Hebreos 6:9-12HebreosNathan Díaz
La perseverancia de los santos
¿Qué es la perseverancia de los santos y cómo da seguridad de la salvación? Hebreos 6:9-12 señala las cosas mejores que acompañan a la salvación: el amor y el servicio concretos hacia los hermanos, que son evidencia visible de una vida transformada. El llamado es a no ser perezosos, sino a perseverar hasta el fin imitando a quienes heredan las promesas por fe y paciencia.
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Transcripción
Introducción
Buenos días, hermanos. Ya otro domingo más que tenemos la oportunidad de estudiar el libro de Hebreos. Queremos que todos, en sus casas, estén no nada más meditando juntos en lo que estamos estudiando en este momento, sino que estemos preparándonos durante la semana en la lectura de la Palabra y en la lectura de este libro. Pueden anticiparse también a lo que vamos a estar viendo el próximo domingo, y eso creo que siempre es de mayor beneficio: cuando ya tenemos unos días pensando en los pasajes que estudiamos, siempre el mensaje, el sermón, va a tener mayor efecto, creo, en aquellos que tengan una preparación previa al mensaje.
Repaso: grados de responsabilidad
Entonces hoy vamos a seguir realmente con el tema del domingo pasado. El tema del domingo pasado fue el tema de la apostasía, y estuvimos viendo todas estas advertencias tan duras que el autor de Hebreos hace sobre una cierta categoría de personas, que dice que es imposible renovar al arrepentimiento, o ser renovados para arrepentimiento: los que fueron iluminados, los que probaron del don celestial, los que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, gustaron de la buena palabra de Dios. Estas categorías vimos el domingo pasado, cómo podemos entender esas descripciones dentro de una categoría de personas que no necesariamente son cristianos. Sí son categorías que compartimos los cristianos, pero también son categorías que se pueden compartir con ciertas personas que de hecho no son verdaderos creyentes, que retroceden. Y recuerden: la perseverancia va a ser un tema importante y central en el libro de Hebreos.
Mucho de lo que vimos el domingo pasado... obviamente esta descripción que nos pintó el autor de Hebreos es una descripción trágica, bastante severa, y simplemente es para mostrarnos que no todos caen dentro de esa categoría. Pero sí nos muestra una verdad. Al haber visto el mensaje del domingo pasado, me di cuenta de que hay algunas cosas que no dije por el tiempo; entonces ahorita, como resumen, se las voy a mencionar. Lo que vimos el domingo pasado, desde el versículo 4 hasta el 8, nos muestra una realidad —a lo mejor no todo lo entendemos perfectamente: cómo se ve esto de iluminados, y partícipes del Espíritu Santo, etcétera, etcétera—, pero sí nos muestra una realidad que tiene que ver con diferentes niveles de responsabilidad delante de Dios.
Todos somos responsables delante de Dios, pero sí existen diferentes grados de responsabilidad, y entre mayor es la responsabilidad delante de Dios, mayor es la condenación. Y eso está claro en la Biblia: que hay grados. «Mejor le hubiera ido...», y «va a ser más tolerante el juicio para Sodoma y Gomorra que para esto». Sí encontramos ese tipo de comparaciones, en donde la Biblia nos muestra claramente que entre más expuestos estamos a la verdad, entre mayor es nuestro conocimiento de la revelación de Dios, especialmente del evangelio, ya cuando inclusive entendemos lo que Jesús vino a hacer y qué es lo que significó... Hay una cierta cantidad de verdades bíblicas que, cuando van siendo reveladas, van incrementando la responsabilidad que uno tiene delante de Dios.
Y esa responsabilidad es parte de lo que creo que el autor de Hebreos está tratando de mostrarnos: que cuando retroceden, en esa categoría de personas existe una dureza de corazón tal que, a pesar de la exposición a ciertas verdades, han retrocedido y han regresado a un sistema anterior, en este caso el judaísmo.
La advertencia de Pedro
Y quiero además leerles un pasaje que ilustra bien este concepto, que es 2 Pedro 2:20 y 21. Escuchen con cuidado; es 2 Pedro 2:20 al 22. Vamos a leer. Dice: «Porque si después de haber escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condición postrera viene a ser peor que la primera. Pues hubiera sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia, que habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. Les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero: El perro vuelve a su propio vómito, y la puerca lavada vuelve a revolcarse en el cieno».
