Las raíces de nuestra esperanza
¿Cómo tener esperanza en Dios cuando la vida se siente desolada? Isaías 51 responde con una dinámica sencilla: mira hacia atrás a lo que Dios ya hizo, mira hacia adelante a lo que promete, y así podrás vivir el presente sin temor. Un llamado a escuchar, a despertar y a apartarnos de Babilonia.
Transcripción
El llamado de Isaías 50: escuchar al Siervo
Estábamos viendo el domingo pasado acerca del Siervo que debemos escuchar, y la manera en que viene esta exhortación en Isaías 50, versículo 10. Hay un llamado aquí —y estoy leyendo en esta versión, NBLA— que dice: "¿Quién hay entre ustedes que tema al Señor, que oiga la voz de su siervo, que ande en tinieblas y no tenga luz?". Y recuerden: estamos viendo que es a través de las tinieblas y a través de las circunstancias de esta vida, que nos hacen depender de Dios, que encontramos al Siervo, y que encontramos a alguien a quien seguir, porque nos damos cuenta de que estamos en tinieblas y nos damos cuenta de que estamos en necesidad de él, y no estamos tratando de hacer nuestras propias luces, que es lo que dice el versículo 11: "Todos ustedes que encienden fuego, que se rodean de teas, anden a la lumbre de su fuego y entre las teas que han encendido. Esto les vendrá de mi mano: en tormento yacerán".
La idea es: si tú estás haciendo tu propio fuego, si tú estás tratando de crear tu propia razón para tu existencia y para lo cual estás viviendo todos los días, tú serás juzgado por Dios, porque no fuiste creado para ti mismo, fuiste creado para Dios. Y esa es la idea detrás de este texto: es mostrarnos que solamente hay un propósito en la vida que importa, solo hay un propósito que cuenta, y es vivir para la gloria de Dios.
Así que esto es un llamado, y este llamado que se hace en el capítulo 50 y el capítulo 51 —que es lo que vamos a ver hoy, y un pedacito de 52— es la respuesta a ese llamado, otra vez haciéndonos una invitación para poder tener nuestra esperanza puesta en este Siervo. Y vamos a ver cuáles son las raíces de nuestra esperanza, cuáles son las maneras en las cuales el texto nos invita a tener esperanza en Dios.
Todos necesitamos esperanza
Así que tenemos que pensar en esto, porque todos necesitamos esperanza en nuestras vidas. Todos necesitamos algo por lo cual despertar en la mañana y decir: de esto se trata. Voy a ir a trabajar porque esta es la esperanza de mi vida; voy a ir a la escuela porque esta es la esperanza de mi vida; me voy a casar con esta persona porque esta es la esperanza de mi vida: vivir para la gloria de Dios a través de esas cosas.
Y el texto quiere darnos la esperanza al hacernos una exhortación a escuchar. Pueden verlo en el versículo 1, dice: "Escúchenme, ustedes que siguen la justicia". Esto está hablando al remanente, está hablando a los verdaderos cristianos. Esa es la exhortación: escúchenme, en el versículo 1. Pueden verlo en el versículo 4: "Préstame atención, pueblo mío, y óyeme, nación mía", versículo 4. Y después, más adelante, en el versículo 7 también: "Escúchenme, ustedes que conocen la justicia". Entonces, tres veces en estos primeros ocho versículos vamos a encontrar la exhortación a escuchar.
¿Escuchar qué? Esta verdad: Dios nos dará su justicia. Es la primera esperanza que encontramos en el capítulo 51. Lo pueden ver ahí, conectado con los imperativos: "ustedes que siguen la justicia"; más adelante, el versículo 4, "estableceré mi justicia"; y el versículo 5, "cerca está mi justicia, ha salido mi salvación"; versículo 6, al final, "y mi justicia no disminuirá"; versículo 8, "pero mi justicia durará para siempre". Entonces pueden ver que la idea es: Dios nos dará su justicia, así que escuchen.
Uno: Dios da vida
Escuchen qué. Número uno, primeros tres versículos, vamos a empezar a ver este principio —y este principio está también en los versículos que siguen—, que es: les voy a mostrar... quiero que escuchen, pero les voy a mostrar que, si ustedes ven hacia atrás, van a poder ver hacia adelante; y si ven hacia adelante, van a poder vivir en el presente. Es la idea que va a desarrollar este texto, y quiero mostrárselos.
