Isaías 52:13-53:12IsaíasNathan Díaz
Jesús como nuestro Siervo sufriente
¿Quién es el siervo sufriente de Isaías 53? Siete siglos antes de la cruz, Isaías describe a un Mesías exaltado y a la vez desfigurado, herido por nuestras transgresiones. Este mensaje recorre las cinco estrofas de la profecía y explica la sustitución penal: cómo la culpa del pecador se transfiere al inocente para que nosotros seamos justificados.
Transcripción
Lectura: Isaías 52:13—53:12
Isaías capítulo 52, versículo 13. Sería 52:13. Oigan esto:
"Mi siervo prosperará, será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado. De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre, y su aspecto más que el de los hijos de los hombres. Ciertamente él asombrará a muchas naciones; los reyes cerrarán la boca ante él, porque lo que no les habían contado verán, y lo que no habían oído entenderán.
¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del Señor? Creció delante de él como renuevo tierno, como raíz de tierra seca. No tiene aspecto hermoso ni majestad para que lo miremos, ni apariencia para que lo deseemos. Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no lo estimamos.
Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo por nuestra paz cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros.
Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, él no abrió su boca. Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta que él fuera cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida? Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia, ni había engaño en su boca.
Pero quiso el Señor quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento. Cuando él se entrega a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor en su mano prosperará. Debido a la angustia de su alma, él lo verá y quedará satisfecho. Por su conocimiento, el Justo, mi siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, porque derramó su alma hasta la muerte y con los transgresores fue contado; llevó el pecado de muchos e intercedió por los transgresores".
Gracias, Padre, por tu Palabra, y gracias por este pasaje de las Escrituras, que es tan claro, tan específico en cuanto a la obra de redención que tú has hecho a través de tu Hijo Jesucristo. Y sabemos que es la razón por la que estamos aquí; sabemos que esa es la identidad que tenemos como cristianos: es que hemos sido salvos, redimidos por la sangre de Cristo Jesús. Gracias, Señor. Te pedimos que bendigas este tiempo en el que meditamos en este texto tan precioso. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
El cuarto canto del Siervo
A lo largo del libro de Isaías hemos estado viendo cómo es anticipado Ciro como libertador de Israel. En estos últimos capítulos hemos visto esta idea de que Ciro va a ser también como el siervo de Dios, al ser usado por Dios para traer de vuelta a Israel de Babilonia. Pero aquí hemos estado viendo que, a lo largo de estos últimos capítulos, se han estado mencionando características de un Siervo que es un individuo particular, que no es Ciro y que no es Israel, que tiene esta relación no nada más con Israel, sino con toda la humanidad y con el plan redentor de Dios. Y entonces este es el cuarto canto, que es claramente de alguien más grande, un libertador más grande y más importante que Ciro. Y es la descripción más larga del Siervo, la más detallada, la que entra en más detalle acerca de cómo se va a desarrollar su ministerio y su vida.
Entonces queremos ver... ustedes, no es casualidad que probablemente han escuchado este pasaje muchas veces; es uno de los pasajes más famosos de todo el Antiguo Testamento para los cristianos. Esta es una sección de la Palabra de Dios que inclusive es citada constantemente en el Nuevo Testamento. Jesús lo aplicó a sí mismo; pasajes de Isaías 53, ustedes pueden encontrar cómo Jesús aplicó el versículo 12 del capítulo 53 a sí mismo en Lucas 22:37. En Marcos —que estamos estudiando Marcos—, Marcos 8:31 cita este pasaje también, en relación al ministerio que tenía Jesús de expulsar demonios y sanar personas, cómo eso estaba cumpliendo esta profecía.
Específicamente, los autores del Nuevo Testamento se refieren a ocho versículos específicos, que citan de Isaías 53, ocho veces. Y eso nada más es cuando son referencias específicas; además hay alusiones a Isaías 53 a lo largo de todo el Nuevo Testamento. Pero lo van a encontrar en Juan 12, en Mateo 8, en 1 Pedro 2, en uno de los pasajes particulares que ya estudiamos alguna vez. ¿Recuerdan Hechos capítulo 8, Felipe y el etíope? En el cual dice Lucas específicamente que estaba leyendo Isaías 53, versículos 7 y 8; eso es lo que estaba leyendo, a lo único que Felipe se encuentra con él y lo invita a subirse a su carro, sube uno con él, y: "Explícame esto de aquí, ¿de quién está hablando? ¿Está hablando Isaías de él mismo, o de quién? ¿A quién está apuntando en este pasaje, esta profecía?". Y dice que Felipe le dice: déjame explicarte el evangelio, porque el evangelio es lo que estás leyendo cuando lees Isaías 53. Explícitamente, no hay nada oculto aquí; no hay nada que sea tan difícil de entender en relación a Cristo cuando estamos leyendo estos pasajes.
