Hechos 4:1-12HechosNathan Díaz
Un solo camino a Dios
¿Por qué Jesús es el único camino a Dios? Arrestados por predicar la resurrección, Pedro declara ante el sanedrín en Hechos 4:1-12 que en ningún otro hay salvación. El sermón conecta el Salmo 118 con Isaías para mostrar que el nombre de Jesús salva como solo Dios salva, y responde al pluralismo religioso de nuestra sociedad.
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Transcripción
Lectura de Hechos 4:1-12
Vamos a leer este pasaje. Es Hechos 4. Y recuerdan: es cuando acaban de sanar… Estaban Pedro y Juan, habían ido al templo a la hora novena, la hora de la oración, y habían sanado a este hombre que estaba cojo de… bueno, no, de nacimiento, sabemos; van a ver en un momento que tenía 40 años, por lo menos, con esta situación. Y Pedro aprovecha la ocasión para compartir el evangelio, para hablar acerca de Cristo. Entonces, un milagro, algo sobrenatural, sucede, pero no se queda nada más en ese evento. En realidad, se trataba de apuntar a la gente hacia Jesús; se trataba de apuntar a la gente hacia el mensaje del evangelio. Y eso es lo que vimos el domingo pasado. Hoy vamos a ver qué pasa después. O sea, está hablando, está predicando Pedro —no sé cuánto tiempo llevaba predicando—, pero dice:
"Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil. Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes; y poniéndoles en medio, les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?
Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo: Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por Él este hombre está en vuestra presencia sano. Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo. Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos".
Padre, gracias por esta oportunidad de meditar en tu Palabra. Gracias por la oportunidad de aprender más acerca de quién eres Tú, acerca de lo único de la salvación que has ofrecido a la humanidad a través de Jesucristo. Sabemos que no es fácil creer estas cosas, y no es fácil proclamar estas cosas, pero ayúdanos a entenderlas y a tener una convicción firme en nuestro corazón, que nos dé valor, como el que tuvo Pedro, para declararle al mundo que solo en ti hay salvación. En el nombre de Cristo Jesús, amén.
Resentidos
Bueno, son dos partes las que quiero ver hoy. La primera parte: ya tenemos aquí el contexto de lo que sucedió. Están hablando, los interrumpen; básicamente, vienen sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo y los saduceos. Es la gente que está encargada, y además es la gente con poder, es la gente con influencia. Si hay alguien que te podía intimidar, era este grupo de personas. Y vienen, interrumpen a Pedro en su mensaje.
Y hay una palabra clave que quiero que vean aquí: es esta palabra, "resentidos". Porque piensen, piensen qué es lo que habría provocado esta actitud hacia ellos. Ellos son los maestros, ellos son los encargados, son los líderes religiosos. Y aquí están estos pescadores, sin educación oficial del grupo religioso judío, enseñándole a la gente y atrayendo multitudes. No solo eso, sino que están hablando acerca de aquel con el que más confrontación tuvieron ellos. Todos estos líderes religiosos eran los que habían tenido confrontación tras confrontación tras confrontación con Jesús. Finalmente, pensaron: "Ya lo matamos, ya nos deshicimos de Jesús". Y cuando menos lo ven, ahí están otra vez los apóstoles en el templo, hablando acerca de Él, y la gente escuchando otra vez acerca de Él.
Sí, imagínense la frustración de estos líderes religiosos, pensando: "¿Cómo vamos a deshacernos de este grupo de ignorantes pescadores, sin mucha educación, que andan moviendo a las multitudes?". Este grupo, el de los saduceos, era un grupo que tenía mucha influencia religiosa y política, y que en realidad trataban de mantener la paz con Roma por conveniencia. En realidad, ellos trataban de que las cosas estuvieran bien con los romanos. Y, en muchos sentidos, sentían que esta era una amenaza a su posición delante del gobierno romano que existía en ese tiempo. Porque si… lo que ellos estaban enseñando… y su autoridad con el pueblo se veía debilitada, se veía disminuida, entonces a lo mejor las autoridades romanas ya no los iban a tomar en serio, o iban a decir: "¿Qué pasa? No tienen el control de su gente, y ustedes están a cargo".