Número uno: porque Dios da vida. "Escúchenme, ustedes que siguen la justicia, los que buscan al Señor: miren la roca de donde fueron tallados y la cantera de donde fueron extraídos". Salieron de una piedra, dice. "Miren a Abraham" —y ahora nos explica un poco más a qué se refiere— "miren a Abraham, su padre, y a Sara, la que los dio a luz; cuando él era uno solo, lo llamé, y lo bendije y lo multipliqué. Ciertamente el Señor consolará a Sión, consolará todos sus lugares desolados; convertirá su desierto en Edén, y sus lugares desolados en huerto del Señor; gozo y alegría se encontrarán en ella, acciones de gracias y voces de alabanza".
Dios da vida. Y sí da vida a una roca, porque eso es lo que está diciendo: algo sin vida, algo muerto, algo que no tenía forma, lo esculpe, le da forma. El vientre de Sara era estéril, no podía tener hijos, no había vida ahí, y él produce vida. Y eso es lo que quiere que vean hacia atrás. Dice: mira lo que yo hice en el pasado. Si yo puedo darle vida a una roca, Dios puede hacer algo nuevo contigo también. No es qué tan adecuado seas para la tarea, sino qué tan necesitado estés, y un Dios que da vida. Ese es el principio.
Dice Romanos 4:17: "Está escrito: 'Te he hecho padre de muchas naciones', delante de aquel en quien creyó, es decir, Dios, que da vida a los muertos y llama a las cosas que no son como si fueran". O sea: no hay nada que yo no pueda hacer. Vean al pasado y se van a dar cuenta de que yo puedo hacer lo que yo quiera. Ahora vean hacia adelante: vean hacia adelante que yo consolaré a Sión, yo voy a hacer una obra nueva en ustedes, yo les voy a dar vida, los voy a consolar en sus lugares desolados. Así como Israel estaba en el desierto, pero los llevé a la tierra prometida, estas temporadas de tribulación y de aflicción en sus vidas pasarán, y yo convertiré su desierto en Edén, en el huerto del Edén.
Piensas en el huerto del Edén, obviamente, cuando dice "Edén", pero la idea principal ahí es comunión con Dios, porque en el huerto del Edén el hombre tenía una comunión perfecta con Dios. Y dice: "y sus lugares desolados en huerto del Señor; gozo y alegría se encontrarán en ella, acciones de gracias y voces de alabanza". Hay esperanza. Así como el ladrón que estaba junto a Jesús en la cruz, y Jesús le dijo: "De cierto te digo, hoy estarás conmigo en el Edén", el lugar de comunión con Dios. Nuestro desierto de la vida presente será renovado a través de la obra milagrosa y sobrenatural de Dios en nuestras vidas. Esto ya lo habíamos leído en el capítulo 35, versículos 1 y 2, este tipo de promesa; el tipo de promesa que encontramos también en Apocalipsis 2:7: "El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios". Es la promesa: podemos ser restaurados, podemos encontrar nueva vida en Cristo.
Dos: Dios transformará el mundo
Número dos: Dios nos dará justicia porque transformará el mundo. Versículos 5 al 6: "Cerca está mi justicia, salió mi salvación, y mis brazos juzgarán a los pueblos. Por mí esperan las costas, y en mi brazo ponen su esperanza. Alcen los ojos a los cielos y miren la tierra abajo, porque los cielos como humo se desvanecerán, y la tierra como un vestido se gastará, y sus habitantes como mosquitos morirán; pero mi salvación será para siempre y mi justicia no disminuirá".
¿Están cansados de este mundo? ¿Quieren que cambie ya? ¿Están cansados del dolor y del sufrimiento y de la injusticia? Dios ya ha comenzado a cambiarlo, ya comenzó un proceso de transformación de este mundo. ¿Y saben cuál es? Su evangelio. Aquí está, en el versículo: "Escúchame, porque de mí saldrá una ley". Una ley, algo que ustedes todavía no conocen completamente. Pero Jesús dijo: yo soy el cumplimiento de la ley; esa es la ley a la que se refiere. "Y estableceré mi justicia para luz de los pueblos". Todas las naciones conocerán mi ley y mi justicia a través de mi brazo, versículo 5: "y en mi brazo ponen su esperanza". Ese brazo en donde están poniendo su esperanza es el Siervo que leímos el domingo pasado, es el Siervo que vamos a estudiar cuando regresemos a Isaías. "Alcen los ojos a los cielos, miren la tierra abajo": no nada más traerá el evangelio a la tierra, sino que traerá una restauración permanente, donde habrá cielos nuevos y tierra nueva, cuando él regrese por segunda vez. "Porque los cielos como humo se desvanecerán, y la tierra como un vestido se gastará". Nuestra ropa no nos dura para siempre; ahora tenemos que estar comprándola constantemente, porque se acaba, empieza a tener hoyos. Y así es esta tierra, y este mundo se está desvaneciendo. Dios lo restaurará. "Pero mi salvación será para siempre".
