Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Isaías 50IsaíasNathan Díaz

El Siervo que debemos escuchar

¿Dios me ha abandonado? En Isaías 50 el Señor responde que nunca dio carta de divorcio a su pueblo: el exilio vino por el pecado del que somos responsables. Frente a esa culpa aparece el Siervo, el discípulo perfecto que escuchó y obedeció al Padre, y la pregunta queda abierta: ¿a quién escucharás?

Transcripción

Una nota sobre la versión que usamos

… (la grabación comienza con el predicador a media frase) …el Señor nos quiere. Pues, a partir de hoy, como ya están leyendo todo el texto ya de la NBLA, es la versión —y ya estaremos haciendo más publicidad de esta Biblia cuando la tengamos en la librería, pero estaba esperando a que saliera— para empezar a usar esta versión como la versión del texto principal que estoy predicando, y usarla siempre.

Creo que —y ayer estábamos hablando de esto— para algunos es nostálgica la versión Reina Valera, porque crecimos con la versión Reina Valera. Pero sí creo que la manera en la cual está hecha esta traducción, normalmente las palabras que se usan son un poco más fáciles de entender, y a veces también más precisas en cuanto a la traducción. Entonces van a estar encontrando diferencias si están usando alguna otra versión.

Lectura: Isaías 50

Pero hemos llegado ya al capítulo 50 de Isaías. Entonces voy a leer estos 11 versículos del capítulo 56, para continuar con nuestro estudio. Dice:

"Así dice el Señor: '¿Dónde está esa carta de divorcio con la que repudié a su madre? ¿O a cuál de mis acreedores los vendí? Por causa de sus iniquidades ustedes fueron vendidos, y por sus transgresiones fue repudiada su madre. ¿Por qué cuando vine no había nadie, y cuando llamé no había quien respondiera? ¿Acaso es tan corta mi mano que no puede rescatar? ¿O no tengo poder para librar? Con mi reprensión seco el mar, convierto los ríos en desierto; sus peces huelen mal por falta de agua, mueren de sed. Yo revisto de negrura los cielos y hago de cilicio su cobertura'.

El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado. Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos. El Señor Dios me ha abierto el oído, y no fui desobediente ni me volví atrás. Ofrecí mi espalda a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y salivazos. El Señor Dios me ayuda, por eso no soy humillado; por eso he puesto mi rostro como pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está el que me justifica: ¿quién discutirá conmigo? Comparezcamos juntos. ¿Quién es el enemigo de mi causa? Que se acerque a mí. El Señor Dios me ayuda: ¿quién es el que me condena? Todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá.

¿Quién hay entre ustedes que tema al Señor, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz? Confíe en el nombre del Señor y apóyese en su Dios. Todos ustedes que encienden fuego, que se rodean de teas, anden a la lumbre de su fuego y entre las teas que han encendido. Esto les vendrá de mi mano: en tormento yacerán".

Señor, bendice este tiempo y la predicación de tu Palabra. Ayúdanos a entender qué es lo que nos estás diciendo a través de ella; y especialmente, Señor, ayúdanos a escucharte, como el Siervo que sabe escuchar al Padre perfectamente. Ayúdanos a escucharte a ti también. En el nombre de Cristo Jesús.

El tercer canto del Siervo: un llamado a escuchar

Este versículo, el versículo 10, creo que contiene un buen resumen de este capítulo, y este va a ser un tema con el que vamos a continuar el próximo domingo. Vamos a continuar con Isaías, teniendo un enfoque acerca de los bautizos y de la manera en que escuchamos al Señor, también el próximo domingo, en el capítulo 51. Pero vean lo que dice el versículo 10: "¿Quién hay entre ustedes que tema al Señor, que oiga la voz de su siervo?". Entonces la idea es un llamado a escuchar, y es un llamado a escuchar primeramente viendo cómo el Siervo, el Siervo de Dios, escuchó perfectamente al Padre, obedeció perfectamente al Padre, y ahora nosotros podemos escucharlo a él y encontrar la guía y la manera de obedecer al Padre a través de él. Entonces esa es la idea central de este capítulo.

Y estamos en el tercer canto del Siervo. Ya habíamos visto el primer canto, en el capítulo 42; el segundo canto, capítulo 49; y ahora el tercer canto, capítulo 50. El cuarto canto lo vamos a encontrar en el capítulo 52 y 53. Y ya saben, este capítulo a lo mejor no les suena tan familiar, pero el capítulo 53 sí les va a sonar muy familiar. Y todas estas son descripciones de este Siervo, que realmente es un individuo que se está anticipando aquí en la profecía, que es un individuo que Dios va a usar para restaurar a su pueblo. Es la idea detrás de todo lo que estamos viendo en estos capítulos, y especialmente en estos cantos.

