Simón el Mago y la obra del Espíritu Santo
¿Quién fue Simón el Mago y por qué Pedro le dijo que su corazón no era recto delante de Dios? Hechos 8:9-25 contrasta una fe aparente con la obra real del Espíritu Santo. El mensaje explica por qué los samaritanos reciben el Espíritu hasta la llegada de Pedro y Juan, y advierte del peligro de amar los dones de Dios más que a Dios mismo.
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Transcripción
Introducción: Felipe en Samaria
El domingo pasado, en realidad, terminamos con la introducción al tema de hoy. Está todo conectado, y por supuesto estas son historias continuas. Y si recuerdan, terminamos hablando el domingo pasado acerca de la obra que estaba haciendo Felipe en Samaria, que empieza en el versículo 4 del capítulo 8. Y cuando veíamos acerca de Felipe en Samaria, 8:4 dice: "los que fueron esparcidos…". Recuerdan: Esteban murió como mártir, y en ese momento se desata una persecución, en un nuevo nivel, hacia toda la iglesia. Y cuando se hace esta dispersión de la iglesia, de Felipe dice que va anunciando el Evangelio en Samaria, específicamente.
Y dice el versículo 6: "Y la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señales que hacía". Y nos brincamos esta parte el domingo pasado, y fue intencional; no hablamos acerca de esta parte porque iba a estar relacionada con lo de hoy. Lo que dice en el versículo 6: "oyendo y viendo las señales que hacía. Porque de muchos —versículo 7— que tenían espíritus inmundos, salían estos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados". Entonces vemos a Felipe en Samaria haciendo estas señales y prodigios, haciendo milagros, sanando gente. Y por supuesto, lo que vimos el domingo pasado es lo más importante que estaba haciendo Felipe, que es lo que dice el versículo 5: les predicaba a Cristo. Eso era lo que en realidad había ido a hacer Felipe. Pero también estaba haciendo señales y prodigios, milagros, sanaciones, y a la gente le llamaba la atención esto, y se estaba acercando; se estaban asombrando de lo que estaban viendo.
Lectura de Hechos 8:9-25
Lo cual nos lleva a la historia de hoy, versículo 9: "Pero había un hombre llamado Simón, que antes ejercía la magia en aquella ciudad, y había engañado a la gente de Samaria, haciéndose pasar por algún grande. A este oían atentamente todos, desde el más pequeño hasta el más grande, diciendo: 'Este es el gran poder de Dios'. Y le estaban atentos, porque con sus artes mágicas les había engañado por mucho tiempo. Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres. También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe; y viendo las señales y grandes milagros que se hacían, estaba atónito".
Versículo 14: "Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo; porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús. Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo. Cuando vio Simón que por la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero, diciendo: 'Dadme también a mí este poder, para que cualquiera a quien yo impusiera las manos reciba el Espíritu Santo'. Entonces Pedro le dijo: 'Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás'. Respondiendo entonces Simón, dijo: 'Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí'. Y ellos, habiendo testificado y hablado la palabra de Dios, se volvieron a Jerusalén, y en muchas poblaciones de los samaritanos anunciaron el evangelio".
Señor, bendice Tu Palabra en esta mañana, y bendice este tiempo, para que podamos entender qué es lo que quieres decirnos a través de estas historias. Porque Tú inspiraste a Lucas a escribir estas historias y a tener este registro, para que podamos, Señor, verte a Ti, y ver el gran mensaje de Tu salvación y Tu Evangelio, y el poder que tiene para transformar a las personas, en cada una de estas palabras que estamos leyendo. En el nombre de Cristo Jesús.
Esta es la historia que vamos a ver hoy. Pues la he dividido en tres partes, básicamente. Vamos a ver a Simón el Mago y el Espíritu Santo; vamos a ver a los samaritanos y el Espíritu Santo; y después vamos a hacer unas conclusiones sobre el Espíritu Santo. Todo este pasaje se centra en el poder del Espíritu Santo y la obra del Espíritu Santo. Entonces vamos a terminar hablando de algunas de las aplicaciones que encontramos en este pasaje, y realidades acerca del Espíritu Santo que debemos de aprender, creo, de estas historias.
El trasfondo: samaritanos y judíos
Entonces vamos en orden. Número uno, tenemos… Y puse esta diapositiva aquí porque este es el trasfondo de esta historia, pero ya lo leímos: Felipe era el mensajero de Dios, predicador de Cristo en Samaria. Quiero que se acuerden de lo que dije acerca del conflicto que existía entre los samaritanos y los judíos. Hablábamos de eso, y de cómo no nos damos cuenta de lo sorpresivo que es que Felipe haya ido a Samaria en realidad, si no tenemos ese contexto en mente. En realidad, el problema es que los samaritanos no se llevaban bien con los judíos. Y aquí se empieza a hacer una conexión con los samaritanos: después de que los judíos en Jerusalén están rechazando el Evangelio y el mensaje de los apóstoles, se empieza a esparcir en Samaria, que son enemigos de los judíos, básicamente. Entonces eso lo vimos el domingo pasado. Ténganlo en mente; ahorita vamos a regresar a ese punto. Ténganlo en mente.
Simón y el Espíritu Santo: haciéndose pasar por algún grande
Entonces, primer punto: Simón y el Espíritu Santo. Este hombre, Simón, está siendo descrito en el versículo 9 como un hombre que ejercía la magia en aquella ciudad, y engañaba a la gente de Samaria. Cuando hablamos de magia, no estamos hablando de trucos de magia necesariamente, como cuando nuestro hermano Noel Márquez, que venía… sacaba… que hacía trucos, y de pronto se saca una moneda de detrás de la oreja de uno de los niños. Magia. Ese no es el tipo de magia al que probablemente se refiere Lucas. Normalmente la asociación de lo que está tratando de decir aquí es con cosas de ocultismo; estaba metido en cosas de ocultismo. Y probablemente también era una combinación de trucos, porque dice que engañaba a la gente. Entonces a lo mejor había encontrado maneras de engañar a la gente y asombrar a la gente, en una combinación de fantasía, combinado con ocultismo y cosas de carácter espiritual. Satanás tiene poder también; los demonios tienen poder para hacer cosas, y creo que esto deja eso en claro.
