Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Daniel 9:1-19DanielNathan Díaz

La oración de la gente del reino

¿Para qué orar si Dios es soberano y de todos modos hará lo que él quiere? La oración de Daniel 9 responde mostrando qué la motiva: la Palabra de Dios, la gloria de Dios y un arrepentimiento sincero en el que Daniel se incluye entre los culpables. Un modelo para orar con confianza, apoyados en las promesas y la misericordia de Dios.

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Transcripción

Una pausa en las visiones de Daniel

…(La grabación comienza con el mensaje ya empezado.) La segunda visión, que fue en el capítulo 8, y la tercera visión, que está en el capítulo 9, de hecho comienza en el versículo 20. Ahora, lo que viene antes del versículo 20 es una oración que hace Daniel. Cuando estaba estudiando este capítulo me di cuenta que iba a ser muy difícil hacer todo en un solo mensaje, porque o iba a pasar muy rápido por la parte de la oración de Daniel, que tiene mucho contenido, con muchas lecciones para nuestras vidas, o iba a pasar demasiado rápido sobre la visión de Daniel de las 70 semanas, que es una visión que, pues, tiene muchas, muchas cosas muy interesantes acerca del cumplimiento de Jesús. O sea, cómo Jesús cumplió las profecías mesiánicas, y específicamente las de Daniel, están muy claras en el capítulo 9.

Entonces vale la pena tomarnos el tiempo para ver las 70 semanas de Daniel, que es la parte de la visión, el próximo domingo, y hoy ver la parte de la oración de Daniel nada más. Y para la última visión, la cuarta visión, que van a ser los capítulos 10, 11 y 12, vamos a tener un descanso del libro de Daniel, y vamos a regresar más adelante, probablemente hasta septiembre, a terminar Daniel. Así que creo que también de esa manera terminamos el capítulo 9 la próxima semana y dejamos toda la cuarta visión para después. Entonces, dentro de dos domingos tenemos un invitado especial que va a estar con nosotros, que va a predicar: un pastor amigo mío que se llama José Olivares. Y después hay varias actividades, y voy a estar fuera algunos domingos, y así; por eso es que vamos a pausar el libro de Daniel.

Orar en tiempos que lo ameritan

Ahorita vamos a ver el capítulo 9, y quiero que vean esta oración, que creo que es una oración que nos pone un ejemplo a seguir de lo que Dios quiere. Ahora, la gente del reino de Dios, o sea, esta gente que es del reino, tiene la responsabilidad de orar de una cierta forma, y Daniel aquí está modelando esa manera de orar. Y hay varias oraciones a lo largo de la Biblia, oraciones de ejemplo de cómo orar, y esta es una de ellas. Así que vamos a ver qué dice.

Y a la luz de lo que les comentaba Roberto de las elecciones que hay hoy en nuestro país, creo que este pasaje va a ser un buen reto para nosotros acerca de cómo, aunque tenemos el llamado a orar todo el tiempo —"orad sin cesar", como dice 1 Tesalonicenses 5—, de todas maneras existen épocas y temporadas y situaciones que ameritan oración más intensiva, más ferviente de nuestra parte. Y creo que hoy en nuestro país, lo que va a estar sucediendo y los cambios que vendrán después de estas elecciones ameritan oración ferviente de parte del pueblo de Dios. Conozco algunas iglesias que desarrollaron un programa de 40 días de oración por México, y creo que todo eso vale la pena considerarlo a la luz de este pasaje.

Y pensar nosotros... creo que todos ustedes, como yo, tenemos una carga por nuestro país ahorita, por la polarización, la división que puede existir, la hostilidad que puede existir. Y queremos ver que podamos vivir en paz, tranquilos, pero no sabemos qué trae el futuro, y queremos descansar en las manos de Dios. Y al mismo tiempo queremos orar fervientemente para que Dios haga su voluntad en nuestro país, y especialmente nosotros como iglesia.

La lectura de Daniel 9:1-19

Entonces quiero que vean esta sección; son los primeros 19 versículos del capítulo 9, que dicen: "En el año primero de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos, que vino a ser rey sobre el reino de los caldeos, en el año primero de su reinado, yo Daniel miré atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años".

Ahora, nada más quiero que ubiquen aquí lo que está diciendo Daniel. ¿Cuándo fue esto? ¿Cuándo fue? Ahora ya ha pasado, ¿se acuerdan? En la primera visión era en el primer año del rey Belsasar, que era rey de Babilonia. La segunda visión, del capítulo 8, también fue en el reinado de Belsasar, pero en el tercer año del rey Belsasar. Y si ustedes recuerdan, ¿qué es lo que leímos en el capítulo 5? Leímos cómo fue la caída del rey Belsasar ante los medos-persas, ¿se acuerdan? Bueno, entonces estaba Darío, que consideramos Ciro —ya di una explicación sobre eso—, el rey Ciro. Y ahora el capítulo 9 dice: "En el año primero de Darío hijo de Asuero", o sea, Darío —ya les dije, creo que Darío es Ciro—, primer año de Darío hijo de Asuero, de la nación de los medos. Ahora ya pasó lo de Belsasar, y este es el primer año en que está gobernando Ciro, como el imperio medo, pero el imperio medo-persa.

Dice el versículo 3: "Volví mi rostro a Dios el Señor, buscándole en oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas. No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.

Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra Él nos hemos rebelado, y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que Él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.

Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra Él pecamos. Y Él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén. Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad. Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz.

Ahora pues, Señor Dios, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente. Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro. Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor. Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias. Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo".

