Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hechos 1:1-11Hechos

Origen, poder, misión y esperanza de la iglesia

¿Cuál es la misión de la iglesia? Hechos 1:1-11 responde con cuatro claves: su origen en el relato histórico de Lucas, su poder en el Espíritu Santo, su misión de ser testigos hasta lo último de la tierra, y su esperanza en el regreso visible de Jesús. Un mensaje sobre por qué el reino de Cristo se ve hoy principalmente en su iglesia.

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Transcripción

Por qué estudiar Hechos

Muy bien: libro de Hechos. Hay muchas razones para escoger este libro. La principal, en realidad, es porque es un libro único dentro de la Biblia en cuanto a lo que nos muestra acerca de lo que sucedió después de que Jesús resucitó. Es un libro histórico, y nos muestra muchos aspectos tan importantes acerca de cómo se organizó en realidad la iglesia al principio del ministerio de los apóstoles, ya con la comisión que Jesús les había dado de establecer Su iglesia en esta tierra. Y estamos en una etapa como iglesia en la que realmente creo que es ideal estudiar algo así, porque estamos en una etapa en la que estamos tomando muchas decisiones con respecto al rumbo de la iglesia, con respecto a cómo queremos seguir trabajando, los ministerios que queremos seguir teniendo, los discipulados, cómo podemos alcanzar a más personas. Y creo que vale la pena que, a lo largo de este proceso, estemos también estudiando qué es lo que pasó en esta época.

Quiero que vean, cuando estemos estudiando ahorita Hechos, quiero que vean que esto es de donde venimos. O sea, la razón por la que estamos aquí es por todo lo que Dios hizo a través de los apóstoles a lo largo del libro. Esta fue la expansión del Evangelio en todo el mundo conocido, que finalmente llegó hasta aquí, hasta México, y finalmente llegó hasta cada una de nuestras vidas. Y hoy aquí estamos: estamos viendo nuestra propia historia aquí como iglesia. Este es nuestro trasfondo, nuestro origen, casi 2000 años atrás. Pero podemos trazar todo lo que ha sucedido a lo largo de la historia de la iglesia, comenzando, por supuesto, desde los evangelios, pero especialmente la expansión más grande, que se dio a lo largo del libro de Hechos.

Así que vamos a leer los primeros 11 versículos, que son en los que vamos a meditar hoy. Espero que no esté siendo demasiado ambicioso en querer cubrir 11 versículos en un solo mensaje, pero creo que... cuando estuve meditando sobre esto —van a ver por qué los estamos juntando—, se me hizo muy difícil separar los conceptos que hay a lo largo de estos versículos y aislarlos. Creo que van juntos todos, y tiene que ver con estas cuatro cosas que ven aquí: el origen, el poder, la misión y la esperanza de la iglesia. Todas esas cosas están entrelazadas claramente en estos 11 versículos, y es una buena introducción al libro de Hechos; de eso se va a tratar todo el libro. Entonces, lo que vamos a ver hoy nos plantea el panorama para todo lo que viene.

Lectura: Hechos 1:1-11

Dice el versículo 1: "En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante 40 días y hablándoles acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones gentiles... varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo".

Probablemente son algunos de los versículos más conocidos de Hechos los que vamos a ver hoy. Padre, te pedimos Tu bendición sobre este tiempo juntos, y te damos gracias porque sabemos que Tu Palabra es inspirada por el Espíritu Santo para nuestra edificación, para el conocimiento que Tú quieres que tengamos acerca de Ti, y de Tu reino, acerca de Tu voluntad para la iglesia. Así que, Señor, ayúdanos a ver claramente qué es lo que quieres decirnos en este pasaje. En el nombre de Cristo Jesús, amén.

El origen del libro: Lucas

Primeramente vamos a ver el origen de Hechos: ¿de dónde viene el libro de Hechos? Lucas es el autor. El versículo 1 dice: "En el primer tratado"; a lo que se está refiriendo es al Evangelio de Lucas. Lucas escribió un libro de dos volúmenes, de dos partes, Lucas-Hechos, y por lo regular estas dos compilaciones, estos dos libros, se enviaban, y se copiaban, y se leían juntos, porque estaban diseñados para ir juntos. Entonces, un día, si quieren, lean el Evangelio de Lucas, brínquenle a Juan y síganse con Hechos, porque así es como la mayoría de las personas lo habrían leído originalmente.

Y está haciendo referencia a lo que escribió Lucas en el capítulo 1, versículos 1 al 4, en realidad. Pero aquí tenemos la otra introducción; la verdadera introducción a Hechos está en los primeros versículos de Lucas. Dice: "Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas... lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelo, excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido".

Entonces, número uno, tenemos que Lucas es el autor. Y algo de lo que yo no me había dado cuenta, pero me di cuenta estudiando esto: Lucas, de hecho, es el autor que escribió la mayor parte del Nuevo Testamento. Si tú tomas Lucas y Hechos, esa es la sección más grande de un solo autor en el Nuevo Testamento. O sea, Pablo escribió más cartas, pero son muchas muy cortitas, y Lucas es el evangelio más largo de todos, y Hechos es un libro bastante extenso. Si tú tomas esos dos juntos, es la mayor parte del Nuevo Testamento. Entonces, increíble la labor que Dios le dio a un doctor gentil que tenía interés en la historia y en investigar todo lo que había sucedido.

