Felipe y el etíope eunuco
La historia de Felipe y el etíope eunuco responde cómo compartir el evangelio con una sola persona cuando parece que nadie escucha. En Hechos 8:26-40 el Espíritu envía a Felipe a un camino desierto, donde encuentra a un hombre leyendo Isaías 53. El mensaje muestra cómo todo el Antiguo Testamento apunta a Cristo y cómo se ve una conversión genuina.
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Transcripción
Introducción: de una conversión falsa a una genuina
El domingo pasado hablamos acerca de Simón el Mago y esta situación que se dio en Samaria. Empieza a haber gran persecución después del martirio de Esteban. Dice Lucas que se desata una gran persecución, lo cual lleva a una dispersión de la iglesia, que es de Dios. O sea, Dios quiere que sea dispersada la iglesia, y el propósito por el cual quiere que sea dispersada es porque quiere que el Evangelio llegue a nuevos lugares. Esa es la razón. Y lo vemos claramente, porque eso es exactamente lo que empieza a pasar. Esto es el capítulo 8; dice que Felipe va a Samaria, y en Samaria empieza a predicar el Evangelio Felipe.
Y hay —esto es lo que vimos el domingo pasado— un caso de un hombre que aparentemente escucha el Evangelio, lo entiende, se bautiza, pero más adelante sale, cuando es confrontado por Pedro, que su corazón no estaba bien; sus motivaciones no eran las correctas delante de Dios. Entonces vimos eso el domingo pasado: una conversión falsa. Por lo que podemos ver, fue una conversión falsa, en realidad. Y en general la iglesia cristiana tiene muchas conversiones falsas; esa es la realidad. Esto está pasando desde la época de la primera iglesia. No todos los que están aquí son cristianos. Algunos creen que son cristianos y no lo son; otros sí lo son genuinamente. Y vimos que la única manera de comprobar eso es con el fruto, con el tiempo, con la perseverancia.
Y hoy vamos a ver un contraste con una conversión falsa. O sea, tenemos a Simón el Mago, un caso en el cual algo más estaba pasando ahí; eran otros intereses. Y cuando llegamos al versículo 26, vamos a tener otra historia que es muy conocida, que tiene que ver con Dios guiando a Felipe para compartir el Evangelio con alguien a quien Dios ya había estado preparando para escuchar el Evangelio.
Lectura de Hechos 8:26-40
Vamos a leer esta sección; es lo que vamos a ver hoy, desde el versículo 26 del capítulo 8 hasta el final del capítulo 8. Dice: "Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: 'Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto'. Entonces él se levantó y fue. Y sucedió que un etíope, eunuco, funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar, volvía sentado en su carro, y leyendo al profeta Isaías. Y el Espíritu dijo a Felipe: 'Acércate y júntate a ese carro'. Acudiendo Felipe, le oyó que leía al profeta Isaías, y dijo: 'Pero ¿entiendes lo que lees?'. Él dijo: '¿Y cómo podré, si alguno no me enseñare?'. Y rogó a Felipe que subiese y se sentara con él.
"El pasaje de la Escritura que leía era este: 'Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida'. Respondiendo el eunuco, dijo a Felipe: 'Te ruego que me digas: ¿de quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?'. Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús. Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: 'Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?'. Felipe dijo: 'Si crees de todo corazón, bien puedes'. Y respondiendo, dijo: 'Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios'. Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó. Cuando subieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe; y el eunuco no le vio más, y siguió gozoso su camino. Pero Felipe se encontró en Azoto; y pasando, anunciaba el evangelio en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea".
Vamos a pedir la dirección de Dios nuevamente. Señor, ayúdanos a entender Tu Palabra. Ayúdanos a asimilar todo lo que quieres decirnos, y a entender la gran importancia que tiene este pasaje para nuestra iglesia hoy, y también la gran importancia que tiene para nuestra vida diaria, al salir de aquí, al ir a nuestros trabajos, al salir a nuestras escuelas, a los diferentes lugares donde nos tienes, Señor, cómo es que quieres usarnos. Muéstranos, con el ejemplo de Felipe, cómo es que Tu Espíritu nos guía siempre para predicar Tu Palabra, el Evangelio, y así cumplir la Gran Comisión y expandir el reino de Dios a través del mensaje de salvación que es en Cristo Jesús. Gracias, Señor, por este pasaje y por Tu Palabra. En el nombre de Tu Hijo Jesucristo, amén.
El Espíritu guía a Felipe
Felipe y el etíope eunuco. Muchas veces estudiamos este pasaje en relación con el bautismo, pero hay muchísimo más aquí que está sucediendo, y quiero que veamos qué es lo que más está sucediendo aquí. La primera observación que quiero hacerles es que en este pasaje queda muy claro que el Espíritu está guiando a Felipe. Lo ven aquí en el versículo 26: "Un ángel del Señor habló a Felipe, diciendo: 'Levántate y ve hacia el sur, por el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto'". Ahora, no sé cómo se dio esto, cómo se vio, pero Felipe obedece este mandamiento.
Ahora piensen: ¿dónde había estado Felipe? ¿Dónde había estado predicando Felipe? En Samaria. Y dice que mucha gente se estaba convirtiendo. Entonces, en nuestra mente, Felipe está teniendo un ministerio muy exitoso en Samaria. Y pensaríamos: ¿por qué moverlo de ahí? Nosotros, estratégicamente, diríamos: "Señor, deja a Felipe donde está. Felipe está haciendo buen trabajo; la gente se está convirtiendo. Hasta tuvieron que venir Pedro y Juan para ver lo que estaba sucediendo, y ver a todos estos samaritanos convertidos, que normalmente eran enemigos de los judíos". "Ah, sí, efectivamente, Dios está tratando de alcanzar a los samaritanos". Y algo está sucediendo; hay una explosión de conversiones.
Dios se enfoca también en individuos
Hasta este punto, inclusive —a excepción de la historia del cojo que leímos, en la puerta la Hermosa, si se acuerdan, en el capítulo 3; a excepción de esa historia, estaba pensando—, realmente en el libro de Hechos hemos estado hablando en términos muy generales: predica Pedro y se convierten unos miles; predica otra vez y se convierten otros cuantos miles. Y así ha estado hablando Lucas, en términos muy generales, acerca de estas conversiones. Pero nos va a mostrar este pasaje que Dios no nada más está preocupado por los resultados masivos que se están dando, sino que quiere mostrarnos que Dios de hecho está trabajando y enfocándose también en individuos. Y que no es nada más la predicación a muchos la predicación que Dios quiere que hagamos, en el sentido de que yo me paro aquí enfrente, y ahorita hay 120, 140 personas escuchándome. La mayoría de ustedes probablemente no va a estar en una situación así.
