Hechos 3:1-10HechosNathan Díaz
Sanidad en la puerta la Hermosa
¿Siguen existiendo los milagros de sanidad hoy? A partir de Hechos 3:1-10, donde Pedro le dice al cojo de la puerta la Hermosa “no tengo plata ni oro”, el sermón examina para qué servían las señales en la primera iglesia: validar a los apóstoles y apuntar a la fe en el nombre de Jesús, el único que sana nuestra cojera espiritual.
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Transcripción
Un poquito del cielo en la tierra
Hemos estado viendo Hechos 1 y Hechos 2. Terminamos con Hechos 2 la semana pasada, y estábamos viendo la iglesia ideal, cómo se ve, en estos últimos versículos del capítulo 2, en donde vemos diferentes características de la iglesia. Pero hicimos énfasis especialmente en el tema de la unidad, de la comunión que existía en la primera iglesia. Y creo que está diseñada esa narración de parte de Lucas para hacernos ver el propósito de la iglesia, que es experimentar algo, un poquito, un poquito, de lo que es el cielo aquí en la tierra. O sea, esta unidad que existe en esta nueva familia de fe, el sentir que existe cuando todos tenemos las mismas convicciones acerca de Cristo Jesús. La unidad que eso hace en nosotros va más allá de los lazos familiares, lazos sanguíneos, o a lo mejor laborales, que pueden existir con diferentes personas. Hay una unidad más profunda, más significativa, dentro de la iglesia.
Y el propósito que Dios tiene —esto es muy importante—, el propósito que Dios tiene para la iglesia es que ninguno de nosotros —quiere Dios— crezca solo. Dios no quiere que tú digas: "Pues yo puedo estudiar mi Biblia en mi casa, y yo estudio solito, yo…". Y no digo que no debas de estudiar solo y no debas de estudiar en tu casa; debes de hacer eso. Pero no puedes solo hacer eso. No puedes nada más estudiar solo; no puedes nada más decir: "Yo y mi Biblia, yo y Dios". Dios quiere que cada uno de nosotros, como cristianos, formemos parte de un cuerpo, y ese cuerpo se llama la iglesia. Y ese es el diseño de Dios.
Entonces, si no puedes convivir con tus hermanos y hermanas ahorita, tienes un problema. Algo está mal en tu manera de verlos o de relacionarte con ellos. Si vas a estar junto con ellos en la eternidad, ¿cómo puedes decir "no puedo estar con ellos ahorita"? Y esa es la realidad. Creo que es muy importante que veamos en el capítulo 2, en donde vemos cómo es que se veía esta comunidad de cristianos y el impacto que esto tuvo. ¿Se acuerdan? Dice que la gente estaba impactada por lo que veía. Ellos tenían el favor con todo el pueblo, porque el pueblo veía que había algo diferente en ellos. Bueno, "el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos".
Subiendo al templo a la hora novena
Ahora vamos a ver el capítulo 3, y es esta pequeña historia de algo que sucede aquí en los primeros 10 versículos. "Pedro y Juan subían al templo a la hora novena, la de la oración". Ahora, Pedro y Juan van… evidentemente se acostumbran no a ir solos, sino ir por lo menos en parejas, como Jesús hizo también: los enviaba de dos en dos. Y los primeros cristianos no tenían una división tan tajante con el judaísmo todavía. Los primeros cristianos seguían yendo al templo, seguían participando de las tradiciones de la comunidad judía, porque eran judíos.
Y entonces iban al templo al tiempo de las oraciones. Había dos momentos de oraciones que practicaban los judíos: uno era a las 9 de la mañana y otro era a las 3 de la tarde. Esta, la hora novena, hubiera sido las 3 de la tarde, que también era la hora de los sacrificios; era cuando más gente se habría juntado en el templo. Entonces van, Pedro y Juan suben al templo, "y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna a los que entraban en el templo".
Un hombre cojo de nacimiento
Entonces, aquí está este hombre que gran parte de su vida, si no es que toda su vida, ha estado cojo; no ha podido caminar, y requiere de ayuda para llegar al templo. O sea, lo llevan todos los días sus familiares, amigos, no sé, alguien; van, lo cargan todos los días, y ahí lo ponen en esta puerta del templo. Lo cual es estratégico, un poco, porque la gente como que ya va con este sentido de religiosidad, ¿no? O sea, van pensando: "Ay, voy, voy a ver a Dios". Y ya van listos, porque la parte de las ofrendas era, pues, una tradición fuerte, arraigada en el judaísmo: de dar ofrendas, de ayudar… bueno, de ofrendar en la iglesia y de ayudar a otros, de ofrendar a otros, para gente en necesidad.
Entonces la gente ya va con esta disposición. ¿Se acuerdan? Vimos algo de esto en Mateo 6, cuando vimos cómo ofrendar. Jesús toca este tema específicamente, porque los judíos ofrendaban. Y entonces, si la gente ya va lista para dar dinero, pues "mejor me pongo ahí, en ese momento y en el lugar donde la gente está lista para dar dinero". Probablemente no le iba tan mal a este hombre. Y él ve a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, y, como a cualquier otro, "les rogaba que le diesen limosna". Entonces, ahí está. No sé si tenía un platito o qué tendría, pero de alguna manera les pide que le den limosna.
Míranos
Ahora, aquí es donde se pone interesante la historia. "Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos". Ahora, esto es lo primero que sucede aquí, en esta interacción entre el cojo y Pedro y Juan. Si tú pasas a alguien en la calle que está pidiendo dinero, y no quieres darle dinero, lo último que haces es verlo. Tratas de hacer de cuenta como que estás viendo ahí el edificio que está a un lado, o alguna otra cosa, pero algo que no te obligue a hacer contacto visual con la persona. Y aun cuando quieras darle dinero, por lo regular es muy, muy breve el contacto. O sea, le echaban el dinero, probablemente, y se seguían. Entonces, este hombre, a lo último que estaba acostumbrado era a hacer contacto visual con la gente.
