Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hechos 3:11-26HechosNathan Díaz

El segundo sermón de Pedro

¿Cómo se explica el evangelio a otra persona? En Hechos 3:11-26 Pedro aprovecha la sanidad del cojo para desviar la atención de sí mismo hacia Jesús, mostrar que todo el Antiguo Testamento apunta a él y confrontar a la multitud con su culpabilidad. Un modelo de predicación que termina en arrepentimiento, perdón y tiempos de refrigerio.

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Transcripción

¿Por qué os maravilláis?

El domingo pasado vimos el principio del capítulo 3, que es cuando Pedro y Juan suben al templo y sanan a un cojo en la puerta del templo que se llama la Hermosa. ¿Recuerdan esa historia? Eso lo vimos hace dos semanas. Y entonces le dice Pedro a este hombre cojo: "Mírame a los ojos, veme atentamente". Este hombre lo ve, piensa que Pedro le va a dar dinero, pero Pedro le dice: "No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda". Y este hombre se levanta.

Ahora, ¿qué sigue en la historia? Tenemos ahora a Pedro y a Juan, versículo 11: "Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis…? …hubiésemos hecho andar a este".

Entonces, imagínense: aquí está este hombre que la gente, como vamos a ver más adelante en el pasaje, está acostumbrada a ver. Este es un hombre que todo el tiempo ahí estaba sentado pidiendo limosna; la gente lo conocía bien. Y de pronto, ahí está: no nada más caminando; está saltando, está brincando de emoción, asido de Pedro y de Juan, dice el versículo 11. ¿Y Pedro qué dice? "¿Les sorprende eso?". ¿No es chistoso que esa sea la pregunta que Pedro le quiere hacer a la gente? ¿Por qué les sorprende que este hombre, que lleva toda la vida cojo en la entrada del templo, ahora esté caminando? ¿Cómo que por qué les sorprende? Pues porque estaba cojo, porque no caminaba, y ahora está saltando de felicidad, ¿no?

La gente está atónita. De hecho, usa esta palabra de… ¿se acuerdan? La misma palabra de cuando estaban viendo a Jesús ascender en el capítulo 1: "¿Por qué se quedan ahí viendo? Jesús va a regresar", dicen los dos hombres. Y ahora Pedro les dice: "¿Por qué se quedan mirándolo tan extrañados, como si esto fuera algo extraño, en realidad?". Ahora vamos a ver cuál es la explicación que da Pedro. Dice: "¿Por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a este?".

No se trata de mí, se trata de Jesús

Entonces, el primer punto que quiero que vean… Y este es el sermón de Pedro; vamos a ver el sermón de Pedro, y miren, vamos a recorrerlo rápidamente. Quiero que este sermón sirva nuevamente… Ya vimos el sermón que dio después de Pentecostés, pero quiero que este sermón sirva de ejemplo para nosotros de cómo nosotros podemos compartir el evangelio. Ya estuvo hablando Stan acerca del fenómeno de lo que está sucediendo alrededor del mundo, donde la gente está escuchando las buenas nuevas de salvación. ¿Cuáles son estas buenas nuevas? ¿Qué dice? ¿Cómo las compartes? Es una tarea de todos los cristianos en todo el mundo, no nada más de los misioneros que se están enviando a diferentes países. Todos tenemos la misma tarea, que es compartir de qué se trata la vida cristiana, cómo es que te haces cristiano. Pedro va a explicarlo claramente.

El primer punto que quiero que vean es: no se trata de mí, se trata de Jesús. Esto creo que Pedro lo deja clarísimo, porque dice: "¿Por qué ponen los ojos en nosotros?". Pedro inmediatamente está tratando de desviar la atención de lo que acaba de suceder, porque obviamente es algo milagroso, algo sobrenatural, lo que acaba de suceder. Y Pedro está diciendo: "No nos vean a nosotros. ¿Por qué nos ven a nosotros? No se trata de nosotros".

Y este es el punto que creo que Pedro está tratando de señalar: Dios no obra en base a nuestras cualidades internas o externas. Dios no anda ahí por el mundo buscando a ver a quién va a usar basado en qué tantas cualidades tengamos nosotros, ya sea de piedad —o sea, de cómo nos comportamos— o de poder, como que tenemos ciertos dones especiales o ciertas habilidades especiales. Dios no trabaja en base a esas cosas. Lo cual debería ser un ánimo para la mayoría de nosotros. Porque si empezamos a pensar y a considerar… muchas veces, si quiero compartir mi fe y empiezo a considerar qué tan hábil soy realmente para explicar las cosas, me lleno de miedo, me lleno de duda, me lleno de temor, porque sé que en mí no hay la capacidad para convencer a la gente. Entonces sé que en mí no está esta capacidad para comunicar efectivamente, de tal manera que la gente quede completamente convencida de lo que les voy a decir. Y eso espero que sea un ánimo para ustedes.

