Eclesiastés 9:13-10:20EclesiastésNathan Díaz
El Peligro de la Necedad
Transcripción
Temas recurrentes en Eclesiastés
Vamos a continuar en nuestro estudio de Eclesiastés. Ya llevamos varios meses estudiando este libro, y espero que vean que hay algunos temas que son recurrentes a lo largo del libro, y que desde un principio hemos estado viendo, pero regresan nuevamente, lo cual significa que son los temas importantes. Lo mismo pasa en la Biblia en general: cuando ves un tema que se repite varias veces, empiezas a darte cuenta que Dios quiere que lo notemos y que tiene mayor importancia. En el libro de Eclesiastés hemos visto ya varios temas recurrentes, uno de los cuales ha sido el tema de la sabiduría, de cómo ser sabios. Y una de las mejores maneras de ver la sabiduría es a la luz de lo que significa ser necio.
Entonces, la coincidencia es que hoy es Día del Padre, y el tema es cómo actúa un necio. Eso es lo que vamos a ver. Espero que podamos decir: "En general, así no son los papás aquí". Pero ese es el tema al cual llega el Predicador, en el capítulo 10 especialmente. Nos quedamos, si recuerdan, la semana pasada en el versículo 12; o sea, llegamos hasta el versículo 12. Ahora vamos a ver desde el 13, la última parte del capítulo 9, y el capítulo 10 también.
Lectura de Eclesiastés 9:13 al 10:20
"También vi esta sabiduría debajo del sol…" —también aquí es como un nuevo punto que quiere señalar—. "También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande: una pequeña ciudad, y pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey, y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel hombre pobre. Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fuerza, aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras. Las palabras del sabio escuchadas en quietud son mejores que el clamor del señor entre los necios. Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien.
Las moscas muertas hacen heder y dan mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable. El corazón del sabio está a su mano derecha, mas el corazón del necio a su mano izquierda. Y aun mientras va el necio por el camino, le falta cordura, y va diciendo a todos que es necio. Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas.
Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de error emanado del príncipe: la necedad está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo. Vi siervos a caballo, y príncipes que andaban como siervos sobre la tierra. El que hiciere hoyo caerá en él; y al que aportillare vallado, le morderá la serpiente. Quien corta piedras, se hiere con ellas; el que parte leña, en ello peligra. Si se embotare el hierro, y su filo no fuere amolado, hay que añadir entonces más fuerza…" —hay que añadir entonces más fuerza—, "…pero la sabiduría es provechosa para dirigir. Si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador.
Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia, mas los labios del necio causan su propia ruina. El principio de las palabras de su boca es necedad, y el fin de su charla, nocivo desvarío. El necio multiplica palabras, aunque no sabe nadie lo que ha de ser; ¿y quién le hará saber lo que después de él será? El trabajo de los necios los fatiga; porque no saben por dónde ir a la ciudad.
¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes banquetean de mañana! ¡Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber! Por la pereza se cae la techumbre, y la flojedad de las manos se llueve la casa…" —por la flojera de las manos se llueve la casa—. "Por el placer se hace el banquete, y el vino alegra a los vivos; y el dinero sirve para todo. Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra".
Cómo se ve un hombre necio
¡Ay, ay, ay! Gracias a Dios. Leemos algunos de estos pasajes, y la primera vez tienden a confundirnos, tienden a hacernos pensar que no hay gran coherencia aquí. Pero al meditar más y más y más, y leer y releer y releer, y tratar de estructurar todo, empiezas a encontrar qué es lo que creo que está tratando de decirnos el Predicador. Entonces vamos a resumir todo lo que leímos ahorita; creo que es la manera más sencilla de estudiar este pasaje. Vamos a resumirlo viendo cuáles son las características de la necedad, cómo se ve un hombre necio. Y pues, si sienten que es una descripción de ustedes, ya saben qué clase de personas son.
¿Cuáles son las características de la necedad? En este pasaje está siendo descrito desde muchos ángulos un hombre necio: así se ve desde este ángulo, así se ve desde este ángulo, así se ve desde este ángulo. Y está tratando de pintarnos un cuadro en donde vemos diferentes situaciones, diferentes experiencias de la vida diaria, y cómo reaccionaría ante esas experiencias de la vida diaria.
La primera historia que narra aquí, acerca de esta pequeña ciudad: hay pocos hombres en ella, viene un enemigo, los ataca, y hay en esta ciudad un hombre que es pobre, no tiene mucho dinero, pero es sabio. Y gracias a que es sabio, la ciudad logra resistir la invasión o el ataque. Entonces, ¿cuál sería la primera característica? Eso sería a la luz de los sabios; o sea, contrastamos necios y sabios, y creo que la manera en que reaccionan los necios… Evidentemente no hay mucha gente sabia en esta ciudad. No sé si sea una ciudad real; hay algunos ejemplos en la Biblia de situaciones que son parecidas a esta. Y aparentemente la mayoría no son sabios; hay un hombre que es pobre, pero es sabio.
El necio y el malo
Ahora, un tema aquí es que, cuando estamos hablando de un necio, podemos diferenciarlo —porque la Biblia usa otra palabra— del malo, del que hace iniquidad. Un necio es un poquito diferente; es como un paso antes. Aquel que no quiere escuchar consejo, aquel que no quiere vivir a la luz del temor de Dios, aquel que tiene sus propias ideas, es egoísta. Hay varias características acerca de un hombre necio. No necesariamente es una persona mala, simplemente es una persona necia, lo cual lo va a llevar a hacer cosas malas, como vamos a ver.
Pero en general podemos hacer una pequeña diferenciación aquí en los títulos que le damos a diferentes personas en la Biblia. Y vamos a estarnos enfocando en una persona necia. Esas son señales de alerta antes de que te conviertas en el hombre malo, en el hombre inicuo del que habla la Biblia en muchas otras partes.
