Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hechos 2:1-13HechosNathan Díaz

Pentecostés: Una fiesta de señales y poder a las naciones

¿Qué significa Pentecostés y por qué hubo viento, fuego y lenguas? Hechos 2:1-13 no trata principalmente de las señales, sino de lo que representan: la soberanía de Dios, su presencia y su plan de salvación para todas las naciones. Nathan Díaz conecta ese día con Babel, con la fiesta de la cosecha y con el poder del Espíritu para proclamar el evangelio hoy.

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Transcripción

Prescriptivo y descriptivo

Cuando terminamos el capítulo 1 la semana pasada, dejamos a los apóstoles escogiendo a un nuevo apóstol, que fue Matías. Y voy a retomar una idea que venía ahí en la presentación al final, cuando vimos este punto de Matías, para ir ahora al capítulo 2, porque es este concepto de lo que es prescriptivo y lo que es descriptivo en Hechos. Este concepto lo vamos a empezar a ver muy fuerte a lo largo de todo el libro. ¿A qué me refiero cuando digo prescriptivo y descriptivo? Cuando decimos que algo es prescriptivo, es que es un mandamiento, es una orden, es algo que se nos está diciendo que hagamos; como cuando vas al doctor y te da una prescripción, ¿no?: "Tómate esto". Entonces hay ese aspecto que vemos en la Biblia, y lo vamos a estar viendo en Hechos.

También hay un aspecto descriptivo, que simplemente está narrando lo que sucedió. Entonces no es una orden, no es un mandamiento; simplemente nos dice: "Así fue, esto pasó". No está diseñado para que se siga repitiendo, o se siga tomando como algo que tenemos que estar nosotros haciendo. ¿Entienden la diferencia entre esos dos? Ahora, el evento de Matías —y lo puse ahí en las notas—, el evento de cuando se echan suertes para escoger a Matías, es un evento descriptivo, no prescriptivo. O sea, eso de echar suertes no estaba diseñado como un mandamiento para la iglesia, para que ahora sí hagamos las cosas, escojamos a través de las suertes.

Aunque veíamos que sí había unos parámetros muy específicos que usaron para escoger a Matías, que tenían que ver con la historicidad de Jesús y el ser testigos de esos eventos de Su ministerio. Pero aun así vemos que, cuando se trataba de escoger entre dos opciones, echaron suertes, y las suertes cayeron sobre Matías, y lo tomaron como la dirección de Dios en cuanto a quién debían de escoger como el doceavo apóstol.

De la Ascensión a Pentecostés

Ahora vamos a llegar a lo que pasa en Hechos capítulo 2. Y hay tanto aquí... La verdad es que, al estarlo estudiando, en cierta manera me siento abrumado por todo el contenido que se comprime en tan poquitos versículos, en cuanto a la obra de Dios y del Espíritu Santo en este punto de la historia, y lo que eso representa para nosotros hoy. Eso es uno de los retos más grandes que tenemos delante de nosotros al estudiar este pasaje: ¿qué significa para mí lo que sucedió hace casi 2000 años en Pentecostés?

Así que vamos a regresarnos, vamos a acordarnos de qué está pasando. Los discípulos... recuerdan, fue la Ascensión, y dice la Biblia que Jesús estuvo con Sus discípulos, apareciéndose después de Su resurrección, 40 días. 40 días después, después de Su Ascensión, tenemos este periodo que estudiamos la semana pasada, que es este periodo de espera entre la Ascensión, la promesa del Espíritu Santo, y el cumplimiento de esa promesa, que es lo que vamos a estudiar hoy. Y el versículo 1 del capítulo 2 nos da el tiempo que hubo ahí entre la Ascensión y Pentecostés: habrían sido más o menos 10 días. Este periodo que estudiamos la semana pasada habrían sido 10 días.

¿Cómo sabemos esto? Esta es la razón por la que sabemos que habrían sido 10 días: esta fiesta de Pentecostés es una fiesta que tenía que ver con una peregrinación que hacían los judíos a Jerusalén, una de tres peregrinaciones, donde de diferentes lugares venían todos a Jerusalén. Esta peregrinación a Pentecostés era 50 días después de la Pascua. Entonces ya tienen una línea de tiempo, más o menos, que pueden visualizar. La Pascua fue ¿cuándo? Cuando se celebró la última cena. Entonces ya tenemos la línea de tiempo de cuánto tiempo ha pasado desde la última cena hasta este momento: 50 días después.

Y a esta peregrinación que hacían 50 días después venían de todas partes; eran millones de personas las que llegaban a Jerusalén. Calculan entre 2 y 3 millones de personas, probablemente, que llegaban a Jerusalén. Entonces era muchísima gente; no podías, me imagino, caminar en la calle fácilmente, había demasiada gente durante estos días. No sé si alguna vez han tratado de caminar en Castorena durante Semana Santa, pero así me lo imaginé, porque una vez sí lo hice y no me gustó. Y en este tiempo había una afluencia de gente enorme que llegaba a Jerusalén.

La fiesta de la cosecha y de las semanas

Pero ¿por qué? ¿Qué es lo que estaban haciendo? Y aquí oyen, en la misma palabra "Pentecostés", oyen esa idea de 50, ¿no? "Penta" normalmente tiene que ver con el número cinco, y es la idea de 50 días después de la Pascua. Esta fiesta era conocida como la fiesta de la cosecha. Es decir, habían empezado a cosechar los judíos en la festividad después de la Pascua; habían empezado el tiempo de cosecha, y durante 50 días, durante 49 días, están cosechando, y el número 50 es Pentecostés. También es conocida como la fiesta de las semanas. La fiesta de las semanas: también tienen ahí el concepto de siete por siete, que son 49; eran 49 días, por eso es llamada la fiesta de las semanas. Y entonces el día número 50 es cuando se celebraba Pentecostés. Y aquí tienen un poquito del trasfondo en el Antiguo Testamento acerca de esta festividad, si quieren leerlo en su casa con calma: Éxodo 23:16, Deuteronomio 16:10. Todo eso tiene que ver con la fiesta de Pentecostés, o la fiesta de la cosecha.

Pentecostés y el monte Sinaí

Ahora quiero que vean también una cosa más que surge... esto ya surge un poco después. Parece ser que durante el tiempo intertestamentario, que es este entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, empezaron a celebrar también Pentecostés como la época en la cual, o el día en el cual, se le había dado la ley a Moisés en el monte Sinaí. Porque hacían también un cálculo más o menos, y decían que desde el tiempo de la Pascua —que también es cuando se instituye la Pascua, cuando sale Israel de Egipto—, desde ese momento hasta que llegan al monte Sinaí, eran 50 días. O sea, esa es una tradición judía que se empezó a hacer en relación a Pentecostés también: no nada más celebrar la cosecha, sino también celebrar la ley de Dios en Sinaí.