Dios glorifica a su Hijo

Número dos: creo que Pedro continúa hablando, y dice: "El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo" —o algunas traducciones dicen "a su siervo"— "Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato". Aquí Pedro está diciendo: la razón por la cual este hombre se sanó no es nada más porque Dios anda haciendo cosas al azar. No es nada más porque Dios está diciendo: "A ver, ¿ahora qué se me ocurre hacer? ¿A ver a quién sano hoy?". Dice Pedro: "No, hay una razón por la cual Dios hizo este milagro". Y es porque todo lo que Dios hace en la historia del mundo se trata de glorificar a su siervo, a su Hijo Jesucristo. De eso se trata todo lo que hace Dios. ¿Por qué estamos hoy aquí? ¿Cuál es la razón de nuestra existencia como iglesia? Que Dios quiere glorificar a su Hijo Jesús.

Y Pedro hace énfasis aquí en que este es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob. Obviamente, aquí está esta multitud judía en el templo, y Pedro les está diciendo algo que ellos entienden completamente: esto no es algo nuevo. Esto no es una nueva religión que acaba de surgir de pronto, una nueva moda que les está invitando a seguir. Les dice: "No: este templo… Aquel que mandó a construir este templo con medidas específicas, ese Dios de Abraham y de Isaac y de Jacob, del que ustedes conocen toda la historia, ese es el mismo Dios que está glorificando a Jesús. No es nuevo lo que les estoy diciendo; ya ha venido existiendo desde siglos atrás".

El tema de todas las Escrituras

Y dice Pedro: ese es el tema de todas las Escrituras. Todas las Escrituras, todo el tiempo, realmente, ¿de quién estaban hablando? De Jesús. Todo, todo estaba apuntando hacia Él. Véanlo: está una y otra vez; nada más les voy a guiar a lo largo de este pasaje. Todavía no llegamos ahí, pero quiero que vean, por ejemplo, en el versículo 18: "Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado…". "Anunciado": habló Dios por boca de sus profetas, "que su Cristo había de padecer". Versículo 20: "Y Él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios…". Ahí está otra vez: habló Dios "…por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a Él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta será desarraigada". Vean el versículo 24: "Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días". Imagínense: Samuel habló de Jesús, David habló de Jesús, Moisés habló de Jesús; todos hablaron de Jesús. Versículo 25: "Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto" —lo que Dios prometió—, "que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra".

O sea, el punto de Pedro es: esto no es nuevo. Esto es exactamente de lo que todos los profetas, todos los personajes del Antiguo Testamento, habían estado hablando todo el tiempo. No se daban cuenta exactamente de la extensión, pero ellos sabían que algo vendría, alguien vendría. Desde Génesis 3:15 tenemos la promesa de una batalla entre la simiente de la mujer y la serpiente. Profecía tras profecía. "A ver, van a matar corderitos; cada vez que pequen, van a hacer un sacrificio y van a derramar sangre, y eso es lo que va a cubrir sus pecados". "¿Sí? ¿De veras un animal va a cubrir mis pecados?". No: está apuntando hacia otro sacrificio, que sí va a cubrir realmente sus pecados. Eso es lo que está pasando. Y una y otra vez los profetas siguen hablando: "Alguien viene, alguien viene; hay un Mesías, alguien va a cargar con el pecado del pueblo".

Y aquí está, básicamente. Hice énfasis en este punto del versículo 13, donde dice: "ha glorificado a su siervo", a su siervo Jesús; porque "siervo" es la otra palabra que se puede traducir aquí. "Su siervo Jesús": creo que es la palabra que Pedro habría usado, que habría apuntado a su audiencia hacia el lenguaje de Isaías 52. En un momento vamos a ir ahí, pero ese es un pasaje muy, muy específico en cuanto al papel que iba a cumplir el siervo de Dios, que, dice Pedro, es Jesús. Entonces, la palabra clave aquí es "anunciado": hablado, dijo, pactó. Todas esas palabras que hay a lo largo de este pasaje creo que son claves para mostrar que el tema de todas las Escrituras es Jesús. Así que ahí empieza Pedro; es donde comienza su sermón. Recuerden: este no es todo el sermón; es un resumen, una síntesis de su sermón, pero podemos encontrar todos los elementos importantes de lo que dijo ese día aquí.

