Saulo proclama su nueva fe
¿Qué significa que Jesús es el Hijo de Dios y que Jesús es el Cristo? Son las dos verdades que Saulo empieza a predicar en las sinagogas de Damasco apenas después de su conversión, en Hechos 9:19-31. El mensaje explica por qué esas dos frases sostienen todo el evangelio y por qué la iglesia necesita más hombres como Bernabé.
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Transcripción
Introducción y lectura de Hechos 9:19-31
El domingo pasado vimos la conversión de Saulo. Vimos cómo es que se dio este evento, y cómo es que este hombre que perseguía a la iglesia tuvo un encuentro con Jesús, y vimos algunas de las implicaciones de ese encuentro. Hoy vamos a continuar viendo qué sucedió justo después de esto. Tuvo el encuentro con Jesús, vio unas realidades acerca de Él, pero quedó ciego. Y una de las cosas que Dios le dijo es que fuera y se encontrara con un hombre que se llamaba Ananías, el cual iba a orar por él; iba a ser restaurada su vista, e iba a ser también bautizado. Ahí es donde estamos, ahí nos quedamos. Eso es Hechos 9, de los versículos 1 al 19; eso es lo que vimos la semana pasada.
Hoy vamos a ver la segunda parte del versículo 19, hasta el versículo 31. Dice: "Y estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco. En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: '¿No es este el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes?'. Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo. Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle; pero sus asechanzas llegaron a conocimiento de Saulo. Y ellos guardaban las puertas de día y de noche para matarle. Entonces los discípulos, tomándole de noche, le bajaron por el muro, descolgándole en una canasta.
"Cuando llegó a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos; pero todos le tenían miedo, no creyendo que fuese discípulo. Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor, y disputaba con los griegos; pero estos procuraban matarle. Cuando supieron esto los hermanos, le llevaron hasta Cesarea, y le enviaron a Tarso. Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu".
Señor, bendice este tiempo juntos, la meditación y el estudio de Tu Palabra, para que podamos ver estas verdades que están aquí para nosotros, podamos entenderlas, y podamos ver la clase de Dios que nos ha salvado y cómo es que hemos venido a conocer a ese Dios. Te pedimos por Tu bendición sobre este Tu libro y la enseñanza de Tu Palabra, en nombre de Cristo Jesús. Amén.
Dos preguntas: ¿quién eres? y ¿qué quieres que haga?
Hay dos preguntas que hizo Pablo cuando tuvo un encuentro con Jesús, en lo que vimos la semana pasada. Aunque les voy a decir esto, porque va a ser relevante en un ratito: la segunda pregunta que hace Pablo no está en el manuscrito original griego de este pasaje. Es algo que se agregó como una anotación, digamos, porque como después se menciona que hizo dos preguntas, entonces se agregó aquí. La primer pregunta que hace Pablo es: "¿Quién eres, Señor?". Es la primer pregunta que hace. Y la segunda, versículo 6: "¿Qué quieres que yo haga?". Si tienen la Biblia de las Américas, se van a dar cuenta de que ese versículo no tiene esa parte. Empieza diciendo: "Y el Señor le dijo: 'Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer'". No tiene la parte de la pregunta. Pero Pablo después explica que esa pregunta la hizo. Creo que Lucas no quería que estuviera en este punto todavía; en un momento vamos a ver por qué creo eso.
Pero sí, estas dos preguntas son significativas, porque ambas preguntas nos revelan verdades acerca de la vida cristiana y acerca de una conversión genuina de una persona. La primer pregunta tiene que ver con quién es Dios. Dice Saulo: "¿Quién eres, Señor?". Para que tú seas cristiano, tienes que ser confrontado con la persona de Jesús. Tienes que ser confrontado con quién es este hombre, Jesús. Y hay un aspecto doctrinal, o sea, de conocimiento acerca de Él, que debes tener para ser salvo: ¿quién era Jesús? No es nada más un entendimiento acerca de Dios; no es nada más una doctrina acerca de Dios lo que te salva, sino que hay una fe que pone su fe en ese Dios, o pone su confianza, deposita toda su esperanza, y Jesús se convierte en el fundamento de esa vida, que ahora se mueve a una nueva dimensión, que es: "¿Qué quieres que haga?".
Entonces, ¿ven cómo estas dos preguntas representan la vida cristiana? El conocimiento de Dios, la doctrina acerca de Dios, o sea, fe. En teología sistemática, al conocimiento de Dios lo llamamos teología propia, que es quién es Dios, cómo es Dios, qué nos dice la Biblia acerca de Dios y de Jesús. Es esa parte. Y después tenemos "¿qué quieres que yo haga?": la parte de obras, acción. Un verdadero cristiano tiene las dos. No puedes tener fe sin obras. Las obras siempre van a venir como resultado de una fe genuina. Siempre. No hay manera de evadir eso. Santiago es muy claro acerca de ese punto.
El recién nacido tiene que llorar
Estaba leyendo un libro donde lo que dice el autor en relación a este punto es… Decía que la conversión de una persona se compara en la Biblia al nacimiento de alguien. En Juan 3, ¿cómo le dijo Jesús a Nicodemo? "Tienes que nacer de nuevo". Entonces decía él: si comparamos la conversión con el nacimiento, entonces podemos imaginarnos qué pasa después de un nacimiento. Cuando un bebé nace, ¿qué tiene que pasar después con ese bebé? Y si no, le dan una nalgada, ¿verdad? ¿Qué tiene que hacer? Tiene que hacer ruido, tiene que llorar. Entonces este autor comparaba la conversión con eso. Decía: "Cuando tú naces de nuevo, algo tiene que suceder después, que es que vas a proclamar la convicción de lo que ahora crees. Vas a hablar acerca de tu fe, vas a decirles a otros lo que crees acerca de Jesús". Y eso es exactamente lo que pasa aquí con Pablo —Saulo, Pablo—. Vamos a ir llamándole Pablo conforme vamos progresando en la historia más y más.
