Iglesia Evangélicade Cuajimalpa

Hechos 2:14-21HechosNathan Díaz

El sermón de Pedro (parte 1)

¿Qué son los últimos días según la Biblia? En Hechos 2:14-21 Pedro explica Pentecostés citando a Joel: el Espíritu derramado sobre todos, no solo sobre unos cuantos escogidos. Nathan Díaz muestra por qué los últimos días comenzaron con la primera venida de Cristo, qué significan esas señales de juicio, y por qué todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo.

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Transcripción

Lo que vimos en Pentecostés

Bueno, Hechos 2. Vimos el evento de Pentecostés la semana pasada, los primeros 11... perdón, 13 versículos de Hechos 2. Así que tenemos este evento sumamente extraño para nosotros en muchos sentidos, porque son eventos que no se han vuelto a repetir: esto de fuego sobre las cabezas, y el sonido de viento, y, ah, inclusive, creo, lenguas, en el sentido y en el propósito por el cual Dios lo manifestó aquí. Entonces hablamos la semana pasada acerca de tres cosas. Una es: hablamos del viento, viéndolo en el Antiguo Testamento, representando la soberanía de Dios. Dios hace lo que quiere, se mueve como quiere; Jesús habló de eso en Juan 3. Hablamos acerca del fuego como representativo, en el Antiguo Testamento, de la presencia de Dios. Y también hablamos acerca de las lenguas, y las lenguas como representativas de la universalidad del plan de Dios.

Entonces esos son los tres aspectos que vimos la semana pasada en relación a estas señales que se dieron. Entonces, aparentemente, si recuerdan, están los apóstoles, los 120 que habíamos leído en el capítulo 1; se habían estado reuniendo, aparentemente en el aposento alto, nuevamente en el día de Pentecostés. Pero se empiezan a manifestar estas cosas, empiezan a llamar la atención, y a lo largo de esto —no sé cuánto tiempo haya durado—, pero aparentemente a lo largo de este evento se mueven del aposento alto más hacia fuera, o sea, hacia la calle. Y se van a dar cuenta, porque al final de este capítulo habla de una multitud muy grande: 3000 personas se convierten. Entonces, evidentemente, no estaban en un cuarto nada más al final.

Sino que la atención que generó de parte de la gente que había en Jerusalén, por la peregrinación que hacían a Jerusalén precisamente en Pentecostés, la cantidad de gente, genera prácticamente un espectáculo que hace que la gente se pregunte qué es lo que está sucediendo, qué significa todo lo que están viendo: lenguas, fuego, viento, todas estas cosas tan extrañas. Y eso es lo que vimos la semana pasada. Pronto estará ahí el mensaje ya disponible para que lo puedan escuchar, lo que hemos visto hasta ahorita, para los que no han escuchado lo que hemos visto de Hechos hasta este punto. Hoy vamos a ver lo que pasa a continuación.

Un evento y un sermón

Y recuerden: habíamos hablado acerca de cómo es que, a lo largo de la Biblia, tenemos el ministerio de Jesús inaugurado en Lucas 4 —bueno, antes de eso, en Su bautismo—, pero en Lucas 4, con un mensaje tomado de las Escrituras que ellos usaban, para explicar lo que está sucediendo. Jesús les dijo: "Hoy se está cumpliendo este pasaje de Isaías delante de sus ojos". Y creo que aquí está pasando algo muy similar en la inauguración del ministerio de la iglesia, la inauguración del ministerio apostólico: tenemos un evento y después un sermón para explicar qué es lo que está sucediendo.

Y aquí creo que es importante que nos detengamos a ver que este va a ser un tema recurrente a lo largo del libro de Hechos. Hay 19 sermones en el libro de Hechos, entre Pablo, Pedro, Jacobo y Esteban; conforman el 25% del libro. Les digo esto porque quiero que sientan la importancia que tiene la predicación, y en este caso la predicación expositiva, porque siempre tomaban de las Escrituras y las explicaban. La importancia que tenía la predicación en el ministerio de la iglesia, o sea, en el ministerio de cómo Dios empezó la iglesia: la predicación era central.

No eran nada más estos eventos ambiguos de... o sea, acabamos de presenciar algo sobrenatural. Evidentemente, el Espíritu Santo hace que hablen en lenguas, hay llamas de fuego, hay viento, pero requería una explicación. No podía ser nada más así, un evento nada más porque sí. No podía hacer algo al aire nada más, donde Dios actuara con manifestaciones y señales que la gente en realidad no pudiera conectar y entender qué estaba pasando y hacia dónde iba todo.

La centralidad de la predicación

Y hasta la fecha creo que Dios actúa de esa manera. Dios no actúa nada más así, con cosas ambiguas, y "ay, sentí bonito, debe de ser de Dios"; si ese es tu argumento... O sea, el sentir algo no te dice nada. Sentimos muchas cosas, pero ¿cómo sabemos qué es de Dios? ¿Cómo sabemos qué es lo que Dios quiere hacer a través de las diferentes circunstancias? Y por eso es que tenemos la Biblia; por eso tenemos una autoridad objetiva, externa a nosotros, que podemos leer, estudiar.

Pedro, ¿se acuerdan?, capítulo 1: evidentemente ya había venido estudiando esto. O sea, había venido estudiando las Escrituras: "A ver, ¿qué dicen del Mesías? ¿Qué dicen acerca de Su ministerio?". Y saca inclusive, de lo que está leyendo en el Antiguo Testamento, que Judas tenía que ser reemplazado. Y evidentemente habían estado todos reuniéndose, estudiando lo que decía la Biblia, y cuando surge un evento así, están preparados para hablar acerca de lo que ya saben que la Biblia dice.

Por eso es que esto que estamos haciendo ahorita, esto de la predicación, es tan central en la iglesia. Porque si no tenemos predicación, ¿qué tenemos? O sea, ¿sobre qué basamos las cosas que hacemos? ¿Cómo sabemos que esto es la voluntad de Dios? ¿Cómo sabemos que deberíamos celebrar la Cena del Señor? Porque estudiamos la Biblia; por eso sabemos. ¿Cómo sabemos que alabamos al Señor, que debemos de estar orando juntos como iglesia sin cesar? Porque estudiamos la Biblia. O sea, si no tuviéramos el estudio de la Palabra de Dios, no tendríamos ninguna de las otras partes de lo que hacemos como iglesia, o no sabríamos qué hacer como iglesia; haríamos lo que se nos ocurriera hacer.

