Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 7:11-28HebreosNathan Díaz

El sacerdocio inmutable de Jesús

¿Por qué no necesitamos sacerdotes humanos para acercarnos a Dios? Hebreos 7:11-28 muestra que el sacerdocio levítico era temporal y débil, y que Jesús lo reemplaza con el poder de una vida indestructible. Su sacerdocio es perfecto, eterno por juramento de Dios y constante: hoy mismo está intercediendo por los que se acercan por medio de él.

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Transcripción

Introducción y oración

Buenos días, hermanos. Vamos a continuar en nuestro estudio del libro de Hebreos. Ya estamos un poquito más de la mitad del libro, y primero Dios, antes de que terminemos el libro, vamos a estar todos juntos nuevamente aquí en el local. Y hemos estado platicando acerca de eso; hemos estado platicando acerca de cuáles son las opciones, qué es lo que podemos hacer como iglesia en las próximas semanas: darle prioridad a la comunión, darle prioridad a reunirnos, a ser un cuerpo en Cristo, y al mismo tiempo respetar a nuestras autoridades y las medidas que tienen que ver con todo este tema de la pandemia y del contagio. Así que tenemos que pedir a Dios sabiduría en todo este tema.

Pero mientras continuamos pensando en estas verdades, que son las más importantes, las verdades que tienen que ver con nuestra salvación, la obra perfecta, eterna, que nos llena de esperanza, de Cristo Jesús, vamos a pedir a Dios Su bendición en este tiempo.

Padre, gracias porque sabemos que Tu Palabra es viva y eficaz, más cortante que toda espada de dos filos. Pedimos, Señor, que en este tiempo juntos podamos meditar en lo que está aquí, y que transforme nuestras vidas, especialmente en relación a cómo llegamos a Ti, a la confianza que tenemos cuando vamos a Ti. Especialmente cuando pensamos en nuestra condición pecaminosa, cuando pensamos en nuestra necesidad de un sacerdote, de un intermediario, podemos verte a Ti como el único y perfecto Sacerdote, Sumo Sacerdote, que nos entiende y que también está constantemente intercediendo por nosotros. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

Lo que vimos el domingo pasado

El domingo pasado empezamos a ver este capítulo 7 de Hebreos, y hablábamos acerca de quién fue Melquisedec, y por qué es que ahora el enfoque está en ver a Melquisedec como un antecesor, como alguien que estaba apuntando hacia Jesucristo. Y veíamos el domingo pasado acerca de la superioridad de Jesús y de Melquisedec en relación a dos cosas. Una es la bendición que Abraham recibe de parte de Melquisedec, lo cual muestra que entonces los sacerdotes que vienen de Abraham, que son descendientes de Abraham, de la tribu de Leví, ellos son inferiores: el sacerdocio levítico es inferior al sacerdocio de Melquisedec, porque Abraham fue bendecido por Melquisedec. Y además le pagó diezmos a Melquisedec. Y el argumento era que siempre se le pagan diezmos a alguien mayor; siempre es alguien mayor el que bendice.

Esas ideas, esos conceptos, fueron ya desarrollados el domingo pasado. Eso fue una introducción a lo que vamos a estar viendo hoy, que es el resto de este capítulo 7. Y claro, todos estos mensajes están íntimamente conectados unos con otros; se complementan unos a otros. Y eso es lo hermoso de la predicación expositiva: que podemos conectar todo, que podemos ver cómo un autor, como el autor de Hebreos, va desarrollando un argumento.

Entonces hoy vamos a estar viendo acerca del sacerdocio inmutable de Jesús, versículos 11 al 28. Vamos a estar resumiendo todo lo que está aquí en toda esta sección, que habla acerca de este sacerdocio de Jesús que no cambia; a eso se refiere «inmutable». Pero ¿en qué sentidos no cambia? ¿En qué sentido es superior al sacerdocio de los levitas, levítico? Y ese sacerdocio sí cambia; ese sacerdocio sí era frágil; ese sacerdocio sí tenía una serie de limitaciones y debilidades que vamos a estar viendo.

Lectura de Hebreos 7:11-28

Así que acompáñenme en sus Biblias; abran sus Biblias en Hebreos 7 y lean junto conmigo los siguientes versículos, versículos 11 al 28:

«Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley; y aquel de quien se dice esto es de otra tribu, de la cual nadie sirvió al altar. Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio. Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia, sino según el poder de una vida indestructible. Pues se da testimonio de Él: "Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec". Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley), y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios.

»Y esto no fue hecho sin juramento; porque los otros ciertamente sin juramento fueron hechos sacerdotes; pero este, con el juramento del que le dijo: "Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec". Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto. Y los otros sacerdotes llegaron a ser muchos, debido a que por la muerte no podían continuar; mas este, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable».

Ahí está la idea de la inmutabilidad de Su sacerdocio.

«Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal sumo sacerdote nos convenía: santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho más sublime que los cielos; que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo; porque esto lo hizo una vez para siempre, ofreciéndose a sí mismo. Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre».

La importancia del sacerdocio levítico

Bueno, vamos a ver tres cosas acerca de este sacerdocio inmutable. Pero lo primero que quiero que vean, antes de que veamos esas tres cosas, es que en estos primeros versículos dice: «Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico (porque bajo él recibió el pueblo la ley), ¿qué necesidad habría aún de que se levantase otro sacerdote, según el orden de Melquisedec, y que no fuese llamado según el orden de Aarón? Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley».

