Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hebreos 2:1-4HebreosNathan Díaz

No descuides una salvación tan grande

«¿Cómo escaparemos si descuidamos una salvación tan grande?» Hebreos 2:1-4 advierte que el mayor peligro no es negar a Cristo, sino la indiferencia: dejar de remar y ser arrastrado por la corriente. El mensaje expone por qué menospreciar el evangelio es más grave que quebrantar la ley, y cuál es el antídoto.

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Transcripción

Introducción

Perdón, que a lo mejor voy a estar un poco como con viento durante el mensaje, pero no, no es coronavirus; creo que es lo normal de gripa. Al continuar nuestro estudio de Hechos —obviamente van a ir sintiendo la... perdón, Hechos, dije Hechos; empiezan con la misma letra, pero ya vimos Hechos—, estamos viendo Hebreos. Y al ir avanzando en el libro de Hebreos van a ir sintiendo el peso cada vez más grande de lo que está en juego cuando hablamos acerca de Jesucristo, cuando hablamos acerca de la salvación, cuando hablamos de esta vida y qué es lo que estamos haciendo con nuestra vida hoy.

El autor de Hebreos está sumamente preocupado por una congregación, una audiencia de judíos que están cada vez más presionados por las circunstancias que los rodean a minimizar la importancia que tiene la salvación que han experimentado. Porque al minimizar su salvación, al minimizar qué tan importante es su fe en Jesucristo, es que ellos pueden evitar los ataques, la tribulación, la discriminación de la sociedad que ellos estaban viviendo. Entonces tienen esa presión sobre de ellos los que están leyendo esta carta, y el autor de Hebreos está preocupado por hacerles ver que esto es algo sumamente importante, que no deben de descuidar lo que han escuchado, creído y aprendido a través de la predicación de la Palabra.

Lectura de Hebreos 2:1-4

Y es lo que vamos a ver hoy. Vamos a leer los versículos 1 al 4; son los únicos versículos que vamos a ver hoy del capítulo 2. Dice: "Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad".

Bueno, vamos a encomendar a Dios este tiempo juntos. Gracias, Padre, por Tu Palabra, y gracias por las advertencias que hay en Tu Palabra. Te pedimos que nos ayudes a tomarlas en serio, a considerarlas seriamente, porque sabemos que no hay nada más importante que, cuando Tú hablas, escuchemos. En el nombre de Cristo Jesús.

De quién es Jesús al primer mandamiento

El capítulo 1 lo habíamos estado viendo; pasamos tres domingos en el capítulo 1. Y se fijan: el capítulo 1 fue todo acerca de Jesús. Fue todo acerca de quién es Jesús: Su supremacía, Su deidad, cómo es creador del universo, cómo refleja la misma gloria de Dios, cómo es de la misma sustancia de Dios, cómo es que no tiene comparación con los seres más gloriosos que Dios creó, que son los ángeles. Es superior a ellos; no hay ni manera de siquiera compararlo con ellos, porque los ángeles son creación y Jesús es Creador. Eso es una diferencia enorme. Jesús merece adoración; los ángeles no merecen adoración. Jesús es a través de quien fueron creadas todas las cosas; los ángeles no.

Entonces todo esto ha sido nada más una exposición acerca de quién es Jesús primero, del autor de Hebreos, para ahora traernos al capítulo 2, en donde vamos a encontrar por primera vez un mandamiento en el libro. Si se fijaron, todo lo que vimos en el capítulo 1, todo lo que vimos en estos últimos tres domingos, no había ningún mandamiento ahí para nosotros. No nos dijo: "Por cierto, pórtense bien. Por cierto, quiero escribirles esta carta para que le echen ganas". No es donde empezó el autor de Hebreos; no empezó con mandamientos y exhortaciones. ¿Cómo empezó? Diciendo: "Miren, este es Jesús. Este es Jesús. Y si pueden entender un poquito de quién es Él, espero que se transformen sus vidas, espero que eso afecte la manera en que toman decisiones y espero que eso cambie su cosmovisión".

Por eso es que el capítulo 2 empieza con esta frasecita que es tan importante en la Biblia cuando la encuentran. ¿Cuál es? "Por tanto", ¿no es cierto? "Por tanto". ¿A qué se refiere? A todo lo que ya les dije en el capítulo 1: como Jesús es quien es, como Jesús es supremo, como Jesús es glorioso, por tanto, "es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos". Vamos a meditar sobre este momento; vamos a ver qué tan fuerte es esta exhortación. Y es fácil que nada más lo leamos y lo pasemos por alto, pero es esta idea de negligencia, de descuido, lo que está enfatizando el autor.