¿Ven qué fuertes palabras usa Pedro aquí? No es nada más el autor de Hebreos; Pedro usa palabras muy fuertes para hablar de cómo es que puedes estar expuesto al conocimiento de Jesús y retroceder. Y esa es la peor condición posible, de peor juicio y condenación que hay. Dios nos sostiene responsables; somos todos responsables delante de Dios por la manera en que respondemos al evangelio. Y eso no contradice Su soberanía en nada. Es Dios el que ejerce Su soberana voluntad en la salvación, y también es Dios el que nos condena justamente por nuestro pecado y nuestra responsabilidad delante de Él, por rechazar Su ley. Para algunos eso es una contradicción, y la Biblia no lo ve como una contradicción, porque nos presenta las verdades, nos presenta estas dos tensiones doctrinales.
Hacer dudar y dar confianza
Entonces otra vez les voy a repetir lo que dije el domingo pasado, porque quiero que entiendan esto claramente, porque es lo que hace el libro de Hebreos y lo que yo estoy tratando de hacer: quiero hacer dudar a los que tienen una confianza falsa. Quiero hacer dudar a los que tienen una confianza falsa, y quiero dar confianza a los que tienen una duda falsa.
Hay dos aspectos aquí. Por un lado, hay gente que se considera cristiana que no debería considerarse cristiana a la luz de sus frutos, a la luz de las evidencias que hay en su vida, y tenemos que hacer todo lo posible por hacerla dudar, porque no deberían de pensar que son cristianos. Y por el otro lado tenemos una categoría de personas que dudan de su salvación y dudan de su estado delante de Dios, a quienes tenemos que asegurar, y a quienes tenemos que mostrarles que no depende de ellos: depende de lo que Cristo hizo. Lo cual debe de darnos seguridad, lo cual debe de ayudarnos a tener una mayor confianza en la salvación que nos ha sido dada por gracia.
El trigo y la cizaña
Estas son verdades que existen en la Biblia. Y estaba meditando sobre otro pasaje tan interesante, que está en Mateo 13. Otra vez, está conectado inclusive con la parábola de los tipos de tierra, que es muy parecido a lo que tenemos aquí, especialmente a la luz de lo que vimos el domingo pasado en los versículos 7 y 8, que tienen que ver con el fruto: el árbol que da espinoso, la hierba que es provechosa, que recibe bendición, y por otro lado la que produce espinos y abrojos, que es reprobada y está próxima a ser maldecida, y ha de ser quemada. Entonces es muy parecido a los tipos de tierra.
Y en Mateo 13 leemos algo superinteresante, que es cuando crece la cizaña con el trigo. Y los labradores de la tierra: «¿Sacamos la cizaña? ¿Cómo es que se mezcla la cizaña? ¡Qué extraño! ¿La sacamos?», le preguntan al dueño de la tierra. Y él dice: «No. No saquen la cizaña, no sea que al recoger la cizaña arranquen el trigo junto con ella. Dejen que ambos crezcan juntos hasta la cosecha, y al tiempo de la cosecha diré a los segadores: Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, pero el trigo recójanlo en mi granero».
¿No es interesante que esta imagen del trigo y de la cizaña es la misma imagen de la iglesia que estamos leyendo aquí en Hebreos, en donde tenemos verdaderos creyentes y falsos creyentes, trigo y cizaña creciendo juntos? Y el autor de Hebreos lo sabe. Por eso él, a lo largo de todo el libro, va a crear dos categorías. Ahora, él no sabe quién es quién, pero sabe que existen esas dos categorías. Entonces, en su mente, él está hablándoles a ambos.
Pero de pronto ven un cambio entre dos categorías que él tiene, donde de pronto —y lo vimos el domingo pasado, en el versículo 4— habla en tercera persona: son «los que una vez fueron iluminados». No «nosotros», sino «los que una vez fueron iluminados», pero retrocedieron o recayeron. Entonces es otra categoría de personas la que tiene en mente; claramente está dividido en dos tipos de personas los que están en la iglesia. Y ahora, en el versículo 9, va a regresar a este tema de «nosotros», «ustedes»: «Ustedes, a los que les estoy hablando ahora; ustedes, a los que les estoy hablando específicamente ahora, son una categoría diferente. Y a lo mejor yo no sé quiénes son exactamente, pero sé que ahí están, y son una categoría diferente a la que describí apenas: los que fueron iluminados, los que participaron del Espíritu, los que gustaron de la buena palabra, todo eso, y recayeron, que es imposible renovarlos al arrepentimiento».