Cómo está estructurado el pasaje
Entonces, he sentido este reto sobre cómo desarrollar este pasaje en un solo sermón. Creo que es importante hacerlo en un solo sermón, porque creo que debe ser estudiado de esa manera. Inclusive esa división de capítulo que surge aquí, del 53, probablemente no debería existir; es decir, si quisiéramos dividir el capítulo, tendríamos que empezar desde el versículo 13 del capítulo 52 y tomar toda esta sección junta, porque realmente va junta.
Y encontramos —no me voy a meter en todos los detalles sobre esto, pero quiero que estén pensando sobre estas características— que Jesucristo está siendo descrito en este pasaje como profeta, como sacerdote y como rey. No nada más eso, sino que también está siendo descrita su obediencia pasiva y su obediencia activa; es decir, cómo cumple la ley perfectamente, pero al mismo tiempo cómo se pone él como sacrificio, obedeciendo la voluntad del Padre para entregarse como ofrenda. Este pasaje nos explica aspectos de la preexistencia, de la encarnación; habla de su humillación en la encarnación, y también habla de su exaltación después de su encarnación. Entonces tiene todas estas realidades acerca de Jesús que están siendo mostradas en este pasaje. Vamos a recorrerlo, vamos a ver cuáles son estas maneras en las cuales el evangelio es expuesto de una manera tan gloriosa a lo largo de estos versículos.
Primera estrofa: exaltación y humillación
Bueno, para que vean, podríamos dividir toda esta sección en cinco secciones de tres versículos cada una. Es decir, cada tres versículos podemos ver cosas que están siendo descritas; cinco estrofas, digamos, de la profecía. Entonces, primero tenemos versículos 13 al 15, que nos están hablando acerca de la exaltación y la humillación de Cristo. "Oigan esto": vean, es la realidad que está siendo puesta delante de ustedes, Dios quiere que sepamos. "Mi siervo prosperará": él triunfará en la misión que se le dará, él será exitoso en lo que se propone hacer. "Será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado". Entonces tenemos aquí, de entrada, esta idea de la majestad del Siervo, alguien que tiene un alto nivel de gloria sobre todas las cosas. Y algunos autores dirían que esto está haciendo referencia a su preexistencia antes de la encarnación, pero por supuesto también sabemos que no es nada más su exaltación antes de la encarnación, sino su exaltación después de la encarnación, probablemente, de lo que se está refiriendo. Y entonces encontramos que el Siervo será enaltecido. Y claro, oyen estas palabras de Pablo en Filipenses 2, que son muy parecidas, donde dice: "Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre". Entonces tenemos la exaltación de Jesucristo siendo expuesta aquí de una manera clara y explícita.
Pero de repente está este contraste en el versículo 14, porque ahora tenemos: "De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre, y su aspecto más que el de los hijos de los hombres". Así que ahora tenemos este otro lado, que es: el Siervo será desfigurado. Y será desfigurado —y escuchamos esto en la mañana— a tal grado que ni siquiera parecerá humano. ¿Eso es una persona? ¿A ese nivel su desfiguramiento? Entonces, está exaltado, es glorioso sobre todas las cosas, pero también repulsivo. Y empezamos a sentir esta tensión con la que nos presenta Isaías acerca de este Siervo: será desfigurado.
En el versículo siguiente nuevamente tenemos este contraste. O sea, quiero que sientan la manera en que todo esto está diseñado para que nos entendamos bien, especialmente —imagínense— para los que están recibiendo esta profecía. Bueno, ¿sí o no es glorioso? ¿Es glorioso, o nos causa repulsión? ¿No nos... nos es bello? ¿Cuál de los dos?
"Él asombrará a muchas naciones"
"Ciertamente..." —y aquí hay algo que es sumamente interesante— "...ciertamente él asombrará a muchas naciones". Ahora, esta palabra en hebreo, "asombrará", es una palabra que significa "él sacudirá", pero también es una palabra que se puede traducir "él rociará", y hay algunas traducciones que lo traducen así: "él rociará a muchas naciones". Ambos son verdad. Porque, por un lado, esto causará asombro a las naciones: las naciones están viendo algo que no esperaban ver, para lo cual no estaban preparados, lo cual las sacude. Pero al mismo tiempo, también, hablando del ministerio sacerdotal de Cristo, "él rociará a muchas naciones", haciendo alusión a un concepto que ha venido apareciendo a lo largo de todo el Antiguo Testamento, que es que el sacerdote rociaba la sangre sobre... por ejemplo, en el caso de Levítico 14, un leproso: si era sanado, el sacerdote rociaba sangre sobre de él para declararlo limpio. O en el día de la expiación, en Levítico 16 leemos que el sacerdote rocía la sangre sobre el propiciatorio para declarar inocente al pueblo. O los sacerdotes son rociados con agua como parte de su proceso de purificación, Números 8.