Todos descuidamos cosas

Y claro, cuando empezamos a pensar en eso nos damos cuenta de que todos descuidamos cosas, ¿no es cierto? Descuidamos algo. No tengo que pensar bien mis ejemplos... Espero que no se vaya a enojar mi esposa de que diga esto, pero a veces se queda comida en el refrigerador hasta atrás y se nos olvida que ahí estaba. Y de pronto, ¿qué pasa? Empieza a oler horrible el refrigerador, y dices: "¿Qué es lo que está oliendo tan mal?". Y entonces hay que empezar a sacar todo. Y no pasa muy seguido, no estoy diciendo...; de vez en cuando hay que sacar todo del refri y decir: "Hay algo ahí atrás ya lleno de moho y todo podrido". ¿Y qué pasó? ¿Por qué llegamos a ese punto? Se nos olvidó que ahí estaba. O sea, es descuido.

Todos hacemos eso. O sea, todos tenemos cosas en nuestra vida que descuidamos completamente, que dejamos pasar. Y de pronto abrimos un cajón y nos damos cuenta: "¿Hace cuántos años que no me acordaba que tenía esto?". ¿No nos ha pasado? O cuánto tiempo estuviste buscándolo y no lo encontrabas, y ya lo diste por perdido, y de pronto vuelve a surgir porque nos ponemos a limpiar. Entonces hay un aspecto acerca de esto que es tan real para nosotros, porque entendemos cómo es cuando descuidamos las cosas. Entendemos cómo es cuando dejamos pasar las cosas y decimos: "Luego, luego, luego, luego. Ahorita no; ahorita estoy demasiado entretenido con esto".

Y entonces, por lo regular, dejamos cosas que son importantes porque tenemos cosas más divertidas que estamos haciendo en el momento. Entonces hacemos a un lado cosas que sabemos que son importantes. Pero hay dos razones, creo, por las cuales descuidamos algo. La primera es porque no las consideramos valiosas, suficientemente valiosas. La segunda es porque no las consideramos interesantes o relevantes. Y esas son dos razones por las cuales descuidamos algo.

Lo que vale mucho se cuida

Yo no sé si en algún momento de nuestras vidas hemos experimentado tener alguna cantidad de dinero en nuestras manos. Ya sea porque... a mí me tocaba, cuando estaba en la universidad, que a veces me enviaban como mensajero para entregar y llevar todos los cheques y todo el dinero a un lugar, un banco, donde se depositaban. Entonces llevaba una bolsa, y ponían ahí en una hojita la cantidad, y me ponía nervioso ver eso: "¿Cómo me verán en el camión y así en la calle con esta bolsa de tanto dinero?". Aunque fueran cheques, pero de todas maneras, ¿no? Pero supongo que esa era la estrategia: que no le van a hacer caso a un chavo con su bolsa. Creo que esa es la estrategia.

Pero obviamente, cuando tú sabes que lo que tienes vale mucho, estás más pendiente, estás más cuidadoso, estás más atento a cada momento. No dejas un fajo de billetes por ahí tirado: "Al rato lo recojo; no creo que nadie lo agarre". No, buscas un lugar especial para guardarlo y tratas de... porque son cosas que valoramos, son cosas que son importantes para nosotros. Y quiero que vean cómo está diseñado este pasaje para mostrarnos cómo se ve el descuidar, cómo se ve.

No sea que nos deslicemos

Tiene una frase aquí bien significativa, creo, que es "no sea que nos deslicemos". En el original, la idea aquí es que es una frase, una expresión náutica. Entonces, ¿a qué se refiere algo náutico? Como de barcos, ¿no?, del mar. Y la idea entonces es: no sea que nos vayamos con la corriente, no sea que simplemente dejemos de remar. Entonces, ¿qué pasa si dejas de remar?

Bueno, les voy a contar otra historia. Ya les conté el domingo pasado una historia de mí en la playa, arrollando a un niño, atropellando a un niño, pero no fue tan grave como suena. Pero me han pasado muchas cosas en la playa. Me gusta la playa, y pensarían que después no quisiera regresar, pero sigo, sigo queriendo vacacionar en la playa. Una vez estábamos con varios; éramos muchos en el grupo, y algunos ni siquiera sabían nadar, entonces se quedaron en lo muy bajito. Y un amigo y yo nos metimos un poco más profundo, y llegó al punto en el que ya no tocábamos con los pies el piso. Recuerdo que eso fue en Acapulco.