Lectura de Hebreos 6:9-12
Ahora el versículo 9 dice: «En cuanto a vosotros». Entonces ahora hace una nueva categoría de personas —no es nueva en el libro de Hebreos, pero es diferente a lo que ha estado describiendo— para hablar de una nueva realidad, que es la perseverancia de los santos. Así que el tema de hoy que vamos a estar viendo es la perseverancia de los santos, Hebreos 6:9 al 12. También va a ser el tema del próximo domingo. Dice:
«Pero en cuanto a vosotros, oh amados, estamos persuadidos de cosas mejores, y que pertenecen a la salvación, aunque hablamos así. Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia Su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin, para plena certeza de la esperanza, a fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas».
Señor, te pedimos hoy que bendigas Tu Palabra y el entendimiento de Tu Palabra a través del Espíritu, para que podamos no ser perezosos, sino perseverar hasta el fin. Es lo que quieres de Tus hijos, y sabemos que lo haremos por el poder que Tú nos has dado en Tu gracia, a través del conocimiento del evangelio y la transformación interna en nuestras vidas, que nos lleva hasta el final. Gracias, Padre. En el nombre de Cristo Jesús.
Oh amados: el tono pastoral
La perseverancia de los santos, que vemos aquí en estos cuatro versículos que vamos a analizar hoy. No vamos a terminar de decir todo lo que se puede decir; el próximo domingo vamos a ver más. Sí quiero que vean que, después de hablarles tan duro a los recipientes de esta carta —y tienen que recordar cómo les ha hablado: tardos para oír, inmaduros, bebés; así es como les ha hablado—, y de advertirles acerca de una clase de apostasía que existe en medio de ellos, que es posible que exista en medio de ellos, y que es una dureza del corazón la cual nunca va a regresar a un punto de arrepentimiento genuino, les dice: «Pero en cuanto a vosotros». Ahora de pronto hay un tono pastoral que tiene el autor de Hebreos, cuando dice: «Oh amados, en cuanto a vosotros». Es decir: «Yo los amo; por eso les digo esto, por eso me preocupa. Porque yo tengo un genuino amor por ustedes, que quiere ver que perseveren, que quiere ver la obra de Dios en ustedes».
Y, hermanos, ese es el sentir que existe y debe existir en los pastores, en el consejo pastoral de la iglesia, hacia todos los miembros: de ver su perseverancia. Porque los amamos. Y cuando los exhortamos, y cuando los reprendemos, y cuando los llamamos inmaduros, o cuando los llamamos bebés que toman leche y no han aprendido a comer carne, no es por otra razón sino por amor que lo decimos. Porque queremos ver avance, porque queremos ver cómo Dios transforma sus vidas. No es algo personal, ni algo que simplemente sea un ataque contra ustedes porque no nos caen bien, sino que es realmente el deseo genuino de ver cómo Dios trabaja en sus vidas.
A veces no les va a gustar. Estoy seguro de que muchos de los que leyeron esta carta originalmente se ofendieron. Pero el autor de Hebreos quiere asegurarse de que entiendan: «Yo los amo. Oh amados, digo esto porque los quiero con todo mi corazón». Los amo con todo mi corazón, y espero que ustedes perciban eso de nosotros, de sus pastores, de sus líderes en la iglesia: que en cada exhortación perciban el amor, perciban el cariño que hay detrás de toda la instrucción que damos. Porque ese debe de ser el genuino deseo de nuestros corazones para con toda la iglesia. Y eso es lo que debe de existir en todo discipulado, en toda interacción que hay en la iglesia: lo que nos mueve es el amor. Y vamos a ver más sobre eso en un momento.
Cosas mejores, que pertenecen a la salvación
Pero nada más voy a observar aquí esta idea que está en el versículo 9: «en cuanto a vosotros». Entonces ahora tiene el autor de Hebreos otra categoría, diferente a la que estuvimos describiendo el domingo pasado, los que cometen apostasía. «En cuanto a vosotros», otra categoría: «Quiero hablarles sobre cosas mejores». ¿Cosas mejores? ¿Que hay cosas mejores que ser iluminados, el gustar del don celestial, ser partícipes del Espíritu Santo, gustar de la buena palabra de Dios y del siglo venidero? ¿Cosas mejores que eso? Hay cosas mejores que eso, sí: cosas que pertenecen a la salvación.
O sea, que el autor de Hebreos está bien consciente de que lo que él dijo anteriormente son cosas que pertenecen a la salvación, sí, pero no necesariamente. O sea, hay cosas que sí pertenecen a la salvación siempre, y hay cosas que no siempre pertenecen a la salvación, o que acompañan la salvación —sería otra manera de traducir este versículo: «cosas que acompañan la salvación»—, que no son el fruto de la salvación. Hay cosas de las que sí podemos decir: «Eso, eso sí es de los que son realmente genuinos cristianos, salvos por la sangre de Cristo, que han experimentado la gracia de Dios». ¿Qué es eso? Es lo que vamos a ver el día de hoy.