Entonces tenemos esta idea ahora de que este desfiguramiento del Siervo resulta en un impacto que se ve en las naciones, de purificación, si queremos ver esa palabra "rociará"; o de asombro para las naciones, al ver este contraste de alguien glorioso siendo desfigurado y sufriendo de esa manera tan cruel.
Lo que los reyes jamás habían imaginado
Y entonces llegamos aquí a la segunda parte del versículo 15, donde dice: "Los reyes cerrarán la boca ante él". ¿Por qué? Esto jamás lo habían imaginado, no les habían contado esto. "Lo que no les habían contado verán, y lo que no habían oído entenderán". Va completamente en contra de todas las cosas que nosotros, como sociedad —y en nuestra sociedad humanista especialmente—, todo lo que nosotros pensamos que es una solución a nuestros problemas: esto es completamente contrario a eso. Todo lo que para nosotros es lógico, todo lo que para nosotros es racional... no entendemos. Vemos esto, decimos: ¿que esto es Dios? ¿Esta es su solución, alguien desfigurado? Así no se arreglan las cosas; se arreglan con autodeterminación, con fuerza de voluntad. "Tú puedes triunfar, tú puedes desarrollar tus sueños, tú puedes ser lo que tú quieras ser": eso es lo que tenemos que creer, eso es lo que tiene sentido para nosotros, humanos. Eso no puede ser la solución a nuestros problemas.
Y miren, esto es súper importante. Cuando yo estaba leyendo esto, estaba pensando: si nosotros, cuando estamos compartiendo sobre nuestra fe, si no le causa confusión a la gente, si no les causa shock lo que les estamos diciendo, probablemente no estamos predicando el evangelio. Si lo entienden perfectamente, "es así, claro, así siempre he pensado", entonces probablemente no les dijiste qué es el evangelio. Algo tiene que ser: "no entiendo", "no, yo no pienso así". Esa va a ser la respuesta más común si explicamos lo que Jesús hizo correctamente y quién es él.
Por eso dice Pablo, en 1 Corintios: "Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: piedra de tropiezo para los judíos" —porque ellos no pueden ver cómo es ese su Mesías— "y necedad"; para los gentiles es sabiduría, nosotros que nos jactamos de nuestro nivel intelectual y académico, y lo que importa es el avance de la civilización, el ser humano, la tecnología. Eso no tiene sentido; entonces, eso no es cómo funcionan las cosas. Mejor... no estamos evolucionando hacia una mejor sociedad, no estamos progresando. Eso no tiene... Pablo: cuando predicamos este mensaje, ni judíos ni gentiles lo aceptan, porque no tiene sentido para ellos, es completamente contrario a lo que ellos creen sobre Dios y sobre su existencia.
Entonces, para empezar esta profecía, tenemos la exaltación de Cristo y la humillación de Cristo siendo expuestas juntas como verdades acerca del plan redentor de Dios.
Segunda estrofa: nuestro rechazo
Lo cual nos lleva a ver el capítulo 53. Ahora es nuestro rechazo el que empieza a ser expuesto aquí: la manera en que nosotros reaccionamos ante estas verdades, la manera en que reaccionamos ante la sangre. A veces vemos algunos programas médicos, cuando muestran la cirugía y muestran cómo entra el bisturí en la piel y la abren, y de repente ya se ven los órganos adentro. Y mis hijos siempre hacen esto, y a veces se salen, y... "me avisan cuando ya pasó". Es lo que va a empezar a describirnos Isaías: la manera en que reaccionamos ante todas estas cosas, la manera en que nuestra tendencia humana tiende a ver la realidad de lo que Dios está haciendo a través de su Hijo.
Y por eso dice el versículo 1: "¿Quién ha creído a nuestro mensaje? ¿A quién se ha revelado el brazo del Señor?". Entonces la primera realidad que nos presenta Isaías es: no creímos. Escuchamos este mensaje y simplemente no tenía sentido para nosotros, y dijimos "no, gracias". Porque requiere fe para ver la gloria de Dios en Jesús; nosotros no producimos eso naturalmente, eso no es lo que viene a nosotros naturalmente. Ver a Jesús crucificado e ir así de "qué glorioso"... lo que estaba leyendo, lo que oíamos hoy en la mañana, de Gálatas 6: "me glorío yo en la cruz de Cristo"; eso es el tesoro más grande, eso es lo más precioso que he visto en mi vida. Eso no es lo que viene a nosotros naturalmente: requiere el brazo de Dios, que está siendo revelado de esta manera aquí, el brazo de Dios en su fuerza para despertarnos a nosotros, para darnos vista a estas realidades espirituales.