Y esto se los menciono... normalmente esto no tendría mayor relevancia, pero se los menciono porque sí hay algunas cosas que se juntan aquí, muy significativas, que conectan Pentecostés, creo yo, con lo que sucedió en el monte Sinaí. Porque, si recuerdan, en el monte hubo manifestaciones de la presencia de Dios delante del pueblo de Israel. ¿Y cuáles fueron estas manifestaciones? Hubo como fuego, torbellino, viento; hubo unas cosas que son muy parecidas a lo que vamos a estar leyendo en un momento.

Vean, lean lo que dice Hebreos 12, versículos 18 y 19: "Porque no os habéis acercado a un monte que se puede tocar, ni a fuego ardiente, ni a tinieblas, ni a oscuridad, ni a torbellino, ni a sonido de trompeta, ni a ruido de palabras tal, que los que oyeron rogaron que no se les hablara más". Dice el autor de Hebreos: "Ustedes no se están acercando a un monte como se acercaron los judíos al monte Sinaí, en donde se dieron todas estas manifestaciones; ustedes se están acercando a Dios a través de Jesucristo". Pero hay ciertas conexiones, mucha simbología —que es lo que quiero que veamos hoy— entre lo que está sucediendo aquí en Pentecostés y también eventos del Antiguo Testamento. Creo que ahí está una de las cosas más importantes que podemos ver acerca de Pentecostés. Por eso les digo que yo no había visto tantas cosas que hay aquí, en un pasaje tan conocido.

Pero ya, al meditarlo con calma, y al ver todo el contexto, y todo lo que hay en el Antiguo Testamento, y todo lo que representan estos símbolos, creo que es útil para entender cuál es el papel que el Espíritu Santo está desarrollando este día y qué es lo que quiere mostrarnos.

Lectura: un estruendo como de un viento recio

"Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados". No sé en qué casa estaban; no sé si es el mismo aposento alto, o la misma casa, la que leímos hace 8 días. Pero algo sucede de pronto, algo que agarra a todos por sorpresa; nadie lo espera. Ese es el énfasis de este pasaje, en donde de pronto no están seguros. O sea, hay una serie de fenómenos sobrenaturales que se están dando. Y este evento, este viento que sopla, es la manifestación del Espíritu Santo entre ellos.

¿Esperaban que fuera un viento, o sabían ellos cómo se iba a manifestar? No, no sabían. ¿Se acuerdan de cuando Jesús comenzó Su ministerio? ¿Cómo se manifestó el Espíritu Santo cuando Jesús empezó Su ministerio, en Su bautizo? ¿Se acuerdan? En forma de una paloma. Yo no sé si ellos, habiendo visto eso, cuando Jesús les prometió al Espíritu Santo, estaban esperando que una palomita entrara a la casa; a lo mejor esa era su idea, ¿no? Dijeron: "Un día va a entrar una palomita, y es el Espíritu". Pero, evidentemente, el Espíritu Santo se manifiesta y se presenta de diferentes maneras.

En el ministerio de Jesús, para inaugurar el ministerio de Jesús, se muestra el Espíritu Santo. E, interesantemente —vamos a ver esto el próximo domingo—, la inauguración del ministerio de Jesús es seguida en Lucas 4, públicamente, por un sermón. Jesús da un sermón acerca de lo que Isaías profetizó acerca de Él, y esa es la manera en que Jesús comienza Su ministerio. Ese es el bautismo de Jesús en Su ministerio; ahora, en el bautismo de la iglesia, comenzamos con una manifestación del Espíritu Santo, y luego un sermón también. Creo que hay muchos paralelos importantes que tenemos que empezar a ver en este pasaje para que veamos el panorama completo.

El viento: la soberanía de Dios

¿Qué aprendemos acerca del viento como señal? La primera cosa que aprendemos es que es "de repente", lo cual nos habla acerca de la soberanía de Dios para hacer lo que Él quiera, cuando Él quiera. El Espíritu Santo no fue llamado por los apóstoles a presentarse. Ellos no dijeron: "Ahora sí, Espíritu Santo, ahora sí estamos listos para Ti; ven, por favor", y entonces ya viene. No: los agarra por sorpresa. Ellos venían haciendo lo que venían haciendo ya durante 10 días antes. ¿Se acuerdan qué habían estado haciendo? Orando, cantando, estudiando la Palabra. Eso es lo que ellos hacían. No estaban buscándolo, no estaban de alguna manera controlando en qué momento y de qué manera el Espíritu Santo se iba a presentar.

Entonces, lo primero que quiero que vean es que Dios es soberano: el Espíritu Santo hace lo que quiere, cuando Él quiere. Y eso se manifiesta en la manera en que se presenta el viento; de hecho, literalmente, es violentamente. Se presenta con "un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados". Es un ruido, un sonido. No sé, en sus mentes, cuál sería el equivalente de este tipo de sonido; no sé si cuando hay un terremoto, o cuando pasa un tren y se cimbra el piso. No sé de qué manera se habría escuchado este sonido, pero evidentemente fue muy impresionante para aquellos que estaban ahí. Dios es soberano; Dios está actuando de una manera totalmente impredecible.

Derramamientos en temporadas especiales

Y quiero leerles algo de lo que escribió Jonathan Edwards, que creo que es una buena introducción acerca de esto, en su libro Una historia de la redención. Él dice: "Desde la caída del hombre hasta nuestros días, el trabajo de redención, en sus efectos, ha sido principalmente llevado a cabo por extraordinarias comunicaciones del Espíritu de Dios", o manifestaciones del Espíritu de Dios. "Aunque hay una influencia constante del Espíritu de Dios, siempre en algún grado, atendiendo a Sus ordenanzas, sin embargo, la manera en la cual las cosas grandiosas se han hecho en relación a esta tarea siempre ha sido por extraordinarias efusiones" —no sé si es una palabra, pero entienden a lo que se refiere—, o derramamientos, "en temporadas especiales de misericordia".