Y creo que esto nos va a mostrar claramente la centralidad de la predicación a lo largo del libro de Hechos. No nada más sucede aquí; sucede a lo largo de todo el libro. Tenemos nueve mensajes registrados, creo, de Pablo, ocho de Pedro. Entonces es muy central la manera en que Dios usó el conocimiento que estos hombres, los apóstoles, tenían de las Escrituras, para mostrar el fundamento sobre el cual estaban sucediendo todas las cosas, y hacia dónde iban, y de qué se trataba.

Un resumen del sermón de Pedro

Bueno, si ustedes leen el sermón de Pedro, van a tardarse como 4 minutos en leerlo. No quiero que me digan: "No, Nathan, ¿tú por qué no predicas 4 minutos nada más? Si Pedro predicó 4 minutos, ¿por qué tú no?". Este sermón, como está registrado, no es el sermón completo; es un resumen de su sermón. No predicó 4 minutos; no sé cuánto tiempo, pero no fueron 4 minutos. Y lo sabemos porque al final de esta sección, versículo 40, dice: "Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba". Entonces, muchas, muchas otras palabras. Así que Pedro dio un sermón; no sabemos de cuánto fue la duración, pero aquí Lucas trata de condensarnos la esencia del mensaje, trata de resumirnos cuáles fueron las ideas centrales que desarrolló Pedro a lo largo del mensaje.

Yo quería hacer todo el mensaje de Pedro en una predicación, pero no lo vamos a hacer, porque hay muchas cosas aquí en las que quiero tomarme el tiempo para pensar en lo que está diciendo. No quiero pasar demasiado rápido por tratar de terminar todo el sermón. Me gustaría, porque en teoría podría tomar la estructura de lo que predicó Pedro y predicar un sermón como me imagino que lo habría hecho él; o sea, con las mismas ideas, desarrollando los mismos conceptos.

Pero lo vamos a desarrollar probablemente en dos o tres partes; no estoy seguro cuántas, pero por lo menos hasta ahorita vamos en dos. Hoy nada más vamos a ver la primera parte, donde dice: "Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras". Ahora, ¿cuál era la acusación que estaban haciendo los que estaban escuchando cómo hablaban en lenguas? ¿Qué decían acerca de ellos? La primera cosa que hace Pedro es defender este tema, o explicar este tema, que se ve que ya estaba corriendo ahí la voz de qué era lo que estaba sucediendo.

Un Pedro restaurado

Ahora, aquí vemos un Pedro muy diferente al Pedro que vimos cuando Jesús fue arrestado. ¿Se acuerdan de ese Pedro que al principio, sí, supuestamente: "Ay, sí, yo doy mi vida por Ti, hasta la muerte"? Pero cuando vino la verdadera hora de la prueba, negó a Jesús tres veces. Y después, cuando Jesús se presentó en Su cuerpo resucitado y glorificado con Sus apóstoles, animaba a Pedro precisamente a servirle, a pesar de lo que había pasado en su vida; Jesús quería restaurarlo. Y esto es lo que estamos viendo aquí: es la restauración de Pedro. Este es el nuevo Pedro, que va a fallar más adelante otra vez, pero por ahorita está animado, está lleno de pasión y de celo por el Evangelio, sabiendo la gran importancia que tiene predicar a Cristo crucificado. Está viendo el cumplimiento del Antiguo Testamento delante de sus ojos.

Pero empieza diciéndoles a las personas que están ahí presentes: "Estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día". Pensamos que más o menos son las 9 de la mañana; es a lo que se refiere. No sé, yo siempre me imaginaba Pentecostés de noche, por las flamitas, a lo mejor. Pero no sé cuánto tiempo había estado pasando ya; pero esto es de día. Aquí el sermón les dice: "Son las 9 de la mañana, ni siquiera hemos desayunado. ¿Cómo creen que estamos borrachos? O sea, ni hemos comido siquiera todavía". No dice "no tomamos"; dice "no hemos comido todavía". Eso es lo que dice.

Y dice: "Ahora quiero que vean, quiero que entiendan a la luz del Antiguo Testamento qué es lo que está sucediendo". Y eso es lo que vamos a ver hoy: vamos a ver qué dijo Pedro acerca de lo que estaba sucediendo. Va a tomar tres citas Pedro del Antiguo Testamento, y esta primera cita es de Joel, del libro de Joel, de los profetas menores: Joel capítulo 2, desde los versículos 28 hasta, creo, 32. Y vamos a analizarlo por partes.

Los últimos días

Primero vamos a ver qué es lo que dice acerca de los últimos días. Les explica que "en los postreros días, dice Dios"; en los últimos días. Estas son las palabras que Dios ha dicho. Así que vamos a ver a qué se refiere Pedro cuando está hablando de que son los últimos días. Número uno: cuando lo dice la Biblia —y en el Antiguo Testamento es lo mismo, y en este caso es la aplicación—, cuando hablamos de los últimos días, vemos que se refiere a los días que son inaugurados por la primera venida del Mesías. O sea, es el principio del fin. O sea, no es que falte poquito tiempo ya para que se acaben todas las cosas, sino que ya estamos en los días que van en camino hacia el fin. ¿Entienden?

Cuando vino Jesús, cuando se manifestó en la carne, y fue crucificado, y resucitó, se presentó delante de Sus discípulos, después ascendió al cielo, eso marcó el principio del fin. Esos son los últimos días, y varias partes de la Biblia nos hablan acerca de eso. Por ejemplo, Hechos 1... perdón, Hebreos 1, versículos 1 y 2, dice: "Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo". O, por ejemplo, 1 Pedro 1:20: "Porque él estaba preparado desde antes de la fundación del mundo, pero se ha manifestado en estos últimos tiempos por amor a vosotros". O 1 Corintios 10:11: "Esas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos".

O sea, nosotros estamos viviendo en los últimos días. Esto se extiende desde aquí, desde que está hablando Pedro en Pentecostés, hasta el día de hoy: estamos viviendo los últimos días. Así que van a decir: "¿Y qué es eso?", ¿no? O sea, ¿qué pasa en los últimos días? Bueno, qué bueno que preguntan: la Biblia nos describe qué es lo que pasa en los últimos días.