Hay un contraste aquí entre lo temporal y lo eterno. Nos quieren mostrar: miren, estas cosas de este mundo pasarán, nada de lo que está a su alrededor es permanente; pero yo sí soy permanente, y lo que yo les puedo dar sí es permanente, y no lo van a encontrar en ningún otro lugar. Entonces encontramos esta esperanza: "Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a él mismo", Filipenses 3:20 y 21.
Tres: Dios quita el temor
Y número tres, versículos 7 y 8: Dios quita el temor. Versículo 7: "Escúchenme, ustedes que conocen la justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley: no teman el oprobio del hombre, ni se desalienten a causa de sus ultrajes. Porque como a vestido se los comerá la polilla, y como a lana se los comerá la larva; pero mi justicia durará para siempre, y mi salvación por todas las generaciones".
La promesa y la esperanza aquí es que Dios nos quitará el temor a través de su justicia. Eso significa que no hay nada que tengamos que temer, porque él está en control y él siempre gana. Eso es lo que nos está diciendo. Esa es la promesa de Juan 16:33: "Estas cosas les he hablado para que en mí tengan paz. En el mundo tienen tribulación; pero confíen, yo he vencido al mundo". Y Romanos 8:31 dice: "Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros?". Esa es la promesa aquí.
Y quiero que vean, entonces, que está esta dinámica: vemos hacia atrás, vemos hacia adelante, y ahora podemos vivir en el presente. Esa es la idea que el evangelio nos está presentando. Y de hecho, es lo que celebrábamos en la Santa Cena hace un rato: "esta es mi sangre del nuevo pacto", y les dice esto viendo hacia atrás —nosotros vemos hacia atrás, esta es la sangre que Jesús ya derramó por nosotros, históricamente ya sucedió—; "hagan esto hasta que yo venga": vean hacia atrás, vean hacia adelante; "hagan esto en memoria de mí", todas las veces que se congreguen, en el presente. Vean hacia adelante, podrán vivir en el presente. Así funciona la esperanza que hay en la Palabra de Dios.
Cuatro dobles imperativos
La siguiente exhortación es esta siguiente sección, versículos 9 de este capítulo 51 hasta el capítulo 52, versículo 10. Entonces vamos a recorrerlo y vamos a ver algunos de los detalles que surgen aquí. Hay cuatro dobles imperativos que surgen en el texto. Lo pueden ver en el versículo 9: "Despierta, despierta", doble imperativo, un énfasis sobre la importancia que tiene este mandamiento. Y luego otra vez, el versículo 17: "Despierta, despierta". Y después, en el capítulo 52, versículo 1: "Despierta, despierta". ¿Qué es lo que tienes que despertar? Lo que dice el versículo... porque el versículo 12, y lo van a ver ahí, tiene también la doble respuesta: doble imperativo, doble respuesta al imperativo. Dice el versículo 12: "Yo, yo...", así mismo Dios. "Yo, yo": es la respuesta al imperativo; yo soy tu consolador, yo, yo.
Y vamos a encontrar de qué se trata ahora esta exhortación sobre el consuelo de Dios, y cómo encontrar esperanza en el consuelo de Dios. ¿Cómo lo encontramos? Otra vez: mira hacia atrás, a lo que yo ya he hecho. Versículo 9: "Despierta, despierta, vístete de poder". Y está Isaías diciéndole a Dios "despierta". Es un poquito raro, ¿no?: "Despierta, despierta, vístete de poder, oh brazo del Señor". No es que estaba dormido Dios: es un llamado a que se muestre. "Como en los días de antaño, en las generaciones pasadas. ¿No eres tú el que despedazó a Rahab?" —y ya lo vimos en Isaías 37, Rahab es una referencia a Egipto— "¿el que traspasó al dragón?".
Había estas leyendas y mitología dentro de la religión babilonia, y también de la literatura cananea, acerca de dragones como los causantes del caos y de los problemas de la sociedad. Y está tomando esta idea de las naciones paganas para decir: Dios está sobre todas esas cosas; todas estas ideas que ustedes tienen sobre las razones y las causas de los problemas de esta vida, Dios ha destruido esas cosas en el pasado. Y por supuesto, vemos que el dragón en la Biblia también tiene esta imagen, y Leviatán aparece como un monstruo marino en otras partes; aquí también es la idea que nos apunta a Satanás, al dragón y la serpiente en Apocalipsis 12. Pero todas estas ideas están nada más mostrándonos el poder que Dios tiene sobre el mar, sobre el mal, y también la manera en que los hace pasar a través del mar, en el versículo 10: "¿No eres tú el que secó el mar, las aguas del gran abismo; el que transformó en camino las profundidades del mar para que pasaran los redimidos?".