Creo que esto resume bien lo que está comenzando a suceder aquí. Es que en la historia de la iglesia, por lo general, de este momento en adelante, van a ver esto: hay ciertos momentos en que algo pasa que es como un empujón de parte de Dios, para decir: "Aquí va". Y después pasan otras temporadas en las que la iglesia se mantiene, se mantiene constante, y sigue habiendo conversiones, sigue habiendo la obra de Dios. Pero nuevamente pasa un tiempo y de pronto vuelve a surgir algo sobrenatural de parte de Dios, una manifestación nuevamente sobrenatural del Espíritu Santo en la vida de la iglesia, para volver a darle un empujón en la dirección correcta. Entonces creo que este es el patrón que vamos a empezar a ver a lo largo del libro de Hechos. Aquí empieza, y creo que hasta el día de hoy podemos seguir anhelando y esperando este tipo de manifestaciones; les voy a explicar a qué me refiero en un momento.

Espíritu, viento y aliento

Cuando la Biblia usa esta idea del viento para manifestar al Espíritu Santo, creo que encontramos varias ideas muy importantes que nos muestran realidades acerca del Espíritu Santo. Esta palabra "espíritu", en griego pneuma, es la misma palabra que se usa para viento. Entonces eso es interesante, porque en español puedes perder un poco esa conexión que existe; pero "espíritu" es la misma palabra que "viento", es la misma palabra para "aliento". Aliento, viento, espíritu: la misma palabra. Y en el hebreo es lo mismo: ruaj es la misma. Inclusive, hasta como que tienes que soplar para decir ruaj, y físicamente el dar aliento se hace cuando dices la palabra.

Entonces hay un paralelo entre estos conceptos, creo yo: es el Espíritu viniendo y el viento soplando, mostrando una realidad acerca de Dios en uno de los fenómenos naturales. O sea, una de las cosas de la naturaleza nos está hablando de cómo es el Espíritu Santo; vamos a ver eso en un momento, Jesús mismo hizo esta analogía. Pero si nos vamos a Génesis, ¿se acuerdan de qué dice, qué estaba pasando? Génesis 1, 1:2: "El Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas". Hay algo: el Espíritu de Dios está ahí moviéndose, circulando lo que existe en ese momento, para dar el poder creativo, o ser el poder creativo para crear. O sea, es a través del Espíritu que Dios va a hacer lo que va a hacer.

Y es significativo, porque más adelante, en Génesis 2, capítulo... perdón, Génesis 2, versículo 7, ¿qué es lo que hace con el hombre? Le da el aliento de vida; es como que sopla en el hombre para que tenga vida. No sé si empiezan a hacer esta conexión.

Pero es el Espíritu que se mueve sobre la faz de las aguas para hacer una nueva creación, pero especialmente al dar aliento al hombre y soplar vida en él. Eso es muy importante, porque creo que aquí es donde empezamos a ver un paralelo de lo que está sucediendo en Hechos: nueva creación, nueva vida dada por el Espíritu Santo. Isaías 2:22 plantea esta pregunta: "Deja de considerar al hombre, cuyo soplo de vida está en su nariz; pues ¿en qué ha de ser él estimado?". O sea, Isaías nos está poniendo la perspectiva de: ¿de veras vas a confiar en el hombre? Porque el hombre está limitado; él, si ya no puede respirar, se muere. Inhala y exhala; eso es lo que hace el hombre. Pero Dios es finalmente la fuente de toda la vida. Su respiración es la vida de todos; de Él surge la realidad de nuestra existencia, o sea, el hecho de que tenemos vida.

Ahora, piénsenlo en ese... quiero que piensen primero en esos términos. O sea, tú y yo somos materia; sí, somos materia, pero somos mucho más que materia. ¿Qué, aparte de materia, somos? ¿Qué más, aparte de materia? Hay algo más que está pasando ahí; no somos nada más materia. ¿Qué más somos? Somos vida; o sea, estamos vivos. Dejen que eso se asiente en sus cabezas. Yo no sé si esa es de las cosas que tomamos por sentado todo el tiempo, y decimos: "Ah, pues sí, aquí estoy, vivo". ¿No se te hace eso algo sobrenatural? ¿No se te hace algo increíble el hecho de que tengas conciencia, sentimientos, personalidad, todos estos aspectos acerca de lo que significa ser una persona con el aliento de vida dado por Dios? Esto no es cualquier cosa. La única explicación —y la Biblia nos la da— es que provenimos del mismo aliento de Dios, el Espíritu. Dios ha soplado sobre nosotros vida a través del Espíritu.

Quiero que lo visualicen, porque la palabra es esa: aliento, viento, espíritu es la misma palabra, es la misma idea que está tratando de ser comunicada. Ahora, hay otro nivel. O sea, ese es el primer nivel: el Espíritu da vida, vida física. Por eso es que tenemos conciencia, por eso es que vemos y contemplamos las cosas, por eso es que tenemos néfesh jayá, que es esa idea de aliento de vida por el Espíritu.

Huesos secos y el nuevo nacimiento

Pero ahora vamos a un siguiente nivel, que es el nivel del cual nos habla Ezequiel 37:9, que es esta visión que tuvo Ezequiel en donde había un valle. No sé si se acuerdan o han leído ese pasaje, pero es una visión muy interesante, porque es un valle completo lleno de huesos secos, muertos. Y dice Ezequiel —versículo 9 de Ezequiel 37—: "Entonces él me dijo: Profetiza al espíritu, profetiza, hijo de hombre, y di al espíritu: Así dice el Señor Dios: Ven de los cuatro vientos, oh espíritu, y sopla sobre estos muertos, y vivirán".

Entonces hay un aspecto acerca de la presencia de Dios como Espíritu, como viento que sopla, que es significativo. Es un símbolo dentro del Antiguo Testamento acerca de la obra que el Espíritu hace para dar vida a huesos muertos. Pero sabemos, entendemos, que ahí es un aspecto espiritual del que está hablando; no es nada más vida física, sino que hay otro nivel de vida que es revelada por el soplo del Espíritu sobre nosotros.

Y eso es justamente a lo que se refería Jesús en Juan 3, cuando estaba hablando con Nicodemo. ¿Se acuerdan de esa conversación? Todo esto se conecta; esto es muy, muy interesante. Jesús le dijo a Nicodemo, versículo 5 de Juan 3: "En verdad, en verdad te digo que el que no nace de agua y del Espíritu no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es". O sea, hasta ahorita, ¿qué es lo que está diciendo Jesús? Para que tenga vida, tiene que venir del Espíritu; eso es lo que está diciendo. No hay otra manera en que pueda existir la vida.

Y sigue diciendo: "No te asombres de que te haya dicho: Es necesario nacer de nuevo". Ahora aquí viene la analogía; esto es sumamente interesante, porque me imagino que ustedes a lo mejor han leído este pasaje y dicen: "¿De qué está hablando Jesús?". Dice: "El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu". Así. ¿Ven esa conexión entre viento y Espíritu, entre lo impredecible de la obra del Espíritu y la manera en que, a través del Espíritu llegando a nuestras vidas, tenemos vida en Él? El tipo de vida que trae salvación, nuevo nacimiento.