Tenemos oídos hacia afuera

Entonces, estaba leyendo esto: porque tenemos oídos hacia afuera, porque nuestras orejas están apuntando hacia afuera. ¿Por qué? No están diseñadas para escucharnos a nosotros mismos: están diseñadas para escuchar a alguien más. Y este es un llamado continuo a lo largo de toda la Biblia, es un tema recurrente a lo largo de toda la Biblia: "el que tiene oídos, oiga". Eso está también al final de cada una de las siete cartas de Apocalipsis a las siete iglesias, capítulos 2 y 3 de Apocalipsis: escuchen la voz del Señor. Es un tema recurrente que aparece en toda la Biblia; es el tema de Deuteronomio 6: "Escucha, oh Israel". Ese es el mandato: escuchen lo que yo tengo que decirles. Por lo menos 394 veces en el Antiguo Testamento tenemos la Palabra de Dios viniendo directamente a nosotros, Dios hablando a su pueblo: escuchen esto que yo les tengo que decir.

Y por supuesto, en el Nuevo Testamento encontramos qué tan importante es esta idea de cómo escuchamos. Si recuerdan la parábola de los diferentes tipos de tierra, el enfoque de los diferentes tipos de tierra, o la exhortación, es "tengan cuidado dónde cae la semilla", más o menos; pero en realidad es más específico todavía: "Otra parte cayó en tierra buena, y creció y produjo una cosecha a ciento por uno. Al hablar estas cosas, Jesús exclamaba: 'El que tiene oídos para oír, que oiga'. Por tanto, tengan cuidado de cómo oyen; porque al que tiene, más le será dado, y al que no tiene, aun lo que cree que tiene se le quitará".

Sí, es un tema recurrente: Dios ha escogido comunicarse con nosotros a través de palabras. El lenguaje, la comunicación verbal y escrita, es la manera en la cual Dios comunica quién es él y qué quiere decirnos acerca de nosotros. Entonces es súper importante. Y hoy aquí estamos, y me están escuchando, y son palabras. Creo que estamos escuchando domingo tras domingo, y abrimos nuestras Biblias, oímos; pero, ¿realmente estamos escuchando? Eso es lo que tenemos delante de nosotros: que nos acostumbramos a estas palabras, nos acostumbramos a lo que dice el texto, pero no estamos realmente procesando estas verdades en nuestro ser, no las estamos tomando en serio, no estamos considerando seriamente lo que la Palabra de Dios nos está tratando de decir. Lo desestimamos como "ah, sí, otra vez la Biblia, he escuchado esto antes", especialmente cuando llegamos a pasajes como Isaías 53, pasajes con los que estamos tan familiarizados que empiezan a perder impacto en nuestras vidas, porque no estamos realmente escuchando, no estamos realmente asimilando estas verdades para nuestros propios corazones, no estamos tomando en serio las advertencias. Cada vez que hemos estado leyendo acerca del juicio de Dios, es importante considerar qué tan parecidos somos al pueblo de Israel que está recibiendo estas profecías. Estaba diciendo: "ah, sí, bien, Isaías otra vez, ahora a ver qué nos dice".

Escucha sobre tu culpabilidad

Van a ver aquí muchas cosas que creo que son las cosas que Dios quiere mostrarnos acerca de la importancia de escuchar. Y la primera está en estos primeros tres versículos, que es: escucha sobre tu culpabilidad. "Así dice el Señor...". Déjenme regresarme tantito para que entiendan por qué dice lo que está aquí. Si recuerdan, el domingo pasado estábamos en el capítulo 49, y el versículo 14 dice: "Pero Sión dijo: 'El Señor me ha abandonado, el Señor se ha olvidado de mí'". Entonces, si recuerdan, estábamos meditando sobre esto el domingo pasado, y la idea era que en las circunstancias de nuestra vida —y en particular aquí el pueblo de Israel, con todo este exilio a Babilonia y la destrucción de su ciudad principal— están pensando: bueno, es que Dios se ha olvidado de nosotros, Dios ya no nos está cuidando como su pueblo. Y Dios entiende que esta es la manera en que se van a sentir cuando sucedan estas cosas, porque iba a ser tan trágico, iba a ser tan violento, tan terrible la experiencia por la que ellos iban a pasar, que iban a sentir efectivamente que Dios se había olvidado de ellos.