Recuerdo que después de un ratito dije: "Pues voy a regresar; siento que ya estoy medio lejos de la playa". Pues empecé a nadar, y al estar nadando me empecé a cansar, a cansar. Pero lo raro, es una sensación bien extraña, es que no avanzaba nada. Después de varios minutos estando nadando bien, no avanzaba; al contrario, ya veo que estoy más lejos, y sigo nadando hacia allá. Pero había una corriente subterránea marina, y esa corriente nos estaba jalando. Entonces me dice mi amigo: "Ya nos estamos alejando". Ya nos pusimos nerviosos y empezamos ya a pedir ayuda: "¡Ayuda, no podemos salir!". Y ya uno de esos de las tablas —no sé cómo se llaman— entró por nosotros, porque les dice todo. Ya les dice, estaba mi esposa y les dice: "No, ¡se los lleva la corriente!". Y nosotros: "¡Ayúdenos!". Y nos fue a sacar. Cuando estaba leyendo este pasaje me estaba acordando de esa historia, porque digo: esa es una situación en la que alguien tuvo que venir a sacarnos, pero entiendo la dinámica de ser arrastrado, y especialmente de ser arrastrado cuando estás inerte, cuando no estás haciendo nada, nada más estás ahí sin hacer nada.

El peligro de no hacer nada

¿Cuál es el peligro de este pasaje? No es: "Ten cuidado con lo que haces"; no es lo que está diciendo. Está diciendo: "Ten cuidado con no hacer nada. Ten cuidado con ser pasivo". Es decir: "No pasa nada", y seguir con tu vida, y considerar que hay cosas más importantes que tienes que estar haciendo, y considerar que puedes dejar para mañana esta parte de tu vida: la parte espiritual, la parte que tiene que ver con Él, la parte crítica, con Su Palabra, la parte que tiene que ver con tu salvación. "Eso no debe de ocupar tanto tiempo de mi vida como mi trabajo, o como mi escuela, o como mi familia, o como tantas otras cosas que me están distrayendo. Puedo esperar hasta que estas cosas pasen, o hasta que esté contento de todo lo que haya logrado hacer en esta área de mi vida, para entonces poner la atención acá".

Eso es lo que hace que vayas como un barquito llevado por la corriente, y cuando menos lo ves, estás lejísimos de donde deberías estar. Entonces el autor de Hebreos no está contra algo; está contra nada. ¿Entienden a lo que me refiero? Está contra no hacer nada. Está contra la indiferencia y la apatía. Esa es la exhortación: no sean apáticos, no sean indiferentes. No es que están negando a Jesús; no es que están diciendo: "No, yo no quiero tener nada que ver con Jesús". No es que estén diciendo: "No, yo no quiero tener nada que ver con la Biblia o con la vida cristiana". No, sé que dirían: "Sí, me cae bien Jesús, y me gustan cosas sobre Él. Sí, sí me gusta la fe cristiana; simpatizo". No es que estén en contra; es que simplemente no lo ven como algo tan importante.

Quiero que vean la exhortación que encontramos en la Biblia sobre esto. Deuteronomio 30:19 dice —vean qué tan crucial es esto—: "Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia". Es esta elección que está poniendo delante de nosotros: ¿qué vas a escoger? Y no es escoger: "Ah, voy a ir a la iglesia; ah, voy a hacer todas las cosas que se supone que tengo que hacer como cristiano". Es: "Voy a plantear qué tan importante es esto realmente para que yo le dedique mi tiempo; qué tan importante es esto realmente para que yo... para que esto sea lo más importante en mi corazón y en mi vida".

Ayer estuvimos en un baby shower en donde uno de los propósitos fue muy claro: fue dar testimonio de lo que era más importante para ellos como cristianos que estaban ahí. "Miren, sí estamos celebrando la vida de este bebé, sí estamos felices de que va a venir, pero esto es lo que importa, esto es lo que realmente nos importa acerca de su vida: que conozca a Cristo, que sepa lo importante que es la salvación en Cristo Jesús". Eso es el centro.

Oídos físicos y oídos espirituales

Mateo 13:13 dice: "Por eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden". No se trata de escuchar, no se trata de ver, porque hay oídos físicos y hay ojos físicos, y hay ojos espirituales y hay oídos espirituales. Y al autor de Hebreos le preocupa que los que están leyendo esta carta sólo estén escuchando físicamente. "Atiendan a las cosas que han oído. No se acostumbren a estas verdades a tal grado que se vuelvan nada más una rutina en sus vidas. Pongan atención".

