Hebreos 7:1-10HebreosNathan Díaz
Melquisedec: Rey y Sacerdote
¿Quién es Melquisedec en la Biblia y por qué importa? Hebreos 7:1-10 vuelve a Génesis 14 para mostrar que este rey de justicia y rey de paz —a quien el mismo Abraham dio diezmos— anticipaba a alguien mayor. En Israel nadie podía ser rey y sacerdote a la vez; en Cristo esos dos oficios se unen, y la justicia y la paz se encuentran.
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Transcripción
Introducción y oración
Buenos días, hermanos. Vamos a continuar en nuestro estudio del libro de Hebreos, a ver cuáles son las verdades que hoy quiere mostrarnos Dios a través de Su Palabra.
Padre, gracias por la oportunidad de meditar en lo que dice este capítulo 7. Te pedimos que nos muestres la profundidad de lo que está aquí, que nos apunta hacia Tu Hijo Jesucristo y que nos da esperanza el día de hoy. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
Nuestra ancla y nuestra seguridad
Bueno, el domingo pasado estuvimos viendo acerca del capítulo 6, lo último del capítulo 6 de Hebreos, que termina con esta idea de Melquisedec. Recuerden que en el original no hay estas divisiones de capítulos. Pero estábamos viendo cómo es que Jesús, nuestro Sumo Sacerdote de acuerdo al orden de Melquisedec, entra en el Lugar Santísimo, y de esa manera se convierte en nuestra ancla. Es decir, entra a la presencia de Dios y se convierte en nuestra ancla que nos sostiene en medio de la tempestad, allá justamente en la presencia de Dios: nuestra esperanza para entrar en la presencia de Dios. Y entonces, si Él es nuestra ancla, eso se convierte en lo que nos da seguridad para el día de hoy.
Estábamos viendo el domingo pasado acerca de la seguridad y de la esperanza que encontramos en Jesús. Y justamente tenemos seguridad y esperanza en Jesús porque Dios mismo ha dado Su palabra de que esa herencia y esa bendición dada a Abraham es para nosotros. Es decir, Dios vio hacia nosotros cuando le estaba prometiendo a Abraham; estaba viéndonos a nosotros y estaba pensando: «¿Cómo puedo dar la mayor garantía posible, la más alta garantía posible, a los herederos de Abraham, aquellos que van a vivir dos mil años después, de nosotros, aquí en Cuajimalpa?». Pensó: «No nada más le voy a decir a Abraham que esto es lo que haré, sino que le voy a prometer a Abraham. Y no solamente se lo voy a prometer a Abraham, sino que se lo voy a jurar. Y no nada más le voy a jurar a Abraham, sino que voy a jurar por mi nombre». ¿Por qué? Para darle seguridad a los herederos, para que ustedes sepan con toda seguridad, con la máxima garantía posible dada por Dios, que esto es una realidad. Y eso es nuestro consuelo; esa es nuestra esperanza, nuestra seguridad para el día de hoy.
Y esta historia de Melquisedec continúa con mostrarnos a Jesús, mostrarnos quién es Él, conectado con el resto de la Biblia. Recuerden que la audiencia de este libro son judíos que entienden bien el Antiguo Testamento, y el autor quiere mostrarles cuáles son estas conexiones: cómo es que Jesús es el cumplimiento, algo mejor que todo lo que había venido siendo desarrollado a lo largo de todo el Antiguo Testamento. Y una de las ideas más profundas que encontramos en toda la Biblia conectadas a Jesús es la idea del personaje de Melquisedec conectado con Jesús. ¿Por qué? Porque Melquisedec es este personaje un tanto oscuro, en el sentido de que no sabemos mucho acerca de él; un tanto místico, que aparece solamente por unos cuantos versículos.
La historia de Génesis 14
Así que quiero recordarles esta historia, que ya vimos el año pasado —o no sé si fue este año—, pero estábamos estudiando el libro de Génesis los miércoles, y Chucho nos habló acerca del capítulo 14 de Génesis. Quiero recordarles esta historia antes de que leamos estos versículos del capítulo 7. Vayan a Génesis capítulo 14. En Génesis 14 van a encontrar la historia de Melquisedec. Si recuerdan, hay 14 reyes que hicieron una invasión allí en Sodoma, donde estaba Lot, y lo secuestraron, se lo llevaron. Y Abram juntó a 318 hombres, que los junta para ir y perseguir a los que secuestraron a Lot y recuperarlo. Entonces les hacen una emboscada de noche y lo rescatan.