2 Timoteo 3:3: "Pero debes saber esto: que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. Porque los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes, sin amor, implacables, calumniadores, desenfrenados, salvajes, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, envanecidos, amadores de los placeres en vez de amadores de Dios; teniendo apariencia de piedad, pero habiendo negado su poder". Dice Pablo: "A los tales evita". También en 2 Pedro 3 leemos: "Ante todo, sabed esto: que en los últimos días vendrán burladores, con su sarcasmo, siguiendo sus propias pasiones, y diciendo: ¿Dónde está la promesa de su venida? Porque desde que los padres durmieron, todo continúa tal como estaba desde el principio de la creación".

Y Jesús habló de los últimos días también durante Su ministerio, Lucas 21, versículos 9 al 11: "Y cuando oigáis de guerras y disturbios, no os aterroricéis; porque estas cosas tienen que suceder primero, pero el fin no sucederá inmediatamente. Entonces les dijo: Se levantará nación contra nación, y reino contra reino; habrá grandes terremotos, y plagas y hambres en diversos lugares; y habrá terrores y grandes señales en el cielo".

Así que esto es más una introducción; esto es un panorama de qué estamos diciendo cuando decimos "los últimos días". Va a venir más acerca de cómo se ven estos últimos días en un momento; Joel lo describe y nos va a dar más características que vamos a ver. Pero solo quiero que vean que el panorama no es muy alentador cuando hablamos de los últimos días. Porque aquí, con Pedro, está sucediendo este evento tan increíble, y suena como que todo esto de "Ah, estos son los últimos días" suena tan positivo, a lo mejor, al principio. Pero en realidad no es tan positivo, porque, básicamente, cuando hablamos de los últimos días, lo que estamos diciendo es: "Prepárense, porque las cosas van a empeorar". Eso es lo que estamos diciendo, y desde ese tiempo hasta el día de hoy las cosas han ido empeorando.

Pero, como vamos a ver, esta profecía de Joel tiene dos lados: tiene una parte negativa, una parte deprimente, y también tiene una parte muy positiva. O sea, hay una manera en la cual Dios va a contrarrestar el avance del mal y de la impiedad en el mundo, que es con la predicación del Evangelio. Entonces creo que ambas cosas tenemos que tenerlas presentes cuando leemos aquí acerca de los últimos días y de cómo se van a cumplir los últimos días.

Derramaré de mi Espíritu

La primera cosa que dice Pedro acerca de los últimos días, ¿qué es? Dice: "Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos...

...y vuestras hijas profetizarán; vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños". ¿Creen que es importante que entendamos a qué se refiere esto? Sí, ¿no? Porque yo no me acuerdo qué soñé anoche, y es muy fácil pensar que a eso se está refiriendo; a lo mejor: "Ay, pues vamos a interpretar nuestros sueños, porque eso es lo que va a pasar". Vamos a ver a qué se refiere cuando Joel junta todas estas tres cosas que están sucediendo: profetizarán, verán visiones, soñarán sueños.

Moisés y la carga del pueblo

Para entender este pasaje, para entender lo que está diciendo Joel, tenemos que irnos a otro libro de la Biblia, que es, primero, Éxodo. Esa es la vida de Moisés: ya ha liberado a Israel de la cautividad de Egipto, y se da una situación muy interesante. Esto es Éxodo 18, Éxodo 18:14 al 16. Lo primero que quiero que vean en esta historia es que el énfasis del cumplimiento de la profecía de Joel, más que las señales que se dan —en este caso lenguas, profecías, todo este tipo de cosas—, más que el énfasis en las señales mismas, está en la universalidad del Espíritu siendo derramado sobre todos. Ese es el énfasis.

Y lo vamos a ver, porque la historia de Moisés conecta lo que pasó en Pentecostés con lo que vemos en el Antiguo Testamento que sucedió durante su ministerio. Y vemos una profecía muy específica en Jeremías que creo que es la que se está cumpliendo, que es Jeremías 31:34: "Porque este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días —declara el Señor—: pondré mi ley dentro de ellos, y sobre sus corazones la escribiré; y yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrán que enseñar más cada uno a su prójimo y cada cual a su hermano, diciendo: Conoce al Señor, porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande —declara el Señor—, pues perdonaré su maldad, y no recordaré más su pecado". O sea, el énfasis está sobre la universalidad del evento.

Pero vamos a ver en la historia de Moisés cómo es que él lo vivió personalmente en su propia vida. Porque, si ustedes recuerdan, Dios llamó a Moisés, se le apareció en una zarza ardiente, lo llamó a guiar al pueblo para sacarlo de Egipto, y el pueblo se volvió dependiente de Moisés, ¿no es cierto? O sea, el pueblo empezó a depender de él para saber qué es lo que Dios quería que ellos hicieran. Entonces empieza una carga tremenda sobre una sola persona, sobre un solo personaje.

Y eso es exactamente lo que leemos en Éxodo 18, versículo 14: "Cuando el suegro de Moisés, Jetro, vio todo lo que él hacía por el pueblo, dijo: ¿Qué es esto que haces por el pueblo? ¿Por qué juzgas tú solo, y todo el pueblo está delante de ti desde la mañana hasta el atardecer? Y respondió Moisés a su suegro: Porque el pueblo viene a mí para consultar a Dios. Cuando tienen un pleito, vienen a mí, y yo juzgo entre uno y otro, dándoles a conocer los estatutos de Dios y sus leyes". Es una situación muy complicada la que tiene Moisés en sus manos, porque es mucha gente y una sola persona que está básicamente explicándoles y afirmándoles qué es lo que Dios quiere de ellos. Jetro le dice: "Esto no es buena idea. ¿Sabes qué deberías de hacer?". Y esto es hasta un principio de negocios, ¿verdad?: "Delega. Yo creo que hay otros que te pueden ayudar, ¿no? ¿Por qué vas a ser tú el único?".

Eldad y Medad

Entonces, en Números 11 leemos qué es lo que sucedió. En el versículo 16: "Jehová dijo a Moisés: Reúneme setenta varones de los ancianos de Israel, que tú sabes que son ancianos del pueblo y sus principales; y tráelos a la puerta del tabernáculo de reunión, y esperen ahí contigo". En el versículo 24, igual de Números 11, leemos: "Y salió Moisés y dijo al pueblo las palabras de Jehová; y reunió a los setenta varones de los ancianos del pueblo, y los hizo estar alrededor del tabernáculo. Entonces Jehová descendió en la nube, y le habló; y tomó del espíritu que estaba en él, y lo puso en los setenta varones ancianos; y cuando posó sobre ellos el espíritu, profetizaron, y no cesaron. Y habían quedado en el campamento dos varones, llamados el uno Eldad y el otro Medad, sobre los cuales también reposó el espíritu; estaban estos entre los inscritos, pero no habían venido al tabernáculo".