Es el Espíritu. ¿Viene de dónde? No sé. ¿Hacia dónde va? No sé. Pero me dio vida. Algo sobrenatural que no entendemos, que se mueve en sus propios momentos y de sus propias maneras, ha sucedido en nuestros corazones. ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué creo? ¿Cuándo, de dónde vino? ¿De dónde vino el Espíritu que le dio vida a mi espíritu? ¿De dónde vino la capacidad para que yo dijera: "Sí, creo en Jesucristo, veo lo que Él ha hecho por mí, y pongo mi confianza en Él; dejo a un lado el pecado en mi vida, y este es el nuevo rumbo que voy a tener"? ¿De dónde viene? Es un misterio; es como el viento.

¿Ustedes pueden ver el viento? Pero algo hace. A veces... no me acuerdo si fue el año pasado —normalmente no tenemos...—, o fue este año, cuando hubo unos días de muchísimo viento, y se empezaron a caer los árboles y los letreros; todo se empezó a descontrolar aquí en la ciudad, porque no estamos acostumbrados a que haya mucho viento. ¿Podemos controlarlo? ¿Hay alguna manera de dirigir el viento y decirle: "No, por acá no te vayas"? ¿Hacemos eso? La Biblia quiere darnos esta imagen mental de cómo es el Espíritu, de cómo actúa, de cómo se mueve y del efecto que causa, aunque no lo vemos, aunque no es algo que sea palpable. Inclusive, no lo podemos contener, no lo podemos guardar, no lo podemos guiar a donde nosotros queramos. Así es el Espíritu Santo.

Y entonces creo que el viento nos habla especialmente acerca de la soberanía de Dios en lo que Él hace. Los agarra por sorpresa, de repente, pero la obra que hace es estruendosa: lo escuchan, llena el lugar donde están sentados todos.

Lenguas como de fuego

Número dos: ¿cuál es la segunda señal que sucede? Dice el versículo 3: "Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos". Ahora, eso también es rarísimo de imaginarnos. No tengo ni idea de cómo se veía eso, como lenguas de fuego sobre sus cabezas. Imagínense... no sé... no hay una manera en la cual yo pueda describirles exactamente qué es lo que pasó. Creo que Lucas aquí está haciendo su mejor esfuerzo por darnos una imagen, pero evidentemente es muy peculiar; es algo muy sorprendente y fuera de lo común lo que está sucediendo.

Pero, en el Antiguo Testamento, quiero que vean el fuego. El hecho de que Lucas haya escogido fuego como la manera de describir lo que está sobre las cabezas de estas personas creo que es significativo, porque a lo largo del Antiguo Testamento también tenemos varias manifestaciones de Dios en fuego. Génesis 15, por ejemplo. ¿Qué pasó en Génesis 15? Estaba Abraham; Dios iba a hacer un pacto con Abraham muy significativo sobre su descendencia y las promesas de la tierra.

Y todo esto que venía con el pacto que quería hacer con él. Y se parten dos animales por la mitad, y Abraham está en realidad en un sueño; o sea, él no está participando, solamente está visualizando lo que está sucediendo. Y la manera en que Dios se presenta con Abraham en ese pacto es... ¿cómo? "Y aconteció que cuando el sol ya se había puesto, hubo densas tinieblas; y he aquí, apareció un horno humeante y una antorcha de fuego que pasó por entre las mitades de los animales".

Más adelante, en la vida de Moisés, ¿cuál fue la primera vez...? ¿Cómo se manifestó Dios la primera vez ante Moisés? Una zarza encendida. Cuando los judíos salieron de Egipto, ¿qué los dividía, o qué había entre ellos y los egipcios? Una columna de fuego, de un lado. Ya vimos: en el monte Sinaí también se manifestó con fuego. Cuando Elías fue llevado hacia el cielo, fue en un torbellino de fuego, una carroza de fuego. Entonces creo que a lo largo del Antiguo Testamento el fuego muchas veces —y creo que aquí está la conexión— representa la presencia de Dios en la vida de alguien y en el ministerio de alguien.

En el caso de Abraham, Dios diciendo: "Yo estoy aquí; yo voy a cumplir este pacto que estoy haciendo contigo". En el caso de Moisés, a través de la zarza, diciéndole: "Yo Soy te está enviando; yo voy a estar contigo. Tú no te preocupes, yo estoy en control de la situación". A lo largo del Antiguo Testamento, creo que el fuego es significativo en cuanto a ver que la presencia de Dios está con aquellos que ha elegido para servirle.

En este caso, el fuego sobre las cabezas de cada uno de los que estaban aquí creo que representa la presencia de Dios a través del Espíritu Santo en sus vidas: "Yo voy a estar con ustedes". ¿Se acuerdan de la Gran Comisión de Hechos 1:8? "Me seréis testigos". ¿Cómo lo van a hacer? "Yo les voy a confirmar que efectivamente tienen mi presencia en sus vidas". Y Juan el Bautista había predicho esto en Mateo 3:11: "Yo a la verdad os bautizo con agua para arrepentimiento, pero el que viene detrás de mí es más poderoso que yo, a quien no soy digno de quitarle las sandalias; él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. El bieldo está en su mano, y limpiará completamente su era; y recogerá su trigo en el granero, pero quemará la paja en fuego inextinguible".

Ahora, el fuego no nada más representa la presencia de Dios; también representa el juicio de Dios. Y vamos a ver eso en un momento, porque sí creo que eso también está presente aquí, en lo que sucedió en Pentecostés. No quiero que pierdan de vista estas dos manifestaciones, porque a veces, Pentecostés, inmediatamente, ¿en qué pensamos? En lenguas. Esa es la asociación inmediata: que hablaron en lenguas. Pero tenemos que recordar que no es lo único que sucedió, y que estas solo eran manifestaciones secundarias, digamos, de una realidad más grande. O sea, no era el punto; no eran las manifestaciones, es lo que estaba siendo simbolizado a través de estas manifestaciones. Eso es lo importante acerca de Pentecostés.

Hablaron en otras lenguas

Pero, bueno, vamos a ver qué pasó a continuación. ¿Qué pasó después? Versículo 4: "Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen". Ahora vamos a seguir leyendo, porque quiero que vean varias cosas acerca de lo que sucedió en relación a las lenguas. "Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo. Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua. Y estaban atónitos y maravillados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?".