Lucas, el médico amado

Y pasó muchísimo tiempo con el apóstol Pablo; este probablemente es uno de los mejores amigos de Pablo. Leemos en Colosenses capítulo 4, versículo 14, cómo se expresa Pablo de él. Dice: "Lucas, el médico amado, os envía saludos". Así es como se expresa Pablo acerca de él: médico amado. Y eso de que es médico nos da un poquito de su contexto; nos ayuda a ver por qué es que el griego, tanto de Lucas como de Hechos, es uno de los mejores griegos que existen en el Nuevo Testamento. Es decir, Lucas era probablemente, de todos los autores del Nuevo Testamento, uno de los mejor preparados académicamente hablando; tenía muy buena educación, y en el estilo de griego en el que escribe es muy notorio esto.

No solo eso, sino que ayer estaba comentándoles —tenemos la clase de Bibliología en el seminario que tenemos aquí en la iglesia—, estamos hablando acerca de la confiabilidad de la Biblia, y les decía ayer justamente que Lucas es considerado por los historiadores seculares como uno de los historiadores más confiables del mundo antiguo. Más confiable que Suetonio —creo que así es como se dice—, Heródoto, Tácito, Plinio, Josefo: todos estos historiadores del mundo antiguo son considerados inferiores en su confiabilidad y en su exactitud al registrar los hechos.

Porque, a lo largo de la historia, todas las objeciones que se han hecho en contra de lo que Lucas escribió se han comprobado como falsas. Escribía acerca de diferentes gobernadores, acerca de diferentes ciudades, acerca de diferentes costumbres de los judíos, que evidentemente estuvo investigando como gentil para entender cómo funcionaba todo dentro del mundo judío y la religión judía. Y lo describe con tal precisión que cada vez que surge un descubrimiento histórico y arqueológico fuera de lo que escribió Lucas, afirma y soporta todo lo que está aquí. Entonces es extremadamente confiable en su estilo de investigar y describir los hechos. Ojalá los noticieros tuvieran esa clase de credibilidad hoy, ¿no?

Lucas dentro de la historia

También leemos acerca de Lucas como alguien que, dentro de este libro de Hechos —por ejemplo, en el capítulo 16—, nos damos cuenta de que de pronto empieza a narrar todo en primera persona plural, y empieza a decir: "Cuando tuvo la visión, enseguida procuramos ir a Macedonia, persuadidos de que Dios nos había llamado para anunciarles el evangelio". De pronto te das cuenta de que Lucas está ahí con Pablo, y está empezando a narrar todo desde su perspectiva, cosas que él ya experimentó. Muchas de las cosas en Hechos, como vamos a estar viendo, él las investigó y recopiló, y armó toda la historia como la leemos aquí; es género narrativo histórico el que Lucas está escribiendo. Pero de pronto nos encontramos con Lucas sumergido dentro de la historia como uno de los protagonistas.

Y fíjense: era tal la cercanía entre Pablo y Lucas que ya al final del ministerio de Pablo, en su última carta, 2 Timoteo, capítulo 4, versículos 9 al 11, está escribiendo; dice: "Procura venir a verme pronto, pues Demas me ha abandonado, habiendo amado este mundo presente, y se ha ido a Tesalónica; Crescente se fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Solo Lucas está conmigo". Entonces, evidentemente, había una cercanía, y una amistad, y una fidelidad y lealtad de Lucas hacia Pablo en su ministerio, de tratar de apoyarlo.

De tratar, inclusive, a lo largo de este libro, de hacer ver al mundo, especialmente a los romanos —que es lo que vamos a ver en un momento con Teófilo—, que pudieran ver de cerca de qué se trataba realmente el ministerio de Pablo; de poder verificar su llamado como un verdadero apóstol de Jesucristo; decir: "Sí, efectivamente, Pablo está haciendo la labor que le fue encomendada de esparcir el Evangelio". No es una rebelión en contra del Imperio romano esto del Evangelio; no es que los judíos quieren vencer a los romanos para establecer su propio gobierno, sino que se trata de algo más profundo.

Teófilo y la apologética de Lucas

Lucas está sumergido dentro del ministerio de los apóstoles y quiere mostrarle, en este caso a Teófilo, que es a quien se lo dirige, quiere mostrarle, como vemos en el versículo 1: "Hablé acerca de todas estas cosas" en Lucas. ¿De qué habló? De las cosas... para que él conociera bien la verdad de las cosas en las cuales había sido instruido. Aparentemente Teófilo era alguna clase de oficial romano. Lo vemos por el título de "excelentísimo", que Lucas usa en otras partes de Hechos, por ejemplo, para hablar acerca de Félix, de Festo, que eran también oficiales romanos, y usa esa expresión.

Entonces nos da la idea de que era alguien que se cruzó en el camino con Lucas, que había escuchado algo acerca de los cristianos, algunas cosas, pero a lo mejor tenía muchas preguntas: "¿De veras sí resucitó Jesús? ¿De veras sí dijo todas las cosas que dijo? ¿Hizo milagros? Estoy escuchando estos rumores". Tenía preguntas, tenía interés en el cristianismo; se cruza con Lucas, y probablemente Lucas dice: "¿Sabes qué? Voy a hacer una compilación para ti. Voy a hacer una investigación y te la voy a enviar, para que veas de primera mano todos los detalles que puedo recopilar de los testigos que vieron y escucharon a Jesús, y creas en Él, sepas de qué se trata realmente el cristianismo".

Entonces este es un trabajo, en realidad, de apologética el que está haciendo Lucas: de tratar de mostrar todas las evidencias históricas y de testigos acerca de la vida y el ministerio de Jesús. Y le muestra cómo es que Dios está trabajando en el desarrollo de la historia, "para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido". "Quiero que sepas la verdad acerca de este Jesús". ¿Qué cosas? "Todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, hasta el día en que fue recibido arriba".