Todo esto que estamos viendo es la idea de este sacerdocio levítico, lo cual era muy importante para los judíos: un elemento tan central para el judaísmo, que los definía como nación. Y lo vemos porque en la ley de Moisés, cuánto hay que describe justamente el sacerdocio: una gran parte está dedicada a describir el sacerdocio de los levitas, y las características que tenían que tener, y todos los rituales y las ceremonias. Y entonces vamos a ver algo de eso, y eso se va a seguir desarrollando en todo el libro. Pero piensen en la audiencia original y qué tan grande era este concepto para ellos.

Y ahora el autor de Hebreos está mostrándonos la superioridad de Jesús sobre ese sacerdocio, y no como algo nuevo, no como algo innovador realmente, sino como algo que ya había sido profetizado a lo largo de las Escrituras. Y claro, esa es la idea aquí al mostrar el sacerdocio de Melquisedec: que Melquisedec es alguien que ya había aparecido en la Biblia, y luego en el Salmo 110, que se está citando constantemente a lo largo de todos estos pasajes que hemos estado viendo en cuanto a Melquisedec. Claramente Dios ya estaba preparando a Su pueblo para este tipo de sacerdocio.

Entonces no es innovador, no es nuevo, y es crucial, es central a la vida del pueblo de Dios. ¿Por qué? Porque sin un sacerdote nadie va a ser salvo, porque él es nuestro representante delante de Dios; es el que entra a la presencia de Dios por nosotros. Entonces el pueblo está confiando en el rol de los sacerdotes, y en la importancia del rol de los sacerdotes, para saber que Dios perdona sus pecados, y para saber que ese sacerdote entra a la presencia de Dios en lugar de ellos. Este acceso de entrar a la presencia de Dios presupone que existe una correcta relación con Dios.

Pero en el sacerdocio levítico —y este es el argumento que se empieza a desarrollar aquí—, en el sacerdocio levítico ese acceso estaba limitado a una persona que entraba por ellos, pero que evidentemente estaba corta de la perfección requerida. Estaba limitado en la pureza y la santidad que debería de tener un sacerdote. Y por eso es que todos estos símbolos de los rituales, y de la purificación, y de la ropa, y todas estas cosas que vamos a estar viendo, por eso estaban establecidas: para mostrar que necesitaba algo que no tenía, y estaba simbolizado en todas esas cosas. Y entonces todo el Antiguo Testamento, aunque está enfatizando el rol sacerdotal, realmente también está reconociendo que se necesita algo más: más grande, más profundo, más perfecto que lo que esos sacerdotes habían venido haciendo. Y por eso está Génesis 14.

¿Por qué Génesis 14? ¿Por qué Melquisedec? Es la pregunta que el autor de Hebreos quiere que nos hagamos: ¿por qué se introdujo esa historia? Porque Dios nos estaba apuntando a algo mejor. ¿Por qué el Salmo 110, inspirando a David a escribir: «Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec»? ¿Por qué lo inspiró a eso? Porque Dios estaba preparando el camino para un mejor sacerdocio; es decir, estaba anunciando que el sacerdocio levítico era temporal y era insuficiente.

Entonces no es sorpresa, no es nuevo, lo que el autor de Hebreos realmente está diciendo aquí. Ahora ya lo tenemos en la persona de Jesucristo revelado en la historia; ahora ya sabemos cómo se cumple. Pero todo el Antiguo Testamento había estado apuntando hacia eso. Y por eso dice aquí, en el versículo 14: «Porque manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá, de la cual nada habló Moisés tocante al sacerdocio». Entonces muchos no habían visto cómo de la tribu de Judá podía haber un sacerdote; eso no se había revelado todavía. Pero sí se había revelado Melquisedec. «Y esto es aún más manifiesto, si a semejanza de Melquisedec se levanta un sacerdote» —surge alguien— «distinto, no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia» —o sea, no de la tribu de Leví, no de sangre, no de un linaje específico—, «sino según el poder de una vida indestructible». Lo vamos a ver en un momento.

Un sacerdocio que ya había sido profetizado

Pero lo que quiero que vean entonces es que la Biblia ya había estado preparando el camino, ya había estado apuntando en esa dirección: va a venir alguien, alguien mejor que los sacerdotes levitas, alguien de la tribu de Judá, alguien que iba a ser rey y alguien que iba a ser sacerdote también; alguien que iba a surgir. Entonces quiero mostrarles brevemente estos pasajes que nos muestran que el sacerdocio inmutable de Jesús ya había sido profetizado. En el Salmo 110, que es el pasaje central que usa el autor aquí para mostrarnos que viene del Antiguo Testamento, pero también este cambio de sacerdocio ya había sido profetizado en una serie de pasajes.

Vean Números 24:17. Dice: «Lo veo, pero no ahora; lo contemplo, pero no cerca. Una estrella saldrá de Jacob, y un cetro se levantará de Israel, que aplastará la frente de Moab y derrumbará los hijos de Set». O, por ejemplo, vean Isaías 11:1: «Entonces un retoño brotará del tronco de Isaí, y un vástago dará fruto de sus raíces». Y Jeremías 33:15: «En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar de David un Renuevo justo, y Él hará juicio y justicia en la tierra». O Zacarías 3:8: «Escucha ahora, sumo sacerdote, tú y tus compañeros que se sientan ante ti, que son hombres de presagio, pues Yo voy a traer a mi siervo, el Renuevo». Más adelante también, Zacarías capítulo 6, versículo 12: «Y dile: Así dice el Señor de los ejércitos: "Vendrá un hombre cuyo nombre es Renuevo, porque Él brotará del lugar donde está y reedificará el templo del Señor"». Y eso apunta también hacia el sacerdocio. Malaquías 4:2: «Pero para ustedes que temen mi nombre, se levantará el sol de justicia con la salud en sus alas; y saldrán y saltarán como terneros del establo».