Y es la verdad. O sea, con extraños, en general, creo que este principio es así. Cuando estás con gente extraña, ¿no es raro si de pronto te paras enfrente de ellos y los ves a los ojos? Se van a sentir incómodos. ¿Por qué? Porque evidentemente hay algo acerca de ver a la gente a los ojos que tiene un grado de familiaridad, un grado de cercanía, de "somos amigos", o por lo menos "hay una relación aquí". Y Lucas se toma el tiempo para escribir esta escena de tal manera que veamos que tanto Pedro como Juan tenían la intención de interactuar con este hombre cojo, de darle la importancia como ser humano que se merecía, porque no estaba acostumbrado a que la gente lo tratara como ser humano.
Y creo que sabemos cómo es esto. O sea, sabemos: muchas veces, cuando hay alguien que tiene algún problema físico, o alguna cuestión, a lo mejor algo desfigurado en su cara, o algo que es muy obvio, tratas de no hacer mucho contacto visual. Uno, porque no quieres que se sienta incómodo, como que estás resaltando la situación que tiene de desventaja. Pero, pero, pero también es incómodo para mí, o para cualquiera de ustedes, creo, este tipo de situaciones, porque de alguna manera creamos estas divisiones entre nosotros y ellos. O sea, si yo paso por alguien que está en la calle pidiendo dinero: "Pues ese es él, pero este soy yo. O sea, yo no estoy en esa situación. No sé cómo llegó ahí, pero, pobre". Pero creamos una barrera; o sea, creamos una distinción muy clara entre nosotros, y nuestros círculos, y nuestro estilo de vida, y otro tipo de gente y otro tipo de estilo de vida, que creo que desde esa época era muy común que se diera así. Pedro y Juan quieren, muy intencionalmente, desaparecer esa barrera. Lo ven a los ojos. Esa es una escena que estoy tratando de imaginarme cuando la estoy leyendo: "Míranos".
Ahora, por supuesto que para él esto es muy significativo, porque nadie se detendría a tomar el tiempo para decirle "veme a los ojos" si no estuviera dispuesto a ayudarle. Cuando estás en el carro y viene el que limpia los parabrisas, ¿cuándo se acercan? Cuando ven interés en ti, especialmente, ¿no? A veces, aunque no muestres interés, se acercan, pero muchas veces, si tú haces cualquier clase de seña, dicen: "Ah, este quiere, este quiere darme dinero". Entonces, por lo regular, también tratamos de evitar contacto visual, ¿no?
Pero este hombre, el limosnero… dice el versículo 5: "Entonces él les estuvo atento, esperando de ellos recibir algo". Dice: "A lo mejor estos han estado ahorrando sus ofrendas todo el mes, y este es el momento que quieren darla, ¿no? ¿Por qué me ponen tanta atención, más de lo normal?". Lo primero que le viene a la mente es: "Me van a dar una buena limosna; ya va a ser un buen día para mí".
No tengo plata ni oro
Y aquí empieza, en realidad, la historia, porque vean lo que contesta Pedro; muchos de ustedes ya conocen esta historia. "Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro". Ya me imagino la cara del pobre cojo: eso, eso es lo único que esperaba. Siempre que leo este pasaje, me imagino a Pedro cantando esto: "No tengo oro, ni tengo plata…". No sé si de aquí sacaron la canción de las piñatas.
Pero sí creo que esta puerta era magnífica; por eso le llamaban la puerta la Hermosa. Aquí hay una conexión importante que creo que debemos de hacer. Es en este lugar de opulencia… Muchos creen que esta puerta, que es del segundo templo, construido por Herodes… muchos eruditos creen que es la puerta de Nicanor, tan grande que se necesitaban 20 hombres para cerrarla. Eso es lo que narra Josefo acerca de esta puerta, hecha de bronce de Corinto. Y esta era la puerta, o esta era el área, que separaba la corte de los gentiles y la de los judíos en el área del templo. Y está cubierta de oro y de plata.
Entonces, ahí está un poquito esta ironía: que precisamente en medio de la opulencia del templo, con grandes lujos, está este hombre completamente pobre, limosnero. Y es este contraste entre el lugar donde está y la situación en la que él está. Y Pedro le dice: "Esto no es lo que yo te puedo ofrecer. Lo que este templo es no es lo que yo te puedo ofrecer. Porque este templo es magnífico, es increíblemente lujoso, está recubierto de estos materiales, oro y plata; pero eso no es lo que yo tengo para dar". ¿Qué es lo que sí tiene para dar? Le dice: "Lo que tengo… pero lo que tengo te doy: en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda". Ahora, esto es mucho más de lo que este hombre esperaba recibir.
Se le afirmaron los pies y los tobillos
"Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y los tobillos". Ahora, creo que Lucas, como médico, tiene un sentido claro de cuál era su problema y qué es lo que pasó. Me lo imagino a Lucas entrevistando a este hombre después, buscándolo, investigando estas situaciones —porque eso es lo que dice Lucas que hizo—, y preguntándole: "¿Cómo fue exactamente? Explícame este encuentro que tuviste con Pedro, ¿cómo se dio?". Y este hombre diciendo: "Bueno, ahí estaba yo, y yo pensé que me iban a dar dinero cuando me pusieron tanta atención. Pero me dijo Pedro: 'No, no tengo oro ni plata, pero lo que tengo te lo doy: levántate y anda, en el nombre de Jesús'. Y en ese momento sentí cómo mis tobillos se fortalecieron", y lo que nunca había sentido antes, o lo que tenía mucho tiempo que no sentía.