Estamos persuadidos: la seguridad de la salvación
Pero antes de avanzar, solo voy a resumir una cosa —lo vamos a seguir viendo el próximo domingo—, pero es esta idea de que «estamos persuadidos». Es el autor de Hebreos hablando: «Yo estoy persuadido». ¿Cómo puedo estar persuadido de algo que parece ser tan incierto, por lo menos hasta ahorita en el libro de Hebreos? Podría parecer: «¡Híjole!, pues te puedes ir en esta dirección o en esta dirección». ¿Cómo puedes estar tan seguro de la salvación de estas personas? ¿Cómo sabes que no van a retroceder? «Bueno, yo estoy hablando de una categoría que yo sé que sí son salvos. No sé exactamente quiénes son, pero sé que ahí están unos que no van a retroceder. De ellos estoy seguro de su salvación».
Hay seguridad en la salvación; podemos tener seguridad eterna. Vamos a ver más sobre esto el domingo próximo, pero por ahora solo quiero darles algunos pasajes que creo que resumen bien la idea de la seguridad eterna. Y lo voy a dejar ahí un momento para que puedan apuntar estos pasajes y los lean con calma. Porque el propósito de esta sección del libro de Hebreos es dar seguridad a sus lectores, a esta categoría a la que le está hablando ahora, a los que sí: «Podemos estar seguros de que ustedes son salvos». Entonces, ¿cómo podemos estar seguros? Bueno, aun si me voy fuera de Hebreos tantito, aunque hay mucho de esto en el mismo libro de Hebreos...
Y lo vamos a ver el próximo domingo, pero solo ahorita, como un antecedente, vamos a leer algunos versículos que nos muestran esta realidad. Por ejemplo, Juan 10, versículo 28: «Yo les doy vida eterna, y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre». Capítulo 6, versículo 39, de Juan: «Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que Él me ha dado Yo no pierda nada, sino que lo resucite en el día final». Obviamente, Romanos 8, versículo 30, que dice: «A los que predestinó, a esos también llamó; a los que llamó, a esos también justificó; a los que justificó, a esos también glorificó». Y más adelante, al final del capítulo 8, dice: «Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro».
1 Pedro 1:4 al 5: «para obtener una herencia incorruptible, inmaculada, y que no se marchitará, reservada en los cielos para ustedes. Mediante la fe ustedes son protegidos», guardados, «por el poder de Dios, para la salvación que está preparada para ser revelada en el último tiempo». Y Judas: ¿recuerdan cómo termina Judas, la doxología de Judas? «Aquel que es poderoso para guardarnos sin caída, y presentarnos sin mancha delante de Su gloria con gran alegría».
Entonces estos son un ejemplo, nada más rápido; quería mostrarles que sí podemos tener seguridad eterna. La Biblia está tratando de darnos seguridad. Pero esa seguridad está acompañada de ciertas características que tienen que ser muy claras, y esas mismas características también nos dan seguridad; es decir, nos muestran las evidencias de lo que acabamos de leer. Podemos estar persuadidos de la salvación, de la seguridad de la salvación. Pero ¿cómo vamos a estar persuadidos? Vamos a ver cuáles son estas cosas mejores que pertenecen a la salvación.
Evidencias internas y externas
Vamos al primer punto que menciona, estas cosas mejores. ¿Qué son las cosas mejores? Bueno, hay otras partes de la Biblia que nos dan ciertas evidencias, cosas que pertenecen a la salvación, que son realidades internas. Por ejemplo: «No han recibido un espíritu de esclavitud para volver otra vez al temor, sino que han recibido un espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios». Hay una evidencia interna que surge de que somos hijos de Dios, y esas son las cosas que acompañan la salvación, de realidades internas. «La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo», Juan 14:27.
Pero aquí, en particular, en el pasaje encontramos que el autor dice, en el versículo 10: «Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia Su nombre». Entonces es interesante cómo piensa este argumento el autor de Hebreos sobre las cosas que acompañan la salvación: él va a irse a las evidencias externas. Las evidencias internas tú las conoces; tú sabes si están ahí: la paz de Dios, la seguridad de cómo vemos el sacrificio de Cristo, que nos da la confianza de poder decir: «¡Abba, Padre!», que es lo que acabamos de leer. Pero las evidencias externas son cosas que otros van a poder ver en nosotros. Y el autor de Hebreos va a observar e ir hacia eso, y les va a decir: Dios no es injusto para olvidar esas obras externas que hacen ustedes «y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia Su nombre».