Este grupo de líderes religiosos están a cargo de gobernar a los judíos —claro, bajo los romanos—, pero este es el grupo que en realidad tiene la autoridad sobre el pueblo judío, sobre los suyos. Entonces están bastante molestos; esa es, creo, una buena palabra. Les molesta grandemente que estén enseñando al pueblo, que estén hablando acerca de Jesús y la resurrección de entre los muertos. Los saduceos no creen en la resurrección de los muertos; no creen en lo sobrenatural. De hecho, hay cuatro grupos —ahorita los vamos a ver—, van a aparecer nuevamente al siguiente día. Pero nada más quiero darles el contexto de por qué es que están tan molestos: están enseñando cosas contrarias a las que ellos enseñan, contrarias a las que ellos creen, y están poniendo en tela de juicio su propia autoridad con el pueblo.
¿Quién gana?
Entonces "les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde". Ahí está el poder humano, los recursos humanos, en contra del evangelio. ¿Tenían la autoridad para meterlos a la cárcel? Sí, tenían la autoridad para meterlos a la cárcel. Y aquí está este paréntesis —esto es increíble, se me hace increíble—, porque aquí es como si Lucas quisiera decir: ¿quién gana? Dios. Y este versículo, el versículo 4, es la prueba, dice Lucas. Ellos están en contra del cristianismo, ellos están tratando de parar el evangelio, y, adivinen qué: "Muchos de los que habían oído la palabra creyeron; y el número de los varones era como cinco mil".
Ahora, 5,000 hombres. O sea, en este punto ya habían llegado a 5,000 hombres. O sea, Lucas está haciendo un cálculo aquí; eso sin mujeres y niños. Algunos piensan que en realidad de lo que estamos hablando es… ¿se acuerdan? Había 120; después llegamos a Pentecostés, ¿y cuántos se convirtieron en Pentecostés? Como unos 3,000. Y después, bueno, dice que se seguían añadiendo, añadiendo, añadiendo; no sabemos cuántos. Pero para este punto, y con esta predicación, dice que hay como 5,000 hombres. Lo cual hace que muchos piensen que, más o menos, la iglesia ya había crecido a unos 15,000, por lo menos, a estas alturas. Habían ido de 120 a 15,000 en unos meses.
Imagínense la velocidad a la cual se está expandiendo la conversión de la gente; el evangelio está creciendo. De hecho, ya más adelante van a ver en el libro de Hechos que parece como que Lucas ya pierde el control de cómo contar a esta gente, ¿no? Esta es la última vez que vamos a ver este tipo de cifras. Como que al principio, más o menos, podían todavía calcular: vemos qué tanta gente se está convirtiendo, pero ya después eran demasiados, y el evangelio realmente empezó a expandirse a una velocidad impresionante, en este caso, hasta este punto, en Jerusalén. ¿Por qué? Porque no puedes detener lo que Dios quiere hacer. Dios hace lo que Él quiere, y Dios quería establecer su iglesia. Así que: métanlos a la cárcel, amenácenlos, hagan lo que quieran; el evangelio seguirá creciendo. No hay nada humanamente posible, no hay nada que se pudiera hacer ya para detener esto.
El sanedrín
Versículo 5: "Aconteció al día siguiente, que se reunieron en Jerusalén los gobernantes, los ancianos y los escribas, y el sumo sacerdote Anás, y Caifás y Juan y Alejandro, y todos los que eran de la familia de los sumos sacerdotes". Ese grupo de los sumos sacerdotes estaba dominado por los saduceos. Y esto es lo que en realidad conocemos como el sanedrín: este concilio que se reúne para hacer juicio sobre una cierta situación. El sanedrín estaba constituido de 71 miembros, y hay una combinación aquí de varios. O sea, había algunos fariseos, también había saduceos, había esenios, zelotes; había todo este grupo de personas que, básicamente, eran los que dirigían el judaísmo en esa época.
Por un lado tenemos a los fariseos. Los fariseos son los ortodoxos, los que siguen la ley al pie de la letra; y no nada más siguen la ley al pie de la letra, sino que le agregan todavía más cosas a la ley, para sentirse todavía más santos. Entonces están los fariseos, y lo contrario a los fariseos, que son los saduceos, que ya mencioné hace un momento, que no creen en la resurrección. Creen, supuestamente, en los primeros cinco libros de la Biblia, el Pentateuco, pero no creen en lo sobrenatural, no creen en la vida más allá de la muerte, no creen en la resurrección. Tienen una mentalidad muy parecida, probablemente, a la de la mayoría de la gente en nuestra sociedad hoy, ¿no? O sea, de creer más en estas cuestiones de justicia social, de política, de cómo negociar las cosas. Ese era el grupo de los saduceos.
