Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Daniel 10DanielNathan Díaz

La guerra de los reinos espirituales

¿Quién es el príncipe de Persia en Daniel 10 y qué enseña sobre la batalla espiritual? Daniel ora durante tres semanas y recibe una respuesta que descorre el telón de un conflicto invisible entre ángeles y potestades. El mensaje advierte contra los dos extremos, ver demonios en todo o ignorar el mundo espiritual, y señala la armadura de Dios, la oración y la Palabra como nuestra verdadera defensa.

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Transcripción

De regreso al libro de Daniel

Bueno, ya regresamos al libro de Daniel. Tuvimos esta pausa durante el mes de agosto. Durante ese mes tuve la oportunidad de visitar y convivir con varias iglesias y estar participando en diferentes actividades, así que en realidad no he dejado de predicar; nada más he dejado de predicar aquí. Y la cosa es que, hermanos, aquí es donde me siento más cómodo predicando. Entonces, extraño poder estar aquí con ustedes y abrir la Palabra de Dios. Esto es donde más disfruto, y es donde más siento la responsabilidad que Dios me ha dado en cuanto a la enseñanza: en esta iglesia, más que en cualquier otra, y más que en cualquier otro ministerio. Es lo que Dios nos ha dado aquí.

Bueno, vamos a seguir ahora sí con Daniel, y vamos a ver después de Daniel Apocalipsis. Y van a ver por qué; hoy van a ver especialmente por qué vamos a seguir con Apocalipsis después. Porque, si recuerdan —esto es un resumen; nos regresamos un poquito aquí a Daniel—, el libro de Daniel está dividido en dos partes. Los primeros seis capítulos tienen que ver con estas historias de lo que sucedió con Daniel y con sus amigos, tanto en el reinado de Nabucodonosor en Babilonia como al final del periodo del reinado de Babilonia y el principio del imperio medo-persa, cuando los medo-persas derrotaron a los babilonios. Entonces, esa transición se ve en el libro de Daniel al final del capítulo 5 y en el capítulo 6. Y lo que ya vimos en los capítulos 7, 8 y 9 son las primeras dos visiones que recibió Daniel. Son visiones.

O sea, esta segunda parte del libro de Daniel es lo que consideramos como género apocalíptico. Por eso es que lo ligamos con el libro de Apocalipsis, porque es el mismo género literario, por lo menos especialmente. Vimos algo en el capítulo 2 sobre esto, donde había una visión de una estatua, y ese tema está regresando nuevamente en estos últimos capítulos. Pero especialmente en estos últimos seis capítulos de Daniel tenemos simbolismo, visiones muy similares a las del libro de Apocalipsis.

Reinos y reyes: la línea melódica del libro

Y hoy, el capítulo 10: el tema es la guerra de los reinos espirituales. Hemos buscado cuál es la línea melódica —los que estudian el curso de predicación expositiva saben a lo que me refiero—: un tema recurrente que está ahí a lo largo de todo el libro. Eso es bueno, porque eso a ustedes les ayuda a recordar el tema del libro. Cuando piensan en Daniel, piensen, no es tanto en visiones y sueños y profecías; piensen en reinos y reyes. Ese es el enfoque realmente del libro: quién está en control, cómo funciona esta relación entre los reinos, y cómo funciona la soberanía de los reyes sobre esos reinos. Al final, todo es una cuestión de autoridad, de poder, en el libro de Daniel: acerca de quién está en control. Y lo que hemos estado viendo hasta este punto es que Dios es el que está en control, en el libro de Daniel y en toda la historia de la humanidad.

Pero ahora el capítulo 10 entra con una cosa un poquito extraña aquí, y es: reinos invisibles, reinos que no vemos. Ese es el tema del capítulo 10: ¿qué está pasando en un mundo espiritual? ¿Qué es lo que está pasando más allá de lo que podemos ver nosotros? Porque hasta ahora Daniel ha estado hablando en términos muy literales: "Va a venir el rey de Babilonia, luego va a venir el medo-persa, luego va a venir el rey de Grecia, luego va a venir el imperio romano". Y ya estaba hablando de estos reinos literales, lidiando con los gobernantes de Babilonia. Entonces, siempre hemos tenido estos reyes físicos, estos reinados físicos, y a Dios como el Dios soberano sobre todos los reyes. Pero ahorita, en el capítulo 10, tenemos algo un poquito extraño. Y vamos a leerlo, vamos a ver qué es lo que está diciendo, para hacernos una idea de qué tan complicado es este capítulo, pero al mismo tiempo qué tan importante es para nosotros hoy.

Lectura: Daniel afligido por tres semanas

Versículo 1: "En el año tercero de Ciro rey de Persia fue revelada palabra a Daniel, llamado Beltsasar; y la palabra era verdadera, y el conflicto grande; pero él comprendió la palabra, y tuvo inteligencia en la visión. En aquellos días yo Daniel estuve afligido por espacio de tres semanas. No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento, hasta que se cumplieron las tres semanas". Les explico esta parte nada más, para que ya veamos; ya lo leímos. "Y el día veinticuatro del mes primero estaba yo a la orilla del gran río Hidekel".

Entonces, el contexto es: han pasado tres años desde que el imperio medo-persa dio una ley —y van a leer sobre esto en el libro de Esdras, si quieren leer Esdras 1 y 2—; van a ver que hay una ley que es pasada donde ya los judíos pueden regresar a su tierra nuevamente. Y si ustedes leen Esdras, van a leer que 42 mil trescientos sesenta hombres y mujeres y niños regresaron a Jerusalén, junto con doscientos cantantes, con 981 caballos y mulas, 435 camellos, 6.720 burros. Los datos, estos datos extras. Sí, esta es la gente que regresó a Jerusalén.