El necio depende de la fuerza
Y lo que vemos, creo yo, primero, es que este hombre, de acuerdo a este pasaje, ¿qué es lo que usa para sobrevivir, para tomar decisiones, para enfrentar enemigos que vienen a él? ¿Qué usa? Su inteligencia. Eso está en el versículo 16: "Mejor es la sabiduría que la fuerza". O sea, ese punto aquí creo que nos mostraría que un hombre necio por lo regular depende de la fuerza. O sea, él prefiere usar la fuerza física, usar los recursos físicos que una persona tiene para poder salir adelante, más que su manera de pensar, su manera de actuar, su actitud delante de las cosas. Especialmente, como vimos en otras partes de Eclesiastés, su actitud delante de Dios. Es alguien que depende mucho de las capacidades y de los recursos que posee. Entonces, en esta ciudad evidentemente eso es en lo que estaban confiando. Pero viene alguien más fuerte, y ¿cómo voy a derrotar a alguien más fuerte que yo si estás confiando en tu fuerza? ¿Qué vas a hacer? Pues te das por vencido, lo cual creo que es lo que pasó con esta pequeña ciudad. Ellos ya se habían dado por vencidos, creo. Habían visto al enemigo, habían visto su estrategia; viene a atacarlos, tiene más recursos, tiene más fuerza. Sin embargo, hay alguien —no sé qué hace—, pero alguien que es muy inteligente y logra crear una estrategia contra este enemigo.
Nadie se acordaba de aquel hombre pobre
Y lo triste de esta historia es que Salomón quiere señalarnos un punto aquí que es muy curioso, porque ha pasado a lo largo de todo el libro, que es que haces algo y a nadie le importa. ¿No hemos visto ese tema ya recurrente en todo el libro de Eclesiastés? Haces algo bueno, te esfuerzas, ganas algo de dinero, quieres proveer para tus hijos, y te mueres, se los dejas, y lo desperdician; todo se lo acaban, no les importa. Tratas de ser una buena persona, tratas de ser una persona ejemplar, dejar un legado; te mueres, pasa una generación, ya nadie se acuerda que exististe. Esa es la realidad del mundo en el que vivimos. Y Salomón aquí está siendo realista con respecto a este hombre: salva la ciudad, y por un momento: "¡Ah, qué bien! Ya no nos van a conquistar". Y ya, siguen con sus actividades.
Entonces hay un sentido aquí, creo, si vemos a la luz de lo que significa ser sabios lo que significa ser necio. Si consideramos que la mayoría de las personas en esta ciudad son necias, un hombre necio carece de gratitud y apreciación por la sabiduría. Lo da por hecho. Cuando se encuentra con alguien sabio, dice: "Ah, qué interesante", y sigue su camino; no se detiene a pensar. Y es más, probablemente hasta piensa —un hombre necio piensa— que se le debe lo que alguien más hace por ellos. O sea, este hombre pobre, sabio, de la ciudad, él no le debía nada a esta ciudad. Él no tenía que rescatarlos, pero lo hace. ¿Y muestran gratitud? No, no muestran gratitud.
Ahora, ¿no es esto de alguna manera un poco el reflejo de la experiencia que nosotros tenemos con la gente a veces? "Oye, ¿me prestas dinero?". "Bueno, sí, a ver, traigo 200 pesos". "Y es que necesito…". "Ah, bueno, a ver, déjame ver… no, este… bueno, sí, sí los tengo en mi casa". "¿No me los puedes traer? Porque ando muy ocupado". Y de pronto ya se vuelve esta cosa como un derecho que tienen, ¿no?, que yo ahora tengo que hacer estas cosas por ellos. Todo esto va paralelo a Proverbios; dice muchos proverbios, y nosotros tenemos nuestros proverbios también, ¿no? "Les das la mano y te agarran la pata", ¿no? ¿O cómo dice el proverbio? ¿No es algo así? Bueno, el pie. Esa es la realidad del mundo en el que vivimos. Y creo que esa es la realidad que quiere que veamos en esta pequeña historia de una pequeña ciudad, en donde, la verdad, la gente ni es agradecida ni aprecia la sabiduría y lo que la sabiduría puede hacer por ellos. Hay un hombre bien sabio entre ellos y casi, casi pasa desapercibido; no lo aprovechan. Esa es la realidad, creo, de una persona necia.
El necio quiere llamar la atención
Otra característica —seguimos leyendo; ahí tienen los versículos donde están estos puntos, creo, de alguna manera descritos—: depende de la fuerza, carece de gratitud y apreciación por la sabiduría, y depende de llamar la atención. Le gusta llamar la atención. Y esto creo que está en el versículo 17, cuando dice: "Las palabras del sabio escuchadas en quietud son mejores que el clamor del señor entre los necios". O sea, aquí está tratando de comparar que, por lo regular, a los sabios no necesariamente les gusta llamar la atención con respecto a las cosas que tienen que decir o a su sabiduría. Son normalmente los necios los que quieren llamar la atención: "A ver, vengan para acá, quiero decirles algo. A ver, escúchenme, es muy importante lo que tengo que decirles". Así. No digo que siempre que alguien diga eso es necio, pero cuando se trata de consejo, cuando se trata de sabiduría, por lo regular es algo que sucede a un nivel mucho más privado, mucho más apartado, que a las masas necesariamente.
Esa es la realidad. La gente que llama la atención está tratando de llamar la atención por su falta de sabiduría. Probablemente están tratando de llenar lo que ellos saben que les falta con la atención que reciben de la gente. Creo que eso es parte de lo que está tratando de decirnos.
Un pecador destruye mucho bien
Otra cosa es que, dice el versículo, destruye mucho bien. Y me encanta esta parte, porque lo que dice es: "Mejor es la sabiduría que las armas de guerra; pero un pecador destruye mucho bien". ¿No es cierto que para ser sabio necesitas invertir y esforzarte, y tener tantas cosas en cuenta, mientras que para ser necio no necesitas nada más que, probablemente, ser —vamos a ver en un momento— impulsivo, hacerlo con lo primero que se te venga a la mente? Es fácil ser necio, y hacer cosas necias es fácil. Pero aquí está lo chistoso: el Predicador quiere hacernos ver que hay cosas que tardan tiempo en construir y en armarse y en desarrollarse, y un menso llega, hace una tontería y trae todo abajo. Probablemente hay muchos ejemplos que ustedes pueden pensar de situaciones así.