Saulo con los discípulos de Damasco
"Estuvo Saulo por algunos días con los discípulos que estaban en Damasco". ¿Quiénes eran estos discípulos en Damasco? Eran los que él iba a perseguir originalmente; estos eran los que él iba a ir a meter a la cárcel. Él iba en camino a arrestarlos, y ahora pasa unos días con ellos como su nueva familia de fe: "Ahora ustedes son mis hermanos. Ahora estamos juntos como una sola familia". Es increíble. Y luego dice: "En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que este era el Hijo de Dios". ¿En qué sinagogas? ¿Se acuerdan de que pidió unas cartas en Jerusalén para ir a Damasco? Esas cartas estaban diseñadas para que las sinagogas en Damasco lo apoyaran en su persecución a los cristianos. Y ahora llega, y estos del Camino —que dicen "el Camino" porque el camino, ellos proclamaban, que era Jesús—.
Llega él a estas mismas sinagogas, que tenían la idea de que él venía a ayudarles a perseguir a los cristianos, a meterlos a la cárcel. Llega diciéndoles: "Jesús es el Hijo de Dios. Él es el camino". Vamos a ver un poquito más acerca de eso en un momento. Dice que todos los que le oían estaban atónitos. Me hubiera encantado ver la reacción de los líderes de estas sinagogas. Yo me imagino que al principio han de haber dicho: "Creo que se equivocaron de Saulo. El Saulo que nos enviaron no era el Saulo que se supone que nos tenían que enviar, porque el Saulo que nos iban a enviar no venía diciendo estas cosas. A lo mejor es un cristiano incógnito ahí, que se está infiltrando. ¿Qué pasó? ¿Por qué está hablando estas cosas?". Y es muy claro Lucas cuando dice que él iba a llevar presos a los cristianos ante los principales sacerdotes, a los que invocaban este nombre que él ahora proclama.
"Pero Saulo mucho más se esforzaba". Y todavía es muy claro Lucas en decir: "y confundía a los judíos que moraban en Damasco". "A ver, a ver, a ver, ¿qué pasó aquí? Este hombre no es el hombre del cual nosotros habíamos escuchado. Algo raro está sucediendo. No tiene sentido lo que estamos escuchando que dice". Ellos no saben; ellos no han escuchado acerca de su conversión. Ellos nada más lo estaban escuchando proclamar el Evangelio. Es como si Trump de pronto empezara a decir que lo que más le interesa es el bienestar de México, no de su propio país. ¿No diríamos: "No, ese no es el hombre que conocemos, ese no es el mensaje que habíamos estado escuchando necesariamente"? Ya tienes identificada a la gente: cuáles son sus convicciones, qué es lo que cree, qué es lo que dice. Y algo no cuadra aquí, algo no tiene sentido.
Entonces dice que él está demostrándoles que Jesús era el Cristo. Ahora les voy a decir dónde vamos a terminar hoy en el sermón. Voy a terminar hablando de estos dos conceptos que está predicando Pablo. Uno es que Jesús es el Hijo de Dios, y dos es que Jesús es el Cristo. Esas dos cosas creo que son las más importantes aquí, y vamos a ver qué significa que estuviera ya predicando estas dos cosas.
El perseguidor, ahora perseguido
Pero el versículo 23 dice: "Pasados muchos días, los judíos resolvieron en consejo matarle". El que perseguía ahora es el perseguido. Justamente lo que él iba a hacer, ahora se lo están haciendo a él. Y Pablo habló más acerca de esta historia, y da un poco más de detalles en 2 Corintios 11:30. Pero el punto es este: estaban tan enojados los líderes judíos, que ponen gente afuera de la ciudad para que en el momento que salga, sea de día o de noche, lo puedan matar. Están nada más esperando a ver que salga: "Y ahí lo agarramos". Entonces escuchan acerca de este plan, y la manera de darle la vuelta es decirle: "Te vamos a bajar en una canasta por una ventana, y así no se dan cuenta de que ya te saliste. No saliste por la manera normal que ellos esperan que salgas".
En el versículo 26 leemos: "Cuando llegó a Jerusalén…". Ahora, quiero nada más aclarar una cosa aquí, que es que cuando dice "pasados muchos días", al principio del versículo 23, dice uno: "¿Cuántos días? ¿Diez días, quince días? ¿Cuánto tiempo pasó aquí?". Bueno, en Gálatas 1 Pablo dice cuánto tiempo pasó. ¿Saben cuánto tiempo pasó entre su conversión y lo que viene en el versículo 26? Pablo dice que fueron tres años. Tres años pasan en estos versículos que acabamos de leer. Dice que fue a Arabia y fue a Damasco, y ahí pasó tres años antes de ir a Jerusalén y conocer a Pedro.
Entonces ya tenemos un panorama aquí de cuánto tiempo estamos hablando. A veces la Biblia es muy resumida en los eventos que nos quiere mostrar; no nos da todos los detalles. Obviamente, imagínense cuántas cosas pasan en tres años. Por eso es que ya tienen tiempo de conocerlo y de conocer lo que está predicando. Ya ha dado tiempo de que se enojen muchísimo con él, y de que ya lo tengan como enemigo, y de que lo quieran matar.
Saulo en Jerusalén: todos le tenían miedo
Lo que sigue aquí, versículo 26, es que ahora se va a Jerusalén. Llega a Jerusalén. Te imaginas todas estas historias; verás, es muy descriptivo: "Trataba de juntarse con los discípulos". "¿Me dejan entrar? ¿Me dejan ser parte de su grupo?". Y los discípulos le tienen miedo; dicen: "No, no te dejamos. No creemos que de veras seas salvo. No creemos que de veras seas uno de nosotros. Yo creo que es tu estrategia. Más bien se me hace que te estás haciendo pasar como un cristiano para que logres entrar a nuestras iglesias, nos identifiques por familia, sepas dónde vivimos, y luego ya vayas y nos arrestes". Están muy sospechosos de este hombre, porque la última vez que estuvo en Jerusalén, ¿qué estaba haciendo? Matando y poniendo en la cárcel a cristianos. Eso es lo último que supieron acerca de él. Sí, les llegó el rumor de que algo había pasado, y de que allá andaba en Damasco predicando y con los cristianos, pero los de Jerusalén no estaban convencidos.