Lo que Jesús comenzó a hacer y a enseñar

Esto es una referencia ¿a qué? Al Evangelio de Lucas; esto es donde empezó todo. ¿Qué es lo que comenzó a enseñar Jesús? ¿Se acuerdan cuando les preguntó a Sus discípulos: "¿Quién dicen ustedes que soy yo?"? ¿Qué dijo Pedro? "Yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios viviente". Y Jesús le dijo: "Esto no te lo mostró carne y sangre; te lo mostró el Espíritu. Y sobre esta roca" —sobre el concepto de que yo soy el Hijo de Dios— "edificaré mi iglesia". Eso es lo que comenzó a hacer Jesús: a establecer que Él mismo era el centro del mensaje.

Miren, la mayoría de las religiones pueden existir sin su fundador; solo necesitan sus ideas. Tú podrías ser budista aunque Buda no hubiera existido, nada más tomando los conceptos que Buda dijo. O sea, si lo hubiera dicho otra persona, no importa; nada más son las ideas. Buda es irrelevante para el budismo, en el sentido de que él sea central, como persona, a la creencia. Con Jesús no es así, porque con Jesús empezamos con quién es Él, y esa es la base. No lo que Él dijo, principalmente, sino quién era. El hecho de que Él era el Hijo de Dios es lo que crea el fundamento para lo que nosotros creemos como cristianos.

No nada más porque nos gusta lo que Jesús dijo: "Ay, eso de amar a los enemigos, qué bonito; y eso de no robar, y no mentir", y todas las cosas que vimos en el Sermón del Monte, "eso suena bien"; la regla de oro, "haz a otros lo que te gustaría que te hicieran". Y como que adoptar nada más Sus ideas... eso no es el punto. Adoptar las ideas de lo que dijo Jesús no es el punto; es entender quién era Él. Y Lucas quiere mostrarle a Teófilo que se trata de Jesús, de lo que Jesús comenzó a hacer, de cómo es que Él era el fundamento de lo que estaba sucediendo.

El hecho de que Él murió y resucitó se convirtió en el fundamento principal de la fe cristiana, porque eso es lo que lo validó a Él. Sus declaraciones de que Él era Dios fueron validadas por medio de Su resurrección. Y el hecho de que Él murió en la cruz, como también profetizó, se convirtió en el centro del mensaje que los apóstoles predicaron.

Mandamientos por el Espíritu Santo

Entonces, en este caso, en el caso de Lucas hablando acerca de lo que dijo Jesús, le dice acerca de varias cosas que quiere que él vea. Una es que Jesús comenzó a hacer todas estas cosas y a enseñar. 40 días se apareció después de Su resurrección —eso está en Lucas 24—, y pasó 40 días con los discípulos, enseñándoles cosas, hablando con ellos. Y esos 40 días crean una etapa en la que se traslapan Lucas y Hechos.

Primeramente, dice que "después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo", les hablaba. Y no nada más les hablaba, sino que les hablaba a través del Espíritu Santo, usando al Espíritu Santo para convencer a los discípulos de que lo que Él les estaba diciendo era verdad, y además dándoles el poder para creer que lo que les estaba diciendo era verdad. Por ejemplo, Juan 20. En Juan 20 sucedió algo muy interesante, versículos 21 y 22. Aquí está con Sus discípulos, les dice: "Entonces Jesús les dijo otra vez: Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también yo os envío". Ahí está un mandamiento: "Yo los voy a enviar, van a ir, créanlo; no tengan miedo. Me mataron...

"...y así como el Padre me envió a mí, yo los envío a ustedes". ¿Sería fácil aceptar esa comisión de parte de Jesús? ¿Y qué hace? Versículo 22: "Y habiendo dicho esto, sopló, y les dijo: Recibid al Espíritu Santo". Vamos a ver un poquito más acerca de esto, pero el punto es que les está dando mandamientos por el Espíritu Santo. O sea, les dice algo y les da el poder, a través del Espíritu, para creer y obedecer lo que les está diciendo "a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante 40 días y hablándoles acerca del reino de Dios".

Muchas pruebas indubitables

Ahora tenemos: número uno, mandamientos por el Espíritu; número dos tenemos —déjenme buscar la hoja—, Lucas 24, a Jesús apareciéndose físicamente durante 40 días a todos estos discípulos. Y vieron cómo se apareció. Lucas 24:39: "Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad... como veis que yo". Y entonces les dice: "¿Tenéis algo que comer? Entonces le dieron parte de un pez asado, y un panal de miel. Y él lo tomó, y comió delante de ellos". O sea, ese es el tipo de pruebas que se están manifestando durante 40 días a todos los apóstoles.

¿Por qué creen que esto es tan importante? Porque si tú vas a dar tu vida por esto, si tú vas a morir martirizado por causa del mensaje del Evangelio, más vale que estés seguro de que Jesús está vivo; más vale que tú creas esto. Necesitaban pruebas. Tú no puedes ser cristiano si dudas de que Jesús realmente está vivo. Lo primero que necesitas saber, con toda seguridad, es: sí, Jesús sigue vivo. Es lo primero; ahí empieza todo.

Y Jesús se aseguró en estos primeros hombres de que ellos estuvieran seguros, de que lo vieran físicamente, de que no nada más era un espíritu, no era nada más imaginación de ellos. Pasan 40 días; más de 500 personas lo ven, hasta que ya no queda ninguna duda: "De veras, sí, sí está vivo. O sea, lo vimos una vez, lo vimos dos veces, lo vimos tres veces, lo vimos cuatro veces; se seguía apareciendo, apareciendo, apareciendo, apareciendo. Ya no nos queda duda en nuestro corazón; sabemos con toda seguridad que de veras Jesús resucitó. Podemos predicarlo, y aunque nos maten, no importa, porque sabemos que es cierto". Él se aseguró de que hubiera toda seguridad en Sus apóstoles de que Él había resucitado.