Lo cual es nuestra tentación también, cuando nosotros estamos pasando por circunstancias difíciles y estamos pensando: bueno, es que Dios no está consciente de mi situación, está demasiado ocupado con cosas que realmente importan como para ver mi vida y como para pensar en lo que yo estoy viviendo, porque es insignificante en realidad, y yo, ¿qué importo? Y de repente sentimos como que, pues, es el Dios del universo, es el que sustenta todas las cosas, ¿cómo va a estar escuchándome a mí?, ¿cómo va a estar escuchando mis oraciones?, ¿cómo va a estar preocupado de cómo me siento yo? Esta es la tentación para el pueblo de Israel.

¿Dónde está la carta de divorcio?

Y por eso es que este versículo comienza primeramente con: "Así dice el Señor: '¿Dónde está esa carta de divorcio con la que repudié a su madre?'". En el Antiguo Testamento, Deuteronomio 24, leemos en la ley de Moisés que si alguien quería divorciarse de su esposa, tenía que darle carta de divorcio, tenía que hacerlo oficial; no podía nada más abandonarla, tenías que oficialmente decir "ya no voy a estar contigo, y estas son las razones". Y ustedes saben, había diferentes escuelas sobre qué tan justificado estaría el divorcio, y lo estudiamos en Marcos cuando Jesús habló acerca del divorcio; Rodrigo compartía con nosotros acerca de ese pasaje.

El punto aquí —y realmente no me voy a meter en todos los detalles de lo que ya hemos visto, inclusive en los Evangelios, de lo que Jesús dice sobre el divorcio—, simplemente aquí el punto es este: Dios está diciéndole a su pueblo que hay una relación que es la más profunda en cuanto al pacto entre dos personas, y es el matrimonio. Por eso estas imágenes tan recurrentes a lo largo de todo el Antiguo Testamento, porque se trata de un pacto, se trata de "no te voy a abandonar, pase lo que pase". Y ese es su punto aquí: Dios está diciendo: yo no los he abandonado, yo no les he dado una carta de divorcio; si eso fuera cierto, muéstrenmela, díganme cuándo yo les dije "ahí muere". No hay carta de divorcio, seguimos casados. Ese es el punto que Dios le está diciendo a su pueblo, a su verdadero pueblo.

En Jeremías habla de despedir al reino del norte, y en un sentido Dios sí estaba desconociendo a Israel como su esposa por su infidelidad. Pero aquí, hablándole a su verdadero pueblo, a aquellos para los cuales él tiene un plan y que nunca va a abandonar, el verdadero Israel, el remanente que será salvo a través del Siervo: a esos, yo nunca los divorciaré, yo nunca abandonaré el pacto que yo he hecho con ustedes. Si ustedes creen que los divorcié, ahora piensen... parecía que se había divorciado: han sido tomados cautivos para ser llevados a Babilonia, ha sido destruido Jerusalén. Y por supuesto ellos están pensando: Dios se está deshaciendo de nosotros, nos está entregando a nuestros enemigos. Entonces no es lo que Dios quiere que ellos piensen. Sí, yo los estoy entregando a sus enemigos, sí estamos teniendo este distanciamiento ahorita, pero yo todavía tengo un plan de ir a redimirlos, de ir a traerlos hacia mí como mi esposa. Entonces Dios es presentado aquí como un esposo perfecto.

¿A cuál de mis acreedores los vendí?

Después dice: "¿O a cuál de mis acreedores los vendí?". Ahora, en ese tiempo lo que sucedía era que si tú tenías una deuda significativa con alguien, tú podías pagar esa deuda con tus hijos; tú podías decir "ahí están mis hijos", y ya quedaba saldada la deuda. Qué bueno que no existe eso ya, ¿verdad? Cuántos de nosotros ya estaríamos sin hijos. Y Dios está diciendo lo mismo acerca de él como un padre perfecto: yo no le debo a nadie, yo no estoy pagando con ustedes, como mis hijos, una deuda pendiente, porque al final del día yo soy el Creador de todas las cosas y yo no le debo nada de nada. Así que no es que me estoy deshaciendo de ustedes como un padre se desharía de sus hijos simplemente porque tiene una deuda. Eso es lo que está tratando de comunicarles.

Ustedes son responsables

Entonces, ¿a qué se debe este exilio? ¿A qué se debe que los enemigos de Dios, Babilonia específicamente, va a venir y los va a invadir, y van a ser llevados en cautividad? ¿A qué se debe? Y Dios quiere aclarar perfectamente dónde está la razón por la cual va a suceder todo lo que va a suceder con Babilonia. Dice: "Por causa de sus iniquidades ustedes fueron vendidos, y por sus transgresiones fue repudiada su madre".