¿Qué es lo que pasa con él? Dice: "haciéndose pasar por algún grande". Es la palabra… De hecho, de ahí viene la idea de "Simón el Mago", con el concepto de que ejercía la magia; la palabra en latín es magus, ¿no?: Simón el Mago. Y a lo largo de la historia de la iglesia se desarrollan muchas leyendas sobre Simón el Mago, y sobre cómo murió, ¿no? Pero no sabemos mucho más acerca de él, además de lo que está aquí en el libro de Hechos. Pero lo que quiero que vean es que desde un principio el enfoque de Simón el Mago es ¿qué? "Cómo me ve la gente a mí, qué piensan acerca de mí, cuál es su percepción. Quiero que piensen que soy grande. Quiero que piensen que soy especial".
Y estoy diciendo esto porque aquí queda claro que es alguien que está tratando de llamar la atención hacia sí mismo. Pero cuando estaba meditando en este pasaje, empecé a pensar: ¿no es acaso la tentación que todos tenemos, tener esta actitud de Simón, de grande, de Simón el Mago? De decir: "Quiero que piensen bien de mí. Quiero que tengan respeto por mí. Quiero que digan: '¡Qué buen predicador es! ¡Qué bien habla!'. Quiero que digan: '¡Qué bonito toca!'", cuando tocan sus instrumentos. "Quiero que piensen bien de mí. Quiero dar una impresión que me haga sentir bien acerca de mí mismo cuando la gente lo vea y lo reconozca".
Siempre, siempre tenemos esta tentación en nuestro corazón. Y la cosa es que siempre hay alguien que es mejor que nosotros en lo que sea, ¿no es verdad eso? Siempre nos esforzamos mucho por hacer las cosas bien, y de pronto nos damos cuenta de que hay alguien que lo hace mejor que nosotros. ¿No pasa eso en los trabajos, por ejemplo? Siempre hay alguien que tiene un poco más de reconocimiento; siempre hay alguien que gana un poco más que nosotros; siempre hay alguien que tiene un poquito mejor reputación que nosotros, que le cae bien a la gente, un poco más, de que sus chistes son más chistosos que los nuestros. Entonces buscamos afirmación en otras áreas. Decimos: "Bueno, él es mejor en eso que yo. ¿Yo qué tengo?", ¿no? "Sí, a lo mejor ella es más inteligente, pero yo estoy más flaca". O sea, ¿no les pasan esos pensamientos por su cabeza? Comparados con otros, tratamos de hacer sentir bien a ustedes mismos con respecto a alguna área donde ustedes se sienten con más confianza, y dicen: "Bueno, yo tengo esto".
Y esa es la tentación que tiene Simón el Mago. Él quiere sentir que tiene algo especial; quiere que la gente reconozca algo especial en él. El problema es que en el reino de Dios las cosas no funcionan así. En el reino de Dios es cuando te das cuenta de que no eres nadie que puedes llegar a algún lugar; y cuando piensas que eres alguien, no vas a llegar a ningún lugar. En el reino de Dios las cosas funcionan al revés, cuando estamos hablando de todos los principios que Jesús enseñó durante Su ministerio: "El que quiera ser el primero, que sea el último; y el que quiera ser el mayor de entre ustedes, que se haga el siervo de los demás". Estos son los principios que encontramos a lo largo de la Biblia.
Una cultura de celebridades
Pero la realidad es que nuestro corazón, la tendencia de la naturaleza en nuestro corazón, es que queremos ser grandes, queremos ser reconocidos. Y vivimos en una sociedad y en una cultura de reconocimiento. Los medios de comunicación… ¿Cuánto de lo que vemos en las noticias y en las revistas tiene que ver con el concepto de celebridades? ¿No nos encanta el concepto de una celebridad? Y estaba leyendo esta definición. ¿Sabían qué es una celebridad? Ser famoso por ser famoso. Eso es lo que es ser una celebridad. Y se dan cuenta, porque normalmente las cosas que escuchan acerca de ellos no son las cosas que los hicieron famosos en primer lugar: "Vimos a Brad Pitt en el aeropuerto caminando con su hijo". Y no, es fácil saber eso, pero ¿es eso lo que lo hizo famoso? Simplemente es que él es famoso por ser famoso, y cualquier detalle, cualquier cosa de su vida, llama la atención en los medios de comunicación y en nuestra sociedad. Y nos fascina eso.
Y vivimos en una sociedad que celebra el llamar la atención de los demás, celebra el ser reconocidos por los demás. ¿Ven dónde está la gran tentación de Simón el Mago? Él quiere ser una celebridad, y era una celebridad. Yo no sé; si hubiera tenido Facebook en ese tiempo, habría tenido una página con muchos seguidores, miles y millones de seguidores probablemente, con fotos de él, y selfies de él haciendo sus trucos y mostrándose en diferentes contextos, y buscando tener más popularidad, más reconocimiento. Bueno, esto es para plantear, les estoy dando el contexto aquí de lo que está sucediendo.
Simón, atónito
¿Qué pasa con Simón el Mago? Él era el rey de Samaria en términos de popularidad. Pero llega Felipe. Ahora, Felipe llegó ¿haciendo qué? Predicando a Cristo. Y no nada más llegó predicando a Cristo —ya lo leímos la semana pasada—, llegó ¿haciendo qué? Sanando gente y haciendo señales y prodigios. Ahora, el lenguaje aquí de Lucas es: la gente estaba atónita por lo que hacía Simón el Mago. Pero llega Felipe, y ¿quién es el que se queda atónito? Simón. "Y este es un nuevo nivel de magia; este es un nuevo nivel de trucos. Pero no creo que sean trucos. Aquí hay algo poderoso". Y Simón está sumamente impresionado con las cosas que hace Felipe, y dice: "Yo me voy a juntar con este; yo me voy a asociar con este, porque con este sí hay una manera de volverse popular. O sea, alguien llegó con algo mejor que lo que yo tenía. Yo voy a perder popularidad si no me junto con él".
Y entonces empieza a relacionarse con Felipe. Y de hecho, Felipe está predicando a Cristo. "¿Qué hago?", dice Simón. "Y si yo me apunto, ¿qué tengo que hacer?". "No, pues cree en Jesús". "Así, sí, creo en Jesús. ¿Qué tengo que hacer?". "Si crees en Jesús, bautízate". "Yo me bautizo". O sea, lo que sea que tenga que hacer para formar parte de esto que está pasando. Entonces se relaciona con Felipe, se relaciona con los cristianos, empieza a ir a la iglesia con los samaritanos, empieza a identificarse como un seguidor de Jesús, un cristiano. Esa es la identificación externa de Simón el Mago. Pues eso es lo que leemos en el versículo 13: "También creyó Simón mismo, y habiéndose bautizado, estaba siempre con Felipe", y se quedaba asombrado.