Si vas a ser cristiano, si vas a ser un testigo de Dios, como vamos a ver más adelante, tú necesitas estar convencido de que Jesús sigue vivo. Así que esta es una decisión que cada uno de ustedes tiene que tomar con respecto a lo que creen de Jesús. Todos, todos tienen que decidir si Jesús solamente es una figura histórica del pasado, o si realmente hoy está vivo, si realmente hoy tiene relevancia para nuestras vidas. No es nada más: "Ah, mira lo que enseñó algún hombre que alguna vez vivió", que es lo que tendríamos que decir sobre cualquier hombre que alguna vez vivió, menos de Jesús, porque ningún hombre ha regresado de la muerte como Él regresó.

Hablándoles acerca del reino de Dios

Y la última cosa que vemos aquí es que les estuvo hablando acerca del reino de Dios, y esto fue entrenamiento acerca de la naturaleza del reino, que vamos a ver en un momento; vamos a regresar a este tema en los próximos versículos. Quiero que vean lo que dice Lucas 24, versículos 25 al 27, que es cuando están los discípulos en camino a Emaús. Ellos van ahí, y les está hablando acerca de todo lo que los profetas han estado diciendo acerca de Él. O sea, este es el tipo de entrenamiento que ellos ya habían estado recibiendo: "Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían". Entonces esta es la preparación que los apóstoles estuvieron recibiendo acerca de la naturaleza del reino.

El poder de Hechos: la promesa del Padre

Eso es el origen de Hechos, de aquí viene; este es el contexto que nos da Lucas. Ahora, número dos, tenemos el poder del libro de Hechos. ¿De dónde viene el poder que se va a estar manifestando a lo largo de todo este libro? Bueno, viene el versículo 4: "Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días". Entonces, evidentemente, había un poder que iba a venir sobre ellos, que era el poder del Espíritu Santo para establecer el reino de Dios.

Entonces está el entrenamiento acerca de la naturaleza del reino de Dios, y ahora está el poder del Espíritu Santo para establecer el reino de Dios, como vamos a ver en un momento, en un sentido espiritual. Pero quiero que vean algunos detalles en los que nos vamos a meter más a fondo cuando lleguemos al capítulo 2. Pero les doy aquí el contexto porque creo que es importante que lo vayan entendiendo, porque esto no es fácil; inclusive hay controversia acerca de lo que les voy a estar diciendo. De hecho, estaba hablando con Sergio el otro día acerca de esto, porque no es fácil entender qué está pasando.

Presencia y bautismo del Espíritu Santo

Hay dos conceptos con respecto al Espíritu Santo que quiero que queden claros, y así es como lo vamos a estar viendo a lo largo de este estudio. Número uno, esta promesa del Espíritu Santo. Él dice: "A ver, Juan bautizó con agua". Y Juan el Bautista anticipó la diferencia que había entre Jesús y él —Lucas 3:1—, en donde hacía esta referencia: "Jesús los va a bautizar con algo mucho más espectacular, mucho más profundo que lo que yo he estado haciendo". Entonces vamos a tener que empezar a diferenciar aquí qué está pasando.

Porque tenemos lo que entendemos a lo largo de toda la Biblia, desde el Antiguo Testamento, como lo que llamamos... lo traté de hacer en términos más simples; hay términos teológicos un poquito más complejos, pero creo que este es el término más simple para entender de qué estamos hablando: la presencia del Espíritu Santo en la vida del creyente. ¿Puede alguien agradar a Dios, o vivir una vida santa, sin el Espíritu Santo morando en él? No. Muy bien.

Y aquí es donde tenemos algunos conflictos, porque de pronto hay personas que dicen: "Ay, no, pero es que si Jesús está prometiendo aquí el Espíritu Santo, anticipando algo que iba a venir, entonces quiere decir que antes de esto no había venido el Espíritu Santo". Y entonces confunden lo que es la presencia de Dios en la vida de un santo para vivir vidas santas, aun en el Antiguo Testamento. O sea, todavía no se había dado esta promesa, pero ya estaba el Espíritu Santo actuando en el Antiguo Testamento, ¿sí? O sea, no es que sea algo nuevo: "Ay, nunca había descendido el Espíritu Santo antes sobre alguien". Algo... vamos a ver qué es lo nuevo aquí. Pero, evidentemente, el Espíritu Santo ya se había estado manifestando y ya había estado haciendo cosas antes de que viniera Pentecostés, que es lo que vamos a ver en el capítulo 2.

Entonces diferenciamos de esta manera: presencia del Espíritu Santo, y por otro lado, el bautismo del Espíritu Santo, que es lo que vamos a llamar de esa manera, bautismo del Espíritu Santo. Nuevamente, hay controversia sobre la definición de bautismo del Espíritu Santo, pero nosotros lo vamos a llamar bautismo del Espíritu Santo. Y aquí están las dos definiciones. Uno es presencia... a ver, déjenme regresarme, porque está... Presencia es cuando el Espíritu Santo habita en los creyentes para dar fe y santificarlos. Es la presencia del Espíritu Santo haciendo una obra en el creyente para que crea en Dios y en Sus promesas, y sepa que lo que Dios dice es cierto. Entonces, si tú crees en Jesús, si para ti lo que Él hizo en la cruz es algo hermoso, eso no es algo natural; es una obra del Espíritu Santo. No pasa nada más.

...porque sí, porque alguien dice: "Ay, yo quiero que me guste lo de la cruz". No: algo está sucediendo, que el Espíritu Santo está haciendo en tu corazón para que tú puedas creer. Y además de eso, una vez que crees, te sostiene en el camino que viene adelante, y se va a quedar contigo hasta el fin; ya no te va a dejar nunca. Entonces es una realidad acerca del Espíritu Santo: Su presencia en la vida de los creyentes.