Pero entre ellos no estaba Daniel. Daniel se quedó en Babilonia, y es la razón por la cual probablemente está usando su nombre babilonio, Beltsasar: para dejar claro que él sigue en la cautividad, o sea, él sigue fuera de la tierra que Dios les había dado a los judíos. Y pasaron siete meses, cuando regresaron los judíos, para que construyeran el altar en Jerusalén: siete meses. Y ya para estas alturas, tres años después, ya la gente que había regresado ya se había desanimado. Ya había habido oposición, y ya había habido desánimo en ellos, de tal manera que el trabajo de reconstruir el templo, de construir las murallas, realmente no se estaba haciendo. Y bueno, eso es el tema de Esdras y Nehemías; en algún momento ya estudiamos el libro de Nehemías. Pero aquí, este es el contexto: han regresado, y a Daniel ya le llegó la noticia, probablemente, de que ya se desanimaron. Un poquito parecido a como a veces es…

—Les dijeron que pusieran… Pero suena por ahí algo. Creo que así ya funciona—.

El desánimo en la vida cristiana

Qué les estaba diciendo: han regresado, han regresado los judíos a Jerusalén; ya se han desanimado. Se parece un poco a la vida cristiana, a nuestra vida como cristianos, en la que a veces estamos con mucho ánimo, y vemos que Dios está obrando, y queremos ser parte de lo que Él está haciendo. Y a veces vienen pruebas, y vienen tribulaciones, y es muy fácil que nos desanimemos, y es muy fácil que nos apaguemos en la pasión que tenemos por servir a Dios. Lo hemos visto todo, lo hemos experimentado. Y eso no era diferente para los judíos; eso también es lo que les pasó a ellos. Ellos se desanimaron; ellos se sentían desanimados con la tribulación y las situaciones que están empezando a enfrentar. No nos vamos a meter en todo lo que sucedió ahí ahorita, pero parece ser que ya le llegan las noticias a Daniel acerca de cómo, como que ya dejaron de irse a Jerusalén; ya los que se fueron, como que ya se estancaron.

Entonces llega el tiempo de la Pascua. Y sabemos que es el tiempo de la Pascua por lo que nos dice; nos dice específicamente qué mes era: el primer mes. Y en el tiempo de la Pascua ayunaban por una semana, pero parece ser que Daniel alarga este periodo de ayuno por tres semanas, como una muestra de: "Nuevamente, Señor, a ver, ¿qué quieres hacer con nuestro pueblo? Tú ya me habías dicho…". En el capítulo 9 lo leímos: él hace una oración, y Dios le revela cómo es que ya terminó este periodo del exilio de 70 años; así que ahora ya van a regresar, y se cumple. Pero entonces, otra vez Daniel está desanimado, está preocupado por su gente, y entonces entra en este ayuno y oración constante, intenso. No está comiendo ni la carne ni el vino que normalmente comerían. Dice: "No comí manjar delicado, ni entró en mi boca carne ni vino, ni me ungí con ungüento". Entonces, era la manera de mantenerse, como las mujeres que se ponen cremas todo el tiempo —que también no me gusta, porque me siento así como grasoso, pero hay gente que sí, si no, se les reseca mucho la piel—. Y en ese tiempo usaban ungüento mucho para mantenerse… ¿Humectados? ¿Es una palabra? No sé. No, esa no es la palabra: hidratados, y tal. Y entonces también era una cuestión como de higiene, como bañarse un poco. Entonces, esto era la costumbre. Pero para mostrar su preocupación, para entrar en un periodo de oración más intensa delante de Dios, deja a un lado estas cosas.

Pasa el tiempo de la Pascua, y aquí está Daniel delante de Dios, preocupado por lo que estaba sucediendo con su gente. Esto lo sabemos por otros libros; como les digo, esto lo sabemos si leemos Esdras y otros libros. Y dice: "Y alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Y solo yo, Daniel, vi aquella visión, y no la vieron los hombres que estaban conmigo, sino que se apoderó de ellos un gran temor, y huyeron y se escondieron. Quedé, pues, yo solo, y vi esta gran visión, y no quedó fuerza en mí, antes mi fuerza se cambió en desfallecimiento, y no tuve vigor alguno. Pero oí el sonido de sus palabras; y al oír el sonido de sus palabras, caí sobre mi rostro en un profundo sueño, con mi rostro en tierra".

"Y he aquí una mano me tocó, e hizo que me pusiese sobre mis rodillas y sobre las palmas de mis manos. Y me dijo: Daniel, varón muy amado, está atento a las palabras que te hablaré, y ponte en pie; porque a ti he sido enviado ahora. Mientras hablaba esto conmigo, me puse en pie temblando. Entonces me dijo: Daniel, no temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios, fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido. Mas el príncipe del reino de Persia se me opuso durante veintiún días; pero he aquí Miguel, uno de los principales príncipes, vino para ayudarme, y quedé allí con los reyes de Persia. He venido para hacerte saber lo que ha de venir a tu pueblo en los postreros días; porque la visión es para esos días".

"Mientras me decía estas palabras, estaba yo con los ojos puestos en tierra, y enmudecido. Pero he aquí, uno con semejanza de hijo de hombre tocó mis labios. Entonces abrí mi boca y hablé, y dije al que estaba delante de mí: Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza. ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi señor? Porque al instante me faltó la fuerza, y no me quedó aliento. Y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció, y me dijo: Muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas, y dije: Hable mi señor, porque me has fortalecido. Él me dijo: ¿Sabes por qué he venido a ti? Pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia; y al terminar con él, el príncipe de Grecia vendrá. Pero yo te declararé lo que está escrito en el libro de la verdad; y ninguno me ayuda contra ellos, sino Miguel vuestro príncipe. Y yo mismo, en el año primero de Darío el medo, estuve para animarlo y fortalecerlo. Y ahora yo te mostraré la verdad".