Celebramos nosotros la Cena del Señor cada domingo, y una de las críticas que yo he escuchado en algún momento sobre celebrar la Cena del Señor cada domingo es que se nos haga costumbre, y que se vuelva nada más una cosa de cada domingo, y entonces pierde su valor, pierde su significado cuando haces algo continuamente. Algunos pensarían así: "Mejor hazlo una vez al mes, o una vez cada seis meses, o una vez al año, porque entonces es algo especial". Podría ser, podría ser así, que nos acostumbremos a las cosas; podría ser que se vuelvan simple rutina. Pero por el otro lado, si no las hacemos continuamente, ¿qué pasa? Se nos olvida.

Entonces vamos a balancear eso. No se trata de hacer la Cena del Señor para que sea más especial; se trata de que la hagamos constantemente para recordarnos justamente qué tan importante es esto. Si tú haces algo solamente una vez al año, no es importante; bueno, pensaría yo que no es importante, porque nada más es una vez al año. Esto es central a la vida cristiana, es un mandamiento; vamos a hacerlo todas las veces que podamos, porque es un tesoro para nosotros recordar lo que es realmente importante: qué es lo que Cristo ha hecho por nosotros.

El antídoto: poner atención

Entonces el autor de Hebreos nos está planteando el antídoto al descuidar las cosas. ¿Cuál es el antídoto? Pongan atención; atiendan a las cosas con todos sus sentidos. Yo no soy muy observador —ya me conocen muchos de ustedes—, y me distraigo a veces, sí, y me cuesta trabajo a veces enfocarme. Y eso puede ser un tema matrimonial, ¿verdad?: qué tanta atención pongo en las cosas. Es mi esposa: "Hay una sorpresa, a ver si puedes ver qué es". Y eso me pone un poco nervioso, porque es mucha presión ahí. "¿Te pintaste las uñas?". "No". "¿Lo de los puntos?". No. Se trata de ver qué es, buscando por todas partes.

Y es a ese nivel de atención, porque sé que es importante poner atención. Algo ahí me está diciendo: "Esto es importante que pongas atención, porque pasé mucho tiempo preparándote esta sorpresa; más vale que la puedas ver, más vale que te des cuenta de que ahí está". Entonces uso todos mis sentidos: busco, veo, volteo, mucho más que lo que normalmente sería así nada más cuando entro a la casa. Entonces hay esta exhortación. Este es el antídoto a descuidar: pongan atención, no descuiden.

Y esta exhortación, más adelante, va a estar regresando constantemente a lo largo del libro de Hebreos, en donde el autor va a darnos varios antídotos al descuidar. Nos los va a estar diciendo: "Miren, para que no se descuiden, hagan esto". Una de ellas, ya saben, va a venir en el capítulo 10: "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre". Una manera de no descuidar su salvación. Entonces aquí, en este primer versículo, tenemos la exhortación a tener cuidado en la diligencia, a ser diligentes, a tomar la diligencia como algo importante en la vida cristiana.

De lo ligero a lo pesado

Ahora vamos a tratar de entender a qué se refiere y por qué llega a este punto el autor de exhortarnos de esta manera. ¿Por qué es tan importante, que lo tiene tan preocupado? Bueno, dice el versículo 2: "Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?". Y dice: "La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron".

Bueno, hay algo que está haciendo aquí: es una técnica rabínica de enseñanza, y la van a encontrar a lo largo de toda la Biblia: kal vajómer, que literalmente significa "ligero y pesado". Ligero y pesado. Y la idea es un contraste en donde dice: esto es ligero, esto es pequeño; esto es grande. Entonces lo compara, o sea, hace una comparación: "Cuánto más...". O sea, si esto es importante, imagínense esto; esto es aún más grande. Este es el tipo de comparación que él quiere mostrarnos.

¿Y cuál es esta comparación? ¿Qué es lo que compara? "Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme...". Y aquí se está refiriendo a la palabra de la ley de Moisés, a lo que hay en el Antiguo Testamento, porque eso es lo que viene más adelante, y es lo que viene atrás también, que ya vimos al principio del capítulo 1. Y está esta idea común, y la encontramos a lo largo de la Biblia, de que es a través de los ángeles y los profetas que Dios reveló Su ley. De hecho, en Hechos 7, en el sermón de Esteban, van a encontrar que así es como se refiere: la ley revelada por medio de los ángeles a Moisés. Entonces está esta idea de que Dios usó a los ángeles para revelar Su ley.