Somos culpables

La segunda cosa que quiero que noten es que dice Pedro: somos culpables; ustedes son culpables. Y yo sé que esto no es muy popular, necesariamente, empezar hablándole a la gente de qué tan mala es, pero eso es lo que va. Vean lo que dice el versículo 13, la segunda mitad: "…su Hijo Jesús", su siervo Jesús, "a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando este había resuelto ponerle en libertad".

Imagínense, está diciendo Pedro: "Miren, aun un dictador pagano, malo" —porque ese es el concepto que ellos habrían tenido acerca de Pilato, la percepción que la gente tiene de otros políticos hoy en día—, "aun él tuvo mejor juicio en cuanto a Jesús, tratando de dejarlo libre: 'Si yo no veo… yo no veo su culpabilidad; a mí me gustaría dejarlo libre'. Ustedes no dejaron que lo pusiera en libertad". Ese es el énfasis que está haciendo Pedro aquí: ustedes son culpables. Y quiero que vean qué hicieron. Dice: lo entregaron, lo negaron, y, versículo 15, lo mataron: "Y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos". Entonces, aquí están los puntos importantes acerca de este concepto de la culpabilidad, que vamos a ver en un momento. O sea, recuérdenlo; vamos a regresar ahí en un segundo.

¿Nos hace inocentes la ignorancia?

Pero quiero que vean algo superinteresante aquí, que viene en el versículo 17, porque es algo que dice Pedro diferente a lo que dijo en su discurso de Pentecostés. Dice, versículo 17: "Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes". ¿A qué se refiere Pedro cuando dice esto? "Ahora sí, ustedes son culpables, ustedes lo mataron, aunque sé que lo hicieron en ignorancia". Pues la pregunta que tendríamos que hacernos es: ¿nos hace inocentes la ignorancia?

Y creo que parte de la respuesta viene en Hechos capítulo 17, más adelante. Jairo mencionó eso en el mensaje el domingo pasado: fue el mensaje de Pablo en el Areópago. En una parte de ese mensaje dijo Pablo: "Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan". Y en 1 Corintios, capítulo 2, versículo 8, leemos: "Sino que hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que, desde antes de los siglos, Dios predestinó para nuestra gloria; la sabiduría que ninguno de los gobernantes de este siglo ha entendido, porque si la hubieran entendido, no habrían crucificado al Señor de gloria". Si ellos hubieran sabido en realidad lo que estaban haciendo, plenamente, no lo habrían hecho.

¿Se dan cuenta de las implicaciones que salen de este pasaje? Ellos lo están haciendo por conveniencia. Ellos están gritando: "¡Crucifícalo! Como Mesías no nos va a liberar; entonces, mejor que lo maten". O sea, la gente no pensaba en las grandes implicaciones de lo que realmente estaba sucediendo en ese momento. Nadie entiende eso; nadie entiende lo que vale el Hijo de Dios realmente. A ver, ustedes salgan allá afuera y díganle a alguien: "¿Tú sabes lo que significa tu rechazo de Jesús?". "¿Mi rechazo de Jesús? ¿Cuál rechazo? Pues yo lo quiero mucho". No, vamos a llegar a eso en un momento.

La gente no entiende lo que está rechazando; la gente no entiende lo que está pasando realmente. Entiende una parte… entiende una parte, porque, como dice Pablo en Romanos 1:20, nadie tiene excusa. ¿Por qué nadie tiene excusa? Porque todos tienen la creación delante de ellos, y la creación está apuntando hacia Dios. Entonces no puedes decir que no sabes que hay un Dios. Que no entiendes la extensión de quién es este Dios, y de lo que significa que su Hijo Jesucristo haya venido aquí a la tierra, eso es otra cosa.

Entonces, la ignorancia de esta gente se basa principalmente en el hecho de que no entienden la extensión de lo que está sucediendo. Y por eso Jesús dijo en la cruz: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen". Bueno, obviamente sabían que estaban matando a Jesús, pero, ¿sabían quién era Jesús? ¿Sabían lo que estaban poniendo realmente sobre de ellos, la gran culpabilidad de rechazar al mismo Hijo de Dios? ¿Lo entendían? No lo entendían. Y Pedro está diciendo aquí: "Miren, ustedes no lo entendían, pero no significa que sean inocentes. Siguen siendo culpables, aunque no sepan lo que están haciendo". Y vamos a ver eso en un momento, porque viene en los versículos que leímos, versículo 13 y versículo 14.