Entonces, ven aquí lo que está pasando. Me recordó un poco la historia de Moisés, cuando va con faraón y hace un truco, podríamos decir, o sea, algo sobrenatural, que es que su vara se convierte en una serpiente. ¿Se acuerdan de eso? Y los malos sacerdotes, los magos de faraón, dicen: "Ah, esa es nuestra; nosotros también lo podemos hacer". Y lo hacen. Pero ¿qué pasa? La serpiente de Moisés se come a las de ellos: "Estoy haciendo mi truco, y todavía sigue siendo mejor que el de ustedes". Es una competencia, a ver quién puede hacerlo más impresionante. Aquí parece que Simón se ve amenazado por lo espectacular de lo que viene haciendo Felipe, y siente que no puede competir con él: "Entonces mejor me uno a él".
Vamos a estar viendo en un momento —ya lo leímos— que aparentemente es alguien que tenía mucho dinero. Había hecho un buen negocio, y es alguien que tenía mucha confianza en lo que el dinero podría hacer por él. Tenía una buena cuenta de ahorros; había estado ahorrando ya por mucho tiempo; tenía mucho dinero disponible. Y dice: "Yo he visto cómo el dinero abre puertas. Yo he visto lo que el dinero puede hacer. Seguramente el dinero nos puede ayudar también en esta situación". Y vamos a ver en un momento dónde termina, cuando muestra su confianza en el dinero, cuando muestra que en realidad las motivaciones de su corazón no eran las correctas.
Desear los regalos en lugar del Dador
Quiero mostrarles dos cosas acerca de Simón el Mago. La primera es: cuando deseamos los regalos en lugar de desear al Dador de los regalos. Esto es exactamente, creo, lo que está sucediendo aquí. Simón el Mago es un amante de los regalos de Dios, no un amante de Dios; un amante de los regalos de Dios. Lean la parábola del sembrador, en Lucas 8, versículo 13, donde dice: "Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo". O sea, como Simón: recibió la palabra con gozo. "Sí, me gusta esta nueva moda; me gusta este nuevo movimiento que está llegando; yo quiero ser parte". "Pero estos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan. La que cayó entre espinos, estos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto".
La Biblia nos está mostrando que hay una categoría de gente que recibe la palabra, la acepta inicialmente, dice: "Sí, yo quiero ser parte". Pero hay diferentes razones, diferentes motivaciones del corazón, que con el paso del tiempo se harán evidentes. Y la evidencia será si permanecen; si permanecen y muestran que en realidad no es lo que Dios puede darles, el regalo, los regalos que Dios da, sino Dios mismo, su tesoro. Estas señales y prodigios estaban diseñadas ¿para qué? Para apuntar hacia Dios.
Obsesionado con el dedo
Y estaba leyendo este ejemplo que daba... Y me gustó mucho, porque él decía que su experiencia con su hijo, cuando tenía un año, era que cuando llegaba la primavera, estaba cargando a su hijo y ve uno de los primeros pajaritos que aparecen en el árbol, los rojos, como cardenales, o no sé cómo se llaman, cardinales. Y entonces está tan impresionado con el pajarito, está cargando a su hijo, y le trata de mostrar el pájaro. ¿Y qué hace su hijo? Se queda viendo el dedo. Está fascinado con el dedo, y ahí está enfocado. "No, mira, te quiero enseñar otra cosa; no mi dedo". Y aprendemos eso con el tiempo, ¿no? Que cuando haces esto con el dedo no estás tratando de hacer que vean tu dedo; normalmente estás apuntando a la gente hacia otra cosa. "No, no es mi objetivo que me vean a mí; no es mi objetivo que vean el dedo". Eso es exactamente lo que está pasando con Simón el Mago. Está obsesionado ¿con qué? Con el dedo. No ve más allá.
Es muy importante que lo entiendan, hermanos, porque hay tantas cosas en la iglesia —vamos a hablar acerca de esto en las conclusiones—, hay tantas cosas en la iglesia que pueden ser un distractor de las cosas que son más importantes. Tenemos que siempre ver más allá de las bendiciones de Dios, hacia lo que esas bendiciones están diseñadas para hacer en nuestras vidas. Es muy importante. El Evangelio no es principalmente el perdón de pecados. El Evangelio no es principalmente el no ir al infierno: "No, no quiero ir al infierno". El Evangelio no es: "Me quiero ir al cielo, y entonces pues que Dios perdone mis pecados para que me pueda ir al cielo". Eso no es el Evangelio. ¿Saben qué es el Evangelio? Dios mismo, una relación con Él.
Todas esas otras cosas son ciertas; o sea, Dios sí nos perdona nuestros pecados, pero ese no es el fin; es el medio. ¿Para qué? El fin no es llegar al cielo; el fin no es evitar el infierno. El fin es disfrutar de una relación con nuestro Creador para siempre. El fin es Dios. Y hay un libro de Piper: Dios es el evangelio. Porque ese es el punto: Dios se está ofreciendo a sí mismo a nosotros cuando el Evangelio está siendo proclamado: "Soy yo. Mírame a mí. No estas otras cosas que están pasando en el proceso, sino aquello hacia lo que esas cosas están apuntando", que es hacia la majestad, y la gloria, y la hermosura, y el tesoro que es tu Creador. Eso es.
Entonces tengamos cuidado con muchas cosas buenas en nuestra vida que se pueden convertir en el fin y en el objeto de nuestros afectos. ¿No es verdad que muchas iglesias giran en torno a eso? "Ven a Jesús". ¿Para qué? "Ven a Jesús para que encuentres trabajo. Ven a Jesús para que se arregle tu matrimonio. Ven a Jesús para que te vaya mejor en tus finanzas. Ven a Jesús para que seas sanado de tu enfermedad". ¿Ese es el mensaje? No, ese no es el mensaje. "Ven a Jesús para obtener a Jesús": eso es lo que decimos. Y si en el proceso la manera en la cual vas a conocer a Jesús es a través de que seas sanado, así será. Pero ese no era el fin. El fin era que vieras que Cristo es hermoso. El fin es que vieras que Cristo debería de ser el tesoro de tu vida. Y hay muchas cosas, muchas bendiciones, que surgen como resultado de la vida cristiana, de obedecer la ley de Dios, pero estas son cosas secundarias.