El trabajo de amor hacia Su nombre
Ahora, esto nos aclara a qué se refiere que Dios no es injusto para olvidar nuestras obras. No está hablando de un mérito que nosotros obtenemos delante de Dios y que pone a Dios en deuda con nosotros. Algunos podrían entender este versículo así, decir: «¡Ah!, es que entonces Dios no es injusto en recompensarnos con la salvación por nuestras obras». No es lo que está diciendo. Y queda claro que no es lo que está diciendo justamente por esta parte donde dice: «el trabajo de amor que habéis mostrado hacia Su nombre». Espero que vean la importancia de esa frase aquí.
¿Qué quiere decir que Dios no es injusto para olvidar el trabajo de amor que hemos mostrado hacia Su nombre? Quiere decir que Dios siempre va a vindicar aquello que lo glorifica. Eso es lo que significa que Dios no es injusto. Si Él ve algo que es Su obra, que está glorificándolo a Él y a Su nombre, que está siendo hecho por amor a Su nombre, Él se asegurará de dar una garantía y de dar una certeza sobre cómo llegará hasta el final esa obra, cómo será recompensada esa obra. Y claro, la recompensa es gracia también, porque la obra está siendo hecha por Dios.
Vean lo que dice Arthur Pink —es un teólogo que me gusta mucho; muchas cosas que él dice—. Él dice: «Lo que Dios recompensa es solamente lo que Él mismo ha creado en nosotros; es el reconocimiento del Padre del fruto del Espíritu» —Gálatas 5—. «Puede parecer como que Dios pone poco valor en la sincera obediencia a Él, que en este mundo el hombre que vive para sí mismo obtiene más que aquel que vive para Cristo». Puede parecer eso, que Dios no le da mucha importancia a nuestra obediencia, a vivir para Él. «Sin embargo, en un día muy pronto, muy cercano, va a ser evidente lo contrario».
¿No les encanta esa descripción? Dios está recompensando el fruto que Él mismo, a través del Espíritu, está trayendo, y Él se goza en eso. Dios se goza —piénsenlo—: Dios se goza y atesora el fruto de nuestras vidas. Dios sonríe cuando ve lo que Él mismo está produciendo en nosotros. ¿Por qué? Porque eso lo glorifica. Y lo que más atrae a Dios es Su propia gloria siendo magnificada, ejemplificada, en nuestras vidas. Por eso dice: «Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia Su nombre». Lo que ustedes hacen es por amor al nombre de Dios, por amor a la gloria de Dios en nuestras vidas: «que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
Primer fruto: el servicio a los santos
Este es el primer fruto externo del que va a hablar el autor de Hebreos. Dice: «habiendo servido a los santos». Habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún. ¿De qué está hablando cuando dice «habiendo servido a los santos»? Bueno, lo vamos a ver en más detalle en el capítulo 10 —ahí les puse el pasaje—, pero el capítulo 10, versículos 32 al 34, dice: «Pero traed a la memoria los días pasados». Aquí está la referencia hacia el pasado, que dice: «los días pasados, en los cuales, después de haber sido iluminados, sostuvisteis gran combate de padecimientos; por una parte, ciertamente, con vituperios y tribulaciones fuisteis hechos espectáculo; y por otra, llegasteis a ser compañeros de los que estaban en una situación semejante. Porque de los presos también os compadecisteis, y el despojo de vuestros bienes sufristeis con gozo, sabiendo que tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos».
Eso es el servicio a los santos que está siendo referenciado aquí, y que va a venir más adelante. Ustedes no solamente en el pasado los sirvieron, sino también en el presente.
«Y sirviéndoles aún». Lo cual significa que una de las evidencias, una de las cosas mejores que acompañan la salvación, es el servicio a los santos, pasado y presente. Lo cual es justamente el cumplimiento de lo que leemos en Juan 13 y en Mateo 25: «Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros; que como Yo los he amado, así también se amen los unos a los otros. En esto conocerán todos que son mis discípulos, si se tienen amor los unos a los otros».
Y vean lo que dice Mateo 25; esto es igual, lo que dijo Jesús en referencia a las evidencias de los que son Sus hijos: «Entonces los justos le responderán, diciendo: "Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, o sediento y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos como extranjero y te recibimos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a Ti?". El Rey les responderá: "En verdad les digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicieron"».