O sea, había unos... ah, como cuando salen en un paseo, ¿no?, como ayer, y unos ahí se van y no están con el resto del grupo. Entonces ellos andan ahí haciendo lo suyo. Dice: "Y corrió un joven" —chismoso— "y dio aviso a Moisés, y dijo: Eldad y Medad profetizan en el campamento". O sea, como acusándolos: "Ahí andan unos que andan fuera del grupo, aquí, el principal, que está reunido alrededor del tabernáculo. Estos son los que deberían estar profetizando; estos son sobre los cuales se supone que el Espíritu debería de estar cayendo, ¿no?, porque están aquí reunidos alrededor del tabernáculo".

Y Moisés... fíjense, ahí va con él también Josué, hijo de Nun. Dice: "Señor mío Moisés, impídelos". "Esto es terrible, nos están saliendo de control". "Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí?". O sea: "¿Crees que yo soy el único que debe de poder tener al Espíritu para guiar al pueblo?". Y hay este tipo de celo de "no, no, no, nada más Moisés, o nada más los que Moisés diga". Aquí dice: "Moisés le respondió: Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos". Ojalá.

Qué significa profetizar

Y esto que estás viendo, de que están profetizando... Y cuando hablamos de profetizar, recuerden: en el Antiguo Testamento no necesariamente estamos hablando de predecir el futuro. En muchos sentidos es simplemente —y lo vimos en Pentecostés— hablar de la grandeza de Dios a otros; o sea, es proclamar lo que Dios está haciendo. Hay un sentido en el cual la profecía tiene un papel de enseñanza, de instrucción, de guía. No piensen nada más: "Ay, estaban diciéndole a la gente cuál es su número del día". No, no, no; ese no es el tipo de cosas que estaban profetizando. Estaban hablando acerca de la ley de Dios, de la instrucción de Dios, dándole guía al pueblo.

Acuérdense: ¿cuál era el problema? ¿Cuál era el problema? O sea, la gente venía por consejo: "¿Qué hago? ¿Cómo llevo mi vida de manera que agrade a Dios?". Esa era la pregunta, y Moisés ahí les ayudaba uno por uno. Imagínense las colas: "Ahora vas tú, número 97, 98...", y así, ¿no?, como en el banco, pero más lento, porque está dando consejos y está guiando al pueblo. Pero Moisés, sin saberlo, de hecho dice una palabra que esta sí es profética en cuanto a lo que Dios iba a hacer: "Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta; ojalá que Jehová pusiera su espíritu sobre todos". Porque entonces Jehová guiaría a cada una de las personas, a cada uno de los individuos; los guiaría por Su Espíritu, sin necesidad de que una persona lo haga. Hay una obra directa del Espíritu a cada quien.

Porque recuerden aquí —esto es muy importante, porque, híjole, cómo nos hacemos bolas con este tema del Espíritu—, ya se los dije antes: si alguien era salvo, si alguien creía en Dios por fe, tenía que ser a través del Espíritu. O sea, nunca he dicho...

...y nunca diré que, en el Antiguo Testamento, el Espíritu Santo no obraba, o no se quedaba con los creyentes, o era algo que, uy, de vez en cuando ahí aparecía. No, no. O sea, el Espíritu ahí estaba, y cuando alguien cree en Dios, lo puede hacer solamente a través de la obra que el Espíritu Santo hace en su vida; es la única manera. Porque si decimos que hay salvación en el Antiguo Testamento sin el Espíritu Santo, lo que damos a entender es que puedes ser salvo por tus propios méritos, por tu propia... o sea, que el que tú quieras es suficiente, que le eches ganas es suficiente. Bueno, no; nunca ha sido así. El Espíritu Santo siempre fue... si había alguien que era salvo, siempre tendría que tener al Espíritu Santo.

Pero la obra sobrenatural del Espíritu para hablar palabras de parte de Dios a la gente, eso no lo tenían todos. O sea, la gente sí ponía su fe en Dios y sí creía en Él, pero, como vemos aquí, tenían ciertos personajes; o sea, el Espíritu estaba obrando de una manera sobrenatural solo en algunos cuantos que Dios iba escogiendo a lo largo del camino, entre ellos Moisés, y de pronto 70. Pero si se fijan, y siguen leyendo, estos hombres... bueno, eso está en el versículo 25, ya lo leímos: profetizaron y no cesaron. Pero esto fue un evento también temporal. O sea, no fue un evento permanente dentro de Israel.

Aarón y María

Vamos a seguir leyendo más acerca de Moisés. Y, de hecho, Moisés es el escogido de Dios, y en realidad Moisés sigue siendo el principal que guía al pueblo de Dios, y les muestra la ley de Dios, y habla de parte de Dios. Y en el capítulo 12 viene otra historia también muy interesante, que es cuando, típico, reclaman unos que son los hermanos de Moisés, Aarón y María. Reclaman porque dicen: "¿A poco Dios nada más habla por Moisés? ¿A poco nada más es él el bueno?". No; eso está en el capítulo 12, versículo 2: "¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros?". O sea, empiezan a tener un poco de celos, empiezan a decir: "No puede ser que Dios solo esté escogiendo a una persona para guiar al pueblo, para darle Su ley, para que a través de él sea todo", ¿no?

"Luego dijo Jehová a Moisés, y a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión". ¿Y qué pasa? A María le da lepra; o sea, recibe un castigo de parte de Dios por ese tipo de rebeldía. Pero quiero que vean lo que sucede antes, lo que les dice Dios en el versículo 6: "Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él". Ahora, ¿ven esa conexión entre profecía, y sueños, y visiones? Hay algo que Dios nos está tratando de decir, donde todo esto se conecta. O sea, profecía abarca estas tres cosas, de acuerdo a este pasaje. Dice Dios: "Cuando yo ponga mi Espíritu en alguien, tendrá visiones, sueños, y entonces hablará de parte mía".

Nuevamente, el énfasis no está en las visiones y en los sueños; el énfasis está en la presencia de Dios sobre esa persona, ¿para hacer qué? Para entender la ley de Dios. Ese es el punto. ¿Puedes tú entender la ley de Dios, tener la ley de Dios escrita en tu corazón para obedecerla, donde ya no tengas que ir y preguntar: "¿Y ahora qué dice Dios? ¿Ahora qué sigue?"? Que Dios pueda guiar a cada uno de Sus hijos en el camino que Él quiere llevarlos, pero especialmente en la comisión que quiere darles.