Nos gustan las películas de acción, nos gustan las películas de espías, de misterio, de intriga, en cuanto a cómo se van a resolver casos de crimen, o donde tienen que rescatar a alguien. Y esta es una historia increíble; me gustaría que estuviera en película, nuestra historia de Génesis 14, porque hay mucho heroísmo de parte de Abraham y de estos hombres para ir y rescatar a Lot. Es increíble la manera en que lo hacen. Y cuando regresan son recibidos por dos reyes: uno es el rey de Sodoma, y el otro es el rey de Salem, Melquisedec.
Versículo 18: «Melquisedec, rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo, sacó pan y vino; y le bendijo, diciendo: Bendito sea Abraham del Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra; y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio a Abraham los diezmos de todo».
Es todo lo que sabemos sobre Melquisedec históricamente en la Biblia; no hay más información acerca de él. Y vamos a ver por qué fue intencional de parte de Dios, pero eso es todo lo que hay revelado. Entonces, así como se menciona, así desaparece de la escena. Claro, estos son como dos mil años antes de que se escriba el libro de Hebreos. Hay un punto en donde se menciona, en el Salmo 110, que vamos a ver en un momento, que es unos mil años después, donde empieza a verse que el personaje de Melquisedec no fue una coincidencia nada más, o accidental, sino que estaba diseñado para apuntarnos a un plan más perfecto, más profundo, en cuanto al sacerdocio específicamente, y también al reinado del Mesías.
Un tema difícil de explicar
Entonces este Melquisedec ya ha sido mencionado por el autor de Hebreos tres veces antes de este capítulo 7: las primeras dos en el capítulo 5, y la última justo aquí, en el versículo 20 del capítulo 6, que vimos la semana pasada, que otra vez está conectado con el capítulo 7; no está esta división en el original. Pero vean en el capítulo 5, donde se mencionó en el versículo 6: «Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec». Después, en el versículo 9 dice... perdón, en el versículo 10: «y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec».
Ahí, en ese punto del desarrollo, el autor hace una pausa, si recuerdan, para decirles que son unos inmaduros. Les dice: «Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír». Y la idea es: «Miren, esto que les voy a explicar acerca de Melquisedec es algo muy difícil, muy profundo, y lamentablemente ustedes son unos inmaduros que son muy perezosos cuando se trata de pensar en estas cosas y de estudiar estas cosas». Entonces se toma el tiempo para exhortarlos sobre eso. Ya vimos ese capítulo, y ha hecho una pausa de exhortaciones: todo lo que fue el capítulo 5 y el capítulo 6 es un paréntesis antes de regresar, de retomar esta idea de Melquisedec y por qué es importante este personaje.
Y, por supuesto, vamos a leer estos primeros diez versículos, y van a darse cuenta de por qué es que el autor de Hebreos consideraba que esto era algo difícil de explicar. «Hay mucho que decir, es difícil de explicar; no sean perezosos. Es importante, es importante que yo les muestre cómo se conecta toda la Biblia; es importante que vean cómo su Antiguo Testamento se cumple en Jesús». Eso es lo que quiere mostrarnos.
Lectura de Hebreos 7:1-10
Dice: «Porque este Melquisedec, rey de Salem, sacerdote del Dios Altísimo, que salió a recibir a Abraham que volvía de la derrota de los reyes, y le bendijo, a quien asimismo dio Abraham los diezmos de todo; cuyo nombre significa primeramente Rey de justicia, y también Rey de Salem, esto es, Rey de paz; sin padres y madres, sin genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.
»Considerad, pues, cuán grande era este, a quien aun Abraham el patriarca dio diezmos del botín. Ciertamente los que de entre los hijos de Leví reciben el sacerdocio, tienen mandamiento de tomar del pueblo los diezmos según la ley, es decir, de sus hermanos, aunque estos también hayan salido de los lomos de Abraham. Pero aquel cuya genealogía no es contada de entre ellos, tomó de Abraham los diezmos, y bendijo al que tenía las promesas. Y sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor. Y aquí ciertamente reciben los diezmos hombres mortales, y uno de quien se da testimonio de que vive. Y por decirlo así, en Abraham pagó el diezmo también Leví, que recibe los diezmos; porque aún estaba en los lomos de su padre cuando Melquisedec le salió al encuentro».