Pero, por otro lado, tenemos el bautismo del Espíritu Santo, que es cuando el Espíritu desciende sobre los creyentes de manera especial para ejercer un ministerio de proclamación del Evangelio con poder para salvación. Y ahí está la definición. Entonces aquí tenemos estas dos definiciones. Esto va a ser muy importante, pongan mucha atención; estoy dando este panorama porque vamos a estar regresando a este tema una y otra vez a lo largo del libro de Hechos. Porque hay un detalle muy interesante que van a ver: el Espíritu Santo va a descender varias veces sobre el mismo grupo de personas. "Y descendió sobre ellos el Espíritu Santo, y proclamaron la Palabra con poder". Siempre que desciende sobre ellos, pasa algo, y tiene que ver con la proclamación del Evangelio.

Por eso dice en el versículo 8 —que nada más ahorita vamos a llegar a eso—, dice: "Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos". Entonces, ¿cuál es el resultado de que descienda sobre ti el Espíritu Santo con poder? Vas a ser testigo. Algo va a pasar: Dios te va a dar el poder para proclamar Su Evangelio, y que las personas crean; eso es lo que pasa.

Entonces más de 14 veces... bueno, más bien, 14 veces, perdón, encontramos este término, "ser llenos del Espíritu Santo", a lo largo del libro de Hechos, y siempre termina con el testimonio poderoso de aquellos que lo reciben. Algo pasa: la gente cree, la gente es transformada, ve las vidas de estas personas, escucha sus palabras, y es transformada. Pero esto viene y va, viene y va, viene y va, viene y va a lo largo del libro de Hechos. Lo llamamos bautismo del Espíritu Santo: una obra sobrenatural especial que sucede en la vida de los creyentes.

Esta manera de categorizar la obra del Espíritu Santo es muy útil, porque esto les va a ayudar a ver cómo es que lo que está siendo prometido aquí sí es algo nuevo. Pero tiene que ver muy específicamente con el poder para predicar el Evangelio a todas las naciones, y que este mensaje empiece a crear ondas expansivas que vayan llegando a todos los rincones de la tierra.

La misión: ¿restaurarás el reino?

Lo cual nos lleva al siguiente punto, que es la misión de Hechos. La misión de Hechos la encontramos aquí, cuando los discípulos preguntan, en el versículo... Imagínense: están con Jesús y tienen la oportunidad de hacerle una pregunta más, la última pregunta que le van a hacer. ¿Cuál sería? Bueno, es la que los discípulos hacen: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?". ¿Por qué habrían preguntado esto? ¿Es rara esta pregunta? Sí, es un poco rara, pero no. O sea, para nosotros, desde nuestra perspectiva; en realidad no es tan rara para ellos, y les voy a mostrar por qué.

Jesús les dice: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad". Evidentemente no estaban teniendo el panorama completo. Tenían parte del panorama, pero no estaban entendiendo en realidad todavía de qué se trataba todo. Ya habían escuchado algunas cosas: en el Padre Nuestro, vimos, Jesús dice: "Oren así: Venga tu reino. Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo". O sea que sí hay una manera de que el reino se cumpla ahorita; si no, ¿para qué oramos eso? Hay un aspecto acerca del reino viniendo y cumpliéndose a través de la iglesia, en la manera en que nosotros damos testimonio al mundo que nos rodea.

Fíjense, en Lucas 17, versículo 21 —versículos 20 y 21—: "Habiéndole preguntado los fariseos cuándo vendría el reino de Dios, Jesús les respondió y dijo: El reino de Dios no viene con señales visibles, ni dirán: Mirad, aquí está, o ahí está; porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está". Hay un sentido inmediato acerca del reino; lo vimos cuando estuvimos estudiando el Padre Nuestro. Si quieren, vuelvan a escuchar ese mensaje; es toda una predicación donde hablamos nada más del reino.

Pero sí había pistas, para los discípulos, acerca de qué se trataba realmente el reino: en que había un sentido no físico. No en el sentido que ellos estaban pensando, de que Jesús iba ahora a derrocar a los romanos para poder establecer el reinado de David, en el cual otra vez iban a reinar como en el tiempo de David, iban a tener su propia nación nuevamente, iban a poder tener su propio gobernante judío, el Mesías esperado, descendiente de la línea de David. Eso es lo que ellos tienen en mente.

Entonces los apóstoles estaban pensando en un reino físico, limitado tanto política como étnica como geográficamente. Y aquí está: "¿Restaurarás el reino a Israel en este tiempo?". O sea, ellos están pensando en los judíos, en la nación de Israel: "Estos somos nosotros, con nuestro territorio, ¿no? Aquí estamos, Palestina, es lo que le fue prometido a Abraham. ¿Y cuándo será nuestro? ¿Cuándo vamos a gobernar?".

Las promesas del reino en el Antiguo Testamento

Ahora, sí hay promesas de restablecimiento del reino a lo largo del Antiguo Testamento: Ezequiel 39, y otros pasajes, Isaías 32, Isaías 44, Joel 2, Zacarías 12. Hay muchas promesas en el Antiguo Testamento donde la venida del Espíritu Santo está ligada a la restauración del reino. No vamos a leer todos los pasajes, pero ahí están. Y los apóstoles conocían su Antiguo Testamento, y decían: "A ver, sí hay una conexión ahí". Dice a lo largo de la Biblia que, cuando el Espíritu Santo fuera derramado, entonces se manifestaría el reino de Dios, sería establecido. Entonces los apóstoles están pensando en estos términos.