Y aquí está una descripción de la variedad de lugares que estaban siendo testigos de lo que estaba pasando. Otra vez, tienen que usar un poco su imaginación para visualizar qué es lo que está sucediendo. Ellos están en la casa, algo sucede en esta casa: un ruido de viento empieza, flamitas que les salen de la cabeza, y palabras en diferentes idiomas. O sea, yo me imagino como cuando vas pasando y de pronto ves un grupo de gente que se está juntando en alguna parte, por ejemplo en la plaza o en un parque. ¿Y qué hacemos? Luego luego vamos a ver qué está pasando, ¿no? Y nos da curiosidad, porque la gente se empieza a juntar; hay algo que llama la atención. Entonces, conforme esto se está dando, está progresando, empieza a llamar la atención de las personas de los alrededores, y se empieza a juntar, pues, algo de multitud alrededor de este evento.

"Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, en Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en las... y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos, cretenses y árabes", dice, "les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios". Así que están hablando en lenguas.

Las lenguas: la universalidad de la obra de Dios

Y el énfasis aquí, creo, que quiero que vean —estoy poniendo esto en paréntesis porque creo que esto es el punto principal—: no es la manifestación como tal el punto principal, sino lo que esa manifestación representa. Entonces, el viento representa la soberanía de Dios; el fuego, la presencia de Dios, y las lenguas, la universalidad de la obra de Dios. ¿Por qué? Porque Lucas escribe con mucho detalle el hecho de que hay gente de todas partes. Y estas personas escuchan a estos hombres hablar, y es obvio que son de Galilea, porque se dan cuenta; dicen: "¿No son galileos?".

¿Por qué creen que les sorprende que sean galileos y estén hablando otros idiomas? Porque los galileos eran los incultos, los provincianos, los nacos; eso eran. O sea: "Estos son medio vulgares, medio..." ¿no? Entonces los ven con un poco de desprecio: "¿Estos cómo aprendieron a hablar en otros idiomas?". Algo de ellos, a lo mejor la manera en que están vestidos, su acento, no sé, hay muchas cosas; evidentemente se dan cuenta de que son de Galilea.

De la tabla de las naciones a Babel

Lo que quiero que vean acerca de este evento, que es muy significativo en relación a lo que sucedió en el Antiguo Testamento, es que esto es un retroceso; o sea, Dios está restaurando lo que sucedió en Génesis 11. Quiero que lo vean en el orden en que sucede en Génesis. No tengo tiempo para meterme mucho en esto, pero es sumamente interesante. En Génesis 10, si ustedes abren sus biblias en Génesis 10, van a encontrar como subtítulo "Tabla de las naciones": una lista de naciones. Y esas naciones son las naciones que surgieron de Sem, Cam y Jafet. La lista que nos da Lucas es representativa de los descendientes de Sem, Cam y Jafet; o sea, todas las regiones de donde surgieron los tres hijos de Noé están representadas aquí, en la lista que nos da Lucas.

Entonces ahí está Génesis 10, hablándonos acerca de la tabla de las naciones, la variedad de naciones que surgen de los tres hijos de Noé. Y tenemos a Lucas dándonos una lista de naciones donde está representada cada una de las regiones de donde surgieron las naciones de la descendencia de Noé. ¿Y qué pasó en Génesis 11? La torre de Babel. ¿Qué estaba sucediendo en la torre de Babel? Se estaban rebelando en contra de Dios, buscando autonomía de Dios, diciendo: "Nosotros podemos...

...y se juntan para construir una torre que llegue al cielo. Y Dios emite un juicio sobre ellos y hace algo, ¿para qué? Para dispersarlos. ¿Qué hace? Les da nuevas lenguas. ¿No es eso lo que hace? Les da nuevas lenguas, y ahora van hacia afuera. O sea, es para romper lo que ellos estaban haciendo; es el juicio de Dios sobre la rebeldía, la autonomía que ellos querían tener respecto de Dios, para dispersarlos.

¿Qué tenemos sucediendo en Hechos? Tenemos a Dios dando nuevas lenguas, ¿para qué? No para dispersar: para unir. Es el propósito contrario. No es el juicio de Dios, sino la bendición de Dios. Ahora, en Babel fue el juicio de Dios para dispersar; en Pentecostés es la bendición de Dios para unir. En la torre de Babel era el hombre tratando de llegar al cielo; en Pentecostés es el cielo descendiendo al hombre. Entonces creo que hay unos paralelos muy significativos aquí sucediendo con lo que vemos en la historia de Génesis 10, 11, y también 12.

¿Qué pasó en Génesis 12? ¿Qué le prometió Dios a Abraham? Génesis 12:3: "En ti serán benditas todas las naciones de la tierra". ¿Qué está pasando aquí en Pentecostés? La clave, creo, de este pasaje es lo que está diciendo Lucas en el versículo 5: "Moraban entonces en Jerusalén judíos, varones piadosos, de todas las naciones bajo el cielo". Todos los lugares hasta donde se habían dispersado los judíos: eso es de lo que está hablando. De todas las naciones donde estaban, había judíos; de todas esas naciones donde había judíos, estaban siendo representados en este lugar, en este evento.

No un asunto pragmático

Y Dios está haciendo una declaración, a través de estos eventos y a través de las lenguas, a través de que estén hablando en diferentes idiomas, acerca de Su plan para incluir a personas de todas las naciones de la tierra; acerca de la universalidad. No quiero que piensen... yo, al estudiar este pasaje, a veces pensaba que este era un asunto pragmático de Dios. O sea: "A ver, para que entiendan, les pongo en su idioma, porque si no, no van a entender". Pero creo que es mucho, mucho más profundo que eso, porque —lo vamos a ver el próximo domingo— Pedro predicó en solo un idioma y le entendieron. Entonces no es que era necesario para que entendiera la gente, necesariamente. O sea, sí había un idioma universal que podían hablar.

Pero algo más profundo estaba sucediendo en Pentecostés, que no tenía que ver nada más con el hecho de "ay, para que entiendas". No: para que veas que estás siendo incluido en el plan de redención; para eso. O sea, estas personas escuchan y dicen: "¿Cómo es que están hablando mi idioma? Nadie más aquí conoce mi idioma; nadie conoce el dialecto de donde yo vengo". Y Dios está haciendo una obra intencional a través de la cual está mostrando, sin lugar a dudas, claramente, que es Su plan incluirlos a ellos también; por eso están hablando en esos idiomas. Y es muy, muy significativo, creo yo, que el Espíritu Santo se manifestara de esa manera en este evento, para inaugurar el ministerio de la iglesia de evangelización mundial.