La justa retribución de la ley

¿Y cómo era esta ley? Jeremías 17:10: "Yo, el Señor, escudriño el corazón, pruebo los pensamientos, para dar a cada uno según sus caminos, según el fruto de sus obras". Lean el Antiguo Testamento, hermanos, y es probable que se van a sentir sumamente incómodos leyéndolo, especialmente cuando están leyendo la ley de Moisés. Es probable que digan: "¿De veras, Dios? ¿Seguro que no se equivocaron aquí? ¿Cómo pusieron la pena de muerte?". Examinen: en la ley de Moisés la pena de muerte era el castigo por asesinato. ¿Eso nos sorprende? Si alguien mata a alguien, el castigo es la muerte. Pero no nada más el asesinato; también la pena de muerte por adulterio; la pena de muerte por incesto, por bestialismo, por homosexualismo, por sexo antes del matrimonio, por secuestro, por jurar falsamente, por brujería, por sacrificio humano, por desobediencia a los padres, por rebeldía hacia los padres. Quebrantar el sábado: "¿Trabajaste el sábado? ¿Qué hacemos, Señor?". Números 15:32, lo vimos: estaba recogiendo unos palos en sábado. "Mátenlo". Una profecía falsa: dicen, profetizan algo, no se cumple —"Mañana esto sucederá"—. ¿Cómo los mataban? Los apedreaban; era una actividad comunitaria. O los quemaban; una de esas dos. A veces el castigo no era la muerte, sino ser exiliados: "Ya no puedes estar con nosotros; tienes que salirte del campamento, de la comunidad".

Nada más estoy recordando de qué está hablando aquí el autor de Hebreos. Esta es la ley de la que está hablando: "La palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución". Piensen en esa palabra. Todo eso es, de acuerdo al autor de Hebreos, completamente justo; lo merecía. En Levítico 10 encontramos a los hijos de Aarón diciendo: "Vamos a sacrificar como nosotros queremos, vamos a hacerlo a nuestra manera". Y los consumió el fuego de Dios. Coré y sus seguidores: "¿Por qué todo Moisés, y todo Moisés, y nosotros qué?". Por sus celos se abre el piso, y 212 400 más mueren.

Uza y el arca

O hay otra historia todavía más que nos asombra también: un hombre llamado Uza, en 2 Samuel 6, versículo 5. Nada más pasa bien rápido cuando están leyendo la Biblia, y son unos cuantos versículos, pero deténganse a pensar qué es lo que está pasando aquí: "David y toda la casa de Israel se regocijaban delante del Señor con toda clase de instrumentos hechos de madera de abeto, y con arpas, panderos, castañuelas y címbalos. Pero cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió la mano hacia el arca de Dios y la sostuvo". ¿Por qué? "Porque los bueyes casi la volcaron". Entonces iba a caer; entonces lo único que está haciendo es tratando de que no se caiga. "Y se encendió la ira del Señor contra Uza, y Dios lo hirió allí por su irreverencia; y allí murió junto al arca de Dios".

"¿Es seguro, Señor, que estuvo tan mal lo que hizo?". Dice: justa retribución. "Esto es lo que es justo —dice Dios—; esto es lo que debería de ser la paga del pecado. Yo no tomo a la ligera el pecado, y no tomo a la ligera la manera en que ustedes se rebelan contra Mi ley y dicen: 'No pasa nada'". "Yo digo que no, pero esto debe de ser una excepción, ¿no?, ese Dios". No. Ahora quiero que piensen esto, porque quiero que... cuando leemos esas historias, ¿cuál es nuestra tendencia? ¿Qué decimos cuando leemos esas historias? "Qué bueno que ya no estamos ahí, ¿no? Qué bueno que nosotros no vivimos en ese tiempo, en que apedrean a tu hijo por rebelde". No, no tenemos un registro de una situación específica donde esto haya sucedido, pero está en la ley. ¿Cuántos, cuántos jóvenes estarían apedreados hoy en día?

Una responsabilidad aún mayor

Entonces decimos: "Gracias a Dios que ya no es así. Gracias a Dios que ya no es así". ¿Qué está diciendo el autor de Hebreos? "Ellos sufrieron un castigo menor. Ellos la tenían fácil comparado con ustedes". Ese es su argumento. Por eso dice el versículo 3 —ahora es lo más grande—: "¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?". Ahora la responsabilidad es aún mayor; el castigo es aún mayor ahora que antes. ¿Por qué? El juicio de Dios va a ser más grande con aquellos que abiertamente rechazan a Su Hijo, lo cual, pensando en lo que acabamos de ver en el versículo, significa simplemente ser indiferentes a Él.