Entonces, yo me imaginaba… Antes de que tuviéramos el letrero de los horarios afuera, seguido entre semana venía gente y preguntaba cuándo nos reuníamos. Decían: "Ay, es una iglesia cristiana. ¿A qué hora se reúnen?". Ya les decíamos: "Nos reunimos los domingos a las 11". Y me estoy imaginando cómo habría sido si Saulo hubiera estado en este contexto. O sea, si se daba cuenta de que aquí era una iglesia, y llegaba un día y me preguntaba: "¿A qué horas son los servicios?". "Yo sé quién es este hombre. ¿Le digo a qué horas nos reunimos, o le digo otra hora para que piense que a esa hora nos reunimos, y ya?". "Ah, no, perdón, es que se canceló el servicio". ¿O qué hago, no?
O me lo imagino llegando a las casas, porque obviamente se reunían los cristianos en casas principalmente. Me lo imagino investigando: "¿Dónde es el estudio bíblico?". "Ah, en esa casa de allá es el estudio bíblico". Y llega ahí con sus pergaminos del Antiguo Testamento, listo para el estudio bíblico, y toca la puerta, y alguien se asoma, y: "¡Pues Saulo! Apaguen las luces, como que no hay nada; no vayan a abrir". Y él esperando: "Oigan, ya llegué al estudio". Pobrecito. O sea, ¿se dan cuenta de lo difícil que era esta situación para él? Pues claro que no le creen; claro que tienen desconfianza de este hombre que ha causado tanto daño a la iglesia hasta este punto.
Bernabé, hijo de consolación
Y me encanta, porque aquí en el versículo 27 dice: "Entonces Bernabé…". Y Lucas ya nos había introducido a Bernabé; en Hechos 4:36 nos había dicho que el sobrenombre de Bernabé era ¿qué? Hijo de consolación. Es el que vendió el terreno para dar el dinero a los pobres, y es contrastado con Ananías y Safira en el capítulo 5. Eso ya lo estudiamos, pero ya habíamos sido introducidos a Bernabé. Ahora regresa Bernabé, y Bernabé es el único que le da el beneficio de la duda a Pablo. Bernabé es el único que dice: "Yo creo que sí, algo pasó aquí. Yo creo que tu conversión, Pablo, es genuina". Y hace todo lo posible por convencer a los demás de que lo dejen ser parte de la iglesia. Lo toma, lo trae a los apóstoles, les cuenta la historia: "Es que, miren, es que Saulo vio al Señor en el camino a Damasco, y le habló, y desde entonces ha estado predicando a Jesús a dondequiera que va".
Cuando estaba leyendo este pasaje, se llenó un poquito de tristeza mi corazón, porque estaba pensando en nuestra iglesia, estaba pensando en general en el ambiente que a veces existe en la iglesia, y me estaba dando cuenta de la clase de hombre que es Bernabé. Es el que anima a los demás, es el que consuela a los demás, es el que siempre tiene una perspectiva positiva acerca de lo que Dios está haciendo. Por eso le ponen así, por eso le dan ese apodo. Cuando estaba leyendo eso, estaba pensando: "Señor, creo que necesitamos más Bernabés en nuestra iglesia. Creo que no hay suficientes Bernabés". Evidentemente en la primera iglesia no había suficientes Bernabés, porque está solito, casi, él defendiendo a Pablo.
Pero estaba pensando: ¿cuál es el ambiente que normalmente existe entre nosotros cuando hablamos de otros, cuando hablamos de dónde están los demás, y cuáles son sus luchas, y los errores y las fallas que vemos en los demás? ¿Qué clase de ambiente se genera entre nosotros? Por lo regular es una actitud de crítica: "Es que este hermano esto, es que este hermano esto, es que él es así, él es así, él es así, él es así. ¿Él qué me va a enseñar? ¿Él cómo va a ser ejemplo para mí? Yo no lo respeto".
Y de pronto tenemos toda una categoría de gente en la iglesia donde todos tenemos fallas, todos tenemos luchas, todos estamos creciendo en la vida cristiana, y somos muy críticos unos con otros. No hay este espíritu de Bernabé, de levantarnos mutuamente, de animarnos a seguir adelante en la vida cristiana, y de ver no nada más cómo Dios… Esto es lo que ya hemos estado hablando: Dios puede transformar a quien sea. Tú piensas en la peor persona que conoces, el que menos crees que podría ser cristiano: Dios puede transformarlo. Créelo. Pero no es nada más el proceso de justificación el que es una obra de Dios; es también el proceso de santificación lo que es una obra de Dios. Y todos estamos en una batalla continua en la santificación.
¿Cómo nos animamos mutuamente en ese proceso? O sea, no nos aplastamos unos a otros. Nos levantamos unos a otros, nos animamos, nos confortamos, nos consolamos unos a otros. Necesitamos ser como Bernabé. Es el único que le daba crédito a Pablo. Es el único que decía: "Vamos a darle chance. No le tengan miedo. A lo mejor Dios sí está actuando en él de una manera sobrenatural". ¿Cómo nos mostramos la gracia de Dios? ¿Cómo reflejamos la manera en que Dios ha sido con nosotros? ¿Cómo la reflejamos hacia los demás? O sea, de veras, esto me confrontó a mí. ¿Me podrían apodar a mí "hijo de consolación"? ¿Esa podría ser la manera en que me describa la gente a mí: que siempre estoy consolando, siempre estoy animando, siempre estoy dando palabras de ánimo, siempre estoy viendo lo que Dios sí ha hecho?