El anhelo de Daniel

Llegamos hasta este punto del capítulo 11, porque esto es lo que estamos viendo aquí. El capítulo 10 es la preparación para la visión. La visión va a venir el próximo domingo: en el capítulo 11 comienza la visión, capítulo 11 y capítulo 12, esta tercera visión. Pero el capítulo 10 es la preparación para la visión. Y es un poquito extraño todo lo que sucedió aquí, ¿no? Entonces, Daniel, piensen en esto bien: está orando al Señor, está delante de Él. ¿Qué es lo que se le había revelado a Daniel ya en el capítulo 9? ¿Se acuerdan? Ya se le había revelado acerca de este Mesías que vendría.

Y quiero pensar que en el corazón de Daniel está lo que expresa Pedro, 1 Pedro 1:10, acerca de esta salvación: "Los profetas que profetizaron de la gracia que vendría a nosotros diligentemente inquirieron e indagaron, procurando saber qué persona o tiempo indicaba el Espíritu de Cristo dentro de ellos, al predecir los sufrimientos de Cristo y las glorias que seguirían". Entonces, Daniel predijo los sufrimientos de Cristo y las glorias que vendrían. Sí, esto es claramente —creo yo—: Pedro sabe que Daniel está incluido dentro de esto. Y creo que dice que está buscando; "diligentemente inquirieron e indagaron": ¿quién es?, ¿cuándo vendrá? Ahí, ese es el anhelo que hay en el corazón de Daniel, creo, al haber ya recibido la visión del capítulo 9. Ahora quiere saber quién, y cuándo, y cómo puede esperar el cumplimiento. Porque es su gente, su pueblo y su nación: "Señor, estamos en Tus manos. Tú diriges; Tú reinas. Ya regresamos a Jerusalén; sé que va a haber más tribulación, pero aquí estoy yo, Tu siervo, para ser usado por Ti, para ser de testimonio a las naciones, y también para llamar a un avivamiento a mi gente, para mostrarles que Tú sigues con nosotros".

La presencia de Dios

Esta es la primera cosa que quiero que vean. Son tres cosas que vamos a ver: la presencia de Dios, el toque de Dios y la guerra de Dios. Esas son las tres cosas que creo que están en este pasaje. Y la primera es la presencia de Dios. Daniel está anhelando el cumplimiento de las visiones anteriores, y ahora efectivamente, creo yo, se manifiesta delante de él este Mesías. Eso es lo que creo que está en este pasaje, y les voy a decir por qué. Dice: "Alcé mis ojos y miré, y he aquí un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como de color de bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud".

No nos dice quién es este personaje; solo dice que es un varón vestido de lino, y todas estas descripciones. Ahora, ¿quién es? ¿Es un ángel? No sabemos. Es un poquito extraño aquí; no entendemos quién es exactamente. Sabemos, más adelante, que es alguien que fue enviado a Daniel cuando él empezó a orar, pero que se enfrentó con el príncipe de Persia —quién es el príncipe de Persia lo vamos a ver en un momento—, y tuvo una batalla con él, y luego vino Miguel, el arcángel Miguel, a socorrerlo en esta batalla. Y luego va a regresar a pelear otra vez contra el príncipe de Persia, y nuevamente Miguel va a regresar. Entonces, nuevamente, voy a ese punto de Miguel y el príncipe persa.

Pero aquí lo que quiero que vean acerca de este hombre, además de esas descripciones, es que tenemos aquí esta descripción inicial que, si buscamos en otras partes de la Biblia, vamos a encontrar otros dos lugares especialmente que tienen una descripción muy similar. Los comentaristas están divididos en este punto; no están de acuerdo, les digo desde ahorita. Hay algunos que afirman que es un ángel, y otros que afirman que es Cristo: es una teofanía, una cristofanía, la segunda persona de la Trinidad manifestada en el Antiguo Testamento; Jesús, la manifestación de Dios entre nosotros como hombre.

Y en el Antiguo Testamento tenemos varios ejemplos de esto, donde Dios mismo se aparece a la gente, y creo que esto es lo que estamos leyendo aquí. Y les voy a dar tres pasajes que nos muestran estos tres, porque son los más parecidos.

Isaías 6

Isaías 6. Isaías capítulo 6: ustedes probablemente conocen este pasaje, que es un encuentro de Isaías, pero ¿con quién? Con Dios. Piensen en esto bien: esto es un encuentro con Dios. Y quiero que vean las similitudes, en Isaías 6:1 al 5: "En el año que murió el rey Uzías vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime, y sus faldas llenaban el templo. Por encima de él había serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. Y el uno al otro daba voces, diciendo: Santo, santo, santo, Jehová de los ejércitos; toda la tierra está llena de su gloria. Y los quiciales de las puertas se estremecieron con la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo".

Ahora, aquí noten qué le pasa a Isaías, porque aquí es donde empieza el paralelo muy, muy claro. Dice: "Entonces dije: ¡Ay de mí! que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio del pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos. Y voló hacia mí uno de los serafines, teniendo en su mano un carbón encendido, tomado del altar con unas tenazas; y tocando con él sobre mi boca, dijo: He aquí que esto tocó tus labios, y quita tu culpa, y limpio tu pecado". Bueno, tengan eso en mente, porque algo muy parecido pasa con Daniel también; en un momento vamos a ir a eso. Pero nomás vean este paralelo.

Ezequiel 1

Segundo pasaje: Ezequiel. Ezequiel capítulo 1; nuevamente, es un encuentro con Dios el que está siendo descrito. Ezequiel capítulo 1, versículos 22 al 28: "Y sobre las cabezas de los seres vivientes aparecía una expansión a manera de cristal maravilloso, extendido encima sobre sus cabezas. Y debajo de la expansión las alas de ellos estaban derechas, extendiéndose la una hacia la otra; y cada uno tenía dos alas que cubrían su cuerpo. Y oí el sonido de sus alas cuando andaban, como sonido de muchas aguas, como la voz del Omnipotente, como ruido de muchedumbre". Ahora, esas son las descripciones: "como ruido de muchedumbre, como el ruido de un ejército. Cuando se paraban, bajaban sus alas. Y cuando se paraban y bajaban sus alas, se oía una voz de arriba de la expansión que había sobre sus cabezas. Y sobre la expansión que había sobre sus cabezas se veía la figura de un trono que parecía de piedra de zafiro; y sobre la figura del trono había una semejanza que parecía de hombre sentado sobre él".