Yo me estaba acordando de mi hermana —no como la necia—, mi hermana Karen; ya la conocieron algunos de ustedes. Ahí yo soy el necio, porque ella siempre me pedía que jugara con ella con sus Barbies, y yo nunca quería; se me hacía medio aburrido. Y un día, después de estar toda la mañana armando esta casita que tenía tantos detalles —porque estas vitrinas de Barbie tenían todos los platitos, los vasitos, todo ahí acomodado bien dentro de cada vitrina, y los clósets con su ropita colgada con sus ganchos; o sea, ese tipo de detalle, ¿no?—… Entonces, todo lo que tardaba para crear algo así era mucho. Y cuando yo jugaba con ella —las pocas veces, porque esta creo que fue la última—, a mí no se me hacía muy divertido pasar horas arreglando una casita de muñecas. A mí se me hacía mucho más divertido crear una pelea dentro de la casa entre Ken y algún asaltante o alguien así que estaba tratando de invadir la casa. Entonces no me tomaba mucho tiempo deshacer todo el trabajo que mi hermana había tardado horas en hacer. Entonces, ya después de eso no me invitó a jugar con ella.
Y la realidad es esa. O sea, hay tantas cosas en esta vida que pensamos: son tan difíciles, representan tanto trabajo. Y una de las cosas que me vino a la mente cuando estaba meditando sobre este pasaje es: ¿cuántos ministerios hemos visto de pastores y líderes cristianos que están trabajando, sirviendo por años, tratando de avanzar el reino de Dios, de hacer cosas para la gloria de Dios, e inclusive llegan a tener iglesias enormes, ministerios enormes, y por un acto de adulterio se viene todo abajo? Esto es real. O sea, pastores que llevan un ministerio, inclusive donde tienen todas estas cosas en línea: predicaciones, mensajes, enseñanzas. Y cuando sucede eso, deciden mejor quitarlos. Tanto esfuerzo, tanto esfuerzo de sabiduría, para que un acto de necedad destruya todo. Esa es la imagen que creo que el Predicador quiere que veamos.
Las moscas muertas y el perfume
Y por eso dice este dicho tan curioso del versículo 1 del capítulo 10: "Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable". ¿No es interesante que use esta analogía? Algo que olía rico originalmente, algo que estaba diseñado para placer y para ser disfrutado. Y una mosquita le entra y empieza a causar mal olor dentro de eso, y entonces ya tienen que tirar todo el perfume. Esto tiene que ver con la cultura y las prácticas de esa época en relación a los perfumes, que eran tan comunes: estos aceites de elegancia que usaba la gente para salir en público. Tenían que cuidarlos bien; era fácil que se echaran a perder por una simple mosca.
Y quiere el Predicador que veamos que una pequeña locura es muy, muy peligrosa. El problema es que subestimamos la necedad; subestimamos las decisiones malas que podemos llegar a hacer. "No creo que lo que suceda sea tan malo; no creo que la consecuencia que acarree esta decisión sea tan terrible". Y lo siguiente que sabes es que ya es como una bola de nieve que se hace más y más y más y más grande. ¿No pasa eso con las mentiras? Piensas: "Es una mentira pequeña, para evitar ahorita las consecuencias, pero es chiquita". Y de pronto, cuando se descubre esa mentira, necesitas crear otra mentira un poco más grande para tapar esa mentira. Y cuando se descubre esa mentira, tienes que hacer otra mentira más grande todavía para tapar esas. Y de pronto ya estás en un lío enorme que originalmente no parecía gran cosa. Y puedes echar a perder tantas cosas por malas decisiones que tomas. Vamos a ver algunos de esos ejemplos.
La necedad es evidente para todos menos para el necio
La otra cosa de la necedad: no solo tiene el problema de que destruye mucho bien, sino que muchas veces es evidente a todos menos a la persona que está haciendo las decisiones necias. Dice el versículo 3 —y ahora el versículo 2 nuevamente muestra estas decisiones que dividen el camino—: "El corazón del sabio está a su mano derecha, mas el corazón del necio a su mano izquierda". Alguien que estuviera metido en la política, que quisiera desanimar a la gente a votar por un partido de izquierda, podría usar ese versículo, ¿no? "No, la Biblia dice que la necedad está del lado izquierdo". Eso es lo que dice, ¿no? No, no es lo que dice. Pero si quisieran usar mal la Biblia, podrían usarlo así.
¿A qué se refiere este pasaje? A decisiones sabias, decisiones necias. Diestra y siniestra: ¿de dónde viene la palabra "siniestro"? Mano izquierda. Nada contra los zurdos ni nada; o sea, esto no es un tema en sí de la izquierda y la derecha. Siempre es una manera de crear dos categorías diferentes y decir: derecha son las decisiones moralmente correctas, las decisiones sabias; izquierda son las decisiones que caracterizan a una persona necia, malas decisiones, moralmente incongruentes.
"Y aun mientras va el necio por el camino, le falta cordura, y va diciendo a todos que es necio". Esta es la característica de una persona necia: que muchas veces empiezan a darse cuenta las personas que los rodean: "Este cuate está re mal, y no lo ve". ¿No es cierto que, después de ir llevando un cierto estilo de vida e ir tomando ciertas decisiones, la necedad se va volviendo más y más evidente? No es algo que sucede de la noche a la mañana. Esto es un estilo de vida, unas ciertas decisiones que se van tomando: pequeñas decisiones, pequeñas decisiones día a día, que te van llevando en un camino. Y esas decisiones que te van llevando en un camino se empiezan a volver la característica de tu vida, y mucha gente a tu alrededor probablemente lo va a empezar a ver, lo va a empezar a notar. Así que pon atención: si alguien te dice: "Oye, estás actuando medio necio", a lo mejor hay algo de verdad ahí. A lo mejor tú no lo ves y los demás sí lo están viendo. Es importante escuchar el consejo.