Porque nosotros tenemos la tendencia a irnos con las cosas que son atractivas para nosotros, a las cosas que nos gustan, a las cosas que satisfacen una necesidad temporal en el presente. Es nuestra tendencia; siempre vamos a ser atraídos, no a poner nuestra vista en las realidades espirituales y profundas de la obra redentora de Dios, sino a poner nuestra vista en las cosas que podemos ver y palpar y disfrutar ahorita. Por eso es que Efesios 2:1 dice: "Y él les dio vida a ustedes, que estaban muertos". O sea, estaban ciegos, no tenían ninguna capacidad para ver estas realidades, estaban muertos en sus delitos y pecados. No creímos.
Número dos: "Creció delante de él como renuevo tierno, como raíz de tierra seca". Ya habíamos leído sobre esto en Isaías 11:1: es el renuevo, está creciendo. Y esto es una referencia a que crecía en conocimiento y sabiduría delante de Dios y delante de los hombres, Lucas 2:52; está siendo desarrollado en su vida terrenal. Pero "no tiene aspecto hermoso ni majestad para que lo miremos, ni apariencia para que lo deseemos". Ahora, este versículo no está tanto diciendo que Jesús era feo; es más, está diciendo que no había nada especial en él, no había nada espectacular acerca de él. Era como un judío cualquiera, ahí, entre la comunidad de Nazaret. Como si yo les dijera: así, el de la tiendita, el que me vende la leche y el pan todos los días, ¿no? Quiere decir: no hay nada especial en él, es el que te vende los abarrotes, está en la comunidad como una persona más.
Claro, está el caso de que la gente dudaba acerca de él: "¿este lo es? ¿Y algo bueno puede salir de Nazaret?". Juan el Bautista llega el momento en que dice: "¿sí eres tú?, ¿tenemos que esperar?", porque a lo mejor no estás logrando impresionarme. Y aun en sus milagros la gente no estaba teniendo la reacción que debería tener ante lo que estaban viendo. Su familia no creía en él; sus hermanos decían: "no, está loco, no nos asocien con él".
Pero él se humilló hasta el nivel más común de nuestra sociedad; se hizo como nosotros para que nosotros pudiéramos hacernos como él. Esa es la realidad de la encarnación: yo me hago como ustedes, y ustedes podrán ser como yo. Por eso es importante esta descripción: "no tiene aspecto hermoso ni majestad para que lo miremos, ni apariencia para que lo deseemos", para que entendamos que él es uno de nosotros. Tan simple y tan básico está siendo expresado. No es algo glorioso, no es alguien imponente, no es alguien que llega en su trono y en sus carros, así, con sus súbditos y sus ejércitos, y dice: "aquí estoy, véanme a mí, voy a imponer mi reino sobre de ustedes". No, es alguien que llega en un estado de humillación, en esta encarnación, para nacer en un pesebre, y para estar rodeado de animales, y para que en general pase desapercibido y crezca entre nosotros y sea uno de nosotros, y sea evidente que Dios está haciendo la obra. Al final de su ministerio vamos a ver más sobre eso.
No lo estimamos
"No lo estimamos", versículos 2 y 3: "Fue despreciado y desechado de los hombres, varón de dolores y experimentado en aflicción; y como uno de quien los hombres esconden el rostro, fue despreciado, y no lo estimamos". Entonces, la siguiente característica de nuestro rechazo es que no lo estimamos. ¿Por qué? Porque amamos lo temporal, amamos lo espectacular, amamos lo que nos llama la atención, amamos las cosas de este mundo, y amamos lo creado en lugar de amar al Creador. Y eso es lo que describe Pablo en Romanos 1: hemos intercambiado la gloria de Dios por seres corruptibles, especialmente nosotros mismos.
Tercera estrofa: él llevó nuestros dolores
Versículo 4: "Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros lo tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo por nuestra paz cayó sobre él, y por sus heridas hemos sido sanados". Conocen este pasaje, pero lo que quiero enfatizar acerca de este pasaje es que cuando lo crucificamos, de hecho, algo estaba sucediendo en el plan redentor de Dios. Está incorporando aquí, en esta profecía, constantemente el "nosotros", el "nosotros", el "nosotros". ¿Lo ven? "Él llevó nuestras enfermedades, cargó con nuestros dolores", y después dice el versículo 5: "él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo por nuestra paz cayó sobre él, por sus heridas hemos sido nosotros sanados". ¿Pueden ver esa dinámica que se da entre "nosotros" y "él", "nosotros" y "él"? Es incluirnos dentro de esta historia: esta es tu historia también, no es nada más la historia del Siervo, es la historia de nosotros.
Porque nosotros somos culpables, nosotros somos los que transgredimos la ley de Dios, nosotros nos rebelamos, nosotros somos los que merecíamos la condena de parte de Dios, eterna, nosotros. Y nosotros sufrimos las consecuencias de nuestro pecado, que son enfermedades, y dolores, y muerte. Ese es el pago justo por nuestro pecado, porque la paga del pecado es muerte.