Una comisión para todos

Porque, ¿cuál era la comisión de Moisés? "Guía a este pueblo, muéstrales mi voluntad". Ahora, ¿saben de quién es esa tarea? De todos nosotros. Dios nos ha encomendado a todos los que somos Sus hijos mostrarle al mundo cuál es la voluntad de Dios. Hay algo acerca del Antiguo Testamento —no sé si alguna vez lo habían pensado—, pero en el Antiguo Testamento no vemos a Dios en realidad diciéndole a Israel que vayan y prediquen como nación; o sea: "Vayan y conviértanlos". O sea, no. Hay un sentido donde sentimos que hay una diferencia entre el Antiguo y el Nuevo Testamento en cuanto a la labor que tenían los judíos de hablar de... Sí tenían la responsabilidad de hablar de la grandeza de Dios, pero no había este sentido de comisión, como leemos en Hechos 1, en los judíos en el Antiguo Testamento.

Entonces quiero que sientan dónde están las diferencias aquí, qué está pasando. Porque, híjole, queremos entender qué es lo nuevo, ¿no? ¿Qué está haciendo ahora el Espíritu que no hacía antes? Porque, evidentemente, algo diferente está haciendo. Y lo diferente que está haciendo es de lo que habló Jesús en Hechos 1:8, cuando dijo: "Vendrá sobre ustedes el Espíritu Santo, y me seréis testigos". Entonces eso es lo que es nuevo: que cada uno de nosotros, en lo individual, somos testigos de la obra de Dios a través del Evangelio. Eso no existía en el Antiguo Testamento, porque Dios escogía nada más a ciertas personas para llevar esa palabra. Dios le decía a Jonás: "A ver, Jonás, ve a Nínive y predícale". Dios les decía a ciertos profetas que hicieran la obra.

Ahora todos somos profetas, todos; eso es lo que somos ahora en Cristo. La comisión de ir y hablar las maravillas de Dios, de ir y proclamar... lo que vamos a ver en un momento en Hechos 2, en el sermón de Pedro; lo que vamos a ver es una comisión que Dios nos ha encomendado a todos. No nada más a algunos: a todos. Entonces, que no se espanten, pero pueden decir: "Yo soy profeta". ¿Por qué? Lo eres: tú vas a hablar palabra profética de parte de Dios a otros; Dios quiere que lo hagas. Y cuando decimos eso, no estamos diciendo que le vas a decir qué le va a pasar mañana; estamos hablando de que le vas a declarar las maravillas de Dios a través del Evangelio. Eso es lo que va a suceder.

Entonces, ¿de qué se tratan estas profecías? Número uno, se trata de la cantidad de gente que Dios va a usar para llevar a cabo la tarea. No nada más unos cuantos: todos. Todos los que sean Sus hijos harán la tarea, sin distinción de personas. Y número dos, para comunicar el mensaje y la ley de Dios. Dios dará testimonio del Evangelio a través de Su iglesia, para que en el mundo crezca el reino de Dios, a través de la proclamación profética que cada uno de nosotros hacemos día a día. Eso creo que es en gran parte a lo que se refiere la profecía de Joel.

Quiero que nada más sientan el privilegio de lo que estoy diciendo ahorita. Es el hecho de que tú y yo tenemos el mismo poder para guiar a la gente de Dios que tenía Moisés. Tú y yo tenemos el mismo poder que tenía Moisés para guiar al pueblo de Dios; o sea, para incorporar a más gente al pueblo de Dios, para decirles qué es lo que Dios quiere de sus vidas, cómo es que vino Jesús para perdonar sus pecados.

...y perdonarlos, e incorporarlos a la gran familia que somos hasta ese punto. Creo que ese es el énfasis de este pasaje. Como les digo, el énfasis no está en las expresiones particulares, sino en el propósito. O sea, no es cómo se ven las visiones, cómo se ven los sueños, cómo se ven las profecías, sino para qué son los sueños, visiones y profecías. ¿Entienden? Si no entienden esa parte, se van a confundir muchísimo en este pasaje de Pentecostés, porque se van a enfocar, se van a enfrascar en esas cosas. O sea, van a decir: "Ay, ¿y mi visión, y mi sueño, y mi profecía?". A ver, ¿qué es lo que Dios quiere que hagas? Te ha dado el Espíritu, ¿para qué? O sea, estas simplemente son maneras de describir la manera en la cual Dios hará Su obra de evangelismo mundial.

Prodigios en el cielo y señales en la tierra

Y lo vamos a seguir leyendo. Dice: "Y de cierto sobre mis siervos, sobre mis siervas, en aquellos días, derramaré mi Espíritu, y profetizarán". Y el versículo 19 dice: "Y daré prodigios arriba en el cielo, y señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo". ¿Cuáles son estas señales? Bueno: "El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre". ¿Pasó eso en el día de Pentecostés? ¿Por qué habría incluido Pedro estas descripciones de los últimos días en algo que no...? Pues no pasó eso; bueno, que yo sepa, no pasó eso. ¿Hubo sangre, fuego? Entonces vamos a ver cuáles son estas señales, también a la luz de la Biblia, a la luz del resto de la Biblia, para que entendamos a qué se refieren estas señales.

Creo que eso es algo importante que tienen que entender, especialmente cuando hablamos de escatología: que muchas veces, cuando hay una profecía, esa profecía ve hacia el futuro, pero muchas veces —por ejemplo, en el caso de Joel— tiene un cumplimiento inmediato, tiene una manera de cumplirse en su contexto. Y el que está profetizando no ve todas las dimensiones de cómo hay un cumplimiento ahora y después. Muchas profecías son así, inclusive profecías relacionadas a Jesús: había un cumplimiento que se dio en ese contexto, en ese momento, y también, más adelante, de una manera más profunda, tuvo su cumplimiento en Jesús.

Entonces creo que aquí, en esta situación con Joel, hay un cumplimiento que se dio en ese contexto, donde Joel veía hacia delante, veía el día terrible, el día grande del Señor, en el cual Dios restauraría todas las cosas. Pero cuándo, y cómo, y de qué manera se iba a desarrollar eso, Joel no lo veía; Joel no sabía cómo se iba a dar. Y ahora nosotros vemos... ya les expliqué de qué se tratan los últimos días. ¿Comienzan dónde? En la primera venida de Jesús. Ahorita estamos en los últimos días, pero los últimos días concluyen con la segunda venida de Jesús. Entonces tenemos primera venida, segunda venida: esos son los últimos días.