Cuando alguien se enoja contigo
¿Qué más dice? Versículo 4: "Si el espíritu del príncipe se exaltare contra ti, no dejes tu lugar; porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas". ¿Cuál es otra característica de la necedad? Alguien se enoja contigo, y ¿cómo reaccionas? Pongan atención al consejo aquí. Había otro consejo en el capítulo 8, ¿se acuerdan? El versículo 3 decía: "No te apresures a irte de su presencia", hablando del rey, "ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quiere". Es un consejo parecido aquí, donde dice: a ver, si una persona que está en autoridad sobre de ti —en este caso el rey; habla algo aquí de política todo este pasaje—, si es el rey, si es una persona que está en autoridad sobre de ti, se enoja, te grita, ¿cómo reaccionas? No dejes tu lugar. No tomes una decisión impulsiva acerca de cosas que suceden de repente en tu vida.
Acabo de escuchar a alguien, dijo: "Renuncio". ¡Cuidado! No. El primer problema que tengas en tu trabajo con tu jefe: "Ah, no, renuncio, ahí se ven". Probablemente te vas a arrepentir de haber hecho eso; probablemente será una decisión necia. Pero el problema es que, como están enojados contigo, es muy fácil tú enojarte también. Es muy fácil reaccionar mal contra alguien que está actuando mal contra ti. Proverbios 15:1 habla un poco acerca de eso; dice: "La suave respuesta aparta el furor, mas la palabra hiriente hace subir la ira". Todos sabemos de qué está hablando eso, ¿no?
En el matrimonio pasa esto. A ver, yo hago algo que le molesta a mi esposa, pero yo ni me doy cuenta que la hice enojar, o yo no me di cuenta que hice algo mal. Pero más adelante en el día me doy cuenta que está enojada. "¿Está enojada? ¿Por qué está enojada?". Y como no entiendo por qué está enojada, yo me enojo con ella por estar enojada sin razón, según yo. Luego ella me ve enojado y dice: "¿Por qué está enojado él, si él es el que empezó todo?". Y ella se enoja más. Y ese es un ciclo que se va desarrollando y se va haciendo más y más grande, porque nadie termina con el ciclo; todos continúan con el ciclo, el ciclo de la ira, el ciclo de enojarse. Es más fácil continuarlo que terminarlo. Si alguien te grita, ¿qué es más fácil? También gritarle: "Ah, ¿tú me vas a gritar? Ah, no, no, no, déjame gritarte yo también".
La mansedumbre hará cesar grandes ofensas
Esa es la actitud que tenemos con respecto a la mayoría de situaciones. Pero dice el Predicador: eso es necio. Si actúas así, estás siendo un hombre necio, porque la mansedumbre hará cesar grandes ofensas. La manera en que tú reacciones ante un conflicto es importantísima, y va a reflejar la sabiduría que Dios te puede dar para manejar cualquier tipo de situación. Vean Proverbios 25, versículo 15: "Con la mucha paciencia se persuade al príncipe, y la lengua suave quebranta los huesos". La lengua suave quebranta los huesos. ¿Quieres un arma poderosa? No es cuántos insultos sabes decir; es cuántas cosas buenas sabes decir acerca de una persona que te insulta. Esa es el arma más poderosa. Es la manera mejor para contrarrestar e influenciar a alguien que a lo mejor está mal por su manera de reaccionar. Eso es lo que nos está tratando de enseñar: sé sabio con respecto a cómo quieres influenciar a tu sociedad, y en términos de política —híjole, en política nunca acabamos de enojarnos, ¿no es cierto?—, ¿cómo mejor podemos influenciar a nuestra sociedad, políticamente hablando: con fuerza o con sabiduría? Con la manera en que reaccionamos ante nuestras autoridades, muchas veces hay mucha mayor sabiduría. Ustedes lo ven en el caso de Ester, por ejemplo. Se desarrolló esta historia con el rey Asuero y todas las situaciones que siguieron con su tío Mardoqueo, y cómo planearon esto con cuidado: "A ver, ¿cuál es el mejor momento para presentarte delante del rey? ¿De qué maneras puedes influenciarlo de la mejor manera, más efectiva? Vamos a buscar el momento correcto, la situación correcta. Vamos a estar orando, vamos a invitar a todo el pueblo a ayunar con nosotros y a orar". Porque sabemos que no se trata de levantarnos en armas y nada más decir: "Ah, es que estos nos están oprimiendo, están mal, nos quieren matar". No; vamos a buscar la manera de influenciar a través de la mansedumbre y de la templanza. Vamos a buscar la manera de influenciar nuestra sociedad y nuestros líderes y nuestras autoridades. La característica de la necedad es que responde impulsivamente.
Un mundo al revés
Número dos, vemos aquí varias cosas que dice: "Hay un mal que he visto debajo del sol, a manera de error emanado del príncipe: la necedad está colocada en grandes alturas, y los ricos están sentados en lugar bajo. Vi siervos a caballo, y príncipes que andan como siervos sobre la tierra". Aquí la característica que nos quiere mostrar es que, qué casualidad, en un mundo lleno de necios, los que gobiernan a veces no son los más aptos. Los que están en el poder, los que están en autoridad, no son los mejor preparados; no son los que deberían necesariamente estar en poder y autoridad. O sea, a lo que lleva la necedad es a empezar a ver un mundo que es gobernado por la gente que toma malas decisiones.
Aquí el contraste entre el rico y el pobre no es en relación a que "ay, los ricos deberían de tener reconocimiento". Simplemente es: ¿quiénes están mejor preparados? ¿Quiénes son las personas que deberían estar en las posiciones que les corresponden? O sea, el mundo empieza a estar al revés: personas más preparadas y con más inteligencia y más sabiduría están aquí abajo, sin influencia, y las personas más insensatas y más necias están aquí arriba, con muchísima influencia. ¿Se parece a nuestro mundo? O sea, vean la carrera política que hay ahorita en Estados Unidos para presidente. ¿De veras estas son las personas más preparadas para dirigir a un país? Es el resultado de un mundo de necios y de decisiones necias, que va a hacer que las cosas de pronto no estén como deberían de ser, que todo esté al revés.