Entonces, no es que él viene a sanarnos nada más físicamente en esta vida, porque eso es parte de la consecuencia del pecado, pero solamente es una consecuencia temporal; la peor consecuencia es la muerte segunda, la muerte espiritual. Y en relación a nuestras enfermedades, aquí dice que parte del propósito de la muerte de Cristo es cargar con nuestras enfermedades. "Así que ustedes que están enfermos, que tienen cáncer, vamos a orar, porque Jesús ya cargó con sus enfermedades". Bueno, sí vamos a orar, y lo hará, y ahora vamos... hace un rato, por sanidad física. Pero realmente el verdadero precio que está pagando Jesús, y la verdadera solución que está trayendo, no es sanidad temporal, porque un día tú y yo vamos a morir aunque seamos sanados hoy, y vamos a enfermarnos de algo. La verdadera sanidad que Jesús pagó en la cruz es la sanidad perfecta y eterna: un día ya no habrá más muerte, un día no habrá más dolor, ya no habrá más llanto ni tristeza.
Y estaba compartiendo algo sobre eso, con una frase que decía: no hay nada que estés sufriendo hoy que una buena resurrección no pueda arreglar. Esa es nuestra esperanza. Sí vamos a pedir por sanidad hoy, pero esa sanidad solo es temporal; anhelamos sanidad permanente, que todas las consecuencias del pecado sean quitadas completa y perfectamente. Eso es el anhelo de nuestro corazón, y hacia allá estamos viendo, y estamos viendo cómo el sacrificio de Cristo carga con esa realidad, con todas las consecuencias de todo nuestro pecado.
Alguien tiene que pagar
Y esto es, hermanos —espero que este pasaje, cuando está hablando de "nosotros", no digamos "ah, esos, Israel; ellos son los transgresores, ellos son los culpables"—, no: somos nosotros, toda la humanidad. Porque todos sabemos que hemos roto la ley de Dios, todos sabemos que somos culpables delante de Dios; no hay nadie que sea inocente, y vamos a llegar a eso en un momento. Pero todos hemos quebrantado la ley de Dios, y cuando tú quebrantas una ley, hay una multa y una consecuencia; hay algo que un juez perfecto tiene que sentenciar y decir: ahora, como la ley se ha roto, esta es la consecuencia de romper la ley. Si no, no es un juez justo. Entonces alguien tiene que absorber lo que ha sucedido.
Si tú vas manejando en tu carro y hay un accidente, chocas con alguien o alguien te choca, ¿qué es lo que se tiene que determinar? Quién es el culpable. ¿Por qué? Porque algo pasó y alguien tiene que pagar; alguien tiene que pagar, alguien sufrirá las consecuencias de la tragedia que ha sucedido en ese momento, alguien lo sufrirá.
Estaba leyendo una historia sobre un hombre que está en la cárcel y está siendo condenado a muerte, porque había hecho mal. Y entonces, el que lo quiere salvar, lo que tiene que hacer es infiltrarse en la prisión, y vestirse como él, y maquillarse como él, y actuar como él, para que el día de su ejecución se lo lleven a él, sin darse cuenta de que hubo un intercambio de prisioneros. Y cuando estaba leyendo esa historia, dije: es exactamente lo que Jesús hizo. Porque alguien tenía que morir, alguien tenía que pagar, alguien tenía que sufrir las consecuencias de la transgresión de la ley de Dios, y Jesús lo está haciendo en este pasaje.
De hecho, dependiendo de la traducción que ustedes estén leyendo, dice —versículo 5— "él fue atravesado por nuestras transgresiones", que es más específico. Pueden leer esa misma profecía en Salmo 22:16 y en Zacarías 12:10. "El castigo por nuestra paz cayó sobre él". ¿Cómo puedes tener paz con Dios? Solamente si alguien paga por tu transgresión. Romanos 5:1, ¿verdad?: "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios". Porque si tú no has sido justificado por la sangre de Cristo, tú eres enemigo de Dios, tú no tienes paz con Dios. Dios te puede condenar perfecta y justamente, e iba a condenarte perfecta y justamente, porque esa es la paga de tu pecado, porque esas son las consecuencias de romper y quebrantar la ley de Dios.
Sustitución penal e imputación
Entonces, toda esta idea de lo que está siendo desarrollado es lo que llamamos sustitución penal. Es un desarrollo en toda la Biblia, en todo el Antiguo Testamento, que hemos visto desde el principio: es este sistema sacrificial que se está desarrollando, en donde la sangre se convierte en sustituto y puede remover la paga de la muerte por el pecado. Es el poder de Dios para transferir la culpabilidad a un sustituto inocente. Y leemos eso justamente en el día de la expiación, Levítico 16:21: "Después Aarón pondrá ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío, y confesará sobre él todas las iniquidades de los israelitas y todas sus transgresiones, todos sus pecados; y poniéndolos sobre la cabeza del macho cabrío, lo enviará al desierto por medio de un hombre preparado para esto".