¿Ya vieron esa descripción? Alguien que es como hombre, pero está sentado en el trono. "Y vi apariencia como de bronce refulgente" —entonces, bronce—, "como apariencia de fuego dentro de ella en derredor, desde el aspecto de sus lomos para arriba; y desde sus lomos para abajo, vi que parecía como fuego, y que tenía resplandor alrededor". ¿Ven cómo todo es muy parecido a lo que vio Daniel? "Como aparece el arco iris que está en las nubes el día que llueve, así era el parecer del resplandor alrededor". Entonces, hay una gran similitud entre la visión que tiene Daniel y la que tiene Ezequiel.

Apocalipsis 1: el encuentro de Juan con Jesús

Pero especialmente, aquí está la más importante de todas, que quiero que vean. Porque recuerden que, en gran parte, el Nuevo Testamento es una clarificación o una profundización de lo que ya está en el Antiguo Testamento. Entonces, muchas veces conceptos que teníamos en el Antiguo Testamento que no son tan claros se vuelven más claros una vez que Jesús ha sido revelado. Y una vez que Jesús ha sido revelado, ya no hay duda; ya entendemos de qué se trataba. Ya vemos claramente, cuando vamos de regreso y vemos hacia atrás, piensa: "Eso era lo que estaba pasando". Vamos a estar estudiando Apocalipsis, así que hoy empezamos: Apocalipsis capítulo 1, versículos 12 al 20. Y aquí es lo principal que quiero que vean en comparación con Daniel 10, porque aquí van a encontrar ustedes una descripción prácticamente idéntica a la del libro de Daniel, pero aquí claramente haciendo referencia a Jesús: la aparición de Jesús delante de Juan en la isla de Patmos, para el libro de Apocalipsis.

Dice: "Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre" —nuevamente esta descripción, la misma descripción de Daniel—, "vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas". Daniel lo comparó con el estruendo de una multitud; aquí Juan, como el estruendo de muchas aguas. "Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza".

"Cuando le vi…". Ahora, aquí está qué pasa cuando contempla a Jesús; lo mismo está pasando en Apocalipsis que en Daniel 10. Dice: "Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome…". ¿Ahora qué le dice? "No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades". Ese es el encuentro que Juan tiene con Jesús. Se parece al encuentro de Daniel muchísimo. O sea, con todos estos paralelos, hasta parece que Juan está tomando como ejemplo lo que Daniel ya experimentó para volverlo a describir nuevamente en su propia vida. Es decir: "Lo que vivió Daniel, yo lo volví a vivir". Entonces, yo estoy convencido de que, hasta este punto, es Jesús mismo el que se está apareciendo delante de Daniel: la segunda persona de la Trinidad.

¿Por qué la demora?

Ahora voy a hacer una aclaración, porque aquí es donde hay duda sobre este punto. La razón por la que algunos no quieren decir que es Jesús es la siguiente. Dicen: "A ver, pero ¿cómo que Jesús pelea contra el rey de Persia? ¿Y cómo que el rey de Persia puede demorarlo? ¿Cómo que el rey de Persia es más fuerte, al grado de que tiene que pedirle ayuda al arcángel Miguel: 'No sé, como que no puedo con este rey de Persia'?". Que evidentemente es una potestad satánica también, que vamos a ver en un momento. Pero entonces parece ser que este personaje que se le apareció a Daniel no tiene la capacidad de enfrentarse contra el rey de Persia, y que necesita la ayuda de Miguel para poderlo vencer. Por eso es que algunos dicen: "No, tiene que ser un ángel, porque claramente Jesús no tendría que recurrir al arcángel Miguel, y claramente Jesús es más poderoso que cualquier potestad". Es un punto válido, ¿no es cierto?

Pero lo que ignora ese argumento es esto: es intencional la demora. O sea, es parte del plan de Dios. Dios es soberano sobre esta situación. Aunque fueran dos ángeles, aunque fuera este ángel, este mensajero de Dios, junto con Miguel, ¿acaso puede el rey de Persia —o, más bien, el príncipe de Persia, que es una potestad satánica— ir en contra de las huestes de Dios y detenerlas aunque Dios no quiera? ¿Pueden? No. Si Dios quiere, ellos tendrían que llegar a Daniel cuando Dios quisiera que llegaran a Daniel. Entonces, si hubo una demora, es porque Dios quería que hubiera una demora. Porque Dios sigue siendo soberano, y no importa que envíe a Su propio Hijo o ángeles: Él hará Su voluntad, y no hay ninguna hueste que pueda detenerlo. ¿Y Satanás mismo, con todos sus ángeles, puede detener a Dios? Así que, cuando yo estaba pensando sobre esto, que es la única objeción que había en el pasaje a que esto sea Jesús, una descripción de Jesús mismo en el pasaje. Pues bueno, creo que todo esto es intencional. Le dice: "Sí, me demoré en venir a ti porque me enfrenté al príncipe de Persia, que está sobre los reyes de Persia; pero me demoré por una razón: porque quería que supieras que he estado peleando por ti". Ahora, la asistencia del arcángel Miguel no es rara, porque Dios usa a Sus ángeles para asistirlo; para eso los hizo. Entonces, no es que los necesite, pero sí los usa. Entonces, parece ser que aquí Jesús invoca la presencia del arcángel Miguel para asistirlo en esta batalla.