Este era un grupo que había estado proclamando que, desde… creo que es… no apunté aquí la fecha, no la apunté, pero siento que al 180 y algo antes de Cristo hubo un revuelo de los macabeos, y a partir de esto se habían formado estos grupos de la élite social, de gente poderosa, de gente con la influencia económica para hacer diferentes cosas en la sociedad judía. Muchos de estos eran los saduceos. Ahora, esto es lo que ellos creían, y esto es lo que le enseñaban a la gente: esto de la era mesiánica no es tanto una persona; es un movimiento, y nosotros somos ese movimiento. O sea: "Nosotros somos esas ideas del Mesías que viene a salvar a Israel, que viene a traer paz a su pueblo; esos somos nosotros".
Entonces, ¿entienden por qué les molesta lo que está predicando Pedro? Porque, ¿qué predica Pedro? Él está diciendo: "No, sí es una persona, y es Jesús, el Mesías". Por otro lado, tenemos a los fariseos. No podían aceptar a Jesús, obviamente, porque Jesús los confrontó durante todo su ministerio; pero ellos no podían aceptar, así como la mayoría de los judíos, a un Mesías crucificado. O sea: "No venía a salvarnos de los romanos, no venía a darnos libertad; ¿cómo vamos a aceptar que lo hayan crucificado y que ya no esté aquí?". O sea, por todos lados ellos tenían grandes conflictos con lo que se estaba enseñando, y con la idea de Jesús, y con la idea de su ministerio; y la gente que lo seguía no cuadraba de ninguna manera con nada de lo que ellos creían y enseñaban.
Entonces, a ver: tenemos a los esenios, los zelotes, los fariseos, los saduceos. Este grupo de gente… no sé cómo se vestía, pero probablemente muy chistoso, como la mayoría de los religiosos, tratando de imponerse, ¿no? O sea, llegan, y hay datos de cómo eran estos tribunales, estos juicios que hacían, ¿no?: un semicírculo de sillas, pero elevadas, aquí arriba, ¿no?, así como en algunas iglesias donde tenían como tronos. Y ahí están sentados, y allá abajo están los acusados. Entonces, imagínense este grupo de puros líderes religiosos viendo hacia el centro, con Pedro y Juan en medio, haciendo un juicio sobre de ellos.
Anás y Caifás
Entre ellos, dice, está Caifás, está Anás, el sumo sacerdote… En realidad, Anás ya no era el sumo sacerdote; en realidad, el que era el sumo sacerdote era Caifás. Anás fue sumo sacerdote del año 6 después de Cristo al año 14, y Caifás, del 18 al 36. Entonces Caifás lo sucedió; era su yerno, de Anás. Pero la costumbre judía era: pues, mientras esté vivo el sumo sacerdote, en realidad él tiene la mayor influencia. Y en algunos sentidos entendemos cómo es que, cuando tienes una posición muy importante, aun cuando ya no oficialmente la tienes, todavía se refieren a ti en términos de ese oficio. Por ejemplo, un expresidente: ¿no le siguen diciendo "presidente"? Porque, aunque ya no es el presidente, por el rango del oficio que sostuvo sigue siendo considerado una persona de mucha influencia o de mucho reconocimiento. De esa misma manera sigue siendo reconocido, aunque Caifás es el que está ejerciendo en sí el oficio de sumo sacerdote. Juan y Alejandro, no sabemos; también sumos sacerdotes, digo, pues también del grupo de sacerdotes.
Caifás. ¿Les suena el nombre de Caifás? ¿De dónde viene Caifás? ¿Interactuó con Jesús? Sí, interactuó con Jesús. En Juan 11 pasó algo bien chistoso con Caifás. Están precisamente discutiendo sobre este movimiento de Jesús y de sus discípulos, y Caifás, sin querer, profetiza; hace una profecía con respecto a Jesús, y dice: "Pues mejor es que un hombre muera, a que todo el pueblo sea condenado", o muera todo el pueblo. Y esto sin darse cuenta de que en realidad… o sea, él tenía una idea en su cabeza de lo que estaba diciendo, pero dice Juan que en realidad estaba profetizando acerca de Jesús, porque él era el sumo sacerdote. Él estaba declarando algo acerca de la persona de Jesús que no se daba cuenta que estaba declarando: sí, Jesús iba a morir por todo el pueblo; era uno por todos. Eso es en Juan 11.