Y esto es difícil de entender. Necesitamos pensar en la historia del Antiguo Testamento; necesitamos pensar en todas estas conexiones que se están haciendo con Jesús. Dos conexiones en particular surgen en este pasaje, que es lo que vamos a ver hoy, y son estas: Melquisedec es rey y sacerdote. Vamos a estar viendo el aspecto de rey y vamos a estar viendo el aspecto de sacerdote, que se conectan con Melquisedec y Jesús. Y vamos a empezar, número uno, con las conexiones que son en relación al rey.
Rey y sacerdote: dos oficios separados
Pero primero quiero mostrarles qué es lo que es único acerca de Melquisedec en esta parte de sacerdote. Esto es importante; este es el trasfondo de lo que, como judíos, habrían visto que es único de Melquisedec. Porque solo Jesús y Melquisedec, en toda la Biblia, son mencionados con estos dos oficios: rey y sacerdote. Y la razón de eso es que, de acuerdo a la ley mosaica, ningún sacerdote podía ser rey, ningún rey podía ser sacerdote. Entonces estaban completamente separados estos oficios. ¿Por qué? Porque era peligroso que una sola persona tuviera tanta responsabilidad y tanto dominio sobre la vida cívica de Israel. Los reyes eran propensos a fallar y al pecado, y tenemos muchos reyes terribles en la historia de Israel.
Y justamente vemos, por ejemplo, el ejemplo de un rey como Uzías, en 2 Crónicas 26, que fue juzgado por Dios justamente por asumir el rol sacerdotal, y fue juzgado con lepra, y fue apartado del pueblo. Era algo sumamente específico de parte de Dios: no se pueden mezclar estas dos cosas; son oficios diferentes, oficios separados. Es importante que haya un balance de poder, porque nadie es capaz de ejercerlo y porque nadie es digno de hacerlo.
Lo cual nos hace pensar... bueno, eso es algo parecido; a lo mejor no entendemos eso completamente, pero estaba pensando en que así funciona nuestro país también, nuestro gobierno. El poder federal está dividido; el gobierno federal está dividido en lo que conocemos como los poderes de la Unión: el Poder Ejecutivo, el Legislativo, el Judicial. Estoy seguro de que los abogados en nuestra iglesia pueden explicar esto mejor de lo que yo puedo, pero el punto es que el poder se distribuye; no se concentra en una sola área, sino que está distribuido en varias, justamente para que haya un balance en el poder.
Y era lo mismo en el pueblo de Israel. Había muy clara una distinción, que era: el oficio sacerdotal, y pertenecía aún a un cierto linaje, que tenía que ver con Leví, con la tribu de Leví; y el rol de rey, el cual también se ejercía normalmente, en gran parte, por herencia, y la descendencia de David es de donde parte. Pero eran dos áreas diferentes, eran personas diferentes; nunca se cruzaban.
Rey de justicia y rey de paz
Entonces este personaje, Melquisedec, junta dos características muy particulares: rey, sacerdote; justicia y paz. Eso es lo que se describe aquí, que su nombre significa: es Rey de justicia —Melquisedec, rey de justicia, en hebreo—, y también Rey de Salem. Y Salem es una referencia a lo que se considera que era Jerusalén: Jerusalén es la ciudad de Salem, de paz. Y hay una conexión interesante en el Salmo; entonces pueden ver dónde están todas estas conexiones. Y entonces tenemos Rey de justicia y Rey de paz. Estas dos ideas, estos dos conceptos, son tan importantes: cómo se están juntando reinado y sacerdocio, justicia y paz.
Y eso lo tenemos anticipado en la Biblia. Tenemos anticipado, número uno, que hay una conexión entre Salem y Sion, que encontramos en el Salmo 76, versículos 1 y 2: «Dios es conocido en Judá; grande Su nombre en Israel. En Salem está Su tabernáculo, y en Sion Su morada». Entonces ahí está una conexión entre Salem y Sion. Sí, efectivamente, Salem, el rey de Salem, ha estado conectado con Sion y Jerusalén.
Y también tenemos una conexión que anticipa esta realidad tan importante de juntar justicia y paz, y juntar el reinado y el sacerdocio. Quiero que vean estos pasajes. El primero está en el Salmo 110, versículos 1 al 4, donde justamente se retoma... David retoma, mil años después de lo que leímos en la historia de Génesis, David retoma esta historia y dice en el versículo 1: «Dice el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. El Señor extenderá desde Sion Tu poderoso cetro, diciendo: Domina en medio de tus enemigos». Entonces vemos ahí el aspecto del reinado y de justicia. Después tenemos el versículo 4: «Ha jurado el Señor y no se retractará: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec». El aspecto del sacerdocio. Se ha anticipado en la Biblia que estas dos cosas son importantes.