El llamado es para otro éxodo, otra salida de la esclavitud, pero ahora a un nivel más grande, más espectacular que jamás se ha visto, sobre otro enemigo más grande que los egipcios. ¿Cuál? Colosenses 2:15: "Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de él". Dios triunfa sobre el mal, redimiendo a su remanente de la esclavitud. Eso significa redimir... comprar, para sacar de un lugar, y ahora que ya no estés bajo ese dominio.
Mira hacia adelante
Y la otra exhortación que encontramos aquí es, entonces, mira hacia adelante: "Los rescatados del Señor volverán", versículo 11, "entrarán en Sión con gritos de júbilo, con alegría eterna sobre sus cabezas. Gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y el gemido". Es también lo que ya habíamos leído en Isaías 35:10. "Yo, yo soy tu consolador. ¿Quién eres tú, que temes al hombre mortal y al hijo del hombre, que como hierba es tratado? ¿Has olvidado al Señor, tu Hacedor, que extendió los cielos y puso los cimientos de la tierra, para que estés temblando sin cesar todo el día ante la furia del opresor, mientras este se prepara para destruir? Pero, ¿dónde está la furia del opresor?".
Mira hacia adelante, sin temor de tus enemigos, porque tienes miedo de aquellas cosas que pasarán. Piensa en que un día todas las naciones entrarán en Sión —y Sión representa el pueblo de Dios de todos los tiempos— "con gritos de júbilo, con la alegría eterna sobre sus cabezas; gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y el gemido". La idea es: toda la opresión y toda la tribulación que enfrentamos el día de hoy solamente es temporal. Piénsalo. Y cuando pienses así, de repente vas a decir: ¿de qué tengo miedo?, ¿exactamente qué es lo que produce temor en mi corazón?, ¿cuál de estas cosas seguirá siendo una realidad después de que yo muera? Entonces pone en perspectiva la realidad de nuestra vida, pone en perspectiva las cosas que parecen ser tan importantes ahorita, porque un día el gozo será permanente y será eterno, un día no habrá más tristeza, ni más llanto, ni más dolor.
El Salmo 118 dice, versículo 6: "¿Qué puede hacerme el hombre? El Señor está por mí entre los que me ayudan; por tanto, miraré triunfante sobre los que me aborrecen. Es mejor refugiarse en el Señor que confiar en el hombre; es mejor refugiarse en el Señor que confiar en príncipes". ¿Te has olvidado qué clase de Dios tienes? ¿Has olvidado que tu Dios creó los cielos y la tierra y todo el universo, todas las cosas que ves? ¿Y tú de qué tienes miedo?, ¿qué cosa te atemoriza? Y eso te hace pensar: ¿qué vas a perder al final?
Bueno, versículo 14: "El desterrado pronto será libertado, y no morirá en la cárcel ni faltará su pan. Porque yo soy el Señor tu Dios, que agito el mar y hago bramar sus olas; el Señor de los ejércitos es su nombre. He puesto mis palabras en tu boca, y con la sombra de mi mano te he cubierto, al establecer los cielos, poner los cimientos de la tierra y decir a Sión: 'Tú eres mi pueblo'". Es la otra esperanza que surge aquí: Dios afirmando que él nos posee como su pueblo, que somos de él, y que él es el que nos está dando, como su pueblo, las palabras para decir, y ha puesto la sombra de su mano sobre nosotros. La misma mano que creó los cielos está sobre nosotros también: esa es la idea del versículo.
La copa del furor cambia de manos
Y dice el versículo 17: "Despierta, despierta" —otra vez esta exhortación—, "levántate, Jerusalén, tú que has bebido de la mano del Señor la copa de su furor, que has bebido el cáliz del vértigo hasta vaciarlo. No hay quien la guíe entre todos los hijos que dio a luz, ni hay quien la tome de la mano entre todos los hijos que crio. Estas dos cosas te han acontecido: ¿quién te confortará? Desolación y destrucción, hambre y espada: ¿quién te consolará? Tus hijos han desfallecido, yacen en las esquinas de todas las calles como antílope en la red, llenos del furor del Señor, de la reprensión de tu Dios. Por tanto, oye ahora esto, afligida, que estás ebria, pero no de vino: así dice tu Señor, el Señor tu Dios, que lucha por su pueblo: 'He quitado de tu mano la copa del vértigo, el cáliz de mi furor; nunca más lo beberás. Lo pondré en manos de los que te atormentan, que te han dicho: "Póstrate para que pasemos", y tú pusiste tu espalda como suelo, como calle para los que pasaban'".