Hay algunos predicadores que sí; o sea, tienen la oportunidad de hablarles a miles de personas de un solo golpe. Pero la mayoría de nosotros, como cristianos, no tenemos esas oportunidades. Pero lo que sí tenemos es ¿qué? Gente que conocemos, individuos, personas… Dios te quiere usar para que ellos conozcan el Evangelio también. Entonces Dios está tan preocupado por ser poderoso en la predicación de alguien que está hablándoles a 10,000 personas, como también quiere darte el mismo Espíritu y el mismo poder para hablarle a una sola persona.
Espero que esto sea de ánimo para ustedes, porque tenemos la tendencia a medir tanto en números. Y ahora que estábamos viendo este tema de la iglesia, pensaba en esto: ¿qué nos hace una iglesia exitosa? ¿Que no cabemos? ¿Eso nos hace una iglesia exitosa? No, eso no es lo que nos hace una iglesia exitosa. Que seamos muchos no nos hace una iglesia exitosa. ¿Sabes qué es lo que nos hace una iglesia exitosa? Que tú vayas y platiques con cada quien, y veas qué es lo que Dios está haciendo, y veas que Dios efectivamente sí está transformando los corazones de las personas y cambiando sus vidas. Eso es lo que queremos; eso es lo que nos hace una iglesia exitosa: cuando Dios está obrando. Y podríamos ser una iglesia de 15 personas, o podríamos ser una iglesia de 15 personas, y lo único que importaría es: está Dios transformando a esas personas por medio del Evangelio y Su Palabra.
Cada historia de conversión es diferente
Quiero que piensen. A ver, Dios preparó a este hombre. Ya leyeron la historia; ya la conocen. Estaba este hombre, el etíope eunuco. Dios lo había visto; Dios tenía Su mira sobre él. Esta historia probablemente no es como la historia de muchos de ustedes. Todas las historias de conversión son diferentes, todas. Nadie se convierte de la misma manera que su hermano o hermana; todos tienen una historia diferente. Y es uno de nuestros temas de conversación, ¿no?: "¿Tú cómo conociste al Señor?". Y a veces nos sorprende lo que nos dicen.
Yo conocí —ahora que vamos a tenerlo, de FBH— al productor de Rusia, hace unos años, cuando estábamos en la conferencia en Canadá. Y él contaba su testimonio. El mío ya lo conocen; yo contaba mi testimonio, luego él contaba su testimonio. ¿Y saben cómo empezaba su testimonio? "A mí me gustaba una mujer que era cristiana. Entonces, como me gustaba, y como estaba interesado en ella, fui a la iglesia". Lo chistoso es que estuvo yendo durante cinco meses porque le interesaba ella. Pero en ese periodo de cinco meses que está yendo a la iglesia, escucha el Evangelio siendo predicado, y después de esos cinco meses se convierte al cristianismo. Y no terminó con ella; ella se fue a otra iglesia, él se quedó ahí. ¿Se dan cuenta de las cosas que Dios usa? O sea, no estoy diciendo que salgan y busquen a un inconverso para convertirlo, pero muchas veces sí, Dios usa ese tipo de cosas.
Estaba pensando en otro amigo que también me compartía cómo él se había convertido. Y él me decía que iba pasando así en la calle —estaba chavo, tenía 14, 15 años, creo—, iba pasando por la calle y escuchó al grupo de alabanza ensayando. Y a él, como le fascinaba la música, pues se metió, y dijo: "¿Y ustedes qué?". "Ah, nosotros tocamos aquí en la alabanza de la iglesia". Entonces, como él quería una oportunidad para tocar y seguir aprendiendo, empezó a asistir a la iglesia, y de esa manera empezó a escuchar, y a saber de qué se trataba realmente la iglesia, y empezó a escuchar el Evangelio, y finalmente también se convirtió. También él ya no está en esa iglesia, pero Dios usó esa iglesia para traerlo a Sus pies.
Me acuerdo también de cuando estábamos escuchando el testimonio de Fermín IV —a ver si no lo estoy cambiando—, pero si no me equivoco, en medio de alguna de sus giras con su grupo, estaba sentado ahí en la playa, creo que era, y vio escrito en una mesa donde estaba sentado un pasaje de la Biblia. "Ah, sí, una cita". Y dijo: "Voy a buscar qué dice esa cita". Tomó una Biblia, y lo leyó, y de ahí siguió leyendo, siguió leyendo, leyendo, y ahora es pastor de una iglesia.
El maestro de escuela dominical de Moody
Me acuerdo también… Si ustedes saben, Cristina y yo estudiamos en el Instituto Bíblico Moody, que está en Chicago, que fue fundado por el evangelista Dwight Lyman Moody. Y me estaba acordando también anoche de su historia, y de cómo es que él se convirtió. Y la razón por la que él se convirtió es porque donde él vivía no tenía trabajo; estaban pasándola mal financieramente. Entonces decide ir a la ciudad, a vivir con un tío de él, porque él le ofrece trabajo en una zapatería. Va a la zapatería, empieza a trabajar con él, pero le dice ese tío: "A ver, la condición de que trabajes conmigo es que vas a ir los domingos a la iglesia". "Ah, bueno, no, está bien". Y va a la iglesia, y ahí hay un maestro de escuela dominical —viene en su biografía; no me acuerdo cómo se llamaba—, pero su maestro de escuela dominical le predica el Evangelio.
Lo que él decía acerca de Moody me llamó la atención, porque decía: "De todas las personas que venían a mi clase, él era el que menos pensé que iba a aceptar el Evangelio. Era el que más perdido veía; no tenía mucha esperanza". Pero el maestro de escuela dominical insistió, insistió, insistió; le compartía el Evangelio. Y algunos estiman —híjole, voy a decir esto mal porque no lo investigué primero—, pero algunos estiman, creo, que en la época en que lo hizo, o sea, a finales del siglo XIX —que sabemos que es diferente cómo se comunicaba alguien en ese tiempo; no existía internet, ni la televisión, muchas cosas que tenemos hoy—, se estima que él predicó a más de cinco millones de personas durante su ministerio.