La justicia y la paz se han besado
Pero en particular, vean la idea de justicia y paz. Estaba pensando sobre esto, estaba buscando en diferentes pasajes estas conexiones, y hay un versículo increíble. Si no lo han leído, van a encontrar aquí una verdad tan profunda y tan poética acerca de estas dos verdades representadas, que finalmente nos apuntan a Jesús. Lean conmigo el Salmo 85:9 al 10, y marquen sus Biblias. Dice —escuchen—: «Ciertamente cercana está Su salvación para los que le temen, para que more Su gloria en nuestra tierra. La misericordia y la verdad se han encontrado; la justicia y la paz se han besado».
Hermoso es el lenguaje poético que usa este salmo para expresar cómo en Jesús, en la salvación que encontramos en Cristo Jesús, la justicia y la paz también se han encontrado en un beso. Es una manera de expresar esa unión de amor que existe, que Dios nos da a través de Su Hijo Jesucristo.
Y vean este pasaje, esta profecía, Zacarías 6, versículos 12 al 13. Dice: «Y dile: Así dice el Señor de los ejércitos: "Vendrá un hombre"» —esta es la profecía, vendrá un hombre— «"cuyo nombre es Renuevo, porque Él brotará del lugar donde está y reedificará el templo del Señor. Sí, Él reedificará el templo del Señor, y Él llevará gloria y se sentará y gobernará en Su trono"». Ahí está el aspecto del rey. «Será sacerdote sobre Su trono»; entonces ahí está el aspecto de sacerdote. Será Rey, será Sacerdote sobre Su trono, «y habrá consejo de paz entre los dos oficios».
Léanlo en La Biblia de las Américas, porque la Reina-Valera lo expresa un poquito diferente: «el sacerdote estará a su lado». Pero de hecho es «el sacerdote estará sobre su trono», haciendo referencia a que es el mismo trono donde está sentado el rey y el sacerdote. «Y habrá consejo de paz entre los dos oficios». Es la profecía de Zacarías: estos dos oficios se juntarán en una sola persona. Entonces todo eso ya nos está apuntando en esta dirección de ver los dos oficios de Jesús anticipados en Melquisedec, anticipados en las profecías del Antiguo Testamento.
Jesús, Rey de justicia
Entonces vamos a ver, primeramente, cuáles son las características del rey. ¿Hacia qué nos apunta el reinado de Jesús que es profetizado? Bueno, leímos en Apocalipsis 19, si recuerdan, versículo 16, que tiene sobre Su manto y Su muslo este nombre: «Rey de reyes, Señor de señores». Rey es uno de los títulos de Jesús. ¿Qué significa que es Rey de justicia y Rey de paz? Bueno, significa que Él cumple estas dos características esenciales de un rey perfecto.
1 Juan 2:1 dice: «Hijitos míos, les escribo estas cosas para que no pequen. Y si alguien peca, tenemos Abogado para con el Padre, a Jesucristo el Justo». Rey justo. Y en 1 Corintios 1:30 leemos que Él es nuestra justificación, nuestra justicia: Él sí es una sabiduría de Dios, y justificación. Entonces Él cumple estas características de una manera perfecta, todas las características de un rey justo.
Jesús, Rey de paz
También cumple todas las características de un rey de paz. Vean lo que dice primero la profecía de Isaías, capítulo 9, versículos 6 al 7: uno de Sus nombres era Príncipe de paz. Pero, por supuesto, también encontramos en los evangelios cómo se revela el Hijo, que viene a ofrecer. Nos dice: «La paz les dejo, mi paz les doy; no se la doy a ustedes como el mundo la da. No se turbe su corazón ni tenga miedo». Y en Efesios 2:14 encontramos que dice: «Porque Él mismo es nuestra paz, y de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación».
¿Por qué necesitamos paz? ¿Cuál es la razón por la cual necesitamos paz en nuestras vidas? ¿Por qué necesitamos un rey de paz? Necesitamos paz porque la presencia del pecado quita la paz. La razón por la que no tenemos paz es porque hay pecado, no nada más en nuestras vidas, sino que hay pecado alrededor nuestro, y todo eso es lo que quita la paz de nuestras vidas. Y el problema es que estamos buscando constantemente cómo encontrar paz en cosas que no tratan con el pecado. Queremos distraernos con entretenimiento, queremos tener más dinero, más cosas; queremos llenarnos con cosas como el sexo, o como el reconocimiento de la gente, y no estamos tratando con nuestro verdadero problema, que es el pecado.