Y en Mateo 26:57 a Jesús lo llevan ante Caifás. En Juan 19, cuando Jesús está hablando con Pilato, le dice que hay alguien que tiene mayor condenación, y probablemente se está refiriendo a Caifás. O sea, probablemente Jesús está haciendo una referencia a Caifás como líder de los judíos, que precisamente eran los que estaban buscando que fuera crucificado. Entonces, aquí están. Yo nomás estoy dando un contexto ahí histórico, un poquito, de estos personajes. Ya los hemos visto antes; saben bien quién es Jesús, pero no les gusta esta idea de Jesús. Y Pedro, de hecho, va a llegar a un punto —quiero que lo vean, me voy a adelantar; aquí está, en el versículo 10—, pero Pedro les va a mencionar que el nombre a través del cual han hecho este milagro es el nombre de Jesús de Nazaret. Ni de Jerusalén. O sea, de un pueblito: ¿de ahí qué puede salir bueno? De ahí. Todos estos hombres, supuestamente sin educación, sin preparación, sin el reconocimiento del grupo religioso, son los que la gente está siguiendo y los que la gente está escuchando. Eso hace enojar muchísimo al sanedrín; era un reto al establecimiento de la enseñanza que existía en el judaísmo.
Pero los guardias del templo también estaban ahí: el guardia del templo que llegó en los primeros versículos, el jefe de la guardia del templo. Todas estas personas de mucho poder, de mucha influencia. Pero, si recuerdan, en Juan 7 ya los líderes religiosos habían enviado a los guardias del templo a arrestar a Jesús, y cuando regresaron les dijeron: "Es que nadie enseña como este hombre". O sea: "Jamás hemos escuchado algo así"; y no lo arrestaron. Eso es Juan 7:46.
Entonces ya estaba todo este antecedente de que la gente lo seguía, de que la gente estaba aprendiendo de estos hombres —primero de Jesús, ahora de sus discípulos—, y sus discípulos ahora hablando con la misma autoridad con la que Jesús hablaba, y la gente siguiéndolos de la misma manera en que seguían a Jesús. Entonces dicen: "Algo está pasando aquí; tenemos que detenerlo. Estamos muy molestos". Así que los juntan, los amenazan, básicamente los tratan de intimidar; los ponen en medio y les preguntan: "¿Con qué potestad, o en qué nombre, habéis hecho vosotros esto?".
¿En nombre de quién?
"Entonces Pedro, lleno del Espíritu Santo, les dijo…". Ahora, aquí está una cosa bien importante que tienen que ver. Pedro va a hablar acerca del poder de Jesús, porque eso es lo que le preguntan: el nombre de quién, de quién viene este poder que ustedes tienen. ¿No es rara esa pregunta del grupo del sanedrín? No les dicen: "A ver, ¿por qué están enseñando sobre la resurrección?", o "A ver, ¿por qué, si ustedes no tienen entrenamiento teológico, ustedes están enseñándole a la gente?". No, eso no es lo que les preguntan. Les dicen: "¿En nombre de quién hacen lo que hacen?". Ellos ya saben la respuesta, pero quieren escucharlo. Quieren estar seguros de que de veras lo que está continuando es lo que ellos ya habían tratado de terminar antes, cuando mandaron a matar a Jesús.
Y Pedro declara algo acerca del poder que ellos tienen. Pero quiero que piensen en esto: Jesús ya le había dicho a Pedro y a sus discípulos que esto iba a pasar. Vean lo que dice Marcos 13, versículos 9 al 11: "Pero estad alerta; porque os entregarán a los tribunales, y seréis azotados en las sinagogas, y compareceréis delante de gobernadores y reyes por mi causa, para testimonio a ellos. Pero primero el evangelio debe ser predicado a todas las naciones. Y cuando os lleven y os entreguen, no os preocupéis de antemano por lo que vais a decir, sino que lo que os sea dado en aquella hora, eso hablad; porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu Santo".
Yo estoy seguro de que Pedro se acordó de esas palabras de Jesús aquí. Yo estoy seguro de que Pedro dijo: "Jesús dijo que esto iba a pasar. Esto es exactamente lo que nosotros estamos viviendo; es exactamente lo que Él profetizó. Así como profetizó su muerte y su resurrección, y sucedieron, así también profetizó que nos iban a apresar, que nos iban a confrontar, que la gente poderosa nos iba a tratar de intimidar". Pero, ¿qué prometió Jesús? "No se preocupen por qué van a decir, porque mi Espíritu Santo será el que les dará las palabras". ¿Y qué pasó? Dice Lucas: el Espíritu llenó a Pedro, y empezó a hablar.
Creo que es algo del tipo de poder de parte de Dios que leemos en Miqueas 3:8, en donde dice: "Yo, en cambio, estoy lleno de poder del Espíritu del Señor, y de juicio y de valor, para dar a conocer a Jacob su rebelión, y a Israel su pecado". Pedro, de alguna manera, está cumpliendo este tipo de profecías del Antiguo Testamento, en donde Dios da el poder a sus siervos, a sus apóstoles, para declarar la culpabilidad y el pecado del pueblo, pero también para declarar la salvación en Cristo Jesús.