Entonces, ¿qué está diciendo? Toda la religión judía, toda la ley mosaica, estaba apuntando hacia alguien que iba a surgir. Y él: «Les estoy hablando, así que no regresen al judaísmo antiguo, porque esto es el cumplimiento. Esto es para lo que los estaba preparando todo: para ver al Mesías, Aquel que cumpliría con un sacerdocio perfecto; que en todas las áreas donde el sacerdocio levítico estaba fallando, Él lo haría de una manera eterna y perfecta».

Cambio de sacerdocio, cambio de ley

Entonces vamos a ver cuáles son estos aspectos que fueron profetizados y que ya estaban ahí. Número uno: va a haber un cambio de sacerdocio, va a haber un sacerdocio mejor, más perfecto, Salmo 110:4. Un Mesías, un Renuevo, va a surgir de entre ustedes: alguien que gobernará con justicia perfecta, alguien que los representará de la manera perfecta. Y también, entonces, conectado con el sacerdocio, tenemos también la ley. Entonces están muy conectadas; son inseparables la ley y el sacerdocio. Y el autor de Hebreos se da cuenta; por eso dice el versículo base: «Porque cambiado el sacerdocio, necesario es que haya también cambio de ley».

¿Cambio de ley? Bueno, el problema de la ley es que estaba limitada para poder hacer expiación, para poder impartir vida, para poder calmar nuestras conciencias, darnos paz en nuestras conciencias, y también estaba limitada para proveer acceso a la presencia de Dios. Y todas esas cosas se cumplieron en Jesús. Primero, para hacer expiación: 1 Pedro 2:24 dice: «Él mismo llevó nuestros pecados en Su cuerpo sobre la cruz, a fin de que muramos al pecado y vivamos a la justicia, porque por Sus heridas fueron ustedes sanados». Y también nos dio vida, como dice Juan 11:25: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque muera, vivirá». O, por ejemplo, Hebreos 9:14, que habla acerca de nuestras conciencias: «¿Cuánto más la sangre de Cristo, quien por el Espíritu eterno Él mismo se ofreció sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para servir al Dios vivo?». O para darnos acceso a Dios: la ley no podía darnos el acceso a Dios; este sacerdocio podía hacer. Jesús le dijo: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí», en Juan 14:6.

Entonces la ley y el sacerdocio son inseparables. Pero tanto la ley como el sacerdocio estaban limitados; no podían hacer lo que se supone que tenían que hacer. Entonces toda esa insuficiencia estaba apuntando hacia una realidad más profunda. ¿Cuál era la realidad más profunda? Bueno, que necesitábamos no nada más un cambio de sacerdocio, sino un cambio de ley. Si va a haber cambio de sacerdocio, tiene que haber cambio de ley.

La perfección que la ley no alcanzó

Y no es que la ley no sirve. Aquí, cuando está diciendo que es necesario que haya también cambio de ley, no se refiere a que ya la ley es quitada. Vemos en Mateo 5 que Jesús dijo: «Yo vine a cumplir la ley, no a quitarla». Y entonces nos muestra que realmente lo que está pasando en cuanto a la ley es que llega nada más hasta un cierto punto, y de ahí en adelante necesita otra cosa. A eso se refiere la perfección del versículo 11: «Si, pues, la perfección fuera por el sacerdocio levítico». Porque perfección se refiere a algo completo. Entonces lo que está diciendo el autor es que el sacerdocio no está completo. El sacerdocio levítico es incompleto; no llega hasta donde se supone que tiene que llegar; solo está apuntando hacia algo más. Lo cual significa que necesita haber un cambio de ley, en el sentido de que se revele cómo es que la ley apunta a algo más, cómo es que la ley se completa con algo más. A eso se refiere «cambio de ley».

¿Qué hace la ley? ¿Cuál es el problema de la ley? Bueno, el problema de la ley está explicado en el versículo 18: «Queda, pues, abrogado el mandamiento anterior a causa de su debilidad». O sea, esta otra ley del Antiguo Testamento es débil e ineficaz. Dice: «a causa de su debilidad e ineficacia (pues nada perfeccionó la ley)». Entonces, débil e ineficaz. ¿Por qué? Porque la ley solamente puede mostrarnos nuestro problema. Es como un espejo, y esa es la analogía que se ha usado muchas veces para mostrar qué es lo que hace la ley de Dios: solamente te muestra, como dice en Romanos 7, qué tan pecador eres. «Yo no sabía qué era la codicia hasta que la ley me lo mostró». Yo no sabía qué es lo que realmente había en mi corazón hasta que la ley puso este espejo delante de mí, que me mostró cómo soy realmente. Pero no me puede salvar; solamente me puede mostrar mi condición.