Y si entendiéramos que el pecado es nuestro verdadero problema, que hace que no tengamos paz, que nuestro corazón esté sin descanso —como decía san Agustín: «Nuestros corazones no encuentran su descanso hasta que encuentran su descanso en Ti»—; si nos diéramos cuenta de que la razón de que no hay descanso en nuestras vidas es porque hay pecado. Y cuando encontramos la solución para nuestro pecado es el único momento en el cual encontramos paz. Por eso es que Él es Príncipe de paz. Y estas dos ideas, de justicia y de paz, se juntan de una manera hermosa en la Biblia, desplegadas en la cruz, desplegadas en la obra y el sacrificio de Cristo.
Y algo interesante aquí, de cómo se menciona a Melquisedec, es que hay un orden en sus nombres: Rey de justicia, después Rey de paz. Y esto... que dice, expresión acerca de esto en este pasaje. Dice: «No está sin cuidado el orden de estos dos, y la dependencia que uno tiene del otro, porque no puede haber verdadera paz que no esté fundamentada en justicia, y de la justicia ciertamente brota la paz». Es lo que dice. ¿Y por qué dice esto? Es importante; el orden es importante. Primero es justicia, después la paz. Alguien tiene que ser nuestra justicia; se tiene que hacer justicia primero para que pueda haber paz. Si no, no hay paz.
Entonces estos dos conceptos están juntados aquí de una manera hermosa, y representados de una manera hermosa en Melquisedec, quien es sacerdote del Dios Altísimo. Increíble que alguien que vivía en una sociedad pagana pudiera vivir una vida que fuera fiel a la Palabra, que tuviera al único y verdadero Dios no nada más como Aquel que lo había llamado, sino como Aquel a quien él servía solamente, en medio de una sociedad que poco a poco se fue degenerando más, y más, y más, hasta que vemos lo que Josué se encontró cuando ellos llegaron a la Tierra Prometida y encontraron toda clase de idolatría. Pero aquí, en este punto de la historia, con Abraham, había este rey que era un rey justo y fiel, un rey de paz puesto por Dios.
Un sacerdote superior
Bueno, vamos a ver el segundo aspecto, que es el aspecto del sacerdocio. ¿Qué aprendemos acerca del sacerdocio de Melquisedec? Lo que aprendemos en estos versículos es que él es un sacerdote superior. Y hay tres niveles aquí que podríamos ver: es un sacerdocio superior al de Leví, a todos los que venían de Aarón, descendientes de Aarón. Es superior ese sacerdocio porque Melquisedec es superior a esos sacerdotes, y Jesús es superior a Melquisedec. Entonces vamos a ver todos los sentidos en los cuales Melquisedec apunta a Jesús, y apunta a Jesús como un sacerdote superior a los sacerdotes del sistema del judaísmo levítico, de la ley. Recuerden que la audiencia de este libro estaba muy familiarizada con este tipo de sacerdocio, y entonces el punto es mostrarles que todo aquello a lo que ustedes estaban acostumbrados simplemente estaba apuntando hacia Jesús.
Un sacerdote eterno
Número uno, encontramos lo que está escrito aquí en el versículo 3: «sin padres y madres, y genealogía; que ni tiene principio de días, ni fin de vida, sino hecho semejante al Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre». Esto nos está apuntando hacia el hecho de que es un sacerdote superior porque es un sacerdote eterno. Esta descripción que encontramos aquí es interesante. Muchos han pensado que a lo mejor entonces está hablando de una manifestación de Jesús en el Antiguo Testamento cuando habla de Melquisedec. Otros creen que simplemente es un ser angelical.
Pero creo que más bien el punto es... Aquí van a encontrar, en el versículo 3, que dice: «hecho semejante al Hijo de Dios». No es el Hijo de Dios; es hecho semejante al Hijo de Dios. Melquisedec, en otras palabras, solamente es un tipo, una anticipación, una sombra que apunta hacia Jesús. Entonces no es que era Jesús; no es que no tuviera padre ni madre. Es que su padre y su madre no son mencionados; son omitidos de la historia. Ese es el punto. En un libro como Génesis, en donde de todos los personajes de importancia se menciona toda su genealogía, eso es muy curioso. Es muy interesante que, inspirado por el Espíritu Santo, Moisés haya descrito a Melquisedec de esta manera, omitiendo todos estos otros detalles acerca de dónde viene y hacia dónde va, para mostrarnos, justamente apuntarnos, hacia un sacerdocio mejor, que no tiene fin.