Actuar sin planear ni tener cuidado
Y la otra que nos quiere mostrar está desde el versículo 8 hasta el versículo 11: "El que hiciere hoyo caerá en él; y al que aportillare vallado, le morderá la serpiente. Quien corta piedras, se hiere con ellas; el que parte leña, en ello peligra. Si se embotare el hierro, y su filo no fuera amolado, hay que añadir entonces más fuerza; pero la sabiduría es provechosa para dirigir. Si muerde la serpiente antes de ser encantada, de nada sirve el encantador". ¿A qué se refieren todas estas situaciones que está diciendo el Predicador que pueden suceder? Se está refiriendo a que una persona necia, por lo regular, no tiene cuidado. Estos son accidentes que nos pasan a todos cuando no tenemos cuidado, o nada más simplemente por no pensar las cosas antes de hacerlas.
Les dije que a lo mejor esto iba a hacernos sentir como que son descripciones de nosotros. Creo que en algún momento todos encajamos dentro de alguno de estos, ¿no? Agarras la madera sin cuidado y ¿qué pasa? Te astillas. Y ahí estás, tratando de cortar algo con un cuchillo, y estás duro y duro, y no corta y no corta y no corta. Y llega alguien y dice: "Prueba con este". Y ese está… "¡Uh, bien fácil!", ¿no? Y es nada más porque no nos detenemos a pensar qué es lo que estamos haciendo y cómo lo estamos haciendo. La realidad es que los accidentes pasan, y las decisiones necias suceden, por no tomarte el tiempo para planear y tener cuidado con lo que estás haciendo. Todos nos identificamos aquí con esto, ¿no? Todos.
Cuando te descuidas es cuando pasan los accidentes. Pon atención, fíjate, prepárate. Si vas a domar a una serpiente, asegúrate primero de que de veras esté domada antes de agarrarla. Son cosas como muy básicas, muy sencillas, muy obvias, pero la verdad es que a todos se nos va. Entonces, esta es otra característica de la necedad: hacer las cosas sin planear o tener cuidado. El asunto es este: nuevamente, subestimamos las consecuencias de malas decisiones. ¿Cuántas veces decimos: "Ah, no pasa nada"? ¿Cuántas veces escuchamos que esa es la frase para defendernos de alguna situación? Si tienes que decir: "Ay, no pasa nada", probablemente no deberías de estar haciéndolo. Probablemente deberías de tener cuidado con qué clase de cosa está causando que la gente te diga: "Ten cuidado", y que tú tengas que defenderte diciendo: "Ay, no". "No te subas allá arriba sin ningún tipo de protección, te puedes caer". "Yo puedo". Por eso es un mensaje de Día del Padre este. Pensamos que nuestras decisiones no tienen consecuencias; no pensamos las cosas bien, actuamos sin pensar.
Habla mucho y sin pensar
Continúa el pasaje diciendo: "Las palabras de la boca del sabio son llenas de gracia, mas los labios del necio causan su propia ruina". Es decir, habla mucho y sin pensar. O sea, por un lado hace cosas sin pensar, actúa, toma decisiones sin pensar; por otro lado, habla sin pensar también. "El principio de las palabras de su boca es necedad, y el fin de su charla, nocivo desvarío. El necio multiplica palabras, aunque no sabe nadie lo que ha de ser". En el capítulo 5, versículos 2 y 3, ya vimos algo acerca de esto: no hables más. Esa es una característica de los necios: hablar, hablar. De todo tiene una opinión, todo quiere decir, y no deja hablar a nadie más, y siempre está hablando, hablando, hablando, hablando, hablando. La gente se cansa y dice: "Ah, pues ya mejor ni lo voy a escuchar, porque de todas maneras siempre está hablando". Escoge tus palabras sabiamente.
Eso es un chiste de nuestra familia ya, pero se los voy a decir, porque conocen a mi mamá y saben su personalidad, y ustedes no la describirían como una persona que habla mucho. Y entonces, en nuestra familia, cuando estábamos normalmente platicando o algo estábamos haciendo, y todos estamos hablando, y mi mamá está callada, nada más escuchándonos cómo hablamos y hablamos y hablamos, y discutimos y peleamos y todo… Y entonces se volvió una broma entre mis hermanas y yo que, cuando iba a decir algo mi mamá —se volvió una broma, ¿no?—: "¡Va a hablar! Va a hablar mi mamá. Vamos a escuchar palabras de sabiduría". ¿No? "A ver qué tiene que decir". Porque cuando habla, algo sabio va a decir, porque escoge sus palabras con cuidado; no siempre está hablando. Entonces todos nos callamos, y nada más: "A ver, mamá, ¿qué vas a decir?". Entonces, obviamente, ya arruinamos sus palabras de sabiduría, porque ahora todo era una broma.
Pero pongo eso como ejemplo no porque diga que necesariamente las personas que hablan más son más necias. El asunto no es ese. El asunto es: escoge tus palabras. No nada más hables, porque probablemente, si nada más hablas y siempre estás diciendo la primera cosa que te viene a la mente, vas a decir muchas tonterías, que te van a meter en problemas. En un momento vamos a llegar al tema también de las redes sociales, pero más hacia el final.
Habla mucho sin pensar. Tenemos algunos pasajes que nos hablan acerca de eso. Vean lo que dice Proverbios 18:7: "La boca del necio es su ruina, y sus labios una trampa para su alma". Y Platón —fíjense, esta frase la leí cuando estaba estudiando esto; me gusta—, Platón dijo: "Los sabios hablan porque tienen algo que decir; los necios hablan porque tienen que decir algo". Vean lo que dice Lucas 4:22, porque aquí vemos algo que caracterizaba a Jesús, y esto es la manera en que la gente percibía lo que Él decía. Lucas 4:22 dice: "Y todos hablaban bien de Él, y se maravillaban de las palabras llenas de gracia que salían de Su boca, y decían: ¿No es este el hijo de José?". O sea, algo de cada palabra que decía Jesús durante Su ministerio impactaba a la gente, porque eran palabras cuidadosamente escogidas por Dios mismo, que quería comunicar a nosotros. Y para la gente era evidente: "Este es un hombre sabio; aquí hay sabiduría".