Lo entregamos

Somos culpables. ¿Por qué somos culpables, aunque estemos en un cierto grado de ignorancia, al no entender quién es realmente Jesús, al no haber escuchado ni entendido realmente lo que estaba pasando cuando este hombre fue crucificado? ¿Por qué es que somos culpables? Número uno: porque lo entregamos. Lo entregamos, así como Judas lo entregó. Judas llegó a un momento de su vida en el que él dijo: "Esto no está funcionando para mí; prefiero dinero. Total, lo van a matar, y ahí se acabó todo". O sea, esa era su visión con respecto a este hombre. Él no entendía las implicaciones de lo que estaba haciendo, entonces se le hizo fácil entregarlo. ¿Cuántas personas, cuántos de nosotros hemos sido confrontados con la elección entre vivir para Jesús o vivir para las cosas materiales? ¿Y qué escogemos, normalmente, cuando somos confrontados? ¿Qué es lo que escoge la mayoría del mundo cuando es confrontado con esa decisión? Dinero. Normalmente escogemos dinero. Lo entregamos, a Jesús.

Lo negamos

Número dos, dice Pedro: lo negaron. Y aquí, esta es la parte… Este es el verbo que usa Pedro dos veces. Dice en el versículo 13: "…a quien vosotros entregasteis y negasteis". Y nuevamente, en el versículo 14: "Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo". A ver, Pedro, Pedro… A ver, piensen en esto que está pasando aquí. Pedro está hablando. ¿Quién negó a Jesús? Pedro negó a Jesús. Él sabe exactamente lo que está diciendo aquí. Él no está nada más poniendo la responsabilidad sobre de ellos, diciendo: "Ustedes, los pecadores, los malos, que niegan a Jesús, al enviado de Dios, al Hijo de Dios, al siervo de Dios". No. Yo me imagino —esa es mi imaginación, obviamente—, pero yo me imagino que cuando él está diciendo esto está tentado a volver a llorar, como lloró la vez que lo negó tres veces: "Ustedes lo han negado".

Lo matamos

Y número tres: lo han matado. Así como el pueblo judío lo mató, diciendo: "No, no sueltes a Jesús; a Él, crucifícalo. Mejor danos a Barrabás". Aquí está, dice Pedro: "Ustedes escogieron a un delincuente". Ahí estaba el Santo, el Justo, el que era perfecto, el que no había hecho nada malo, y ustedes escogieron lo malo. O sea, Barrabás es representado como el pecado aquí: como escoger lo malo y rechazar la santidad, la pureza de Dios, y lo que Él es y representa en la persona de Jesucristo.

Mmm. Muchos de nosotros podríamos decir: "Yo no estaba ahí; yo no hice eso". Pero quiero que piensen que nosotros constantemente estamos diciendo "danos a Barrabás", porque constantemente somos confrontados con la elección entre el pecado y lo que Dios es y demanda de nosotros. Constantemente, constantemente estamos escogiendo la muerte sobre la vida. Y ese es el punto que está haciendo Pedro aquí. Dice: "Ustedes mataron al dador de la vida". ¿No es irónico? Él es la razón por la que tú estás aquí, y lo rechazas: "No, no quiero tener nada que ver con Él". Pero Él es el que te dio la vida; Él es la razón de tu existencia. Sin embargo, prefieres cualquier otra cosa menos a Él. O sea, escogemos la creación en lugar del Creador, y los deleites que encontramos en la creación en lugar de los deleites que encontramos en el Creador.

Entonces, cuando somos confrontados entre escoger pornografía o Jesús, ¿qué escogemos? Pornografía. Si somos confrontados con la elección entre mentir para salirnos de una situación difícil o Jesús, ¿qué escogemos? Mentir. Si tenemos la opción delante de nosotros de guardar el odio que tenemos en nuestro corazón por alguien, o Jesús, ¿qué escogemos? El odio y la amargura. Cuando se trata del reconocimiento de la gente, y del orgullo que eso alimenta en nuestros corazones, y de hacer las cosas por esa razón, porque queremos reconocimiento, ¿qué escogemos? Que la gente nos reconozca. Cuando se trata de cómo usamos nuestro tiempo, y tenemos la opción delante de nosotros de desperdiciarlo en cualquier tontería o Jesús, ¿qué escogemos? Desperdiciarlo.

¿Entienden nuestra culpabilidad? Estos somos nosotros; esos somos exactamente nosotros. Porque fue la misma decisión con la cual fueron confrontados los judíos, y escogieron a Barrabás, representando el pecado y todo lo malo, todas las cosas que son contrarias a la santidad de Dios; y rechazar a Jesús: "Sí, a Él crucifícalo; yo me quedo con él". La más grande ironía de todas es la que está presentando aquí Pedro: Él es el que les da vida, Él es el que los ha salvado, Él es el que vino a darle un propósito a su existencia, y sin embargo lo están rechazando completamente y le están dando la espalda. Escogieron el mal sobre el bien, la muerte sobre la vida, el pecado sobre la santidad. Número uno: lo entregaron, como Judas. Número dos: lo negaron, como Pedro. Y número tres: lo mataron, como el pueblo judío.