Hay una transferencia de culpabilidad, y esto es un misterio, es muy raro. Yo me imagino a los judíos que estaban haciendo todos los sacrificios, diciendo: "a ver, Dios, ¿cómo es eso? Yo soy culpable, pero ahora el animal es culpable, y ahora yo soy inocente. ¿Cómo haces esa transferencia de culpabilidad?". Pero Dios dice: yo tengo el derecho de hacer esto, para darles a ustedes esperanza; yo puedo hacer eso, yo puedo hacer una transferencia de culpabilidad de uno a otro. Lo que la Palabra de Dios nos muestra como el concepto de imputación.
Su sangre fluye desde la cruz hacia nosotros, y nuestra cautividad de pecado —los ídolos que hemos descubierto que nos han dejado vacíos, y estamos frustrados con ellos—, y entonces ahora su sangre sale de la cruz, llega hasta nosotros, nos limpia, toma nuestra culpabilidad de regreso a la cruz, y ahora Jesucristo absorbe esa culpabilidad, y ahora nosotros somos libres de la opresión de ese pecado que nos había dejado tan vacíos y frustrados, y ahora somos inocentes. Pero lo que está pasando ahí, ¿no es increíble? Cuando leemos 2 Corintios 5:21: "Al que no conoció pecado, lo hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él". Yo soy culpable, él es inocente; así que él va a absorber mi culpabilidad para que yo pueda ser inocente, y su justicia se convierte en la mía.
Todos nosotros nos descarriamos como ovejas
Versículo 6: "Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino, pero el Señor hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros". Nos descarriamos. Yo quería hacer todo un sermón sobre este versículo. ¿Por qué? Las ovejas son algunos de los animales más tontos que hay en el mundo animal, y no es accidente que esta profecía esté usando ovejas para describirnos a nosotros.
Las ovejas no pueden hacer casi nada por sí mismas, necesitan ayuda todo el tiempo, son débiles. Si se mojan, les pesa tanto la lana que se van de lado y se mueren por estar mojadas, si alguien no las levanta. A veces el pastor tiene que sentirles la panza, sentir toda la lana que tienen y sentirles la panza para ver que no se les haya olvidado comer, porque a algunas se les olvida comer y se mueren de hambre. Y todo el tiempo están enfocadas en lo que tienen delante: es el pasto que tienen delante, es lo único que pueden pensar; ahí está el pasto, y ahí voy, no ven más allá.
Entonces, por eso no dice el pasaje "ustedes son como delfines" —pero los delfines son muy inteligentes—, no son como perros, que se bajan y saben cómo regresar a su casa. No: ustedes son como ovejas, que se pierden todo el tiempo, se pierden, no saben para dónde van, nada más piensan en el pasto, es lo único que están pensando, es lo único que saben. Es la manera en la cual somos descritos. Y eso me llevó a la conclusión de que uno de los propósitos principales por los que Dios hizo a las ovejas fue nada más para hacer un espejo de nosotros en el mundo animal, para enseñarnos algo acerca de nosotros mismos.
"Pero el Señor hizo que cayera sobre él la iniquidad de todos nosotros". "Por cuanto todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios". Ahora tenemos un increíble contraste: Jesús es la oveja. Nosotros somos ovejas descarriadas; ahora él se hace oveja, pero él no es una oveja descarriada. Él es como una oveja solamente en el sentido de aceptar ser sacrificio, sin pelear, sin defenderse. Esa es su característica.
Cuarta estrofa: su sufrimiento y su silencio
Y es lo que encontramos en la siguiente sección, que es su sufrimiento, cuando dice: "Fue oprimido y afligido, pero no abrió su boca; como cordero que es llevado al matadero, y como oveja que ante sus trasquiladores permanece muda, él no abrió su boca. Por opresión y juicio fue quitado; y en cuanto a su generación, ¿quién tuvo en cuenta que él fuera cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión de mi pueblo, a quien correspondía la herida?". Es lo que hemos estado leyendo en Marcos 14 y 15, que él sufrió: número uno, al ser oprimido y afligido; número dos, al ser rechazado; número tres, al ser crucificado; número cuatro, al morir, que es descrito aquí cuando dice que él es cortado de la tierra de los vivientes; y también al ser sepultado, que es lo que encontramos en el versículo 9: "Se dispuso con los impíos su sepultura, pero con el rico fue en su muerte, aunque no había hecho violencia ni había engaño en su boca".