Sería decir: "Está bien". ¿Y no es cierto que de hecho la indiferencia es la peor manera de tratar a alguien? ¿No es en realidad lo peor que puedes hacer? Porque una cosa es: "Tú me caes mal, y siempre te voy a estar criticando y diciendo...". Por lo menos estoy poniendo atención; por lo menos te estoy dando suficiente valor como para decir: "Me caes mal, quiero que lo sepas". Pero cuando simplemente te ignoro y hago de cuenta como que ni existes, ¿no es eso aún peor? "¿Quién eres? ¿Y qué? Da igual, haz lo que quieras, no me importa". Esa actitud es la peor actitud, la peor manera de violar el segundo mandamiento, "amarás a tu prójimo como a ti mismo": cuando simplemente ponemos a la gente a un lado y decimos: "Haz lo que quieras, no me afecta".

Y cuánto más cuando hacemos eso con Jesús. Eso es lo que merece un castigo aún peor que el castigo que recibieron los que violaron la ley del Antiguo Testamento. La ley del hielo... en la secundaria, de acuerdo a la ley del hielo, lo peor: "No quisiera ni que me hable". No hicieron mucho, pero sabemos que es la peor actitud, o la peor manera de expresar el valor de una persona. Quiero mostrarles entonces que el contraste es entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Dice: el castigo de Dios, la justa retribución, el castigo de Dios en el Antiguo Testamento fue severo; si tú ignoras la salvación que hay en Cristo Jesús, ¿cómo escaparás ese castigo?

Pecar contra el amor

En el Nuevo Testamento encontramos un firme y justo castigo por menospreciar al Hijo. En Apocalipsis 19:15 —ya estudiamos Apocalipsis— ahí encontramos claramente cómo se enfatiza esta idea: "De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones, y las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor de la ira de Dios Todopoderoso". Eso es lo que merece aquel que rechaza al Hijo. Es el peor pecado. Es peor pecado pecar contra el amor que pecar contra la ley; es peor pecado ignorar la misericordia de Dios que romper Sus mandamientos. Eso es lo que está diciendo el autor de Hebreos.

Bien, todos queremos justicia. Yo estoy oyendo todo el tiempo: "Ay, sí, justicia; esto es injusto; ¿cómo puede ser esto? ¡Qué terrible!". Hasta que se trata de aplicarte la justicia a ti; entonces: "Nadie es perfecto". Y es cuando cambia nuestra perspectiva y le llamamos... la justicia sí la queremos, tenemos un sentido de que se haga justicia, pero cuando se trata de ver esa justicia apuntada en nuestra dirección, eso nos hace sentir incómodos. Y eso es exactamente lo que está haciendo el autor de Hebreos: está apuntando la justicia en nuestra dirección.

Está diciendo: "Ah, ¿tú crees que estás en una mejor posición que los del Antiguo Testamento? 'Ah, la gracia de Dios; ya no es ley, ahora es la gracia, la gracia y la gracia; podemos disfrutar la gracia de Dios, Él nos perdona lo que sea'. Cuidado, porque puede ser que estés menospreciando la salvación de Cristo Jesús con esa actitud. Cuidado; a lo mejor la justicia va a ser peor para ti, el castigo va a ser peor para ti". Este es el juicio cósmico más grande que está siendo aplicado por Dios cuando se trata de Su Hijo. El juicio más importante en todo el universo es el que tiene que ver con Jesucristo: cómo viviste tu vida en relación a Él.

Lo único que importa, lo único que tiene trascendencia eterna, es cómo lo veías a Él, quién decías que era Él, cómo dependiste de lo que Él hizo por ti, cómo lo atesoraste a Él, cómo viviste cada día de tu vida para honrarlo y glorificarlo a Él. Eso es lo único que importa, dice la Palabra de Dios. Más vale que lo consideres, que lo tomes en serio.

¿Cómo escaparemos?

Por último encontramos entonces esta idea: "¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande?". "¿Cómo escaparemos?" significa: no hay escape, porque así como tendríamos que ganar nosotros... No nos vamos a escapar. "No hay escape" significa: no hay pretextos, no hay maneras de debatir esto. Una vez estaba platicando —y probablemente ustedes han tenido conversaciones así con alguien—, estaba hablando con un señor, y me estaba diciendo... bueno, usted lo conoce. Estaba diciendo: "No, yo no creo en el infierno; por eso no creo en ese libro". O sea: "Yo no creo en el infierno". Y me dijo: "Porque mi Dios no es así". "¿Tu Dios no es así?". "Yo no puedo creer en un Dios que sea así, que manda a la gente al infierno".