El amor como evidencia
Entonces el amor —y aquí está la clave—, la evidencia, la evidencia externa principal de nuestra salvación que ve el autor de Hebreos en esta categoría de personas de las que él no tiene dudas de que son salvos, son aquellos que han mostrado amor por sus hermanos y hermanas en Cristo de una manera real y tangible. Al grado de que —en el capítulo 10 lo vamos a ver— estuvieron dispuestos a sacrificar sus propios bienes; fueron despojados de sus propios bienes. Cuando fueron y los visitaron, cuando los atendieron, eso significaba que ellos iban a perder sus cosas, pero lo hicieron con gusto, con gozo. El amor llegó a tales límites, en donde fue muy evidente que esa era su prioridad: no su comodidad, no lo que era de ellos, sino lo que ellos podían hacer por otros.
La verdad es que somos muy egoístas. Una de las obras que hace Dios en nuestras vidas como creyentes es transformarnos para amarnos más, y más, y más unos a otros. Y es lo que leímos en Juan 13: esto es lo que van a ver otros en ustedes; así sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. Y no es fácil. No es fácil amarnos los unos a los otros. Cuántas cosas hemos vivido como iglesia que son difíciles, problemas entre nosotros, y que hacen difícil amarnos. Y hasta a veces decimos: «Prefiero a mis amigos no cristianos».
Sin embargo, el reto de este pasaje es: tú tienes una responsabilidad delante de Dios, primero hacia la misma familia de la fe, de amarlos a ellos. Yo sé que es difícil, pero si tú no los amas a ellos, es probable que no seas creyente, verdadero creyente en Cristo Jesús. Es precisamente porque a veces es más difícil amar a los que son de la fe que requiere una transformación sobrenatural dentro de nosotros. Es evidencia de que Dios está haciendo una obra en nuestras vidas. Hay más riesgo en amar a los hermanos en la fe; hay más riesgo de ser traicionados, hay más riesgo de tantas cosas, cuando nos amamos unos a otros de una manera profunda y real. Pero ese es el tipo de riesgo que se manifiesta en alguien que tiene verdadera fe en Cristo Jesús. Ese es el tipo de fruto que se tiene que ver.
Donde hay fruto, hay vida
Creo que piensen en esto, porque esa es la confrontación que hace el autor de Hebreos a sus lectores: el fruto. ¿Cuál es el fruto? Él ve un fruto muy específico: su sacrificio de amor unos por otros, viendo por las necesidades de los santos, diciendo: «Tus problemas son mis problemas; tu llanto es mi llanto; tus hijos...». Ese fruto es la evidencia de vida espiritual.
Hay una frase que es: «Donde hay humo, hay fuego». ¿Por qué decimos esto? Porque si hay humo... no es el fuego, pero es la evidencia de que hay fuego; sabemos que hay algo ahí detrás que generó el humo. Bueno, donde hay fruto hay vida, y eso también es verdad. Puedes cortar un árbol, quitarle la vida, y va a dejar de dar fruto. En la vida cristiana, el fruto, y este fruto de amor que se ve en nuestras vidas, es la evidencia de que hay vida real.
Para plena certeza de la esperanza
Entonces, por último, vamos a ver lo que dice el versículo 11: «Pero deseamos que cada uno de vosotros muestre la misma solicitud hasta el fin». Aquí está: esta es la perseverancia de la que está hablando el libro de Hebreos. «Nosotros deseamos que esto es lo que se vea: perseverancia; que lleguen hasta el final». ¿Para qué? ¿Para qué queremos que se vea esta perseverancia? Para que ustedes puedan estar seguros: «para plena certeza de la esperanza». Literalmente dice «para llenar su esperanza», como si fuera un vaso que se llena de esperanza su vida. «Por eso queremos ver que lleguen hasta el final: porque queremos que ustedes estén seguros de la salvación que Dios ha prometido y garantizado en sus vidas».
No os hagáis perezosos
Dice el versículo 12 —esta es la conclusión—: «a fin de que»; o sea, para que. Es decir: «Queremos ver la perseverancia en sus vidas para que ustedes estén seguros». Y la razón por la que queremos que estén seguros a través de la perseverancia es porque queremos ver un tipo de vida que contrasta, que es evidente, de una vida transformada por Dios. ¿Cómo se ve? Es la característica principal: «a fin de que no os hagáis perezosos». O sea, lo que no queremos ver en la iglesia es gente floja, gente apática. Eso es lo que no queremos ver. Así que dice: no perezosos.
Lo cual, nada más quiero recordarles, es la misma palabra, «perezosos»; es la misma palabra del versículo 11 del capítulo 5: «por cuanto os habéis hecho tardos para oír». «Tardos»: esa palabra es «perezosos para oír», la misma palabra. «Perezosos»: no se hagan perezosos, «sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas».