¿Se acuerdan cuando Jesús fue tentado por Satanás en el desierto? ¿A quién recurrió para que lo asistieran, al final? A Sus ángeles. Y era el Hijo de Dios, Dios mismo, y fue asistido por ángeles. Para eso los hizo: no porque los necesite, sino porque quiere usarlos a Su servicio, como a nosotros. Y Él lo hará si quiere; aquí Él lo quiso. ¿Pudo haber Dios derrotado al príncipe de Persia sin la ayuda de Miguel? Sí. Bueno, vamos a ver más sobre quién es Miguel y todo eso en un momento. Solo estoy estableciendo aquí lo que creo que está sucediendo: quién es con el que está hablando.

Y digo esto primero porque creo que eso es importante para ver lo que sigue. Lo que sigue está basado en con quién estaba él: lo que es tan significante de lo que empieza a suceder a partir del versículo 10, que es esta relación tan cercana, al grado de tocarlo, y de ser levantado por Él, y ser animado por Él. Al mismo tiempo de estar en asombro y en un estado de shock y de debilidad por lo que está contemplando, al mismo tiempo está siendo animado y levantado por este personaje. Entonces, por eso creo que es importante ver quién es, para entender qué tan significante es la ayuda que está recibiendo en este punto y qué es lo que significa.

El toque de Dios

Así que el segundo punto que quiero que vean es el toque de Dios. Entonces, la presencia de Dios: o sea, Dios mismo está ahí con Daniel. Y Daniel ha perdido la fuerza, se siente sin vigor, ya no tiene energía, de tal manera que cae sobre su rostro en un profundo sueño. Y hay tres cosas que pasan en el encuentro que tiene con Él. Pero quiero que vean primero lo que dice el versículo 12. Todo esto es en respuesta a la oración. Dice también: "No temas; porque desde el primer día que dispusiste tu corazón a entender y a humillarte en la presencia de tu Dios" —desde el primer día, hace tres semanas— "fueron oídas tus palabras; y a causa de tus palabras yo he venido".

La respuesta viene en camino

Entonces, eso nos muestra la gran importancia de la oración, la constancia en la oración. Dios responde a la oración. Y responde… aquí creo que la lección es esta: no responde normalmente inmediatamente, cuando nosotros queremos que Él responda, pero la respuesta siempre viene en camino desde el primer momento en que oramos. En esa parte, pues, ya no llega en el momento que quisiéramos. Daniel, yo estoy seguro, hubiera querido que Dios se le apareciera, o que le respondiera, desde el primer día que empezó a orar. Pero fueron tres semanas las que pasaron antes de que de hecho tuviera este encuentro con Jesús, la respuesta. Pero la respuesta venía en camino el segundo que él empezó a orar. Dios el Padre dijo: "Ve, ve y habla con él, anímalo, dale la respuesta que está buscando".

¿Cómo estaba orando Daniel? O sea, aquí describe cómo estaba orando. Dice: dispuso su corazón a entender y a humillarse en la presencia de Dios. Esa es la manera en que Daniel estaba orando. Es una disposición de su corazón: "Señor, Tú eres más sabio que yo; así que yo voy a recurrir a Ti para obtener mis respuestas, y me voy a humillar en Tu presencia, sabiendo que yo no sé cómo deberían funcionar las cosas. Yo no sé cómo pedir de acuerdo a Tu voluntad, pero Tú sí sabes. Así que me pongo delante de Ti para que Tú hagas Tu voluntad en mi vida, para que Tú seas el que me dé las respuestas que necesito para seguir adelante y seguir sirviendo".

Esa es la actitud del corazón de Daniel. ¿Es esa la manera en que oramos? Una disposición realmente a someternos a la autoridad y a la soberanía de Dios en todas las áreas, sabiendo que Él es más sabio que nosotros. Así debería de ser. Y vimos un poco de eso en Daniel 3, con sus tres amigos, que confrontaron a Nabucodonosor y dijeron: "Nosotros sabemos que el Señor nos puede librar, y nos va a librar. Pero si no nos libra, de todas maneras no te vamos a adorar". Así lo dijeron en el capítulo 3, porque ellos se sometían a la voluntad de Dios y entendían: "Sí, Dios puede hacer lo que quiera, pero no necesariamente es lo que yo quiero que Él haga; pero está bien, así está mejor".

Tres toques: de pie, para hablar, fortalecido

Entonces, tres veces lo toca, y dos veces le va a decir estas palabras: "Muy amado, no temas". Se lo dice en el versículo 11 y en el 12, y luego se lo dice en el versículo 19. Entonces, dos veces lo repite, porque quiere que sepa estas verdades: "Daniel, la razón por la que Yo estoy contestando tu oración es porque te amo, porque eres mi hijo. Y estoy aquí justamente para confortarte en medio de lo que estás viviendo, para que tú sepas que no tienes nada que temer. Sí, están desanimados los judíos ahorita que regresaron a Jerusalén; sí, va a venir más oposición, porque va a venir el reino de Grecia todavía, y todavía va a haber más tribulación, y más persecución, y más sufrimiento. Pero Yo estoy contigo, y Yo estoy con ustedes". Ese es el único propósito por el que se le aparece a Daniel.

Estos tres toques que le da son con tres propósitos diferentes. El primero es para estar de pie. Si lo ven, en el versículo 11, cuando lo toca, dice: "Ponte en pie". Después, la segunda vez que lo toca es para poder hablar, versículo 16: "Tocó mis labios; entonces abrí mi boca y hablé". Y la tercera vez que lo toca es para descansar, o para ser fortalecido, el descanso. Sí, ya se siente tan abrumado Daniel; pero el último toque es para fortalecerlo. Dice: "Me tocó otra vez, y me fortaleció: esfuérzate". Pues le da un descanso y una paz a Daniel que le da la fuerza para seguir adelante.