Un Pedro diferente
Ahora, ¿qué es lo que les dice? "Gobernantes del pueblo, y ancianos de Israel: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, de qué manera este haya sido sanado, sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por Él este hombre está en vuestra presencia sano".
Bueno, a ver: primero menciona quién es el que le está dando el poder. Dice: es Jesús. Eso ya en sí era mucha confrontación para estos líderes religiosos; Jesús era su enemigo. Pudo haber dicho Pedro: "Ah, perdón, no sabíamos que no podíamos predicar ahí. Si quieren, nos retiramos y seguimos adelante en otro lugar. No, no se preocupen". Esa pudo haber sido una reacción de Pedro. De hecho, ¿se acuerdan de cuándo fue confrontado Pedro por una niñita? Fue confrontado acerca de su relación con Jesús. ¿Y por qué negó Pedro a Jesús? Algunos creen que es porque sanó a su suegra… No, no es cierto. Perdón, suegras. Lo que pasa es que mi suegra no está aquí, puedo hacer este tipo de bromas.
Pedro, en el momento en el que él fue confrontado por una niñita —"Tú, tú eres de ellos, tú hablas como ellos"—, ¿qué estaba pasando con Jesús? Lo estaban juzgando; estaba casi enfrentando su muerte segura. Y Pedro dijo: "Como que esto se está acabando, como que ya lo que teníamos no está tan…". Y esa inseguridad y ese temor en él lo hizo decir hasta groserías, por tal de distanciarse de Jesús.
Pero ahora vemos un Pedro muy diferente, porque ahora no está siendo confrontado por una niñita. ¿Saben por quién está siendo confrontado? Por la misma gente que mató a Jesús. Los mismos que tenían el poder para matarlo a él —porque tuvieron el poder para matar a Jesús— son los mismos que los están confrontando ahora. Es una situación muchísimo más intimidante que la situación que él había enfrentado antes; muchísimo más. Porque ahora sí, ahora sí, él sabía que probablemente podía terminar igual. O sea, ahora sí era muy parecido a lo que él sabía que le había pasado a su maestro. O sea, a Él también lo llevaron, a Él también lo confrontaron, a Él también le dijeron: "A ver, ¿Tú quién eres? ¿Bajo qué autoridad haces lo que haces?". A Él también lo confrontaron de la misma manera, ¿y cómo terminó? Crucificado.
Pedro sabe eso. Pero, a ver, no hay duda, no tiene temor; no hay duda de que sabe que Jesús sí… y que ahora el Mesías al cual sigue tiene todo el poder y toda la autoridad, y puede seguirlo con todo el valor, porque está en sus manos. Les dice: "Es el nombre de Jesús". Y nomás por agregarle un poquito de insulto: "…a quien vosotros crucificasteis". Me imagino a Pedro viendo a Caifás especialmente. ¿Quieres meterte en problemas? Esta es una buena manera de hacerlo.
Jesús tiene el poder para sanar
Entonces, quiero que vean dos aspectos acerca de la proclamación de Pedro acerca del poder de Jesús. Número uno, dice: Jesús tiene el poder para sanar. Y tiene poder para sanar porque hay una necesidad. Es decir, fíjense cómo Pedro lo plantea. Dice: "A ver, a ver, a ver, a ver: ustedes hoy nos están interrogando, ¿por qué? ¿Por hacer algo bueno? O sea, un hombre que estaba enfermo ahora está sano, ¿y se enojan? O sea, ¿esa es su acusación?". Dios tiene el poder para sanar porque hay una necesidad de sanación.
Acuérdense de que el hombre cojo es un ejemplo físico de una realidad espiritual. Y Pedro… o sea, yo no quiero que piensen que yo estoy inventando esto; Pedro es el que va a hacer esa conexión con el versículo 12. Dice: "A ver, un hombre estaba enfermo, y es en el nombre de Jesús que ese hombre ha sido sanado. ¿Por qué quieren negar algo bueno, que necesitamos?". ¿Por qué? ¿No es acaso esa la condición que existe en nuestra sociedad? Sabemos que tenemos un problema, sabemos que necesitamos reconciliación con Dios, pero nos rehusamos a aceptarlo. Preferimos evadir algo bueno, algo necesario, por causa de la comodidad presente en nuestras vidas, de la conveniencia presente.