Así como el sacerdocio levítico no podía salvar a nadie, solo podía apuntar hacia otra realidad más profunda, futura, también la ley estaba limitada: solamente para mostrarnos qué tan pecadores somos, qué tan malos somos. Es la limitación de la ley. Ahora necesitamos algo más: una nueva ley, un cambio de ley que vaya más lejos, que sí nos pueda salvar. Se llama pacto de gracia, al que se refiere el versículo 22: un mejor pacto. Romanos 8: «Lo que no pudo hacer la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios lo hizo, enviando a Su Hijo...». Entonces la ley no podía hacer ciertas cosas, como salvarnos. La ley va a fallar en esa parte; solamente iba a mostrarnos nuestra realidad. Por eso dice que era débil e ineficaz.

Y entonces empezamos a ver que la insuficiencia radica en el tipo de ley, que es el tipo de cambio que puede producir, que en este caso es un cambio externo. Es una realidad externa solamente. La ley es externa por su naturaleza. La ley puede decirte: no hagas ciertas cosas; pero no puede cambiar tus deseos conforme a las cosas que quieres hacer. O sea, la ley te puede decir: «No cometas adulterio», pero la ley en sí no te puede decir que ames a tu esposa de una manera interna. Entonces tú puedes cumplir con ciertos requerimientos externos de la ley, pero no es una transformación del corazón la que produce. Te da el mandamiento, te muestra; sí te puede decir: «Ama a tu esposa», pero no puede hacer que la ames. Sí te puede decir que ames a Dios, pero no puede hacer que ames a Dios, porque esas son realidades internas. Y la ley está diseñada para moldear y para confrontar nuestras actitudes externas, pero algo más profundo tiene que suceder si es que vamos a ser salvos. La salvación, que solo se logra por medio del sacerdocio de Jesús, de este nuevo pacto, solamente puede llevarnos a una transformación interna.

La ley escrita en el corazón

Y quiero que vean Jeremías 31:33, porque creo que ese es el cambio de ley al que se refiere: «Vienen días —declara el Señor— en que haré con la casa de Israel y con la casa de Judá un nuevo pacto, no como el pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, mi pacto que ellos rompieron, aunque fui un esposo para ellos —declara el Señor—. Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—: pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré. Entonces Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. No tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciéndole: "Conoce al Señor", porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande —declara el Señor—, pues perdonaré su maldad y no recordaré más su pecado».

La ley apuntaba a la imperfección. La ley solamente programó al pueblo de Dios para entender y lidiar con el pecado a través de la sangre: pecado, sangre; pecado, sangre; pecado, sangre. Eso es lo que la ley estaba haciendo: estaba mostrando esa conexión, los estaba preparando, pero no estaba realmente haciendo una solución real y a largo plazo para el pueblo de Dios. Nada más los estaba preparando para entender esta relación que existía en cuanto a la consecuencia del pecado, que es el derramamiento de sangre. En eso sí nos estaba mostrando, estaba empujando, aunque no estaba realmente lidiando con el problema. Porque no eran esos corderos —y eso es lo que vamos a ver en próximos capítulos de Hebreos—, no eran esos corderos, esos bueyes, esos animales, y la sangre que esos animales derramaban, lo que perdonaba los pecados, porque la sangre de animales no puede perdonar pecados. Esa era la limitación que tenía.

Cristo no es el plan B

Pero está bien, porque Dios así lo planeó. No es que Dios dijo: «Voy a tratar de lidiar con los pecados de esta manera», y luego se dio cuenta: «Eso no funciona; ahora voy a tener que mejor dar a mi Hijo, porque eso no sirvió, ese plan no funcionó. Voy a poner el sacerdocio levítico, a ver qué pasa, a ver si funciona». Y luego ya se dio cuenta Dios: «¡Ay!, no funcionó como Yo quería; ahora tendré que hacer un nuevo plan». Cristo no es el plan B. Él era el plan desde un principio; Él era el cumplimiento de un mejor pacto.

Entonces es interesante pensar en todo esto, porque me parece que hay cristianos que prefieren la antigua ley, el antiguo pacto, porque no quieren la parte de la relación. No quieren a Jesús; tienen reglas, quieren ser pragmáticos: «Tú dime qué hacer, tú dime qué seguir, pero no me hables acerca de derramamiento de sangre, y sacerdocio, y perfección, y santidad. No me hables de esas cosas; tú nada más ayúdame a vivir una mejor vida ahora». Hay cristianos que prefieren ese sistema; no a lo que apunta el sistema, sino el sistema mismo.

Hay cristianos que quieren que otro sea su intercesor. Le dicen: «Tú ora por mí, porque a ti Dios sí te escucha; porque yo no merezco acercarme a Dios, y yo creo que Dios no me va a escuchar a mí. Tú hazlo», como los judíos hacían con el sacerdote: «Tú entra en la presencia de Dios por mí, tú pide por mí». Y entonces vemos al pastor, o vemos a diferentes autores o predicadores, y queremos fijarnos en ellos, en lugar de fijarnos en Aquel a quien ellos están apuntando. Y pensamos que otros pueden tratar con nuestro problema, el pecado, delante de Dios, y no vemos a Jesucristo, y no vemos el nuevo pacto, y no vemos una mejor ley delante de nosotros.

Y de ahí viene la inseguridad, y de ahí viene el temor, y de ahí viene la falta de santidad; todo lo que el autor de Hebreos… por lo cual el autor de Hebreos está preocupado: el no entender que Jesús es hecho fiador de un mejor pacto, y que hay un cambio de ley, y que hay un mejor sacerdocio, y que hay toda una nueva categoría y revelación acerca de lo que Dios quiere hacer a través del evangelio. Cuando no vemos esas realidades es cuando nuestra vida cristiana no funciona, y nos frustramos, nos falta fe, nos falta entendimiento; nos falta en tantas áreas de nuestra vida, porque no hemos alcanzado a ver la profundidad de lo que está siendo desarrollado en nuestros pasajes.