El otro lado: Dios cumple sus promesas

Ahora, ese es el último punto. Quiero que vean el otro lado; este es un pasaje de contrastes. Ahora, Pedro no nada más habla de las maldiciones que existen. Fíjense en lo que dice el versículo 23: "Y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo". Será destruida. Es una advertencia muy fuerte para aquel que rechaza a Jesús. Entonces tiene este aspecto tan negativo, tan poco popular para nosotros hoy en día. Diríamos: "Yo no quiero predicar así: si tú rechazas a Jesús serás destruido; eres culpable; tú crucificaste a Jesús, tú lo negaste". Así es como está hablando Pedro.

Pero, pero, el punto es que no se queda ahí. El punto es que ahora va al otro lado de esta situación con la cual está confrontando a su audiencia, y les dice: "¿Saben qué? Pero hay un 'pero' grandísimo que ustedes tienen que saber. Este Jesús, enviado por Dios, al cual ustedes mataron, en realidad murió por ustedes. Y, en realidad, aunque ustedes no sabían lo que estaban haciendo, Dios sí sabía lo que estaba haciendo. Y, en realidad, Dios sí quería que Él muriera en una cruz, porque precisamente ustedes eran a quienes Dios tenía en mente cuando envió a su Hijo".

Y dice el versículo 18: "Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de sus profetas: Jesucristo había de padecer". Número uno: Dios habló, y podemos tener confianza en que Él cumple sus promesas. Dios ya había estado prometiendo: "Sí, sí, voy a proveer una manera para salvarlos. Sí, sí, voy a proveer un sacrificio que va a ser suficiente para que ustedes puedan ser reconciliados con Dios. Sí lo voy a hacer, sí lo voy a hacer, sí lo voy a hacer". Y la gente dice: "¿Cuándo, cuándo, cuándo, cuándo, Señor?". Y cuando llega el momento, lo rechazan. Pero Dios cumple sus promesas, y ahí estuvo el sacrificio perfecto. Lo que necesitábamos para que nuestros pecados fueran perdonados fue provisto para nosotros. Y Pedro quiere que lo entiendan: "Cristo había de padecer".

Arrepentíos y convertíos

Número uno: ustedes tienen esperanza, porque Jesús murió, lo cual significa que sus pecados pueden ser perdonados. Por eso les dice —y aquí está la conexión, véanlo—, dice el versículo 19: "Así que…". O sea: el Cristo había de padecer, así que… está conectado. "Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio". Este siervo de Dios que había sido profetizado en Isaías 52: "He aquí, mi siervo prosperará; será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado". Dice Pedro: murió para que tú y yo pudiéramos ser reconciliados con Dios, para que nuestros pecados pudieran ser borrados.

Dice el versículo 20: "Y Él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto…" —perdón— "…a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de las cosas, de que habló por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo". Ahora, aquí hay una conexión muy importante que hace Pedro. Dice: "Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a Él oiréis en todas las cosas que os hable; y toda alma que no oiga a aquel profeta será desarraigada del pueblo". Ahí está citando Pedro del capítulo 18. ¿Se acuerdan? ¿De quién se trata todo el Antiguo Testamento? De Jesús.

Un segundo Moisés

Y Moisés dice: "Alguien más vendrá, alguien como yo, alguien que va a hablar de parte de Dios". Pero hay una analogía bien importante que creo que Pedro está tratando de hacer en las mentes de los judíos aquí, y es: ¿qué hizo Moisés? Este es un segundo Moisés, más grande que Moisés. ¿Qué iba a hacer este Moisés? ¿A qué le encomendó Dios que hiciera? Que sacara a su pueblo de Egipto, de la esclavitud; que lo llevara por el desierto, que lo guiara a través del desierto. ¿Hacia dónde? Hacia la tierra prometida. Aquí está el segundo Moisés, que va a hacer exactamente lo mismo: Él los guiará, Él les va a decir cómo ser guiados a través del desierto para llegar a la tierra prometida. Él los guiará, Él va a hablar. Jesús fue no nada más sacerdote, no nada más rey; también fue profeta de parte de Dios. Él cumplió todos esos oficios que existían en el Antiguo Testamento, para mostrarnos el camino hacia Dios.