La idea aquí es: el pueblo de Dios sí ha sufrido el juicio de Dios, de corrección, a través de la invasión de Babilonia. Ha venido y se los ha llevado en exilio, y Dios les está dando este cáliz de su juicio, este cáliz amargo, que está causando que ahora Jerusalén esté destruida. Los babilonios destruyeron Jerusalén completamente, y el templo, en el año 586. Eso es tan difícil, porque ahora regresan y ven todo destruido, y sienten que ha quedado desolada, como una mujer desolada que no tiene hijos, que nadie la apoya, que está completamente sola, que no tiene esperanza. Esa es la idea.
Pero dice Dios: mira, así como yo te di del cáliz de mi juicio, esta copa, yo también la puedo quitar y dársela a alguien más. ¿Y ahora a quién se la voy a dar? Ahora se la voy a dar a aquellos que te hicieron mal; ahora ellos serán juzgados. Porque mi propósito en mi juicio hacia ti fue tu santificación, pero para ellos es su condenación. Es toda la diferencia: la manera en que Dios muestra su juicio para sus hijos es muy diferente de la manera en que muestra su juicio para sus enemigos. Porque para nosotros su juicio tiene un propósito bueno: el acercarnos a él, el volvernos más dependientes de él, el que nos sintamos solos, el que nos sintamos sin esperanza, para que él sea nuestra única esperanza. Para eso lo permite Dios en sus hijos. Y a veces son nuestros errores y nuestro pecado y nuestras malas decisiones los que nos llevan a sufrir estas cosas, pero Dios aun así nos llevará hasta el final y hará su obra en nosotros.
Despierta, Jerusalén: de prostituta a princesa
Y dice el versículo 1 del capítulo 52: "Despierta, despierta" —otra vez—, "vístete de tu poder, oh Sión; vístete de tus ropajes hermosos, oh Jerusalén, ciudad santa; porque el incircunciso y el inmundo no volverán a entrar en ti. Sacúdete el polvo, levántate, cautiva Jerusalén; líbrate de las cadenas de tu cuello, cautiva hija de Sión".
Ya había llamado a Israel como una prostituta, en el capítulo 1, versículo 21; es lo que ella era, y ha sido degradada y ha sido abusada al ir y buscar otros dioses, al tener otros ídolos. Pero Dios la está restaurando, la está regresando a sí mismo, y ahora le está dando la oportunidad de ser una princesa, de vestirse con ropas nuevas como una esposa. Es parecido este lenguaje: yo te restauraré.
Y dice el versículo 3: "Porque así dice el Señor: 'De balde fueron ustedes vendidos, y sin tener dinero serán redimidos'". O sea: yo no los vendí a Babilonia; Babilonia no pagó nada por ustedes, así que yo no le debo nada a Babilonia. Yo los puedo agarrar cuando yo quiera: son míos. Redimidos sin dinero.
Redimidos sin dinero
Eso es exactamente lo que Dios ha hecho con nosotros. Dios no tiene un plan a meses sin intereses: "vayan pagando ahí como puedan, les doy chance, que poco a poco vayan obteniendo su salvación, que poco a poco vayan agarrando mi confianza ahí, y un día a lo mejor ya su deuda queda saldada; traten de ser buenas personas, a ver si logran, a ver si pueden decir: 'pues ya soy suficientemente bueno; no, Dios, ahora ya te estoy pagando, ya te estoy dando lo que tú necesitas tener para que yo sea tuyo'". No, tú no puedes hacer eso: yo soy el que te redime, y no es con dinero, es algo que yo hago completamente porque eres mío. Yo te puedo traer hacia mí, de la esclavitud.
¿Cómo lo voy a hacer? ¿Cómo te voy a redimir? No con dinero: "Ustedes saben que no fueron redimidos de su vana manera de vivir, heredada de sus padres, con cosas perecederas como oro o plata". Sino, ¿con qué? "Con sangre preciosa, como de un cordero sin tacha y sin mancha: la sangre de Cristo". Él nos compró y él nos redimió. Es la verdad que está tratando de mostrarnos Isaías, y está tratando de mostrarle al pueblo.
Y el pago, de la misma manera con Israel... o sea, no le debía nada a Babilonia; Dios no le debe nada a Satanás tampoco. Dios no le pagó a Satanás por nosotros. ¿Saben a quién le pagó Dios por nosotros? A su propia ley. Así mismo se pagó por nosotros. Nadie nos poseía en realidad, nadie tenía el derecho a reclamarnos como suyos. Dios puede tomar lo que él quiera tomar; no le debe nada a nadie, nadie le puede decir "no, no, Dios, tú no puedes hacer eso, es mío". Satanás no puede decir eso. Dice: todo lo que se necesitaba hacer, yo me pagué a mí mismo por esta vida.