Un sacerdocio perfecto

Entonces ahí van; estas son las tres cosas que están en el pasaje. Número uno: el sacerdocio inmutable de Cristo es perfecto. Ya vimos en el libro de Hebreos que el sacerdocio de Jesús, la persona de Jesús, es superior a los ángeles, es superior a Moisés, es superior a Josué, superior a Abraham; ahora es superior a Aarón y a los levitas. Porque la meta de todo sacerdocio era acercar a la gente a Dios, pero el sacerdocio levítico no lo había podido hacer de la manera que Jesús lo hace, porque no se trataba de los levitas, no se trataba de lo que ellos estaban haciendo. El sacerdocio de Jesús es inmutable y es perfecto. ¿A qué se refiere «perfecto»? Se refiere a completo: todo lo que el sacerdocio levítico no era.

Entonces todos estos contrastes que tenemos son en relación al sacerdocio levítico, a lo que el sacerdocio levítico no era. O sea, era a diario y también era anual; tenían que hacer sacrificio por sus propios pecados. Y esa repetición constante de los sacrificios en el sacerdocio levítico daba testimonio de la impotencia que tenía ese sacerdocio. Porque las cualificaciones para los sacerdotes levitas eran externas; eran requerimientos externos. Tenían que ser de la tribu de Leví, y había —imagínense— 142 características físicas que los descalificaban para poder ser sacerdotes.

Y además tenían toda una serie —Levítico 21—, tenían una serie de requerimientos en cuanto a su vestimenta: el pectoral, el efod, la túnica, el turbante, y todas las decoraciones que traían puestas, que representaban las decoraciones del tabernáculo, lo cual mostraba que entonces ellos pertenecían a la presencia de Dios. Pero todas estas vestimentas, todo esto que los sacerdotes tenían que usar, estaba apuntando precisamente a su falta de perfección, al hecho de que necesitaban vestirse, necesitaban ponerse todo esto, porque es lo que les faltaba, es lo que no tenían. Todas estas cosas simbolizaban realidades que estaban apuntando hacia Jesús, que ellos en sí mismos no tenían, que tenían que ponerse.

Tenían que lavarse; había un ritual de lavamiento. Tenían que entrar y sacrificar el animal. Tenían, de hecho, primero que poner sus manos sobre el chivo expiatorio, en donde simbólicamente ponían el pecado del pueblo, y se iba el chivo expiatorio. Después sacrificaban por el pueblo y por ellos mismos. ¿Cómo un sacerdote que tiene que sacrificar por sus propios pecados me va a representar, si él también tiene pecado, y él tiene que derramar sangre por su propio pecado antes de entrar a la presencia de Dios? Y tenían estas campanitas en su túnica cuando entraban al Lugar Santísimo con la sangre, para ver si Dios no los mataba por la falta de santidad. Entonces todas esas realidades estaban apuntando a su falta de perfección, a lo inadecuados que eran para el trabajo que tenían delante de ellos.

Pero Jesús es un Sacerdote perfecto. Es un Sacerdote que apunta hacia esta grabadura de sello de la que habla Éxodo 28, que tenían los sacerdotes sobre su frente: «Santidad a Jehová», o «Santidad a Dios»: apartado de una manera perfecta. Y es por eso que nosotros no tenemos sacerdotes, como tiene la Iglesia católica, porque no creemos que necesitamos sacerdotes, porque Jesús es nuestro sacerdote. ¿Quién dijo que hoy necesitamos sacerdotes? El rol del sacerdote, de acuerdo a este pasaje, lo ha tomado Jesús una vez y para siempre. No necesitamos sacerdotes humanos ya, y nunca más volveremos a necesitar sacerdotes humanos.

El poder de una vida indestructible

¿Cuáles son las características, entonces, de este sacerdocio perfecto? Bueno, número uno, vean esta frase —me encanta— del versículo 16: «no constituido conforme a la ley del mandamiento acerca de la descendencia» —o sea, no desciende de la tribu de Leví—, «sino según el poder de una vida indestructible». Esto se refiere a Su resurrección. La base del sacerdocio de Jesús no es descender de la tribu de Leví; es que Él, porque no tenía pecado, porque vivió una vida perfecta, la muerte no podía tener triunfo sobre Él. Y Dios iba a ser perfectamente justo; no podía dejar que Jesús permaneciera muerto, sino que tenía que resucitarlo, porque Dios es justo.

Lo cual significa que, porque Él era perfecto, tenía una vida indestructible; porque Él era perfecto, no podía permanecer muerto; tenía que tener la victoria sobre la muerte. Y esa garantía de una vida indestructible es lo que los sacerdotes no tienen, porque ellos no eran perfectos. Porque ellos sí necesitaban lavarse ceremonialmente; ellos sí tenían que ponerse todas estas vestimentas, y turbante, y túnica, y pectoral, el Urim y Tumim; todas esas cosas tenían que hacerlas precisamente por su falta de perfección. Vida indestructible. Y es por eso que, nuevamente, no tenemos un crucifijo con Jesús puesto ahí en las iglesias cristianas; a diferencia de las iglesias católicas, normalmente tenemos cruces vacías, porque tenemos un Sacerdote que tiene el poder de una vida indestructible.

