Hechos 4:13-22HechosNathan Díaz
Obedeciendo a Dios o al hombre
¿Cuándo debe un cristiano desobedecer a una autoridad? En Hechos 4:13-22 Pedro y Juan responden con respeto al sanedrín que les prohíbe hablar de Jesús: es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. El mensaje explica los dos únicos casos que lo justifican y de dónde sale ese valor.
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Transcripción
Como una serie por temporadas
Muy bien, estamos en Hechos. Y no sé si ustedes… muchos de ustedes, estoy seguro, disfrutan de una buena serie de televisión que está dividida por temporadas. Y una vez que empiezas a ver uno de estos episodios, te das cuenta de que cada episodio está conectado con el que sigue, y ya no puedes parar, porque quieres ver qué va a pasar y cómo termina la historia. Y el éxito, la clave del éxito de esas series, es precisamente eso: que cada episodio está conectado al episodio previo. Entonces, si te pierdes alguno de los episodios, de pronto ya no tienes el contexto que necesitas para entender qué es lo que está pasando: "Oye, ¿por qué está esa persona, que ya se murió? ¿Qué pasó con él?". Y estás tratando de entender la dinámica que se está dando; si te perdiste alguno de los episodios, algo importante pudo haber sucedido.
Yo espero que, al ir estudiando el libro de Hechos, tengamos ese mismo sentir, esa misma sensación, cuando vemos cada domingo una nueva sección de este pasaje; que digamos: "Ah, sí, sí, esto es donde nos quedamos, y tengo todo el contexto, tengo el panorama de cómo va la historia hasta este punto. Ahora quiero saber qué sigue y cómo se conecta todo". Lo que vimos el domingo pasado hubiera sido uno de esos episodios que al final dice "Continuará", porque lo que vamos a ver hoy es exactamente lo mismo que vimos la semana pasada. Estamos en el mismo contexto, tenemos la misma situación que habíamos estado viendo.
Lo que vimos previamente
Y les hago un recordatorio de dónde estábamos, qué es lo que habíamos visto previamente en el libro de los Hechos. Juan y Pedro han entrado al templo, han sanado a un hombre cojo de nacimiento. Entran con el hombre; el hombre está feliz de que ya puede caminar, entonces va brincando, saltando. Pedro aprovecha la oportunidad. Se junta una multitud, mucha gente se junta ahí en el templo, porque era conocido este hombre; la gente ya lo tenía bien identificado, sabían que era un hombre cojo de nacimiento, como vemos en el versículo 2 del capítulo 3.
Y entonces ellos están asombrados acerca de lo que acaba de suceder, y Pedro les dice: "¿Por qué están asombrados? Lo que acaban de ver simplemente es la manifestación del poder de Dios. Este hombre puso su fe en Jesús; Jesús le dio la fe para que creyera en Él y pudiera expresarse en esta sanidad. Y voy a aprovechar esta oportunidad para hablarles acerca de quién es este Jesús. Este Jesús, si ustedes recuerdan, hace unos meses, es el hombre que ustedes crucificaron; es el hombre del que dijeron: 'Crucifícale, danos a Barrabás; a Él lo queremos muerto'. Ese hombre… porque ese hombre resucitó de los muertos. Sí, sí lo mataron, pero resucitó de los muertos, porque en Él se cumplieron todas las profecías del Antiguo Testamento, en donde Dios estaba diciendo: 'Este es mi siervo, este es mi Hijo, el que estoy enviando a ustedes, y a través de su sacrificio en la cruz ustedes serán reconciliados conmigo'".
Así que Pedro les dice: "Arrepiéntanse, porque a través de Él hay salvación de pecados. Arrepiéntanse, porque este es el hombre de quien se tratan todas las cosas. Y si ustedes fundamentan su vida en Él, tendrán lo más importante". O sea, no hay nada más importante que aquello que trasciende esta vida, aquello que nos apunta hacia lo que va a venir, hacia el propósito de todas las cosas, cómo se cumplen en Dios.
Ahora, y eso es lo que vimos el domingo pasado: los líderes religiosos están sumamente molestos, porque escuchan… seguramente alguien fue a chismear con ellos: "Oye, ¿ya escuchaste? Están esos seguidores de Jesús; están volviendo a hablar acerca de Jesús. Y no nada más están volviendo a hablar acerca de Jesús, es que la gente los escucha, porque hicieron un milagro entre ellos, y la gente está sorprendida de lo que está pasando. ¿Te acuerdas cómo era con Jesús? Algo muy parecido está volviendo a suceder".
Por qué se sentían amenazados
Entonces los líderes religiosos están preocupados, porque estos hombres, sin educación, sin una posición oficial dentro del liderazgo religioso judío, están enseñándole a la gente acerca de Dios. Y no nada más le están enseñando a la gente acerca de Dios, sino que les están enseñando acerca del cumplimiento del plan de Dios en Jesucristo, a quien ellos crucificaron. O sea, estos —los fariseos, los saduceos, todo este grupo de gente que eran los líderes religiosos— eran enemigos de Jesús durante todo su ministerio. Ellos eran los que querían verlo muerto; para ellos, Él representaba una amenaza.