Entonces imagínense. O sea, vas viendo los medios que Dios usa: siempre diferentes, siempre específicos. Lo que me queda claro es que Dios sí escoge. Y si ve a alguien, y dice: "A ver, este quiero que escuche, y quiero que estas sean las circunstancias que lo lleven y que lo confronten con el Evangelio"… Lo increíble de eso es que nosotros somos el instrumento que Dios usa. Nosotros somos el medio a través del cual Él lleva el mensaje a esas personas sobre las que Él está poniendo Su mira. Entonces, tú no sabes quiénes son esas personas. ¿Tú sabes si Dios está poniendo Su mira específicamente sobre el que se sienta junto a ti todos los días en el trabajo, o todos los días enfrente de ti en la escuela? Tú no sabes eso.
La disposición de Felipe
Y la disposición que tuvo Felipe de escuchar al ángel del Señor, de que fuera quién sabe dónde… O sea, el ángel del Señor no le dijo: "Felipe, ve, y cuando vayas vas a ver a un hombre en una carroza, que es un etíope, y va a estar leyendo Isaías. Y entonces te subes a su carroza, y vas a ver que te va a aceptar, va a aceptar el mensaje, y hasta se va a querer bautizar ahí mismo". Felipe no sabía nada de eso. Lo único que sabe es: "Ya no te quiero en Samaria; quiero que vayas a otro lugar". "Señor, pero está bueno el ministerio aquí; está funcionando. O sea, la gente se está convirtiendo. ¿No podrías enviar, a lo mejor, a los de Jerusalén, a esos apóstoles? Al fin y al cabo, esos son los primeros que Tú llamaste, y ellos nada más andan viniendo a revisar lo que yo hago. Entonces, ¿de otra cosa que hacer? No sé". O sea, hay tantas maneras en que Felipe pudo haber reaccionado ante el mandamiento del Señor.
Nos muestra que muchas veces no entendemos ni por qué ni para qué Dios nos tiene donde nos tiene. Hablando de la soltería, de lo que hablaba hace un momento: ¿por qué es que Dios te tiene donde te tiene? ¿Tiene sentido? Muchas veces no tiene sentido. Muchas veces no vas a entender por qué estás donde estás. Pero tú mantente fiel y abierto a las oportunidades que Dios va a poner delante de ti.
Número uno, quiero que vean que la guía del Espíritu Santo trabaja en multitudes y en individuos, que es lo que ya mencionaba. Número dos: Dios prepara el corazón y las condiciones. Y número tres: Dios usa a Su iglesia para proclamar el Evangelio. Esto es lo que ya dije ahorita; solo es una manera de resumirlo por puntos. Romanos 10:14. ¿Qué dice Romanos 10:14? "¿Cómo van a escuchar si nadie les predica?". Dios va a usar gente; Dios va a usar palabras. Y lo vamos a ver en esta historia.
Un camino desierto
Vamos a ver, número uno, algo acerca del etíope eunuco. A ver, este es un detalle muy interesante que nos da Lucas. Esta sección entre Jerusalén y Gaza es una sección que —si no me equivoco; ya no me acuerdo de todos los detalles, pero si no me equivoco— había sido destruida por Alejandro el Grande. Y entonces era una sección desolada; en realidad ya nadie viajaba por esa ruta. Es desierto; o sea, literalmente es donde nadie va, la zona más solitaria para viajar. Por ahí lo está enviando Dios. Y va Felipe, y este etíope eunuco… Da la casualidad —sabemos que no es así—, pero da la casualidad de que va otro hombre en esta ruta tan solitaria, que es un etíope eunuco, "funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba sobre todos sus tesoros, y había venido a Jerusalén para adorar". A ver, ¿qué es lo que sabemos acerca de él?
¿Quién era el etíope eunuco?
Entonces, en este punto sabemos que es de esta región del norte de África, que hoy en día sería pues esta zona de Sudán, más o menos por ahí. Y Candace es un título que se le da a la reina madre en esta región, en este reinado de África. No es el nombre; es el título, es como faraón, es algo así: "Candace, reina de los etíopes". Normalmente los eunucos tenían una posición de confianza dentro de estos reinos, porque —no hay manera muy sutil de decirlo— es alguien a quien castraron. Y eso genera un nivel de confianza, ¿no? Porque dice: "A ver, ¿quién va a cuidar de mis concubinas? Pues el eunuco, ¿no? Que él cuide de ellas; en él sí confío". Así funcionaba. Entonces ellos por lo regular tenían posiciones de mucha más importancia, de mayor responsabilidad. Y en este caso él sería el equivalente del secretario de Tesorería, el secretario de Finanzas. Entonces es alguien que tiene mucho dinero, y esa es la razón por la que puede hacer este viaje a Jerusalén: porque tiene mucho dinero.
No sabemos mucho acerca de él: si era a lo mejor algún judío de la dispersión que había llegado hasta la parte norte de África, o si… Lo que yo creo es que era simplemente un gentil, o sea, alguien que vivía en Etiopía, medio morenito, probablemente, ¿no? Y estaba viendo que es muy interesante que la relación entre Etiopía y Jerusalén regresa al tiempo del rey Salomón. ¿Se acuerdan de esa historia, cuando una reina visita al rey Salomón? Esa reina, la reina de Sabá, era de esta región de Etiopía. Y el rey Salomón comparte lo que él sabe, lo que en ese momento tenían de la ley de Moisés, y tantas cosas acerca de su Dios. Y dice la Palabra de Dios que ella regresó muy impresionada por lo que había escuchado. Y eso es mil años antes de esto. Entonces no sé qué tanta influencia haya tenido desde ese tiempo en esa región el conocimiento que ellos tenían acerca del judaísmo.
Sea como sea, este hombre tiene un interés. Ha escuchado algo, sabe algo, y piensa: "Si quiero realmente conocer a Dios, si quiero realmente entender el propósito de mi vida, el propósito de mi existencia… He escuchado acerca de esto de los judíos; he escuchado acerca de lo que hacen en Jerusalén; he escuchado acerca de los sacrificios y de las cosas que Dios hizo a lo largo de la historia de Israel. A lo mejor debería checar de qué se trata realmente. A lo mejor debería hacer un viaje, ir a ver los sacrificios, ver lo que hacen ahí, escuchar un poco de las enseñanzas de los fariseos, de los maestros de la ley, a ver si hay algo de verdad ahí". Entonces es alguien buscando, y con el deseo de entender más acerca de este Dios del Antiguo Testamento.