Existían en el tiempo de los judíos ciudades de refugio. Y entonces, si tú matabas a alguien accidentalmente —si era accidental—, podías escaparte a una de estas ciudades de refugio para que no te hicieran nada, y quedarte ahí. Por si la familia de la persona que había muerto quería vengar la muerte, tú te podías ir a una de estas ciudades de refugio. Y creo que todo lo que está diciendo Pedro aquí… no sé si él lo habría explicado todavía en más detalle originalmente, pero hay ciertas cosas. Cuando dice "arrepentíos y convertíos": dense la vuelta, corran. O sea, van en una dirección; vayan en la otra. Corran hacia Jesús. De eso se trata el arrepentimiento. No se trata nada más de sentirte mal porque eres culpable: "Ay, hice algo malo, me siento mal por haber hecho algo malo". No: corre en la dirección opuesta, corre hacia Jesús, refúgiate en Él.

¿Se acuerdan de la diferencia entre Pedro y Judas? Ambos hicieron algo terrible en relación a Jesús, pero Judas se quedó en el sentirse mal, en el sentir remordimiento por lo que había hecho; y Pedro, al final, se refugió en el perdón y en la restauración de su relación con su Mesías, Jesús. De eso se trata la vida cristiana.

Tiempos de refrigerio

Y eso es a lo que creo que está apuntando Pedro. Cuando los invitan a un evento y les dicen "va a haber refrigerio", se animan un poquito más para ir, ¿no? "Va a haber un tiempo de refrigerio". "Ah, sale, entonces sí vamos". Necesitamos eso; necesitamos algo que nos sostenga. Estamos viviendo nuestras vidas en una etapa de la historia en la cual necesitas un fundamento para tu vida. Va a venir algo difícil a tu vida: ¿sobre qué estás parado? O sea, un día te van a diagnosticar cáncer, probablemente; un día te van a decir: "¿Sabes qué? Ya no tienes trabajo"; un día alguien muy cercano a ti va a morir. Cosas horribles vienen. ¿Sabes qué necesitas? Refrigerio: algo que te sustente, algo en tu vida que sea más profundo que cualquier circunstancia que puedas enfrentar.

Y eso es exactamente lo que Pedro les promete. Dice: si sus pecados son perdonados, borrados por Dios, vendrán tiempos de refrigerio en la presencia del Señor; tendrán el sustento que necesitan. ¿Saben qué es lo que necesitamos realmente? El perdón de pecados. Eso es lo que realmente necesitamos, y la gente no lo sabe. No lo sabe; vive con un sentido de culpa, porque todos entendemos, hasta cierto punto, nuestra culpabilidad delante de Dios, porque sabemos que nuestra naturaleza se inclina hacia el lado del pecado. Normalmente, nuestra naturaleza siempre se va, casi, en esa dirección.

Sabemos que algo está mal; sabemos que algo está descompuesto en este mundo. El huracán que acaba de pegar en Haití debería ser un recordatorio de eso: las cosas no son como deberían de ser. ¿Por qué? Por el pecado. Esa es la única razón por la cual las cosas no funcionan como deberían. Y la gente tiene un sentido de que las cosas deberían de arreglarse, pero no sabe cómo se pueden arreglar. Piensan que, si pueden ignorar esas cosas, a lo mejor esa es una manera de vivir la vida: ignorando las cosas malas, las cosas feas. Pensamiento positivo, ¿no?: "Todo, todo es bonito, y las energías del universo… Si pienso suficientes cosas bonitas, como mariposas y pájaros y cositas así, entonces estoy atrayendo energías positivas del universo a mi vida, y entonces mi vida ya…". O sea, ignorando la realidad que nos rodea. Esa no es la solución.

Solo Dios puede perdonar

Tú tienes que ser confrontado con la realidad que te rodea. La realidad que te rodea está gritándote: pecado, culpabilidad; algo está descompuesto, algo se tiene que arreglar, algo tiene que pasar. Y el mundo no puede hacerlo. El mundo te puede condenar por tu pecado —eso sí: "Ay, qué mala persona eres"—, o el mundo puede ignorar tu pecado; esa es otra cosa que también el mundo hace muy bien. Pero el mundo no te puede perdonar, porque tú no has pecado contra el mundo: has pecado contra Dios. Y eso es lo que realmente necesitas: que Dios diga: "Sí, te perdono. Sí, las cosas se arreglaron entre nosotros; estamos bien". Esa es la necesidad que existe en cada una de nuestras vidas, la necesidad más profunda que hay.

Y podemos pensar: "Ay, es que yo siento que no soy tan malo. Yo siento que las cosas que he hecho no son tan terribles. Yo siento que soy esencialmente una buena persona". Pero el problema es que siempre estamos midiendo las cosas que hacemos en relación a, pues, qué tanto impacto tengan ahorita, ¿no? Si yo miento ahorita: "Bueno, pues fue una mentirita pequeña". O si robo algo, pero es pequeño: "Entonces fue algo pequeño". Y mido en términos del impacto que eso tiene, socialmente hablando: si no tuvo mucho impacto, si no me metieron a la cárcel, si no es de esa magnitud lo que hice, entonces no debe ser tan grave, porque todos lo hacen.