Sabemos, por el capítulo 4, versículo 22, que este hombre tenía más de 40 años de edad. No sé si 40 años de no poder caminar, pero tenía más de 40 años. Y me lo imagino a él explicándole esta historia a Lucas, contándole cómo es que sucedió. Y quiero que nos detengamos aquí, en esta parte, un momento, porque creo que hay un mensaje muy importante que Lucas está tratando de comunicarnos.
Por qué Lucas registra este evento
Este es un evento importante que Lucas decide registrar. ¿Se acuerdan de que Lucas ya nos había dicho que los apóstoles hacían muchas señales y prodigios? Eso es en el versículo 43 del capítulo 2. Ahora Lucas va a escoger decirnos cuáles fueron algunas de estas señales y prodigios. Y aquí, en el capítulo 1… es significativo esto. No sabemos qué tanto tiempo después de Pentecostés fue esto, pero no creo que haya sido mucho tiempo después. Esto es importante porque este evento lleva a lo que vamos a ver en un momento, que es otro sermón de parte de Pedro. Pero, además, este evento desencadena también la persecución de la iglesia. Esto empieza a poner a los primeros cristianos en el radar de los líderes judíos, en donde nuevamente se sienten amenazados, y vamos a ver la persecución que se desata a causa de esto, y viene en el capítulo 4, que vamos a estar viendo pronto.
Entonces Lucas escoge contarnos esta historia, pero creo que también ve varios aspectos aquí que cree que son importantes. Y creo que uno de ellos es: la primera iglesia no tenía, ni necesitaba, recursos materiales. Esa no era la base sobre la cual la primera iglesia funcionaba. Es más, vemos que la gente, en vez de acumular más, se deshacía de cosas, porque tenía un sentido de que las necesidades del cuerpo de Cristo eran más importantes que tener posesiones materiales.
Tomás de Aquino y el papa
Estaba leyendo una historia de Tomás de Aquino. ¿Han escuchado de Tomás de Aquino? Se narra que Tomás de Aquino fue invitado a una reunión con el papa Inocente II, papa de la Iglesia católica. Inocente II se reúne con Tomás de Aquino. Inocente… bueno, no sé si era inocente, pero así se llamaba. Y llega Tomás de Aquino, y ahí está el papa contando montañas de dinero; está en un cuarto lleno de dinero, cerros y cerros. Y le dice el papa Inocente a Tomás de Aquino: "Supongo que la iglesia ya no tiene que decir lo que dijo Pedro: 'No tengo oro ni plata'". Y Tomás de Aquino, muy hábilmente, le contestó: "Supongo que la iglesia ya no dice: 'Levántate y anda'". Hacía ese contraste entre estas dos realidades: ¿qué es más importante? La Iglesia católica sentía que estaba bien, porque "ahora ya tengo oro y plata; Pedro, pobrecito, no le tocó esta parte, pero a nosotros sí".
Es más, mi papá fue al Vaticano —no por las razones por las que muchos van—, pero él lo visitó. Y realmente, si tú visitas esta zona… y pueden ver, por supuesto, fotos; han visto, estoy seguro, la catedral de San Pedro y todo esto que está ahí, del nivel de riqueza que existe en realidad dentro de la Iglesia católica. Efectivamente, ya no pueden decir esto; ya no pueden decir lo que decía Pedro: "No tengo oro ni plata". O sea, no habría credibilidad para la Iglesia católica, en realidad, en relación a la situación del primer papa, que, de ellos, dicen fue Pedro. Muy, muy diferente a lo que vemos hoy en día.
La validación del ministerio apostólico
Pero algo importante está sucediendo aquí: está la validación. Esto es la validación del ministerio apostólico, de la predicación apostólica de estos hombres. O sea, Pedro, de alguna manera, a través de este milagro, va a validar el hecho de que, efectivamente, sí: él sigue, y está aprobado, es el enviado de Jesús para continuar el ministerio que Él empezó. Entonces, haciendo estas señales y estos milagros es una de las maneras en las cuales se va a validar el ministerio apostólico, tanto de Pedro como de Juan, como de otros que vamos a ver —también Pablo— a lo largo del libro de Hechos.
No necesitamos más recursos
Entonces, quiero decir esto nada más para darles a ustedes ánimo en relación a este tema. Porque muchas veces nosotros nos sentimos, como iglesia, como que lo que necesitamos es más ofrendas, o lo que necesitamos es más dinero como iglesia, o poder hacer más cosas. Y sentimos que ahí está la necesidad: de tener más recursos. "Si tuviéramos más recursos, podríamos hacer una conferencia, y rentar el Auditorio Nacional, y traer al predicador que quisiéramos, y podríamos traer al grupo que quisiéramos, que jalaría muchísima gente". Y entonces empezamos a sentir, porque otros ministerios así lo hacen, y como otros ministerios sí tienen muchos recursos, empezamos a sentir la presión de que, si nosotros no tenemos recursos, entonces, ¿qué vamos a hacer? "Necesitamos más dinero, necesitamos pensar en grande, necesitamos pensar cómo Dios nos quiere bendecir aún más como iglesia, con más dinero".
Y lees esta historia y te das cuenta de que eso es lo último que necesitamos. Dios puede usar —por supuesto, usa, y ha usado a lo largo de la historia— el recurso y el dinero de la gente para hacer cosas, pero de eso no se trata. Para obedecer a Dios, para ser fieles al llamado que Dios nos ha dado, que es lo que leímos en Hechos 1:8, ya tenemos lo que necesitamos. El Espíritu de Dios está con nosotros; el mensaje que proclamamos ya lo tenemos. No necesitamos más.