Entonces es el dejarlo abierto, así como queda en Génesis 14, donde de pronto desaparece Melquisedec. Y es sacerdote de Dios, puesto por Dios; no como los levitas, que tenían un periodo máximo de 30 años y que tenían que pertenecer al linaje de Aarón. No; este fue puesto por Dios directamente. Entonces es un llamado de Dios, una ordenación divina, una designación divina, que apunta hacia un sacerdocio ininterrumpido, que nos da la noción, desde ahí, desde Génesis 14, de la eternidad, de un sacerdocio eterno.
Fuente de bendición
Y número dos, encontramos en esta descripción del sacerdocio de Melquisedec dos cosas más. Número uno, encontramos que es sacerdote superior porque es fuente de bendición. Y que es fuente de bendición está mencionado aquí en el versículo 1: «bendijo» a Abraham. Perdón, está mencionado en el versículo 6; dice: «bendijo al que tenía las promesas». Es muy interesante que se menciona aquí que Abraham tenía las promesas, porque eso nos recuerda quién es Abraham. Abraham es el que recibe una promesa en Génesis 12: «Y serán benditas todas las naciones de la tierra». Lo cual significa: «Abraham, tú eres el más bendecido de toda la tierra, porque tú eres el principal, que bendecirá a todos a través de ti».
Entonces esto es increíble, porque él es el poseedor de las bendiciones; él es el bendecido supremo y el más bendecido. Y entonces nos preguntamos: ¿quién podría bendecir a Abraham, si él está hasta acá en cuanto a bendiciones se refiere? ¿Quién puede bendecirlo a él? Solo alguien mayor, solo alguien superior; alguien puesto por Dios como un medio de bendición para aquel que se convirtió en el padre de todo el pueblo de Dios, de todo el linaje de Dios a través de Jesucristo.
El pan y el vino
Y uno de los símbolos que aparecen en Génesis 14, que no es mencionado aquí en Hebreos, pero creo que es importante, es el símbolo del pan y el vino que le trae Melquisedec. Habíamos dicho que en Génesis 14 le trajo pan y vino. Creo que este pan y vino... Recuerden: Jesús mismo usó el pan como un símbolo de la bendición que Él era para nosotros, en Juan 6:35: «Yo soy el pan de vida; el que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed». Pero también, por el vino, podemos pensar en cómo son símbolos de la bendición del pacto: «Este es el nuevo pacto en mi sangre».
Estaba leyendo lo que Jonathan Edwards dice acerca de este pasaje. Él dice: «El pan y el vino significaron la misma bendición del pacto de gracia que el pan y el vino tienen en el sacramento de la Santa Cena. Que viniera Melquisedec a su encuentro con tal sello del pacto de gracia, con ocasión de esta victoria, muestra que era la garantía del cumplimiento de Dios del mismo pacto». Lutero dijo acerca de Melquisedec y de este pasaje: «Melquisedec presenta a Abraham al mundo entero y declara que solamente con él, en su casa y en su familia, está la iglesia, el reino del cielo, la salvación, el perdón de pecados y la bendición divina».
Entonces esta bendición es representada en el pacto que Dios hace con Abraham, y que es reafirmado cuando Melquisedec viene y le dice: «Tú ganaste la victoria sobre esos reyes. Aquí está este pan y este vino, que representan el pacto de bendición que Dios ha hecho contigo, a través del cual todas las naciones serán bendecidas».
Los diezmos
La otra cosa que encontramos, que también muestra la superioridad del sacerdocio de Melquisedec y de Jesús, es la idea de los diezmos, que encuentran aquí desarrollada con mucho detalle por el autor, donde dice que él, Melquisedec, fue receptor de diezmos. ¿De parte de quién? De Abraham. Y entonces, para el autor de Hebreos, esta es la idea: pagar diezmos es señal de sujeción. ¿Señal de sujeción a quién? A alguien mayor. Para que tú recibas bendición de alguien, la bendición tiene que venir de alguien mayor que tú. Para pagar diezmos a alguien, tú le das diezmos a alguien que es mayor que tú. Ese es el argumento.
Y claro, entonces viene a la mente: «Bueno, también a los sacerdotes de la tribu de Leví les pagaban diezmos. Y entonces, ¿qué hay de especial en Melquisedec?». Bueno, lo que es especial de Melquisedec es que los sacerdotes de acuerdo a la tribu de Leví son descendientes de Abraham.