Esa es la oración de Daniel, y es una oración que nos va a mostrar muchas verdades acerca de la oración. Muchas veces nos preguntamos: ¿por qué oramos? ¿Para qué oramos? ¿Cuál es la razón si Dios es soberano? Si Dios ya va a hacer lo que Él quiera, ¿por qué oramos? ¿Cuál es el propósito? ¿Se han preguntado eso alguna vez? ¿Qué caso tiene? "Sí, sí, Dios hace lo que Él quiera. Yo no soy amo de Dios, yo no le digo qué hacer, yo no soy más sabio que Él; Él va a hacer lo que Él sabe que es mejor. ¿Para qué pierdo mi tiempo entonces en orar?". Y muchas veces oramos porque sabemos que debemos de orar, y tenemos esta convicción de la Palabra de Dios de que Dios nos ha mandado orar, pero no sabemos cómo orar. ¿Les ha pasado alguna vez? Dicen: "Voy a orar", y pasan dos o tres minutos, y como que ya se me acabaron las cosas que decir: "¿Qué más? Señor, ayúdame en este día y mañana, porque tengo que pagar las cuentas". Y ya de pronto ya se nos acabaron las ideas.

Entonces quiero, a través de este pasaje, mostrarles las respuestas a estas dos preguntas principalmente: ¿por qué orar? y ¿cómo orar? Creo que este pasaje nos muestra un buen ejemplo de un hombre de Dios, en donde Dios registró su oración en la Palabra para que viéramos un ejemplo a seguir en nuestras propias vidas.

La oración es motivada por la Palabra de Dios

Número uno, ese es el primer punto que quiero mostrarles: la oración es motivada por la Palabra de Dios. El punto que quiero mostrarles es que si tú no lees su Palabra, probablemente no vas a tener muchas ganas de orar tampoco. Y quiero que vean que aquí esto es justamente lo que motivó a Daniel a orar. Él dice: "Yo estaba mirando atentamente en los libros el número de los años de que habló Jehová al profeta Jeremías, que habían de cumplirse las desolaciones de Jerusalén en setenta años". Entonces, ¿qué libro está leyendo? ¿Qué parte de la Biblia que nosotros tenemos estaba leyendo Daniel? Jeremías. Es lo que lo motiva.

Ahora, ustedes no sabrían qué es lo que está leyendo de Jeremías nada más de leer el libro de Daniel, pero tenemos el libro de Jeremías. Entonces sabemos exactamente a qué se refiere Daniel, a qué partes de Jeremías se refiere cuando dice: "Estas son las partes que yo estaba leyendo que me llevaron a orar". Y no es que lo llevaran a orar como: "Ay, hace mucho que no hago oración; así que ahora sí, ya estoy leyendo la Biblia, ahora sí voy a orar". No; vimos en el capítulo 6 que Daniel tenía una vida de oración constante. Era un hábito, una disciplina espiritual en la vida de Daniel, orar tres veces al día viendo hacia Jerusalén.

Pero algo pasó que causó una oración más intensa, más ferviente. Y eso lo ven porque describe que la manera en que lo hace es en ayuno, oración y ruego, en ayuno, cilicio y ceniza. O sea, hay una intensidad mayor en esta oración de Daniel que lo que normalmente estaba acostumbrado a orar; o sea, hay un sentido de mayor lamento. Estas son cosas que representan lamento y arrepentimiento en una persona a lo largo del Antiguo Testamento: esto de ponerse ceniza, y de tener un ayuno, y además vestirse de cilicio, que habría sido algo que causaba comezón en la piel. Eran signos de arrepentimiento, eran signos de estar humillado delante de Dios.

Lo que Daniel estaba leyendo

¿Qué estaba leyendo Daniel? Vamos a leer 1 Reyes. A ver, yo les doy el contexto primero, porque de aquí viene todo lo de Jeremías. No dice que estaba leyendo 1 Reyes, pero sí conocía este pasaje Daniel. En 1 Reyes, Salomón, al dedicar el templo de Jerusalén, hace una oración profética también, en donde habla acerca de este exilio, y hace esta petición a Dios, 1 Reyes 8:48: "Si se vuelven a ti con todo su corazón y con toda su alma en la tierra de sus enemigos que los llevaron cautivos, y oran a ti vueltos hacia la tierra que diste a sus padres, hacia la ciudad que has escogido y hacia la casa que he edificado a tu nombre, entonces escucha tú desde los cielos, el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y hazles justicia. Perdona a tu pueblo que ha pecado contra ti todas las transgresiones que hayan cometido contra ti, y hazlos objeto de compasión ante los que los llevaron cautivos, para que tengan compasión, porque ellos son tu pueblo y tu heredad que sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro".

Esto lo oró Salomón, anticipando que un día, por la desobediencia, iban a ser llevados cautivos los judíos, y le está pidiendo a Dios: "Cuando eso suceda, Señor, escucha sus oraciones, cuando estén viendo hacia Jerusalén y se estén arrepintiendo". Jeremías fue contemporáneo de Daniel. Jeremías profetizó en este periodo, justamente en que Babilonia ya invadió Jerusalén y llevó como exiliados y cautivos a los judíos; ese es el momento en que Jeremías escribe. Entonces Daniel está familiarizado con lo que escribe Jeremías; sabe lo que dijo como profeta de Dios.

Y eso está en Jeremías, capítulo... Jeremías 29 dice: "Pues así dice el Señor: Cuando se le hayan cumplido a Babilonia setenta años" —o sea, esto lo está profetizando Jeremías al principio de la cautividad, y Jeremías dice: van a pasar 70 años—, y dice: "cuando se cumplió los setenta años, yo los visitaré y cumpliré mi buena palabra de hacerlos volver a este lugar. Porque yo sé los planes que tengo para ustedes, declara el Señor, planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza". Normalmente esa es la parte con la que estamos familiarizados, ¿no? "Ustedes me invocarán, y vendrán a rogarme, y yo los escucharé. Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón. Me dejaré hallar de ustedes, declara el Señor, y restauraré su bienestar y devolveré a sus cautivos, y los reuniré de todas las naciones y de todos los lugares adonde los expulsé, declara el Señor, y los traeré de nuevo al lugar desde donde los envié al destierro".

Y si ustedes leen también Jeremías 25, versículos 11 y 12, es lo que dicen; esto es lo que estaba leyendo Daniel. Dice: "Toda esta tierra será desolación y horror, y estas naciones servirán setenta años al rey de Babilonia. Después que se hayan cumplido los setenta años, castigaré al rey de Babilonia y a esa nación por su iniquidad, declara el Señor, y a la tierra de los caldeos; la haré una desolación eterna".