Una y otra vez, en los Evangelios, encontramos estas descripciones de la pasión de Cristo; encontramos la inocencia de Jesús siendo recalcada y enfatizada, y aun así siendo culpado y difamado injustamente. Todo esto que estamos leyendo se cumple perfectamente en la manera en que, cuando él es acusado, no dice nada, no contesta. Nosotros odiamos que nos acusen injustamente, ¿no es cierto? Son las cosas que más nos hacen enojar. Si alguien dice algo que no es cierto de nosotros, ¿qué es lo primero que hacemos? Nos defendemos: "Dios, eso no es cierto, yo no soy así, yo no hice eso, y me molesta que digan eso de mí". Esa es nuestra tendencia natural. Y Jesús, de todos los seres humanos que jamás han existido en esta tierra, es el que ha sido injustamente acusado de una manera suprema, y no dijo nada. ¿Por qué? Porque él estaba tomando nuestra culpabilidad, así que aparecería como culpable, estaba actuando como si realmente fuera culpable.
Así que la injusticia más grande de toda la historia se convirtió en la más grande justicia de toda la historia: la justicia de Dios siendo manifestada en el Hijo de Dios, cargando con nuestra injusticia para que él pueda ser justo. ¿Entienden la ironía de esta historia? Yo voy a sufrir injusticia para que ustedes puedan tener justicia perfecta. Y es en esa manera en que la justicia de Dios, y la ira de Dios, y el amor de Dios, y la misericordia de Dios se unen en un solo lugar y en un solo evento, para mostrarse de la manera más gloriosa. Eso es lo que está sucediendo cuando desplegamos estos versículos.
Y otra vez, la profecía siendo específica acerca, no nada más inclusive de cómo está muriendo, sino inclusive de cómo está siendo sepultado: José de Arimatea comprando esta tumba y, de esa manera, cumpliendo esta profecía tan específica acerca de Jesús.
Quinta estrofa: quiso el Señor quebrantarlo
Y vamos ahora al último punto, que es los últimos tres versículos de este pasaje, que dice: "Pero quiso el Señor quebrantarlo, sometiéndolo a padecimiento. Cuando él se entrega a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor en su mano prosperará". Aquí tenemos varias cosas que están siendo explicadas acerca del sacrificio de Jesús. Número uno: que es su voluntad y su plan. El Padre quiso quebrantarlo, he dicho, el Padre. Otras traducciones dirían: "fue el placer del Señor quebrantarlo", "le plació quebrantarlo". ¿Cómo puede decir eso? ¿Qué clase de padre sometería a su hijo a abuso físico, a tortura física, y se gozaría en eso? Bueno, los cielos se oscurecieron, un terremoto... sí causó dolor en el corazón de Dios este evento. Pero de la misma manera en que Jesús vio esta obra y sacrificio —como dice Hebreos 12:2, "por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz"—, de la misma manera el Padre podría complacerse en este sacrificio, porque sabía hacia dónde iba todo, sabía lo que estaba obteniendo, sabía la recompensa que vendría, que sería la redención de un pueblo para sí mismo.
Así que leemos esto en varios lugares de las Escrituras. Hechos 4:27 dice: "Porque en verdad, en esta ciudad se unieron tanto Herodes como Poncio Pilato, junto con los gentiles y los pueblos de Israel, contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste, para hacer cuanto tu mano y tu propósito habían predestinado que sucediera". El Padre quiso que esto sucediera. Y no nada más el Padre quiso que esto sucediera: el Hijo también. Por eso dice "cuando él se entregue a sí mismo", voluntariamente. Jesús dijo: "Por eso el Padre me ama, porque yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la doy de mi propia voluntad. Tengo autoridad para darla y tengo autoridad para tomarla de nuevo; este mandamiento recibí de mi Padre".
Entonces, Dios quiso hacer esta obra, fue su voluntad, por eso sucedió. No fue un accidente, no fue... fue el plan de Dios; no fue algo que hizo nada más como para tratar de arreglar las cosas que se habían descompuesto y que no sabía cómo arreglar, sino que desde la eternidad pasada hizo este plan, y lo desarrolló desde Génesis. Empezamos a ver cómo se muestra este plan; claramente estamos leyendo esto en Isaías, ¿saben cuántos siglos antes de que suceda? Siete siglos antes de que suceda. ¿Para qué? Para que digamos: esto estaba planeado, yo sabía lo que estaba haciendo.
Su descendencia: nosotros
Y la justificación que Dios hace por nosotros, que está siendo descrita aquí, muestra que él tiene una nueva descendencia: "él verá a su descendencia, y prolongará sus días, y la voluntad del Señor en su mano prosperará". Así que ahora nosotros somos la descendencia de Dios, como dice Romanos 4:13: "Porque la promesa a Abraham, a su descendencia, de que él sería heredero del mundo, no fue hecha por medio de la ley, sino por medio de la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son herederos, vana resulta la fe y anulada la promesa". Nosotros somos los verdaderos hijos de Abraham, nosotros somos la verdadera descendencia de Dios, porque hemos puesto nuestra fe y nuestra confianza en Cristo Jesús. Y esa es la descendencia que él vino a tener.