Por un lado, querían mantener la paz con Roma. Y algunos de ellos, como los saduceos, lo único que les interesaba era el posicionamiento político que podían tener: el que Roma los apoyara, el no tener problemas con ellos, el mantener la paz, y de esa manera tener una posición de influencia, no nada más con el gobierno, sino con la gente. Era amenazado… todo lo que Jesús había venido a predicar amenazaba esta posición. Porque si se levantaba un líder que la gente siguiera, entonces ellos, ¿quiénes eran? Ellos eran los líderes; la gente se supone que los tenía que seguir a ellos, no a estos hombres pescadores, o carpinteros, o quién sabe de dónde salieron.
Entonces encierran a Pedro y a Juan una noche, porque se supone que no podían hacer un juicio de noche; ya era tarde, entonces tienen que esperar al siguiente día. Y si recuerdan, en el juicio de Jesús ellos violaron esa regla que tenían, enjuiciando a Jesús de noche; pero es justamente eso: no era legal lo que estaban haciendo. Pero con Pedro y Juan, los encierran por la noche; hasta el siguiente día los confrontan. Y dentro de estos líderes religiosos está Caifás, que jugó un papel dentro de la muerte y crucifixión de Jesús, en condenar a Jesús. Y hay varios líderes religiosos, todo el sanedrín, y le preguntan a Pedro y a Juan: "¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?". Esto de que sanaron a este hombre: ¿de dónde viene este poder?
No hay otro nombre
Y Pedro, sin temor, con todo el valor dado por el Espíritu Santo, como dice el versículo 8, les dice: "Miren, el nombre que ha hecho esto es el nombre de Jesús. Y, por cierto, ustedes lo crucificaron. Y, por cierto, no hay otro nombre dado a los hombres en el cual podamos ser salvos". Así que más vale que se arrepientan: esa es la implicación de lo que está diciendo. Si ustedes no creen en Él, no encontrarán la paz con Dios, punto. Porque Él es el medio que Dios proveyó; no hay otro, no hay otro camino.
Ustedes no pueden ser suficientemente religiosos; ustedes no pueden pensar que son lo suficientemente buenos como para que Dios los acepte, porque ustedes son culpables delante de Dios, han roto la ley de Dios y necesitan un Salvador. Y el único que puede salvar es Dios. Así que Jesús, Dios encarnado, se ha convertido en nuestra salvación provista por Dios. Dios mismo dice: "Aquí estoy. Si yo no lo hago, nadie más lo puede hacer. Entonces mi Hijo, que es el resplandor de mi gloria, la imagen de quién soy yo delante de ustedes, mi Hijo es el que va a ponerse en su lugar. Va a entregar su vida en la cruz, derramar su sangre, para que tu castigo no lo tengas que sufrir tú, sino que Él lo sufra en tu lugar". La vida que no podías vivir la vivió Él, y la muerte que tú debías morir la murió Él.
Ahora, ahí es donde nos quedamos. Este, nada más, es el "previamente en" nuestro estudio. Jesús… y esa fue la conclusión el domingo pasado: Jesús es la solución universal provista por Dios para todo ser humano que ha vivido desde Adán y Eva. Todo ser humano. No hay ninguna otra manera de ser reconciliado con Dios. Versículo 13: eso es lo que vamos a ver hoy, qué pasó después de que Pedro y Juan dicen estas palabras: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". ¿Qué pasa? Están estos líderes… y vean qué interesante. Dice: "Entonces, viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús".
Hombres sin letras
Esta gente conocía a Jesús; había escuchado muchas veces a Jesús enseñando, predicando. Y ya empiezan a hacer estas conexiones; empiezan a decir: "Esto suena muy parecido". Juan 7, versículo 15. Juan 7:15 dice: "Y se maravillaban los judíos, diciendo: ¿Cómo sabe este letras, sin haber estudiado?". ¿De dónde saca su conocimiento este hombre? No es uno de los nuestros; no es uno que se entrenó con los escribas y con los fariseos y que haya tenido todo este entrenamiento teológico que los maestros de la ley tienen.
Ahora Pedro y Juan están siguiendo en los mismos pasos de Jesús. Ellos pasaron tres años con Él, escuchando de Él, aprendiendo de Él; ahora están enseñando igual que Él, y la gente se sorprende. Porque dice… o sea, no que no supieran escribir, que fueran analfabetas; sí sabían escribir. Obviamente escribieron libros de nuestro Nuevo Testamento, tanto Pedro como Juan. Sí tenían educación; la educación que no tenían era educación religiosa. Ese es el tipo de educación que no tenían. Entonces sería como el equivalente, hoy en día, de alguien que no estudió para sacerdote o cura, o alguien que no fue al seminario: "¿Tú de qué me vas a hablar de la Biblia? ¿De veras sabes lo que estás diciendo?".
Una junta privada
Dice el versículo 14: "Y viendo al hombre que había sido sanado, que estaba en pie con ellos, no podían decir nada en contra. Entonces les ordenaron que saliesen del concilio; y conferenciaban entre sí, diciendo: ¿Qué haremos con estos hombres?". "A ver, ¿nos permiten tantito? ¿Se pueden salir tantito?". Entonces los sacan para tener esta junta privada.