Ya es el momento

¿Ahora entienden por qué Daniel está movido a orar de una manera más intensa? Pues cuando dice el capítulo 9 que está sucediendo esto en el año primero de Darío hijo de Asuero, ¿quién es Darío hijo de Asuero? El que trajo fin, ¿a qué imperio? Al de Babilonia. ¿Empiezan a conectar todo? ¿Qué está pensando Daniel? "Jeremías habló de esto. Jeremías ya dijo: iban a pasar 70 años, y después de 70 años Babilonia vendría a su fin, y cuando Babilonia viniera a su fin, entonces regresaríamos nosotros nuevamente a Jerusalén". Sabe que es el tiempo, sabe que es el momento de la profecía.

La invasión de Babilonia original sucedió en el año 605 antes de Cristo; ese es el momento en que Daniel habría sido llevado cautivo: 605. A ver, cuando decimos antes de Cristo vamos hacia atrás: entre más grande sea el número... o sea, van al revés los números, van como en cuenta regresiva; piensen así, en términos así. En 605 es invadida Jerusalén por Babilonia, y en el año 586 es la destrucción final de Jerusalén. Hubo varias destrucciones, deportaciones, pero en 586 fue la destrucción más significativa. Pero Daniel habría sido llevado a Babilonia en el año 605 antes de Cristo. Esta visión, esta oración, está sucediendo en el año 539 antes de Cristo, de acuerdo a la cronología bíblica. Entonces, ¿cuántos años han pasado desde que Daniel fue tomado en la cautividad? Ya están ahí los 70 años. Entonces dice Daniel: "Ya es el momento". Y eso provoca en él un sentido de intensidad, de orar más intensamente.

Ahora, ¿creía Daniel que Dios no iba a cumplir su promesa si él no oraba? "Oye, Dios, si no oro yo, se te va a olvidar que prometiste". ¿Creía Daniel eso? No. El libro de Daniel es uno de los libros que más enfatiza la soberanía de Dios, que Dios hace lo que Él quiere, que no hay quien pueda detenerlo. Entonces este es uno de los libros principales a los que pueden ir para ver ese tema. Entonces, ¿por qué? ¿Cuál es su motivación para orar? Bueno, vamos a ver, vamos a desarrollar eso; quiero nada más que lo vayan pensando. Está buscando a Dios.

Y quiero que vean que de hecho todo esto que empieza a mencionar —porque empieza a regresarse por generaciones y habla acerca de los siervos, de los profetas, de los reyes, de los príncipes, de los padres, en estos versículos, el 6—, ¿ven todas esas personas de las que está hablando Daniel? Eso también está en Jeremías. Jeremías 44, versículo 17: "Sino que ciertamente cumpliremos toda palabra que ha salido de nuestra boca, y quemaremos sacrificios a la reina del cielo" —¿quién es la reina del cielo? Bueno, aquí es un ídolo— "derramándole libaciones, como hacíamos nosotros, nuestros padres, nuestros reyes y nuestros príncipes en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. Entonces teníamos bastante alimento, prosperábamos y no veíamos mal alguno. Pero desde que dejamos de quemar sacrificios a la reina del cielo y de derramarle libaciones, carecemos de todo, y por la espada y por el hambre hemos sido acabados".

"Y las mujeres dijeron: Cuando nosotras quemábamos sacrificios a la reina del cielo y le derramábamos libaciones, ¿acaso no sabían nuestros maridos que le hacíamos tortas con su imagen y le derramábamos libaciones?". ¿Qué clase de tortas? ¿Tortas de tamal? "Entonces Jeremías habló a todo el pueblo, a hombres y a mujeres, a todo el pueblo que así le respondía: En cuanto a los sacrificios que han quemado en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén, ustedes y sus padres, sus reyes y sus príncipes" —aquí está— "y el pueblo de la tierra, ¿no se ha acordado el Señor de ellos, y no ha venido esto a su mente? El Señor no pudo soportar más, a causa de la maldad de las obras de ustedes y a causa de las abominaciones que habían cometido; por eso su tierra fue convertida en ruinas, en objeto de horror y maldición, sin habitantes, como está hoy".

Entonces bien, estas cosas que estaba leyendo Daniel inspiran su oración. Dice: "Yo estoy leyendo aquí palabras de Dios a través de Jeremías. Creo que la Palabra de Dios es fiel y verdadera, y esa confianza en que lo que Dios está diciendo es verdad me motiva a orar". Porque, miren, hermanos, ¿cómo vamos a orar si no conocemos al Dios al cual le estamos hablando? Si tú no conoces a ese Dios, si tú no sabes cómo es, ¿qué le vas a pedir? ¿Sabes qué quiere? ¿Sabes cómo es? ¿Sabes cuáles son sus atributos, cuáles son sus características? ¿Sabes cómo puedes llegar a Él? Esas cosas solo las puedes hacer si sabes la clase de Dios que es. ¿Y cómo vas a saber qué clase de Dios es? Leyendo su Palabra.

Entonces están conectadas la oración y la lectura de la Palabra de Dios, porque el conocer mejor a Dios nos motiva a hablar con Dios más, porque empezamos a entender cómo es, empezamos a entender qué es lo que le importa a Él, empezamos a entender cuáles son el tipo de oraciones que Él contesta siempre, siempre, sin duda alguna. Hay muchos tipos de oraciones, ¿no? "Señor, me compré este billete de lotería, y estaría bien, porque si me lo gano, yo te prometo que le doy el 60% a la iglesia". Entonces, tú sabes, ¿contesta Dios esas oraciones? O sea, hay oraciones que Dios no contesta. Pero todo tiene que ver con qué es lo que estamos pidiendo ahí, y qué tanto conocemos a Dios cuando estamos pidiendo.