Entonces lo que el autor de Hebreos está diciéndonos es lo que Jesús nos dijo en la parábola de los talentos, en Mateo 25:26. Él dijo: «Siervo malo y perezoso, sabías que siego donde no sembré, y que recojo donde no esparcí. Debías, entonces, haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses. Por tanto, quítenle el talento y dénselo al que tiene los diez talentos». Mateo 25:26 al 28.
La pereza... Recuerden: ni siquiera es aquí tanto el punto de que, ¡ay!, te vuelves un apóstata, estás apostatando de la fe. Aunque sí... Recuerden, la vida cristiana no es estática realmente: o vamos a ir hacia delante o vamos a ir hacia atrás. Pero puede pasar mucho tiempo en donde simplemente vayamos teniendo una cierta indiferencia hacia las realidades de la Palabra de Dios, lo cual va a terminar resultando en ir hacia atrás. Pero recuerden: no se ve de una manera tan evidente como: «¡Ay!, ese hermano está haciendo algo malo, ese hermano está pecando, ese hermano está desobedeciendo la Palabra de Dios». Es simplemente esta apatía, esta pereza hacia las cosas de Dios, hacia las verdades de Dios. Gente que dice: «Bueno, sí, sí me gusta ir a la iglesia, pero no me involucren en nada; no tengo tiempo. No me consideren para más allá de estar ahí los domingos».
Y cuando empiece a verse esa apatía, no nada más hacia la Palabra de Dios, sino hacia el amor y el servicio que ya describió el autor de Hebreos, que es este deseo de interactuar unos con otros, de estar unos con otros, de ser miembros de la iglesia; cuando existe apatía hacia eso, es evidencia, o es una indicación, de una vida sin gracia, sin la gracia de Dios; que no ha experimentado esta verdad de la gracia transformadora, de la misericordia, del perdón de Dios, que nos lleva a querer amar a otros, que nos lleva a no ser flojos, sino a tener un fuerte deseo dentro de nosotros de querer trabajar, de querer crecer, de querer ser de bendición a otros, de querer amar a nuestros hermanos y proveer para sus necesidades.
El servicio, contraste de la pereza
Entonces, ¿cómo se ve la vida cristiana? El fruto de la vida cristiana en servicio es lo que leímos en el versículo 10: «habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún». Ese es el contraste de la pereza: el servicio unos a otros. Y esa palabra, «servicio», es la palabra que nos debe sorprender: diakonéo en griego, servicio. Todos somos diáconos en este sentido, porque nos servimos unos a otros. No perezosos.
Sino... ¿cómo es que no nos hacemos perezosos? ¿Cómo es que nos motivamos para servir? Bueno, dice el autor de Hebreos —y en esto vamos a continuar el próximo domingo—: nos motivamos siendo imitadores, de acuerdo al versículo 12: «sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas». Es decir, vemos hacia atrás, a las evidencias de lo que Dios ha hecho en la historia, y a los ejemplos de la fe de aquellos que ya han ido antes de nosotros, en fe, para obedecer a Dios y trabajar duro. No, no nada más sentarse ahí y decir: «A ver, Dios, ¿qué vas a hacer?», sino realmente esforzarse y trabajar, porque Dios está produciendo algo en ellos.
Imitadores de los que heredan las promesas
Vemos sus vidas, e inclusive vemos sus vidas y decimos: «Él vivió tribulaciones peores que las mías, y aun así se vio el fruto del trabajo de Dios en él». Y eso nos debe de animar. Leemos biografías cristianas, de misioneros, e historias de tantas personas que han venido antes de nosotros; eso nos debe de motivar. Debemos de ver hacia atrás. Y he hablado sobre esto cuando hablo de apologética: la fe realmente no es ciega, en cuanto a ver al pasado, porque cuando vemos al pasado vemos evidencias, vemos lo que es tangible. Si hubo personas que vivieron tragedias, como Job, y perseveraron hasta el fin, esas son evidencias del pasado. Si Jesús vino, y dio Su vida en la cruz, y resucitó, esas son evidencias del pasado.
La fe ve hacia atrás para establecerse en el presente y poder tener confianza en el futuro. Eso es lo que hace la fe: ve hacia adelante; hacia atrás vemos evidencias que fundamentan nuestra fe, y podemos actuar con confianza, y con riesgo, en amarnos unos a otros, porque sabemos lo que viene, porque sabemos cuál es nuestra esperanza. Y todos estos personajes que vemos en el pasado... Y, como vamos a ver en los siguientes versículos, Abraham es el personaje específico que va a mencionar el autor de Hebreos, del que quiere que veamos su fe.