No temas

Esto que estamos viendo aquí es una manifestación de la presencia de Dios: cómo nos quiere asegurar que Él está con nosotros, Sus hijos, Sus escogidos, en todo tiempo. No estamos solos. ¿A quién más le dijo Dios "no temas"? A muchos, ¿verdad? Esa frase, "no temas", la vas a encontrar constantemente a lo largo de toda la Biblia. La van a encontrar con Abraham, la van a encontrar con Isaac, la van a encontrar con Jacob, la van a encontrar con José, la van a encontrar con María, la van a encontrar con los pastores: "No teman". Yo sé que lo que están viendo es increíblemente majestuoso, y no hay ser humano que pueda mantenerse en pie delante de la presencia de Dios. No hay ser humano que pueda contemplar algo de la gloria de Dios y no perder absolutamente sus fuerzas y caer en la tierra. Pero al mismo tiempo que esa grandeza está siendo manifestada a estos personajes, está también la mano del Señor para levantarlos y para decirles: "Esa misma majestad que te ha tirado a la tierra es la misma que te sostendrá, y te levantarás para seguir adelante".

El temor es vencido por la seguridad del amor divino, que lleva a la paz personal, lo cual provee la fuerza para los propósitos de Dios en nuestra vida. Otra vez lo voy a decir: el temor es vencido por la seguridad del amor divino, que nos lleva a la paz personal, la cual provee la fuerza para cumplir los propósitos de Dios en nuestra vida, el diseño de Dios.

Lo que el Evangelio hace en nosotros

Esas son las tres cosas que hace el Evangelio para nosotros, ¿no es cierto? Primero, nos muestra que el amor de Dios es la iniciativa inicial: "Yo te amo, por eso hago esto". Número dos, nos dice: "Ponte en pie delante de mí, porque Yo he venido a ti". Y cuando nosotros tenemos la oportunidad de hablar delante de la presencia de Dios, de lo que estamos contemplando de Dios en el Evangelio, y lo primero que sale de nuestra boca cuando tenemos la oportunidad de hablar, ¿qué es? "Señor mío, con la visión me han sobrevenido dolores, y no me queda fuerza. ¿Cómo, pues, podrá el siervo de mi señor hablar con mi señor?". Es un sentido de inseguridad de nosotros mismos, de no merecer lo que estamos contemplando, de no tener nada que ofrecer; de poder decir: "Señor, aquí estoy delante de Ti, de pie, hablando, pero lo único que puedo decir es: no puedo. No puedo estar delante de Ti, no puedo estar delante de Tu presencia. Soy completamente indigno, completamente inadecuado para la tarea que tienes delante de mí". Y por último, el Evangelio nos fortalece y nos dice: "Muy amado, no temas; esfuérzate y aliéntate. Descansa en mí".

Veo aquí, en la experiencia de Daniel, algo que nos está apuntando hacia la experiencia que nosotros estamos experimentando cuando nos confrontamos con la presencia de Dios a través de Jesucristo, y lo que el Evangelio nos dice acerca de nuestra condición, y cómo respondemos, y cómo se da esta interacción entre Dios y nosotros en fe. Es el Evangelio: Dios tocándonos para hacer Su obra en nosotros. Y entre más nos toca Dios, más inadecuados nos sentimos; y entre más nos toca Dios, más fortalecidos también nos sentimos en Su presencia, y más descansamos en Él.

La guerra de Dios: el príncipe de Persia

Lo cual me lleva al tercer punto, que es la guerra de Dios. Aquí está esta parte un poquito mística de todo esto que está sucediendo con el príncipe de Persia. Yo jugaba un videojuego hasta la secundaria que se llamaba así, Príncipe de Persia; es lo que yo sabía del príncipe de Persia: era un videojuego. Y aquí es otro concepto completamente diferente. ¿Quién es el príncipe de Persia? Este pasaje es como una revelación de Dios en la que está abriendo una cortina para dejarnos ver algo de lo que está sucediendo detrás, en el mundo que no vemos y no percibimos. Es una pista nada más de una realidad más profunda.

Esta guerra de Dios es una cosa bien real, hermanos. Se nos olvida esta dinámica que existe, porque no la vemos. Ahí está, pero no estamos conscientes de ella. Pero la Biblia muchas veces nos está recordando esto. ¿Saben qué? Estaba viendo esto; estaba leyendo en uno de los comentarios, decía que en el Antiguo Testamento los ángeles son mencionados más de cien veces, y en el Nuevo Testamento los ángeles son mencionados más de 160 veces. La Biblia quiere mostrarnos la realidad del mundo espiritual que está ahí, y hay una guerra constante que se está dando: una realidad del mundo espiritual que no vemos, pero que la Biblia quiere que sepamos que existe.

Jurisdicciones en el mundo espiritual

Entonces, nada más quiero rápidamente mostrarles cuál es un poquito el contexto de esto de Daniel 10. O sea, esto que está pasando en Daniel 10 no es único del libro de Daniel. Tenemos Deuteronomio 32, versículos 8 y 9: "Cuando el Altísimo dio a las naciones su herencia, cuando separó los hijos del hombre, fijó los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel. Pues la porción del Señor es su pueblo; Jacob es la parte de su heredad". ¿Qué significa esto? Aquí, "hijos": cuando dice "los hijos del hombre", en otras partes de la Biblia esto es una referencia a ángeles. Entonces parece ser —no estamos completamente seguros, pero parece ser— que en Deuteronomio está mostrando que Dios no solamente delimita los límites políticos que existen en este mundo, sino también está delimitando los límites de jurisdicción en el mundo espiritual. Entonces dice: "A ver, tú, hasta aquí; esta es el área en donde tú tienes la jurisdicción. Y tú, hasta aquí; esta es el área que a ti te correspondía, hasta aquí tienes la jurisdicción". Tanto para los ángeles que son siervos de Dios como para los ángeles caídos que se han rebelado en contra de Dios.

