por qué? Porque no eran suficientes; porque solamente estaban apuntando, apuntando, apuntando. No estaban realmente haciendo nada más que apuntar, simbolizar. Ninguno de esos sacrificios, ninguno de esos sacerdotes, realmente estaba cumpliendo la función de darle tranquilidad a las conciencias de las personas y de realmente perdonar los pecados del pueblo.

Todos esos rituales y todas esas cosas simplemente estaban apuntando y señalando una realidad que era la única realidad que podía traer paz al pueblo de Dios, la única realidad que podía traer salvación segura y eterna para todos aquellos que realmente estaban conscientes de su pecado, y que realmente sentían la culpabilidad en sus conciencias delante de Dios, y que querían tener esa paz, decir: "Yo estoy bien con mi Dios, yo no soy culpable delante de Dios. Es más, puedo llamarlo mi amigo, podría llamarlo mi Padre, porque sé que me ha perdonado".

De un lugar a una persona

Lo cual nos muestra que esta reforma significa que es un cambio de un lugar —el tabernáculo, o la presencia de Dios en el Lugar Santísimo: ahí está Dios, es donde se encuentra con Su pueblo—... Pues la reforma, de ahí, nos apunta no a un lugar, sino a una persona. Y eso es lo que leemos en Juan capítulo 4, versículo 24, ¿se acuerdan?, en esta conversación que Jesús tiene con la mujer samaritana. Y ella le dice: "Bueno, ¿no tenemos que adorar acá o allá? En Jerusalén dicen que allá; nosotros decimos que acá". Jesús le dijo: "No, no es un lugar. Porque cuando ustedes me conozcan a mí, cuando conozcan lo que yo he hecho por ustedes, entonces será una realidad interna, y no será un lugar geográfico, sino que será una relación".

Tú puedes estar donde quieras en el mundo y adorar a Dios en espíritu y en verdad. No necesitas ir al tabernáculo. En el tiempo del tabernáculo, en el tiempo del templo, Dios le estaba diciendo al pueblo: "Vengan aquí; aquí es donde yo estoy". Y después de que Jesús fue revelado y de que murió por nosotros, ahora Dios está diciendo: "Yo voy a donde estén ustedes; yo habitaré donde están ustedes. Ustedes no tienen que venir a un lugar específico, sino que es una realidad interna". Eso es el nuevo pacto de Jeremías 31. Y es por eso que leemos en Mateo 18:20: "Donde estén dos o tres reunidos, ahí estoy en medio de ellos". No en el tabernáculo: donde está mi pueblo, estoy yo.

Y esa es la realidad que vamos a seguir desarrollando en lo que queda del capítulo. Vamos a ver todavía más símbolos que nos apuntan en la misma dirección, a las mismas realidades del evangelio en Cristo Jesús. Así que el próximo domingo seguimos, ahora hablando acerca de la sangre.

Oración final

Gracias, Padre, por Tu Palabra, por todo lo que podemos ver aquí que nos apunta hacia Ti. Ayúdanos a acercarnos con confianza, sabiendo, Señor, que si queremos tener conciencias tranquilas, si queremos entender esta reforma que Tú hiciste al sistema de sacrificios, al templo, al tabernáculo, esta reforma del nuevo pacto que apunta a la sangre de Cristo Jesús, si queremos tener la paz que solamente a través de la sangre de Cristo podemos tener, vengamos hoy a Ti con nuestras conciencias que no tienen paz, y las pongamos delante de Ti, y te digamos: "Señor, por lo que Tú hiciste en la cruz por nosotros, por Tu presencia, por el hecho de que Tú entraste hasta el Lugar Santísimo delante de nosotros, nosotros también nos acercamos. Danos la paz que solo Tú nos puedes dar". En el nombre de Cristo Jesús, amén.

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