¿Era Simón realmente creyente?
Hay un poquito de debate, inclusive; les voy a decir rápidamente aquí. ¿Era Simón realmente creyente? Hay un poquito de debate, y creo que el actual consenso en general es que no era creyente, por la conversación que tiene con Pedro. Me imagino a Simón… ¿Alguna vez han conocido a alguien que anda cargando un fajo de billetes? A ver, con este… Bien, así me imagino a Simón. No me lo imagino con su fajo de billetes, en este tiempo, monedas de oro, no sé; pero me lo imagino sacando algo que debió haber sido impresionante. O sea, debió haber tratado de impresionar a los apóstoles. Llegan Pedro y Juan: "Esta es mi oportunidad de impresionarlos. O sea, que vean que yo puedo también aportar algo, que no me vean nada más como uno más del montón. Yo tengo dinero; tengo algo que puedo aportar". Saca el fajo de billetes, y Pedro se enoja bastante con él.
¿Qué le dice Pedro? Pedro le dice: "Tu dinero perezca contigo". Es una maldición, de hecho. Una mejor traducción, una manera mejor de entender el lenguaje que está usando Pedro, sería: "Al… tú y tu dinero". O sea, no deberían de maldecir, pero si están tratando de maldecir, está bien, porque es lo que está haciendo Pedro. Está diciendo: "Yo maldigo tu actitud hacia el Evangelio". Pero me estaba preguntando —y hay que tratar de ser muy honestos, hermanos—: ¿qué habría hecho yo si fuera Pedro? Si llega alguien que nos ofrece mucho dinero: "Permítanme, yo quiero formar parte de lo que ustedes están haciendo; a ver, tengo mucho dinero". Nos veríamos tentados a decir: "Bueno, mira, ¿por qué no hacemos un discipulado uno a uno, nada más tú y yo? Te voy a dedicar tiempo cada semana". "Nos vendría bien alguien con dinero aquí en la iglesia. Vamos a ayudarle a ir entendiendo poco a poco. Pobrecito, todavía no sabe todo y no entiende las bases del Evangelio. Entonces ten paciencia con él". No sé, no sé cuál habría sido mi reacción, pero trato de imaginármelo. Y esa no es la reacción de Pedro, como ven.
El don de Dios no se obtiene con dinero
Pedro es muy claro en lo que quiere decirle a Simón, y le dice: "Has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero". Tengamos cuidado. Lamentablemente, sí vivimos en una sociedad que se mueve con dinero. Y entonces sí tenemos la tentación de pensar que si tan solo nuestra iglesia tuviera más dinero, podríamos hacer más cosas: "Si podemos arreglar aquí más bonito, a lo mejor pues traería más gente. Si pudiéramos tener aire acondicionado y pudiéramos estar más cómodos allá arriba, porque siempre hace mucho calor, entonces tendríamos más gente". Y pensamos en todo lo que el dinero podría hacer por nuestra iglesia. Es una gran tentación que tenemos todo el tiempo: pensar que mucho de la marcha del reino de Dios tiene que ver con cuánto tenemos, con el dinero que poseemos. Y Pedro es claro en este punto. Dice: "Has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto".
Ahora, aquí está una clave de la razón por la cual —estaba leyendo— algunos piensan que Simón a lo mejor sí era cristiano. Porque este lenguaje es muy parecido al lenguaje de Juan 13:8, que es una conversación que Jesús tuvo con Pedro, en donde Jesús les estaba lavando los pies a Sus discípulos, ¿se acuerdan? Y cuando le iba a lavar los pies a Pedro, ¿qué dijo Pedro? "No, no, no, no, no. Nunca me vas a lavar los pies". ¿Tenía la actitud correcta Pedro? No, porque Jesús lo reprende. Jesús le dice: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo". Entonces algunos comentaristas dicen: es la misma frase, las mismas palabras: "No tienes parte". Son palabras que Pedro escuchó a Jesús decirle a él, y no quiere decir que Pedro no era cristiano. Simplemente quiere decir que su corazón no estaba donde debía de estar; no tenía el entendimiento correcto acerca de su relación con Jesús. Entonces no era necesariamente que Simón el Mago no fuera creyente, simplemente que no entendía todavía cómo funcionaba su relación con Dios de una manera más clara.
No sé; ahí se los pongo. Pero yo creo que Simón no era creyente. Y la leyenda post… apocalíptica… post apostólica, o sea, de otros padres de la iglesia después del Nuevo Testamento, siguen hablando acerca de Simón el Mago y todas las historias terminan mal. En una de ellas, uno de sus trucos es: "A ver, entiérrenme, y así como Jesús salió de la tumba, yo también voy a salir de mi tumba". Pero lo entierran, y ya se queda enterrado y no sale. Esa es una de las leyendas; no sé si sea cierto. Pero ninguna de las historias termina bien. Y aparentemente Lucas no nos da ninguna pista de que ese sea el caso. Vamos a ver otro detalle en un momento. Pero solo quiero que vean esto en cuanto a Simón: Pedro le dice cuál es su problema: "No tienes un corazón recto. Ese es tu problema".
Una fe que no salva
Creo que la fe de Simón no era una fe genuina; no era una fe que salva. Él creía en Jesús, creía en Jesús en el sentido de: "Ah, sí, Jesús vino, murió y resucitó. Yo no tengo problema con creer eso. Yo creo en lo sobrenatural; lo he visto mucho, y veo que ahorita está sucediendo". Sucede: "Se apunta por ese lado; se apunta completamente". "¿Crees que debes ser bautizado?". "Sí, creo que debo ser bautizado". ¿Pero era salvo? No creo, no creo que fuera salvo.
Y además, hermanos, aquí está esa advertencia para nosotros hoy aquí. ¿Son ustedes salvos? ¿Cómo lo saben? ¿Porque alguna vez repitieron una oración? "A ver, repite conmigo esta oración: 'Señor, te pido perdón por mis pecados; entra a mi corazón, Jesús'". ¿Así ya? ¿Repetir esa oración te hace salvo? ¿Es tu base para creer que eres algo? No significa nada. Tú puedes estar de acuerdo externamente con todo lo que nosotros te digamos que tienes que hacer, y puedes estar directamente en camino al infierno. Eso no es algo que nosotros hacemos; no lo controlamos. Yo no puedo hacer que tú seas un genuino cristiano; no hay nada que yo pueda hacer. Lo único que yo puedo hacer es compartirte el mensaje del Evangelio, y orar por ti, y confiar en que la obra que Dios va a hacer en tu vida, solo la puede hacer Él. Y es una transformación del corazón, y solamente se va a ver a través del tiempo.