Miren, el proceso de santificación es así. O sea, Dios cambia a una persona, la justifica, y empieza a verse un cambio, pero ese cambio es gradual, y nunca llegaremos a la perfección hasta que estemos en la eternidad. Entonces, tenemos fallas los que estamos aquí, tenemos errores, tenemos luchas, hacemos cosas que no deberíamos de hacer. Sí, todos, todos. Y nos damos cuenta de cuáles son. Pero en vez de ver dónde estamos luchando y criticar esas luchas, deberíamos de ver hasta dónde nos ha traído ya Dios: "Mira lo que hice; es terrible, pero me hubieras visto hace cinco años. Dios me ha ido cambiando muchísimo. Y en estas luchas que estoy teniendo ahora, hoy en día, estoy viendo la mano de Dios transformando mi corazón".
Y no es que yo lo diga sobre mi vida; es que yo lo pueda decir sobre la tuya. Animarnos, decir: "Ay, eres terrible, hermano. Imagínate si no fueras cristiano. Por lo menos Dios está haciendo algo, está cambiándote. Eso debería de animarte, eso debería ser consuelo para ti". Para eso está la iglesia: para apoyarnos y ver la manera en que Dios está trabajando para cambiar nuestros corazones.
Pablo retoma donde Esteban se quedó
Ahora, Saulo ahora está en Jerusalén, y otra vez va a las sinagogas, y está hablando acerca de Jesús con todo este ánimo. Estos son los que lo enviaron, ¿se acuerdan? Estos son los que lo enviaron originalmente. La última vez que estuvo ahí estaba pidiendo cartas para ir a Damasco a perseguir a los cristianos, y ahora lo están escuchando defender el nombre de Jesús. Disputaba con los griegos, con los helenistas, justamente los mismos que habían enjuiciado a Esteban y lo habían matado. Ahora son los mismos que están escuchando a este hombre, que los animó a matar a Esteban, decir lo mismo que dijo Esteban, lo que los hizo enojarse en primer lugar y querer matar a Esteban. O sea, Pablo regresa y retoma justo donde Esteban se quedó. Ah, por cierto, ¿se acuerdan de todo lo que dijo Esteban? Era cierto.
Obviamente el resultado es que nuevamente lo quieren matar. Esta es una de las evidencias más grandes que hay para el cristianismo: la conversión de Saulo. Porque no hay explicación posible de qué estaba pasando aquí. ¿Cómo alguien que perseguía a la iglesia ahora era el principal promotor de la fe cristiana? No hay una explicación. ¿Qué ganaba? ¿Qué ganaba Pablo? ¿Ganaba algo? Pues ganaba que lo quisieran matar. Eso es lo único. O sea, lo único que está logrando es poner en peligro su vida. Y sin embargo, aquí está, proclamando valientemente el nombre de Jesús.
Entonces, cuando saben acerca de esto, que ya lo quieren matar, lo llevan hasta Cesarea, y luego lo envían a Tarso, que es su ciudad natal. Probablemente ahí es donde iba a estar más a salvo; ahí es probablemente donde estaba su familia. Ahí es donde ahorita podía estar sin tanto peligro a su vida.
Los tiempos del Señor
Ahora, Pablo estaba ya muy activo; sin embargo, Dios todavía lo quiere preparar aún más. Hay algo que estaba leyendo que se me hizo muy interesante acerca de esto. ¿Saben cuánto tiempo pasó desde esto que estamos leyendo ahorita hasta que Pablo y Bernabé fueron encomendados oficialmente como misioneros? ¿Saben cuánto tiempo? Más o menos diez años. De aquí a que Pablo salga en su primer viaje misionero van a pasar diez años. O sea que los tiempos del Señor, la manera en que Él nos prepara, es muy específica, y tenemos que ser pacientes. Muchas veces somos muy impacientes. Yo no sé si Pablo aquí estaba diciendo: "Oigan, y por cierto, ¿no me quieren enviar a otros lugares para que vaya y comparta este mensaje?". No sé si hizo eso; eso es nada más mi imaginación. Pero Dios todavía lo quería preparar otros diez años, antes de poner, a través del Espíritu Santo, este mensaje en Antioquía: "Envíenme… Quiero que tomen a Pablo y a Bernabé; ellos son los que voy a enviar".
Paz en el temor del Señor
Dice: "Entonces las iglesias tenían paz por toda Judea, Galilea y Samaria; y eran edificadas, andando en el temor del Señor, y se acrecentaban fortalecidas por el Espíritu Santo". A pesar de la persecución, a pesar de todo lo que está sucediendo, la iglesia empieza a crecer, y a pesar de todo eso, la iglesia tiene paz. ¿No es increíble? La iglesia tiene paz, y eso lo vemos en contraste con el temor de Dios. O sea, pensaríamos que temor no llevaría a tener paz; temor es temor. Pero el temor de Dios sí lleva a tener paz. Porque el temor de Dios es un tipo de temor que admira al Dios que tenemos, que se asombra constantemente de las cosas que este Dios hace, y se para maravillado al contemplarlo.
Esa es la clase de temor de Dios de una fe genuina, que no lo toma a la ligera, que no dice: "Ah, sí, yo creo que hay alguien allá afuera, está sentado en las nubes, y creo que sí nos ve, y bueno, quién sabe qué querrá y cómo será, pero sí creo que lo haya". Ese no es el temor de Dios del que habla. El temor de Dios es un temor que ve los atributos de Dios, y está en constante admiración y respeto por ese Dios, y que se quiere someter a ese Dios. Y eso lleva a tener paz, porque ese es el Dios en cuyas manos estamos: un Dios soberano, un Dios que tiene el control de todas las cosas, aun cuando nuestra vida corre peligro.