La primera cosecha

¿Por qué? Acuérdense: ¿qué es lo que celebraban los judíos en Pentecostés? La cosecha. La cosecha. O sea, hay un simbolismo muy significativo acerca de la cosecha, y el primer evento, en el cual se salvan 3000 personas, mostrando la primera cosecha que Dios le daba a la iglesia. Eso es exactamente lo que pasó este día: la primera cosecha de la obra del Espíritu Santo en la predicación del Evangelio se da en Pentecostés.

Sobre las lenguas: un evento descriptivo

Ahora, hay mucho que podemos decir acerca de las lenguas. Por supuesto, no voy a ser muy exhaustivo hoy, porque viene más sobre esto a lo largo de Hechos; no es la última vez que vemos que hablan en lenguas. Así que vamos a seguir estudiando, a la luz de cómo se desarrolla esta manifestación, qué es lo que dice la Biblia sobre las lenguas. Lo que sí voy a decir hoy son dos cosas.

Una es que... cuando decía yo "evento prescriptivo o descriptivo", ¿se acuerdan?, al principio del mensaje: creo que, en términos generales, este es un evento descriptivo. En términos generales, porque creo que el propósito por el cual sucede lo que sucede aquí se cumplió; o sea, no se tiene que seguir repitiendo. Es más, no digo que no pueda suceder; simplemente digo que no creo que tenga que suceder. No creo que, de la manera en que Dios ha ido trabajando a lo largo de la historia... En las iglesias donde practican el don de lenguas, pues las otras dos manifestaciones no suceden; que yo sepa, nunca han sucedido. ¿Alguna vez han escuchado de una iglesia donde todos tengan llamitas sobre su cabeza de pronto? No ha pasado otra vez. O sea, esto fue un evento único; hay algo único acerca de lo que sucedió aquí: un sonido del viento que llena el edificio.

Sin embargo, sin embargo, no voy a emitir ahorita un juicio acerca de cómo se debe o no se debe practicar el don de lenguas, y si existe o no. Nada más les voy a decir una cosa, porque, como les digo, vamos a ver esto; pero les voy a decir una cosa: al final de este pasaje van a ver que la gente reacciona de dos diferentes maneras.

¿Qué quiere decir esto?

Una, dice en el versículo 12: "Y estaban todos atónitos y perplejos, diciéndose unos a otros: ¿Qué quiere decir esto?". O sea, ellos no entienden qué es lo que está sucediendo, por qué, o cómo se conecta con la vida de Jesús o el ministerio de Jesús. Hay mucho misterio que rodea el evento en sí. Y no es malo que se pregunten eso. Creo que todos, como cristianos, como iglesia hoy en día, deberíamos de hacernos esta pregunta siempre que escuchamos de algo que sucede en algún lugar.

Hubo un movimiento muy famoso que sucedió en los 90, creo que fue, que se llamaba la Bendición de Toronto. Tengo entendido... yo no conozco muchos detalles acerca de lo que sucedió en ese momento, pero tengo entendido que empezó como un verdadero avivamiento. No les digo qué más, pero más cosas estaban sucediendo. ¿Y cuál es nuestra labor como iglesia cuando escuchamos acerca de algo así? Hacernos esta misma pregunta que se hacían estos hombres en el versículo 12: "¿Qué quiere decir esto?".

Y hay otra perspectiva, hay otra perspectiva, porque hay otro grupo de gente, evidentemente, en el versículo 13, que solo se burla de ellos. Dice: "Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto". O sea: "Están borrachos, por eso están actuando así". Entonces no le dan importancia, no le dan ningún significado; al contrario, se burlan de ellos; son incrédulos ante lo que está sucediendo.

Y creo yo que, como iglesia y como cristianos, tenemos que tener cuidado en todo esto que vamos a estar viendo a lo largo del libro de Hechos. Queremos entender y ser parte de lo que Dios haga, ¿no? Pero eso requiere mucho discernimiento, mucho, para aprender a saber cuándo debemos de rechazar cosas y cuándo debemos de aceptar cosas como de parte de Dios. En un momento vamos a ver, creo, cuáles son algunas de las señales claras de que algo viene de parte de Dios. Pero una de ellas —también lo vamos a ver el próximo domingo— es que Pedro da un sermón.

...y un apoyo bíblico, un fundamento para lo que acaba de suceder. Nosotros, hoy en día, necesitamos evaluar todo, como los de Berea, a la luz de la Palabra de Dios, y decir: "A ver, ¿qué clase de fundamento existe aquí? ¿Cómo glorifica esto a Dios? ¿Quiero ser parte de esto? ¿Es el Evangelio realmente central? ¿Se trata realmente de la salvación de las almas, o se trata de otra cosa?".

Ven por tu milagro

Yo personalmente, muchas veces, no apoyo y me mantengo al margen de muchas cosas que se organizan por iglesias cristianas, porque cuando se hacen estos eventos y campañas de sanidades —"Ven por tu milagro"—, el problema que tengo es... a ver, "Ven por tu milagro", está bien: Dios te puede sanar, Dios puede hacer cosas sobrenaturales, sí. Pero se trata acerca de la predicación del Evangelio, y se trata acerca de la salvación de almas; ese tiene que ser realmente el resultado final. No es nada más "vamos a ver qué cosa espectacular puede pasar", sino "vamos a ver cómo Dios transforma las vidas de las personas, para que entreguen sus vidas a Cristo y sean transformadas por medio del Espíritu Santo para vivir vidas de santidad y de servicio a Dios".

Eso es lo que queremos estar viendo que suceda; no nada más gente que sea sanada de alguna enfermedad. O sea, si ahí se queda todo, así, sano, puedes ir al infierno, ¿no? O sea, ¡qué visión tan limitada existe muchas veces en aquellos que están buscando lo sobrenatural y pierden de vista completamente lo que Jesús dijo que era el propósito por el cual el Espíritu Santo iba a ser enviado! ¿Cuál era el propósito? "Y me seréis testigos": la gente se empezará a salvar; eso es lo que pasará. No les dijo: "Ay, y se sanarán, y sacarán demonios". Y, de hecho, hasta podría empezar yo a citar Mateo 7, ¿se acuerdan?: "Y en tu nombre sacamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros". Y, a ver, no es eso; ese no es el punto. Sí lo hace Dios, claro que lo hace, pero eso no es el objetivo, eso no es el punto. El punto es el Evangelio, la salvación de las almas, la predicación de la cruz de Cristo como la única esperanza sobre la cual podemos poner nuestras vidas si queremos ser reconciliados con Dios.