Y eso es ánimo para ustedes, porque muchos de ustedes… algunos tienen más dinero que otros; otros son más pobres, otros tienen más dinero. Y a lo mejor los que son más pobres dicen: "¿Yo cómo voy a ayudar? ¿Yo qué voy a aportar a la iglesia?". Tienes todo lo que necesitas. No necesitas tener un mejor trabajo, no necesitas tener mejor carro, más dinero, para que Dios te use dentro de la iglesia. Tienes al Espíritu Santo de Dios, el mensaje del evangelio, que has entendido y creído en tu corazón, y eso hará la obra más grande en tu vida para impactar a otros.
Continuismo y cesacionismo
Ahora, quiero decir algo en relación a este milagro que creo que es importante. Esto saca un debate —y esto va a seguir saliendo a lo largo del libro de Hechos—, saca un debate muy común, muy antiguo, que es el debate del continuismo y el cesacionismo, que tiene que ver con los dones espirituales: ¿siguen o no? Esto que pasó aquí, ¿puede suceder nuevamente, sí o no? Les voy a decir algo: yo creo que sí puede suceder nuevamente. Por eso me considero, en gran parte, como un continuista. Pero también tengo que decir otra cosa, que es: no creo que sea muy común. Creo que sí tenía y cumplía un propósito muy específico dentro de este tiempo y dentro de este periodo, especialmente dentro del primer periodo de la iglesia. Y creo que, efectivamente, en los apóstoles es donde este tipo de dones habría sido más evidente y más continuo.
O sea, vamos a leer a lo largo del libro de Hechos muchas, muchas cosas así que van a suceder. Creo que en la historia de la iglesia, aunque esto suceda —o sea, si esto hubiera sucedido en la historia de la iglesia o no haya sucedido—, pero de cualquier manera no tendría el mismo tipo de frecuencia ni manifestación como lo tenía en este tiempo.
Ahora, quiero que noten… y les voy a leer un pasaje; aquí está esta referencia, aquí es donde está el debate: 1 Corintios 12:9. Pablo está enlistando dones, y está diciendo que el Espíritu soberanamente obra en cuanto a los dones. Y él dice: "A otro, por fe, el mismo Espíritu; a otro, dones de sanidad por el único Espíritu". Y así está nombrando estos dones. Ahora, la pregunta es: ¿está diciendo dones apostólicos, exclusivos a los apóstoles, o se han dado a otros a lo largo del tiempo, de la historia? No sé. Yo no me siento cómodo diciendo: "No". Y, al mismo tiempo, tampoco digo que sea algo común, ni algo que necesariamente tengamos que estar buscando constantemente hoy en día, porque la manera en que el don de sanidad se ha buscado hoy en día creo que es incorrecta.
Los milagros no son exclusivos del cristianismo
Y algo muy importante, que es lo que sigue, que vamos a ver, es que los milagros no son exclusivos del cristianismo. Escúchenme bien. Entonces, algo está pasando aquí diferente a lo que normalmente hoy en día hemos estado viendo que es el don de sanidad. Porque hoy en día el don de sanidad es un hombre diciendo: "Ah, yo tengo el don de sanidad, así que vamos a hacer un evento de sanidad, una campaña de sanidad. A ver, vengan todos los que están enfermos, para que sean sanados". Entonces ahí van, y pasan al frente, en lo que alguien está tocando una musiquita en el fondo, y supuestamente lo sanan.
Ahora, no todas esas son sanidades reales; creo que hay algo de fraude ahí a veces. Pero, aunque sí fueran reales, recuerden que Jesús dijo en Mateo 24 que vendrán muchos falsos maestros, y engañarán a los escogidos, aun haciendo señales y prodigios. O sea, Jesús mismo dijo: "Las señales y los prodigios no son exclusivos de mí y de mi círculo de apóstoles, de discípulos, de gente que me sigue; otros también van a hacer cosas increíbles". Entonces, eso tiene que despertar una alerta en nuestras cabezas. ¿Recuerdan el Sermón del Monte, Mateo 7? "Muchos dirán en aquel día: Señor, Señor, en tu nombre echamos fuera demonios, hicimos muchos milagros". Y Jesús les dice: "Jamás los conocí".
Así que no nos dejemos llevar tan fácilmente por las modas o los movimientos que surgen, donde esto es el centro; dicen: "El centro de nuestro ministerio es la sanidad". Porque, como vamos a ver en dos domingos —pero se los adelanto ahorita—, el centro del ministerio de Pedro no era la sanidad, ni el de Pablo, ni el de Juan. Ninguno de los apóstoles… era el centro de su ministerio sanar gente; no lo fue. ¿Cuál fue el centro de su ministerio? La predicación de la Palabra. Porque vamos a ver en un momento que a eso lleva esto: este milagro lleva a la predicación de la Palabra.
Un milagro que apunta a Jesús
Aquí hay una conexión muy importante que tenemos que hacer, porque ese era el propósito por el cual este hombre fue sanado. En otras palabras, lo increíble y lo poderoso de este milagro era algo que estaba apuntando, apuntando hacia la verdad de que Jesús estaba vivo, y que Jesús era quien Pedro iba a decir que era. Van a verlo más adelante; vamos a seguir leyendo este capítulo en nuestro estudio, en donde lo llama el que ha sido el siervo del Señor, el que ha sido glorificado por Dios, el Santo, el Justo, el Autor de la vida, el que Dios levantó de los muertos. Este milagro apunta hacia eso: hacia hacer que la gente crea que Jesús realmente es todo lo que Pedro dice que es.