El valor del ofendido

El problema de esa mentalidad es que falla en ver que la ofensa no se puede medir nada más en relación al impacto de la consecuencia en el momento. La ofensa se tiene que medir en relación al valor de aquel que ha sido ofendido. Entonces, no es lo mismo que yo le robe algo a… Tengo miedo de decir algo aquí, porque van a pensar que estoy menospreciando a la gente. Pero no es lo mismo que yo le robe algo a alguno de ustedes, a que yo me meta y robe algo del FBI o de la CIA, o de alguna organización así, ¿verdad? "Ay, me quitaste la información de mis contactos de mi teléfono". No importa, no tiene mucho valor. Perdónenme que diga eso, pero lo que hay en sus teléfonos y en sus cuentas de Facebook… que la gente se espanta tanto: "Ay, me van a hackear, y todos mis datos personales y privados". No hay nada privado, y no vale mucho tu privacidad, en realidad. Porque, ¿qué puedes estar escondiendo? Nada, nada de mucho valor.

Pero si yo robo información del gobierno, ¿qué pasa? A quién se lo hago es lo que determina qué tan serio es lo que acabo de hacer. Y les he dado este ejemplo antes: si yo mato un insecto, no es lo mismo que si mato a una persona. Aunque en ambos casos mato… mata, mata; no es lo mismo. ¿Por qué? Por el valor del ofendido.

Entonces, aquí está la perspectiva; aquí es lo que quiere que se den cuenta: ¿saben cuánto vale el Hijo de Dios? ¿Saben cuánto vale? Ustedes no saben qué tan seria es su ofensa, realmente. Si ustedes supieran cuánto vale Dios, se darían cuenta de que la más mínima ofensa es digna de castigo eterno, y del peor tipo de castigo que pueda existir en la eternidad, porque Dios vale así de tanto. No es lo mismo lo que yo te pueda hacer a ti que lo que le puedo hacer a Dios. La cuestión es que, cuando yo le hago algo a alguno de ustedes, en realidad a quien se lo estoy haciendo es a Dios. Y es por eso que Dios lo toma tan en serio.

O sea, ¿ven eso aquí? Lo ven en el mensaje de Pedro; Pedro está diciendo eso. O sea, primero les pone quién es contra el que han pecado: "Ustedes son culpables, porque es Jesús, el Hijo de Dios, el siervo de Dios, Aquel a quien todo el Antiguo Testamento está apuntando, Aquel por quien Dios hace todas las cosas; todo es para su gloria. Él es contra quien ustedes han pecado. Si ustedes supieran lo que eso representa, se darían cuenta de en cuántos problemas están, realmente". No se dan cuenta; no se dan cuenta de cuánto necesitan el perdón de Dios en sus vidas.

Bendición para las naciones

Y, por último, aquí está el tercer punto que menciona Pedro. Número tres: hay esperanza, hay bendición para las naciones. Que es interesante, porque esto está en el versículo 26. Dice: primero fue a los judíos. Como dice Romanos 1:16: el mensaje, los profetas, la elección de Dios, primero fue con los judíos. Pero ustedes también; ustedes, gentiles, también. Nosotros… a mí no me molesta ser el segundo. Dios quiere incluirme, Dios quiere perdonarme a mí. A mí no me molesta que no haya sido el primero; el punto es que Dios me buscó a mí también. Estoy contento de eso, estoy agradecido por eso.

Porque Dios le prometió a Abraham… ¿Saben de dónde está citando aquí Pedro? "…habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese". Dice que le prometió a Abraham, en el versículo 25: "En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra". Esta bendición aquí está dos veces: versículo 25, versículo 26. ¿Saben de dónde está citando Pedro en el versículo 25? De Génesis 22:18. ¿Y saben qué acababa de pasar en Génesis 22:18? Dios le acababa de decir a Abraham: "Dame a tu único hijo". Y ya cuando estaban arriba, ya cuando estaba todo listo para el sacrificio, un ángel del Señor le dijo: "No mates a tu hijo". Y había un carnero atorado de los cuernos, y dijo: "Ahí está, ese es el sacrificio; puedes matar a ese carnero en lugar de matar a tu hijo".