Y, de hecho, si ustedes leen Lucas... o sea, no están tan descabelladas las ideas de los apóstoles. Vean lo que dijo Jesús en Lucas 22:29: "Y así como mi Padre me ha otorgado un reino, yo os otorgo que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino, y os sentaré en tronos juzgando a las 12 tribus de Israel". ¿Les suena eso como un reinado físico? Sí, sí suena como un reinado físico. No están tan mal los apóstoles en pensar que hay una conexión entre la venida del Espíritu Santo... Jesús resucitado: sí, efectivamente, venció la muerte; ahora está prometiendo al Espíritu. "¿Y ahora qué sigue? ¿Qué sigue, Jesús? ¿Ya vas a reinar? ¿Ya vas a quitar a los romanos de aquí? ¿Ahora sí ya vas a traer libertad también política, no nada más espiritual?".

Lo que no nos toca saber

¿Y qué es lo que contesta Jesús? Dice: "No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad". No les dice que están completamente mal en lo que están diciendo; simplemente les dice: "Eso es algo que a ustedes no les toca saber: cuándo será. Será algo en lo que ustedes estarán en ignorancia durante su vida; no lo sabrán". ¿Se dan cuenta de que hay cosas que Dios intencionalmente mantiene ocultas de nosotros? Deuteronomio 29:29. Hay cosas que le pertenecen a Dios, al consejo de Dios; en Su entendimiento, Él sabe cómo son, y no nos las revela, y más vale que estemos contentos de no conocerlas.

Hay cosas que serían malas para nosotros de saber. Imagínense que Dios nos revelara cuándo nos vamos a morir. ¿Les gustaría saber eso? ¿No afectaría tu manera de hacer las cosas? O sea, sería terrible saber cuándo tu esposa se va a morir, o cuándo tus hijos se van a morir, cuándo tú te vas a morir. Hay cosas que Dios no quiere revelarnos; no quiere que las sepamos. Eso está en Su consejo, en Sus decretos soberanos. Dios... hay cosas que sí quiere que sepamos.

Y aquí las deja claras. Sí va a haber un reino futuro de Dios establecido sobre la tierra. No creo que sea un reino temporal entre la segunda venida y el estado eterno; yo creo que es ya la perfección de todas las cosas, la restauración de todas las cosas. Es un tema ahí de escatología que hemos visto algunas veces. Pero al final sí existe un reino físico donde Jesús va a reinar, y nosotros vamos a reinar juntamente con Él. Sin embargo, nosotros no conocemos el futuro y el tiempo de estas cosas.

Una sola misión: ser testigos

¿Qué es lo que sí debemos saber? Una cosa, una sola cosa. ¿Cuál es? "Ustedes tienen el poder para ser mis testigos, y de eso es lo único de lo que se tienen que preocupar". Lo único, porque esa es su única tarea. Ustedes, iglesia, tienen una sola misión, una. No es conocer todos los planes de Dios, no es saber cómo van a funcionar todas las cosas, no es saber todos los detalles acerca del concilio secreto de Dios. ¿Porque sí? No. Pero la mayor parte del tiempo esas son las cosas que nos preocupan: "Señor, es que yo quiero saber esto. Yo quiero saber si debería de entrar a ese trabajo o no. Señor, es que yo quiero saber si soy misionero o no. Señor, yo quiero saber si quieres que me case con ella". Y así; esas son las cosas que queremos saber de parte de Dios. A ver, Dios dice: "A ver, eso déjamelo a mí. Tú tienes una sola tarea".

Y esto es lo que Calvino dijo acerca del reino de Dios. Dijo: "La iglesia es el testimonio visible de la realidad invisible del reino de Cristo". ¿Se dan cuenta de lo que está pasando aquí? Dice Jesús: "Yo ya voy a establecer un reino visible, pero es otra clase de reino que el que ustedes creen. Es un reino espiritual que va a suceder ahorita, y la única manifestación clara de este reino van a ser ustedes". Ustedes son lo que el mundo puede ver. No pueden ver el reino de Dios; el reino de Dios no es visible todavía; no hay nada palpable todavía acerca del reino de Dios aquí sobre la tierra más que Su iglesia. Lo único que hay es Su iglesia. Nosotros somos lo que la gente puede ver, lo único que la gente puede ver acerca de lo que Dios está haciendo. ¿No es increíble? Esa es nuestra labor como cristianos.

Un reino espiritual y más importante

El problema es que pensamos —y así creo que pensaban los apóstoles—, pensamos que un reino espiritual no es importante porque no lo puedes ver. "Ay, Señor, dame algo que pueda ver: dame un edificio, un trono, algo; no algo como medio ambiguo allá afuera: 'Uy, sí, Tu reino espiritual, en nuestros corazones'". Eso es la iglesia; eso es la tarea encomendada por Dios, y es todavía más importante que un reinado político. Porque, ¿se dan cuenta? Las leyes nunca pueden cambiar al mundo.

Y les digo esto para que tengan más esperanza, porque nuestro mundo, en cuanto a sus leyes, no va muy bien. Pero, aunque tuviéramos leyes perfectas como país, ¿es eso lo que necesitamos, buenas leyes? Las leyes no cambian a nadie, pero las convicciones sí. Lo que más necesitamos, y más desesperadamente necesita nuestro mundo, es un cambio de corazón, no un cambio de gobierno.

Y eso que los anime. Porque, por ejemplo, estamos viendo elecciones que están sucediendo aquí en nuestro país vecino, y todos nos deprimimos cuando vemos lo que está sucediendo. Pero la razón por la que nos espantamos tanto y nos deprimimos tanto, ¿saben por qué es? Porque ponemos demasiada esperanza en el gobierno, ponemos demasiada esperanza en la política, y ese no es nuestro llamado. Nuestro llamado es a proclamar algo más profundo que las legislaciones que puede haber o las leyes que se pueden dar. Sí son importantes, pero, en la escala de prioridades, están hasta acá abajo. Y en términos de lo que el Evangelio nos está ofreciendo, la transformación del corazón a través del Evangelio, eso está aquí arriba.