Es el caso de estos líderes religiosos: estaban demasiado cómodos con sus posiciones, y sus posiciones se estaban viendo amenazadas. Y de la misma manera hoy en día: cuando tú eres confrontado con tu necesidad de ser sanado por Jesús espiritualmente, prefieres ignorarlo, porque estás demasiado cómodo. Sabes lo que representa que te sane espiritualmente. Sabes que representa voltear, darle la espalda al mundo y darle la espalda al pecado, y poner tus prioridades con un nuevo orden. Y no queremos hacer eso; la sociedad no quiere hacer eso. Y por eso, de la misma manera, los líderes religiosos prefieren confrontar a Pedro aquí y decir: "¿Por qué haces esto?".
Jesús tiene el poder para perdonar
Y dice en el versículo 9… perdón, en el versículo 10: "Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis…". Número dos: Pedro dice que el poder de Jesús es un poder para perdonar. Por eso es que está sacando el tema de su culpabilidad; por eso es que quiere que ellos vean que son culpables delante de Dios. Porque Dios… a ver: Jesús, Jesús, a quien ellos crucificaron, y ellos son culpables de eso. Pero, dice Pedro, Dios lo resucitó. Lo cual significa que Dios está avalando el mensaje de Jesús, y el mensaje de Jesús era: "Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida; nadie viene al Padre si no es por mí".
Si Jesús está vivo, entonces lo que Él dijo es cierto. Y si ustedes son culpables de haber matado al Hijo de Dios, el cual ahora está vivo, entonces ustedes tienen también la oportunidad de arrepentirse y ser perdonados por Aquel a quien ustedes crucificaron. Y por eso es que dice en el versículo 12: "Y en ningún otro hay salvación". Porque Pedro quiere que sepan que ellos pueden encontrar salvación a través de Jesús. Pero sigue agregando a su culpabilidad, porque les dice: "Este Jesús es la piedra reprobada por vosotros los edificadores, la cual ha venido a ser cabeza del ángulo".
El nombre de Jesús
Quiero enseñarles una cosa más, que es el nombre de Jesús. Es el poder de Jesús el que está siendo proclamado, y es el nombre de Jesús. ¿Cuáles son las implicaciones del nombre de Jesús? Ahora, acuérdense: ¿cuál fue la pregunta que los líderes religiosos le hicieron a Pedro? "¿En qué nombre haces lo que haces?". Y Pedro les dice: "Déjenme decirles en qué nombre: es el nombre de Aquel a quien Dios mismo resucitó de los muertos. Y ustedes se saben… ustedes, líderes religiosos, se saben un salmo, que es el Salmo 118". Es muy común; Jesús citó este salmo. Vamos a verlo en un momento, y yo quiero que lo vean conmigo, porque nos muestra algo muy importante acerca del mensaje del nombre de Jesús.
El salmo dice: "La piedra que desecharon los edificadores ha venido a ser cabeza del ángulo. De parte de Jehová es esto, y es cosa maravillosa a nuestros ojos. Este es el día que hizo Jehová; nos gozaremos y alegraremos en él. Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego; te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en el nombre de Jehová; desde la casa de Jehová os bendecimos. Jehová es Dios, y nos ha dado luz; atad víctimas con cuerdas a los cuernos del altar. Mi Dios eres Tú, y te alabaré; Dios mío, te exaltaré. Alabad a Jehová, porque Él es bueno; porque para siempre es su misericordia".
Ese es el contexto del Salmo 118 y de lo que está citando Pedro. ¿Se dan cuenta de cómo todavía habla más acerca del Mesías, más acerca de Jesús? Y Pedro sabe que ellos conocen su Antiguo Testamento. Los escribas eran los eruditos de la ley de esa época; ellos conocían bien todo lo que decía. Entonces, cuando Pedro cita un pasaje del Antiguo Testamento: "Ah, sí, claro, lo hemos escuchado muchas veces". Pero dice: "Yo les estoy dando la aplicación de ese pasaje: Jesús es el único en el que hay salvación".
Jesús es Dios
La implicación primera y más importante que tiene que ver aquí es: Jesús es Dios. Eso dice este pasaje. Y si no me creen, vean lo que dice el versículo 21 del Salmo 118, que no leímos hace un momento. El versículo 21 dice: "Te alabaré porque me has oído, y me fuiste por salvación". O sea, ¿de quién está hablando el salmista? De Dios. O sea, Dios es su salvación. Y a lo largo de todo el Antiguo Testamento, Dios es la salvación de su pueblo.