Jesús es el Hijo de Dios
Bueno, esa es la introducción del mensaje. Este es el mensaje con el que quiero que se queden. Hay dos frases aquí, y quiero mostrarles por qué estas dos frases son tan importantes. La primera frase que encontramos, que está en el versículo 20, se refiere a lo que estaba proclamando Pablo. No nos da todos los detalles Lucas sobre lo que estaba diciendo; solo nos da el resumen. El resumen es: está diciendo Pablo que Jesús es el Hijo de Dios. Es la única vez en el libro de Hechos que se hace referencia a Jesús como el Hijo de Dios. No en la Biblia; en el libro de Hechos. En los evangelios muchas veces se menciona. ¿Qué significa cuando decimos "Jesús es el Hijo de Dios"?
Número uno —y esto es lo que quiero que vean, porque esto es lo que Pablo ahora creía, y eso es lo que ahora Pablo enseñaba—, número uno, significa, cuando dices "Jesús es el Hijo de Dios", que Jesús es Dios. Es lo que significa; es la implicación de decir "Jesús es el Hijo de Dios".
Si alguna vez han hablado con un testigo de Jehová, ustedes saben: los testigos de Jehová no creen que Jesús es Dios. Ellos van a decir: "No, no es Dios". Y ustedes tendrían que decir: "Sí, sí es Dios. Déjame mostrarte cómo la Biblia dice que es Dios". Entonces, si yo les preguntara: "A ver, ¿dónde dice la Biblia que Jesús es Dios?", ¿qué dirían? Bueno, les voy a dar unos ejemplos para que tengan el contexto aquí de dónde dice la Biblia que Jesús es Dios.
Dónde dice la Biblia que Jesús es Dios
Tenemos varios pasajes. Uno es Colosenses 2:9: "Porque toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente en Él". Filipenses 2:6: "El cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse". Hebreos 1:3 al 8: "Él es el resplandor de Su gloria y la expresión exacta de Su naturaleza". ¿De quién? De Dios. "Es resplandor de Su gloria, la expresión exacta de Su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de Su poder". Solo Dios hace eso. "Después de llevar a cabo la purificación de los pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, siendo mucho mejor que los ángeles". Los testigos de Jehová dicen que es como un arcángel. Dice el autor de Hebreos: no, es mucho mejor que un arcángel, "por cuanto ha heredado un nombre más excelente que ellos. Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: 'Hijo mío eres tú, yo te he engendrado hoy', y otra vez: 'Yo seré Padre para Él, y Él será Hijo para mí'? Y de nuevo, cuando trae al Primogénito al mundo, dice: 'Y adórenle todos los ángeles de Dios'".
Solo Dios debe ser adorado. Solo Dios pide adoración para Dios. Sin embargo, Él dice: "Adórenle". "Y de los ángeles dice: 'El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego'. Pero del Hijo dice: 'Tu trono…'". Esto es lo que dice del Hijo: "Tu trono, oh Dios…". O sea, está hablando del Hijo: "Oh Dios, es por los siglos de los siglos, y cetro de equidad es el cetro de Tu reino". O sea, más claro no puede ser con respecto a quién es este hombre.
Juan 1:1: "En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios". No "un dios", como dicen los testigos de Jehová; era Dios, con mayúscula. "Él estaba en el principio con Dios. Todas las cosas fueron hechas por medio de Él, y sin Él nada de lo que ha sido hecho fue hecho". ¿Dios necesita ayuda para hacer cosas? No, Dios no necesita a nadie para hacer nada. Sin embargo, Juan dice: "Sin Jesús nada podría ser hecho. Sin Él, nada de lo que existe existiría". Lo cual implica que Jesús es Dios. Romanos 9:5, dice Pablo: "De quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo, el cual está sobre todas las cosas, o sea, Dios bendito por los siglos. Amén".
Cómo entendían los judíos «Hijo de Dios»
Ahora quiero que entiendan un poquito aquí del contexto. ¿Cómo entenderían los judíos, los líderes judíos…? Ya vimos que la Biblia nos dice que Jesús es Dios; eso queda claro. Pero ¿cómo entenderían los judíos cuando Pablo dice que Jesús es el Hijo de Dios? Esta frase, "Hijo de Dios", ¿la entenderían así? Porque para muchos hoy en día, si vemos nuestro contexto, nuestra sociedad, hablar de "hijo de Dios" muchas veces nos incluye a nosotros, ¿no? Decimos: "Ay, todos somos hijos de Dios". Y en ese sentido se abarca a toda la humanidad como hijos de Dios. ¿Ese es el sentido que existe aquí cuando un judío les habla a líderes religiosos acerca del Hijo de Dios? No. Y lo sabemos porque cuando Jesús fue enjuiciado por Caifás… Vean lo que dijo Caifás.
Le pregunta a Jesús, porque lo están acusando: "Ah, este dijo que iba a destruir el templo, y que él solito lo iba a reconstruir, y no sé qué y no sé qué". Entonces lo están acusando. Caifás se da cuenta de que no responde nada. Dice: "¿No respondes nada? ¿Qué testifican estos contra ti?". Jesús no dice nada; se queda callado. Entonces el sumo sacerdote empieza a empujar más el punto, pero ya él sabe que tiene que acabar con esto; tienen que lograr condenarlo por blasfemia. Entonces, ¿qué es lo que trata de hacer que Él diga? Dice: "Te conjuro por el Dios viviente que nos digas si tú eres el Cristo, el Hijo de Dios". "Dilo, a ver; es lo único que necesitamos". Y entonces Jesús sí habla. ¿Y qué dice? "Tú lo has dicho". Sí, sí, soy el Hijo de Dios. ¿Y qué hace el sumo sacerdote? Se rasga las vestiduras; dice: "¡Blasfemia! ¿Cómo dice que es el Hijo de Dios?".