Una mejor esperanza

Número dos, en cuanto a Su perfección: es perfecto porque nos da una mejor esperanza. El versículo 19 dice: «y de la introducción de una mejor esperanza, por la cual nos acercamos a Dios». Ahí está la descripción de qué tipo de esperanza es: es la esperanza de Mateo 27:50-51. El velo que dividía el Lugar Santo del Lugar Santísimo se rasgó en dos, y ahora tenemos acceso: nos acercamos a Dios. Esa es la mejor esperanza: que ahora hay alguien que ha hecho que ese acceso sea inmediato, y sea directo, y sea universal para todos aquellos que lo ven a Él.

Es una mejor esperanza que la esperanza que tenían durante el sacerdocio levítico, donde veían a un hombre entrar y no estaban seguros exactamente, porque decían: «Ese hombre también es pecador como yo. Espero que me pueda representar delante de Dios. Algo hay en la sangre que está derramando de los animales, algo hay en todo lo que está haciendo; creo que esa es mi esperanza», o por lo menos eso es lo que apunta a una mejor esperanza. Pero no el nuevo sacerdote, sino Jesús: para nosotros Jesús es una mejor esperanza. ¿Por qué? Porque es perfecto, y no es un acceso limitado, sino un acceso perfecto a la presencia de Dios.

Tal sumo sacerdote nos convenía

Y vean toda la descripción que viene en el versículo 26. Dice el versículo 26: «Porque tal sumo sacerdote nos convenía». O sea, fue hecho adecuado para nosotros; o sea, exactamente lo que necesitábamos. ¿Qué era lo que necesitábamos? Que fuera santo, que fuera inocente, que fuera sin mancha, apartado de los pecadores, hecho más sublime que los cielos. O sea, que no era la ley la que lo ponía en la posición que tenía, como era en el sacerdocio levítico, sino que era Su misma naturaleza la que lo ponía en esa posición. Era esa perfección de ser santo, de ser inocente, de ser sin mancha; de estar entre pecadores, pero estar apartado de los pecadores, porque no peca. Y «hecho más sublime que los cielos», es decir, superior a todo ser angelical, como leímos en el capítulo 1 de Hebreos: puesto en una posición más alta. A eso se refiere «más sublime que los cielos»: puesto en una posición más alta que cualquier ser angelical que hay en los cielos. Todo eso es lo que lo hace un Sacerdote perfecto.

Y piensen en estas realidades, porque así es como buscamos a alguien que haga un trabajo. Yo seguido estoy pensando en diferentes cosas que tienen que hacerse, y a veces necesito un plomero. Y cuando investigo acerca de quién podría ser un buen plomero, pues claro, busco referencias y busco a alguien que lo recomiende, que sepa hacer bien su trabajo. ¿Cuáles son las características necesarias que alguien tiene que tener, y cuál es el conocimiento que alguien tiene que tener, necesario para realizar una cierta labor, para ser un buen plomero, para ser un buen doctor o para ser un buen mecánico? Buscamos a alguien que pueda hacer el trabajo, que tenga las características necesarias. Y ninguno nunca es perfecto en lo que se necesita; por lo regular nos decepcionan.

¿Cuáles son las características que necesita el sacerdote? Santidad. Esa es la característica que el sacerdote necesita, porque nos va a representar delante de Dios, porque va a entrar a la presencia de Dios por nosotros; él necesita ser santo. Entonces, si tú buscas un sacerdote que tenga las características necesarias para hacer el trabajo que se tiene que hacer, lo que tienes que buscar, número uno, es santidad: sin mancha, inocente, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos. Ese tipo de persona es el único tipo de personas que pueden representarnos, y es lo que lo hace perfecto. Y ningún otro sacerdote tuvo esas características.

Y es esa perfección la que llevó a Jesús a decir en la cruz: «Consumado es». Porque sabía que la obra había sido terminada de una manera perfecta. Su vida había sido el tipo de vida que había cumplido toda la ley perfectamente; había llevado la vida de perfección necesaria para poder decir: «Consumado es. He hecho la labor del sacerdote que era necesario hacer».

Un sacerdote eterno, confirmado con juramento

Siguiente punto: no nada más es un Sumo Sacerdote perfecto, sino que es un Sumo Sacerdote eterno. Y aquí otra vez lo tenemos en contraste con el sacerdocio levítico, que era un sacerdocio en donde cada generación tenía que producir nuevos sacerdotes, porque aun los mejores sacerdotes morían. Como es el tipo de la vida humana, los sacerdotes morían; no permanecían. Y había otras épocas en que todos los sacerdotes, en terribles pro… morían, y seguían entrando nuevas generaciones de sacerdotes; y cientos de sacerdotes pasaron por ese oficio durante la historia de Israel.

Pero lo que vemos en el sacerdocio, de acuerdo al versículo 20, es que el sacerdocio de los levitas no era hecho con juramento. Entonces pueden leer acerca de las características de todo lo que se tenía que hacer en Levítico para inaugurar el oficio sacerdotal de un nuevo sacerdote, pero no había ningún juramento de parte de Dios. ¿Dónde es el único lugar donde encontramos a Dios jurando? Solo Dios le juró a Abraham, y al Mesías que vendría según el orden de Melquisedec, del Salmo 110: «Juró el Señor, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre». Solo hay dos a quienes Dios juró: Abraham, y al descendiente, o Aquel que cumpliría el rol sacerdotal de acuerdo al orden de Melquisedec.