Entonces, tenemos estas asignaciones que Dios da a un nivel no nada más personal. El Salmo 91:11 nos da una indicación de que Dios tiene ahora a Sus ángeles también asignados a gente en lo individual. Dice: "Él dará órdenes a Sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos". Salmo 91:11. Pero más allá de eso, sobre esos ángeles hay otros ángeles que tienen un dominio más extenso, y un dominio territorial, digamos. Entonces, parece ser… O sea, estamos entrando en un poco de especulación aquí, pero esta especulación está basada en lo que vemos en el pasaje. Parece ser que entonces hay un príncipe de México, que no conocemos, pero ahí está: alguien que las fuerzas de Satanás han asignado para oprimir y para promover la rebelión contra Dios y la impiedad. Esa es su tarea específica: es avanzar el reino de Satanás sobre un área, un territorio.

Cuajimalpa: ¿el príncipe de Cuajimalpa? ¿Hay un príncipe de Cuajimalpa? No sabemos, no sabemos qué es lo que hay. Parece ser que habría alguien asignado a esta zona, habría alguien asignado a donde vivimos nosotros aquí, para decir: "Mi trabajo es destruir a la iglesia. Mi trabajo es avanzar la agenda que va en contra de Dios; todo lo que tenga que ver con inmoralidad, con rebelarse contra Dios: ese es mi trabajo". Está el libro de C. S. Lewis que se llama Cartas del diablo a su sobrino, que es un poquito esta imaginación de cómo se vería un diálogo entre Satanás y un sobrino suyo: cómo planean y hacen estrategias de cómo engañar a los cristianos y cómo llevarlos en la dirección que quieren. Léanlo. No lo tenemos en la librería, pero lo vamos a conseguir. Es interesante. Algo está pasando aquí.

Nuestra lucha no es contra carne y sangre

Y ahora podemos llevar esto un poquito más lejos; nos va a mostrar otros pasajes. Obviamente ustedes conocen Efesios 6, versículos 11 y 12. Pablo aquí dice específicamente: "Revestíos con toda la armadura de Dios, para que puedas estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque nuestra lucha no es contra carne y sangre, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales". Entonces, Pablo mismo está diciendo: "Miren, ¿ustedes creen que tu hermano o tu hermana es el problema? ¿Ustedes creen que este que dijo esto, o que hizo esto, es el problema? No: hay algo más profundo sucediendo aquí". Estamos en una guerra constante, en un mundo invisible que no vemos y del cual no estamos conscientes, pero ahí está.

Y hay algunas ocasiones a lo largo de la Biblia en que ese mundo se revela brevemente y es mostrado, y este es uno de ellos. Hay otro con Eliseo y un siervo de él, que están también viendo un ejército que se va a enfrentar contra ellos. Y él dice: "Ahora, Señor, ábrele los ojos tantito para que vea". Y se da cuenta de que hay un ejército espiritual encima del ejército físico. Y entonces es cuando dice: "Está bien, ya están" —porque estaba todo preocupado: "¿Qué vamos a hacer?"—; "ya vi que sí están con nosotros". Pero esta es la realidad del mundo espiritual que estamos viviendo, hermanos. Nuestra iglesia va a estar en constantes ataques y en constante asechanza de parte de Satanás y sus huestes, y de agentes asignados específicamente a nosotros, específicamente a nuestra iglesia.

Dos tendencias equivocadas

Ahora, ¿cómo lidiamos con esto? Porque el problema es que a lo largo de la historia de la iglesia hemos tenido una de dos tendencias. Una: sobreespiritualizar todo, al grado que vemos demonios en todas partes, y tú tienes el demonio del chisme, y hay que expulsarlo". Y bueno, sí hay iglesias que se la pasan expulsando demonios y viendo demonios en todas partes. Y por otro lado tenemos iglesias que tienden a ignorar completamente el mundo espiritual y a pensar que nada de esto es real, o por lo menos a vivir como si nada de esto fuera real.

Hay un libro… He estado organizando los libros que tenía mi mamá, y mi mamá tenía una categoría de libros herejes en su biblioteca; fue muy específica en comprar libros herejes, no porque los creyera. Y dentro de estos libros está uno que se llama Espíritus territoriales, y es un libro sobre este capítulo de Daniel. Ahora, el libro tiene algo de base en la verdad, porque sí es cierto: hay espíritus territoriales, espíritus asignados a ciertos territorios. Eso es lo que nos está mostrando aquí.

Miguel, el príncipe de Israel

Y quiero que vean, de hecho, nomás para clarificar aquí quién es Miguel: es el príncipe de Israel. Es el arcángel asignado al pueblo de Israel en la Biblia. Ese es su trabajo: es defender a Israel, hacer la obra de Dios a favor de Israel. En el capítulo 12 —o sea, ya vamos a llegar a esto—, pero en el capítulo 12 va a regresar Miguel. Vean el capítulo 12, versículo 1: "En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte" ¿de qué? "de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces". Entonces, ahí está: Miguel va a reaparecer en el capítulo 12 peleando a favor de Israel.

Pero también, nuevamente —ya nos estamos metiendo aquí al libro de Apocalipsis—, en Apocalipsis encontramos otra vez al arcángel Miguel, nuevamente peleando a favor de Israel. La mujer, la mujer que está siendo perseguida por el dragón, representa a Israel siendo perseguido por Satanás —vamos a llegar a eso; estos son símbolos que usa el libro de Apocalipsis—. Y vean lo que dice el versículo 7 del capítulo 12: "Después hubo una gran batalla en el cielo". Pero nuevamente, esta es una dimensión que no vemos, pero ahí está. "Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos". Entonces, vamos a llegar a eso algún día, en Apocalipsis 12; por aquí ya les estoy adelantando que Miguel es el arcángel asignado al pueblo de Israel para defenderlos a ellos, y están en constante batalla para desarrollar el plan de Dios para los judíos.