¿Por qué? Porque ellos saben lo que está implicando: está poniéndose al nivel de Dios. Él está hablando de que Él es Dios cuando dice: "Yo soy el Hijo de Dios". Los judíos lo entendían. Por eso Pablo se mete en problemas cuando dice: "Jesús es el Hijo de Dios". Si nada más estuviera diciendo "hijo de Dios" como otro hombre más: "Ah, sí, sí, nos acordamos de Jesús. Sí, claro, hijo de Dios. Nosotros somos hijos de Dios; todos somos hijos de Dios". Eso no es como lo estaban entendiendo. Por eso lo quieren matar cuando hace este tipo de declaraciones.
Engendrado, no creado
Ahora quiero hacer una aclaración, ahora que estamos hablando de la deidad de Jesús. Quiero hacer una aclaración con respecto a algo que leímos aquí acerca de ser el Primogénito y ser engendrado, porque a veces eso causa un poquito de confusión. Decimos: "Bueno, si Él es Dios, ¿por qué dice que fue engendrado por Dios? O ¿por qué dice que es el Primogénito de Dios?". Porque eso me suena como que pues estaba Dios sin Jesús, y un día ya está con Jesús; aparece después en la escena. No es eterno junto con el Padre, sino que Jesús sí tiene un principio. Eso es lo que podría parecer que están diciendo estos pasajes.
Pero quiero leerles algo que leí de C. S. Lewis que me ayudó a mí mucho a entender este concepto, la diferencia. Él trata de mostrar la diferencia entre engendrar y crear. Dice: "Cuando tú engendras, tú engendras algo de la misma clase que tú mismo", o sea, de tu misma naturaleza. Por ejemplo, un hombre engendra bebés humanos, un castor engendra pequeños castorcitos, un pájaro tiene un huevo del cual sale un pajarito. "Pero cuando tú creas o haces algo, haces algo diferente a ti mismo". Cuando tú haces algo, dice Lewis, por ejemplo: un pájaro hace un nido; no engendra un nido, crea un nido. Un castor construye su casita ahí en el… ¿cómo se llama?, en la presa. Un humano crea una computadora, por ejemplo.
Entonces estamos hablando de dos cosas diferentes cuando hablamos de crear y de engendrar. Dios nos creó; no nos engendró, nos creó. No somos Dios; somos de una esencia diferente a la esencia divina. Eso es lo que nos quiere mostrar la Biblia. ¿Por qué hablaría con ese lenguaje de engendrar? Bueno, creo que la razón por la cual la Biblia usa esa terminología es porque quiere que entendamos que hay la misma naturaleza entre el Padre y el Hijo. Sin embargo, son diferentes personas; no es la misma persona. ¿Entienden? Entonces: Padre e Hijo, misma esencia, diferentes personas. Es lo que creemos con respecto a la Trinidad. No creemos que hay tres dioses. Hay un solo Dios; es una sola esencia, pero tres personas. Y el lenguaje bíblico nos lleva a entender eso. Por eso usa el lenguaje de engendrar.
Cuando usa el lenguaje de primogénito, en un sentido lo entendemos: si vemos la cultura judía, podemos entender por qué habla de Jesús como el Primogénito. Porque en la cultura judía el peso principal del significado de un primogénito es que era el heredero de todas las cosas que pertenecen al padre. O sea, todo lo que es del padre es del primogénito. Entonces, por eso la Biblia usa el término "primogénito": no porque haya nacido en algún momento, como es para nosotros, sino porque Él es heredero de todas las cosas que le pertenecen al Padre. De ellos es todo, de ambos. Y entonces se usa ese término para ayudarnos a entender estos conceptos. Bueno, espero que eso les ayude un poquito a explicar a qué nos referimos cuando decimos que Jesús es Dios, y a qué se refiere la Biblia cuando usa estos términos en cuanto a Jesús en Su relación con el Padre. Se relacionan uno con el otro.
El Hijo amado
Y creo que este concepto de hijo, Hijo de Dios… ¿Por qué diría la Biblia "Hijo"? Porque quiere que entendamos otra realidad acerca de Jesús, que es que Jesús es amado del Padre. Y esta es una realidad muy importante, de la cual nos habla Pablo en Colosenses 1:13: "Porque Él nos libró del dominio de las tinieblas y nos trasladó al reino de Su Hijo amado". El Padre ama al Hijo con un amor especial que no existe en todo el universo. Tiene una relación increíblemente cercana y única. Y Jesús dijo en Mateo 11 —fíjense—, dice: "Todas las cosas me han sido entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo sino el Padre, ni nadie conoce al Padre sino el Hijo". Qué exclusivos son, ¿no? Nadie conoce al Padre sino el Hijo, y el Hijo solo es conocido por el Padre.
Pero aquí viene la parte increíble de este pasaje: no se acaba ahí. ¿Qué dice después? "Y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar". ¿Podemos conocer al Padre? Sí. Sí podemos conocer al Padre, porque cuando tú conoces al Hijo, vas a conocer al Padre. Por eso es tan importante lo que está diciendo Pablo: "Jesús es el Hijo de Dios". Y esta es la declaración más importante que está haciendo Pablo, porque Pablo se da cuenta de que si tú no conoces al Hijo, nunca vas a conocer al Padre. Y estos judíos, que supuestamente creen en el Padre, pero están rechazando al Hijo, nunca lo van a conocer. Ese es el problema. Por eso Pablo está enfatizando ahora este punto. Dice: "Conozcan que Jesús es el Hijo de Dios, y Él es Dios".