Entonces, fe en su nombre: es el propósito de este milagro.
Fe en su nombre y fe por Él
Ahora, hay varias cosas que quiero señalar que se me hacen muy, muy interesantes sobre este milagro. Están en el versículo 16; vamos a adelantarnos aquí. Esto es parte del sermón, pero habla acerca del milagro: hace Pedro referencia al milagro que sucedió y explica por qué sucedió. Dice, versículo 16: "Y por la fe en su nombre, a este, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por Él ha dado a este esta completa sanidad en presencia de todos vosotros".
Así que creo que Pedro, en esta situación, tiene lo que llamamos el don de fe: fe para creer en algo que Jesús iba a hacer con este hombre. Eso es lo que recibe Pedro. Y en el nombre de Jesús —o sea, en el poder de Jesús y en representación de quién era Jesús— le dice a este hombre: "Levántate y anda". Pero, a ver, hay algo aquí muy importante que quiero que vean. ¿Este hombre tuvo fe? ¿El cojo tuvo fe? No hay nada en el texto que nos diga que este hombre tuvo fe. De hecho, ¿qué es lo que él estaba esperando? Él estaba esperando dinero. Él no tiene idea de qué está pasando aquí; no tiene idea. Él ahí está: "Ah, me van a dar dinero". Y Pedro le dice: "Levántate y anda".
Ahora, ¿qué pasó? ¿Cuál fue la dinámica aquí, que está explicando Pedro en el versículo 16? Dice: "Por la fe en su nombre" —en el nombre de Jesús—, "a este, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre", o sea, el nombre de Jesús, "y la fe que es por Él ha dado a este hombre…". Ahora, hay dos palabras clave aquí, en el versículo 16, que creo que nos muestran la dinámica de lo que sucedió. Pedro nos explica; es como si abre la cortina y dice: "A ver, los voy a llevar por detrás de lo que sucedió aquí, para que vean, detrás del escenario, lo que está haciendo Dios". Uno es fe en: fe en el nombre de Jesús. ¿Qué sucedió? Y la otra cosa que dice es: fe que es por Él. Piénsenlo: fe en y fe por. Esas son las dos dinámicas que explica Pedro que sucedieron en esta ocasión.
¿Cuál es la diferencia entre "en" y "por"? O sea, creo que esto es lo que está pasando: es Jesús. El nombre de Jesús es el nombre que es el centro de todo lo que está sucediendo. Pedro tiene fe; Pedro tiene el don de fe en esta situación, el don de sanidad, para ejercer este milagro. Y entonces, en el momento en que él le dice "levántate y anda", ¿quién le da la fe a este hombre? Jesús. Es por Él, por Jesús, que este hombre tiene fe en Él. Porque ahora Pedro le dijo… o sea, por eso Pedro fue tan específico. Dice: "En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda". O sea: "Yo te voy a decir quién está haciendo lo que voy a hacer".
Y este hombre, de alguna manera, aunque él no lo estaba esperando, algo surge dentro de él, que Jesús mismo da a través de la declaración de Pedro, que provoca este milagro. Es por Jesús y en Jesús que se da la fe en este hombre. Lo cual resulta en que ahora, dice Pedro, este hombre ha sido sanado en presencia de todos vosotros. Dios fue completamente soberano en lo que quería hacer en esta ocasión.
¿Por qué no antes?
Es más, les voy a decir algo que es muy interesante pensarlo. A este hombre, aparentemente, tenía muchos años que lo habían estado poniendo ahí para pedir limosna. Y esta era un área muy común, y leemos en los evangelios que Jesús y sus discípulos pasaron por este lugar muchas veces; ellos habían estado ahí. ¿Ustedes no creen que este hombre en algún momento había escuchado a Jesús mismo hablar? Probablemente sí. Y si no lo había escuchado hablar, ¿creen que había escuchado acerca de Jesús? Probablemente sí. ¿Creen que Pedro había pasado a este hombre antes, en esta puerta? Probablemente sí. Pero no había sido sanado anteriormente, ni por Jesús ni por los apóstoles.
No creo que esta fuera la primera vez que tenían un encuentro con los apóstoles, este hombre. A lo mejor ya le habían dado dinero antes, y esta vez dijeron: "No, pues ahora no traigo". "No, pero algo mucho más poderoso, más impactante, quiere hacer Dios en tu vida". Entonces, hay algo importante aquí que quiero señalar, y es que el propósito por el cual este milagro fue hecho fue para exaltar la fe en el nombre de Jesús, que es el origen y la meta del mensaje de la iglesia.
Y digo origen y meta porque aquí están estas dos cosas: la fe en Jesús es de donde viene todo, que Él mismo nos da; y que otros tengan fe en Jesús es nuestra meta también. O sea, todo viene de tener fe en Jesús, y todo es para que tengan fe en Jesús. Así, así funciona la dinámica de la iglesia. ¿Cuál es nuestra misión? Esa es: fe en su nombre.
Hecho y palabra
Por eso es —y aquí lo marco— tan importante la relación hecho-palabra. Porque se da un suceso, y de ese suceso viene una proclamación. Dicen: "Ahora, déjenme explicarles qué es lo que sucedió". Y todo lo que sucedió tiene que ver con apuntar a la gente hacia Cristo. Sucedió en Pentecostés, capítulo 2; es exactamente lo que sucedió. Algo sobrenatural, milagroso, sucedió: empiezan a hablar en lenguas, hay estas lenguas de fuego sobre sus cabezas, y se oye un viento, y todos estos fenómenos extraños que la gente no estaba acostumbrada a ver, conectados con un mensaje, una predicación. No se quedó ahí. No dijeron: "Ah, qué bonito, hablamos en lenguas, qué experiencia; vámonos a nuestras casas".