¿Cómo supo Lucas lo que discutieron en esta junta privada? Probablemente había gente aquí, dentro de este sanedrín, que después se convirtió. Este es el principio de algo enorme que está pasando. Pablo era uno de los líderes religiosos, ¿se acuerdan? Todavía no era Pablo, se llamaba Saulo. Había otros personajes que probablemente dieron testimonio de qué es lo que pasó en esa junta en privado a Lucas. Lucas los entrevista y dicen: "Ah, sí, sí, me acuerdo, me acuerdo esa vez que arrestamos a Pedro y a Juan, y no sabíamos qué hacer con ellos. Queríamos meterlos en problemas y no pudimos".
Dice: "¿Qué haremos, qué haremos con estos hombres?". Versículo 16: "Porque de cierto, señal manifiesta ha sido hecha por ellos, notoria a todos los que moran en Jerusalén, y no lo podemos negar. Sin embargo, para que no se divulgue más entre el pueblo, amenacémosles para que no hablen de aquí en adelante a hombre alguno en este nombre". Y entonces, ¿qué hacen? Dice: "Llamándolos, les intimaron que en ninguna manera hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesús".
¿No es interesante lo que está pasando aquí? ¿No es raro lo que está aquí? "A ver, sanaron a un hombre que estaba enfermo; paremos esto, no puede seguir sucediendo esto". ¿Por qué no? ¿Por qué no puede seguir sucediendo eso? ¿Cuál es tu argumento? ¿Se dan cuenta dónde está el problema? O sea, ¿cómo iban ellos a argumentar delante de la gente, delante de los judíos que estaban siendo testigos de un milagro? ¿Cómo iban a argumentar que debían de dejar de hacer lo que estaban haciendo? Están buscando un argumento y no lo tienen.
Cuando no se quiere aceptar la verdad
Pero, pero, ¿cuál es la razón detrás de eso? La conveniencia. No importa, no importa qué tanto una persona sea confrontada con la verdad: si ellos están viviendo un estilo de vida demasiado cómodo, al cual no quieren renunciar, jamás aceptarán esa verdad con la que están siendo confrontados. ¿No es verdad? O sea, no importa cuánta evidencia tú pongas delante de ellos —esto es en relación a la apologética—, no importa qué tantos argumentos tú puedas hacer: si alguien no quiere aceptarlo, no lo va a aceptar. Lo va a negar, y lo va a negar una y otra vez.
Acabo de hablar con un testigo de Jehová hace unos días, y le dije: "Ah, pues sería bueno que platicáramos un día y habláramos sobre las diferencias que hay entre lo que tú crees y lo que yo creo. Déjame explicarte qué dice la Biblia acerca de la persona de Jesús, qué dice la Biblia acerca del infierno, qué dice la Biblia acerca del Espíritu Santo". ¿Y saben qué me dijo? Dijo: "Sí, adelante, lo podemos hacer, pero no me vas a convencer". O sea, no le he dado todavía ningún argumento, pero él ya me está advirtiendo: "Digas lo que digas y me muestres lo que me muestres, esto es lo que creo. Entonces, no hay evidencia en el mundo, no hay argumento en el mundo que me haga cambiar de opinión". "Ah, está bien, pero de todas maneras dame oportunidad; vamos a platicarlo". El Señor, el Señor es el que transforma los corazones de la gente, no nosotros. Y es lo que vamos a ver en un momento.
¿A quién obedecer?
Quiero que vean la manera en que responde Pedro ante estos líderes. Dice: "Mas Pedro y Juan respondieron diciéndoles: Juzgad si esto es justo delante de Dios obedecer a vosotros antes que a Dios". Está buena la respuesta, ¿no? Dice Pedro: "Ustedes díganos: ¿los obedecemos a ustedes, u obedecemos a Dios? ¿Cuál de las dos es mejor opción?". Ahora, ellos están en una situación imposible aquí, ¿no? Porque, ¿qué van a contestar? "Sí, obedézcannos a nosotros, no a Dios"… o digo: "Perdón, perdón, no, no, no, no era lo que quería decir. Sí, obedezcan a Dios, no a nosotros… no, no, digo, perdón, no, eso tampoco". ¿Verdad? Tampoco funciona. O sea, los pone en esta posición, en la cual Pedro tiene bien claro en su mente las últimas palabras de Jesús; lo vimos en Hechos 1, ¿se acuerdan? "Ustedes me serán testigos". Esa es su misión. "Id y predicad el evangelio en todo el mundo, hagan discípulos; este es mi mandamiento para ustedes". Pedro tiene bien en claro que la voluntad de Dios es que hablen acerca de quién es Jesús. Es lo único que sabe Pedro que tienen que hacer. O sea, si hay una cosa que deben de hacer, que es voluntad de Dios, es esta: hablen de Él. Entonces a Pedro le queda claro que el obedecerlos a ellos sería desobedecer a Dios. Es muy sencillo este punto.
Y dice Pedro: "Porque no podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído". "Ellos entonces les amenazaron". Es como niños de kínder, ¿no? "Bueno, pues no lo hagas, o… o… o vas a ver, te vas a meter en problemas". Pero no saben qué decir, no saben ni cómo argumentarlo. Y Pedro y Juan, tranquilos, dicen: "Está bien". O sea: "Ustedes nos dicen que no lo hagamos, pero sí lo vamos a hacer".
Los sueltan, "no hallando ningún modo de castigar, por causa del pueblo; porque todos glorificaban a Dios por lo que se había hecho, ya que el hombre en quien se había hecho este milagro de sanidad tenía más de cuarenta años". Es decir, ya había un historial larguísimo con este hombre; la gente sabía cuál era su condición realmente: su enfermedad, edad, el hecho de que no podía caminar desde nacimiento. Todo eso la gente lo tenía bien claro. O sea, una generación entera, básicamente, había sido testigo de la enfermedad, de la discapacidad de este hombre.