Doblemente excluido
El problema que hay aquí es doble, que tiene este hombre. Por un lado, es gentil. Entonces, ustedes saben que en el templo de Jerusalén hay lo que se llamaba el patio o la corte de los gentiles; no tenían acceso, no podían pasar más allá de esa corte. Tenías que ser judío para poder llegar hasta donde se hacían los sacrificios, que es donde iban los sacerdotes, donde hacían los sacrificios para los judíos. Entonces los gentiles estaban restringidos. Pero había una doble razón; o sea, hay otra razón más por la cual él se habría sentido muy excluido de lo que se hacía en Jerusalén. Y la segunda razón es porque es eunuco. Y en Deuteronomio 23:1 leemos: "Ninguno que haya sido castrado o tenga cortado su miembro viril estará en la asamblea del Señor". Entonces hay una cosa en la ley de Moisés que dice: "Si esta es tu situación, entonces tienes aún mayor restricción". O sea, hay doble razón por la cual él no se sentiría parte de lo que se hacía en Jerusalén.
Fuera de Jerusalén
Ahora, estaba pensando —¿no es interesante?, y esto se conecta con el libro de Hechos; son detalles que a veces pasamos por alto—: él estuvo ¿dónde? En Jerusalén. ¿Había una iglesia cristiana en Jerusalén? Sí, pues ahí empezaron; ahí está la mayoría ahorita. ¿No es interesante que, habiendo estado en Jerusalén…? ¿No hubiera sido más fácil que le hubiera hablado a Pedro, por ejemplo?: "Oye, Pedro, por cierto, tú estás aquí en Jerusalén; hay alguien que quiero que vayas a ver. Va a estar ahí en el templo. Te voy a dar algún tipo de señal, ¿no? A lo mejor un rayo del cielo así, que cruce las nubes, y al que alumbre, con ese habla". Pero Dios no hizo eso. Dios específicamente se esperó a que saliera de Jerusalén. O sea: "Ahí no vas a encontrar las respuestas que estás buscando. No las vas a encontrar en Jerusalén; las vas a encontrar ya en el desierto, en camino de regreso a tu casa. Ahí es donde quiero que alguien hable contigo".
Y me estaba acordando del sermón de Esteban, porque ¿no tenía algo que ver el sermón de Esteban con eso? ¿Se acuerdan? Esteban diciendo: "Ustedes le dan mucha importancia al templo. Pero ¿saben qué? El templo no es tan importante como creen. Dios no habita en lugares hechos por hombres. Creo que ustedes no entienden que Dios quiere mostrar que Su plan es para todas las naciones, y que el mensaje del Evangelio no se va a quedar aquí en Jerusalén". De hecho, ese templo sí será destruido físicamente; en el año 70 fue destruido, y hasta la fecha no hay templo. No existe un templo para los judíos. Eso es intencional de parte de Dios. Él está tratando de decir algo, que es… Vamos a ver; creo que lo tengo en algún punto más adelante en mis notas. Lo que Jesús habló con la mujer samaritana, ¿se acuerdan?: "A ver, ¿dónde vamos a adorar, allá o acá?". Y Jesús: "No, no va a ser así. No va a ser allá o acá; van a ser aquellos que estén adorando en espíritu y en verdad". Esos son a través de los cuales Dios quiere hacer Su obra, y no tiene que ver con el lugar donde lo hagan.
Entonces estos detalles, quiero que los observen; son tan importantes y son tan cruciales para ver el desarrollo del libro de Hechos. Dios está intencionalmente mostrando que se va a salir de Jerusalén para expandir el mensaje del Evangelio a los gentiles; que no va a ser dentro de Jerusalén. Él va a enviar a Su gente afuera, para que en un lugar tan solito como un desierto, ahí escuchen, y sea muy claro que Dios es el que está haciendo esa obra ahí. Bueno, eso es en cuanto a Felipe y el etíope eunuco.
Su propio pergamino de Isaías
Ahora vamos a ver qué es lo que pasa. Llega Felipe, ve a este hombre, y aparentemente, bueno, él, como tenía dinero… Esto no es común, lo que leemos aquí. Normalmente nadie tenía su copia personal de algún libro de la Biblia, un pergamino personal, en esa época. Normalmente lo que tenían del Antiguo Testamento se leía en las sinagogas. Pero este hombre tiene mucho dinero, y entonces llega a Jerusalén y va a la librería del templo de ese tiempo, que estaba llena de pergaminos: "¿Cuánto cuesta, a ver, Isaías?". Está caro el Isaías; está largo ese libro. "Ah, no importa, dámelo". O sea, el equivalente de la Institución de la religión cristiana. Y se lleva el pergamino; es su propia copia personal. Probablemente la Septuaginta; no sabemos si hablaba hebreo y arameo, probablemente hablaba griego. Probablemente esta es la versión en griego de Isaías.
Y en ese tiempo va en su carrocita así, cubierta. No lo vean como los de Ben-Hur, ¿no?, que van así; es más elegante todavía, probablemente con varias personas atendiéndolo, con su techito y todo. Y la manera en que se acostumbraba es que leían en voz alta lo que leían; o sea, no era tan común que leyeran en silencio.
Normalmente se leía en voz alta. Y justamente llega Felipe, y Dios le muestra: "A ver…". Bueno, no hay otra persona en todo el lugar, pero bueno: "Ahí está. Acércate a ese". Y se acerca Felipe, y escucha que está leyendo del libro de Isaías. Yo no me imagino la reacción de Felipe cuando escucha: "Señor, es increíble la manera en que trabajas, porque no nada más me dices adónde ir y dónde va a estar, sino que cuando llego ya está leyendo una porción y un libro que prepara completamente el camino". ¿Qué parte de Isaías está leyendo? "Como oveja a la muerte fue llevado; y como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca. En su humillación no se le hizo justicia; mas su generación, ¿quién la contará? Porque fue quitada de la tierra su vida".
¿Entiendes lo que lees?