Por eso, aquí tengo... este es el punto central: escuchen esto, ustedes son responsables delante de Dios. ¿Por qué? "Porque cuando vine no había nadie, y cuando llamé no había quien respondiera". Dice Dios: a ver, aquí estaba yo dándoles advertencia tras advertencia tras advertencia. Estos juicios de Dios no vinieron inmediatamente, y lo hemos visto a lo largo de toda la Biblia: siempre Dios es paciente para con su pueblo, y siempre es paciente para con una humanidad caída que está pecando. Y Dios no trae juicio luego luego, sino que da un tiempo de advertencia, y dice: escuchen lo que les estoy diciendo, el pecado tiene consecuencias. Ustedes lo minimizan, y ustedes dicen "ah, no pasa nada"; yo les estoy diciendo: sí, sí tienen consecuencias, y son graves.

Y entonces aquí empezamos a tener esta importante doctrina de la responsabilidad humana. Ustedes saben, nosotros hablamos acerca de la elección y la predestinación, y enfatizamos la soberanía divina, y cómo Dios está en control de todas las cosas. Y al mismo tiempo, al mismo tiempo, vemos en la Biblia presentada delante de nosotros la realidad de nuestra responsabilidad delante de Dios. Y aquí está siendo claramente establecida por Dios: es la razón por la cual ustedes están sufriendo, la razón por la cual ustedes... parece que es un divorcio, parece como un padre que está vendiendo a sus hijos como si tuviera una deuda; eso es lo que parece. Pero en realidad no tiene nada que ver conmigo como el culpable o el responsable: tiene todo que ver con ustedes como los responsables por su pecado. Ustedes son 100% responsables delante de Dios.

O sea, les dice: "¿Acaso es tan corta mi mano que no puede rescatar? ¿O no tengo poder para librar?". Es decir: ustedes están siendo llevados en cautividad y están sufriendo las consecuencias de su pecado, no porque yo no pueda salvarlos de los babilonios. Porque eso es lo que parecía para ellos, decir: Dios no puede salvarnos, Dios no puede protegernos; somos su pueblo, y ahí vienen los babilonios y destruyen Jerusalén, ¿y ese es Dios? No es que yo no pudiera protegerlos.

Y esta idea de la mano de Dios siendo extendida hacia su pueblo va a ser un tema recurrente a lo largo de estos capítulos; vamos a ver, ya que lleguemos hasta el capítulo 53, varias veces se va a repetir esta idea. Qué tan poderoso soy: "Con mi reprensión seco el mar, convierto los ríos en desierto; sus peces huelen mal por falta de agua, mueren de sed. Yo revisto de negrura los cielos y hago de cilicio su cobertura". Esto es para recordarles el éxodo, qué tan poderoso soy para liberarlos de sus enemigos. Puedo hacer lo que yo quiera, y si yo quiero, se abre el mar y pasan en seco; eso no es difícil para mí de hacer. No tiene nada que ver con mi incapacidad de salvarlos: tiene todo que ver con la manera en la cual ustedes, siendo responsables delante de mí por sus acciones, sufren las consecuencias de su pecado. Y yo quiero que lo sepan y que quede claro: escuchen esto, oh Israel.

Brazos extendidos todo el día

Entonces, esta idea de Dios extendiendo sus brazos: en Romanos 10 encontramos esa misma idea, Dios extendió sus brazos todo el día. Vean lo que dice Isaías 65 —porque de hecho eso viene en Isaías, esto ya falta un rato para que lo veamos—, pero Isaías 65, versículo 2: "Extendí mis manos todo el día hacia un pueblo rebelde, que anda por el camino que no es bueno, en pos de sus pensamientos". Eso Pablo lo retoma en el último versículo de Romanos 10. Y miren: Romanos 9, 10 y 11 son los pasajes centrales de toda la Biblia en cuanto a la elección incondicional de Dios y su soberanía sobre la salvación; y justo en medio de esos tres capítulos, Pablo dice: Dios estaba todo el día con sus brazos extendidos a un pueblo que no quería venir a él. Lo cual significa: eres responsable delante de Dios. Eso es lo que significa.

Nuestra tendencia a culpar a otros

Entonces, escuchen con cuidado, porque Dios conoce nuestro corazón y sabe que a toda costa queremos evitar nuestra responsabilidad. Siempre tenemos esta tendencia, ¿no?, siempre queremos culpar a otros, empezando por nuestros hermanos, ¿verdad? "Ya no voy a la iglesia porque me vieron feo, entonces ya para qué voy"; "me hablaron mal, me trataron mal". ¿Esa es la verdadera razón por la que ya no vas a venir, o estás tratando de excusar tu responsabilidad con las acciones de otros? "Es que los pastores no me visitan, nunca me van a ver, así que ya me voy". Eso es... tú eres responsable delante de Dios, y tenemos que asumir esas responsabilidades y no culpar a otros de nuestro pecado y de esta falta de compromiso con Dios. Eso es lo que está diseñado este texto para decir: tú vas a sufrir las consecuencias de lo que tú haces.