Lo cual es la manera en que hoy en día muchas de estas manifestaciones se practican. Escuché inclusive de una iglesia donde esto es lo que dijo el pastor: se paró aquí enfrente y dijo: "Hoy, en vez de predicación, cierren todas sus Biblias; vamos a ver qué quiere hacer el Espíritu". Entonces ya todos cerraron sus Biblias. Ya no sé qué siguió, pero evidentemente ya fueron experiencias que la gente tuvo con sus Biblias cerradas. Es extraño, porque en el patrón que vemos en el Nuevo Testamento nunca pasó así. Siempre estaba conectado: hecho-palabra, hecho-palabra. Algo sucedía; palabra: "Vamos a explicarlo, vamos a abrir nuestras Biblias, vamos a ver qué es lo que dice esto acerca de la persona de Jesús, cómo esto va a apuntar a la gente hacia Jesús". De eso se trataban estos eventos sobrenaturales.
Milagros en inconversos
Y otra cosa que quiero señalar también es que estos milagros que vamos a estar viendo a lo largo del libro se dan, normalmente —creo que casi todos, prácticamente—, en inconversos. O sea, no son cristianos los que se están sanando; es gente no cristiana la que se está sanando. Lo cual es muy interesante. O sea, este hombre no creía antes; en este momento empieza a creer. Pero no es porque era cristiano que se estaban dando señales y prodigios en su vida. Es interesante, si ustedes… vamos a ver otras historias en donde los cristianos se enferman y se mueren. Entonces, creo que no es el propósito principal de estas señales; no estaban enfocadas hacia los que ya creían, estaban enfocadas hacia los que todavía no creían. Y por eso es que los apóstoles nunca desperdician la oportunidad para predicar el evangelio, y eso va a suceder en esta historia también.
Saltando y alabando a Dios
Número tres, vemos lo que sigue, versículo 8: "Y saltando…". Y, por cierto, quiero decirles algo acerca de cuando Pedro lo levanta. Este también es interesante: que Lucas escoge describir esta situación. ¿Que Pedro dijo: "Híjole, a lo mejor no va a funcionar este milagro; entonces mejor le doy una ayudadita"? ¿Cómo piensan ustedes? ¿Por qué describe esta situación en la que él lo levanta y le ayuda a pararse originalmente? Creo —esa es mi percepción— que conectamos esto con el momento en el que Pedro le dice: "Mírame a los ojos", y quiere hacer esta conexión con este hombre, mostrar su interés y su amor por él. Y creo que el hecho de que lo haya levantado no es un acto de incredulidad de parte de Pedro; es un acto de amor. Es: "Yo estoy contigo en lo que Dios está haciendo en tu vida, y me gozo contigo".
Y eso es exactamente lo que sigue. Versículo 8: "Y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios". Es otra escena increíble, de imaginarnos cómo debía haber sido este hombre: por primera vez en mucho tiempo, si no es que por primera vez en su vida, siente lo que es poder estar parado de pie, y poder, de hecho, saltar. O sea, ni siquiera podía caminar antes, pero ahora hasta puede saltar. Y, por supuesto, no desperdicia esta oportunidad. Y el gozo que hay en él por lo que acaba de suceder es incontenible; él empieza a expresarse y empieza a manifestar gozo.
Y no sé, no sé si Juan… a lo mejor Pedro tenía un carácter medio extrovertido, parece ser. Ustedes saben cómo son nuestras personalidades y cómo nos expresamos. Hay algunos que, si están contentos, no lo ocultan, y brincan, y saltan, y gritan, ¿no? Y los que somos un poquito más introvertidos nada más sonreímos: "Ay, qué bonito". Y hasta nos sentimos incómodos, a lo mejor, si la gente se expresa un poquito más de lo que nosotros haríamos. Entonces, no sé cómo se haya visto esta escena. No sé si Pedro también se puso a saltar con él… Y me los imagino así, ¿no es chistoso? No, no me lo puedo imaginar. No sé si fueron los dos saltando juntos, y Juan, un poco más tímido, atrás, así, nada más sonriendo; o si los tres iban felices. ¿Cómo habrá sido esta escena? No sé. Pero el punto es que Lucas se toma el tiempo para explicarnos que este hombre físicamente está lleno de energía ahora, por lo que acaba de suceder.
Las experiencias sí importan
Y yo solo quiero hacerles la pregunta a ustedes: ¿qué es lo que realmente los mueve? ¿La experiencia? Yo lo que quiero que veamos en el libro de Hechos es que las experiencias sí importan. Porque a veces, como cristianos, en nuestra iglesia, que estudiamos la Biblia, a veces le damos tanta importancia a esta parte de la predicación de la Biblia —que es de lo que he venido hablando— que empezamos a minimizar la importancia de las expresiones y de los sentimientos, que también forman parte de la vida cristiana. Y entonces empezamos a decir: "Entre menos sientas, más santo; entre más serio…". "Ah, no, no, no, la Biblia, y vamos a leer…". Y todo lo más serio, lo más triste, lo más serio posible; que podamos hacer todas las cosas como si esto fuera un funeral, más, más cristiana es la iglesia. Y creo que no tendríamos que estar haciendo eso.
Tendríamos que estar diciendo: "A ver, hermanos, ¿de dónde vienen nuestras experiencias?". Esa es la pregunta; no si tienes experiencias. Debes de tenerlas. La pregunta nada más es: ¿de dónde surgen? ¿Están motivadas realmente de una experiencia real con Dios, de un encuentro real con Dios, como fue el de este hombre? ¿Dios hizo este milagro? Sí. ¿Y tuvo una experiencia real este hombre? Sí.