Fiador de un mejor pacto

Y eso es lo que lo lleva a ser fiador de un mejor pacto, en el versículo 22: «Por tanto, Jesús es hecho fiador de un mejor pacto». «Fiador»: ustedes entienden perfectamente esa palabra, porque cuando nos piden un fiador significa que nos piden a alguien que garantice que se cumpla lo que se dice que se va a hacer. Es decir, está diseñado un fiador para ser garantía y dar seguridad de algo. Jesús es hecho fiador de un mejor pacto, y se ofrece a sí mismo como un fiador: «Ofrezco mis bienes», o «Yo mismo me ofrezco para dar seguridad y garantizar que la promesa se va a cumplir».

Entonces es eterno. ¿Cómo sabemos que es un Sacerdote eterno? Porque Dios juró que sería eterno. ¿Por qué? Porque quería dar una garantía segura de que vendría un Sacerdote eterno, y que ese Sacerdote eterno se convertiría en un fiador, es decir, la garantía de que ese nuevo pacto que había sido establecido se cumpliría eternamente. Y eso es a lo que se refiere el nuevo pacto de Jeremías 31: «Yo haré un nuevo pacto con ustedes». ¿Cómo sabes que lo va a hacer? ¿Cómo sabes que Dios lo va a hacer? ¿Cómo sabes que Dios va a hacer un nuevo pacto en donde transformará nuestros corazones? Lo sabes porque Dios juró que habría un Sacerdote eterno. Y cuando vino Jesús y vimos Su vida, Él se convirtió en ese Sacerdote; pudimos ver cómo es que ahora tenemos garantía eterna delante de Dios de que nuestros corazones serán transformados conforme a Su ley, conforme a una correcta relación con Dios.

Un sacerdote constante

Por último —este es el último punto que quiero mostrarles—, es un Sacerdote inmutable que es constante, a diferencia del sacerdocio levítico. El sacerdocio levítico, pues, hacía intercesión por el pueblo en ciertas ocasiones: a lo largo de ciertos momentos, especialmente en el Día de la Expiación, que era un evento anual. Pero aquí el autor de Hebreos no nada más nos está apuntando hacia la obra pasada de Jesús en Su muerte y en Su resurrección, de una vida indestructible, de un sacerdocio eterno. No nada más nos está apuntando hacia el pasado, no nada más nos está apuntando hacia el futuro, sino que nos está apuntando hacia el presente, en el versículo 25: «Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos».

Siempre vive para interceder

Ahora, nosotros como padres tenemos la responsabilidad de orar por nuestros hijos, pedir a Dios por ellos, interceder por ellos: «Señor, dales un corazón que te ame, dales un amor por Tu Palabra; ayúdalos a ser el tipo de personas que vivan para Tu reino y den testimonio de Tu misericordia y Tu gracia». Es lo que pedimos por nuestros hijos. Pero, si somos honestos, no lo hacemos lo suficiente, y no lo hacemos constantemente, y fallamos; se nos olvida orar por ellos. Pero Jesús está intercediendo constantemente; no para. Y cuando Él intercede, logra lo que pide.

Es una gran diferencia con otros tipos de intercesores. Si trabajas en una empresa y hay un sindicato, y se van a huelga, y viene el representante sindical, él tiene que ir y negociar con la empresa. Y entonces, pues, llegan a un acuerdo en donde la empresa no logra lo que ellos pedían, pero tampoco los trabajadores llegan a lo que ellos querían, y tienen que ceder un poco ambos lados para llegar a un acuerdo. Ahí está ese tipo de intercesor. Pero Jesús no es ese tipo de intercesor. Jesús es el tipo de intercesor que logra lo que pide, enteramente, para aquellos a quienes representa: inocencia absoluta, justicia perfecta. Nunca se queda corto de lo que se requiere.

E intercede por Sus hijos, porque entonces ni siquiera tiene que hablar. Bueno, no sé qué dice delante del Padre, pero lo único que tiene que decir es: «Él es de los míos; él es mi hijo. Yo hice lo que necesitaba, y lo que él te está pidiendo, hazlo. Así voy a dar mi Espíritu y enviar a mi Espíritu para que Él interceda por ellos de una manera correcta». Como dice Romanos 8: «No sabemos pedir como conviene, pero el Espíritu intercede por nosotros con gemidos indecibles». Es por la obra de Cristo que el Espíritu intercede por nosotros de esa manera: porque Jesús intercede por nosotros y usa al Espíritu para hacer esta intercesión que Él compró con Su sangre, que nos da la seguridad que necesitamos de que siempre será lo mejor.

Los que por Él se acercan a Dios

Entonces es constante para los que por Él se acercan a Dios, de acuerdo al versículo 25. Lo cual significa que tienes que reconocer tu necesidad para acercarte a Dios. Primeramente tienes que reconocer tu pecado; tienes que reconocer que necesitas un intercesor, un sacerdote. Y de esa manera te acercas a Dios, a través del Sacerdote que es Jesús. Pero primero tienes que darte cuenta de que tienes un problema. ¿Por qué? Porque ya viste la ley original, que te mostró que tenías un problema. Y ahora cambias de ley, y cambias a una ley que está más completa, que es la ley que Jesús cumplió en nuestro lugar. Y se expande la ley, que nada más nos mostraba nuestro pecado, para mostrarnos también la perfección y la justicia de Cristo.