Y Joel, en su panorama, ve que los últimos días incluyen prodigios arriba en el cielo, señales abajo en la tierra, sangre y fuego y vapor de humo. Si ustedes leen Apocalipsis, van a leer algunas de esas cosas: el sol se convertirá en tinieblas, la luna en sangre. ¿Cómo se iba a cumplir? Joel no lo entendía exactamente, pero sabía que algo catastrófico iba a suceder. Ahora nosotros decimos: sí, en la segunda venida de Jesús pasarán cosas catastróficas. Pero también hubo cosas catastróficas que sucedieron en la primera venida de Jesús. ¿Se acuerdan de que también se oscureció cuando Jesús estaba sobre la cruz? O sea, hubo un cumplimiento parcial de esto, por lo menos, inclusive en la crucifixión. Antes del día de Pentecostés, el principio de los últimos días, ya se estaba empezando a cumplir algo de esto: señales, prodigios.

El próximo domingo vamos a ver esto, Hechos 2:22. O sea, un poquito más adelante Pedro va a decir: "Oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él". Así que ya se dieron señales y prodigios, sí. En el ministerio, en la vida de Jesús, ya se habían empezado a ver señales y prodigios de parte de Dios que cumplían la profecía de Joel. Creo que a lo largo del libro de Hechos lo vamos a estar viendo: se dan todavía más señales y prodigios. Pero Dios ya dio las señales de que está obrando, y lo principal que quería que viéramos era, uno, que Jesús era Su Hijo —lo vamos a ver el próximo domingo—, y dos, que estaba con los apóstoles, y la manera de manifestarlo era a través de señales y prodigios.

El día del Señor: tinieblas y no luz

Entonces vamos a leer, en relación a los prodigios... perdón, en relación a lo de "el sol se convertirá en tinieblas y la luna en sangre", vamos a leer un pasaje que está en Amós, capítulo 5, versículo 20, que dice: "¡Ay de los que ansían el día del Señor! ¿De qué os servirá el día del Señor? Será tinieblas, y no luz; como cuando uno huye de un león y se encuentra con un oso, o va a casa, apoya la mano en la pared, y lo muerde una culebra. ¿No será tinieblas el día del Señor, y no luz; oscuridad, y no resplandor?". Esa es la parte de juicio en la profecía de Joel.

Entonces, por un lado tenemos que el reino de Dios... por un lado tenemos que las cosas van empeorando, y empeorando, y empeorando, que es lo que veíamos que significan los últimos días: las cosas se van poniendo peor, y peor, y peor. Y, por otro lado, Dios levantando, derramando Su Espíritu sobre Su pueblo para que todos avancen la obra del reino de Dios. Y dice Amós: cuando se acerca el día del Señor, no será luz, será oscuridad; las cosas se van a poner peor. Hay eventos en el cielo que nos muestran, simbólicamente o literalmente, pero nos muestran, que las cosas están empeorando. En un momento lo vamos a ver: es el juicio de Dios.

Mateo 24: el Evangelio a todas las naciones

Pero el pasaje que quiero que vean, que junta estas dos cosas, es Mateo 24. Porque en Mateo 24 leemos, precisamente cuando Jesús está describiendo los últimos días, qué va a pasar: "Señales del fin de los tiempos". Versículo 9: "Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de toda la gente por causa de mi nombre. Muchos tropezarán entonces, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán. Y muchos falsos profetas se levantarán, y engañarán a muchos; y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará".

Es muy deprimente cuando leemos este tipo de profecías, porque básicamente está diciendo Dios: no nada más va a haber apostasía, no nada más va a haber tribulación y persecución; mucha gente, de hecho, va a apartarse de Dios. Las señales en los cielos son muestra de que el final de los tiempos se acerca. O sea, oscuridad —digo, simbólicamente hablando—: eso es exactamente lo que está pasando, simbólicamente, que el sol se ha entenebrecido, que haya todo este tipo de señales. Fuego, sangre: habla acerca de un juicio de parte de Dios, pero también habla acerca de la condición hacia la cual el mundo se irá dirigiendo en los últimos años, los últimos siglos.

Pero aquí está, en Mateo 24, algo de esperanza, un poquito de esperanza acerca del otro lado; o sea, cómo va a contrarrestar eso Dios. Dice: "Mas el que persevere hasta el fin, este será salvo". Y el versículo 14 —esto es muy importante, versículo 14—: "Y será predicado este evangelio del reino", ¿en dónde?, "en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin". En todo el mundo será predicado el Evangelio. A ver, no está explícito aquí en Mateo 24...

...pero sí está explícito en Hechos 2 cómo va a hacer eso Dios, cómo va a llegar el Evangelio a todo el mundo: a través del Espíritu siendo derramado sobre todos, para que todos sean Sus testigos y el Evangelio avance de una manera poderosa que nadie puede detener. Ningún gobierno, ningún legislador de las leyes, nadie, nadie puede detener el avance del reino de Dios sobre la tierra.

Entonces aquí está lo increíble de este pasaje. Por un lado, la gente se está enfriando; por un lado hay persecución, hay desánimo; por un lado, en el mundo hay apostasía, hay falsos maestros, todas estas cosas que leímos hace un rato acerca de los últimos tiempos. Por un lado está eso, y por otro, nuevos creyentes saliendo en cada nación, tribu y lengua, con la pasión del Espíritu en su corazón por predicar. Esto está pasando paralelo a esto. ¿No es increíble? No es nada más lo trágico que viene, sino que es lo esperanzador del poder del Espíritu Santo siendo derramado sobre Su iglesia, la iglesia de Dios, de una manera universal. Esa es la parte que creo que está enfatizada en Hechos 2; esa es la parte que se está cumpliendo en Hechos 2 a través de las profecías de Joel.