Entonces hay como una identidad corporativa que existe, representada en Abraham, porque de él es la descendencia. O sea, él es el mayor aquí: todos los que vienen de Leví, y los sacerdotes de la tribu de Leví, están conectados con Abraham. Entonces Abraham paga diezmos a Jesús, lo cual significa que la tribu de Leví, y los sacerdotes de la tribu de Leví, también están pagando tributo, diezmo, a Melquisedec. Entonces el pueblo de Israel paga diezmos a los sacerdotes por la ley, y ellos a su vez están pagando diezmos a Melquisedec, no por la ley, sino porque es mayor, en el que se ve que está apuntando hacia Jesús, que aún es mayor que Melquisedec. ¿Ven qué grande es Jesús en cuanto a Su sacerdocio?
Espero que hayan podido seguir esa línea de argumento que yo les acabo de explicar, porque es la misma línea de argumento que hace el autor de Hebreos aquí. Entonces piensen en la historia, piensen cómo se desarrolló. Venía Abram de una victoria contra estos reyes cananeos, y está en la cima de su gloria, digamos, y de su orgullo, y se encuentra con el rey Melquisedec, y reconoce que este rey es superior a él. Y por lo tanto le da una décima parte de todo lo que trajo de esa derrota, lo cual habría sido muchísimo. No una propinilla, ¿eh?, nada más; habría sido sustancial lo que dio Abraham a Melquisedec, con una victoria como esa sobre reyes.
Y la idea aquí es que hay un sentido de representación de toda la línea de sacerdotes que viene de Leví en Abraham. Y entonces lo que sea que haga Abraham, ellos también lo están haciendo, como sus descendientes. Esa idea de una representación corporativa en el padre, o en el que viene primero, es una idea que se desarrolla en toda la Biblia. Nosotros por eso hemos pecado en Adán: él es representante de nosotros. Y a lo largo de toda la Biblia encontramos ese tipo de conexiones en cuanto al linaje, y esa es una de las ideas importantes que quiere desarrollar aquí, y que sus lectores judíos habrían entendido bien.
La foto y la persona
Lo cual significa, entonces, que el autor está diciendo: Jesús es mejor que Melquisedec. Lo cual, para nosotros, es como decir que una persona que nosotros apreciamos mucho es mejor que su fotografía. Alguien tiene una foto porque eres importante para ellos. Y entonces tienes la foto de tu mamá, de tu papá, o de tu hermano, de tu hija, de tu amigo. ¿Qué prefieres: ver su foto o tenerlo ahí? Creo que, si es una persona que es importante para nosotros, la persona es más valiosa que su foto. La foto solamente es una representación; sí, con muchas de sus características, pero no es la persona.
De la misma manera, Jesús es mejor que Melquisedec, como la sombra apunta a la realidad, como la realidad es mejor que la sombra. La sombra solamente es una silueta, una forma que nos está apuntando en esa dirección, pero no es aquello a lo cual estamos tratando de llegar, sino lo que está detrás de esa sombra, o lo que es el cumplimiento de esa sombra; en este caso, Jesucristo.
Y creo que a lo mejor esto es lo que estaba pensando Jesús en Juan 8:56, cuando dijo: «Abraham vio mi día, y se gozó». A lo mejor se estaba refiriendo —no sabemos—, a lo mejor se estaba refiriendo a cuando recibió el pan y el vino de parte de Melquisedec. Y ese pan y ese vino estaban apuntando hacia una bendición futura del pacto que Dios había hecho con Abraham, de que todas las naciones serían benditas en él, y de que sus herederos tendrían una victoria de la misma manera en que él había tenido victoria sobre sus enemigos, los reyes de Canaán. No sé; todas estas conexiones que pudo haber hecho Abram en su mente estaban diseñadas no nada más para él, sino para nosotros, de acuerdo a lo que vimos el domingo pasado.
¿Por qué necesitamos un rey y sacerdote?
Así que, por último, quiero mencionar esto, y es la pregunta que debe de haber en nuestras mentes en cuanto a lo que acabamos de meditar: ¿por qué necesitamos un rey y sacerdote? Porque necesitamos a alguien que nos represente: como rey, que nos guíe; y como sacerdote, que nos represente. Es la misma pregunta que se tendrían que haber hecho los lectores de esta carta: «Tenemos los sacrificios, tenemos a Abraham; Abraham es el padre, es el patriarca». Este es el más alto honor posible, y el autor de Hebreos no lo niega. Dice: «Sí, es el patriarca»: «Abraham el patriarca». Esta es una descripción de Abraham no muy común, la del versículo 4. Pero ¿por qué? Porque el autor de Hebreos, así como hizo con Moisés, quería elevarlo lo más posible, para precisamente mostrar la superioridad: aún más alto es Jesús.