Y entonces te acercas con confianza, como ya habíamos leído en el versículo 15 del capítulo 4: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro». ¿Por qué? Porque Jesús es el tipo de Sacerdote que necesito, que me representa correctamente, que muestra una ley más completa, más profunda, de la que veo en el Antiguo Testamento, que solamente me muestra mi necesidad de Dios. Me acerco a Dios, me acerco a Dios, porque no me quedé nada más ahí viendo mi propio pecado, sino también viendo la justicia de Cristo y la oferta que me da del perdón de pecados a través de Su sangre. Y entonces llego a Dios diciendo: «Señor, perdóname», y sé que lo harás, porque Jesús me está representando, porque Jesús es mi Sumo Sacerdote.

Por qué no oramos a los santos

Y no vas a los santos para llegar a Dios. De hecho, orar a los santos traicionaría la confianza en el sacerdocio adecuado de Cristo, porque sería como decir: «No, no voy a ir por Cristo; voy a través de este medio». Y es una manera de manifestar una falta de confianza en que Jesús y Su sacerdocio sean adecuados para llegar a Dios. ¿Por qué irías con alguien más? ¿Por qué irías con María? ¿Por qué irías con los santos, si Jesús es el Sacerdote que necesitas?

Yo me acuerdo que una vez alguien lo explicaba de esa manera acerca de los santos. Decía: «Así como en el gobierno tú tienes a alguien que está en autoridad» —y en esa explicación se referían al alcalde de nuestra delegación, de nuestra alcaldía—, y decían: «Así como él no tiene tiempo para atender a todos, necesita a sus directores para que atiendan las diferentes áreas; de la misma manera, Dios tiene a Sus santos, porque, pues, Él, aunque es Dios, no tiene tiempo para atender a todos y necesita gente que le ayude». Este era el razonamiento. Bueno, ¿qué pasa si el alcalde es tu papá y vives con él en su casa? No tienes que ir con nadie más; tú puedes ir directamente con él cuando quieras. Y no hay nadie mejor para atender tus necesidades, y no hay nadie que se preocupe más por tus necesidades. Él entiende nuestras necesidades; Él entiende nuestras luchas.

La libertad del evangelio

Hemos sido liberados de la esclavitud a una religión que se basa en nuestro comportamiento y en nuestro esfuerzo para llegar a Dios, y nos da una nueva manera de llegar a Dios, que es a través de lo que alguien más hizo por nosotros. Y esa es una libertad que en ninguna otra religión existe; eso es lo que hace único al cristianismo, lo que estamos leyendo aquí. «Tal sumo sacerdote nos convenía»: era exactamente lo que necesitábamos. «Que no tiene necesidad cada día, como aquellos sumos sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus propios pecados, y luego por los del pueblo», porque una vez y para siempre ya se ofreció a sí mismo. «Porque la ley constituye sumos sacerdotes a débiles hombres; pero la palabra del juramento, posterior a la ley, al Hijo, hecho perfecto para siempre».

Eso es lo que tenemos nosotros, los que nos acercamos a Él, porque está intercediendo por nosotros. De acuerdo al versículo 25, está en el tiempo presente: «Estoy intercediendo». Él está ocupándose por ti ahorita. Se nos olvidan estas verdades. Pensamos que estamos solos, pensamos que no tenemos esperanza, pensamos que no hay manera en que nuestros pecados puedan ser perdonados, y que nuestra culpabilidad va más allá de la capacidad del perdón de Dios. Pero si vemos las características y los atributos de Cristo Jesús como nuestro Sacerdote, entonces tenemos todas las herramientas dadas por Dios para tener la clase de confianza de que efectivamente somos hijos de Dios, aceptados por Dios; de que podemos entrar a la misma presencia de Dios por la obra que alguien más hizo en nuestro lugar.

Pueden ver cómo el libro de Hebreos está creciendo, y creciendo, y creciendo en la majestad de lo que está describiendo, para darnos el tipo de confianza que solamente la Palabra de Dios puede darnos. Ninguna otra cosa en este mundo puede darnos el tipo de esperanza para el futuro que la Palabra de Dios, a través de Jesucristo y de Su obra, puede darnos. Él es un Sacerdote perfecto, inmutable y eterno. Es por eso que podemos unirnos al canto de los santos de Apocalipsis 5:9: «Digno es el Cordero que fue inmolado» por nosotros, y es digno de recibir toda honra, y gloria, y honor por los siglos de los siglos. El próximo domingo continuamos en nuestro estudio de Hebreos, ahora con el capítulo 8.

Oración final

Padre, gracias por este tiempo juntos. Gracias por Tu Palabra, que nos llena de esperanza, nos llena de gozo, al verte a Ti, Cristo Jesús, como el Sacerdote que es Sacerdote de sacerdotes; mejor que cualquier sacerdote de la tribu de Leví, mejor que cualquier sacerdote humano, falible, que muere, que peca. Porque Tú eres la esperanza dada a nosotros por Dios en el evangelio, a la cual podemos mirar y estar confiados, Señor. Porque no hay nada en este mundo que nos pueda dar el tipo de significado, de fundamento, que Tú nos das. Tú eres Sacerdote según el orden de Melquisedec, único y eterno. Ayúdanos a recordar esa verdad todos los días. En el nombre de Cristo Jesús.

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