Porque la razón por la que no pedimos correctamente es porque no conocemos a Dios; no sabemos qué quiere hacer. Pero si leyéramos más la Palabra de Dios, sabríamos qué es lo que quiere hacer. Y Daniel aquí dice: "Tú dijiste, Dios, lo que quieres hacer, así que puedo orar confiadamente, porque sé exactamente cuál es tu voluntad". Todo el mundo ora, pero no todo el mundo conoce a Dios. ¿Ustedes conocen a su Dios? Entonces ese es el primer punto acerca de la oración: la oración debe de ser motivada por la Palabra de Dios.

La oración es motivada por la gloria de Dios

Número dos: la oración debe ser motivada por la gloria de Dios. Y aquí quiero que vean cómo es que Daniel exalta a Dios primeramente en su oración. Y dice el versículo 4: "Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor". Pero se detiene un poquito Daniel, y empieza a describirlo; empieza a decir: "Dios grande". "Me doy cuenta que no estoy hablando con cualquiera aquí; tú eres un Dios inmenso, tú creaste el universo". "Digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos". Está describiendo a Dios; no nos está describiendo a nosotros, ni está describiendo las características de ellos. "Tú eres un Dios fiel, tú eres un Dios justo, tú eres un Dios grande; esa es la clase de Dios que eres".

Si se nos olvida la grandeza de Dios, entonces nuestras oraciones serán demasiado pequeñas. Si tú le estás orando a un Dios pequeño, tu manera de orar estará considerablemente limitada, porque primero vas a llegar no con mucha fe: "Porque, ay, dicen que hay un Dios, pues quién sabe; pero me lo imagino así como si fuera un genio saliendo de una lámpara, nada más ahí esperando a que yo le pida algo. Así que, pues, a ver qué pasa". Entonces muchas veces tenemos estas ideas muy abstractas acerca de Dios, como alguien que está allá afuera y que quién sabe qué interés tenga en nosotros: "Pero a ver si nos escucha, y a ver si nos contesta".

Aquí Daniel tiene una absoluta confianza en qué clase de Dios es, y por eso se toma el tiempo para describirlo en su oración; se toma tiempo para decir qué clase de Dios es. Y no nada más es aquí, en el versículo 4, que lo describe. Más adelante, el versículo 7 dice: "Tuya es, Señor, la justicia". O sea, nuevamente: eres un Dios justo. Versículo 9: "De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia": es un Dios misericordioso, "y el perdonar". Y luego en el versículo 14: "Justo es Jehová nuestro Dios". Nuevamente regresa a sus atributos. "Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto": pensando en las cosas que Dios ha hecho, que ya han manifestado la clase de Dios que es. Versículo 16: tus actos de justicia, "conforme a todos tus actos de justicia". Así actúa Dios.

Empezar con Dios, no con nuestras necesidades

Somos demasiado rápidos para llegar a Dios en oración con nuestras necesidades. Normalmente: "Oye, Señor, por cierto, tengo este problema, ayúdame", ¿no? Y esa normalmente es la manera en que llegamos a Dios, como cuando necesitas dinero en efectivo y andas buscando un cajero, y es la solución a tu problema. Pero apuesto a que el dinero no es todo lo que necesito. Con Dios, este patrón que nos está mostrando Daniel, la manera de orar, es primeramente reconociendo quién es Dios, pensando en sus atributos. Si tú piensas suficiente en sus atributos, eso va a moldear tu manera de orar.

Como dijo Jesús que oráramos, en el Sermón del Monte: "Padre nuestro". Pero a ver: "Padre", ¿qué significa que es nuestro Padre? "Padre", ¿no? Eso significa que soy tu hijo. ¿Qué es lo que me hace ser tu hijo? ¿Qué es lo que hace que yo pueda decirte Padre? Significa que has pagado el precio que era necesario pagar para que yo pudiera ser tu hijo; por eso vengo a ti diciéndote: "Padre". "Padre nuestro que estás en los cielos": o sea, tú eres trascendente, tú estás por encima de nosotros; tú no estás a nuestro nivel, tú estás en los cielos, por encima de nosotros. "Santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad". Esas son las cosas que Jesús nos enseñó acerca de la oración, donde empezamos con Dios: hablamos acerca de Dios, quién es Dios, qué es lo que quiere Él, dónde está Él, cuáles son sus atributos. Esas son las cosas que primero deberían estar en nuestra mente cuando oramos. Entonces, solo les estoy diciendo algunas cosas acerca de lo que creo que es la razón por la cual no oramos correctamente, la razón por la cual nuestras oraciones parecen tan insípidas a veces. Porque a veces, yo me acuerdo, creciendo decían: "¿Qué es orar?". ¿Y cuál es la explicación? ¿Y cuál es la respuesta? "¿Qué es orar? Orar es hablar con Dios". Y eso es cierto, pero eso es solo el principio de la definición. Si tú te quedas ahí, te quedas un poco limitado, porque entonces piensas: "Hablar con Dios... Y yo hablo con mi amigo también, y con mi papá, con mi mamá, con mi hermano, mi hermana, mi primo; con todos ellos también hablo. O sea, que hablar con Dios es como hablar con una persona". ¿Es verdad eso? No.

Orar no es hablar con un cuate

Orar es hablar con Dios, y hablar con Dios es muy diferente que hablar con una persona, porque es Dios. No es una persona; es Creador, no creación. Entonces, cuando alguien usa lenguaje coloquial para hablar acerca de Dios, así como: "Ya le hablé al jefe, ¿no?, el que está allá arriba". ¿Con quién estás hablando? ¿Con tu cuate? ¿Así, el cuate Dios? Así no funciona. Dios no es como nosotros. Si tú quieres ponerte a su nivel, como si de veras estuvieran al mismo nivel, y como si realmente fueran lo mismo, tú estás perdiendo de vista la majestad, la gloria de lo que Daniel está expresando aquí: "Dios grande, digno de ser temido".

De nadie diríamos eso. ¿De ninguna persona que tú conoces dirías: "Eres grande, eres digno de ser temido, siempre eres fiel, siempre cumples lo que dices, estás lleno de misericordia"? Nunca hablamos de otros así, porque nadie es así; solo Dios. Entonces tenemos que tener categorías aquí para entender que la oración es una categoría completamente diferente de conversación. Y esto es lo que Daniel quiere mostrarnos.