Cuando predicamos la verdad
Entonces vamos a ver dos cosas en base a este pasaje. Ya leímos qué es lo que pasó, cómo pasó, pero quiero que veamos dos aspectos. Uno es: cuando predicamos la verdad. Este es el ejemplo que nos está dando Pedro aquí: qué pasa cuando predicamos la verdad, y especialmente qué pasa cuando predicamos la verdad en relación a gente que está en autoridad sobre de nosotros. Ese va a ser uno de los temas principales que quiero que entendamos aquí.
¿Se dan cuenta de que lo hacen con mucho respeto? De hecho, lo vimos el domingo pasado: cómo se refirió Pedro ante estos hombres, estos líderes. Dice el versículo 8: "Gobernantes del pueblo y ancianos de Israel". O sea, hay un reconocimiento de que esta, sí, efectivamente, es la autoridad que Dios ha puesto. O sea, no están buscando rebelarse nada más porque sí; no están buscando causar una revolución: "A ver, Juan, a ver, vamos por unas pancartas y nos vamos a poner aquí afuera del templo, y vamos a decir: ustedes, homicidas de Jesús, que lo crucificaron, ¡renuncien!". O sea, no es ese tipo de revolución, una revolución en donde vas en contra de las autoridades buscando quitarlas porque son malas autoridades. No; dices: "Dios los puso, y reconocemos esa autoridad".
La manera importa
Miren, hermanos, este punto es tan importante, y les voy a decir por qué es tan importante: porque la manera en que hacemos las cosas es importante. La manera en que decimos las cosas es importante. A veces los cristianos hablamos y actuamos de maneras en las que la gente simplemente está percibiendo que nos sentimos más espirituales: "No, yo no hago eso, yo no hago eso, yo no hago eso, yo no hago eso, no". O sea, a veces somos percibidos nada más como un montón de fanáticos religiosos: "Llévate eso, es el diablito; no, no, no, yo no quiero tener nada que ver con eso". O sea, a veces sobreempujamos temas, y no es en realidad como queremos que la gente nos conozca.
¿Por qué odiaban los gobernantes a Pedro y a Juan aquí? Porque odiaban a Jesús; por eso. Porque odiaban el evangelio. Y lo he dicho otras veces, en otros mensajes, probablemente ya lo han escuchado, pero se lo repito: si los van a odiar, que los odien por el evangelio. Asegúrense de que sea por el evangelio, no porque son odiosos. Es muy fácil que la gente te odie si te conviertes en una persona odiosa, ¿no? Pero ese no es el llamado que Dios nos ha hecho; no es el tipo de persona que Dios quiere que seamos ante una sociedad que necesita escuchar el evangelio.
¿Cómo lo hacemos? Creo que Pedro y Juan están mostrando respeto ante las autoridades, aunque estas autoridades no acepten lo que están diciendo, aunque estas autoridades racionalicen su conducta y digan: "No, no, no es tan malo lo de ustedes; es porque no nos conviene lo que están diciendo ustedes. No porque tengamos una razón en realidad; simplemente porque no nos conviene que estén en lo correcto". Entonces lo niegan.
Cuándo desobedecer a una autoridad
Quiero que pensemos qué pasó aquí. Ellos llegan con respeto, pero, pero ahora las autoridades… ahora ya está aquí, ya es el paso que nos confronta: las autoridades dicen "no sigan predicando, dejen de hablar acerca de este Jesús". Ahora ya cambia el panorama, ¿verdad? ¿Por qué cambió? ¿Cuándo es que tú puedes desobedecer a una autoridad? ¿Cuándo es? Dos situaciones les voy a plantear. ¿Cuáles son los dos escenarios en los cuales tienen todo el permiso de desobedecer a cualquier autoridad? Cualquier autoridad. O sea, no nada más estamos hablando de gobiernos; estamos hablando de toda autoridad puesta por Dios: gobiernos, padres, jefes.
Hay dos, dos razones; son las únicas por las cuales ustedes podrían decir: "No te voy a obedecer". Cuando nos ordenan hacer algo que Dios prohíbe, o cuando nos prohíben hacer algo que Dios ordena. Son las dos circunstancias, las únicas circunstancias en las cuales tú tienes toda la autoridad de parte de Dios para decir: "No, perdón, pero no te voy a obedecer".
Día de Muertos en las escuelas
Ahora, hay toda clase de ejemplos que podríamos pensar en relación a esto. De hecho, yo no había pensado en este ejemplo, pero Roberto lo dio hace un momento: el tema de Día de Muertos, de Halloween, que viene a las escuelas. A ver, ¿cuál es el problema aquí? ¿Contra qué nos estamos enfrentando? Si yo voy a una escuela donde existe una autoridad puesta por Dios sobre de mí que me dice: "Tú tienes que participar de esto, tú tienes que traer comida para la ofrenda, tú tienes que comer la comida que está en la ofrenda", ¿qué hacemos? Con mucho respeto: "No, no lo voy a hacer". ¿Por qué? Porque Dios es claro en su Palabra acerca de este tema: no quiere que rinda ningún tipo de culto a los muertos, punto. Ese es el tema.