¿Por qué necesitamos un rey perfecto y un sacerdote perfecto? Y esta pregunta es sumamente importante, pero es difícil de contestar para nosotros, porque no tenemos un rey y no tenemos un sacerdote. Normalmente, en nuestra sociedad, la Iglesia católica sí tiene sacerdotes, pero no estamos realmente acostumbrados a esta imagen del sacerdote y a esta imagen de rey. Pero sí tenemos la imagen del presidente, porque es lo que tenemos en México: presidente. Nuestro presidente no es perfecto. Obviamente no es perfecto; comete muchos errores, como todos los demás presidentes que hemos tenido, y nunca tendremos un presidente perfecto. Aunque unos creen que sí tenemos un presidente perfecto ahorita. No lo tenemos.
Un juez perfecto y un abogado perfecto
Imagínense, imagínense un presidente perfecto, que nunca se equivoca en las decisiones que toma, que siempre dice y hace lo que es mejor para su pueblo, que sabe cómo guiarlo perfectamente. Imagínense cómo sería. Necesitamos nosotros a alguien que nos guíe con sabiduría perfecta y con justicia perfecta, que pueda impartirnos justicia perfecta, que pueda ser justicia perfecta para los que pertenecen a Su reino. Y ese es Jesús. Pensando en cómo se imparte la justicia de un rey, pensé: esta es la imagen con la cual probablemente estamos más familiarizados, que es la imagen de un juez perfecto, alguien que siempre juzga perfectamente.
Y número dos, como sacerdote, alguien que también nos representa con perfecta autoridad y pureza: necesitamos un abogado perfecto. Y es la otra imagen: el sacerdote, creo que es bien representado con la idea de un abogado que nos representa. Y si nos representa, queremos a alguien que nos represente bien; y no nada más alguien que nos represente bien, sino alguien que pueda garantizar el veredicto final del juez: «Inocente. Él es hijo, él es de la familia, él ha sido perdonado. Por lo tanto, yo le doy mi paz. No te condeno, sino que te declaro inocente». Es la imagen de rey y sacerdote, de justicia y paz, encontrándose en la realidad que vemos en Cristo Jesús, en el evangelio. Necesitamos la paz de Dios, necesitamos la justicia de Dios.
Él intercede hoy por ti
Y Él, como nuestro Sacerdote, está intercediendo por nosotros hoy. Es lo que vamos a estar viendo el próximo domingo, en lo que queda del capítulo 7, acerca de Melquisedec, acerca de ese sacerdocio. Jesús está intercediendo ahorita; está orando ahorita por ti, para que tengas paz. Eso es lo que Él quiere darte; eso es lo que quiere que sea tuyo: que tengas paz a través de la justicia que solo Él puede dar. Porque Él vivió la vida perfecta que tú no podías vivir, y murió la muerte que tú tenías que morir, para que tú tuvieras paz hoy, para que supieras: «Soy inocente delante de Dios».
Y así como Melquisedec, cuando recibió a Abraham después de haber ganado la batalla contra los reyes, cuando nuestra batalla haya terminado en esta vida, el Cristo resucitado nos bendecirá delante de los ojos de todo el mundo. Hoy celebramos ya en la Cena del Señor, con el pan y el vino, el pacto de gracia, que es nuestro ya, en garantía, por la sangre de Jesucristo. Es nuestro ya, y será hecho una realidad perfecta cuando nos encontremos con Él cara a cara. Ese es el tipo de seguridad, de profundidad, que nos da esta sección de Hebreos. Vamos a continuar el próximo domingo.
Oración final
Padre, te damos gracias por Tu bendición, Tu guía en Tu Palabra, para mostrarnos qué clase de Rey, qué clase de Sacerdote eres, al ver hacia atrás, al ver la historia, cómo fue desarrollada en el libro de Génesis, cómo fue desarrollada a lo largo de todo lo que Tú fuiste guiando con Israel, con Abraham, con su descendencia, con la tribu de Leví, para que nosotros hoy pudiéramos ver verdades acerca de Jesucristo y de la manera en que Él es nuestro Rey perfecto, nuestro Sacerdote perfecto, que nos da una paz perfecta y una justicia perfecta. Te pedimos, Señor, que Tú sigas guiándonos en el estudio de Tu Palabra, para que podamos seguir viviendo con Tu consuelo y Tu esperanza. En el nombre de Cristo Jesús.
Escúchanos
Ven un domingo
Predicamos así cada semana, a las , en Av. México 319.
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