¿Qué tanto de lo que decimos son tonterías, y qué tanto de lo que decimos son palabras sabias que realmente edifican? Pues ahí está una de las claves, creo yo, de qué tipo de palabras deberíamos estar escogiendo decir todo el tiempo. ¿Esto edifica? ¿Esto va a ayudar? ¿O nada más estoy sacando frustraciones personales e ideas que tengo, y al rato nada más me voy a arrepentir y voy a tener que decir: "Perdón, no debía haber dicho eso"? ¿Cuánto actuamos de esa manera? Especialmente, creo, en el contexto del matrimonio y de la iglesia. Creo que en la iglesia hay mucho de esta realidad.
Arrogancia sobre el mañana
Dice: ten cuidado, porque a veces también tus palabras son el reflejo de arrogancia y de jactancia sobre el mañana. Este tema también ya lo hemos visto: capítulo 3, versículo 11; capítulo 6, versículo 12; capítulo 7, versículo 14; capítulo 8, versículo 7. "El necio multiplica palabras, aunque no sabe nadie lo que ha de…" —lo que ha de ser—, "¿y quién le hará saber lo que después de él será?". Una buena razón para no hablar tanto es porque no sabes el futuro. Y muchas veces la arrogancia que sale, y la razón por la que nos gusta hablar tanto, es porque queremos parecer fuertes, porque queremos parecer sabios con respecto a qué tanto control tenemos sobre todas las situaciones de nuestra vida. Pero la realidad —es un tema recurrente en Eclesiastés—, la realidad es que tú y yo no controlamos nada: ni el día que morimos, ni el día que nos pasa algo malo, ni el día que cualquier cosa.
"Mañana voy a ir a trabajar". ¿Cuántos de ustedes están planeando esta semana que viene? Ya están diciendo: "Esto es lo que voy a hacer esta semana". Yo estoy planeando. ¡Hola! ¿Nadie está planeando nada? "A ver qué pasa mañana; despertar, a ver si no me morí ya". ¿Así planean su vida? No, así planeamos. Pero, ¿cómo hablamos con respecto a esos planes? Cuidado con la arrogancia que pueda surgir con respecto a qué tanta seguridad sabemos sobre cómo van a resultar las cosas: "Yo sé que si hacemos esto, así va a ser. Yo sé que si seguimos estos pasos, vamos a lograr esto. Yo sé, yo sé, yo sé, yo conozco, así será". Y ese tipo de plática, ese tipo de palabras y de frases, salen de la boca de una persona necia.
Una vida sin rumbo
Al final, ¿qué pasa? Hablan mucho sin pensar, y, dice el versículo 15, llevan un rumbo que, la verdad, ni saben para dónde van. No tienen una visión clara, no tienen una visión concreta de su vida en realidad, de cuál es el propósito, o más bien de quién es el propósito; lo vamos a ver en un momento. Pero la realidad de la vida de un necio es que muchas veces se caracteriza por la indecisión también, por la falta de saber nada de hacia dónde va su vida y qué es lo que quiere hacer. Están los dos lados: por un lado, la jactancia y la arrogancia de pensar que tiene todavía todo bajo control; y por otro, la completa apatía e indiferencia sobre su vida, diciendo: "Ah, pues la pasamos bien, qué importa lo que pase". Sin ningún tipo de pasión, sin ningún tipo de motivación para las cosas que hace. Lleva una vida sin rumbo. No sabe por dónde ir a la ciudad, no sabe cómo va a llegar allá, no sabe para qué va a llegar allá.
Oseas 4:6. Muchas veces este concepto de la falta de dirección viene de no saber más cosas, de no ponernos a estudiar más acerca de la voluntad de Dios y de qué es lo que Dios nos dice. "Por cuanto tú has rechazado el conocimiento, yo también te rechazaré para que no seas mi sacerdote; como has olvidado la ley de tu Dios, yo también me olvidaré de tus hijos". Oseas 4:6. Rechazamos a Dios, y Dios nos pone en un camino que no tiene rumbo. ¿A dónde vas? No sabes. ¿Sabes de qué se trata tu vida y hacia dónde va? ¿Sabes? Un necio no. Un necio no sabe.
Hacen lo que quieren sin considerar sus responsabilidades
Siguiente característica —ya casi acabamos—. Dice el versículo: "¡Ay de ti, tierra, cuando tu rey es muchacho, y tus príncipes banquetean de mañana! ¡Bienaventurada tú, tierra, cuando tu rey es hijo de nobles, y tus príncipes comen a su hora, para reponer sus fuerzas y no para beber!". Aquí hay un contraste entre dos tipos de líderes. Vamos a ver cuáles son características de la necedad: que hacen los necios lo que quieren sin considerar sus responsabilidades. Estos reyes, pobrecitos; o sea, los que están puestos en autoridad y son unos irresponsables. ¡Cuánto daño hacen los que dicen: "Ya llegué, ya llegué a la cima. Ahora sí puedo hacer todo lo que se me dé la gana, que nadie me regañe, que nadie me diga"! Y entonces pone esta escena donde están emborrachándose desde la mañana, y no les importa; no les importa cuáles sean sus responsabilidades o a quiénes afecten con sus decisiones.
Por otro lado, qué dichosos son aquellos que tienen líderes que comen a su hora para reponer sus fuerzas y no para beber. Es decir, toman en serio las responsabilidades que tienen delante de ellos, y dicen: "Sí, voy a asumir las responsabilidades que Dios me ha dado. Bien, voy a hacer lo que hago bien. No voy a pasar la vida nada más buscando primeramente cualquier deseo que me viene a la mente o que tengo en el corazón. Eso no es lo primero que voy a satisfacer, sino que voy a asumir las responsabilidades que Dios me dio". Y los gobernantes tienen una gran responsabilidad. Las personas que son puestas en autoridad tienen una gran responsabilidad de asumir esas responsabilidades con sabiduría, tomando buenas decisiones.