O sea, es una abominación hacia Dios el rendir culto a los muertos, y más con la seriedad con que se trata en nuestra cultura. O sea, porque no es nada más un juego: "Ay, qué chistoso, las calaveritas, ja, ja". No, no, no; hay algo aquí más profundo, porque hablan de nuestros ancestros y de estas tradiciones. Y cuando traen la comida, muchos… o sea, esto es algo serio: "Sí van a venir en la noche, y sí van a comer esto que les estamos dejando, porque esta era su comida favorita". Ya hay una reverencia hacia aquellos que ya han muerto que se está empujando en estas celebraciones.
Y entonces no es nada por lo cual enojarnos; no es nada por lo cual rasgarnos las vestiduras tampoco. Pero actuamos con convicción, y actuamos con valor, delante de la responsabilidad que Dios nos da al conocer su voluntad en su Palabra: tú me ordenas algo que Dios prohíbe, o prohíbes algo que Dios ordena. Cualquiera de los dos es un problema.
Las presiones de nuestra sociedad
En nuestra sociedad, cada vez vamos a estar confrontados de una manera más real con el tema del homosexualismo; estaba hablando acerca de esos libros hace un momento. Va a haber muchos trabajos, muchos trabajos que cada vez van a tener un conflicto más grande con lo que Dios ordena o lo que Dios prohíbe. Más bien: "Tú me estás ordenando hacer algo que Dios prohíbe", que es casar a un hombre con un hombre, por ejemplo, si fueras un juez civil. Nuestro país va hacia allá, y va a ser cada vez más difícil ser un juez civil cristiano, porque en algún momento el gobierno te va a ordenar que tienes que hacerlo, que tienes que declarar que la unión entre un hombre y un hombre es completamente legítima y moralmente correcta. ¿Y qué vas a hacer? Yo sé que no hay jueces civiles aquí, necesariamente, pero en algún momento, de alguna manera, vamos a ser confrontados con las convicciones de lo que Dios nos ha ordenado.
Cada vez más va a haber una presión de parte de la sociedad a aceptar el aborto, porque los derechos sexuales y reproductivos de la mujer tienen precedencia, o prioridad, sobre la vida de un bebé. Entonces la mujer tiene el derecho a matar a ese bebé. Esa es la realidad de la sociedad en la que vivimos. Cada vez va a ser más fuerte la presión para nosotros como cristianos de aceptar eso, como: "Bueno, pues las mujeres decidirán, ¿no? Es su cuerpo". No, que no es su cuerpo; es otro, no es el de ella. Pero al final, así es como se maneja, ¿no?: cada mujer decide, porque cada mujer debería tener el derecho… a embarazarse, porque pues nuestro estilo de vida promiscuo de nuestra sociedad promueve eso, que queden embarazadas, y que, para que no les afecte su futuro, su carrera —cosas que en realidad son convenientes para ella—, para que no le afecte, que lo mate, que lo descuartice dentro del vientre si es necesario. Entonces, esa es la moralidad de nuestra sociedad.
Y como cristianos tenemos que, en amor… no, no es un tema de pleito, no es un tema de una revolución social que estamos tratando de hacer; simplemente son nuestras convicciones, basadas en la Palabra de Dios, que vamos a mostrar firmes: "Esto es lo que creo, te lo digo. No te voy a convencer de lo que te estoy diciendo, pero te voy a decir lo que creo y lo que Dios dice. Porque, ¿sabes qué? Dios pone las reglas, no yo". Si esto no fue idea mía… esto, un matrimonio, no lo inventamos nosotros. Nosotros no dijimos: "Ay, qué buena idea, vamos a juntar un hombre y una mujer, como que eso va bien, ¿no? Vamos a inventar esta idea del matrimonio". A nadie se le ocurrió; ningún ser humano inventó eso. Dios inventó eso.
Y nosotros, como cristianos, tenemos la labor dada por Dios de creer y de proclamar la verdad, y de desobedecer cualquier autoridad que vaya en contra, claramente en contra, de lo que Dios ha establecido como bueno y justo: "No me voy a someter". Entramos en mucho debate aquí y mucha controversia, porque también tenemos casos de mujeres cuyos esposos no son cristianos, y que están completamente en contra del cristianismo y de todo lo que hacemos como cristianos. Entonces estos esposos les dicen: "No, no puedes leer tu Biblia". "¿No puedo leer mi Biblia? Perdóname, esposo, pero si tengo que escoger entre obedecerte a ti y obedecer a Dios, obedezco a Dios". "No, no puedes ir a la iglesia". Y hay muchos casos; cada caso es diferente, y los evaluamos diferente, porque hay diferentes detalles. A veces, como les decía, a veces nos odian por ser odiosos; y a veces hay mujeres que lo hacen nada más por hacer enojar al esposo, y lo hacen en modo de rebeldía. Pero cada caso es diferente, lo evaluamos diferente.
Pero, en realidad, ¿qué pasaría si un esposo no cristiano le dice a su esposa: "No, no puedes ir a la iglesia"? ¿Qué tiene que hacer ella? Con mucho respeto, decir: "Bueno, es que Dios me dice que sí, que no deje de reunirme; tengo que ir, tengo que ir a la iglesia". Y no es nada más actividades dentro de la iglesia; es realmente poderse reunir constantemente. No es el faltar un domingo; ese no es el tema. El tema es obedecer la Palabra de Dios, tratar de ser fieles a los principios que Dios está poniendo delante de nosotros, dentro de los cuales el más alto es la predicación del evangelio.