Pero en el capítulo 11... Esto ya nos está anticipando lo que viene en el capítulo 11, que va a ser una larga lista de héroes de la fe, de personajes que podemos imitar, pero que, al final del día, nos apuntan... todos ellos nos apuntan a Cristo. Porque todos ellos tuvieron fe, de alguna manera, a través de las promesas, en Cristo, y nos apuntaron hacia Cristo, y nos han mostrado cómo tú puedes ser transformado en tu manera de vivir a través de la fe que ve hacia el futuro y ve hacia el pasado. Esas evidencias nos dan seguridad, y ahora podemos actuar con confianza hacia el futuro. Va a haber más sobre esto cuando lleguemos al capítulo 11.
Nuestro tiempo y nuestro dinero
Pero, en resumen, cuando vemos hacia atrás, ahora podemos ver el presente y hacer cambios en el presente. ¿Qué tan seguido vemos hacia atrás para darnos cuenta de cuáles son las áreas que Dios quiere que entreguemos a Él, y que Él quiere trabajar en nuestras vidas, y a través de las cuales quiere santificarnos? «¿Cómo, Señor, puedo yo avanzar Tu reino hoy? ¿Cómo estoy avanzando Tu reino hoy? ¿Cómo puedo mostrar mi amor y mi servicio a otros creyentes? ¿Cómo estoy haciendo eso? ¿Cómo estoy llamando a mis hermanos que están en necesidad?».
Y solo quiero que piensen que nuestro tiempo es una manera de mostrar amor. Nuestro dinero es una manera de mostrar amor, porque gastamos nuestro dinero en las cosas que son importantes para nosotros. Y si solamente gastamos el dinero en nosotros, significa que no estamos amando a otros. Si todo nuestro dinero es para nosotros, entonces eso no es amor. Porque vas a usar tu dinero en lo que es importante para ti; y si tus hermanos son importantes para ti, vas a invertir tu dinero en ellos. Vas a tratar de mostrarles de alguna manera tangible: «Mi hermano, yo voy a gastar mi dinero, por el cual yo trabajé, en ti. Mi hermano, yo voy a invertir mi tiempo, el cual podría usar para muchas otras cosas, como ver la tele o hacer un hobby que me gusta, pero voy a usarlo en tu vida, porque te amo». Cómo usamos nuestro tiempo y cómo usamos nuestro dinero son dos de las maneras más tangibles que creo que Dios ha diseñado en la vida cristiana para que el amor en la iglesia se vea de una manera clara.
De acuerdo a la parábola de los talentos que leímos en Mateo 25: ¿qué talentos me ha dado Dios que tienen que producir intereses? «¿Por qué no invertiste el dinero que yo te di?». Es la parábola; le dice Dios: «¿Por qué no invertiste este dinero para producir intereses? ¿Por qué nada más lo guardas ahí? "Ahí está seguro, ahí no le va a pasar nada". Yo quiero fruto. Yo te di lo que te he dado por una razón. Y si tú usas lo que yo te di y generas el fruto, esta va a ser una de las maneras más claras en las cuales tú puedes tener verdadera confianza en tu salvación, en la transformación interna que Yo estoy haciendo en tu vida para llevarte hasta el final».
Rebosando está mi copa
La respuesta a estas preguntas que he hecho, estas respuestas, son lo que va a llenar nuestra copa de esperanza. Como en este canto de los niños: «Rebosando está mi copa... gran gozo Él me dio; rebosando está mi copa». Pero quiero pensar que el rebosar de la copa, de acuerdo a este pasaje, que dice «para plena certeza de la esperanza» —es literalmente lo que dice: para llenar su esperanza—, quiero pensar que nuestra copa, de una manera, se llena de gozo, se llena de esperanza en la vida cristiana. Que cuando vamos avanzando en la vida cristiana, cada vez tenemos más, y más, y más esperanza, y más y más seguridad de que somos salvos y somos los verdaderos hijos de Dios. Que es lo que el autor de Hebreos quiere hacer. Y el próximo domingo vamos a seguir viendo este tema de la perseverancia de los santos.
Oración final
Padre, gracias por la oportunidad de meditar sobre estos versículos. Te pedimos que nos sigas dirigiendo y dando la sabiduría para vivir nuestras vidas llenas de frutos, llenas de evidencias. Porque sabemos, Señor, que nosotros tenemos cosas mejores, cosas que pertenecen a la salvación, que acompañan a la salvación. Y esas cosas mejores son las que nos animan cuando las vemos en nuestros hermanos y hermanas. Y con eso, Señor, avanzamos hacia la meta que Tú has establecido, para llevarnos hasta ahí. Tú eres el que harás la obra. En Tu nombre encomendamos la meditación de Tu Palabra y el efecto que esta Palabra tendrá en nuestras vidas. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
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