Y eso es lo que leemos en Lucas 8:15, que es la otra parte de la parábola del sembrador, ¿se acuerdan? Lucas 8:15 termina con los que cayeron en buena tierra, la semilla que cayó en buena tierra: "Estos son los que con un corazón bueno y recto…" —aquí están las mismas palabras: corazón recto— "…retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia". ¿Quieres saber si eres cristiano? ¿Perseveras? Esa será la marca de que eres verdadero cristiano. La Biblia dice que esa es la marca de un verdadero cristiano: que persevera. Si no persevera, no era cristiano.
Entonces tenemos que tener mucho cuidado con dar una impresión falsa a la gente de que son genuinos cristianos. No sé qué tan fácil y ligero tomamos la conversión de una persona antes de asegurarles que son genuinos hijos de Dios. Dejemos pasar tiempo; dejemos ver el fruto de sus vidas. Si no, a lo mejor vamos a crear una sensación falsa en ellos, una ilusoria: "Yo sí, sí, debo ser cristiano. He hecho todo lo que me han dicho: me bauticé, recibí a Jesús, hice todas estas cosas". Pero al final muchas cosas ahogan esa semilla. En 1 Corintios 15, en los versículos 1 y 2, Pablo habla acerca de una fe vana. No es que puedas tener fe o no tengas fe; significa tener fe que no sirve para nada. Hay fe falsa. No estamos hablando de tener fe; estamos hablando de tener fe que no sirve. De eso estamos hablando. Y Simón tenía, creo, ese tipo de fe: fe inútil, fe que solo era externa.
¿Engañó a Felipe? Creo que sí. Aparentemente Felipe dijo: "Es uno de los nuestros. Yo estoy predicando el Evangelio, y aquí está, hasta con nosotros, escuchando". A lo mejor hasta él mismo ya estaba empezando a compartir cosas. Se bautiza, se identifica con los cristianos. Felipe dice: "Parece que este es uno de los nuestros". No hay indicios de que Felipe sospechara de él en el pasaje. Es hasta que no sale este tema del dinero que es confrontado realmente con su fe por Pedro.
Entonces, puedes estar de acuerdo intelectualmente con el Evangelio sin negarte a ti mismo. Esa es la clave aquí. Lo que seguía siendo más importante para Simón era Simón. Y la Biblia nos está llamando a negarnos a nosotros mismos, a darnos cuenta de qué tan necesitados estamos del perdón de Dios, y qué tanto necesitamos la justicia de Cristo aplicada a nuestras vidas, y que no hay nada que nosotros podamos hacer para merecer esta salvación. Todo es por gracia. No es un favor que Dios nos debe, sino un regalo inmerecido. Eso es lo que tienen que procesar tu cabeza y tu corazón para empezar a tener el tipo de fe que salva.
Hiel de amargura y prisión de maldad
Y Pedro lo confronta diciéndole "arrepiéntete". Le dice: "Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizás te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás". Y hay dos cosas aquí que veo. Una es que dice Pedro "amargura": tiene amargura en su corazón. ¿Por qué creen que tendría amargura? ¿El celo lleva a la amargura? Sí, eso creo que es exactamente la amargura a la que se está refiriendo. Si tu corazón está lleno de celos, tú estás viendo lo que están haciendo otros, y dices: "Yo también quiero eso", no para que Dios sea glorificado, sino para que yo sea glorificado. No Dios: yo. Entonces tu problema es un problema de amargura: anhelando, y deseando, y codiciando lo que otros tienen.
Y eso te está llevando a una prisión de maldad, dice Pedro. Y creo que la prisión de maldad a la que se refiere es el orgullo. El orgullo es la tentación más grande que todos enfrentamos. Lo más difícil, lo más sutil y lo más peligroso para cualquier persona es este pecado. Hay orgullo en nuestro corazón, y el Evangelio está diseñado para destruirlo. El Evangelio está diseñado para decir: "No hay lugar para el orgullo, porque no es nada en ti. Es más, no se trata de ti; se trata de Dios". Y cuando tú encuentras que en realidad se trata de Dios en todas las cosas, encuentras el verdadero gozo para tu propia vida. Pues tienes que mirar a Dios primero. Tienes que mirar fuera de ti, ver hacia afuera, y entender que Dios es Aquel que satisface todos tus anhelos. No es nada en tu propia persona, sino todo lo que Jesús puede ser por ti. Jesús no vino para darte más cosas; Jesús vino para darte de sí mismo.
Los samaritanos y el Espíritu Santo
Ahora voy a hacer una explicación, y entonces ya haré la aplicación final de este pasaje. Quiero explicar algo que viene aquí en este pasaje que es muy difícil, y es el concepto del Espíritu Santo. En el versículo 15 dice que habían orado para que recibieran el Espíritu Santo. Pedro y Juan van a Samaria, y hace la explicación Lucas de por qué tienen que orar para que reciban el Espíritu Santo. Dice el versículo 16: "Porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús". ¿Qué está pasando aquí? ¿Les suena raro lo que está escribiendo aquí Lucas? A ver: los cristianos en Samaria ya habían sido bautizados, ya habían creído, pero no habían recibido el Espíritu Santo, y tienen que esperar a que Pedro y Juan vayan a Samaria, les impongan las manos, y entonces reciben el Espíritu Santo.
Y no nada más eso, sino que aparentemente entonces algo pasa. Y si leemos Hechos 2, si leemos Hechos 10, probablemente tenía que ver con algún tipo de manifestación. A lo mejor hablaban en lenguas, a lo mejor profetizaban, a lo mejor hablaban con denuedo la Palabra de Dios. Pero algo era muy evidente de que habían recibido el Espíritu Santo, de tal manera que llama la atención de Simón: "¿Y qué está pasando ahí?". Y se da cuenta de que algo especial y algo sobrenatural pasa. Entonces, ¿cómo entendemos esto? Les voy a dar lo más rápido que pueda, pero lo más claro que pueda, un panorama de lo que podría estar sucediendo. No tenemos una respuesta final. Pero sobre el don del Espíritu Santo en los samaritanos, en este pasaje, hay tres maneras de verlo.