Todos los que se van a bautizar hoy están dando testimonio de eso: ya han sido comprados, Dios ha pagado justamente el precio que él mismo puso, como el precio de la ley, de su justicia, que si era quebrantada tendría que ser pagada. Lo estableció él: él dijo "yo pongo las reglas, y también yo pago".
El propósito: "Aquí estoy"
El último punto de este pasaje nos apunta al propósito por el cual Dios hace estas cosas. Dice: "Porque así dice el Señor Dios: 'Mi pueblo descendió a Egipto al principio para residir allí; después los asirios los oprimieron sin motivo. Y ahora, ¿qué hago yo aquí?, declara el Señor, viendo que se llevan a mi pueblo sin causa. También declara el Señor: sus dominadores dan gritos, y sin cesar mi nombre es blasfemado todo el día. Por tanto, por tanto, mi pueblo conocerá mi nombre; así que en aquel día comprenderán que yo soy el que dice: "Aquí estoy"'".
Dios con nosotros: en aquel día yo voy a hacer algo que van a decir "así, aquí está Dios". Él va a tener un representante que se va a mostrar, se va a encarnar, y nos va a hablar de su parte, y nos va a mostrar su voluntad, y va a cumplir la ley de Dios a la perfección, y nos va a mostrar que de esa manera Dios quiere tener comunión con su pueblo.
"Qué hermosos son los pies del que trae buenas nuevas"
Y aquí viene esta siguiente parte, y ustedes ya conocen este pasaje: "Qué hermosos son sobre los montes los pies del que trae buenas nuevas, del que anuncia la paz, del que trae las buenas nuevas de gozo, del que anuncia la salvación, y dice a Sión: 'Tu Dios reina'". Este mensaje son buenas noticias, dice Isaías: el hecho de que Dios quiere redimir a su pueblo, que Dios quiere rescatarlos a pesar de que no lo merecen, a pesar de que ellos no pueden hacer nada para ser redimidos, y Dios hace eso de todas maneras porque siempre tiene un remanente. Esas son razones para dar gritos de júbilo.
Dice el versículo 8: "Una voz". Una voz: esto es cómo tienen que responder a estas noticias. Tus centinelas están ahí en la ciudad esperando noticias: ¿cómo va la guerra?, ¿quién ganó la guerra?, ¿qué pasó?, ¿ya somos libres o no? Y normalmente el que era el mensajero arriesgaba su vida para poder traer esas noticias, porque lo trataban de matar para que no pudiera llevar las noticias, los enemigos; y él tenía que correr y escaparse y tratar de llegar a la ciudad y proclamar "sí, sí ganamos". O más bien, en este caso... o "perdimos", y luego su mismo pueblo lo mataba si traía malas noticias. Imagínense qué motivación, ¿no?, para ir a llevarlas.
Pero aquí son buenas noticias, y eso causa que todo el pueblo, todos los que están desde las murallas viendo cómo se acerca el mensajero, gritan a una sola voz, gritan de júbilo: "Porque verán con sus propios ojos cuando el Señor restaure a Sión. Prorrumpan a una en gritos de júbilo, lugares desolados de Jerusalén, porque el Señor ha consolado a su pueblo, ha redimido a Jerusalén. El Señor ha desnudado su brazo a la vista de todas las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación de nuestro Dios".
El resumen del evangelio: Dios reina
Este es el mensaje del evangelio. ¿Cuáles son las buenas noticias para pecadores? Las buenas noticias no son que Dios nos ama: las buenas noticias son que Dios nos ama con un amor que no puede ser derrotado, aun por nuestra propia ineptitud. Esas son buenas noticias: a pesar de nosotros, Dios nos ama, y no hay nada que pueda separarnos de esa clase de amor.
¿Y no es ese, de hecho, el resumen del evangelio: "Dios reina"? Hay tres cosas que están en el texto: ver la paz, la salvación y la soberanía de Dios. Son las tres partes de la noticia, pero el resumen central es "Dios reina". Eso es en realidad lo que estamos proclamando cuando proclamamos el evangelio: es el reino de Dios sobre esta tierra, que Dios cumplirá sus propósitos, y que si tú crees en Cristo Jesús, y si tú te unes a Dios a través de la fe en Cristo Jesús y su obra en la cruz y su sacrificio perfecto, entonces tú también reinarás con él. Ese es el mensaje: tú puedes ser parte de lo que Dios está haciendo en esta humanidad, tú puedes ser parte del reino presente y del reino futuro que Dios está estableciendo a través de su pueblo.