¿Y qué le dice al etíope eunuco? Primero le dice Felipe… Esa es una buena manera de empezar una conversación, ¿no?: "Escuché que estás leyendo eso. ¿Entiendes lo que estás leyendo?". Y el etíope tiene la humildad para decir: "No, no entiendo". ¿Conocen gente así, que ha leído la Biblia y dice: "No le entiendo"? Creo que todos hemos tenido oportunidades muy parecidas a la de Felipe aquí: "¿Entiendes la Biblia?". "No, no le entiendo". La mayoría de la gente les va a decir eso: "No, no le entiendo. Sí he tratado, pero la verdad es que cada vez que la abro, más me da sueño que otra cosa". ¿No es esa la oportunidad perfecta? "¿Quieres que te explique? ¿Quieres que te diga de qué se trata el pasaje que estás leyendo?". Dice Felipe: "Híjole, aquí está. Este es el Evangelio".
Y el etíope hace una pregunta de exégesis muy importante. La pregunta de exégesis que hace es: "¿De quién dice el profeta esto; de sí mismo, o de algún otro?". O sea, él ya está empezando a razonar esto. Dice: "¿Pues es algo que él estaba experimentando en su propia vida, y lo estaba viendo ahí? ¿O estaba apuntando más adelante, hacia alguien más, a un cumplimiento más grande?". ¿Qué pasa entonces? ¿De qué se trató la predicación de Felipe? Dice: "Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta escritura, le anunció el evangelio de Jesús". A mí me hubiera gustado que Lucas no hubiera sido tan resumido. Me hubiera gustado que Lucas hubiera dicho: "Y Felipe, esto es exactamente lo que le dijo". Es una conversación que nos habría encantado escuchar, qué le dijo. Pero tengo una idea, más o menos.
Predicar requiere palabras
Lo que quiero que vean, número uno, es que la predicación del Evangelio no es nada más nuestro testimonio. La predicación del Evangelio no es nada más nuestro testimonio. Hay una frase muy famosa de San Francisco de Asís —creo que sí es él— que dice: "Predica el Evangelio; si es necesario, usa palabras". No. Sí, siempre va a ser necesario usar palabras. Siempre. No hay manera de evadir eso. Es verdad que nuestra vida debe de ser un testimonio de la transformación que hace Dios, pero eso no es lo único. También vas a tener que hablar, y ser muy claro con las palabras que usas acerca de quién es Jesús, qué es lo que hizo y por qué lo hizo. Así se predica el Evangelio. Entonces, el primer punto que quiero que vean acerca de la predicación de Felipe es que abre su boca, habla. Vemos algo acerca de eso en Romanos 10:15, Pablo afirmando esta necesidad, digamos: "¿Cómo van a creer si no oyen?".
Desde las Escrituras
Número dos: Felipe empieza desde donde estaba ahí el etíope eunuco, y parte desde las Escrituras para mostrarle el Evangelio. Entonces no es nada más… O sea, Felipe quiere mostrar: "Esto no es nada más mi idea acerca de Dios. Esto ya fue revelado acerca de Dios; esto ya es lo que Dios dice acerca de sí mismo, lo que te voy a explicar". No sabemos qué dijo Felipe; no tenemos idea de cómo fue este mensaje. Pero tengo una idea pequeña; me quiero imaginar un poquito cómo podría haberse visto esta conversación. Y la razón por la que lo digo es porque creo que aquí lo que quiere mostrarnos Lucas es que todo lo que hay en el Antiguo Testamento, ¿no sirve para apuntar hacia quién? Hacia Jesús.
Acuérdense: no existe el Nuevo Testamento todavía. ¿Qué van a usar para predicar el Evangelio? El Antiguo Testamento. El Antiguo Testamento es lo que los apóstoles usaron para predicar el Evangelio. ¿No es increíble? Lo cual significa que debe de haber una manera en que, dondequiera que estés en el Antiguo Testamento, debas poder llegar hasta Jesús. Tiene que haber alguna manera de hacerlo, porque los apóstoles lo hacían. Entonces yo me imagino a Felipe hablando con él.
Tengo aquí algunos pasajes que nos dan estas pistas. Lucas 24:27: Jesús, en el camino a Emaús, con los discípulos, ¿qué es lo que les dice? Bueno, ¿qué es lo que dice Lucas que hizo? Les mostró cómo en Moisés y los profetas, en la ley, todo se trataba de Él. Eso es lo que hizo Jesús con los discípulos camino a Emaús. Y Jesús dijo: "Examinad las Escrituras; porque vosotros pensáis que en ellas tenéis vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí". Versículo 46: "Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él". Moisés, ¿de quién habló? De Jesús. Jesús dijo eso: "Moisés hablaba de mí".
Entonces, como cristianos… Y este es el tema de teología bíblica; hablamos de esto en el seminario ayer. El tema de la teología bíblica es encontrar el tema que une toda la Biblia: cómo es que toda la Biblia realmente tiene el mismo mensaje, el mismo propósito, el mismo fin en todo lo que está diciendo. Entonces ellos están usando el Antiguo Testamento.
Un cordero: de Génesis a Jesús
Y me imagino a Felipe decir: "'Como oveja a la muerte fue… como cordero mudo delante del que lo trasquila, así no abrió su boca'. Tú estuviste en Jerusalén, ¿verdad, señor etíope?". "Sí". "¿No escuchaste acerca de un Jesús mientras estuviste ahí? ¿Alguien que acababa de morir hace unos días, básicamente, hace unos meses, y que también resucitó?". "Ah, creo que sí, alguien mencionó algo acerca de eso. Sí, sí, como que me suena". "Bueno, déjame decirte un poquito más acerca de Él". Y empieza a narrar algo acerca de Su vida, y las cosas que sabían, desde Su nacimiento hasta Su muerte, y hasta Su resurrección. Pero, más importante que nada más decirle acerca de Jesús y de cómo se había visto Su vida, empieza a mostrarle cómo se conectaba con todo el Antiguo Testamento.
Y entonces me imagino a Felipe diciendo algo así como: "A ver: 'Como oveja a la muerte fue llevado, como cordero mudo delante del que lo trasquila'. Un cordero. ¿Sabes que todo el Antiguo Testamento habla de corderos? Es más: cuando Adán y Eva pecaron en el huerto, dice que Dios mató un animal para hacerles ropa. O sea, algo tuvo que morir, un animal tuvo que morir, tuvo que haber derramamiento de sangre, porque ellos pecaron. Y esa era la provisión que Dios estaba haciendo para ellos por su pecado. Y si tú vas un poquito más adelante, y empiezas a ver también la historia de Abraham, te das cuenta de que Dios le pidió a Abraham que sacrificara a su hijo Isaac. Y cuando llega ahí, ya está listo para sacrificarlo, llega un ángel, lo detiene, y hay un carnero atorado por los cuernos. Y esa es la provisión de Dios, para que en lugar de Isaac, Abraham mate ese carnero, y el derramamiento de sangre sea por la provisión de Dios del cordero.