Los necios son flojos
Versículo 18. A lo mejor ya están… ya como que ya se pasó esto de las cosas que hacen los necios. Los necios son flojos. Si ves a una persona floja, estás viendo una persona necia. Dice el versículo 18: "Por la pereza se cae la techumbre, y por la flojedad de las manos se llueve la casa". Por ser flojo no hace las cosas bien; obviamente vienen consecuencias de ser flojo. Entonces, las cosas que haces están mal hechas; haces una casa toda mal hecha, entonces empieza a haber goteras. Híjole. No, no es nada… O sea, yo soy mexicano, entonces me duele cuando hacen esta caracterización de los mexicanos, que somos flojos. No creo que sea verdad, pero sí somos medio mal hechos a veces. Eso sí, la verdad, nos caracteriza. Y me doy cuenta porque ¡cuánto trabajo nos cuesta encontrar a alguien que haga bien las cosas! Y muchas veces no es ni el precio lo que nos importa; es el tema de: "Hazlo bien". No quiero meter a nadie en problemas; mejor ya no voy a dar ejemplos. ¿Qué tal si luego vienen a la iglesia y estoy hablando de ellos, y dicen: "Ay, estabas hablando de mí cuando decías que eran flojos"? Pero ustedes saben a lo que me refiero: que a veces la gente simplemente es floja. Y la Biblia nos está invitando a no ser flojos, a hacer las cosas bien.
Proverbios 6:6: "Ve, mira la hormiga, perezoso, observa sus caminos, y sé sabio". Cuando veas el mundo animal, vas a aprender un poquito de cosas que te van a ayudar a ser una persona más sabia. Proverbios 6, versículos 9 al 11, dice: "¿Hasta cuándo, perezoso, estarás acostado? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño? Un poco de dormir, un poco de dormitar, un poco de cruzar las manos para descansar, y vendrá como vagabundo tu pobreza, y tu necesidad como un hombre armado". No se anden quejando luego: "Y ay, es que no tengo dinero, es que no…". No seas flojo, dice la Biblia. Normalmente los problemas, las necesidades, surgen especialmente sobre los necios. No siempre, pero en general podemos decir que los necios sufren más necesidad a causa de su flojera que la gente que toma en serio lo que hace.
El uso de los recursos
Y aquí viene otra frase: "Por el placer se hace el banquete, y el vino alegra a los vivos; y el dinero sirve para todo". Esta frase, algunos comentaristas dicen que es a lo mejor una referencia a un canto famoso, una canción que cantaban cuando se emborrachaban. No me imagino cuál podría haber sido la música, ¿no? Pero: "Por el placer se hace el banquete, el vino alegra a los vivos, el dinero sirve para todo". Como cuando hacen sus fiestas, ¿no?, y ponen sus corridos, y: "Es la fiesta, vamos a pasarla bien". Ese tipo de canción. Sé sabio, sé sabio.
Otra referencia acerca de este versículo, creo, tiene que ver con esto: tienes recursos a tu disposición; ¿cómo los usas? ¿Cómo usas los recursos que tienes? Tenemos comida, tenemos bebida, tenemos dinero. ¿Cuál es la manera más sabia de usar las cosas que Dios nos ha dado? Y nada más son invitaciones a pensar. El perezoso no sabe aprovechar correctamente los recursos.
Me lo dijo un pajarito
Y ahí viene uno bueno; este es el último: "Ni aun en tus pensamientos digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra". "Me lo dijo un pajarito", así es como me enteré. Y hoy en día tenemos un pajarito que es color azul, que está en sus teléfonos, que causa problemas. ¿Por qué causa problemas? A la gente se le hace bien fácil quejarse así, ¿no?: "Es que mis jefes…". Y luego lo ven los jefes, ¿y qué hacen? "Ah, tú pusiste esto". "Ya lo borré". "Ah, no, pero ya lo vieron miles de personas. Estás despedido". Cuidado con lo que piensas. Cuidado con lo que tú crees que es tan secreto, de lo que crees de otros y lo que dices de otros, porque probablemente saldrá a la luz.
Dice en Lucas, capítulo 12: "Y nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse. Por lo cual, todo lo que habéis dicho en oscuridad se oirá a la luz, y lo que habéis susurrado en las habitaciones interiores será proclamado desde las azoteas". "Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno, de su buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo, de su mal tesoro saca cosas malas. Y yo os digo que de toda palabra que hablen los hombres darán cuenta de ella en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado". Mateo 12:34-37.
Un hombre necio habla mal de sus autoridades. No piensa las cosas; simplemente saca sus frustraciones y su enojo todo el tiempo. ¿Y adivina qué? Se mete en problemas. Y si no se mete en problemas, Dios juzgará cada palabra que digas. Así que no hay escapatoria aquí; no hay manera de evadir la gran responsabilidad de las cosas, no nada más que decimos, sino, de acuerdo a este pasaje, de las cosas que pensamos. Cómo te sientes con respecto a una cierta persona es importante para Dios.
"Ah, sí, sí. ¿Quieres odiar a tus autoridades, a tus líderes? ¿Quieres tener siempre rencor y amargura contra ellos? Está bien, mientras no les digas nada. Por lo menos no se los digas a su cara, y entonces no hay problema. A tu esposa sí, cuéntale, y a tus hijos, y a todos los demás que estén en su casa". Pero así funciona, dice la Palabra de Dios: lo que digas en secreto tarde o temprano se convertirá en un reflejo externo y real de tu vida. Tarde o temprano te afectará en esas relaciones; tarde o temprano te vendrá a confrontar. Dios mismo te confrontará por esas cosas que dices.
Hablar con el hermano, no de él
Cuidado con cómo respondemos ante las autoridades que Dios ha puesto delante de nosotros, con qué actitud respondemos. Porque a veces nos controlamos: "Sí, sí, sí, lo hago". Pero en la realidad, por dentro, estoy pensando todas estas cosas terribles, y estoy totalmente enojado, y estoy totalmente amargado, porque no me gusta, no lo acepto: "No, no, no, no, estás mal, está mal, está mal. Que no me digan eso". Pero vengo a la iglesia: "Ah, todos son mis hermanos, todos estamos felices". No es cierto. Eres un hipócrita, eres un necio, porque las cosas que dices en tu casa no las dirías aquí.