Salvación y juicio

Y así como predicamos salvación, predicamos juicio. Y si ustedes siguen leyendo, Mateo 24 habla acerca de la tribulación y de los eventos del fin. Llegan a Mateo 25, y dice que cuando Jesús viene, hace juicio, que básicamente divide a toda la humanidad en dos categorías: cabritos y ovejas. "A ver, cabritos para acá, ovejas para acá". Cuando tenemos la predicación del Evangelio, también tenemos la predicación del juicio de Dios. No podemos... Y estas señales —lo que quiero que vean de la profecía de Joel— es que estas señales son señales del juicio de Dios. El día del Señor: hacia allá vamos. Dios juzgará a las naciones, Dios juzgará a todos. Cuando predicamos el Evangelio, hablamos de eso; hablamos de "Dios te juzgará algún día; Dios juzgará a todos algún día". La salvación se predica junto con el juicio de Dios.

Y a partir de este momento, a partir de que Jesús fue manifestado en carne, ya era muy obvio el juicio, ¿no?, porque hay una persona en la cual se centra todo, que es Jesucristo, y todo depende de cómo te relaciones con Él. Si lo rechazas, hay condenación; si lo aceptas, hay salvación. Todo el mensaje del Evangelio se basa en cómo ves tu vida en relación a Jesús. Cuando Jesús fue manifestado, este juicio se hizo tan evidente, porque la gente... y lo vamos a ver más adelante: Pablo, bueno, como Saulo, va y persigue a la iglesia; está en contra de lo que Jesús predicó, él está en contra de este personaje y del movimiento que comenzó. O sea, vino Jesús, en Su encarnación, a dividir al mundo, a decir: "O me sigues o no me sigues; o encuentras salvación a través de mí, o encontrarás juicio en mí. Si tú me rechazas, si tú rechazas lo que yo vine a hacer por ti, juicio es lo que se espera".

Así que aquí va lo que creo que está pasando desde Pentecostés hasta el día de hoy: es una división incremental de solamente dos categorías de personas en todo el mundo. O sea, desde este momento, desde Pentecostés, desde que Jesús fue manifestado, hasta el día de hoy, la división solamente ha ido siendo más y más y más grande. ¿Por qué? Porque somos más y más y más personas, y el Evangelio está esparciéndose en todo el mundo. Ahorita, ahorita el Evangelio se está esparciendo; ya no estamos tan lejos de ver que Mateo 24:14 se cumpla.

Y dice Jesús —fíjense, aquí está el punto—: es cuando las naciones hayan escuchado el Evangelio, cuando todos estos grupos étnicos —es a lo que se refiere— hayan escuchado el Evangelio, entonces vendrá el fin. Hechos 2:20: "Antes que venga el día del Señor", la consumación de los últimos días. Entonces estamos en el "ya y todavía no". O sea, sí, ya estamos en los últimos días; todavía no se han consumado los últimos días. Pedro dijo: "Ya estamos en los últimos días". 2000 años después decimos: "Ya estamos en los últimos días". ¿Cuándo se van a consumar? No sabemos; hacia allá vamos.

Todo aquel que invocare el nombre del Señor

Así que, para terminar esta sección, este pasaje —lo demás que va a decir Pedro lo vamos a ver el próximo domingo—, para terminar quiero que vean el versículo 21. Dice: "Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo". Entonces tenemos profecías; o sea, la universalidad del mensaje a través de todo el pueblo de Dios. Número dos, tenemos señales que muestran el juicio de Dios y también la esperanza que tenemos de que el fin se acerca. Y eso lo vimos también cuando hablábamos el domingo pasado acerca de lo que significaban las lenguas, ¿se acuerdan?: bendición y juicio; estaban representados ambos en la manifestación de lenguas.

Y ahora tenemos de lo que realmente se trataba el día de Pentecostés. ¿De qué se trataba? Miren, yo sé que hay muchas cosas confusas dentro de todo lo que está sucediendo, y hay debate acerca de muchas de estas cosas. Y ya les he hablado un poco acerca de esto: de qué significa ser bautizado por el Espíritu, qué significa ser lleno del Espíritu, si seguimos hablando en lenguas o no. Todo este tipo de cosas se vuelven controversiales dentro de la iglesia, pero, hasta cierto punto, eso es una distracción de lo que realmente se trata.

Y Pedro llega aquí al punto. De hecho, aquí creo que inclusive empieza realmente el sermón; creo que hasta este punto ha sido la introducción nada más: "Miren, lo que ustedes están viendo no es más que el cumplimiento de profecías bíblicas del Antiguo Testamento". Es básicamente lo que dice Pedro. Pero, de hecho, aquí creo que empieza en realidad lo que quiere decirles, versículo 21: "Y todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo".

Entonces Pedro no estaba preocupado sobre el significado de la glosolalia —que es... no sé si lo estoy diciendo bien, pero es esto de hablar en lenguas—; él no estaba preocupado por eso. Él estaba preocupado por el significado, en la historia redentora, del derramamiento del Espíritu Santo en toda la comunidad. ¿Qué significa esto en la historia de la redención? Porque eso es a lo que vino Jesús. ¿A qué vino Dios a esta tierra? A redimirnos. Entonces Pedro dice: "A ver, si hay una cosa que quiero que escuchen, no es que estamos hablando en lenguas, no es que hay flamas encima de nosotros, no es que hay todo este tipo de manifestaciones extrañas que no entendemos exactamente. Si hay una cosa que quiero que sepan, es que Cristo vino para redimirlos a ustedes. Si ustedes invocan Su nombre, serán salvos".

Para toda la humanidad

¿Quién necesita salvación? ¿Para quién es la salvación? Muchas personas piensan que es una cosa del Occidente: "Si tú hubieras crecido en la India, no serías cristiano, porque el cristianismo es una religión del Occidente". "Si usted hubiera crecido en Japón, no sería cristiano". ¿Es el cristianismo una religión del Occidente? No; es para todos, todo aquel. Y este es el énfasis que está tratando de hacer Pedro: que esto es para toda la humanidad. "Ah, eso de ser cristiano es para los débiles, para los necesitados, para los que necesitan que los animen en su autoestima personal". O sea: "Ay, sí, soy hijo de Dios...".

"...pero yo tengo mi trabajo, yo tengo mis... o sea, yo estoy confiado en mí mismo, tengo mi seguridad; mi autoestima está muy bien, gracias". Y tuvimos la escuelita bíblica de vacaciones, ¿y quiénes venían a la escuelita bíblica de vacaciones? Niños. Es para todos. O sea, no importa tu edad, no importa de dónde vengas, no importa tu nivel socioeconómico, no importa tu cultura: tú puedes clamar, y necesitas clamar, el nombre de Dios. No hay distinción de personas aquí; esto es una sola... Ayer hablábamos de esto en el seminario: Romanos 5 dice que todos los que son descendientes de Adán tienen un problema. Así que la única pregunta que tienes que hacerte es: ¿soy descendiente de Adán? Y si la respuesta es sí, entonces tú necesitas un Salvador. Si eres de otro planeta, pues a lo mejor no. Pero todos los que son descendientes de Adán, todos los que somos descendientes de Adán, necesitamos lo mismo: "todo aquel".