Vean lo que dice Isaías 43:11: "Yo, yo soy el Señor, y fuera de mí no hay Salvador". Salvador fuera de mí… "Yo soy el Señor, y fuera de mí no hay Salvador". Isaías 45:21: "Declaren y presenten su caso; sí, que deliberen juntos. ¿Quién ha anunciado esto desde la antigüedad y lo ha declarado desde entonces? ¿No soy yo, el Señor? No hay más Dios que yo, un Dios justo y Salvador; no hay ninguno fuera de mí".
A ver, ahí les va; piensen, piensen en las implicaciones. ¿Qué dice el versículo 12? Dice Pedro: "En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". Junten todo esto. O sea, junten el Salmo 118, junten los pasajes de Isaías, ¿y cuál es la conclusión? El nombre de Jesús es el mismo nombre de Dios, porque es el único nombre que salva. Esa es la primera implicación de todo esto. Este Jesús resucitó de los muertos, y si resucitó de los muertos, Él es quien dijo que era. ¿Quién dijo que era? Es la pregunta más… ¿Quién dijo Jesús que era?
Pedro va a retomar esto; Jesús citó este versículo, Mateo 21, versículos 40 al 46. No lo vamos a leer, pero quiero que vean lo que dice Pedro en 1 Pedro, 6 al 8: "Pues esto se encuentra en la Escritura: He aquí, pongo en Sion una piedra escogida, una preciosa piedra angular, y el que crea en Él no será avergonzado. Este precioso valor es, pues, para vosotros los que creéis, pero para los que no creen, la piedra que desecharon los constructores, esa en piedra angular se ha convertido, y piedra de tropiezo y roca de escándalo; pues ellos tropiezan porque son desobedientes a la palabra, y para ello estaban también destinados". Dice Pedro: "¿Querían saber en qué nombre hice lo que hice? Ese es el nombre. Y quiero que conozcan ese nombre; escúchenlo bien, porque si ustedes van a ser salvos, será solamente a través de Él".
El reto del pluralismo
Vivimos en una sociedad que cada vez… Miren, el reto que tenemos más grande cada vez como cristianos es el reto del pluralismo, del relativismo, en relación a tu creencia acerca de Dios. Ese es el reto más grande que vamos a estar enfrentando. ¿Por qué? Porque decimos: "Es que yo soy cristiano". Y cuando le dices eso a alguien, te dice: "Ah, muy bien por ti. Me da gusto, veo que te ha funcionado", ¿no? O sea, es como una cosa pragmática, la religión: lo que te funcione, eso hazlo. O sea, cree en lo que te funciona a ti. "A mí no me funciona eso del cristianismo; a mí no me funciona. A mí me funciona más eso de atraer las energías positivas del universo, pensando positivamente y diciendo cosas bonitas todo el tiempo, ¿no?: yo soy un campeón, yo puedo". Y la gente dice: "Eso me funciona a mí; esa es mi religión".
Porque estamos viendo… o sea, ese es el problema: en nuestra sociedad estamos viendo la religión desde un punto de vista pragmático. Y lo que quisieran es que dijéramos… Bueno, miren, voy a hacer una diferenciación aquí. Nosotros, como cristianos, creemos en la tolerancia religiosa, que quiere decir que cada quien tiene derecho a creer lo que quiera y a profesar lo que quiera. Eso lo creemos y lo promovemos, ¿no? Como cristianos, nunca diríamos que el gobierno diga, como pasó en el tiempo de Constantino: "Todos cristianos; es la religión oficial, y el que no quiera ser cristiano, lo matamos". No, nunca vamos a decir eso, porque esa no es la manera en que funciona el evangelio. Es la transformación del corazón, y eso no se hace con leyes ni con gobiernos.
Entonces, creemos en la tolerancia religiosa: todos pueden creer lo que quieran. Pero eso no es lo mismo que decir que todas las religiones son igualmente verdaderas. O sea, la realidad de la variedad que existe en nuestro país y en todo el mundo de religiones no significa que todos estén en la verdad, y "está bien, porque así es". O sea, alguien está equivocado; tiene que ser. Si a ti te dicen: "No, no, no, pero es que no digas eso; o sea, tú tienes que aceptar que lo que yo creo es igualmente válido que lo que tú crees"… O sea, la gente va a querer hacernos decir eso, pero tenemos que decir: "Perdóname, pero no puedo decir eso. Porque si yo dijera eso, ya no sería cristiano; ya estoy creyendo en otro Dios. Porque el Dios en el que yo creo dijo que Él es el único camino".