Si vas a hablar acerca de un hermano, sobre su actitud, sobre las cosas que dice, sobre las cosas que hace, ¿qué deberías de hacer? Decírselo a él, y primero a él antes que a otros. "Te lo cuento, eh, pero nada más para que estés orando. Pero el hermano anda haciendo unas cosas bien mal. Pero no es chisme, es un punto de oración". Creo que eso no es lo que está diciendo aquí el Predicador: "Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en lo secreto de tu cámara digas mal del rico". Aunque esté mal, aunque esté tomando malas decisiones y te esté afectando, busca la sabiduría, la mansedumbre, la templanza de parte de Dios para aprender a lidiar con esas cosas y a confrontarlas en amor.
La sabiduría viene del temor de Dios
Al final del día, quiero que vean esto, porque con esto vamos a cerrar. Ya hemos visto esto a lo largo de Eclesiastés; lo más reciente fue en Eclesiastés 8, versículos 12 y 13, que decían: "Aunque el pecador haga mal cien veces, y prolongue sus días, con todo yo también sé que les irá bien a los que temen a Dios, los que temen ante Su presencia; y que no le irá bien al impío, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no teme delante de la presencia de Dios". Aunque este pasaje, todo lo que hemos leído ahorita, no mencionó ni una sola vez a Dios, sabemos que en el contexto más grande de Eclesiastés hay algo que el autor tiene en mente, que es que la verdadera sabiduría viene, ¿de dónde? De temer a Dios. Y el temor a Dios se va a reflejar en ciertas maneras en que vivimos que no son las maneras de los necios. Entonces, si tú temes a Dios, se va a ver que temes a Dios, porque no vas a actuar como un necio. Un necio empieza por no temer a Dios, y de esa raíz, de ese fundamento, surgen muchas otras actitudes en la vida.
¿Podemos ser rescatados de la necedad?
Así que hago esta pregunta —esto es lo que vamos a decir para cerrar todo esto—: ¿podemos ser rescatados de la necedad? ¿Somos necios? Sí, somos necios. O sea, este pasaje creo que hizo bien claro que todos encajamos de alguna manera u otra en estas circunstancias. No creo que haya nadie de nosotros que pueda decir: "Yo como que vi a todos los demás aquí, pero yo…". ¿Podemos ser rescatados de nosotros mismos? Eclesiastés, el Predicador, nos está invitando a no ser necios: no seas este tipo de persona, no seas así. La Biblia nos está invitando a ser ese tipo de personas que no son necias.
"Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Así pues, no seáis necios, sino entended cuál es la voluntad del Señor". Efesios 5:15-17. Y Colosenses 4, versículos 5 al 6: "Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo. Que vuestra conversación sea siempre con gracia, sazonada como con sal" —como en el campamento; vamos a hablar de eso—, "para que sepáis cómo debéis responder a cada persona". Esas son las características de una persona sabia. La Biblia constantemente nos está invitando a ser personas sabias.
Híjole, ¿podemos ser sabios? Creo que no funciona tan fácil como: "Ay, de hoy en adelante voy a ser una persona sabia. Me voy a comportar como todo un sabio. Aquí tengo mi lista de todas las cosas insensatas que hace la gente, todas las cosas necias; voy a asegurarme de no hacer esas cosas en esa lista". ¿No sería nuestra tentación ir en esa dirección? Pero esa no es la respuesta que nos da la Biblia.
Un Salvador pobre, pero sabio
La respuesta, de hecho, está en una historia paralela a la que leímos en el capítulo 9. En el capítulo 9 de Eclesiastés leímos sobre una ciudad, una pequeña ciudad llena, en realidad, de gente necia. ¿Y qué pasa con esa pequeña ciudad? Viene un gran enemigo, alguien que ellos no pueden vencer, que no tienen la capacidad de vencer, porque ellos están confiando en sus propias fuerzas. Ellos dicen: "A ver, ¿cómo le hacemos? No, no podemos". Llegan a esa conclusión bastante rápido, porque se dan cuenta de qué tan grande es el enemigo que está delante de ellos. ¿Quién salva el día en esa historia? Un salvador pobre, representante de la sabiduría de Dios. Es aquel que logra salvarlos de este gran enemigo que ellos no podían enfrentar. ¿Y qué hace la gente de la ciudad después de que ha sido rescatada por este hombre pobre pero sabio? ¿Qué hacen? "Sí, gracias", y siguen con sus vidas. Lo ignoran completamente. Vimos que eso es un reflejo de ingratitud, de falta de saber reconocer dónde está la verdadera sabiduría.
¿Y no es acaso verdad que esto es exactamente lo que sucedió cuando Jesús vino al mundo? Nosotros, aquí, una bola de necios tontos, somos confrontados con el más grande enemigo, que ninguno de nosotros podíamos vencer, que se llamaba pecado y se llamaba muerte. Nadie de nosotros podemos enfrentar ese gigante; nadie de nosotros teníamos las capacidades en nuestras fuerzas para enfrentarnos contra lo que estaba delante de nosotros. Así que nuestro destino era perdición y condenación absoluta y total. Pero de pronto, de quién sabe dónde, surge alguien pobre, pero que representa la sabiduría de Dios entre nosotros, para hacer lo que se necesitaba hacer para derrotar a ese enemigo, que fue entregar Su propia vida. Esa es la sabiduría de Dios de la que está hablando la Biblia: entregar Su propia vida en nuestro lugar para poder derrotar al enemigo que nosotros no podíamos vencer. Y nos está ofreciendo la victoria que Él ya ganó sobre el enemigo. Es una historia que es representativa del plan de Dios para redimir el mundo.
¿Cómo responderemos? Esa es la pregunta. ¿Como la gente de esta ciudad, con indiferencia e ingratitud, o con admiración y lealtad ante este hombre pobre, pero eternamente sabio, que sabe cómo rescatar a toda una nación para sí mismo, y que nos ofrece hoy Su sabiduría, la sabiduría de Dios? Si tan solo lo vemos a Él y ponemos nuestra fe en Él, absoluta y fundamentalmente, para nuestras vidas, para el resto de nuestras vidas; que la dirección en la cual vamos esté basada en Él. Esa es la pregunta: ¿sabes hacia dónde va tu vida? ¿Sabes para qué estás aquí? Jesús vino a mostrarte la sabiduría de Dios y el propósito que Dios tiene en el plan de redención, revelado a la humanidad en el evangelio de Jesucristo.
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