Entonces, donde sea que estemos, sean cuales sean las circunstancias —o sea, de trabajo, escuela, lo que sea—, tengo que buscar oportunidades para compartir el evangelio. ¿Por qué? Porque eso es lo que Dios me ha mandado, y no me voy a detener por cualquier regla o por cualquier cuestión que puedan decirme, en donde digan: "No, no se puede aquí". "Perdón, pero mientras yo pueda hablar, voy a hablar de quién es Jesús".
Gracias a Dios vivimos en un país donde existe libertad religiosa, y en realidad, lo que estamos hablando de ir a predicar el sábado es uno de los beneficios que existen aquí: que sí podemos hacerlo. Podemos salir a la calle, podemos hablar con la gente libremente. "¿Y quieres escuchar algo acerca de lo que dice la Palabra de Dios? ¿Algo de lo que dice acerca de por qué existes, por qué estás aquí, hacia dónde vas, cuál es tu condición delante de Dios? ¿Quieres saber algo sobre eso? ¿No? Bueno, está bien". No está en mí convencerte.
Cuando una persona ha endurecido su corazón, su mente va a racionalizar lo que su corazón quiere. Y si nuestro corazón se está rebelando contra Dios porque quiere hacer algo que sabe que a Dios no le agrada, entonces va a buscar la manera de que su mente racionalice por qué debe de rechazar el mandamiento de Dios. Es lo que estaba pasando aquí con estos líderes religiosos.
Cuatro maneras de enfrentar a la sociedad
Entonces, aquí les va; esto es en relación a predicar la verdad. ¿Cuáles son las cuatro maneras en las cuales enfrentarías, como sociedad, el predicar la verdad? Tres son incorrectas; no son correctas. La primera es lo que llamamos el monasticismo, que sería una separación completa de la sociedad; decir: "Es que son una bola de corruptos, todos los políticos, todos los líderes, todos unos pecadores. Entonces no me voy a involucrar para nada con ellos. Mejor me voy a vivir a una ermita; ahí estoy tranquilo, nadie me molesta, y no voy a interactuar con nadie. Soy más espiritual de esa manera". Y buscamos cortar toda relación con la sociedad y con toda clase de líderes y autoridades que Dios ha puesto sobre de nosotros, porque preferimos simplemente no lidiar con ellos.
Eso es un lado, y de ahí surge la idea de los monjes: "Me voy a apartar de la sociedad, porque la sociedad está tan mal, está tan mal, que mejor yo ahí solito con Dios", sin darme cuenta de que mi arrogancia y mi orgullo son iguales o peores que la maldad que hay en la sociedad que me rodea. Número dos… eso es cuando ponemos la religiosidad como pretexto para no interactuar con la sociedad.
Y número dos es la opción secular: es cuando la sociedad tiene el dominio completo de nuestra interacción. Es decir, no hablamos nada acerca de Dios, y no tenemos ningún problema relacionándonos con cualquier autoridad y quedando bien con cualquier autoridad. Entonces, si lo que me conviene en el momento —porque es mi jefe, porque es una persona de influencia—, si lo que me conviene en ese momento es hacer lo que me están diciendo, lo hago, aunque viole mis principios delante de Dios; o simplemente ignoro completamente qué es lo que Dios dice acerca de estos temas, para quedar bien con la gente. Entonces, esa es la opción secular de cómo somos confrontados con la gente que nos rodea.
Número tres: la opción cobarde, en donde "sí quiero, pero me cuesta mucho trabajo". Porque creo en la Biblia, creo en los principios que Dios ha establecido, pero cuando se trate de un conflicto de interés con la conveniencia que me está ofreciendo, sea cual sea la situación, la sociedad va a ganar. Es un poco como lo que pasó con Pilato, ¿no? ¿Se acuerdan? Cuando estaban sentenciando a Jesús, ¿qué dijo Pilato? "Es que no encuentro nada en este hombre; es un hombre justo. Yo quisiera dejarlo en libertad…". Pero la presión de la sociedad… Y en su conciencia tenía esta lucha, y quería hacer algo, pero al final no hizo nada, en realidad. En realidad, tuvo que ceder ante la presión de la sociedad, para aceptar lo que estaban diciendo que tenía que hacer.
Y número cuatro: la opción bíblica, que es donde yo me someto y busco interactuar con las autoridades, con los líderes que Dios ha puesto sobre de mí; pero, pero, cuando se trata de la Palabra de Dios, la Biblia siempre debe de ganar. Cuando se trata de obedecer a Dios u obedecer al hombre, siempre debo de escoger obedecer a Dios, sin importar las consecuencias de lo que venga.
Acuérdense de que esta es una situación sumamente amenazante para Pedro y para Juan. Esto es muy parecido a lo que ya habían visto que había pasado con Jesús. ¿Y saben cómo terminó Jesús? Lo vimos la semana pasada: lo crucificaron. Ellos no saben qué va a pasar, pero dicen: "Pues pase lo que pase, nosotros no los vamos a obedecer". Y, ¿saben una cosa? Aquí los dejaron en libertad, pero vamos a ver, solo un poquito más adelante, que los vuelven a apresar, y ahora no nada más los dejan en libertad: ahora los azotan, los torturan. Entonces, entonces, las cosas no se pusieron más fáciles para los apóstoles, pero siguieron predicando con el mismo valor, con la misma convicción acerca de las verdades que habían escuchado y visto en Jesús.