Entonces esto es lo que tiene que darnos esperanza: tenemos el poder, dado por el Espíritu Santo, para transformar vidas, y de una manera permanente, eterna. ¿Qué estamos dispuestos a hacer para seguir siendo esta clase de testigos? ¿Saben que esta palabra, "testigo", es la palabra en griego de la que surge la palabra "mártir"? Se convirtió en sinónimo; de ahí surge. Si ibas a ser testigo... martys, ¿cómo es en griego? Martys: es el testigo que está asumiendo la responsabilidad de lo que Jesús está encomendando aquí a Su iglesia.

Jerusalén, Judea, Samaria y lo último de la tierra

¿En dónde? En Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta lo último de la tierra. Y esa es la progresión que vamos a ir viendo a lo largo del libro de Hechos. Del capítulo 1 al 7 vamos a ver esta primera parte, Jerusalén. Del capítulo 8 al 12 vamos a ver en Judea y en Samaria. Y del capítulo 13 al 28 vamos a ver "y hasta lo último de la tierra", lo conocido del mundo conocido en ese tiempo. Entonces esa es la progresión, de hecho, que vamos a tener a lo largo del libro de Hechos.

Pero solo quiero decir un paréntesis aquí. Muchas veces creo que se usa equivocadamente este mandamiento, porque pensamos... ya he dicho esto antes. La mayoría de nosotros empezamos a entender este círculo, ¿no?: Jerusalén es nuestra comunidad inmediata, es Cuajimalpa, ¿no?, o, si queremos ser más bondadosos, la Ciudad de México. ¿Saben cuál es el problema? Que todos estamos atorados en esa parte; todos nos quedamos en Jerusalén: "Pues aquí estoy, en Jerusalén". Y perdemos de vista todo lo que viene.

Y es por eso que es tan importante lo que hacemos acerca de misiones, y el enfoque que tenemos como iglesia en misiones, inclusive de orar por misioneros que están en otras partes del mundo todos los miércoles. Porque la tarea de Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra es para todos, no nada más para algunos. No dijo Jesús: "A ver, escojan cuál ciudad quieren". No: "Esto es la progresión que ustedes van a tener el poder para alcanzar como cristianos, porque el mensaje que ustedes tienen es poderoso, porque el Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes es poderoso, y van a llegar a toda la tierra".

Y tiene que ser la pasión en todos sus corazones llegar a toda la tierra. Todos los cristianos deben tener la pasión de no nada más quedarse en Jerusalén, y decir: "Es que, ¿cómo voy a ir a otro lugar si no he alcanzado todo mi Jerusalén todavía?". He escuchado ese argumento antes: "Todavía estoy trabajando en mi Jerusalén; entonces todavía no es tiempo, porque ¿cómo voy a ir a otro lugar si no he predicado todavía a todos mis vecinos?". Sí, pero esa es una visión tan limitada. Porque Dios está llamando, ahora y siempre, a tener en mente, en tu corazón, el deseo de que la predicación del Evangelio llegue a todo el mundo. Entonces esto fue tanto una profecía de parte de Jesús como un mandamiento de parte de Jesús, en el que Él sería soberano en la manera en que se iría desarrollando la historia de la iglesia en las primeras décadas, especialmente aquí, a lo largo del libro de Hechos.

La esperanza de Hechos

Bueno, número tres —vamos a ir más rápido ahora, porque llegamos a los versículos 9, 10 y 11—: la esperanza de Hechos. ¿Cuál es la esperanza? Esto es lo que sucede a continuación: "Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo...

...así vendrá como le habéis visto ir al cielo". ¿Cuál es la esperanza? La esperanza que tenemos como cristianos, como iglesia, es la consumación del reino de Dios. Es decir, sí va a haber un momento en el cual el reino de Dios se habrá consumado, y es la promesa que viene al final, hecha por estos dos hombres.

Dos varones con vestiduras blancas

Dos varones. Estaba leyendo comentarios; tienen diferentes ideas. La mayoría piensa que son ángeles, como los ángeles que estaban en la tumba cuando llegaron las mujeres y la encontraron vacía; estos ángeles que les dicen: "Pues aquí no está, ¿a quién están buscando?". Y es el mismo tipo de aparición aquí: dos, como marca Deuteronomio, dos testigos de un evento tan importante, para dar testimonio de un evento tan importante a aquellos que lo están contemplando.

Hay otra interpretación que también me parece interesante, que es este escenario de las nubes, y dos hombres —porque no dice ángeles, dice dos hombres con vestiduras blancas—: es un escenario parecido a lo que sucedió en la transfiguración. ¿Y quiénes eran los que estaban con Jesús en la transfiguración? Moisés y Elías. Entonces hay otro comentarista que dice: "Yo creo que esta es una escena parecida a la transfiguración", donde estos dos hombres podrían haber sido Moisés y Elías. No, ese no es el punto. El punto es que son testigos del evento, para dar testimonio del significado de este evento y hacer una promesa de parte de Dios a aquellos que lo están viendo. La promesa es: "Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo".

Vendrá para recompensar y juzgar

Y va a venir para recompensar y juzgar. Va a haber un aspecto diferente acerca de Jesús cuando regrese. La primera vez que vino, vino para ofrecer salvación. Vino para decir: "Aquí estoy; este es el camino a Dios. Esta es la manera en que ustedes pueden creer y ser salvos; es la manera en que pueden asegurar vida eterna en la gloria de Dios para siempre, experimentar el propósito por el cual fueron creados. Esta es la manera: a través de mí". Es lo que vino a hacer. Y ha dejado 2000 años para lo que Pablo llama la inclusión de los gentiles, el número completo de los gentiles que habría de ser salvado al ser injertado dentro del plan de Dios, que viene desde el Antiguo Testamento, las promesas hechas a Israel. Nosotros somos injertados para que disfrutemos del beneficio de esas promesas. Y al final de los tiempos Israel también, nuevamente, va a creer, y seremos un solo pueblo, una sola esposa de Dios para siempre.