¡Ah!, ¿se acuerdan de Judas? Vimos Judas hace unas semanas, ¿se acuerdan? Y ahí es mencionado también Miguel, como alguien que contendió con Satanás por el cuerpo de Moisés. Vimos algo de eso y lo que eso significaba. Nuevamente, todo lo que tiene que ver con los judíos como nación parece ser que se le asigna a Miguel: él es el príncipe de Israel.

Los demonios no se meten en las casas, sino en la gente

Bueno, todo eso para decir, hermanos: estamos en una batalla espiritual, y queremos encontrar un balance en nuestra vida como cristianos y como iglesia, en el que no veamos a Satanás en todo y a los demonios en todo, y queramos reprender todas las cosas. Que, por cierto, una vez se acercaron a mí unas personas que me veían como un padrecito, prácticamente, y por eso me dijeron: "No, ¿ya no puede ir, pues, a expulsar demonios que hay en una casa? Están pasando cosas raras; queremos que vaya y ore por la casa para que se vayan". Les dije: "No es la casa, es la gente". O sea, no es la solución. Los demonios, su meta es la gente, no las cosas, como: "Ay, me gusta este árbol, voy a vivir en este árbol", o "yo voy a vivir en esta casa". Los demonios están donde está la gente, y están actuando siempre a través de seres vivos y las cosas que hacen.

Sí es real. Miren, nosotros no estamos tan conscientes de este mundo espiritual, pero hemos escuchado historias de misioneros que sí están involucrados en la predicación del Evangelio, por ejemplo, a tribus de África que están involucradas en la hechicería y en el satanismo —y en México también hay—. Pero a lo mejor, como nosotros no estamos tan en contacto con esos medios, no nos hemos dado cuenta tanto de este mundo espiritual. Pero esos misioneros que están ahí y ven estas cosas están mucho más conscientes del mundo espiritual, porque ven a Satanás actuar de una forma muy, muy visible. Solo digo: ahí está. Satanás es real; los demonios son reales.

Cómo enfrentamos la batalla: la armadura de Dios

¿Cómo enfrentamos eso como cristianos? El problema con este libro que les mencioné, que tenía mi mamá, es que la estrategia que promueve el libro es: "Tú ora y reprende esos demonios para que Dios los ate y los quite y no estorben en tu trabajo de evangelismo". Entonces, es un ataque directo: cristiano-demonio, cristiano-Satanás. Pero cuando yo veo a Daniel aquí, en Daniel 10: ¿Daniel estaba orando acerca de la batalla espiritual de las huestes espirituales? No. Él estaba orando por su pueblo. Es lo que estaba pasando, pero Daniel no sabía sobre eso, y Daniel no estaba orando sobre eso. No estaba diciendo: "Señor, reprende a los demonios, reprende al príncipe del reino de Persia". Él estaba orando acerca de su propia vida espiritual. Y Dios solamente le mostró que, como consecuencia de estar orando sobre su propia relación con Dios y la relación de sus hermanos con Dios, Dios estaba actuando en el mundo espiritual, en una batalla contra el príncipe de Persia. Y que, por cierto, le dice: "Y ahora viene el de Grecia también. Va a pasar el reino de Persia; ahora viene el de Grecia, el imperio, y tiene otro príncipe, y ahora voy a tener que hacer batalla contra él, en oposición a ustedes".

Entonces, ¿cómo lidiamos con esto como cristianos? Es como creo que Pablo lo explica claramente en Efesios 6: pónganse la armadura de Dios. Y la armadura de Dios no tiene que ver con una reprensión de demonios y de huestes satánicas constantemente, sino que tiene que ver con nuestra relación con Dios: con la fe, con la Palabra de Dios, con estar constantemente buscando el Evangelio siendo aplicado a nuestras vidas de una manera real, y pidiéndole a Dios que haga esa obra en nosotros. Y es la manera de hacer batalla; es una manera indirecta. Es: "Señor, Tú haz la batalla. Entonces, yo voy a Ti, y me encomiendo a Ti, me pongo en Tus manos, para que Tú hagas lo que Tú tengas que hacer. Yo no sé qué está pasando allá afuera; yo no sé dónde hay demonios, y dónde está Satanás, y dónde está haciendo lo que sea que hace. Yo no sé; Tú sí".

Así que la única manera de hacer batalla, hermanos, es encomendarnos a Dios, buscando fortalecer nuestra relación con Dios en oración, en el estudio de la Palabra de Dios, en esto de la comunión de los santos, unos con otros, edificándonos. Esa es la manera de hacer batalla. Es, creo, el balance que nos está enseñando la Biblia, para no irnos en esa dirección ni en esta dirección, sino mantenernos en las manos de Dios para enfrentar lo que sea que venga. Sí.

Conclusión: la victoria de la cruz

Para terminar, solo quiero decir: cuando oramos, Dios nos afirma: "Eres amado, estoy contigo, pelearé por ti, y ganaré. No temas". Esto, hermanos, esto que estamos leyendo aquí, esta batalla espiritual: la más grande de todas las batallas que Jesús ha hecho contra las huestes de Satanás es la batalla que ganó en la cruz. "Y cuando estabais muertos en vuestros delitos y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con Él, habiéndonos perdonado todos los delitos, habiendo cancelado el documento de deuda que consistía en decretos contra nosotros y que nos era adverso, y lo ha quitado de en medio, clavándolo en la cruz. Y habiendo despojado a los poderes y autoridades, hizo de ellos un espectáculo público, triunfando sobre ellos por medio de Él". Es la victoria principal que Jesús ya ganó sobre las huestes de maldad, y eso es lo que garantiza nuestra victoria en Cristo. El próximo domingo: la visión para la cual Dios preparó a Daniel. Pues, sí. Bien.

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