Ahí dices: "la esposa que me diste", "la esposa que tú me diste". Tú eres responsable, tú, padre, tú, esposo; tú vas a rendir cuentas de tus acciones, y no importa qué haga tu cónyuge: tú respondes por tu vida y tú serás juzgado. "Es que la iglesia que me diste, Dios; es culpa de la iglesia". Y finalmente —y este es el caso aquí, esto ya es más grave—: "Dios, es que tú no estás haciendo lo que tú deberías estar haciendo, por eso estoy fallando, por eso sigo pecando. Señor, soy un mentiroso, pero es tu culpa por no quitarme esta tendencia hacia la mentira. Tengo lujuria en mi mente: es tu culpa, Señor, por haberme hecho así, porque me haces con esta mente que constantemente está deseando lo que no es mío". Grave.

Esa es nuestra tendencia: es tratar de quitarnos culpa. Y la razón es porque eso nos hace sentirnos mejor sobre nosotros mismos, ¿no? Si podemos culpar a alguien más, siempre nos vamos a sentir mejor nosotros, como: "no, no soy yo, eres tú el problema". Y eso es exactamente... esta era la actitud, el sentir de Israel hacia Dios: si estamos siendo entregados a Babilonia, es culpa de Dios. Él no puede protegernos, él no quiere protegernos, él no quiere defender a su pueblo, él no quiere proteger su templo, que es este lugar santo en el cual nos encontramos con él y el sacerdote entra y hace propiciación por nuestro pecado, como escuchamos hoy en la mañana. Y, Dios, ¿vas a dejar que eso lo destruyan? Así es como se siente el pueblo, esa es la impresión que les está dando: es como que a Dios no le importamos.

Solo el culpable puede arrepentirse

Pero la razón por la cual esta parte es tan importante, hermanos, es porque solo cuando somos confrontados con nuestra culpabilidad es que podemos arrepentirnos. Mientras yo no sienta el peso de mi responsabilidad delante de Dios, de mi culpabilidad delante de Dios, yo no voy a venir a él, yo no voy a entender por qué es que este Siervo es necesario, yo no voy a entender cuál es esta relación. Voy a decir: "bueno, Dios, aquí estoy yo; no soy yo tu siervo, con que voy viendo, como que estoy echando ganas, y como que soy buen padre, como que soy buen esposo, y me arrepentí". Mejor Dios dice: sí, tú eres culpable, tú eres responsable, y te tengo que mostrar esas cosas para que vengas a mí y para que entiendas cómo funciona todo mi plan, que te estoy mostrando aquí. ¿A través de quién? Versículo 4.

El Siervo, discípulo perfecto

La Biblia nunca nos deja... no nada más nos está mostrando nuestra culpabilidad, no nada más nos está mostrando "así, tú eres responsable delante de Dios, así que échale más ganas porque eres responsable", sino que está diseñada para apuntarnos en otra dirección, que se llama gracia. Y aquí, en el versículo 4, nos empieza a mostrar este lado, y es la parte donde empieza este canto del Siervo. Dice: "El Señor Dios me ha dado lengua de discípulo, para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado".

Ahora ya estamos empezando a tener esta imagen: alguien entra en la escena, alguien es presentado. Ya lo vimos en el capítulo 42, ¿quién es?; ya lo vimos en el capítulo 49, el domingo pasado, ¿quién es? Ahora nos está diciendo un poco más acerca de él. Y la primera descripción que nos da es esta idea de que es alguien que es un discípulo perfecto, alguien que está aprendiendo perfectamente y alguien que sabe escuchar perfectamente la voluntad de Dios. Dice: "Mañana tras mañana me despierta, despierta mi oído para escuchar como los discípulos. El Señor Dios me ha abierto el oído, y no fui desobediente ni me volví atrás".

Es lo primero que encontramos: el ministerio que desarrolla es un ministerio de enseñanza; es un discípulo perfecto y es un maestro perfecto. Por eso dice "me ha dado lengua de discípulo": es lo que va a decir, es lo que va a comunicar. Pero, ¿qué es lo que va a comunicar? Lo explica al ver ese versículo; dice: "para que yo sepa sostener con una palabra al fatigado". Lo que yo voy a decir está diseñado para que aquel que ya no tiene fuerzas, aquel que ya dice "sí, soy responsable delante de Dios, Señor, sí soy culpable delante de ti", para que tenga esperanza, para levantarlo. Y ya Isaías nos dijo esto: Consejero Admirable. Sabe qué decirnos, sabe cómo decirlo de una manera perfecta.