Entonces esa es la promesa que tenemos. Y va a haber una división, que, dice en Mateo 25, va a ser muy tajante: corderos y cabritos, de un lado y del otro; condenación eterna, vida eterna. Hay un paralelo ahí, y son las únicas dos opciones para toda persona que ha vivido: solo hay dos caminos. Eso lo vimos también en el Sermón del Monte. Y Daniel capítulo 7 hace una promesa que probablemente ellos conocían: "Seguí mirando en las visiones nocturnas, y he aquí, con las nubes del cielo venía uno como un Hijo de Hombre, que se dirigió al Anciano de Días y fue presentado ante él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran. Su dominio es un dominio eterno que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido".

Así vendrá, visible a todos

Esta promesa que vemos aquí es una de las razones por las cuales yo no creo en un rapto pretribulacional. Que quiere decir que la iglesia de repente desaparece misteriosamente, y nadie sabe qué pasó, y ahí se quedó nuestra ropa doblada en nuestras sillas, y el mundo entra en un pánico y en una confusión tremenda, porque dicen: "¿Dónde se fueron los cristianos?". Creo que eso va en contra de lo que está diciendo este pasaje, que es: así como ellos vieron físicamente a Jesús ascender al cielo, dice, así, de la misma manera, lo próximo que van a ver acerca de Él es que descenderá del cielo. Será visible; todo el mundo le verá. No será algo de "ay, ¿qué pasó? Quién sabe". No: será algo claro, será algo evidente a todo el mundo: Jesús ha regresado, ha venido a reinar, ha venido a juzgar a la tierra. Y si hiciéramos un estudio de Apocalipsis, veríamos cómo se va a manifestar eso específicamente. Pero el punto es que hay una esperanza acerca de la manera en que Jesús regresará.

Mirando al cielo

Entonces ya me imagino así a todos los apóstoles aquí. ¡Qué escena!, ¿no? Yo voy a lugares y vuelo mi dron —bueno, volaba mi dron—, y era donde fuera: la gente toda estaba así, viendo, como... Y a veces llegaba tan alto que ya ni siquiera lo veían, pero ahí seguían buscándolo. Y yo me imagino que eso es lo que pasa cuando vemos algo arriba de nosotros: hay un sentido de que tiene una capacidad mayor a la nuestra, ¿no?, cuando está sobre nosotros, y tiene una perspectiva diferente a la de nosotros. Y hay algo majestuoso acerca de ver algo subir hacia arriba.

Y no me imagino esta escena... o sea, esa es una escena que me encantaría ver. Si en la eternidad tenemos oportunidad de regresar y ver algunas cosas que están descritas en la Biblia, a mí me encantaría ver esta. Porque, evidentemente, los apóstoles están sorprendidos, están maravillados de la escena que están viendo. Y dicen estos hombres: "Esto que acaban de ver volverá a suceder. Este Jesús que subió va a descender nuevamente": una escena maravillosa, una escena gloriosa, de la cual seremos testigos.

Entonces, cuando vean las nubes, el atardecer, lo que sea, y nos sorprendemos de ver todo este paisaje, este panorama que hay encima de nosotros, piensen esto, acuérdense de esta promesa. O sea, imagínense: estás viendo las nubes, estás viendo cómo el sol brilla detrás de las nubes, y el cielo a veces se hace como anaranjadito, o morado, y son estos paisajes que nos encanta ver y contemplar. Pero hay algo más profundo, y una esperanza más profunda que nada más contemplar esas cosas, como cristianos: es darnos cuenta de que un día, detrás de esas nubes, de alguna parte, vendrá Jesús. Y ustedes tienen una perspectiva completamente diferente, y más profunda, acerca de lo que hay encima de nosotros, en el cielo, porque sabemos que tenemos esta promesa.

Dios cumplirá otra vez

Y esto es con lo que quiero terminar. Si el cumplimiento de Su primera venida, muerte y resurrección fue firmado en la historia —porque Hechos es un libro histórico, Lucas es un libro histórico, Hechos es un libro histórico; nos está diciendo: estas cosas sucedieron, fueron profetizadas y sucedieron—, entonces Su segunda venida y el establecimiento del reino también son seguros. Dios ya cumplió una vez con lo que prometió; ¿creen que va a volver a cumplir? O sea, esa es la convicción que Dios pone dentro de tu corazón, diciendo: "Sí, sí, sí lo creo; sí creo que esto va a suceder. Estas promesas que todavía no han sucedido sucederán algún día".

Y nuestra esperanza está viendo hacia adelante, puesta en lo que Jesús nos dice que es lo que nos espera. Tú y yo seremos resucitados también, como Jesús fue resucitado. Tenemos cuerpos glorificados, como Jesús tenía un cuerpo glorificado. Y esta vida no es todo lo que hay; hay más. Y esa es la esperanza más increíble que tenemos como cristianos: que toda la tribulación, todos los problemas que podríamos enfrentar ahorita, no son nada a la luz de lo que viene. Pero vamos a ver todo lo que pasaron los apóstoles a lo largo de este libro: no fue fácil. Y tu vida probablemente tampoco va a ser fácil... esta clase de promesa en tu vida, si es que vas a vivir tu vida como cristiano con la firme convicción de que hay algo mejor, de que las cosas temporales no durarán, pero hay cosas que sí durarán para siempre. El próximo domingo vamos a continuar viendo el capítulo 1 de Hechos.

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