Primera interpretación: dos etapas
Una es —y es la interpretación pentecostal del Espíritu Santo, en gran parte— la que dice: "A ver, tú, cuando recibes al Espíritu Santo, cuando recibes al Señor, ese es el proceso de regeneración; es decir, eres salvo. Pero hay una segunda experiencia, que es una experiencia posterior, que se llama el bautismo del Espíritu Santo". Y entonces, en la teología pentecostal, dirían la mayoría, creo, que cuando viene esta segunda fase de la obra del Espíritu Santo, hablas en lenguas. Y entonces ustedes, si fueran una iglesia pentecostal, probablemente buscarían que en algún momento hablaran en lenguas, y lo llamarían el bautismo del Espíritu Santo. A lo mejor sí ya crees en Jesús, sí ya eres algo, pero probablemente todavía no has sido bautizado por el Espíritu Santo, especialmente si no has hablado en lenguas todavía; esa es la señal externa. Y se basan en gran parte en este pasaje que estamos leyendo ahorita.
Hay otros que no son de teología pentecostal, como fue Moody, y otros teólogos y maestros de la Biblia, que también dirían que la experiencia del Espíritu Santo se divide en dos fases. Entonces está la fase de la regeneración, donde crees, eres justificado por Dios; y está otra vez la fase del bautismo. No dirían que es por lenguas, pero dirían que es una experiencia posterior, en la cual experimentas de una manera especial la plenitud de lo que significa tener al Espíritu Santo. Y entonces puede ser en la predicación del Evangelio, puede ser en otras cosas, pero no es necesariamente algo que experimentas al principio de tu vida como cristiano, sino algo posterior. Entonces se divide en dos fases el derramamiento del Espíritu Santo, o el don del Espíritu Santo, en la vida de un cristiano.
Segunda interpretación: todavía no eran salvos
La otra interpretación que se da de este pasaje es que el Espíritu Santo se da en una sola etapa, al creer. O sea, solo hay un momento en el cual el Espíritu Santo desciende sobre una persona, y ese momento es cuando creen, cuando creen para salvación. La base para esa interpretación es… Y dirían acerca de este pasaje: en realidad estos de Samaria todavía no eran salvos, hasta que llegaron Pedro y Juan, impusieron sus manos sobre ellos, y recibieron el Espíritu. Entonces, sí, ya se habían bautizado; sí, ya habían creído, pero habían creído como Simón. O sea, habían creído de una manera en que todavía no entendían bien. Usa el mismo lenguaje, ¿no?: "habían creído". Dice también el versículo 13: Simón había creído. Entonces, si pensamos que Simón todavía no era cristiano, a lo mejor estos tampoco eran cristianos. Pero cuando llegan Pedro y Juan, efectivamente reciben el Espíritu Santo para salvación. Y de esa manera el Espíritu Santo se da en una sola exhibición: ahí está el Espíritu Santo; no lo tenías antes. Es lo que dice aquí Lucas. Esa es otra.
Tercera interpretación: un testimonio para los judíos
Y la tercera, que es la interpretación histórica del pasaje, tiene que ver con lo que les decía hace un rato en relación a la relación entre judíos y samaritanos, y un concepto que les dije hace unos meses, cuando estábamos empezando Hechos. ¿Se acuerdan del concepto de algo que es prescriptivo en Hechos y algo que es descriptivo en Hechos? ¿Se acuerdan de eso? A lo que nos referimos es: si es descriptivo, solamente nos dice "esto sucedió"; y si es prescriptivo, se refiere a "así debería de ser siempre". Hay de las dos cosas en la Biblia; ayer lo veíamos en la clase de interpretación bíblica en el seminario. La pregunta aquí es: ¿es este un evento descriptivo o prescriptivo? Esa es una buena pregunta.
Y la interpretación histórica del pasaje, en la que más encontré consenso, es esta: lo que está sucediendo aquí no es normal. El Espíritu Santo hace algo aquí que es diferente, que es… Sí ya eran salvos, y normalmente el Espíritu Santo no se daría en dos etapas. Sin embargo, por la circunstancia que estaba viviendo la iglesia, que apenas se estaba extendiendo fuera de Jerusalén —¿se acuerdan?, apenas está creciendo fuera de Jerusalén—, los judíos tienen esta idea: "En realidad, hasta este punto, solo somos judíos. Todos los cristianos que vemos que estamos creyendo en Jesús somos judíos". Pero Dios está empezando a hacer algo muy diferente aquí, que es: no, más allá de Jerusalén, más allá de los judíos. Por lo cual quiere que les quede bien claro a los apóstoles.
Y es la razón por la cual es importante que Pedro y Juan vayan. No porque esté en ellos el toque mágico apostólico, ¿no?, que sea como los apóstoles de hoy, diría yo: "Yo tengo la unción; si no soy yo, nadie". No, no es… Creo que esa no es la actitud de Pedro y Juan. Más bien es que Dios está tratando de dejarles claro a Pedro y a Juan lo que está pasando más allá de Jerusalén. Entonces Dios lo hace de una manera única en la historia, porque va a volver a pasar; lo vamos a estudiar en estos días. En la historia de Cornelio pasa algo muy parecido. En la historia de Cornelio, Dios le habla a Pedro, le dice: "Ve con Cornelio". Y Cornelio tampoco va a recibir el Espíritu Santo hasta que Pedro está ahí, y queda claro. Y allí hablan en lenguas, y hay también cosas sobrenaturales que suceden con Cornelio.
Y la razón, tanto aquí como ahí, es que Dios quiere mandarles un mensaje a los apóstoles: "Vean lo que estoy haciendo en gente que no es judía, en gente que va más allá, en otras naciones. A estos samaritanos que ustedes odian tanto, a estos son a los que estoy salvando". Está haciendo algo que es único en la historia de la iglesia. No está diseñado para seguirse repitiendo todo el tiempo. Y no es como: "Ay, si no me han puesto las manos, no he recibido el Espíritu Santo", o "Si un apóstol no ha venido a impartirme el Espíritu Santo, no lo he recibido". No, no es eso. Es que en este momento de la historia era importante, y Dios está haciendo algo de una manera que deje muy en claro que la expansión del reino y del Evangelio va más allá de los judíos, hacia todas las naciones.