Ya fue revelado en los Evangelios cómo se escuchó esto de que él sabe sostener al fatigado con una palabra: "Vengan a mí todos los que están cansados y cargados, y yo los haré descansar. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas; porque mi yugo es fácil y mi carga ligera". Esas son las palabras.

Mañana tras mañana

Pero no es nada más que les está diciendo estas palabras: ¿qué es lo que está pasando aquí? "Mañana tras mañana me despierta". Marcos 1:35 —recuerden que ya tiene un rato que estudiamos Marcos 1—, pero leemos específicamente acerca de Jesús que, "levantándose muy de mañana, cuando todavía estaba oscuro, Jesús salió y fue a un lugar solitario, y allí oraba". Él escuchaba perfectamente al Padre, él escuchaba perfectamente la voluntad del Padre, él se pone en esta posición de discípulo del Padre para obedecer perfectamente.

Y esto es algo interesante acerca de la humanidad de Cristo que está siendo expresado aquí: él se está poniendo en esta posición de sujeción completa y perfecta a la voluntad del Padre, para que él pueda convertirse en el representante de la obediencia perfecta para nosotros también. Yo voy a cumplir... miren: así como yo me estoy sometiendo al Padre, ustedes también se van a poder someter al Padre a través de mí. Por eso estaba en esta posición de humanidad, de fragilidad humana, para que podamos entender, de acuerdo a Hebreos, que no hay nada que ustedes experimenten que él no haya podido experimentar como hombre. Entonces, la capacidad que él tuvo para obedecer es la capacidad que nos es dada a nosotros de ser también discípulos perfectos de Dios. Es la idea que está aquí: es que ustedes van a poder vivir a través de mí; a través de la manera en que yo sé la voluntad de Dios y la obedezco perfectamente, ustedes también van a poder conocer la voluntad de Dios y obedecerla perfectamente cuando ponen su fe en mí y me ven a mí.

Eso es todo lo que está siendo comunicado, y lo escuchamos una y otra y otra vez a lo largo de los Evangelios: "Mi enseñanza no es mía, sino del que me envió". ¿Y qué decía la gente? Juan 7:46: "Jamás hombre alguno ha hablado como este hombre habla". Algo hay aquí que no suena nada como todos los maestros de la ley que hemos tenido hasta ahora; ni siquiera los profetas del Antiguo Testamento sonaban así. "¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que yo les digo no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre, que mora en mí, es el que hace las obras".

No me volví atrás

Y encontramos esta obediencia perfecta cuando dice, en el versículo 5, no solamente que "el Señor Dios me ha abierto el oído", sino que "no fui desobediente ni me volví atrás". Entrando en el más grande reto de mi vida, siendo confrontado con el sufrimiento y el dolor que iba a venir para poder hacer la voluntad del Padre, dije: "Si es tu voluntad, aparta de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". "Sucedió que, cuando se cumplían los días de su ascensión, Jesús con determinación afirmó su rostro para ir a Jerusalén". No me volví atrás.

Solo que está siendo profetizado aquí, ¿se dan cuenta?, 600 años antes de que ocurriera. "Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo, que me ha enviado, me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar": todo lo que están escuchando de mí es exactamente lo que estoy aprendiendo del Padre. Y nos muestra este desarrollo en los Evangelios, ¿no?: Jesús crecía en conocimiento, en su humanidad, en su estado de sujeción al Padre; tiene este proceso de aprendiz, de aprender. ¿Cómo Dios aprende algo? Pero en su humanidad está tomando ese lugar para mostrarnos cómo se ve, cómo se experimenta como ser humano, y que ustedes también pueden en mí.

Ofrecí mi espalda

¿Qué es lo que hizo? Dice el versículo: "Ofrecí mi espalda a los que me herían, y mis mejillas a los que me arrancaban la barba; no escondí mi rostro de injurias y salivazos". Y por supuesto, sabemos cómo se vio esto, porque los Evangelios, todos los Evangelios, nos narran estas escenas del sufrimiento, de la persecución que sufrió al final Jesús, de la aflicción que sufrió al final Jesús. Y leemos: "Jesús no le respondió ni a una sola palabra, ni a una sola pregunta, por lo que el gobernador estaba muy asombrado". ¿Cómo puede ser que no se defienda? "Viendo Pilato que no conseguía nada, sino que más bien se estaba formando un tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: 'Soy inocente de la sangre de este justo; allá ustedes'".