Y ese era uno de esos eventos que estaba apuntando nuevamente hacia lo que iba a suceder en el futuro, donde Dios proveería al Cordero; Dios proveería el sacrificio necesario para que tú y yo no tuviéramos que ser condenados por nuestro pecado. Y en ese contexto, después de ese evento, cuando Dios ve lo que hace Abraham, que sí estaba dispuesto a matar a su hijo, en ese contexto es cuando Dios le dice: "En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra". ¿De quién estaba hablando? De Jesús. Dios tenía en mente lo que Jesús iba a hacer. En ese momento dijo: "¿Sabes qué, Abraham? Lo que acaba de pasar es una muestra de lo que va a pasar en el futuro, que va a bendecir a todas las naciones. Así como tu hijo no tuvo que morir, nadie de ninguna nación tendrá que morir si recibe mi sacrificio". Es increíble. Eso es exactamente lo que estaba pasando.

La restauración de todas las cosas

Y Pedro hace nuevamente énfasis no nada más en la muerte de Jesús, sino en su resurrección y en la restauración de todas las cosas. Las cosas están descompuestas. Sí, sí están descompuestas. ¿Funcionan como debían de ser? No, no funcionan como deberían de ser. Pero precisamente el plan de Dios es, a través de lo que Jesús ha hecho, restaurar todas las cosas. Que es lo que dice el versículo 21: "A quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas".

Dios desde un principio dijo: "Sí, las cosas se descompusieron". Sí, en Génesis 3: "Ya no va a ser igual, porque han pecado; ahora van a morir, ahora están separados de mí". Y toda la historia se empieza a desarrollar con ese tema en mente: el pecado trae consecuencias, y el pecado hace que hagamos cosas bien tontas y que nos destruyamos a nosotros mismos todo el tiempo; el pecado que hay en nosotros. Lo que tú estás viendo, todo lo que está mal con la sociedad, todo lo que está mal con las elecciones de Estados Unidos, es por el pecado.

Pero dice Dios: "¿Saben qué? Sigo en control. Las cosas no se han salido de control. Yo envié a mi Hijo, cumplí esa parte. Y cuando mi Hijo se entregó, ¿saben qué significaba? Significaba que yo tengo el poder para arreglar todo nuevamente. Todas las cosas volverán a ser restauradas. Y la prueba que les doy es que no se quedó muerto: resucitó". Si ustedes creen que Él está vivo, ustedes también creen que Él puede arreglar todo y que Él sigue en control. No hay nada que se salga de su control, y todo va en una dirección, que es la perfección. Nuevamente todo será perfecto; nuevamente estaremos en la presencia de Dios. Si hemos encontrado la reconciliación, el perdón de nuestros pecados, estaremos en la presencia del Señor para siempre, disfrutando de su gloria, en perfecta, perfecta relación con Él, disfrutando de deleites que nunca has imaginado.

¿Saben? Esta palabra de "borrados" —"sus pecados serán borrados", del versículo 19— es la misma palabra que se usa en Apocalipsis para decir: "Él limpiará, borrará toda lágrima de sus ojos". Así termina la historia. Lean los últimos capítulos de Apocalipsis si quieren saber cómo termina todo. Dice Isaías capítulo 53: "Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades; el castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, nos apartamos cada cual por su camino; pero el Señor hizo que cayera sobre Él la iniquidad de todos nosotros".

El cojo como señal

¿Cómo empezó todo esto? Ahí van Pedro y Juan diciendo: "Bueno, vamos a compartir nuestra fe en el templo", supongo. De pronto, soberanamente, se da esta situación del cojo. Y hace dos semanas… les recuerdo lo que dijimos hace dos semanas: creo que este milagro de sanar a un cojo es símbolo de lo que Pedro iba a decir a continuación, que es: Dios ha venido a restaurar nuestra enfermedad; Dios ha venido a restaurar lo que estaba mal con nosotros. La sanación de este hombre cojo simboliza que los efectos del pecado han sido revertidos, y que la restauración de todas las cosas viene a través de Jesús. O sea, era una manera visible de ver una realidad espiritual.

"¿Vieron a este hombre? Este hombre se sanó. ¿Por qué se sanó?". Versículo 16: porque creyó en Jesús; Jesús lo hizo. "Déjenme decirles un poquito más de lo que realmente vino a hacer Jesús: vino a reconciliarnos con Dios, y esa es su necesidad más grande". ¿Este hombre necesitaba caminar? Sí, sí necesitaba caminar, pero necesitaba más ser reconciliado con Dios; necesitaba más que su pecado fuera perdonado por Dios. Y todos ustedes pueden disfrutar de lo mismo. Eso es, en esencia, el mensaje del segundo sermón de Pedro. Claro, no toda la gente lo entendió, no toda la gente lo creyó, porque obviamente viene que los arrestan por lo que acaba de suceder. Pero eso lo vamos a ver el próximo domingo.

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