Solo Dios podía pagar
Lo que estoy diciendo es que Él es Dios, y solo eso hace que Su sacrificio en la cruz sea suficiente. Él tenía que ser Dios. Porque un ser humano, aunque viviera una vida perfecta, si muriera sin pecado, ¿saben cuánto cubriría eso? Solamente su propia vida, porque es todo lo que vale; es lo que él es en esencia como ser. Necesitamos a alguien que valga mucho más para que sea capaz de cargar con todo el pecado de todo el mundo. Una persona podría, si viviera una vida perfecta, pagar por su propia vida. Pero solo Dios puede pagar por la vida de toda la humanidad, de todos aquellos que ponen su fe en Él. Por eso es importante este punto. Jesús tiene que ser Dios. Nadie más podría salvarnos más que Dios. Y Pablo está enfatizando esto una y otra vez.
Y él entiende una realidad, que es: "Yo he conocido, he entendido esta verdad: que Jesús es el Hijo de Dios, y que es la única manera de llegar al Padre y de conocer al verdadero Dios". Pero hay una cierta humildad, creo, con respecto a la manera en que él está llegando con los líderes religiosos —por lo menos lo vemos más adelante en sus cartas—, que es que él sabe que esto no sucedió porque es más inteligente que sus compañeros de la sinagoga. Él sabe que no es porque él ha estudiado más, o porque sabe más del Antiguo Testamento, que llegó a estas conclusiones. Él sabe que no llegamos a creer y entender que Jesús es Dios porque vamos al seminario y estudiamos muchos años sobre teología, y después de mucho tiempo: "Ah, creo que sí, ya entiendo como que Jesús es Dios; ahora sí ya lo puedo creer". Él sabe que hay otra dimensión aquí de la realidad de esta verdad que acaba de conocer y que acaba de entender.
No te lo reveló carne ni sangre
Quiero llevarlos a un pasaje paralelo. Esto se me hizo sumamente interesante. ¿Se acuerdan de esta confrontación que Jesús les hizo a Sus discípulos, cuando les dijo: "A ver, todos los demás ya me están abandonando. ¿Ustedes también me van a abandonar?". "No, no, no. Nosotros —dice Pedro— no tenemos a ningún otro lado adonde ir. En ningún otro lado hemos escuchado palabras de vida eterna". Pedro estaba llegando a darse cuenta de que aquí es donde tenía su única esperanza para ser salvo. Pero todo eso, toda esta verdad acerca de Jesús, se basaba en cuando Jesús les preguntó a Sus discípulos: "¿Quién dice la gente que soy?". Ya le empiezan a decir toda clase de respuestas sobre quién era Él. Pero cuando Jesús les pregunta a ellos: "¿Ustedes quién dicen que soy yo?", ¿qué respondió Simón Pedro? "Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente".
Es la misma declaración que está haciendo Pablo. ¿Sí lo ven? Pablo está diciendo: "Jesús es el Hijo de Dios". Esto es lo mismo que pasó con Pedro. Pero Jesús le hace una aclaración a Pedro: "Antes de que pienses, Pedro, que tú me estás diciendo eso porque tú eres el discípulo más inteligente de los doce, déjame decirte algo: eres bienaventurado". ¿Y saben qué es bienaventurado? Feliz. ¿Y saben por qué se dice bienaventurado? Porque estás recibiendo un regalo de parte de Dios. Si fuera por mérito propio, se cancela esta idea de bienaventurado un poco, porque es una deuda que alguien tiene contigo. Pero el hecho de que Jesús usa esta palabra, "bienaventurado", le da a entender: "Esto es algo que se te está concediendo". Y se lo hace muy claro, porque le dice: "Esto no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos". "¿Crees que eres muy espiritual, Pedro, y que por eso llegas a estas conclusiones, y que tienes una tendencia a ser más sensible a las cosas de Dios que los otros apóstoles? No: el Padre escogió revelar esta verdad acerca de mí mismo, que soy el Hijo de Dios, y por eso es que lo crees".
Ahora vean Gálatas 1, que es donde Pablo explica lo que está pasando justamente en lo que estamos estudiando de Hechos. Gálatas 1; vamos a ir desde el 13, porque quiero que vean todo el contexto aquí de lo que ya les dije, lo de los tres años y todo eso. Gálatas 1:13 dice: "Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres. Pero cuando agradó a…" ¿a quién? A Dios, "…que me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por Su gracia, revelar a Su Hijo en mí para que yo le predicase entre los gentiles…".
Aquí está esta frase; quiero que vean el paralelo. ¿Cuándo es que Pablo vio que Jesús era el Hijo de Dios? Cuando fue guiado no por carne y sangre, sino por el Padre. El Padre se lo reveló, así como a Pedro. Ahora Pablo dice: "No consulté en seguida con carne y sangre". "Algo sobrenatural estaba pasando ahí; algo diferente estaba guiándome, que era la mano de Dios. Y lo reconozco: no era yo, era Él. Por eso entendí que Jesús era el Hijo de Dios". Eso es lo que está diciendo Pablo. La misma experiencia que tuvo Pedro cuando confesó que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente, es la misma experiencia que tuvo Pablo en su propia conversión.
Ahora, Pablo reconoce la gran importancia de estas dos cosas. Pablo reconoce que este concepto de que Jesús es el Hijo de Dios es sobre lo cual se basa el Evangelio. Necesitas al Hijo si vas a ser reconciliado con Dios. Si alguien niega al Hijo, niega también al Padre.
Jesús es el Cristo
La segunda cosa que vemos que Pablo declara es que Jesús era el Cristo. Jesús era el Cristo. ¿Qué significa Cristo? Significa el Mesías, el ungido. Cristo es griego, Mesías es hebreo, pero es el Mesías, es el escogido de Dios. Y ahora Pablo conocía su Antiguo Testamento. Sí, conocía el Antiguo Testamento increíblemente bien. Había sido educado toda su vida para ser un maestro de la ley.