"Y más adelante, cuando los judíos son llevados a Egipto, y están en cautividad, y llega Dios con Moisés para liberarlos, y llegan a la décima plaga, les dice: 'Esto es lo que voy a hacer para liberarlos: tienen que matar un cordero, derramar su sangre, ponerla en el dintel de la puerta. Y entonces, cuando el ángel de Jehová pase por encima y vea que está pintado con la sangre del cordero, entonces no morirá el primogénito de ese lugar'. Y más adelante todavía, cuando llegas a Moisés, y ves el sistema sacrificial siendo establecido a través de la ley de Moisés, ves que Dios le dice a Su pueblo: 'Cuando ustedes pequen, tienen que matar a un cordero y derramar su sangre, y los sacerdotes se van a asegurar de que esto se haga correctamente, de que sea el animal correcto, porque no puede tener mancha, no puede tener defecto'. Y una y otra vez, a lo largo de todo el Antiguo Testamento, Dios está mostrando que quiere el derramamiento de sangre como justificación para Su pueblo, y que esa es la manera en que los va a perdonar. Y todo a lo largo del Antiguo Testamento… Y tú, etíope, tienes una copia de Isaías, y te vas a dar cuenta de que Isaías, cuando lo lees completo…".
Probablemente ya había estado leyendo los primeros 53 capítulos —no estaba dividido en capítulos en ese tiempo—, pero los primeros 53 capítulos de Isaías ya los ha leído, y se está dando cuenta de que constantemente Isaías está hablando de alguien más, alguien más, alguien más: alguien a quien están esperando, alguien que vendría, alguien que cargaría el pecado del pueblo, alguien que Dios proveería como el sacrificio final y absoluto. Esa es la conversación que yo me imagino de Felipe con el etíope.
¿Eso es para mí?
Y al etíope me lo imagino en algún momento de la conversación diciéndole a Felipe: "Oye, pero eso es para ustedes, los judíos. Yo no soy judío; yo soy gentil. Es más, soy gentil y eunuco; doble problema para mí. ¿De veras, de veras, Felipe, crees que Dios me está ofreciendo eso a mí?". Ahora, acuérdense: no tienen el Nuevo Testamento todavía. Entonces yo me imagino que, al estarle explicando el Evangelio de Jesús, que no nada más se trataba de: "A ver, ¿quieres que te vaya un poco mejor con tus…? Yo sé que ya tienes dinero, y ya tienes una posición importante allá en Etiopía, pero a lo mejor podrías tener todavía un poco más. ¿No quieres que Dios te dé eso?". ¿Es eso lo que le ofreció Felipe, más dinero? No. Él ya tenía mucho dinero; él ya no necesitaba más dinero. Pero había un vacío dentro de él. Está buscando respuestas. Dice: "Esto no me satisface. Yo sé que debe de haber algo más".
Y Felipe sabe que la única respuesta está en Jesús, y que es Él el que lo dirigió a este lugar para hablar con él. O sea, a Felipe le queda muy claro: "Dios está buscando a este hombre. No me cabe duda, mira, después de todas estas circunstancias: Dios está buscando a este hombre. Dios quiere que este hombre conozca de Jesús. Así que le voy a mostrar desde el Antiguo Testamento que efectivamente Dios sí lo está buscando a él".
Isaías: Dios busca a las naciones
Vayan a Isaías, brevemente. Quiero mostrarles unas cosas increíbles. No dice Lucas específicamente que esto sucedió, pero yo me imagino que, como tenía Isaías, probablemente sí había leído muchas cosas. Yo me imagino que en algún momento haya leído algo de Isaías 6, versículo 3, donde se describe esta escena donde están estos serafines, y tienen alas, y cubren sus rostros, y dicen: "Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo. Entonces dije: '¡Ay de mí!, que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos'". O sea, no sé si ya había leído este pasaje, pero me imagino… O sea, si tú lees ese pasaje, dices: "Este suena como el Dios de veras, el Creador del universo. Pero evidentemente hay un problema: no puedo conocer a este Dios".
Vean lo que dice Isaías 55:1. Esto viene después de lo que estaba leyendo el etíope eunuco, pero a lo mejor Felipe lo apuntó en esa dirección. Le dijo: "Mira, ve un poquito más adelante de donde estás leyendo". Un poquito más adelante dice: "A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero…" —"yo sé que ese no es tu caso, eunuco, pero aunque no tuvieras dinero, esto no se puede comprar con dinero"— "…venid, comprad, comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche. ¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente, y comed del bien, y se deleitará vuestra alma con grosura. Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y viva vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David".
Y a lo mejor dijo: "Ah, pero eso, ¿cómo sé que es para mí? O sea, eso todavía suena como algo que es para ustedes, los judíos". "A ver, eunuco, ve un poco más atrás de donde estabas leyendo. Ve a Isaías 11". No, no dijo eso, porque no existían los capítulos, pero yo creo que Felipe sabía bien cómo ubicarlo. Y lee Isaías 11, versículo 10: "Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa". "Ah, pero eso no dice nada de mí, ¿no?". "A ver, a ver, eunuco, sigue leyendo lo que dice". Dice: "Asimismo acontecerá en aquel tiempo, que Jehová alzará otra vez su mano para recobrar el remanente de su pueblo que aún quede en Asiria, Egipto, Patros, Etiopía…". "¿Tú de dónde eras?". "Ah, sí, sí, yo soy de Etiopía". "Ahí está". "…Elam, Sinar, Hamat y en las costas del mar".