Cotton Mather, un predicador de hace 300 años, dijo: "El gran diseño de un predicador cristiano es el de restaurar el trono y dominio de Dios en las almas de los hombres". Es nuestro objetivo: estamos tratando de mostrar que Dios reina. Y cuando proclamamos el evangelio estamos diciendo: queremos que él reine en tu corazón, lo que significa que reine en todas las áreas de tu vida, y que todo el propósito de tu existencia termine siendo para él y solo para él. Es la base del ministerio: Isaías 6, en donde vio Isaías a Dios en su trono. Ahí lo vio, y ahí partió su ministerio: de esto se va a tratar, de que tú has visto quién está sentado en el trono, y eso es lo que vas a proclamar. Se trata acerca de Dios y de sus propósitos, como dice Romanos 11:36: "De él, por él y para él son todas las cosas".
Romanos 10, versículo 14, Pablo lo resume así: "¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: '¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!'". Pablo vio este versículo y dijo: esto es una profecía del evangelio que vendría a todas las naciones. ¿Y qué es lo que va a provocar que las naciones griten de júbilo? Aquí estamos nosotros: llegó a nosotros este mensaje.
¿Qué provoca en ti el escuchar que hay redención, que hay vida después de la muerte, y vida en comunión perfecta con tu Creador para siempre? ¿Qué provoca en ti ese mensaje? ¿O has escuchado algo mejor que eso? ¿Hay algún otro tipo de mensaje que sean mejores noticias que esas? Les pregunto: es la confrontación que la profecía de Isaías quiere hacer a cada uno de nosotros hoy. Los que se bautizan declaran: esto es lo más increíble que yo he escuchado, y lo he creído.
Apártense: salgan de Babilonia
Lo cual me lleva a los últimos dos versículos, otro doble imperativo. Tenemos el imperativo "despierta, despierta", y ahora el imperativo es el versículo 11: "Apártense". ¿De qué? De la idolatría de Babilonia, de las cosas que los contaminan de Babilonia. "Salgan de allí, nada inmundo toquen; salgan en medio de ella, purifíquense, ustedes que llevan las vasijas del Señor".
Y esta es la idea: que en Babilonia, cuando vino Babilonia a invadir Jerusalén —se acuerdan—, ya le había sacado los tesoros del templo, y se llevaron estos tesoros a Babilonia. Ahora Dios está visualizando que su pueblo lleve de vuelta estos tesoros que le pertenecen al templo, los lleven de vuelta a Jerusalén. Y dice el versículo 12: "Pues no saldrán precipitadamente". Y esto lo van a ver si ustedes leen Esdras: van a leer cómo se cumple esto, un mandato de Ciro que hizo que regresaran con toda la tranquilidad para volver a Jerusalén. "No saldrán precipitadamente ni irán como fugitivos". ¿Por qué? "Porque delante de ustedes irá el Señor, y su retaguardia será el Dios de Israel". Apártense de todas las cosas que los seducen de este mundo. ¿Por qué? Porque Dios irá delante de ustedes, él los guiará en este camino llamado la santificación.
Todos los que se van a bautizar ya no me están escuchando, ya se están cambiando. Todos los que se van a bautizar saben que esto no es un llamado a un solo momento en tu vida, como "ah, yo ya acepté a Jesús, ya le pedí perdón por mis pecados y ahora soy cristiano". Eso no es el fin de la historia: eso solo es el comienzo de la historia. Ahora es: salgan de Babilonia.
¿Y cómo salimos de Babilonia? Bueno, Pablo nos da algunas pistas de cómo salimos de Babilonia. No es geográficamente que salimos de Babilonia, sino la manera en que, como cristianos, mantenemos nuestra integridad, de que lo que decimos que creemos sea de hecho lo que vivimos. "En mi carta les escribí que no anduvieran en compañía de personas inmorales. No me refería a la gente inmoral de este mundo, o a los codiciosos y estafadores, o a los idólatras, porque entonces tendrían ustedes que salirse del mundo. Sino que, en efecto, les escribí que no anduvieran en compañía de ninguno que, llamándose hermano" —alguien que dice ser cristiano— "es una persona inmoral, o avaro, o idólatra, o difamador, o borracho, o estafador. Con esa persona, ni siquiera coman. Pues, ¿por qué he de juzgar yo a los de afuera? ¿No juzgan ustedes a los que están dentro de la iglesia? Pero Dios juzga a los que están fuera. Expulsen al malvado de entre ustedes". 1 Corintios 5:9 al 13. Pablo retoma esta idea; dice: están en el mundo, pero no son del mundo. Y Pablo retoma esta idea en 2 Corintios 6:17 y dice: "Por tanto, salgan de en medio de ellos y apártense, dice el Señor, y no toquen lo inmundo, y yo los recibiré". Es la santificación: es esencial en la vida cristiana. No es opcional: es esencial. Ustedes tienen que ver la manera en que la esperanza que Dios trae a nuestras vidas, de que él va delante de nosotros, hace posible que podamos vivir para su gloria en esta vida y en su justicia.