"Al vencedor, al que guarda mis obras hasta el fin, le daré autoridad sobre las naciones, y las regirá con vara de hierro, como los vasos del alfarero son hechos pedazos, como yo también he recibido autoridad de mi Padre; y le daré el lucero de la mañana". Nosotros heredaremos todas las cosas que son de Dios, que es el universo. "Así que nadie se jacte en los hombres, porque todo es de ustedes", dice Pablo: "ya sea Pablo, o Apolos, o Cefas, o el mundo, o la vida, o la muerte, o lo presente, o lo porvenir, todo es suyo, y ustedes de Cristo, y Cristo de Dios". Ustedes son su descendencia; ustedes, que heredarán todas las cosas, porque él pagó en la cruz, y eso garantiza que esto es lo que ustedes recibirán a través de la fe en él.
Nosotros nos convertimos en herederos de todas las promesas que hay en todo el Antiguo Testamento, en todo el Nuevo Testamento, y todo lo que viene está apuntando hacia una realidad de una gloria futura, en la cual Dios será la realidad que lo llena todo en todos, y podremos disfrutar de esa realidad para siempre. "¿Quién es el que condena? Cristo es el que murió; sí, más aún, el que resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros".
El botín de la victoria
Vean lo que dice el versículo 12: "Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos". Es el lenguaje de guerra, de triunfo: esto es lo que he ganado, este es el trofeo de la victoria. Es gente de todas las naciones siendo redimida. "Porque derramó su alma hasta la muerte, y con los transgresores fue contado" —crucificado entre dos ladrones—, "llevó el pecado de muchos e intercedió por los transgresores".
Eso significa que Jesús está intercediendo por nosotros hoy, y que él justamente puede decirle al Padre, cada vez que nosotros pecamos y pedimos perdón por ese pecado, Jesús puede decir: yo ya pagué, yo ya hice la propiciación necesaria, yo ya me puse en el lugar de ellos, así que tú, Padre, los puedes perdonar perfecta, justa y legalmente. Es lo que describe Apocalipsis 12: ya no puede acusarnos el acusador, porque Jesús ya murió; ya no puede traer ninguna queja en contra de nosotros que sea válida, ya no puede decir nada acerca de nosotros. Porque nosotros hemos dicho: Jesucristo es mi única esperanza, lo he visto a él y a su sacrificio como el más grande tesoro y la única esperanza que tengo para ser reconciliado con Dios; ya he puesto mi confianza ahí, he pedido perdón, y sé que esa sangre es suficiente para redimirme, porque es suficiente el valor de esa sangre para redimir a gente de todas las naciones y de todos los tiempos. Esa sangre vale tanto, que no hay duda en mi mente de que he sido perdonado, porque le he pedido a Jesús: tú aplica esa sangre a mí, tu sangre.
La cruz es poder
Así que la cruz no es nada más una idea, no es nada más un concepto: la cruz es poder. La cruz está trabajando todos los días, está reviviendo gente de todas las naciones, y todos los días está salvando gente de sus pecados y de la condenación eterna, y todos los días está intercediendo por nosotros delante del Padre, y él tiene todo el derecho de hacerlo.
Así que, ¿cómo lidiamos con nuestra culpabilidad? ¿Cómo tratamos con la culpabilidad que hay en nosotros? Tenemos que dejar de deprimirnos acerca de nuestro pecado, tenemos que dejar de tener desesperación en nuestro corazón acerca de nuestro pecado, tenemos que dejar de tratar de impresionar a Dios con nuestras obras y con la manera en que nos comportamos. Simplemente tenemos que rendirnos, tenemos que ver a la cruz; no debemos despreciarla, como lo hemos hecho por tanto tiempo y como las naciones lo han hecho por tanto tiempo. Tenemos que contestar al llamado que está siendo hecho en el versículo 1 del capítulo 53: "¿Quién ha creído este mensaje?". Yo lo creo, Dios, yo creo ese mensaje. Ese es el mensaje más glorioso de todos los tiempos, eso es lo que creo, es la base, el fundamento de mi vida, porque sé que cuando creo este mensaje puedo dejar de ser culpable y puedo tener verdadera paz, y paz eterna.
Gracias, Padre, por tu Palabra. Te pedimos que esto sea una realidad en nuestras vidas: todo esto que estamos leyendo, que es tan complicado, tan difícil de entender, cómo es que Dios mismo pueda ser hombre entre nosotros. Pero es la obra que tú has hecho. Ayúdanos, Señor, a no despreciar esta obra; ayúdanos a verla como lo que realmente es, a través de la fe, a atesorarla, a amarla y a vivir por ella. Señor, gracias, porque esta es la verdad que ha sido revelada a nosotros, es tan clara, Señor. Queremos responder a este llamado en fe y en arrepentimiento, sabiendo que tú eres la esperanza de nuestras vidas. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
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