Una oración de contrastes

Y lo quiere hacer... y fíjense aquí, esto es lo que me encanta de esta oración, porque esta oración es una oración de contrastes. O sea, por un lado está Dios, su majestad, su gloria, sus atributos; y por otro lado pasa mucho tiempo Daniel describiendo cómo es él y cómo es el pueblo, mucho tiempo. Hay un gran contraste aquí: "Bueno, tú eres fiel, nosotros no. Tú eres perfecto, nosotros siempre pecamos. Tú guardas tu palabra, y nosotros hemos fallado en todas las áreas que te dijimos que íbamos a hacer. Y tú mereces la gloria; nosotros merecemos condenación y juicio". Toda la oración está hablando en términos de contrastes. Entonces, primeramente habla acerca de cómo Dios es grande, justo, misericordioso y confiable.

La oración es motivada por el arrepentimiento

Pero ahora dice: "Mi oración está motivada no solamente por la Palabra de Dios, no solo por la gloria de Dios, sino que mi oración está motivada por el arrepentimiento". Como en Isaías 6, la visión que tuvo Isaías en el capítulo 6, donde tuvo una visión de Dios sentado en su trono, en su majestad, y la reacción de ver y contemplar a Dios fue darse cuenta de su propia pecaminosidad. Y dice Isaías: "¡Ay de mí!", de labios impíos, el corazón impuro, lleno de pecado, y lo movió al arrepentimiento. Eso es algo muy parecido a lo que está sucediendo aquí con Daniel.

Y noten que aquí está el énfasis. Para los que están estudiando cómo estudiar la Biblia: una clave importante de cómo encontrar el tema central de un pasaje es buscar palabras repetidas, ¿verdad? ¿Y qué palabra está muy repetida en esta oración? Versículo 5: "Hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, hemos sido rebeldes, nos hemos apartado de tus mandamientos". Versículo 6: "No hemos obedecido a tus siervos". Versículo 8: "Contra ti pecamos". Versículo 9: "Contra Él nos hemos rebelado", y no obedecimos la voz de Dios. Versículo 11: "Porque contra Él pecamos". Versículo 13: "Para convertirnos de nuestras maldades". Versículo 14: "No obedecimos". Versículo 15: "Hemos pecado, hemos hecho impíamente". Versículo 16: "Nuestros pecados", "nuestros padres".

¿Notan un patrón aquí? ¿Cuál es este patrón? El patrón que están viendo es que Daniel se está incluyendo dentro de la gente que ha transgredido contra Dios. Él está diciendo esto en la primera persona plural, y eso es muy importante, porque muestra que Daniel está consciente de su propio pecado delante de Dios. Él no está nada más orando por este grupo de personas pecadoras y diciendo: "Bueno, ellos, ellos, Señor, como que no te han obedecido muy bien, yo sé que los juzgaste; pero mira, aquí está tu siervo, que has usado grandemente aquí en Babilonia y en este nuevo imperio. Perdónalos". No, no es la actitud de Daniel. Daniel reconoce su culpabilidad delante de Él y se incluye en esa culpabilidad en su oración. Hay un sentido muy honesto en esta oración acerca de reconocer su propia falta.

Qué difícil es reconocer

Estaba pensando acerca de esto porque ahorita que estamos con lo del Mundial, pensando en qué pasa en los partidos que vemos: ¿qué tan honestos son los jugadores en un partido? O sea, ¿es fácil que reconozcan: "No, sí, sí, sí era penal; o sea, es la verdad, sí lo jalé, sí me pasé, no hay problema"? ¿Alguna vez han visto a algún jugador decir eso? Siempre reclaman, siempre, ¿no? Nunca, nunca hicieron falta, nunca hicieron nada indebido; es culpa del árbitro, siempre están juzgando incorrectamente si va en contra tuya. Y qué increíble sería así, si un día un jugador dijera eso, si de veras fuera honesto y generoso: "Estoy como muy enojado, y por eso me dieron ganas de patearlo".

O imagínense, ahorita que estamos con lo de las elecciones, ¿no? A mí me llamó la atención con esto de los debates: ¿cuándo reconoce un político así: "No, sí, ahí la regué, esa sí es mi debilidad"? ¿Alguna vez han visto eso, que digan: "No, sí, en eso sí eres mejor tú que yo"? Nunca escuché a un político decir eso. ¿Qué hacen todos los políticos? Decir: "Yo soy perfecto; esos son los malos, esos son los que no saben hacer las cosas, pero yo, yo nunca me equivocaba". Básicamente es lo que están dando a entender cuando hablan.

Es increíble qué tan difícil es reconocer. Es tan fácil, es tan, tan fácil, hermanos, ver los errores en otros, ¿no es cierto? Tan fácil se nos da eso; o sea, no nos cuesta nada de trabajo decir: "No, es que este es así, esto es así, este dice esto, este es...". Siempre, siempre va a ser más fácil señalar los errores de los demás. El gran reto para nosotros como cristianos es aprender a reconocer nuestra propia culpabilidad delante de Dios, y a incluirnos dentro de la culpabilidad que tenemos delante de Dios junto con los demás; a decir: "Señor, todos hemos fallado, todos estamos mal. Y este hermano sí la regó, pero yo también la regué; así que perdónanos a ambos, ten misericordia de ambos, de nosotros. Porque no, yo no necesito tu misericordia a menos que él; yo la necesito tanto como él".

Daniel, el que se incluye

¿Y quién está hablando aquí? Daniel. ¿Hemos visto alguna falla en Daniel hasta ahorita? ¿Hemos visto algo que haga mal, que vayamos a decir: "Ay, sí la regó Daniel bien feo"? No. Este es el hombre que, cuando los estaban educando al principio de la deportación, dijo: "No, yo quiero que nos den agua y verduras, porque quiero aprender dependencia de Dios y no del reino de Babilonia". Ese es el hombre a quien Dios le mostró visiones y le dio la interpretación de los sueños dados a estos hombres, para ser mensajero de Dios a una nación pagana. Ese es el hombre que, cuando escuchó acerca de este decreto de que si lo encontraban orando lo iban a echar al foso de los leones, dijo: "No me importa, yo voy a seguir haciendo lo que tenía que hacer", y tres veces al día seguía orando, y no le importó que lo echaran en el foso de los leones.