Por eso dice: "El Señor Dios me ayuda, por eso no soy humillado; por eso he puesto mi rostro como pedernal, y sé que no seré avergonzado. Cercano está el que me justifica: ¿quién discutirá conmigo? Comparezcamos juntos. ¿Quién es el enemigo de mi causa? Que se acerque a mí. El Señor me ayuda: ¿quién es el que me condena?". Se encuentra con el sufrimiento y lo enfrenta cara a cara, y dice: soy inocente, ¿de qué me acusan? Pilato lo reconoce y dice: sí, efectivamente, no sé de qué te acusan, no entiendo cuál es tu crimen, le dice.

Pero todo esto se transmite a nosotros. Lo que quiero que vean, lo que estoy tratando de enfatizar, es: es a través del Siervo y sus experiencias, cuando ponemos nuestra fe en el Siervo y lo vemos a él, que nosotros podemos experimentar lo mismo que él experimentó, que nosotros podemos vivir una vida de obediencia como él la vivió. Eso es lo que significa imputación, lo que está pasando en el mensaje del evangelio: es que tú puedes tener la justicia de Cristo.

También vas a sufrir

Ahí está. Probablemente también vas a tener que sufrir. Si vas a seguir en sus pasos, si él se va a convertir en el enfoque de tu vida, entonces tú también vas a buscar hacer la voluntad de Dios, lo cual significa que vas a traer oposición a tu vida y vas a traer aflicción a tu vida, te lo aseguro. ¿Quieres esa parte? Porque aquí está siendo descrita, y Jesús se lo advirtió a sus discípulos: quien quiera seguirme a mí, probablemente... "no, me tengo que advertirles: ustedes también van a sufrir, probablemente también van a experimentar el mismo rechazo que yo estoy experimentando, también lo van a sufrir ustedes". Cuando ustedes vayan con su familia, ¿qué dicen? "Es que es nuestra tradición, siempre hemos creído esto, ¿cómo puede ser que estás abandonando a la familia?". Probablemente tu familia te va a rechazar, probablemente ellos van a decir "ya no queremos tener nada que ver contigo"; va a causar división: padres, hijos, amigos. "En el mundo tendréis aflicción".

A partir de todo esto, un buen propósito... tenía un propósito en la vida de Jesús sufrir, ¿no? Se estaba haciendo algo aquí. Y también lo hará con nosotros: es a través del sufrimiento que experimentaremos cosas que Dios quiere hacer en nuestras vidas. Estaba leyendo esto de Lutero —esto lo escribió Lutero, me encanta cómo lo pone—, dice: "Tan pronto como se conoce la Palabra de Dios a través de ti, él te afligirá, hará de ti un verdadero teólogo y te enseñará, por sus tentaciones, a buscar y amar la Palabra de Dios. Porque yo mismo le debo a mis oponentes católicos muchas gracias por golpearme, empujarme y atemorizarme a través de la ira del..., de tal manera que me han convertido en un más o menos buen teólogo, empujándome a la meta que nunca debí haber alcanzado".

Es lo que está diciendo Lutero: es gracias a Dios por estas aflicciones, porque me han empujado a estudiar la Biblia más profundamente. Es por el reto que ellos me hacían, como "¿por qué dices esas cosas, Lutero?", y por eso las dijo, porque me he puesto a leer su Palabra. Y entre más aflicción sufría, y entre más persecución sufría, más era empujado a depender de Dios. Y eso es lo que está expresando este texto.

Romanos 8 y el Siervo

Por eso es que Pablo retoma esta misma idea y la aplica a nosotros, lo mismo que está diciendo aquí en versículos 8 y 9. Les es familiar, espero que sí, el lenguaje de estos dos versículos: "Cercano está el que me justifica: ¿quién discutirá conmigo? Comparezcamos juntos. ¿Quién es el enemigo de mi causa? Que se acerque a mí. El Señor me ayuda: ¿quién es el que me condena?". La experiencia del Siervo. Y en Romanos 8, adivinen con quién se conecta esta experiencia: con nosotros.

"¿Qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no negó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también, junto con él, todas las cosas? ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condena? Cristo Jesús es el que murió; y más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Tal como está escrito: 'Por causa tuya somos puestos a muerte todo el día; somos considerados como ovejas para el matadero'. Pero en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada" —o sea, ni tú mismo— "nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro". Vean la paráfrasis que está haciendo Pablo de este pasaje de Isaías 50. Si tú estás mirando al Siervo, si tú estás conectado al Siervo a través de la fe, entonces tú puedes estar seguro de que todas las aflicciones que estás experimentando ahora tienen un buen propósito en tu vida; porque nadie te puede condenar, porque nadie puede decir "él es culpable delante de Dios". Él ya vivió la vida perfecta que tú no podías vivir, y él ya murió la muerte que tú tenías que morir, para que tú puedas saber que no hay nada en todo el universo que pueda separarte ahora de Dios. Eso es lo que está diciendo.