Y estaba pensando sobre eso, estaba pensando sobre esa perspectiva que él tenía. ¿Eso será un buen pretexto delante de Dios? "No puedes enviarme al infierno porque Tú no eres esa clase de Dios; yo no creo que seas esa clase de Dios". No importa lo que tú creas de Dios; lo único que importa es cómo es Dios realmente. Es lo único que termina importando. No hay pretexto, no hay manera de evadirlo. Hay gente que cree que, porque se ha portado tan bien y porque no lleva una vida tan mala, Dios los tendría que aceptar. Y están confiando, a lo mejor, en decir: "El día que yo muera, el día que esté delante de la presencia de Dios, le voy a decir a Dios: 'Dame chance, no, no fui tan malo'".

El sistema de puntos

Le estaba contando a alguien ayer acerca de una serie. Había una serie de televisión que se trata acerca de esto. No es cristiana, pero la idea de la serie me interesó, porque era sobre gente que entra al cielo y cómo entran al cielo, y existe un proceso de evaluación para determinar si pueden entrar al cielo. Y entonces los que están allí a cargo del cielo les dan la bienvenida y todo esto, y tienen un sistema de medición para saber si realmente se portaron lo suficientemente bien como para estar ahí. Y entonces claro, Hitler y ellos iban al infierno. "Pero yo estoy en una categoría donde creo que hice más bien que mal". En la serie hablan sobre esto; no está escrita por cristianos, pero demuestra esta perspectiva que tenemos acerca de: "Pues sí, hay un lugar, sí hay una recompensa, y eso sería lo justo". Porque no queremos pensar que la gente realmente mala se va a salir con la suya: "Alguien tenía que hacer justicia; espero que hagan justicia en algún momento". Entonces tenemos esta perspectiva de que ese sistema de justicia tendría que darnos chance a nosotros.

Y está diciendo el autor: no vas a escapar. No vas a escapar, porque si has descuidado esa salvación... es lo único que importa, y en el día final es lo único que va a importar, y por lo único que vas a ser juzgado: ¿descuidaste la salvación que Cristo Jesús te ofreció? Y está hablando a cristianos. ¿A quién nos está hablando? A nosotros, cristianos aquí en la iglesia; es su audiencia. Y él sabe claramente que, si no estamos haciendo un análisis constante de lo que hay en nuestro corazón, puede ser que algunos de nosotros pensemos que somos creyentes cuando en realidad no lo somos.

Cuidado con un evangelio tan grande

Bueno, tercer punto: cuidado con un evangelio tan grande. Dice el autor tres cosas acerca de este evangelio. Número uno: fue anunciado por Dios, el Señor. Se está refiriendo específicamente al ministerio de Jesús: lo que vemos en Su nacimiento, lo que vemos en la proclamación de Juan el Bautista preparando el camino para Él, en lo que Jesús enseñó, en Sus milagros, en la cruz, en Su resurrección. Todas esas cosas son las que nos están hablando ahora acerca de esta salvación.

Número dos: habla acerca de la confirmación por los testigos. "Nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos". Entonces la idea es: los apóstoles, los que estuvieron con Jesús, estuvieron caminando con Él, escuchándolo, viéndolo hablar, enseñar, hacer milagros; lo vieron morir, lo vieron resucitar. Y ellos son los que están dando testimonio. Están diciendo: "Miren, créannos; nosotros estuvimos ahí, nosotros lo vimos". Y el mismo autor de Hebreos se pone en esa categoría: no de los que vieron a Jesús de primera mano, sino de los que escucharon de parte de los apóstoles el testimonio. "Nos fue confirmada por los que oyeron".

El testimonio... y es esa pregunta. Lean los Evangelios, lean el Nuevo Testamento, y piensen: ¿es confiable el testimonio de estas personas? ¿Me están diciendo la verdad? ¿Tienen razón para mentir? ¿Me suena como un engaño? ¿Creo que son confiables? Tienes que decidir. Tienes que decidir: ¿es confiable este testimonio? ¿Es eso realmente lo que dijo Jesús? ¿Eso es lo que realmente hizo? ¿De veras sanó a la gente? ¿De veras convirtió el agua en vino? ¿De veras caminó sobre el agua? ¿De veras resucitó? Dice el autor de Hebreos: "A mí me dijeron, y yo creo". Ese es el mensaje del evangelio.

Señales, prodigios y milagros

Y no nada más es que ellos confirmaron el mensaje, sino que además fue demostrado a través del Espíritu Santo que de hecho sí estaban diciendo la verdad. ¿Por qué? "Testificando Dios —versículo 4— juntamente con ellos", o sea, al mismo tiempo con ellos, "con señales y prodigios y diversos milagros y dones del Espíritu Santo". "Repartimientos" es la palabra, pero se refiere a esta idea de los dones dados por el Espíritu Santo "según su voluntad".