Ese es el hombre que está diciendo: "Hemos pecado, nos hemos rebelado contra ti, hemos fallado; todo lo que nos has hecho lo merecemos". ¿Nos atrevemos a usar la palabra pecado? Al pecado normalmente tratamos de suavizarlo y decir: "Bueno, sí la regué, es una fallita, pero nadie es perfecto". Sí, siempre queremos suavizar; siempre queremos bajarle la intensidad a lo grave de nuestra culpabilidad. Y normalmente estamos haciendo toda clase de pretextos para justificar nuestras acciones: "Bueno, sí, Señor, sí lo hice, pero bueno, tú lo viste a él". Esto lo ves con los niños ejemplificado muy bien: "Porque es que me pegó primero". ¿No es ese siempre el pretexto? Y siempre tenemos una manera de justificar, de decir: "Yo sí la regué, pero realmente la regué por culpa de alguien más". Y entonces solo quiero que entiendan que hay una conciencia clara para Daniel de qué es pecado y qué es culpabilidad, y él no está tratando de crear excusas para sí mismo. No está tratando de justificarse, no trata de decirle a Dios: "Y bueno, sí, pero...". Él realmente está poniendo delante de Dios su culpabilidad, pidiendo que Dios lo perdone, pero primero reconociendo la justicia de Dios.

El "hemos" de Daniel

Y quiero nada más hacer un énfasis aquí, porque en la Biblia a veces, cuando dices "hemos", también se usa de una manera representativa, no necesariamente que te estás incluyendo. Por ejemplo, si México gana mañana —no sé—, pero si México gana mañana, ¿qué va a decir la gente? "Ganamos". Y no les van a decir: "¿Cuántos goles metiste? ¿Tú ganaste?". "Bueno, ganamos", porque es México, y nos sentimos representados por ellos; por eso decimos "ganamos". Nos sentimos increíble: "Ellos me representan", pero bueno, yo sé que ellos son los que realmente ganan. ¿Es ese el sentido en que está hablando Daniel aquí? Como: "Bueno, ellos; pero bueno, como soy de su mismo pueblo, también como que me representan. Yo no soy igual que ellos, no hice lo mismo, pero me incluyo". ¿Eso es lo que dijo Daniel? ¿Ese es el sentido en que está usando "hemos"?

Nada más quiero aclararles: no, y lo sabemos porque en el versículo que vamos a ver el próximo domingo, en el pasaje, donde empieza el pasaje del próximo domingo, versículo 20, vean cómo lo explica Daniel. Dice: "Aún estaba hablando y orando, y confesando mi pecado y el pecado de mi pueblo Israel". Entonces Daniel hace muy claro que su oración no es nada más como: "Bueno, ellos, y yo como que... más bien, pues, ni modo, yo soy judío también". No, él realmente está diciendo: "No, sí, mi pecado estoy confesando delante de Dios, así como el pecado de otros". Entonces se está poniendo al mismo nivel, y está mostrando que Dios es un Dios justo.

Lo que merecemos

Y Daniel hace esta pregunta: ¿qué es lo que merecemos? ¿Qué es lo que merecemos? Versículo 12: "Ha traído sobre nosotros tan grande mal". Versículo 13: "Todo este mal vino sobre nosotros". El versículo 14: "Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros". Versículo 16: "Apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén". Daniel reconoce que lo que Dios ha hecho lo merecen. Sí, eso decimos: "Lo que tú estás haciendo es completamente justo".

¿Cuántas veces sentimos que, cuando algo va mal en nuestras vidas, es justo? ¿Cuántas veces le reclamamos a Dios, porque pensamos: "Esto no debería ser así, Señor. Yo no merezco sufrir, yo no merezco que esto me pase. ¿Por qué? ¿Por qué?". Cada día de vida, cada respiración que das, es un acto de gracia y de misericordia de Dios. Si Dios fuera justo, si Dios realmente fuera justo sin ningún elemento de paciencia, de misericordia, de tolerancia, como dice Romanos 2, si Dios no tuviera esa otra parte que contrasta con su justicia, ninguno de nosotros estaríamos aquí hoy. Todos ya estaríamos muertos; todos ya habríamos sido consumidos por la ira de Dios. Es solo su gracia lo que nos da la oportunidad de seguir viviendo otro día, y teniendo la oportunidad nuevamente de reconocerlo a Él como nuestro Dios.

La corrupción y nuestra hipocresía

El reto aquí, hermanos, es que este arrepentimiento es reconociendo cómo es que sí realmente estamos involucrados. Miren, y digo esto porque en esta época de elecciones también, nuevamente, se ha señalado mucho este tema de la corrupción, ¿no es cierto? Que la gente dice: "Es que este gobierno corrupto, y esos corruptos, y esos políticos, y esos...". Y siempre estamos hablando mal de las autoridades: "Una bola de...", ya no digo lo que sigue. ¿Por qué? Entonces, o sea, ¿qué estamos haciendo ahí? Ellos son los malos; nosotros, los ciudadanos, somos perfectos; nosotros sí siempre hacemos las cosas bien.

Es interesante, porque cuando la corrupción nos beneficia, entonces sí tenemos maneras de excusarnos: "Bueno, es que ya sabes, así es". ¿Ven dónde está la hipocresía muchas veces en nosotros? Y como no entendemos nuestra relación con el pecado, no entendemos nuestra relación con la culpabilidad, pensamos esencialmente que somos buenas personas; pensamos que esencialmente los malos son otros, no nosotros. Aquí Daniel está tratando de mostrar que él está involucrado en el pecado de su pueblo, que él es parte de la razón por la que Dios ha juzgado a su pueblo, y comparte la carga del pecado en el camino de la fe con sus hermanos.