Sabía perfectamente lo que decía. Pero hasta ese punto, probablemente antes de su conversión, él pensaba lo que la mayoría de los judíos pensaban acerca de Jesús: "Cuando venga el Mesías, tiene que liberarnos de los romanos, de la opresión de los romanos". Entonces para Pablo, en su mente, probablemente tenía sentido perseguir a los cristianos, porque decía: "Ese no era el Mesías; ese no nos liberó; a ese lo mataron. Entonces es un impostor. Dice que es el Mesías, pero no es el Mesías". Eso probablemente era lo que estaba en la mente de Pablo cuando pensaba acerca de Jesús hasta ese punto. Pero ahora ha sido confrontado con una nueva realidad, y entonces empieza a hacer unas conexiones, y empieza a decir: "A ver, todo esto que he estado leyendo en el Antiguo Testamento, creo que sí se conecta con Él, de una manera increíble, en la cual Él cumple todo lo que se había dicho acerca del Mesías".
Profeta, sacerdote y rey
Y si vemos quiénes son los que fueron ungidos por Dios, quiénes son los que tenían un ministerio específico dado por Dios en el Antiguo Testamento, creo que Pablo habría podido empezar a ver algunos de estos paralelos en la vida de Jesús. ¿Cuáles son las profesiones, digamos, de los judíos dadas en el Antiguo Testamento? Hay tres: uno, profeta; dos, sacerdote; y tres, rey. Dios estaba escogiendo a estas personas para desarrollar ministerios muy específicos en Israel, que iban a ser símbolos de Aquel que iba a venir a cumplir todas esas áreas de una manera perfecta y eterna. Creo que Pablo podía empezar a ver algunas de estas cosas. Y en el libro de Hebreos tenemos algunas pistas sobre cómo se cumplen estas cosas.
Vean, por ejemplo, Hebreos 1, versículos 1 y 2: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas…". Es la profesión de profeta, el ministerio de profeta. "…en estos últimos días nos ha hablado por Su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo". Hay un profeta que resume el mensaje de todos los profetas, porque Él es la voz autoritativa de Dios. Se llama Jesús. ¿Quieres saber qué piensa Dios? Escucha lo que dijo Jesús. ¿Quieres saber lo que dice Dios? Escucha lo que dijo Jesús. Y Él resume todo el Antiguo Testamento; Él resume todo lo que decían los profetas. Pablo empieza a ver ese tipo de verdades.
Sacerdote: era Jesús sacerdote. Por eso murió, porque no nada más era el sacerdote que en el Antiguo Testamento intercedía por el pueblo delante de Dios por sus pecados, sino que también era el sacrificio: el sacrificio y el sacerdote en un solo evento, en una sola realidad. Hebreos 5:10: "Siendo constituido por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec". Hebreos 10:14: "Porque por una ofrenda Él ha hecho perfectos para siempre a los que son santificados". Y era Jesús rey. El salmo más citado en el Nuevo Testamento es el Salmo 110:1, y Pedro lo usó en el sermón de Pentecostés: "Porque David no ascendió a los cielos, pero él mismo dice: 'Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra'".
Ciegos a la realidad
Esa es la realidad de la cual Pablo se está empezando a dar cuenta: que Jesús cumple todas las cosas que estos líderes de la sinagoga supuestamente están enseñando. Están perdiendo de vista completamente el panorama, porque ellos creen que están siguiendo la ley. Es que ellos creen que entienden la ley, y Pablo se da cuenta: "No entienden nada. Ustedes están ciegos a esta realidad. Jesús cumplió perfectamente todas estas cosas que estamos predicando todo el tiempo en las sinagogas. Abrimos los pergaminos, leemos cosas, y no nos damos cuenta de que Aquel del cual están hablando todos sus pergaminos ya vino; ya vino, ya murió, ya resucitó. Y nosotros aquí seguimos leyendo los pergaminos, ignorándolo".
Pablo está frustrado con esta realidad. Está empezando a ver todas estas conexiones, y quiere ayudar a sus compatriotas judíos, a esta categoría de gente que conoce tan bien, que son los maestros del judaísmo; a ellos quiere enseñarles la verdad que acaba de entender. Y esas son las verdades que tú y yo tenemos que entender para ser salvos. Esas son las verdades más importantes que existen en todo el universo: Jesús es el Hijo de Dios, y Jesús era el Cristo.
Conclusión: la gloria de Dios en la faz de Cristo
Si quieres entender el propósito de tu existencia, si quieres entender cómo puedes ser reconciliado con Dios, si quieres tener un futuro en una comunión perfecta con tu Creador, vas a tener que mirar a Cristo, vas a tener que mirar a Jesús y a Su persona. Y todo el Evangelio y todo el ministerio de los apóstoles se centra en eso. Todo va a ir dirigido en esa dirección a lo largo del libro de Hechos. Creo que esas son las dos verdades más importantes que leemos en este pasaje.
Y ahora vamos a regresar un ratito —en quince días vamos a regresar un ratito— a ver algunas cosas de Pedro, algunas cosas que Dios llamó a Pedro a hacer. Pero el libro de Hechos, de hecho, va a regresar a la vida de Pablo, y se va a enfocar, en la mayoría de lo que falta, en la vida de Pablo y en lo que Dios quiso hacer a través de él. Pero este es el comienzo. Aquí empezó. Estas son las primeras cosas que se manifestaron en su vida como el resultado de una conversión genuina, de una fe real, de una realidad nueva que había visto él.
¿Se acuerdan de cómo lo describe Pablo? ¿Se acuerdan de que dijimos que su ceguera física representaba una realidad, una ceguera espiritual que él tenía? Pablo lo describe en 2 Corintios 4: "El Dios que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz es el mismo que ha resplandecido en nuestros corazones, para que veamos la gloria de Dios en la faz de Cristo". Esa es la verdad que Pablo entendía. Ahora vio la verdad de quién era este hombre, Jesús. Y ahora su esperanza y su propósito estaban completamente puestos en Él.
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