Y es por eso que en este momento específico es así. No es que no hayan recibido el Espíritu Santo en ningún sentido, sino que de una manera visible, y tangible, y sobrenatural, no se había expresado todavía, porque Dios quería esperar a que llegaran Pedro y Juan. Una de las explicaciones que leía sobre esto era como cuando empieza una fiesta de cumpleaños y el papá todavía está en el trabajo, ¿no? Ya trajeron todos los regalos y están en la mesa, pero la mamá está diciendo: "Pero todavía no los abras; espérate a tu papá". "Ya están ahí". "Sí, pero espera a tu papá, porque quiero que él vea cuando abres tus regalos". Y este autor lo comparaba así con los apóstoles: como Dios diciendo: "A ver, Pedro, Juan, vengan; quiero que vean. Me voy a esperar a hacer que esto sea evidente hasta que ustedes lleguen, porque quiero que sean parte de lo que está pasando aquí". ¿No? Entonces, esa es la tercera explicación: que es dado de una manera excepcional en Hechos 8 y 10, que vamos a ver más adelante, como testimonio a los judíos de la obra universal de Dios.
Ahí está. ¿Cuál de estas interpretaciones es la mejor? Yo ya se las planteé; ustedes disciérnanlo, medítenlo, para pensar toda la siguiente semana, hasta que lleguemos al siguiente mensaje de Hechos.
Conclusiones: la obra del Espíritu Santo es soberana
Estas son las conclusiones a las que llegué sobre este pasaje, que creo que son importantes para nosotros. Número uno: la obra del Espíritu Santo es soberana. Ahí está: Dios hace lo que quiere. Entonces, ¿saben cuáles son nuestros problemas del Espíritu Santo? Y es que como que el Espíritu Santo no les había sido dado, y como que hasta que llegaron los apóstoles sí. ¿Y por qué nos quebramos la cabeza con todo esto? Porque no nos gusta que actúe diferente en diferentes circunstancias.
Quisiéramos que nos pusiera una lista: paso número uno, aceptas a Jesús; paso número dos, eres bautizado; paso número tres, recibes el Espíritu Santo; paso número cuatro… Nos gustaría que estuviera en un orden muy bonito, muy pragmático para nosotros, para que entendamos al Espíritu Santo y cómo trabaja. Si hay algo que estoy aprendiendo del libro de Hechos, es que al Espíritu Santo no lo podemos entender, y analizar, y estudiar como quisiéramos. Por eso, en la clase de neumatología, en teología sistemática, que es el estudio del Espíritu Santo, está difícil, porque la teología sistemática trata de sistematizar al Espíritu Santo. No puedes sistematizar al Espíritu Santo. Hay cosas que puedes entender acerca de Él, pero el Espíritu Santo va a hacer lo que Él quiera, cuando quiera y como quiera.
Nosotros no tenemos control. Nosotros no tenemos manera de darle el Espíritu Santo a alguien, ni de quitarle el Espíritu Santo a alguien, ni de decidir cuándo el Espíritu Santo quiere manifestarse y cómo se va a manifestar. Eso va más allá de nosotros. A los teólogos no les gusta eso, porque quieren poderlo explicar, y no se puede. Esa es una cosa que me queda clara.
La obra del Espíritu Santo es personal
La otra cosa es que la obra del Espíritu Santo es personal. Y esto lo veo cuando Pedro confronta a Simón. Le dice esta maldición, "al… con tu dinero", y se espanta Simón. Cuando se espanta, ¿qué hace? Le dice, versículo 24: "Rueguen ustedes por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí". A ver, ¿qué le dijo Pedro? ¿Qué le dijo Pedro? "Arrepiéntete". Arrepiéntete, no "yo"… No "yo ruego a Dios por ti". Es algo entre tú y Dios.
Una vez se acercaron conmigo algunos, ahí en la delegación, y me dijeron: "Ay, pastor…". No creo que sean cristianos, pero me dicen "pastor". Y me dicen: "Pastor, es que en la casa donde estamos pasan cosas muy raras; se oyen ruidos en la noche, y creo que hay algo ahí raro. ¿Nos puede venir a orar por la casa?". Y les dije: "No es algo que yo pueda hacer. Esto es… Si hay actividad demoníaca y actividad espiritual, es algo que ustedes tienen que arreglar. Eso es entre ustedes y Dios, no yo. Ya, yo puedo ir y orar por su casa, claro, pero eso no va a solucionar nada. El problema que tú tienes con Dios es entre tú y Dios". "Pastor, ¿puede hablar por mí? Es como que usted está más cerca de Dios; a usted sí lo escucha Dios". O sea, sí, pidan que oren por ustedes, no digo que no; pero no es responsabilidad principal de otros su relación con Dios; es de ustedes. Yo no… No hay nada que yo pueda hacer para intervenir en lo que hay entre tú y Dios.
Esa es otra cosa que estaba viendo en este pasaje que es muy importante, creo yo. El error de Simón era pensar que esto era algo que se daba, y que los apóstoles tenían un poder especial para impartirlo, de tal manera que si no llegaba a través de los apóstoles, no lo iba a obtener. Pero le da toda la clave aquí. Dice: "Arrepiéntete de tu pecado. Ese es el problema; tu corazón es el problema. Y eso solo tú lo sabes, y Dios. Entonces, arrepiéntete de esta tu maldad".
La obra del Espíritu Santo es experimentada
Número tres: creo que la obra del Espíritu Santo es experimentada. Y a lo que me refiero cuando digo que es experimentada y real es… ¿Saben cuál es uno de los problemas que tenemos en relación con la doctrina del Espíritu Santo? Es que para muchos de nosotros el Espíritu Santo es más una idea que otra cosa; es más un concepto que otra cosa: "Así, acepté a Jesús; debo tener el Espíritu Santo". ¿No? Romanos 8:9 dice: "El que no tiene el Espíritu de Dios, no es de Él". "Entonces, si soy de Dios, debemos de tener al Espíritu Santo, no importa lo que experimente". Es simplemente la idea, o sea, la doctrina que me han enseñado: "¿Crees en Jesús? Sí. Ah, pues tienes al Espíritu". Ya asumimos estas cosas; las damos por hecho. Pero no son ideas nada más. No es nada más algo que queremos afirmar en la gente: "Ah, y tienes el Espíritu Santo". ¿Qué pasa cuando tienes al Espíritu Santo? ¿Cómo se ve?