La vindicación perfecta: ¿a quién escucharás?

Lo cual nos lleva al último punto, que es la vindicación perfecta: él derrotará a nuestros enemigos. "Todos ellos como un vestido se gastarán, la polilla se los comerá". Versículos 10 y 11: es nada más esta pregunta, ¿a quién escucharás? Es lo único que presentamos, y esto va a continuar el próximo domingo, pero la pregunta está abierta: ¿a quién vas a escuchar?

Dice: "¿Quién hay entre ustedes que tema al Señor, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz?". ¿No es un poquito raro cómo lo pone aquí? Bueno, Jesús dijo en Juan 8: "Yo soy la luz del mundo; el que cree en mí no andará más en tinieblas". Y aquí dice que el que está escuchando la voz del Siervo anda en tinieblas y no tiene luz.

Bueno, por un lado, creo que está haciendo referencia a la aflicción, a las tinieblas de la aflicción que vienen a nuestra vida. Pero también está haciendo referencia otra vez a nuestra necesidad de Dios, a nuestra culpabilidad delante de Dios: es reconocer que no tenemos luz en nosotros mismos y que necesitamos que alguien nos guíe. Ese reconocimiento de "sí, Señor, estoy en problemas, no puedo depender de mi propia vista, porque la verdad yo no veo nada". Y eso lo vemos porque hace esta comparación: "Confíe en el nombre del Señor y apóyese en su Dios". O sea, el que anda en tinieblas, ve a Dios como su esperanza, como su luz; al Siervo, escúchelo a él.

La otra opción: encender tu propia luz

Y dice el versículo 11, por el otro lado: "Todos ustedes que encienden fuego, que se rodean de teas, anden a la lumbre de su fuego y entre las teas que han encendido". Este es el otro lado: es gente que está tratando de crear su propia luz, y ustedes se hacen sus propias antorchas. Es la otra opción: si no vas a escuchar al Siervo, lo que vas a tratar de hacer es hacer tu propia luz, vas a tratar de buscar tu propio camino a través de una luz que tú mismo vas a crear y tú mismo vas a fabricar.

Pero, ¿qué dice Proverbios 16:25? "Hay camino que al hombre le parece derecho, pero su fin es la muerte". Hay muchas luces allá afuera, muchas, pero todas esas luces son fabricadas por el hombre. Y muchas maneras de vivir, pero solo hay una que lleva a la comunión perfecta con Dios. Todas las maneras que hay ahí afuera, de hecho, son más fáciles; todas esas maneras, todas te van a ofrecer una vida mucho más simple, mucho más sencilla, porque no tienes que rendir cuentas a nadie, porque no eres culpable, porque no eres responsable, porque puedes culpar a quien tú quieras.

¿Saben qué es lo que ahora se dice sobre casi todo lo que hace el hombre que está mal? Es un desbalance químico. Y la culpa... para tu cerebro y los químicos en tu cerebro: por eso lo hice; es que tengo un trastorno mental ahí medio raro, y pues... y ahora todo se justifica. Y entonces, todos los caminos y todos los estilos de vida que existen allá afuera están diseñados para quitarnos peso de encima, pero en realidad, al final del día, no son verdadera libertad. Todo está diseñado para tratar de hacer tu vida más simple, más fácil: tú sigue tus sueños, tú sigue tus deseos de tu corazón, lo que más te guste hacer es lo que importa, tú no escuches a nadie más. Eso está súper fácil, en realidad: sigue tu corazón. Pues esa es mi tendencia, entonces ni me lo tienes que decir, yo quiero seguir mi corazón.

Pero lo que todos estos pasajes nos están diciendo es esto: "Esto les vendrá de mi mano: en tormento yacerán". Tú ve, sea tu camino, y al final solo encontrarás esclavitud, muerte y destrucción. Hay un solo camino, hay un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo hombre. Un camino. Aquí lo vas a escuchar: "la fe viene del oír, y el oír por la palabra de Cristo". "¿Quién hay entre ustedes que tema al Señor, que oiga la voz de su siervo?". ¿Quién? Todos tenemos delante de nosotros esta invitación, y la única pregunta es: ¿qué vas a hacer en relación a lo que estás escuchando ahorita, en este momento? Estás escuchando. Es la invitación: ahí está el Siervo hablando, está registrado aquí todo lo que el Siervo nos ha dicho que quiere que escuchemos. La pregunta es: ¿vas a tomarlo en serio? Pues, de pie.

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