Lenguas como señal para los incrédulos

Pablo dice algo acerca de las lenguas. Vamos a ir viendo esto en partes, porque, les digo, no hay tiempo de meternos en todo lo que hay acerca de las lenguas, y viene más sobre esto en Hechos. Así que nada más les voy a dar un poco de lo que dice Pablo, porque creo que esto se manifiesta aquí. Dice Pablo: "Hermanos, no seáis niños en la manera de pensar" —eso es 1 Corintios 14:30—; "más bien, sed niños en la malicia, pero en la manera de pensar sean maduros. En la ley está escrito: Por hombres de lenguas extrañas y por boca de extraños hablaré a este pueblo, y ni aun así me escucharán, dice el Señor. Así que las lenguas son una señal, no para los que creen, sino para los incrédulos; pero la profecía es una señal, no para los incrédulos, sino para los creyentes".

Aquí Pablo está contrastando profecía y lenguas. Ahora, algo sí pasa aquí en Pentecostés: no todos creen. Entonces creo que existe una conexión en la Biblia entre lenguas como una bendición de parte de Dios y lenguas también como un juicio de parte de Dios. Porque aquí Pablo está citando de Isaías 28, versículos 5 al 11. Vean lo que dice Isaías: "En aquel día el Señor de los ejércitos será hermosa corona y gloriosa diadema para el remanente de su pueblo, espíritu de justicia para el que se sienta en juicio, y fuerza para aquellos que rechazan el asalto en la puerta. También estos se tambalean por el vino y dan traspiés por el licor: el sacerdote y el profeta por el licor se tambalean, están ofuscados por el vino, por el licor dan traspiés; vacilan en sus visiones, titubean al pronunciar juicio. Porque todas las mesas están llenas de vómito asqueroso, sin un solo lugar limpio. ¿A quién enseñará conocimiento, o a quién interpretará el mensaje? ¿A los recién destetados, a los recién quitados de los pechos? Porque dice: Mandato sobre mandato, mandato sobre mandato, línea sobre línea, línea sobre línea, un poco aquí, un poco allá. En verdad, con tartamudez de labios y en lengua extranjera, él hablará a este pueblo".

Hay un juicio. Hay varias etapas, creo, de cumplimiento, porque Pablo cita esto cuando habla en 1 Corintios 14 acerca de las lenguas. Y creo que aquí vemos parte de este cumplimiento, y es el hecho de que estos hombres emiten un juicio sobre los que están siendo llenos del Espíritu Santo. ¿Cuál es el juicio? "Están borrachos". Pero en Isaías Dios dice que, de hecho, el juicio de estar borrachos, o sea, de no darse cuenta de lo que realmente está sucediendo, es ¿sobre quién? Sobre los que no creen. O sea, en realidad ese es el juicio de Dios sobre los incrédulos: esta falta de percepción, de sobriedad en su juicio. Y justamente dice: "La señal del juicio que yo hago sobre ustedes es que escucharán lengua extraña, una nueva lengua".

No sé exactamente cómo se conecta todo, pero algo está sucediendo aquí en Pentecostés, en donde Dios está juzgando la incredulidad de estos hombres. Y creo yo... si leen ustedes Romanos 9, 10 y 11, dándonos un antecedente de la incredulidad de Israel ante esta universalidad que vendría en la salvación de los gentiles. O sea, Israel no creería en Jesús como su Mesías, y la primera señal del juicio de Dios sobre esta incredulidad son estas lenguas extrañas que escucha. Esto viene desde Isaías 28. ¿Lo ven o no lo ven? Hay una conexión aquí: es el juicio de Dios también. No es nada más la bendición de Dios sobre los santos, sino que es el juicio de Dios sobre los incrédulos, aquellos que no quieren creer. Esta es la señal que Dios les da: escucharán lenguas extrañas. Hay una ironía aquí entre Hechos 2 e Isaías 28 que creo que es significativa.

¿Bautismo o llenura del Espíritu?

Ya les empecé a explicar algo que creo que es importante, pero lo vamos a seguir viendo a lo largo de Hechos, y es el hecho de que el Espíritu Santo tiene diferentes ministerios que desarrolla. ¿Cómo llamamos lo que sucedió en Pentecostés? A mí me causa mucho conflicto a veces. Leo estos comentarios y leo a teólogos que dicen: "Es que lo que sucedió en Pentecostés es la llenura del Espíritu Santo, no es el bautismo del Espíritu Santo". Pero eso es lo que se predijo en el capítulo 1, ¿se acuerdan? En el capítulo 1, Jesús les prometió que serían bautizados con el Espíritu Santo. Entonces yo no sé cómo lo llamas. O sea: "No, no es el bautismo del Espíritu Santo; eso es otra cosa, eso es regeneración, es lo que sucede cuando alguien se convierte; eso es bautismo, esto es llenura". Títulos.

Y a veces nos hacemos tantas bolas con estos títulos, y queremos ser tan exactos con la manera en que llamamos las diferentes cosas, que perdemos de vista el punto. No es cómo llamamos este evento; es qué está pasando en este evento. Yo no tengo problema con llamarlo el bautismo del Espíritu Santo, porque creo que eso es lo que dijo Jesús que iba a suceder, en Hechos 1: el Espíritu Santo viene y los bautiza.

Pero, ¿eran creyentes ya los que estaban en Pentecostés, sí o no? Sí; el grupo original ya eran creyentes. En Juan 15:3 Jesús afirmó: "Ustedes han sido lavados ya". O sea, ustedes ya están limpios; ya hay una regeneración que ha sucedido dentro de ellos. Pero, sin embargo, hay algo más que está sucediendo. ¿Y qué es lo más que está sucediendo? El poder del Espíritu Santo para proclamar el Evangelio con poder; eso es lo que está sucediendo ahora, de una manera extraordinaria, fuera de lo normal, porque 3000 personas se van a convertir al final de este pasaje. Espero que no les haya arruinado ya el final: "Ah, ya, ¿para qué vengo el próximo domingo? Ya sé cómo termina la historia".

Entonces vayan creando estas categorías en su mente, porque son importantes; son importantes en el libro de Hechos. Vamos a empezar a diferenciar qué está pasando. El Espíritu Santo hace una obra de regeneración para que creamos, y el Espíritu Santo desciende sobre nosotros, nos da la llenura del Espíritu para proclamar el Evangelio de Dios con poder. Hay dos aspectos, creo yo, que se ven a lo largo de la Biblia. Y, como ya les decía, no es que el Espíritu Santo nunca se había aparecido antes: "Ah, es la primera vez que se ve el Espíritu Santo, lo que hace". No, ya ha pasado; ya el Espíritu Santo está haciendo muchas cosas. Pero este es un evento, una señal extraordinaria, en la que ahora el Espíritu Santo está diciendo: "A partir de ahora, la proclamación del Evangelio irá a todas las naciones en el poder de Dios", para que este Evangelio no sea solamente para los judíos y de los judíos.