Habían estado con Jesús
Vamos a terminar la meditación sobre este pasaje pensando ahora en cómo se vio la predicación con valor, de dónde salió este valor. Ahora quiero que vean el versículo 13: "Les reconocían que habían estado con Jesús". ¿No sería increíble si eso fuera lo que se dijera de nosotros? ¿No sería esa la meta de nuestro testimonio? "Yo reconozco a tu tipo de gente: el tipo de gente que ha pasado tiempo con Jesús". De ahí sale el valor. Pasa tiempo con Jesús. Si tú pasas tiempo con Jesús, serás valiente para hablar sobre Jesús. Si no pasas tiempo con Jesús, no vas a tener valor.
La gente no va a ver con quién has estado, porque has estado con la misma compañía que ellos: futbol, televisión, de compras. Esa es tu compañía; eso es con lo que pasas más tiempo, es lo que la gente va a escuchar. O sea, lo que esté saturando tu mente es de lo que vas a hablar. Y cuando has estado metido… por ejemplo, llega el Mundial de futbol, y todos estamos viendo el futbol, y de pronto nos encontramos hablando de futbol todos. Aunque yo, el resto de los cuatro años entre los mundiales, no veo nada de futbol, pero cuando llega el Mundial sí hablo de futbol. ¿Por qué? Porque de pronto estamos viendo partido tras partido tras partido, y nos interesa, y se vuelve el tema de conversación. Cuando es todo lo que estás escuchando, todo lo que estás viendo, de ahí fluye lo que la gente va a saber sobre ti.
Y si tú pasas tiempo con Jesús, la gente va a decir: "¿Por qué hablas tanto de Jesús?". "Ah, es que, nada, es que estaba meditando sobre esto en la mañana, y por eso estoy hablando de eso". ¿Se dan cuenta de la importancia que tiene? Estos hombres están irradiando la personalidad, el mismo tipo de enseñanza, de palabras, que Jesús había estado enseñando durante su ministerio. Habían estado con Jesús, y por eso es que dicen Pedro y Juan: "No podemos dejar de decir lo que hemos visto y oído".
"Hemos estado pasando tanto tiempo… Pasamos tres años con este hombre, escuchándolo todos los días hablar acerca de estas cosas, viéndolo hacer cosas increíbles. Y justo cuando pensamos que todo se había acabado —lo habían matado—, de pronto, ahí está otra vez, vivo, delante de nosotros, y pasó otros cuarenta días con nosotros. Y estamos tan impactados por Él, y por lo que hemos escuchado de su boca, las enseñanzas que nos ha dado y la misión que nos ha encomendado, que es de lo único que podemos hablar. Perdónanos, pero esto cambió nuestras vidas". O sea, esto transformó nuestra manera de ver todo, todo.
Ahora ya no se trata acerca de una revolución política: "Ah, sí, los romanos nos oprimen; vamos a buscar la libertad a través del Mesías que venga y que nos organice en batalla contra ellos". O sea, ya cambió nuestra perspectiva: no se trataba de eso. Se trataba de la transformación del corazón, y la única manera en que el corazón puede ser transformado es si tú tienes un encuentro personal con este hombre. Eso es lo que los discípulos creen con todo su corazón. No hay ninguna duda en su corazón de que Jesús está vivo. Así que van a hablar acerca de eso día y noche. Y ahí se juntan, ¿y de qué hablan? De Jesús. Salen a la calle, ¿y de qué hablan? De Jesús. Todo el tiempo, todo lo que los rodea está impregnado de esa realidad.
No necesitas tener todas las respuestas
Ahora, que esto sea de ánimo para ustedes, porque estos hombres no eran tan inteligentes, necesariamente. O sea, la clave no está en qué tan buenos sean con las palabras; simplemente están diciendo lo que saben. No están preocupados por impresionar a los líderes religiosos: "Es que necesitamos usar unas palabras sofisticadas, porque estos son gente muy educada, y si no usamos estas palabras sofisticadas no nos van a creer". No. ¿No es de ánimo para ustedes eso? ¿Qué tan seguido se sienten realmente capaces de hablar? La mayor parte del tiempo no nos sentimos capaces. La mayor parte del tiempo nos sentimos completamente inseguros de nosotros mismos, porque decimos: "Es que, ¿qué tal si le comparto el evangelio y él sabe más que yo de la Biblia? ¿Qué tal si tiene una de esas preguntas: y qué de todos los genocidios en la Biblia, y qué de esta contradicción que ves en este pasaje y en este…?".
Dios no te está pidiendo que tengas todas las respuestas. Dios te está pidiendo que hables de lo que sabes. Lo que sabes de la Biblia ahorita es suficiente para ya hablar de eso. Lo que sabes de la Biblia es suficiente para empezar a dar testimonio de quién es Jesús. Porque si tú compartes el evangelio con alguien, ¿sabes qué? Tú sabes más acerca del evangelio que esa persona. Tú puedes hablar sobre algo que esa persona no sabe, que es quién es Jesús. No necesitas mucha preparación, no necesitas muchas respuestas, no necesitas mucha elocuencia para hablar. Lo que necesitas es valor; es lo único que necesitas.