Y hoy en la tarde vamos a tener un servicio de alabanza, de adoración. Y yo sé que para muchos de ustedes este es un tema difícil, porque no saben cuál es la manera correcta de expresar la adoración, y dicen: "Es que, ¿levanto mis manos? No, ¿qué van a decir? Y mejor, mejor así, no más; más serio, más controlado". Y no digo que todos tengan que hacerlo, ni que hay una manera correcta o incorrecta de expresarnos. Simplemente digo que creo que es sano que experimentemos algo en nuestro corazón, en nuestras emociones, cuando estamos hablando, cantando verdades de la Palabra de Dios. Algo tiene que pasar. O sea, en algún momento tienes que sentir gozo, tristeza, gratitud. O sea, hay tantas emociones que deben de estar inundando nuestros corazones constantemente.
Y creo que este hombre es un ejemplo de alguien que está dejando que la gente sepa lo que siente con respecto a la experiencia que ha tenido con Dios. Y tuvimos un servicio de alabanza; ahora estamos teniendo un servicio de predicación. Ahí está: tenemos la experiencia que tenemos con Dios en la mañana, en la Cena del Señor, en cantar estos himnos, en declarar, proclamar estas verdades; y ahora predicamos sobre esas verdades. Y todo eso tiene que ir junto en la experiencia cristiana.
Entonces, piénsenlo. O sea, todos hemos experimentado cosas que nos mueven. Es más, hay cosas que hasta generan adrenalina en nuestro interior, que no nos podemos contener. Todos han experimentado algo así en algún momento. No es todo el tiempo, pero en algún momento experimentan algo así: cuando eras adolescente y dijo que sí quería ser mi novia, y quiero correr, ¿no?, y quiero brincar. Cuando se ganaron la lotería, ¿se acuerdan? Eso no ha pasado aquí, pero si se la ganaran, imagínense: algo, algo, algo tendría que… o sea, no: "Ah, bueno, mañana, mañana celebro". Hay algo que genera una necesidad inmediata de expresar nuestra felicidad. Y eso es algo de lo que creo que está pasando en este hombre: experimenta algo que jamás había experimentado en toda su vida. Ha tenido un encuentro con Jesús.
No todo es alegre todo el tiempo
Y en esto quiero señalarles algo: por muy glorioso que es este evento, increíble lo que acaba de suceder, recuerden que este es el comienzo de la persecución de la iglesia. O sea, las cosas no se mantienen así de felices por mucho tiempo. Entonces, tenemos que tener una perspectiva correcta acerca de estas experiencias dentro de la vida cristiana. No todo es fácil, no todo es divertido, no todo es alegre todo el tiempo. Hoy tuvimos avisos tristes y avisos alegres. Como cristianos, estamos en un camino donde Dios nos está moldeando, nos está santificando a través de diferentes tipos de experiencias. A veces es quebrantamiento, a veces es llorar, a veces es reír, a veces es brincar; a veces es la predicación de la Palabra, a veces es el cantar, a veces es el que me despidan en mi trabajo. O sea, todas estas experiencias forman parte del plan soberano de Dios.
Se llenaron de asombro
Número tres: dice aquí que entran al templo. Y en el versículo 9: "Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido". Eso era un milagro. No era como los milagros que normalmente vemos en la televisión, porque en la televisión tú no sabes quiénes son esas personas; no sabes si son actores, no sabes si de veras estaban enfermos, o si de veras se sanaron. Nada más es algo que pasa. Pero esto sí era algo que era muy claro. Toda la gente que lo vio sabía que este hombre llevaba años y años, toda su vida, ahí sentado sin poder caminar, que lo tenían que cargar. La gente está segura de que aquí ha habido un milagro.
Recuerden: los milagros no solamente suceden en un contexto de la iglesia y del cristianismo. Yo he escuchado gente… el otro día lo estaba viendo en la tele, inclusive: un programa especial acerca de milagros, y muchas otras religiones y muchos grupos que claman que han sucedido milagros. Es más, la Iglesia católica tiene eso como un requisito para beatificar, para ser un santo. Ellos dicen —creo que son dos o tres milagros confirmados—, y entonces puede ser santo. O sea, si tú le pides a… y en este caso creo que era la madre Teresa. Madre Teresa: alguien le oró, le pidió algo, y se hizo supuestamente un milagro; entonces ahora va a ser santa madre Teresa. Sí, ¿no? Sí es así.
Pero aquí pasa otra cosa, que creo que es la cosa más importante del pasaje: ahora Pedro va a aprovechar esta oportunidad. Ya se juntó la gente, la gente está asombrada, pero Pedro no va a dejar pasar la oportunidad. ¿Va a decir: "Ah, sí, a ver, ¿quién más quiere ser sano? De una vez, alíneense todos, todos los que tengan alguna enfermedad, porque ya como que estoy aquí, ya llevo inercia con esto de las sanidades"? No, no, no. Pedro se detiene completamente y dice: "A ver, a ver…". Y eso es el próximo domingo.
Jesús, el verdadero templo
Pero quiero darles unas conclusiones finales acerca de lo que pasó aquí. Creo que esto es la demostración externa de una realidad espiritual interna. Creo que esto es representativo de varias cosas. Uno: Pedro y Juan van al templo. Pero ya les mencioné que van al templo a las 3 de la tarde, que es también la hora de los sacrificios. Yo pienso —esto es una suposición, no lo dice Hechos; yo se lo estoy diciendo de mi imaginación—, yo pienso que ellos ya no estaban participando en los sacrificios. Iban a orar, sí, pero ya no iban a sacrificar, porque ellos entendían que el sacrificio ya había sido hecho. Entonces, les digo, la ruptura entre el judaísmo y el cristianismo todavía no estaba muy clara; eso se va a dar más adelante. Pero ellos sí ya tenían muy claro que había cosas dentro de las tradiciones judías que solo estaban apuntando hacia otra realidad.