"No sé, no estoy seguro. ¿De veras puedo ser incluido en las promesas de Dios?". "Sí. Ve al capítulo 18; capítulo 18, versículo 7 de Isaías: 'En aquel tiempo será traída ofrenda a Jehová de los ejércitos, del pueblo de elevada estatura y tez brillante, del pueblo temible desde su principio y después, gente fuerte y conquistadora, cuya tierra es surcada por ríos, al lugar del nombre de Jehová de los ejércitos, al monte de Sion'". Y además —y este es el capítulo 19— Isaías habló precisamente de Egipto, de los que vendrían de Egipto. "¿Tienes dudas?". "Sí". "Vamos a Isaías 56, Isaías 56, versículos 3 al 5: 'Y el extranjero…'". "¿Eres gentil?". "Sí, sí, soy gentil". "'El extranjero que sigue a Jehová no hable diciendo: Me apartará totalmente Jehová de su pueblo'". "¿Qué más eres? Eres gentil, eunuco". "'Ni diga el eunuco: He aquí yo soy árbol seco. Porque así dijo Jehová: A los eunucos que guarden mis días de reposo, y escojan lo que yo quiero, y abracen mi pacto, yo les daré lugar en mi casa y dentro de mis muros, y nombre mejor que el de hijos e hijas; nombre perpetuo les daré, que nunca perecerá'".
Eso es lo que Dios te está ofreciendo a ti. No importa que eres gentil, no importa que eres eunuco: Isaías dice que Dios te está buscando a ti. ¿No es increíble? Esto está en Isaías; esto está en el Antiguo Testamento, hablando acerca del plan que Dios tiene de redimir a gente de todo pueblo y toda nación. Tengo aquí otros pasajes, Salmo 68:31, Salmo 87:3 al 4, que también hablan acerca de eso. No sé si Felipe hubiera usado alguno de esos pasajes, pero dice: "De Egipto saldrán mensajeros; Etiopía se apresurará a extender sus manos hacia Dios". Salmo 87: "Cosas gloriosas se dicen de ti, oh ciudad de Dios. Mencionaré a Rahab y a Babilonia entre los que me conocen; he aquí Filistea y Tiro, con Etiopía; de sus moradores se dirá: este nació allí". A lo largo de todo el Antiguo Testamento, Dios está diciendo: "Sí, efectivamente, yo voy a redimir a gente de estas naciones".
Los genocidios en la Biblia
Por eso es que fue tan fácil, en cierto sentido, escribir ese artículo acerca de los genocidios en la Biblia. Porque el problema que tenemos con los genocidios en la Biblia es que parece que Dios está dándole preferencia a Su pueblo para discriminar a los demás: xenofobia. Y si ustedes leen el Antiguo Testamento, se dan cuenta: nunca pasó eso en el Antiguo Testamento. Dios siempre quiso incluir a otras naciones, y estaba dando pistas a lo largo de todo el Antiguo Testamento de que quería incluir a esas naciones. Y de hecho, el juicio de Dios era igual de severo, igual de fuerte sobre Su propia nación, si es que no más, sobre los mismos judíos. ¿Se acuerdan de Jueces? Ahí estaba Dios juzgando a Su propio pueblo por el pecado; no por la etnicidad, sino por el rechazo que tienen hacia Dios.
¿Qué impide que yo sea bautizado?
Así que, ¿cómo termina la historia del eunuco? Ya conocen el final de la historia, pero se los voy a decir: "Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: 'Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?'". Entonces me imagino a Felipe habiéndole dicho algo así como: "Bueno, y al final del ministerio de Jesús, Él nos dijo: 'Id y predicad a todas las naciones, haciendo discípulos, y bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo'. Eso es lo que nos dijo Dios que hiciéramos. Y aquí estoy contigo, haciendo exactamente lo que Dios me ha pedido que haga, compartiéndote acerca de Él". "¿Dijiste 'bautizándolos'?". "Sí, bautizándolos". "Ahí hay agua. ¿Por qué no me bautizas de una vez, y completamos tu mandamiento, el que Jesús te pidió que hicieras?". "Bueno, vamos a hacerlo".
Ahora, aquí el versículo 37 dice: "Felipe dijo: 'Si crees de todo corazón, bien puedes'. Y respondiendo, dijo: 'Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios'". Este versículo no está en los manuscritos más antiguos del libro de Hechos, lo cual nos muestra que fue insertado después por algún copista o algún escriba. O sea, Lucas probablemente no escribió este versículo; no está en los manuscritos más antiguos. Sin embargo, refleja la convicción de la iglesia, de la primera iglesia probablemente, de hacer una confesión de fe antes de bautizarse. Antes de que se bauticen: "Di, o sea, di qué es lo que estás creyendo. Explica qué es lo que estás creyendo. ¿Crees?". "Sí, sí creo. Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios". "Ah, bueno, bautícese". Seguro que de ahí viene el versículo 37: aunque no sea original al texto, en la primera iglesia confirmaran, o quisieran confirmar, que esta era la manera en que se hacían los bautizos. O sea, esto es lo que se hacía antes.
"Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó". Subieron del agua, y el Señor arrebató a Felipe. No sabemos exactamente cómo fue esto. Hay algunas versiones que lo ven como un suceso sobrenatural, como en las películas estas de secuestros extraterrestres, ¿no?, y lo teletransporta a otra zona. Pero también puede ser simplemente lenguaje que signifique que el Espíritu está guiando, o diciéndole: "Ya, Felipe, aquí acabó. Tú ya regrésate; tú vete en otra dirección". Y Felipe toma otra dirección.
Felipe se adelanta hasta Cesarea
El punto que quiero que vean… ¿Y adónde va Felipe? Dice: a Azoto, "y pasando, anunciaba en todas las ciudades, hasta que llegó a Cesarea". Lo increíble: van a ver más adelante en Hechos —creo que es el capítulo 21— que es en Cesarea donde termina viviendo Felipe. Pero creo que este versículo nos muestra el camino que Dios quiso preparar para Pedro más adelante. Porque Cornelio, en el capítulo 10, va a tener un encuentro con Pedro, y es en Cesarea, precisamente. Pero de Felipe, en el capítulo 9, se nos dice: él ya se fue a Cesarea; él se adelantó; él ya empezó a predicar el Evangelio. Entonces, en realidad, Felipe es el que está trayendo primeramente el Evangelio a los gentiles. Pedro nada más llega después para confirmarlo, y en un caso muy específico, que es el de Cornelio. Por eso lo vamos a ver más adelante.