¿Y de dónde viene el valor? De pasar tiempo con Jesús; de ahí viene. "Yo nada más te voy a decir lo que he contemplado y a quién he contemplado. Y a quien he contemplado es a Jesús; déjame contarte más sobre Él". Y por eso es importante que leamos la Palabra, por eso es importante que estudiemos juntos, porque lo que sabemos acerca de Jesús es lo que leemos en la Palabra. Este es el testimonio de quién era Jesús.
Así que, si vas a hablar con valor, vas a hablar de aquello con lo cual tú estés pasando más tiempo, y además vas a hablar de aquello que estás aprendiendo. Así que estamos en un proceso que no se acaba: seguimos aprendiendo, seguimos creciendo. ¿Quién era este hombre? ¿Qué decía Jesús? ¿De qué se trataba realmente su ministerio? ¿Qué es lo que quiere de nosotros? Todo el tiempo estamos meditando sobre estas verdades, y de esas verdades surge el valor para hablarlas.
No es una pelea, es una declaración
Tú di lo que sabes que es verdad, porque la verdad existe. Alguien está equivocado en lo que cree; alguien lo está. Le dije al testigo de Jehová: "Uno de los dos está equivocado en lo que cree de Jesús; los dos no podemos estar en lo correcto. Yo digo que Él es Dios mismo encarnado", porque ningún otro personaje en la historia se manifestó de la manera en que Jesús se manifestó: como el ungido de Dios, el siervo de Dios, atribuyéndose a sí mismo los nombres de Dios, haciendo las cosas que solo Dios puede hacer, como perdonar pecados. Alguno de los dos está equivocado acerca de quién era este hombre.
Y eso les va a traer tanta paz en la manera de comunicárselo a la gente, porque no es una pelea; simplemente es una declaración. ¿Se dan cuenta? No se trata de "yo tengo la razón, tú estás equivocado, y yo te voy a ganar en la discusión, y yo voy a tener la última palabra". No: "Mira, así es. Déjame decirte lo que dice este libro". No yo: lo que dice este libro, y lo que yo creo. "¿Me das oportunidad?". "Sí". Ahí está. Y luego: "Gracias por tu tiempo, que Dios te bendiga". ¿Se dan cuenta de qué fácil es? Yo no tengo que convencerlo.
¿Qué hicieron Pedro y Juan aquí? "A ver, a ver, a ver, a ver, pero a ver, ustedes denos sus argumentos; ¿por qué creen ustedes que debemos de dejar de hablar del evangelio? Creo que ustedes están mal en su manera de interpretar el Antiguo Testamento". ¿Dijeron eso Pedro y Juan? No. Muy tranquilos, de una manera muy simple: "Sabemos que Dios nos ha pedido hacer esto; tenemos que obedecerlo. Gracias por su tiempo". Ya, ahí se acabó; no más discusión.
Que Dios nos dé sabiduría para saber cómo hablar acerca de nuestra fe, cómo compartir las convicciones que Dios ha puesto en nuestro corazón, cómo dar testimonio. Y no es de pelear, no es de discutir, no es de convencer a nadie. Dios hace eso; el Espíritu Santo transforma corazones, no nosotros. Dios nada más te dice: "Habla. Habla de lo que sabes, habla de lo que has escuchado, habla de lo que has creído. Ya déjame a mí el resto; yo me encargo. Quiero usarte a ti para que escuchen acerca de mi Hijo".
La evidencia delante de ellos
Y ahí está este hombre que había estado cojo. No sé qué está haciendo; no sé si sigue brincando o qué está haciendo. Pero ahí está el testimonio real, la evidencia delante de estos hombres, de que en realidad sí hay un poder aquí trabajando, un poder que ellos no entienden. ¿Se acuerdan? Como cuando Nicodemo va y habla con Jesús, y le dice: "Jesús, nosotros sabemos que vienes de parte de Dios, porque nadie puede hacer las cosas que Tú haces si no viene de parte de Dios".
Es la incredulidad de estos hombres, la dureza de corazón de estos líderes religiosos, como para que ahí esté la evidencia delante de ellos y la rechacen abiertamente. Que es, creo, la definición del pecado imperdonable del que habló Jesús, cuando dijo: "La blasfemia contra el Espíritu Santo no les será perdonada a ustedes, ni en esta era ni en la era venidera". Porque es cuando ellos saben que algo sí es de Dios, y aun así lo rechazan; aun así dicen: "No quiero tener nada que ver con Él". Ese era el caso, creo, de muchos de estos líderes. Vamos a ver qué es lo que Dios siguió haciendo después de esta historia.
Oración
Y quisiera que nos pusiéramos en el lugar de los apóstoles, y pensáramos: "Señor, dame, dame el valor para predicar acerca de tu verdad como Pedro lo hizo, sin temor a las consecuencias; pero de una manera en la cual muestre también la confianza en tu soberanía y tu control sobre todo, que no es algo por lo que yo tenga que enojarme, ni pelear, ni discutir. Eso está en tus manos, Señor. La verdad es la verdad porque Tú la estableces; Tú eres la verdad. Así que úsame, úsame, Señor, como a ti mejor te parezca, para que otros la escuchen y la crean también".
Escúchanos
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