Compartir la carga como iglesia

Y eso es algo que tenemos que aprender juntos como iglesia: cómo compartimos las cargas del pecado unos con otros, de tal manera que yo comparto la carga junto contigo por tu pecado, y no de: "¡Guau, lo que tú hiciste es lo último!". O sea, cómo es que nos identificamos unos con otros en nuestro pecado, de tal manera que sintamos esa carga juntos y digamos: "Hermanos, somos culpables todos; estamos en esto juntos todos". No hay unos y otros, como: "Ay, los santos y buenos, y los que nunca se portan mal, acá en la iglesia, y los malos de este lado". Tenemos que tener este sentido de unidad de familia, en donde realmente aprendemos a cargar estas cargas juntos, pedir perdón juntos y compartir responsabilidad juntos sobre todas estas cosas.

¿Ustedes no creen que eso mataría el cinismo, y la manera en que nos ridiculizamos y nos burlamos unos de otros, y los comentarios sarcásticos y condescendientes que hacemos unos hacia otros? ¿No creen que este tipo de manera de pensar de Daniel ayudaría a la unidad de la iglesia? "Tu pecado: comparto la lucha y comparto la carga, porque yo también tengo responsabilidad en la culpa delante de Dios junto contigo. Ambos necesitamos su misericordia, ambos necesitamos su gracia".

La oración es motivada por las promesas de Dios

Bueno, quiero ir al último punto de esta oración: una oración motivada por las promesas de Dios. Número uno, las promesas de Dios: quiero que vean cómo están conectadas a la gracia y la misericordia de Dios. Todo lo que está apelando Daniel acerca del cumplimiento de las promesas tiene que ver con el hecho de que Dios es un Dios de misericordia. Porque si nos da lo que merecemos, entonces lo que merecemos es justicia, no misericordia, porque, por definición, la gracia y la misericordia no las merecemos. Pero aquí encontramos que Dios está prometiendo lo que Israel no merece, y lo único que puede hacer Daniel es decir: "Señor, perdónanos. Y no voy a apelar a tu justicia; sí voy a apelar a tu misericordia aquí. Porque no puedo apelar a que nosotros somos una nación santa y muy buena, porque no lo somos. Si se trata de nuestras obras, entonces, pues sí, aquí estamos, y es justo completamente, y merecemos esto. Pero sí podemos apelar a tu misericordia, Señor, y a tu fidelidad en tus promesas, de que dices que vas a mostrarnos misericordia si venimos delante de ti en arrepentimiento. Sí, si eso es verdad, Señor, regrésanos a nuestra tierra". Esa es la oración de Daniel.

Si olvidamos la gracia de Dios... Ahora, si no vemos la grandeza de Dios, nuestras oraciones son demasiado pequeñas; pero si también olvidamos la gracia de Dios, también nuestras oraciones son demasiado pequeñas, porque entonces nuestra culpabilidad va a exceder la capacidad de Dios para perdonarnos. Vamos a decir: "Señor, soy un pecador, no soy digno de ser tu hijo, no creo que me puedas perdonar". Vamos a pensar que Dios no es capaz de perdonarnos, porque somos tan malos, somos tan culpables delante de Él. Pero Dios promete lo que no merecemos.

"Señor, ese hermano, ay, también, mal; todo el tiempo la está regando, y siempre habla de más, y tiene una actitud bien arrogante". Y empezamos a pensar todas las características de ese hermano, y empezamos a pensar: ¿está la gracia de Dios más allá de la capacidad de Dios para perdonarlo a él? También podemos orar unos por otros; también es decir: "Señor, yo sé que este hermano ha fallado, y yo sé que está en pecado, yo sé que está en una situación terrible por causa de su pecado. Señor, no le des lo que merece; dale misericordia, dale gracia, perdónalo". Y no estoy diciendo que no tenemos la capacidad de pedir perdón por alguien más y que Dios va a perdonarlos por la intercesión de alguien más. Lo que estoy diciendo es que sí tenemos la responsabilidad como cristianos de interceder unos por otros, para que Dios mueva el corazón de las personas en arrepentimiento. Si yo oro para que Dios perdone a alguien, estoy orando para que esa persona llegue a Dios en arrepentimiento, y yo tengo la confianza de que Dios lo va a perdonar.

Justicia y gracia en la cruz

Entonces quiero que vean estos dos conceptos en este pasaje, esta justicia y esta gracia. ¿Y en dónde fueron manifestadas de la manera más clara ambas cosas, ambas características de Dios? ¿Dónde? En la cruz, ¿no es cierto? La cruz no tiene sentido sin la justicia de Dios. No tiene sentido: si Dios no es un Dios justo, entonces, ¿para qué la cruz? O sea, ¿no es un poco extremo eso? Pero la razón por la que es extremo, que el mismo Hijo de Dios tenía que morir por nosotros, es porque Dios es un Dios absolutamente justo, y ese era el precio que se tenía que pagar por nuestro pecado. Y por otro lado, la cruz tampoco tiene sentido sin la gracia de Dios, porque la única razón por la que su Hijo se entregó en esa cruz es para mostrarnos gracia y para perdonarnos por nuestros pecados. Así que estos dos conceptos se juntan; esto de lo que está hablando Daniel se resume en el evangelio: justicia y gracia.

¿Por qué orar si Dios es soberano?

Entonces quiero regresar a lo que estaba diciendo hace un momento, y quiero tratar de contestar, en base a lo que hemos visto, cuál es la respuesta a las preguntas que vimos: ¿para qué orar? ¿Por qué orar, si Dios es soberano? ¿Tiene sentido ahora, si Dios hace lo que quiere? Tiene más sentido orar porque Dios es soberano. O sea, porque Dios es soberano es que oro; porque sé que Dios hará lo que Él quiere hacer, y oro con una extremada confianza en su poder y en su soberanía cuando vengo delante de Él. No como: "Ay, ¿para qué?", sino más bien como: "Tú eres soberano; por eso yo vengo delante de ti, porque te has placido en involucrarme en esta dinámica, en este plan, a través del cual no nada más has ordenado los fines, sino los medios a través de los cuales llegar a hacer esas cosas. Y tú quieres que yo me goce contigo de ser parte de ese plan, no porque yo esté en control, sino porque tú estás en control, y yo soy tuyo, y yo puedo gozarme en ir en la misma dirección que tú vas, Señor".