Creo que el etíope eunuco regresó a Etiopía, empezó a compartir acerca de su fe. Y, por lo que sabemos, los primeros cinco siglos de la iglesia cristiana en el norte de África fueron siglos de mucho fruto. La iglesia cristiana era muy, muy fuerte en esa región los primeros cinco siglos. ¿Qué tuvo que ver el etíope eunuco? No sabemos. Pero Dios sí hizo algo increíble en esa región, hasta que empezó toda la revolución islámica; ahí es donde cambió el panorama, y hoy en día es una de las regiones con menos cristianos. Pero por lo menos durante esa época, Dios mostró que quiso hacer Su obra específicamente en esa región, y a través de este hombre.
Una fe genuina: dejar que el Señor trabaje
Así que quiero resumir cuáles son los puntos acerca de la conversión y el bautismo del etíope eunuco. Número uno: se ve fe genuina en este hombre, buscando respuestas, buscando realmente de qué se trataba el mensaje que Dios quería mostrarle a través de lo que estaba escrito. Dios usa a un maestro para explicárselo, que en este caso es Felipe, y eso genera una fe genuina dentro de él. Y aquí nada más quiero darles una palabra de advertencia. No es una regla, no es una ley; no lo tomen mal. Cuando tú compartes el Evangelio con alguien, deja que el Señor trabaje en su corazón. A veces nosotros sentimos la presión de que queremos ver un resultado ya: "Yo comparto el Evangelio, y yo quiero que ya se convierta. No mañana, no en una semana; yo quiero que ahorita se…".
Entonces a veces nosotros somos los que empezamos a presionar y empujar a la persona: "Bueno, ¿quieres ser cristiano? ¿Quieres ser cristiano?". "No sé". "Bueno, pero puedes ser cristiano. Hazlo, hazlo, hazlo". "Todavía no estoy listo". "Pero bueno, está bien". Creo que ese es un error en general, porque no está en nosotros convencer a la gente, y no está en que simplemente repitan una oración, que a veces es como termina ese escenario donde nosotros estamos presionando, y la manera en que queremos cerrar el trato es: "Haz una oración, y de esa manera ya sé que ya te convertiste". Creo que en general, cuando Dios está trabajando en el corazón de alguien, tú ves que ellos mismos piden, ellos mismos quieren.
Y eso es exactamente lo que pasa con el etíope. Él pide: "A ver, yo quiero esto. Esto es lo que yo he estado anhelando. Esto es lo que estaba buscando; son las respuestas que estaba tratando de encontrar. Por favor, bautízame". Así termina la historia. Felipe no tiene que convencerlo de que se tiene que bautizar; no tiene que convencerlo de que lo que le ha dicho es cierto. Él lo cree. Él lo cree, y ya, ahí está. Cuando tú predicas el Evangelio, por lo regular —y estoy seguro de que todos ustedes conocen historias así—, por lo regular Dios ya está trabajando en esa persona. En un contexto pasado, alguien más ya le compartió el Evangelio, nada más que todavía no creyó, pero ya había una semilla ahí. Y Dios, a través de diferentes circunstancias, te trae a ti a esa persona, y de pronto tú te das cuenta de que ya tienes todo ahí, en charola de plata, listo. Te dice Dios: "Ahí está, ya te lo preparé. ¿Qué más quieres? Tú nada más dile de qué se trata el Evangelio. Dile que se tiene que arrepentir, poner su fe en mí, y entender qué es lo que yo vine a hacer por él en la cruz".
Y por eso dice Pedro en 1 Pedro 3:15: "Estén preparados siempre para presentar defensa de todo el que os demande razón de la esperanza que hay en ustedes". La gente debe de preguntarnos, de pedir, de querer que les digamos qué es lo que creemos. No es que forcemos las cosas. No tenemos que obligarlos a escuchar. No tenemos que hacer nada que no sea natural, porque Dios está haciendo una obra sobrenatural, y queda claro: "Sí, esto era de Dios; definitivamente esto era de Dios". Y así es como llega a ser una confesión personal —"sí, creo"—, y da testimonio público. De eso se trata el bautismo. No nos vamos a meter en los detalles de si sumergió la cabeza y todo el cuerpo, o nada más le salpicó, cómo fue. Bueno, ese es otro tema; ya saben.
Siguió gozoso su camino
Lo que quiero que vean es esto: todas las historias son diferentes, todas tienen un contexto diferente, pero Dios es el que está haciendo una obra. ¿Y el resultado es qué? El gozo en su vida. Algo pasó; algo transformó su corazón. Ahora sí, de veras: Felipe desapareció de una manera milagrosa, que puede ser. Todavía es más asombroso lo que pasa, ¿no? "¿Adónde se fue? Ya desapareció. Ah, no importa; tengo lo que quería", ¿no? Y sigue su camino contento, lleno de gozo. ¿Por qué? Porque ese hombre jamás volvería a ser igual. Él había descubierto algo en este camino, en este viaje a Jerusalén, que probablemente lo había dejado medio desilusionado. Honestamente, verdaderamente, regresó con más preguntas que respuestas de Jerusalén. Pero después de su encuentro con Felipe, todo tuvo sentido. Empezó a entender que este proceso por el cual Dios lo había llevado culminó en ese momento, en el cual de pronto todas las piezas se conectaron, y conoció al Creador que lo estaba buscando y que lo quería salvar. Así termina la historia.
Entonces regresa de una manera completamente diferente. Imagínense, imagínense qué habría pasado cuando llegó otra vez al palacio. Imagínense qué pasó cuando empezó a hablar con sus compañeros, y cuando empezó a explicar las cosas increíbles que sucedieron en este encuentro que tuvo con Felipe. Pero estoy seguro de que hubo fruto en su vida, porque estoy seguro de que Dios nos muestra esta historia como un ejemplo de una conversión genuina, en contraste ¿con quién? Con Simón.
Conclusión: sembrar la semilla
Pero nuestra responsabilidad es: "Ahí va; esta es la semilla". Y aventamos la semilla indiscriminadamente a todos los que nos rodean. No todos la van a aceptar. Muchos, inclusive, la van a aceptar inicialmente y después la van a rechazar. Pero eso no es cosa de nosotros; eso es obra de Dios. Dios se encarga, Dios sabe. Nosotros simplemente tenemos la responsabilidad de compartir y hablar dondequiera que vayamos, con quienquiera que estemos, porque ese es el llamado para la iglesia. Y el próximo domingo llegamos a la historia de conversión más famosa del libro de Hechos, que es la historia de Saulo, mejor conocido para nosotros como Pablo.
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