Entonces, aquí está la opción: Babilonia o Sión. Es lo que les está diciendo: ustedes, ¿a quién pertenecen? Ya no pertenecen a Babilonia: ahora pertenecen a Sión, la Jerusalén celestial. Esa es su verdadera ciudadanía, es su identidad. Así que ahora vivan como ciudadanos del reino de Dios. Muestren que esto es a quién pertenecen; las vasijas que llevan, que muestran que esta es la herencia que Dios les ha dado, que traen de Babilonia: esa es la muestra al mundo de que ustedes me pertenecen a mí y que viven para mí. Pero que se vea, que no sea un secreto, que toda la gente sepa: "sí, ese es de Dios y vive para Dios, y no hay nada más importante para él que Dios".
Lo cual significa que vamos a luchar y vamos a pelear contra todo aquello que representa la identidad y la ciudadanía de este mundo. Por eso en Apocalipsis 18:4 encontramos este llamado —ahí, en Apocalipsis, nuestro mundo es llamado Babilonia—, y dice: "Y oí otra voz del cielo que decía: 'Salgan de ella, pueblo mío, para que no participen de sus pecados y para que no reciban de sus plagas'".
La procesión que Cristo encabeza
Hermanos, ahí vamos. Es un camino difícil, pero Dios está delante de nosotros, él va guiando el camino. Por eso es que Pablo dice: "No es que lo haya alcanzado ya, o que ya haya llegado a ser perfecto, sino que sigo adelante, a fin de poder alcanzar aquello para lo cual también fui alcanzado por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no considero haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo hacia la meta para obtener el premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús".
Somos como unos sacerdotes, porque somos un pueblo de reyes y sacerdotes que Dios ha establecido, que ahí vamos en un desfile, llevando en una procesión nuestras vasijas, que representan el tesoro que Dios nos ha dado en el evangelio. Y ahí vamos en esta procesión, y adivinen quién es nuestra escolta: Cristo Jesús. Él está guiando el camino. ¿Qué más esperanza quieren? ¿Qué más motivación para no tener temor y para ser valientes quieren? Eso es todo lo que necesitamos: saber que las cosas que este pasaje dice son ciertas, y creer que son ciertas, y entonces las comenzamos a vivir y a experimentar.
Despierta tú que duermes
Por eso Pablo quiere hacer la misma exhortación que se le está haciendo al pueblo. Le hace esta exhortación a Jerusalén en el versículo 17; hace la exhortación a Sión en el versículo 1 del capítulo 52. Es la misma exhortación que Pablo quiere hacer para nosotros, porque, hermanos, pasamos mucho tiempo durmiendo. Cuando estás dormido no haces nada, estás completamente inconsciente de todo lo que te rodea. Y aquí están estas verdades a las que Dios quiere despertarnos.
Y dice Pablo, Efesios 5, versículo 13: "Pero todas las cosas se hacen visibles cuando son expuestas por la luz, pues todo lo que se hace visible es luz. Por esta razón dice: 'Despierta, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te alumbrará Cristo'. Por tanto, tengan cuidado cómo andan; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos".
Tenemos que escuchar, tenemos que despertar, tenemos que apartarnos, porque tenemos una misión, y esa misión está encabezada por nuestro líder, Jesús. Y eso es lo que estamos celebrando hoy en el testimonio de todas las personas que están tomando este paso de obediencia.
Oración final
Señor, gracias por tu Palabra, y gracias porque podemos encontrar esperanza y ánimo. Estas son las raíces de nuestra esperanza: lo que tú ya has hecho por nosotros, la manera en que nos estás guiando en el camino eterno. Señor, nosotros no podemos, nosotros no tenemos la capacidad de hacer lo que es necesario, pero tú ya lo has hecho. Así que queremos depender de ti, y queremos que tú nos des tu justicia para poder andar en ella. Y también, Señor, dale tu justicia a todos aquellos que hoy se están bautizando, para que ellos puedan seguir caminando en tus caminos y te puedan seguir conociendo cada vez más profundamente a través de tu Palabra, y puedan ver hacia adelante y decir: "Sí, algún día, algún día estaré con mi Salvador de una manera perfecta y por toda la eternidad, y quiero vivir siempre viendo hacia adelante", sabiendo que lo que tú has hecho en el pasado, Señor, hace posible que el futuro sea real y que el presente sea también una convicción diaria. En tu nombre, amén. En el nombre de Cristo Jesús.
Vamos a pasar ahora a los bautizos, y vamos a ver el testimonio de cada uno de nuestros hermanos dando este paso.
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