El objeto de nuestra fe

Y el segundo punto que hace Pedro es decir "invocare". Y es la realidad de que todos tenemos fe en algo. Todos creemos en algo, todos tenemos nuestra confianza puesta en algo, todos vamos en una cierta dirección y estamos diciendo: "De esto se trata mi vida". Porque todas las mañanas te levantas y haces algo, y en el enfoque que tengas para tu vida, en eso está puesta tu fe. O sea, ¿qué quieres para mañana? ¿Dónde te gustaría verte en 10 años, 20 años? La respuesta a esa pregunta probablemente te muestra en dónde está tu fe, dónde está tu verdadera confianza, cuáles son tus sueños, tus anhelos. Todos tenemos fe en algo.

Pero lo que quiero que entiendan es que no es cuánta fe tienes, sino cuál es el objeto de tu fe. Lo que importa no es cuánta fe, sino en quién está tu fe. Porque tú puedes tener mucha fe en algo que es totalmente falso, o puedes tener poca fe en algo que es completamente verdadero, y hace toda la diferencia del mundo. Esa idea, esa filosofía relativista de "Ay, no importa qué religión quieras creer, lo importante es que tengas fe"... No, lo importante no es que tengas fe, porque tu fe puede estar en algo que te lleve a la destrucción, especialmente si está en ti mismo. Tú no te puedes salvar a ti mismo.

Una iglesia llena del Espíritu habla de Jesús

Número tres, dice Pedro: aquellos que invoquen el nombre del Señor. "Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo". Ahora, esto que estoy diciendo ahorita es la introducción del próximo domingo; creo que ese es lo fuerte, en realidad, del sermón. Cuando leemos sobre Pentecostés, pensamos en el Espíritu Santo; decimos: "Ay, el Espíritu Santo", y nos asombramos de la obra del Espíritu Santo. Pero, ¿saben qué? Una iglesia que está llena del Espíritu Santo no habla tanto acerca del Espíritu Santo. Una iglesia llena del Espíritu Santo, adivinen, ¿de qué va a hablar más? De Jesús. Porque la obra del Espíritu Santo es dirigirnos, ¿hacia quién? Hacia Jesús. Esa es la obra, es lo que está haciendo el Espíritu Santo: mueve nuestra atención hacia allá. Entonces ya no está en realidad en el Espíritu Santo.

Por eso, cuando oigo de estos movimientos de la oración al Espíritu Santo, y la iglesia del Espíritu Santo, y todo esto, creo que el énfasis está mal. Porque mi énfasis no es hacia el Espíritu Santo. Sí es importante que lo estudiemos, que veamos Su obra en nuestras vidas. Pero si nosotros estamos hablando y predicando lo que vino a hacer Jesucristo, y nuestro enfoque está en Él, estamos haciendo lo que el Espíritu Santo quiere que hagamos. El Espíritu Santo no está tratando de atraer atención hacia sí mismo; está tratando de atraer atención a lo que Jesús vino a hacer.

Y esto es lo que se ve aquí: Pedro ya cambió el tema. Pedro ya se enfocó en lo que sabe que es importante. O sea, dijo: "Sí, a ver, el Espíritu Santo ha sido derramado sobre nosotros para cumplir la profecía de Joel. Ahora vamos a hablar de Jesús", porque para eso vino el Espíritu Santo, para que habláramos de quién es Jesús.

Romanos 10: ¿cómo oirán sin haber quién les predique?

Pablo, de hecho, usa la misma cita de Joel. Pablo la usa en Romanos 10; es un pasaje muy famoso, ¿se acuerdan de este pasaje? Romanos 10:8 dice: "Mas, ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Es decir, la palabra de fe que predicamos: que si confiesas con tu boca a Jesús por Señor, y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, y con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo el que cree en él no será avergonzado. Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo Señor es Señor de todos, abundando en riqueza para todos los que le invoquen. Porque" —y aquí está— "todo aquel que invoque el nombre del Señor será salvo" —Joel 2—. "¿Cómo, pues, invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!".

Ahí está el énfasis. Nosotros como iglesia, ¿qué vamos a hacer? Vamos a enfatizar la obra de Jesús, porque eso es lo que el Espíritu quiere y va a hacer a través de Sus hijos. Y la tarea, la tarea de hablar acerca de Jesús con poder, es la tarea para la que el Espíritu Santo nos prepara y nos da el poder para ser efectivos. O sea, si la gente va a escuchar acerca de Jesús y creer en Él a través de lo que nosotros digamos, es porque el Espíritu Santo ha descendido sobre nosotros, como descendió sobre Moisés, para que podamos predicar.

Entonces, ¿lo hacemos con más valor o con más temor? Con más valor, ¿no? ¿No los anima a predicar aún más cuando saben que tienen el poder del Espíritu Santo dentro de ustedes? El mismo Espíritu Santo que guio a Moisés a sacar a Israel de Egipto es el mismo Espíritu que está en ti hoy, y quiere hacer una obra todavía más milagrosa a través de tu vida, que es ver corazones transformados. O sea, nos distraemos y decimos: "Hay lenguas, hay visiones, hay todas estas cosas". ¿Saben cuál es el milagro más sorprendente que sucedió en Pentecostés? 3000 personas se convirtieron. Ese fue el verdadero milagro; esa fue la obra sobrenatural de Dios.

Adelanto del próximo domingo

Vamos a ver el próximo domingo qué dijo Pedro acerca de Jesús. Ahora, quiero que vean: hoy hablamos acerca de la universalidad del poder del Espíritu. Nada más les doy un adelanto del próximo domingo. ¿Qué representaba el viento, de acuerdo a lo que vimos el domingo pasado? La soberanía de Dios, de actuar como Él quiera. Una de las cosas que vamos a ver el próximo domingo es la soberanía de Dios en el sermón de Pedro. Así como hablamos de la universalidad del mensaje en el sermón de Pedro, también vamos a hablar de la soberanía de Dios en el sermón de Pedro, y vamos a hablar de la presencia de Dios en el sermón de Pedro, en todos estos pasajes que va a citar, el próximo domingo.

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