No vamos a afirmar la confianza de la gente, la autoestima en la gente, diciendo: "Sí, el Espíritu Santo está en ti", sino mostrarles, de acuerdo con la Palabra de Dios —y esto lo vamos a ver en todo el libro de Hechos—, que cuando el Espíritu Santo está sobre una persona, esa persona lo experimenta de una manera real, de una manera tangible. Entonces, una mejor pregunta que "¿tienes al Espíritu Santo?" es: "¿Cómo sabes que tienes al Espíritu Santo?". ¿Hay cosas reales en tu vida que te muestran Su presencia? Y podríamos contestar —y espero que ustedes puedan contestar—: "Sí, sí sé que el Espíritu está en mí, porque esta semana estuve luchando con el pecado, y sentía esta batalla dentro de mí, y cómo me confrontaba. Y cuando no podía vencer ese pecado, le pedía la ayuda al Señor, y me daba cuenta de que algo estaba sucediendo dentro de mí que solamente puede ser atribuido a la presencia del Espíritu Santo en mi vida".
O: "Tenía miedo de compartir el Evangelio toda la semana, todo el mes a lo mejor, y de pronto le pedí la ayuda al Señor para que pudiera compartir el Evangelio con valor. ¿Y qué crees? Lo hice; compartí el Evangelio. Y eso solamente puede ser la presencia del Espíritu Santo en mí, ¿no? Eso es algo sobrenatural". O el fruto, el fruto del Espíritu: gozo, paz, paciencia, bondad, benignidad, templanza, dominio propio, todas las cosas. O sea, ¿de qué maneras tangibles está obrando el Espíritu Santo en tu vida? Eso es algo que está en este pasaje, hermanos. No hay manera de evadir eso. El Espíritu Santo obra de una manera experimentada: lo sientes, lo vives de una manera real. Tengan cuidado de asumir que tienen al Espíritu Santo. No lo asuman; vívanlo. Tienen que vivirlo; tienen que experimentar el poder transformador en sus vidas. Y eso pasa en el libro de Hechos: cada vez que el Espíritu Santo es manifestado, algo real y tangible sucede. Y la mayoría de las veces tiene que ver con la proclamación del Evangelio con valor. La mayoría de las veces tiene que ver con anunciar, como vimos en Hechos 2, en Pentecostés, las grandes maravillas de Dios a los demás.
La obra del Espíritu Santo siempre apunta a Cristo
Número cuatro, y es el último punto: el Evangelio, el perdón, la obra del Espíritu Santo, siempre nos apunta a Cristo. Entonces tenemos que preguntarnos, en todo lo que hacemos, con este examen, hermanos… No estamos en contra de señales y prodigios y cosas sobrenaturales; Dios hace cosas sobrenaturales todo el tiempo. Pero no podemos estar fascinados y enajenados con esas cosas, porque ese no es el propósito de esas cosas. No están diseñadas para que ahí nos quedemos. "Sanó; gracias a Dios, sanó". No, está diseñado para que volteemos a Jesucristo, y veamos el Evangelio, y veamos que a la luz de la sanidad espiritual, la sanidad física es solo un eco, es un reflejo, es una sombra de lo que Dios está haciendo. No es el fin; no es el propósito.
Y tenemos tantas cosas tan buenas en la iglesia que pueden convertirse en distracciones, cosas que nos asombran, y no nada más cosas sobrenaturales. Y la música: nos gusta la música de nuestra iglesia. Cuidado, cuidado con que te guste la música de tu iglesia, porque te puedes nada más quedar como Simón: "¡Guau, qué bonito es! Me gusta". Y nunca veas a Jesús. He escuchado a gente que habla acerca de predicadores y dice: "Es que me encanta cómo predica; es tan chistoso". Bueno, esa es una de las atracciones de algunos predicadores, ¿no? Se sigue todo el sermón: "Me encanta cómo predica". Sí, sí, ese es tu asombro. Sí, ahí te quedas, y nunca ves a Jesús. Entonces hay un problema. Nos asombramos; es tan fácil distraernos.
En el seminario les advertía: "Cuidado, porque a veces estamos tan asombrados con nuestro conocimiento teológico: 'Ya he aprendido mucho de la Biblia, y hace mucho'". Y entonces empezamos a admirar nuestro conocimiento teológico, y nunca nos llevó a Jesús; nunca nos apuntó hacia Él. ¿Se dan cuenta de qué tan sutil es esto? Lo que le pasó a Simón nos puede pasar todo el tiempo, en muchos niveles y con muchas cosas: distraernos, distraernos; asombrarnos, asombrarnos. Nos encantan cosas que suceden todo el tiempo, y tan seguido fallamos en ver más allá. Tan seguido.
Y el Espíritu Santo, cuando hace Su obra, siempre apuntará hacia Cristo. Siempre. Y es por eso que en Pentecostés, después de que hablaron en lenguas, después de que sopló este viento fuerte, después de la aparición de estas flamas sobre sus cabezas, después de que todas estas cosas sobrenaturales sucedieron, Pedro empezó a predicar. ¿Y qué es lo primero que dijo? Lo primero que dijo: "Este es un cumplimiento de Joel". Lo segundo que dijo es: "Déjenme hablarles acerca de Jesús". Porque si el Espíritu Santo está aquí hoy, eso es lo que quiere que hagamos: hablar de Jesús, y de Su ministerio, de Su sacrificio, de Su resurrección, porque es lo más importante, el ministerio más importante que hace el Espíritu Santo.
Conclusión: ¿usar al Espíritu, o ser usado por Él?
Y el contraste en este pasaje es: ¿buscas al Espíritu Santo para usarlo, como Simón, o buscas al Espíritu Santo para que Él te use a ti? Es una gran diferencia, ¿no? Y el contraste está entre Hechos 8, que es este pasaje de Simón, y Hechos 13, que es cuando el Espíritu Santo le encarga a la iglesia, dice: "Apártenme a Pablo y a Bernabé para una obra que yo tengo que hacer en ellos". "Apártenme", es lo que el Espíritu Santo le dice a la iglesia: "Los quiero usar". En Hechos 8 es Simón diciendo: "¿Cómo me puede ayudar a mí el Espíritu Santo en los propósitos y metas que yo tengo?". Hay muchas cosas aquí en este pasaje, muchísimas cosas que vemos acerca de la obra de Dios y del Evangelio en nuestras vidas y como iglesia. Y espero, espero que a lo largo del estudio de este libro todo esto vaya quedando más y más claro: cuál es el propósito de Dios en todo lo que Él hace.
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