Si yo creo Hechos 4, no puedo decir: "Todas las religiones son igualmente válidas; todas las religiones llevan a Dios". No puedo, porque Dios no está diciendo eso. Dios está diciendo: "No hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". Si tú quieres llegar a Dios, tienes que llegar a Dios a través de Jesús. ¿Por qué? Porque nadie más en la historia de todas las religiones dijo lo que Jesús dijo. Nadie dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". "Yo soy la puerta", "Yo soy la vid", "Yo soy la resurrección y la vida": nadie dijo eso. Nadie dijo: "Yo soy el Hijo de Dios". Nadie dijo: "Yo perdono sus pecados". Nadie cumplió las profecías del Antiguo Testamento. Nadie resucitó de los muertos.
Jesús tiene una serie de características que lo ponen aparte de todos los demás líderes de todas las demás religiones, que hacen que para nosotros sea imposible decir: "Buda es igual a Jesús", o "Mahoma es igual a Jesús", o "José Smith es igual a Jesús". No podemos decirlo. Hay algo especial acerca de Él. Cuando tú lo ves, y cuando tú lo contemplas, y cuando tú lo entiendes, tu vida es completamente transformada, y no puedes aceptar ninguna otra verdad. Alguien está mal; alguien está creyendo una mentira. Esa es la verdad. Que Dios nos dé sabiduría para saber cómo enfrentar la moda del pluralismo de nuestra sociedad, la moda del relativismo de nuestra sociedad.
Un Salvador universal y único
Jesús es universal. No es tribal, no es de una sola región, no es de una sola cultura, no es de una sola etnia. Ya lo leímos en el mensaje de Pedro anteriormente: ¿quién es? El autor de la vida. "Ustedes mataron al autor de la vida". ¿De cuál vida? De toda la vida. Todas las personas que han vivido, que han estado sobre esta tierra, han tenido vida gracias a Jesús. Pedro dijo: Él es el autor de la vida, universal. Su señorío sobre todas las cosas es universal. El problema que nosotros tenemos con Dios es universal, y única es la solución que Dios ha provisto.
Quiero que noten; aquí está la conexión. Pedro fue de hablar de este hombre siendo sanado a declarar salvación por medio de Jesús. Esta palabra en el versículo 9, "de qué manera este hombre haya sido sanado", ¿saben qué palabra es? Es la misma palabra de "salvado": "de qué manera este hombre ha sido salvado". No lo ven muy claro aquí en español, pero en el griego es la misma; la palabra en el versículo 12 es otra forma de la misma palabra. Pedro tiene en mente que la mayor necesidad que existe en nosotros es la salvación que viene a través de Jesús. La necesidad de ser reconciliados con Dios es una necesidad espiritual.
¿Por qué creerías en Jesús?
La pregunta que quiero nada más dejar con ustedes, con respecto a este pasaje, es: ¿por qué creerías en Jesús? ¿Porque funciona para ti? ¿Por eso? ¿Porque te ayuda a vivir mejor con tu familia o con tus compañeros de trabajo? ¿Por qué creerías en Jesús? ¿Cuál sería la razón por la cual pondrías toda tu vida sobre Él? ¿Cuál sería la razón por la cual un personaje que es una realidad histórica tendría algo que ver contigo hoy?
Pedro lo declaró así. Dijo: "Él es Aquel que nosotros vimos con nuestros ojos; somos testigos de lo que pasó con Él. Pero no se quedó ahí: Él ahora vive, y ahora es la razón de nuestra existencia". Y esa es la realidad espiritual objetiva de la verdad y de nuestra realidad: tú y yo tenemos un problema con Dios, y el único mediador entre Dios y los hombres es Jesús. Y esa es la razón por la cual acudimos a Él, para encontrar la paz con Dios, y para entender que no se trata nada más del presente, sino que se trata de toda la eternidad, y del plan que Dios tiene de redimir todas las cosas para sí mismo a través de su Hijo Jesús. Yo quiero ser parte de eso. Yo quiero formar parte del pueblo de Dios, del reino de Dios, y gozarme en mi Creador por el resto de la eternidad.
Oración
Gracias, Padre, por este tiempo juntos y por la bendición de meditar en tu Palabra. Te pedimos que sigas guiando este estudio en el libro de Hechos, para que podamos seguir conociéndote mejor, viéndote de la manera en que Tú quieres que te veamos. Padre, encomendamos a ti nuestra iglesia y nuestras vidas, para dar testimonio con valor, como Pedro lo hizo, de la realidad, de la convicción y de la fe que hay en nuestros corazones: Jesús es el único nombre dado a los hombres en el cual podemos ser salvos. En tu nombre oramos, amén.
Escúchanos
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