Estoy escribiendo, en esta Biblia de estudio que va a salir no sé cuándo, pero pronto, algunos comentarios de pasajes, pasajes en relación con los milagros. Se los voy a leer; acabo de terminar esto. He estado pensando sobre esto; les voy a leer lo que escribí. Esto es en relación a la segunda de Corintios 12. Estaba escribiendo un comentario de esa sección y estaba tratando de pensar en qué significan señales, prodigios y milagros, y veo que en la Biblia, cuando entendemos su verdadero propósito, las señales nos apuntan a una realidad más profunda: el evangelio. Por eso son señales: están apuntando a otra cosa.

Los prodigios deben crear asombro y admiración de la soberanía de Dios; son espejos. Los prodigios crean asombro, admiración. Y los milagros son una manera de contemplar Su poder supremo: Dios es todopoderoso, y en los milagros vemos eso, Su soberanía sobre todas las cosas creadas. Todas esas realidades sobrenaturales no son el fin, sino sólo un medio. Cuando las convertimos en el fin se vuelven un ídolo, y perdemos de vista la meta final de todas las cosas: la gloria de Dios.

Aquí está acompañando todas estas dinámicas de las que está hablando el autor de Hebreos: el testimonio de Jesús, el testimonio de los apóstoles y, por si fuera poco, las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo. Pero eso no es todo: está basado en la verdad que ya fue proclamada por Jesucristo. Es una manera de mostrar que, en efecto, lo que ellos proclaman es cierto y tiene el poder del Espíritu Santo como respaldo del mensaje. El problema es si solamente estás enfocado en los milagros, y los prodigios, y las señales, y no en lo que dijo Jesús principalmente. Esto, creo, es donde está el gran peligro.

Un evangelio mejor

Pero el autor de Hebreos quiere mostrar por todos lados: ustedes tienen un testimonio fiel y claro de qué es el evangelio. Este evangelio es mejor que lo que teníamos antes, porque antes teníamos sombras; ahora tenemos al Hijo de Dios manifestado en carne, Dios mismo. Antes teníamos muestras y destellos de gracia, pero ahora hemos visto la gracia de una manera completa, revelada a través del sacrificio de Jesús. Son realidades reveladas de una mejor manera, la consumación final del nuevo pacto: "Yo les daré un corazón de carne". Ahora lo hemos visto, porque alguien vino y dijo: "Es a través de Mí". Más vale que crean este mensaje. Lo hemos escuchado, lo hemos visto, lo hemos creído.

Ese es el mensaje que es tan importante: "No regresen al judaísmo antiguo, por favor, lectores de Hebreos. No regresen a las cosas que antes estaban creyendo y viviendo, porque lo que tenemos ahora es mejor; es el cumplimiento de esas cosas". Ese es el anhelo del corazón del autor, esa es la angustia que está expresando acerca del peligro. Pero, Dios mío, quiero que vean también cómo es que es obra de Dios, a través del Espíritu Santo, que se manifiesta en todas estas cosas.

Pero nos está mostrando dos cosas acerca de los dones del Espíritu. Nos está mostrando que no son de voluntad personal: no es porque yo los quiero, es porque el Espíritu los da. Y número dos, está mostrando la diversidad: al decir "repartimientos del Espíritu", nos muestra la diversidad de dones que existen dentro de la iglesia. Todo eso es una manifestación del mensaje; eso es una corroboración de lo que Jesús vino a predicar.

No descuidemos algo tan grandioso

Si Dios ha tomado tanto cuidado y ha ido tan lejos para hacer que conozcamos este evangelio de una manera clara, ¿cómo podemos descuidarlo? ¿Cómo podemos ser indiferentes? Y sin embargo pensamos: "La Biblia es aburrida; prefiero otras cosas; mañana leo". Estamos hablando de Su evangelio. No tomamos tiempo para orar, no tomamos tiempo para compartir nuestra fe; valoramos más nuestros ídolos que a nuestro Creador. No descuidemos algo tan grandioso. De eso se trata la iglesia: de recordarnos constantemente: "No se descuiden, no se descuiden. Tengan cuidado con la actitud que tienen hacia la Palabra de Dios. Escuchen con cuidado".

Nuestra oración tiene que ser que Él cree en nosotros un hambre y una sed por Él y por Su Palabra, que va a mostrarlo a Él como supremo, como tesoro supremo, en nuestros hábitos, en nuestras decisiones y en nuestro gozo diario. Y que esa sea nuestra oración: "Señor, ayúdame a no descuidarme, ayúdame a no descuidarme. Dependo de Ti enteramente para no descuidar una salvación tan grande". Pues, de pie.

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