Lo que sí podemos esperar hoy

Así que quiero terminar nada más diciendo tres cosas. A pesar de que este es un evento descriptivo, también es un evento prescriptivo. No es nada más descriptivo; hay algo que aplica a nosotros, sí, porque Hechos 1:8 aplica a nosotros: "Y recibiréis poder para ser testigos". Eso somos nosotros también; no de las mismas maneras en que se vio en Pentecostés, pero sí para los mismos propósitos que se vieron en Pentecostés. Entonces quiero que pongan atención: ¿qué es lo que pasó cuando fueron llenos del Espíritu Santo? ¿Qué empezaron a decir? Hablaron en lenguas. ¿Qué dijeron en lenguas? Las maravillas de Dios.

Entonces yo quiero entender aquí... y dice el versículo 4: "Según el Espíritu les daba que hablasen". Es decir, el Espíritu Santo tiene el control aquí, y va mostrándoles y hablando a través de ellos diferentes cosas acerca de las maravillas de Dios. ¿Cuáles maravillas? No sé; a lo mejor cosas del Antiguo Testamento, a lo mejor cosas acerca del ministerio de Jesús y de lo que ellos habían contemplado; muchas cosas que la gente está entendiendo. Y eso me muestra, creo, que la llenura del Espíritu significa que la experiencia del Espíritu de la grandeza de Dios se convierte en nuestra experiencia de la grandeza de Dios cuando el Espíritu nos llena. ¿Entienden? O sea, el Espíritu comprende la grandeza de Dios porque es Dios, y cuando desciende sobre ellos, les da la capacidad de experimentar la grandeza de Dios en sus propias vidas.

Y de pronto, lo que los discípulos empiezan a experimentar es un conocimiento que no es nada más conocimiento —"Ah, sí, vendrá; ah, sí, vamos a ser testigos en toda la tierra"—, sino una pasión, una pasión por esta nueva comisión que tenían delante de ellos. Esto viene del Espíritu Santo. Y entonces el temor y las dudas que habrían podido tener, de cómo iba a funcionar esto, y si deberían de hacerlo, y "a lo mejor nos van a matar", todo eso desaparece y es tragado por la experiencia de la grandeza de Dios en sus vidas a través del Espíritu Santo. Y el valor, la valentía, el celo se desata, y les da el poder para ser testigos de la grandeza de Dios.

¿Eso es algo único de Pentecostés, o podemos esperar eso en nosotros hoy? Claro que podemos esperar eso hoy; debemos de anhelar eso hoy en nuestras vidas. Estas tres cosas que les pongo aquí son las cosas que sucedieron en Pentecostés que podemos seguir esperando, y podemos seguirlas esperando hoy. Lo demás son señales nada más; no era el fin, era nada más una señal acerca del tipo de ministerio que estaba desarrollando el Espíritu Santo en ese momento para darle esta nueva comisión a la iglesia. Se manifiesta en viento, se manifiesta en fuego, se manifiesta en lenguas. Pero ¿cuál es el resultado? Hablan las maravillas de Dios, dan testimonio del Evangelio a todas las naciones, y mucha gente se convierte.

Anhelar el avivamiento

Me regreso un momento a lo que les leía de Jonathan Edwards. Cuando leemos este tipo de experiencias y este tipo de eventos, nos distraemos fácilmente con los detalles que rodean eso, sin ver en realidad el propósito de lo que está sucediendo. Y creo que a lo largo de la historia Dios nos ha llamado a mantenernos fieles en el llamado de reunirnos, de orar, de estudiar la Palabra, de predicar el Evangelio; pero la obra la hace Dios, en Su momento. Y de pronto, a lo largo de la historia, han venido avivamientos que han sacudido naciones enteras. Y no veo por qué nosotros no podríamos estar, en nuestra vida, ahora, viviendo el principio de una de estas eras de avivamiento dado por el Espíritu Santo. No veo por qué no. Hay algo increíble y sobrenatural delante de nosotros que Dios tiene guardado, para que estemos completamente sorprendidos de la transformación que Dios pueda hacer en la vida de las personas.

No sé qué significa el hecho de que este local esté lleno. No sé, porque no lo planeamos así; no es responsabilidad mía llenar este lugar, eso es responsabilidad de Dios. Y qué quiere hacer Dios con esta iglesia es cosa de Él. Y el avivamiento que Él quiera traer, y la transformación en nuestras vidas, y la proclamación del Evangelio hacia los de afuera, para que más gente se siga convirtiendo, eso es cosa de Él. Nosotros nos mantenemos fieles, seguimos buscando Su voluntad y seguimos diciendo: "Señor, cuando Tú quieras, aquí estamos. El día que Tú quieras manifestar Tu Espíritu con poder, para hacer algo sobrenatural y extraordinario, hazlo; aquí estamos, listos".

Creo que esa actitud, esa manera de vivir nuestras vidas constantemente como iglesia, conscientes de que el Espíritu Santo se manifiesta en poder —ese mismo poder que se vio en Pentecostés es el mismo poder que Dios nos ofrece a nosotros—, cuando tenemos eso en nuestras mentes, nuestra perspectiva cambia acerca de las cosas que son posibles. ¿No es cierto? ¿No son cosas maravillosas las que Dios podría tener delante de nosotros, que aún no hemos visto? ¿Anhelan eso? ¿O "ah, estamos bien así; ah, como que ya no quiero... si hay más gente aquí, pues va a hacer más calor"? O sea, ¿hasta qué punto hemos caído en una rutina tan cómoda que dejamos de anhelar, o dejamos de pensar en el potencial que existe cuando el Espíritu Santo desciende con poder sobre un grupo de personas?

No digo que no ha pasado, ni que no pasa. Simplemente digo que hay maneras extraordinarias, en ciertos momentos de la historia, en los cuales es aún más evidente. Y nuestra oración, nuestro deseo, debe de ser seguir experimentando el poder de Dios, para ver cómo el reino de Dios avanza sobre la tierra a través de Su iglesia. El próximo domingo vamos a escuchar por lo menos la primera parte —no sé si alcance todo el mensaje para verlo todo—, pero por lo menos la primera parte de la explicación que da Pedro específicamente acerca de lo que acaba de suceder, que es su sermón.

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