Ellos fueron al templo, y en el templo sucedió este milagro. Lo cual nos apunta a que no era el hecho de estar en el templo; era de estar con quien era el verdadero templo de lo que se trataba. No era el hecho de que ellos iban al templo, o que este hombre estaba en el templo, o que se trataba de los rituales judíos del tiempo de la oración, de los sacrificios; eso no era. Era que Jesús era el templo al cual apuntaba ese templo en el que estaban. Y en el año 70 ese templo fue destruido, y nunca ha sido reconstruido. Después de eso no ha existido ese templo, desde entonces, desde el año 70 después de Cristo. Y eso creo que es intencional dentro del plan de Dios, porque Jesús es el verdadero templo.
¿Se acuerdan? Juan 2:20-21: Él se comparó al templo. Dijo: "A ver, tiren este templo, y yo lo reconstruyo en tres días". Y Juan dice: la gente se burlaba un poco de Jesús por decir eso, pero en realidad Él estaba hablando de su propio cuerpo, porque Él era el templo. Él habitó entre nosotros, puso su tienda entre nosotros; Él es el tabernáculo, la presencia de Dios entre el pueblo de Dios. Entonces no era necesario más sacrificios.
Todos somos cojos espiritualmente
Y la segunda cosa que quiero que vean es que este milagro creo que es una analogía del hecho de que el evangelio vino a sanar a las naciones. Este milagro externo, físico, de este hombre representaba una realidad interna. Y la misma Biblia nos da esa analogía. Quiero que vean —no les puse aquí el pasaje, pero es Levítico 21:17—; dice: "Habla a Aarón y dile: Ningún hombre de tu descendencia, por todas sus generaciones, que tenga algún defecto se acercará para ofrecer el alimento de su Dios. Porque ninguno que tenga defecto se acercará: ni ciego, ni cojo, ni uno que tenga el rostro desfigurado, extremidad deformada, ni hombre que tenga pie quebrado o mano quebrada, ni jorobado, ni enano, ni uno que tenga defecto en un ojo, o sarna, o postillas, ni castrado. Ningún hombre de la descendencia del sacerdote Aarón que tenga defecto se acercará para ofrecer las ofrendas encendidas del Señor; porque tiene defecto, no se acercará para ofrecer el alimento de su Dios".
En la Biblia, en el Antiguo Testamento, estos defectos físicos eran símbolos de realidades espirituales. Por eso decía Dios también, en cuanto a los animales, los sacrificios: que no tengan defecto, que no tengan mancha. ¿Por qué? Porque esos defectos físicos eran representativos de la realidad del pecado. La manera en que nosotros no podemos acercarnos a Dios en el Antiguo Testamento está representada simbólicamente por los defectos físicos, donde Dios dice: "Si tienes un defecto físico, no puedes ser sacerdote, no puede servir en la casa de Dios. Si este animal tiene un defecto físico, no puede ser sacrificado". Y la razón era porque Jesús, el Cordero de Dios, el sumo sacerdote perfecto, no tendría pecado, y Él se convertiría en nuestro sacrificio para pagar por nosotros.
Y entonces, o sea, a lo mejor nosotros no estamos cojos, ni ciegos, ni algunas de estas otras cosas que dice aquí, pero la realidad interna sí está ahí. Todos somos cojos espiritualmente. Por eso no podemos acercarnos a Dios, y no podemos hacer sacrificio delante de Dios y que sea aceptado. Tú no puedes salvarte a ti mismo; necesitas a alguien que lo haga por ti. Y cuando Él lo hace, tú eres sanado.
Hay una historia, que es la historia de Mefiboset, que también es una historia de un hombre cojo, que no podía caminar —también la hemos visto antes—, y cómo David lo tomó, y también lo adoptó dentro de su familia, porque era hijo de Jonatán. Y cómo eso también es la representación de una realidad espiritual para nosotros.
El cojo saltará como un ciervo
Pero, más importante, quiero que vean Isaías 35, versículo 3, porque aquí creo que está el verdadero cumplimiento de la era mesiánica, de lo que significa que el Mesías ha venido: "Fortaleced las manos débiles, y afianzad las rodillas vacilantes. Decid a los de corazón tímido: Esforzaos, no temáis. He aquí, vuestro Dios viene con venganza; la retribución vendrá de Dios mismo, mas Él os salvará. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos, y los oídos de los sordos se destaparán. El cojo entonces saltará como un ciervo, y la lengua del mudo gritará de júbilo, porque aguas brotarán en el desierto, y arroyos en el Arabá. La tierra abrasada se convertirá en laguna, y el sequedal en manantiales de aguas; en la guarida de chacales, su lugar de descanso, la hierba se convertirá en cañas y juncos. Ahí habrá una calzada, un camino, y será llamado Camino de Santidad; el inmundo no transitará por él, sino que será para el que ande en ese camino; los necios no vagarán por él".
Versículo 10: "Volverán los rescatados del Señor, entrarán en Sion con gritos de júbilo, con alegría eterna sobre sus cabezas. Gozo y alegría alcanzarán, y huirán la tristeza y el gemido". Este milagro, este hombre cojo, simboliza lo que Jesús vino a hacer por nosotros espiritualmente.
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