Esa es la oración: es alinearnos dentro de la voluntad y de los propósitos de Dios; constantemente buscar: "Señor, ¿cómo quieres que yo forme parte de lo que tú estás haciendo?". Cuando hay apatía de un cristiano hacia la oración, y dice: "¿Para qué orar, si Dios ya hace lo que quiere?", es como decir: "¿Para qué me involucra Dios? Yo estoy bien acá; todo lo que quieras". ¿Es eso? Yo oro porque quiero ser parte de lo que está Dios haciendo, y Dios se ha placido en hacerme parte de lo que Él está haciendo, y a toda su iglesia. A través de la oración Él nos guía para que nos importen las mismas cosas que a Él le importan.

¿Cómo orar? Por lo que Dios ha prometido

Y eso contesta la otra parte de la pregunta: ¿cómo oramos? ¿Se les acaban las cosas? Porque ahora dicen: "Ay, oro dos minutos y ya no sé por qué más orar". Porque deberían de orar por las cosas que ustedes saben que Dios quiere, por las cosas que ustedes saben que Dios les va a contestar sin duda alguna. Esas son las cosas que deben de poner delante de Dios constantemente. ¿Y cómo saben eso? Por ejemplo, debemos orar por nuestra santificación: "El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo". "Puedes obrar, Señor; llévame hasta el final". ¿Sí? ¿Por qué? ¿Lo hará? Yo no tengo duda que lo va a hacer; así que oro por mi santificación.

¿Orar para que Dios me dé paz? Sí, porque sé que Él me va a dar paz. Juan 14:27: "Mi paz os dejo, mi paz os doy". Es una promesa de Dios, no hay duda; tú puedes pedir eso, porque Dios prometió darte eso. Puedes pedirle a Dios que te ayude a vivir a través de la tribulación que vives, porque leemos en la Palabra de Dios, en el Salmo 23, que todos conocemos: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo". No significa que no hay un valle de sombra de muerte; sí hay un valle de sombra de muerte. Significa que estamos acompañados durante ese valle de sombra de muerte: Dios está con nosotros, y podemos tener la confianza de que Él estará con nosotros. Así que oramos y decimos: "Señor, pues te pido, Señor, que estés conmigo durante este periodo de tribulación, y sé que lo vas a hacer, porque lo has prometido".

Estamos leyendo estos pasajes apocalípticos que hablan acerca de la segunda venida de Cristo. Podemos orar: "Ven, regresa, Señor Jesús". Y no es porque: "Ay, ahora que le estoy pidiendo que venga, ahora sí va a regresar", y Dios dice: "Ya me están pidiendo que regrese...". No; es que estamos buscando ser parte del plan de Dios a través de la oración, y sabemos que Dios ha prometido regresar: Jesús regresará nuevamente. Entonces podemos orar con toda confianza: "Ven, Señor Jesús, por favor, porque sé que lo vas a hacer, porque sé que esa es tu promesa, y sé que eres fiel a tus promesas".

¿Entienden estas conexiones acerca de cómo...? Ahora busquen promesas en la Palabra de Dios, y ahora, en esas promesas, digan: "Señor, yo sé que tú eres así, yo sé que lo prometiste; así que lo oro, lo pongo delante de ti en oración, confiando en que tú eres completamente soberano y que tú cumples todo lo que dices".

Un intercesor mejor que Daniel

Daniel cumple como un profeta intercesor por su pueblo, hablando delante de Dios. No nada más los sacerdotes eran intercesores; los profetas también eran intercesores por su pueblo. Y Daniel —esto lo vamos a ver el próximo domingo, hasta aquí llegamos hoy— también recibió una respuesta inmediata a su oración, algo que se cumplió luego, luego. Porque, de hecho, ¿saben en qué año Ciro hizo el edicto para que los judíos pudieran regresar a Jerusalén? O sea, el siguiente año de que Daniel hizo esta oración. Estaba a un poquito de tiempo para que Dios contestara. Y de hecho Daniel va a recibir una visión, y Dios contestó de una manera inmediata.

Pero esto lo vamos a ver: Dios también le dio una respuesta a Daniel acerca de un cumplimiento que Daniel no vería en su vida, acerca de un Mesías que vendría más adelante. Porque Dios sabía que este pedir perdón que estaba buscando Daniel, que estaba diciendo: "Señor, ten misericordia de nosotros, líbranos del cautiverio", Dios sabía que eso no era la verdadera liberación que ellos necesitaban. Él sabía que la liberación que ellos necesitaban era la liberación de su propio pecado, y que la manera en que lo lograría sería a través de su propio Hijo, más adelante. Y eso está en el libro de Daniel, eso está en la visión: Dios le contestó acerca de cuándo se aparecería este Mesías que cargaría con el pueblo de su gente.

La respuesta futura apuntaba a un intercesor mejor que Daniel, y que se pondría voluntariamente y se identificaría con nosotros en nuestro pecado; que diría: "Yo cargo con su pecado", de tal manera que, como dijo Pablo, "el que no tenía pecado fue hecho pecado por nosotros". Y esta relación que existe con Daniel, Daniel diciendo: "Señor, hemos pecado, hemos quebrantado tu nombre, nos hemos rebelado contra ti", encontraría un nuevo significado en aquel a quien Dios enviaría, su Hijo Jesucristo, que no pecaría, que no tendría pecado, pero que cargaría nuestro pecado por nosotros, y de esa manera se identificaría con nosotros y pudiera decir nuevamente: "Aquí estamos, Señor, perdónanos; perdónalos a ellos, porque yo pagué. Porque lo que ellos necesitaban, yo lo tengo; lo que ellos no tienen, yo lo tengo, y yo se los doy". Eso viene el próximo domingo. Oremos unos por otros, en nuestras familias, en la iglesia y por nuestro país. De pie.

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